Resumen de Laudato Sí:
Capítulo 3: “Raíz humana de la crisis ecológica” 101-136
En el capítulo pasado se describieron los síntomas del problema y la dignidad del
hombre y de las criaturas. Ahora nos toca el llegar a la raíz del problema que es una falla
humana, que ocasiona un paradigma tecnocrático.
I-La tecnología: Creatividad y poder
Nadie discute que en estos dos últimos siglos hemos experimentado increíbles avances
tecnológicos (El motor a vapor, el telégrafo, la electricidad, el automóvil, avión, las industrias
químicas, la medicina moderna, la informática y más reciente la robñotica, las biotecnologías y
las nanotecnologías. Esto es motivo de gozo “porque la ciencia y la tecnologías son un
maravilloso producto de la creatividad humana donada por Dios” (San J.P. II)
El progreso científico, debido a que esto último ha dado un poder inmenso a quienes lo
dominen. Ahora bien ¿quién nos asegura que este poder será usado para el bien? Hemos visto
el poder destructivo en el caso de las bombas atómicas. Esto se debe a que el progreso
tecnológico y científico no estuvieron acompañados por el progreso humano en
responsabilidad, valores, conciencia.
II- Globalización del paradigma tecnocrático:
En realidad otro es el problema, el paradigma instalado en la humanidad: el
tecnocrático, que permite el uso y abuso de los recursos naturales del mundo, el estrujar a la
naturaleza hasta sus límites o más allá de sus límites, mediante una tecnología que la explota
para obtener unos altos ingresos económicos, progresos científicos, etc.
Esto produce serias contrariedades a la naturaleza y por consiguiente al ser humano en
sí y de los cuales los más pobres son los más afectados, como la angustia, la pérdida del
sentido de la vida y de la convivencia. Entonces debemos aminorar la marcha, detenernos a
pensar los avances positivos y sostenibles y a la vez recuperar los valores y los grandes fines
arrasados un por desenfreno megalómano.
III- Crisis y consecuencias del antropocentrismo moderno:
La razón técnica es la diosa del hombre moderno. La enseñorea dejando así a un lado
el pensar sobre sí mismo, sobre su humanidad. Pero esto es imposible, el negar la humanidad;
sigue presente clamando su sufrimiento en los más débiles y si no se escucha el clamor de los
hombres, mucho menos se escuchará el clamor de la naturaleza. No hay ecología sin una
adecuada antropología. Finalmente no se puede proponer una ecología sin Dios. Tampoco se
puede proponer una ecología justificando el aborto, ya que “Todo está relacionado”. “Si se
pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras
formas de acogida provechosas para la vida social”. (Caritas in veritate 28)
El trabajo debe lograrse para todo ser humano puesto que lo dignifica. Encontramos
que la Iglesia siempre insistió en el trabajo ya sea con pasajes bíblicos como en Gn 2,15
encíclicas como “laborem exercens” o reglas de vida como “ora et labora” de San Benito. Por
eso el trabajo y mucho más el trabajo debería ser oportunidad de desarrollo personal, donde
se ponen en juego muchas dimensiones de la vida: la creatividad, la proyección del futuro, el
desarrollo de oportunidades, el ejercicio de valores, la comunicación con los demás, una
actitud de adoración. Por eso más allá de los progresos e intereses de las empresas es
necesario que se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de
todos. El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de
maduración, de desarrollo humano y de realización personal.
Por último tenemos el desarrollo de la biotecnología aplicada en animales y plantas.
Esta facilidad debería ser usada en vista de mejorar el medio ambiente o la calidad de vida del
hombre, evitando todo tipo de abusos, efectos colaterales.