Unidad 5
ECONOMIA Y POBLACIÓN
Población se entiende un conjunto de individuos, constituido de forma
estable, ligado por vínculos de reproducción e identificado por
características territoriales, políticas, jurídicas, étnicas o religiosas... Una
población, pues, se definirá como tal si tiene continuidad en el tiempo y
si esta continuidad está asegurada por vínculos de reproducción que
ligan padres e hijos y garantizan la sucesión de las generaciones.
Finalmente, una población se define también por las características que
trazan su perfil y sus límites.
Los límites y fronteras de las distintas poblaciones son tales que los
agregados así definidos asumen su propia autonomía y estabilidad,
reproduciéndose y conservándose durante el tiempo.
Una población, tal como se ha definido, tiende a perpetuarse y a
permanecer en el tiempo, pero ello no significa que sea eterna...
Una población se extingue porque la natalidad es insuficiente para
compensar la mortalidad, o porque poblaciones inicialmente distintas se
fusionan entre sí.
Hasta hace poco, en el campo de la demografía, el tema más recurrente
era el aumento de la población. Y todavía hoy, lo vemos aparecer con
frecuencia en ciertas opiniones publicadas. Que la población mundial ha
aumentado de manera acelerada es algo evidente. Se estima que a
comienzos de la era cristiana la población mundial comprendía 200
millones de personas. La mortalidad era alta -pocos sobrevivían los
primeros años de vida- y la esperanza de vida al nacer no llegaba a los
25 años. Debido a estas precarias condiciones, la población mundial
tardó 1.550 años en duplicarse, y sólo hacia 1800 el mundo llegó a la
cifra de 1.000 millones de habitantes.
La revolución industrial cambió este panorama de forma radical. Gracias
a los avances científicos y tecnológicos de los últimos 200 años, la
mortalidad infantil se ha reducido espectacularmente; en términos
mundiales, a principios de siglo era del 150 por mil y actualmente ha
descendido al 45 por mil. De la misma forma, la esperanza de vida
media mundial, hace 100, años era de 49 años; hoy llega a los 72. Así
se explica que en 1960 la población mundial llegara a 3.000 millones de
personas; en 1987 se alcanzaron los 5.000 millones y en noviembre de
1999 el mundo tocara los 6.000 millones de habitantes.
Las teorías malthusianas
Estas cifras reflejan el progreso de la humanidad y deberían ser motivo
de satisfacción. Sin embargo, ya a finales del siglo XVIII, Thomas Robert
Malthus, en su famoso libro "Ensayo sobre el principio de población",
aparecido en 1798, dio la primera nota pesimista ante el crecimiento
demográfico, pretendiendo que a causa del desequilibrio entre el
aumento de la población, creciendo en progresión geométrica, y el de los
medios de subsistencia, que, según él, crecerían sólo en progresión
aritmética, el control de la natalidad -que por cierto, él, que era clérigo,
basaba sobre todo en la continencia- era indispensable para la
supervivencia de la Humanidad. Esta teoría fatalista, que, desde luego,
Malthus no logró probar, a pesar de la manipulación a que sometió las
estadísticas, no tuvo demasiado impacto en el ámbito social de su
tiempo y, él mismo, en la última edición de su obra, publicada en 1826,
acabó diciendo que "los males derivados del principio de población más
bien han disminuido que aumentado".
Sin embargo, en el siglo XX, los neomalthusianos volvieron a la carga,
argumentando que, si no tomamos medidas precautorias, la
sobrepoblación acabará por devastar los recursos naturales mundiales.
Principal exponente de esta visión ha sido el biólogo norteamericano
Paul Ehrlich con su libro "The Population Bomb", publicado a mediados
de los años sesenta. En él se vaticinaba que a finales del siglo XX el
mundo presentaría escasez generalizada de comida y materias primas.
Este libro tuvo un fuerte impacto, y muchos gobiernos -principalmente
de países en desarrollo- adoptaron programas de control de la natalidad
con el apoyo de organizaciones multinacionales como las Naciones
Unidas. Pero ninguna de estas catastróficas predicciones han tenido
lugar. Si hiciéramos una lista de los diez libros con los argumentos más
erróneos del siglo XX, el trabajo de Ehrlich estaría liderando el grupo.
Lamentablemente, también estaría en la lista de los que han hecho más
daño.
El fracaso de las previsiones pesimistas
Porque la verdad es que las teorías neomalthusianas de que la población
crece más rápidamente que la disponibilidad de bienes no tienen
fundamento alguno. Veamos la evidencia. En los últimos dos siglos
-cuando la población se ha sextuplicado- el PIB real mundial ha
aumentado 50 veces. Esto es válido también para las economías en
desarrollo, donde la población se ha multiplicado por un factor de 6,1 y
el PIB real por 36. En los últimos 40 años, en que la población mundial
se ha duplicado, creciendo a una tasa media anual de 1,8%, el producto
real mundial ha crecido a una tasa de 4%. Es decir, el producto por
persona ha crecido a una tasa de 2,2% al año. Esto implica que la
disponibilidad de bienes por habitante se ha duplicado durante los
últimos 40 años. Nadie, por tanto, puede argumentar que la explosión
demográfica está empobreciendo al mundo; por el contrario, la
humanidad se está enriqueciendo a tasas sin precedentes en su historia.
La mejora en las condiciones de vida es la regla, no la excepción, en el
mundo de hoy.
Lo cual no impide decir que existe una gran desigualdad de renta por
habitante entre las distintas regiones y países del mundo. Pero esto, que
no tiene nada que ver con la evolución demográfica, es consecuencia, en
parte, de los modelos socio-económicos que imperan en los países
menos desarrollados, y, en otra parte, de las trabas que impiden que los
países pobres puedan vender sus materias primas y productos
elaborados a los países ricos. Lo paradójico es que, como hemos visto en
la conferencia de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que tuvo
lugar en Seattle (USA), en diciembre del año pasado, los que se oponen
a la expansión del comercio internacional son los que dicen defender los
intereses de los países pobres.
Las oscuras motivaciones de los antinatalistas
Las cifras sobre crecimiento demográfico y desarrollo que acabamos de
recordar explican que las teorías antinatalistas, basadas en el mito de la
superpoblación y la insuficiencia de alimentos y recursos naturales para
abastecerla, están cada vez más desacreditadas. Los intentos de asustar
al mundo, esgrimiendo, desde instituciones teóricamente dedicadas a la
población y desarrollo, la cifra de seis mil millones de habitantes que
actualmente somos y su extrapolación a los diez mil millones para el año
2050, al objeto de frenar el crecimiento demográfico de los países del
Tercer Mundo, implantando en ellos políticas de control de la natalidad,
incluido el fomento del aborto, han sido desenmascarados por los
estudios críticos de los especialistas en la materia.
Cada vez son más los que cuestionan tanto el planteamiento según el
cual, el rápido crecimiento de la población impide el desarrollo
económico, sobre todo en los países menos desarrollados (PMD), como
las intenciones de los que promueven las acciones antinatalistas. Así lo
pone de manifiesto un trabajo de Seamus Grimes, profesor de geografía
en la Universidad Nacional de Irlanda (Galway), que ha revisado la
literatura científica reciente sobre las políticas de población. De hecho,
según las investigaciones de F. Furedi, en los últimos quince años
apenas se ha publicado un estudio serio que justifique el control de la
natalidad basándose en que el aumento de población es un obstáculo al
crecimiento económico. Incluso un partidario del control de la natalidad,
M. Perlam, reconoce encontrar grandes dificultades para "persuadir a
otros -y a mí mismo- de que el argumento a favor de frenar el
crecimiento demográfico no adolece de un fallo fatal". Así pues, las
convicciones de los controlistas se explican por otros motivos
relacionados con intereses menos confesables.
Crecimiento poblacional y crecimiento económico
La relación entre crecimiento poblacional y crecimiento económico no es
casual. El trabajo es un factor productivo y, como tal, es fuente de
crecimiento. Nadie argumenta que una mayor acumulación de capital
sea un obstáculo para el crecimiento y, sin embargo, este tipo de
argumentos se hacen con la población. Tras el argumento de que la
población es un impedimento, está la idea de que hay rendimientos
decrecientes al factor trabajo. Si éstos fueran válidos, las grandes
emigraciones europeas de principios de siglo habrían acelerado el
crecimiento europeo y retardado el americano. Nada de esto ocurrió; por
el contrario, los inmigrantes impulsaron el crecimiento en América,
aportando capital humano, ideas y conocimientos que no están sujetos a
rendimientos decrecientes. Además, una mayor población permite una
mayor división del trabajo y especialización. Así se explica que -con la
excepción de países como Australia y Canadá- las zonas más ricas del
mundo son las más densamente pobladas.
¿Cómo explicar entonces, que países con alta tasa de crecimiento de la
población como Eritrea, Somalia y Sudán, sufran hambre? ¿Será debido
a la llamada explosión demográfica? La respuesta es negativa. Estos
países tienen densidades de población (población por km2) entre las
más bajas del mundo. Sus problemas no radican en la capacidad de
producir alimentos, sino en guerras que dejan a un alto porcentaje de la
población indefensa. De hecho, la baja densidad de población los hace
aún más vulnerables a los problemas de hambruna, porque no hay
suficientes personas para mantener sistemas de comunicación y
transporte que faciliten la distribución de la comida. Tal como postula el
antes citado premio Nobel de economía Amartya Sen, ninguna de las
hambrunas del siglo XX han tenido como causa la sobrepoblación. Todas
ellas, sin excepción, han tenido como causa guerras civiles resultantes
de una institucionalidad social y política deficiente. Aún más, el número
de personas afectadas por hambrunas durante el presente siglo ha
disminuido con respecto al siglo XIX.
La evidencia tampoco sustenta que, debido al crecimiento poblacional, el
mundo enfrente escasez de comida y materias primas. Gracias a los
avances tecnológicos en agricultura, producción energética, etc., el
mundo goza de una gran disponibilidad de recursos. Prueba de ello es
que los precios de productos agrícolas y materias primas -reflejo de la
escasez relativa- han disminuido de manera estable a lo largo del
presente siglo. Hoy, los precios (en términos reales) de energía son, en
media, un 46% más baratos que en 1950; los de los minerales, un 42%
más baratos; los de la alimentación, un 50% más baratos; los de las
bebidas un 57% más baratos, los de los cereales, un 43% más baratos.
El verdadero riesgo: la despoblación y el envejecimiento
Con todo lo que, hasta aquí, hemos analizado no es extraño que, sin
obstáculo de la persistencia del clamor antinatalista de determinadas
ONG, apoyadas por grupos de intereses económicos y secundadas por
vigentes políticas oficiales de control de la natalidad, en todos sus
aspectos, empiece a aparecer, incluso en el ámbito de los medios de
comunicación, la preocupación por el fenómeno inverso al que hasta
ahora parecía obsesionar. Es decir, el riesgo de que, como
recientemente ha dicho Alban d'Entremont, profesor de Geografía
Humana en la Universidad de Navarra, estalle, dentro de pocos años,
una bomba demográfica, pero de despoblación.
De hecho, de no variar las actuales tasas de natalidad, la Europa de los
15, según informa Eurostat, verá estancada su población en el año 2023
y, a partir de entonces, comenzará a decrecer. Por lo que respecta a
España, el estancamiento está a punto de producirse. Si en 1960, los
nacimientos fueron 392 mil más que las defunciones, en 1990, la
diferencia fue sólo de 63.000 y en 1998 las defunciones prácticamente
igualaron a los nacimientos. Ello quiere decir que, si sigue este ritmo,
dentro de 30 años habrá 10 millones menos de españoles. Y ello a pesar
de la esperanza de vida al nacer, que, con 75 años para los hombres y
82 años para las mujeres, es la más alta del mundo.
La caída de la tasa de natalidad y la relación de dependencia
Evidentemente, la causa de este fenómeno es el dramático descenso del
índice español de fecundidad que, desde hasta cinco hijos por mujer, a
finales del siglo XIX, o de 2,86 en 1970, ahora se halla, al igual que en
los restantes países de la Unión Europea, por debajo del 2,1 hijos por
mujer, que, como es bien sabido, es el índice de reemplazo
generacional; con el agravante de que España, con el 1,07 hijos por
mujer, se sitúa en el nivel más bajo de toda la Unión.
Esta baja fecundidad explica el estancamiento y posterior reducción de
la población total española, pero añadida a la mayor longevidad, de que
afortunadamente disfrutamos, conduce al envejecimiento de la
población, que, de cumplirse las proyecciones demográficas de las
Naciones Unidas, hará que, dentro de 50 años, España tendrá la
población más vieja del planeta. Este envejecimiento de la población
española se pone de manifiesto, entre otros indicadores, por el
porcentaje de personas de 65 años y más, que en 1995 rozaban los seis
millones y representaban el 15% de la población española. Para el
futuro, según los trabajos de Juan Antonio Fernández Cordón,
catedrático de Demografía del Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, suponiendo una recuperación moderada de la fecundidad
(hasta alcanzar 1,8 hijos por mujer en edad fértil en el 2025) y una
inmigración creciente (hasta situarse en 220.000 entradas anuales en el
2025), los mayores de 64 años, en el 2010, superarán los siete millones
y supondrán cerca de un 18% de la población total; quince años más
tarde, en el 2025, sobrepasarán los ocho millones y medio, quedándose
ligeramente por encima del 20%. Entre éstos, es precisamente el grupo
de los más longevos el que está experimentando un mayor crecimiento.
A principios de esta década el porcentaje de personas de 80 y más años
se aproximaba al 3% de la población española, con algo más de
1.100.000 personas. En el 2010, y bajo los supuestos optimistas arriba
expuestos, se calcula que el porcentaje se sitúe en el 5%. Para
entonces, la cifra absoluta de "los mayores de los mayores" se hallaría
en torno a los dos millones.
Lo bueno de la situación descrita es, no sólo la mayor longevidad de la
población española, sino el cambio cultural que nos ha llevado,
intuitivamente, a desplazar, poco a poco, hacia arriba la edad a la que
llamamos vieja a una persona. Hoy, a las personas mayores se las
considera más jóvenes que antes, a la misma edad, ya que a un varón
de 65 años le queda una esperanza de vida de unos 16 años; y si es
mujer, le quedan cerca de 20. Pero esta situación tiene también su cara
mala: el empeoramiento de la relación de dependencia, es decir, el
aumento del porcentaje de la población hasta 15 años y de 65 años o
más, respecto a la población de 15 a 64 años, que es la potencialmente
activa.
Actualmente la población de 16 a 64 años prácticamente dobla la suma
de los que tienen menos de 16 y los que tienen 65 o más. Pero como
sea que de los potencialmente activos sólo el 62% se declaran
dispuestos a trabajar y de ellos más del 15% no lo logran y están en
paro, resulta que por cada 100 personas trabajando, hay 182 que no lo
hacen, porque no han llegado a la edad de trabajar, porque han
sobrepasado el límite de la jubilación, porque no desean hacerlo, o
porque, deseándolo, no lo logran. Esta situación es debida, por una
parte, a que la llamada tasa de actividad, es decir, la relación entre la
población activa y la potencialmente activa, es de las más bajas de
Europa y, por otra parte, a la alta tasa de paro que todavía tenemos.
Pero, desde luego, no es una situación satisfactoria. Sin embargo, lo
más grave es que esta situación puede empeorar, tanto si la población
total se estanca, como si disminuye, a medida que aumente el número
de mayores de 64 años y, sobre todo, a medida que disminuya el
número de los menores de 15 años que es de donde tiene que salir el
capital humano para el futuro.
Caso PARAGUAYO
El caso de Paraguay es particular porque dispone de una estructura por
edades, en el que predomina la población joven, como resultado de
procesos históricos (marcada pérdida de población total y especialmente
masculina, cerca del 90%, durante la Guerra contra la Triple Alianza, y
pérdida de alrededor de 20.000 hombres en la Guerra del Chaco),
observa la consultora Investor Economía. Al no recibir inmigrantes
extranjeros de forma sistemática ni en volúmenes considerables, la
población paraguaya retrocedió a estadios anteriores y tuvo que
restructurarse en condiciones de pobreza y déficits generalizadas que
caracterizaron a la posguerra. En este contexto de marcada fragilidad
social e institucional, el aumento de la población fue relativamente lento,
con una alta tasa de natalidad, pero que se equilibraba con otra alta tasa
de mortalidad.
Los tiempos demográficos largos siguieron formateando la población
paraguaya que no había sido muy influenciada por políticas públicas
eficientes que tiendan a disminuir la mortalidad y de esta forma
alimentar un crecimiento demográfico.
Coincidentemente con este proceso demográfico que se inicia a finales
de la Guerra contra la Triple Alianza y va al menos hasta 1950, la
economía paraguaya experimentó un proceso de lento crecimiento, con
sistemas productivos agrícolas incipientes, mercado interno muy
pequeño y acceso al mercado internacional con extremas dificultades.
Las actividades industriales eran pequeñas y precarias, resultado de una
demanda restringida de la población, donde se reafirma quizás la
característica de economía de subsistencia no solo en la agricultura, sino
en los demás sectores.
No es sino hasta finales de la década de 1970 cuando tanto el
crecimiento demográfico como la economía comienzan a tener un
marcado crecimiento. La apertura de frentes pioneros agrícolas internos
así como la construcción de la represa de Itaipú representaron
poderosos motores de incremento poblacional.
Si se comparan las curvas de población y del producto interno bruto a
valores constantes de 1994, se observa que el crecimiento económico
acompaña al crecimiento demográfico y se encuentra muy asociado al
mismo. La estructura por edades de la población paraguaya, dominada
en gran parte por los jóvenes, constituye un poderoso factor de
crecimiento económico, pues el país dispone de un contingente
numeroso de fuerza laboral.
Características de la población.
Étnica, cultural y socialmente, Paraguay tiene una de las poblaciones
más homogéneas en Américo Latina. Cierto rastro dejó la cultura
Guaraní original:
* Conocimientos de las plantas medicinales.
* El idioma guaraní que es entendido por el 95% de la población.
* La ascendencia predominante es la europea, la cual representa una
gran parte de la población, principalmente descendientes de españoles,
alemanes, italianos (que han contribuido a repoblar el país luego de la
Guerra Triple Alianza) pero también existe un gran número de personas
de ascendencia alemana, debido a los menonitas alemanes (mayoría en
la parte occidental del territorio). Existen 17 colonias menonitas, sólo en
el chaco paraguayo.
* Es uno de los países latinoamericanos con menos rasgo indígena
(debido que la población paraguaya tradicional -mezcla española
guaraní- ha sido aniquilada por los aliados en 1870, por lo cual tuvo que
repoblarse el país recurriendo a la inmigración italiana)
* Teniendo en cuenta la alta fecundidad, Paraguay registra una
estructura de población mayoritariamente joven. De cada diez personas,
cuatro son menores de 15 años (2.339.000) y la población de 15 a 29
años representa una cuarta parte de la población total.
* Según el Censo (CEPAL, 1998), la población de naturaleza indígena era
ese año de 29.482 personas, es decir, alrededor de un 0,7% de la
población nacional.
* Existe un bajo porcentaje de personas con rasgos distinguiblemente
amerindios y la inexistencia de personas con rasgos africanos.
* La mayoría de la población está formada por mestizos descendientes
de la población originaria, los guaraníes, y de europeos. La población
indígena tiene dificultades para conservar su identidad.
Aproximadamente el 75% de todos los paraguayos habla castellano. El
guaraní y el castellano son idiomas oficiales. Alemanes, japoneses,
coreanos, chinos, sirios, árabes, brasileños y argentinos están entre
aquellos que se han instalado en Paraguay, manteniendo en buen grado
sus lenguas propias.
La población de Paraguay se distribuye desigualmente en todo el país. La
gran mayoría de la gente vive en la región de Oriental, el más dentro de
160 Km. de Asunción, la capital y la ciudad más grande. El Chaco o
Región Occidental, que abarca aproximadamente el 60% del territorio,
da casa a menos del 2% de la población. El país es predominantemente
Católico, con Menonitas y otras minorías Protestantes. Hay una
congregación de Unitario Universalistas en Asunción.
Desde 1950 la población paraguaya se ha triplicado (3,7 veces) pasando
de 1.300.000, a la fecha del Censo Nacional de Población y Viviendas en
1992 a 4.152.588 personas, repartidas en forma equilibrada en las áreas
urbana y rural (50,3% y 49,7% respectivamente). A 2005: 5.798.603
(estimación al 2005 DGEEC)
De acuerdo a la Encuesta Integrada de Hogares 1997-8 (EIH97-8) se
estima a este último año una población de aproximadamente 5.400.000
habitantes. En los últimos años, ha variado ligeramente la distribución
de la misma por áreas, llegando las urbanas a absorber al 54% de la
población
Las minorías están formadas por descendientes de españoles, por
reducidos grupos indígenas dispersos en la región del Gran Chaco, como
el guaicurú y el ayoreo, o en zonas de la Región Oriental, como la etnia
achés, y por pequeñas colonias de inmigrantes procedentes de Japón,
Italia, Portugal, Canadá y otros países. Hay 20 etnias reconocidas en el
censo indígena elaborado en 2002; la mayor parte están asentadas en
414 comunidades estables y legalmente constituidas, 179 aldeas y 30
núcleos familiares. La esperanza de vida es de 73 años para los hombres
y 78 para las mujeres (según estimaciones para 2006).
Datos demográficos
La población por sexo, según de censo 2002
Indicadores Población
demográficos
Ambos Hombres
Mujeres
sexos
2002 5.566.854 2.816.687 2.750.164
2003 5.677.448 2.872.186 2.805.262
2004 5.788.088 2.927.657 2.860.430
Fuente: Dirección General de Estadísticas Encuestas y Censos
Indicadores demográficos, según Censo de Población y
Viviendas, Años 1982-1992-2002 y 2004
Indicadores demográficos Años
1992 2002 2004
Tasa bruta de natalidad (por mil) 34,3 27,3 26,3
Tasa global de fecundidad (hijos
4,6 3,5 3,4
por mujer)
Tasa bruta de reproducción (hijas
2,2 1,7 1,6
por mujer)
Tasa bruta de mortalidad (por
5,0 5,8 5,7
mil)
Esperanza de vida al nacer (años)
Hombres 66,3 68,5 69,0
Mujer 70,8 72,8 73,2
Tasa de mortalidad infantil (por
43,5 35,9 34,5
mil)
Tasa de crecimiento total (por
28,1 20,1 19,3
mil)
Tasa de migración (por mil) -0,2 -1,6 -1,5
Fuente: Dirección General de Estadística, Encuestas y censos
Distribución geográfica (densidad de la población Censo 2002)
Pirámide poblacional en miles. Año 2004
Pirámide poblacional año 2017
Datos poblacionales del Paraguay
Explosión demográfica
Una explosión demográfica es un aumento súbito de la cantidad
de habitantes en una determinada región. Este incremento de
la población tiene consecuencias importantes y genera cambios
socioeconómicos.
La noción de explosión demográfica también puede entenderse a partir
de un incremento sostenido del número de habitantes hasta el
punto en que la infraestructura y los sistemas ya no dan abasto para
satisfacer las necesidades de las personas.
Existen diversas teorías y posturas sobre la explosión demográfica.
Muchos asocian el aumento poblacional a la falta de educación
sexual y al hacinamiento en que viven millones de familias en los
países subdesarrollados. Por eso ciertas tendencias piden controles de
natalidad por parte de las autoridades y la difusión del uso de métodos
anticonceptivos.
El número de habitantes a nivel mundial tiende a subir, además, por
el crecimiento de la esperanza de la vida. Desde esta postura, la
explosión demográfica no se da por el aumento de los nacimientos, sino
por una “reducción” de los fallecimientos (las personas se mueren a
mayor edad).
Teoría de Malthus y la explosión demográfica.
Un economista británico de nombre Thomas R. Malthus, quién vivió
entre los años 1766 y 1834, dedicó parte de su obra al estudio de la
explosión demográfica y en su teoría sobre las poblaciones aseguró que
éstas crecen de manera geométrica mientras que los recursos naturales
necesarios para mantenerlas lo hacen de forma aritmética. En su libro
titulado “Ensayo sobre el principio de la población“, expresó que si el ser
humano no comenzaba voluntariamente a reducir la tasa de natalidad,
llegaría un punto en el cual nuestra raza no podría sostenerse.
Malthus realizó una serie de cálculos que muestran de manera gráfica, a
la vez que alarmante, los potenciales resultados de la reproducción
desmedida de nuestra especie, aunque cabe aclarar que se trata de una
estimación realizada hace cerca de dos siglos y que desde ese entonces
se han tomado medidas en varios países para evitar tal colapso; a
continuación se detallan sus pronósticos:
* si la población mundial continuaba duplicándose en número cada tres
décadas y media, como ocurría hasta el momento de la publicación de
su libro, entonces para el año 2600 habría tantos seres humanos que
tan sólo podrían mantenerse de pie. Tomando en cuenta Groenlandia y
la Antártida, la superficie sólida de la Tierra nos ofrecería 3 centímetros
cuadrados a cada uno;
* aunque resultaría imposible llegar a ese punto, si dicha situación se
extendiera hasta el año 3550, entonces la masa de tejido humano
igualaría la del propio Planeta;
* respondiendo a quienes creían en la emigración a otros planetas como
la solución a la reproducción excesiva, Malthus sugirió que si se
conociesen 1000 millones de planetas que nuestra especie pudiera
habitar y a los cuales pudiéramos enviar gente sin problema, entonces
todos ellos quedarían repletos de personas para el año 5000, y dos mil
años más tarde la masa humana igualaría la dichos planetas.
Visto desde esta perspectiva, la reproducción humana parece una
constante explosión demográfica, ya que no se realiza con un objetivo
coherente con el medio ambiente y sus posibilidades, sino de una
manera egoísta e irresponsable.
Orígenes de la explosión demográfica
Sin duda alguna, el Modelo de Transición Demográfica elaborado por el
demógrafo norteamericano Warren Thompson en el año 1920, es uno de
los más adecuados para explicar el origen de la explosión demográfica.
Dicho modelo analiza las fluctuaciones de las tasas de nacimiento y
mortalidad desde la prehistoria hasta hoy día. Y, si bien el aumento
súbito de la cantidad de habitantes a nivel mundial es un fenómeno
actual, sus inicios se remontan a principios del siglo XIX.
Hasta el año 1600 existió lo que se conoce bajo el nombre del “antiguo
régimen demográfico”, un periodo donde prevalecía la economía agraria
pre-industrial y un contexto social demográfico bastante oscuro.
Las tasas de mortalidad y natalidad eran sumamente elevadas debido a
la existencia de fuertes hambrunas, guerras, falta de un control eficaz de
la fecundidad y sobre todo pestes como viruela, escarlatina, difteria,
fiebre tifoidea, cólera y la famosa peste negra.
Posteriormente, para los años 1700 se entra en un periodo de transición
demográfica bajo el cual se produce una disminución de la tasa de
mortalidad infantil debido a las mejoras en cuanto a alimentación,
medicina, salud, y sobre todo sanidad. No obstante, para ese momento
aún la tasa de natalidad era bastante elevada.
Más adelante, en la segunda fase del proceso de transición finalizando
los años 1700, se logra estabilizar la tasa de natalidad a nivel mundial
debido a los grandes avances sociales, económicos y tecnológicos de la
época.
Y, para inicios del siglo XIX la población alcanza a ser de 1 billón de
personas dando origen así, gracias a las mejoras educativas, sanitarias y
la incorporación de los métodos anticonceptivos a la vida de las mujeres
ahora trabajadoras, a un nuevo régimen demográfico.
Este nuevo régimen es el que se ha caracterizado por una explosión
demográfica sin precedentes, donde los llamados países de tercer
mundo o subdesarrollados han logrado reducir la mortalidad epidémica
gracias a la implementación de vacunaciones masivas.
A la vez, los países desarrollados han puesto en práctica políticas
públicas sanitarias de gran calidad logrando un aumento constante de la
esperanza de vida.
Causas de la explosión demográfica
Las principales causas se encuentran en una mejora generalizada de las
condiciones alimentarias y sanitarias a nivel global, lo que ha reducido
considerablemente las tasas de mortalidad global. No obstante, otros
factores deben ser tomados en cuenta.
En primer lugar, la tendencia global hacia la urbanización, ya que cada
vez son más las familias que deciden abandonar las zonas rurales y
agrícolas para asentarse en los centros urbanos ampliamente
desarrollados. Y, en segundo lugar, las migraciones como fenómeno
global.
Hoy día, según datos de las Naciones Unidas, aproximadamente el 3%
de la población mundial vive fuera de sus países de origen.
En ambos casos la migración de estas personas a la ciudad o a otros
lugares lejos de su hogar, se origina por la búsqueda de mejores niveles
de calidad de vida y oportunidades laborales.
Consecuencias de la explosión demográfica
El hecho de que cada vez sean más las personas que habitan el planeta
y ocupan centros urbanos ha generado diversas consecuencias,
principalmente negativas.
Al ser cada vez más las personas que se asientan en las ciudades, los
servicios públicos disponibles se encuentran saturados, de ahí que no
todos los habitantes puedan disfrutar de acceso a agua potable segura,
sistemas de drenaje sanitario y una calidad de vida digna que les
permita cubrir sus necesidades de alimentación, educación y trabajo.
Aunado a lo anterior, se ha generado un crecimiento de los cinturones
de pobreza, tras ser más las personas que deciden establecerse en las
afueras de las ciudades, en las periferias, por no poder pagar una
vivienda en el centro urbano.
De ahí que el hacinamiento y la pobreza hayan aumentado. Esta
situación ha ocasionado que la riqueza se concentre en manos de unos
pocos, como ha indicado la confederación internacional Oxfam, tras
señalar que desde 2010 la riqueza de la mitad más pobre de la población
se ha reducido en un billón de dólares lo que supone una caída del 38%.
Mientras la riqueza de las 62 personas más ricas del planeta ha
aumentado en más de 500.000 millones de dólares.
Otra gran consecuencia han sido los problemas medioambientales. Tal y
como ha señalado un estudio de la revista Journal of Industrial Ecology
en el 2015, ha sido el incremento de consumidores a nivel mundial lo
que ha generado que la contaminación, el efecto invernadero y el
calentamiento global se haya acrecentado, ya que los consumidores son
responsables del 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero y
del 80% del consumo de agua.
Proyección a futuro
Actualmente la explosión demográfica ha disminuido un poco su
acelerado ritmo, ya que la población continúa creciendo más no tan
rápido como lo hizo en el pasado.
Diez años atrás, la población mundial estaba creciendo un 1.24% cada
año. Actualmente, el crecimiento es de un 1.18% anual, tal y como se
indica en la proyección poblacional del año 2015 elaborada por las
Naciones Unidas.
¿Cuál es el motivo de ello? Las mejoras educativas en la población
femenina, sobre todo de los países en desarrollo, donde el promedio de
nacimientos actual es de 2 hijos por mujer.
LA EXPLOSIÓN DEMOGRÁFICA COMO PROBLEMA SOCIAL Y
ECONÓMICO
La explosión demográfica es uno de los factores entre la destrucción de
las reservas naturales y la instrumentación excesiva que compromete las
bases de la actividad de producción.
El aumento de las posibilidades de producción, en gran parte
determinado por la acumulación de capital, debe superar
acumulativamente la expansión total de la mancha demográfica. En
otras palabras, una de las condiciones del crecimiento económico es que
las tasas de aumento de producción superen las de expansión
poblacional.
Como el crecimiento transcurre en amplio sentido de la dinámica de las
posibilidades de producción y como estas dependen de nuevos
abastecimientos de recursos activos, se admite que la tarea de
promoción del crecimiento está asociada en gran escala al ritmo de
expansión demográfica (abastecedora de recursos humanos) y a la
sustentación de un alto nivel de inversiones (que permite la
conservación y el crecimiento del renglón disponible de capital).
Una de las precondiciones para el crecimiento económico, aun cuando no
es suficiente para el desarrollo, es la expansión de la producción a tasas
más que proporcionales a las de la población. Si la tasa de crecimiento
de la producción se sitúa por debajo de la tasa de expansión
demográfica, caerá inevitablemente el nivel per cápita de los bienes y
servicios disponibles. Tal resultado evidenciaría un cuadro claramente
desfavorable. La capacidad reproductiva de la población no habría sido
acompañada por un esfuerzo de producción compatible.
Teóricamente, hay una correlación directa entre los abastecimientos de
recursos y la expansión de las posibilidades de producción. Pero los
abastecimientos deberán ocurrir dentro de las proporciones adecuadas,
y de no ser así se verificaran resultados decrecientes en la producción.
Se intuye que de una población den crecimiento resulta la expansión del
potencial productivo de la economía, de la misma forma que los mayores
incentivos de recursos patrimoniales activos aumentan las posibilidades
generales de producción. Mientras tanto, una población en expansión
también ejerce presiones adicionales sobre los recursos patrimoniales,
pudiendo igualmente provocar una indeseable sobreutilización del capital
disponible, así como un ritmo intenso de agotamiento de las reservas
naturales existentes. Con ello, aunque la producción este en función de
la disponibilidad de los recursos humanos y del capital, puede haber un
punto de partida en el que la expansión de los recursos humanos,
determinada por el crecimiento de la aglomeración poblacional, reduce
los niveles de producción per cápita, no obstante que la producción
global se encuentre en expansión.
Bibliografía
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