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José Ortega y Gasset: Vida y Filosofía

Este documento presenta una biografía y obra del filósofo español José Ortega y Gasset. Nació en 1883 en Madrid y estudió filosofía en universidades españolas y alemanas, donde se vio influenciado por el neokantismo. Fue profesor universitario y fundó publicaciones como Revista de Occidente. Abogó por la regeneración de España y participó en política durante la II República. Exiliado tras la Guerra Civil, regresó en 1945 pero no pudo recuperar su cátedra. Falleció en 1955
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José Ortega y Gasset: Vida y Filosofía

Este documento presenta una biografía y obra del filósofo español José Ortega y Gasset. Nació en 1883 en Madrid y estudió filosofía en universidades españolas y alemanas, donde se vio influenciado por el neokantismo. Fue profesor universitario y fundó publicaciones como Revista de Occidente. Abogó por la regeneración de España y participó en política durante la II República. Exiliado tras la Guerra Civil, regresó en 1945 pero no pudo recuperar su cátedra. Falleció en 1955
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JOSÉ ORTEGA Y GASSET

1883-1955
ÍNDICE
● Biografía
● Obras
● Contexto histórico-social, cultural y filosófico.
● Influencias.
● La filosofía de Ortega y Gasset
○ 1ª fase: el objetivismo.
○ El perspectivismo
○ el raciovitalismo

BIOGRAFÍA

José Ortega y Gasset, el segundo de cuatro hermanos, nació en Madrid el 9 de mayo de


1883. Su padre, José Ortega y Munilla, aunque autor de varias novelas de asunto
preferentemente social y de corte realista fue, ante todo, periodista. Como tal fue redactor
de "La Iberia", el periódico de Sagasta, creador de la revista literaria "La Linterna" y director
del periódico "El Imparcial", del que era propietaria la familia de su madre, Dolores Gasset,
que pertenecía a la burguesía liberal e ilustrada de finales del siglo XIX. La tradición liberal y
la actividad periodística de su familia marcarán la futura actividad de Ortega, tanto en su
participación en la vida política española, como en su actividad periodística con la
publicación de numerosos artículos de prensa, culturales y políticos. Por lo demás, el estilo
periodístico puede reconocerse también en las obras más técnicas y filosóficas de Ortega.

Luego de haber realizado sus primeros estudios en Madrid, Ortega se trasladará a Málaga,
en 1891, para comenzar los estudios de Bachillerato en el colegio de los jesuitas de
Miraflores del Palo, donde entrará en contacto con otros jóvenes de la burguesía
malagueña. Terminados sus estudios, en 1897, se trasladará a Deusto, para comenzar sus
estudios universitarios, en 1898, estudios que continuará, poco después, en la Universidad
de Madrid. Son los años de la guerra hispano-norteamericana, y de la consiguiente pérdida
de las colonias (Cuba, Filipinas y Puerto Rico) que marcarán, como se sabe, la conciencia
política y cultural de buena parte de los intelectuales españoles, elevando el tema de la
decadencia de España al primer plano de la reflexión, así como el de la necesidad de una
regeneración.

En 1902 obtiene la licenciatura en Filosofía, defendiendo su tesis doctoral dos años


después, también en la Universidad de Madrid. En 1905 viajará a Alemania para completar
su formación, siguiendo la tradición de la época o buscando las fuentes de la futura
regeneración de España en la asimilación del pensamiento europeo. Así, visitará las
universidades de Leipzig, Berlín y Marburgo, donde entrará en contacto con los
neokantianos H. Cohen y P. Natorp, en 1906, asistiendo a sus cursos, ejerciendo ambos
una gran influencia en su pensamiento, aunque Ortega no se limitará a aceptar los
principios del neokantismo sin más, sino que adoptará una actitud crítica y constructiva ante
ellos. En 1908 regresa a Madrid y, luego de una breve actividad docente en la Escuela de
Magisterio obtiene, por concurso, la cátedra de Metafísica de la Universidad de Madrid en
1910, hasta entonces ocupada por Nicolás Salmerón, sin haber llegado a publicar todavía
ninguna obra. Ese mismo año contraerá matrimonio con Rosa Spottorno y Topete.
Tras otro viaje a Alemania, en 1911, comenzará su incansable actividad pública, intentando
llevar a la práctica sus ideas regeneracionistas. Así, en 1914, año en que comienza la
primera guerra mundial, fundará la "Liga de Educación Política Española"; en 1915 la revista
"España"; y en 1916 será cofundador del diario "El Sol". Al mismo tiempo comienza la
publicación de sus primeras obras, como las "Meditaciones del Quijote", (en 1914), "El
Espectador", (en 1916), iniciando el período perspectivista de su filosofía, que predominará
en su obra hasta 1923.

En 1923 se instaura en España la dictadura de Primo de Rivera. Ese año fundará la


"Revista de Occidente", de marcada oposición política la dictadura, oposición que le llevará,
en 1929, a dimitir de su cátedra en la Universidad de Madrid, continuando sus actividades
filosóficas en lugares no vinculados anteriormente a la filosofía, como la Sala Rex y el
Teatro Infanta Beatriz (actualmente el conocido restaurante Teatriz), impartiendo clases a
modo de conferencia, algunas de las cuales serán recogidas posteriormente en su obra
"¿Qué es filosofía?", y cuyos contenidos corresponden ya al período racio-vitalista de su
pensamiento, iniciado en 1923.

En 1930 volverá a la cátedra de la Complutense, bajo la dictadura de Berenguer, más


tolerante que la de Primo de Rivera, continuando, no obstante, su actividad pública. Ese
mismo año publicará "La rebelión de las masas". En 1931, junto con otros intelectuales
entre los que se contaban Gregorio Marañón y Pérez de Ayala, fundará la "Agrupación al
Servicio de la República" y será elegido diputado a las Cortes Constituyentes de la recién
proclamada II República por la provincia de León. Luego de su experiencia parlamentaria
retornará a la actividad académica publicando, en 1934, "En torno a Galileo", y en 1935
"Historia como sistema", siendo homenajeado ese mismo año por la Universidad de Madrid.

A raíz del golpe de estado de 1936 contra la II República, que dará lugar a la guerra civil
española, Ortega se autoexilia, estableciendo su residencia primero en París, y luego en
Holanda y Argentina, hasta 1942, año en que establecerá su residencia en Portugal. Al
finalizar la segunda guerra mundial regresará a España, en 1945 y, aunque se le autoriza un
ciclo de conferencias en el Ateneo de Madrid, no se le permite recuperar su cátedra de
Metafísica, ante lo cual funda, en 1948, el "Instituto de Humanidades", donde vuelve a
impartir docencia ante un público no universitario. En 1950 realiza un último viaje a
Alemania, decepcionado ante las dificultades de su estancia en España, siendo nombrado
en 1951 Doctor Honoris Causa por las universidades de Marburgo y Glasgow. Regresará a
España en 1955, muriendo en Madrid el 18 de octubre de ese mismo año.

OBRAS MÁS IMPORTANTES

Las obras de Ortega han sido objeto de numerosas ediciones. La Revista de Occidente y
Alianza Editorial publicaron en 1983, en 12 volúmenes, sus obras completas, incluyendo sus
numerosos artículos y sus escritos políticos. No obstante, no contienen realmente todas las
obras de Ortega, algunas aparecidas con posterioridad a dicha edición, ni su
correspondencia, pese a lo que sigue siendo la edición más completa. A continuación
recogemos sus obras más significativas, por orden cronológico, según la fecha de su
primera edición.

Obras de José Ortega y Gasset


● 1914 Meditaciones del "Quijote".
● 1916-34 El espectador.
● 1921 España invertebrada.
● 1925 La deshumanización del arte e ideas sobre la novela.
● 1930 La rebelión de las masas.
● 1940 Ideas y creencias.
● 1958 ¿Qué es filosofía?
● 1958 La idea de principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva.

CONTEXTO SOCIOHISTÓRICO, CULTURAL Y FILOSÓFICO

Contexto histórico. La vida de Ortega transcurre entre el último tercio del siglo XIX y la
primera mitad del siglo XX, lo que le convierte en testigo clave de una época llena de
acontecimientos en la historia de España. Destacaremos los siguientes hechos
fundamentales:
● La pérdida de las colonias españolas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, en el año
1898, lo que puso fin a la guerra hispanoamericana. Esta derrota y sus
consecuencias supusieron el arranque de una importantísima reflexión sobre
España y su situación económica y social por parte de un grupo de intelectuales que
tenía como objetivo promover una reforma profunda de la sociedad española. En
esta empresa estuvo muy implicado Ortega, quien afirmaba que “si España es el
problema, Europa es la salvación”.
● Ya en el siglo XX, se suceden el reinado de Alfonso XIII, la I Guerra Mundial, la
dictadura de Primo de Rivera (a Ortega le supuso la pérdida de su cátedra en la
Universidad por su oposición a este régimen, lo que le obligó a trasladar sus
enseñanzas a ámbitos fuera de lo académico y acercarse a un público más general),
la crisis financiera del año 1929, y, en el año 1931, la proclamación de la II República
en España. En este período Ortega se implicó en la vida política como diputado,
aunque quedó finalmente muy decepcionado por la poca incidencia que tuvieron sus
propuestas. También son famosas sus polémicas con Manuel Azaña, quien
promovía ideas más democráticas que Ortega, al que le parecía que las masas
necesitaban un líder que las guiara (idea que fundamenta en La rebelión de las
masas).
● Posteriormente, hay que señalar la fundación de la Falange en 1933 por el hijo de
Primo de Rivera, la Revolución de Asturias en 1934 (un intento de promover en
España un movimiento obrero de carácter marxista) y, por último, la Guerra Civil
entre los años 1936-38, que supuso el exilio de muchos intelectuales españoles,
sobre todo a Latinoamérica. El mismo Ortega vivió unos años por diferentes países
europeos, aunque finalmente volvió a Madrid. Otra de las consecuencias de la
Guerra Civil fue el aislamiento político y cultural de España, lo que puso a nuestro
país en un lugar opuesto al proyecto europeísta de Ortega.
● Es necesario terminar apuntando el largo proceso de la II Guerra Mundial, entre los
años 1939-45, la creación de la ONU en el año 1949, el ingreso de España en la
OTAN en 1953, y los acuerdos con la Santa Sede en el mismo año, justo dos antes
de que Ortega y Gasset falleciera.

Contexto social. En la España de la vida de Ortega, nos encontramos con un país con una
enorme población agraria y que entró tardíamente la Revolución Industrial, un elevado
índice de analfabetismo y una baja escolarización. España es un país en el que todavía
tiene peso una aristocracia cuyos valores, sin embargo, están ya trasnochados (una de sus
figuras clave es la del cacique de los pueblos); aunque esta aristocracia empieza a tener
menos peso respecto a la influencia que ya ejercen financieros y empresarios. A estos hay
que añadir una clase media dividida ideológicamente en tradicionalistas y progresistas, y
una clase obrera que no es propiamente tal, integrada sobre todo por campesinos,
artesanos y asalariados.

Contexto político. En la Europa de la época de Ortega (la 1ª mitad del XX) se dan 3
grandes posturas políticas: liberalismo, fascismo y comunismo, cada una con su
cosmovisión y valores e incompatibles entre sí. Centrados en el contexto español, Ortega
con su obra intenta actualizar y modernizar España. En ello coincide con el impulso
regeneracionista de la generación anterior a él, la llamada del “98”. Pero la mayoría de ellos
acabaron pretendiendo recuperar los auténticos valores españoles (por ejemplo Unamuno
sostenía que más “europeizar España” había que “españolizar Europa”. De ahí su famoso
“que inventen ellos”), pero Ortega, en cambio, es partidario decidido de la europeización de
España. Aunque su postura política era conservadora, moderada y elitista, lo desesperado
de la situación española le llevó a defender la República y una política de profundas
reformas. No obstante, durante la República y siendo parlamentario, se distanció del curso
revolucionario que tomaban los acontecimientos. Comenzada la Guerra Civil se negó a
pronunciarse a favor de ninguno de los dos bandos. En 1950 se le permitió regresar del
exilio a condición de no mantener ninguna actividad política.

Contexto cultural. En este aspecto es interesante destacar la influencia de la prensa en la


vida cultural de España desde la ley de prensa de 1883. De hecho, Ortega fue un periodista
destacado (además, su madre pertenecía a la familia propietaria del diario El Imparcial, y su
padre era redactor en el mismo), cuyos artículos se publicaron en el periódico El Sol, del
que fue fundador (esta publicación fue recuperada en los años 90 del siglo XX con un
estrepitoso fracaso). Otra influencia fundamental en la vida social y cultural que hay que
señalar es la de la Iglesia, aunque ésta tuviera que luchar con la fuerza del materialismo
marxista y comunista, o con las crecientes ideas anarquistas, que tuvieron gran eco entre la
población durante la II República. En cuanto a la literatura, Ortega fue contemporáneo de
los escritores de la llamada Generación del 98, así como de los autores de la Generación
del 27, o de los novecentistas como Pérez de Ayala o Benjamín Jarnés. A estos
intelectuales hay que añadir los nombres de un buen puñado de científicos (Ramón y Cajal,
Severo Ochoa), filólogos e historiadores (Menéndez Pelayo, Sánchez-Albornoz), etc. Todos
estos autores participaron en el intento de elevar el nivel cultural y científico de los
españoles con el fin de transformar la sociedad desde la base, aunque la Guerra Civil
supuso el freno de este proyecto regeneracionista.

Contexto filosófico. El pensamiento de Ortega y Gasset representa el intento de pensar y


superar la modernidad desde los problemas de la Europa y España de su tiempo. Desde el
punto de vista de las ideas filosóficas, Ortega se encuentra con un gran desierto en el
ámbito nacional. Sin embargo, se empapó de neokantismo durante sus estudios en
Alemania, y conoció las otras corrientes contemporáneas europeas como la fenomenología
de Husserl, el existencialismo, el neopositivismo del Círculo de Viena, el pensamiento del
francés Henri Bergson, el marxismo, etc. Asimila todas estas corrientes pero también se
distancia de ellas creando su propia filosofía a través de los años.

INFLUENCIAS

1. El neokantismo alemán. Aunque Ortega se desmarcó de esta corriente alemana, es


la filosofía en la que se formó durante su juventud. El neokantismo pretendía
recuperar la verdadera esencia de Kant, que consideraban desvirtuado por los
idealistas, quienes habían negado todo límite para el conocimiento racional.
2. La fenomenología de Husserl. Este filósofo alemán pretendió realizar una crítica de
la tradición filosófica europea (en concreto, el idealismo trascendental) intentando
fundamentar una nueva epistemología que pusiera el énfasis no en el sujeto, sino en
el objeto o fenómeno. Así, si el idealismo consideraba que el modo de conocer
depende de la estructura cognoscitiva del sujeto, para la fenomenología el modo de
conocer lo impone la estructura del objeto o fenónemo. Del mismo modo, Ortega
pretendió con su concepto de vida poner al mismo nivel el sujeto y el objeto, el Yo y
sus circunstancias.
3. El existencialismo. Esta corriente la conoció Ortega a través del filósofo alemán
Heidegger, discípulo de Husserl. En su libro Ser y Tiempo, Heidegger reivindicó que
el hombre es sobre todo existencia, y que su esencia, por tanto, es temporal, se va
haciendo. Esta idea fue recogida por Ortega en su proyecto raciovitalista como una
de las categorías de la vida.
4. Nietzsche. La influencia de esta filósofo es enorme en todo el siglo XX, y no podía
ser menos en el caso de Ortega. La huella de Nietzsche la encontramos en la
concepción perspectivista de la realidad y en la reivindicación del concepto de “vida”
como eje del pensamiento.
5. El historicismo de Dilthey. Este pensador distinguió las ciencias de la naturaleza de
las ciencias del espíritu, y consideraba que estas últimas tienen como objeto al
hombre, a la sociedad y a la historia. En este sentido, Dilthey creía que la razón
humana es histórica, y pensaba por ello que los sistemas y las ideas cambiaban
según las épocas, por ello proponía el interés de una historia de las ideas como
modo de conocer la cultura. Este énfasis en el concepto de historia y lo apropiado de
una historia de las ideas fue asumido por Ortega.
6. La filosofía griega. Al igual que en la tradición filosófica alemana, Ortega consideró
que la cuna del pensamiento de occidente está en la Antigua Grecia, y pensaba que
para conocer nuestra cultura había que remontarse hasta ella.
1. 1ª FASE EN EL PENSAMIENTO DE ORTEGA: EL OBJETIVISMO

La formación filosófica de Ortega se nutre de dos fuentes claramente identificadas y a las


que él mismo hace referencia en varios pasajes de su obra: la filosofía griega y la filosofía
europea continental iniciada con Descartes, con mención especial de la filosofía alemana
neokantiana, asimilada en su estancia en Marburgo. Hay que sumar la influencia de autores
como Nietzsche, Husserl, Dilthey y Scheler, fundamentalmente. También se ha señalado
habitualmente la influencia del krausismo español (corriente de pensamiento que propugna
la regeneración de España según las ideas del filósofo alemán K. F. Krause, y de la que fue
miembro destacado Giner de los Ríos) a través, por ejemplo, de la formación filosófica
recibida en la Universidad de Madrid, impregnada de krausismo en la época.

Los primeros pasos de Ortega en la filosofía están dominados precisamente por esta
preocupación, lo que le llevará a un planteamiento "objetivista" de su pensamiento. Tras la
contrastación del desfase de la vida intelectual y científica española con respecto a la
europea los intelectuales españoles adoptan dos actitudes contrapuestas: el desdén y la
vuelta a las raíces de “lo español” o la admiración y la búsqueda en Europa de las claves de
la regeneración española. Ortega pertenece a este segundo grupo; y su análisis le conduce
a ver el desfase de España en la ausencia de método, de sistema, de rigor científico en su
pensamiento. El español, sumido en el individualismo y la subjetividad, pierde la noción del
mundo, de lo real, y se refugia en sus ensoñaciones fantásticas y literarias. La ciencia, el
rigor y el método se le escapan. Es necesario sacarle de esa pesadilla mediante la
exigencia de objetividad.

El significado del objetivismo en Ortega supone, pues, la valoración extrema de la ciencia,


que es lo que diferencia a los europeos de los españoles (incluso de los habitantes del resto
del mundo). La consecuencia es el enfrentamiento de Ortega a cualquier forma de
subjetivismo, sea cual sea el ámbito de la actividad humana en la que se manifiesta. No
son, pues, las cuestiones individuales las que pueden interesar al intelectual, sino su
contraste con las cosas; pero para poder aquilatar el significado de "las cosas" es necesario
adoptar una cierta distancia, no limitarse a ser arrastrados y verse inmersos en ellas, y esa
distancia es la que da el pensamiento abstracto, la teoría. Ahora bien, para Ortega es
necesario que la teoría sea la expresión de un pensamiento sistemático, un pensamiento en
el que todos los elementos se encuentren en su lugar, desde el que se ven dotados de un
pleno significado. De ahí la insistencia de Ortega a lo largo de este período en la necesidad
de un pensamiento sistemático y en la identificación de la teoría filosófica con el sistema
filosófico o, cuando menos, con la voluntad de construir un sistema.

Esta primera fase durará hasta 1914 fecha en que, con las "Meditaciones del Quijote" se
abre la fase perspectivista de su pensamiento, en la que comienza a desarrollar los
principales elementos de su filosofía de madurez que, paradójicamente, se opondrá a este
objetivismo, oposición que se continuará en su fase raciovitalista.
2. EL PERSPECTIVISMO

El objetivismo de la primera fase filosófica de Ortega será pronto modificado, especialmente


en la consideración de que "lo subjetivo es el error" y en las implicaciones antihumanistas
que conllevaba su crítica de la subjetividad. Este giro se producirá en lo que él considera su
primera obra "formal": “Meditaciones del Quijote”, a partir del descubrimiento de la
circunstancialidad. A la vez hostil al cosismo y al subjetivismo, Ortega se niega a considerar
separadamente el yo de su entorno.

“Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.


Benefac loco illi quo natus est, leemos en la Biblia. Y en la escuela
platónica se nos da como empresa de toda cultura, ésta: "salvar las
apariencias", los fenómenos. Es decir, buscar el sentido de lo que nos
rodea.”

¿Qué nos quiere decir Ortega con esta frase? Todos los comentadores de su obra suelen
referirse a ella como el núcleo de su pensamiento, una frase en la que Ortega nos ofrece el
descubrimiento de que la vida del hombre está inmersa en un conjunto de elementos que
constituyen su "circunstancia". La misma cita de la Biblia y la referencia a la escuela
platónica han sido tomadas como las dos circunstancias históricas y culturales en las que se
halla inmerso el hombre occidental: la tradición judeo-cristiana y la filosofía griega. Pero el
circunstancialismo de Ortega no se limita a ese conjunto de elementos que, desde
perspectivas históricas, culturales y sociales, nos constituyen, sino que incluye también en
nuestra "circunstancia" cualquier otro elemento de la vida cotidiana, particular y propio del
sujeto al que le afecta y que, con tanto derecho como los anteriores, le constituye en su
individualidad radical y originaria. La consecuencia será que no hay ningún dato de la
realidad, por particular que se pueda considerar, que pueda quedar fuera de la reflexión
filosófica. En clara oposición, pues, a su objetivismo inicial, Ortega coincidirá con otras
corrientes filosóficas del siglo XX, como el vitalismo, el existencialismo o la fenomenología,
en la consideración de la vida cotidiana como material esencialmente filosófico, hasta el
punto de intentar convertir dicha reflexión en su método filosófico. Habrá que partir de las
cosas que nos son próximas, de las cosas que nos rodean, para poder retomar en su plena
significación las reflexiones filosóficas "tradicionales".

“El ser definitivo del mundo no es materia ni es alma, no es cosa alguna


determinada, sino una perspectiva", "...donde está mi pupila no hay ninguna
otra." "...somos insustituibles.”

El circunstancialismo de Ortega no se limita a subrayar el hecho de que además del yo hay


que contar con las circunstancias en las que éste se halla inmerso (particulares, históricas,
sociales...), sino que supone también la acción del sujeto para dar "sentido" a esas
circunstancias. Esa búsqueda del sentido de lo que nos rodea le lleva a señalar la tradición
o judeo-cristiana y la filosofía griega como los dos elementos o circunstancias modeladoras
del hombre occidental, a las que deben añadirse las circunstancias particulares del yo,
aparentemente de menor entidad, o casi sin entidad, pero cercanas al yo, que confieren
sentido a la realidad que le rodea con tanto rigor como las anteriormente señaladas. Ello
llevará a Ortega a reflexionar sobre temas aparentemente ajenos a la filosofía, como la
esencia de la caza, la meditación sobre un marco, o el Guadarrama, es decir, sobre "un
hombre, un libro, un cuadro, un paisaje, un error, un dolor". De hecho, ese va a ser el
método filosófico de Ortega: partir de las cosas más próximas, que nos rodean, para
alcanzar las más lejanas, que encontramos tratadas bajo la forma de los problemas
filosóficos tradicionales. Eso supondrá el reconocimiento de una jerarquización de las
circunstancias (de por sí cambiantes e innumerables) en función de su "cercanía": la
reflexión filosófica ha de empezar por lo más próximo, lo más cercano al yo.

¿Qué ocurre entonces con la verdad? Ortega se opone a las pretensiones del racionalismo
acerca de la existencia de una verdad absoluta, ajena a lo temporal, a lo circunstancial, y
afirmará justamente lo contrario: la verdad se da siempre desde las circunstancias en las
que el yo se ve inmerso, desde su propia vida. La realidad es siempre captada desde las
circunstancias del yo, y la verdad consistirá en saber dar cuenta de esa realidad desde esas
circunstancias (que son circunstancias vitales) en las que se halla inmerso el yo. El ejemplo
de la sierra del Guadarrama le sirve para ilustrar su posición de un modo muy gráfico:
mirada la sierra desde Madrid no es lo mismo que mirada desde Segovia. ¿Cuál es la
mirada verdadera, la visión verdadera? No tiene sentido esta pregunta, como si se
pretendiera tener una visión "única" de las dos vertientes que no es posible bajo ninguna
consideración. Quien mira la sierra desde Madrid tiene una visión tan verdadera de ella
como quien la ve desde Segovia, por lo que las dos perspectivas de la sierra son
verdaderas. Sin embargo, dice Ortega, las dos miradas, las dos perspectivas, se
complementan, siendo cada una de ellas distinta e insustituible. Es precisamente esa
complementariedad de las perspectivas lo que aleja la posición perspectivista de Ortega del
relativismo y el escepticismo.

El racionalismo pretendía obtener el conocimiento de una verdad atemporal, al margen de


toda consideración concreta, (histórica, social o personal), una verdad eterna e inmutable
que nos ofreciera la esencia de la realidad, proponiendo un claro alejamiento de lo concreto,
de lo personal, de lo vital. El escepticismo, por su parte, según lo caracteriza Ortega, se
instala en la fugacidad de lo concreto, de lo inmediato y, apoyándose en esa fugacidad,
niega la posibilidad de conocer la verdad, dado que la experiencia humana sobre el tema
pone de manifiesto la aparición de posturas opuestas, contrarias, y la permanente disputa
entre las distintas explicaciones de lo real, lo que se toma por una prueba de que la verdad
es inalcanzable. El racionalismo conduce, pues, a la elaboración de una teoría abstracta,
despojada de toda referencia a lo concreto, a la vida del hombre. El escepticismo, por el
contrario, renuncia simplemente a la posibilidad de elaborar una teoría.

El perspectivismo pretende resolver el conflicto, admitiendo el carácter múltiple y cambiante


de la realidad de la que es posible tener, pues, múltiples perspectivas, pero considerando
también que esa multiplicidad puede ser "unificada" mediante algún principio rector, al que
se refiere Ortega al hablar de la complementariedad de las perspectivas. La verdad será,
pues, el resultado progresivo de la unificación de las perspectivas.
Por lo demás, si todas las perspectivas tienen validez, en cuanto tales, eso nos lleva a
reconocer el papel de otros seres humanos en la construcción de la verdad, dado que su
perspectiva, aunque aparentemente opuesta a la mía, es necesaria para alcanzar el
conocimiento de esa verdad "objetiva". A diferencia de lo que ocurría en la primera fase de
su pensamiento, el individualismo no es ya un obstáculo para la consecución de la
objetividad, sino un elemento necesario para ello. Si aplicamos el perspectivismo al campo
de lo moral y lo social, se pone de manifiesto la necesaria tolerancia como valor
fundamental para el ser humano, en la medida en que cada cual ha de ser capaz de
reconocer el carácter "complementario" de las perspectivas ajenas, de la diferencia y la
individualidad de los demás, como factor esencial de convivencia social, subrayando así el
carácter parcial y complementario de toda perspectiva.

3. EL RACIOVITALISMO

La posición perspectivista y circunstancialista de Ortega no será abandonada por éste en su


período de madurez filosófica, conocido con el nombre de raciovitalismo, sino que se puede
considerar más bien como el desarrollo consecuente de aquél. El raciovitalismo consiste
básicamente en el intento de conjugar la vida con la razón, superando críticamente las
contradicciones que se dan entre ambas, tal como se puede deducir de los excesos
"irracionalistas" del vitalismo y de los excesos "antivitales" del racionalismo. Así pues, la
crítica de ambas perspectivas filosóficas será una de las necesidades prioritarias de Ortega,
a fin de ver lo que de positivo puede haber en ellas y lograr esa complementariedad que las
supere en el raciovitalismo.

El análisis orteguiano del vitalismo y del racionalismo se realiza en el artículo "Ni vitalismo ni
racionalismo", publicado en 1924 en la Revista de Occidente. Distingue allí Ortega varias
acepciones del término vitalismo, unas pertenecientes al ámbito de lo biológico, otras al
filosófico. En este último distingue aún 3 posiciones distintas; en primer lugar, la de quienes
consideran que los procesos de conocimiento se pueden reducir a procesos biológicos
explicables, por lo tanto, por los mismos principios que estos, sin que sea necesario recurrir
a principios filosóficos especiales. En segundo lugar se refiere al vitalismo de H. Bergson,
que sitúa en un segundo plano el papel de la razón en el conocimiento, privilegiando la
intuición que se produce en la vivencia interna de las cosas, verdadera fuente de
conocimiento. En tercer lugar, expone su propia posición: la razón se da "en" la vida, por así
decirlo. El conocimiento será obra de la razón, pero ésta se da en la vida y está rodeada,
por tanto, de elementos no racionales, "limitada" por ellos. Pero tales límites, lejos de poner
en la razón en segundo plano, manifiestan su carácter imprescindible, ya que para
pensarlos es necesaria la razón misma.

Ese reconocimiento del papel de la razón no le convierte, sin embargo, en un racionalista. El


racionalismo es criticado por Ortega en el mismo artículo, considerándolo como el resultado
de la absurda beatería de algunos filósofos con respecto a la razón, que acaban por
concebir que ésta no tiene límites, terminando por pretender ir más allá de lo que la razón
permite alcanzar. Para Ortega, por el contrario, la razón, en su afán por buscar la
explicación de lo real, sus causas, se va topando con muchos aspectos de la realidad de los
que no puede dar cuenta, que son "irracionales", lo que pone de manifiesto, precisamente,
sus propios límites. La consecuencia no es el rechazo de la razón como instrumento del
conocimiento, sino el rechazo de la ilegítima pretensión de la razón de conocerlo todo, de la
pretensión de que la realidad se mueva de acuerdo con los dictados de la razón, pretensión
que los racionalistas han convertido en una fe que les ha conducido a todo tipo de excesos.
De ese modo la razón quedará a salvo de los excesos de los racionalistas.

“El tema de nuestro tiempo consiste en someter la razón a la vitalidad,


localizarla dentro de lo biológico, supeditarla a lo espontáneo. Dentro de
pocos años parecerá absurdo que se haya exigido a la vida ponerse al
servicio de la cultura. La misión del tiempo nuevo es precisamente
convertir la relación y mostrar que es la cultura, la razón, el arte, la ética
quienes han de servir a la vida.”

Así pues, para Ortega la vida constituye la realidad radical, pero entiéndase bien: aunque no
es la única realidad si es aquella a la que cualquier otra hace referencia. Frente a la
afirmación única del mundo externo (Objetivismo de la Edad Media) o la afirmación única
del Yo (subjetivismo de la Modernidad), Ortega afirma que el dato radical del Universo es la
coexistencia de ambos, que es a lo que llamamos vida y que es lo que ocurre a cada cual
con sus circunstancias.

El raciovitalismo tratará de conjugar los elementos positivos del vitalismo y del racionalismo,
dando lugar a la configuración de un nuevo pensamiento, articulado en torno a la noción de
razón vital, del que podemos destacar los siguientes aspectos:

1. En primer lugar, se destaca la primacía ontológica de lo real con respecto al


conocimiento, lo que viene a significar la primacía ontológica de lo vital, en cuanto la
vida es el aspecto más significativo de la realidad. El pensamiento se da "después",
siendo secundario con respecto a la realidad objetiva. La razón, de legisladora de lo
real pasa a convertirse en mera cronista de una realidad a la que debe someterse.
Dado que el aspecto más significativo de la realidad es la vida, en cuanto realidad
radical, ésta se convertirá en el objeto primario de la reflexión filosófica de la razón,
en el punto de despegue de toda teoría.
2. La vida de la que habla Ortega no es la vida "biológica" sino que, en cuanto realidad
radical, ha de cumplir determinadas condiciones, que la distinguen de una
consideración puramente biológica de lo vital: es la vida de quien tiene capacidad
para dar cuenta de ella, la vida personal, de cada ser humano, está vida, la mía, la
vida humana. Es precisamente el pensamiento lo que nos capacita para comprender
la vida y sus circunstancias, dando sentido a la acción humana, a la particular forma
de obrar el hombre en el mundo, por lo que el pensamiento no puede considerarse
como algo opuesto y/o ajeno a la vida.
3. Vivir es "estar en el mundo", pero en un mundo que no se puede identificar ya con la
"naturaleza" de los antiguos ya que ese "estar en el mundo" supone el darse cuenta
de lo vivido como tal; supone también un quehacer, una ocupación, una tarea que se
realiza en vistas a un fin, por lo que vivir es necesariamente proyectar, decidir
libremente lo que queremos ser y hacer. Esa identificación de la vida con la
capacidad de anticipar, necesaria para cualquier proyecto, exige también la libertad
de elección entre las distintas posibilidades que me son ofrecidas en mis
circunstancias; hay, por tanto, una cierta limitación y una cierta libertad en las
posibilidades de acción del hombre en sus circunstancias.

Por lo demás, todo ello se da en el tiempo, por lo que la dimensión histórica del hombre es
inseparable del circunstancialismo, lo que nos conduce al núcleo del último pensamiento
orteguiano, la relación entre la vida y la historia, plasmada en el concepto de razón histórica
en el que se concretiza la noción orteguiana de razón vital. La naturaleza del hombre es,
fundamentalmente, histórica. Eso supone afirmar que no hay una naturaleza humana
inmutable: el hombre es, en cada época, en buena medida, lo que hereda de sus
antepasados, herencia que se puede consolidar y aumentar, transmitiéndola a las
generaciones futuras, o dilapidar.

“En suma, que el hombre no tiene naturaleza, sino que tiene (...) historia. O, lo
que es igual, lo que la naturaleza es a las cosas, es la historia -como res
gestae- al hombre.”

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