0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 169 vistas15 páginas¿El Diablo y El Demonio Son Lo Mismo?
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Ariel Alvarez Valdéz
{Qué sabemos
de la Biblia? TV
Ediciones
Fray Juan de Zumérraga, A.R.
México, D.F.Coleccién En torno a la Biblia
Direccién: P. Luis Glinka, ofm.
Con las debidas licencias
ISBN 950-724-496-4
Ediciones FRAY JUAN DE ZUMARRAGA, AR.
Durango 90, Colonia Roma
(06700) México, DF.
Tel - Fax: 55 29 17 31
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Hecho el depdsito que previene la ley 11.723
Todos los derechos reservados
LIBRO DE EDICION ARGENTINA
PRINTED IN ARGENTINAEL DIABLO Y EL DEMONIO
SON LO MISMO?
Una confusién general
Es comtin oir decir a la gente indistintamente “el demo-
nio me tent6” 0 “el Diablo me tent6”, asi como referirse a
la “posesién diabélica” 0 a la “posesién demonfaca”, como
si las palabras “diablo” y “demonio” fueran sinénimos y
no hubiera ninguna diferencia entre ellas. Se cree que am-
bas designan una misma realidad, es decir, un ser personal
con poderes sobre los hombres, y con capacidad de tentar-
los, de causar enfermedades, y hasta de poseerlos.
Sin embargo en los Evangelios no es asi. Estos son su-
mamente cuidadosos en el empleo de ambos términos y ja-
més los usan de manera equivalente. Siempre distinguen,
con toda precisi6n, entre el mundo de los demonios y el del
Diablo.
Lo que es un demonio
Cada vez que los Evangelios se refieren a un caso de
“posesién”, siempre es “demonfaca”, es decir, la persona
tiene un “demonio”, esté “endemoniada”. Jamas la pose-
si6n es atribuida al Diablo. No existe un solo episodio, en
rtetodo el Nuevo Testamento, que hable de “posesién diabé-
lica”.
{Qué es un “demonio” para los Evangelios? Esta pala-
bra, de origen griego (daimonion), al ser de género neutro,
es decir, ni masculino ni femenino, indica que no se trata
de una persona sino de una cosa. Ademds no es propiamen-
te un sustantivo sino un adjetivo sustantivado; por lo tanto
indica la personificacién de una entidad abstracta. La men-
talidad popular antigua habfa creado este vocablo para de-
signar poderes impersonales, potencias espirituales o fuer-
zas maléficas, capaces de entrar en Jas personas y provo-
carles enfermedades.
Los logros de la antigua medicina
Sin embargo, no todas las enfermedades eran atribuidas
a los demonios. Por los Evangelios se ve que la medicina
de la €poca de Jestis, aunque todavia muy primitiva, distin-
guia claramente entre enfermedades “internas” y “exter-
nas”,
Cuando la causa de una dolencia era perceptible por los
sentidos, y se sabfa el por qué del padecimiento, entonces
no venfa referida a los demonios o malos espfritus. No era
necesario. Estaba claro que el motivo de la enfermedad era
una herida externa, o una deformidad, o el deterioro de al-
gtin miembro del cuerpo.
Por ejemplo, nunca en el Evangelio a un leproso se lo
12llama endemoniado, pues su enfermedad era evidente: te-
nia lesiones culéneas, mutilaciones y deformaciones facia-
les. Tampoco los ciegos son considerados endemoniados.
Cualquiera podia comprender Ja dolencia de sus ojos, sea
por causa del sol, la arena del desierto o Ia falta de limpie-
za. El caso de los paraliticos, los discapacitados fisicos 0
los contrahechos, es idéntico. Nunca se dice de ellos que
estén posefdos por un demonio. Si no podian caminar (Mc
2,1), 0 mover la mano (Mt 12,9), 0 se los vefa deformes
(Lc 14,1), la causa estaba a la vista de todos: carecfan de
algiin miembro o éste se hallaba dafiado. Lo mismo puede
decirse de cuantos padecian hemorragias (Mc 5,25), 0 es-
taban atacados por la fiebre (Mc 1,29). No estén jams en-
demoniados.
A todas estas enfermedades podemos Ilamarlas “exter-
nas”, pues su causa natural era percibida por los sentidos,
ubicada y sefialada.
Cuando el demonio aparece
Pero de repente se presentaba un hombre mudo. Podia
comprobarse que su boca y su lengua estaban en perfectas
condiciones, pero sorprendentemente no podia hablar.
{C6mo era posible semejante anomalfa? Sélo habia una
explicacién: tenia un demonio (Mt 9,32).
O aparecia alguien padeciendo sordera. El aspecto exte-
rior de sus orejas era normal, como el de todo el mundo.
13Pero no podfa ofr absolutamente nada. {La explicaci6n de
la época?; tiene un demonio (Mc 9,25).
Lo mismo ocurria con quien padecfa de epilepsia. Re-
pentinamente comenzaba a sacuditse con convulsiones, a
gritar, a echar espuma por la boca, y se quedaba rigido. Sin
embargo ninguna causa externa podia sefialarse para expli-
car tal fendmeno. Sdlo podia decirse que tenia un demonio
(Mt 17,14-20).
En los casos de locura o demencia pasaba algo similar.
Externamente el enfermo mental era normal, tenfa todo su
cuerpo en orden; pero su conducta era extrafia y desconcer-
tante. Era, pues, necesario acudir a fuerzas desconocidas
para justificarla: los demonios.
Y aclaran qué demonios
Vemos asf, cémo las limitaciones médicas de entonces
Ievaban a la gente a atribuir a los demonios todas las en-
fermedades cuyas causas no eran directamente percepti-
bles por los sentidos. En los Evangelios, pues, no se trata
de posesiones como nosotros habitualmente entendemos,
en el sentido de que un ser personal se introduce dentro de
otra persona, lo “posee”, y lo obliga a tender hacia el mal
en contra de su voluntad. Casos asi de posesién no apare-
cen en los libros sagrados. Siempre se trata de enfermeda-
des a las que Ja ciencia de aquel tiempo no encontraba res-
puesta natural.
14La prueba de que los endemoniados eran enfermos y no
verdaderos poscidos como nosotros pensamos hoy, la ha-
llamos en los mismos Evangelios. Estos aclaran el tipo de
enfermedad tenia el supuesto posefdo.
Por ejemplo, se dice que le presentaron a Jestis “un en-
demoniado mudo” (Mt 9,32), o sea, un mudo. O que Jestis
expulsé “un espiritu sordo y mudo”, es decir, cur6 a un sor-
domudo. O que luego de curar al endemoniado de Gerasa,
ste qued6 “en su sano juicio” (Mc 5,16), con lo cual se in-
dica que antes habia estado loco. Y en el caso del joven en-
demoniado que es Levado ante Jestis por su padre (Mc
9,14-29), no solamente Mateo aclara que se trata de un “lu-
natico” (17,15), término técnico que empleaban los médi-
cos griegos y romanos de aquel tiempo para designar a los
epilépticos, sino que todos los sintomas que detalla Marcos
(grita, se retuerce, echa espuma por la boca, queda endure-
cido, como muerto) corresponden exactamente al diagnés-
tico de la epilepsia.
¢Juan y Jestis endemoniados?
Vemos, pues, cémo en aquella época recibfan el nombre
de “endemoniados” los que actuaban extrafiamente, 0 ha-
blaban u obraban en forma incomprensible.
Asi, de Juan el Bautista que predicaba en el desierto,
ayunaba y sc abstenfa permancntemente de vino, la gente
comentaba: “tiene un demonio” (Mt 11,18). ,Estaba ende-
15moniado Juan en el sentido que hoy entendemos? Claro
que no, Simplemente querian decir “esté loco”. Y cuando
Jestis en uno de sus sermones sostiene que si alguno escu-
cha su palabra no morir4 para siempre, le dijeron “ahora
estamos seguros de que tienes un demonio” (Jn 8,52).
jAcaso Jestis tenia sintomas de posesi6n, gritaba y se re-
torcfa? En absoluto. Les habia sonado absurda la expresi6n
“no morir4 para siempre” y lo Ilaman “demente”.
Otra vez en Jerusalén, en mitad de un tenso serm6n,
pregunté el Sefior a la gente: “;Por qué quieren matarme?”
Y le contestaron: “Tienes un demonio. ;Quién quiere ma-
tarte?” (In 7,20). Con lo cual le decfan: “Estés loco.
{Quién quiere matarte?”.
Que Jos judfos de} tiempo de Cristo crefan que estar lo-
co era sinénimo de estar endemoniado, se afirma clara-
mente en Jn 10,20, luego del discurso de Jestis sobre el
buen Pastor. Muchos al ofrlo comentaban “Esté endemo-
niado y (por lo tanto) loco”. La misma frase, pues, coloca
a ambos términos como sinénimos, explicando a uno con
el otro.
La distincién entre estos dos tipos de enfermedades, ex-
ternas e internas, unas atribuidas a causas naturales y otras
a demonios, hace que cuando Jestis sane a las primeras el
Evangelio hable de “curaciones”, y cuando sane a las se-
gundas, hable de “expulsién de demonios”.éQuién es el Diablo?
La palabra “Diablo”, en cambio, se usa para una reali-
dad totalmente diversa. En el Nuevo Testamento siempre
aparece como sustantivo o nombre propio, y generalmente
con articulo determinado (“el” Diablo). Es una palabra
griega (“didbolos”) usada en la Biblia para traducir el vo-
cablo hebreo “Satands”, que quiere decir “el adversario”,
“el enemigo”. Por lo tanto las palabras Diablo y Satands
significan exactamente lo mismo, una en lengua griega y la
otra en hebreo.
Y aunque cominmente usamos entre nosotros el plural,
“diablos”, se trata de un error, ya que para la Biblia solo
existe “un” Diablo, de la misma manera que hay un solo
Satands, nunca “Satanases”.
Ahora bien, en ninguna parte de la Biblia, y mucho me-
nos en los Evangelios, se dice de nadie que estuviese po-
sefdo por el Diablo ni por Satands. Nunca se le atribuyen
directamente las enfermedades ni las posesiones. Se lo re-
Jaciona Gnicarnente con el pecado. El reino de su influen-
cia es moral, psicolégico, no fisico. Siempre acttia desde
afuera, nunca desde dentro como se suponia que lo hacfan
los demonios.
Por eso vemos al Diablo (no al demonio) tentando a Je-
stis en el desierto (Mt 4,1-11), incitando a Judas para que
traicionara a su Maestro (Jn 13,2), sembrando la cizana en
medio de Ja buena semilla (Mt 24-39), arrancando la Pala-
17bra de Dios del corazén de los hombres (Lc 8,12), asechan-
do a la los cristianos para hacerlos caer (Ef 6,11), También
es el Diablo, o Satands, quien impide el apostolado de san
Pablo (1 Ts 2,18), y el que inspira Ja persecucién de los
cristianos (Ap 2,9).
Siempre aparece, pues, relacionado directamente con el
pecado. Por eso se dice que el que peca procede del Diablo
(no del demonio) (1 Jn 3,8), y que todos los pecados pro-
vienen del Diablo (Jn 8,44). Pero nunca se lo ve provocan-
do directamente la enfermedad ni “poseyendo” a nadie.
Peligrosa confusion
En conclusion, podemos decir que en la Biblia, el Dia-
blo o Satands siempre aparece en singular, en masculino, y
con articulo determinado, Eso significa que se refiere a un
ser personal e individual, un poder del mal tinico en su es-
pecie,
Por el contrario, la palabra “‘demonio” al ir generalmen-
te sin articulo y ser de género neutro, deja entrever que no
se refiere a un individuo personal.
Por lo tanto, las dos palabras “Diablo” y “demonio” no
son sinénimas, sino que sc reficrcn a entidades distintas, y
no deben ser consideradas como equivalentes. Lamenta-
blemente durante sigios a la expresidn biblica “posefdos
por demonios” se Ja ha sustituido por “posefdos por dia-
blos”, cosa que jamés afirman los Evangelios.
18Las Sagradas Escrituras le atribuyen al Diablo sélo ten-
taciones, es decir, actos hostiles desde fuera, pero no pose-
siones o enfermedades, ni actitudes que acosen o dafien a
una persona desde dentro. En cambio todas las enfermeda-
des cuya causa natural era interna, no perceptible por los
sentidos, incluidos los desequilibrios psicolégicos, se ex-
plicaban siempre como “posesién demonfaca”.
Tener en claro esto puede ayudar a evitar algunos malos
entendidos, como en el caso de Maria Magdalena. Segtin
Lucas, Jestis habfa expulsado de ella siete demonios (Le
8,2) pero no siete diablos. Por Jo tanto ella habia sido muy
enferma (porque habfa tenido demonios), no muy pecado-
ra (porque no habia tenido al Diablo), como erréneamente
solemos creer. Por ignorar esto, algunos hablan de ella has-
ta como de una prostituta.
éPor qué no lo aclaré?
Pero entonces, si los posefdos a quienes el Sefior cura-
ba eran simples enfermos, {por qué Jestis no sacé del error
ala gente? ;Por qué cuando le presentaban algtin endemo-
niado para expulsarle los espfritus, Jestis no les advertia
que no tenian ningGn ser adentro, sino que padecian enfer-
medades cuyas causas se descunvcfan? {Por qué se priests
a la pantomima de increpar a Jos espiritus y expulsarlos?
Es que Jests vino a ensefiar religién, no medicina. En
este sentido Jestis permanecié dentro de los lfmites de la
19concepcién judfa de aquel tiempo. Los presuntamente po-
sefdos eran en realidad enfermos, pero como la gente ex-
plicaba aquellos trastornos y su curacién mediante el len-
guaje de “posesi6n” y “exorcismo”, Jestis no tenia por qué
hablar con términos distintos de los que eran familiares en
aquel tiempo.
Por ello cuando le traian algiin enfermo, simplemente se
preocupaba de curarlo, pues su tinico objetivo era demos-
trar que ante él todo mal desaparecia, sin entrar en detalles
de si el paciente era un oligofrénico, o si habia somatizado
alguna neurosis. Le bastaba proclamar que el poder de
Dios era més fuerte que el de Satans, el del dolor y el del
sufrimiento.
Y aun cuando hoy sepamos que aquellos endemoniados
en realidad eran enfermos con patologfas internas, no por
ello disminuye el poder de Jesucristo. Su capacidad de ha-
cer milagros sigue inalterada, Era tan milagroso curar en
un instante a un sordo, a un mudo, o a un epiléptico, a quie~
nes se crefa endemoniados, como a un leproso, ciego o pa-
ralitico, a quienes se consideraba enfermos naturales.
¢Existen los demonios?
A la altura de nuestros actuales conocimientos, tanto
cientificos como biblicos, no es posible seguir creyendo en
la existencia de los demonios ni en Ja “posesién demonia-
ca”, Este era un término médico de Jos tiempos de Jesus.
20Hoy, en cambio, la medicina moderna conoce bien las cau-
sas naturales de la mudez, de la sordera, de la epilepsia y
de las distintas formas de demencia, y no necesita recurrir
a los demonios para explicarlas. En todo caso, no existe
ningtin fundamento biblico para sostener la posibilidad de
las “posesiones”.
Es verdad que atin hoy se dan dolencias extrafias cuyas
causas exactas se ignoran, como Ia de encender fuego con
la mirada, cambiar la voz, vomitar pelos 0 pequefias ser-
pientes, y tener conocimientos extraordinarios. Pero no ha-
ce falta ya apelar al viejo recurso de los demonios de la
€poca de Jestis. Basta saber que con el tiempo saldra a la
luz su explicacién, como de hecho ya sucede, gracias a la
parapsicologfa, con algunos fenémenos como la levitacién,
la tiptologia, la telekinesis o la xenoglosia.
La actitud de la Iglesia
Hoy la Iglesia contintia hablando del Diablo, pero ya no
tanto del demonio. Sigue preocupada por las tentaciones,
pero lentamente ha ido abandonando su creencia en las po-
sesiones.
El Concilio Vaticano II, en todos sus documentos, sdlo
lo menciona tres veces, y siempre en pasajes biblicos. EL
documento de Puebla no lo nombra ni una sola vez. Tam-
poco el libro del Bendicional. El nuevo Cédigo de Derecho
Canénico, antes mds explicito, ha reducido el tema del
a1exorcismo a un solo canon. Y mientras los antiguos cate-
cismos hablaban con més detalles de la vida y el accionar
de los demonios, el Nuevo Catecismo sélo le dedica dos
nimeros.
También la oraci6n oficial de la Iglesia ha reducido
enormemente su mencién. En 1969 modificé el ritual del
bautismo, donde se recitaban siete exorcismos por conside-
rarse una larga batalla contra el demonio que habitaba en
el recién nacido, y elaboré uno nuevo sin estas oraciones.
Tres afios mds tarde, el papa Pablo VI suprimié el orden de
los exorcistas, con lo cual ya ningtin sacerdote recibe este
ministerio. Y en 1984 Juan Pablo II publicé el nuevo Ritual
Romano en el que elimina definitivamente de la Iglesia ca-
t6lica la ceremonia misma del exorcismo.
En el siglo III la Iglesia pregunté a los cientificos de la
época por qué ciertas personas tenian comportamientos su-
mamente extrafios, y le contestaron: “estén endemonia-
dos”. Ante esto, creé la ceremonia del exorcismo. En el si-
glo XX la Iglesia vuelve a hacer Ja misma pregunta a los
cientificos, y abora éstos contestan: “tienen raras patolo-
gias, cuyas causas a medias ya se conocen”. Entonces, su-
primi6 el exorcismo.
Nadie puede introducirse por la fuerza en el interior del
hombre, Sdlo existe el Diablo, es deci, el mal, y su accio-
nar se reduce, a lo sumo, a la tentaci6n, a la propuesta de
caminos pecaminosos, a insinuaciones desviadas. Jamas lo
hard por la fuerza. Y basta que uno se mantenga firme en
22su “no”, para vencerlo, Es m4s: aunque no siempre lo pa-
rezca, ya ha sido definitivamente vencido gracias a la pre-
sencia de Jestis en este mundo. El mismo lo dijo: “He vis-
to caer a Satands desde el cielo como un rayo” (Le 10,9).
Para reflexionar
1) Qué se entiende vulgarmente por Diablo 0 demo-
nio? ,Qué caracteristicas y posibilidades tiene este
ser en la mentalidad popular?
2) Para la Biblia ;qué son los demonios?
3) Para Ja Biblia ,qué es el Diablo?
4) yCuéles son las principales diferencias entre ellos?
5) gQué ventajas trae a los creyentes advertir esta dife-
rencia?
6) En Ja Iglesia gqué cambios se notan con relacién a la
figura del demonio?
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