2 SAMUEL 19
DAVID FUE RESTAURADO AL TRONO
El tema de este capítulo es la restauración de David al trono
y en este pasaje cabe destacar los siguientes eventos: Los
israelitas desearon traer de vuelta al rey. Simei, fue
perdonado y Mefi-boset disculpado. Barzilai fue despedido
en paz y Quimam disfrutó del favor del rey.
David regresó a Jerusalén y fue restaurado a su trono,
después que Joab le reprochase por la expresión pública de
su dolor por Absalón.
Evidentemente Absalón era el hijo favorito de David y su
elegido para que le sucediera en el trono. David era un gran
rey, pero no había sido un buen padre. Veremos también en
este capítulo, que David salvó la vida de Simei.
AQUI
Las noticias de la muerte de Absalón causaron gran
angustia a David. Él había tenido un amor tierno y profundo
hacia su hijo, y por eso sufrió un dolor extremo cuando
murió el muchacho.
Ahora, ¿Por qué se angustió tanto David? Puede ser por
varias razones.
En primer lugar, no creemos que David estuviera seguro en
cuanto a la salvación de Absalón.
Recordemos que cuando nació el primer hijo de David y
Betsabé, el niño enfermó gravemente y David ayunó y oró
por varios días.
Pero cuando David oyó que el niño había muerto, se
levantó, se lavó, fue a adorar a la casa de Dios y se dispuso
a comer. Entonces sus siervos no pudieron entender su
actitud. Pero, él les explicó con toda claridad su sentir
diciéndoles: "Yo voy hacia él, pero él no volverá a mi".
Él sabía dónde estaba el pequeño. Sabía que estaba en el
reino celestial. Sin embargo, cuando Absalón murió, su
muerte quebrantó completamente su corazón. ¿Por qué?
Porque David no estaba seguro de la salvación de Absalón.
No sabía dónde estaría su hijo.
Francamente, creemos que David creía que su hijo no era
salvo, y fue por eso que se quedó quebrantado
anímicamente.
Y más aún, aunque David era un gran rey, no había sido un
buen padre. Y estamos seguros que hasta David mismo fue
consciente de ello. Nunca tuvo éxito en ser la clase de padre
que debió haber sido; y Absalón fue un ejemplo de ese
fracaso de David.
David también reconoció que en ese momento estaba
recibiendo los males causados por el pecado que había
cometido.
Dios le había dicho que el conflicto no se apartaría jamás de
su casa, a causa de su pecado. Y eso fue exactamente lo
que ocurrió.
Y veremos que, desde la muerte de Absalón en adelante,
David fue un hombre caracterizado por un espíritu abatido.
Creemos igualmente que parte de su dolor se debió a su
desilusión.
En verdad había esperado que Absalón le sucediera en el
trono. Ahora, aunque le afligió el hecho de que Absalón se
revelara contra él, aun así, David no abandonó la esperanza
de que Absalón fuera el próximo rey.
En esta ocasión, pues, el dolor de David fue tal, que llegó
hasta a perturbar a Joab, quien decidió reprender a David
por ello.
Bueno, comencemos ahora el estudio del texto
Versículos1-2: "Entonces avisaron a Joab: El rey llora y se lamenta por
Absalón. Y se convirtió aquel día la victoria en luto para todo el pueblo;
porque aquel día oyó decir el pueblo que el rey estaba afligido por su
hijo."
Éste debía haber sido un gran día de victoria y de
alegría porque el enemigo había sido derrotado.
Sin embargo, para David, éste no fue, de ninguna
manera, un día de victoria.
Por el contrario, fue un tiempo de dolor y tristeza
indecibles.
Y leemos en el versículo 3: "Y entró el pueblo aquel día en la ciudad
escondiéndose, como suele entrar a escondidas el pueblo avergonzado
que ha huido de la batalla."
Los soldados del ejército de David probablemente se
habían estado alegrando porque habían ganado la
batalla, pero en cambio salieron del campo de batalla
después de la victoria y entraron en Jerusalén como si
hubieran sido derrotados.
¿Por qué? Porque Absalón había muerto y el corazón
de David había sido quebrantado.
Y el versículo 4 nos dice: "Pero el rey, cubierto el rostro, clamaba en alta
voz: ¡Hijo mío Absalón, Absalón, hijo mío, hijo mío!"
¡Cuánto amaba David a este joven! ¡Qué expresión tan
tierna fue ésta! Ahora, Joab había sido directamente
responsable por la muerte de Absalón.
No estamos seguros sobre si David alguna vez se
enteró de cómo había muerto su hijo.
Seguramente oyó varias versiones sobre su muerte.
Pero, probablemente, David no quiso llegar al fondo de
lo que realmente ocurrió.
Y leemos en los versículos 5 y 6: "Entonces Joab entró en la casa donde
estaba el rey y le dijo: Hoy has cubierto de vergüenza el rostro de todos
tus siervos, que hoy han librado tu vida, la vida de tus hijos y de tus hijas,
la vida de tus mujeres y de tus concubinas, amando a los que te
aborrecen y aborreciendo a los que te aman; porque hoy has declarado
que nada te importan tus príncipes y siervos; hoy me has hecho ver
claramente que si Absalón viviera, aunque todos nosotros estuviéramos
muertos, entonces estarías contento."
Ahora, es cierto que David habría preferido que otros
murieran en vez de su hijo Absalón.
Eso era muy evidente. Joab estaba reprochando a
David aquí porque estaba tan angustiado debido a la
muerte de su hijo, que se había convertido en su
enemigo y habría dado muerte a David si hubiera tenido
la ocasión.
Por eso Joab le habló de esa manera al rey David.
versículo 8: "Entonces se levantó el rey y se sentó a la puerta. Cuando se
avisó a todo el pueblo: El rey está sentado a la puerta. Y vino todo el
pueblo delante del rey."
El pueblo necesitaba entonces un lugar de encuentro.
Todos estaban desanimados.
Habían vivido una situación triste y delicada.
El que había encabezado la rebelión había sido muerto,
pero, en lugar de regocijarse, el pueblo estaba
presenciando el dolor más grande que David jamás
había expresado.
Sin embargo, después que Joab le habló al rey, David
fue a la puerta para manifestar al pueblo cuan
profundamente apreciaba la lealtad que le habían
demostrado.
Leamos ahora los versículos 9 y 10: "Y todo el pueblo discutía en todas
las tribus de Israel diciendo: El rey nos ha librado de manos de nuestros
enemigos y nos ha salvado de manos de los filisteos; pero ahora ha
huido del país por miedo de Absalón. Y Absalón, a quien habíamos
ungido sobre nosotros, ha muerto en la batalla. ¿Por qué, pues, estáis
callados respecto de hacer volver al rey?"
Lo que ocurrió fue simplemente lo siguiente.
Los que habían desertado y se habían pasado al lado
de Absalón, ahora que él estaba muerto, no sabían qué
hacer.
Y por fin decidieron que lo mejor sería traer de vuelta al
rey David.
Y leemos en el versículo 11: "Entonces el rey David mandó decir a los
sacerdotes Sadoc y Abiatar: Hablad a los ancianos de Judá y decidles:
¿Por qué vais a ser vosotros los últimos en hacer volver el rey a su casa,
cuando la palabra de todo Israel ha venido al rey para hacerlo volver a su
casa?"
Al parecer, incluso en la tribu de Judá había habido una
gran deserción hacia el grupo rebelde de Absalón.
Y David les reprochó por su deslealtad.
Veamos lo que David les dijo
versículos 12 al 14: "Vosotros sois mis hermanos; mis huesos y mi carne
sois. ¿Por qué, pues, seréis vosotros los últimos en hacer volver al rey?
Asimismo, diréis a Amasa: ¿No eres tú también hueso mío y carne mía?
Traiga Dios sobre mí el peor de los castigos, si no te hago general de mi
ejército para siempre, en lugar de Joab. Así inclinó el corazón de todos
los hombres de Judá, como el de un solo hombre, para que enviaran a
decir al rey: Vuelve tú y todos tus siervos."
Aquí vemos que hubo una decisión unánime de hacer
regresar a David al trono.
versículos 15 al 17: "Volvió, pues, el rey, y llegó hasta el Jordán, mientras
Judá venía a Gilgal para recibir al rey y hacerlo pasar el Jordán. También
Simei hijo de Gera hijo de Benjamín, que era de Bahurim, se dio prisa y
descendió con los hombres de Judá a recibir al rey David. Con él venían
mil hombres de Benjamín; asimismo Siba, criado de la casa de Saúl, con
sus quince hijos y sus veinte siervos, los cuales pasaron el Jordán
delante del rey."
Ahora, recordemos que Simei fue el que maldijo a David
cuando salían de Jerusalén, arrojándole piedras.
Sin embargo, en este momento quiso ser el primero en
darle la bienvenida.
versículos 18 al 21: "Y cruzaron el vado para hacer pasar a la familia del
rey y complacer sus deseos. Simei hijo de Gera se postró delante del rey
cuando éste pasó el Jordán, y le dijo: ¡No me culpe mi señor por mi falta!
¡No recuerdes los males que tu siervo hizo el día en que mi señor, el rey,
salió de Jerusalén, ni los guarde el rey en su corazón! Porque yo, tu
siervo, reconozco haber pecado, pero soy hoy el primero de toda la casa
de José que he descendido para recibir a mi señor, el rey. Entonces
intervino Abisai hijo de Sarvia y dijo: ¿No ha de morir por esto Simei, que
maldijo al ungido del Señor?"
Ahora, David era una persona generosa.
Era un hombre que sabía perdonar.
Y entonces dijo
versículo 22: "Pero David respondió: ¿Qué tengo yo con vosotros, hijos
de Sarvia, para que hoy me seáis adversarios? ¿Acaso ha de morir hoy
alguien en Israel? ¿Acaso no sé qué hoy vuelvo a ser rey de Israel?"
David estaba diciendo: "¿Por qué debo hacer caso a
este hombre? Yo sé que soy rey de Israel".
David estaba satisfecho porque Dios le había restaurado
a su posición en el trono; ¿por qué había de
preocuparse por lo que dijera un hombre como Simei?
¿Por qué tendría que matarle?
A nuestro derredor, estimado oyente, vemos que hay
tantos cristianos hoy en día que permiten que ciertas
pequeñeces les preocupen.
Incluso, a veces se trata de asuntos insignificantes.
Si Dios le ha bendecido a usted, eso es lo realmente
importante.
Y entonces debería vivir viendo todas las demás cosas
en su verdadera perspectiva, es decir, tal como Dios las
ve.
Es necesario aprender a vivir por encima de todo
aquello que pueda irritarnos innecesariamente.
versículo 23: "Luego el rey dijo a Simei: No morirás. Y el rey se lo juró."
O sea que, la decisión final de David en cuanto a Simei fue
no castigarlo.
El hecho es que David no quiso entrar en trato alguno con
este hombre.
Con todo, el rey aceptó la victoria con la misma serenidad
con que había aceptado su derrota y destierro.
Es evidente que la relación de una mujer, de un hombre,
con Dios permite superar las consecuencias del pecado en
la vida.
Cuando uno confía en el Señor Jesucristo como su
Salvador, el Espíritu Santo viene a morar en una persona, y
la capacita para progresar espiritualmente hasta adoptar
una nueva manera de vivir, de afrontar las cambiantes
situaciones de la vida, de considerar a sus semejantes y de
evaluar todo lo que le suceda desde el punto de vista de
Dios.