Departamento de Lenguaje
Cuartos Medios 2018
Sabrina Agacino – Danae Zamora
DISTOPÍA: OTRO FINAL DE LA UTOPÍA
Estrella López Keller
(Adaptación)
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OA 3: Analizar, interpretar y comparar novelas de anticipación social distópica.
Utopía, el no-lugar. Tomás Moro.
«la descripción minuciosa de una organización social perfecta»
«modelo de república ideal» Milton
«sueño de orden de vida verdadero y justo» Neusüss
Cuando se habla de utopía nos referimos a una larga tradición de pensamiento sobre la
sociedad perfecta, que identifica perfección y armonía. La historia del utopismo es el
conjunto de esfuerzos por presentar una imagen de la sociedad en la que la armonía es el
valor dominante. Aunque sus orígenes se pueden remontar a la Antigüedad clásica, y
seguramente más atrás, a las leyendas mesopotámicas de Gilgamesh, no quiero arrancar de
épocas anteriores a aquellas en las que se acuñó el propio término, con el racionalismo
moderno.
Algunas de las características generales de la utopía que aparecen de manera recurrente a
través de los siglos: construcción racional, a pesar de su presentación, a veces,
fantástica; son imaginativas, pero no irracionales ni mágicas. Otro rasgo común,
derivado precisamente de su propia racionalidad, es la planificación: nada se deja al
azar.
En cuanto a las funciones de la utopía, pueden señalarse tres:
1. Denuncia. En primer lugar, aunque no siempre de forma expresa, el utopismo ha
criticado las deficiencias del mundo real. Ha contribuido —como otro tipo de obras— a una
toma de conciencia por parte de la sociedad. Las obras utópicas de los siglos xviii y xix
fueron especialmente eficaces en el fomento de la conciencia de que el mundo existente
tenía importantes fallos que era posible erradicar. En este sentido se pueden considerar
obras de propaganda política.
2. Análisis. Muy vinculado con el anterior. Con frecuencia, las obras utópicas constituyen
penetrantes estudios sociológicos, a veces tanto como otros análisis teóricos, de la sociedad
en la que se producen.
3. Incentivo. Ha aumentado la confianza en las posibilidades humanas. La utopía
contribuye a resaltar las limitaciones de la sociedad, al tiempo que le muestra otras formas
y modos de vida. A veces, con mayor frecuencia en el siglo pasado, plantea la posibilidad
real de su implantación.
En el siglo xx se puede observar una inversión en esa corriente de pensamiento utópico que
ha acompañado al mundo occidental desde sus orígenes. Esta inversión se manifiesta en un
declive generalizado de la utopía, que se revela de tres formas:
LA DISTOPÍA
1. Rechazo de la utopía: se ha generalizado en nuestro siglo una actitud de crítica hacia las
«visiones felices» y las elucubraciones sobre la sociedad perfecta propias de utopía. Hay
una negación de la conveniencia de una sociedad perfecta, no se considera ya deseable una
sociedad armó- nica, donde no queda lugar para la lucha, el riesgo, el peligro o la
incertidumbre (el mercado, en una palabra, ya sea económico o de otra índole). Es, sin
embargo, la condena del totalitarismo la que flota en la mayoría de los alegatos contra la
utopía. Esta es la crítica fundamental que se le suele hacer desde posiciones liberales,
entendiendo por totalitarismo no sólo su aspecto político, sino también la planificación a
todos los niveles y el monopolio de la «verdad».
2. Desaparición de la creación utópica: En la escasez que presenta el género utópico han
influido diversas circunstancias, pero no hay que descartar que una de ellas sea el hecho
mismo de que desde el punto de vista científico y tecnológico la utopía está casi al alcance
de la mano. No olvidemos que uno de los factores que estuvieron en el origen de la utopía
en los tiempos modernos radicaba en las esperanzas puestas en el desarrollo de la ciencia, y
la imaginación se podía desbocar pensando en huevos incubados artificialmente (Moro y
Bacon) o en la reproducción mecánica de sonidos, imágenes o fenómenos atmosféricos
(Bacon), por poner sólo algunos ejemplos. Se podría decir que la ciencia ha avanzado más
deprisa que la imaginación, y parece como si ésta no se atreviera a volar demasiado: la
ciencia le ha cortado las alas. Por otra parte, la sociedad tecnológica ha llegado y no parece
haber traído la felicidad prometida: los avances en las técnicas de destrucción también han
cortado las alas al sueño de una sociedad liberada por medio del progreso científico
3. Surgimiento de la distopía: En tercer y último lugar, el declive de la utopía se manifiesta
a través de un fenómeno enteramente propio de nuestro siglo, como es el de la aparición de
la utopía negativa. Ya no es el ideal que se propone como modelo a alcanzar, sino la
realidad indeseable que se ve como posible o, incluso, probable. Esta aparición de una
literatura utópica pesimista es el reflejo de una quiebra de la fe en el Progreso, que parece
apagarse en el siglo xx.
La distopía o utopía negativa se caracteriza fundamentalmente por el aspecto de denuncia
de los posibles o hipotéticos desarrollos perniciosos de la sociedad actual. En este sentido
está mucho más anclada en el presente que las utopías clásicas; no parte de la razón o de los
principios morales para elaborar un modelo ideal, sino que deduce un mundo futuro de
pesadilla a partir de la extrapolación de realidades presentes.
- utilización política de la ciencia, cuando no con la ciencia misma. Aquella confianza
en los avances del conocimiento, que fue uno de los factores o elementos
fundamentales de la utopía, se convierte ahora en una profunda desazón ante los
posibles desarrollos de la misma.