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Numero 1

El documento aborda la doctrina del sacerdocio de los creyentes, destacando que todos tienen acceso a Dios a través de Jesucristo y que cada creyente tiene un ministerio que realizar para el bien de la Iglesia. Se menciona que el Nuevo Testamento no hace una clara distinción entre clero y laicado, enfatizando que todos los creyentes son parte del ministerio. Además, se identifican funciones específicas dentro del ministerio, como apóstoles y pastores, y se discuten diferentes clasificaciones de estos roles en la Iglesia Primitiva.

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El documento aborda la doctrina del sacerdocio de los creyentes, destacando que todos tienen acceso a Dios a través de Jesucristo y que cada creyente tiene un ministerio que realizar para el bien de la Iglesia. Se menciona que el Nuevo Testamento no hace una clara distinción entre clero y laicado, enfatizando que todos los creyentes son parte del ministerio. Además, se identifican funciones específicas dentro del ministerio, como apóstoles y pastores, y se discuten diferentes clasificaciones de estos roles en la Iglesia Primitiva.

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1 Marcia

EL MINISTERIO DE LA IGLESIA.

El sacerdocio de los creyentes Una de las más importantes entre las doctrinas que
recibieron atención especial durante la Reforma Protestante fue la del sacerdocio de los
fieles: todos tenemos acceso a Dios por medio del sumo sacerdocio del propio Jesucristo.
Una idea así, después de siglos de control del ministerio de la Iglesia por parte de la
jerarquía católica romana, apasionó a muchos. A su vez comprendieron que Cristo les ha
dado a todos los creyentes ministerios que realizar para el bien de todo el cuerpo de la fe.
Este concepto del sacerdocio de todos los creyentes está firmemente basado en las
Escrituras. Al referirse a los creyentes, Pedro los describe como un “sacerdocio santo” (1
Pedro 2:5) y toma prestada del Antiguo Testamento la analogía de que la Iglesia es un
“real sacerdocio” (1 Pedro 2:9). Juan describe a los creyentes como convertidos en “reyes
[con poder real] y sacerdotes” para servir a Dios (Apocalipsis 1:6; véase también 5:10).
Cualquiera que sea la posición o el desempeño de alguien en la vida, puede disfrutar de
los privilegios y responsabilidades que tienen los que sirven al Señor como miembros de
su Iglesia. Paul Minear se refiere al concepto neotestamentario de que los cristianos son
“partícipes del Espíritu Santo y … del múltiple llamado que asigna el Espíritu”.

1 - Esta comprensión pone de relieve que el ministerio es un llamado divino y universal al


mismo tiempo. Saucy sugiere: “En realidad, el ministerio de la Iglesia es el ministerio del
Espíritu, que se divide entre sus diversos miembros, contribuyendo cada uno con su don a
la obra total de la Iglesia”.

2 - Los creyentes dependen de que el Espíritu los capacite y obre a través de ellos, pero
la obra del Espíritu está a la disposición de todo creyente. A lo largo de los siglos, la
Iglesia ha tenido la tendencia a dividirse en dos categorías amplias: clero (gr. kléros,
“parcela”, esto es, la parcela de Dios, los escogidos) y laicado (gr. laós, “pueblo”). Sin
embargo, el Nuevo Testamento no hace esta distinción tan marcada. Más bien, la
“parcela” o kléros de Dios, su posesión propia, la componen todos los creyentes nacidos
de nuevo, y no sólo un grupo escogido (véase 1 Pedro 2:9). Alan Cole afirma con razón
que “todos los clérigos son laicos, y también todos los laicos son clérigos, en el sentido
bíblico de estas palabras”.

3 - Puestos y funciones dentro del ministerio Aunque el Nuevo Testamento insiste en la


universalidad del ministerio dentro del cuerpo de Cristo, también indica que algunos
creyentes son apartados de manera exclusiva para funciones concretas dentro del
ministerio. Con frecuencia se menciona al respecto Efesios 4:11: “Y él mismo constituyó a
unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros”. De
esta manera se obtiene una lista de las que se han llamado en ocasiones “funciones
carismáticas” (más bien “ministerios”) de la Iglesia Primitiva. Se diferencian de ellos los
“puestos administrativos” (obispo, anciano, diácono), de los que se hace mención especial
en las últimas epístolas del Nuevo Testamento. Se han sugerido muchas otras formas de
clasificar los diferentes puestos, o categorías, dentro del ministerio del Nuevo Testamento.
Por ejemplo, H. Orton Wiley habla de un “ministerio extraordinario y de transición” y otro
“ministerio normal y permanente”; Louis Berkhof prefiere “funcionarios extraordinarios” y
“funcionarios ordinarios”; y Saucy usa correctamente los nombres más sencillos de
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“ministerios generales” y “funcionarios locales”. El importante papel que desempeñaron
los apóstoles, profetas y evangelistas en el ministerio de la Iglesia Primitiva está bien
atestiguado en el Nuevo Testamento.

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