5.
Trascendencia de la práctica docente
5.1¿Qué es la responsabilidad docente?1
El docente como parte de un entorno social, constantemente se le cuestiona sobre el rol
que debe desempeñar; existe una preocupación sobre el actuar del docente no sólo como
un sujeto que se presenta ante un grupo de estudiantes para enseñar determinados
contenidos, sino también como un formador de ciudadanos que contribuyen al desarrollo
de una sociedad.
Este actuar deberá desarrollarse con responsabilidad. “Un elemento indispensable dentro
de la responsabilidad es el cumplir un deber, y esto no siempre es fácil ni agradable. La
responsabilidad es una obligación, ya sea moral o incluso legal, de cumplir con aquello a
lo que la persona se ha comprometido. … La responsabilidad en su nivel más elemental
es cumplir con lo que se ha comprometido, y en algunos casos la ley hará que se cumpla.
Pero hay una responsabilidad mucho más sutil (y difícil de vivir), que es la del plano moral,
ésta es la que debemos buscar como docentes. …
El trabajo docente es, sin duda, uno de los más comprometidos a los que un ser humano
se puede entregar, en virtud de que la carga de responsabilidad es de tamaño tal que
errores incluso involuntarios son capaces de coartar el ánimo de niños, jóvenes y adultos
que depositan en su profesor alguna esperanza de mejora en sus condiciones de vida.
En las manos del docente se ha depositado la responsabilidad de contribuir a la formación
integral de un ser humano.
Dada la trascendencia que tiene la educación y por ende el ejercicio de la docencia para
el progreso de las personas en lo individual y de la sociedad en su conjunto, éste no
puede ser un trabajo improvisado, por lo que se requiere de nuestro compromiso en
nuestra formación y actualización tanto en nuestra área de especialización como en
1
Resumen elaborado por María Esmeralda Bellido Castaños de la siguiente referencia bibliográfica:
Espinosa, A. (2006). ¿Qué es la responsabilidad docente? En Cházaro, O.S., Heres, P.M.E. Reflexiones
de la ética de la práctica docente. Antologías MADEMS. México: UNAM. pp: 37-40.
aspectos didácticos que favorezcan nuestro desempeño con los estudiantes, así como
buscar nuevas fuentes de conocimiento, ya que con un capital cultural más rico, las
posibilidades de interacción se incrementan. No obstante, “es perfectamente válido
reconocer que no sabemos algo. Ante ello, es preferible decir no sé, a buscar
explicaciones “sacadas de la manga” que desinformen a los alumnos, y en casos
extremos evidencien que se quiso salir del paso con un acto irresponsable. …
Con esta premisa, es de suponer que quienes hemos tomado este camino como forma
de vida debemos estar ciertos de que se trata de una labor en la que el conocimiento y
actualización en nuestra área de especialidad, el deseo de superación constante, la
búsqueda de estrategias que faciliten el proceso enseñanza-aprendizaje y, sobre todo, la
disposición de aprender de cada experiencia de nuestra vida, son nuestra
responsabilidad” (Espinosa 2006, p. 37-40).
Asimismo, es importante “… establecer que la actitud que asumimos es la clave para
lograr con éxito nuestros objetivos de enseñanza. En este trabajo, no se es responsable
si se tira la toalla ante los … obstáculos que se encuentran en el proceso; es importante
recordar que ante -las dificultades y- el temor se deben analizar las causas reales o
ficticias que lo generan” (Espinosa 2006, p. 38) y plantearnos alternativas de acción.
“La responsabilidad tiene un efecto directo en otro concepto fundamental: la confianza.
Confiamos en aquellas personas que son responsables, en aquellos que de manera
estable cumplen lo que han prometido. … La responsabilidad puede parecer una carga,
pero el no cumplir con lo prometido origina consecuencias que perjudican al irresponsable
y al que confió en él. ¿Los docentes asumimos las consecuencias de nuestros actos o
tendemos a culpar a otros o a las circunstancias?
El origen de la irresponsabilidad se da en la falta de prioridades correctamente
ordenadas. … ¿Los docentes jerarquizamos nuestras prioridades profesionales? El costo
de la irresponsabilidad es muy alto: … ¿Tenemos claro los docentes cuál es el costo de
nuestra irresponsabilidad? La responsabilidad es un valor, gracias a ella podemos
convivir pacíficamente en sociedad, ya sea en el plano familiar, amistoso, profesional o
personal.
La responsabilidad debe ser algo que crezca y se vuelva estable. Todos podemos tolerar
la irresponsabilidad de alguien ocasionalmente; todos alguna vez podemos caer
fácilmente en la irresponsabilidad. Sin embargo, no todos aceptaremos la
irresponsabilidad de alguien durante mucho tiempo. La confianza en una persona, en
cualquier tipo de relación (laboral, familiar o de amistad), es fundamental, pues es una
correspondencia de deberes. Es decir, yo cumplo porque la otra persona cumple.
¿Nuestros alumnos cumplen con nosotros? ¿Sabemos a qué se debe su cumplimiento o
incumplimiento?
Ser responsable es también tratar de que todos nuestros actos sean realizados de
acuerdo con una noción de justicia y de cumplimiento del deber en todos los sentidos.
Los valores son los cimientos de nuestra convivencia social y personal. Son fuente de
paz y armonía en una sociedad. …
Así es que si hoy aparecemos frente a un grupo de ilusionados jóvenes, debemos asumir
que nuestra labor es digna en la medida en que nosotros la hagamos así, en nuestro
actuar responsable para con nuestros alumnos y la institución que nos los confió”
(Espinosa 2006, p. 39-40).
5.2 La cotidianidad en la escuela y Ética 2
“Las familias ponen plena confianza en la escuela, ya que … se le observa como un sitio
de educación, de culturización y de transmisión de valores socialmente aceptados o
efectivos. Sigue siendo la escuela un referente social importante en el desarrollo de
habilidades, conocimientos y actitudes para desenvolverse de forma adecuada en la
sociedad, y por lo tanto los profesores debemos preguntarnos qué pasa dentro de
nuestras aulas y con nuestros alumnos. …
2
Resumen elaborado por María Esmeralda Bellido Castaños de la siguiente referencia bibliográfica:
Espinosa, A. (2006). Cotidianidad en la escuela y Ética. En Cházaro, O.S., Heres, P.M.E. Reflexiones de
la ética de la práctica docente. Antologías MADEMS. México: UNAM. pp: 41-48.
“¿Qué sucede cuando entra el último alumno al salón de clases y se cierra la puerta?
¿Qué interacciones hay ahí adentro? ¿Qué pasa en la cotidianidad de nuestra aula, en
el trato que llevamos con nuestros alumnos? ¿Cómo resolvemos problemas dentro de
ella, cómo actuamos dentro y fuera del aula, fuera de la escuela, cómo nos modelamos
y exhibimos ante nuestros alumnos? ¿Cómo transmitimos y formamos a nuestros
alumnos en los valores?” (Romero 2006, p.42).
Todas estas preguntas nos llevan a la idea que como sujetos sociales y morales, nuestras
acciones se ven permeadas por valores, pero “¿cuáles son los valores que esperamos
desarrollen nuestros jóvenes en la escuela que sean adecuados para su
desenvolvimiento dentro de la sociedad?” Algunos de estos valores que se consideran
vitales y que deberían ser transmitidos y reforzados tanto en la familia como en la escuela
son: la responsabilidad, la honestidad, la perseverancia, el respeto, la tolerancia, el
diálogo, el sentido crítico, la solidaridad, la justicia, la libertad, la bondad, el trabajo, el
autocuidado, el cuidado y respeto al medio ambiente, entre otros.
Nuestro papel como docentes adquiere gran relevancia personal y social cuando
comprendemos que nuestro objetivo es educar integralmente para que nuestros
estudiantes no sólo adquieran conocimientos, habilidades y destrezas, sino también
valores y actitudes positivas. Educarlos para ser críticos y propositivos, que ‘no
consideren los conocimientos que adquieren como una verdad indiscutible, excluyente
de reflexión, análisis y debate’, realizar un esfuerzo sostenido para ir más allá del
conocimiento establecido en los contenidos curriculares. “No establecer el conocimiento
con el fin exclusivo de tener acceso a otros niveles educativos, sino establecer la
educación como un medio que los llevará a ser mejores en sus vidas diarias y que les
dará herramientas útiles en la resolución de problemas y conflictos personales y
profesionales” (Romero 2006, p.45).
“Sabemos que el centro escolar constituye un escenario idóneo para el aprendizaje de la
convivencia, y reconocemos que una buena práctica docente será la que contribuya a
conseguir un desarrollo integral del -estudiante- en el conocimiento de valores y actitudes.
También sabemos que nuestra aula es una ventana abierta al mundo, donde pueden
incorporarse modelos democráticos, estilos de vida que induzcan a la reflexión diaria
desde la cotidianidad de la convivencia …” (Romero 2006, p.44).
Para poder generar valores en nuestros estudiantes es necesario que primero los
poseamos y los practiquemos, siendo puntuales, cumpliendo con nuestros compromisos
de trabajo al planear las clases y entregar los resultados de las evaluaciones
oportunamente, al ser congruentes entre lo que decimos y lo que hacemos, al dirigirnos
a los estudiantes en todo momento con respeto, al mostrarles comprensión por las
situaciones particulares por las que atraviesan, al autoevaluarnos en nuestro desempeño
y procurar ser mejores, al actualizarnos, entre otros aspectos.
“Pero retomemos los puntos fundamentales en la transmisión de valores dentro de la
cotidianidad de nuestra actividad docente. Ser docente implica ejercer con justo apego y
respeto las observaciones éticas y los valores morales individuales, institucionales y
sociales, los usos, costumbres y tradiciones universitarias y de acuerdo con la evolución
hacia el bien que experimenten dichos valores en la sociedad. Como principio
fundamental dentro de nuestra actividad, hay que asumir el compromiso de buscar
siempre la verdad, la justicia, la responsabilidad y la honestidad; respetar la dignidad de
todas las personas, independientemente de su sexo, raza, edad y condición, ideas
políticas, religiosas y filosóficas; ser leal, colaborador y solidario con nuestros
compañeros (maestros, alumnos y demás integrantes de la comunidad escolar); evitar
ante todo la violencia física, verbal o psicológica, así como cualquier tipo de dominación,
condicionamiento u hostigamiento en nuestro rol sobre los alumnos, colegas o personal
administrativo. Los conflictos y diferencias que existan entre el docente y los alumnos, el
docente y los compañeros de trabajo deberán ser solucionados mediante el diálogo y la
persuasión, sin perjuicio de recurrir preferentemente a las instancias institucionales en
caso de que ello no sea posible. Debemos otorgar a nuestros jóvenes una educación que
facilite el aprendizaje respetando la diversidad cultural, potencialidad, necesidad e
intereses de cada uno, creando condiciones de mutuo respeto y confianza para la libre
expresión de sus ideas” (Romero 2006, p.47).
“La docencia, … se ubica en un contexto social, institucional, grupal e individual, de ahí
que nosotros como docentes no podemos desconocer las relaciones y determinaciones
en ninguno de estos niveles, pues no todos los obstáculos a los que nos enfrentamos en
el salón de clases se originan ahí solamente, sino que son reflejo de un problema social
más amplio que repercute en la institución y, por supuesto, en el aula en el momento de
la interacción. Así, a manera de conclusión podemos decir que dentro de la cotidianidad
de nuestra profesión debemos reflexionar sobre los requisitos y cualidades éticas y
morales que se requieren para ejercer honestamente la docencia; … Esto nos otorgaría
autoridad moral y haría que nuestros alumnos nos considerasen un referente ético, con
autoridad en lo que enseñamos” (Romero 2006, p.48).