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Historia y evolución del latín

El latín es una lengua itálica de la familia indoeuropea, hablada en la Antigua Roma y que ha influido en muchas lenguas romances modernas. Su uso se mantuvo como lengua científica y litúrgica hasta el siglo XIX, y ha dejado un legado significativo en la terminología de diversas disciplinas. A lo largo de su historia, el latín ha evolucionado y se ha diversificado, dando lugar a múltiples dialectos y lenguas derivadas.

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Historia y evolución del latín

El latín es una lengua itálica de la familia indoeuropea, hablada en la Antigua Roma y que ha influido en muchas lenguas romances modernas. Su uso se mantuvo como lengua científica y litúrgica hasta el siglo XIX, y ha dejado un legado significativo en la terminología de diversas disciplinas. A lo largo de su historia, el latín ha evolucionado y se ha diversificado, dando lugar a múltiples dialectos y lenguas derivadas.

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Latín

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Para otros usos de este término, véase Latín (desambiguación).

Latín

Lingua latina, latinō

Región Originalmente en la península itálica, luego en la zona


de influencia del Imperio romano y posteriormente en
aquellos estados europeos con presencia de la Iglesia
católica.

Familia Indoeuropeo
 Itálico
  Latino-falisco
   Latín

Escritura Alfabeto latino

Estatus oficial

Oficial en  Ciudad del Vaticano

Regulado Pontificia Academia de Latinidad1


por

Códigos

ISO 639-1 la

ISO 639-2 lat


ISO 639-3 lat

[editar datos en Wikidata]

El latín es una lengua itálica, perteneciente al subgrupo latino-falisco2 y a su


vez a la familia de las lenguas indoeuropeas3 que fue hablada en la Antigua
Roma y posteriormente durante la Edad Media y la Edad Moderna, llegando
hasta la Edad Contemporánea, pues se mantuvo como lengua científica
hasta el siglo XIX. Su nombre deriva de una zona geográfica de la península
itálica donde se desarrolló Roma, el Lacio (en latín, Latium).
Adquirió gran importancia con la expansión de Roma, 4 y fue lengua oficial del
imperio en gran parte de Europa y África septentrional, junto con el griego.
Como las demás lenguas indoeuropeas en general, el latín era una lengua
flexiva de tipo fusional con un mayor grado de síntesis nominal que las
actuales lenguas romances, en la cual dominaba la flexión mediante sufijos,
combinada en determinadas veces con el uso de las preposiciones, mientras
que en las lenguas modernas derivadas dominan las construcciones
analíticas con preposiciones, mientras que se ha reducido la flexión nominal
a marcar solo el género y el número, conservando
los casos de declinación solo en los pronombres personales (estos tienen,
además, un orden fijo en los sintagmas verbales). a
El latín originó un gran número de lenguas europeas, denominadas lenguas
romances, como el español, francés, asturiano, franco-
provenzal, friulano, gallego, istriano, istrorrumano, italiano, ladino, ligur, lomb
ardo, meglenorrumano, napolitano, occitano, piamontés, portugués, romanch
e, rumano, sardo, siciliano, valón, véneto, aragonés, arrumano, asturleonés, 
catalán, corso, emiliano-romañol, y otros ya extintos, como el dalmático.
También ha influido en las palabras de las lenguas modernas debido a que
durante muchos siglos, después de la caída del Imperio romano, continuó
usándose en toda Europa como lingua franca para las ciencias y la política,
sin ser seriamente amenazada en esa función por otras lenguas en auge
(como el castellano en el siglo XVII o el francés en el siglo XVIII), hasta
prácticamente el siglo XIX.
La Iglesia católica lo usa como lengua litúrgica oficial (sea en el rito
romano sea en los otros ritos latinos), aunque desde el Concilio Vaticano
II se permiten además las lenguas vernáculas.5 También se usa para los
nombres binarios de la clasificación científica de los reinos animal y vegetal,
para denominar figuras o instituciones del mundo del Derecho, como lengua
de redacción del Corpus Inscriptionum Latinarum, y en artículos de revistas
científicas publicadas total o parcialmente en esta lengua.
El estudio del latín, junto con el del griego clásico, es parte de los
llamados estudios clásicos, y aproximadamente hasta los años 1960 fue
estudio casi imprescindible en las humanidades. El alfabeto latino, derivado
del alfabeto griego, es ampliamente el alfabeto más usado del mundo con
diversas variantes de unas lenguas a otras.

Índice

 1Historia
o 1.1Períodos en la historia de la lengua latina
o 1.2Orígenes y expansión
o 1.3Estratos del latín
o 1.4Influencia sustrato
o 1.5Influencia superestrato
o 1.6Influencia adstrato
 2Literatura latina
o 2.1Literatura temprana
o 2.2Literatura de la Edad de Oro
o 2.3Literatura de la Edad de Plata
 3El latín tras la época clásica
o 3.1Edad Media
o 3.2Renacimiento
o 3.3Edad Moderna
 4Gramática
o 4.1Sustantivos
o 4.2Verbos
o 4.3Sintaxis
 5Fonética y fonología
o 5.1Sistema vocálico[11][12]
 6Evolución del latín: el latín vulgar
o 6.1Cambios fonéticos
o 6.2Cambios morfosintácticos
 6.2.1Declinación
 6.2.2Deixis
o 6.3Determinantes
 7Uso moderno del latín
 8Véase también
 9Notas
 10Referencias
 11Bibliografía
 12Enlaces externos
Historia[editar]
Períodos en la historia de la lengua latina[editar]
La historia del latín comienza en el siglo VIII a. C. y llega, por lo menos, hasta
la Edad Media; se pueden distinguir los siguientes períodos:

 Arcaico: desde que nace hasta que la sociedad romana entra en la órbita
cultural de Grecia (helenización): VIII-II a. C. Autores destacados de este
período son Apio Claudio el Ciego, Livio
Andrónico, Nevio, Ennio, Plauto, Terencio.
 Clásico: en una época de profunda crisis económica, política y cultural, la
élite cultural crea, a partir de las variedades del latín coloquial, un latín estándar
(para la administración y escuelas) y un latín literario. Es la Edad de Oro de las
letras latinas, cuyos autores más destacados son Cicerón, Julio César, Tito
Livio, Virgilio, Horacio, Catulo, Ovidio. Esto ocurrió aproximadamente en los
siglos I a. C. y I d. C.
 Postclásico: la lengua hablada se va alejando progresivamente de la lengua
estándar, que la escuela trata de conservar, y de la lengua literaria. Esta
distancia creciente hará que de las diversas maneras de hablar latín nazcan
las lenguas románicas. Y la lengua escrita, que inevitablemente también se
aleja, aunque menos, de la del período anterior, se transforma en el latín
escolástico o curial.
 Tardío: los Padres de la Iglesia empiezan a preocuparse por escribir un latín
más puro y literario, abandonando el latín vulgar de los primeros cristianos. A
este período pertenecen Tertuliano, Jerónimo de Estridón (San Jerónimo) y San
Agustín.
 Medieval: el latín como se conocía ya no es hablado; por ende, el latín
literario se refugia en la Iglesia, en la Corte y en la escuela, y se convierte en el
vehículo de comunicación universal de los intelectuales medievales. Mientras, el
latín vulgar continuaba su evolución a ritmo acelerado. Ya que las lenguas
romances fueron apareciendo poco a poco, unas antes que otras, y porque el
latín seguía siendo utilizado como lingua franca y culta, no se puede dar una
fecha en la que se dejara de utilizar como lengua materna.
 Renacentista: en el Renacimiento la mirada de los humanistas se vuelve
hacia la Antigüedad clásica, y el uso del latín cobró nueva
fuerza. Petrarca, Erasmo de Róterdam, Luis Vives, Antonio de Nebrija y muchos
otros escriben sus obras en latín, además de en su propia lengua.
 Científico: la lengua latina sobrevive en escritores científicos hasta entrado
el siglo XIX. Descartes, Newton, Spinoza, Leibniz, Kant y Gauss escribieron sus
obras en latín.
Orígenes y expansión[editar]

Región del Lacio (Latium) en Italia, donde surgió el latín.

El latín aparece hacia el año 1000 a. C. en el centro de Italia, al sur del


río Tíber, con los Apeninos al este y el mar Tirreno al oeste, en una región
llamada Latium (Lacio), de donde proviene el nombre de la lengua y el de
sus primeros habitantes, los latinos; sin embargo, los primeros testimonios
escritos datan del siglo VI a. C., como la inscripción de Duenos y otras
similares.
En los primeros siglos de Roma, desde su fundación hasta el siglo IV a. C., el
latín tenía una extensión territorial limitada: Roma y algunas partes de Italia,
y una población escasa. Era una lengua de campesinos y pastores.
Así lo demuestran las etimologías de muchos términos del culto religioso,
del derecho o de la vida militar. Destacamos los
términos stipulare ('estipular'), derivado de stipa ('paja'),
o emolumentum ('emolumento'), derivado de emolere ('moler el grano'), en el
lenguaje del derecho.
En este sentido, los latinos, desde época clásica al menos, hablaban de
un sermo rusticus ('habla del campo'), opuesto al sermo urbanus, tomando
conciencia de esta variedad dialectal del latín. «En el campo latino se
dice edus ('cabrito') lo que en la ciudad haedus con una a añadida como en
muchas palabras».6
Después del periodo de dominación etrusca y la invasión de
los galos (390 a. C.), la ciudad se fue extendiendo, en forma de República,
por el resto de Italia. A finales del siglo IV a. C., Roma se había impuesto a
sus vecinos itálicos. Los etruscos dejaron su impronta en la lengua y la
cultura de Roma, pero los italiotas presentes en la Magna Grecia influyeron
más en el latín, dotándolo de un rico léxico.
El latín de la ciudad de Roma se impuso a otras variedades de otros lugares
del Lacio, de las que apenas quedaron algunos retazos en el latín literario.
Esto hizo del latín una lengua con muy pocas diferencias dialectales, al
contrario de lo que pasó en griego. Podemos calificar, pues, al latín de
lengua unitaria.
Después, la conquista de nuevos territorios fuera de Italia,
llamados provincias, empezando con las Galias por parte de César, hasta
la Dacia (Rumania) por parte de Trajano, supuso la expansión del latín en un
inmenso territorio y la incorporación de una ingente cantidad de nuevos
hablantes.
Paralelamente a la expansión territorial de Roma, el latín se desarrolló como
lengua literaria y como lingua franca a la vez que el griego, que había tenido
estos papeles antes. Desde el siglo II a. C., con Plauto y Terencio, hasta
el año 200 d. C. con Apuleyo tenemos una forma de latín que no tiene
ninguna variación sustancial.7
Estratos del latín[editar]
El latín era una lengua itálica del subgrupo latino-falisco, lo que significa que
la mayoría de sus elementos gramaticales y la mayor parte de
su léxico provienen, por evolución natural, del protoitálico, el supuesto
ancestro de las lenguas itálicas.
El idioma original de los grupos latinos, al desarrollarse en la península
itálica, se vio influido por el contacto con hablantes de otros grupos
lingüísticos presentes en la Italia antigua, tanto indoeuropeos hablantes de
otros subgrupos de lenguas itálicas, principalmente de la rama osco-
umbra (oscos, umbros, samnitas, picenos...), como hablantes de lenguas
indoeuropeas no itálicas (mesapios, griegos, celtas...), así como hablantes
de lenguas preindoeuropeas (etruscos, ligures, nuragicos...). Suelen
distinguirse tres tipos de influencia sociolingüística:

 sustrato, debido al bilingüismo de pueblos que previamente a su adopción


definitiva del latín usaban también otras lenguas,
 superestrato, entendida como influencia de lenguas procedentes de grupos
que ocuparon territorios donde se hablaba latín, en el latín esta influencia no fue
muy considerable durante los primeros siglos, a diferencia de lo que sucedería
posteriormente con las lenguas románicas,
 adstrato, provocada por el contacto con otros pueblos y lenguas de prestigio
contemporáneas del latín.
Esta distinción, sin embargo, puede no resultar del todo operativa; por
ejemplo, el etrusco pudo haber sido a la vez substrato, adstrato y
superestrato en diferentes épocas.
Influencia sustrato[editar]
Los habitantes de las regiones de la antigua Italia en las que posteriormente
se difundió el latín eran hablantes nativos de otras lenguas, tanto
indoeuropeas del grupo itálico (como el latín), como de otros grupos de
lenguas indoeuropeas y preindoeuropeas, que al ser asimilados finalmente a
la cultura latina ejercieron cierta influencia lingüística de sustrato. A veces,
para indicar estas lenguas, se habla de sustrato mediterráneo, que
proporcionó al latín el nombre de algunas plantas y animales que los
indoeuropeos conocieron al llegar. Son lenguas muy poco conocidas, pues
quedan solo unos pocos restos escritos, algunos aún sin descifrar. Un
sustrato del latín arcaico en la ciudad de Roma y alrededores fue claramente
la lengua etrusca.
En cuanto a la influencia del sustrato indoeuropeo osco-umbro, resulta
interesante el hecho de que prefigura algunas de las características fonéticas
y fonológicas que más tarde aparecerían en las lenguas romances
(ciertas palatalizaciones y monoptongaciones), pues muchos hablantes
de lenguas itálicas al romanizarse conservaron ciertos rasgos fonéticos
propios, incluso (marginalmente) dentro de las lenguas románicas.
Fenómenos de este tipo son la influencia céltica a la que se atribuye la
lenición de las consonantes intervocálicas o la [y] francesa, el vasco (o
alguna lengua parecida), al que se atribuye la aspiración de la /f/ española en
/h/, o el influjo eslavo, responsable de la centralización de las
vocales rumanas.
Sustrato etrusco: La influencia del etrusco en la fonología latina se refleja
en el hecho de desarrollar algunas aspiradas (pulcher, 'hermoso') y la
tendencia a cerrar -o en -u. Las inscripciones etruscas muestran una
tendencia a realizar como aspiradas oclusivas sordas previamente no-
aspiradas, y poseía un sistema fonológico de solo cuatro timbres vocálicos
/a, e, i, u/, teniendo este último una cualidad entre [o] y [u] que habría influido
en la tendencia del latín a cerrar algunas /*o/ en [u].
Además los numerales latinos duodeviginti ('18') y undeviginti ('19') son
claramente calcos lingüísticos formados a partir de las formas etruscas esl-
em zathrum ('18') thu-nem zathrum, '19' (donde zathrum es la forma etrusca
para '20', esl- '2' y thun- '1'). También es un hecho de sustrato del etrusco en
latín el sufijo -na en palabras como persona, etc.
Influencia superestrato[editar]
Durante un tiempo, Roma tuvo importantes contingentes de población de
origen etrusco, por lo que el etrusco fue tanto una lengua substrato como una
lengua superestrato, al menos durante el período que abarca la monarquía
romana y, en menor medida, la república romana. La influencia del etrusco
es particularmente notoria en ciertas áreas del léxico, como la relacionada
con el teatro y la adivinación. Roma también sufrió invasiones de
los galos cisalpinos, aunque no parecen existir importantes indicios de
influencia celta en el latín. Sí existen algunas evidencias en el vocabulario de
préstamos léxicos directos de lenguas osco-umbras, que constituyen la
principal influencia de tipo substrato en el latín clásico.
Por otra parte, si bien desde antiguo los romanos tenían contactos
con pueblos germánicos no existen fenómenos de influencia léxica en latín
clásico. A diferencia de lo que sucede con las lenguas románicas
occidentales que, entre los siglos V y VIII, recibieron numerosos préstamos
léxicos del germánico occidental y del germánico oriental. Esto contrasta con
la profunda influencia que el latín ejerció en el predecesor del alto alemán
antiguo. Igualmente, existen abundantes rastros de la administración romana
en la toponimia de regiones que hoy son de habla germánica, como por
ejemplo Colonia. Los elementos germánicos en la Romania occidental
proceden del período del Bajo Imperio, y constituyen el principal superestrato
en latín tardío. El flujo no se interrumpió en la formación de las lenguas
románicas. Las influencias de los pueblos godo, alemánico, borgoñés, franco
y lombardo en las lenguas románicas se da mayoritariamente en el campo de
la toponimia y la antroponimia. Aparte de estos, el número de préstamos es
bastante reducido.
Influencia adstrato[editar]
Es la debida al contacto con pueblos que convivieron con los latinos sin
tenerlos dominados ni depender de ellos. Este tipo de influencia se nota más
en el estilo y el léxico adquiridos que en los cambios fónicos de la lengua.
Los adstratos osco, umbro y griego son responsables del alfabeto y sobre lo
relacionado con la mitología, pues los romanos tomaron prestados los dioses
helenos, aunque con nombres latinos.
Adstrato griego: la entrada masiva de préstamos y
calcos áticos y jónicos puso en guardia a los latinos desde tiempos muy
tempranos, encabezados por Catón el Viejo en el siglo III a. C. Pero en la
Edad de Oro de la literatura latina los romanos se rindieron ante la evidente
superioridad del idioma griego. Bien pueden resumir este sentimiento los
famosos versos de Horacio: «Graecia capta ferum victorem cepit et artis /
intulit agresti Latio» («La Grecia conquistada conquistó a su fiero vencedor e
introdujo las artes en el rústico Lacio»).8
Esta entrada masiva de helenismos no se limitó a la literatura, las ciencias o
las artes. Afectó a todos los ámbitos de la lengua, léxico, gramatical y
estilístico, de modo que podemos encontrar el origen griego en muchas
palabras comunes de las lenguas románicas.
Después de la Edad Clásica, el cristianismo fue uno de los factores más
potentes para introducir en la lengua latina hablada una serie de elementos
griegos nuevos. Ej: παραβολη > parábola. Encontramos esta palabra dentro
de la terminología retórica, pero sale de ella cuando se usa por los cristianos
y adquiere el sentido de parábola, es decir, predicación de la vida de Jesús.
Poco a poco va adquiriendo el sentido más general de «palabra», que
sustituye en toda la Romanía al elemento que significaba «palabra»
(verbum). El verbo que deriva de parabole (parabolare, parolare) sustituye en
gran parte de la Romanía al verbo que significaba «hablar» (loquor).

Literatura latina[editar]
Artículo principal: Literatura en latín

El cuerpo de libros escritos en latín, retiene un legado duradero de cultura de


la Antigua Roma. Los romanos produjeron una extensa cantidad de libros
de poesía, comedia, tragedia, sátira, historia y retórica, trazando arduamente
al modo de otras culturas, particularmente al estilo de la más
madura literatura griega. Un tiempo después de que el Imperio romano de
occidente cayese, la lengua latina continuaba jugando un papel muy
importante en la cultura europea occidental.
La literatura latina normalmente se divide en distintos períodos. En lo que
respecta a la primera, la literatura primitiva, solo restan unas pocas obras
sobrevivientes, los libros de Plauto y Terencio; se han conservado dentro de
los más populares autores de todos los períodos. Muchas otras, incluyendo
la mayoría de los autores prominentes del latín clásico, han desaparecido,
aunque bien algunas han sido redescubiertas siglos después.
El periodo del latín clásico, cuando la literatura latina es ampliamente
considerada en su cumbre, se divide en la Edad Dorada, que cubre
aproximadamente el periodo del inicio de siglo I a. C. hasta la mitad
del siglo I d. C.; y la Edad de Plata, que se extiende hasta el siglo II d. C. La
literatura escrita después de la mitad del siglo II es comúnmente denigrada e
ignorada.
En el Renacimiento muchos autores clásicos fueron redescubiertos y su
estilo fue conscientemente imitado. Pero sobre todo, se imitó a Cicerón, y su
estilo se ha apreciado como el perfecto culmen del latín. El latín medieval fue
frecuentemente despreciado como latín macarrónico; en cualquier caso,
muchas grandes obras de la literatura latina fueron producidas entre la
antigüedad y la Edad Media, aunque no sea de los antiguos romanos.
La literatura latina romana abarca dos partes: la literatura indígena y la
imitada.

 La literatura latina romana indígena ha dejado muy pocos vestigios y solo


nos ofrece fragmentos verdaderamente arcaicos e intentos de arcaísmo
deliberado que proceden fundamentalmente de tiempos de la República, de
los emperadores y principalmente de los Antoninos.
 La literatura latina romana imitada ha producido composiciones en que la
inspiración individual se junta a la imitación más feliz, obras numerosas y
elegidas que nos han llegado enteras. A veces, se han confundido las obras de
origen italiano, producciones más toscas del genio agrícola o religioso de los
primitivos romanos (que ofrecen un carácter más original), con las copias latinas
de las obras maestras de Grecia, que ofrecen un encanto, una elegancia y una
suavidad correspondientes a una civilización culta y refinada. En este último
aspecto señalamos la tendencia de dos escuelas retóricas de origen griego que
tuvieron gran influencia en Roma: el asianismo y el aticismo. Desde los tiempos
de Cicerón estas dos tendencias estilísticas del griego entraron de lleno en latín
y perduraron durante varios siglos en la literatura latina.
Literatura temprana[editar]

Busto de Marco Tulio Cicerón.

 Poesía: Ennio
 Tragedia: Pacuvio, Lucio Accio
 Comedia: Cecilio, Terencio, Plauto
Literatura de la Edad de Oro[editar]

 Poesía: Lucrecio, Catulo, Virgilio, Horacio, Ovidio, Tibulo, Propercio, Lucano
 Prosa: Cicerón, Julio César
 Historia: Salustio, Livio, Nepote, Tácito, Suetonio
Literatura de la Edad de Plata[editar]

 Poesía: Estacio, Marcial, Manilio
 Prosa: Petronio, Quintiliano, Apuleyo, Séneca, Asconio
 Teatro: Séneca
 Sátira: Persio, Juvenal
 Historia: Tácito, Suetonio

El latín tras la época clásica[editar]


Edad Media[editar]
Tras la caída del Imperio romano, el latín todavía fue usado durante varios
siglos como la única lengua escrita en el mundo posterior al estado romano.
En la cancillería del rey, en la liturgia de la Iglesia católica o en los libros
escritos en los monasterios, la única lengua usada era el latín. Un latín muy
cuidado, aunque poco a poco se vio influido por su expresión hablada. Ya en
el siglo VII, el latín vulgar había comenzado a diferenciarse originando el
protorromance y después las primeras fases de las actuales lenguas
romances.
Con el renacimiento carolingio del siglo IX, los mayores pensadores de la
época, como el lombardo Pablo el Diácono o el inglés Alcuino de York, se
ocuparon de reorganizar la cultura y la enseñanza en su imperio. En lo que
se refiere al latín, las reformas se dirigieron a la recuperación más correcta
de forma escrita, lo que le separó definitivamente de la evolución que
siguieron las lenguas romances.
Luego, con el surgimiento de las primeras y pocas universidades, las
enseñanzas dadas por personas que provenían de toda Europa eran
rigurosamente en latín. Pero un cierto latín, el que no podía decirse que fuera
la lengua de Cicerón u Horacio. Los doctos de las universidades elaboraron
un latín particular, escolástico, adaptado a exprimir los conceptos abstractos
y ricos en elaborados matices de la filosofía de la época. El latín ya no era la
lengua de comunicación que fue en el mundo romano; todavía era una
lengua viva y vital, todo menos estática.
Renacimiento[editar]
En el siglo XIV, en Italia, surgió un movimiento cultural que favoreció un
renovado interés por el latín antiguo: el Humanismo. Comenzado ya
por Petrarca, sus mayores exponentes fueron Poggio Bracciolini, Lorenzo
Valla, Marsilio Ficino y Coluccio Salutati. Aquí la lengua clásica empezó a ser
objeto de estudios profundos que marcaron el nacimiento, de hecho, de
la filología clásica.
Edad Moderna[editar]
En la Edad Moderna, el latín aún se usa como lengua de la cultura y de
la ciencia, pero va siendo sustituido paulatinamente por los idiomas locales.
En latín escribieron, por ejemplo, Nicolás Copérnico e Isaac
Newton. Galileo fue de los primeros científicos en escribir en un idioma
distinto del latín (en italiano, hacia 1600), y Oersted de los últimos en escribir
en latín, en la primera mitad del siglo XIX.

Gramática[editar]
Artículo principal: Gramática latina

Al conjunto de formas que puede tomar una misma palabra según su caso se
le denomina paradigma de flexión. Los paradigmas de flexión de sustantivos
y adjetivos se denominan en gramática latina declinaciones, mientras que los
paradigmas de flexión de los verbos se llaman conjugaciones. En latín el
paradigma de flexión varía de acuerdo con el tema al que está adscrita la
palabra. Los nombres y adjetivos se agrupan en cinco declinaciones,
mientras que los verbos se agrupan dentro de cuatro tipos básicos de
conjugaciones.
Sustantivos[editar]
En latín, el sustantivo, el adjetivo (flexión nominal) y el pronombre (flexión
pronominal) adoptan diversas formas de acuerdo con su función sintáctica en
la oración, formas conocidas como casos gramaticales. Existen en latín
clásico seis formas que pueden tomar cada sustantivo, adjetivo o pronombre
(«casos»):

1. nominativo: es usado cuando el sustantivo es


el sujeto o atributo (o predicado nominal) de la oración o frase.
2. vocativo: identifica a la persona a la que se dirige el hablante, se podría decir
que es una llamada de atención. Incluso, puede servir como saludo.
3. acusativo: se usa, sin rección de preposición alguna, cuando el sustantivo es
el objeto directo de la frase, o bien como sujeto del
denominado infinitivo «no concertado»; cuando va regido por una
preposición, pasa a desempeñar la función sintáctica de complemento
circunstancial.
4. genitivo: indica el complemento y las características del nombre (sustantivo o
adjetivo).
5. dativo: se usa para señalar el objeto indirecto, con ciertos verbos y, a veces,
como agente (en la conjugación perifrástica pasiva) y poseedor (con el
verbo sum).
6. ablativo: caso gramatical que denota separación o movimiento desde un
lugar. El latino además, incluía en él la causa, el agente, usos
como instrumental, locativo y adverbial. También se pone en ablativo el
término de una comparación de superioridad, inferioridad o igualdad.
Existen además restos de un caso adicional indoeuropeo:
el locativo (indicando localización, bien en el espacio, bien en el
tiempo): rurī 'en el campo', domī 'en (la) casa'.
El adjetivo también tiene formas flexivas, dado que concuerda
necesariamente con un sustantivo en caso, género y número.

Tema infectum Tema perfectum

Present
presente mittit pretérito perfecto misit
e

pretérito
Pasado imperfecto mittebat miserat
pluscuamperfecto

Futuro futuro imperfecto mittet futuro perfecto miserit

Verbos[editar]
A grandes rasgos hay dos temas dentro de la conjugación del verbo
latino, infectum y perfectum: en el infectum están los tiempos que no indican
un fin, una terminación, como el presente, el imperfecto y el futuro; son
tiempos que no señalan el acto acabado, sino que, sea que está ocurriendo
en el presente, ocurría con repetición en el pasado (sin indicar cuando
acabó), o bien un acto futuro. En este tema del verbo la raíz no cambia, al
contrario que con el perfectum, que tiene su propia terminación irregular
(capere: pf. cepi — scribere: pf. scripsi — ferre pf. tuli — esse pf. fui — dicere
pf. dixi).
El perfecto (del latín perfectum, de perficere 'terminar', 'completar') en cambio
indica tiempos ya ocurridos, terminados, que son el pretérito,
el pluscuamperfecto y el futuro perfecto.
Ambos cuentan con los siguientes modos gramaticales (a excepción del
imperativo, que no existe en perfectum): el indicativo, que expresa la
realidad, certeza, la verdad objetiva; el subjuntivo expresa irrealidad,
subordinación, duda, hechos no constatados, a veces usado como optativo;
el imperativo, que denota mandato, ruego, exhortación, y el infinitivo, una
forma impersonal del verbo, usada como subordinado ante otro, o dando una
idea en abstracto. Con seis personas en cada tiempo —primera, segunda y
tercera, cada una en singular y plural— y dos voces —activa cuando el
sujeto es el agente y pasiva cuando el sujeto padece una acción no
ejecutada por él—, más los restos de una voz media, un verbo
no deponente normalmente posee unas 130 desinencias.
3.ª
Tema en 1.ª persona futuro infinitivo
persona
Los verbos en latín
usualmente se 1.
identifican por ā amō amat amābit amāre
°
cinco diferentes
temas de 2.
conjugaciones (los ē habeō habet habēbit habēre
°
grupos de verbos
con formas flexivas 3a consonante dīcō dīcit dīcet dīcere
similares): el tema
en -a larga (-ā-), el 3b i "impura" faciō facit faciet facere
tema en -e larga (-
ē-), tema en 4.
ī audiō audit audiet audīre
consonante, tema °
en -i larga (-ī-) y,
por último, el tema
en -i breve (-i-). Básicamente solo hay un modo de la conjugación latina de
los verbos, pero vienen influidos por cierta vocal que provoca algunos
cambios en sus desinencias. Por ejemplo, en su terminación de futuro:
mientras lo común era indicarlo mediante un tiempo proveniente
del subjuntivo, en los verbos influidos por E o A larga, el futuro sonaría
exactamente igual que el presente, por lo que tuvieron que cambiar sus
desinencias.
Sintaxis[editar]
El objeto de la sintaxis es organizar las partes del discurso de acuerdo con
las normas de la lengua para expresar correctamente el mensaje.
La concordancia, que es un sistema de reglas de los accidentes
gramaticales, en latín afecta a género, número, caso y persona. Esta
jerarquiza las categorías gramaticales, de tal manera que el verbo y
el adjetivo adecúan sus rasgos a los del nombre con el que conciertan. Las
concordancias son adjetivo/sustantivo o de verbo/sustantivo. Obsérvese el
ejemplo: «Animus aequus optimum est aerumnae condimentum» («Un
ánimo equitativamente bueno es el condimento de la miseria»). 9
Mediante la construcción se sitúan los sintagmas en el discurso. En latín el
orden de la frase es S-O-V, o sea, primero va el sujeto, el objeto, y al final el
verbo. Esta idea de construcción supone que las palabras tienen ese orden
natural; no es tan fácil de establecer en rigor. Un ejemplo de orden natural
sería «Omnia mutantur, nihil interit» («Todo cambia, nada perece»).10 Por
oposición, al orden que incluye desviaciones de la norma, por razones éticas
o estéticas, se le da el nombre de figurado, inverso u oblicuo, como en «Vim
Demostenes habuit», donde Demostenes ha sido desplazado de su primer
lugar propio (el primer lugar en la frase podía usarse para señalar la palabra
más importante: puesta en relieve).
Pronunciación
Letra
Clásica Vulgar

ă A breve [a] [a]

ā A larga [aː] [a]

ĕ E breve [ɛ] [ɛ]


Fonética y fonología[editar]
El latín se pronunciaba de forma ē E larga [eː] [e]
diferente en los tiempos antiguos,
en los tiempos clásicos y en los ĭ I breve [ɪ] [e]
posclásicos; también era diferente
el latín culto de los diversos ī I larga [iː] [i]
dialectos de latín vulgar. Al ser el
ŏ O breve [ɔ] [ɔ]
latín una lengua muerta, no se
sabe con exactitud
ō O larga [oː] [o]
la pronunciación de la grafía latina:
históricamente se han propuesto ŭ V breve [ʊ] [o]
diversas formas. Las más
conocidas son la eclesiástica (o ū V larga [uː] [u]
italiana) que se acerca más a la
pronunciación del latín tardío que a ÿ Y breve [y] [e]
la del latín clásico, la pronuntiatio
restituta (pronunciación ȳ Y larga [yː] [i]
reconstruida), que es el intento de
reconstruir la fonética original, y la æ Æ [aɪ] > [ɛː] [ɛ], a veces [e]
erasmista. La comparación con
otras lenguas indoeuropeas œ Œ [ɔɪ] > [e] [e]
también es importante para
determinar el probable valor au AV [aʊ̯ ] [aʊ̯ ] > [o]
fonético de ciertas letras.
(Consúltese el Alfabeto Fonético Internacional
No hay un acuerdo entre los
estudiosos. Pero parece ser que el para una explicación de los símbolos usados)
latín, a lo largo de su historia, pasó
por períodos en los que el acento
era musical y por otros en los que el acento era de intensidad. Lo que está
claro es que el acento tónico depende de la cantidad de las sílabas según el
siguiente esquema:

1. Se puede decir que en latín no hay palabras agudas (acentuadas en la


última sílaba). Sin embargo, puede ser que un número muy reducido de
palabras, por ej. adhūc, haya tenido el acento al final.
2. Toda palabra de dos sílabas es llana.
3. Para saber la acentuación de las palabras de tres o más sílabas, hemos de
conocer la cantidad de la penúltima sílaba. Si esta sílaba es "pesada" o
"larga" por tener una vocal larga o por terminar en consonante, la palabra es
llana; si es "ligera" o "breve", la palabra es esdrújula.
4. El latín tiene cuatro diptongos, que son: ae, au, eu, oe.

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