¿Qué formas de convivencia se dieron entre españoles,
indígenas y mestizos en el Chile colonial?
Una vez que se consolidó la conquista del territorio chileno entre los ríos Copiapó
y Biobío, comienza el período colonial (1598-1810), el cual estuvo marcado por la
expansión de las fuerzas militares hispanas, la fundación de ciudades y el conflicto
entre los españoles y el pueblo mapuche. Si bien con el establecimiento del orden
colonial se impuso el dominio de los españoles sobre los pueblos originarios de
Chile, la relación indígena-español adquirió características distintas según la
región y el pueblo. En el norte, los españoles aplicaron la estrategia de entrar en
contacto con las culturas locales y desarticular el sistema administrativo, lo que
permitió dominar a los grupos indígenas atacameños y diaguitas.
Al sur del río Biobío, en el territorio habitado por los mapuches, la resistencia
ofrecida por el pueblo obligó a las autoridades españolas a destinar recursos que
les permitieran asegurar su dominio. Durante la conquista, el gobierno español no
contó con un ejército profesional, por lo que los vecinos de cada ciudad debían
armarse y defenderse en caso de alzamientos mapuches.
Los continuos conflictos y la destrucción de las ciudades y los fuertes al sur del río
Biobío en un alzamiento general ocurrido en 1598, llevaron a la Corona a financiar
un ejército permanente. Por otra parte, los pueblos que se localizaban en la
cordillera, como los pehuenches, en un comienzo lograron permanecer
relativamente alejados de la influencia hispana. Solo a partir de 1575 se
produjeron los primeros encuentros violentos, debido a una sublevación que
involucró a los huilliches y a los habitantes de la cordillera. Por su parte, el pueblo
huilliche se mantuvo alejado de los españoles hasta que estos, a mediados del
siglo XVI, ingresaron a su territorio, fundando ciudades y ocupando a la población
indígena en el trabajo de los lavaderos de oro. Los pueblos ubicados en el
extremo austral del actual territorio chileno tuvieron escaso contacto con los
españoles, por lo cual pudieron mantener su vida relativamente inalterable hasta el
siglo XIX.
La Guerra de Arauco y los denominados “indios amigos”
Año Real Situado
Se denomina Guerra de Arauco al conflicto que enfrentó a españoles y mapuches.
Algunos autores hablan de una guerra que se prolongó por tres siglos en la que
los españoles utilizaron distintas estrategias de combate; mientras que otros,
como Sergio Villalobos, plantean que, a partir de mediados de siglo XVII, se trató
más bien de un sistema de relaciones complejas basadas en el comercio y el
mestizaje, en el que los encuentros violentos fueron esporádicos.
Durante los siglos XVI y XVII, los españoles buscaron consolidar su dominio
especialmente en el territorio comprendido entre los ríos Copiapó y Biobío. Para
ello, concentraron sus esfuerzos en la fundación de ciudades, el establecimiento
de instituciones y actividades económicas agropecuarias y mineras. Desde la
década de 1580, en el territorio localizado al sur del río Biobío, los españoles
sufrieron una crisis debido a la decadencia de los lavaderos de oro y la resistencia
indígena.
La crisis se hizo evidente con tras la gran batalla de Curalaba (1598), suceso en
que las ciudades al sur del río Biobío fueron destruidas y el gobernador Martín
Óñez de Loyola perdió la vida. Ante esta situación, la Corona decidió invertir
recursos para consolidar la conquista y poner fin a la guerra. Con el objetivo de
dar estabilidad al territorio se reconoció al río Biobío como una frontera entre
españoles y mapuches, lo que también permitió consolidar nuevas formas de
relación social; y se decidió, además, financiar un ejército profesional
permanente, para lo cual se creó el Real Situado, partida anual de dinero que
provenía del Virreinato del Perú para financiar los gastos provocados por la Guerra
de Arauco.
En el conflicto hispano-mapuche gran importancia tuvieron los indios amigos,
grupos indígenas llamados así por los españoles, que vivían cerca de la frontera y
que colaboraban con estos.
Para los “indios amigos”, apoyar a los españoles significaba obtener botines de
guerra, capturar mujeres y niños, hecho que era una costumbre y una necesidad.
Los españoles los mantenían de su parte con pequeñas recompensas como leña,
agua y alimentos, y a varios de ellos se les asignó un salario y se les promovió a
rangos militares para asegurar su fidelidad.
Parlamentos y vida fronteriza
Desde 1655 los enfrentamientos bélicos entre españoles y mapuches comenzaron
a disminuir en cantidad e intensidad. La Real Cédula que puso fin a la esclavitud
indígena (1683) acabó también con uno de los móviles de la guerra para los
españoles, y las autoridades reales establecieron una nueva estrategia a fin de
lograr acuerdos: los parlamentos, donde se reunían el gobernador, máxima
autoridad del reino, y los caciques de los distintos grupos mapuches.
En los parlamentos se planteaban las condiciones para establecer la paz, se
realizaban intercambios de prisioneros y se tomaban acuerdos para mejorar la
convivencia. El primer parlamento se celebró en Quilín, actual Región del Biobío,
en 1641, aunque la estrategia predominó principalmente en el siglo XVIII, cuando
se celebraron otras importantes reuniones, como el parlamento de Negrete,
en 1726, y el de Tapihue, en 1774. Los parlamentos duraban varios días y en ellos
se hacían numerosas demostraciones de poder y discursos.
Al finalizar, se ofrecían abundantes festines e intercambios de regalos. Los
resultados de estas reuniones eran difusos, por las dificultades de uno y otro lado
para cumplir lo pactado. Además, no era posible evitar que los españoles
organizaran malocas para incursionar en territorio mapuche y, asimismo, los
indígenas realizaran malones, invadiendo los asentamientos españoles en busca
del botín.
¿Qué visiones en torno al pueblo mapuche existen hoy?
En 1641, se celebró el parlamento de Quilín, en el cual, según el Informe de la
Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato (2003), los españoles reconocieron la
autonomía del territorio mapuche. Esta se reflejó en el reconocimiento pleno de los
derechos que los mapuches tenían sobre el territorio y la renuncia de la Corona a
imponer su institucionalidad. La vida fronteriza se desarrolló en un entorno que fue
dejando atrás la guerra y las incursiones españolas en territorio mapuche, y que
favoreció el intercambio comercial y cultural. Sin embargo, tras la independencia
de Chile el reconocimiento de autonomía desapareció y los mapuches fueron
incorporados al Estado de Chile mediante la ocupación militar de la Araucanía
(décadas de 1860-1890). Como consecuencia de ello, hasta hoy existe una
permanente discusión en torno a, por un lado, las demandas actuales del pueblo
y, por otro, lo que significa ser mapuche hoy.
Formas de convivencia en la frontera
Uno de los temas que más debates han generado entre los investigadores de
historia colonial de Chile ha sido la forma en que se relacionaron e interactuaron
españoles, mapuches y mestizos en el espacio fronterizo del río Biobío. Hay
quienes postulan que la dinámica guerrera inicial dio paso a la paz y la vida
fronteriza basada en el intercambio comercial, mientras que otros afirman que los
españoles nunca dejaron de pretender la sujeción de los mapuches y el dominio
de sus territorios, por lo que la guerra se extendió hasta el siglo XIX. Lo claro es
que las relaciones fronterizas dieron paso a un proceso de mestizaje étnico y
cultural que formó parte del espectro social colonial de Chile. Los mestizos, por no
pertenecer exclusivamente ni a indígenas ni a españoles, quedaron en una
situación social precaria, pero que en términos económicos les permitió desarrollar
diversas actividades, lícitas e ilícitas.