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¿El Diablo y El Demonio Son Lo Mismo?

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Ariel Alvarez Valdéz {Qué sabemos de la Biblia? TV Ediciones Fray Juan de Zumérraga, A.R. México, D.F. Coleccién En torno a la Biblia Direccién: P. Luis Glinka, ofm. Con las debidas licencias ISBN 950-724-496-4 Ediciones FRAY JUAN DE ZUMARRAGA, AR. Durango 90, Colonia Roma (06700) México, DF. Tel - Fax: 55 29 17 31 ©1997 by LUMEN Hecho el depdsito que previene la ley 11.723 Todos los derechos reservados LIBRO DE EDICION ARGENTINA PRINTED IN ARGENTINA EL DIABLO Y EL DEMONIO SON LO MISMO? Una confusién general Es comtin oir decir a la gente indistintamente “el demo- nio me tent6” 0 “el Diablo me tent6”, asi como referirse a la “posesién diabélica” 0 a la “posesién demonfaca”, como si las palabras “diablo” y “demonio” fueran sinénimos y no hubiera ninguna diferencia entre ellas. Se cree que am- bas designan una misma realidad, es decir, un ser personal con poderes sobre los hombres, y con capacidad de tentar- los, de causar enfermedades, y hasta de poseerlos. Sin embargo en los Evangelios no es asi. Estos son su- mamente cuidadosos en el empleo de ambos términos y ja- més los usan de manera equivalente. Siempre distinguen, con toda precisi6n, entre el mundo de los demonios y el del Diablo. Lo que es un demonio Cada vez que los Evangelios se refieren a un caso de “posesién”, siempre es “demonfaca”, es decir, la persona tiene un “demonio”, esté “endemoniada”. Jamas la pose- si6n es atribuida al Diablo. No existe un solo episodio, en rte todo el Nuevo Testamento, que hable de “posesién diabé- lica”. {Qué es un “demonio” para los Evangelios? Esta pala- bra, de origen griego (daimonion), al ser de género neutro, es decir, ni masculino ni femenino, indica que no se trata de una persona sino de una cosa. Ademds no es propiamen- te un sustantivo sino un adjetivo sustantivado; por lo tanto indica la personificacién de una entidad abstracta. La men- talidad popular antigua habfa creado este vocablo para de- signar poderes impersonales, potencias espirituales o fuer- zas maléficas, capaces de entrar en Jas personas y provo- carles enfermedades. Los logros de la antigua medicina Sin embargo, no todas las enfermedades eran atribuidas a los demonios. Por los Evangelios se ve que la medicina de la €poca de Jestis, aunque todavia muy primitiva, distin- guia claramente entre enfermedades “internas” y “exter- nas”, Cuando la causa de una dolencia era perceptible por los sentidos, y se sabfa el por qué del padecimiento, entonces no venfa referida a los demonios o malos espfritus. No era necesario. Estaba claro que el motivo de la enfermedad era una herida externa, o una deformidad, o el deterioro de al- gtin miembro del cuerpo. Por ejemplo, nunca en el Evangelio a un leproso se lo 12 llama endemoniado, pues su enfermedad era evidente: te- nia lesiones culéneas, mutilaciones y deformaciones facia- les. Tampoco los ciegos son considerados endemoniados. Cualquiera podia comprender Ja dolencia de sus ojos, sea por causa del sol, la arena del desierto o Ia falta de limpie- za. El caso de los paraliticos, los discapacitados fisicos 0 los contrahechos, es idéntico. Nunca se dice de ellos que estén posefdos por un demonio. Si no podian caminar (Mc 2,1), 0 mover la mano (Mt 12,9), 0 se los vefa deformes (Lc 14,1), la causa estaba a la vista de todos: carecfan de algiin miembro o éste se hallaba dafiado. Lo mismo puede decirse de cuantos padecian hemorragias (Mc 5,25), 0 es- taban atacados por la fiebre (Mc 1,29). No estén jams en- demoniados. A todas estas enfermedades podemos Ilamarlas “exter- nas”, pues su causa natural era percibida por los sentidos, ubicada y sefialada. Cuando el demonio aparece Pero de repente se presentaba un hombre mudo. Podia comprobarse que su boca y su lengua estaban en perfectas condiciones, pero sorprendentemente no podia hablar. {C6mo era posible semejante anomalfa? Sélo habia una explicacién: tenia un demonio (Mt 9,32). O aparecia alguien padeciendo sordera. El aspecto exte- rior de sus orejas era normal, como el de todo el mundo. 13 Pero no podfa ofr absolutamente nada. {La explicaci6n de la época?; tiene un demonio (Mc 9,25). Lo mismo ocurria con quien padecfa de epilepsia. Re- pentinamente comenzaba a sacuditse con convulsiones, a gritar, a echar espuma por la boca, y se quedaba rigido. Sin embargo ninguna causa externa podia sefialarse para expli- car tal fendmeno. Sdlo podia decirse que tenia un demonio (Mt 17,14-20). En los casos de locura o demencia pasaba algo similar. Externamente el enfermo mental era normal, tenfa todo su cuerpo en orden; pero su conducta era extrafia y desconcer- tante. Era, pues, necesario acudir a fuerzas desconocidas para justificarla: los demonios. Y aclaran qué demonios Vemos asf, cémo las limitaciones médicas de entonces Ievaban a la gente a atribuir a los demonios todas las en- fermedades cuyas causas no eran directamente percepti- bles por los sentidos. En los Evangelios, pues, no se trata de posesiones como nosotros habitualmente entendemos, en el sentido de que un ser personal se introduce dentro de otra persona, lo “posee”, y lo obliga a tender hacia el mal en contra de su voluntad. Casos asi de posesién no apare- cen en los libros sagrados. Siempre se trata de enfermeda- des a las que Ja ciencia de aquel tiempo no encontraba res- puesta natural. 14 La prueba de que los endemoniados eran enfermos y no verdaderos poscidos como nosotros pensamos hoy, la ha- llamos en los mismos Evangelios. Estos aclaran el tipo de enfermedad tenia el supuesto posefdo. Por ejemplo, se dice que le presentaron a Jestis “un en- demoniado mudo” (Mt 9,32), o sea, un mudo. O que Jestis expulsé “un espiritu sordo y mudo”, es decir, cur6 a un sor- domudo. O que luego de curar al endemoniado de Gerasa, ste qued6 “en su sano juicio” (Mc 5,16), con lo cual se in- dica que antes habia estado loco. Y en el caso del joven en- demoniado que es Levado ante Jestis por su padre (Mc 9,14-29), no solamente Mateo aclara que se trata de un “lu- natico” (17,15), término técnico que empleaban los médi- cos griegos y romanos de aquel tiempo para designar a los epilépticos, sino que todos los sintomas que detalla Marcos (grita, se retuerce, echa espuma por la boca, queda endure- cido, como muerto) corresponden exactamente al diagnés- tico de la epilepsia. ¢Juan y Jestis endemoniados? Vemos, pues, cémo en aquella época recibfan el nombre de “endemoniados” los que actuaban extrafiamente, 0 ha- blaban u obraban en forma incomprensible. Asi, de Juan el Bautista que predicaba en el desierto, ayunaba y sc abstenfa permancntemente de vino, la gente comentaba: “tiene un demonio” (Mt 11,18). ,Estaba ende- 15 moniado Juan en el sentido que hoy entendemos? Claro que no, Simplemente querian decir “esté loco”. Y cuando Jestis en uno de sus sermones sostiene que si alguno escu- cha su palabra no morir4 para siempre, le dijeron “ahora estamos seguros de que tienes un demonio” (Jn 8,52). jAcaso Jestis tenia sintomas de posesi6n, gritaba y se re- torcfa? En absoluto. Les habia sonado absurda la expresi6n “no morir4 para siempre” y lo Ilaman “demente”. Otra vez en Jerusalén, en mitad de un tenso serm6n, pregunté el Sefior a la gente: “;Por qué quieren matarme?” Y le contestaron: “Tienes un demonio. ;Quién quiere ma- tarte?” (In 7,20). Con lo cual le decfan: “Estés loco. {Quién quiere matarte?”. Que Jos judfos de} tiempo de Cristo crefan que estar lo- co era sinénimo de estar endemoniado, se afirma clara- mente en Jn 10,20, luego del discurso de Jestis sobre el buen Pastor. Muchos al ofrlo comentaban “Esté endemo- niado y (por lo tanto) loco”. La misma frase, pues, coloca a ambos términos como sinénimos, explicando a uno con el otro. La distincién entre estos dos tipos de enfermedades, ex- ternas e internas, unas atribuidas a causas naturales y otras a demonios, hace que cuando Jestis sane a las primeras el Evangelio hable de “curaciones”, y cuando sane a las se- gundas, hable de “expulsién de demonios”. éQuién es el Diablo? La palabra “Diablo”, en cambio, se usa para una reali- dad totalmente diversa. En el Nuevo Testamento siempre aparece como sustantivo o nombre propio, y generalmente con articulo determinado (“el” Diablo). Es una palabra griega (“didbolos”) usada en la Biblia para traducir el vo- cablo hebreo “Satands”, que quiere decir “el adversario”, “el enemigo”. Por lo tanto las palabras Diablo y Satands significan exactamente lo mismo, una en lengua griega y la otra en hebreo. Y aunque cominmente usamos entre nosotros el plural, “diablos”, se trata de un error, ya que para la Biblia solo existe “un” Diablo, de la misma manera que hay un solo Satands, nunca “Satanases”. Ahora bien, en ninguna parte de la Biblia, y mucho me- nos en los Evangelios, se dice de nadie que estuviese po- sefdo por el Diablo ni por Satands. Nunca se le atribuyen directamente las enfermedades ni las posesiones. Se lo re- Jaciona Gnicarnente con el pecado. El reino de su influen- cia es moral, psicolégico, no fisico. Siempre acttia desde afuera, nunca desde dentro como se suponia que lo hacfan los demonios. Por eso vemos al Diablo (no al demonio) tentando a Je- stis en el desierto (Mt 4,1-11), incitando a Judas para que traicionara a su Maestro (Jn 13,2), sembrando la cizana en medio de Ja buena semilla (Mt 24-39), arrancando la Pala- 17 bra de Dios del corazén de los hombres (Lc 8,12), asechan- do a la los cristianos para hacerlos caer (Ef 6,11), También es el Diablo, o Satands, quien impide el apostolado de san Pablo (1 Ts 2,18), y el que inspira Ja persecucién de los cristianos (Ap 2,9). Siempre aparece, pues, relacionado directamente con el pecado. Por eso se dice que el que peca procede del Diablo (no del demonio) (1 Jn 3,8), y que todos los pecados pro- vienen del Diablo (Jn 8,44). Pero nunca se lo ve provocan- do directamente la enfermedad ni “poseyendo” a nadie. Peligrosa confusion En conclusion, podemos decir que en la Biblia, el Dia- blo o Satands siempre aparece en singular, en masculino, y con articulo determinado, Eso significa que se refiere a un ser personal e individual, un poder del mal tinico en su es- pecie, Por el contrario, la palabra “‘demonio” al ir generalmen- te sin articulo y ser de género neutro, deja entrever que no se refiere a un individuo personal. Por lo tanto, las dos palabras “Diablo” y “demonio” no son sinénimas, sino que sc reficrcn a entidades distintas, y no deben ser consideradas como equivalentes. Lamenta- blemente durante sigios a la expresidn biblica “posefdos por demonios” se Ja ha sustituido por “posefdos por dia- blos”, cosa que jamés afirman los Evangelios. 18 Las Sagradas Escrituras le atribuyen al Diablo sélo ten- taciones, es decir, actos hostiles desde fuera, pero no pose- siones o enfermedades, ni actitudes que acosen o dafien a una persona desde dentro. En cambio todas las enfermeda- des cuya causa natural era interna, no perceptible por los sentidos, incluidos los desequilibrios psicolégicos, se ex- plicaban siempre como “posesién demonfaca”. Tener en claro esto puede ayudar a evitar algunos malos entendidos, como en el caso de Maria Magdalena. Segtin Lucas, Jestis habfa expulsado de ella siete demonios (Le 8,2) pero no siete diablos. Por Jo tanto ella habia sido muy enferma (porque habfa tenido demonios), no muy pecado- ra (porque no habia tenido al Diablo), como erréneamente solemos creer. Por ignorar esto, algunos hablan de ella has- ta como de una prostituta. éPor qué no lo aclaré? Pero entonces, si los posefdos a quienes el Sefior cura- ba eran simples enfermos, {por qué Jestis no sacé del error ala gente? ;Por qué cuando le presentaban algtin endemo- niado para expulsarle los espfritus, Jestis no les advertia que no tenian ningGn ser adentro, sino que padecian enfer- medades cuyas causas se descunvcfan? {Por qué se priests a la pantomima de increpar a Jos espiritus y expulsarlos? Es que Jests vino a ensefiar religién, no medicina. En este sentido Jestis permanecié dentro de los lfmites de la 19 concepcién judfa de aquel tiempo. Los presuntamente po- sefdos eran en realidad enfermos, pero como la gente ex- plicaba aquellos trastornos y su curacién mediante el len- guaje de “posesi6n” y “exorcismo”, Jestis no tenia por qué hablar con términos distintos de los que eran familiares en aquel tiempo. Por ello cuando le traian algiin enfermo, simplemente se preocupaba de curarlo, pues su tinico objetivo era demos- trar que ante él todo mal desaparecia, sin entrar en detalles de si el paciente era un oligofrénico, o si habia somatizado alguna neurosis. Le bastaba proclamar que el poder de Dios era més fuerte que el de Satans, el del dolor y el del sufrimiento. Y aun cuando hoy sepamos que aquellos endemoniados en realidad eran enfermos con patologfas internas, no por ello disminuye el poder de Jesucristo. Su capacidad de ha- cer milagros sigue inalterada, Era tan milagroso curar en un instante a un sordo, a un mudo, o a un epiléptico, a quie~ nes se crefa endemoniados, como a un leproso, ciego o pa- ralitico, a quienes se consideraba enfermos naturales. ¢Existen los demonios? A la altura de nuestros actuales conocimientos, tanto cientificos como biblicos, no es posible seguir creyendo en la existencia de los demonios ni en Ja “posesién demonia- ca”, Este era un término médico de Jos tiempos de Jesus. 20 Hoy, en cambio, la medicina moderna conoce bien las cau- sas naturales de la mudez, de la sordera, de la epilepsia y de las distintas formas de demencia, y no necesita recurrir a los demonios para explicarlas. En todo caso, no existe ningtin fundamento biblico para sostener la posibilidad de las “posesiones”. Es verdad que atin hoy se dan dolencias extrafias cuyas causas exactas se ignoran, como Ia de encender fuego con la mirada, cambiar la voz, vomitar pelos 0 pequefias ser- pientes, y tener conocimientos extraordinarios. Pero no ha- ce falta ya apelar al viejo recurso de los demonios de la €poca de Jestis. Basta saber que con el tiempo saldra a la luz su explicacién, como de hecho ya sucede, gracias a la parapsicologfa, con algunos fenémenos como la levitacién, la tiptologia, la telekinesis o la xenoglosia. La actitud de la Iglesia Hoy la Iglesia contintia hablando del Diablo, pero ya no tanto del demonio. Sigue preocupada por las tentaciones, pero lentamente ha ido abandonando su creencia en las po- sesiones. El Concilio Vaticano II, en todos sus documentos, sdlo lo menciona tres veces, y siempre en pasajes biblicos. EL documento de Puebla no lo nombra ni una sola vez. Tam- poco el libro del Bendicional. El nuevo Cédigo de Derecho Canénico, antes mds explicito, ha reducido el tema del a1 exorcismo a un solo canon. Y mientras los antiguos cate- cismos hablaban con més detalles de la vida y el accionar de los demonios, el Nuevo Catecismo sélo le dedica dos nimeros. También la oraci6n oficial de la Iglesia ha reducido enormemente su mencién. En 1969 modificé el ritual del bautismo, donde se recitaban siete exorcismos por conside- rarse una larga batalla contra el demonio que habitaba en el recién nacido, y elaboré uno nuevo sin estas oraciones. Tres afios mds tarde, el papa Pablo VI suprimié el orden de los exorcistas, con lo cual ya ningtin sacerdote recibe este ministerio. Y en 1984 Juan Pablo II publicé el nuevo Ritual Romano en el que elimina definitivamente de la Iglesia ca- t6lica la ceremonia misma del exorcismo. En el siglo III la Iglesia pregunté a los cientificos de la época por qué ciertas personas tenian comportamientos su- mamente extrafios, y le contestaron: “estén endemonia- dos”. Ante esto, creé la ceremonia del exorcismo. En el si- glo XX la Iglesia vuelve a hacer Ja misma pregunta a los cientificos, y abora éstos contestan: “tienen raras patolo- gias, cuyas causas a medias ya se conocen”. Entonces, su- primi6 el exorcismo. Nadie puede introducirse por la fuerza en el interior del hombre, Sdlo existe el Diablo, es deci, el mal, y su accio- nar se reduce, a lo sumo, a la tentaci6n, a la propuesta de caminos pecaminosos, a insinuaciones desviadas. Jamas lo hard por la fuerza. Y basta que uno se mantenga firme en 22 su “no”, para vencerlo, Es m4s: aunque no siempre lo pa- rezca, ya ha sido definitivamente vencido gracias a la pre- sencia de Jestis en este mundo. El mismo lo dijo: “He vis- to caer a Satands desde el cielo como un rayo” (Le 10,9). Para reflexionar 1) Qué se entiende vulgarmente por Diablo 0 demo- nio? ,Qué caracteristicas y posibilidades tiene este ser en la mentalidad popular? 2) Para la Biblia ;qué son los demonios? 3) Para Ja Biblia ,qué es el Diablo? 4) yCuéles son las principales diferencias entre ellos? 5) gQué ventajas trae a los creyentes advertir esta dife- rencia? 6) En Ja Iglesia gqué cambios se notan con relacién a la figura del demonio? 23

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