Los principios que fundamentan la Doctrina Social de la Iglesia están en el Evangelio, la
tradición cristiana, la reflexión y elaboración filosófico - teológica, y el magisterio de la
misma iglesia. Son principios éticos permanentes. Aunque la Doctrina Social de la Iglesia,
evoluciona y se adapta a las condiciones cambiantes de los tiempos.
La dignidad de la persona: afirma la importancia de la dignidad de la persona, que es
propia del hombre por ser imagen de Dios.
La defensa de la vida humana: La Iglesia promueve la cultura de la vida frente a la cultura
de la muerte. Para que todas las personas tengan una vida digna. Por eso se opone a las
estructuras de muerte al inicio de la vida (aborto, mortalidad infantil, desamparo de la
mujer gestante, etc.); durante la vida (hambre, enfermedades, agresiones a la vida y a la
salud, etc.); y al final de la vida (eutanasia, abandono de los ancianos...).
Los derechos humanos: ya que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es uno
de los esfuerzos más relevantes para responder a las exigencias de la dignidad humana
individual y colectiva.
El principio del bien común: El bien común es el conjunto de condiciones de la vida social
que hacen posible a las personas, asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro
pleno de una buena calidad de vida y desarrollo
Lucha por la Justicia: Si no existe una verdad la cual guía y orienta la acción política,
entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser manipuladas fácilmente para
fines de poder.
Destino universal de los bienes: de acuerdo al plan de Dios, la creación entera y los bienes
que en ella se encuentran corresponden en justicia a todos los seres humanos, y deben
repartirse de manera equitativa.
El trabajo: tiene que ser “libre, creativo, participativo y solidario”, al tiempo que debe
elevar la dignidad de las personas.
El Principio de la Propiedad Privada: la doctrina social de la iglesia incentiva el hecho de
que todas las personas puedan disponer de ella, puesto que permite la autonomía
personal, ya que supone un medio para el bienestar personal y no un fin en sí mismo.
La subsidiaridad: Venir en apoyo de las familias que no pueden alcanzar las metas que
deben alcanzar, de los individuos, de las personas, de los grupos, sean estos los que sean.
El Principio de Participación Social: A través de la participación en la política, en la
economía, en la cultura, el hombre recibe unos valores que son esenciales para su vida y a
su vez puede modificarlos y hacerlos crecer.
El Principio de Solidaridad: Para la Doctrina Social de la Iglesia, la solidaridad es la
búsqueda y promoción del bien común, es decir, por el bien de todos y cada uno de los
miembros de la comunidad humana y para que las personas se sientan realmente
responsables de todos, ejerciendo la justicia, la misericordia y el amor fraternos, tanto en
el plano individual como colectivo, a nivel regional, nacional e internacional.
La opción preferencial por los pobres: se expresa en el compromiso con las mayorías
carenciadas, la vinculación con las culturas populares y el trabajo de religiosos en esas
zonas.