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Informe Nunca Más: Memoria y Justicia

La CONADEP fue creada en 1983 por el presidente Raúl Alfonsín para investigar las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar de 1976-1983. Realizó miles de entrevistas que compiló en el informe Nunca Más, publicado en 1984, el cual demostró que la dictadura cometió crímenes sistemáticos contra la humanidad como secuestros, torturas y desapariciones. El informe tuvo un gran impacto social y fue valorado por reunir pruebas clave contra los militares que luego fueron juz

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Informe Nunca Más: Memoria y Justicia

La CONADEP fue creada en 1983 por el presidente Raúl Alfonsín para investigar las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar de 1976-1983. Realizó miles de entrevistas que compiló en el informe Nunca Más, publicado en 1984, el cual demostró que la dictadura cometió crímenes sistemáticos contra la humanidad como secuestros, torturas y desapariciones. El informe tuvo un gran impacto social y fue valorado por reunir pruebas clave contra los militares que luego fueron juz

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Nunca más

La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) fue creada el 15 de diciembre de 1983 para
llevar adelante la investigación sobre las violaciones a los Derechos Humanos ocurridas entre los años 1976 y 1983.
Estuvo integrada por personalidades dediversos ámbitos de la cultura, la ciencia y la religión, entre otros.

La CONADEP tenía como misión investigar, recibir información y denuncias sobre las desapariciones de
personas, secuestros y torturas que sucedieron durante el período de la dictadura, con el objetivo final de generar
informes a partir de todos estos elementos reunidos. Así sucedió y la comisión entregó su documento final al entonces
presidente Raúl Alfonsín (1983-1989) el 20 de septiembre de 1984. Luego, el informe sería editado en el libro Nunca
Más.

¿Cuál es la historia de este informe? ¿Bajo qué condiciones políticas tuvo lugar? Luego de la derrota en la guerra de
Malvinas, la crisis política se profundizó, la dictadura ya no pudo recuperarse y se fueron generando las
condiciones para un nuevo escenario político, en el que distintas organizaciones sociales y la Multipartidaria –el
espacio que reunía a la Unión Cívica Radical, el Partido Justicialista, el Intransigente, el Demócrata Cristiano y el
Movimiento de Integración y Desarrollo– retomaron, aunque con distintos matices, la búsqueda de los desaparecidos.

Pero además, en ese mismo escenario surgió una demanda novedosa: el pedido de enjuiciamiento de los
responsables políticos de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la ultima dictadura. Un buen
ejemplo de esta demanda se vio en la multitudinaria «Marcha por la vida», realizada en octubre de 1982,
que tenía como consigna central «juicio y castigo a los culpables».

Ante la creciente movilización social -incluso, por parte de actores que antes habían sido renuentes a
expresar su apoyo a todo tipo de demandas que reivindicara el cumplimiento estricto de los Derechos Humanos-,
la dictadura respondió el 28 de abril de 1983 con un informe conocido como «Documento final», en el que, como era
previsible según el título mismo del escrito, la Junta Militar interpretaba la violencia estatal por ella
misma instrumentada como parte de una batalla final contra la subversión y el terrorismo. En ese mismo
documento, la Junta también descalificaba las denuncias por las desapariciones, daba por muertos a los
desaparecidos y dejaba al criterio de Dios el juicio final sobre su accionar en esos años.

Esta mirada sobre el pasado argentino asumió carácter jurídico con la ley 22.924, titulada «ley de Pacificación
Nacional» y conocida como ley de autoamnistía en la que se instaba a que el pasado «nunca más vuelva a repetirse»
y en la que se pretendía justificar el conjunto de crímenes cometidos en virtud del decreto que, en febrero del
año 1975, habían firmado Isabel Perón e Ítalo Luder para avalar el Operativo Independencia, y en el que se instruía
al Ejército a «aniquilar físicamente al enemigo subversivo».

Luego de su triunfo en las elecciones de octubre y apenas asumió su presidencia, en diciembre de 1983, Alfonsín
tomó una serie de medidas importantes como la derogación de la ley de autoamnistía militar, el enjuiciamiento a siete
jefes guerrilleros y a las tres primeras Juntas Militares y la que produjo más polémica: la reforma del Códig o de
Justicia Militar, para que se conformara por su medio un Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que tendría la
potestad de juzgar el accionar militar y las violaciones a los Derechos Humanos, dejando abierta la posibilidad de
apelar en primera instancia a la Cámara Federal. Dichas medidas se inscribían en un análisis del accionar militar
que pretendía diferenciar la responsabilidad jurídica, política y militar de los altos mandos, los que habían abusado
de su autoridad para cometer todo tipo de «exceso» en los actos represivos y, finalmente,
quienes habían acatado las órdenes de represión siguiendo estrictamente el principio de obediencia.
Algunas de estas medidas fueron fuertemente repudiadas, tanto por los organismos de Derechos
Humanos como por varios partidos políticos. El repudio central se focalizaba en la idea de que fueran los
propios militares los que debían juzgar el accionar de sus pares en el pasado: pocos actores confiaban en la
imparcialidad de tal tribunal. Este rechazo crecía y tomaba fuerza –incluso entre los diversos partidos políticos y el
propio partido radical– la idea que habían impulsado los organismos de Derechos Humanos: crear una comisión
parlamentaria que juzgara los crímenes cometidos por la dictadura.

Pero Alfonsín no estaba de acuerdo con esta propuesta porque sostenía que, si se dejaba esta tarea en manos del
Poder Legislativo, se generaría un clima político de alta tensión, que favorecería la adopción de condenas
radicalizadas por parte de los parlamentarios. De algún modo, Alfonsín temía que, ante esas presumibles condenas,
se produjera un enfrentamiento severo con las Fuerzas Armadas que pusiera en crisis la gobernabilidad política. En
aras de esquivar esta alternativa, en los círculos cercanos a Alfonsín comenzó a tomar relevancia la idea de crear
una comisión integrada por notables de la sociedad civil capaz de llevar a cabo las tareas de investigación.
En estas condiciones políticas surgió la CONADEP. Si bien varios organismos rechazaron originalmente la idea,
muchos familiares y testigos de las desapariciones confiaron su testimonio a la comisión. Como hemos
dicho, la investigación se materializó en el libro Nunca Más, cuya información resultó sumamente valiosa para llevar
a cabo, año después, la entrega del Informe y el Juicio a las Juntas.

Por varios motivos, el Nunca Más es uno de los libros más importantes que se han producido en nuestro país desde
la reapertura democrática y aún de nuestro siglo XX. El impacto social del libro sigue siendo asombroso, hasta el año
2007, se habían vendidos 503.830 ejemplares y había sido traducido a varios idiomas.

¿En qué radica su importancia? En primer lugar, en que demuestra fehacientemente, contra la idea de que los
crímenes cometidos por los militares argentinos habían obedecido a ciertos «excesos», que la dictadura
ideó un «plan de carácter sistemático» de secuestro, tortura y desaparición de personas. En segundo lugar,
porque reúne un caudal de información apreciable sobre los crímenes cometidos contra la humanidad que
resultó sumamente valiosa en el Juicio a las Juntas, además que reforzaba, desde un punto de vista moral, la
demanda de castigo a los culpables. Asimismo, el informe le otorgó mayor legitimidad pública a la voz de los
familiares y los militantes de los organismos de Derechos Humanos. La sola publicación de esa información atentaba
contra uno de los propósitos centrales de la «política de desaparición»: borrar todas las huellas de los crímenes
cometidos. Por todas estas razones, el libro es altamente valorado socialmente.

El título del libro se convirtió en una consigna utilizada en diversos tipos de manifestaciones públicas convocadas
para pedir justicia, no solamente cuando se trata de hechos relacionados con la
dictadura sino también cuando se trata de reclamos vinculados al respeto de los Derechos Humanos en general.

Finalmente, dos anécdotas resumen el modo en que esta consigna ha logrado sedimentarse en amplios sectores de
la población. Hacia el año 2004, un profesor de Educación Física escaló el Aconcagua para inscribir en el cerro esta
frase y dejar allí una réplica de la portada de la primera edición del libro. En ese mismo año, un conjunto de vecinos
del barrio porteño de Agronomía guardó en una cápsula un ejemplar del libro, para que sea abierta dentro de
cincuenta años. Ambos ejemplos, aunque parezcan anecdóticos, son indicativos de que el Nunca Más es considerado
como un libro muy valioso para los argentinos, que merece ser conservado a lolargo del tiempo

ACTIVIDAD:
1) Hacé un recuento cronológico de lo sucedido desde 1983 a 2007 (incluí las leyes
dictadas o anuladas y bajo qué gobierno sucedió cada hecho).

2) Después de leer algunos fragmentos del texto «Nunca Más», contesten las siguientes preguntas:

¿Cuál era la misión de la CONADEP y qué fue el Nunca Más?


¿Qué quedó demostrado luego del Juicio a las Juntas con el informe NUNCA MAS?

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