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La Responsabilidad

Este documento discute la importancia de asumir la responsabilidad personal a través del análisis de dos historias bíblicas. Adán y Eva culpan a otros por su pecado, mientras que Caín niega su responsabilidad moral por el asesinato de su hermano Abel. El documento argumenta que un líder asume responsabilidad donde otros no lo hacen, y que el judaísmo insta a los individuos a responder al llamado de Dios para construir un mundo más justo.
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La Responsabilidad

Este documento discute la importancia de asumir la responsabilidad personal a través del análisis de dos historias bíblicas. Adán y Eva culpan a otros por su pecado, mientras que Caín niega su responsabilidad moral por el asesinato de su hermano Abel. El documento argumenta que un líder asume responsabilidad donde otros no lo hacen, y que el judaísmo insta a los individuos a responder al llamado de Dios para construir un mundo más justo.
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Enlace Judío México e Israel – ¿Escucharemos la voz del deseo, como lo

hicieron Adán y Eva? ¿Escucharemos la ira, como en el caso de Caín? ¿O


seguiremos la voz de Dios que nos llama a hacer que este mundo sea más
justo y misericordioso? (Génesis).

Si el liderazgo es la solución, ¿cuál es el problema? Sobre este tema, la Torá


no puede ser más específica. El problema es el fracaso de la
responsabilidad.

Los primeros capítulos del Génesis se centran en dos historias: la primera,


de Adán y Eva; la segunda, de Caín y Abel. Ambas describen una forma
específica de fracaso.

Adán y Eva pecaron. Avergonzados y apenados, se esconden, solo para


descubrir que es imposible esconderse de Dios.

RELACIONADA:
Adán y Eva. ¿Por qué D-s creó al hombre y a la mujer distintos?

Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: “¿Dónde estás?” El hombre contestó:


“Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por
eso me escondí”. “¿Quién te ha dicho que estás desnudo?” ¿Has comido del
fruto del árbol que yo te prohibí comer? Él respondió: “La mujer que me diste
por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí”. Entonces Dios le dijo a la
mujer: “¿Qué es esto que has hecho?” La mujer respondió, “La serpiente me
engañó y yo comí”.(Gen. 3:9-12)

Ambos insisten en que no tuvieron la culpa. Adam culpa a la mujer. La mujer


acusa a la serpiente. El resultado fue la pérdida del paraíso: ambos fueron
castigados y exiliados del Jardín del Edén. ¿Por qué? Porque Adán y Eva
negaron su responsabilidad personal. En efecto, dijeron: “Yo no fui”.

La segunda historia es trágica. La primera instancia de rivalidad entre


hermanos en la Torá lleva al primer asesinato:
RELACIONADA:
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Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando


ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató. Y el
Señor dijo a Caín: “¿Dónde está tu hermano Abel?” Y él respondió “No sé ¿Soy
acaso el guardián de mi hermano?” El Señor dijo: “¿Qué has hecho? La voz de
la sangre de tu hermano me clama desde la tierra”. (Gen. 4:8-10)

Caín no niega su responsabilidad personal. No dice: “Yo no fui ” ni “No fue


mi culpa”. Lo que niega es su responsabilidad moral. De hecho, pregunta por
qué debería preocuparse por el bienestar de alguien que no sea él mismo.
¿Por qué no hacer lo que queremos si tenemos la posibilidad de hacerlo? En
la República de Platón, Glauco argumenta que la justicia es lo que el más
poderoso considera correcto. El poder dicta lo correcto. Si la vida es una
lucha darwiniana por sobrevivir, ¿por qué deberíamos restringirnos por el
bien de otro si somos más poderosos que ellos? Si no hay moralidad en la
naturaleza, entonces soy responsable solo por mí mismo. Esa es la voz de
Caín a través de los tiempos.

RELACIONADA:
¿Quisieron Adan y Eva comer una manzana?

Estas dos historias no son solo historias. Es, al comienzo de la narrativa de


la historia de la humanidad de la Torá, el registro de fracasos, primero
personal y luego moral, de asumir la responsabilidad – y es esto lo que
responde el liderazgo.

Hay una frase fascinante en la historia de los primeros años de Moshé.


Crece, se conecta con su pueblo, el israelita, los ve sufriendo por la
esclavitud. Ve cómo un oficial egipcio castiga a uno de ellos. El texto dice:
“Miró para un lado y para el otro y no vio a nadie” (vayar ki ein ish Ex. 2:12, o
más literalmente, “vio que no había ningún hombre”).

Es difícil hacer aquí una lectura literal. Un sitio de construcción no es un


lugar cerrado. Seguramente habría mucha gente presente. Apenas dos
versículos más tarde vemos que había israelitas que sabían exactamente lo
que había ocurrido. Por lo tanto, la frase debe significar, “Miró hacia un lado
y hacia el otro y vio que no había nadie dispuesto a intervenir”.

Si esto fuera así, tendríamos la primera instancia de lo que se conoce como


el “síndrome de Genovese” o “el efecto espectador”, denominado así por el
caso de una mujer atacada en Nueva York ante un gran número de personas
que sabían que estaba siendo asaltada pero no acudieron a su rescate.

Los sociólogos han realizado muchos experimentos para determinar lo que


sucede en situaciones semejantes. Algunos argumentan que la presencia de
otros espectadores afecta la interpretación de lo que está ocurriendo. Dado
que nadie interviene, llegan a la conclusión de que lo que está sucediendo
no es una emergencia.

Sin embargo, otros argumentan que el factor clave es la dilusión de la


responsabilidad. La gente supone que como hay muchas personas
presentes, alguien más se hará cargo y actuará. Esa parece ser la
interpretación correcta de lo que ocurrió en el caso de Moshé. Nadie estuvo
dispuesto a intervenir. ¿Quién, en todo caso, podría hacerlo? Los egipcios
eran los amos de los esclavos. ¿Por qué se arriesgarían para salvar a un
israelita? Y los israelitas eran esclavos. ¿Cómo acudir en ayuda de uno de
sus semejantes si al hacerlo poner en riesgo su vida?

Se requería un Moshé para actuar. Pero eso es lo que hace a un líder. Un


líder es el que asume la responsabilidad. El liderazgo nace cuando somos
activos, no pasivos, cuando no esperamos a que alguien más actúe porque
tal vez no haya nadie más – al menos no aquí, no ahora. Cuando ocurren
cosas malas, algunos desvían la mirada. Algunos esperan que otros actúen.
Algunos acusan a otros por no actuar. Otros, simplemente se quejan. Pero
existen los que dicen, “Si algo está mal, déjenme intentar resolverlo”. Esos
son los líderes. Son los que hacen la diferencia. Son los que construyen un
mundo mejor.

Muchas de las grandes religiones y civilizaciones están basadas en la


aceptación. Si hay violencia, sufrimiento, pobreza y dolor en el mundo, lo
aceptan por simplemente parte de la realidad. O la voluntad de Dios. O
porque la naturaleza es así. Se encogen de hombros, porque todo estará
bien en el mundo venidero.

El judaísmo fue y sigue siendo la gran religión de protesta del mundo. Los
héroes de la fe no aceptaron, protestaron. Estuvieron dispuestos a
confrontar a Dios mismo. Abraham dijo, “¿No hará justicia el Juez de toda la
tierra?” (Gen. 18:25). Moisés dijo: “¿Por qué has hecho el mal con este
pueblo?” (Ex. 5:22). Jeremías dijo: “¿Por qué están cómodos los malvados?”
(Jer. 12:1). Así es como Dios quiere que respondamos. El judaísmo es el
llamado de Dios a asumir la responsabilidad humana. El mayor logro es ser
el socio de Dios en la obra de la creación.

Cuando Adán y Eva pecaron, Dios exclamó “¿Dónde están?” Como señaló el
Rabino Shneur Zalman de Liadi, el primer Rebe Lubavitcher, este llamado no
iba dirigido solo a los primeros humanos, se repite en cada generación. Dios
nos dio libertad, pero la libertad viene con responsabilidad. Dios nos enseña
lo que debemos hacer, pero no lo hace por nosotros. Con raras excepciones,
Dios no interviene en la historia. Él actúa a través de nosotros, no hacia
nosotros. Su voz nos dice, como le dijo a Caín, que podemos resistir al mal
dentro de nosotros así como al que nos rodea.

La vida responsable es la vida que responde. Responsabilidad en hebreo


es ajraiut, y viene de la palabra ajer, que significa “otro”. Nuestro gran Otro es
Dios mismo, que nos llama a usar la libertad que nos dio, para construir un
mundo más parecido a lo que debería ser. La gran pregunta, la pregunta que
se responde por la vida que llevamos, es: ¿qué voz escucharemos? ¿La voz
del deseo, como el caso de Adán y Eva? ¿La voz de la ira, como en el caso
de Caín? ¿O seguiremos la voz de Dios que nos llama a hacer que este
mundo sea más justo y misericordioso?

Asume la responsabilidad por tus acciones, nadie más que tú tiene la


culpa de sus consecuencias» – Anónimo

Romanos 14:12

“De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.”

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