Las instituciones educativas y el contrato histórico
La principal pregunta: ¿qué hay que saber?
La ciencia de la gestión se alimenta de múltiples fuentes y disciplinas, articula distintas
perspectivas y enfoques y se encuentra en permanente revisión y redefinición.
La complejidad de la gestión educativa se relaciona con el hecho de que la misma se
encuentra en el centro de tres campos de actividades, necesariamente articulados e
intersectados: el político, el administrativo y el profesional
El campo político debe entenderse como el que genera el marco para el servicio; el
administrativo como el que procura las condiciones para la prestación del servicio; y el
profesional como el que efectúa el servicio, si bien estos tres campos de actividades
conciernen a tres agentes o actores diferenciados, las mismas convergen en cada uno de
quienes tienen a su cargo un establecimiento educativo bajo el modo de distintas
preocupaciones.
1. Como políticos nos interrogaremos acerca de si nuestra institución ofrece a la
ciudadanía un servicio de calidad
2. Como “administradores” estaremos atentos al mejor uso de los recursos para
garantizar un buen servicio.
3. En tanto “profesionales de la educación” nos cuestionaremos sobre nuestras
actividades y su impacto en la calidad de la educación.
Creemos que es posible aprender acerca de estas cuestiones, es decir, aprender a
gestionar. Para lo cual es necesario construir un saber específico.
Este saber incluye elementos para comprender que pasa hoy en el nivel institucional, tanto
en el sistema educativo en su conjunto, como en cada establecimiento. Esto solo es posible
mediante la inclusión de la dimensión pedagógico-didáctica dentro del campo institucional.
Reflexionar y construir un saber sobre esta dimensión implica tener presente el carácter
enseñante, educador, académico de los establecimientos, como el componente que justifica
su existencia.
¿Qué saberes debe articular la gestión educativa? acordemos la pertinencia de dos tipos de
saberes ineludibles.
En primer lugar los saberes provenientes de las teorías ele la organización administración y
gestión institucional que puedan ayudarnos a organizar y administrar las actividades y
recursos con los que contamos.
En segundo lugar, Ios saberes que se derivan de la especificidad pedagógico-dialéctica de
las instituciones que se conducen, que puedan ofrecernos elementos para asegurar una
gestión curricular.
No pensamos que debamos construir una propuesta de gestión educativa sostenida sobre
un saber estrictamente teórico, pero tampoco es posible tomar sólo aspectos
instrumentales, como si estos tuvieran diseños neutros. Para lograr un adecuado equilibrio,
hemos acordado incluir, en esta "cara/seca" del libro, varios interrogantes, y recurrir a
distintas teorías, cuidándonos de los peligros de las verdades absolutas pero buscando
fundamentos suficientemente sólidos para dotar de sentido nuestras proposiciones.
Las preguntas ¿por qué un sistema educativo?, ¿para que un sistema educativo? y por lo
tanto ¿para que una escuela? y ¿para qué y cómo gestionar una escuela?, nos abren un
interesante espacio de reflexión. En primer lugar, nos permiten ubicar el análisis de la
escuela en Ia articulación a menudo compleja y contradictoria, con el todo social y el
sistema educativo, e identificar Ias mutuas influencias y condicionamientos. Por otra parte,
nos permiten abordar simultáneamente el tiempo de la larga duración, y el tiempo de los
acontecimientos, el que testimonia sobre el estado actual de esta relación.
Este enfoque nos impone el orden de la presentación. Comenzaremos, pues, por explicar
por qué sostenemos que el contrato fundacional entre la escuela y en sociedad es un
momento de gran significación en el pasado y también en el presente de las instituciones
educativas, cuyo futuro está relacionado con el modo en que se redefina boy ese contrato.
2. Un momento clave en la historia de las instituciones educativas: los contratos
fundacionales
En una urbanización metafórica del terreno social se han ido construyendo las distintas
arquitecturas materiales, geográficas y simbólicas de las diferentes instituciones (de la
salud, educativas, etc.). Originariamente éstas se crearon para responder las necesidades
sociales, como las sociedades van transformando sus necesidades y también la forma de
resolverlas. La sociedad va modificando su arquitectura o cambiando los cercos, límites y
fronteras de cada conjunto institucional.
Cada institución se construye a partir de lo que puede llamarse un primer contrato o
contrato fundacional.
Cada institución es portadora de un mandato social y tiene la responsabilidad de movilizar
sus recursos para crear una dinámica interna que permita y favorezca el cumplimiento de
ese mandato.
En el contrato fundacional se especifica el mandato del que cada institución es portadora.
¿Quién se encargaría de verificar el cumplimiento del mandato? El estado moderno fue
estructurado como un estado organizador y se constituyó en la institución encargada de
ejercer la ley.
“El papel del estado es garantizar la ejecución del mandato asegurándose que las
instituciones cumplan el contrato original, en sus aspectos sustantivos”
La escuela, como hoy la conocemos, es una construcción y un producto de los Estados que
se hicieron a sí mismos y en los que ocupaban un lugar central las cuestiones relativas a la
representación, la participación y la legitimación de un orden social más justo.
En consecuencia, el contenido del contrato fundacional entre la sociedad y la escuela
requería una institución que:
-Transmitiera valores y creencias que legitimaran el derecho y el orden económico y social
establecidos,
-Transmitiera los saberes necesarios para el mundo del trabajo,
-Creara condiciones para la producción de otros saberes, para el desarrollo y para el
progreso social.
En otros términos podemos decir que desde el punto de vista político y social se trataba de
instruir al pueblo y formar ciudadanos, desde el económico se trataba de asegurar la
integración al mundo del trabajo.
El sistema educativo y sus establecimientos constituyeron la institución en la que las
sociedades depositaron la responsabilidad del cumplimiento de estas funciones.
Las leyes establecieron la obligatoriedad y gratuidad de la educación básica y definieron
contenidos mínimos.
Hoy el malestar educativo es percibido e interpretado de modos diversos por la sociedad y
por los actores institucionales: crisis, anomia, bancarrota, desintegración, fractura con la
realidad, desconexión, ineficacia, son algunos de los términos a veces asociados por la
educación “¿Qué le esta pasando a la escuela hoy?
3. El lugar del currículum en el contrato entre la escuela y la sociedad.
Sobre la institución escuela se articularon 3 lógicas diferentes: la lógica cívica referida al
interés general e igualdad de oportunidades; la lógica económica concerniente a la
producción de bienes y de trabajo; y la lógica doméstica de las familias y los individuos. Por
otra parte, la escuela debe integrar elementos de lo que denominaremos la lógica de las
ciencias, es decir las fuentes del conocimiento erudito.
Creemos importante destacar que la escuela, desde su organización, estuvo atravesada por
un contrato paradójico. Por una parte, por el requerimiento de crear en lo político un orden
social más justo, que se proponía “borrar” diferencias sociales a través de la formación de
ciudadanos. Simultáneamente el nuevo orden también requería una nueva distribución
desigual de posiciones laborales y sociales, es decir, la formación de trabajadores
diferenciados.
La escuela es una institución atravesada permanentemente por dos tendencias, una
reproductivista conservadora, que tiende a perpetuar un orden; y una tendencia innovadora,
transformadora, que se propone modificar ese orden.
Las “especificaciones” del currículum prescripto que se realicen en cada establecimiento
constituirán los criterios de intercambio que den forma y sentido institucional, profesional y
personal a los contratos laborales de los miembros de cada establecimiento.
Los contratos encadenados y derivados del contrato entre el sistema educativo y la
sociedad serán el encuadre, y el marco del contrato pedagógico-didáctico que en cada aula,
re-significa entre cada docente y cada grupo de alumnos el sentido del pacto fundacional.
Veamos los riesgos que conllevan ciertas formulaciones
Un currículum que proponga diferenciaciones muy drásticas entre los saberes que recibe
cada grupo de la sociedad, ya sea porque establece circuitos paralelos para su distribución
o porque los concentra en los niveles más altos del sistema. Por el contrario, un currículum
que procura una distribución más equitativa a saberes tiende a reforzar las tendencias a la
equidad y a la igualdad social, tomando en consideración las lógicas desatendidas en la
alternativa anterior.
La importancia del currículum está relacionada con el hecho de que en las sociedades
modernas, los saberes y los diplomas que acreditan su posesión, permiten ocupar
legítimamente determinadas posiciones laborales y sociales.
Esta es la razón por la que en torno a la educación se desarrollan fuertes disputas sociales.
Están quienes quieren ingresar porque han sido tradicionalmente excluidos, están los que
reclaman una mejor calidad de los saberes que se les imparten.
Hoy en día, tanto los especialistas como la opinión pública en general concuerdan en
considerar que los procesos que suceden en el interior de la escuela tienen escaso grado
de relación con las lógicas cívica, económica, doméstica y científica, por lo que la institución
relativizó su significación social positiva. Cuando se habla del divorcio entre la escuela y la
sociedad o de la crisis de la educación, se está haciendo alusión a esta ruptura contractual.
También podemos mencionar una situación de mutuo incumplimiento del contrato
fundacional, es sabido que el Estado encuentra inconvenientes para sostener el contrato, en
muchos casos ha dejado de cumplir con sus obligaciones, la primera y la más evidente es la
desatención económica a las instituciones y a los docentes, pero existen otras faltas
igualmente graves, como son la indefinición respecto de los saberes que deben ser
transmitidos y las relaciones concretas que deben existir entre lo que se enseña y el mundo
del trabajo.
El incumplimiento podría mostrar el malestar interno del sistema. Las palabras crisis,
anomia, bancarrota, desintegración, ineficacia, que muchas veces se asocian a educación y
a ecuela encontrarían en la ruptura contractual una explicación.
¿Podemos resignificar el contrato? ¿Podemos darle nuevo contenido? Éste es el desafío.
4. Hacia un nuevo contrato
El contexto en que la escuela debe construir un nuevo camino es sumamente adverso. La
crisis económica que sufren los países latinoamericanos y el desplazamiento del Estado de
la esfera de las prestaciones sociales, coloca a las instituciones escolares, cada vez más,
ante la necesidad de responder a múltiples demandas.
¿A cuáles de estos reclamos debe responder la escuela y a cuáles no?
El nudo de la tarea, a nuestro entender, es la recuperación para la escuela de las prácticas
de enseñanza y aprendizaje, y a partir de allí, la reformulación de los contenidos internos
para posibilitar que el esfuerzo de todos los actores confluya en la consecución de este
objetivo. Para ello será necesario redefinir roles y tareas, derechos y obligaciones, adquirir
un estilo de gestión que haga posible la actividad pedagógica, ordenar las múltiples
funciones en pos de lo específico, atender algunas demandas y desoír otras.
Entre aquellas demandas, la democratización es un tema recurrente. En algunos autores,
esta expresión remite a asegurar el ingreso de los chicos a la escuela: se pensó, entonces,
democratizar como extender la cobertura de la matrícula, sin duda es un requisito, pero no
basta para hablar de una escuela democrática. Otros autores pusieron el acento en que
además de ingresar, los niños debían permanecer en la escuela, es decir que había que
intentar disminuir el fracaso escolar bajo la forma de desgranamiento.
La escuela solo puede ser democrática en la medida en que ofrezca a los chicos el acceso
al saber elaborado. Esta posición pone el acento en un punto fundamental: no se puede
hablar de escuela democrática si no se habla de una institución que cumple con la tarea de
distribuir conocimientos que no pueden ser adquiridos en otras situaciones o instituciones,
sin saber distribuido, no hay escuela democrática posible.
Además, para hablar de escuela democrática es necesario que la escuela funcione
facilitando que todos los alumnos obtengan igual capital cultural a igual inversión temporal.
En este contexto la escuela deberá redefinir su contrato: el mismo, deberá contemplar la
lógica cívica que requiere la construcción de un orden democratico; la lógica doméstica que
demanda equidad para que el destino ' sea una construcción social e individual no
predeterminada por las, biografías; anticipadas; la lógica económica sin que esta aliene a
las otras y la lógica de la construcción de nuevos conocimientos que reclama la distribuci6n
del saber ya acumulado.
A su vez cada establecimiento deberá resignificar este contrato global, a partir de el cual
diseñará su proyecto. Esta es una de las tareas que coordina la conducción del
establecimiento en la que participan todos los actores. Cada actor, por su parte, traducirá
este contrato en su espacio experto de intervención, desde la especificidad de su rol.