IS}GRRaRI.
Panorama histérico de
la literatura argentina
El recomrido que realiza Noe Jitrik en este volumen, “sin renunciar al rigor
ni desdefiar la experiencia dle quien lo traza”, tiene como fumcién “prestar
un servicio”: “facilitar un ingreso a doscientos aifos de literatura’, Io que
implica -alerta el autor—aleanzar un delicado equilibrio, En efecto, acercar
al lector un panorama abarcativo de la historia de ta literatura argentina en
apretada sintesis representa un dlesafio riesgoso que sélo pueden acometer
«quienes, como Noé Jitrik, reiinen un vasto conocimiento del tema y la capa-
cidad de discemir los momentos clave, precisando las evoluciones, los
matives diferenciadores, y registrando los puntos de ruptura decisivos,
El abajo recoge los antecedentes literarios de la regién en la époce cotonial,
para describir después las principales paginas de nuestra literatura, destacar
sus notas salientes y recorter asi los dos siglos de vida literaria como nacin
independiente. De este modo, autobiogratias, relatos de viajeros, crénicas
y notas periodisticas también algunos poetas y dramaturgos— nutren un
primer periodo que, avanzando por senderos neoclésicos, romnticos, gat
chescos, naturalistas, historiogrificos, modemistas y ulraistas, entre
muchos otros, coneluye con una mirada sobre la produccién Hiteraria actual
Finalmente, al pasar reseiia a las iltimas y, por cierto, miiltiples y diver-
sas tendencias de nuestra “intrincada” literatura contemporénea, Jitrik
observa que “traen refrescantes propuestas, tanto en el orden narrative
como poético”, que permiten, acopiando una herencia més que centena-
ria, tener confianza y ser optimistas.
Con este apasionante viaje por nuestra literatura, Editorial El Ateneo se
congratuls por sumar un autorizado aporte, que ee integra a su colesein
Breves historias de fa Argentina, en visperas de la conmemoracion cel
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Panorama historico de
la literatura argentina
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la literatura argentina
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Q) kditorial El Ateneoial, Nos
Panctama hitévio do la Litoratura angenting,
Id. - Buenos Aire * El Ateneo, 2009,
820p.; 22414 on.
ISBN 978.950-02-0800.9
2, Historia de In Litoratara Argontin. I, Tilo
cpp 808.82
Claver del Bloentenario
Disector de is Coleceén: Ricardo J. de Tito
Diseto do tapa: Américn Ruocco
Diseto de interior Ménies Deleis
Agradecemos « Pundocién Pan Kiub - Museo Xu Solar
Te ucrtsactn para a uso de La tmogen de lope,
(© 2008, Grupo ILHSA S.A. para su silo Editorial Bl Atoneo
Patagones 2469 ~(C1282AGA) Rannas Aives - Argentine
‘Tol: (Et 1) 4049 8200- Fax (4 11) 4908 4199
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1 odiciin:cctubre do 2009
ISBN 978.050.02.0500.9
Iimpreeo en Veslep 8.4.
Comandante Spite 653, Avellaneda,
provinela de Binoe Aires,
fn octubre de 2000,
Queda bec ol depésito que estableee Ia ley 11.728
Libro do odiciinaxgontina
Inoelnic, mediante feo, dpa
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«le tatafrnaciin de esalibreoneulgus: rn 0 por oulquae mai ea eee
"los mdcodos, sn el perise een dal
Indice
1, Una panorémica historia u
2. Un indeciso comienzo 2
3. La puerta roméntica 8
4. La gauchesca 69
5. Transiciones: hacia el fin de siglo 95
6. Transiciones: el modernismmo ug
7. Tiiunt del realismo ua
8 Un horizonte de rupturas 3
9. Una literatura que comienza 201
10, De junio (de 1943) a junio (de 1966) 225
‘1. Grande finale 253,
Bibliografia recomendada 287Je)
ees
juResueltos o no del todo, los enfrentamientos que signaron el
‘iilodo que va de la Revolueién de Mayo haste la batalla de Ca-
ba fueron al menos desplazados o tan s6lo cambiaron sus tér-
“Fillo; ya no més federales contra unitarios sino Confederacién
Gore Bones Ares sta venn tes fecaoopan ae
= SEiportetios més o menos consolidados contra nevesidades de ex-
sin locales. Y atm més, direccién unificada del pats centrada
juenos Aires contra distribucién del poder més allé'de ella.
En ese juego, que va de 1852 hasta 1880, se van perfilando
fas y figuras que ocupan la escena, asi como estrategias cu-
inico punto en comiin es la voluntad de organizar el pats —la
gba es la Constitucién de 1853, rechazada por Buenos Aires, y
lificada en 1860, por presién de Buenos Aires— aunque los mo-
#sG§s¥ las concepciones para hacerlo difieran hasta el choque ar-
“Alo e incluso el asesinato politico y nuevas manifestaciones de
cismos,
e destaca en este esquema un conjunto de protagonistas cuyos
38 por momentos Se encuentran y por momentos se separa;
i Sarmiento, que form6 parte del Bjéreito Grande comandado
ange
ils Urquiza, se rebel6 contra él en varias oportunidades y termi-
‘éndose cémplice de su asesinato, después de que aquel
(1a presidencia de la Confederacién; Sarmiento, como gober-
de San Juan, tuvo que ver con la muerte del “Chacha” Pe-96
Aaloza, uno de los tltimos causdillos del interior del pais; Mitre lof
‘gré haverse dela presideneia en 1862 y congregé por la fuerza (i
el convencimiento a grupos locales de poder, impulsé la guerra de
a Triple Atianza contra el Paraguay e impuso como su sucesor #
Sarmiento quien, en 1m periodo relativo de paz, logré que se
tiara una moderizecién mediante diversas creaciones sobre lf
cuales se logré la definitiva organizacién nacional, concepto aly
‘g0 enfético que pronto se empezh a poner en cuestion. Nos
Jos tinicos: Adolfo Alsina es uno de ellos, nuevo tipo de caudillg
ahora claramente politico, autonomista, 0 sea pro Buenos Aires
contra el nacionalismo mitrista; Julio A. Roca un poco después
hasta llegar al elenco de hombres que integraton la llamada, mi
tarde, con fuerte entonacién despectiva, “la oligarquia”:
Sean cuales fueren las formas que asumié el proceso polt
yy el juego de intereses que surgid después de Caseros, asi co
los problemas subsistentes -el indio por ejemplo o Los comic
de una mayor racionalidad de la produccién ganadera o la polit
ca inmigratoria o el trazado e instalaci6n de los ferrocariles
‘nis alla de cuestionamientos mas 0 menos bien fundados, 1 pial
riodo que va de 1853 a 1880 es de un extraordinario fervor paliay
uctivo, inéluso en la cultura en general y en a literatura y ale
fios en particular.
|
Periddicos y diarios
presiva esperable, cosa que no ha dejado de suceder, desput
que cesa un periodo de represién o de excesivo control ciud
y que entonces, a partir de 1852, también se prochyjo. Sumanig
tecién fue una profusién de pesiédicos unipersonaes, que rol
ea on Chil, ‘aunque también los hubo gobiernistas, o mds bien
tas, como La Gaceia y El Archivo Americano, ejecutado por!
dro de Angelis con el objeto de informar a Europa desde la p
anoraaistérico de a iteratuce argentina 2
pectiva oficial. Muchos escritores, pero en la lucha politica, hicie-
ron de la hoja semanal un campo de combate y de ideas que supe-
raba en ocasiones os entreveros que tenian lugar en los parlamen-
tos, cuyo pleno funcionamiento distaba de ser el previsto por la
Constitucién. Sin embergo, a medida que la sociedad tendia a or-
ganizarse y las creaciones institucionales, asi como las nuevas
problemiéticas y las correlativas respmestas, modifieahan las pau
tas eomunicacionales, poco a poco fue instakindose la idea de que
el periodismo debia ser mas amplio y cubrir muchos aspectos
que el debate politico dejaba de lado.
Un nuevo piiblico, cada vez ms amplio y exigente el pili-
coprecedente era tan faccioso como las hojas periodisticas— re~
queria de nuevos lenguajes, circunstancia que entendieron hom
bres como José C. Paz, que, acompaftado por su familia, en 1869
fund6 La Prensa, o el propio Mitre que poco después, también en
toa empresa familiar, fund6 La Nacién, en 1870; no niucho més
tarde aparecié £! Diario, a iniciativa de la familia Lainez, aunque
antes funcionaban ya varios diarios que poco a poco adquirieron
‘un cardeter mas amplio si bien todavia al servicio de facciones po-
lias, La Tribus, por ejemplo, de 1853 a 1884, propiedad de los
bijos de Florencio Varela, Mariano y Héctor, en el cual Lucio V.
Mansilla publicé en folletin Una excursidn a los indios ranqueles
y Sudamérica, en 1884.
Con los aiios estos diarios, ya conectados mas teonolégica-
‘mente con el mundo, trafan informaciones y noticias, no s6lo ale~
" gatos partidistas, e hicieron que los unipersonales 0 los sélo fac-
‘iosos fueran un anacronismo; por lo tanto, los politicos que
‘ecesicaban publicidad, como es ldgico, debjan buscar otros me-
dios para instalarse en una contienda que tendia a modernizarse
tratando de romper viejos, pero poderosos, esquemas discursivos.
Hay dos aspectos més a seifalar en ese tema; por un lado Ia
«, ation temprana de periddicos libertarios, como EI Profetario,
¥en 1858; en esa linea La Protesta hari un recorrido mis largo y
: pita ¥en sus paginas muchos escrtores, como Alberto Ghi-istrco de fa eratura argentina 99
claro que varias décadas después pero dentro de la stmbsfere 3
davia ochentista; por el otto, hubo al menos tres diarios de col
tividades extranjeras que tuvieron lange vi
Zeitung, de 1863 a 1942; Le courrier de La Plata, de 1865 a 19
La Patria degli Haliani, de 1877 1942.
Armedida que los peri6dicos cambiaban de lenguaie y de fa
‘ma convocaban a los escritores; José Hernandez, que habia tex
do el suyo propio, ZI Rio dela Plata, en el que difundis su prog
ma gaucho, que aparece poetizado en el Martin Fierro; Lucio’
Mansilla y Julién Martel en La Nacién, donde también colabg
ron José Marti y Rubén Dario, son algunos ejemplos; sobre ol
del siglo otros nombres més se registran; Roberto J. Payr, Al
to Gerchunoff, Fray Mocho y muchos mas.
{spondido por Mitre en “Comprobaciones historicas”; des-
£ jo"Refutacién a las ‘Comprobaciones histéricas™, en notas,
| Nacional, de 1881 a 1882. Y luego vienen los libros: His-
ye la Revolucién argentina desde sus precedentes colonia-
niblica Argentina, iniciada en 1883 y concluida diez afios
, de Lépez, y Comprobaciones histéricas, de Mitre, pos-
Historiografia
Otro aspecto también muy significativa es el comienzo de w
debate historico o historiogrifico que se afiade a la labor hist6s
propiamente dicha tal como Ia habia llevado a cabo 'y la seguiah a
ciendo Pedro de Angelis y que tiene dos vertientes. Su punto ié%
partida es, acaso, desde una perspectiva disciplinaria, la Histovid
de Belgrano y de la independencia argentina, de Bartolomé Mi
tre, inieiada en 1857 y publicada en 1876,
Tal vez porque se est ya de leno en la tem:
zaci6n nacional, con la madurez que eso implica, existe un clin
propicio para enfientar posiciones relacionadas con el pasado ar
gentino. Se traia de la controversia entre Vicente Fidel Lope
(2815-1903), que habia comenzado su labor como historiador |
muy temprano, en 1841, con un trabajo sobre la Revolucién y ks P
guertas civiles, y Bartolomé Mitre, propietario-director de La Na- jobstante, que Lépez ya habia publicado La novia del hereje
cidn. A propésito del libro de Mitre sobre Belgrano, Lépez inci if 496854) y que tenia un plan de otras novelas histéricas, encuadra-
‘ui debate que primero tiene lugar en los diarios, El Nacional y La |} iste el histonicismo roméntico y que mplicarian una vuelta en-
NNacién, y termina por formularse en sendos libros, de ataque | | eiccional e histérica sobre el pasado argentino, Volveremos so-
contraataque. Bl articulo de Lépez, “Debate histérico”, de 1882, piste esta cuestién.
ilica “histérica”, La gran semana de 1810 y, en 1882, la nove-’
ibién histérica, La loca de la guardia, que habia escrito en
y hecho conocer en folletin y en la que cuestiona, tal vez,
mn remanente romantico, la respuesta autoritaria y conven
FG joal del general San Martin a una cuestién de amor. Mitre si-
mismo camino y publica también dos relatos, con seudé-
Elproblera del duque de Albay El desertor. Dicho de otro
iso métodos, pasan al narrative que, como perspectiva litera
fieslaba también dando sus primeros pasos. Hay que sefalar,100 Noe pref] ranorama histrco deta theratura argentina 101
Mitte y Lépez fueron protagonistas de primer onden en el deg Novela
sarrollo de la cultura argentina de esos afos; Mitre, que se hab
iniciado como poeta y babia publicado en 1839 una novela titi
lada Soledad, también fue traductor, nada menos que de La did
na comedia de Alighieri que dio lugar a numerosos sarcasmé
tal vez por la desmesura del propésito, tal vez porque jueces mil
severos cuestionaron ol resultado, desde que apareci6 hasta lig
martinfierristas en la década de 1920 al 1930-, pero sobre tof
historiador, ademas de haber sido primera figura, presides
(1862-1868), después de que la Confederacién hubiera perdido
partida frente a Buenos Aires; Lopez, hijo de Vieente Lépez y
nes, el poeta del Himno Nacional, se destacé igualmente c
historiador y también, abandonando la designacién de “publig
1a”, tipica dé la época anterior, se intemé en el campo instt
nal como ministro de Hacienda entre 1890 y 1892. Fv. Vatios de esos textos reaparecieron como libros muchos afios
En cuanto al debate histérico hay que considerar asimismo Sigh después; eso implicé un cambio en los modos de Ia lectura y en el
| io de lectores: hay que recordar todas las iniciativas tendientes
ft lfabetizaci6n que empezaron a implementarse después de
*Casecos y que culminaron con Ia Ley 1420, de educacién comin,
joa y gratuita, y que dicron muy pronto resultado en el sentide
por tal mucho después, fue Adolfo Saldias 840-1914), For Inds lectores y més advertidos acerca de la lectura de literatu-
en el pensamienio liberal y dectaredo discipulo de Mitre, el
alos archivos que Rosas tuvo la precaucién de llevarse a su
cn Inglaterra, le revel aspecos qu pareian borrados de los a
Si la idea de una literatura nacional, cuya necesidad habfan
proclamado los roménticos, carccia todavia de forma~no la idea
sino su realidad habia sin embargo atisbos que podrian ser filia-
dos més del lado de lo que se habia hecho durante el exilio: Juan
Maria Gutiéiuee von BY capitin de Patricios, de 1843, la ya men
cionada Soledad de Mitre, La novia del hereje y La loca de la
- guardia deLépez, Esther (1851) y La familia de Sconner (1858)
de Miguel Cané (padre), Los misterios del Plata (1844) de Juana
Manso, La quena (1845) de Juana Manuela Gort, publicadas en
“>folletin en diarios de la época y pagando tributo al sentimentalis-
‘mo cuando no al patriotismo, al antirrosismo o al dolor por la pa~
abia hecho que muchos libros hubieran sido antes publicados en
nia 0 en Espatia con la natural dficultad de cireulacién enes-
bid una Historia de Rosas y su época, en tres volimenes
1881, otro en 1884 y el tercero en 1887, Hay que decir que
nea histérica tuvo una gran continuidad, dio lugar a la post
‘creaci6n del Instituto de Investigaciones Historicas “Juan
de Rosas”, con numerosos investigadores afiliados a esa lil
énero, aunque también paga el precio de las oposiciones pro-
-del romanticismo menos problematizado, acentuando mucho
#84 caso el elemento politico, que se denominarfa mucho mas
Hulo anterior. Ese movimiento primario, que dejaba de lado las
ales coiffguraciones sarmientinas (mezcla de tipos discursi-
1 Autobiografia, ctonicas, polémicas), se prolongaria después
#8er05 ¢ irfa respondiendo, sobre todo después del ochenta,
por oposicién al “entreguismo” y las tergiversaciones de
ria liberal, oficial por otra parte, encamada sobre todo en102,
I raise dela Werte agetna ws
ala tendencia de la novela como forma consagrada por el reali
mo decimonSnico, histérica, de costumbres o de interpretacién de |
la realidad social.
La mencién a Vicente Fidel Lé[Link] en ese sentido pero ey
‘4 indivectamente apoyada por varias escritoras. Cabe menciong
Eéwarda Mansilla (1834-1892), hermana de Lucio V., hija del)
general del mismo nombre y de Agustina Rosas, 0 sea sobrin
del caudillo porteio, que en 1860 habia publicado, también en fo,
lletin, dos textos novelisticos, Lucia Miranda, que retomaba,
pattir del personaje pintado por Ruy Diaz-de Guzmén en 1612, i
leyenda dela “eautiva”, que Echeverria habia convertido en mito}
y Elmédico de San Luis (1860). Fduarda Mansilla vivié muchos:
afios en Europa, incluso en el gran mundo diplomético y aun mo:
1irquico —tuvo relaciones muy cercanas y amistosas con la core
de Napoleén IIL y tal vez haya colaborado al ingreso en él de sy
hermano Lucio y sus textos, de corte sentimental y folletinesco)
son también nostilgicos de un pats y un pasado lejano y familia:
mente ambiguo; escribié mucho pero se recuerda, como un gesto |
=o una inconfesada tentacién— que perdura en la literatura argen-
tina, que la siguiente novela fue escrita en francés, Pablo ow la vie
dans les Pampas (1869), traducida por Lucio y en la que recrea un
saber libresco sobre ese tema constante que es el “desierto”. Di- |
gamos, de paso, que a partir de 1852 aparecieron en los diarios de
Buenos Aires, E! Progreso, o de Santa Fe, El Patriota,folletines
franceses, de gran éxito, como los de Alejandro Dumas o Eugenio
Sue, lo cual ereaba condiciones favorables pata la publicacién y
la lectura de los autores argentinos dado el atractive que desperte-
ban, unos y ottos, gracias a esa modalidad de publicacién.
‘También la ya mencionada Juana Manuela Gorrti (1819-1892),
saltefia de origen, mujer y ex mujer de un politico boliviano que le-
86 a ser presidente de su pais, Mariano Belzt, exiliada en Lima
donde sostuvo “salones”, las “Veladas”, de las que fue centro tanto
en Lima como en buenos Aires, y escribié multitud de articulos y
cuentos largos, “fantastas” que publicé en folletin. Su novela més
conocida fue Suefios y realidades, de 1865 y en 1876, Peregrina-
iéiren los nnovos imaginarios argentinos; peo, n0 por falta de
jhforinacién pues ya se publicaban las obras de ese torte, proseguia
[rumor navelistien que acampafiaha a los folletines, que si bien
lepretaban el estado de dnimo de un piblico, al menos desde lo
“ue So empezaba a pensar durante Ia década del ochienta, parecfan
guticuados, sin responder @ una idea de literatura nacional de la que
“Planovela pretendia ser el estendarte. Por ello, hasta que sus precep
“ibs fueron seguidos, por Eugenio Cambaceres el primero, a partir
“giessi, nay ‘que mencionar al menos dos autores y sus respecti~
“has novelas, files todavia al costumbrismo de las dos déeadas pre
is. Uno es Lucio Vicente Lépez, con La gran aldea, y el oto es
“Miguel Cané (b), con livenifa, de 1882. Fruto vedado, de Paul
-{Groussac (1848-1929), publicada en folletin en Sidameérica, luc-
“gp dela de Lépez, ya no puede ser incluida en ese costumbrismo,
“anque por el eat del joven qe se introduce coun medio pro-
= Xinciano viniendo del extranjero y la resohucién de los amores por
_glsuicidio, trae mucho de los esquemas roménticos,
) Lucio Vicente Léper. (1848-1894), hijo de Vicente Fidel, fue
“sun personaje caracteristico de la lamada Generaci6n det 80, tantoronorama hstic dea literature argentina 105
por el pensamiento, coincidente con el del grupo en el poder ~f
< lu Bolsa”, referir cuatro hechos para la literatura argentina, acaso
incluso ministro del Interior en 1893-, como por su mirada, e
F demayor trascendencia que los precedentes y aun contemporé-
neos: Las Memorias de José M. Paz, Una excursidn a los indios
rangueles de Lucio V. Mansilla, Prometeo y Compaitia de Eduar-
do Wilde y Juan Moreira de Eduardo Gutiérrez. Corresponden
‘attes momentos, muy distanciados en el tiempo el primero de los
otros, y muy diversos los respectivos referentes, pero que tienen
en comin que no responden a categorias genéricas como las que
sstamos considerando,
» En efecto, el general José Maria Paz (1791-1854), siguiendo
F* una constante en la escritura del siglo XIX -el impulso que llevé
protagonistas de conflictos y acciones vinculadas con la turbu-
lenta vida del pais, a recuperar acontecimientos vividos-comen-
" aba escribir sus Memorias en 1839, se dirfa que en plena batalla
| contea Rosas, al salir de la edrcel, y las concluyé en 1849, en el
|; exilio en Brasil. Las “memorias”, dicho sea de paso, no son lo
F mnismo que las autobiografias: no rechazan un narrador en prime-
* rapersona pero predomina cierta objetividad; dicho de otro mo-
do, el acontecimiento es lo importante, no quien lo vivi6, que pre-
~lende s6lo recordarlo; lo contrario ocurre con la autobiografia,
‘cuyo sentido es rescatar una subjetividad considerada valiosa, tal
~ como lo formula y 10 ejecuta Sarmiento en Recuerdos de provin-
ia, En el texto de Paz, y por eso es posible vincularlo con un de-
» Sarrollo de la literatura nacional, la experiencia recuperada tiene
o- Wi caricternarrativo; se divi, por eso, que sigue la flosofia li-
dor estaba dejando atrds. Eso es La gran aldea, que aparecié:
1884, en cierto modo también novela de aprendizaje y al mi
ticismo, elegancia, sociabilidad, ironia y, al mismo tiempo,
ponsabilidades institucionales, cargos piblicos ¢ iniciativas cult
20 aprobar en 1904 y que aparecfa como el cierte de esa et
abierta por la consagrada fiase de Alberdi, “Gobemar es pobl
ce le medida en que legislaba sobre la expulsidn de los extra
+05 que podian ser considerados indeseables, desde luego que Hi
los partidarios del “orden”, no por los proletatios. E
‘Juvenilia es un relato de juventud, el paso por el Colegio
ddr. Es un relato amable, fresco y animado, poblado de anéedo}
pero a contracorriente de lo que estaba por comenzar en mate
narrativa, a saber: el naturalismo de tipo zoliano. Cané, como:
pez, ocupé cargos diplomiticos, viajé considerablemente y de;
dejé testimonio en En viaje, de 1884.
Fbros siempre narraba, siempre estaba acechindolo el fantasma
dela narracién.
Que también recuperamos en la obra de Mansilla (1831-1913),
to en su libro mas perdurable, Una excursién a los indios ran-
© dueles (1870), como et Jas en su momento muy celebradas “Cau-
:nviado por el presidente Sarmiento, como jefe de una
rilitar en Rio Cuarto, para ratificar o lograr un acuer-
+4o con los jefes ranqueles, instalados en las tolderfas al sur de Cér-
‘loba, y acompafiado por un pequefio grupo, Mansilla empezé a106
enviar en junio de 1870 al diatio La Tribuna, de los hermanos Vai |
rela, cartas acerca de los sucesos que se iban produciendo duran: |
te-ese viaje que, habiendo podido ser tradicionaimente arriesgado,
as{ como aparece en diversos cronistas de la frontera, fue pinto.
resco por obra y gracia de su parsimonia, de su capacidad de ob.
servacién y de cierte simpatia humana emanada de su clegante |
escepticismo.
La publicacién, que se recorta sobre el modelo de lectura del
folletin, tuvo una resonancia inmediata, pera ya antes habla he-
cho algo similar cuando le tocé estar en la Guerra del Paraguay y -
firmaba sus notas con seudlénimo. La forma exigida por el perio.
dismo era su medio natural de manifestacién, asi como lo fue 5u
arte conversacional, peto ni uno ni el otro mermaron su escritu-
1a, siempre precisa y eficaz, en la que resplandece un humor cons-
tante, una sonrisa burlona que satura la narracién. Esta cualidad,
{que ordena y caracteriza la prosa de Ia Excursidn, reaparece en
los escritos posteriores de Mansilla, por empezar lo més notorio,
sus famosas Causeries de los jueves ~ese nombre es tomado de
las Causeries ds lundi, de Sainte Beuve , que en la edicién que las
reiine a todas llevan él titulo de Entre nos, Causeries de los jue-
ves. Es un conjunto de pequefios relatos, reflexiones, recuerdos y
observaciones eriticas publicados en el diario Sud-América, de
1884 a 1891, ditigidos por lo general a sus pares del Club del
Progreso o del ambiente politico y cultural propio de la década
del ochenta,
El mismo tono, que desearta el elemento de “ficcién” que le
novela parece exigir, es de una narratividad contagiosa, que se
registra en sis otros libros, los Estudios morales de 1896 y En
visperas de 1903, de evidente impronta autobiografica, y aun el
Rozas de 1898, Ia arriesgada biografia de su tio ~ejecutada var
iéndose de conceptos de Ia sociologia y 1a psiquiatria en boga
contemportneamente viato como anecrénico representante do
una época primitiva, pero relacionado con su propia vida, pese «l
parentesco, s6lo por Ia memoria de la infancia ~es muy conoci-
da “Los siete platos de arroz con leche"= y el amor a la madre,
(pera histérico dea literatura argentina 107
1 elegante, proviene de un ejercicio constante de orlidad,
‘personal pero también edecundo para canalizar las comple-
iilias patricias, sentido de la aventura, amistades internaciona-
¥y, para lo que nos importa aqui, ideas literarias y fuertes exie
ezencias critica
HaSs. Lo mismo podria decirse del médico Eduardo Wilde, otro
“Siimbre tipico del ochenta, conversador y relator de observacio-
{jes mordaces, ligado, como los ya mencionados, al poder (fue mix
astro varias veces). Prometeo y compaiiia (1899) y Aguas abajo
4) son recopilaciones de breves relatos y artfculos, en los que
-conoce la ironia y el descreimiento, incluso acerea de los lo-
Sos del progreso.
+-Después del éxito popular que obtuvo con Juan Moreira
$80) Eduardo Gutiérros eseribié sobre otros gauchos “bravos",
Kimo Juan Cuello, Hormiga négra, La muerte de Buenos Aires y
s mis, en forma de folletin, siempre en diarios de la familia,
ino La Patria Argentina, En cuanto a Juan Moreira, transfor
“Sh lo que podria haber sido una biografia de un sujet eal, cono-
“aido como guardaespaldes de Adolfo Alsina y, por lo tanto, me2-
“ailado con el conflicto entre autonomistas y nacionalistas —que
luyé con la federalizacién de Buenos Aires en una especie
gesta de fondo gauchesco, con t6picas como los que le sirvie~
= ‘a Hernindez para el Martin Fierro ~1a prepotencia de las au-
_fovidades, a dignidad, la injusticia y el sentmiento del honor gau-
“ho para crear un mito que sedujo extraiamente al pablico
= al parecer la gente esperaba que saliera el diacio com los
ieeoivos eapitulos pero gqué gente? La pregunia no es ocioca
“ues se estaba entonces en plena campafa de alfbetizncin, de
Fahiodo que ese piblico no seria populir, tal como se entiende aho-
|, sino ilustrado; eso hace mis notable el fendmeno: como his-a Panorama Mstérico del literatura argentina 109
a religiosos, y que habfan llevado a la ruptura de relaciones con
to estaba interpretando un estado de espiritu que, virtualmentéqgy. *! Vaticano.
menos, debia ser el de una sociedad laica, cuyo gobierno habia fig. . Pero por encima de ese choque entre novela o literatura que
HY tendia a “mostrar” imperfecciones graves, las novedades filos6fi-
cas que aportaba la literatura francesa del momento fueron crean-
Cordoba, y aprobada, “De los hijos naturales, incestuosos, ad
rinos y sacrilegos”. Boton de muestra de un pensamiento y un
timiento de época que, si no era asi para la sociedad entera, se
ramente lo era para los grupos que intentaban organizar el pais
tun sentido de modermidad. 4
‘La literatura no estaba ajend a ‘dicho espiritu y quienes mi
‘ban o reaccionaban contra el fenémeno moreitista lo hackan\
desaprobacién y desdén, sin admitir que se constituyé en el pi
Iadrillo de un moderno edificio denominedo “cultura popul
compuesia por mitos, marginalidades, desafios a la justiviayi
rnuncias a sus tropelias ¢ inmoralidad, comportamientos delicl
ingredientes, la influencia del medio y de Ia herencia y 1a experi-
mentaci6n, aplicada al relato, a la manera cientifica. De este mo-
ff) = 40, los personajes de un relato son sometidos a una observacién
porlo tanto, que Towé Sivta Alvarez, nombre verdadero deH gest Zola y que permitenreconocer aun gran novelists
vigilante
Sorprendente, en cambio, o contradictorio era desde lant
dade alguien como el autor de La gran aldea, asi como de
tegrantes del grupo ilustrado del pais, porque si esa mod
cidn implicaba una libertad de expresién nunca vista y pet
que se publicaran, también en forma de folletin, novelas del
le Zola, que muchos consideraban inmorales porque retraly
situaciones de bajo fondo, se estaba dando una imagen del
no deseada, En esa contradicci6n se sustentaban opinionésg
iban on le direceién del pensamiento de una Iglesia que &
arrinconada ~se habian protinulgado varias leyes que afect
anfigue dominio sobre las conciencias, casamiento civil
1420 de educaci6n comin, cementerios civiles,juicios ord
eros, aprendié répidamente las lecciones zolianas sin obede-
al pie de la letra. En efecto, 1a ambientacién local de sus
U7 Stos atendia a problematicas politcas y sociales que intents-
Hontender con los mencionados conceptos naturalistas pero que
Sse dirfa que, tal como ocurié con Zola mismo, la preocupa-
Social, sea cual fuere, predomina por sobre el principio tebr-
‘hace olvidarlo,pa istrico de la iteratura argentina um
0 pa histrico de a iterate argent
‘Obediente a los dictados de la época y de la clase, Cambacgt dsy, ordenindolo todo, una idea de fatalidad (y ahi esté lo na-
res puso al principio en Paris su universo de representacién, Ty
to en Pot pourri (1882) como en Miisioa sentimental (1883), a
bos libros publicados bajo el comiin titulo de Silbidos de un va
Ja narracién transcurre en esa ciudad y los protagonistas son hey
eros de tos protaganistas reales del “progresa” argentino, En ps
ticular, esa cualidad inflexiona los relatos y los torna morales é
detrimento de una resolucién naturalista; 6s como si el narra;
Jatiado, cac en las redes de una devociéa filial que no espera-
xo tiene la suficiente fueran para enfrentar la desgracia que por
Zngins dele narracién es indispensable, puesto que (y ahi tam-
14 lo nahiralsta) toda tiene que terminar mal para miembros
1» Cambaceres se repone de esa especie de autoprospeccién
Sia y desplaza su pesimismo hacia afuera, hacia lo que pien-
aya muchos como él- que es un peligro para el grupo cuyas
lidades intentaba examinar en los primeros libros. Ahora es el
privilegindo el amenazado y lo es por el extranjero, imtevo-
mente advenedizo, dispuesto a todo para apropiarse de Ta le-
jit propiedad de los antes seifalados como privilegiados, tan
orque (y af esté lo naturalista) lo Heva “en la sangre”. Ese
tno de ia novela. indica ~escrita en 1885~un retor-
salit del primitivismo! Nada, dilapidacién, enfermedad, inutilid
y,en definitiva, muerte”. Con esa leccién por delante, el nara
advierte o profetiza dirigiéndose a su propio grupo social, atrap
do por el hastio del privilegio y la abundancia.
No obstante el cardeter provisorio, narrativamente hablands},
fe esns relatos, acaso movidos por Ia audacia y la erudezn de
16 “precursor”, asf como fue considerado Keheverria después qué +
Se conocié “El matadero”, pero del realismo costumbrista que 88.4 egado a este modo de ver. Por ejemplo Antonio Argerich (1855-
expandiria después. 0) que, en zlnocentes o culpables? Novela naturalist, de 1884,
En Sin rumbo, de 1884, Cambaceres mostré que se habia ho. fae 1 acento en lo riesgos de la inmigracién por el lado de la
cho cargo del desafio y probé que ya era un novelista hecho y de: |
recho, no més un hombre de mundo que escribia un poco, con
genio y agudeza, ademas de labores sociales més importantes
como ser ministro o embajador o rico estanciero, El relato es mis ©
vivido y mas escenogrifico: estancias, tareas rurales, teatros, res
dencias, paseos por la ciudad, amantes extranjeras, tipos caracte
ftugsa, pobres y muy poco preparados, trafan su inferioridad biol6-
eica al pais, que de un modo imprudente les abria entonces todas
fs puertas, O Manuel T. Podesta (1853-1918), autor de Jrrespon-
Hable (1889), novela en la que la fatal enfermedad que haba aque-ng
Ja Bolsa, auguraba.
Da la impresién de que el lugar en el que se suele poner a
ta novela tiene més que ver con el tema que, como se suele dec
5 en Ia décacia del naventa de “palpitante act
1a, por otra parte de un ciclo integrado por escritores como Fran‘
cisco Sicardi, Carlos Marfa de Ocantos y Segundo Villafate, cu."
yas obras, de mayor alcance literario, sobre todo las de los doy
primeros, que preparan la gran expansién de la novela que tendi4.
lugar a comienzos del siglo Xx y que dard textos de mucha mayor
importancia, aunque el crac bursétil no esté tan tematizado como
en Ia de Martel 3
En efecto, Ia abundante obra de Francisco Sicardi (1856-
1927) problematiza mis bien la cuestién de la degeneracién y a 1
hherencia, columna central del naturalismo, que perturbaba o spac
sionaba a sociSlogos, escritores y médicos. Sicardi ere estas dos =
liltimas cosas y las reunié por empezar en su persona, y tego en -
sss personajes, como si se hubiera hecho eargo del rasgo tan ca-
“médica” en segundo témino, pero dando seguridad, mis que
alos otros personajes, simbélicamente a los lectores y, por ca- 4
nieter transitivo, a una sociedad que podia sentirse amenazada
por miltiples y desconocidos gétmenes traidos “en Ia sangre” de |
Jos inmigrantes.
Al menos tres aspectos son de destacar al recuperar su obray
‘su figura; el primero es tal vez el primer hijo de inmigrantes que
llega a ocupar una posicién de gran relevancia en la medicina de |
su época; el segundo es tal vez el primer hijo de inmigrante que
accede al pequetio Pamaso de la literatura argentina finisecular y
que obtiene atencién por parte de sus lectores (Mansilla y Grou-
ssac—que también es inmiarante pero de otro tipa-, por la menos,
comentan en extenso su primer libro); tercero, es el primero que
emprende, aunque siguiendo los pasos de Zola, con sus cinco li-
bros articulados, una obra en forma de saga, gesto que luego po-
us
ilaba una profusa bibliografia que culmina en el muy influ-
igDegeneracién, de Max Nordau (1895), y que, por otro lado,
.ga en lo literario con el decadentismo y lo “aro”, que tan fi-
rente haba percibide Rubén Darla pero no siguiendo lot pa-
§ naturalistas sino los de Ia subversién pottica y literaria
E> supone, en busca de una integracién social y una comprensién
jos cambios que se estaban procuciendo,
er volumen, aparecido en 1894; lo sigue Genaro, en 1896;
0 Don Manuel de Paloche, en 1898; 14énder, en 1900 y, por
lias psicopéticas en las cuales los médicos y los curanderos pe-
ptambién los escritores establecen una ecuacién compleja, por
jgmentos en forma de novela de aprendizaje pero, mas importan-
“que eso, mezelando géneros (poema en prosa, oracién fiinebre,
satsos politicos y polémicas, cuento romantico, payeda, car~
‘tettera) y recogiendo hablas populares en un gesto que cons-
ii un punto de partida para el realismo que se desencadenaré
= pocos aflos después. En suma, Sicardi presents una ecuacién no-
© Yedosa: ciudad, salud, escritura, enfermedad, novela, como si to-
do ello junto definiera una cifra durante mucho tiempo buscada,
literatura nacional”
“jp No obstante, y tl vez eso ha contribuido a que este libro no
upe un lugar fundante, los contempordneos consideraron menos
“In originalidad de la incorreécién exptesiva que los vicios de for-
‘tha. El momento era de tendencia a la academizacién, luego del
“iunfo del modernismo, y lo nuevo que trafa ET libro exiratio pa-
cia poco inteligible, en exceso disruptivo.16 Not SR Ysinorama sic dela teat argentna 7
Gade Pedro Morante, Grandezas, de 1898; Abismos, de Manuel
onde y La Maldonada, de Francisco Grandmontagne, un
critor espaiiol de larga trayectoria en Ia Argentina, que retoma
‘maci6n oritica rigurosa, como la que empez6 a tomar forma’t
timo cuaro del siglo 20 y con mayor ener en asprin
décades del 2x. De este modo, se puede inventarar lo que‘
‘ma suscité; as, una novela de Carlos Matia Ocantos (1860-194
Quilito, de 1891 -escrita en Paris, donde residia después dedthaaly
misién en Dinamarea-, aborda el tema‘en el relato de un drantiijs
miliar con sus problemas domésticos, pasiones y virtudes, ui
vvado por le crisis de la Bolsa. Esta novela, que paga su trib
un naturalismo més 0 menos incorporado y naturalizado, so
tea dentro de una profusa produccién, unas treinta, que esc
[Link] larga vida, y que no obtuvieron, salvo aquella, juicios
Positives en su momento, tal vez porque el autor, diplomitieds
tema de la crisis sino que sigue la linea de “la novela del jo-
pobre”, de larga tradicién francesa (Stendhal, Octave Feuillet
ros) que, en este caso, retoma el ema mostrando cuén difeil
‘ieambiar de clase; el querer, desde una clase media campesina,
févarse hasta el cielo de una aristocracia que parece muy instala~
fay segura de si misma, termina por deteriorar valores legitimos,
parte, con una frivolidad iresponsable. Pero, sn embargo,
‘Ulvierte en el relato una mano de: narrador, sin tropiezos y con un
estaba condicionado por su pertenencia a la Acadeinia Espa
de la Lengua; sin duda se lo vio como Iejano, o poco interio#
do del pedido que la literatura nacional estaba formulando.
‘También se incluye en el ciclo Horas de fiebre, de 1891,
4eminé muy pronto, en un lapso de apenas diez afios, el teatro
estaba ganando multitudes, el ensayo sociol6gico, que busca~
interpretar esa confusién; en politica, el comienzo de la decli-
'én del liberalismo oligdtquico y la aparicién de nuevas y enér-
as Fuerzas, como la Unién Civica primero, que se convierte en
Unién Civica Radical, el Partido Socialistay el sindicalismo,
do motivo de reflexién para intelectusles como Mariano D
ue, en esos afios, declaraba con énfasis y reconocimiento: “No
ziamos novela, pero todos confiaban en que llegariamos a tenéfundamentalmente anarquista. Y, culturalmente, los primera
sultados de Ia alfabetizacién, la expansion del periodisma ¢
ruevos lenguajes comunicacionales, la creacién de “piblicos
anos, el crecimiento de las ciudades, con sus adelantos te,
‘givos, sus correlativos manchones de miseria y sus nuevos mj
Y¥ el paulatino ingreso a ta vida piblica de les priraeras gen
nes de hijos de inmigrantes.
Una filtima reflexion relativa a la constitucién de una lites
tura nacional: antes del fin de siglo, los reconocidos como eg
tores eran sobre todo hombres del sistema, ocupaban cargos if a
iciones: el modernismo
afiadidura pero acaso pensando qUe poscer una literatura era j
dispensable para un pais com pretensiones. Y, a comienzos dl
glo XX, hijos de inmigrantes 0 de las pequeiias burguesias deli
terior, que no son ministros ni diplométicos, recogen la tea, soj
periodistas © pequeiis funcionarios 0 profesionales, y hacen de
literatura una misién y un destino. ¥, uriosemente, logran un it
vvel de calidad superior, acorde com el cada vez mas refinado sist, italistas-, prendieron casi de inmediato hasta el punto de que
‘ma cultural. Esto sucede acas0 pur ui commpulsiva necesidad d
integracién pero, en todo cas0, han de haber puesto en la eserity’ 4
‘ra mucho més que los distinguidos caballeros que los precedieron.#
Leopoldo Lugones, Roberto J. Payr6, Alberto Gerchunoff, Alber-
to Ghiraldo, Baldomero Femindez Moreno, Manuel Galvez, Ro:
berto J. Giusti, Horacio Quiroge, José Ingenieros, Enrique Banchs,
de quienes se trataré en las paginas siguientes, son un buen ejem-
plo de esa afirmacién.
‘legada a Buenos ‘Ares, en 1893, del poeta niaragiense
1 obvio sefialarlo~ Rubén Dario, que habia iniciado esa co-
en Chile, unos afios antes. Sus propuestas, poéticas sobre
‘literarias, existentes; gracias a sus ensefianzas, por designar de
gin modo aquello que preconi26, la textualidad considerada li-
ure adquirid un carécter del cual no se Gesprenderia ya nan-
0, tanto como e0, introllujo, nada menos, el concepto de
‘moderna’, a cuya aplicacién y vigencia aspiraban en ese mis-
“Gigi: momento si no toda la sociedad al menos los esclarecidos
/ gupos que menejaban el pais, tanto en el plano politico como en
Aeseconémico.
“Wi Bsto quiere decir que Darfo, con sus innovaciones podticas y
“Algaudacia de sus formulaciones “interpret” de algin modo, pero
“igo su terreno propio, eso que dba nerviosamente vueltas en le
galtura del pais y respecto de lo cual se hallaban algunos modos
‘fe llevarlo a cabo en algunos campos en especial, la educacién por
~ Aejemplo o el periodismo o la urbanistica y aun la ganaderia, me-
iiante orgullosos enunciados. Dicho de otro modo, encom umn te-
“rreno fértil para hacerse oir y, por eso, puede devirse que el mo-