OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE
Magistrado Ponente
SC3366-2020
Radicación nº 25754 31 10 001 2011 00503 01
(Aprobada en sala de cinco de septiembre de dos mil dieciocho)
Bogotá, D.C., veintiuno (21) de septiembre de dos mil
veinte (2020).
Decide la Corte el recurso de casación interpuesto
por el demandante frente a la sentencia del 1° de diciembre
de 2015, proferida por la Sala Civil Familia del Tribunal
Superior del Distrito Judicial de Cundinamarca, dentro del
proceso de impugnación de reconocimiento de la paternidad
promovido por Luis Fernando Gómez Pacheco, contra el
menor D.F.G.R. representado legalmente por Yeny Magaly
Rivera Lozano.
I.- ANTECEDENTES
1.- Se solicitó en el libelo declarar que el menor no es
hijo del demandante y comunicar esa determinación al
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
notario para efectos de inscripción de la sentencia y
corrección del registro civil.
Como sustrato fáctico se expuso que Luis Fernando
Gómez Pacheco y la madre del accionado tuvieron relaciones
amorosas esporádicas, luego de las cuales se enteró que ella
estaba embarazada. El infante nació el 4 de octubre de
2003, hecho a partir del cual ambas familias le insistieron
en que lo reconociera y su propia progenitora entusiasmada
con tener un nieto, lo obligó a efectuar el correspondiente
registro ante la Notaría Segunda de Soacha.
Posteriormente, al darse cuenta que Yeny Magaly por
la misma época sostenía relaciones con otros hombres,
resolvió someterse a la prueba de ADN en la Fundación
Arthur Stanley Gillow, que dio como resultado su exclusión
como padre biológico del menor.
2.- La demanda fue presentada el 15 de julio de 2011
(fls. 5 – 7, c.1).
3.- La parte accionada se opuso a las pretensiones, y
como excepciones de mérito alegó «tacha de falsedad del
contenido de la prueba» y «pérdida de la titularidad de la
acción de impugnación», dado que ésta expiraba a los 140
días siguientes al momento en que el promotor tuvo
conocimiento de que no era el padre del niño (fls. 13 – 21,
c.1).
2
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
4.- El Juez de primer grado, negó las súplicas por
«prescripción de la acción» (fls. 103 – 109, ib.). Dicha
providencia fue apelada por el extremo activo y confirmada
por el Superior el 1° de diciembre de 2015 (fls. 60 – 68, c. 4).
II.- FUNDAMENTOS DEL FALLO DEL TRIBUNAL
La certidumbre que finalmente desencadenó el interés
del demandante para impugnar la paternidad, advino desde
cuando tuvo conocimiento del resultado de la prueba
científica que estableció la incompatibilidad genética entre él
y el menor desde el 26 de octubre de 2009. En tal virtud,
para la fecha de presentación de la demanda estaban
superados con suficiencia los 140 días referidos en el
artículo 248 del Código Civil para disputar la paternidad del
hijo extramatrimonial.
En esas condiciones, operó la caducidad, «conclusión
que se impone así sea verdad que tratándose del derecho
sustancial el juzgador debe disponer las cosas para que éste
se imponga sobre la forma, pues lo cierto es que si se
consumó ese plazo “fatal” que estableció el legislador para
impugnar la paternidad, la solución del litigio no puede ser
diferente a la adoptada por el a quo, por más loables que
sean los motivos para hacerlo».
Conforme a la jurisprudencia, el fundamento de la
institución de la caducidad «estriba en la necesidad de dotar
de certidumbre a ciertas situaciones o relaciones jurídicas
para que alcancen certeza en términos razonables, de modo
3
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
que quienes están expuestos al obrar del interesado (…)
sepan, si esto habrá o no de ocurrir»; tratándose de la
impugnación de la paternidad, deben acatarse las
sentencias C-071 de 2012 y T-160 de 2013, en punto a que
la misma se cuenta a partir del momento en que se tiene
certeza del hecho.
Muy a pesar del interés que le asiste al actor para
demandar, «ello en sí mismo no es suficiente para desconocer
el término de caducidad de la acción, instituida, ya se sabe,
por razones de orden público; mucho menos cuando, en todo
caso, el hijo tiene el derecho de impugnar en cualquier tiempo
la paternidad vigente y averiguar por su verdadera filiación».
III.- LA DEMANDA DE CASACIÓN
En el único cargo formulado, con soporte en la causal
primera del artículo 336 del Código General del Proceso, se
acusó violación directa del artículo 228 de la Constitución,
que reconoce la prevalencia del derecho sustancial sobre el
formal.
En sustento, se afirma que la Corte Constitucional en
su jurisprudencia «ha cimentado la tesis que el Derecho en
pro de la justicia, no puede tolerar que se imponga la forma
ritual y procedimental sobre el derecho sustancial», y que la
prevalencia del derecho sustancial determina que los
procedimientos sirvan como medio para lograr la efectividad
de los derechos subjetivos de las partes y demás
intervinientes en los procesos, según lo ha decantado en
4
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
múltiples providencias como T-599/13, T-306/01, T-531/10
y T-793/13.
Además, en T-160 de 2013 la mencionada Corporación
señaló que si bien en aquellos casos en los que surja duda
de la paternidad, pero la persona deja pasar un tiempo
prolongado para cuestionarla, es razonable que se declare la
caducidad, «en los casos en los que exista un elemento
adicional, como cuando se presenta certeza de que no hay
vínculo filial como resultado de la práctica del examen de
ADN, el interés actual debe entenderse actualizado gracias a
la novedad de la prueba científica».
En consecuencia, pidió que se case la sentencia en
aras de la efectividad del derecho sustancial y la unificación
de la jurisprudencia.
IV-. CONSIDERACIONES
1.- Por
virtud del tránsito de legislación y el numeral 5 del artículo
625 de la Ley 1564 de 2012, conforme al cual los recursos
interpuestos, «se regirán por las leyes vigentes cuando se
interpusieron», en la definición de este asunto se tendrán en
cuenta las normas que establecía el Código de
Procedimiento Civil por ser las aplicables al momento en que
se formuló el recurso de casación (09 Dic. 2015) y que
conservan vigencia hasta que culmine.
5
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
2.- Teniendo en cuenta que el proyecto presentado por
el magistrado sustanciador no alcanzó mayoría, y en
acatamiento del artículo 33 del Reglamento de la Corte pasó
el expediente a quien le sigue en turno para la elaboración
de la nueva ponencia, la Sala se ocupará de resolver los
problemas jurídicos que emergen del cargo formulado por el
casacionista que, en esencia, se edifica sobre lo que
considera una violación directa del artículo 228 de la
Constitución que reconoce la prevalencia del derecho
sustancial sobre el formal.
Con ese propósito, se procederá a definir el alcance de
la caducidad de la acción de impugnación de la paternidad
regida por el artículo 248 del Código Civil y su fundamento
jurídico, teniendo en cuenta la circunstancia que determina
el nacimiento del interés para promoverla por parte del que
se tiene por padre.
Por otra parte, es menester reflexionar acerca de la
solución que desde la naturaleza del proceso y el término de
caducidad que lo rige, debe ofrecerse al conflicto suscitado
entre el presunto padre y el hijo reconocido, en eventos en
los que el primero aun teniendo conocimiento cierto de la
exclusión de la paternidad mediante el resultado de la
prueba de ADN, adelanta dicha acción con posterioridad al
término legalmente consagrado para el efecto.
El análisis se abordará desde la pertinente
jurisprudencia de esta Corporación y de la Corte
Constitucional, haciendo uso de los criterios de
6
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
hermenéutica jurídica que orientan la decisión de la
controversia.
La tesis que emerge de este estudio, se concreta en
que, indefectiblemente, dada la naturaleza de los derechos e
intereses comprometidos en ese tipo de procesos, con
independencia de la certeza que pueda arrojar el resultado
de la prueba científica, su probabilidad de éxito está
supeditada a que la demanda se formule en su debida
oportunidad, en aplicación concreta de caros principios
como los de prevalecía del interés superior del menor,
seguridad jurídica, igualdad y buena fe.
3.- Relación de la caducidad con el debido proceso
y los principios de buena fe y seguridad jurídica.
3.1.- En términos generales, la caducidad es el efecto
de la inactividad del interesado en promover válidamente
una acción dentro del término previsto por el legislador,
traducido en el fenecimiento de la posibilidad de reclamo de
la tutela jurisdiccional.
En CSJ SC 19 nov. 19761, se indicó que ese fenómeno,
conforme a la doctrina y la jurisprudencia, está ligado «con
el concepto de plazo extintivo en sus especies de perentorio e
improrrogable, el que vencido, la produce sin necesidad de
actividad alguna ni del juez ni de la parte contraria. De ahí
que pueda afirmarse que hay caducidad cuando no se ha
ejercido un derecho dentro del término que ha sido fijado por
1
Caceta Judicial. Tomo CLII, 1976, págs. 496 – 509
7
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
la ley para su ejercicio (…) el fin de la caducidad es
preestablecer el tiempo en el cual el derecho puede ser
últimamente ejercido».
Las normas que establecen aquellos plazos perentorios
en que deben promoverse las acciones judiciales, hacen
parte del derecho fundamental al debido proceso, que como
es sabido, involucra la previa determinación de las reglas
que han de regir las actuaciones, en garantía del derecho a
la igualdad ante la ley de quienes deciden someter sus
controversias a la definición jurisdiccional.
En esa medida, resulta palmario que tales periodos
para promover un determinado tipo de acción, son de
estricto cumplimiento y constituyen una modalidad de
cargas procesales, que, según lo precisó la Corte en AC 17
sept. 19852, atañen a «situaciones instituidas por la ley que
comportan o demandan una conducta de realización
facultativa, normalmente establecida en interés del propio
sujeto y cuya omisión trae aparejadas para él consecuencias
desfavorables, como la preclusión de una oportunidad o un
derecho procesal e inclusive hasta la pérdida del derecho
sustancial debatido en el proceso».
De ahí que la omisión en formular la demanda dentro
del término preestablecido, por tratarse de una carga
procesal, acarrea consecuencias desfavorables al sujeto
inactivo, puesto que el sometimiento a las normas adjetivas
es obligatorio y no optativo.
2
Sala de Casación Civil, M.P. Horacio Montoya Gil, Gaceta Judicial TOMO CLXXX –
No. 2419, Bogotá, Colombia, Año de 1985, págs. 425-430.
8
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
Al respecto, la Corte Constitucional en C-1512 de
2000, precisó que la observancia de las formas propias de
cada juicio «supone también el desarrollo de los principios de
economía, oportunidad, lealtad, imparcialidad y celeridad
procesales, en aras de la igualdad de las personas, éste
último gracias al sometimiento de las causas idénticas a
procedimientos uniformes» y que obviar tales formas en las
actuaciones judiciales «impide alegar el desconocimiento del
derecho sustancial reclamado, ya que se estaría sustentando
la frustración del interés perseguido en la propia culpa o
negligencia».
3.2.- Así mismo, la caducidad está conectada con el
principio de la buena fe de raigambre constitucional
(artículo 83), en su expresión «venire contra factum proprium
non valet», o prohibición de actuar contra los actos propios,
que le impone a las personas guardar coherencia con
actitudes o comportamientos jurídicamente relevantes
asumidos en el pasado.
Es evidente que si el interesado en formular una
determinada acción deja transcurrir pasivamente los
términos imperiosos fijados por el legislador, crea una
expectativa en quien sería el llamado a enfrentar sus
pretensiones, en el sentido de que voluntariamente ha
declinado de la prerrogativa de hacer su reclamación. En
ese sentido, Lehmann precisa que,
La necesidad de dar reconocimiento a la caducidad ha nacido de
la consideración de la situación del obligado, que se agrava de
9
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
modo injusto mediante el ejercicio posterior por el titular de un
derecho con cuyo no ejercicio cabía contar ya atendidas las
circunstancias. La caducidad resulta, en general, del principio de
inadmisibilidad de la conducta contradictoria (“venire contra
factum proprium”). De acuerdo con este principio, el sujeto que
toma parte en el tráfico jurídico queda vinculado a su propia
conducta, de tal suerte que no puede después contradecirla de tal
modo que vulnere la buena fe. (…) Lo decisivo es que, de acuerdo
con el conjunto de las circunstancias y la peculiaridad de la
relación jurídica, se haya despertado en la otra parte la confianza
legítima de que el derecho ya no será ejercitado, y, por
consiguiente, el ejercicio posterior tendría como consecuencia un
perjuicio injusto para el obligado, perjuicio que no hubiera sufrido
de haberse ejercitado oportunamente el derecho3.
3.3.- La fijación de términos de caducidad también está
ligada a la seguridad jurídica que, en materia jurisdiccional,
guarda relación con los conceptos de certeza o previsibilidad
de las decisiones judiciales de cara al principio de legalidad
y al comportamiento de los intervinientes en el juicio, en la
medida que en esta garantía subyacen también las
expectativas de estos últimos frente al poder judicial del
Estado, en torno a las consecuencias jurídicas que puedan
derivarse de la falta de ejercicio de una determinada
actuación propia o de su contendor en la oportunidad
previamente establecida.
En ese sentido, Antonio Enrique Pérez Luño4, precisa
que,
La seguridad jurídica es un valor estrechamente ligado a los
Estado (sic) de Derecho que se concreta en exigencias objetivas de:
corrección estructural (formulación adecuada de las normas del
ordenamiento jurídico) y corrección funcional (cumplimiento del
Derecho por sus destinatarios y especialmente por los órganos
encargados de su aplicación). Junto a esa dimensión objetiva la
3
LEHMANN, Heinrich. Tratado de Derecho Civil. Parte General. Vol. I. Editorial
Revista de Derecho Privado. Madrid. 1956, pág. 523.
4
LA SEGURIDAD JURÍDICA: UNA GARANTÍA DEL DERECHO Y LA JUSTICIA. En: Boletín de
la Facultad de Derecho de la UNED, núm. 15, 2000. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?
codigo=175549
10
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
seguridad jurídica se presenta, en su acepción subjetiva
encarnada por la certeza del Derecho, como la proyección en las
situaciones personales de las garantías estructurales y
funcionales de la seguridad objetiva.
(…)
La certeza del Derecho supone la faceta subjetiva de la seguridad
jurídica, se presenta como la proyección en las situaciones
personales de la seguridad objetiva. Para ello, se requiere la
posibilidad del conocimiento del Derecho por sus destinatarios.
Gracias a esa información realizada por los adecuados medios de
publicidad, el sujeto de un ordenamiento jurídico debe poder saber
con claridad y de antemano aquello que le está mandado,
permitido o prohibido.
En función de ese conocimiento los destinatarios del Derecho
pueden organizar su conducta presente y programar expectativas
para su actuación jurídica futura bajo pautas razonables de
previsibilidad. La certeza representa la otra cara de la seguridad
objetiva: su reflejo en la conducta de los sujetos del Derecho.
En definitiva, si la tempestividad para accionar, se
afianza en los derechos al debido proceso, igualdad de trato
ante la ley, buena fe y acceso a la justicia, la carga de
actuar con diligencia y prontitud exigible a quienes decidan
someter sus asuntos a la jurisdicción, propende también
porque los llamados a acudir como sujetos pasivos de las
pretensiones, tengan certeza de hasta qué momento pueden
llegar a ser requeridos para enfrentarlas, de allí que no dejar
en la indefinición el ejercicio de los derechos es garantía de
seguridad jurídica para todos los interesados en las resultas
de su reclamación.
4.- Caducidad de la acción de impugnación del
reconocimiento.
11
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
La Ley 75 de 1968, en su artículo 5º, establece que «[e]l
reconocimiento sólo podrá ser impugnado por las personas,
en los términos, y por las causas indicadas en los artículos
248 y 335 del Código Civil», a su turno, el artículo 248 del
Código Civil, modificado por el artículo 11 de la Ley 1060 de
2006 -aplicable en relación con los hijos no nacidos dentro
del matrimonio o de la unión marital- 5, dispone que puede
impugnarse la paternidad probando que el hijo «no ha
podido tener por padre al que pasa por tal» y que, «[n]o serán
oídos contra la paternidad sino los que prueben un interés
actual en ello, y los ascendientes de quienes se creen con
derechos, durante los 140 días desde que tuvieron
conocimiento de la paternidad» (subraya intencional),
pudiendo ocurrir que la referida acción fenezca por el paso
del tiempo unido a la inactividad del interesado.
En cuanto a los cortos términos consagrados para
adelantar esa clase de asuntos, en CSJ SC 27 oct. 2000,
rad. 5639, se afirmó que ello tiene su razón de ser,
(...) en las más sentidas necesidades de la comunidad, que mal
soportaría la zozobra que traerían consigo la prolongada
indefinición en el punto, amén de una legislación laxa y permisiva
en relación con un tema que afecta los fundamentos mismos del
orden social. Tal como lo ha señalado la Corte, "por la especial
gravedad que para el ejercicio de los derechos emanados de las
relaciones de familia y para la estabilidad y seguridad que entraña
el desconocimiento del estado civil que una persona viene
poseyendo, el legislador ha señalado plazos cortos para las
acciones de impugnación"; agregando que "como el estado civil, que
según el artículo 346 'es la calidad de un individuo en tanto lo
habilita para ejercer ciertos derechos y contraer ciertas
obligaciones', no puede quedar sujeto indefinidamente a la
posibilidad de ser modificado o desconocido, por la incertidumbre
que tal hecho produciría respecto de los derechos y obligaciones
emanados de las relaciones de familia, y por constituir, como ya se
5
Cfr. SC, 26 sep. 2005, rad. n.° 1999-0137-01 y SC12907-2017, entre otras.
12
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
dijo, un atentado inadmisible contra la estabilidad y unidad del
núcleo familiar, el legislador estableció plazos perentorios dentro de
los cuales ha de intentarse la acción de impugnación, so pena de
caducidad del derecho respectivo". (Sentencias de 9 de junio de
1970 y 25 de agosto de 2000). -Subraya intencional-
5.- Caducidad y prevalencia del derecho sustancial.
Al tenor del artículo 95 de la Carta Política, el ejercicio
de los derechos y libertades reconocidos en la Constitución,
implica también el cumplimiento de responsabilidades como
colaborar para el buen funcionamiento de la administración
de la justicia (numeral 7). Desde esa perspectiva, no resulta
extraño que el legislador a partir del amplio margen de
configuración en materia de procedimientos que dimana de
los numerales 1 y 2 del artículo 150 ibídem, goce de cierta
discrecionalidad para establecer una carga de carácter
temporal respecto del ejercicio de los derechos, como lo es la
fijación de un lapso para promover las respectivas acciones,
so pena de caducidad.
Si bien es cierto que conforme al artículo 228 ibídem,
en las actuaciones de la administración de justicia
prevalecerá el derecho sustancial, esa premisa no se enfila a
descalificar la importancia o alcance de las normas de
procedimiento que en el constitucionalismo actual
adquieren otra dimensión al ser las que posibilitan el
ejercicio del derecho fundamental al debido proceso, la
efectividad de derecho sustancial y la garantía del acceso a
la jurisdicción.
13
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
Ahora bien, el artículo 248 del Código Civil, en lo
relativo al señalamiento de la legitimación para impugnar la
filiación posee categoría sustancial (CSJ AC233-2000, exp.
7682), no obstante, con independencia de la codificación en
la que se encuentra inmerso, en lo concerniente a disponer
la oportunidad para promover esa clase de actuaciones
ostenta carácter procedimental, por lo mismo, de orden
público e imperativo cumplimiento, lo que de ningún modo
significa que el término allí fijado corresponda a un mero
formalismo.
Ciertamente, la determinación legislativa de fijar
términos de caducidad respecto de las acciones legalmente
previstas para discutir el vínculo paterno filial, propende por
evitar que el estado civil quede en entredicho, sujeto a una
incertidumbre permanente o sometido al arbitrio de una
persona que pueda interponerlas «cuando se le ocurra y en
todo tiempo, por muy altruista que parezca o pueda ser el
motivo aducido»6, lo que redunda en seguridad jurídica en la
medida que se delimita el hito temporal para el ejercicio de
los derechos del presunto padre y los correlativos intereses
que de allí se derivan para el hijo.
Aunado a lo anterior, las precisas disposiciones en
esa materia, se justifican principalmente cuando está de por
medio el interés superior de los menores (art. 8° Ley 1098 de
2006), que involucra, entre otros, la defensa de sus
garantías a tener un nombre, una familia y no ser separados
de ella, así como la prevalencia de sus derechos sobre los de
6
Cfr. CSJ SC-041 de 2005, rad. 2001-00198-01 y SC 9 nov. 2004, rad.
00115-01.
14
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
los demás (art. 44 Constitución), y en general, tienen arraigo
en la protección de los derechos fundamentales al estado
civil, a la personalidad jurídica (art. 14 ib.), a tener una
familia (arts. 5, 42 ib.), al libre desarrollo de la personalidad
(art. 16 ib.), a la filiación y a la dignidad humana (art. 1 ib.).
Tampoco puede soslayarse que las normas que
consagran periodos de caducidad para la impugnación de la
paternidad o la maternidad constituyen límites temporales
cuya naturaleza es de innegable orden público, de manera
que acaecido el fenómeno extintivo ni siquiera es
renunciable por el beneficiado y el juez se ve compelido a
declararlo en forma oficiosa o por solicitud de parte, de ahí
que, vencido el plazo sin que se haya propuesto la respectiva
acción, la situación jurídica de quien pasa por padre y su
presunto hijo, se torna definitiva e inexpugnable por parte
del primero, aun cuando no corresponda a la realidad
biológica.
A tono con lo discurrido, resulta inadmisible sostener
que la aplicación del término previsto en el artículo 248 del
Código Civil para la definición de un caso concreto comporta
un excesivo formalismo por parte del juzgador o desconoce
el principio de prevalencia del derecho sustancial, pues si
las relaciones jurídicas en discusión están involucradas
directamente con la familia y los derechos a la personalidad
y al estado civil, el plazo perentorio para el ejercicio de la
acción impugnativa tiene una loable justificación desde el
punto de vista legal y constitucional muy por encima de un
mero formalismo, inscribiéndose como norma obligatoria en
15
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
la esfera del debido proceso que rige la tramitación de esas
causas.
6.- Presunción de constitucionalidad del término de
caducidad previsto en el artículo 248 del Código Civil.
Dispone el artículo 230
de la Constitución que «[l]os jueces en sus providencias sólo
están sometidos al imperio de la ley. La equidad, la
jurisprudencia, los principios generales del derecho y la
doctrina son criterios auxiliares de la actividad judicial»,
precepto que debe armonizarse con el artículo 4° ejusdem,
conforme al cual «[l]a Constitución es norma de normas. En
todo caso de incompatibilidad entre la Constitución y la ley u
otra norma jurídica, se aplicarán las disposiciones
constitucionales», consagrándose así la supremacía
constitucional cuya aplicación práctica se da a través de la
denominada «excepción de inconstitucionalidad».
En CC T-614 de 1992, se refirió que la aplicación
preferente de los preceptos constitucionales sobre cualquier
otra norma jurídica, tiene lugar en casos concretos y con
efectos únicamente referidos a éstos, además,
Para que la aplicación de la ley y demás disposiciones integrantes
del ordenamiento jurídico no quede librada a la voluntad, el deseo
o la conveniencia del funcionario a quien compete hacerlo, debe
preservarse el principio que establece una presunción de
constitucionalidad. Esta, desde luego, es desvirtuable por vía
general mediante el ejercicio de las aludidas competencias de
control constitucional y, en el caso concreto, merced a lo dispuesto
en el artículo 4º de la Constitución, haciendo prevalecer los
preceptos fundamentales mediante la inaplicación de las normas
inferiores que con ellos resultan incompatibles.
16
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
Subraya la Corte el concepto de incompatibilidad como elemento
esencial para que la inaplicación sea procedente, ya que, de no
existir, el funcionario llamado a aplicar la ley no puede argumentar
la inconstitucionalidad de la norma para evadir su cumplimiento.
(…) En el sentido jurídico que aquí busca relievarse, son
incompatibles dos normas que, dada su mutua contradicción, no
pueden imperar ni aplicarse al mismo tiempo, razón por la cual
una debe ceder ante la otra; en la materia que se estudia, tal
concepto corresponde a una oposición tan grave entre la
disposición de inferior jerarquía y el ordenamiento constitucional
que aquella y éste no puedan regir en forma simultánea. Así las
cosas, el antagonismo entre los dos extremos de la proposición ha
de ser tan ostensible que salte a la vista del intérprete, haciendo
superflua cualquier elaboración jurídica que busque establecer o
demostrar que existe.
De lo cual se concluye que, en tales casos, si no hay una oposición
flagrante con los mandatos de la Carta, habrá de estarse a lo que
resuelva con efectos "erga omnes" el juez de constitucionalidad
según las reglas expuestas.
Fluye de lo anterior con toda claridad que una cosa es la norma
-para cuyo anonadamiento es imprescindible el ejercicio de la
acción pública y el proceso correspondiente- y otra bien distinta su
aplicación a un caso concreto, la cual puede dejar de producirse
-apenas en ese asunto- si existe la aludida incompatibilidad entre
el precepto de que se trata y los mandatos constitucionales
(artículo 4º C.N.).
Cabe entonces preguntarse si el juez del proceso de
impugnación de la filiación estaría facultado para recurrir a
esta figura jurídica, esto es, a inaplicar las normas que
regulan términos de caducidad de esta tipología de acciones,
por hallarlas incompatibles con disposiciones de orden
constitucional, pues no de otra manera podría sustraerse de
la aplicación de las reglas propias del juicio.
Al efecto, se advierte que las normas que estatuyen
plazos puntuales para formular las acciones en comentario,
lejos están de ser abiertamente contradictorias o
incompatibles con mandatos superiores, dado que la simple
17
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
estipulación de un término para impugnar la filiación, no
vulnera el acceso a la justicia, ni otros derechos, pues
ningún precepto de esa naturaleza prohíbe su fijación y,
como se expuso en precedencia, al ser de contenido
instrumental, su regulación queda circunscrita a la órbita
del legislador (art. 150 num. 1 y 2 Carta Política), quien
naturalmente, debe actuar con ponderación y racionalidad.
De ese modo, al estar amparadas por la presunción de
constitucionalidad y no estructurarse los supuestos para su
inaplicación, los jueces están obligados a acatar dichos
preceptos en los casos sometidos a su discernimiento,
mientras no hayan sido separados del ordenamiento jurídico
por la jurisdicción competente y, con mayor razón, cuando
en varias de sus providencias la Corte Constitucional ha
admitido tanto el poder de configuración legislativa en
materia de fijación de plazos de caducidad, como su
justificación desde el punto de vista de los intereses de la
sociedad en que los procesos y controversias se cierren
definitivamente, y se adopten mecanismos que pongan
término a la posibilidad de realizar de forma intemporal
actuaciones ante la administración de justicia (cfr. C-351 de
1994).
Concretamente, por lo que concierne al artículo 248
del Código Civil, hasta el momento la máxima guardiana de
la Carta Política, en ejercicio del control concentrado que le
es propio, no se ha pronunciado en forma específica frente a
cargos que ataquen la fijación en sí de un término
perentorio para formular la acción. No obstante, en C-310
18
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
de 2004 analizó el anterior texto de esa disposición que
consagraba 300 días para el efecto, y estimó que, si bien «es
función del legislador establecer los términos de caducidad
de las acciones, para lo cual goza de cierta discrecionalidad,
ello no puede conducir a tratamientos dispares que no estén
soportados en situaciones de hecho realmente distintas, o en
criterios de diferenciación constitucionalmente válidos»,
censurando que el plazo en mención, comportara un trato
discriminatorio de una clase de impugnantes frente a otros,
motivo por el cual declaró inexequible la expresión
demandada7.
Por otra parte, en C-800 de 2000 -citada en C310/04-
frente al anterior contenido del artículo 217 del Código Civil
que consagraba la oportunidad legal para la impugnación de
la paternidad del hijo concebido dentro del matrimonio 8,
razonó,
Así pues, la norma busca proteger tanto al niño como a la madre,
finalidad que, según lo estima esta Corporación, se ajusta a los
valores y preceptos constitucionales (artículos 42 y 44 C.P.). (…)
Para la Corte resultan infundados los cargos que se formulan
contra el artículo 217 del Código Civil, pues una cosa es que en la
actualidad, debido a los avances científicos, existan medios
idóneos para determinar la filiación de una persona, y otra muy
diferente -que no desconoce esa realidad- que el legislador tenga la
facultad de fijar un plazo de caducidad para brindar al esposo la
ocasión de promover un proceso judicial dirigido a impugnar la
filiación. En el curso del mismo es posible, obviamente, acudir a
las pruebas científicas para demostrar los hechos alegados por las
7
La Corte decidió: Primero: Declarar INEXEQUIBLE la expresión “trescientos días”
contenida en el inciso 2 del numeral 2 del artículo 240 del Código Civil. Segundo:
Declarar EXEQUIBLES las expresiones “aquellos en los (...) subsiguientes a la fecha
en que tuvieron interés actual y pudieron hacer valer su derecho”, contenida en el
inciso 2 del numeral 2 del artículo 248 del Código Civil, en el entendido que será el
mismo plazo de sesenta días consagrado en este artículo y en el 221 del Código Civil.
8
Artículo 217.- Toda reclamación del marido contra la legitimidad del hijo concebido
por su mujer durante el matrimonio, deberá hacerse dentro de los sesenta días
contados desde aquel en que tuvo conocimiento del parto.
19
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
partes. Pero, además, como antes se anotó, existen casos en los
cuales la ley sí ha permitido que la acción se pueda ejercitar en
cualquier tiempo.
Encuentra esta Corporación que el legislador obró dentro de su
órbita de competencia, sin quebrantar ningún precepto
constitucional, ya que -es necesario repetirlo- la sola fijación de un
término de caducidad no implica, per se, la violación del derecho
de acceder a la administración de justicia (artículo 229 de la
Carta), sobre todo si se tiene en cuenta que dicho plazo tiene una
razonable justificación. (Subraya intencional).
Y, en C-530 de 2010, se declaró inhibida para resolver
acerca de la inexequibilidad de la expresión «ciento cuarenta
(140) días siguientes a aquel en que tuvieron conocimiento de
que no es el padre o madre biológico», del artículo 216 del
Código Civil, reformado por la Ley 1060 de 2006 "Por la
cual se modifican las normas que regulan la impugnación de
la paternidad y de la maternidad", debido a la ineptitud
sustancial de la demanda. Sin embargo, señaló que ya esa
Corporación en otras oportunidades se había pronunciado
sobre la facultad que ostenta el legislador para establecer
términos de caducidad, puntualizando,
Cabe resaltar en este lugar cómo quien considera que el
fenómeno de la caducidad en relación con una materia
específica o quien estima que el término de caducidad fijado por
el legislador para ejercer una determinada acción, vulneran
preceptos constitucionales, debe desplegar una mayor carga
argumentativa con el fin de desvirtuar la presunción de
constitucionalidad de la norma legal objeto de reproche. Este
último punto resulta de especial relevancia con relación al
ataque por vulneración de los artículos 228, 229 y 230, toda vez
que en varias ocasiones la Corte Constitucional se ha
pronunciado acerca de que la facultad radicada en cabeza del
legislador para establecer la procedencia de la caducidad
respecto de una determinada materia o para fijar el término de
caducidad de las acciones, constituye una competencia legítima, la
cual, no desconoce, prima facie, el derecho de acceso a la justicia,
ni ningún otro derecho9. (Subraya intencional).
9
Corte Constitucional. Sentencia C-351 de 1994; C-800 de 2000.
20
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
En suma, si la conformidad con la Carta Política de las
normas que consagran la caducidad de las acciones de
impugnación permanece incólume, no existe ningún
fundamento para que los jueces llamados a aplicarlas en
casos concretos, se abstengan de hacerlo apoyados en un
principio de igual raigambre como es el invocado en el
ataque casacional, menos aún, cuando según se analizó a
espacio, no atañen a simples formalismos sino que son
expresiones del debido proceso orientadas a garantizar la
efectividad del derecho sustancial.
7.- Conflicto de derechos del que se tiene por padre
y el hijo reconocido por virtud de la caducidad.
Es natural que en aquellos eventos en los cuales, muy
a pesar de la evidencia científica, la extemporaneidad en la
presentación de la demanda de lugar a la caducidad de la
acción impugnativa, se genere conflicto de intereses entre el
presunto padre y el hijo. Esta Sala no ha sido ajena al
estudio de esa problemática, y al pronunciare sobre un
asunto de la misma índole, en SC5414-2018 avaló el
fenecimiento de la acción por el transcurso del tiempo sin
formularla, pese a la existencia de la prueba de ADN que
excluía la paternidad, dando preponderancia al principio del
interés superior de los menores consagrado en el artículo 6°
de la Ley 1098 de 2006 -por la cual se expidió el Código de
la Infancia y la Adolescencia-, sin que encuentre en este
momento ninguna razón válida para modificar ese
entendimiento. Al respecto, se expuso,
21
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
(….) al tomar como referente normativo el bloque de
constitucionalidad, tampoco se aprecia contrariedad del artículo
248 del Código Civil con los artículos 7 y 8 de la Convención sobre
Derechos del Niño, por cuanto no puede entenderse que limitar el
término que tiene el padre para impugnar la paternidad vaya en
desmedro de los derechos de la menor a tener un nombre, una
identidad y relaciones familiares; por el contrario, esta disposición
propugna por la consolidación del derecho a la filiación
íntimamente relacionada con aquellos.
En tal virtud, inaplicar al caso ese término perentorio para ejercer
la acción, sí desfavorecería la situación de una niña que en razón
de su edad merece una especial protección del Estado, la familia y
la sociedad, consecuencia que no puede entenderse como la
deseada cuando de aplicación de normas de protección de
derechos humanos de los niños se trata.
A ese respecto, debe memorarse que el interés superior del menor,
como «principio regulador de la normativa de los derechos del niño
se funda en la dignidad misma del ser humano, en las
características propias de los niños, y en la necesidad de propiciar
el desarrollo de éstos, con pleno aprovechamiento de sus
potencialidades así como en la naturaleza y alcances de la
Convención sobre los Derechos del Niño 10», y en términos de la
Corte Constitucional,
“(…) reconoce a los menores con una caracterización jurídica
específica fundada en sus derechos prevalentes y en darles un
trato equivalente a esa prelación, en cuya virtud se los proteja de
manera especial, se los defienda ante abusos y se les garantice el
desarrollo normal y sano por los aspectos físico, sicológico,
intelectual y moral, no menos que la correcta evolución de su
personalidad (Cfr. sentencias T-408 del 14 de septiembre de 1995
y T-514 del 21 de septiembre de 1998).”.[C-1064 de 2000).
Tal principio irradia nuestro ordenamiento jurídico y se encuentra
expresamente consagrado en el artículo 6° de la Ley 1098 de
2006 -por la cual se expidió el Código de la Infancia y la
Adolescencia-, a cuyo tenor:
Las normas contenidas en la Constitución Política y en los tratados
o convenios internacionales de Derechos Humanos ratificados por
Colombia, en especial la Convención sobre los Derechos del Niño,
harán parte integral de este Código, y servirán de guía para su
interpretación y aplicación. En todo caso, se aplicará siempre la
10
Corte Interamericana de Derechos Humanos. Opinión Consultiva OC-17/2002 de
28 de agosto de 2002. Consultada 30 may. 2018 en:
http://www.corteidh.or.cr/docs/opiniones/seriea_17_esp.pdf.
22
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
norma más favorable al interés superior del niño, niña o
adolescente. (Subraya intencional)
Desde este referente, el controvertido término de caducidad de
rigurosa aplicación aun cuando la prueba científica arroje un
resultado distinto al efecto declarado, no desconoce el estándar del
artículo 3° de la citada Convención, conforme al cual, “En todas las
medidas concernientes a los niños que tomen las instituciones
públicas o privadas de bienestar social, los tribunales, las
autoridades administrativas o los órganos legislativos, una
consideración primordial a que se atenderá será el interés superior
del niño”. (Subraya intencional), siendo más gravoso someter a la
voluntad y estado de ánimo de aquel a quien tiene como su padre,
el momento en que decida cuestionar ese vínculo para promover la
impugnación.
A su turno, la Corte Constitucional en asuntos en los
que se han visto enfrentados los derechos del padre que
voluntariamente efectuó el acto de reconocimiento y los del
hijo reconocido, respecto al término legal para impugnar la
filiación, aún al tamiz del principio de prevalencia del
derecho sustancial, ha dejado sentado que cuando no se
propone tempestivamente la referida acción, deben
privilegiarse las garantías superiores de los menores. Así,
por ejemplo, en T-207 de 2017 en la cual reseñó algunos de
sus pronunciamientos anteriores sobre el tema, precisó que,
8.1. En materia de impugnación de la paternidad, el precedente ha
venido protegiendo derechos fundamentales como el de filiación,
personalidad jurídica, derecho a tener una familia, el estado civil,
y la dignidad humana, es así como en el ejercicio hermenéutico
realizado tanto por la jurisdicción civil como en el precedente
constitucional, en la búsqueda de proteger el derecho a la filiación
real, se ha estudiado el interés actual del demandante, que
deviene de la prueba científica y que otorga certeza respecto del
vínculo biológico. De otra parte, se ha protegido el interés superior
del niño cuando a pesar del conocimiento de la ausencia de vínculo
genético el supuesto padre deja transcurrir el tiempo sin hacer uso
de los mecanismos de ley para controvertir la paternidad.
(…)
23
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
8.3. Vistas así las cosas, en ciertas circunstancias,
eventualmente, pueden presentarse dos intereses en conflicto al
momento de entrar a estudiar el principio de caducidad, existen
casos en los cuales se encuentra el derecho del padre a quien se
le fuerza a aceptar un hijo como suyo a quien no lo es. En
consecuencia, el padre tendría derecho a exigir que la verdadera
filiación prevalezca. De otro lado, se encuentra el interés superior
del menor, en los términos anteriormente señalados. La solución
entonces debe propender hacía un equilibrio entre los derechos de
los padres o sus representantes legales y los derechos de los
niños, las niñas y adolescentes, atendiendo además, a las
circunstancias del caso concreto. En caso de que dicha
armonización no sea posible, deberán prevalecer las
garantías superiores de los niños.11
8.4. No obstante lo anterior, se pueden presentar distintos matices
a efectos de solucionar los conflictos derivados de las pruebas
científicas, como quiera que la relación filial hoy en día va más
allá de la genética. El precedente constitucional se ha inclinado a
sentar bases que permiten señalar que la filiación tiene un
fundamento que no necesariamente atiende a las evidencias
científicas, es así como la familia está construida bajo la égida de
valores como la solidaridad, el afecto y la dependencia. Desde
luego, esto resulta ser un componente que debe hacer parte del
análisis y valoración que realice el juez al momento de dirimir los
conflictos que se derivan del reconocimiento de la paternidad. Sin
embargo, cuando el paso del tiempo ha sido inexorable y se tiene
la certeza de que no existe vínculo biológico, la jurisprudencia ha
sido clara en dar prevalencia al interés superior del menor,
precisamente, por el carácter voluntario, de aceptación de la
relación filial, de apoyo de solidaridad que con el paso del tiempo
se afianza en el niño, teniendo en cuenta que al no ejercer las
acciones dentro del término señalado en la ley, se convalida la
existencia de la relación padre e hijo que se afianza más allá del
vínculo genético.
(…)
(…) el precedente de la Corporación ha sido claro y uniforme en
señalar que existe la obligación de interpretar las normas de
caducidad de impugnación a la paternidad, dando prevalencia al
derecho sustancial y, a efectos de determinar cuál es el interés
actual que le asiste a un padre en controvertir su paternidad, ha
dicho que este interés surge y se actualiza al momento de conocer
el resultado de la prueba científica.
No obstante lo anterior, debe examinarse cada caso en concreto a
efectos de determinar la aplicación de dicha regla. En las
sentencias T-888 de 2010 y T -071 de 2012, la acción de
impugnación de la paternidad fue interpuesta dentro del término
señalado por la ley (140 días), tiempo que se contabilizó una vez
11
Ibídem.
24
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
se conoció la prueba de ADN, lo que conforme a la jurisprudencia
de la Corte Constitucional y a la jurisprudencia de la jurisdicción
ordinaria constituye el interés actual para iniciar este tipo de
acciones.
(…)
Ante la evidencia científica, los términos resultan perentorios, pues
el tiempo constituye un elemento esencial a efectos de crear
sentimientos filiales, el abandono o la incuria frente al ejercicio de
las acciones judiciales de quien tiene conocimiento del resultado
de la prueba de ADN, no puede tener la virtud de destruir las
filiaciones establecidas válidamente, cuando el único afectado es
el niño, a quien se le vulnera no solo su personalidad jurídica, sino
su dignidad, al desconocer una paternidad reconocida
voluntariamente y convalidada con el paso del tiempo. (Subraya
intencional).
Resumiendo, tanto la jurisprudencia emanada de esta
Corporación como de la Corte Constitucional, ha sido
consistente respecto a la obligatoriedad del acatamiento de
los términos de caducidad en estos asuntos, y ello es así,
porque si, como se ha explicado en extenso, esos plazos
hacen parte de las reglas propias del debido proceso, el
ejercicio oportuno de la acción es una carga para quien
pretenda la tutela efectiva de sus derechos por esta vía, al
punto que la omisión o desidia en la observancia de esa
preceptiva le acarrea la anunciada consecuencia, que por su
expresa consagración legal no puede sorprenderle.
Se destaca, además, que si bien en las disertaciones
acerca del fenómeno de la caducidad cotejado con la
realidad sobre la filiación, resulta ineludible el análisis de
argumentos relacionados con la importancia de las pruebas
científicas, la relevancia de sus conclusiones, el hito
temporal para contabilizar dicho fenómeno y la prevalencia
25
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
del derecho sustancial, eso no significa que esta
Corporación o la Corte Constitucional en sus providencias,
le hayan restado importancia o dejado de lado la
constatación de la oportunidad en que debe proponerse con
probabilidades de éxito el reclamo de tutela judicial en este
clase de asuntos, por lo que sobre ese particular aspecto,
hasta el momento, ningún viraje ha dado la
jurisprudencia12.
De otro lado, no desconoce la Corte que un argumento
para sustentar la tesis del recurrente estriba en la supuesta
violación de los derechos del menor al conocimiento de su
verdadera familia, en cuanto, diría, pierde con la declaración
de caducidad de la acción ejercitada por su presunto padre
la oportunidad de saber la paternidad real. Empero, ante tal
aserto, de apariencia consistente, debe recordarse que el
hijo tiene en su plexo de derechos el de la impugnación de
esa paternidad cuyo ejercicio no está limitado en el tiempo,
en tanto puede acudir al respectivo proceso judicial con ese
fin en cualquier momento, tal y como lo autoriza el inciso
primero del artículo 217 del Código Civil.
En suma, no se lesiona el derecho de acceso a la
justicia del menor cuando se declara la caducidad de la
impugnación ejercida por el presunto padre, puesto que ese
12
Si bien sentencias como T-411 de 2004, T-888 de 2010, T-071 de 2012, T-160 de
2013 y T-249 de 2018, emitidas por la Corte Constitucional guardan relación con el
problema jurídico que aquí se debate, las órdenes de protección allí dispensadas
obedecen a situaciones fácticas muy distintas, por cuanto en el caso aquí estudiado
no existe discusión acerca del momento en que se configuró el interés para
impugnar la filiación, derivado de la certeza de la exclusión de la paternidad por
prueba científica.
26
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
supuesto hijo siempre contará con la posibilidad de ejercer
dicha acción, si a bien lo tiene.
8.- En conclusión, teniendo en cuenta que el artículo
248 del Código Civil al establecer un término de caducidad
de la impugnación del reconocimiento, constituye norma de
orden público, de imperativo cumplimiento y está amparada
por la presunción de constitucionalidad, no puede ser
inaplicada por los jueces ni siquiera en aquellos eventos en
que, por negligencia o inactividad del interesado en
formularla a tiempo, el fenecimiento de la acción se genere
existiendo certeza científica de la exclusión de la relación de
consanguinidad padre – hijo.
9.- Estudio del caso concreto
9.1.- El opugnante alega la afectación de la ley
sustancial por la vía directa, lo que significa su aceptación
íntegra de los hechos tenidos por probados en la sentencia,
de manera que no existe campo para disentir de los medios
de convicción recaudados, por cuanto la crítica debe estar
dirigida a derruir los falsos juicios de las normas que
disciplinan el caso, bien sea porque el Tribunal no las tuvo
en cuenta, se equivocó al elegirlas o, a pesar de ser las
correctas, les da una interpretación ajena a su verdadero
alcance.
En esa medida, el análisis de la acusación se
circunscribirá a la valoración jurídica conferida por el
27
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
Tribunal a la caducidad, estimando pacífico el nacimiento
del interés del demandante para promover la acción, según
lo definió el ad quem, a partir del 26 de octubre de 2009,
esto es, desde que por el resultado de la prueba científica
tuvo conocimiento de la exclusión de la paternidad.
9.2.- El ataque se edifica sobre lo que la censura
considera inobservancia del principio de prevalencia del
derecho sustancial pregonado en el artículo 228 de la Carta
Política, por cuanto en la decisión que se refuta debió
analizarse la paternidad rehusada con respecto al resultado
de la prueba de ADN, sin tener en cuenta la
extemporaneidad de la demanda.
Para arribar a la conclusión, el tribunal, tras precisar
que el caso estaba gobernado por el artículo 248 del Código
Civil, en resumen, considero que,
(…) la certidumbre que finalmente desencadenó ese interés para
impugnar la paternidad advino desde cuando Luis Fernando tuvo
conocimiento del resultado del examen de paternidad, que
estableció la incompatibilidad genética entre él y el menor, lo cual
ocurrió, según el correspondiente documento, el 26 de octubre de
2009, de suerte que ese es el hito temporal a partir del cual debe
adelantarse el respectivo cómputo de la caducidad.
En esas condiciones, si entre el 26 de octubre de 2009, data en
que fue recibido ese resultado de la dicha prueba y la fecha de
presentación de la demanda, ya habían transcurrido 347 días
hábiles, es ostensible que se había superado, con mucho, el
término de 140 días a que hace referencia la citada disposición
para disputar la paternidad del hijo extramatrimonial.
Y si ello es así, no hay duda de que la caducidad operó, conclusión
que se impone así sea verdad que tratándose del derecho
sustancial el juzgador debe disponer las cosas para que éste se
imponga sobre la forma, pues lo cierto es que si se consumó ese
plazo 'fatal' que estableció el legislador para impugnar la
28
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
paternidad, la solución del litigio no puede ser diferente a la
adoptada por el a-quo,por más loables que sean los motivos para
hacerlo.
(…)
En definitiva, muy a pesar del interés que le asiste al actor para
demandar la impugnación de la paternidad, ello en sí mismo no es
suficiente para desconocer el término de caducidad de la acción,
instituida, ya se sabe, por razones de orden público; mucho menos
cuando, en todo caso, el hijo tiene el derecho de impugnar en
cualquier tiempo la paternidad vigente y averiguar por su
verdadera filiación, cual en efecto lo prevé en el artículo 217 del
estatuto civil que fue modificado por el artículo 50 de la ley 1060
de 2006.
Al fin de cuentas, "la caducidad no concede derechos subjetivos,
sino que por el contrario apunta a la protección de un interés
general" (Sent. C-394 de 2002); protección cuyos ribetes, en lo que
hace a este tipo de acciones previstas para impugnar la filiación,
se magnifican a un nivel exponencial, debido a la "especial
gravedad que para el ejercicio de los derechos emanados de las
relaciones de la familia y para la estabilidad y seguridad del
grupo familiar entraña el desconocimiento del estado civil que una
persona viene poseyendo, el legislador ha señalado plazos cortos
para el ejercicio de las acciones de impugnación (C.C. arts. 217y
336)" (Cas. Civ. Sent. de 9 de julio de 1970); al punto que el
legislador ha optado por "aceptar los hechos por los cuales se
producen situaciones jurídicas que surgen de la vivencia de las
relaciones intrafamiliares, en lugar de dejar un determinado
estado civil en entredicho o sujeto a una incertidumbre permanente
(…).
Del referido análisis se infiere que el ad quem no erró al
interpretar el artículo 248 del Código Civil, por el contrario,
sus planteamientos se ajustan al genuino sentido de esa
norma, comoquiera que, en lo referente al lapso extintivo,
tuvo en cuenta profusa jurisprudencia, a tono con la cual,
éste debía contabilizarse a partir del surgimiento del interés
actual para promover la acción, que halló estructurado
desde que el demandante tuvo conocimiento cierto de que el
menor accionado no pudo tenerlo a él por padre, conforme a
29
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
los resultados de la prueba científica que acompañó con su
demanda.
Tal hermenéutica, coincide con la Jurisprudencia de
esta Corporación plasmada, entre otras providencias, en
SC2350-2019, en la cual se dejó sentado que el cómputo de
la caducidad «no puede tomar como referente lo que son
simples dudas sobre la falta de compatibilidad genética, o al
comportamiento de alguno de los padres o a expresiones
dichas al paso, pues lo determinante es el conocimiento
acerca de que el hijo realmente no lo es, y las pruebas
científicas son trascendentales para establecer ese
discernimiento» -Subraya intencional-.
Y con mayor énfasis, en SC12907-2017, ratificada en
SC1493-2019, se expuso,
Se extracta de lo anterior que, en tratándose de la impugnación de
la paternidad extramatrimonial, la norma aplicable es el
pretranscrito artículo 248 del Código Civil, sobre el que esta Sala de
la Corte, en reciente fallo, señaló:
Cabe resaltar que aún antes de la expedición de la Ley 1060 de
2006, el artículo 248 del Código Civil, disponía que la caducidad
operaba, bajo el supuesto de que no se promoviera la demanda
dentro de los 60 días ‘subsiguientes a la fecha en que tuvieron
interés actual’.
Ahora bien, esta Corporación determinó que el ‘interés actual debe
ubicarse temporalmente en cada caso concreto’ y hace referencia a
‘la condición jurídica necesaria para activar el derecho’, por lo que
se origina en el momento que se establece la ausencia de la
relación filial, es decir, cuando el demandante tiene la seguridad
con base en la prueba biológica de que realmente no es el
progenitor de quien se reputaba como hijo suyo.
Sobre el particular precisó la Sala
30
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
‘(…) mientras el reconociente permanezca en el error, la posibilidad
de impugnación simplemente se presenta latente. En ese sentido,
la Corte tiene precisado que el interés para impugnar el
reconocimiento surge es a partir del momento en que sin
ningún género de duda se pone de presente o se descubre el
error, por ejemplo, con el ‘conocimiento’ que el demandante
‘tuvo el resultado de la prueba de genética sobre ADN (…) que
determinó que respecto de la demandada su paternidad se
encontraba científicamente excluida’. (se resalta) (CSJ SC, 12 Dic.
2007, Rad. 2000-01008)
En consecuencia, tanto en la legislación anterior, como en la actual,
es claro que el fenómeno extintivo bajo análisis, comienza a
contabilizarse en la forma ya indicada, ante la contundencia de la
verdad científica, razonamiento que como quedó evidenciado, ha
sido acogido y reiterado por la Corte (CSJ, SC11339-2015 del 27
de agosto de 2015, Rad. n.° 2011-00395-01; se subraya).
Desde esa perspectiva, ninguna afrenta contra el
ordenamiento jurídico se advierte en el fallo impugnado,
pues ciertamente, entre la fecha en que el promotor recibió
el resultado de la prueba biológica -26 de octubre de 2009-,
y aquella en que presentó el libelo -15 de junio de 2011-,
estaban más que superados los 140 días previstos en el
artículo 248 del Código Civil. En esas condiciones, es
irrebatible que ese límite para incoar la impugnación,
contenido en una norma cuya constitucionalidad no ha sido
desvirtuada, no podía ser desconocido por el sentenciador,
muy a pesar de que existieran elementos persuasivos que
contradijeran la filiación, precisamente porque la inacción del
interesado en controvertir el vínculo filial en la oportunidad
preestablecida, tenía prevista esa consecuencia legal.
9.3.- En cuanto a la pertinencia de aplicar a la
solución del litigio lo expuesto por la Corte Constitucional
en T-160 de 2013, se pone de relieve que allí se efectuó una
reseña acerca del «interés para presentar la acción de
31
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
impugnación de la paternidad», abordado en sede de tutela
en casos donde se alegaba vulneración al debido proceso por
haberse declarado la caducidad de la acción o la falta de
interés actual para incoarla, desconociendo la existencia de
una prueba antropoheredobiológica que confirmaba la
inexistencia de la relación filial.
No obstante, en lo que fue tema de controversia en este
proceso, se advierte que, una vez confrontados, en nada
difieren el razonamiento contenido en el fallo impugnado
mediante esta vía extraordinaria, con la conclusión
expresada por la Corte Constitucional en dicha providencia,
respecto a que, «el “interés actual” en los casos en los que se
obtiene una prueba de ADN, surge a partir del momento es
que se obtiene certeza sobre los datos, en virtud de la
supremacía del derecho sustancial sobre las formas y de la
prevalencia de los derechos fundamentales a la personalidad
jurídica, al estado civil y a la dignidad humana», por el
contrario, son argumentos coincidentes y en este asunto
está por fuera de discusión la fecha cierta en que el
accionante conoció el resultado del examen de ADN, y por
ende, el surgimiento de su interés para demandar.
Igualmente, aunque estrictamente no hace parte del
reproche formulado por esta senda, no sobra señalar que el
interés del demandante se actualizó con la obtención del
resultado de la primera prueba de ADN, y que ese fenómeno
no podía reactivarse con la conclusión obtenida en la
prueba de la misma naturaleza realizada dentro del juicio
por el Laboratorio de Genética del Instituto Nacional de
32
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
Medicina Legal y Ciencias Forenses, por decreto oficioso del
Juez de primer grado, precisamente, porque el conocimiento
cierto de la exclusión genética fue anterior a la presentación
de la demanda, y la prueba en mención solo sirvió para
ratificarlo.
En consecuencia, el cargo no prospera.
10.- Teniendo en cuenta que la decisión es
adversa al recurrente, de conformidad con el último inciso
del artículo 375 del Código de Procedimiento Civil, en
armonía con el 19 de la Ley 1395 de 2010, se le condenará
en costas. Por el Magistrado Ponente se fijarán en esta
misma providencia las agencias en derecho, para su
cuantificación se tendrá en cuenta que el libelo
extraordinario no fue replicado.
V.- DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Sala de Casación Civil de
la Corte Suprema de Justicia, administrando justicia en
nombre de la República de Colombia y por autoridad de la
ley, NO CASA la sentencia del 1° de diciembre de 2015,
proferida por la Sala Civil Familia del Tribunal Superior del
Distrito Judicial de Cundinamarca, dentro del proceso
promovido por Luis Fernando Gómez Pacheco contra el
menor D.F.G.R. representado legalmente por Yeny Magaly
Rivera Lozano.
33
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
Costas a cargo del recurrente, las que serán liquidadas
por la Secretaría incluyendo un millón de pesos
($1’000.000) por concepto de agencias en derecho.
Notifíquese
OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE
Presidente de Sala
ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO
AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO
LUIS ALONSO RICO PUERTA
34
Rad. n° 25754 31 10 001 2011 00503 01
ARIEL SALAZAR RAMÍREZ
Salvamento de voto
LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
35