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Procedimiento Disciplinario según Sentencia C-593/14

El documento habla sobre el procedimiento para faltas y sanciones disciplinarias en el reglamento interno del trabajo según la sentencia C 593-2014. Explica que la Constitución protege el trabajo y establece el debido proceso para todos los procedimientos disciplinarios, tanto públicos como privados. Además, requiere que los entes privados definan parámetros mínimos en sus reglamentos internos para garantizar el debido proceso y la defensa de los empleados durante los procesos disciplinarios.

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Procedimiento Disciplinario según Sentencia C-593/14

El documento habla sobre el procedimiento para faltas y sanciones disciplinarias en el reglamento interno del trabajo según la sentencia C 593-2014. Explica que la Constitución protege el trabajo y establece el debido proceso para todos los procedimientos disciplinarios, tanto públicos como privados. Además, requiere que los entes privados definan parámetros mínimos en sus reglamentos internos para garantizar el debido proceso y la defensa de los empleados durante los procesos disciplinarios.

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PROCEDIMIENTO PARA LAS FALTAS Y SANCIONES DISCIPLINARIAS EN EL

REGLAMENTO INTERNO DEL TRABAJO.SENTENCIA C 593-2014.

La protección constitucional del trabajo, que involucra el ejercicio de la actividad


productiva tanto del empresario como la del trabajador o del servidor público, no
está circunscrita exclusivamente al derecho a acceder a un empleo sino que, por
el contrario, es más amplia e incluye, entre otras, la facultad subjetiva para trabajar
en condiciones dignas, para ejercer una labor conforme a los principios mínimos
que rigen las relaciones laborales y a obtener la contraprestación acorde con la
cantidad y calidad de la labor desempeñada. Desde el Preámbulo de la
Constitución, se enuncia como uno de los objetivos de la expedición de la
Constitución de 1991, el asegurar a las personas la vida, la convivencia, el trabajo,
la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz. Es decir, el trabajo es
un principio fundante del Estado Social de Derecho. Es por ello que desde las
primeras decisiones de la Corte Constitucional se ha considerado que “Cuando el
Constituyente de 1991 decidió garantizar un orden político, económico y social
justo e hizo del trabajo requisito indispensable del Estado, quiso significar con ello
que la materia laboral, en sus diversas manifestaciones, no puede estar ausente
en la construcción de la nueva legalidad”. Lo anterior implica entonces que dentro
de la nueva concepción del Estado como Social de Derecho, debe entenderse la
consagración constitucional del trabajo no sólo como factor básico de la
organización social sino como principio axiológico de la Carta. El artículo 25 de la
Constitución Política dispone que “El trabajo es un derecho y una obligación social
y goza, en todas sus modalidades, de la especial protección del Estado. Toda
persona tiene derecho a un trabajo en condiciones dignas y justas.” También
varias de sus disposiciones de la Constitución reflejan una protección reforzada al
trabajo. Así el artículo 26 regula, entre otros temas, la libertad de escogencia de la
profesión u oficio productivo; el artículo 39 autoriza expresamente a los
trabajadores y a los empleadores a constituir sindicatos y asociaciones para
defender sus intereses; el artículo 40, numeral 7º establece como un derecho
ciudadano el de acceder a los cargos públicos; los artículos 48 y 49 de la Carta
establecen los derechos a la seguridad social en pensiones y en salud, entre
otros, de los trabajadores dependientes e independientes; el artículo 53 regula los
principios mínimos fundamentales de la relación laboral; el artículo 54 establece la
obligación del Estado de propiciar la ubicación laboral a las personas en edad de
trabajar y de garantizar a las personas discapacitadas el derecho al trabajo acorde
con sus condiciones de salud; los artículos 55 y 56 consagran los derechos a la
negociación colectiva y a la huelga; el artículo 60 otorga el derecho a los
trabajadores de acceso privilegiado a la propiedad accionaria; el artículo 64 regula
el deber del Estado de promover el acceso progresivo a la propiedad de la tierra y
la efectividad de varios derechos de los campesinos y los trabajadores agrarios; el
artículo 77 que garantiza la estabilidad y los derechos de los trabajadores del
sector de la televisión pública; los artículos 122 a 125 señalan derechos y deberes
de los trabajadores al servicio del Estado; el artículo 215 impone como límite a los
poderes gubernamentales previstos en los “estados de excepción”, los derechos
de los trabajadores, pues establece que “el Gobierno no podrá desmejorar los
derechos sociales de los trabajadores mediante los decretos contemplados en
este artículo”; el artículo 334 superior establece como uno de los fines de la
intervención del Estado en la economía, el de “dar pleno empleo a los recursos
humanos y asegurar que todas las personas, en particular las de menores
ingresos, tengan acceso efectivo a los bienes y servicios básicos” y el artículo 336
de la Constitución también señala como restricción al legislador en caso de
consagración de monopolios, el respeto por los derechos adquiridos de los
trabajadores.

La jurisprudencia constitucional ha considerado que la naturaleza jurídica del


trabajo cuenta con una triple dimensión. En palabras de la Corporación la “lectura
del preámbulo y del artículo 1º superior muestra que el trabajo es valor fundante
del Estado Social de Derecho, porque es concebido como una directriz que debe
orientar tanto las políticas públicas de pleno empleo como las medidas legislativas
para impulsar las condiciones dignas y justas en el ejercicio de la profesión u
oficio. En segundo lugar, el trabajo es un principio rector del ordenamiento jurídico
que informa la estructura Social de nuestro Estado y que, al mismo tiempo, limita
la libertad de configuración normativa del legislador porque impone un conjunto de
reglas mínimas laborales que deben ser respetadas por la ley en todas las
circunstancias (artículo 53 superior). Y, en tercer lugar, de acuerdo con lo
dispuesto en el artículo 25 de la Carta, el trabajo es un derecho y un deber social
que goza, de una parte, de un núcleo de protección subjetiva e inmediata que le
otorga carácter de fundamental y, de otra, de contenidos de desarrollo progresivo
como derecho económico y social.
La jurisprudencia ha señalado que el hecho que el artículo 29 de la Constitución
disponga que el debido proceso se aplica a toda clase de actuaciones judiciales y
administrativas implica que “en todos los campos donde se haga uso de la facultad
disciplinaria, entiéndase ésta como la prerrogativa de un sujeto para imponer
sanciones o castigos, deben ser observados los requisitos o formalidades mínimas
que integran el debido proceso”. En virtud de lo anterior, ha determinado que este
mandato “no sólo involucra u obliga a las autoridades públicas, en el sentido
amplio de este término, sino a los particulares que se arrogan esta facultad, como
una forma de mantener un principio de orden al interior de sus organizaciones (v.
gr. establecimientos educativos, empleadores, asociaciones con o sin ánimo de
lucro, e.t.c.)”. Agregó la Corporación, en relación con la sujeción al debido proceso
en los procedimientos en que los particulares tienen la posibilidad de aplicar
sanciones o juzgar la conducta de terceros, lo siguiente “no podría entenderse
cómo semejante garantía, reconocida al ser humano frente a quien juzga o evalúa
su conducta, pudiera ser exigible únicamente al Estado. También los particulares,
cuando se hallen en posibilidad de aplicar sanciones o castigos, están obligados
por la Constitución a observar las reglas del debido proceso, y es un derecho
fundamental de la persona procesada la de que, en su integridad, los fundamentos
y postulados que a esa garantía corresponden le sean aplicados”. En otras
ocasiones, esta Corte ha llegado a la misma conclusión apoyada en el argumento
de que “la garantía del debido proceso ha sido establecida en favor de la persona,
de toda persona, cuya dignidad exige que, si se deducen en su contra
consecuencias negativas derivadas del ordenamiento jurídico, tiene derecho a que
su juicio se adelante según reglas predeterminadas, por el tribunal o autoridad
competente y con todas las posibilidades de defensa y de contradicción, habiendo
sido oído el acusado y examinadas y evaluadas las pruebas que obran en su
contra y también las que constan en su favor”.

DEBIDO PROCESO DISCIPLINARIO

En aras de garantizar y hacer efectivo las garantías consagradas en la


Constitución Política, la jurisprudencia ha sostenido que es “indispensable que los
entes de carácter privado fijen unas formas o parámetros mínimos que delimiten el
uso de este poder y que permitan al conglomerado conocer las condiciones en
que puede o ha de desarrollarse su relación con éstos. Es aquí donde encuentra
justificación la existencia y la exigencia que se hace de los llamados reglamentos,
manuales de convivencia, estatutos, etc., en los cuales se fijan esos mínimos que
garantizan los derechos al debido proceso y a la defensa de los individuos que
hacen parte del ente correspondiente”. De igual forma, se ha especificado que en
los reglamentos a los que se alude “es necesario que cada uno de las etapas
procesales estén previamente definidas, pues, de lo contrario, la imposición de
sanciones queda sujeta a la voluntad y arbitrio de quienes tienen la función de
solucionar los conflictos de los implicados”. Además, ha agregado que tales
procedimientos deben asegurar al menos: La comunicación formal de la apertura
del proceso disciplinario a la persona a quien se imputan las conductas posibles
de sanción.

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