S BIENAVENTURANZAS COMO CARTA fUi.
ACIa AL DE LA 1 LE 1
DE \LOS POBRES
\ l'
ILas bienaventuranzas o bendiciones (con cierto olvido de l8S
desventuranzas O maldiciones) han sido vistas por la tradición
cristiana como parte esencial del mensaje criltiano. se han lei-
do en distintos contextos y con diferentes prop6sitos. Unas vese s
se las ha leido "sapiancialmente", esto ss, con la actitud ante
el mundo y con la vivencia religiosa de los libros sapienciales
del Antiguo Testamento. Por este camino, que tiene algo de justi-
ficado, se ha recurrido a las bienaventuranzas para exaltar la
dulzura y la resignación de los opri~dos y también para discul-
par a quienes, no c~l~ndo con la letra de IIlUchos consejos evan-
g'licos, se les ofrece la posibilidad superior de reconquistarlos
espiritualmente. Otras veces se las ha leido "escaaolóKicamente",
como si lo contenido en ellas poco tuviera que ver con la histo-
ria.
Frente a estas lecturas es importante intentar una lectura
"cristiana", esto es, una lectura que, apoyada en el propio Jesús
y en su medio histórico, así como en los que son destinatarios
primarios de 8U misión, recupere la verdad y la efectividad,que
les compete. Esta lectura cristiana supone que los destinatarios
principales del mensaje del Reino son los pobres y supone, ademis,
que en este primer anuncio solemne del Reino se dibuja lo que pu-
diéramos considerar la carta fundacional de la Iglesia de los po-
bres. En efecto, al llamar a los pobres bienaventurados y bienaven-
turados en relación con el Reino, Jesús está señalando las direc-
trices de una Iglesia al servicio del Reino. Si en el Reino son
bienaventurados los pobres, si la Iglesia está referida al Reino,
la Iglesia debe conformarse como una Iglesia de los pobres.
Desde esta perspectiva vamos a hacer una lectura de las biena-
venturanzas en la doble versión que hacen de ellas Lucas y Mateo,
~ue . son los únicos evangelistas que las refieren. Precisamente
esta doble versión es ~ la que levanta el problema de c6mo ha de
entenderse la Iglesia de los pobres. Pero e8ta doble versión que
mucho ayuda para la cabal comprensión de las blenaventurll11zas remi-
te a uni fondo común, que también es preciso examinar. serio las
dos partes de este pequeño trabajo.
Las bienabentoranzas •••• 2
1. ~ ~ versicSn de Mateos y ~
Lucal y Hateo abren el discurso inaugural de Jesús, que anun-
cia el estatuto del Reino, con el pasaje de las bendiciones y
maldiciones. Pero este pasaje es redactado de forma distinta por
uno y otro. Para resaltar la diversidad vamos a poner en doble
columna la versicSn de cada uno, proponiendo en primer lugar los
versícul08 que les 80n comune8 y luego los que no tienen parale-
lo directo, auqque esto implique un pequeño cambio en el orden
de Hateo, que pudiera tener alguna significacicSnl
Ht. 5, 3-12 Le. 6, 20-26
Dichos08 los pobres---------------------Dichosos 108 pobres
de espíritu-----------------------------·--·---------------
porque de ell08 e8 el Reino de los cielos/porque suyo es el Reino de Dios
Dichos08 los que tienen hambre----------Dichosos vds. que tienen hambre
y 8ed de justicia------------------------------------------
----------------------------------------ahora
porque serin (ellos) saciados•••••••••••porque seiin (vds.) saciados.
Dichosos los afligidos••••••••••••••••••Dichosos vds, que lloran
-------------------------------·_-------ahora
porque (ellos) serán consolados•••••••• -porque vds, reirán.
Dichosos serán ultedes, cuando•••••••• ·-Dichosos serán ustedes, cuando
···--·---·---·---··---------------------los hombres les odien
----------------------------.-----------y les excluyan
les insulten-------------------------·--e insulten
y persigan-.------.----.-.----.------.-----.------------.--
y digan todo mal contra ustedes-.-------y rechacen su nombre como malo
mintiendo··--·--·---------------·-----.--------·-----------
a causa de mí---·-------------·---·-----a causa del Hijo del hombre.
Regoc!jense--.--------------------------Regocíjense
------------------·---------------------en ese día
y IKl~~ exulten•••••••• --------salten de gozo
porque su recompensa•••• ----------------porque he aquí que su recompensa
es grande en los cielos---··------------es grande en el cielo
porque..x así---------------.--.----.---porque de la misma manera
ellos---·------······----------------···sus padres
han perseguido a los profetas-.------·--actuBron contra los profetas
que fueron antes de ustedes----.-.-------.-----.---------- •.
Dichosos los mansos
porque ellos poseeran la tierra
Dichosos los misericordiosos
porque ellos alcanza~n misericordia
Dichosos los limpios de corazón
porque ~ ellos verán a Dios
Las bienaventuranzas •••• 3
Dichosos los que hacen la paz
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Pero ay de ustedes lo. ricos,
porque ya tienen su consuelo.
Ay de ustedes los que ahora
están saciados
porque van a pasar hambre.
Ay de los que ahora
den
porque van a lamentarse y llorar
Ay si todo el mundo habla bien de vds
porque así es como los padres de ellos
trataban a los falsos profetas.
a) La comparación de los textos en 10 que tienen de versión li-
ten-ria JlIUestra, por 10 pronto, dos secciones que son propias y
exclusivas de cada uno de los evangelistas de modo que faltan en
el otro a son las maldiciones o imprecaciones de Lucas y las cuatro
bendiciones que Mateo propone y Lucas desconoce. Muestra, en se-
gundo lugar, algunas diferencias importantes aun en los mismos
textos comunes a
aa) donde Lc dice silllplemente "pobres", Mt dice "pobres de es-
píritu, donde Lc dice "hambre", Mt. dice "hambre (y sed) de jus-
ticia".
ab) Lc subraya la actualización de las bendiciones y su histo-
ricidad cuando dice, por ejemplo, que el hambre se da "ahora" y
que el~ llanto es de "ahora", mientras que Mt suprime el adverbio.
sc) Las tres primeras bendiciones de Mt son abstaactas en el
sentido de impersonales, mientras que las de Lc se refieren en se-
gunda~ persona del plural a oyentes presentes.
ad) Sin embargo, en la cuarta bendición (la octava y última de
Mt) ambos evangelistas coinciden en la segunda persona del plural
y en la referencia inmediafa a los oyentes.
ad) Hay todavía otras diferencias a reino de los cielos-reino de
Dios, afligidos-los que lloran, a causa de mí-a causa del hi~ del
hombre, etc.
Las bienaventuranzas ••• 4
Aunque es claro el fondo común de las dos versiones, son claras
también las diferencias. De aquL no se sigue que lo únicamente re-
velado es lo que ambas tienen de común e idéntico ni tampoco se si-
gue ~ue cada uno puede optar por la versión que más le convenga.
Más bien hay que llegar a una asimilación e interpretación de am-
bas dando aSL al texto evangélico toda su riqueza y complejidad.
En principio no puede pensarse que una de las versiones excluye a
la otra niIt siquiera que una supere a la otra, sino que deben verse
la una referida a la otra e interpretada por ella. Si fuera posible
alcanzar el fondo común del que parten y que se acercarLa más a lo
propuesto por el mismo Jes~s, tendrLamos una clave para entender el
sentido profundo común y tendríamos una pista para explicarnos cómo
y por qué ese fondo común fue reinterpretado de forma distinta por
diferentes comunidades, según sus propias necesiaades históricas.
Para lograrlo es menester analizar por separado 10 propio de Mt.
y lo propio de Le.
b) Interpretación de las peculiaridades de Mt
El texto de Mt, en lo que tiene de propio, parece muy espiritual
no tanto por lo que dice en sí mismo como por lo que han hecho de
~l exégesis espiritualistas o interesadas. Hasta tal punto que por
estos textos y por otros se ha llegado a plantear seriamente la cues-
tión de si el evangelio de Mt no es o no lo han convertido en una
evangelio para ricos (cfr. Sal Terrae 61(1973) pp. 5-17). Por eso
h~ que preguntarse hasta qué punto la versión mateana de las bien-
aventuranzas representa una idealización espiritualista.
ba) Comparado con el texto lucano hay ciertamente una idealiza-
ción y espiritualización, sobre todo si se lo lee como hoy nos lo
hacen sonar. La pobreza que Jesús bendiciría sería la pobreza espi-
ritual, el hambre y la sed que premiaría serían el hambre y sed de
justicia y no la condición material del pobre, del hambriento y del
sediento. Por otro lado, la contrapartida de la desgracia presente
se remitiría -cosa que no ocurre en Lc- a un futuro intemporal en
que "ellos" serán saciados y consolados y esto de un modo asivo y
~ -~, receptivo sin poner nada de su parte. En definitiva, se hablaría
.~ ,1,./ de un Reino de los cielos, donde se lrían a resolver los problemas
Las bienaventuranzas ••• 5
de este mundo sin que en la solución intervinieran positivamente
aquellos que en este mundo han sido oprimidos.
bb) Pero ya los propios textos de Mt, esto es, los no recogidos
por Lc -cuánto más los que son de Mt y Le- apuntan a una actitud
m&s activa y personal. Los mansos, los misericordiosos, los lim-
pios de corazón, los que hacen la paz no son ya gentes que sufren
lo que les viene encima, sino gentes que adoptan positivamente una
actitud y una forma de hacer, que se contraponen a las que son u-
suales en el reino de este mundo. Despu's se explicar& el signifi-
cado de cada una de esas bienaventuranzas propias de Mt, pero des-
de aquí conviene se~alar que representan un modo típicamente cris-
tiano, esto es. no mundano, de enfrentarse con la vida.
be) Es cierto que en Mt faltan las maldciones como su contra-
partida dlaléctica. Sin embargo, este hecho debe ponerse en línea
con otra constataclón evidente en el resto del evangelio de Mateoa
el evangelio de Mt abunda de maldiciones y de ataques directos,
de modo que las bendiciones deben leerse en todo el conjunto pro-
cesual de la narración mateana. Tenemos, por ejemplo, el "no pien-
sen que ha venido a sembrar la paz en la tierras no he venido a
sembrar la paz sino espadas"(10, 34), Jesús~ llama a fariseos y
saduceos "generación perversa y adúltera"(16,4). dice que "es más
r&oi1 que entre un camello por el ojo de un aguja que no que en-
tre un rico en el Reino de Dios" (19. 24). Mateo narea la expul-
si6n violenta de los vendeeores del tempto. Y para finalizar están
todas laa violentas invectivas del capítulo 23 contra los escribas
y fariseos, entendidos como jefes del pueblo, al que no hacen sino
oprimir y vejar. ¿Es que Jesús no se aplicó a sí mismo el espíri-
tu de las bienaventuranzas? O. más bien, ¿es que el espíritu de
las bienaventuranzas se historiza de modo distinto cuando se le
opone un mundo de injusticia p de opresi6n.
bd) y es que, incluso tal como aparecen en el texto de Mt, las
bienaventuranzas no son tan idealistas y espiritualiz.das como se
quiere hacer ver.
Por lo que toca a los "pobres de espíritu" no se puede decir
~ que la bienaventuranza esté recompensando a los que siendo ricos
se sienten pobres espiritualmente sino en primer lugar a los que
Las bienaventuranzas ••• 6
siendo realmente pobres aceptan con espíritu su pobreza y hacen de
ella principio de salvaci6n. La bienaventuranza es prometida no a
los ricos sino a los pobres que asumen su condici6n. Tiene rqzón
H. Oibelius cuando afirma que la primera bienaventuranza no glori-
fica al proletariado como tal, pero la tendría mayor si nos dijera
qué es lo que necesita el proletariado o su equivalente histórico
para llegar a ser ·pobre oon espíritu", esto es, para cristianizar
su pobreza. Es difícil negar que el proletariado o su equivalente
histdrico sea el que en principio tiene las máximas condiciones
para asumir el espíritu cristiano y acometeex la salvación histd-
rica.
Inclsuo autores tan ..cderados como Bonnard interpreta que "estos
pobres son los que por una larga experiencia de la miseria econ6mi-
ca y aocial han aprendido a no contar más que con~ la salvacidn de
Oioa. se trata de un condicidn humana matetial y espiritual a la
vez que eLlntiguo Testamento ya conocía. No es que con eso se cie-
rre el campo de la bienaventuranza a los que son material y econd-
micamente pobres y oprimidos I por un lado. la pobreza material aun-
que ea lugar privilegiado de salvación no realiza todas sus vi~tua
lidades si no es concientizada y espiritualizada adecuadamente I
por otro lado, le tiqueza no es siempre y en absoluto negacidn de
la salvacidn. aunque siguiendo la antigua terminología habría que
decir que el princeps analogatum de la salvacidn, aquel a quien se
reflere primariamente y por sí mlsmo, es el pobre con espíritu,
mlentras Que 108 ricos esplritualmente pobres son sujeto de salva-
c16n derlvadanente y en relaci6n con los prlmeros.
finalmente convlene recordar un texto que ha sido descubierto
reclentemente en el Rollo de la Guerra de Qurnran, donde se ha en-
contrado la mlsma expresi6n de "pobres de espíritu". Dice así el
texto, "y da flrmeza a los que les tiemblan las rodillas ••• y todos
los pueblos orgullosos ser!n aniquilados por los pobres de espíri-
tu", donde los pobres de esptritu que aniquilarán a los orgullosos
son preclsamente los oprimidos por los hombres violentos. Tal vez
sea exagerado relacionar directamente los pobres de espíritu de
~ Qumran con los pobres de espíritu de Mateo en su actitud violenta
e. .1 ; , contra los opresores y en su seguridad de triunfo final, pero más
eXaPerado resultaría hacer de él una lectura puramente espiritualis-
Las bienaventuranzas ••• 7
ta, sin relación alguna con las bases materiales de la pobreza.
Por 10 que toca a los que tienen "hambre y sed de justicia", es
cierto que Ht espiritualiza la expresión mucho m&s desnuda de Le.
Pero no por ello se habla aquí de justicia en el sentido de la justi-
ficación paulina aunque tampoco de la justicia social, sino del ve-
redicto soberaao de Dios que libera a los oprimidos. sería erróneo
pensar que Ht se está refiriendo directamente a la santidad ética o
al perdón de los pecados sino que est' fij&ndose en el Dios que hace
justicia, al Dios que puede realizar plenamente su Reino. El hambre
y la -.d de esta justicia de Dios, de este su hacer justicia, ser4
satisfecha. se está clamando por una presencia de la justicia de Dios
y se pro..te que ~se clamo. va a ser satisfecho.
Laa bienaventuranzas que son propias y exclusivas de Me proponen
algunas característicaa del espíritu que debe animar a los pobres.
Son forasa de explicitar quienes son los pobres en su espíritu,quie-
nea aonlos pobrea con espíritu. Los materialmente pobres, los social-
.ente empobrecidos deben recu,erar activa y libremente su condición,
sin 10 que no tendrin conciencia de lo que son ni podrin actuar como
son. As! como se habla de conciencia de clase habría que hablar de
conciencia de la propia condición de pobreza, pero de una conciencia
activa, que apoyada en la realidad de la pobreza la dinamice y la
oriente. Esto habrá de hacerse según sean las causas y las condicio-
nea de la pobreza en cuestión, pero también según 10 que es el espí-
ritu cristiano, que promueve ciertas actitudes fundamentales, que
pueden ••r muy distintas de las propuestas por otras orientaciones
frente a la misma realidad de la pobreza.
La primera de estas características es la mansedumbre en el senti-
do d8 la no violencia. El propio Mt ha recogido el que Jesús se mos-
traba como manso y humilde de corazón. Pero el mismo Mt muestra a
Je-ús violento con quienea ponían cargas intolerables sobre las es-
paldas de los más débiles. De este bienaventuranza, por tanto, no
S8 puede concluir enf favor de un pacifismo a ultranza o de una re-
signación pasiva, cuando la situación histórica exige la decisión y
la firmeza. Lo que sr puede deducirse es que el cristiano, como Je-
s~s, es en el fondo de su corazón manso y humildet no es de corazón
pendenciero o revanchista y prefiere los caminos de la paz. Precisa-
Las bienaventuranzas ••• 8
. .nce por ello puede ser m&s libre y más humano en los enfrentamien-
Cos nece.arios, que no nacer&n de reacciones psicológicas sino de
exigencias cal vez dolorosas de la realidad. A estos mansos se les
pro_te 00.-0 recolIP8nsa la posesión de la tierra. Aunque con esta
expresión .e formule de forma distinta una misma promesa común con
la de la. oCras bendiciones, no es desdeñable el simbolismo de la
for-a disCinta. Por un lado da cierta maCerialidad tangible a la pro-
_sa del Reino, por OCro pone en conexión la posesión de la tierra
nueva con la verdadera aansedumbre cristiana.
1.& sesuoda característica es la misericordia, pues los misericor-
diosos son ~uellos que se compadecen de los aflijidos y ejercen con
ellos aisericordia. No es suficiente la mansedumbre sino que junto
con ella y IIOdulMdola debe ir un sentir el dolor ajeno y un contri-
buir a curar ese dolor. Esca actitud es todo 10 contrario de la indi-
ferencia o de la permisividad ante los males de esCe mundo,sobre to-
do los que aflijen a los demis. Todo 10 que pueda implicar de bene-
volencia con quienes son d'biles o ya han sido derrotados, implica
de intolerancia ante lo que aflije a los más pequeños. Resuena aqur
tanto la liturgia de los salmos COllO los reclamos de los profetas
y co-a fondo ha de aencirae la idea de que seremos medidos conforme
a la _dida con que midamos a los demás.
La Ceroera caraccerística es la limpieza de corazón, donde por
li~ieza de corazón ha de ent~rse un corazón sincero y no dividi-
do, leal aervidor de Dios y de los hombres. A este limpio de corazón
se le promete la visión de Dios. Esta simplicidad de intención tan
reclaada en el Se~n de la Montaña es la que se expresa con esta
fórmula de la limpieza de corazón, que en sr misma no se refiere al
teu disU nto de la castidad.
La cuarta característica es la del trabajo por la paz. No se ben-
dice priaartlllllente a los no pertur1tadores shno a los que positiva-
mente laboran por la paz. El evangeUtsta está claro que no es preci-
samente paz lo que más abunda en el IllUDdo, por eso rec18llla un traba-
jo por la paz. La paz es ciertamente una promesa del Reino, algo que
los hombres deben buscar, pero es la respuesta de Dios puesta en re-
-' ~lación con los que luchan por ella. según sean las circunstancias his-
- .1
tóricas por las que se da esa falta de paz, asr el. hacer la paz to-
mará unas características u otras.
Las bienaventuranzas ••• 9
Estas breves reflexiones sobre lo que Mt tiene de propio y exclu-
sivo en las bienaventuranzas muestr~l qee no se justifica el uso
que se quiere hacer de su versi6n. Mateo subraya ciertamente algu-
nas disposiciones fundamentales del invitado al Reino, disposicio-
nes que luego desarrollar' a lo largo del serm6n del Monte, pero no
por ello se olvida de la base real sin la que esas disposiciones
serían pura fantasía. El ejemplo mismo de Jesús a lo largo de su
vida es el mejor modelo de e6mo deben cumplirse, de c6mo han de ir
adquiriendo un contenido real concreto.
No puede olvidarse finalmente que lo propio de Mt no es todo lo
que Mt dice en el pasaje de las bienaventuranzas pues tiene zonas
comunes con Le. Ni puede desconocerse la necesidad de interpretar
lo que le es propio desde lo que es diferenciativo de Lc y también
de lo que le es común con él. Lo mismo que ha de hacerse con Lc.
c) Interpretaci6n de las peculiaridades de Lc
A Lc se le ha llamado el evangelista social por su preecupaci6n
un tanto violenta por la desigualdad entre ricos y pobres. El seña-
lamiento es tanto más significativo cuanto que es también elevange-
llsta de la misericordia y el perd6n, el evangelista de la gracia.
En lo que toca a las bienaventuranzas le son propios y diferenciati-
vos dos aspectos fundamentales I el realismo de las bendiciones y la
presencia de las maldiciones.
ca) El realismo de las bendiciones estriba en que Lc habla de
los pobres sin mis, de los que tienen hambre material y de los que
sufren hasta la8 lágrimas, esto es, no esparitualiza ni idealiza
la pobreza, el hambre o las lágrimas I basta con que se den para que
merezcan la bendición de Olas. Y habla de todos los que están en
esa condición, como si estuvie.an presentes,como si Jes~s estuviese
rodeado de ellos y les prometeeta en directo una solución a sus pro-
blemas o, por lo menos, un espLritu nuevo para buscar la solución.
MAs aún, por dos veces repite el "ahora", esto es, quiere subrayar
la situación de los que aqur y ahora tienen hambre, son pobres, es-
tán llorando.
Las bienaventuranzas ••• 10
Este realismo indica quiénes son los verdadera y pleanmente bien-
aventurados, qui'nes son en consecuencia los~ primeros en el Rei-
no y quiénes los destinatarios privilegiados del mensaje y de la ac-
cicSn de Jesús. Son los pobres sin m&s, los pobres que rode.BOn a
Jesús en su vida blstcSrica. Ser& más difícil puntualizar cuál es el
camino por el que estos pobres, sin dejar de serlo, van a consti-
tuirse en bienaventurados. Pero resulta claro que son los pobres,
cuya característica primaria y radical es la miseria social, los
que, por el ...ro hecho de ser pobres, son término preferido de la
bendicicSn de Dios, de la bnevolencia divina. MAs aún, las otras dos
bienaventuranzas (los que tienen hambre ~ los que lloran) son dos
explicaciones del primer t'rminol los actual y materialmente pobres.
Por eso ea un error aituar en la misma linea de la pobreza a todo
el que aufre, a todo el que lloral los pobres que aqUL se nombran
son, ante todo, loa pobres materiales que se definen por sus contra-
rios los ricos y, ~s en general, los que son pobres injustamente
como resultado de la accicSn de los poderosos. Asimismo es de notar
que no se habla aquí directamente del pobre en singular sino de los
pobres que forman cuerpo, pues la bienaventuranza no se detiene en
un caso singular y casual sino en algo que llama la atencicSn por su
volumen 80cial y por su gravedad religiosa e histórica.
Ciertamente los "pobres" son un término de gran riqueza en la
Escritura, pero no por ello puede hacerse de la pobreza una catego-
rLa meramente espiritual, que perdiera su radicacicSn primaria en
lo que es una determinada y prcisa situación social e histórica.
La situación social e histórica puede ser muy diferente según sea
el estado de desarrollo de las distintas formaciones sociales 1 no
son los miSlllOS los pobres en el mundo noroccidental que en el mundo
socialista o que en el mundo del subdesarrollo y de la dominaciónl
de ahí que no serra acertado definir de una vez por todas quiénes
son los pobres. Pero siempre quedará en pie la idea de que son po-
bres los injustamente desfavorecidosy desposeidos, los oprimidos,
aunque esta opresión injusta o, al menos, no directamente culpable,
pueda tomar formas distintas según el estadio de desarrollo en que
esa pobreza tenga lugar.
cb) La presencia de las maldiciones ratifica el realismo de Le
aSL como el car~cter realista de todas sus bienaventuranzas. En las
Las bienaventuranzas •••
maldiciones de Le se arremete contra los ricos sin más, contra
los que estin realmente saciados ahora, contra los que ahora
ríen, contra los que son alabados y estimados por el mundo. No
se trata aquí tampoco prtmariamente de disposiciones espiritua-
les sino de situaciones reales, no se trata ni tan siquiera de
actitudes sino de determinaciones caasi-físicas. Basta con ser
ricos, con estar saciados, etc. para merecer la imprecación de
Jesús, lo cual ~ significa necesariamente que cualquier riqueza
merezca la misma condenca, aunque sí significa que cualquier ri-
queza para no ser condenada debe buscar una justificación, ya que
el hecho mismo de ser rico es en determinadas situaciones histó-
ricas indicio, que habr4 de aclararse, de que algo marcha mal.
HAs aún, . . maldici6n no se formula abstractamente (riqueza, sa-
ciedad) sino concreta y grupalmente (ricos, saciados), no es que
la riqueza tenga peligros sino que es algo misa es que el grupo
de los 1-ricos .... el que como grupo nada tiene que esperar del
Reino de Dios, si no entra en camino de conversión a través de
la pobreza.
Que estas afirmaciones suenen duras no es de extrañar. Por
ello han sido disimuladas en muchas fases de la predicación cris-
tiana. Si hubieran sido pronunciadas hoy serían anatematicadas
como subversivas, COIlO suscitadorea del odio y de la lucha de
clases. Sin embargo, la Iglesia ha tenido el coraje de consevar-
las al correr det. los siglos y los mejores de sus hijos desde
los primeros Padres de la Iglesia hasta los mejores profetas de
nuestros días no han dudado en repetirlas, en roforzarlas y en
aplicarlas a las diferentes situaciones. La famosa y terrible
frase de San Jer6nimoa "pues todas las riquezas descienden de la
injusticia y, sin que uno haya perdido, el otro no puede hallar.
Por eso me parece a mr, que es verdaderísimo aquel proverbio co-
mún. el rico o es injusto o es heredero de un injusto", es un
recordatorio y una actualización del problema planteado por las
maldiciones de Jesús como parte ~ k m r integrante de las
bendi ciones.
Ciertamente todas estas afirmaciones deben historizarse, esto
es, deben cobrar realismo hist6rico según las distintas situacio-
Las bienaventuranzas ••• 12
nes y 'pocas. deben ser lerdas según su propio género literario
y deben ser completadas por el conjunto del mensaje cristiano. To-
do eato es cierto. Pero ni la historización. ni la lectura crrtica
ni los co~leaentos pueden llevar a una interpretación contraria o
sl~le. .nte ajena a lo que dice el texto en toda su crudeza literal.
S1 Mt noa .-puja con razón a espiritualizar y dar sentido profundo
al hecho bruto. Lc nos e.-puJa con la lÚama razón a mterializar y
dar eficacia real a loa planteamientos mis idealizados. La dureza
l~recatlva que ae da en el tecto de Lc -y las acciones que se sl
suen de eata actitud- no debe llevar a la negación de la mansedum-
bre. de la lI1 ..rtcordla. etc. Pero la predicación de la mansedum-
bre y de la lI1 ..rtcordia no deben anular la dureza il1lprecativa y la
radlcalldad de la postura criatiana. Difícil tarea aln duda la de
unl!lcar diallctiea-ente abas di_nsionea sin I18ngua de ninguna de
llaa. pero tarea aln la que no puede darse un verdadero crlstianis-
-a.
L contrapoaiclón formal entre las bendlciones ~ las maldicio-
n ne n contradlcclón dlvidida a los grupos sociales. de un la-
do. lo ricos. lo hartos. los q& rr n y d.n otro 108 ~ pobres.
lo h brt nto • los que lloran, loa menospreciados. No slgnifica
to ni 1 reconoci lento d cl s s estrictamente tales ni. menos
• la proclam ción d una lucha d clases en elevangelio de Lc.
ba o. la in ición d la oposición fundamental no sólo está
r nocid procl da. Es un oposición que aparece ya en el
d p n boca de la Virgen María,
bl n y a los ricos los despidió
(1.53). En rapo lclón, Dios está de un lado y está
ri hac n pobres y los pobres.
o dIos d más y los despo-
on activ ment parciales.
c sltuación social. ha reco-
nocl o und ntal d 6ndole predominan-
lado con ojos cristlanos y no ha du-
r taclón teológica involucrando en es
no qu ~ lelo catoló~lco d Olas. La histo-
la al clón no p d r I 8S aIda a e t hecho.
Las bienaventuranzas •••• 13
Aunque, como se acaba de mostrar, son notables las diferencias
entre los dos evangelistas no pueden menos de reconocerse elemen-
los comunes,que permiten hablar de un fondo común y aun de una
fuente común. Esta fuente serra el llamado documento Q, que Mt y
Lc tuvieron a su disposición y no Marcos, lo cual explica por qué
este no hace mención expresa de este pasaje fundamental.
Tiene importancia ir en busca de este fondo común, porque nos
acercaría de algún modo a 10 que realmente sintió y proclamó Je-
SÚSI la tiene asimismo porque permite acercarse a una especie de
núcleo originario, que sirve de contraste para entender la pecu-
liaridad de sus derivaciones y el sentido original y originante
que les compete. Pero el reconocimiento de esta importancia no sig-
nifica la anulación de la que tienen los textos diferentes , esto
es, la diferencia de los textos I en primer lugar, porque son los
textos diferentes los que ofrecen la base documental p.ra retro-
traemos a su origen y, en segundo lugar, porque representan un
primer esfuerzo de historización autorizada, que marca la pauta
para sucesivas h1storizaciones.
En este fondo común puedenz reconocerse dos secciones bien~
diferenciadas I la primera sección comprende las tres bendiciones
iniciales y la segunda la cuarta.
a) Lo esencial de las tres primeras bienaventuranzas estaría
dado en la versión de Le, tal vez con el arreglo de poner en se-
gunda persona lo que estaría inicialmente en tercera personal
Dichosos los pobres, porque de ellos es el Reino,
dichosos los afligidos, porque serán consolados,
dichosos los hmabrientos, po~que serán saciddos.
Tomadas estas tres bienaventuranzas como texto. nuclear no o-
frecen en su literalidad especial novedad respecto de lo~ que se
enseñaba en tiempo de Jesús. Los salmos y los profetas están llenos
de expresiones similares y los escritos de Qumran muestran que es-
ta especial atención a los pobres y afligidos era una tónica co-
Las bienaventuranzas ••• 14
m;n, en quienes ~vían intensamente ~ su fe y no habían
sido corrompidos por los poderosos de la sociedad. según Boismard
el fondo de las bienaventuranzas pertenece a los salmos y a la
literatura sapiencial y es en esta literatura donde habría de bus-
carse el significado fundamental de las bienaventuranzas. Jesús
no estaría prometiendo la riqueza a los pobres como resultado de
la restauración política de la dominación de Israel sobre su mun-
do circundante, seguida de una prosperidad material basada en el
despojo de las naciones sometidas, sino que estaría prometiendo
el reino de los cielos, esto es, la posesión de Dios y la vida
con Dios. La idea primera no sería la de una revancha de los po-
bres sobre los ricos, sino la de una afirmación de que aun los
desheredados de este mundo no deben desesperar, pues su dicha es-
tá asegurada en Dios. ¿Es esto así? ¿Es esta la lectura correcta
de las bienaventuranzas?
Si se admite la hipÓtesis de que el sermón del Monte reproduce
en 10 esencial el primer estrato de la predicación de Jesús, aun-
que no sea necesariamente el primero en sentido estrictamente cro-
nológico, podría admitirse que las bienaventuranzas no tuvieran
un sentido tan conflictivo como el que propone Lc ni tan elabora-
do teológicamente como propone Mt. Sólo más tarde, cuando el ejer-
cicio de su predicación le fue mostrando a Jesgs la verdad últi-
ma de 10 que anunciaba y la verdad de la situación en que predica-
ba, su mensaje se habría ido radicalizando. Pero en este hipÓte-
sis habría que interpretar el sentido definitivo de las vienaven-
turanzas desde todo el curso histórico de la vida de Jesús hasta
su culminación en la muerte Violente y no como una sección que tu-
viera de por sí un sentido definitivo. Desde este punto de vista
la verdad desarrollada e histtorizada del mensaje primero de Jesús
estaría en la lectura que de él hicieron las comunidades primiti-
vas de Mt. y Le.
Sin embargo, aun manteniendo el carácter primerizo del fondo
más primitivo de las bienaventuranzas, lo menos que habría de ad-
mitirse es la especial significación que para Jesús tienen los
pobres, los afligidos, los hmabrientos. Estos son los primeros en
elXKk reino, un reino que no~ puede concebirse en los términos,
Las bienaventuranzas ••• 1~
que insinúa Boiamard. No es que "aun" los pobres pueden encontrar
consuelo en Dios sino que los pobres son aquellos que por antono-
masia van a encontrar su plenitud en el reino, un reino que supo-
ne, aunque sea ut6picamante, la presencia triunfante del bien~ y
de la justicia de Dios en la historia de los hombres. De ahí que
tampoco pueda concebirse adecuadamente el reino como una vida in-
terior en Dios y con Dios, que compensara los sinsabores y la des-
esperanza de la vida reall la misma manera concreta de presentar
las necesidades y su remedio aboga por una presencia histórica
dtl reino, por difícil que parezea su historiCidad. El jalón utó-
pico del reino lleva a la transformación de la historia, en espe-
cial de la historia de opresi6n, con lo que el reino deja de ser
una meta transhistórica para convertirse en un principio históri-
co de efectividad real.
y es que no resulta suficiente apelar alfondo sapiencial~ del
Antiguo Testamento p.ra encuadrar el. significado de las biena-
venturanzas. No en vano el evangeloo pone al comienzo de la predi-
cación de Jesús la resonancia de un texto profétiCO' "el espíritu
del Señor Jahvé está sobre mí, porque él me ha ungido y me ha en-
viado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los
corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos
y a los prisioneros lal libertad, para proclamar el año de gracia
del Señor, el día del desquite de nuestro Dios, para consolar a
los afligidos ..... (Is 61, 1-2). No~ puede decirse que el signifi-
cado real del día del desquite y del año de gracia hayan perdido
en boca de Jesús todo su contenido material e histórico. Pensarlo
así serta juzgar que Dios sólo puede intervenir en el campo de
las conciencias individuales y no a través de hechos y movimien-
tos hist6ricos, capaces de realizar el año de gracia y de cumplir
el día del desquite. El anuncio de las bienaventuranzas se centra
en el reino y pone en conexión la presencia de Dios con el reme-
dio histórico del hombre. Es cierto que en ellas aparece más el
don de Dios que la acción del hombre, pero este don de Dios elige
al que no tiene nada, al que es oprimido, para ser el signo de su
presencia y de su bienaventuranza. Los pobres son los bienaventu-
rados y, por lo tanto, son los primevos en elreino.
Las bienaventuranzas ••• 16
b) La cuarta de las bienaventuranzas comunes tiene otras carac-
terísticas. Es improbable que Jesús la formulase al principio
de su predicación, pues se refiere a la persecución que sufri-
rían sus discípulos por causa de su nombre. Repre~nta más bien
una lectura de la persecución histórica de sus discípulos desde
la vida de Jesús y de lo que le había ocurrido en el anunico
del reino. Pero, por otro lado, el que ambos evangelistas la ha-
yan situado K8a junto a las otras bienaventuranzas, fuera de po-
sibles expliecaciones puramente literarias, apunta a una inten-
cionalidad. la de poner en relación las otras bienaventuranzas
con ésta y a ésta con las otras. se Dluminan así mutuamente.
Una pista para dar con su significado profundo está en la re-
ferencia a los profetas. les persiguen como persiguieron a los
profetas, como sus padres persiguieron a los profetas así ellos
l's persiguen a ustedes. La equiparación no se reduce a la per-
secución sino que se extiende a la causa de la persecución. los
profetas fueron perseguidos y muertos por ser profetas, esto kes,
por poner en indisoluble conexión las exigencias del reino de
Dlos con la realidad de la historia. La unidad entre el AntDguo
y el Nuevo Testamento se sitúa precisamente en la perseverancia
de la oposición humana a los testigos de Dios, subraya Bonnard.
y es que quienes tienen embarcado el nombre de Dios en defensa
de intereses injustos no peeden tolerar que precisamente en nom-
bre de Dios se dinamiten sus intereses. Lo que en ellos es pura
cobertura ideológica se convierte en lacerante palabra de Dios,
cuando entra en escena el profeta.
se trata, pir tanto, de una persecución profética. Es proba-
ble que tanto Lc como Mt se est~n refiriendo en un primer plano
a la persecución de los nuevos cristianos por parte de los ju-
díos, que los empiezan a expulsar de las sinagogas (Mr no hace
alusión a la expulsión, porque probablemente su comunidad no ha-
bía roto definitivamente los lazos conka las comunidades judías).
Pero este fenómeno, aparentemente religioso y sólo religioso,
debe ser leido en el marco interpretativo de la historia de Je-
SÚSI la predicación y la acción de Jesús no conmovieron tan sólo
Las bienaventuranzas ••• 17
el ámbito de los poderes religiosos sino a la par el ~mbito so-
cial y político. No en vano se sitúa esta bienaventuranza como
colofón de las otras tresl recibe de ellas una clara dirección
y, por otro lado, sirve de confbrmación del sentido histórico
en que deben ser entendidasl los pobres van a ser perseguidos,
precisamente porque su pobreza bendita desde la perspectiva del
reino es maldita desde la perspectiva de los interese. contra-
rios al reino. Aunque Jesús no la pronunciara -y menos en este
lugar- la comunidad primitiva supo donde colocarla teológica-
mente, quedaba iluminada en el conjunto de las otras bienaven-
turanzas (también tiene como promesa el cielo), pero servía de
concretización histórica y de prueba real a laa otras tres.
Por eso la determinación de la causa de la persecución ("a
causa de mí" en Mt, "a causa del hijo del hombre en Lc) lleva
consigo todo lo que fue la vida de Jesús. Esto es importante,
porque no toda persecución, que hayan podido sufrir los cris-
tianos, ha sido en el nombre de Jesús y por ser sus seguidores
históricos sino a veces por defender intereses que no son cris-
tianos, que poco tienen que ver con el reino de Dios. De ahí
que la .ectura de Lc ("a causa del hijo del hombre"), por expre-
sar lo que fue la vida histórica de Jesús y por poner de relie-
ve su interpretación escatológica, pueda prestarse menos a des-
figuraciones consciente o inconscientemente interesadas.
En contrapartida sólo cuando hay persecución puede hablarse
de fidelidad a la causa de Jesús. En un mundo de pecado y de
injusticia la presencia de Dios sólo puede despertar contradie
ción y oposición hasta la cruz. No sólo la vida de Jesús sino
toda la tradición profética e innumerables testimonios del Nue-
vo Testamento apelan a esta prueba de la persecución, sin la
que al~o falla en el anuncio y la realización del evangelio.
Quitar de éste lo que pueda herir a quienes pueden matar porque
tienen en sus manos los poderes mortíferos de la tierra, es trai-
cionarlo. Pero la promesa de Jesús que anuncia la persecución,
anuncia también la recompensa del triunfo definitivo. Ningún lí-
mite histórico cierra el futuro esperanzado del seguidor de Jesús_
Las bienaventuranzas ••• 18
3. Consideraciones finales
Las bienaventuranzas no son afirmaciones meramente declarati-
vas sino que implican una declaración de intenciones. Cuando di-
cen, por ejemplo, "bienaventurados uds. los pobres" no sólo están
constatando que hay una promesa divina en favor de los pobres sino
que estM proponiendo un consejo, un mandato! "sean pobres". La
recompensa prometida debe animar a los discípulos, pero,sobre to-
do, muestra el valor intrínseco de una conducta y señala cuál es
la voluntad del Dios de Jesús. De ahí que su significado profun-
do y Su lectura adecuada es! háganse pobres mientras haya pobreza
en el mundo, pónganse en el campo de los pobres. Que éste sea el
sentido último de las bienaventuranzas lo muestra la propia vida
de Jesús y la llamada que él hizo a todos cuantos quieren seguir-
le. No puede elvidarse que también Mt propone el caso del joven
rico, que no se atrevió seguir a Jesús por el peso de las riquezas,
a las que dió más fé que al propio Jesús.
Son asimismo afirmaciones dialécticas, aunque con una precisa
articulación!
Dichosos los pobres "porque" suyo es es el reino de Dios
Dichosos los hambrientos "porque" serán saciados •••
Esta articulación primera que muestra la acción desde el lado
de Dios, que se convierte en el garante absoluto, está relaciona-
da con una segunda articulación, que indica la necesidad de los
pobres y de la pobreza para que se realice el reino!
SUyo es el reino de Dios "porque" son pobres
serán saciados "porque" están hambrientos •••
Finalmente esta doble articulación exige llevar a la par la
acción de la pobreza y la construcción del reino, concebir de tal
modo la actión de la pobreza que Rita esa acción vaya siendo la
respuesta, el comienzo de la respuesta. Dicho en otros términos,
la pobreza que se bendice es aquella que va superando activamente
la limitación de la pobreza en la construcción del reino donde ya
no habrá 8pobreza opresora alguna. La primera bienaventuranza no
~e presenta aer con la misma consecuencia lótica que las demás!
Las bienaventuranzas ••• 19
mientras al hambriento se le promete la saciedad y al que llora
la alegría, al pobre no se le promete la riqueza sino el reinol
un reino ciertamente en que habrá paz, alegría, presencia de
Dios, pero un reino que no puede ser descrito adecuadamente en
términos de riqueza histórica. En el reino habrá abundancia para
todos, pero nadie se podri considerar rico en contrapartida con
el pobre y en contraposición con él. El futuro que todas las bien-
aventuranzas anuncian es un futuro que ha de irse realiaando. no
obstante que tenga siempre un carácter de recibido y de gracia.
El -ser pobres-, el sufrir activamente, es, por tanto, una condi-
ción elegida históricamente porDios para realizar a través de
ella la plenitud del hombre. Precisamente por su car4cter histó-
rico y material dan al Reino todo su valor histórico.
Si consideramos que las bienaventuranzas abren el 5ermPOK de
la Montaña y que 10 dicho en ellas (admitidas todas las elabora-
ciones posteriores) representa el primer estrato de la predica-
ción de Jesús, nos encontramos que ésta arranca de una constata-
ción socio-histórica. Jesús anuncia el reino desde la existencia
real de los pobres, de los hmabrrentos, de los que 110ran••• Su
predicación no es abstracta y general, universalmente unívoca
sino plenamente histórica referida a la situación individual y
social, que era la predominante en su época. Su evangelio es,
ante todo, un evangelio en favor de quienes en el reparto del mun-
do han recibido la peor porción.
En una sociedad no sólo pobre sino dividida Jesús se ~uso cla-
ramente del lado de los oprimidos, dando así una pauta definitiva
de 10 que debe ser la fe cristiana y de lo que debe ser la Igle-
sia. 'o se trata únicamente de que se ponga a su favor, de que
les tenga simpatía o misericordia sino de que les sitúa en el lu-
gar central de la salvación y en la posición principal del reino.
Son pobres, ademAs. que est4n contrapuestos a unos determinados
ricos hasta el punto de que para unos son las bendiciones cristia-
nas y para los otros las malliciones cristianas. Sin embargo, el
reconoci~iento de los pobres como sujeto primario de la historia
de la salvación no supone la afirmación de una especie de ~ opere
~. J
Las bienaventuranzas ••• 20
operato de la pobreza. Aunque el hecbo mismo de la pobreza injus-
tamente padecida (cuanto más la voluntariamente aceptada o busca-
da) implique en sr mismo una benev~lencia y una gracia de Dios,
Jesús reclama llevar esa pobreza a un estadio consciente y acti-
vo. La pobreza misma puede ser eorrompida y para que no lo sea
Jesús propone situarla en la actividad propia del Reino.
Por eso, aunque pudiera parecer una desviación del texto lite-
ral, la traducción real de los pobres de esprritu es la de "po-
bres con espíritu·, esto es, pobres que asumen su pobreza real
en toda su inmensa potencialidad humana y cristiana desde la
perspectiva del reino. No basta con el hecho material de la po-
breza como no basta con la sutitución de la pobreza material por
una intencionalidad espiritual. Hay que encarnar e historizar el
espíritu de pobreza y hay que espiritualizar y concientizar la
carne real de la pobreza. La Iglesia, una Iglesia de los pobres,
tiene como misión singular esta espiritualización de la pobreza,
esta elevación a conciencia de lo que es en sr misma la pobreza
como opresión y como principio de liberación. Esta es una tarea
suya inl.,pensable e insustituible. Los evangelios no nos mues-
tran que Jesús tomara accciones organizativo-polrticas para re-
solver históricamente el problema de la pobreza, sin embargo, su
predicación del reino a los pobres se presenta como un elemento
esencial para que no sean manipulados sino que alcancen todas
sus potenciales virtualidades. La conciencia criatiana de la po-
breza se presenta asr como uno de los aportes fundamentales al
problema histórico de la pobreza, es un aporte no suficiente pero
sí necesario.
Vistas en su conjunto, las bienaventuranzas pueden verse, en
definitiva, como carta fundacional de la Iglesia de los pobres.
La Iglesia de los pobres no puede construirse al margen de las
bienaventuranzas. Alcontrario, es quien mejor puede entenderlas
y llevarlas a la práctica. Por eso es bienaventurada y por eso
es camino para el reino.