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Carta a los

indignados
ENRIQUE DUSSEL
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LA J O R N A D A EDICIONES
Esta Carta a los indignados está dirigida sobre todo a los jóvenes,
pero también a todos los militantes conscientes de su responsa¬
bilidad política, que se levantan en nombre del sufrimiento de la
comunidad política: el pueblo. Está dedicada a todos los indig¬
nados que con sus plantones se han propuesto hacer que ban ¬
queros y magnates, propietarios del capital financiero nacional y
globalizado, se den cuenta de la deshonestidad de su avaricia;
que los Estados, cuyas burocracias políticas monopólicas y con
frecuencia burocratizadas y corruptas, se responsabilicen de sus
actos. La injusticia es el caldo de cultivo de los “ indignados” que


——
aparecen explícitamente - en los movimientos que se denomi ¬
nan así o implícitamente en el descontento de los pueblos
sometidos por el capitalismo y la democracia representativa libe ¬

ral en distintos puntos de la Tierra. Hoy se incuba, gracias a
ellos, el “ Estado de rebelión” , para realizar la revolución social de
principios del siglo XXI en todo el mundo.

5
í lLapornada
V9

© FONDO DUSSEL

Enrique Dussel ( 1934, Mendoza, Argentina )


es profesor emérito dé la Universidad Autó ¬
noma Metropolitana ( Iztapalapa ) y profesor
del Colegio de Filosofía de la Facultad de Filo¬
sof ía y Letras de la UNAM. Recibió el Premio
Frantz Fanón 2009 de la Asociación Filosófica
del Caribe y el Premio al Pensamiento Cr ítico
2010 del Ministerio de Cultura venezolano.
Es fundador del movimiento de la Filosof ía de
la Liberación y autor de numerosas obras sobre
ética, filosof ía política y el pensamiento filosó¬
fico latinoamericano, entre las que se cuentan
Filosof ía de la cultura y ¡a liberación , Introducción
a una filosofía de la liberación latinoamericana ,
La producción teórica de Marx , El último Marx y
El dualismo en la antropología de la cristiandad .
OTROS T Í TULOS

José María Pérez Gay


LA SUPREMACÍ A DE LOS ABISMOS

John Berger
CON LA ESPERANZA ENTRE LOS DIENTES

Luis Herná ndez Navarro


SENTIDO CONTRARIO

Armando Bartra
LA UTOPÍ A POSIBLE
M ÉXICO EN VILO: DE LA
CRISIS DEL AUTORITARISMO A LA CRISIS
DE LA DEMOCRACIA ( 2000 2008 ) -
Howard Zinn
UN PODER INDESTRUCTIBLE
MOVIMIENTO CIVIL EN ESTADOS UNIDOS

José Cueíi
ENTRE EL DELIRIO Y EL SUE Ñ O:
CERVANTES Y FREUD

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eg ;

ULaJornada
ENRIQUE DUSSEL

Carta
a los indignados

Los Nuestros
LA JORNADA EDICIONES
Primera edició n: 2011
Editores: José María Pérez Gay
y Guillermina Á lvarez Cadena

Diseño de la serie: Natalia Rojas Nieto

D.R. © 2011 , Enrique Dussel


D.R. © 2011, La Jomada Ediciones/Demos, Desarrollo de Medios, SA de CV ,
Ave . Cuauhtemoc 1236, Colonia Santa Cruz Atoyac, Mé xico , D. F. 03310,
M é xico, Tel éfono: ( 55 ) 9183 0300

Esta obra no podrá reproducirse total o parcialmente


— —
incluido el diseño tipogr á fico y de portada sea cual fuere
el medio, electrónico o mecá nico, sin el consentimiento
por escrito del editor.

Portada: Aarianna Morada disfrazada de la Estatua de la Libertad durante


la manifestación “ Ocupemos Seattle” , el sá bado 15 de octubre de 2011,
en el centro de Seattle . ( Foto AP/Ted S. Warren. )

ISBN : 978-607-95588-33
Impreso en Mé xico/Printed m Mexico
www. jornada.unam.mx
htrps:// 1ibreria. j ornada , com. mx
Contenido

9 Palabras preliminares
ll I . Carta a los indignados

27 II . Democracia participativa , disolución del Estado


y liderazgo pol ítico

37 III . Meditaciones desde coyunturas pol í ticas


37 Participación democrá tica y estado de rebelión
90 ¿Estado de rebelión egipcia ?
93 Los Hermanos Musulmanes
98 El panóptico y la democracia participativa
i 0i ¡Estado o comunidad ?
105 ¡Hace cuarenta años!
108 ¿Y cuando todo se corrompe ?
112 ¿ Por qu é la filosof ía ?
I I í> De un inmigrante y un exiliado político llamado Joshúa de Nazaret
120 Soberanía, Estado y petróleo
124 5 de mayo de 1818: nace Karl Marx
J 28 Mediocracia y hermené utica
131 Estado de derecho, Estado de excepción, Estado de rebelión
135 La pol ítica-espectáculo: lo populista y lo popular
138 El partido político y la organización de la base, 1
141 El partido político en función de la organización de la base, II
144 Partido político y sus 130 000 comités de base , III
147 La é tica y la normatividad pol ítica , I
/ 50 La ética y la normatividad pol ítica, II
153 Moralidad, legalidad y legitimidad pol ítica
157 Partido político y gobierno: ¿ Identidad o diferencia ?
161 ¿La libertad de prensa: de los medios o del pueblo ?
165 La “ vida ” : sí, pero toda la vida
169 ¿ Liderazgo o carisma ? ¿ Puede un líder ser democrá tico ?
173 Criterios del liderazgo democrá tico
177 ¿Qué hacer ? Sobre los movimientos sociales y el partido pol ítico
Id ? ¿El voto es un documento pú blico ?
184 Legalidad y legitimidad
187 La vida , la ley y la fuerza
191 La doble campaña
195 1810: ¿El nuevo encubrimiento del otro? Hacia 2010:
a dos siglos del proceso de la emancipación
198 Los principios y la política
202 ¿Estado de rebelión ?
206 ¿Juicio pol ítico: simplemente legal o también justo ?
210 De la acción social al campo político
213 ¿Colombianización del proceso político ?
217 ¿Venezolizffción de la política ?

220 ¡Rescatemos la patria!


224 El poder ciudadano en la Constitución Bolivariana. Articulación
de la democracia participativa con la democracia representativa
230 Reforma Universitaria de 2000.1. Autonom ía universitaria
233 Reforma Universitaria de 2000. II. Autoritarismo y vanguardismo
236 Un programa ejemplar de filosof ía en la UACM
Palabras preliminares

T7 ste libro consta de tres partes. En primer Lugar, una “ Carta a los
J
— indignados” , que humildemente desea que los sacrificios que están
/

haciendo tengan frutos de significación histórica; frutos que ellos han


cultivado con desinterés y valent ía. Es por lo tanto una carta de adhe ¬
sión a su causa.
En segundo lugar, se han incluido algunas reflexiones políticas acer¬
ca de los pasos que podr ían darse, simples sugerencias de un viejo mi ¬
litante, y como material para ser discutido en reuniones y debates. Son
exposiciones de tres temas que están en el corazón de la crisis pol ítica
actual en el mundo: la necesidad de una participación democrá tica de
todos los ciudadanos de la Tierra, en su mayor ía descartados por una
representación fetichizada, corrompida o alejada del pueblo; la tenta ¬
ción de simplemente destruir las instituciones, el Estado en particular,
sin descubrir la posibilidad de su transformación parcial o radical, segú n
los casos; y la necesidad de que surjan en todos los á mbitos personas,
j óvenes o adultos, mujeres o varones , que jueguen el papel siempre
necesario del líder, que debe enmarcarse en una cultura democr ática ,
pero que promueva el entusiasmo y el ejemplo en una donación ejem ¬
plar en la noble tarea de lo político.
En tercer lugar, he reunido art ículos de opinión, cortos, tal como
los pide La Jornada, escritos a partir de coyunturas concretas , en su
mayor ía dictados por el contexto mexicano , pero de validez lati ¬
noamericana y aun de mayor alcance. Son trabajos que complemen ¬
tan mis obras de filosof ía pol í tica , m ás extensas , universitarias, de
densidad teórica específica.

9
CARTA A LOS INDIGNADOS

En cuarto lugar, me agradr ía indicar que el 21 de octubre de 2011 ,


en la Avenida Reforma de la ciudad de M é xico, ante la Bolsa Mexi -
cana de Valores, un grupo de indignados me invitó a tomar la palabra .
Durantes varios minutos, micrófono en mano, expuse a ellos algunas
de las ideas de este libro.
Espero que en M é xico , y en Amé rica Latina , nazcan muchos
grupos de “ indignados” , que expresen su dolor y responsabilidad , y que
exijan los cambios que otros j óvenes y adultos, desocupados , em ¬
pobrecidos , desplazados . .. de otras partes del mundo vienen pro -
moviendo.

10
I. Carta a los indignados

\ 4 i amigo Michael Lowy pasó por México en abril de 2011, para


IV idictar una conferencia sobre Walter Benjamin, y me mostró un
folleto que había producido gran revuelo en Europa: Indignez vous!,
de Sté phane Hessel, publicado por Indigene Editions de París, en su
decimotercera edición de ese año. El texto es el grito de una concien¬
-
cia é tico pol ítica que despertó con la gigantesca masacre de millones
de seres humanos, barbarie que nunca había contemplado la humani ¬
dad , durante la Segunda Guerra llamada Mundial ( los europeos y esta ¬
dunidenses llaman “ mundiales” a sus guerras, ya que es evidente que
-
no fue latinoamericana, por ejemplo ). Hessel vivió su “ tiempo ahora”
( el Jetzt' Zeit de Walter Benjamin o el tiempo mesiánico de Pablo de
Tarso ), 1 su 15 de Mayo , en la década de los cuarenta del siglo pasado;
en la heroica resistencia francesa contra la invasión nazi. Era la pre¬
historia de la posterior reconstrucción de Europa , del triunfo de los
demócratas cristianos y los socialdemócratas, del plan Marshall , de
los milagros alemán y japonés ante la Unión Soviética de Stalin y la
-
China de Mao Tse tung. Fue el comienzo del Imperio Estadunidense
que dura desde 1945 hasta las actuales derrotas en Irak y Afganistá n.
Fue un tiempo de crecimiento ininterrumpido, de optimismo crecien ¬
te, de desarrollo sin l ímites, del capitalismo fordista y despu és trans ¬
nacional estadounidense como modelo de la american way of life .
Stéphane Hessel resistió las ilusiones de esta pax americana con un
espíritu de indignación ante la indiferencia de las injusticias que se

1 Romanos , 3, 26.

11
CARTA A LOS INDIGNADOS

iban acumulando en Europa , en el mundo poscolonial y en Israel ( en


este ú ltimo caso ante los sufridos palestinos , sin olvidar que la solida ¬
ridad de Hessel es doblemente meritoria , ya que é l mismo es de origen
jud ío).
Mi 15 de Mayo, en cambio, fue en 1968. No sólo el del Par ís de
P Ricoeur ( donde viv í en el barrio latino, cuatro a ños junto a la
.
Sorbonne , aunque volví a América Latina en 1967 ) , ni el del Berkeley
de H. Marcuse, sino el 1968 de los más de cuatrocientos estudiantes
y obreros mexicanos asesinados por el gobierno neocolonial en la
Plaza de Tlatelolco o el del “ Cordobazo” de Argentina, ciudad toma ¬
da por estudiantes, obreros y movimientos sociales que derrocaron la
dictadura militar de Juan Carlos Ongan ía, impuesta por el Departa ¬
mento de Estado. Era la primera crisis del capitalismo de posguerra ,
cuando la pequeña burguesía permitió a sus hijos o hijas levantarse
contra el sistema , que mostró los primeros signos de sus defectos cre ¬
cientes.
Junto a esos movimientos sociales, en todos los pa íses latinoame ¬
ricanos cuyas juventudes m ás alertas estaban en estado de rebelión ,
siguiendo el ejemplo cubano del Che Guevara desde 1959, surgió lo
que denominamos generacionalmente [ a filosof ía de la liberaci ón en el
campo universitario secular ( siendo la Teología de la Liberación su
antecedente en las comunidades creyentes populares y militantes ) .
Dif ícil sería aqu í describir los millares de frentes de lucha que en toda
Amé rica Latina produjo este movimiento, desde los “ latinos” en Es ¬
tados Unidos o en el Caribe , hasta los movimientos en M é xico y
Centroamé rica, o en América del Sur. Las dictaduras militares ins ¬
taladas en nuestro continente por el Pent á gono, por el proverbial
Henry Kissinger ( responsable de muchos golpes de Estado, principal ¬
mente el de Augusto Pinochet en Chile ) , ahogaron con sangre nues ¬
tra Am é rica, como Europa fue igualmente sepultada por la indicada
Segunda Guerra Mundial , guardando las proporciones. Era el tiempo
de la Guerra Fr ía, del Occidente capitalista contra el Oriente socia ¬
lista . De Á frica y de Asia que se hab ían liberado del colonialismo
europeo ( principalmente inglés y francés ) , pero que hab ían ca ído bajo

12
1. CARTA A LOS INDIGNADOS

el dominio neocolonial de las corporaciones norteamericanas, por lo


que se dificultaba , sobre todo en Africa , la nueva organización de
Estados nacionales. Tiempo de luchas fratricidas, fruto de la pol ítica
neocolonial.
Mientras el mundo del Sur sufr ía una explotación creciente ,
Europa viv ía la bonanza de un desarrollo económico y pol ítico a la
sombra del gigante americano. Mientras esta Europa lo adulaba , no ¬
sotros soport á bamos la pol ítica del “ patio trasero” del Imperio.
Cuando en 1957, a mis 23 a ños, desembarqué ( y, en verdad , hab ía
llegado a Barcelona por barco desde Buenos Aires ) en la Puerta del
Sol para hacer un doctorado en filosof ía en la Universidad de Madrid,
en plena crisis estudiantil contra el gobierno de Francisco Franco,
-
bajo el liderazgo de mi maestro, el profesor López Aranguren , Espa ña
dorm ía todav ía la “ siesta provinciana ” . Como decía un cómico de la
época al hablar de pol ítica espa ñ ola ( se refer ía al clima y la tempera ¬
tura ): “ ¡Un fresco general reina en toda la Pen ínsula!” Con cinco
duros pagaba diariamente una piecita en un hotelito junto a la Plaza
del Sol ( un duro más si se tomaba una ducha , no muy frecuente en esa
época ) . Hab ía que tomar el metro hasta Arg üelles, el tranv ía hasta la
Facultad de Filosof ía de la Universidad , con la dificultad de defender
una tesis doctoral ante profesores que comenzaban a adherirse al Opus
Dei , a favor de Jacques Maritain, un demócrata francés que tuvo por
disc ípulo a Emmanuel Mounier y que inspiró al grupo Esprit , del que
formé parte en los a ños sesenta en Par ís. Era el lento comienzo de la
etapa que llevaría a Españ a a integrarse a la Europa de posguerra, para
superar aquel dicho insultante de De Pauw : “ Africa comienza en los

Pirineos” opinión de la Ilustración del norte de Europa, y cierta ¬
mente entre muchos otros de Hegel ; insultante no só lo para Espa ñ a
sino también para África.
El 15 de mayo de 2011 es como el despertar de un sue ñ o que ha
durado ese medio siglo. Est á al final de un largo camino de ilusiones;
del desarrollo sostenido prometido por Felipe Gonzá lez ( que pretend ía
enseñarnos a los latinoamericanos el sendero brillante emprendido
por la exitosa Espa ña en la Unión Europea ). Es el final de la é tica de

13
CARTA A LOS INDIGNADOS

la felicidad predicada por Fernando Savater en su É tica para Amador ,


olvidando que los “ indignados” deber ían contarse justamente entre
sus hijos ( y no ser repudiados con argumentos surgidos de una mora -
-
lina liberal ). Es el final para muchos con conciencia ético política de
un capitalismo que sin la oposición del socialismo real ( otra derrota
reciente ) mostró su salvaje estructura de un individualismo egoísta y
competitivo cuyo ú nico horizonte de racionalidad es el aumento de
la tasa de ganancia , esencialmente del capital financiero globalizado,
sin patria, sin pueblo, residente permanente de para ísos fiscales, exen ¬
tos de toda ética u obligación para con los pueblos a los que exprime
hasta tirarlos como la cáscara de la naranja después de extraerle su
sustancial jugo. Es ahora el tiempo de la desocupación , del trabajo
“ flexible” o de la situación sociopol ítica.
En México se denomina a la nueva juventud , producto de la actual
crisis del capitalismo, los ninis: ni pueden estudiar ( porque no hay lugar
en las instituciones pedagógicas ), ni pueden trabajar ( por falta de lu ¬
gares de trabajo ), porque la estructura del capitalismo no necesita ya
para la producción de mercancías de tantos trabajadores, reemplazados
por los procesos robotizados y computarizados. Marx explicaba ya en
los Grundrisse (1857 ) que el desempleo estructural convierte a la perso¬
na del trabajador en una nada , en un pobre : “ pauper post festum” (“ un
pobre después de la fiesta ” ). Un pobre que no puede reproducir su vida
porque al no recibir salario no cuenta con dinero, y sin solvencia no
puede comprar en el mercado lo que necesita para permanecer con
vida; sin trabajo no hay sobrevivencia de la persona humana en la
sociedad capitalista. El desocupado es lanzado a la nada. Cuando se tuvo
la oportunidad de “ tener” trabajo, el desempleado es una víctima pos¬
terior al haber sido usado por el capital ( al menos pudo tener durante
largo lapso un salario). En este sentido es, como desocupado, un “ po ¬
bre posterior a la fiesta ” orgiástica del capital ( que vive de sacrificios
-
humanos ). Es un “ indignado post, un desocupado estructural que
el capital ignora, desprecia, juzga como trabajo flexible , “ l íquido” .
Cuando es joven, cuando nunca pudo todav ía trabajar, se trata del
“ pauper ante festum” ( “ un pobre antes de la fiesta” ): es un nini; es un

14
1. CARTA A LOS INDIGNADOS

-
“ indignado” ame. Es al que no se le permite ni siquiera llegar a ser;
nunca fue, siempre era ya un no empleado, desechable.
Esas nadas , esos todavía no trabajadores, no asalariados, no miembros
de una clase social, son los que Marx llamó“ nada real” ( el pobre antes
de la fiesta del capital ) que si era contratado o subsumido en el proceso
de trabajo como asalariado se transformaba , sin embargo y antropo¬

lógicamente, en “ nada absoluta ” 2 meros instrumentos o mediacio ¬
nes del capital: las personas se transforman en cosa , y la cosa ( el
capital ) en persona; es el fetichismo del capital.
Al colectivode los pobres, de los marginales, de los siervos o campe¬
sinos medievales que en la “ tierra de nadie” habían abandonado los
feudos, pero todavía no habían llegado a las ciudades europeas para ser
contratados como aprendices por algún maestro, protegido por sus gre¬
mio, Marx los denominó“ pueblo de pobres” (en la sección sobre “ La
acumulación originaria” de El capital ). El pueblo es el colectivo de los
pobres que Antonio Gramsci denomina, en sus Cuadernos de la cárcel ,
“ el bloque social de los oprimidos” ( y yo agrego: ) y de los excluidos.3
“ ¡Homo homini lupus ! ” ( “ El ser humano es lobo para el [otro] ser huma ¬
no” ) es la definición del ser humano para el liberalismo, el capitalismo,
la modernidad colonialista, armamentista, que culmina en el neolibera-
lismo de Friedrich Hayek o Milton Friedman hoy vigente en el sistema
del mundo globalizado bajo la hegemonía del capital financiero.
El pueblo es el actor colectivo que despierta del sueño alienante
con el que el sistema lo adormece por medio de la propaganda de la
mediocracia á la Silvio Berlusconi. El sentido común popular, su sabi ¬
duría, es obnubilado y confundido por la falsa palabrería, por las imá ¬
genes alucinantes que la estética del sistema mercantil impone con la

2V
éase mi obra La producción teórica de Marx [disponible en: www.ifil.org/ Bi -
-
blioteca /dussel /textos/18/19capl 7pp336 370.pdf ].
3
Véase mi obrita Veinte tesis de política , Siglo XXI, México, 2006, tesis once y
doce. Este librito, en cortas tesis, podría servir para unas veinte sesiones de discusión
política entre “ indignados” , ya que fueron escritas para debates de grupos populares
en México, a fin de ofrecer un panorama teórico y crítico de la pol ítica a militantes
de base popular en América Latina.

15
CARTA A LOS INDIGNADOS

moda por la televisión . Las voluntades se ablandan por el hedonismo


feliz del “ pan y circo” . Pero ese pan virtual no alimenta ; ese circo
festivo no permite la profunda felicidad de la justicia cumplida con
responsabilidad ante el pobre palestino, iraqu í, afgano, haitiano o de
Bangladesh, hambriento y torturado por la violencia de la represión
ejercida por los ejé rcitos de las potencias.
Por eso pudimos, con exultante alegr ía largamente reprimida , gozar
con los jóvenes egipcios que se levantaron en la Plaza de la Liberación
( tafirir en á rabe significa “ liberación” ) contra la dictadura de Mubarak .
Esa liberación nos habla no só lo de los movimientos de Liberación
Nacional como los de Argelia , en la que estuvo involucrado Fantz
Fanón ( el afrolatinoamericano de Martinica ) , del que leimos apasio ¬
nados en el 68 su obra Los condenados de la tierra , con el célebre prólo¬
-
go de Jean Paul Sartre, sino tambié n de los del Frente de Liberación
Sandinista o del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Ese pueblo
que se rebela en El Cairo nos recuerda tambié n al Egipto milenario, del
Osiris que juzgaba como justa a la persona que daba “ pan al hambrien ¬
to" en el cap ítulo 125 del Libro de los muertos , que pagaba el rescate por
los esclavos para liberarlos, hechos que sugieren al citado Walter Ben ¬
jamin aquello de que los momentos de redención ( de rescate que libera
a las v íctimas de la injusticia ) son el criterio de interpretación auté nti ¬
ca de la historia humana que vale la pena de ser narrada; que no es la
historia de los vencedores, sino la de las v íctimas. Dicho criterio de
justificación no es la ley ( y menos la ley del mercado , que permite acre¬
centar el capital y que asesina por hambre a millones de seres humanos,
como hoy en Somalia o Sud á n del Sur ), no es el orden , el sistema vi ¬
gente , sino “ el consenso crítico de los oprimidos" ( que es el criterio de
Pablo de Tarso en su Carta a los romanos , tan estudiado hoy en la filo¬
sof ía pol ítica por Alain Badiou , Slavoj Zizek , Jacob Taubes, Giorgio
Agamben , Franz Hinkelammert y por tantos otros ) como punto de
partida, como originario estado de rebelión ( más allá del estado de derecho
y aun del estado de excepción ).
Muchas veces he estado en Egipto y lo que más me ha llamado la
atención es la continuidad , durante más de cinco mil a ños , de una

16
.
1 CARTA A LOS INDIGNADOS

tradición de rebeliones populares. Es una cultura que viene del sur, del
corazón del mundo bant ú , madre de las culturas del Mediterráneo, no
sólo de Grecia, sino igualmente de la Cartago de Aníbal y de la Espa ¬
ña fenicia ; del cristianismo alejandrino y después copto, hasta llegar
a la tradición cr ítica musulmana.
Samir Amin nos decía, en el Foro Social Mundial de Porto Alegre,
que el Estado egipcio tenía cinco mil años. La misma duración en el
tiempo tiene su pueblo, ya que la palabra demos tiene una etimolog ía
de origen egipcio ( y no indoeuropeo o griego ) y significa “ aldea ” ,
“ comunidad” , pueblo.
Los cambios históricos presentes nos obligan a pensar todo de nue ¬
vo. Y la juventud es la más apta para ello, porque es nueva.
Hemos indicado que el liberalismo nos ha acostumbrado a consi¬
derar como sujeto de la política al individuo libre. Sin embargo, tan¬
-
to Charles Peirce como Karl Otto Apel o J ü rgen Habermas, pero
mucho más las costumbres ancestrales de África, Asia y América
Latina, sit úan en el origen a la comunidad , al actor colectivo que de
los antiguos clanes o tribus, pasó por numerosas etnias, hasta organi¬
zar ciudades. Todas tenían instituciones consuetudinarias como pun ¬
to de partida , es decir, un contrato impl ícito o explícito que formaba
parte de la vida cotidiana, cultural y política. Cuando los oprimidos
y excluidos en esos sistemas sociopolíticos históricos tomaban con ¬
ciencia crítica de su situación, nacía el actor colectivo que se sent ía
responsable de la transformación histórica, que unificaba los grupos,
movimientos, sectores , en torno a nuevos proyectos hegemónicos.
Era el pueblo como un bloque histórico que irrumpía para cambiar el
estado de las cosas e innovar las estructuras institucionales, sea a tra ¬
v és de una revolución pacífica o con medios coactivos suficientes
y proporcionales a los que se usaban para la opresión. El pueblo es hoy
el que se levanta en Egipto, Tú nez, Madrid , Atenas... Es un bloque
social empobrecido, lleno de juventud e “ indignación ” , que desea
comprometerse para cambiar las cosas.
Llegamos así al tema central de las movilizaciones presentes. Al ¬
gunos piensan que las instituciones políticas son siempre represivas o

17
CARTA A LOS INDIGNADOS

dominadoras. La Comuna de Par ís de 1871 es el mejor ejemplo en el


imaginario del anarquismo. Se niega la democracia representativa
cuya estructura explicaba John Stuart Mill en 1868 en su obra Ob ¬
servaciones sobre la democracia representativa. Algunos de los padres
fundadores del sistema democrá tico estadunidense tem ían la demo ¬
cracia real y por ello inventaron una democracia representativa muy
especial ( donde las elites escogen a los candidatos de los partidos y el
ciudadano los confirma ).
Así, entre los “ indignados” de la Plaza del Sol se preguntan algunos
hasta cuá ndo podrán seguir reuniéndose. ¿ Es posible en el tiempo una
asamblea perpetua ? Las multitudes de la Plaza del Tahrir hace tiempo
debieron levantar su “ plantón ” , para volver a sus hogares, confiados
en los militares. Pero como nada hac ían han vuelto a la Plaza , y aho¬
ra han sido reprimidos violentamente con más de md heridos. ¡Per¬
manecer siempre, algún tiempo, cuánto o dejar la Plaza para volver a la
cotidianidad de la opresión y la mentira de una representación, aun ¬
que sea parlamentaria , cada vez más atacada por la corrupción y prac ¬
ticada como monopolio despótico del ejercicio del poder pol ítico
fetichizado!
¿ Democracia o invención de otro sistema pol ítico ? Y si defendemos
la democracia se abre un nuevo dilema: ¿democracia representativa
o democracia participativa ? Estos antagonismos, por su formulación
parcial, quizá presentan falacias reductivistas, falsas antinomias que
deseamos problematizar, porque es la cuestión central a discutir co¬
lectivamente en el movimiento de los “ indignados” .
Es necesaria la indignación, pero de inmediato hay que practicarla
como participación democr á tica, que es como el otro brazo de la demo¬
cracia. La representación es necesaria, e igualmente la participación.
Pero la participación sin organización, sin cierta institucional ización
es espontaneísmo. Un movimiento puramente espont á neo, como el
“ acontecimiento” tal como lo describe Antonio Negri en Imperio,4 de

4 Antonio Negri y Michael Hardt , Empire , Cambridge, Harvard University


Press, 2000.

18
1. CARTA A LOS INDIGNADOS

grandes manifestaciones de masas como en Seattle, Barcelona o Can -


cú n, sin organización previa, sin poder prever su erupción, y sin poder
establecer una continuidad en el tiempo, en la sobrevivencia diaria de
las redes durante d ías , semanas, meses, a ños, se disuelven al poco tiem¬
po. Es una pol ítica sin continuidad , que no puede afectar realmente a
la historia. En su esencia es un llamado a volver al aislamiento anóni ¬
mo, solitario; al recuerdo de un gran momento cuya vivencia nos llena
de a ñoranza, pero que no consiste en poder exigir y fiscalizar la repre¬
sentación, que nos antecede y nos sucede en los procesos.
Evitar el retorno a la normalidad para impedir lo que ya vemos en
Egipto. Las multitudes que deponen a Mubarak son , meses después,
reprimidas violentamente por el ejé rcito que ellos respetaron como los
nuevos á rbitros, sabiendo ( o queriendo ignorar ) que ellos estuvieron
antes con A. Nasser, con Sadat y con el mismo Mubarak. ¡No hay que
perder la memoria ! Pero el espontane ísmo no tiene buena memoria ,
ni archivos, ni historia, sino que aconseja la irrupción intempestiva y
la creatividad sin disciplina alguna para dejar lugar a la pura creativi¬
dad. Creatividad ¡si!, pero no caos puramente negativo, nihilista. Del
puro caos originario no puede emerger el nuevo orden , sino del orden
que se derrumba por la crisis que produce el caos creativo hacia el
nuevo orden. No es el gusto del caos por el caos. Es la responsabilidad
ante el desorden injusto que origina la cr ítica. El orden injusto exige
el caos como origen de un nuevo orden más justo. No es la disidencia
por la disidencia, sino la disidencia que surge contra el consenso do¬
minador como fundamento de un futuro consenso legítimo mejor.
La participación necesita un tiempo de “ ¡Todo el poder a los soviets!” ,
a la Comuna , a la democracia directa de la comunidad de los rebeldes,
de los indignados. Pero acto seguido es necesario comenzar a organizar
( por qué no: ¡a institucionalizar!) la participaci ón. Ésta será, de paso,
la gran revolución del siglo XXI. La democracia representativa es nece¬
saria pero ambigua. Sin la participación organizada que le fija los fines
y fiscaliza su acción de gobierno, se corrompe, cae en la impunidad, en
la dictadura y en el monopolio pol ítico de los partidos. No por ellos se
eliminará n los partidos y la representación. Ambos cumplen una fun-

19
CARTA A LOS INDIGNADOS

ción necesaria, pero sin la regeneración y la vigilancia de la participa ¬


ción organizada se fetichizan, como acontece en el presente en todo el
mundo. Es una burocracia pú blica fetichizada a las órdenes de la buro¬
cracia privada transnacional ( principalmente del capital financiero,
sin patria, sin representación , sin regulación, el “ imperio” que explota
a los pueblos a través de sus propios Estados ).
No basta só lo con movimientos espontá neos, con movimientos
sociales, populares o antisisté micos; es necesaria una participación
pol ítica explícitamente definida en la esfera emp írica. Que el pueblo
pueda exigir el cumplimiento de sus necesidades en propuestas plani ¬
ficadas por la misma comunidad participativa, que pueda igualmente
participar en la asignación del presupuesto, que pueda vigilar con
auditor ías las acciones de todos los órdenes de la representación , y
que, por ú ltimo, pueda revocar los mandatos de la representaci ó n ,
significa una real participación que ha dejado atrás el espontane ísmo
ineficaz.
Las multitudes se levantan contra la fetichización de una aparen ¬
te democracia ( la democracia liberal ) . Es necesario crear una demo ¬
cracia que no sea manca: la representación inevitable y la participación,
esencia de la pol ítica . Son los dos momentos, aspectos, brazos de la
democracia una, la ú nica , la que no se ha practicado en toda la Mo ¬
dernidad . El cansancio ante la mentira , la adulación , la corrupción
de la pura representació n sin quien la pueda “ vigilar y castigar” ( in -
virtiendo la consigna de Michel Foucault ) debe dejar lugar a la demo¬
cracia realista ( representativa ) y cr ítica ( participativa ).
La democracia sin representación es ilusoria. La democracia sin
participación es fetichismo, burocratismo. La verdad del anarquismo
es la participación, pero se vuelve moralismo idealista sin institucio-
nalización en todos los niveles de los órdenes pol íticos ( desde el barrio
y la aldea , hasta la comuna , la municipalidad , el estado provincial,
regional , federal o mundial ) . La verdad de la representació n es el
ejercicio delegado del poder del pueblo, pero se vuelve monopolio si
no es nutrido y vigilado por la participació n institucionalizada en
todos los á mbitos indicados.

20
I . CARTA A LOS INDIGNADOS

La revolución tecnológica , electrónica, cuyo manejo puede efec ¬


tuarse por la participación inmediata de todos los miembros singula ¬
res de la comunidad pol ítica, en tiempo real , acortando la distancia
--
hasta un cara a cara virtual ( que no deja de ser real ) , en forma de
redes, viene a dar a la participación la posibilidad de una transforma ¬
ci ón material en el proceso de producción de las decisiones pol íticas.
A ú n más que la m áquina a vapor, que fue subsumida en el proceso
productivo del capital ( al decir de Marx ) , y que transform ó material
y realmente dicho proceso de producción de mercancías en la econo¬
m ía; ahora , en la pol ítica, gracias la revolución tecnológica electró¬
nica, se empieza a realizar una transformación participativa imposible
de ser imaginada en el pasado ( aun en el pasado reciente ) del proce ¬
so de producció n de las decisiones prácticas. La institucionalización
de la participación , aumentada al infinito por la información y la
convocación de las redes electrónicas, crea espanto entre la burocra ¬
cia representativa que ya comienza a criminalizar la libertad de comu ¬
nicación democrática y masiva de internet ( y de Wikileaks, que es un
apoyo importante de información que desconcierta al burocratismo
secreto de la representación monopólica que da la espala y teme la
participación popular ) .
¡Juventud del mundo, todos los ciudadanos de buena voluntad, los
desocupados, humillados, explotados, excluidos... indígnense ( como
nos ense ña Stéphane Hessel ) , pero acto seguido organ ícense partici ¬
pando pol íticamente para transformar real y empíricamente todas las
instituciones pol í ticas! ¡ Es la hora de los pueblos! Es la revolució n
política que cubrirá todo el siglo XXI, y que ustedes , y muchos otros en
otras regiones del mundo, la han comenzado ya.
México, 22 de julio de 2011

Epílogo I

hubiera pensado que el movimiento iniciado por ustedes en


¿ Quié n
Madrid se extender ía por el Mediterr á neo ? En la plaza Sintagma de

21
CARTA A LOS INDIGNADOS

Atenas se levantaron otros “ indignados” , pero a ú n más inesperados son


los procesos que se han iniciado en el mismo Israel, en el Parque de la
Independencia, en Jerusalé n frente al consulado de Estados Unidos.
Y no es para menos, también en el oriente del mare nostrum de los
romanos los pobres no aguantan más. A m í, nuevamente, me vienen
a la conciencia muchos recuerdos de mi juventud.
En efecto, en julio de 1958 sal í de Madrid ( donde había terminado
el primer a ño para defender mi doctorado en filosof ía ) con cien d óla ¬
res que mi padre me envió desde Mendoza ( Argentina ) , para pasar un
mes en un campo de trabajo en Alemania. En Par ís decid í no ir a
Alemania sino a Israel , quijotadas de un joven aventurero. En auto
stop, comiendo poco y durmiendo hasta en la calle en mi saco de
dormir, llegué hasta N ápoles, y en un barco turco, sin derecho a comer
( porque se me habían terminado los cien dólares ) , llegué a Beirut, en
el Líbano. De all í en auto stop a Siria , en plena guerra sirio libanesa.
Desde Bab Turna ( Damasco ) hasta Jordania. Llegué primero a la her ¬
mosa , antigua y m á gica Jerusalé n jordana y después pasé a Israel. Ten ¬
go todav ía una medalla israelita en recuerdo del d écimo aniversario
de la fundación del Estado de Israel. En Galilea, en Nazaret, consegu í
trabajo de obrero de la construcción en un Shikun arab , y despu és de
ganar algú n dinero volv í a Espa ña. Pero esto era sólo el comienzo.
Terminando el doctorado en filosof ía en 1959 volv í a Israel, y trabajé
de carpintero en la misma ciudad israelita , con palestinos, durante
dos apasionantes a ños de convivencia con compa ñeros que a veces
viv ían como hace milenios , aun en cuevas algunos de ellos. ¿Cómo
comparar con otros encuentros aquel de tomar un café turco sentado
en el suelo con familias que me acog ían con el corazón abierto de
inmensa fraternidad , compartiendo todo lo que pose ían en su inmen ¬
sa pobreza ? Estos compa ñeros á rabes de trabajo, muy cultos porque
hablan hasta cuatro idiomas ( á rabe, francés, inglés y hebreo), simples
jornaleros de la construcción , me enseñaron el oficio. Pensaba yo para
mis adentros que en cualquier otro país serían ingenieros o empresarios,
pero en Israel les tocó ser palestinos. Uno me confesaba: “ Yo trabaja ¬
ba en un kibuts. El viernes era feriado para los musulmanes, pero no

22
) . CARTA A LOS INDIGNADOS

para m í que era cristiano; el sá bado para los jud íos, pero no para m í
que era cristiano; el domingo trabajaba como todos los d ías, porque
no me daban feriado por cristiano” . Estuvo así trabajando seguido, sin
parar ningú n d ía , durante siete años. Hubiera tenido muchos motivos
para indignarse, pero era un pacífico palestino aldeano y obrero. Cuan ¬
do otros se rebelaron ya sabemos lo que les ha acontecido.
Pero ahora la cosa es distinta. El mismo profesor Efra ím Davidi de
Tel Aviv dice que se trata de “ la mayor lucha social en la historia de
Israel” organizada por israelitas , es evidente. Son nuevamente los
jóvenes, y los empobrecidos, que claman: “ Bibi:5 estudiamos, trabaja ¬
mos, vamos al ejé rcito y a las milicias, pero no podemos llegar a fin de
mes” . No son los ninis, porque estudian y trabajan; no son los palesti ¬
nos que desde hace sesenta a ños se indignan ( y ¡cómo sufren! ) ; son
los que en el ejé rcito y la milicia reprimen a los pobres que ocupan
esos territorios desde hace miles de a ños;6 y sin embargo son ahora
también pobres. Esos “ indignados” israelitas han aprendido de los de
la Plaza del Sol a levantarse , rebelarse , pero la “ principal diferencia

con Madrid y Barcelona escribe un periodista en un diario espa ñol —
es que aqu í ( en Jerusalé n ) los manifestantes han acogido a los pol íti ¬
cos de la izquierda y no los han rechazado” . La diferencia , pienso yo,
consiste en que la izquierda israelita lucha como Martin Buber por el
diá logo con los á rabes y no ha ca ído, como en Europa, en la posición
-
social demócrata- neoliberal ( “ cuadratura del círculo” hoy en boga en
Europa ). No es extra ño que colonias israelitas ortodoxas de los terri ¬
torios “ ocupados” ( léase: “ robados” ) de Cisjordania asalten los cam ¬
pamentos de los indignados israelitas , así como que los soldados
egipcios repriman ahora a los indignados egipcios.
Los jóvenes, los pobres, los “ indignados” del Mediterrá neo ( pri ¬
mero musulmanes del norte de Á frica , después cristianos del sur de
Europa y ahora jud íos del este de ese hermoso y contaminado mar )

’ Apodo del Primer Ministro del Estado de Israel.


6 No olvidar que Gaza, entre Egipto y
Mesopotamia, es una ciudad más antigua
que Tiro, Sidón o Mentis, y anterior a Jerusalén por milenios, lugar de paso de las
caravanas que un ían el Nilo con el É ufrates y el Tigris.

23
CARTA A LOS INDIGNADOS

están dando signos de vida que alientan a todos los jóvenes, desocupados,
pobres del mundo globalizado bajo el mismo poder neoliberal hege -
monizado por el mismo capital financiero transnacional que tambié n
abruma a los pobres de Estados Unidos; capital financiero que , lide ¬
rado pol íticamente por el Partido Republicano, exige cortar recursos
para la educación, la salud y para todas las necesidades de los pobres
sin aumentar el impuesto a los ricos, que poseen el capital que aumen ¬
ta su acumulación gracias a la crisis que é l mismo provoca como me ¬
canismo para alcanzar mayor ganancia.
¡J óvenes del Mediterr á neo, son ustedes ejemplo de Humanidad!
México, 1 de agosto de 2011

Epilogo ¡ I

Los acontecimientos se suceden y este texto terminado para la imprenta


va creciendo al ritmo de la expansión mundial del movimiento de "los
indignados” . De manera que habr ía que seguir escribiendo muchos
epílogos, pero con éste quiero significar la necesidad de no dejar de
observar la expansión del descontento de la juventud crítica y sufriente,
que convoca a muchos otros sectores sociales, que se acrecientan en la
medida que la crisis del capital financiero arrasa con la vida económica
y pol ítica, con sus efectos sociales, culturales y psicológicos letales.
En Chile, mucho antes y por otros motivos, luchan por una ense ¬
ñanza gratuita , pública y de excelencia, contra un gobierno conserva ¬
dor que ahorra en la cultura para cuidar a los bancos y a la burguesía ,
mientras miles de estudiantes, bajo el liderazgo de jóvenes surgidos de
familias que sufrieron la dictadura de Augusto Pinochet , son otro tipo
de “ indignados” que merecen nuestra atención .
¿ Pero quié n se hubiera imaginado hace sólo unos meses que en el
corazón del Imperio surgir ía el movimiento ? En efecto, en julio un
colectivo llamado Culture Jammers Adbusters había convocado a
muchos junto a Wall Street. La idea fue creciendo hasta que se con ¬
cret ó dos meses después. El 17 de septiembre del 2011, en la mayor

24
I. CARTA A LOS INDIGNADOS

metrópolis norteamericana , s ímbolo del american way of life , cuyo


puerto alberga a la emblemá tica estatua de la Libertad , que todos los
inmigrantes de la pobre Europa vislumbraban desde el mar al llegar
como Josué a la “ tierra prometida” , se ha organizado el movimiento
Occupy Wall Street. J óvenes estudiantes blancos, inesperadamente ,
en el inicio, se situaron frente a Wall Street ( después se alejaron unos
metros a la Plaza de la Libertad [ Liberty Plaza ] , cercana a la bolsa ,
-
¿quizá en referencia a la plaza Tahrir [Liberación ] de El Cairo ? ) , pro
testando por la “ avaricia empresarial ” y exclamando: “ ¡Venimos para
quedamos!”
Bajo las lluvias torrenciales, sin carpas ni enseres de cocina como
en el caso de los “ indignados” de la Plaza del Sol, los jóvenes ( y muchos
no tan jóvenes ) comenzaron a acomodarse en sus sacos de dormir para
constituir una creciente multitud . ¡El 15 M se ha transformado en el
17S! A diferencia del Mediterrá neo la polic ía neoyorquina produjo
arrestos indiscriminados, injustificados, violentos en mayor n ú mero
de 700 personas en una sola redada. Esto hubiera parado otros movi ¬
mientos tradicionales, pero ahora la situación es distinta. La voluntad
de permanecer tiene mucha más fuerza , convicción , ira , ya que expre¬
sa el querer de millones de desocupados, empobrecidos, humillados.
Grandes sindicatos de históricos eventos en favor de los obreros
estadunidenses comienzan a solidarizarse con el movimiento. Inte ¬
lectuales como Noam Chomsky, Michael Moore, Susan Sarandon ,
Tim Robins, entre muchos , intensifican el interés de los medios de
comunicación por el movimiento.
El movimiento insiste en que sólo uno por ciento de la población
norteamericana concentra casi la mitad de la riqueza del pa ís, 42 por
ciento, y que el 58 por ciento restante queda en manos de pocos, ya
que 80 por ciento tiene que consumir sólo 7 por ciento de los bienes
producidos en su mayor ía por los más pobres. Se ayuda a los bancos,
“ salvá ndolos” de sus estafas, con dinero del pago de los impuestos
( eximiendo o no aumentado dicho pago a los más ricos ) , y negando
fondos a la educación y beneficios sociales a los m ás necesitados. De
la deuda del pa ís, la más grande del globo, 90 por ciento de la población

25
CARTA A LOS INDIGNADOS

paga 73 por ciento de la misma , mientras que uno por ciento, que son
los multimillonarios, sólo contribuye con 5 por ciento. Semejante
injusticia es la que clama al cielo y despierta conciencias hasta ahora
adormecidas.
Parecería que todo esto es el comienzo de una toma de conciencia
que muestra signos de ser efecto de la revolución tecnológica electró ¬
nica que pone en contacto a millones de jóvenes descontentos con la
irresponsabilidad de los gobernantes, de los representantes corrompi ¬
dos , de las burocracias privadas del capital financiero globalizado. Los
miembros del Tea Party, de los Republicanos y de muchos Demócratas
deberán enfrentar a sus bases en el próximo futuro, porque el empo¬
brecimiento de la clase media se acelera.
Occupy Wall Street es una luz que deberá crecer con la juventud
afroamericana, con la latina , con los sindicatos, con las mayorías po¬
pulares empobrecidas que exigen grandes transformaciones en el co¬
razón mismo del Imperio.
Mé xico, 8 de octubre de 2011

26
II . Democracia participativa,
disolución del Estado
y liderazgo pol ítico

ay algunos temas que a partir de la praxis pol í tica actual en


-L X Amé rica Latina se debaten en el marco teó rico de la filosof ía
pol í tica.1 Ese debate teó rico, en el que intervienen pensadores lat í -
noamericanos y europeos, influye evidentemente en la praxis pol íti ¬
ca concreta , ya que los agentes pol í ticos, los ciudadanos, militantes
y representantes fundan expl ícita o impl ícitamente sus pr ácticas po ¬
l íticas en sus fundamentos teóricos. As í la democracia representativa
liberal pasa por ser la definición misma de la democracia en cuanto
tal; o la posición cuasianarquista del proyecto de disolución del Es ¬
tado pasa por ser la posició n obligatoria de un movimiento social o
pol ítico de izquierda ; o el ejercicio del liderazgo pol í tico se enjuicia
como dictadura populista. Estos diagnósticos teó ricos sumamente
cuestionables distorsionan las pr ácticas pol íticas, dispersan los es ¬
fuerzos de militantes guiados por ideales, por principios muy genero¬
sos ( aunque no hay que olvidar el dicho popular de que “ el camino
del infierno est á empedrado de buenas intenciones” ) , o niegan la
posibilidad de funciones pol íticas necesarias. Emprendamos entonces
nuestra meditaci ó n sobre algunos de los temas que inmovilizan ac ¬
tualmente las voluntades pol íticas y les impiden actuar más creativa ,
activa , conjunta y claramente .

1
Desear ía que esta contribución sirviera como material para la discusión de los
grupos de debate de los “ indignados” , con pretensión de verdad ciertamente, pero
de ninguna manera con la intención dogm á tica de imponer temas extra ñ os, lati ¬
noamericanos. Simplemente pienso que pueden ser ú tiles como humilde le ñ a a ser
consumida por el luego del debate comunitario.

27
CARTA A LOS INDIGNADOS

Por lo general se piensa que hay ciertos términos que son antagó -
nicos, contradictorios, como: democracia participativa versus demo¬
cracia representativa, fortalecimiento del Estado versus disolución del
Estado y democracia versus liderazgo político. Como puede observar¬
se he colocado, en los tres ejemplos, dos términos antitéticos que se
refieren a conceptos que parecen oponerse. Lo contrario será intentar
mostrar que no son contradictorios, sino que deben ser articulados
dialécticamente, de manera que un término enriquezca al otro y se
definan mutuamente. Superaremos la oposición, el “ mal infinito” de
Hegel , subsumiendo los términos de la relación en una articulación
que los comprende en una más rica totalidad dialéctica. La intención
en este trabajo sería relacionar los términos como complementarios
y no como antagónicos: democracia participativa articulada con de¬
mocracia representativa, fortalecimiento del Estado desde el horizonte
de la disolución del Estado y ejercicio democrático participativo con
liderazgo pol ítico.
Esta articulación dialéctica de los términos no antagónicos guiará
entonces nuestra exposici ón enunciada en tres tesis fundamentales
que definiremos al comienzo de cada parágrafo.

§ 1 . La democracia participativa articulada


con la democracia representativa2

La primera tesis se podr ía enunciar así:


La representación se institucionaliza como delegación ; la participación se
ejerce en acto y puede institucionalizarse . Hay entonces también una po
testas participativa. La función representativa es el gobierno, es decir, la
-
2
La lectura y debate de este primer parágrafo fue realizado en la Conferencia de
Filosof ía Pol ítica organizada por el Instituto de Filosof ía de la Universidad de Praga ,
del Í O al 14 de mayo de 2011. Los concurrentes, colegas en la tradición filosófica de
la Escuela de Frankfurt , de Alemania, Dinamarca, Italia, Estados Unidos, República
Checa, etc., produjeron un agitado debate sobre el tema, en especial cuando hice
referencia a Hugo Chávez , que no tiene “ buena prensa" en la Europa socialdemócra
ta ( por desconocimiento del tema ).
-
28
II . DEMOCRACIA PARTICIPATIVA , DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POLÍTICO

realización de contenidos ( momento material ) ; la participación es propositiva


( da a conocer y exige el cumplimiento de las necesidades o demandas) y,
además, es fiscalizadora ( vigila como un pan óptico, castiga' o reconoce y
premia los mé ritos ) ( momento formal de legitimación ).
Los partidos políticos son mediaciones institucionales religadas a la
representación; la participación se origina en el buen juicio del .sentido
común ciudadano y no se identifica con los partidos (es anterior a ellos y
mucho m ás que ellos).
La participación crítica institucionalizada no necesita el partido (aun ¬
que no lo niega por principio ), ya que es el movimiento, la mediación para
la crítica , la transformación y la fiscalización de las instituciones de la
representació n ( y del Estado) .

La democracia participatí va tiene prioridad absoluta sobre toda “ de ¬


legación” del poder, es decir, sobre la democracia representativa. Acep ¬
tamos, y probaremos , que efectivamente la democracia participat í va
posee una anterioridad absoluta , por ser la esencia del ejercicio del
poder, anterior a toda delegación ( que hemos denominado potestas ) .*
La Modernidad tomó algunos casos de repúblicas con participación
ciudadana ( como Venecia por ejemplo ) y, lentamente, en la lucha de
la burguesía contra la nobleza, y al apoyarse primero en la monarqu ía
absoluta , creará tipos de democracia representativa. La Constitución
norteamericana fue la primera en su tipo, ya que el Parlamento inglés,
aunque de hecho la burguesía ejercía el poder, era todavía una institución
representativa que apoyaba a la monarqu ía ( y que comenzaba a mane¬
jarla a su manera ) . Por ello podemos decir que la Modernidad propuso
una democracia representativa , manipulada por la burguesía ante el po¬
der de la nobleza feudal en decadencia , pero se cuidó mucho de ir dan -
J
El vigilar y castigar de Michel Foucault se cumple ahora no como dominación
- -
en dirección de arriba abajo, sino como justicia de abajo arriba , dando el contenido al
gobierno e impidiendo la impunidad en el momento de la corrupción o la fetichización
del poder ( en lo que consiste la ilegitimidad del ejercicio delegado ) en los procedi¬
mientos formales .
4 Véase la tesis tres de
Veinte tesis de política ( Dussel , 2006); y § 14.2, de Política
de la liberación ( Dussel, 2009), vol. 2 [pp. 259 ssj, pp. 59 ss.

29
CARTA A LOS INDIGNADOS

do participación al pueblo mismo, urbano, obrero o campesino, y a la


mujer, y a otros sectores de la sociedad civil dominados, y si le fue con ¬
cediendo derechos de alguna participación lo hizo de tal manera que
los mecanismos de la representación le permitieran ejercer un proyecto
con fisonom ía de hegemónico, que siempre se volcaba al final a su favor.
Esto propició que todos los movimientos contestatarios pol íticos
apoyaran aspectos anarquistas, en cuanto se entendió que el gobierno
adecuado y justo del pueblo era la democracia participative directa con ¬
tra la ya mencionada representación burguesa con pretensión de uni ¬
versalidad . Nació as í la falsa antinomia entre la posición del llamado
realismo político, que defiende la democracia representativa ( que cul ¬
minará en el liberalismo ) , y la opción por la utopía , sin factibilidad de
una participación plena del pueblo y defendida por el anarquismo. O
se es liberal y se apoya la democracia representativa como modo de
gobierno, o se es revolucionario ( o anarquista ) y se apoya la democra ¬
cia participativa. Repito: la confrontación se define entre representación
versus participación.
Sin embargo, ambos t é rminos tomados como posiciones aisladas
son inadecuadas por insuficientes, siendo la aparente oposición una
falsa contradicción , porque se trata de dos té rminos de una relación
que se codeterminan y que por ello cada uno exige al otro. En vez de
ser una aut é ntica contradicción se trata de dos momentos que se ne ¬
cesitan mutuamente para una definición m ínima y suficiente ( nece ¬
saria ) de democracia .
Hasta hoy, y atravesando toda la Modernidad, a ) la democracia
unilateral representativa liberal ha mostrado sus defectos de manera
creciente hasta culminar en el presente en un fetichismo monopólico
de partidos pol íticos que corrompen el ejercicio del poder represen¬
tativo delegado del Estado. Mientras que b ) el ideal de una plena de ¬
mocracia participativa nunca ha llegado a institucionalizarse de
manera efectiva por estar monopolizada por posiciones anarquistas
extremas y tiene probada su imposibilidad fáctica ( cuando se intenta
un gobierno basado sólo en una comunidad de democracia directa en
asamblea permanente, tal como pudieron ser de alguna manera los

30
I í . DEMOCRACIA PARTICIPATIVA, DISOLUCI ÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POL ÍTICO

pocos meses de la Comuna de París, o durante más tiempo en la ex ¬


periencia del “ ¡Todo el poder a los soviets!” de la Rusia de la Revolu ¬
ción de Octubre ).
Opinamos que la articulación de ambos momentos , es decir, de una
democracia factible y legítima ( por participación y representación ) ,
contiene la superación de la pol í tica burguesa moderna ( y aun del
socialismo real del siglo XX , que en el mejor de los casos no tuvo
democracia participativa ni representativa , porque las ambiguas
formulaciones de la “ dictadura del proletariado” o del “ centralismo
democrá tico” , objetivamente no fueron democráticos de ninguna
manera ). Debe ser un nuevo modelo de sistema pol ítico articulable a
una civilización transmodema y transliberal ( y transcapitalista desde
el punto de vista econó mico ) . No se trata de intentar mejorar los
logros del liberalismo: se trata de partir de nuevos supuestos y de arti ¬
cular la participació n con la representación de una manera nunca
imaginada por el indicado régimen liberal ( pero igualmente no pen ¬
sado de manera factible por el anarquismo ) . Es la revolución política
por excelencia y es equivalente a la puesta en com ú n de los medios de
producción y de gestión en el á mbito de la revolución económica pro¬
puesta por Marx ( revolución política que el mismo Marx no logró
formular de manera emp íricamente posible , por sostener inadverti ¬
damente como contradicción los dos té rminos de la relación: la par ¬
ticipación versus la representación ).
Es necesario comenzar una reflexión radicalmente nueva en pol í¬
tica. Es decir, es necesario repensar la descripción misma del poder y
encontrar en todos los niveles la bifurcación que vitaliza su ejercicio:
la participación y la representación.
Todo lo pol ítico comienza ( y termina ) por la participación , ya que ,
contra la opinión de John Stuart Mill en su obra Consideraciones sobre
el gobierno representativo , 5 debemos indicar que el sistema pol ítico
democrá tico comienza por ser el de participación directa ( siendo facti¬
--
ble sólo en el cara a cara de la comunidad , en la base de la sociedad

TS. Mili, 2009.

31
CARTA A LOS INDIGNAROS

pol ítica , debajo del municipio o condado) . Pero la imposibilidad , en


el nivel de la factibilidad, de poder alcanzar la gobemabilidad, legada
a la representación ( en las decisiones y en el ejercicio del poder, cuan-
do el n ú mero de los ciudadanos aumenta ) impone a la participación
la necesidad de pensar otro modo de organizar una democracia parti -
cipativa posible institucionalmente.
Hemos indicado, y se argumenta frecuentemente, que cuando la
comunidad consiste en una población muy numerosa, de decenas de
millones de ciudadanos, la democracia de participación directa se
torna imposible de manejar. Por eso, para que sea posible alcanzar el
consenso pol ítico, se hace necesario mediar la participación de todos
los miembros singulares de la comunidad gracias a un nú mero propor¬
cional y mucho menor de representantes. Esta solución no quita a la
pol ítica de tener una clara conciencia de que la representación no es
tan transparente y adecuada como la participación del miembro singu ¬
lar de manera directa, pero se la admite asumiendo los riesgos que
supone la no identidad del representado y el representante , lo que se
manifestará en una serie de posibles desajustes, como por ejemplo que
el representante intente no transmitir la decisión de la voluntad de los
miembros singulares en el órgano colectivo creado para que el con ¬
junto de los representantes pueda dirimir las posiciones contrarias6

6
Presentar propuestas bien pensadas, fundamentadas y globales para toja [a
comunidad exige escuelas políticas y asociaciones que permitan presentar dichos
proyectos. Éstos deben ser los partidos pol íticos. Si hay uno solo habr ía igualmente
un solo proyecto presentado por el ú nico partido. El Comité Central del tal partido
podría arg ü ir que tiene diferentes corrientes internas. Si dichas corrientes tienen
plena autonom ía de discusió n ser ían en realidad partidos pol íticos. Sin embargo, de
hecho y seg ú n la experiencia del socialismo real no ha podido haber dicha discusión
plena y autónoma de tales corrientes. Además los representantes de dichas corrien¬
tes no fueron elegidos directamente por la comunidad política, en tanto miembros
de diferentes corrientes con proyectos diferenciados. Esta falta de pluralidad sumada
a la no elección de los representantes como miembros de grupos con diferentes pro¬
yectos políticos invalida la democracia representativa en cuanto tal ( no la liberal) y
no es tampoco plena participación, porque le faltan las instituciones que permitan
su ejercicio soberano. En fin, son cuestiones a debatir honestamente en las izquierdas
actuales latinoamericanas.

32
II. DEMOCRACIA PARTIC1PATIVA , DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POLITICO

que se presenten en el ejercicio delegado del poder. La representación


es siempre entendida como una mediación ambigua que puede termi ¬
nar en la fetichizaci ó n , en la burocratización; es decir, en la mera
manifestación de la decisión de la voluntad del representante y no de
la comunidad de los singulares representados.
Entendida la representación como una institución necesaria pero
ambigua , será necesario articularla con un modo más desarrollado de
la participación que no sea ya la asamblea de los ciudadanos singulares
de la base que proceden por democracia directa. Esto supone repensar
de nuevo todo lo que ya hemos enunciado hasta este momento en
nuestras anteriores obras.
En efecto , siendo la potentia el poder pol ítico en sí , cuya sede ex ¬
clusiva y última es siempre la comunidad pol ítica , para devenir real ,
es decir, existente , debe ponerse como poder instituyeme en relación
a una posible potestas ( que es la totalidad institucional del sistema
pol ítico ) . Este ponerse de la comunidad pol ítica no puede ser sino
participativa , en la cual los miembros singulares como tales deber á n
tomar las decisiones fundamentales del orden pol ítico posible. En ¬
tiéndase que ese ponerse es on to lógicamente un presupuesto, aunque
se cumple emp íricamente de manera impl ícita , porque toda comu ¬
nidad pol ítica realmente existente se origina ya desde una cierta
institucionalidad a priori siempre históricamente organizada ( aun la
-
especie homo supone la cuasi institucionalidad naciente de los pri ¬
mates , por ejemplo del macho dominante ) . Sería imposible imaginar
una situación empírica tal en la que una comunidad pol ítica sin ins ¬
titucionalidad alguna se ponga primigeniamente en el caso de decidir
qué sistema pol ítico desear ía. Y, en este caso, se cumplir ía el enun ¬
ciado de Francisco Suá rez que indicaba que el único régimen de go¬
bierno por derecho natural ( anterior a toda institucionalidad o
potestas ) , y anterior a todo régimen histórico, es el “ democrá tico” , ya
que originariamente se deber ía decidir qué sistema se adopta demo¬
cráticamente . Pero , debemos agregar ahora ( cuestión que el moderno
Suá rez no pod ía imaginar ) que se trata de una “ democracia participa -
tiva" , es decir, sin todav ía ninguna “ representación ” ( ya que dicha

33
CARTA A LOS INDIGNADOS

representación ser ía el fruto de una decisión que supondr ía una “ par¬


ticipación ” previa ).
Ontológicamente el ser humano es f ísica o cerebralmente una cosa
real singular, cuya organización metabólica o anat ómica llega hasta
el l ímite de su piel , la membrana que delimita el dentro y el fuera del
viviente . Como todo ente vivo se sit ú a en un lugar y en un tiempo
físico preciso, que no puede ocupar ningú n otro cuerpo f ísico real. En
este nivel ingenuo de la realidad cósica del ser humano, el singular
está sin embargo en relación con otras cosas reales ( desde el universo
físico, la Tierra como el planeta donde vive, piedras, á rboles, animales
y otros seres humanos igualmente f ísicamente reales ). El ser humano,
dando un paso más, se relaciona con todas esas cosas de manera muy
distinta de como lo hacen todos los dem á s seres. Por el desarrollo
cerebral de su subjetividad , el ser humano es la única cosa que tiene
mundo ( al menos en el sentido heideggeriano ) , pero, además, que
tiene intersubjetividad mucho más desarrollada que todos los restan ¬
tes animales superiores. Por otra parte , el mundo intersubjetivo hu ¬
mano constituye un todo de relaciones intersubjetivas y reales que
presupone una comunidad. Es decir, el ser humano singular nace ine ¬
vitablemente y crece culturalmente dentro de una comunidad . La
relación actual de cada singular con el todo comunitario es un mo ¬
mento constitutivo a priori de su propia subjetividad . Por el lenguaje
el singular mantiene la comunicación dentro de ese horizonte. La
participación indica la actualidad de todas las prácticas humanas en la
que se pone como “ parte ” de dicho “ todo” . La participación es una
praxis comunicativa; es un ponerse en comunicación con los otros.
La participación entonces es el primer momento relacional real del
singular humano en su comunidad y la constituye como tal. Es decir,
si cada singular no entrara en comunicación o no participara en accio¬
nes comunes, quedar ía aislado y como tal perecer ía ; pero al mismo
tiempo desaparecer ía igualmente la comunidad . La vida humana se
vive comunitariamente ( y sin ese accionar comunitariamente no ha ¬
br ía vida, porque el viviente es el fruto de una inmensa cantidad de
funciones cumplidas que hace que sea imposible vivir solitariamente ).

34
II. DEMOCRACIA PARTICIPAT1VA, DISOLUCIÓ N DEL ESTADO Y LIDERAZGO POL ÍTICO

El “ ser comunitario” es la participación misma ; es decir, es el ser actual'


mente parce del todo que la parte siempre presupone y sin el cual no
puede vivir. Repito: ser parte efectiva del todo es participar , momento
sustantivo del ser humano como humano, como comunitario e histó¬
rico, cultural , pol ítico.
Por ello, la potentia o el poder pol ítico que reside en la comunidad
misma es siempre participación de los singulares en el todo colectivo.
Si la palabra potentia ( además defuerza ) indica la posibilidad con res¬
pecto a una actualidad futura ( potencia de un acto posible ) , la parti ¬
cipación es exactamente la actualización de la potentia como potencia
( como fuerza y como posibilidad ) . Hegel en su Lógica indica adecua ¬
damente ( y Marx utiliza estas distinciones ontológicas en los Grun'
drisse en referencia al trabajo vivo como potencia o “ posibilidad ” ) que
la posibilidad ( Moeglichkeit ) se sit úa antes de la futura realidad cumpli ¬
da (Wirklichkeit ) , y ademá s como actividad ( Taetigkeit ) d Exactamente
de la misma manera la participación de los miembros de una comunidad
pol ítica es el ejercicio actual de dicho poder como actividad: la acti ¬
vidad que consiste en poner su carnalidad concreta , su subjetividad
comprometida , junto a otros miembros de la comunidad para dar
existencia a la comunidad como tal. Una asamblea política no existe
si no hay participantes. La participación pol ítica de cada participante
constituye en acto ( en griego la entelékheia ) la existencia misma de la
comunidad pol ítica. La participación es el modo primigenio del ser -
político , y por ello del poder pol ítico. Lo pol ítico y el poder pol ítico se
tejen en torno a la participación de los singulares en el todo de la co¬
munidad. Sin participación desaparece lo pol ítico; el poder pol ítico
pierde su fundamento. Participar es hacerse cargo de la comunidad
como responsabilidad por los otros. Es la primera expresión de la
- -
Voluntad de Vida, ya que el aislado que se cierra sobre s í mismo y no
colabora ni cuenta con la comunidad est á en estado de suicidio amis ¬
ta. Hay muchas causas para la no participación, pero todas son pato -
7V
éase en la Lógica pequeña , en Werke , § 144ss; en Hegel, 1970, vol. 8, p. 284 ss,
-
y en el mismo lugar sistem á tico en la Lógica de 1812 1816.

35
CARTA A LOS INDIGNADOS

logias pol íticas que deben evitarse. Una comunidad con poder
pol ítico es una comunidad fuerte, vital , participativa, corresponsable.
- -
La Voluntad de Vida , la unidad producto del consenso y la abundan -
c ía de medios que factibilizan la vida pol ítica son frutos de la activa
participación de los miembros singulares de una comunidad pol ítica.
El que un ciudadano excluido o indiferente participe de nueva
cuenta en la comunidad pol ítica podr ía enunciarse de la siguiente
manera ( si X es el poder político de dicha comunidad , a el orden
político vigente, b el orden pol ítico futuro y 1 una nueva participación ):
Xa < Xa+ l = Xb
Es un proceso de potenciación ( de “ empoderamiento” lo llaman
algunos ) o de aumento de poder de la comunidad. Cuando los margi ¬
nados o excluidos de la comunidad toman conciencia de la importan ¬
cia de la participación pol ítica e irrumpen colectivamente como
actores colectivos en la construcción creativa de la historia, aumenta
el poder de los d é biles. La participación ( 1 ) se transforma en plus
poder ( p ) ; es el hiperpoder del pueblo que “ entra ” como fuente crea ¬
-
dora ( Xa + p = Xb ) y que gracias al “ estado de rebeli ón ” logra
comenzar la transformación innovadora del orden pol ítico vigente.
Por el contrario, el hecho de que un ciudadano abandone la parti'
cipaci ón en la comunidad pol ítica ( por ejemplo, por el miedo que la
tiran ía impone a la comunidad para que no participe ) se puede enun ¬

ciar a la inversa: Xa > Xa 1 = Xb
Así es como se debilita el poder de la comunidad pol ítica y el poder
aparente o fetichizado de la violencia dominadora se impone sobre el
pueblo. La no participación es pé rdida de poder pol ítico.
La participación tiene entonces la significación de un existenciario
-
( para categorizar la cuestión como Martin Heidegger ) . El ser con -otros
( el nosotros comunitario más allá del yo , que analiza lingüísticamente
Cari Lekendorf entre los pueblos mayas ) se actualiza en la participación .
Es el ser de lo pol ítico, como ya lo hemos indicado. El desarrollo del
concepto de “ participación ” , posteriormente pasa del mero ser parti -
cipativo a ponerse como fundamento ( Grund ) , es decir, se pone como
esencia . En efecto, la participación es la esencia de lo que aparece fe -
36
II. DEMOCRACIA PARTIC1PATIVA , DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POLÍTICO

nomé nicamente en el horizonte del campo pol ítico como totalidad.


Todos los entes pol íticos se fenomenizan , aparecen o se dejan inter¬
pretar desde el fundamento. Así, las acciones y las instituciones apa ¬
recen en el campo pol ítico como modos de participación; son maneras
de participar. Decimos, por ejemplo, que hay acuerdos que son legíti ¬
mos. La legitimidad es un carácter del fenómeno que tiene la particu ¬
laridad de lo acordado, fruto de razones expresadas con participación
simétrica de los afectados. Con frecuencia no se presta atención a que
la participaci ón es el momento esencial de la legitimidad. Sin partici ¬
pación no hay legitimidad , ya que no es leg ítimo lo decidido sin la
presencia , sin la participación de aquellos que deb ían dar las razones
que permiten acuerdos acerca de las necesidades de los afectados. Por
ello lo acordado ser ía ileg ítimo en ausencia del afectado, por su no
participación . Puede entenderse entonces que el fundamento de la
legitimidad es la presencia activa ( como voluntad de participación,
con razones que muestran sus requerimientos ) del afectado.
La presencia activa en la comunidad de los que pueden presentar
ret óricamente argumentaciones pol íticas sólo se cumple emp írica ¬
mente por la participación , que no es otra cosa que esa presencia efec ¬
tiva como parte ( el ciudadano ) del todo ( la comunidad ) . La simetría
de la que se habla es el modo debido de la participación; si no se per¬
mitiera la participación mal podría hablarse de simetr ía. Los afectados
son tales porque est á n sufriendo los efectos negativos de no haber
podido participar en anteriores debates para defender sus derechos
y recibir los beneficios que les permitir ían no ser afectados. Vemos así
como el concepto de participación es la sustancia de la definición
de lo legítimo. Es tan obvio que parecer ía no necesitar ninguna ex ¬
plicació n .
La participación originaria no puede decirse que es ileg ítima o
leg ítima ( así como no puede decirse que el trabajo vivo tiene valor de
cambio ). Se sit úa en otro nivel distinto al de la legitimidad , porque,
como ya hemos anotado, es el fundamento o la esencia de la legitimidad .
La participación tiene dignidad ( no legitimidad ) originaria, y es sobe¬
rana por naturaleza. Es más, la soberan ía es la autorreferencia en acto

37
CARTA A LOS INDIGNADOS

de la participación de los miembros de la comunidad , que se ponen como


comunidad existente efectivamente. La comunidad se pone a sí misma
como soberana ( acto primero ) gracias a la participación en acto de sus
miembros, y en tanto tal es el fundamento de la legitimidad de la re ¬
presentación ( acto segundo ) , cuando decide crear la representación
como institución y elegir al representante que ejerza delegadamente el
poder. Pero la soberan ía misma no es leg ítima , si se entiende que con
ello queremos expresar que es más que legítima; ya que son legítimos
los actos, los efectos ( leyes, instituciones, etc. ) de la soberan ía , de la
participación en acto. Es como si quisiera expresarse: la madre no es
filial, ya que es el fundamento de la filialidad de la hija. La participación
del ciudadano es un derecho inalienable instituyente ( antes que cons¬
tituyente ) , y tiene la dignidad del mismo actor pol ítico como momen ¬
to constitutivo sustantivo de la comunidad pol ítica.
Por eso la representación, como puede observarse, viene siempre
después , y será un momento factiblemente necesario, determinado por
la razón instrumental , que se sit ú a sólo en la potestas ( el orden feno¬
mé nico fundado ) , es decir, el momento de las instituciones creadas
para poder llevar a cabo la vida pol ítica, pero de ninguna manera es
su sustancia.
Mientras que la potentia o el poder pol ítico en sí de la comunidad
es ya siempre esencialmente presupuesto como participación . Cuan ¬
do la comunidad pol í tica de los participantes se pone como poder
instituyente ( es decir, decide participativamente darse instituciones )
lo debe hacer desde la participación de los miembros de la comunidad.
Este ponerse instituyente escinde ya la potentia y la potestas ( la estruc ¬
tura institucional al servicio de la comunidad ) . La potestas o sea la
estructura institucional debe ser democrá tica , pero, nuevamente , el
primer tipo posible y fundamental de democracia es la democracia
partiá pativa , que es la que decide la necesidad de darse representantes
para hacer factible el ejercicio del poder pol ítico en concreto. Ese
ejercicio representativo tiene como esencia la representatividad o la
delegación ( en sentido lato y no como mandato acotado ) del poder
de la comunidad en una persona de la misma comunidad que siendo

38
11. DEMOCRACIA PART1CIPATIVA, DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POL ÍTICO

parte ( es un singular ) representa o toma el lugar ( es sustitución )8 por


suplencia del todo ( la comunidad ) . Este modo de organizar el sistema
político se denomina democracia representativa, que para poder ejercer
el poder delegado con justicia y eficacia necesita legitimidad . Como
puede advertirse la democracia representativa no es ya el nombre ge ¬
neral ni sinónimo de la democracia en cuanto tal , sino que es un
momento de la democracia como régimen integral legítimo de ejerci ¬
cio delegado del poder. Nace así en la potestas o en la estructura insti ¬
tucional pol ítica un sistema complejo y mutuamente articulable de
democracia participativO' representativa que la Modernidad burguesa , o
el liberalismo, no ha sabido descubrir, y menos practicar. Pero que
tampoco la izquierda ha sabido describir adecuadamente,9 lo que la
ha llevado a callejones sin salida , a apor ías innecesarias, a contradic ¬
ciones de lamentables efectos.
La revolución más profunda de nuestro tiempo , del siglo xxi , será
la liberación de las comunidades políticas organizadas en Estados de ¬
mocr á ticos representativos , que lentamente institucionalizará n una
democracia participated de las mayor ías empobrecidas de la sociedad
civil. Esto supone un crecimiento acelerado en el pueblo de la con ¬
ciencia de los problemas políticos, del conocimiento de los mecanismos
institucionales, de la defensa de sus derechos por los que deberá luchar.
Cuando se hablaba de socialismo só lo se pensaba en la pobreza y la
explotación de la clase obrera y los lumpen por el capitalismo, que
ciertamente debe superarse , pero frecuentemente se ignoraba la cr íti ¬
ca pol í tica del liberalismo ( que es en el campo pol ítico el sistema
aná logo al sistema capitalista en el campo económico ) desde el ejer¬
cicio originario de la comunidad del poder pol í tico por medio de una

s Cuando esa sustitución se realiza en "el tiempo que resta mesiá nico” ( pié nsese
en Walter Benjamin o Giorgio Agamben ) significa colocarse en el lugar de la v íctima
ante el “ pelotó n de fusilamiento” , del que nos hablaba personalmente Emmanuel
Levinas en Lovaina en 1972.
“ Esto debido a una explicable desconfianza de la representació n liberal burgue ¬
sa , criticada desde el horizonte de una impostble participación (de democracia par-
ticipativa directa ) no institucionalizada en los cuatro niveles del ejercicio del poder
estatal.

39
CARTA A LOS INDIGNADOS

participación plena de la ciudadan ía ( que se debía evidenciar además


en la toma de decisiones participativas en las empresas del campo eco -
nómico ) . Marx descubrió el tema en la experiencia heroica de la Co¬
muna de París en 1871 , pero no logró formular la cuestión institucional
dentro de una teor ía pol ítica que articulara participación con repre¬
sentación ( como lo estamos intentando ahora ) , como lo ha demostra ¬
do Istvá n M észá ros en su obra Más allá del Capital .10 Esta revolución es
más profunda y de mayores consecuencias, porque es la condición de
posibilidad de todas las restantes ( y, además, se cumple analógicamen ¬
te en todos los campos prácticos ). Un pueblo en ejercicio de su sobe¬
ran ía ( en la que consiste la autodeterminación pol ítica ) puede decidir
su pol ítica económica nacional e intemacionalmente.
La cuestión del respeto a las minorías, por ejemplo, cuando la
mayoría de los partidos conservadores se imponen en el Congreso o
en el Parlamento ( mayor ía que a veces es el “ mayoriteo” partidario -
pol ítico de minor ías de la comunidad que sin embargo tienen en sus
manos el ejercicio del poder del Estado ) , sólo tiene real soluci ón por
medio de la participación . Si la minor ía en un órgano colectivo de
representantes ( que de hecho puede ser la mayor ía de la comunidad
pol ítica ) no puede ejercer el poder en un momento coyuntural del
Congreso o de las instituciones del Poder Judicial, tiene sin embargo
el recurso de la activa participación por la movilización de los afectados
( aunque sean minoría en un órgano estatal representativo, pueden ser
mayor ía en las calles, porque hoy los que sufren la injusticia son las
mayorías ). Pero mejor ser ía tener instituciones de participación que
fueran la voz constitucional y legal por la que se expresaran ejercien¬
do derechos institucionales tales como la revocación del mandato,
por ejemplo, que es una nueva institución política de la participación
fiscalizadora , a fin de que dicha minor ía sea respetada y tenida en
cuenta en los órganos representativos. Sin su activa participación
nunca se aceptará n los argumentos de la minor ía ( si es mayor ía de
facto ) en los órganos de la representación.

13 Mészá ros, 2006, vol. II, cap. 11, y vol . IV, cap. 3.

40
II. DEMOCRACIA PARTICIPATIVA , DISOLUCI Ó N DEL ESTADO Y LIDERAZGO POL ÍTICO

Se trata entonces de usar la imaginación para proyectar un sistema


pol ítico más complejo en el cual a la participación y a la representación
se le asignen funciones diferenciadas, pero, sobre todo, cuando la
participación alcance un grado suficiente de institucionalización ( por
lo que no hay que confundir institucionalidad con representatividad ) en
los diversos niveles en los que el ejercicio del poder pol ítico ha ido
determinando su necesidad .
Demos un paso más. Es necesario ahora distinguir tres ( y no dos )
instancias del ejercicio del poder ( de la póteseos ). En efecto , la potestas
como la totalidad institucional ( o la objetivación de la potentia o
poder de la comunidad pol ítica ) tiene tres instancias fundamentales
no consideradas como tales en ninguna teor ía pol ítica moderna . Se
tratar ía de una nueva cuestión , punto de partida de la revolución
política del siglo XXI.

ESQUEMA i . Las tres instancias del ejercicio de la potestas

A B C
Participació n a Representació n b Participación
que demanda 1 que gobierna ' ^ que controla "

Potestas
( Estado en sentido estricto)

11
En el caso de Venezuela las demandas o necesidades deben ser planificadas.
Todo esto se decreta en la “ Ley orgánica de la planificación p ú blica y popular” , en
Gaceta oficial (Caracas) , n ú m. 6.011, 21 de diciembre de 2010.
12 Los Zapatistas en Chiapas ( EZLN ) enunciaron dos principios opuestos: entre los

que ejercen el poder: “ los que mandan, mandan mandando” , y “ los que mandan ,
mandan obedeciendo”. Ambos enunciados se refieren al poder representativo. Uno
como dominación fetichizada y el otro como poder at servicio del pueblo. Pero si nos
situamos desde el pueblo mismo como poder part ícipativo, el pueblo mismo es “ el que
manda mandando” y ante el cual el poder representativo debe “ mandar obedeciendo” .
11 La función de control ejercida por la participació n institucionalizada est á le ¬

galizada en Venezuela por la “ Ley orgá nica de la Contraloría Social ” , en Gaceta oficial ,
nú m. 6.011, 2010, ya mencionada.

41
CARTA A LOS INDIGNADOS

En primera instancia , 14 por la A “ participaci ón que demanda ”


( primera función del Poder Ciudadano ) , la comunidad pol ítica , sede
del poder pol ítico ( potentia ), deviene un todo autoconsciente que se
exige a sí misma aquello que necesita . Es decir, los miembros de la
comunidad exponen, por medio de los organismos nacidos de la par¬
ticipació n institucionalizada ( en los diversos niveles del ejercicio
institucionalizado del poder: potestas ) , sus necesidades. Esta interpe ¬
lación tiene como té rmino las instituciones representativas en todos
los niveles, a las que se dirige revelando sus exigencias materiales ,
formales o de factibilidad ( flecha a ) . Es el nuevo tema de la democra¬
cia participativa que demanda en su instancia “ interpelativa” , que debe
institucionalizarse adecuadamente y que no debe permitirse que se
incluya meramente en el á mbito nunca cumplido de las promesas de
los candidatos de los partidos en el proceso de la propaganda preelec
toral , ya que se deja a la buena voluntad de los gobernantes ( momen ¬
-
to del “ pilotaje ” de la representaci ó n del Estado ) el momento
esencial material de toda pol ítica: el cumplimiento de la voluntad
-
como querer vivir, es decir, como necesidades materiales de la co¬
munidad.
En segunda instancia , por la B “ representación que gobierna” o
realizadora ( función propia de los tres poderes: Ejecutivo, Legislativo
y Judicial ) se manejan dichas propuestas, que son el contenido mismo
del ejercicio del poder institucional o delegado , como realizaci ón
propia del gobierno del Estado. Es todo el tema de la democracia re¬
presentativa ( ú nica experiencia institucionalizada del liberalismo
moderno ) .
En tercera instancia, por la C “ participación que controla ” ( segun ¬
da función del Poder Ciudadano) se observa 15 ( con poder electivo, una

wTodo lo referente a la institucionaiización de la participació n en Venezuela


puede consultarse en una publicación conjunta de Leyes del Poder Popular, 2011;
-
véase también Víctor Á lvarez R , 2010.
‘’ Habrá que distinguir claramente entre la acción judicativa ( e! “ juicio” ) del
Poder Judicial de la acción fiscalizadora (la “ observación” soberana) del Poder Ciu ¬
dadano. Por otra parte, como el poder observaáonai puede culminar en la necesidad

42
1¡. DEMOCRACIA PARTICII’ATiVA , DISOLUCIÓ N DEL ESTADO Y LIDERAZGO POLITICO

“ polic ía fiscalizadora ” , ú ltima instancia de coacción incluso sobre la


policía judicial o el ejé rcito mismo ) el cumplimiento por parte de las
instituciones representativas ( B ) de las exigencias y necesidades pro¬
puestas por la comunidad pol ítica ( A ) para su cumplimiento. Incluso
el Poder Judicial ser á observado por el Poder Ciudadano: la función
fiscalizadora es superior a la función judicativa . La Suprema Corte
Constitucional ( ú ltima instancia de juicio de todo el sistema pol ítico
del Estado ) estará conformada por candidatos propuestos por el Poder
Ciudadano propositivo, de donde la Suprema Corte de Justicia cons¬
tituye ternas, de la cuales son electos sus miembros por votación di ¬
recta de la comunidad pol ítica en su totalidad . Es todo el tema de la
democracia participativo' fiscalizadora , que dirige las auditor ías que vi ¬
gilan la representación.
¿ Es posible institucionalizar la participación como algo diferente de
la institucionalización representativa ? Opino que hay muchas expe ¬
riencias de diversos modos de institucionalización participativa ( des¬
de la asamblea comunal en la base del barrio o la aldea hasta los
movimientos sociales de los m ás diversos tipos ) que no significa una
representación a partir de las exigencias pol íticas de los partidos po¬
l íticos, y el cumplimientos de una democracia representativa ( no
decimos “ liberal” , y aunque fuera , al faltarle su codeterm i nació n par ¬
ticipativa , fetichizó inevitablemente la representación ).

de un “ juicio” ( por ejemplo, en la “ revocació n del mandato” de un representante e


incluso de un juez del Poder Judicial hasta en la m ás alta instancia de la Corte Su ¬
prema de Justicia ), habrá que aclarar qu é tipo de “ juicio” es éste y qui én lo efect ú a
( porque podr ía ser el mismo Poder Judicial con ciertas condiciones o por medio de
una Suprema Corte Constitucional dependiente del Poder Ciudadano, ya que no se
puede pensar en un “ juicio popular” inmediato o en el “ linchamiento"). La gober -
nabilidad de la representación debe asegurarse en equilibrio con la necesaria parti ¬
cipación de la comunidad pol ítica . Las instituciones de la participació n ejercen la
función de “ auditor ías” con fuerza de ley.

43
CARTA A LOS INDIGNADOS

ESQUEMA 2. Diversos niveles verticales de articulación posible


de la participación y la representación en la democracia futura
8. Internacional 16 pd8 pc8 Internacional
7. Regiones, Intern . pd 7 pc7 Regiones Intern .
6. Federal 1 pd 6 pc6 Federal
5. Regional pd 5 pe 5 Regional
4. Provincial '10* pd 4 d 2' pc 4 Provincial
3. Municipal pd 3 pc3 Municipal
2. Comunal 20 pd 2 Consejo ejecutivo 2 "
" pe 2 Comunal

a
t Íd t
1. Comunidad en la base, Consejo comunal Asamblea comunal que
asamblea directa, barrio "
representativo vigila por auditorías
t
Poder participativo
td
Poder representativo
t,
Poder participativo
que demanda que gobierna que fiscaliza 24
a
rotestos
t
Potentia t
Comunidad pol í tica participative

16
Hay organizaciones en e! á mbito global {como la Organización de las Naciones
Unidas, ONU ) (8 ) y organizaciones regionales internacionales o continentales ( 7 )
como la Comunidad Europea, en Asia, Africa y América Latina.
17 Equivocadamente se denominan nacionales ( 6), aunque con frecuencia son
“ ”
Estados “ plurinacionales” ( como el Estado boliviano). Deber ían mejor llamarse Es -
tados federales o unió n de Estados provinciales ( como Estados Unidos ) . En Vene¬
zuela el m á ximo poder participativo en el á mbito “ federal” es el llamado Poder Ciu ¬
dadano (ya que el Estado venezolano tiene cinco poderes, no tres como los originados
en la Revolución Francesa ( son, además del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial ,
el Poder Electoral y el indicado Poder Ciudadano ). Puede consultarse la Constitución
de la República balivariana de Venezuela , promulgada el 24 de marzo de 2000, Título
-
V, Cap ítulo IV, Art ículos 273 291; “ Del Poder Ciudadano”.
Is
Tambié n denominado “ estado” ( por ejemplo, estado de Sinaloa en Mé xico, o
State de California en Estados Unidos), constituido por municipios, condados, dele¬
gaciones o equivalentes.
'“
Son las instituciones representativas de cada nivel del Consejo Comunal (1 )
hasta el Poder Ciudadano (6 ).
20 En Estados Unidos se denomina condado ; en el Distrito Federal de Mé xico
“ ”
es la “ delegación” , etc.
21
Véase la “ Ley orgánica de las Comunas” (del 21 de diciembre de 2010 ya citada).
22
Véase el Título IV, cap. II, de la “ Ley orgá nica de las comunas”. En al Cap. I hay re¬
ferencias al parlamento comunal, que ser ía ya una institución representativa en este nivel.
24
Se trata ya de una institucionalización de la participación. Es la esencia misma,

44
II. DEMOCRACIA PARTICirATIVA , DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POLÍTICO

Aclaraciones al Esquema 2. Flechas a: indican la dirección ascendente


de la institucionalización participativa; flechas pd : indican la dirección
de participación que demanda ( las necesidades ) ; flechas pe : indican la
acción que controla (fiscalizadora, evaluativa) de la participación con res -
pecto al poder representativo; flecha d : indica la dirección representativa
de la delegación del poder; de 1 a 8: se trata de los niveles del ejercicio
del poder delegado en la representación o ejercido en la participación .
En la representación democr ática el poder delegado debería ejercerse
como poder obediencial ( “ el que manda, manda obedeciendo" ). En la
participación democrá tica el poder se ejerce como poder soberano ( “ el
que manda, 25 manda mandando” ).

En el nivel l , como puede observarse , se encuentra tambié n presente


la democracia representativa. Y esto porque la asamblea comunal en
-
el distrito,26 o la organización pol ítico democrá tica directa en la base,
debajo de la comuna o el municipio, ejerce el poder también con re ¬
presentación ( que no reemplaza la organización inmediata de la demo¬
cracia directa , informada y convocada por las redes electrónicas , segú n
veremos ): son por ejemplo los consejos barriales o el consejo comunal.
Este es el nivel exaltado, con razón , por el anarquismo; es la verdad del
anarquismo. El problema no resuelto del anarquismo consiste en la
institucionalización de los otros niveles , sin eliminar las instituciones
representativas.

en ú ltima instancia , de toda la pol ítica . Es, por ejemplo, la asamblea del barrio , de
la peque ñ a aldea que no es sede del municipio o condado. Se trata del “ distrito” o,
má s abajo, la comunidad de base .
2,1
La Ley del Poder Popular organiza las auditor ías a todos los niveles, desde la
comuna hasta el Poder Ciudadano federal. Las “ auditorías” son cuerpos técnicos al
servicio directo de las instituciones de participación, mediante las que se vigila y
castiga la representación , desde los consejos vecinales hasta el presidente de la Re¬
pú blica, y puede decidirse una “ revocació n del mandato” en casos extremos. Es la
ú nica solución a la impunidad y corrupción de la representación en todo el mundo.
25
Este “ mandar” no es por representación (y por lo tanto obra en nombre propio),
sino que manda como ú ltima instancia del poder, como participació n, fundamento
de toda legitimidad .
26
En Estados Unidos, por ejemplo.

45
CARTA A LOS INDIGNADOS

Por su parte, la democracia moderna o liberal organiza el nivel


representativo ( desde el nivel 2 hasta el 8 ), pero ignora los niveles de
las instituciones participativas. Los fundadores de la Unión de los
Estados Norteamericanos ten ían clara conciencia de que la democra ¬
cia representativa debía articularse con la participativa, como pensa ¬
ba Thomas Jefferson, por ejemplo, pero nunca la pudieron organizar
porque los grupos dominantes tem ían la participación real democrá ¬
tica del pueblo mayoritario , necesariamente más pobre dentro del
sistema capitalista ( capitalismo al que el sistema liberal considera
como “ la naturaleza misma de las cosas” del campo económico, sien ¬
do el sistema liberal su contrapartida en el campo pol ítico ) . De haber
habido democracia participativa la mayor ía de los indicados pobres
siempre habría ejercido como mayor ía el poder representativo, y esto
es lo que nunca aconteció. La representación há bilmente “ manejada ”
permitió siempre ejercer el poder representativo ( no obediencial, es
evidente ) del Estado por la elite minoritaria dominante. Pero la no
obediencialidad de la representación!se funda en la no participación
real e institucional del pueblo ( exclusión ya inscrita en las institucio ¬
nes definidas por la Constitución pol ítica de Estados Unidos ).
El poder representativo puede fetichizarse, burocratizarse, corrom ¬

perse, al autorreferentemente afirmar, como la sede ú ltima del poder


( la potestas ) , a las instituciones representativas27 y no a la comunidad
pol ítica ( la potencia ). El poder participative de la comunidad política
o del pueblo puede alienarse ( no fetichizarse ) , cuando deja de tener
clara conciencia de ser la sede ú ltima del ejercicio del poder, cuando
no sabe decidir lo mejor para sí misma y se equivoca en la elección de
los candidatos y en la elección de los mejores representantes, pero
esencialmente cuando no ha podido institucionalizar cotidianamente

27 Es interesante indicar que en la proclamación de la Constitución argentina de

1853 se indica: “ Nos , los representantes del pueblo argentino, reunidos en Congreso
General Constituyente ...” Parecer ía decir que ellos son los que promulgan la Cons ¬
tituci ón y no el pueblo mismo. Debieron decir algo así como: “ El pueblo argentino,
como sede ú nica del poder constituyente, proclama esta Constitución por sus dele ¬
gados debidamente elegidos.. .”

46
II. DEMOCRACIA PARTICIPATIVA , DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POL ÍTICO

la participación efectiva del pueblo. Por ello ha perdido el sano senti ¬


do com ú n ciudadano. Uno de los instrumentos actuales más poderosos
para debilitar y hasta alienar a una comunidad en el acto participative
de la elección de los representantes ( que es sólo uno de los deberes28 de
la participación ) es la mediocracia. Como consecuencia, la lucha por
la recuperación del pueblo de dichos medios es esencial para una de ¬
mocracia real. La manera de democratizar los medios de comunicación
es por medio de la participación de las diversas instituciones de la so¬
ciedad civil y política ( y no sólo en manos de las transnacionales del
negocio de la media ) en la creación y uso de los medios electrónicos
de comunicación, creando redes radiales, televisivas, electrónicas, de
información, debate, estudio y de organismos de acción social, cultu ¬
ral, universitaria, art ística, profesional , etc. En la Rep ú blica Argenti ¬
na hay una ley de medios de comunicación que distribuye 33 por
ciento de dichos medios a las comunidades populares, 33 por ciento
al Estado representativo, y 33 por ciento a medios privados ( naciona ¬
les o transnacionales ) . Es una novedad mundial a ser imitada.
Sin embargo, la verdadera revolución consiste en los medios elec¬
trónicos de comunicación , las redes en manos de los ciudadanos, gra ¬
cias a la que en un instante millones de participantes pueden conocer,
debatir y decidir acciones comunes. Esta revolución tecnológica es tan ¬
to o m ás importante que la Revolución Industrial producida por la má ¬
quina a vapor en la transformación del proceso material de producción
de mercanc ías en el campo econ ó mico. De la misma manera ( y aun
en mayor medida ) dichos medios de comunicación electrónicos, que
han permitido el estado de rebelión de tantos ciudadanos hastiados de
la corrupción y el monopolio del ejercicio del poder pol ítico en manos
de los órganos representativos de los Estados, desde la Plaza del Tahrir
en Egipto hasta la Plaza del Sol en Espa ña , es una Revolución comunP

28
Por ser un deber es absolutamente obligatorio, no voluntario. Es el acto por el
cual el ciudadano delega el poder y por eso es sumamente importante. Una de las
manipulaciones del liberalismo es dejar este deber como mero derecho optativo. Así
como respetar las leyes de trá nsito no es optativo, mucho menos el deber de elegir a
los representantes.

47
CARTA A LOS INDIGNADOS

cativa entre los ciudadanos que transforma el modo material de la pro¬


ducción de las decisiones políticas en el campo político. Esta Revolución
electrónica de la comunicación es de mayor importancia que la Revolu ¬
ción Industrial, porque toca las relaciones humanas mismas y el á m ¬
bito desde donde se toman las decisiones económicas, que en ú ltima
instancia son pol íticas.

¡Ciudadanos oprimidos del mundo,


organicemos la participació n en redes electrónicas y seremos millones!

¡Seremos millones! comunicados instantá neamente en tiempo real


en todo el peque ño planeta Tierra , para derrotar a las burocracias de
la representación pol ítica corrupta , minor ías elitistas unidas a las bu ¬
rocracias financieras y capitalistas transnacionales que explotan a
todos los pueblos del mundo, también de Europa y Estados Unidos.
Pero para ello, nuevamente, hay que institucionalizar la partici ¬
pación.
En conclusión , la democracia participativa debe articularse con la
democracia representativa y ambas deben institucionalizarse en los
ocho niveles verticales de la institucionalidad pol ítica.

§ 2 . Fortalecimiento del Estado desde el horizonte del postulado


de la disolución del Estado

La tesis podría formularse de la siguiente manera:

Las exigencias pol íticas del presente latinoamericano y mundial, ante el


avance siempre avasallador de las prácticas del neoliberalismo del capita ¬
lismo globalizado determinan la necesidad del fortalecimiento del Estado
— —
federal o regional económica, cultural, militar y pol íticamente de los
pa íses poscoloniales o no centrales en v ías de liberación , mientras que
una cierta extrema izquierda (en esto coincidente con el Estado mínimo
del mismo neoliberalismo económico ) proyecta la “ disolución del Estado"
de manera empírica y estratégica , lo que le lleva tácticamente a proponer
cambiar el mundo desde el nivel social sin intentar políticamente ejercer
el poder delegado del Estado (de un nuevo Estado ), como medio de libe-

48
II . DEMOCRACIA PARTICIPATE , DISOLUCI ÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POLITICO

ración nacional y popular. Sin embargo, el fortalecimiento de un Estado


democrático no se opone al postulado (como “ idea regulativa” crítica ) de

la “ disolución del Estado” si se entiende bien la cuestión.

Esto supone elaboración de teorías sobre el Estado que desvían la


atención de las urgencias pol íticas necesarias para la liberación de los
pueblos en general , y especialmente latinoamericanos. Se trata en ¬
tonces de teor ías que distorsionan la estrategia pol í tica , dividiendo
fuerzas y proponié ndose proyectos que son en realidad “ ilusiones tras¬

cendentales” como las denomina Franz Hinkelammert , Premio
Libertad al Pensamiento cr ítico de 2005.
Se trata de un tema central dada la importancia del ejercicio del
poder pol ítico en este momento crítico tanto de América Latina como
del mundo. Abordemos entonces la “ cuestión pol ítica” 29 y no sólo el —

problema del Estado en el pensamiento del gran cr ítico del siglo xix.
Partamos de la descripción que hace del tema Istvá n Mészá ros,30
cé lebre alumno hú ngaro de Georg Luk ács. Desde el inicio de su obra
Más allá del Capital el pensador marxista cita un texto de Marx que
aparece en la ú ltima página de La miseria de la filosof ía:

La clase obrera sustituirá, en el curso de su desarrollo, la antigua sociedad


burguesa ( civil ) 31 por una sociedad que excluirá las clases y su antagonis¬
mo, y ya no existirá poder político Ipolitische Gewalt 32 ] propiamente dicho,

29
-
Véase lo ya expuesto en el vol . 1 de nuestra Política de la liberación [192 195] ,
391ss.
,0 Mészá ros, 2006. Véase igualmente el tema en el vol. 2 de la Política de la libera
-
ción [335 ss] , pp. 255 ss .
31
“ Bü rgerlische Gesellschaít” significa tanto “ sociedad burguesa” ( por su etimo ¬
logía germana ) como “ sociedad civil” ( por su etimolog ía latina ) , pero tienen actual¬
mente una connotación completamente distinta . Escribir el adjetivo “ burguesa ”
posee una sem á ntica m ás cr ítica; “ civil ” tiene una significación m á s neutra.
n Habr ía que distinguir entre “ poder” (Machí) y “ violencia” o “ coacció n” ( Gewalt ) ,
porque en la traducci ón inglesa que cita Mész á ros se traduce incorrectamente como
“ power" ( Marx, 1975 b, CW, vol . 6, p. 212 , cit. Mész á ros, 2006 ), lo que hace referencia
a un contenido semá ntico que no es exactamente lo que Marx quiere expresar, que
podr ía traducirse mejor como “ coacción” o “ violencia” , y no como “ poder” .

49
CARTA A LOS INDIGNADOS

puesto que ella es precisamente la expresió n oficial del antagonismo de


la sociedad burguesa (civil ) .13

Mészá ros argumenta en toda su obra que Marx defendi ó teó rica -
mente, y cada vez más a medida que pasaron los años, una “ negatividad
intransigente para con la pol ítica ” , 34 debido “ [a] al desd én por las res ¬
tricciones pol íticas de la miseria alemana; [ b] a la cr ítica de la con ¬
cepción de la política de Hegel [...]; [c ] al rechazo de Proudhon y los
anarquistas ; [d ] a las dudas extremas acerca de la manera como se
estaba desarrollando el movimiento pol ítico de la clase obrera alema ¬
na ” . Comprensiblemente , entonces, la actitud negativa de Marx tan
sólo pod ía , en el mejor de los casos, endurecerse con el paso del tiem ¬
po , en lugar de ir madurando positivamente” .^ Esta interpretación
tiene extrema gravedad , porque las ambigüedades pol ítico-históricas
posteriores del “ socialismo real” atribuidas primero a Stalin, pasar ían
como su origen después a Lenin , y ahora , dada la complejidad de su
posición, al mismo Marx , interpretando empíricamente el postulado, 36
como lo propone Mészá ros.
Todo se entiende mejor si recordamos que Marx efectuó biográ ¬
fica y diacr ónicamente tres tipos de cr í ticas. En el primer periodo
juvenil se ocupó de la “ cr ítica de la religión ” , 37 ya que “ el presupues ¬
to (Voraussetzung ) de toda cr ítica es la cr í tica de la religi ón ” .36 En
1842 supera esta primera problemá tica, de que “ la religión es el fun ¬
damento del Estado” , 39 y se interna en la segunda etapa, la de la “ cr í -
” Ú ltima página de La miseria de la filosof ía ( 1847 ) ( Marx, 1956 , MEW, 4, p.
182 ).
14 Mészá ros, 2006, p. 559.
’16’ Idem.
Es decir, lo que para Marx era un postulado fue interpretado ingenuamente
como un proyecto o momento empírico histórico futuro. Marx de todas maneras
nunca fue muy claro y dejó abierta la puerta al equ ívoco.
-
*' Véase Dussel, 1983, pp. 159 222.
^ “ Hacia la crítica de la Filosof ía del Derecho de Hegel", Introducción ( Marx, 1956,
MEW, 1, p. 378 ).
Cito un texto de Hermes en la "Editorial del n ú mero 179 de la Gaceta de Colo¬
nia" , en Marx, 1956, MEW, 1, p. 90 ( Marx, 1982 , 1, p. 224 ).

50
II. DEMOCRACIA PARTIC1PATIVA, DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POL ÍTICO

tica de la política ” , 40 ya que “ la cr ítica de la teología es la cr ítica de la



política” .41 Su Critica a la Filosof ía del Derecho de Hegel42 a la que le
dedicaremos algunas reflexiones a partir de la hermené utica de Miguel

Abensour es el descubrimiento cr ítico del tema del Estado. Pero
muy pronto, y pasamos a un tercer momento ( desde el comienzo de
1844 , en Par ís ) , reflexiona Marx acerca del hecho de que la organi-
zación pol ítica por excelencia: el Estado ( en un mero horizonte formal ) ,
supone a la “ sociedad burguesa ( civil ) ” ( como fundamento material ) .
Esto le permitirá el pasaje de la “ cr í tica de la política” a la “ cr ítica de
la econom ía pol í tica ” ( cr ítica que ejercer á desde ese momento de
manera definitiva hasta el final de su vida ) . La pérdida del interés
teórico por la centralidad de la pol ítica, del Estado, se producirá en
esos a ños. No volverá ya nunca a la política como objeto principal
de su investigación teórica ni de su inclusión en el nivel estrat égico -
práctico de la voluntad de transformación de la sociedad ( que se
emprenderá desde el á mbito social y ya no desde el político ) , por lo
que “ no resulta en modo alguno sorprendente que Marx jam ás haya
logrado trazar, aunque fuese los perfiles desnudos , de su teor ía del
Estado [...]. Por eso la elaboración de una teor ía marxista del Estado

[y de la política en cuanto tal] nos dice Mészá ros es tanto posible—
como necesaria hoy en d ía” .43 Esta sería la política que Marx no es ¬
cribió ( por sus supuestos teóricos y prácticos ) , pero que nos es inevi ¬
table intentar exponer.
Mészáros cita un texto de 1844 , cuando Marx exclama:

40 Véase
-
mi trabajo “ Sobre la juventud de Marx (1835 1844 ) ” , en Dussel, 1983,
pp. 159 ss; y en “ Cr ítica de la cristiandad y el origen de la cuestió n del fetichismo” ,
en Dussel, 2007 b, pp. 38 ss.
41 Introducción de “ Hacia la cr ítica de la Filosof ía del Derecho de Hegel” , en Marx,

1956, MEW, 1, p. 379: “ Die Kritik des Hinimels verwandelt sich damit in die Kritik
der Erde [. ..], die Kritik der Theolugie in die Kritik der Politik".
42
El t í tulo de este trabajo var ía, ya que en los manuscritos mismos de Marx
tiene dos títulos. Citaremos el de MEW, 1, p. 201: Zur Kritik der Hegelschen Redics -
philosophie .
41 Mész á ros, 2006, p. 564. Esta es la tarea que nos hemos propuesto.

51
CARTA A LOS INDIGNADOS

Hasta los políticos radicales y revolucionarios buscan el fundamento (Gntnd)


del mal mismo no en la esencia ( Wesen ) del Estado44 sino en una forma de¬
terminada de Estado, que ellos desean reemplazar por otra forma de Estado
diferente. Desde el punto de vista político ( politischen Stadpunkt ) el Estado
y la institucionalización de la sociedad no son dos cosas diferentes.45 El Esta¬
do es la institucionalización de la sociedad ( Einrichtung der Gesellschaft).46

Y Marx al reflexionar teóricamente sobre la pol ítica agrega:

Mientras m á s poderoso sea el Estado, y en consecuencia m á s pol ítico


resulte ser un pa ís, menos se inclinar á a captar en el Principio [Prinzip]
del Estado , y por lo tanto en la actual organización de la sociedad [.. .], el
fundamento de los males sociales [. ..]. La comprensión pol ítica involucra,
precisamente, pensar dentro de los marcos pol íticos4' [...]. El Principio de
la política es la Voluntad [ Wilíe].48 Cuanto m ás unilateral y, por lo tanto,
m ás perfecta sea la comprensión pol ítica, tanto m ás creerá en la omni ¬
potencia de la Voluntad.49' 50

Desde esta interpretación puramente formal de la Voluntad , Mészá -


ros escribe:

44 Es decir, Marx ya piensa que el fundamento ( o esencia en estricto sentido hege


-
liano ) del Estado (del campo político ) es el campo social .
44 Tara la pol ítica de la liberación sí se sit ú an en dos campos diferentes.
46 Glosas cr í ticas al art ículo ‘El Rey de Frusta y la reforma social’” ( 1844 ) , en

Marx, 1956, MEW, 1 , p. 401: CW, 3, p. 197.
47
Aqu í Marx anota precisamente las limitaciones del liberalismo, que autono ¬
-
m í completamente el campo pol ítico del campo económico social. Pero a Marx se
a
le evaporará un tanto el campo pol ítico como pol ítico, en aras de su determinación
material, social , seg ú n la interpretación de Mészá ros.
48 Marx est á pensando en el comienzo de la Rechtsphibsopbie de Hegel ( § 34 : Der

- -
[.. .] freie Wille" ; Hegel, 1970, 7, p. 92 ) , pero no imaginaba que la “ Voiunrad de Vida”
( Lebenswille ) ( de un Schopenhauer o tal como lo hemos propuesto materialmente en
nuestra Política de la liberación ( Dussel, 2009), vol. 2 [ pp. 250 ss] o en Dussel, 2006,
Tesis dos ) es el momento material por excelencia ( no formal ) de la definición de poder
político: la vida humana misma ( como potentia ).
49 Cayendo así en un voluntarismo que no considera la determinación objetiva
“ ”
social, económica, material.
K Marx , Introducción; en Marx, 1956 ( MEW), 1, p 402 ; CW¡ p.199.
-
52
II . DEMOCRACIA PARTICIPATIVA , DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POL ÍTICO

la política y el voluntarismo alemá n est á n, por lo tanto, casados y de la


irrealidad de los remedios políticos ilusorios emana el sustitucionismo in ¬
herente a la política como tal: su modo operandi obligado que consiste en
ponerse en el lugar de lo social. [ . . .] Porque la cuestión se encuentra, seg ú n
Marx, en cu á l de ambas es la categoría verdaderamente fundamental: lo
político o lo social.51
[.. .] De aqu í que mantuviera su definición predominantemente ne¬
gativa de la pol ítica hasta en sus ú ltimos escritos [...]. De manera que
como la percib ía Marx , la contradicción entre lo social y lo pol ítico era
irreconciliable.’2

Para Marx , entonces, la acción humana libre podr ía desarrollarse


plenamente.sólo después de la abolición o disolución: a ) de la división
del trabajo ( involucrando el trabajo asalariado ) , b ) del capital y c ) del
Estado ( ¿ burgués o en general ? ).53 La acción política pod ía intervenir
como complemento de la movilización social ( siendo esta última ma ¬
terialmente la esencial ), porque el Estado no pod ía abolirse a sí mismo
( o por la acción directa como lo intentaba Bakunin o el anarquismo
ortodoxo ) , sino a través de lo social. Y, además, una vez cumplida la
revolución ( es decir, en la situación posrevolucionaria ) se producir ía
igualmente la abolición de la pol ítica:

La revolución en general , el derrocamiento del poder existente ( der


Umsturz der bcstehenden Geivalt ) y la disolución ( Aufl ósung ) de la vieja
relación, constituye un acto político ( politischer Akt ) . Porque el socialis¬
mo’1 no puede ser llevado a cabo sin revolución, necesita ese acto político,
así como necesita su destrucción y su disoluciónP5 Pero donde comienza
su actividad de organización ( organisierende Tatigkeit ) ,’' 6 donde su objeto

51
Mészá ros, 2006, p. 532.
52
Ibid ., pp. 532 -533.
51
Y a ú n cabr ía la pregunta: ¿ disolución del Estado en general como proyecto
-
histérico empí rico o como postulado ?
’1 Estamos ya en una situación “ posrevolucionaria”, entonces.
55
Puede comprender la visión puramente negativa de la pol ítica.
56
Es decir, en la acción positiva y creadora posrevolucionaria.

53
CARTA A LOS INDIGNADOS

propio, su alma pasa a primer plano, all í el socialismo se despoja de su


manto pol í tico ( politische Hiille ).57

Esta era la diferencia con el anarquismo, como hemos indicado.


Marx coincid ía con esta utopía de la participación directa en cuanto
a postular la disolución del Estado y la representación ( como comien ¬
zo de la nueva situación de la verdadera historia de la humanidad : la
sociedad socialista ), pero se diferenciaba por la estrategia y la táctica.
El fin estratégico era el socialismo, y después de la revolución desapa ¬
rec ía la política; la disolución del Estado era un medio ; la t áctica para
lograr dicho fin era esencialmente la movilización social , y la acción
pol ítica puntual en el momento revolucionario. Bakunin , en cambio,
propon ía en su esencia los medios directos pol íticos para abolir el
,
Estado, s desentendiéndose de la cr ítica económica y de la acción social:

No entiende [Bakunin] absolutamente nada de la revolución social , tan


sólo de su retórica política. Las condiciones econ ómicas simplemente no
existen para é l [. . .]. El poder de la voluntad , y no las condiciones econó¬
micas, es la base de la revolución de Bakunin. w

Marx apuesta , en el largo plazo, al cambio profundo del metabolis ¬


mo social ; así, “ el poder de la política est á muy limitado en este respec¬
to” — —
anota Mészá ros .60 Se puede entonces comprender la conclusión
del pensador h ú ngaro: “ Todas estas determinaciones y motivaciones
combinadas produjeron esa definición negativa [de lo pol ítico en Marx]
5'
Marx, Introducción; en Marx, 1956 ( MEW ), 1, p. 409; CW, 3, p. 206.
“ social democracia posterior, como ia de Berstein, proponía utilizar la poli
La -
cica (como Bakunin ) , pero sin disolución del Estado ( contra Marx) , pero sin clara
conciencia de la necesidad de un nuevo tipo de democracia participativa y de Estado.
Adem á s, inevitablemente en esa época , era una política reformista, eurocéntrica o
pro metropolitana (sin conciencia de las exigencias de liberación del colonialismo y
neocolonialismo del sur del planeta ) .
- -
w “ Anotaciones sobre El Estado y la anarquía de Bakunin” ( diciembre 1874 ene
ro 1875; Marx, 1956, CW, vol. 24, p. 518 ). Explica todav ía Marx en la misma página:
“ Una revolución social radical est á ligada a determinadas condiciones históricas del
desarrollo económico”.
“ Mészáros, 2006, p. 542.
54
II. DEMOCRACIA PART1CIPAT1VA , DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POLÍTICO

como hemos visto” .61 Y deja como anotación la apertura hacia una
estructura de amplia participación ( económica en este caso, pero que
propondremos tambié n en el campo político a lo largo de esta crítica
de la pol ítica ) como solución estratégica :

En este sentido el desplazamiento estructural objetivo ( en contraste con


el político/ jurídico, insostenible en sí mismo) de las personificaciones del
capital mediante un sistema de autogestión germina es la clave para una
reedificación exitosa de las estructuras heredadas.62

Esta negatividad con respecto a lo político, por ejemplo, permitirá


a la Revolución de Octubre pasar del primer momento anarquista ( del
ya indicado “ ]Todo el poder a los soviets ! ” ) a la mera administración
posrevolucionaria económico-social desde arriba , desde el vanguar ¬

dismo no democrático, no participativo pero tampoco representativo,


del Comité Central que pol íticamente intenta negar la pol ítica empí¬
rica y no entiende la disolución del Estado como un postulado, y ter¬
mina en una administración puramente burocr á tica. Grave conse¬
cuencia pol ítica de no haber sabido construir lentamente las categor ías
del campo político , como se efectuó acertadamente en el campo econó¬
mico. Es entonces comprensible la cr ítica pol ítica de Ernesto Laclau ,
pero, en nuestro caso, no intentamos aceptar tampoco los equ ívocos
de la cr ítica de la socialdemocracia europea contra el dogmatismo
marxista ya en tiempos de Kautsky, porque en definitiva pretend ían
reformar el liberalismo. Se trata má s bien de partir de una construcción
de nuevas categorías específicamente políticas ( no liberales o burguesas
desde Hobbes en adelante ) a la manera como Marx lo hizo con las
económicas, desde el inicio más all á del capitalismo ( de un Adam
Smith, por ejemplo ).
Veamos, para aclarar a ú n más la cuestión, gracias al estudio de M.
Abensour63 sobre lo pol ítico en Marx, los dos momentos claves de su

61
lbid ., p. 556.
62 Ibid ., p. 569.
61
Abensour, 2004.

5.5
CARTA A LOS INDIGNADOS

vida intelectual. La tesis del filósofo francés queda bien indicada en


las l íneas siguientes, y como primer momento:

Lo propio de la democracia insurgenteM [... no consiste enj concebir la


emancipación como victoria social (como una sociedad reconciliada )
sobre la pol ítica [que es al final la posición de Marx], que incluye la de -
saparición de lo pol ítico, sino en hacer surgir esta forma de democracia,
permanentemente, como una comunidad pol ítica contra el Estado.*’’ La
oposición de lo social y lo político se sustituye por aquella de lo político y
lo estatal [. ..]. El Estado no es la ú ltima palabra de lo pol ítico.66

En el verano de 1843 ( en el tiempo de la “ cr ítica de la política” )


nos encontramos con un Marx que todav ía intentaba regenerar lo
político.
En un segundo momento, en cambio, en 1871 ( momento ya muy
avanzado de su “ cr ítica de la econom ía política ” ), era definitivamen ¬
te escé ptico de esa posibilidad — y es esta posición negativa la que
heredar á buena parte del marxismo posterior, siempre teniendo en
cuenta la profunda complejidad y ambig ü edad del asunto, ya que
el Partido Comunista era inevitablemente una institución propia del
campo político , lo mismo que la gestión que como administración
del Estado posrevolucionario involucraba necesariamente acciones
políticas constantes ( desnaturalizadas por dicha ambigü edad ).
Hay entonces a ) una constelación de textos desde 1842 hasta la
“ crisis de 1843” ,67 y de all í b ) otro grupo de textos cuando comienza
-
en 1843 1844 la cr ítica a la Filosof ía del Derecho de Hegel incluyen — -
61
En la que consiste la propuesta de Abensour.
65 Esta contradicción propuesta por Abensour, un tanto anarquista, es innecesa¬
ria y ambigua, como veremos.
66 Abensour, 2004, p. 19. Por nuestra parte, como es evidente despu és de todo lo

explicado, no se trata de levantar la comunidad contra el Estado en general ( contra


el Estado fetichizado, totalizado, despótico), sino de crear un nuevo Estado, má s allá
de la Modernidad, del liberalismo y del anarquismo (aunque partiendo de la verdad
de este ú ltimo y desarrollá ndolo en una democracia participativa sin dejar de articu¬
larla con su dimensió n representativa, por su parte redefinida).
67
Abensour, 2004, pp. 37 ss.

56
II. DEMOCRACIA PARTICIPAT1VA, DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POL ÍTICO


do entre otras obras La cuestión jud ía . En los primeros textos ( a ) , no
comienza a ún la crítica de la pol ítica , sino más bien con la emancipa ¬
ci ón de la pol ítica de la teología, del Estado cristiano.68 En un segun ¬
do momento ( b ) , en cambio, “ la ley de gravitación del Estado no se
buscar ía más en s í mismo, sino del lado de las condiciones materiales
de la vida , de la sociedad burguesa ( civil ) , desde el aspecto de la es ¬
tructura económica de la sociedad ” .69 La reflexión de Marx se centra
entonces comparando los §§ 182- 256 de la Sociedad burguesa ( civil ) ( a
-
los que hace referencia pero no comenta ) a los §§ 257 320 del Estado
( los que comenta detenidamente ). Marx pasará de concebir el Estado
como una totalidad orgá nica que expresa la realización racional del
ser humano, “ una metaf ísica de la subjetividad” , 71 a una crisis escép¬
tica de lo político como tal, “ denunciando la revolución pol ítica en
favor de una forma m ás radical de revolución” .72 Marx reflexiona:
En Alemania no es [posible] precisamente la revolución radical , sino, por
el contrario, la revolución parcial , la revolución meramente pol ítica, una
revolución que deje en pie los pilares del edificio. ¿Sobre qué descansa
una revolución parcial , una revolución meramente pol ítica ? Sobre el hecho
de que se emancipe solamente una parte de la sociedad burguesa ( civil ) e
instaure su dominación general ,n

Por una parte, y como puede entenderse, la revolución radical no es


la “ meramente pol ítica ” , la cual es “ parcial ", ya que deja en pie la domi ¬
nación material , social, económica, que es la que va descubriendo como
esencial y que se describe en la Filosof ía del Derecho hegeliana en el

68
Véase el vol. 1 de Política de la liberación ( Dussel , 2007a), pp. 38 39.
-
69
Abcnsour, 2004, p. 77.
70 El
manuscrito de Marx pareciera no estar completo , ya que sólo comenta los
-
§§ 261 313. Marx comenta sólo “ El derecho pol ítico interno”. Como pertenecientes
al mundo poscolonial nos interesa particularmente “ El derecho político externo” (§§
-
321 360 ) que hemos comentado en el vol. 1 de Política de la liberación ( Dussel, 2007a )
-
[ pp. 188 191 ] ,

a Abcnsour, 2004, p 62.


77 Ibid . , p. 67.
-
71
“ Introducción. . e n Marx, 1956, MEW, 1, p. 388 ( Marx, 1982, 1, p. 499 ) .

57
CARTA A LOS INDIGNADOS

cap ítulo de la “ Sociedad burguesa ( civil )” , y no en el tema propiamen ¬


te pol ítico del “ Estado” . Marx descubre la oposición entre ambos: “ El
Estado se hace valer por medio de delegados [. . . ] enfrent á ndose a la
sociedad burguesa ( civil ) como algo ajeno y exterior a la esencia de ésta” .74
Será necesario, por el contrario, mostrar como la sociedad burguesa
( civil ) juega un papel determinante en esta relación y no como en
Hegel, donde el Estado, lo pol ítico, domina a lo burgués ( lo material ) .
Por otra parte y al mismo tiempo, “ Hegel parte del supuesto de la
separación entre la sociedad burguesa ( civil ) y el Estado político [...],
pero no admite separación alguna entre la vida burguesa ( civil ) y la vida
pol ítica ( politischen Lebens ) . Se olvida de que se trata de una relación
refleja y convierte los estamentos burgueses ( civiles ) como tales en
estamentos pol íticos” . 75 Ahora , considera a la sociedad burguesa ( ci ¬
vil ) como el momento material que debe diferenciarse del propiamen ¬
te político del Estado.
Dando un paso m ás, comienza a imaginar la desaparición del mo ¬
mento político propiamente dicho: “ Los franceses de la época moder¬
na han comprendido que en la verdadera democracia el Estado
político desaparece ( der politischen Staat untergehe ). Esto acontece en
tanto el Estado pol ítico, en su constitución , no vale ya m ás para el
todo” .76 Es ya una intuición de Marx en cuanto a la superación de la
pol ítica ( y por ello del Estado ) , en favor de la plena realizació n de
la sociedad burguesa ( civil ).
En la Cr í tica a la Filosof ía del Derecho de Hegel había dicho que “ en
la democracia, la constitución , la ley, el Estado mismo son solamente
[el efecto de] la autodeterminación del pueblo ( Selbstbestimmung des
Volks ) . [.. . ] De suyo se comprende que todas las formas de Estado
tienen su verdad en la democracia ” ,77 es decir, la democracia ser ía la
realización plena del Estado moderno. Esto no se opone a que, para el
,4 “ Hacia una cr ítica. ..” ; en Marx, 1856, MEW, 1, p. 252 ( Marx, 1982 , 1, 362 ).
75 Jbid ., p. 276-277 ( pp. 385-386).
76 “
Hacia una cr ítica.. en Marx, 1953, p. 48.
' 7 Op. cit . en el texto; en Marx, 1856, MEU7, 1, p. 232 ( Marx, 1982 , 1, p. 344 ). Lo
que hemos denominado la Potestas .

58
II . DEMOCRACIA PARTIO RATI VA , DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POLÍTICO

Marx definitivo, el Estado empíricamente sea un tipo de dominación


que debía ser eliminada.
Junto a Marx , Moses Hess adoptaba casi la misma posición en 1843,
aunque su solución se inclinaba más hacia un anarquismo radical como
negación del Estado y la política. Inspirándose en Spinoza, Hess pien ¬
sa así liberarse de toda servidumbre política y religiosa. Marx opinará ,
por su parte, partiendo tambié n de Spinoza , que la cumplida realización
democrá tica será en definitiva la superación del Estado , como la ple ¬
na actividad autoinstituyente permanente del pueblo consigo mismo.
En el momento final de un largo recorrido Marx vuelve al tema
pol ítico a partir del acontecimiento de la Comuna de Par ís en 1871.
Es as í como en La güeña civil en Francia , lB y en 1875 en la Crítica del
programa de Gotha ,79 Marx ya ha alcanzado su posición definitiva res ¬
pecto a nuestro tema. Ahora cuenta con un ejemplo histórico que sin
embargo no deja de presentarle complicaciones. Abensour escribe:
En este momento del an á lisis de Marx , es legítimo ver en é l una con ¬
tradicción entre la visión instrumental del Estado que sigue profesando y
que se enfrenta a la idea de una neutralidad del aparato del Estado, a tal
punto que la naturaleza del Estado depender á de la clase que lo gestione
y la tesis m ás fecunda, m ás compleja del Estado, que lejos de ser neutro
engendraba un formalismo específico como relación de dominación , se
separa del conjunto de la sociedad .80

En la Comuna Marx exalta la participación directa del pueblo, de


la clase obrera, como sujeto conductor del Estado que lo utiliza en vez
de disolverlo. Escribe Marx:
La Comuna de Par ís tomó en sus propias manos la dirección de la revolu ¬
ción [...].
La Comuna era, pues, la verdadera representación de todos los
elementos sanos de la sociedad francesa y, por consiguiente, el aut é ntico
gobierno nacional.81

78
-
Marx , 1956, MEW, vol . 17, pp. 491 610.
79 Marx,
80 Abensour, 2004, p. 139.
-
1956, MEW, vol. 19, pp. 11 32.
81
-
Marx , 196S, pp. 102 103.

59
CARTA A LOS INDIGNADOS

Era la “ primera vez en la historia” 82 que el pueblo, la clase obrera


en la modernidad capitalista , participaba directamente del ejercicio
del poder pol ítico. A los ojos de Marx esto se presentaba como una
experiencia pol ítica nueva , ya que consist ía en la invención de una
forma pol ítica de liberación no conocida, en la que el Estado moder¬
no era transformado gracias al ejercicio de la “ verdadera democracia” .
La democracia “ participativa” era una democracia contra el Estado.
Sin embargo, posteriormente la cuestión se complica ya que hay
diversos tiempos pol íticos que habrá que clarificar. En un primer mo¬
mento, se encuentra el tiempo prerrevolucionario en el que gracias a la
lucha social , articulada pol í ticamente como acción estrat égica ( de
la cual ahora la Comuna es un ejemplo que da cierta autoridad al blan -
quismo y al anarquismo de Bakunin ) , debe acelerarse la ruptura revolu ¬
cionaria. En un segundo momento, el posrevolucionario , a fin de eliminar
los restos del sistema burgués, será necesario “ un periodo de transición,
cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria ( revolu
donare Diktatur ) del proletariado” .83 Y all í habr ía que preguntarse:
-
¿ Qué funciones sociales, an á logas a las actuales funciones del Estado
[ burgués prerrevolucionario], subsistir án entonces ? [...] El programa no
se ocupa de esta ú ltima ni del Estado futuro de la sociedad comunista.84

Habr ía así un Estado, pero no democrá tico, por las exigencias de la


“ transición ” . Será por ello un Estado vigente imperfecto, cuyos “ defec¬
tos son inevitables en la primera fase de la sociedad comunista ” .85 Para

S2
í bid., p. 102 .
"‘“ Cr ítica al programa de Gotha” , en Marx, 1956, MEW ( Marx, 1970, p. 38).
84 Ibid ., p. 38.

Parece que la “ primera fase” es el momento de la “ dictadura del proletariado” y


no un momento posterior. En este ú ltimo caso tendr íamos entonces cuatro tiempos
diversos (y no sólo tres). Para Lenin “ en la primera fase de la sociedad comunista ( a
la que suele darse el nombre de socialismo) el derecho burgu és no se suprime por
completo” ( Lenin , 1975, vol. 7, p. 91 ) . En la “ fasc superior de la sociedad comunista” ,
explica Lenin, “ el Estado podrá extinguirse por completo” (Lenin, 1975, vol. 7, p. 93).
Pero, hoy es esencial recordarlo, Lenin tiene claro que ante la “ fase superior” nos
encontramos empíricamente ante “ la imposibilidad de implantar [dicho ) socialismo ,
en referencia precisamente a la etapa o fase superior del comunismo, que nadie ha

60
.
11. DEMOCRACIA PART1CIPATIVA DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POLÍTICO

llegar de esta manera a un tercer momento, a “ la fase superior de la so¬


ciedad comunista, cuando haya desapareció la subordinación esclavi -
zadora de los individuos a la división del trabajo [ . . .]; cuando el trabajo
no sea solamente un medio de vida , sino la primera necesidad vital” .86
Como vemos hemos llegado al final a una sospecha ya adelantada
en esta y otras obras desde hace tiempo. La “ disolución del Estado” y
la superación de la pol ítica serían en realidad postulados que de todas
maneras no ocuparon la atención de Marx a fin de describir detalla ¬
damente cómo habr ía que comportarse diferenciadamente en la po¬
lítica prerrevolucionaria y posrevolucionaria , ya que la sola acción social
no es suficiente antes de la revolución ( porque hay que poner el acto
pol ítico de la misma revolución ) y después de la revolución hubiera
sido necesaria una formulación clara de en qu é consist ía la dictadura
del proletariado , ya que su ambigua expresión cuestiona el proceso po ¬
l ítico de una democracia participativa del pueblo ( que no deber ía
negar tampoco una adecuada representación , en un realismo pol ítico
cr í tico ) , y que es la pol ítica que hoy necesita un Evo Morales, por
ejemplo, y para la cual el Marx histórico no ayuda mucho.
Engels expresa , endureciendo un tanto las conclusiones, que la
posición definitiva de Marx con respecto al final de la prehistoria ( que
en realidad es la historia emp í rica ) o el comienzo de la verdadera
historia ( el tiempo trascendental del postulado o la perfección inal ¬
canzable pero regulativa ) ser ía la disolución del Estado ( como postu -
lado ) y la superación del capital ( como hecho empírico ) , un nuevo
prometido implantar y ni siquiera ha pensado en ello, pues, en general, es imposible
implantarla” ( Lenin , 1975, vol. 7, p. 94). Se trata , exactamente de un postulado o una
“ idea regulativa” (a la manera del cuarto Kant ): lógicamente pensable y empíricamen ¬
te imposible, como hemos expuesto ya en nuestra Política de la liberación ( Dussel, 2009,
vol. 2, ( pp. 333 ssj ) , y lo veremos todav ía frecuentemente en la parte crítica (vol. 3).
86
Marx, 1970 b, p. 24. Ser ía econó micamente el “ reino de la libertad ” , es decir,
se pasaría de las exigencias de la econom ía que ser ía suprimida o subsumida en el
mundo creativo de la creació n cultural (¿ la economía y la política se habr ían trans ¬
formado ambas en una esté tica ? Lo meditaremos en la próxima obra sobre la Esté ti ¬
ca de la liberación .
87
Téngase en cuenta que la superación del Estado burgué s o del sistema liberal y
del capital o el sistema capitalista quedan como momentos de un proyecto empírica -
61
CARTA A LOS INDIGNADOS

momento de las relaciones sociales. Pero esto lleva a la ambigü edad


de la siguiente formulación: “ el gobierno sobre las personas [la políti ¬
ca ] es sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de
los procesos de la producción ” .88 De esta manera, y como ejemplo, la
gestión administrativa ( burocrá tica ) de la comunidad pol ítica sovié ti ¬
ca en el tiempo de la transición posrevolucionaria , como en una gran
empresa económica productiva, fue la eliminación empírica ( que ha ¬
b ía sido postulada )81' de la gestión pol ítica en el socialismo real sovié ¬
tico. En vez de superar la pol ítica en general, se eliminó simplemente
la política democrá tica participativa y representativa que debieron im ¬
pulsarse, y en su lugar se instauró el burocratismo gerencial del Comi ¬
té Central. ¿ No será , inesperadamente , el resultado de la compleja y
muy sutil posición de Marx en la cuestión de la superación postulada
de la pol ítica y el Estado, que fue reemplazada por una interpretación
simplista de un cuasianarquismo pol í tico , que exalt ó lo social o lo
económico olvidando la pol ítica democrá tica participativa de la comu¬
nidad , de la “ autodeterminación del pueblo ( Volks )" ( como apreciaba
escribir Marx ) que producirá efectos negativos también inesperados ?
En la parte crítica de la Política de la liberación, que es el momento
central de la misma , deberemos continuar analógicamente la exposi -
mente realizable y necesario ( no son postulados ) . En la situació n posrevolucionaria
-
debería instaurarse un nuew Estado democrático participativo representativo de otro
tipo e igualmente sistemas ecológico, económico y cultural nuevos, no sólo más allá
del capitalismo sino que ser ía quizá necesario tambié n superar igualmente al mero
socialismo planificado racionalmente seg ú n el criterio de aumento de la producción
medida seg ú n criterios mercantiles. ¡No es acaso el socialismo una racionalización
cartesiana, una expresión extrema de la cuantificación fetichista del mítico progreso
de la Modernidad europea ? Por el contrario, la disolució n radical de todo Estado y
de toda pol ítica sí es un postulado.
-
ss Engels, en Marx Engels, 1977, p. 87. La gestión económica ocupar ía el lugar de
la política.
s9 Hinkelammert llama el intentar realizar el “ concepto trascendental” o el “ pos¬
tulado” empíricamente la “ ilusión trascendental” . Como el marino chino que orien¬
tándose en los mares por la Estrella Polar ( el postulado) intentara sin embargo querer
llegar a tal estrella. Esto ú ltimo sería empíricamente imposible, como imposible es la
realizació n empírica del postulado.

62
II. DEMOCRACIA PART1C1PATIVA , DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POLÍTICO

ción de la política tal como el genio constructivo epist émico de Marx


cumplió metódicamente en la producción de las categor ías económi ¬
cr
cas í ticas . Lo que é l hizo en la econom ía reproduzcá moslo analógi ¬
camente en la pol ítica , sabiendo que , por los supuestos ontológicos
de su teor ía de la historia ( y por la desvalorización relativa del campo
pol ítico ) , esta pol ítica ( la nuestra ) para Marx hubiera sido quizá im ¬
probable , pero hoy estamos constreñ idos a desarrollarla de todas ma ¬
neras, ya que es necesaria no sólo desde un punto de vista teó rico ,
como lo indica Mészá ros, sino principalmente por razones políticas ( para
colaborar teóricamente post factum , como retaguardia , con los proce¬
sos pol íticos revolucionarios novedosamente creativos del siglo xxi
en Amé rica Latina y el mundo.
La confusión teórica entre a ) un postulado ( la “ disolución del Esta ¬
do” , que puede ser pensado lógicamente, pero es imposible empírica ¬
mente ) y b ) un proyecto pol í tico emp í rico , hist ó rico ( intentar
disolverlo efectivamente a través de cientos de miles de asesinados como
los Khmer rouges ) tiene las mayores consecuencias estratégicas, que
retrasan y hasta impiden la acción transformadora de los gobiernos re ¬
volucionarios ( o que intentan honestamente efectuar una revolución
en América Latina ) o al menos nacionalistas y populares ( ciertamente
mejores que los que impulsan una pol ítica y una economía neoliberales ) .
Por esta razón , las teor ías que opinan que el Estado llamado na ¬
cional ha perdido su sentido ( tanto de izquierda ,90 socialdemócra -
w Como la de Antonio Negri en su trilog ía Empire ( 2000 ), Multitude ( 2004 ) y
Commonwealth (2009), donde no sólo niega la importancia del Estado nación, sino
igualmente el concepto de “ pueblo” , al mismo tiempo que limita la estrategia y orga ¬
nizació n pol ítica prácticamente al campo social y sin partido pol ítico posible. Es, en
la extrema izquierda , un idealismo estratégico, que opina sobre la oportunidad de los
“ acontecimientos” desde la institucionalidad ciertamente ambigua de las ONC. Una
buena y corta cr ítica en las “ Observaciones finales” de Laclan ( 2005, pp. 239 ss ) .
Contra el inmanentismo de Negri, Laclau escribe: “ The passage from one hegemonic
formation , or popular configuration, to another will always involve a radical break ,
a creation ex nihilo" ( Laclau, 2005, p. 228). Esto lo trataremos extensamente en el vol.
3, la Crítica de nuestra Política de la liberación . Laclau se refiere al mito ed ípico, debió
mejor indicar el mito mosaico: Ed ípo obedece la ley necesaria y mata trágicamente
a su padre; Moisés en cambio no sólo niega la ley fara ónica , sino que rompe con el

Ó3
CARTA A LOS INDIGNADOS

ta91 o francamente liberal de derecha,92 contaminadas frecuentemente


por la Modernidad eurocé ntrica o por el escepticismo fragmentario
del posmodemismo ) , o que se debe permanecer en la lucha meramen ¬
te social porque la pol ítica est á esencialmente contaminada ( como
ciertos movimientos de extrema izquierda ) , deben ser claramente re ¬
futadas para permitir la posibilidad de estrategias realistas y cr íticas en
el presente latinoamericano.
Para concluir debe clarificarse el hecho de que el fortalecimiento
de un nuevo Estado democrá tico al servicio del pueblo, de las mayor ías,
como valla protectora ante el imperio militarista en turno y como
gestor de la afirmación de la vida de los ciudadanos legítimamente y
con eficacia instrumental, debe inspirarse en la idea regulativa o en
opciones participativas , propositivas y fiscalizadoras que deben crear¬
se y gestionarse desde el horizonte de una participación siempre mayor
de la comunidad política , el pueblo, con una representación cada vez
más responsable y transparente , subjetivando las obligaciones de los
ciudadanos y organizando y simplificando ( electrónicamente ) todas
las tareas del Estado, como lugar del ejercicio delegado obediencial
del poder del pueblo. Es “ como si” el Estado fuera objetivamente de¬
sapareciendo, hacié ndose más liviano, más transparente, más pú blico,
y subjetivamente desde una cultura ciudadana donde lo común sea

considerado como lo propio en cuanto a la responsabilidad mutua
de deberes, de derechos y de acciones cotidianas.

sistema de esclavitud, se dirige a un nuevo orden fundado en una nueva ley. El jaco¬
binismo filosófico es mal consejero.
, Como la de Juergen Habermas en el contexto de la Comunidad Europea ,
1
1

donde los Estados federales tradicionales podr ían perder un poco su importancia.
Pero, a partir de la crisis financiera , vuelven a aparecer decidiendo pol íticas econó ¬
mica con diferencias nacionales.
nComo la de Robert Nozick ( 1974 ), que deja en manos del capital privado la
solución de casi todas las tareas del Estado, fracasando en el auxilio de Nueva Orleans
por ejemplo, muriendo sin remedio aquellos estratos sociales que no pueden pagar su
sobrevivencia

64
II . DEMOCRACIA PARTICIPATIVA , DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POLÍTICO

§ 3 . Un ejercicio democrá tico representativo y participativo


con liderazgo pol ítico

En la izquierda en general, y en el pensamiento cr ítico, no se ha ana ¬


lizado suficientemente la función del liderazgo en el aumento del
ejercicio de la democracia . Parecer ía, para muchos, que el ejercicio
de la democracia se opone al liderazgo , que frecuentemente fue estu ¬
diado dentro de la problemá tica de la vanguardia. En este momento
el vanguardismo no puede defenderse y el l íder populista es atacado
desde diversos frentes por no cumplir las exigencias democráticas ( no
decimos liberal , sino tal como la hemos definido ) . Queremos superar
nuevamente una falsa antinomia que puede ser definida como las
exigencias democrá ticas se oponen a todo liderazgo.
La tercera tesis se enunciaría as í:

El pueblo emerge como un actor colectivo desde una pluralidad de mo¬


vimientos y demandas. Existe un proceso en la constitución de ese actor.
Por ello, el mismo pueblo en formación inviste al liderazgo (el pueblo lo
consagra ) de un poder simbólico como instrumento de su unidad, como
coadyuvante en la construcción del proyecto de hegemon ía ( que se unifica
desde la pluralidad de las demandas), del pasaje de la pasividad tradicional
a la acción creadora, de la obediencia cómplice a la agenda innovadora.
Es decir, el ejercicio de la democracia, en especial la participativa ,
exige una cultura del pueblo. En muchos casos, como en el de los pueblos
originarios, habituados al ejercicio comunitario, una tal cultura en la
base est á garantizada. En cambio, cuando los oprimidos y excluidos ( que
todav ía no son propiamente pueblo), a veces muy numerosos (de millones
de participantes ) y urbanos en muchos casos, no han tenido histórica ¬
mente costumbres de acciones comunitarias, la democracia participativa
no alcanza inmediatamente los frutos que le son propios ( en cuanto a la
institucionalización hegemónica de las demandas y la fiscalización estricta

La exposición de este parágrafo fue efectuada en el momento de la entrega del


Premio Libertador al Pensamiento Crítico, en Caracas, ante la presencia del presi¬
dente Hugo Ch ávez, quien comentó durante dos horas la exposición, véase Política
de la liberación , Arquitect ónica , 2009, vol. 2 ; Caracas, El perro y la rana, 2010 ).

65
CARTA A LOS INDIGNADOS

exigida a la representación). Son entonces situaciones de transición de una


democracia creciente, sendero que debe contar con la participación de los
“ intelectuales orgá nicos" que cumplen como servicio un cierto magisterio
obediencial político democrático, que impulsa la creación y gestión de las
nuevas instituciones ( participativas y representativas de nuevo cu ño) . El
liderazgo democrá tico se justifica en estos casos como complementario al
proceso democratizador del pueblo. Dicho liderazgo aparece simult á nea ¬
mente con la emergencia del pueblo como actor colectivo. El que ejerce
dicho liderazgo debe tener plena conciencia de los l ímites de un poder
simbólico que es siempre delegado e investido por el pueblo, que es la única
sede soberana del mismo. El liderazgo político legítimo se transforma en
tiran ía o dictadura (como las de Pinochet , Hitler o Stalin , guardando las
notables diferencias) cuando el liderazgo se fetichiza, olvidando cumplir
con las exigencias democr á ticas requeridas, como en el caso del ú ltimo
Juan Domingo Perón .94
Debo confesar que el tema es escabroso y no frecuentemente en ¬
carado a ú n por el pensamiento cr ítico, o de izquierda en este caso,
pero necesario de ser precisado como una experiencia siempre pre ¬
sente en la vida pol í tica de la humanidad , aunque pareciera que el
filósofo no quisiera comprometerse demasiado con un concepto que
pueda tener insospechadas derivaciones hacia la derecha más retró ¬
grada , tirá nica o dictatorial, como en el caso de Mussolini o Videla
— por situarnos sólo en la Europa o la América Latina del ú ltimo si ¬

glo . Y es justamente esa derecha, y aun el liberalismo u oligarqu ías
que se autodenominan democrá ticas, los empe ñados en confundir el
contenido conceptual de palabras necesarias para usarse en el enjui ¬
ciamiento de los acontecimientos pol íticos, para desacreditar el leg í¬
timo e inevitable ejercicio delegado del poder por parte de actores
políticos cuyas prácticas se enlazan con las funciones democráticas de
instituciones que de esta manera son potenciadas simbólica y estra-

94 Véase el aná lisis de este caso en Laclau, 2005, pp.


214 ss; y en mi Política de la
liberación ( Dussel, 2007a ), vol. I , [ pp. 210 ss ] , pp. 435 ss, y especialmente [ pp. 222 ss ] ,
pp. 464 ss .

66
II. DEMOCRACIA PARTICIPAT1VA , DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POL ÍTICO

t égicamente en los tiempos de “ transición ” de un pueblo que, domi ¬


nado durante siglos, es impelido a renunciar pasivamente a la actor ía
o la participación pol ítica , pero que debe contar con una época crea ¬
tiva para llegar a emerger, y gracias a ello a ejercer de manera aut óno ¬
ma la autodeterminación pol ítica, situación de cultura democrá tica
que no se alcanza sino en una larga experiencia que depende , con
-
frecuencia , de una labor pedagógico pol ítica que exige la tesonera
estrategia del liderazgo político como magisterio de participación de ¬
mocrá tica. Veamos la cuestión discursivamente organizada en algunas
tesis que enuncian algunos aspectos del contenido del concepto de
“ liderazgo pol ítico” democr á tico o legítimo.

3.1 . La aporía entre la democracia y el líder carismático

En la tradición de la filosof ía pol ítica se enumeraron seis tipos de re ¬


g ímenes pol íticos que con Polibio ( 205 - 123 a .C ) adquirieron un en ¬
listado clásico. Se tratar ía, en palabras del autor antiguo, de I ) la
monarqu ía , 2 ) la aristocracia y 3) la poluta9' ( que corresponder ía a la
democracia ), como tipos positivos y 4 ) la tiranía ( o el gobierno des¬
pó tico ) , 5) la oligarqu ía y 6) la oclocracia96 ( es decir, el régimen de las
masas manipuladas por la demagogia, que deber ía tambié n articular¬
se con la tiran ía o posteriormente con la dictadura97 como dominación
simple por medio del terror )98 como tipos negativos. La apor ía se es ¬
tablecer ía entre el régimen 3) la democracia propiamente dicha y el
95
Polibio, Historias, 1981, vol. VI , p. 2.
98
Del griego okhlós que se opone a pueblo ( Idos ) , es la plebs en lat ín ( opuesto a
pupulus ) que significa multitud, masa, lumpen. Véase Dussel, 2007a , [p. 30] , pp. 68 y
125. Por su parte d émas es el pueblo organizado en su representación.
‘" No en el sentido institucional romano, como veremos, sino en su significado
vulgar posterior (y actual ).
98
El populismo, en su sentido vulgar y hoy usado por liberales y movimientos de
derecha, significaría aproximadamente este tipo defectivo o negativo que habría que
distinguir de la democracia propiamente dicha. El populismo ( en su significació n
negativa indicada ) se articula con el dictador ( como manipulador). El tirano, me ¬
diante el terror, como Pinochet, en realidad no se asemeja ya a ning ú n l íder carism á ¬
tico, aunque puede ser tenido por tal por sus adherentes faná ticos.

67
CARTA A LOS INDIGNADOS

4 ) hoy denominada tiranía o dictadura , ejercida por un l íder más o


menos carismá tico, antidemocrá tico. La complejidad estriba en que
la palabra democracia puede adquirir en nuestros d ías muchos signifi ¬
cados no un í vocos ( la democracia representativa liberal no ser ía lo
mismo que la democracia popular de algunos regímenes o la democra ¬
cia participativa a la que aspira el anarquismo ) . Igualmente , la palabra
líder carismático no es unívoca (se puede incluir en su concepto desde
un dictador de derecha , los ya nombrados Hitler, Mussolini, Videla o
Pinochet, hasta auténticos l íderes populistas como Get ú lio Vargas o
-
Perón , o l íderes revolucionarios como Lenin , Mao Tse tung, Ho Chi¬
min o Fidel Castro ) . Es decir, estamos ante significados claramente
equ ívocos, y por ello el tema debe tratarse con cuidado, cosa que no
se ha hecho suficientemente, en especial en el pensamiento cr ítico
de la izquierda. El tema de los líderes carismá ticos ( y a veces ni l íderes
ni carismá ticos, como los dictadores militares latinoamericanos im ¬
puestos por el Pent ágono y el Departamento de Estado desde la é poca
de Henry Kissinger en la década de los setenta ) sólo se ha usado para
criticar a los dictadores fascistas de derecha , pero no para situar a los
l íderes revolucionarios de izquierda en referencia a un ejercicio de ¬
mocrá tico. La derecha , por su parte , confunde manipuladamente el
liderazgo legítimo con las aberraciones dictatoriales. La cuestión de
la función de la llamada vanguardia y las reflexiones de Gramsci sobre
el “ intelectual orgánico” podr ían damos algunas pistas, pero no sufi ¬
cientes. La falta del tratamiento del tema es lo que intentamos iniciar
para bosquejar un debate futuro , necesario en la actual coyuntura
latinoamericana.
Ha sido Max Weber el que ha popularizado el tipo carismá tico de
aparente legitimidad del l íder. Pero, lo que acontece , es que Weber
tiene un concepto negativo del poder político y por ello su descripción
del líder carismá tico llega a caer en una verdadera caricatura , vá lida
para algunos casos , pero que no sirve como una teor ía general , ni
aproximada , de la función pol ítica leg ítima del liderazgo.
El primer defecto weberiano es que concibe el poder pol ítico ( por
otra parte como toda la Modernidad a partir de la conquista de Amé -
68
1!. DEMOCRACIA PARTICIPATIVA , DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POLÍTICO

rica y filosóficamente al menos desde Thomas Hobbes ) como


dominaciónde donde se deduce la segunda limitación de la descrip ¬
ción del soció logo alem á n , ya que el mismo carisma pol ítico tiene
como carácter propio el ser entonces igualmente un tipo de domina ¬
ción. No se cansa de aludir a la dominación en sus descripciones so¬
ciológicas:
Debe entenderse por carisma la cualidad , que pasa por extraordinaria
(condicionada mágicamente en su origen, lo mismo si se trata de profetas
que de hechiceros, á rbitros, jefes de cacer ías o caudillos militares ) , de
una personalidad por cuya virtud se la considera en posesión de fuerzas
sobrenaturales o sobrehumanas [...] como jefe, caudillo, gu ía o líder [...]
Lo que importa es cómo se lo valora por los dominados carismáticos, por
los adeptos.100

Para Weber los dominados son sumisos seguidores del l íder político,
por eso el carisma pol ítico es un modo irracional101 de legitimación de
la acción pol ítica cuyo fundamento se basa en el “ reconocimiento que
por parte de los dominados” 102 tiene el l íder, quien frecuentemente
adquiere una fisonomía autoritaria. El líder pol ítico así descrito decide
sin criterio de carrera burocr ática , de ascenso definido por tradición,
de jerarqu ía por competencia. El criterio preponderante es la adhesión
a su voluntad cuyas decisiones son inesperadas.

99 Véase Dussel, 2009, pp. 110 ss.


100
Weber, M., Economía y sociedad , I , III , § 10, 4: “ Dominación carism á tica”
( Weber, 1944, p. 193) .
101
-
El modo racional es para Weber el uso formal de la razó n medio fin. La legi ¬
timidad carism á tica no es propiamente racional, pero para Weber es legítima. AI
ser una legitimidad dominadora , cae Weber en una contradicció n: ¿ c ómo puede ser
leg ítima una acción que domina al interlocutor?, es decir, ¿ cómo puede el dominado
aceptar una dominación que lo niega y admitirlo con convicción subjetiva ?, convic¬
ción que para ser leg ítima debe proceder de la fuerza de una argumentación ejercida
simé tricamente por los participantes de una comunidad ?
102
-
Weber, 1944, p. 194 Advié rtase nuevamente que el “ dominado” tiene sin
embargo una actitud positiva de “ reconocimiento” hacia su dominador; es un maso -
quista que ama al señor que lo domina.

69
CARTA A LOS INDIGNADOS

Este tipo de descripción no nos sirve para nuestros fines, ya que ei


l íder pol ítico así definido no puede articularse con el intento de la
construcción de un actor colectivo como el pueblo, y de una democra¬
cia participativa que expresa la voluntad en crecimiento de dicho pue¬
blo como acto colectivo de autodeterminación. La mera magia webe -
riana del l íder es correlativa a la masificada pasividad de una multitud
ingenua y cómplice.

3.2 . Algunos tipos de liderazgo en las transformaciones


revolucionarias

No se trata entonces de proseguir con la descripción del l íder caris -


m á tico weberiano. Puede servirnos para iniciar el camino el trata ¬
miento de Carl Schmitt , que se centra en la experiencia prusiana de
1813, y muestra cómo Clausewitz estudia al partisan como una nueva
concepción de la estrategia pol ítica , ya que en 1810 y 1811 , en la
Escuela de Guerra de Berl ín , había tomado cursos sobre los partisans
[.. . ] en especial sobre la utilización de tropas ligeras y móviles. El
partisan es un líder popular. Los partisans se habían transformado para
Schmitt , antes que nada , en un asunto pol ítico en el sentido más
elevado, de carácter netamente transformador. Esta adhesión a la nu -
ción en armas , a la insurrección, a la resistencia y a la rebelión contra
el orden establecido, era una novedad en Prusia .105
Todo esto se deja ver en el libro VI y en el libro V I I I , 6 B del tratado
De la guerra de Clausewitz , donde legitima con entusiasmo la presen ¬
cia del partisan en la Europa de su tiempo. Escribe Clausewitz clara ¬
mente:

La lucha del pueblo en la Europa civilizada es un fenómeno del siglo XIX.


Tiene sus defensores y sus adversarios; los ú ltimos la consideran, ya sea en
sentido político, como un medio revolucionario, un estado de anarqu ía
declarado legal, tan peligroso para el orden social de nuestro pa ís como

101
Schmitt , 1992 , p. 251.

70
II. DEMOCRACIA PART1C1PATIVA, DISOLUCI ÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POL ÍTICO

para el del enemigo;104 o bien, en sentido militar, creen que el resultado no


est á en proporción con el gasto de fuerza. El primer punto no nos interesa
aqu í,10’ porque estamos considerando la guerra del pueblo simplemente
como un medio de lucha y, por consiguiente, en su relación con el enemigo
[pol ítico]; pero con referencia al ú ltimo punto, debemos observar que , en
general , una guerra del pueblo ha de ser considerada como consecuencia
de la forma que en nuestros d ías la violencia elemental de la guerra ha
roto sus antiguas barreras artificiales.106

Schmitt observa que el paso siguiente consiste en el “ revoluciona'


rio profesional” .107 Uno de ellos, lector asiduo de Clausewitz desde
1915 en Suiza ( cuando tomaba apuntes de la Lógica de Hegel en Zu ¬
rich ) , era Lenin , que une estratégicamente: a ) el arte militar del par¬
tisan , b ) con el intelectual cr ítico social y pol ítico conocedor de la
filosofía política que organiza el movimiento desde debajo en la estruc ¬
tura social , c ) en tanto que miembro de un partido pol í tico que le
sirve de apoyo cotidiano, de comunidad teórica de debate y de refe ¬
rencia estrat égica de organización nacional. Esto supone “ una evolu ¬
ción del concepto de lo político que toma aqu í un sentido nuevo que
constituir á una transformación formidable” .108 Y contin ú a Schmitt:

Lenin fue el primero en tener plena conciencia de que el partisan era


una figura central en la guerra civil nacional e internacional , el primero
tambié n en buscar transformarlo en un instrumento eficaz en manos de
la dirección central del Partido.109

104 Véase el sentido de un “ enemigo” que es “ enemigo” para nosotros y para nuestros
enemigos . Para Schmitt será el partisan más el componente social (en el caso de Lenin ).
Éste ser á en esta Política de la liberación el “ enemigo radical” del sistema burgués
moderno, como veremos.
105 Y ser ía que un pueblo en
-
armas toma una conciencia para s í que despu és es
dif ícil volver al “ orden” , y es lo que le preocupa a la política burguesa pero no al es¬
tratega militar.
106

107 Schmitt , 1992, p. 252.


-
Clausewitz, 1999, De la guerra , libro VI, cap. 26 , pp. 438 439.
108 Ibid ., p. 255.
104 Ibid ., p. 256.

7/
CARTA A LOS INDIGNADOS

En el art ículo “ La guerra de los partisans", del 30 de septiembre


de 1906, Lenin encara el tema por primera vez. Nacía así el concepto de
partisan en el sentido actual.110 En el mismo momento surge también
un nuevo sentido de enemigo y de enemistad ( en la interpretación de
Schmitt ) , que fue bosquejada en ¿Qué hacer ? ( de 1902 ) . Lenin expo ¬
ne que una praxis de liberación eficaz “ lejos de pretender ense ñar a las
masas las formas de lucha inventadas por sistematizadores de gabine ¬
te, aprende , si es l ícito expresarse así, de la pr áctica de las masas” .111
Schmitt muestra cómo Lenin sit úa la lucha dentro de una guerra civil 112
que puede ser legal o ilegal, pac ífica o violenta , regular o irregular.
Para el partisan , piensa Schmitt , el enemigo burgu és es un “ enemigo
absoluto" en una “ guerra absoluta" ( cuarto tipo de enemistad, entonces ):

En esta convicción la distinción entre amigo y enemigo es, en la era re ¬


volucionaria, el gesto primario que controla la guerra y la política. Sólo

110 .
“ La guerra de guerrillas” , en Lenin, 1975, vol 3, pp. 235 ss. Aqu í debemos
entonces cambiar la denominació n de partisan por la de guerrillero. Lenin indica que
no se trata de inventar nuevas formas de lucha, “ sino que sintetiza, organiza y hace
consciente las formas de lucha de las clases revolucionarias que aparecen de por s í
en el curso del movimiento” ( Lenin, 1975, vol. 3, p. 235 ) . Es decir, hoy debemos
emplear el mismo m é todo para descubrir y definir las nuevas formas de lucha que
inventa el pueblo latinoamericano.
111
Lenin, 1975 , vol. 3, p. 236.
112 Quiz no advirtiendo que Lenin repite que se trata de una lucha entre “ dos
á
partes del pueblo” , que denominaremos como la escisión radical en la comunidad
pol ítica (de la Arquitectónica ) entre el pueblo en sentido estricto ( como “ resto” en
.
Pablo de Tarso o como plebs en E. Laclau: “ The plebs [ . .] can aspire to constitue a
truly universal populus” ; Laclau, 2005, p. 94) y el “ bloque histórico en el poder” que
se vuelve el enemigo interno en el mismo Estado y el territorio com ú n ( el “ anti"
pueblo o el “ no pueblo” en las categor ías semitas anotadas en el vol . 3, la Cr ítica de
la Política de la liberación , en el § 31 ) a la lucha popular. Este “ enemigo interno” no
es el mero antagonista político de Schmitt , sino que es un enemigo que necesaria ¬
mente habrá que subsumir ( no decimos “ eliminar ” f ísicamente como en la guerra,
sino funcionalmente , como efecto de la transformación o revolució n pol ítica : el
zarista debía desaparecer como zarista, pero no como persona f ísica que pod ía re ¬
integrarse como actor en el nuevo orden pol ítico, y ciertamente lo hicieron en su
mayor ía , formando parte de la burocracia dominante de la Rusia socialista poste¬
rior ) .

72
II. DEMOCRACIA PARTICIPAT1VA , DISOLUCIÓ N DEL ESTAIX) Y LIDERAZGO POLÍTICO

la guerra revolucionaria es verdadera guerra a los ojos de Lenin, porque


nace de una enemistad absoluta. Todo lo demás es convencional.111

Schmitt agrega que “ su enemigo absoluto era [ para Lenin], concre ¬


tamente, el enemigo de clase, el burgués, el capitalista occidental y el
orden social en todo pa ís donde reinaba [el capital]". 114 Por ello “ la no
regularidad de la lucha de clases pon ía en cuestión no sólo una fron ¬
tera , sino, adem ás, todo el edificio del orden político. En Lenin , el re ¬
volucionario profesional ruso, esta realidad nueva accede a la
conciencia filosófica . La alianza entre el filósofo y el guerrillero, en el
caso de Lenin , libera fuerzas explosivas nuevas e inesperadas” .115
En efecto Lenin , en 1906, después de hacer una rápida s íntesis de
los acontecimientos m ás importantes del ú ltimo decenio, muestra
cómo los ataques armados en distintas regiones de Rusia son criticados
con la exclamación: “ esto es anarquismo, blanquismo, el antiguo te ¬
rrorismo; estos son actos de individuos sueltos, desligados de las masas,
que desmoralizan a los obreros” .116 Para Lenin lo que desmoraliza “ no
es la guerra de guerrillas, sino la falta de organización , de orden y de
filiación de las guerrillas” .117 Tratá ndose de un nuevo “ método de lucha”
necesariamente no se sabe có mo encuadrarla en la organización tra ¬
dicional. Escribe:

En la é poca en que la lucha de clases se exacerba tanto que llega a conver¬


tirse en guerra civil, la socialdemocracia debe proponerse no sólo tomar
parte en esta guerra civil , sino desempe ñ ar la función dirigente en ella.lts

11
Schmitt, 1992 , p. 257.
114 .
Ibid , p. 258.
1,5 Ibid . , p. 259.
116
En Lenin, 1975, vol. 3, p. 239.
117 ¡bid ., p.
241.
118
Ibid ., p. 245. Y agrega: “ Es completamente natural e inevitable que la insurrec¬
ción tome formas m á s elevadas y complejas, las formas de guerra civil prolongada que
abarque a todo el país, es decir, una lucha armada entre dos partes del pueblo” . Esas
“ dos partes del pueblo” las denominaremos “ dos partes de la comunidad pol ítica” ,
siendo una de ellas la plebs . Schmitt ha comprendido perfectamente el sentido de
esta "guerra civil ” entre ciudadanos, cuyo antagonismo o enemistad no es ya sólo

73
CARTA A LOS INDIGNADOS

Queda así integrada a la lucha pol ítica revolucionaria, la praxis de


liberación bajo la dirección de un partido pol ítico, la lucha civil ar¬
mada por primera vez en la filosof ía pol ítica, ya que, expresa Lenin ,
“ creemos que nuestra misión es contribuir en la medida de nuestras
fuerzas a justipreciar en teoría las formas nuevas que se da la vida” .119
En toda su descripción Schmitt puede describir adecuadamente
los momentos negativos ( el tipo de enemistad del guerrillero, la pues ¬
ta en cuesti ón de todo el orden pol ítico, etc. ) , pero nunca intenta
analizar positivamente el proyecto mismo del nuevo tipo de revolucio¬
nario, sus nuevas motivaciones transontológicas. 120 Sólo hay una com ¬
prensión parcial del acontecimiento, desde su reductive concepto de
-
amigo enemigo. Reconoce sin embargo Schmitt que “ la lengua y el
sistema de conceptos 121 de la guerra delimitada y de la enemistad atem ¬
perada [clásica] no estaba ya en posibilidad de enfrentar la irrupción
de la enemistad absoluta” .122
El siguiente tipo de liderazgo en la descripción de Schmitt es el de
-
Mao Tse tung. Como nota marginal debemos decir que Schmitt no
advierte la vinculación del revolucionario chino con la estrategia
militar del Sunni , 123 ni tampoco se interesa por el proceso político
'

chino dentro del horizonte de la guerra de descolonizaci ón ( ya que

-
pol ítico. Ser á la “ enemistad absoluta" pero no como guerra ínter estatal, sino como
-
guerra civil incra estatal.
119 Ibid . , .
p 246.
120
Descritas ya en Dusscl , 197.3, § 22 : “ El bien é tico como justicia” ( vol. 2 , pp.
34 ss) . All í se explica como “ el Otro", el oprimido por el que Lenin milita , es el
“ Enemigo” de la Totalidad. Cuando el revolucionario, a los ojos de Lenin, “ sustituye”
(categor ía levinasiana ) al oprimido se transforma para el sistema como Totalidad en
el “ enemigo radical” que Schmitt no analiza. Schmitt sólo indica qué tipo de enemi¬
go funda la praxis del revolucionario (el burgu és como “ enemigo absoluto” ), pero no
lo contrario. ¿ Qué tipo de enemistad constituye el revolucionario leninista para el
burgués zarista ? Ser ía a ú n más absoluto, ser ía el “ terrorista” de G.W. Bush.
121 Podr
íamos decir, por nuestra parte , que el “ sistema de conceptos" de Schmitt
ya no puede dar cuenta del fenómeno que intenta analizar. Dicho “ sistema conceptual”
es lo que intenta explicitar esta Política de la liberación .
122 Schmitt , 1992, p. 260.
121 Véase lo que hemos expuesto sobre El arte de la guerra o el
Sunzi chino, en el
vol. 1 de esta Política de la liberación , Dussel, 2007a, pp. 15 ss.

74
II. DEMOCRACIA PARTICIPATIVA, DISOLUCI ÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POLÍTICO

China , aunque no fue colonia europea sino que cedió puertos para la
ocupación portuguesa o inglesa, sufrió una violenta ocupación japo-
nesa en parte de su territorio ) . Desde un punto de vista pol ítico en
China , con Mao, se suma ahora: a ) a la guerra de los partisans y b ) a la
lucha social articuladas c ) bajo la dirección del Partido ( aspectos ya
ganados por Lenin ) , un cuarto momento: d ) la participación protagó-
nica y a largo plazo del campesinado ( ausente en la estrategia de Lenin ),
que crece como actor colectivo político con la Gran Marcha, que dura
casi dos d écadas , que atraviesa m ás de doce mil kilómetros con in ¬
mensas pé rdidas, donde dicho campesinado aprende la lucha pol ítica.
Mao escribe en 1938 “ Problemas estratégicos de la guerra de guerrillas,
contra el Japón ” .124 Esta obra clásica en el arte militar no puede dejar
de relacionarse con el Sunzi ( El arte de la guerra chino ). Esta ú ltima
expresaba en su capítulo 1:

La guerra es el arte de enga ñar ]... ) . Si el enemigo es ávido de ganancia ,


sed úcelo. Si está confundido, atr ápalo. Si es consistente, prepá rate. Si
es poderoso, ev ítalo [. ..]. Si está quieto, obl ígalo a actuar. Si está unido,
div ídelo. Atácalo cuando no esté preparado, lá nzate sobre él cuando no
lo espere.125

Mao ciertamente conoc ía el Sunzi, por ello no se ilusionaba con


un pretendido triunfo rá pido sobre Japón . Sabía y reconocía objeti ¬
vamente que China estaba en una situación d ébil , y la invasión japo ¬
nesa en posición fuerte . Pero China era inmensa y Japón peque ño.
Escribe Mao:
China no es un pa ís pequeño, pero no es equiparable a la Unión Soviética.
Es un pa ís grande pero débil. Este pa ís grande y d ébil se ve atacado por otro
pequeño y fuerte [.. .]. Es en estas circunstancias que el enemigo ha podido
ocupar vastas zonas y que la guerra ha adquirido un carácter prolongado.126

124
-
Mao Tse tung, 1968, Obras escogidas , vol. 2, pp. 75 ss.
'126" Sunzi, 2003, 1, pp. 108-109.
Mao, 1968, p. 76.

75
CARTA A LOS INDIGNADOS

Esto nos remite una vez más al Sun?¡ cuando observa , después de
mostrar todos los cuantiosos recursos que se consumen en una guerra
ofensiva de ocupación de territorios enemigos:

Por todo esto, el ejé rcito [ japonés ] procura una victoria rápida y no una
guerra prolongada. El general que conoce la guerra es á rbitro del destino del
pueblo, responsable tanto del sosiego como de la inquietud de la nación.127

Mao percibía que los japoneses deseaban una guerra que alcanzara
una victoria rá pida. Era necesario que la resistencia nacionalista china
entablara por el contrario una “ guerra prolongada” . Es decir, “ el hecho
que merece particular atención es que una guerra de guerrillas tan ex -
tensa y prolongada como ésta constituye un fenómeno enteramente
nuevo en toda la historia de las guerras ” . 128 A diferencia del partisan
español del comienzo del siglo XIX , ahora el movimiento guerrillero
estaba perfectamente organizado bajo la dirección de un partido mo¬
derno, articulado a un ejé rcito regular y cumpliendo tareas estratégicas
y t á cticas pero revolucionarias, es decir, la finalidad de dicha guerra no
era reinstalar a la monarqu ía borbónica como en España , sino organizar
un nuevo tipo de orden social , económico, cultural y pol ítico. Era el
“ enemigo radical” que se infiltraba en la guerra de liberación nacional
con un proyecto posterior y mucho más profundo.
Esta guerra de resistencia ( no ofensiva, que corresponde al tema
del libro VI de la obra de Clausewitz ) estaba ahora integrada en una
lucha pol ítica bajo la dirección del partido y, mucho más all á de Lenin ,
se articulaba con la praxis de liberación del ejé rcito rojo regular a la
guerra de guerrillas . La guerra no era la realización de la pol ítica por
otros medios; sino que la guerra era un momento pol ítico en cuanto
tal. Mao mostraba ser un pol ítico con una estrategia militar que reac¬
cionaba ante las circunstancias propicias: en un primer momento
desarrolló una guerra nacional en un frente abierto con todos los

U7
Sunz¡, 2, p. 119.
128
Mao, 1968, p. 76.

76
II. DEMOCRACIA PARTIC1PAT1VA , DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POL ÍTICO

sectores chinos contra una invasión extranjera. A trav és de esa guerra


de liberación nacional fue ganando fuerza para , en un segundo mo ¬
mento, emprender la tarea de enfrentar a las fuerzas burguesas y efec ¬
tuar la revolución socialista.
La estrategia de Mao es sumamente clara: “ Todos los principios
orientadores de las operaciones militares provienen de un solo prin¬
cipio básico: esforzarse al má ximo por conservar las fuerzas propias y
destruir las del enemigo” .129 Y de all í va desarrollando todo un plan
estrat égico para las guerrillas , en función del ejé rcito regular rojo bajo
la dirección del partido.
No podemos entrar con detalle en este paradigmá tico y nuevo “ arte
de la guerra” ,130 pero cabe resaltar la manera como se articula la com ¬
pleja guerra de guerrillas con la conducción pol ítica del proceso en el
plano nacional , del frente con otras fuerzas ante Japón, y todo aumen ¬
tado por el apoyo internacional a su estrategia. Es una maniobra po¬
l ítica compleja que muestra un sentido pol ítico que manifiesta su
excepcional capacidad de juicio práctico ante frentes tan diversos:
organización del partido, creación de ideología, proyectos económicos,
tecnológicos, políticos y militares. La praxis de liberación mostrada
en toda su diversa estructura coyuntural.

129 Mao, 1968, cap. 2, p. 77. Clausewitz escribió, en el capítulo 27 de su Libro VI,
lo sígu iente: “ La defensa, seg ú n nuestra concepción, no es otra cosa que la /orina más
fuerte del combate . Conservar las fuerzas propias y el destruir las del enemigo -en una
palabra, la victoria- es el objetivo de este combate, pero al mismo tiempo no es su
objetivo final. Ese objetivo es la preservación de nuestro propio estado pol ítico” (Clau ¬
sewitz, 1999, p. 445). En el caso de Mao, evidentemente, es la transformación del es¬
tado pol ítico existente.
130
En é l debería igualmente incluirse otro trabajo publicado en el mismo mayo
de 1938 titulado “ Sobre la guerra prolongada” ( Mao, 1968, vo!. 2, pp. 113 ss), igual¬
mente original, que se ha usado , por ejemplo, en la reciente guerra de Irak contra el
ejé rcito estadunidense . En el capítulo .3, plantea los “ seis problemas estratégicos”
( iniciativa , flexibilidad y planificación en operaciones ofensivas dentro de la guerra
defensiva, con decisiones r á pidas en la guerra prolongada; articulación con !a gue¬
rra regular; creación de bases de apoyo ; transformación de las guerrillas para la
guerra de movimiento; etc.) . En los siguientes capítulos explica detalladamente estos
seis problemas.

77
CARTA A LOS INDIGNADOS

Schmitt concluye:

La teor ía bolchevique de Lenin ha descubierto al guerrillero, ella lo reco ¬


noci ó. Pero en referencia a la realidad concreta , telú rica, del guerrillero
chino, hay en Lenin algo de intelectual y absrracto en su determinación
del enemigo. El conflicto ideológico entre Moscú y Pek ín [. . . ] tiene su
fuente profunda en la concepción diferente del partisan verdadero. La
teoría del partisan se revela como siendo la llave del descubrimiento de
una realidad pol ítica.1'1

Movié ndonos a un horizonte completamente distinto, en plena


revolución inglesa se ejerció otro tipo de liderazgo. Un Cromwell que
pretend ía una dictadura soberana ( a la manera de Pinochet ) , que es
algo muy distinto de lo que intentamos describir, y por ello “ no deja
— —
nunca lugar a dudas escribe C. Schmitt de que él ve en Dios la
fuente de su poder, y que su soberanía no depende del pueblo [.. .]. En
su gran discurso ante el Parlamento recié n nombrado, el 12 de sep ¬
tiembre de 1657 , declaró que tem ía cometer un pecado si devolv ía
demasiado pronto al Parlamento el poder que había recibido de Dios’’.132
No estamos entonces hablando de dictadura constitucional , comisio ¬
nada o soberana. Mucho menos se tratar ía de una dictadura del pro¬
letariado, tal como Marx o Engels usaron el concepto, ya que de hecho
se inspiró en la dictadura soberana de 1793. Se trata de otra figura
pol ítica.

3.3. El liderazgo como servicio a la cultura de la participación


democrática

Debemos efectuar una descripción de una figura política que exige un


nuevo aná lisis y que es la que se está produciendo en América Latina
actualmente . Es un liderazgo que se cumple con una función comple¬
mentar
á de las instituciones democrá ticas para la realización de exi -
l !l
Schmitt, 1992 , p. 268.
liJ Ibid ., p. 184.

78
II. DEMOCRACIA PART1CIPATIVA, DISOLUCIÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POLÍTICO

gencias de comunidades políticas en procesos de cambio acelerado, a


veces posrevolucionario, pero que parten de un grado previo hist óri ¬
co de subdesarrollo neocolonial cultural , económico o pol ítico.
Hoy en América Latina nos encontramos en una situación en la que
el liderazgo no debe apartarse del ejercicio democrá tico en un sentido
estricto. La revolución se va dando en profundidad con un ritmo que ha
evitado, al menos en el siglo XXI , el derramamiento de sangre.133 Son
entonces procesos democrá ticos efecto del uso de la institución de las
elecciones para elegir representantes ( propios de la democracia repre ¬
sentativa , anticipada por la revolución chilena de Salvador Allende
en 1970, por la bolivariana de 1999 o boliviana de 2005 ) .
En efecto, el liderazgo debe entenderse ahora estrictamente dentro
de los límites de una democracia ( participativa y representativa ) para
servir a un pueblo que debe , a veces no tan rá pido como se quisiera ,
experimentar la organización y pr áctica de la autodeterminación po ¬
l ítica comunitaria de una manera clara y decidida. Esto nos remite ,
como lejana referencia, al teórico renacentista que daba consejos para
el ejercicio del liderazgo a un pol ítico que tuviera que instaurar un
orden nuevo ( no uno ya consolidado o heredado desde antiguo), con ¬
siderando por ello el hecho mismo del poco tiempo de la constitución
de tal orden y las dificultades propias de la educación pol ítica de un
pueblo no habituado a dicho ejercicio de la institucionalidad justa ,
desarrollada y estable del Estado. En este caso, Nicolás Maquiavelo
recomienda un liderazgo unipersonal para alcanzar mayor eficacia ( no
imaginando, sin embargo que hubiera sido mucho mejor crear simul ¬
t á neamente y de manera articulada instituciones democrá ticas de par ¬
ticipación , imposibles en su época, pero no en la nuestra ). Venezuela,

113 En pa íses como Colombia o Mé xico, el derramamiento de sangre frecuente ¬


mente es el de los movimientos sociales, los oprimidos y excluidos. La corrupción
generalizada del imperio de turno alimenta con su mercado de consumo de la droga
otro tipo de derramamiento de sangre que es efecto de la misma domtnación interna
y externa de nuestros pa íses, aunada a la venta de armas sin condiciones que se
transforman en Amé rica Latina en la causa de inmensas carnicer ías antihumanas
auspiciadas por el negocio armamentista de Estados Unidos.

79
CARTA A LOS INDIGNADOS

Ecuador o Bolivia y la Florencia de aquella Italia del cuatrocientos


tienen entonces como semejanza la necesidad de instaurar un nuevo
orden , m ás justo, autodeterminado, libre , estable.
En estos casos “ el pueblo [...] aumenta la reputación de uno [.. 3 4
observa Maquiavelo. Este “ aumento de reputación ” de un ciudadano
-
es una verdadera consagración 1 5 5 simbólico política. De un ciudadano
cualquiera ( sea o no representante ) pasa el pueblo, en su proceso de
emergencia , a investirlo de un poder suplementario y delegado en
función del servicio representativo y obediencial a la comunidad . En
nuestro caso, agregar íamos , que no deber ía ser a la manera de la ins ¬
titución de la dictadura en el Imperio Romano. La diferencia consis ¬
tir ía en que el pueblo, ú nica sede del poder soberano, inviste al que
ejerce el liderazgo de esa función supletoria , a la ya cumplida institu ¬

cional y representativa democrá ticamente ( por ejemplo, el ejercicio


del Poder Ejecutivo ) . Entre los romanos la dictadura era una institu ¬
ci ón que dejaba sin efecto a todas las demás instituciones en casos de
extremo peligro. Aqu í en cambio todas las instituciones constitucio¬
nales democrá ticas estar ían en vigor, pero se investir ía al que ejerce

154 Maquiavelo, 1997, vol. 1, p. 178, II Principe.


, “ Consagración” o “ unción” es lo propio del mesianismo. Se consagra con “ acei¬
i3

te” {meshiakh, en hebreo ). Podr íamos aqu í referirnos al tema en W. Benjamin, ya que
el “ mesías” (en hebreo meshiakh ) es el ungido ( himasheakh ) por la consagración irruí-
sheWta/i ) del pueblo que se juega ( o se inmola ) a su servicio, el “ servidor” ( hebed )
sufriente, como pago o “ redenció n” (en griego lytron, en hebreo kofer ) de los esclavos
(el pueblo ). Véase Jacob Taubes, 2007, pp. 70 ss. Ser ía el caso paradigm á tico de lide ¬
razgo. Cuando Perón fue liberado de la prisi ón por una multitud convocada en la
Plaza de Mayo en Buenos A íres, el 17 de octubre de 1944 (que es similar al pueblo
que libera a Hugo Chávez de las manos de los militares en Miraflotes, Caracas ), y
ante la inmensa multitud , todav ía sin comprender bien la situación , pidió a todos
cantar el himno nacional. Ser ía bueno leer la significació n del himno en la obra de
Giorgio Agamben ( 2008, cap. 7: “ El poder y la gloria ” , p. 292 ss). Es el momento en
que el pueblo se rinde culto a s í mismo y por lo tanto inviste al liderazgo simbólica¬
mente de su propia sagrada dignidad (en cuanto referencia ú ltima trrevasable ) . Esto
no evita que posteriormente Perón traicionara ( por el fetichismo de su voluntad con
pretensión de soberan ía ) al pueblo que lo consagró simbólicamente en aquel momen ¬
to, y se transformara en un simple dictador. Hab ía corrompido su investidura , la
había usado para su propia gloria y no para la del pueblo.

80
II. DEMOCRACIA PARTICIPATiVA , DISOLUCIÓ N DEL ESTADO Y LIDERAZGO POLÍTICO

el Poder Ejecutivo, representativo, de fuerza adicional para cumplir


una misión específica. Esta investidura defacto , concedida por el pue¬
blo , no institucional sino más bien como un encargo dentro de la
distribución de funciones que la comunidad tradicional otorga y que
obliga a realizar una encomienda representativa y obediencial, que le
da al así consagrado un poder delegado simbólico, y por ello provisto
de repercusión política gracias a la dignidad que el mismo pueblo le
otorga. No es dictadura no institucional que como tiran ía intenta
reemplazar antidemocr á ticamente la representación leg ítima . Esto
ú ltimo ser ía, como en el caso de Pinochet , si el que ostenta el poder
militar lo hace fuera de la ley y contra la voluntad del pueblo, y por
ello es simple fetichización del poder corrompido ( ni representativo
ni participativo, simplemente usurpador ) .
El liderazgo investido por el pueblo es un servicio, una misión, un
magisterio, como los “ ancianos” que forman consejo en las comuni ¬
dades de los pueblos originarios, cuyo poder delegado representativo
despierta respeto. Es al mismo tiempo muy consciente de que debe
cumplir con los principios normativos de justicia , porque es leg ítimo,
democrá tico, y porque “ la corrupción de lo mejor es lo pésimo” como
recordaban los clásicos.

3.4 . Liderazgo democrático en los tiempos de transición

El ejercicio del liderazgo no es incondicionado; tiene limitaciones,


aquellas que las exigencias normativas de la representación colocan
a la praxis como los diques que conducen las aguas tormentosas de la
fortuna, de la contingencia propia de la pol ítica.136
No se trata del vanguardismo de antaño. Se asemeja en cambio al
“ intelectual orgánico” de Gramsci, pero a manera del vértice en una
estructura de liderazgo. Sería la singularidad ( Einzelheit ) del liderazgo,
de la particularidad ( Besonderheit ) de la comunidad de intelectuales

,
1 0
Esos principios los hemos enumerado sintéticamente en las tesis nueve, diez,
trece y catroce de Veinte tesis de política ( Dussel, 2006).

81
CARTA A LOS INDIGNADOS

orgá nicos ( por ejemplo el partido popular y cr


ítico ), de la universalidad
( Allgemenheit ) del pueblo mismo, como un silogismo práctico hegeliano.
Dicha singularidad y particularidad está n al servicio, y son representa -
tivas y obedienciales con respecto al pueblo ( que es el participative
creador ).
Es sólo un complemento a las instituciones representativas necesa ¬
rio en un periodo de transición a la plena participación institucionali ¬
zada. Es tiempo de la transición en que los diversos movimientos
sociales y sus demandas todav ía no han cuajado en la unidad de un
proyecto hegemónico ni en las adecuadas instituciones participativas,
y menos que esta participación sea una cultura incorporada a la vida
pol í tica . El pueblo debe devenir uno para emerger y ponerse como
pueblo ( dir ía Juan Jacobo Rousseau ) institucionalmente participando.
Nace el liderazgo con el nacimiento de un pueblo. Pero llegará el
tiempo en que deberá desaparecer, as í como igualmente deber á de ¬
saparecer la posibilidad de una reelección indefinida ( que puede ser
defendida igualmente como una institución democrática representa ¬
tiva, siempre limitada en periodos, por elección , y como un momen ¬
to de transición , no permanente ) . En principio el cambio de personas
en el ejercicio de la representación es saludable en tiempos normales ,
clásicos , pero puede prescindirse de dicho cambio en la transición ini ¬
cial, fundadora , de una democracia participativa nueva y necesaria.
Dicha no alternancia ( como los primeros ministros del parlamenta ¬
rismo europeo que han gobernado repetidas veces, hasta catorce a ños
seguidos en el periodo de posguerra , como en Alemania ) , no es in ¬
tr ínsecamente antidemocr á tica , ya que en los reg í menes estables y
antiguos, consolidados, la alternancia es importante, pero no puede
aplicarse como norma universal y en todos los casos empíricos histó¬
ricamente determinados.
El liderazgo, que se articula a una representación legítima, debe
ser obediente a las exigencias y necesidades de la participación de los
movimientos populares, del pueblo. El que de esta manera manda
mandando como obediencia; y el que obedece en primer lugar es el que
ejerce el liderazgo. De esta manera no pierde la br ú jula , como la virtú

82
II. DEMOCRACIA PARTIO PATIVA, DISOLUCI ÓN DEL ESTADO Y LIDERAZGO POLÍTICO

que lo orienta en medio del mar embravecido de la fortuna , siempre


contingente e incierta.
¡ El liderazgo perfecto es su disolución! Es cuando el que lo ejerce llega
a aquel momento en el que, el que lo cumple con responsabilidad , sabe
que el pueblo est á preparado para prescindir de é l por la participación
institucionalizada efectiva. Llegado este momento un Lázaro Cárdenas
creyó que lo mejor era institucionalizar la consigna de “ ¡Elección, no
reelección! ” Pero en otros casos, la prudencia recomienda otras solu ¬
ciones, transitorias siempre, en vista de terminar el proceso de la for ¬
mación del acto colectivo plenamente participante que constituye al
pueblo y que puede durar a ños, y es cuando el mismo pueblo se encuen ¬
tra en el camino de su plena constitución , del aprendizaje del ejercicio
de su soberan ía , ya que sólo el pueblo es la ú nica sede del poder, y é l
sabe cu á ndo la disolución del liderazgo ha llegado a ser necesaria.
De todas maneras no hay que olvidar que ¡es maldito el l íder que
.
se aferra al liderazgo como una prerrogativa personal.. ya que puede
terminar en las manos del mismo pueblo como Benito Mussolini!
Pero, por otra parte y como su opuesto, es igualmente ¡un pobre l íder
el que traiciona o abandona la responsabilidad del liderazgo del que
el pueblo lo ha investido cuando lo necesita para llegar al pleno ejer¬
cicio de su poder participativo!

Bibliograf ía

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83
CARTA A LOS INDIGNADOS

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85
III. Meditaciones desde
coyunturas políticas

PARTICIPACIóN DEMOCRáTICA Y ESTADO DE REBELIóN1

La Plaza del Sol de Madrid se llena de jóvenes y ciudadanos indigna ¬


dos; así como llenaban por mayores motivos la Plaza Tahrir ( de la
Liberación ) en El Cairo; y el 21 de diciembre de 2001 la Plaza de Mayo
en Buenos Aires para derrotar al gobierno de Fernando de la Rúa y su
Estado de excepción. Hemos ya indicado en otra colaboración de La
Jomada que estos movimientos nos recuerdan un hecho fundamental
en la vida política de los pueblos: el Estado de rebelión: la Comuna de
participación directa en primera persona plural: nosotros. Recuerda al
Estado que no es principalmente un gobierno representativo , sino una
comunidad participativa. Marx propuso esa experiencia l ímite de la
Comuna como un postulado político ( aquello que es pensable lógica ¬
mente o por un cierto tiempo, pero imposible en el largo plazo ). Hoy,
sin embargo , es pol íticamente posible .
Los jóvenes de la Plaza del Sol discuten si permanecerán más tiem¬
po en ella. Ellos querrían permanecer para siempre ahí ( como enuncia
el postulado ), pero si son realistas deberán volver a sus tareas cotidia ¬
nas, y no podrán evitar a la representación frecuentemente corrupta
y sin posible control por parte de la organización de la participación.
¡Volverá a gobernar representativamente! Aquel: “ ¡Que se vayan to¬
dos!” , enuncia el postulado, la idea regulativa, pero no es factible.

1 Publicado en La Jornada , México, 24 de mayo de 2011, p. 25.

87
CARTA A LOS INDIGNADOS

Factibilidad y gobemabilidad no est á n contra Los ideales, los postulados,


pero marcan sus límites .
Es decir, es imposible permanecer siempre en la Plaza. ¿ Hace esto
imposible una participación diaria , cotidiana , organizada, eficaz del
pueblo ? ¿Cómo puede alcanzarse la práctica permanente de una par¬
ticipación auté ntica ? ¿ Es para ello necesario negar la representación
( que se va corrompiendo en todos los pa íses actualmente ) e intentar
una participación directa imposible ? El aparente dilema se disuelve
al comprender que es necesario organizar la participación desde la base
( como en los ejemplares “ caracoles” zapatistas o en la legislació n ve ¬
nezolana promulgada el 21 de diciembre de 2010 sobre “ Leyes del
Poder Popular ” ) en las asambleas de la comunidad o las comunas ,
con la representación respectiva ( el “ concejo comunal” , por ejemplo
en Venezuela ). Pero despu és , hay que ascender a un segundo nivel
organizativo de la participación en la comuna, representada en el “ con ¬
sejo ejecutivo” ; para sólo en un tercer nivel llegar participativamente a
la asamblea conjunta de las comunas ( en el nivel municipal ) , con la
representación en el “ parlamento comunal ” o municipal. Es decir, des ¬
de abajo hacia arriba, desde la base hasta el municipio, estado provin ¬
cial o estado federal , se van organizando, de manera muy diversa , las
dos instancias de la democracia: la participación y la representación. El
liberalismo burgués sólo institucionalizó la unilateral democracia re¬
presentativa , hoy en crisis. No hay sin embargo que eliminar la repre¬
sentación . Hay que darle contenido y controlarla con la organización
de la participación en todos los niveles. Esto ú ltimo nunca se ha prac ¬
ticado ( ni siquiera ideado, en cuanto articulado con la representación ).
Es la revolución pol ítica del siglo XXL
Es decir, las masas inconformes y rebeldes que pueblan las plazas
no han imaginado todav ía cómo permanecer en la participación facti¬
ble , organizada, institucionalizada , cotidiana, eficaz. No es ciertamen ¬
te gracias a una asamblea directa permanente.
No será n ya los partidos pol íticos, necesarios en la representación ,
los que organicen la participación . Ahora son los movimientos antisis -
té micos, las instituciones de la sociedad civil ( como sindicatos, grupos

88
Hi . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS EOL ÍTICAS

de vecinos , tercera edad , ni ños de la calle , pueblos originarios, femi ¬


nistas, etc. ) , que con tas redes electrónicas ( los nuevos medios de
producción de las decisiones pol íticas se transforman en instrumentos
revolucionarios en manos del pueblo mismo ) , los que convocan mul ¬
titudes a las plazas del mundo. Pero esta revolución de participación no
sólo necesita organización , institucionalización ( Constitucional y
legal como en Venezuela ) ,2 adem ás de estrategia y táctica cotidianas,
sino que tambié n necesita una teoría para dar contenido político al
movimiento, y la aparici ón de un cierto liderazgo orgá nico ( como
enseñaba Gramsci ), sin las cuales condiciones se cae inevitablemen ¬
te en un espontane ísmo ahora s í populista ( y es el peligro inminente
de todas esas muchedumbres indignadas justamente ).
Queremos indicar entonces que la humanidad , las grandes masas
de los pa íses perif é ricos y centrales, comienza a tomar conciencia de
que la democracia representativa ( no la democracia sin más ) y los or ¬
ganismos internacionales ( en especial del capital financiero ) no son
dignos de confianza por el alto grado de corrupción de sus burocracias
( como lo manifiesta el Fondo Monetario Internacional , FMl ) y por su
opcion capitalista. Ante ellos se levanta un pueblo en Estado de rebe'
lión ( que dejan al Estado de derecho y al Estado de excepción en el aire ,
al menos en Egipto o en el ejemplo argentino ) , que convoca a la
imaginación para organizar una nueva estructura participativa del Es ¬
tado que exija , con planificación m ínima pero estrat égica , el cumpli ¬
miento de las necesidades del pueblo a las instituciones representativas ,
y que las controle eficazmente. Es la organizaci ó n participativa del
pueblo la que debe “ vigilar y castigar” ( no disolver ) la representación .
A la representación le corresponde aquello de “ mandar obedeciendo” ;
no a la participación , que “ manda mandando" .

2
Expresar esto en los medios intelectuales y filosóficos de los socialdemócratas
europeos o estadunidenses, y sus comentaristas latinoamericanos, crea fuertes reac¬
ciones, donde se confunden los lentos progresos de la participació n ( en el cuerpo
legal y en la práctica ) en Venezuela con un populismo vulgar, cuando no fascista.

89
CARTA A LOS INDIGNADOS

¿ ESTADO DE REBELIóN EGirciA ? 1

¿ Qui é n se hubiera imaginado hace só lo un mes que el legendario


Egipto, referencia necesaria al mito libertador de los esclavos ( tan
estudiado por Enst Bloch ) bajo el dominio despó tico de los faraones
que inauguraron su reinado hace cincuenta siglos, nos daría hoy un
ejemplo entusiasta de nueva rebelión ? Los poderes geopol íticos me
tropolitanos, los potentados reunidos en Davos, los cínicos con más ¬
-
caras de dem ócratas , deben ponerse de acuerdo para elaborar un
cierto discurso que oculte su confusión y temor ante un pueblo que
despierta . ¡Tanta propaganda de que eran los defensores y difusores
de la democracia en el mundo, cuando ahora se les descubre la cloaca
del apoyo a dictaduras violentas que eran alabadas por ellos simple¬
mente porque apoyaban su estrategia! En realidad , como siempre
ense ñó Henry Kissinger, se trataba de promover los intereses econ ó¬
micos y geopol íticos de Estados Unidos bajo el disfraz de principios
normativos ( en cuanto coinciden con dichos intereses, por ejemplo,
de obtención segura de hidrocarburos ) . Cuando el pueblo palestino
eligió democrá ticamente a Hamas, los poderosos decretaron que no
eran aceptables democrá ticamente los elegidos, cuando las verdaderas
razones fueron que Hamas ten ía proyectos en favor del pueblo pales ¬
tino contrarios a los intereses de dominio de las potencias. Ahora se
descubre que los que apoyaban sus intereses eran dictadores. El De ¬
partamento de Estado y la Unión Europea deben consultar a sus alia ¬
dos ( Turqu ía, Israel, etc. ) para ver cómo salir de este entuerto.
¿Qu é estamos contemplando en esta “ Revolución del jazm ín” , cuyo
perfume gozoso de la libertad se va extendiendo por el Magreb e in ¬
vade ya otros pa íses musulmanes ? En primer lugar, que la foto de los
creyentes de rodillas orando como no violentos , enfrentando a
los tanques, cambia la imagen que nos impone la mediocracia del
“ musulmá n terrorista” , y la relaciona con la del joven chino que con
una flor miraba de frente al tanque en Pek ín. En segundo lugar, estamos

1
Publicado en La Jornada, México, 3 de febrero de 2011, p. 5.

90
111. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

contemplando un “ estado de rebelión " que se est á generalizando en


el mundo musulmá n.
Carl Schmitt , para criticar el “ estado de derecho” liberal , pura -
mente legal y vac ío, sin convicción subjetiva sustancial del ciudada ¬
no, propuso repensar el “ estado de excepci ón ” , para mostrar que el
primero, que se encuentra dentro de un sistema de legitimación como
-
la estructura democrá tico legal , estaba fundado en una “ voluntad ”
( en ú ltimo té rmino del pueblo, pero en el caso de Schmitt sin expre ¬
si ón institucional consistente ) que pod ía dejar al orden legal sin
efecto en casos de extrema necesidad ( como la institución de la “ dic¬
tadura ” en el Imperio Romano ) . La “ voluntad ” ( del gobernante con
autoridad y del pueblo ) est á “ detr ás” de las leyes, d ándole un fun ¬
damento. Lo que Schmitt no imaginó, y Giorgio Agamben lo sugie ¬
re sin extenderse como ser ía conveniente , es que , por su parte , el
propio “ estado de excepción ” puede dejarse sin efecto, pero en este
caso por el pueblo mismo, como ú nica sede y ú ltima instancia del
poder pol ítico.2 Esto nos recuerda aquel 20 de diciembre de 2001 en
el que el pueblo argentino no respetando el “ toque de queda ” decre ¬
tado por el gobierno salió a las calles y de hecho depuso a Fernando
de la R úa. Gritaba el pueblo: “ ¡Que se vayan todos!” Las instituciones
habían perdido legitimidad y el pueblo se lo recordaba a los represen ¬
tantes que corruptamente habían pretendido ejercer el poder delega ¬
do, pero a su servicio. De ese levantamiento surgi ó el gobierno de
N éstor Kirchner, que alcanzó mayor legitimidad . Se trata del mismo
caso ahora en Egipto.
El “ estado de rebelión ” es un acto supremo por el que un pueblo
manifiesta leg ítimamente ( contra la legalidad presente y ante todo
futura ) que las instituciones ( y las leyes ) por é l instauradas han deja ¬
do de tener efecto por alguna causa grave ( corrupción extrema , des¬
potismo contra la voluntad del pueblo, violencia en sumo grado, etc.) .
-
En la filosof ía islá mica medieval hasta se justificaba el tiranicidio ( como

2
Véase el tema en mi obra Veinte tesis de pol í tica , Mé xico, Siglo XXI , 2006. Tesis
dos es la potentia.
,

91
CARTA A LOS INDIGNADOS

en el caso de Tomás de Aquino ) , es decir, la muerte del tirano. Lo


mismo expresaba John Locke en el cap ítulo 19 del Segundo tratado
sobre el gobierno.
El pueblo entonces aparece como el actor colectivo, no metaf ísi -
co sino coyuntural , como un “ bloque ” social de los oprimidos ( dir ía
Antonio Gramsci ) pero ahora con conciencia pol í tica, con un “ hi -
perpoder ” renovado que estaba debajo del silencio sufriente y apa ¬
rentemente paciente, un poder que de pronto irrumpe desde abajo
en la praxis de liberaci ó n ante la dominación ya insoportable , que
lanza las instituciones fetichizadas al aire, como cuando expele la lava
el volcá n en erupción.
Esos jóvenes ninis egipcios ( como ya estudiaron tienen a ú n más
conciencia cuando no tienen trabajo ) salen a las calles, arriesgan sus
vidas ( que de todas maneras desprecia el sistema capitalista depen ¬
diente del Estado corrupto y represor de Egipto sumiso a Estados Uni¬
dos y no solidario con los palestinos ) por todo el pueblo , y no parece
que dar ían un paso atrás porque la situación econ ómica, polí tica y
cultural es angustiante.
Pero la lecció n que nos est á dejando este “ estado de rebelión ",
generalizado en el mundo musulmá n, nos habla de un nuevo momen ¬
to en la pol ítica del Medio Oriente. Estados Unidos e Israel tendrán
que dejar sus pol íticas fundamentalistas y violentas, militaristas, para
abrirse sinceramente a una actitud democrá tica, despojá ndose de las
c ínicas palabras a que nos tienen acostumbrados, y que Wikileaks se
encarga de revelar para su enojo; aut é ntica pol ítica democrá tica que ,
de seguro, les ser á muy dif ícil de implementar, porque no tienen nin ¬
guna tradición diplomá tica en ese sentido.

92
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

Los HERMANOS MUSULMANES1

Antonio Gramsci , en un mundo muy diverso del estadunidense , el


alemá n o el á rabe, habla con frecuencia en sus Cuadernos de la Acción
Cató lica en Italia, y en especial de su juventud ( que se desarrollará en
-
la posguerra con partidos demócrata cristianos, ciertamente anti¬
fascistas al comienzo). Ese ú ltimo movimiento fue muy poderoso tam ¬
bién en Francia y Argelia ( el mismo Louis Althusser fue miembro
juvenil de la Acción Católica en el norte del Á frica dentro la co ¬
munidad francesa ) , o en América Latina , desde Mé xico a Brasil o
Argentina, para oponerse a las juventudes de izquierda del Partido
Comunista y al movimiento derechista y fascista en Italia o Alemania.
De esa Acción Católica proceden movimientos obreros y universita¬
rios, y se originará n cuadros sindicalistas y pol íticos demócratas, que
al final se inspirará n igualmente en Marx al final de la década de 1960,
y que entre otras vertientes elaborará n la teor ía después denominada
teolog ía de la liberación latinoamericana . En Egipto, en 1926, se orga ¬
niza igualmente un movimiento juvenil democrá tico y progresista
llamado los Hermanos Musulmanes, que ten ían una clara militancia
pol ítica popular. Ese movimiento procede de un “ acontecimiento li ¬

berador” explícito. Relata Taryk Ramad á n con quien he realizado
en la Universidad de California, campus de Berkeley, un diá logo al

respecto que su abuelo, Hassan al - Banna ( 1906- 1949 ) , sufrió una
-
experiencia religioso pol ítica muy particular.
En efecto, Hassan , joven con dotes de liderazgo naturales, organi ¬
zador desde su niñez de numerosas instituciones juveniles, creyente
musulmá n como su padre ( que trabajaba con sus manos como obrero,
y era responsable como imán de una mezquita ) , estudioso del á rabe
clásico, del Korá n y de sus comentarios, maestro de la escuela prima ¬
ria eventualmente junto al canal de Suez, en la ciudad de Ismailiya,
región ocupada por los brit á nicos por su importancia estratégica, tuvo
una extraña experiencia al contemplar: “ [. . . ] un campo militar inglés,

1
Publicado en La Jornada , México, 6 de marzo de 2011, p. 22 .

93
CARTA A LOS INDIGNADOS

viendo cómo desplegaba su fuerza, su poder, su dominio, lo que le


produjo en su corazón de patriota amante de su pa ís un malestar y una
profunda vergüenza. El patriota se sintió empujado a considerar esta
detestable ocupación y a reconsiderar igualmente que Egipto hab ía
sufrido una catástrofe decisiva , habiendo perdido tantas ocasiones
materiales y civilizatorias. El ú nico obst áculo principal hab ía sido
aquel que imped ía el renacimiento y la elevación del país desde hac ía
unos sesenta a ñ os: la pé rdida de la unidad á rabe y la uni ó n de los
musulmanes” .2
En esta experiencia se unía de manera original una intuición del
colonialismo en todos los niveles. Así, en marzo de 1928, Hassan
organiza una “ Hermandad” que comienza con siete compa ñeros, 3 que
se encargar ían de ir a las peque ñas aldeas agr ícolas, para reconstruir
en primer lugar las antiguas mezquitas, organizar una escuela , 4 iniciar
cooperativas ( de producción o de consumo, en tanto obra social y
pol ítica ) , y predicar una renovación patrió tica y musulmana, progre ¬
sista , democrá tica , pedagógica y social en las calles, en los cafés, en
los lugares p ú blicos.5 La Hermandad Musulmana tendrá una escuela
de formación de cuadros ( Madrasat at' tahdhib ) . Años después la Her ¬
mandad llegó a tener tres millones de miembros en Egipto, y tambié n
en Líbano, Siria, Jordania, Sudán y Palestina. En 1933 se organiza la
rama femenina de la Hennandad. El movimiento tiene revistas, radios,
escuelas, centros sociales de formación de cuadros , editorial, colección
de libros teóricos y prácticos, de los clásicos y del mismo movimiento.

2
Tariq Ramadan , 2002, Aux sources du renouveau musulmán . D'al Afghani á -
5
-
Hassan al Banna . Un siécle de ré formisme islamique , Lyon, Editions Tawhid , p. 194.
Es interesante indicar que los jóvenes ten ían oficios como panadero, peluquero,
ocupado en planchar ropa, chofer, agricultor, mecánico de bicicletas y repartidor de
bienes domésticos. Oficios de los m ás humildes, pero se transformaron en líderes det
movimiento.
4 Era un
“ instituto islá mico” ( Iví ahad hira' al islami ) donde se impart ían clases
sobre el Koran ( no fundamentalista ni islamista ) , de enseñ anza elemental ( para
aprender a leer y escribir, matemá ticas, etc.) y aprendizaje técnico y agr ícola.
5 Como estudiante de
18 a ños Hassan , daba conferencias p ú blicas en los bares de
El Cairo, con gran audiencia y entusiasmo de los comensales.

94
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

Eran muy solidarios con lo que pasaba en la vecina y pobre Palestina.


Como es evidente , la ocupación militar británica y las colonias jud ías
de la futura Israel eran el enemigo principal. Era la institución mejor
organizada, con cuadros y teor ía, de todo el Medio Oriente. El movi ¬
-
miento contaba con profesores de la universidad al Azhar, con pro¬
fesionales de todas las especialidades, con directores de empresas, con
grandes dirigentes sindicales, con organizaciones de mujeres en coo¬
perativas, etc. Entre 1939 y 1949 tuvieron la primera confrontación
pol ítica .
La Hermandad Musulmana no era un partido pol ítico ni propia ¬
mente una organización de la sociedad pol ítica. Se encontraba pro¬
fundamente arraigada en la sociedad civil y religiosa ( dos aspectos
siempre indisolubles en el mundo musulmá n ) . En 1941 la Hermandad
presenta sin embargo miembros para participar en las elecciones le ¬
-
gislativas. Hassan el Banna se presenta como candidato. El primer
ministro, Mustafa Nahhas Pacha le ruega , presionado por el alto man ¬
do del ejército de ocupación inglés, que retire su candidatura. Las
confrontaciones políticas se multiplican. En 1946, durante la enorme
“ Manifestación del Puente Á bbas” , que re ú ne a cientos de miles de
estudiantes miembros de la Hermandad, éstos claman por la indepen ¬
dencia del pa ís. Cae el gobierno, pero el nuevo l íder, Isamil Sidqui
Pasha comienza la persecución contra la Hermandad . Las manifesta ¬
ciones aumentan y el gobierno debe aceptar las demandas de inde ¬
pendencia de la Hermandad . En 1947 , alentado por Estados Unidos
y la Unión Sovié tica , el gobierno egipcio se adhiere a la división de
Palestina. La Hermandad rompe nuevamente con el gobierno. Hay
por otra parte milicianos de la Hermandad luchando junto a los pa ¬
lestinos contra Israel recién fundado. El 12 de febrero de 1949, después
-
de una reunión con el primer ministro, Hassan el Banna es asesinado.
“ El renacimiento musulmá n que él soñaba no convocaba en su esen ¬
cia a una reacción contra la hegemon ía occidental — escribe Tariq

Ramadan ,6 aunque s í contra el colonialismo brit á nico. No era un

6 Ramadan, 2002, p. 230.

95
CARTA A LOS INDIGNADOS

movimiento islamista, fundamentalists o terrorista, sino democrá tico


y hasta reformista . 7
El 23 de julio de 1852 fue la prueba de fuego para la Hermandad,
que se hab ía situado como el momento eje de la pol ítica egipcia , ya
que ten ía presencia y autoridad ante el pueblo y contaba , en El Cairo,
hasta con un millón de miembros. Era parte y al mismo tiempo á rbitro
pol ítico. Cuando Jamal ‘Abd an - Nasser dio el golpe militar del 23 de
julio se apoyó incontestablemente en la Hermandad , con la que ten ía
un diá logo fluido. La Hermandad fijó claramente las condiciones: li -
mitación de la propiedad y reforma agraria, legislación en defensa del
trabajo, abolición de privilegios, independencia del Reino Unido. El
3 de diciembre, ante una gran multitud convocada por la Hennandad ,
conminó a los militares a dejar el gobierno a los civiles. En enero de
1953, con firme voluntad de permanecer en el poder como dictador,
Nasser disolvió la Hermandad y comenzó una despiadada persecución
contra sus miembros ( de acuerdo con los ingleses ) .8 Esta confrontación,
con el ahorcamiento de los principales l íderes de la Hermandad, con
la tortura de muchos, con la prisión perpetua de miles, etc., creará una
nueva situación. Fue la “ gran prueba” ( aLmihna aLkubra ).
Así las obras de Sayyid Qutb, La justicia social en el Islam ( AL ' adata
-
al ijtima' iyya jü islam ) ( 1949 ) y Jal óns sur la route ( Maálimfi at tariq ) -
( 1962 ) , escrita en la prisión , por un miembro fonnado en Estados Uni ¬
dos ( conocedor de Occidente ) , crea una nueva tradición más islamista,
que repudia a Europa y a Estados Unidos, y que propone el Estado isla -
mico como solución política. No era la posición de Hassan al Banna, -
ni de la Hermandad en su mayor ía hasta el presente. Este grupo m ás
radical, ante el sufrimiento de la persecución , la prisión y el asesinato,

7
Ya que, a diferencia de la Teología de la Liberación latinoamericana, no había
estudiado la cr ítica al capitalismo de Marx , y en este nivel era “ reformista”. Era un
movimiento de creyentes, patriótico y anticolonialista, y ya sólo por esto temible para
los poderes occidentales e Israel.
s Quienes entregan el cana!de Suez a Egipto, pero conservan el derecho a inter¬
venir militarmente en caso de necesidad. Esta ú ltima dispostción fue la causa de la
ruptura definitiva con la Hermandad.

96
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

propuso como posible el uso de las armas, y será, lentamente, uno de los
or ígenes de grupos islamistas fundamentalistas incluso en la actualidad .
Este movimiento que hoy incendia Medio Oriente fue el largo fru ¬
to de un movimiento teórico, práctico y pol ítico de m ás de un siglo de
- -
grandes precursores, tales como Jamal ad Din al Afghani (1838 1897 ),9 -
- - -
Rashid Rida ( 1865 1935 ), Sa’id An Nursi ( 1873 1960 ) , ‘Abd al Hamid -
- -
Ibn Badis ( 1889 1940 ) o Muhammad Iqbal ( 1873 ).10 El acontecimien¬
to liberador de Isma’iliya ha seguido creciendo hasta transformarse en
el inspirador del nuevo orden pol ítico autodeterminado en el mundo
-
musulmá n. Hassan al Banna, como José Mart í en Cuba, Mao en China
o el Che Guevara, o el sandinismo y el zapatismo ( guardando las dife ¬
rencias y proporciones ) , son iniciadores de movimientos en distintas
partes del orbe y del tiempo que anticiparon las luchas contra la gleba -
lización del Imperio que hoy se extiende por doquier.
Ahora podrá entenderse que los próximos pasos de la revolución
á rabe estará n de alguna manera ligados a la Hermandad Musulmana
en Egipto, que no es ni terrorista ni fundamentalista, sino democrá ¬
tica y profundamente á rabe, musulmana. Será un interlocutor serio
de Estados Unidos e Israel , que exigirá un trato igualitario y no mera
repetición de la actual actitud colonialista y de dominación de esas
potencias c ínicas. Todos los movimientos ( cuyos futuros son inciertos )
se han fortalecido con la participación de millones de musulmanes
que, al salir de las mezquitas los viernes por la tarde , han participado
en manifestaciones pol íticas para exigir libertad y democracia. Ines ¬
perado evento incomprensible en el siglo xix. ¡Nos encontramos en ¬
tonces ante novedades que demandan la creación de nuevas categor ías
teóricas cr íticas propias del siglo XXI !

9
Se puede pensar que es ei primer pensador anticolonialista á rabe, en el momen ¬
to de la crisis del Imperio Otomano, que él considera como un ejemplo a mejorar para
-
lograr la unidad del mundo á rabe musulmá n , ya presa del creciente colonialismo
europeo en el Mediterrá neo. Su pensamiento es de gran actualidad y ser á especial ¬
mente estudiado por la Hermandad Musulmana . Es un pensamiento pol ítico pan -
musulm á n que nos recuerda el proyecto bolivariano de 1826 para Amé rica Latina,
de guardar la unidad de las colonias espa ñolas y portuguesas.
10 Véase Ramadan , 2002 , pp.
-
134 171-

97
CARTA A LOS INDIGNADOS

EL PANóPTICO Y LA DEMOCRACIA PARTICIPAD VA 1

Michel Foucault en su obra Vigilar y cascigar describe las técnicas con


las que el Estado moderno europeo disciplina los cuerpos de los ciu ¬
dadanos, con mecanismos de información que é l denomina un panóp¬
tico , que como un servicio de inteligencia situado en todos los
intersticios del poder pol ítico observa y castiga a los ciudadanos. Dicho
panóptico se ejerce de arriba hacia abajo, del Estado y la representación
política hacia la comunidad política o el pueblo. La Inquisición en
el Estado moderno espa ñol del siglo xvi fue ya un aparato ideológico
del Estado que cumpl ía esa función.
Me quiero referir a un tema novedoso en la historia mundial; un
acontecimiento, dir ía Alain Badiou , que ti ñe desde ahora en adelan ¬
te el proceso pol ítico de las decisiones p ú blicas de las burocracias de
los gobiernos de las democracias representativas, especialmente en los
estados que han organizado su dominación en el planeta para cumplir
sus intereses metropolitanos ( como Estados Unidos, los pa íses europeos,
Japón y algunos más ). Se trata del hecho de poner a disposición del
ciudadano cotidiano millares de documentos que expresan juicios se ¬
cretos habituales en las comunicaciones de las burocracias de estos
Estados dominantes, que fundamentan decisiones pol íticas que afectan
a millones de seres humanos de pa íses dependientes o neocoloniales.
Ese secretismo cobijado bajo la razón de Estado ( por encima del tan
publicitado Estado de derecho ) define la estrategia pol ítica como un
quehacer c ínico que exige ocultar ciertas verdades a la propia comu ¬
nidad pol ítica , o el pueblo, y mucho má s a aquellos pueblos que sufri ¬
rá n dichas decisiones pol í ticas. Esto supone un juicio de profundo
desprecio por el propio pueblo, y los pueblos extra ños, como no aptos
para entender dichas razones a favor del Estado que los gobierna y
representa. La llamada democracia representativa se arroga así todo el
poder, cayendo en un fetichismo político que desvirt ú a la pol ítica como

1
Publicado en L a Jornada , Mé xico, 16 de diciembre de 2010, p. 21.

98
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

tal, e igualmente a la democracia que les sirve como punta de lanza en


su cruzada guerrera en el mundo.
La democracia representativa es necesaria y conveniente, porque
responde a un principio de realismo pol ítico. No es posible gobernar
en una asamblea permanente de millones de ciudadanos. Pero de ah í



a la aceptación, y a la no institucionalización de la con mayor razón ,
y también necesaria y sustantiva democracia participativa , hay
mucha distancia.
El acontecimiento de la puesta a disposición por los medios electró¬
nicos de millares de documentos que nunca debieron ser secretos ( ya que
los ciudadanos tienen derecho a conocer las razones que fundamentan
las tomas de decisiones del gobierno representativo, y más cuando por la
corrupción benefician sólo a ciertas oligarqu ías que proliferan a la sombra
del poder ) para poder ser leídos por millones de lectores anónimos, pero
que constituyen las comunidades pol íticas o los pueblos del planeta, es
un hecho que cambia la naturaleza de la participación. Es la expresión
de un panóptico ahora justo, legítimo, sustantivo de abajo hacia arriba,
que permite cumplir con su condición la función esencial de la demo¬
cracia participativa ( articulada y no negación de la democracia repre ¬
sentativa). La democracia participativa es el sistema de legitimación por
el que el pueblo cumple la función, entre otras, fiscalizadora con respec¬
to a la burocracia del gobierno en su momento democrático representa ¬
tivo. Si la representación se está corrompiendo en todos los pa íses en este
momento; si los gobiernos vegetan en la impunidad, es porque el pueblo
no tiene instituciones participativas de fiscalización. Fiscalizar es poder
juzgar y condenar y castigar ( por ejemplo con la revocación del man ¬
dato en casos extremos ) a los que cumplen cargos o encargos represen ¬
tativos. Los representantes constituyen mafias fetichizadas que no
rinden cuentas sino a sí mismos, y por esose corrompen en la impunidad.
Y bien, poner ante la consideración pú blica documentos que nun¬
ca debieron ser secretos, la verdad revelada de las ficciones, mentiras,
juicios parciales injustos, etc., permite cumplir con una condición de
esa función fiscalizadora de democracia participativa. El gobierno ( los
burócratas de la representación fetichizada ) estadounidense se escan -
99
CARTA A LOS INDIGNADOS

daliza de que informes secretos se coloquen a la luz p ú blica. Es más,


dispone que dicha burocracia no debe acceder a dichos fondos docu ¬
mentales, con lo que se vuelven ciegos ante revelaciones que un ciu ¬
dadano com ú n de otro pa ís podr á tener en cuenta . Es decir,
torpemente tornan al gobierno ( o al menos a los niveles inferiores de
la representación ) en simples t íteres de la elite dominante, que será la
ú nica ( ya que por supuesto se intenta impedir al propio pueblo dicho
conocimiento ) que tendrá el pleno manejo estrat égico de un pueblo
ciego y servil , el mismo pueblo estadounidense.
Es tarea imposible enceguecer a un pueblo que comienza a conocer
la verdad por medio de una revolución tecnológica en la pol ítica , aná ¬
loga a lo que fue la m áquina a vapor para la Revolución Industrial en
el proceso de producción fabril . Los medios electrónicos son el instru ¬
mento tecnológico que transforma , subsumi éndolo materialmente, el
proceso de toma de conocimiento y de decisión pol ítica en este siglo
xxi. Millones de ciudadanos pueden conocer por dentro la trama del
poder corrupto representativo de las grandes potencias, y eso les per ¬
mitirá cumplir la función fiscalizadora de la democracia participativa,
que es la gran revolución pol ítica en curso en el siglo XXI.
Aclamemos entonces a los nuevos héroes, y hasta má rtires, de la
libertad de expresión y prensa , de la libertad del conocimiento de los
materiales necesarios para tomar decisiones políticas , que se objeti ¬
vará n posteriormente en una mayor madurez en la elección de repre ¬
sentantes y en la fiscalización permanente de su accionar, que pueda
y deba ser castigado.
Se trata entonces del comienzo del despliegue de un sistema panóp ¬
tico, de abajo hacia arriba , esencial para la democracia participativa, a
escala mundial , y contando con los medios tecnológicos de punta, que
permitirá n la superación de la crisis de la representación por la pé rdida
de los gobiernos fetichizados del monopolio de la información . Es un
auténtico Instituto Federal de Acceso a la Información ( iFAl ) en manos
del pueblo y puesto a disposición de todos por medio de las redes elec ¬
trónicas. ¡Ciudadanos del mundo, infórmense, para derrotar el secre -
tismo cínico y manipulador de la representación pol ítica corrupta!

100
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

1
¿ ESTADO O COMUNIDAD ?

Pareciera que las comunidades de los pueblos originarios actuales en


América Latina pudieran crear un modelo democrá tico pol ítico más
adecuado que la forma de Estado burgués moderno. Tal posición es
defendida por aquellos que piensan que la disolución del Estado es
condición de posibilidad de un ejercicio justo de la pol í tica. En su
ú ltima obra, Commonwealth , Antonio Negri considera nuevamente
la forma Estado como una institución propia de la modernidad bur ¬
guesa ( lo mismo que John Holloway y otros intelectuales ) que hay
que superar para iniciar lo que podr ía llamarse propiamente la pol íti ¬
ca. Esta tesis, como es sabido, fue defendida por el anarquismo ( como
el de Bakunin ) . Karl Marx se opuso a este ú ltimo en el sentido de que
desde el campo social , a través de la lucha de clases en el ámbito eco¬
nómico, había que superar a ) el trabajo asalariado y b ) el capital como
condición de posibilidad de c) la disolución del Estado , y no por una
lucha pol ítica directa ( como los anarquistas ) contra el Estado. Esta
triple negación es el tema que expone con gran solvencia el antiguo
asistente de Georg Luk ács, expulsado muy joven de Hungr ía , István
Mészá ros en su obra reciente M ás allá del Capital ( 2006 ). La diferencia
de Mész á ros, con respecto a los otros pensadores nombrados, es que
expone a partir de esa triple negación cómo Marx llega a una impor¬
tante conclusión: “ De aqu í que é l [Marx] mantuviera su definición
preponderantemente negativa de la pol ítica hasta en sus ú ltimos escritos,
a pesar de su claro reconocimiento de que es necesario involucrarse
en la política” ( Mészá ros, 2006: 532 ) , y por esto mismo “ no resulta en
modo alguno sorprendente que Marx jamás haya logrado trazar aunque
fuese los perfiles desnudos de su teor ía del Estado” ( Mészá ros, 2006:
564 ) . Esto no niega que “ la elaboración de una teor ía marxista del
Estado es tanto posible como necesaria hoy en d ía” ( Mészáros, 2006:
564 ). Es decir, la deficiencia del marxismo posterior a Marx con res ¬
pecto a la cuestión del Estado se origina en este “ hueco teórico” del

1
Publicado en La Jornada, México, 10 de diciembre de 2009, p. 22.

] 01
CARTA A LOS INDIGNADOS

mismo Marx , que debemos llenar urgentemente. Pero el “ hueco teó¬


rico ” no es sólo sobre el Estado sino que abarca una labor que Marx
nunca pudo cumplir en el campo pol í tico; es decir, desarrollar una
crítica de todo el sistema de las categor ías de la filosof ía pol ítica bur¬
guesa ( crítica que realizó en el campo económico ) .
Hablando personalmente con Samir Amin en el Foro Social Mun ¬
dial de Porto Alegre me dec ía: “ El Estado egipcio fue el primer Estado
en sentido estricto de la historia mundial , hace cinco mil a ños” .2 De
la misma manera que el incario en el Perú antes de la conquista , la
organización pol ítica de las ciudades mayas o el altepetl azteca ( como
lo muestra Enrique Florescano ) son Estados tributarios ( como los cla ¬
sificaría Darcy Ribeiro en su obra El proceso civilizatorio ) . Igualmente
el Estado liberal moderno, manejado por la burguesía desde la revo ¬
lución inglesa , es una forma de Estado particular, pero de ninguna
manera la ú nica. La superación de esta forma estatal no significa la

disolución emp írica del Estado como tal que en sentido estricto es

un postulado , 3 Y este es el debate actual .
Algunos, como hemos dicho, en nombre de la organización pol í¬
tica ( o meramente social ) de las comunidades originarias, tal como se
encuentran hoy, las oponen a una forma del Estado liberal burgu és , y
se inclinan por el modelo de democracia directa de las comunidades
ind ígenas actuales, por lo tanto sin Estado. En primer lugar, olvidan
que las actuales comunidades son el resto de las naciones originarias
que antes de la conquista ( en las civilizaciones urbanas ) tuvieron
Estado, que comprend ía a veces millones de miembros ( como entre
los incas ). All í había una organización estatal , no burguesa ni liberal ,
pero había Estado. En segundo lugar, pueden ser tomadas como un
modelo ejemplar para ser aplicado a situaciones analógicas como las
asambleas de barrios, pequeñas aldeas, fábricas, etc., donde la partid -
¿
Véase mi Pol ítica de la liberación , Madrid , Trotta, 2007, vol. 1, pp. 26 ss.
5
Véanse ¡as tesis 20.1 y 20.2 de mi obra Veinte tesis de pol ítica , Siglo XXI, Mé xico,
2006. En Marx permanece la ambig üedad de si la disolución es un proyecto empírico
o un postulado o ¡dea regulativa. Si fuera el primero, explicar ía la indicación de
Mézá ros de la postura negativa acerca de toda acció n pol ítica.

102
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

pación en la democracia directa es esencial . Pero, como hemos indi


cado en una colaboración anterior publicada en La Jornada , esta
-
participación en la base ( y a través de mediaciones de la participación
hasta el Poder Ciudadano en el á mbito del Estado federal ) no se opo ¬
ne , sino que debe fiscalizar las instituciones de la representación del
Estado ( transcapitalista , transliberal, transmoderno ).
De manera que si oponer “ representación versus participación” es
una falsa contradicción ( ya que es necesario articularlas y definirlas
en sus funciones distintas ) , de la misma manera “ Estado versus comu ¬
nidad democrá tica directa” es también una falsa contradicción, porque
hay que saber articular ambas dimensiones en diversos niveles.
En un nuevo Estado ( m ás allá del Estado moderno y burgués, que
se acercaría a la disolución del Estado por la disminución de la buro¬
cracia, la participación de las mayor ías democrá ticamente en las deci ¬
siones, la transparencia de la representación, etc.) la participación debe
arrancar en la base de todas las instituciones ( estatales ) a partir de
comunidades ( cuya vida puede aprender much ísimo de los pueblos
originarios tal como se encuentran en la actualidad en Amé rica La ¬
tina ). Esto no se opone a que haya que inventar instituciones de par¬
ticipación en la esfera municipal, del estado local o provincia, hasta
llegar al Estado federal ( por ejemplo, con el indicado Poder Ciudada ¬
no de la Constitució n Bolivariana ) . Pero esto no elimina , porque
ser ía un idealismo voluntarista , la necesidad de la representación en
los indicados niveles ( municipal , del estado local o provincia , etc. ) ,
que ser ían fiscalizados mucho más estrictamente por las instituciones
de participación.
-
Si alguien expresa: “ La comunidad es socialismo comunismo” ,
habr ía que tomarlo con cuidado. En el nivel de la base popular: sí.
-
Pero esto no es lo mismo que el “ socialismo comunismo” en el nivel
de las comunidades pol íticas de millones de ciudadanos como pueden
ser las de Brasil , Ecuador o la India. Intentar poner como modelo la orga ¬
nización de la comunidad en la base poco numerosa ( con la partici ¬
pación del ciudadano por medio de una democracia directa , lo que
deber ía implementarse ) con la organización de millones de ciudada -
103
CARTA A LOS INDIGNADOS

nos es idealismo pol ítico , moralismo anarquizante; es comprometerse


sólo en el nivel social , y optar por una posición negativa ante la pol í¬
tica ( puerta que dejó abierta el mismo Marx segú n la interpretación
-
de Mészá ros ) , lo que hace cometer decisiones estratégico pol íticas
discutibles. Y la cuestión es aun pol íticamente más relevante en si ¬
tuaciones como las que se dan en Bolivia , Venezuela o Chiapas , y por
ello son posiciones que deben ser debatidas expl ícitamente, para no
caer en dogmatismos vanguardistas o utópicos ( en el sentido negativo
de este ú ltimo té rmino ) .

104
111. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS EOL ÍTICAS

¡HACE CUARENTA Añ OS!'

¡ Hace cuarenta a ños, un 4 de abril , mor ía asesinado en Memphis


Martin Luther King! Es un aniversario que da qué pensar.
Martin Luther, afroamericano de La comunidad bautista, nació en
1929, en plena recesión económica. Como su padre fue pastor, tras su
doctorado en Boston , tomó a cargo una comunidad de creyentes en
Atlanta ( Georgia ). La lucha por los derechos civiles iba en aumento,
pero fiie un “ acontecimiento” cotidiano el que lanzaría a Martin Luther
a la historia.
Estos “ acontecimientos” son siempre humildes en su origen pero
tienen resonancia popular. Como la “ guerra del agua ” o la “ guerra del
gas” en Bolivia , que peque ña en su origen , fue creciendo hasta derro¬
car dos gobiernos bolivianos. Nunca hay que despreciar “ aconteci ¬
mientos” que pueden desarrollarse como tormentas cuestió n —
expuesta por Alain Badiou en su obra El ser y el acontecimiento , y que
-
Walter Benjam ín llama el “ tiempo ahora” de la manifestación mesiá -

nica . Ese “ acontecimiento” fue el simple hecho de que una se ñora
afroamericana, cansada de su d ía de trabajo, no dio su asiento en un
camión ( en un bus ) a un blanco que pretend ía desplazar a la se ñora
de ese lugar, como lo consignaba la costumbre y la ley discriminatoria
del South. La se ñora prefirió que se parara el camión , que viniera la
policía y que se desatara toda una confrontación . Pero lo mejor es que
los demás afroamericanos presentes no sólo descendieron del camión ,
sino que declararon un boicot a la compa ñía de autobuses. La cuestión
fue creciendo. El pastor Martin Luther de la comunidad se involucró
en el boicot . Encabezó manifestaciones. Mientras tantos todos los
afroamericanos de Atlanta debían ir a sus trabajos, a veces lejanos, a
pie , durante d ías, durante semanas. La compa ñía de camiones deman ¬
dó al movimiento porque iba a la quiebra , y por ello acusó ante la ley
a Martin Luther King, quien fue juzgado culpable de las consecuencias
económicas para la compañía por el boicot y sufrió la cá rcel. Todo esto

1
Publicado en La Jornada , México, 4 Je abril de 2008, p. 20.

105
CARTA A LOS INDIGNADOS

hizo subir la presión social, y el joven pastor de 26 a ños se transformó


en un l íder de la multitud de afroamericanos, ya movilizada por las
luchas contra la discriminación racial en todo el país.
En 1956 se decreta legalmente ( lo que dista mucho de hacerse
realidad ) el final de la segregación racial en Estados Unidos, y lenta ¬
mente los afroamericanos tienen cada vez más peso político. Martin
Luther sigue creciendo en su liderazgo no sólo en su estado natal , sino
en el horizonte nacional. Al meditar sobre la “ no violencia ” de Ma ¬
hatma Gandhi ( que se inspiraba en la antigua escuela jainista de la
India ) entra en una verdadera lucha estratégica contra el racismo
estadunidense , tan antiguo como la esclavitud instaurada en el siglo
xvii . Martin Luther fue arrestado nuevamente varias veces . La “ no
violencia ” no era un principio universal, era una estrategia en un pa ís
que ten ía un respetable Estado de derecho ( para los poderosos, por
supuesto, no para los pobres ).
Fue el 28 de agosto de 1968 cuando lanzó, ante más de 200 000
personas, el famoso discurso de Washington:
"Yo tengo un sue ño. Es un sue ño profundamente arraigado en el
sue ño americano, que un d ía esta nación surgirá y vivir á verdadera ¬
mente de su credo: que todo ser humano es igual a los otros .
” Yo tengo un sue ño , que ese d ía en las tierras rojas de Georgia ,
hijos de esclavos anteriores e hijos de due ños de esclavos se podr á n
sentar juntos a la mesa de la hermandad.
” Yo tengo un sue ño, que un d ía el estado de Mississippi , un estado
ardiente por el calor de la justicia , ardiente por el calor de la opresión,
será transformado en un oasis de libertad y justica.
” Yo tengo un sue ño, que mis cuatro peque ños hijos algú n d ía vivi ¬
rá n en una nación donde no será n juzgados por el color de la piel , sino
por el contenido de su cará cter.
” Yo tengo un sue ño, que un d ía en Alabama , con sus racistas vi ¬
ciosos, con su gobernador con sus labios goteando palabras de insultos,
un d ía all í en Alabama los peque ños negros, ni ños y ni ñas , podr án
unir sus manos con peque ñ os blancos, ni ños y ni ñas, como hermanos
y hermanas.

106
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

’’¡Esta es nuestra esperanza!”


Poco a poco el pastor de Atlanta comprendió que la raza afroame ¬
ricana discriminada lo había sido desde el origen de la Modernidad ,
desde la instauración europea de la esclavitud , que involucró a más
de quince millones de africanos. Era una cosa terrible , y al mismo
tiempo una invisible opresión para el pensamiento de la Revolución
Francesa y la Ilustración. Pero lentamente Martin Luther comienza a
descubrir otros tipos de opresión ; así su discurso incluye ahora a todos
los pobres en Estados Unidos, a los obreros urbanos pobres, a los cam ¬
pesinos hispanos , a los marginales , a los desocupados. Desde 1964
inicia igualmente el uso de su liderazgo para oponerse a la guerra de
Vietnam. En eso a ño recibe el Premio Nobel de la Paz.
Pero a ú n m ás. Comienza a descubrir y a acusar a su propio pa ís ,
Estados Unidos, de ser la causa de la miseria de otros pueblos. En 1967
encabeza la “ Marcha del pueblo pobre” , donde une la injusticia racial,
económica, nacional y mundial . De los pobres de Estados Unidos pasa
a Á frica pobre , de donde partieron los esclavos; a Asia y a Amé rica
Latina pobres. Pareciera que hab ía sobrepasado los l ímites de la cr íti ¬
ca posible.
Por eso, el 4 de abril de 1968 ( el 1968 de mayo en París, de Berke ¬
ley y de octubre en Tlatelolco ) la vida de Martin Luther King fue
tronchada por un atentado en Tennessee , cuando ten ía só lo 39 a ños.
El joven l íder mundial no morir ía como un viejo burócrata en el
— —
templo como el fundador del cristianismo . Por supuesto aquellos
que lo mataron , indirectamente , fueron los que posteriormente lo
pretenden recordar para intentar ocultar su culpa. Aunque en gran
parte subsumido por el sistema que criticó, permanece de todas ma ¬
neras como ejemplo de luchador por la justicia para los desfavorecidos,
oprimidos, explotados, humillados.

107
CARTA A LOS INDIGNADOS

¿ Y CUANDO TODO SE CORROMFE ?1

Los últimos acontecimientos, con testimonios de los actores políticos


del más alto nivel, nos muestran , sean cuales fueren las explicaciones
o excusas de los que denuncian y los denunciados , todos sin excepción,
actos que expresan una enorme corrupci ón pol í tica que deja a la
sociedad civil desconcertada y con una pregunta en los labios: ¿ No
tendrá n razón aquellos que en manifestaciones multitudinarias ex ¬
clamaron ?: “ ¡Qué se vayan todos!” O como lo expresaba el gran poe ¬
ta pol í tico Eduardo Galeano recientemente: “ ¿ Es justa la justicia ?
¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés” ( La Jomada,
9 de mayo de 2009, p. 38 ) . ¿ Es posible que un pa ís resista tanta co¬
rrupción de su clase pol ítica como para sobrevivir ? ¿ No han acaso
desaparecido sociedades en la historia que no pudieron alcanzar al
menos cierta conciencia cr ítica para poder evitar la dirección de su
caminar que los llevaba al precipicio ? ¿Cu á les podr ían ser las moti ¬
vaciones que habr ía que despertar para impedir que el son á mbulo se
destroce ?
Pienso que para comenzar por el inicio, habr ía que preguntarse
cu á ndo se origina la corrupción pol ítica , ya que pareciera que no se
tiene conciencia del huevo donde nace esa serpiente venenosa que
termina por comerse a sí misma . ¿Qu é es la corrupci ón pol ítica ? ¿ Dón ¬
de nace ? ¿Cuá les son sus primeros pasos ? La respuesta por ser simple
( aunque no superficial ) har á re ír a carcajadas al c ínico corrupto desde
su pedestal , al realista pol ítico sin principios y sin escr ú pulos.
Como indica el poeta , la “ justicia ” est á parada sobre su cabeza
porque el mundo est á “ al revés” . De una manera muy precisa usa una
metáfora para indicar un hecho fundamental: hay cierta inversión

después de la cual todo queda “ patas arriba” expresá ndolo en len ¬

guaje cotidiano . Esta inversión es un fen ómeno cognitivo que se
denomina “ fetichismo” (en referencia a dioses hechos por las manos
de los hombres a los cuales después se les rinde culto como si fueran

1
Publicado en La Jomada , México, 19 de mayo de 2009, p. 18.

108
111. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

efectivamente divinos: se trata de una inversión en la que , por un


espejismo, aparecen como dioses meros objetos vulgares ) .
Y bien , la corrupción comienza por una inversión, por un fetichis¬
mo que oculta el fenómeno al que invierte el mundo en su provecho,
pero permanece igualmente invisible a las v íctimas de la inversión .
Pasa por ser “ justicia ” la justicia de un “ mundo al revés” . ¿Qué se in ¬
vierte, quié n se aprovecha de la inversión y quié n la sufre ?
La comunidad política , y en ú ltima instancia el pueblo, la totalidad
de la población histórica que habita un territorio dentro de cuyo ho¬
rizonte se han organizado instituciones pol íticas, es la única sede del
poder político , de la soberanía. 2 Digo la única instancia , es decir, la exclu¬
siva. Todas las instituciones 3 son sólo el lugar del ejercicio delegado
de dicho poder pol ítico del pueblo. El Estado no es soberano; el sobe ¬
rano es el pueblo que otorga soberan ía a las instituciones pol íticas que
ha constituido para su servicio.
Si el que ejerce el poder participativo tiene presente que ocupan ¬
do la sede de alguna institución ( sea, por ejemplo , el Poder Ejecutivo,

— —
el Legislativo, el judicial o el Poder Ciudadano - el cuarto poder de
la Constitución Bolivariana de Venezuela ) lo hace en nombre del
pueblo, en aquello de que “ los que mandan , mandan obedeciendo” ( y
que Evo Morales plasmó bajo la fórmula del “ poder obediencial” ) , dicho
ejercicio del poder no es dominación sino servicio, y el pol ítico en
cuestión ejerce un acto de justicia en un mundo sobre sus pies.
El mundo se pone “ al revés” ( es decir, se invierte ) cuando el que
ejerce el poder representativo olvida que est á para el servicio del
pueblo, y se desliza el contenido semá ntico de la sede del poder: desde
la comunidad pol ítica o el pueblo el poder pareciera ahora tener a la
institución como su sede ( el Estado se declara soberano, aun con
respecto a su propio pueblo ) . Es cuando, por ejemplo, un presidente
cree que tiene el “ monopolio del poder” , o que el legislador piensa que

2
Véase mi reciente obra Política de la liberación . Arquitectónica, Madrid , Trotea,
2009, vol. II, pp. 46 ss.
1
En la misma obra, pp. 179 ss.

109
CARTA A LOS INDIGNADOS

es la fuente creadora “ de la ley ” ( cuando ese poder legislativo le ha


sido otorgado por el pueblo ) . En ese momento se corta la comunicación
con la fuente, con el origen , con el fundamento del poder pol ítico que
es la comunidad pol ítica o el pueblo, y éste deja de alimentar, regene'
rar, dar potencia a la institución y al que ejerce la función institucio -
nal. El funcionario , el pol ítico de mero representante pone ahora su
voluntad como el fundamento del ejercicio del poder. Dicho pol ítico
( y la respectiva institución ) se ha fetichizado, se ha invertido, est á “ al
rev és” .
Desde ese momento todo ejercicio del poder por parte del pol ítico
se ha corrompido. La corrupción originaria consiste en esta simple
inversión: el pueblo deja de ser la sede del poder; la instituci ón , que
es una mediación al servicio del pueblo, se pone ahora como la sede
del poder mismo, y coloca al pueblo como obediente ( es la definición
de Max Weber de poder pol í tico ).4 Desde este momento la “ justicia ”
del “ mundo al revés” es injusta. El poeta pregunta: “ ¿ Es justa [esta ]
justicia ?” Respondemos: en el mundo corrupto la justicia del sistema
es injusta. Miguel Hidalgo no cumplió con la justicia de la Recopila ¬
ción de las Leyes de Indias que ordenaba a los colonos de la Nueva
Espa ña obedecer al rey. Hidalgo consideró esa justicia injusta y no
cumplió esas leyes ileg ítimas para los patriotas. Pudo haber dicho:
“ ¡Que se vayan todos!” ( virrey, oidores , etc. ) , al menos luchó y muri ó
para que eso aconteciera. Tampoco Emiliano Zapata aceptó las leyes
que pretend ían robar las tierras a las comunidades.
Como nos ense ñaba el film La ley de Herodes , el presidente muni ¬
cipal se corrompió el d ía en que aprendió a usar la violencia ( el revól ¬
ver ) para hacer cumplir la constitución ( que en verdad era sólo, en su
cinismo, su propia voluntad fetichizada, corrupta , ú ltima referencia
del ejercicio de su poder ) . Se entiende entonces aquello de que “ los
.
que mandan, mandan mandando” Y as í comienzan a ocultar sus
intenciones, a mentir sistem á ticamente al pueblo a través de la me -
diocracia ( televisiva, radial , etc. ) ; a robar ellos, sus familiares y sus

4 Véase E. Dussel, op. cit. , pp. 110 ss.

110
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

cómplices; a asesinar en casos extremos; es decir, a compartir con otros


su propia corrupción , que se expande como el virus de las epidemias
y se hace sistema , cultura pol ítica , donde todos est á n podridos, hasta
ciertos sectores de los partidos de izquierda que nunca han atendido
el clamor del soberano: el pueblo ( que Antonio Gramsci defin ía como
“ el bloque social de los oprimidos” ).
La corrupción corroe el sistema hasta los huesos; es enfermedad
grav ísima , exige una terapia urgente y profunda , pero: ¿ qué hacer .7
— — —
se preguntar ía Lenin , ¿en quié n confiar .7 ¿ no ser ía caer en li ¬

derazgos nuevamente .7 , ¿ por dónde comenzar ?
En un discurso famoso Fidel Castro exclamó: “ ¡Cuá ndo el pueblo
crea en el pueblo !” En eso consiste la conciencia cr ítica como con ¬
senso de las mayor ías, de los oprimidos, de los excluidos. Los nuevos
movimientos sociales antisistémicos, los ciudadanos de buena volun ¬
tad , los sindicalistas que se oponen a los charros, las feministas, los
pueblos originarios que nos recuerdan una pol ítica nueva, en fin , la
población que no ha dejado de luchar por la vida ... y por rescatar a
la patria de los corruptos, deberían comprometerse para poner el “ mun ¬
do sobre sus pies” , en participar en la política obediencial de los que
todavía tienen esperanza ( como la defin ía Ernst Bloch ).

Ill
CARTA A LOS INDIGNADOS

1
¿ POR QU é LA FILOSOFíA ?

En todas las grandes culturas neol íticas, en Egipto desde los textos de
Menfis en el tercer milenio antes de la era com ú n , en China desde el
primer milenio de dicha era con el I Chin , en Indostá n desde el comien-
zo de la elaboración oral de los Upanishad , en Palestina desde el siglo
VIH a.C. con los profetas de Israel, en Grecia desde la misma época
aproximadamente , en Amé rica un milenio después, se fueron dando
los cánones que organizaban la sabiduría de esos pueblos. Las comuni -
dades urbanas realizaron una labor de síntesis de los principios que
fundaban sus determinados modos de vida . Los que se dedicaban a esa
labor de ordenar las interpretaciones más profundas de la existencia
de esas comunidades altamente desarrolladas se denominaron amantes
de la sabiduría ( en griego filó sofos , en ná huatl flamatmime ) . Eran los
que pod ían dar cuenta ordenada, racionalizada de los diversos modos
del saber, es decir, que relacionaban las observaciones astronómicas,
los descubrimientos matemáticos, etc., con las experiencias agrícolas, los
saberes medicinales, los recuerdos de las gestas de los pueblos.
De esta disciplina intelectual ( entre los griegos denominada epis -
teme , que podr íamos traducir por saber estricto por argumentación ) se
fueron lentamente desprendiendo todas las hoy llamadas ciencias. La
misma matemá tica era parte de la ense ñ anza filosófica en la Academia
de Platón en Atenas. La astronomía formaba parte de la física, que era
una disciplina filosófica en el Liceo de Aristóteles. La escuela filosó¬
fica de Bagdad desde el siglo IX se ocupaba igualmente de la matemá ¬
tica , e inventó los n ú meros arábigos, los logaritmos, la astronom ía
heliocé ntrica, etc. Y fue por influencia á rabe, a través de los traduc ¬
tores de Toledo, como la filosof ía con base empírica aristoté lica llegó
al Par ís del siglo xm , punto de partida de todo el desarrollo posterior
europeo de las ciencias.
En é pocas normales, cuando el orden de un sistema civilizatorio
funciona todav ía adecuadamente , los momentos clásicos de las cul -
1 Publicado en La Jornada , Mé xico, 2 de mayo de 2009, p. 20.

112
111 . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍ TICAS

turas, la filosof ía ordena los saberes y permite crear el tejido intersticial


de las ciencias, y da unidad a la cosmovisión correspondiente. Así
funcionó durante más de veinte siglos la filosof ía confuciana en Chi -
na, que se ha regenerado con el neoconfucianismo que alienta en la
actualidad el renacer aun económico del Extremo Oriente ( desde
-
Singapur a Sud Corea o China, ya que Mao Tse tung, aunque marxis -
-
ta , era en verdad un lector asiduo de Wang Yang ming ( 1472 1529 ) ,'

el fundador del neoconfucianismo ) . En estos casos la filosof ía es el


fundamento de la educación del sistema.
Pero en épocas de crisis , como la que experimentamos en el pre ¬
sente ( no solo en los pa íses centrales del capitalismo debido al colap ¬
so del dogmatismo neoliberal y el estancamiento de la producció n
industrial , sino igualmente por la crisis de los partidos pol íticos y el
sistema representativo en todo el mundo ) , es necesario repensar todo
el andamiaje cient ífico, tecnológico y político, lo que exige tener ca ¬
pacidad crítica y vislumbrar el conjunto del proceso civilizatorio para
inventar nuevos supuestos y alternativas. Para ello no bastan las cien ¬
cias de mediaciones, de los instrumentos de un sistema , sino las disci ¬
plinas que permiten repensar la totalidad de los medios y los fines, de
su sentido ú ltimo, para descubrir las contradicciones que han llevado
a la sociedad en su conjunto a callejones sin salida. Es entonces, en
esos momentos límites, cuando la cr í tica de la totalidad es imprescin ¬
dible, y la filosofía es la ú nica disciplina racional ( que sabe pensar aun
el fundamento de las ciencias ) que puede encarar esa función cr ítico -
creadora. La geometría desarrolla en un espacio abstracto y vacío sus
axiomas y desarrollos posteriores; pero la filosof ía puede pensar lo que
es dicho espacio, condición de posibilidad de la geometr ía . La mate ¬
má tica se ocupa de la cantidad , de los n ú meros, pero no puede definir
lo que es la cantidad y el n ú mero: los usa , pero no puede describir su
contenido ú ltimo. Los sistemas de salud , la medicina, suponen la de ¬
finición de la enfermedad ( que es muy diversa en cada cultura y evo¬
luciona históricamente ) , pero no pueden tratarla como su objeto, sino
que la suponen impl ícitamente. Y as í en todas las ciencias , en los
sistemas cient íficos, sociales , pol íticos o económicos. La econom ía de

113
CARTA A LOS INDIGNADOS


mercado supone la existencia del mercado que introdujo en la ar -
gumentación moderna , en primer lugar, un filósofo: Adam Smith

( 1723'1790 ) , y su definición exige la intervención del filósofo.
Recué rdese que el mercado fue incluido como un momento de una
argumentación é tica , y fue la propuesta de Bernard de Mandeville
-
{ 1670 1733 ) para solucionar la contradicción de la existencia de vicios
privados ( como el propio interés ) que se transformaban en virtudes
públicas ( la producción de riqueza social por parte del egoísta ).
En toda crisis la pr áctica de la filosof ía , integrada a grupos inter-
disciplinarios, es esencial , ya que permite pensar los supuestos de un
sistema económico, pol ítico, pedagógico, etc ., para crear en cada cam ¬
po las condiciones innovadoras de alternativas no sospechadas.
Por eso es lamentable que un pa ís en crisis como México, elimine
de la ense ñanza media superior el aprendizaje filosófico, lo que dotar ía
al alumno de recursos teóricos no exclusivamente para repetir lo sa ¬
bido que el mercado en crisis requiere, sino principalmente para des¬
cubrir innovaciones creativas en otros aspectos o sistemas in éditos
pero posibles para una mente adiestrada , no en la mera repetición
mimé tica , sino en saber pensar lo inédito. Más que nunca se necesitan
espí ritus creadores y no meramente repetitivos de caminos trillados
que llevan al despe ñadero.
Además, la corrupción generalizada de la sociedad , en la econom ía
( ¡hasta los banqueros roban!), en la política ( los representantes pien ¬
san en sus ventajas y no en las de sus representados ) , en la religión
( los sacerdotes son pederastas o corruptores de menores ) , etc., nos
habla de la necesidad de que la población pueda meditar en algú n
momento de su etapa educativa sobre la é tica, sobre la responsabilidad
del cumplimiento de principios que hagan la vida humana digna de
ser vivida. Y es solamente en las clases de é tica, impartida por fil ósofos
en la preparatoria , como se pueden estudiar esas cuestiones cruciales
para la existencia humana.
Por todo ello nos parece del todo injustificado, irracional y propio
de personas no sensibles a las dificultades que sufre nuestra sociedad
haber pensado siquiera en eliminar las disciplinas filosóficas de la

114
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

enseñanza media superior. Se formará n profesionistas aptos para “ apre ¬


tar botones” de má quinas que no podr á n desmontar ni inventar para
que sean las adecuadas para una sociedad más equitativa . Ser á n aut ó ¬
matas al servicio del mejor postor sin ninguna conciencia cr ítica , ni
creadora , ni é tica . Lo peor que le puede acontecer a un pueblo es
formar a su profesionistas como simples ejecutores de órdenes venidas
de los pa íses hegemónicos, que por último y siempre intentan trans¬
ferir hacia el centro las riquezas de las naciones neocoloniales que se
dejan explotar. Es evidente que esos planes de estudios ( la reforma de
la ense ñ anza media superior ) para nuestras instituciones pedagógicas
han sido ideados por los pa íses más desarrollados y dominadores, que
nos “ venden ” esos planes como los más avanzados, cuando en verdad
son proyectos que nos “ desarman ” teóricamente para no poder detec ¬
tar los mecanismos de la indicada transferencia de riqueza.
Eliminar las disciplinas filosóficas de la enseñanza media superior
es traicionar irresponsablemente la posibilidad de tomar conciencia
de los fundamentos de la autodeterminación cr ítica y ética de la tec¬
nología, la econom ía y la pol ítica del pa ís.

115
CARTA A LOS INDIGNADOS

DE UN INMIGRANTE Y UN EXILIADO POLíTICO


LLAMAIX) JOSH Ú A DE NAZARET 1

La filosof ía política nos permite realizar una hermené utica filosófica


de narrativas contenidos en textos religiosos; lo que se llama “ Navidad ”
es una festividad de las culturas del Mediterrá neo y de otros pueblos
en la que se celebraba el 21 de diciembre, el d ía m ás corto del a ño,
porque desde ese d ía el sol habr ía de ir “ creciendo” . Era el solis natak
( nacimiento del sol ). Desde el siglo ui d .C., el cristianismo adoptó esa
fiesta , que no era ni jud ía ni cristiana, y celebró en ese momento el
nacimiento de Josh ú a de Nazaret. Las circunstancias de ese nacimien ¬
to pasan frecuentemente desapercibidas, fetichizadas bajo sentidos
completamente superficiales. Veamos un poco la cuestión.
Se sabe que el emperador romano del momento ordenó efectuar
un censo para poder cobrar los tributos de sus s ú bditos coloniales.
Palestina era una colonia romana. La familia de Joshua , descendien ¬
te de la dinast ía de David , rey del peque ño reino entre Egipto y Me ¬
sopotamia , debi ó ir a Bel é n , lugar del nacimiento y residencia del
indicado reyezuelo.
Como no ten ían recursos; eran inmigrantes pobres, Mar ía debió
dar a luz al ni ño en condiciones de indigencia: “ lo envolvió en pa ña ¬
les y lo acostó en un pesebre , porque no encontraron sitio en la posa ¬
da" ( Lucas , 1 , 7 ) . ¡Pobres inmigrantes entonces! ¡Un latino o mexicano
en el imperio estadunidense! Pronto la situación se agravará .
Y esto porque el monarca colonial colaboracionista del Imperio
Romano, siendo Herodes un usurpador ( como entre nosotros pueden
serlo un Pinochet , un Videla o un Salinas de Gortari ) , no de estirpe
real , al enterarse de que hab ía la posibilidad del nacimiento de un
descendiente de David , temiendo entonces que un d ía le disputara el
poder, ordenó “ matar a todos los niños de dos a ños abajo en Belé n y
sus alrededores” ( Mateo , 2 , 16 ). José tuvo noticia de que “ Herodes
buscaba al ni ño para matarlo. [Por eso] José se levant ó, tom ó al ni ño

1
Publicado en La Jornada , México, 27 de diciembre de 2007, p. 16.

J 16
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

y a su madre de noche Ipropio de un asustado perseguido] , y se fue a


Egipto y se qued ó allí hasta la muerte de Herodes” ( Mateo, 13 14 ) - -
Vemos entonces que la vida de Josh úa se inició en el peligro de la
pobreza , la humillación , la opresión ( nació en un pesebre ) , y no bien
nacido casi lo asesinan ( de no ser por ios buenos informantes que
ten ía José ). ¡Era entonces un perseguido político ! Y léase bien: perse ¬
guido pol í tico y no religioso , porque se intentó asesinarlo porque en la
“ genealog ía de Josh ú a , el Ungido, [estaba indicado que era] descen ¬
diente de David ” ( Mateo, 1 , 1 ).
En uno de mis viajes a Egipto en la década de 1980, en El Cairo
me tocó visitar, en el barrio antiguo copto, una peque ña iglesia en
donde la comunidad bizantina celebra la estad ía de Joshú a en Egipto.
Ese d ía cobré conciencia de que el tal Josh ú a había sido un exilado
polí tico en Egipto, y por ello un inmigrante indefenso. Debo indicar
que esa estad ía en Egipto no le fue a Josh ú a in ú til. En efecto, Josh ú a
debi ó aprender muchas cosas en su estad ía en esa gran civilización
— inmensamente más desarrollada que su peque ña patria palestina .
Entre lo que aprendi ó se cuentan los criterios é ticos universales que

enumera como principios en el Juicio Final ( acontecimiento celebra ¬
do en las tradiciones egipcias y que ten ía a la gran diosa de la justicia
Ma’at por protagonista y que como jueza suprema preguntaba al muer¬
to, que ped ía la resurrección , qu é hab ía hecho de bueno en su exis ¬
tencia; a lo que el muerto respond ía: “ Di pan al hambriento, agua al
sediento, vestido al desnudo y una barca al peregrino” ( Cap ítulo 125
del Libro de los muertos de Egipto, que Josh úa reproduce en Mateo , 25 ,
enunciado mucho m á s completo que los sugeridos por Isa ías ) .
Lo cierto es que aquella familia de exiliados pol íticos e indefensos
inmigrantes cuando tuvieron información de que “ murió Herodes [...
José] se levantó, tomó al niño y a su madre y entró en Israel ” ( Mateo ,
2 , 21 ). Pero , como toda familia de exiliados pol íticos, “ tuvo miedo de
ir allá ” , y esro porque “ Arqu éalo reinaba en Judea como sucesor de su
padre Herodes” . Fue por eso que prefirió estar lejos de Jerusalén, don ¬
de los servicios de inteligencia de la época eran menos activos y por
-
ello “ ser retiró a Galilea ” ( Mateo , 22 23 ).

777
CARTA A LOS INDIGNADOS

Pero esto no es todo. Al final de su vida , aquel laico ( porque Josh úa


nunca fue sacerdote, y celebró cultos propios de todo padre de familia ,
como el hagadá , la llamada “ ú ltima cena ” ) enderezó su cr ítica en primer
lugar contra la corrupción de la religión de su pueblo ( “ toda cr ítica co ¬
mienza por la crítica a la religión” , dirá siglos después un descendien¬
te jud ío alem á n ) , ya que entrando al templo de Jerusalé n volcó las
mesas de los cambistas y los puestos de los que vend ían palomas, di -
ciéndoles: “ Mi casa será casa de oración , pero ustedes la han conver ¬
tido en cueva de ladrones” ( Mateo , 21, 13 ) , claro que , al menos, no
debió criticarlos por protectores de pederastas. Podemos decir, obje¬
tivamente , que Josh úa era anticlerical , cuando el sacerdocio se ha bu -
rocratizado y transformado en cómplice pol ítico del poder, este mismo
tambié n fetichizado.
Aquel mesías ( en el significado de Walter Benjamin ) profético ( no
davídico o político) vivió toda su vida desde la experiencia “ del tiem¬
po que resta ” ( en el sentido de Giorgio Agamben ), como alguien con
tal responsabilidad por los pobres y las v íctimas que en poco valoraba
salvar su vida , que estaba empeñado en la lucha contra la injusticia y
el dominio de los poderosos ( del templo, de la patria colonial y del
Imperio ) . Por eso, al final, fue acusado de “ rebelar al pueblo” ( “ rebela
al pueblo con su enseñ anza ” , Lucas 23, 5 ) contra el rey palestino He ¬
redes, el hijo, y el mismo Imperio Romano. Al final es crucificado ( la
cruz era la silla eléctrica política de aquella é poca ) . La cruz era la con ¬
dena pol ítica contra los terroristas que se levantaban contra la ley
sagrada del Imperio. Esa acusación era nuevamente una acusación
política , no religiosa ( porque Pilatos no la hubiera aceptado o no le
hubiera dado importancia de haber sido solamente una acusación
religiosa ) .
Por ello, el exiliado político en Egipto terminó asesinado bajo la
acusación de rebelión política , y con un cartel sobre su cruz , nueva ¬
mente, que nada indicaba de religioso: “ Josh ú a de Nazaret , rey de los
jud íos” ( Mateo , 27 , 38 ) , t ítulo político y no religioso que el mismo
— —
Joshúa aceptó ( “ ¿ Eres t ú el rey de los jud íos ? [... ] Tú lo estás di¬

ciendo respondió Josh úa ” ; Mateo , 11 ) . Lo que más molestó a los

118
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

traidores pol íticos y religiosos coloniales jud íos, y al soldado del Im¬
perio, era la prédica profético política de Joshúa que daba fundamento
a los pobres y humillados para sus luchas contra la dominación , esos
explotados se transformaban en actores de la historia desde el postu ¬
lado de un reino de justicia fraterno. ¡Lo cierto es que dicho postula ¬
do terminará por transformar desde abajo a todo el Imperio Romano,
y a otros posteriormente!
Navidad es una extraña festividad absolutamente fetichizada e
invertida en su sentido fuerte, pol ítico, profé tico, crítico. ¡El mercado
y las complicidades de los políticos, de los cristianos y sus jerarcas la
han desvirtuado!

119
CARTA A LOS INDIGNADOS

SOBERAN íA, ESTADO Y PETRóLEO 1

Se trata de reflexionar sobre tres conceptos que se usan en los debates


actuales y que ser ía bueno aclarar, relacionar y sacar alguna conse ¬
cuencia pr áctica.
1 . La soberanía. Es sabido de Jean Bodin ( 1530 1596) trata el tema
-
en su obra Los seis libros sobre la República , en el que otorga sólo a la
persona del príncipe o rey el “ poder soberano” ( poutssance souveraine ).
Bodin sab ía que en el “ estado de Venecia ” se depositaba la soberan ía
en el “ Consejo mayor” de los patricios, y por ello era una aristocracia.
-
Para Bartolomé de las Casas ( 1484 1566 ) , al referirse a Per ú y a las
encomiendas de indios ( en su obra De regia poiestate , 1546 ) , el poder
de autodeterminación pertenecía sólo al pueblo, ya que escribía ex ¬
pl ícitamente que una decisión del rey sin el “ consenso del pueblo”
( consen.su populi ) no ten ía “ legitimidad ” ( legitime ), porque ser ía “ infe ¬
rir perjuicio a la libertad ( libertan ) del pueblo” .2
El concepto de soberanía sufrió entonces una evolución en cuanto
a su referente . Al comienzo los ú nicos soberanos eran los dioses, que
dictaban las leyes de la comunidad. Después lentamente los dioses
dieron esta potestad delegada a los reyes , como lo vemos en el C ódigo
de Hammurabi en Mesopotamia ( en el siglo xvm a .C ). En la repú blica
romana la soberanía la tenía el Senado, una oligarqu ía min úscula. El
proceso hist órico terminará por comprender que la soberan ía perte ¬
nece sólo a toda la comunidad pol í tica , al pueblo. Es el pueblo el
único soberano, primera y ú ltima instancia de autodeterminación en
la creación de todas las instituciones ( gracias al poder instituyente
diría Cornelius Castoriadis ) , en la promulgación de una constitución
( gracias al poder constituyente , descrito entre otros por Carl Schmitt ) ,
en el dictado de las leyes o en la toma de decisiones fundamentales de
la pol ítica ( desde la elección de los representantes hasta los compro¬
misos trascendentales en los que se usan recursos excepcionales tales

1
Publicado en La Jornada , México, 3 de junio de 2008, p. 14.
1 Véase Política de la liberación , Madrid, Trotra, 2007, § 6.4.

120
MI . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

como la consulta popular, el referé ndum o el plebiscito ). En todos los


casos la sede ú ltima del ejercicio del poder es la soberanía popular .
2 . El Estado. Al ser el Estado el macrosistema institucional de la
sociedad pol ítica, creación de la soberanía popular, no puede decirse de
manera estricta que “ el Estado es soberano” . El soberano es el pueblo,
y el Estado es una institución a su servicio. Y como toda institución
es una mediaci ón para el ejercicio delegado de! poder soberano del
pueblo. El Estado, en el mejor de los casos , podr ía decirse que ejerce
delegadamente la soberan ía popular, pero no en nombre propio, sino
en el del pueblo. Arrogarse el Estado el poder de ejercer la soberan ía
en nombre propio ( en aquello tan repetido de que “ el estado es sobera ¬
no” , que podr ía aceptarse en un sentido amplio ) es lo que se denomina
fetichismo del poder.1 El poder político, que reside sólo en el pueblo, y
que tiene al pueblo como su ú nica sede inalienable , cuando se atribu ¬
ye a una instituci ón , es decir, cuando el que ejerce delegadamente el
poder pretende cumplirlo en nombre propio ( y no como representan ¬
te ) se produce la inversión de su sentido en cuanto oculta la verdade ¬
ra fuente del poder. Una pura apariencia , un fenómeno tapa la esencia.
Es un fetiche. Es un “ dios hecho con las manos de los hombres” ( como
indica Marx citando un texto semita ). Esta inversión es la corrupción
suprema de la pol ítica. El pol ítico cree ahora ser el soberano, porque
pretende tener “ el monopolio del poder” . Ha usurpado un lugar que
no le pertenece: ser la sede del poder soberano , que sólo ostenta el
pueblo como un todo.
3. El petróleo . Los bienes existentes dentro de los l ímites del terri ¬
torio en el cual se ejerce la soberan ía del pueblo a través de las insti ¬
tuciones creadas para su servicio son patrimonio de la comunidad
política en su conjunto. Aquellas que quedan bajo el régimen de pro¬
piedad com ú n, administradas por el Estado, son bienes pú blicos. El
petróleo, como las riquezas del subsuelo, el agua , la electricidad , etc.
son igualmente pú blicos en México.

’ Véase la tesis seis de ini obrita Veinte texis Je política , México, Siglo XXI , 2006.
121
CARTA A IOS INDIGNADOS

El petróleo es un producto orgánico, fruto de millones de a ños de


vida sobre la Tierra. Es una de las sustancias más valiosas del planeta
por sus m ú ltiples usos, y es no renovable. En primer lugar, simplemen ¬
te quemarlo es un crimen , y las generaciones futuras nos lo deman ¬
dar á n . Aniquilarlo por combustión es como echar a la hoguera
diamantes, oro o billetes de banco vigentes. Por ello, en segundo lugar,
ser ía racional extraerlo en la menor medida posible , conservarlo en
su mayor cantidad, y sólo consumirlo cuando se haya cumplido con
-
una exigencia ético política: en tanto se hayan inventado y se puedan
usar sustitutos energéticos en igual cantidad procedentes de medios
renovables. En tercer lugar, vender petróleo en bruto es igualmente
irracional . Habr ía que procesar y comercializar ú nicamente productos
del petróleo con valor agregado ( pl ásticos, aceites, gasolina , etc. ).
Pueblos completamente subdesarrollados venden la pura materia pri ¬
ma . M é xico no deber ía soportar ser insultado por su falta de inteli ¬
gencia , de tecnología y de planificación al vender un litro de petró leo
en bruto.
Pero, y en cuarto lugar, a ú n es más irracional y falto de é tica ( lo
que indica la corrupción de los gobernantes ) conceder la propiedad
del petróleo mismo como pago de servicios a recibir. Como si no pu ¬
dieran pagarse los mejores servicios t écnicos del mundo con el dinero
obtenido con la venta de los productos elaborados con el petróleo
mismo. No hay ninguna necesidad de alienar la propiedad del petró ¬
leo. ¡ Es de sentido com ú n!
Esta suma de decisiones irracionales sólo puede explicarse por el
interés egoísta que no guarda ninguna relación con la justicia ni con
la é tica por parte de los gobernantes. Es simplemente corrupción po ¬
l ítica, porque los que ejercen el poder institucional (senadores, dipu ¬
tados , presidente, gobernadores, etc.), han olvidado que no son la sede
del poder político , sino simples representantes que ejercen un poder
delegado en nombre de la soberan ía popular. Olvid ándolo, piensan que
pueden decidir todo a espaldas del pueblo. Por el contrario, una “ con ¬
sulta popular” se justifica plenamente en tan importante asunto. Pero
no lo desean , porque se les desarmar ía “ todo el juego” . Si no estuvie-

122
111. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

ran corrompidas las instituciones ( entre ellas el Poder Legislativo )


recordar ían que el Estado posee s ólo un ejercido delegado , no siendo en
sentido estricto soberano , y por ello deber ía comprender la necesidad
de esa “ consulta al soberano” .
-
Pero la corrupción no es sólo pol ítica, sino que es ético subjetiva .
El ejercicio fetichista del poder los inclina tambié n al desorden sub ¬
jetivo, al amor a la riqueza que se llamaba usura , a la apropiación
indebida de los bienes del pueblo que se distribuyen a discreción ile ¬
galmente entre los “ amigos” ( de adentro del pa ís y de afuera, porque
al fin la burgues ía es mundial ) .
Ser ía bueno llamar a una cierta cordura , a imponerse un cierto
l ímite de la simple honestidad ciudadana , y pedir que se “ consulte al
pueblo” en esta situación tan grave. De lo contrario el pueblo tendrá
derecho a entrar en acción . Es un “ derecho absoluto” , porque a la
injusticia del “ Estado de derecho” no se le opone sólo el “ Estado de
excepción ” , sino fundamentalmente el “ Estado de rebelión ” , que cla ¬
ma al final: “ ¡Qué se vayan todos!”

123
CARTA A LOS INDIGNADOS

5 DE MAYO DE 1818: NACE KARL MARX 1

Karl Heinrich 2 Marx nace el 5 de mayo de 1818 ' en Trier ( Treveris, la


capital del Impero de Carlomagno, fundada por los romanos, de los
cuales se guardan con predilección las antiguas ruinas de la ciudad
antigua desde hace 2000 años ) , en una casa de dos pisos con un patio
interior todav ía existente ( y que se sit ú a hoy en la calle Karl Marx de
la indicada ciudad ) , propia de una familia de la peque ña burgues ía
prusiana . Su padre , Heinrich Marx , abogado de formación y burócra ¬
ta del Estado luterano, de antigua familia jud ía ( el abuelo de Marx fue
el rabino de Trier, lo mismo que un hermano menor de su padre ) , era
un ilustrado, que se casó con Henriette Pressburg ( igualmente de una
familia de rabinos holandeses durante siglos ) . El 24 de agosto de 1824
se bautiza luterano, obligación que su padre ( burócrata prusiano ) , de ¬
bió realizar bajo presión. Su madre permaneció jud ía hasta su muerte.
El joven Marx estudi ó la preparatoria en el colegio Spee, en me¬
moria de un famoso jesuita progresista y cr ítico pol ítico de comienzos
del siglo XIX. En 1835 pasa su examen de bachillerato manifestando
ya profundas convicciones é ticas. En su “ examen de alemá n ” , contra
Immanuel Kant, expresa que “ la virtud no es el engendro de una dura
doctrina del deber” , por el contrario, la ética exige al ser humano ser
feliz y “ el ser humano más feliz es el que ha sabido hacer felices a los
más” . Por ello, la ética ense ña “ que el ideal al que todos aspiran es
ofrecerse en sacrificio por la humanidad ” . ¡Y ten ía Marx só lo dieci ¬
siete a ñ os!

1
Publicado en La Jornada , Mé xico, 4 de mayo de 200b, p. 15.
¡
Una peque ña anécdota. Mi bisabuelo, Johannes Kaspar Dussel. un ebanista
emigrante socialista alemá n en Buenos Aires, en 1870 puso a su primer hijo el nombre
de Carlos ( Karl ), y a su segundo hijo, mi abuelo, Enrique ( Heinrich ). Los primogé ¬
nitos nos llamamos, después y por esta causa , “ Enrique” , adoptando así el segundo
nombre de Marx .
5
Desde el miércoles 7 de mayo a las 12 horas se comenzará un ciclo de conferen ¬
cias de tres d ías en el Auditorio Antonio Caso ( junto a la Torre 11 de Humanidades )
de la UNAM, consagrado a recordar este 120 aniversario ( vé ase el programa de este
ciclo en la portada de la pá gina electró nica de la UNAM < vvww.unam.mx>).

124
111. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

Estudió derecho en la é poca todav ía de gran brillo de Berl ín , poco


después de la muerte de Hegel . En 1841 , en el mismo a ño en que
Schelling criticó frontalmente a este gran filósofo ( en presencia de más
de quinientos estudiantes, entre los que estaban Kierkegaard , Engels,
Feuerbach, Savigny y tantos otros ) , Marx presentaba su tesis doctoral ,
pero en filosof ía ( y no en derecho ) en la Universidad de Jena. En ella
habla del dios fenicio: “ ¿ No ha reinado el antiguo Moloch ? ” A ños
después, en 1855, expresará todav ía que "es sabido que los se ñores de
Tiro y Cartago no aplacaban la cólera de los dioses sino sacrificándoles...
niños pobres comprados para arrojarlos a los brazos ígneos de Moloch ” .
Cinco a ños antes le escrib ía una carta a Engels comunicá ndole la
muerte de su hijo Enrique Guido, muerto antes de un a ño de edad en
su pobr ísimo y fr ío departamento de dos habitaciones en Londres: “ El
pobre ni ño ha sido un sacrificio a la misére burguesa ” .
Marx pasará en 1842 a la cr ítica política, todavía desde la religión ,
bajo la temá tica del fetichismo. Como el fundamento del Estado para
Hegel era la religión luterana del emperador prusiano, había que co¬
menzar con la cr ítica del fundamento ( la religión ) para criticar el
Estado ( la pol ítica ) . Se trata de la cr ítica de la cristiandad , como la
denominará Kierkegaard . Es decir, el cristianismo se había confundi ¬
do desde Constantino, en el siglo iv, con el Imperio. Por ello Marx
indicará ( en el n ú mero 179 de la Gaceta de Cobnia ) : “ Ustedes quieren
un Estado cristiano... Lean la obra de San Agust ín De civitate Dei y de
los dem ás padres de la iglesia... y vuelvan y dígannos cuá l es ese Esta -
do cristiano” . La cr í tica pol ítica sabe que no puede haber, ni para los
cristianos, un Estado cristiano.
En 1843 pasa de la cr ítica religiosa de la pol ítica a la econom ía
pol ítica. En La cuestión jud ía se pregunta, como buen jud ío ( porque
siempre se autointerpret ó como jud ío ), pero siguiendo la tradición de
los profetas que supieron criticar a su propio pueblo: “ ¿Cuá l es el cul ¬
to mundano que el jud ío practica ? La usura. ¿Cu á l su dios mundano ?

El dinero” es decir, Mamón , Moloch .
En su exilio en Par ís, ahora sí y por primera vez. Marx se lanza al
estudio de la econom ía pol ítica. Descubre que la fundamentaci ó n

125
CARTA A LOS INDIGNADOS

ú ltima de la acción pol ítica es material, si por “ materia ” se entiende


el “ contenido” de toda praxis cuya referencia es siempre la afirmación
y reproducción de la vida humana . Le tocará todav ía huir a Bruselas;
escribir la obra maestra de política y econom ía que aclara la “ l ínea ”
estratégica para los movimientos llamados “ comunistas” dentro de los
sindicatos y nacientes partidos pol íticos obreros de Europa . Lo de
“ partido” del “ Manifiesto del partido comunista” no debe entenderse
en el sentido actual; se trata en cambio de las orientaciones práctico -
estratégicas de las “ corrientes” comunistas de esos sindicatos y partidos.
En 1849 se encuentra Marx definitivamente en Londres, tras haber
sido expulsado ahora de Bruselas. All í permanecer á , a excepción de
cortos periodos en Alemania , hasta su muerte. Será tiempo de inten ¬
so trabajo intelectual en la mejor biblioteca económica de Europa , la
del Museo Brit á nico. All í diariamente llenará más de 120 cuadernos
de apuntes, escribirá cientos y cientos de cartas, cientos de artículos,
algunos pocos libros y millares de hojas manuscritas que todav ía no
terminan de editarse. Sin embargo, todo ese gigantesco trabajo culmi ¬
nó en un tomo de una obra inconclusa y publicada en 1867: El capital .
Fue , y sigue siendo, la cr ítica más articulada del sistema capitalista ,
donde se demuestra la imposibilidad de ese sistema en el largo plazo,
por ser destructor de la vida en la naturaleza y de la humanidad . Ante
los efectos negativos crecientes de hoy, en gran parte irreversibles del
capitalismo en su fase neoliberal , su libro retoma, crece, vuelve a re ¬
conocerse como una de las obras clásicas de la historia de la humanidad .
El mismo Marx manifestó el sentido ético de su obra cuando escri ¬
bió: “ Todo el tiempo que pod ía consagrar al trabajo debí reservarlo a
mi obra , a la cual he sacrificado mi salud , mi alegr ía de vivir y mi fami ¬
— —
lia escribía el 30 de abril de 1867 . Si fuéramos animales podríamos
naturalmente dar la espalda a los sufrimientos de la humanidad para
ocuparnos de nuestro propio pellejo. Pero me hubiera considerado
poco práctico de haber muerto sin al menos haber terminado el ma ¬
nuscrito de mi libro” .
Desde su juventud ( “ hacer felices a los más” ) hasta su muerte ( evi ¬
tar “ los sufrimientos de la humanidad ” ) Marx pensó lo mismo. Es

126
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

decir, que hab ía que luchar para que los sistemas de injusticia fueran
superados en un “ reino de la libertad ” , del pleno desarrollo de las
capacidades creativas, aun estéticas, del ser humano. El sufrimiento
de los oprimidos hab ía que negarlo y transformarlo, en un nuevo sis -
tema , en felicidad .

127
CARTA A LOS INDIGNADOS

MEDIOCKACíA Y HERMENEúTICA

Hermené utica en griego significa “ interpretación ” . En pol ítica la in¬


terpretación del sentido de la acción de un pol ítico o una obra del
mismo permite formarse una opinión sobre dicho actor. La opinión
llega a concluir que es una acción justa , una institución necesaria , un
personaje honesto, o lo contrario. Gracias a esa interpretación el ciu ¬
dadano puede tomar sus decisiones de elegir o no a un candidato, de
aprobar o desaprobar una acci ón política o la obra de un gobernante.
En la tradición pol ítica dicho juicio interpretativo pol ítico se llamaba
la “ opinión p ú blica ” .
A finales del siglo xviil tambié n en M éxico surgieron gacetas, pe ¬
queñ os periódicos y diarios donde dicha “ opinión p ú blica” enfrenta ¬
ba a las monarqu ías absolutas en nombre de la burgues ía creciente , y
gracias a ello se formuló el derecho a la “ libertad de prensa” . El movi ¬
miento obrero usó tambié n de inmediato ese medio para luchar por
sus justos intereses. Dicho derecho a la libertad expresaba un momen ¬
to central de la naciente democracia burguesa que enfrentaba al Es ¬
tado , que con frecuencia ejerc ía el poder de manera despó tica . La
“ libertad de prensa ” era una garantía de los derechos ciudadanos.
Hoy la situació n se ha invertido . Al estar los medios de comuni ¬
cació n ( televisión , radio, prensa ) en gran medida en manos de capi ¬
tales privados o de transnacionales de la comunicación , para las
cuales el objetivo de los medios es el "divertimento” ( el pan y circo
para un pueblo romano en tiempos del Imperio ) , y no la “ educaci ón” ,
porque el contenido de la comunicación no se considera un medio de
cultura, sino una mercancía que se vende al mejor postor. En realidad ,
la gran televisión vende tiempo de programas en su mayor ía superfi ¬
ciales y fetichizados que son pagados como propaganda por los capi ¬
tales en competencia para informar o formar la opini ón de los
compradores en el amplio mercado que abren dichos medios de co¬
municación . De manera que éstos han dejado de ser expresión de la
“ opinión pú blica” ( y mucho menos política ) , para transformarse en
/armadores o conformadores de la “ opinión pú blica” , pero no como
12H
ill MEDITACIONES DKSDBCOYUNTURAS POL Í TICAS

una comunidad pol ítica , sino como una pluralidad de compradores,


es decir, un mercado.
En otro tiempo el ciudadano enfrentaba al Estado gracias a la “ liber
tad de prensa ” . Ahora la “ libertad de los medios de comunicació n ”
-
ataca a la “ opinión pú blica” ( como mercado ) conformando sus juicios,
sus interpretaciones , sus gustos por los productos del mercado de los ca ¬
pitales que pueden pagar la propaganda (en la que consisten los progra ¬
mas de televisión , radio, etc . ) . ¿ Y quié n defiende ahora al ciudadano, a
la comunidad, al pueblo ? ¿Quié n expresa la opinión de los ciudadanos ?
Pero la situación empeora cuando los medios de comunicación
comprenden que para mejorar su negocio necesitan ayuda de los go¬
biernos. Los medios se lanzan a la obtención del poder pol ítico como
un medio para asegurar el monopolio ( ante otros competidores, como
los medios alternativos, las universidades, etc. ) para aumentar sus
ganancias. As í nace la mediocracia ( el poder pol ítico de los medios ),
que en vez de enfrentar al Estado en nombre de los ciudadanos, en ¬
frenta ahora a los ciudadanos ( como mercado ) con la complicidad del
Estado ( cuando el gobierno no representa a los ciudadanos, sino a las
elites pol íticas en complicidad con el gran capital ).
¿Qu é pueden ofrecer los medios a los pol í ticos corruptos ? Pueden

ofrecer, nada menos, que la posibilidad de formar o coníonnar la “ opinión


p ú blica ” ( que de política es tratada como mercadoj . La mercadotecnia
-
que impone a la Coca Cola sobre la Pepsi-Cola puede igualmente im ¬
poner un partido sobre otro, un candidato sobre otro, piensan ellos.
Como la pol ítica , en ú ltima instancia , es interpretación ( hermenéu¬
tica ) de los hechos, de las acciones, de las personas , de las instituciones
pol íticas, es decir, son juicios de valor pol íticos, quien gana la interpret
tación de la realidad triunfa en pol ítica. Si se logra relacionar la imagen
de un candidato, y es muy f ácil y frecuente hacerlo, con otra imagen
autoritaria , con un acto de corrupción , con lo demagógico, etc. ( sim ¬
plemente colocando su imagen junto a otras im ágenes, sin que sea
necesario agregarle ninguna expresi ón verbal que habr ía que probar ) ,
al final receptor, televidente, pú blico ( mercado pol ítico ) se forma por
contigü idad , por semejanza o causalidad ( dir ía David Hume ) un juicio

129
CARTA A LOS INDIGNADOS

de valor negativo sobre tal persona . Las imágenes culpabilizan sin


necesidad de probar el juicio de valor subyacente. Así, los medios se
transforman en mediocracia , porque constituyen el juicio de los ciu ¬
dadanos sobre todos los eventos pol íticos.
Cuando la mediocracia es además monopólica en el proceso her-
menéutico pol ítico, se transforma en un superpoder que controla to¬
dos los poderes. Cuando el Estado le concede ese monopolio para
garantizar que dicho superpoder se use para cumplir con fines de una
elite en el poder, no sólo se corrompe el Estado, sino que igualmente
se pervierten los medios de comunicación. Lo peor es que el ciudada ¬
no ya no goza de los beneficios de la “ libertad de prensa” , tan justa y
necesaria , sino que ésta se usa en su contra.
Por ello nace ante nuestros ojos un nuevo derecho y hay que luchar
por su reconocimiento. Lo denominaré “ el derecho a la información
veraz” . Es decir, el ciudadano, la comunidad pol ítica , el pueblo, tiene
derecho a ser “ bien informado” . Tiene derecho a tener diversas fuen ¬
tes de informaci ón sin monopolios de algunas transnacionales del
negocio de la comunicación. Tiene derecho a tener medios de comu ¬
nicación alternativos que se propongan la finalidad ética , honesta y
justa de la comunicació n: la educación del pueblo, con programas
atractivos y de excelente nivel, con debates de altura, con intervención
de las universidades en su programaci ón ( como las televisiones en
Alemania , Francia e Inglaterra, donde los medios de comunicación
son mayoritariamente pú blicos, donde la propaganda es m ínima , don ¬
de la información de los partidos pol íticos es proporcional, en horas
estelares y gratuita ) .
Entregar la tarea de la interpretación pol ítica a la mediocracia en
manos de corporaciones cuya finalidad es el lucro, es el suicidio pol í ¬
tico y cultural de un Estado, de un pueblo. ¡Los que por objetivos de
corto plazo propagand ístico entregan a la mediocracia el monopolio
de la educació n del pueblo y el manejo de la interpretación del acon ¬
tecer político de un pa ís, adem ás de inmorales, son corruptos, y no
podrá n esperar que las generaciones futuras recuerden sus nombres
honorablemente!

130
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLITICAS

ESTADO DE DERECHO, ESTADO DE EXCEPCIóN ,


ESTADO DE REBELIóN 1

Se habla mucho del “ Estado de derecho” . En efecto, un régimen po ¬


l ítico sin “ Estado de derecho” volver ía al estado de barbarie. Desde
los códices mesopot á micos , confeccionados hace m ás de cuarenta
siglos, los conflictos entre los miembros de un sistema pol ítico se han
resuelto por intermedio de los jueces, y no con el “ ojo por ojo, diente
por diente” o mediante linchamientos. Si se tiene un sistema de de ¬
recho que goce de legitimidad , un cuerpo de jueces justos, puede acep ¬
tarse que las instituciones pol íticas acordadas tengan derecho al
monopolio de la coacción . En México, prácticamente no ha existido
un “ Estado de derecho" hasta el presente que goce de legitimidad
suficiente; en la é poca colonial porque lo ejerc ían unilateralmente los
espa ñoles, durante el siglo XIX por la inestabilidad reinante y después
de la Revolución por el corporativ ísimo, que puede fácilmente decla ¬
rar inocente al rico o al que tiene “ relaciones” y deja que se pudra en
la cá rcel un ind ígena que ha robado un pollo. Hemos visto banqueros
que se apropiaron de miles de millones y no fueron inculpados.
Carl Schmitt, cr ítico del sistema liberal muestra , y con razón, que
el “ Estado de derecho” , fundado en instituciones pol íticas vigentes,
no es razón ú ltima de la política. Para ello echa mano de un ejemplo:
el “ Estado de excepción". La dictadura romana era una institución que
en situaciones muy graves ( el ataque por ejemplo de Cartago ) nom ¬
braba a un ciudadano para defender a la patria, decretando el suspen¬
so de todas las instituciones normales para unificar el mando en las
manos del dictador. Una vez terminada la crisis, el dictador renun ¬
ciaba y la normalidad retornaba a sus cauces. Giorgio Agamben ha
estudiado con originalidad esta figura pol ítica. Con ello Schmitt mos¬
traba que detr ás del Estado de derecho hab ía una voluntad pol ítica
que pod ía instaurar la anulación temporaria de tal estado. De la mis¬
ma manera Fernando de la R ú a en Argentina , en diciembre de 2001,

1
Publicado en La Jornada, Mé xico, 6 de noviembre de 2006, p. 28.

131
CARTA A LOS INDIGNADOS

decretó un “ Estado de excepció n ” para paralizar los movimientos


populares.
Pero aconteció que el pueblo argentino, en vez de acatar dicha
decisión presidencial , salió a las calles en lo que pudié ramos llamar
“ Estado de rebelión ” . No sólo dejó sin efecto el “ Estado de derecho”
y el “ Estado de excepción ” , sino que destituyó de hecho al mismo
presidente, que fue reemplazado d ías despu és . La pregunta es: ¿ Qu é
sentido tiene ese “ Estado de rebeli ó n ” .7 ¿Qu é sentido tiene que la
multitud exclamara: “ ¡Que se vayan todos!” , sabiendo que los buró¬
cratas pol íticos, aunque estén corrompidos, son necesarios e inevita ¬
bles .7 ¿ Nos está ense ñando esta situación l ímite algo ? Creo que sí, e
intentaré pensar el tema.
La premisa enuncia que todo poder pol ítico reside exclusivamente

en la comunidad pol ítica, en el pueblo tesis dos de mi obrita Veinte
tesis de política— . La comunidad pol ítica , el pueblo, es la primera y
ú ltima instancia del poder. Pero la comunidad pol ítica o el pueblo
debe darse instituciones sin las cuales no puede operar. Toda institución
es el lugar del ejercicio delegado del poder del pueblo. Cuando la ins ¬

tituci ón pol ítica presidencia , congreso, jueces, burocracia estatal ,

policías, etc. se arroga ser sede del poder, hemos ca ído en alg ú n tipo
de fetichismo del poder, de corrupci ón , de injusticia . La estructura
toral del Estado no es soberana: el ú nico soberano es la comunidad
pol ítica o el pueblo.
Incluso Francisco Suá rez, aquel jesu í ta profesor de Salamanca y
Coimbra a finales del siglo XVI y comienzos del XVII , quien conside ¬
raba la democracia como un sistema natural ( preinstitucional ), ten ía
claro que la entrega del poder delegadamente a la autoridad ( y al
mismo rey, previo contrato revocable ) no era total , sino que se recu ¬
peraba el poder cuando la autoridad hac ía mal uso del mismo. Hasta
Tomás de Aquino admite el tiranicidio ( asesinato del tirano ), cuan ¬
do se ha tornado un peligro para el pueblo que lo hab ía elegido. La
elección , como instrumento secundario de la democracia ( ya que la
democracia es mucho más que una mera elecció n de una autoridad
una vez cada varios a ños, y en su esencia es un principio normativo

132
m. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

y no un mecanismo electoral ) , es perfectamente revocable en toda la


tradición del derecho.
Hay pol íticos que , seg ú n su conveniencia, decretan la sacralidad
de una elección política de un representante en el ejercicio delegado
del poder en una institución que , por otra parte, la tetichiza igualmen ¬
te al olvidar que puede ser transformada o eliminada por la misma
comunidad política o el pueblo que la creó en el pasado. La instancia
ú ltima es la voluntad del pueblo y no una elección ( una persona ) o una
institución ( creada para el servicio del mismo pueblo ) . Esa voluntad ,
cuando tiene convicción subjetiva de haber podido decidir algo con
participación igualitaria , otorga legitimidad a la institución v al ele ¬
gido para ejercer delegadamente la función acordada. Por eso la elección
de 1988 no fue legítima, y al no haberse contado los votos ante la duda ,
esa duda planeará sobre la de 2006, siempre ante la conciencia de los
ciudadanos exigentes . Pero ese mismo pueblo, que sufre injusticias
econ ó micas y humillaciones pol íticas de tantas instituciones ( por
ejemplo, de jueces que se asignan a s í mismos bonos millonarios, que
por sentido com ú n es una injusticia a la vista de todos, aunque no sea
ilegal , porque las leyes pueden ser injustas; o de un gobernante que se
la pasa haciendo propaganda de pretendidos actos de gobierno como
-
si lucra publicidad de Coca Cola , en vez de gastar ese dinero en cosas
ú tiles ) o un gobernante electo ( que manda asesinar a miembros de su
propio pueblo ) , ese mismo pueblo tiene todo el derecho de recordar
a los que ejercen delegadamente el poder en las instituciones quié n
es la ú ltima instancia del poder, y de gritar : “ ¡Que se vayan todos!”
Ese grito expresa una contradicción : por una parte , a ) deber ían irse
todos, pero, de todas maneras, b ) necesitaremos otros que, al no darse
las condiciones necesarias, repetirá n las injusticias pasadas. As í, el
significado es otro: “ ¡No olviden que es la comunidad , el pueblo, la
ú ltima instancia del poder!” , y por eso tenemos el derecho a deponer¬
los. Ese hacerse presente en las calles, como en Oaxaca, es lo que
denominamos “ Estado de rebelión” . El pueblo muestra su rostro su ¬
friente , hambriento, humillado y declara ser la sede última del poder.
Las instituciones corrompidas, los gobierno ileg í timos corren a cubrir

lid
CARTA A LOS INDIGNADOS

ese rostro con las máscaras de orden, en nombre del “ Estado de dere ¬
cho” , olvidando que hace tiempo que el tal estado ha sido negado por
los que dicen defenderlo.
En América Latina , y muy especialmente en México, un fantasma
recorre el continente: son los pueblos, los pobres, los marginados , los
humillados durante siglos los que se van poniendo de pie en un “ Es ¬
tado de rebelión ” que manifiesta un proceso profundo de movimien ¬
tos sociales que nos deparar á n grandes sorpresas. Los que piensan
detenerlos con represión , policías, contrainsurgencia sin preguntarse
por las causas profundas les pasará lo que está sufriendo George W.
Bush , que atacó al terrorismo militarmente en Irak y le ha “ estallado
el petardo en la mano” . En vez de ir a las causas de las injusticias qui ¬
so asesinar a los que se resist ían , surgiendo muchos miles en su lugar
y con mayor fuerza.

134
111. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

LA POLÍTICA - ESPECTÁ CULO: LO POPULISTA Y LO POPULAR 1

- -
El Estado espectáculo ( o democrá tico espectacular ) constituye
la etapa extrema en la evolución de la forma Estado
Giorgio Agamben 2
I
-
La “ pol ítica espect áculo" define al ciudadano como espectador mer¬ -
cado, pasivo, consumidor, expectante ante la “ mercancía pol ítica”
bien empaquetada. Todo es virtual , como la imagen, como el objeto
-
ficticio que se crea por la propaganda.
El hambre real es una ilusión , porque no aparece en la imagen;
sentir hambre no es del orden de lo representable ( Richard Rorty ) y,
además, el que dice sentir hambre enuncia un error, porque se refiere
a algo que no es del orden de lo que la imagen propone. La Coca cola , -
“ chispa de la vida ” segú n la publicidad , es para los solventes que sacian
fácilmente su hambre; sólo tienen sed , pero no la sed del que no tiene
agua por estar en la pobreza o por estar en el desierto perseguido por
la “ migra ” ; no es la sed de los que est á n fuera del circuito del mercado.
-
Para la “ pol ítica espectáculo” las encuestas de opinión pú blica son
convenientes porque manifiestan la medición domesticada ( por la
-
propaganda ) del espectador mercado. Quien logra mejor lugar en di ¬
cha estad ística mercadot écnica y mayores porcentajes que el que en¬
juicia desde el poder, o quien tiene mayor popularidad que el
-
pol ítico espectáculo, es criticado como “ populista ” . Es decir, como
mejor publicista alcanzó mayor porcentaje , porque , en el fondo, sien ¬
-
do la propaganda para el pol ítico espectáculo una manipulación del
deseo del espectador, lo considera ( al que tiene mejor porcentaje )
como alguien que tiene menos escr ú pulos que el mismo pol ítico es ¬ -
pect áculo. De otra manera, es un “ populista ” . Es un hablador virtual
que propone demasiado. Es un propagandista que ha pasado los l ími ¬
tes responsables del oficio y promete lo imposible.

1
Publicado en La Jornada , M éxico, 20 de septiembre de 2004, p. 21.
2
G. Agamben , Moyen saris /tris. Notes sur la politique , París, Payot, 2001, p. 97.

135
CARTA A LOS INDIGNADOS

-
El “ populista ” , para el pol ítico espectáculo, en la relación gober¬
-
nante gobernado como propaganda, es el falsario mayor, el que habla
sobre lo que habr ía que guardar silencio, y por ello es, deslealmente
(segú n las reglas formales del mercado ) , el más apreciado por el espec ¬
tador. Promete más de lo que debe prometer, por ejemplo, intentar
saciar el hambre de las mayorías.

II
Ahora nos preguntamos esc é pticos: ¡Y si , adem ás de las im ágenes
virtuales, hubiera cuerpos de carne y hueso con “ estómagos vacíos”
( Ernst Bloch ), y tuvieran real, verdadera y f ísicamente hambre que la
propaganda virtual no pudiera aplacar ? ¡Al fin y al cabo una hambur¬
guesa virtual vista en la televisión ( o el proferir: “ Estamos en una si ¬
tuaci ón económica envidiable , mejor de lo esperado ” , que no es sino
una imagen puramente virtual sin relaci ón con la realidad ) no vale
una buena tortilla con frijoles bien real !
Para la pol ítica real , la de carne y hueso, no la virtual, ser ía “ popu ¬
lar” el que se propone al menos intentar cambiar el orden de cosas
para que los que no comen , o comen poco ( la mitad del pueblo mexi ¬
cano est á bajo la l ínea de la pobreza de Amartya Sen , y otro 25 por
ciento en situación muy dif ícil ), puedan llegar a comer. No se comen
“ imágenes virtuales” , se come el “ pan " ( de aquel pan de: “ ¡Di pan de
comer al hambriento!” del Libro de los muertos de Egipto, retomado
posteriormente por muchos grandes éticos de la humanidad ).
El “ populismo", como término t écnico en ciencia pol í tica , indica
el tipo de regímenes que se organizaron en América Latina aproxima ¬
damente de 1930 a 1954 ( de Get ú lio Vargas en Brasil hasta el golpe
de Estado contra Jacobo Á rbenz en Guatemala , y que comprende
tambié n a Lázaro Cá rdenas y a Juan Domingo Perón , y a muchos otros
l íderes de la época ) , que se propusieron un proyecto de capitalismo
industrial autocentrado ( nacionalista antiimperialista: antiangiosajón ),
consolidado socialmente sobre un pacto entre una naciente burguesía
nacionalista , una clase obrera incipiente y una clase campesina , con
el objetivo de producir para el mercado interno. Fue lo pol íticamente

136
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

m ás democrá tico, industrialmente más progresivo y socialmente más


consolidado de todo el siglo xx.
Ante el desastre del neoliberalismo, renace una Amé rica Latina un
neonacionalismo popular que intenta salvar “ lo que queda ” , a favor de
un pueblo empobrecido, excluido y en vías de mayor miseria. Los líderes
que se religan con esa angustia popular, con esa hambre, son enjuiciados
de “ populistas” . En el Pentágono se habla de un “ neopopulismo radical” .

111
-
Habrá que saber discernir entre el insulto del pol ítico espectáculo que
cataloga a su enemigo eventual de “ populista ” ( como propagandista
encantador de serpientes o del pueblo, pueblo a priori considerado de
baja capacidad cr ítica ) del pol í tico realmente “ popular ” , que sabe
articularse a ese pueblo hambriento que necesita pol íticos que lo re ¬
presenten. No se trata de una división entre “ izquierda ” ( populista ) y
“ derecha ” ( en buena parte es una división anacrónica ) . Se trata de
pol íticos que despiertan la esperanza popular, dado el estado de pos ¬
traci ón extrema del pueblo excluido y empobrecido, y de los pol íticos
insensibles que contin úan salvando bancos nacionales y extranjeros,
pagando deudas externas e internas, antes que cumplir con el deber
de volver los ojos a la miseria del pueblo que los eligió para que le
sirvan. La situación es angustiosa . En la Babel de la inversi ón de la
-
significación de las palabras, el pol ítico espect áculo alienta la confu ¬
si ón , porque en r ío revuelto, ganancia de pescadores poderosos. Al
l íder popular que intenta corresponder los deseos justos del pueblo de
los pobres se le descalifica, porque inesperadamente ha superado las
expectativas y, mucho más allá de las posibilidades de su partido po ¬
l ítico particular, ha despertado la esperanza de una posibilidad real de
-
un gobierno dist into. Por eso el pol ítico espectáculo tiene que impe ¬
dirle ejercer el poder. Se sabe muy bien que el peligro no est á en el
l íder, sino en el despertar del inmenso pueblo desesperanzado, despo -
l í tizado, dividido, fraccionado, que pide rescatar el honor patrio, la
riqueza nacional , los ahorros de decenas de a ños de millones de obre¬
ros que constituyen los fondos de sus jubilaciones.

137
CARTA A LOS INDIGNADOS

EL PARTIDO POLíTICO Y LA ORGANIZACIóN DE LA BASE, 1'

El partido pol ítico deber ía ser como el á rbol cósmico maya , que hun ¬
de sus ra íces abajo en el mundo del hades, que crece como un robusto
tronco sobre la superficie de la tierra y que tiende su follaje en el am ¬
plio cielo. De la misma manera , el partido pol ítico deber ía nutrirse y
participar de las luchas sociales de los movimientos populares, para
desarrollar la organización de la sociedad civil , para cumplir su función
propia en la sociedad pol ítica o el Estado. El partido no debe ser ex ¬
clusivamente una burocracia pol ítica, que no tiene conexión consti ¬
tutiva con la comunidad pol ítica. Para ello es necesario organizar el
partido de tal manera que una el liderazgo con la burocracia , y a ambos
con la base , dando a ésta el protagonismo democr á tico que hasta
ahora le ha faltado.
En efecto, los miembros influyentes de los partidos constituyen
una burocracia a sueldo, que monopoliza las acciones e instituciones
pol íticas, que sólo pueden ser ejercidas por los peritos, es decir, por los
representantes elegidos o sus colaboradores. Fuera de ellos, los partidos
casi no cuentan con la acción desinteresada de ciudadanos que efec ¬
t ú an tareas partidarias, para cumplir simplemente como militantes
del partido funciones que su conciencia pol ítica exige, sin pedir retri ¬
bución alguna pero exigiendo una plena participación en el ejercicio
democrá tico del poder delegado en el mismo partido.
Entre la burocracia y los ciudadanos hay que crear una estructura
organizacional en la que consista la vida cotidiana del partido, de
donde se nutra y surjan los dirigentes y los candidatos a cargos electivos
del partido, donde se actualicen los principios y se decidan las estra ¬
tegias. Para ello hay que idear una regeneración completa del partido,
partiendo de lo que con frecuencia se denomina el “ comité de base ” .
Si en el pa ís hay más de cien mil casillas electorales ( n ú mero que
indica una cierta distribución poblacional ) , habría que alcanzar m ás
de cien mil “ comités de base ” a fin , no de estar desprevenidos en la

1
Publicado en La /ornada, México, 8 de julio de 2007, p. 16.

138
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

próxima elección para cumplir funciones electivas, sino de vivir co ¬


tidianamente en su lugar territorial , junto a la comunidad de vecinos
simpatizantes, la posibilidad de compartir las vicisitudes de la acción
pol ítica de los ciudadanos m ás conscientes de sus obligaciones.
-
El “ comité de base ” es la comunidad partidario política primera , en
--
donde el cara a cara de la democracia directa es posible; en donde la
participación personal permite conocer al otro ciudadano y conside ¬
rar los avances teóricos y prácticos del grupo semana tras semana.
Entre la impersonalidad de la entusiasta concentración multitudi ¬
naria y la soledad del hogar singular, se encontrar ía una instituci ón
pol ítica donde las relaciones p ú blicas cobrar ían rostro , nombre , fra ¬
ternidad.
Es en ese “ comité de base ” donde el partido deber ía poner toda su
voluntad de organización, para que ya no dependiera exclusivamente
de los medios de comunicación para su propaganda, por ejemplo, sino
de la movilización de sus bases conscientes, teórica y prácticamente.
Para eso ser ía necesario lanzar toda una campa ña para repensar los
principios del partido, te óricamente . En efecto, la izquierda desde
1989 ha quedado desnuda ideológicamente. Todos los miembros de
un partido de izquierda tienen sólo el recuerdo de una teor ía estudia ¬
da anterior a esa fecha , la de la “ ca ída del muro de Berl ín” . Después,
el partido no ha entrado en discusión teórica. Más, la mayor ía de los
miembros desconf ía de la teor ía. Sin embargo Lenin había dicho que
“ sin teor ía no hay revolución” . Yo dir ía hoy: “ Sin teor ía no hay parti¬
do político” . Y sin organización tampoco. Es que la teor ía y la organi ¬
zaci ón se tocan: una impulsa a la otra . La organización , en primer
lugar, es la reunión de los miembros del partido en la reflexión teórica
sobre lo que deben hacer. Ese momento teórico del “ comité de base”
es el momento organizacional esencial . Desde el momento en que
comienza a haber un consenso teórico en tomo a ciertas tesis pol íticas
fundamentales, la organización de los miembros puede sostenerse y
crecer. En realidad lo que crece es una convicci ón de que cierto diag ¬
nóstico teó rico y pr áctico de la realidad pol ítica de M é xico puede
permitir una acción pol ítica concertada para transformar las institu ¬

id
CARTA A LOS INDIGNADOS

cienes en vista de una mayor felicidad del pueblo. La teor ía y la estra ¬


tegia organizacional van unidas.
Se ha propuesto, para llenar el vac ío entre el liderazgo, la burocra ¬
cia y la base , comenzar una campa ña para obtener cinco millones de
miembros del partido. ¿Quién realizar á esa afiliación ? ¿Qué significa
ser miembro de un partido ? ¿Quié nes y cómo los formar á n dentro de
los principios del partido ? ¿ Y después de afiliarse, qué hará n como
miembros activos del partido cotidianamente ? En realidad sin orga ¬
nización , firmar una ficha de afiliación no agrega pertenencia y, sobre
todo, no agrega ninguna ventaja al partido “ inflado” con una tal mem -
bresía sin función alguna. Volverá n a su casa de la entusiasta concen¬
tración multitudinaria a la soledad desesperanzada del hogar, con una
afiliación en el bolsillo. No. La afiliaci ón es una acció n correcta pero
como resultado de la organización de millares de “ comit és de base ”
que culmine , después de hacerse cargo de los principios ( que eviden ¬
temente los “ comités de base ” deberá n mejorar, lo mismo que los es¬
tatutos , por ser sumamente r ígidos, de arriba hacia abajo, donde
pasivamente el miembro del partido no participa efectivamente en el
mismo ). La constitución de millares de “ comit és de base” invertir ía
la corrupción de la parcelación del poder por cuotas de tribus y dar ía
origen a una auté ntica democracia de la base, que elegir ía a sus repre ¬
sentantes reales para todas las instituciones internas del partido. Por
el momento, la burocracia del partido est á “ agarrada ” desde arriba a
la brocha , sin comunidad de base que la haya realmente elegido. Son
representantes sin representados.

140
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

EL PARTI DO POLÍTICO EN FUNCIÓN


DE LA ORGANIZACIÓN DE LA BASE, II 1

Alguien podría indicar que es imposible organizar un partido a partir


de la formación de miles de “ comités de base ” ( tantos como casillas
electorales ). Ser ía imposible si la acción la emprendieran personas
singulares, sin imaginación organizativa suficiente y sin una voluntad
en la empresa que se definiera como prioridad absoluta de vida o
muerte del partido.
Es que , dada la situación pol ítica, el andamiaje de las estructuras
del poder y el monopolio de los medios de comunicación, un partido
progresista no puede confiar en el error de sus oponentes, ni en sus
debilidades, o en milagros que lo beneficien. Sólo debe confiar en sus
propias fuerzas y éstas se logran con la organización. Pero esto supone ,
también, una reestructuración completa del partido, que debe usar sus
pocos recursos de manera eficiente para lograr el máximo de frutos.
La organización de millares de “ comités de base ” supone definir
correctamente en qu é consiste tal comité ( en esto hay que mejorar
sustantivamente los estatutos, oligá rquicos y no propiamente demo¬
crá ticos ) , cómo transcurre su vida cotidiana, cómo se estructuran sus
reuniones, cómo se planifica el contenido de los encuentros semana ¬
les, quiénes elaboran y entregan los materiales ( y por qué medios, por
ejemplo, electrónicos ) dentro de una sucesión progresiva para las
reuniones durante todo un a ño ( un programa entonces de 52 sesiones ) ,
Y tantos otros aspectos que hay que saber anticipar.
Comencemos entonces por bosquejar la cuestión . Los comités de
base son del partido y no de las “ tribus” . Participan afiliados al partido
y simpatizantes no afiliados ( aunque Los afiliados puedan ocupar cargos
de representación ). Se organizan territorialmente ( en hamos, colonias,
pueblos, municipios, delegaciones , en referencia a las “ casillas elec ¬
torales” ) , o por funciones ( empresas, colegios, universidades, clubes,

Publicado en La Jornada , Mé xico, 16 de julio de 2007, p. 23.

141
CARTA A LOS INDIGNADOS

tiendas, grupos de amigos, etc. ) - Cada “ comit é de base ” tiene un nom ¬


bre y un n ú mero ( seg ú n las casillas ) . Nombra a sus autoridades y se
relaciona horizontalmente con todos los otros “ comités de base” a la
manera de una red , por computadora ( de alguno de los miembros o a
través de los servicios de algú n café internet ) . Las reuniones son se ¬
manales, en las horas del anochecer, después del trabajo, en salones
públicos o privados, políticos o civiles, atrios de iglesias o clubes, ga ¬
rages particulares o casas habitación. El “ lugar” es abierto, ciudadano,
p ú blico en cuanto a su asistencia , abierto a todo simpatizante . Se
trata de que todo ciudadano pueda “ enterarse ” personalmente de la
vida pol ítica del pa ís y de participar activamente de manera concreta
en dicha vida. La impersonalidad impotente deja lugar a una acción
-
concreta que llega a la conciencia ético ciudadana de cada agente
pol ítico, de cada ciudadano.
La reunión tiene tres momentos. Un momento teórico de estudio
( por ejemplo 40 minutos ). Los miembros del “ comité” se distribuyen
las exposiciones de un libro, art ículo o material disponible en internet
y propuesto por el equipo responsable nacional, o estatal de formación.
Este equipo de formación debe ser de ciudadanos realmente cultivados
en teor ía pol ítica ( profesores o alumnos aventajados de ciencia polí¬
tica , historia, filosofía, etc. , que realmente hayan recibido una forma ¬
ci ón m ínima pero necesaria ). Para la formación de estos equipos debe
haber seminarios permanentes de “ teor ía pol ítica ” del partido, para
formar no sólo los equipos estatales, departamentales, municipales,
sino los “ monitores” ( o que generan y desarrollan la discusión ) en cada
“ comité de base ” . Estas escuelas de cuadros permanentes deberá n
depender de una escuela de cuadros nacional, con un equipo de pro ¬
fesores de lo mejor que haya en el pa ís, de entre sus grandes intelec ¬
tuales que son simpatizantes ( no necesariamente miembros afiliados )
del partido. Esto supone una tarea de ninguna manera cumplida has¬
ta el presente , donde la formación teórica no sólo no ocupa ningú n
lugar relevante en el partido sino que es despreciada y se nombra a
personas no aptas para esta dif ícil tarea. Si los dirigentes del partido
tuvieran una evaluación mínima teórica , pocos pasar ían dicha eva -
142
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

litación. Por ahora la pol ítica es un “ tira y afloje” entre “ tribus” y no


se parece al “ noble oficio de la pol ítica” .
Un segundo momento de la reunión semanal del “ comité de base”
ser ía un aná lisis coyuntural de la vida pol ítica del país, estado o mu ¬
nicipio en la semana ( unos 40 minutos ) . Esta segunda parte debería
tener al comienzo de la vida del comit é unas veinte sesiones sobre
cómo se efect ú a el “ aná lisis coyuntural” . Es decir, tener una cierta
teor ía del an á lisis coyuntural . Después de tener claridad sobre qu é es
“ análisis coyuntural político” , cuáles las categor ías fundamentales,
qué preguntas hay que saber hacer a la complejidad cotidiana de la
política, los miembros del comité comenzar ían a hacer aná lisis coyun
rural. En este punto, igualmente, el equipo nacional , estatal o muni ¬
-
cipal, podr ía entregar unas pocas páginas ( en la página de internet del
organismo nacional de los comités de base ) de su aná lisis, que el co¬
mit é podr ía discutir y adoptar. La base aprender ía a tener su propio
an á lisis coyuntural cotidiano, semanal, mensual, anual, sexenal.
Un tercer momento consistir ía ( unos 40 minutos igualmente ) en
definir algunas acciones concretas. Visitas a huelguistas, a manifes ¬
tantes, a hospitales, sindicaros; organización de campa ñas, publicación
de boletines, etc. En la acción conjunta los miembros del comité de
base aprender ían concretamente a transformarse en militantes pol í¬
ticos, sin ser profesionales. Ciudadanos activos de la sociedad civil a
través del partido.
Si hubiera 130 000 “ comités de base ” con unos quince miembros
cada uno, en promedio, su presencia en la vida pol ítica sería irrever¬
sible. Tal partido no deber ía contar con otros medios, o al menos
debería contar menos y podría hacerse presente de manera inmediata
y organizada en todos los eventos.

143
CARTA A LOS INDIGNADOS

PARTIDO POLíTICO
Y SUS 130 000 COMITÉS DE BASE , IIP

Habr ía que exclamar con Mart ín Luther King: I dream . . . “ Yo sueño


con un partido que tuviera 130 000 comit és de base” . La utop ía ayuda
al menos a cumplir metas menores, pero aunque sean menores son ya
infinitamente mayores que la situación actual de total dualismo entre
las burocracias pol íticas y la base de los ciudadanos simpatizantes
desmoralizados.
I dream ... “ Yo sue ño” con una enorme red de redes que conectadas
entre s í { aun por una página internet ) llegue a los más olvidados rin ¬
cones del pa ís. Cualquier partido querr ía tener un liderazgo que se
haya propuesto visitar los 2 500 municipios del pa ís; que en ellos or¬
ganizara una afiliación masiva al partido y que dejara nombrado a un
equipo en cada municipio para llevar a cabo futuras tareas pol í ticas.
Eso ya es mucho y debe aplaudirse. Pero no es suficiente.
Es necesario organizar adem ás decenas, centenas, miles de “ comi ¬
t és de base ” en cada uno de esos municipios ( pié nsese que en las de ¬
legaciones o municipios como Iztapalapa , Ecatepec o Chalco hay en
cada uno millones de personas: ser ían necesarios miles de comités de
base, if 1 dream . .. ) . De esta manera los afiliados ( y los simpatizantes
que no quieran afiliarse, pero que “ quieren hacer algo" por la patria )
y el equipo puesto como responsable, comenzar ían a contar con un
“ cuerpo” . Las afiliaciones son como la “ piel ” ; el equipo nombrado (de
arriba abajo ) , en el mejor de los casos, ser ía como la “ cabeza ” , pero le
faltar ían los huesos y la carne : no tendría “ cuerpo” . Tener un cuerpo
es una ayuda y una exigencia. Con el tiempo ese equipo ( organizado
a dedazo ) deber ía ser elegido democrá ticamente por los comit és de
base ( de abajo arriba ), y en vez de la repartija de los cargos de elección
por las tribus, ser ía la comunidad pol ítica de los miembros del partido
la que elegiría a los dirigentes del partido y a los candidatos a ser vo¬
tados por el pueblo todo. Todo esto es todav ía un “ sue ño” ... í dream...

1 Publicado en La Jornada , Mé xico, 22 de julio de 2007, p. 20.

144
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL Í TICAS

Además hay regiones , el centro y el sureste del pa ís, donde se


cuenta con m ás implantación del partido. Habr ía que hacerse cargo
del norte. Los comités de base de las regiones con mayor presencia
deber ían hacerse responsables de las regiones más dé biles en cuanto
a dicha presencia del partido. Para ello habr ía que institucionalizar el
-
hacerse responsable de un “ comit é coate ” . El término coat í , adem ás
-
de serpiente, significa también el igual , el gemelo, el otro yo. Cada
comité del Distrito Federal elegiría un territorio de Sonora o Jalisco,
-
por ejemplo, para fundar un comité coate. Un miembro del comité
viajar ía con frecuencia a esos lugares lejanos para organizar y vitalizar
-
el comité coate. El viaje y la estad ía correrían por cuenta de los miem ¬
bros del comité originario. De esta manera, en poco tiempo surgir ían
nuevos comités en regiones con poca presencia . Cada casilla debería
tener su comité... I dream ...
La “ página de internet” de la red de redes nacional y estatal de los
comités de base estaría gestionada por un equipo especializado, de alto
nivel , formado teórica y prácticamente , que presentaría los 52 pro ¬
gramas para cada sesión anual de los comités ( que pueden o no ser
adoptados por ellos, libremente ). Establecer ían correos de consulta,
aclaración de dudas, consejos, contactos, etc. Esta pá gina de internet
ser ía el “ nervio” , el “ cerebro” de todos los comités de base y los nutri ¬
r ía cotidianamente. Cada comit é de base tendr ía una computadora
conectada a internet ( ser ía responsabilidad del partido entregar este
material a los representantes electos del comité de base ). Esta continua
conexión diaria de los comités entre sí, con su red lugare ña, regional,
municipal, delegacional, estatal y nacional , ser ía un sistema de “ cir ¬
culación de la sangre ” que vitalizar ía al partido siempre : en la vida
cotidiana , en las crisis, en momentos electorales. Se contar ía con la
propia red de redes ejercitada diariamente durante a ñ os. Se podr ía
neutralizar y superar la red creada por Elba Esther y por el Instituto
Federal Electoral ( JFE ) , que tantos resultados les ha dado... a muchos
inescrupulosos.
Flabría que escribir materiales especializados para el estudio ( de
teor ía, de an á lisis de coyuntura , de programas concretos, de proyectos,

145
CARTA A LOS INDIGNADOS

de campañas, etc. ), editados en folletos o libros que puedan comprar¬


se en las librer ías o se distribuyan directamente a los comit és por el
partido. Los autores ser ían miembros del equipo de formación. Para
tal fin habría que invitar a los mejores y numerosos intelectuales sim ¬
patizantes del pa ís.
Además, sería necesaria una revista política seria , de nivel , mensual ,
con art ículos teóricos, coyunturales, organizativos, que permitieran
atraer a los intelectuales orgá nicos más interesantes, a los grupos cul ¬
tos y a dirigentes políticos en general que puedan y quieran entablar
un debate sobre los problemas pol í ticos del pa ís. Nuevamente , esta
revista para los miles de comit és de base ser ía material de estudio y
discusión , e igualmente formar ía la opinión p ú blica más ilustrada de
la nación.
Los grupos ind ígenas , la otra campa ña, los sindicatos, ser ían invi ¬
tados a integrarse a la red de redes de los comités de base , para que
puedan igualmente influir con sus opiniones, para enriquecer un de ¬
bate abierto. Habr ía lugar para todos los grupos cr íticos, en torno a
una institución de un partido ( sus comités de base ) , pero abiertos
generosamente a toda la ciudadan ía... I dream .. .
Existen grupos de intelectuales orgánicos que est án dispuestos a
prestar su apoyo, que lo desean , que no saben cómo hacerlo. Hay
millones de ciudadanos que igualmente querr ían colaborar “ en algo” ,
pero no saben dónde , ni cómo. Hay partidos progresistas que tienen
voluntad de abrirse a la ciudadanía , pero que contin úan enclaustrados
en las estrechas paredes de la pol í tica “ tradicional” , por otra parte
corrompida e infecunda. Los comités de base ser ían el lugar donde la
base se organizar ía codo con codo con los representantes de los parti ¬
dos ( y sus burócratas, que dejar ían de serlo ) para “ rescatar a la patria ” ,
recuperar los bienes que son del pueblo de las manos de una oligarqu ía
( nacional y extranjera ) que apuesta a la desunión de los ciudadanos
y a su inmovilidad suicida . Salir del letargo supone organización; su ¬
pone participación de todos los ciudadanos en instituciones concretas...
Los comités de base ser ían un buen comienzo donde dicha organización
y participación democrá tica se articular ían... I dream . . .

146
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

LA éTICA Y LA NORMATIVIDAD POLíTICA, 1'

Han aparecido en La Jomada art ículos de José Agust ín Ortiz Pin -


chetti ( 3 de junio de 2007 , p. 18. col. 4 ) y de Arnaldo Córdoba ( 17
de junio de 2007 , p. 19: “ De la ética y la pol ítica ” ). Es la primera vez
que entraré en una conversación de este tipo, pero debo hacerlo por
ciertos juicios vertidos por Arnaldo, amigo ( lo encuentro y nos salu -
damos con frecuencia en la Facultad de Filosof ía ) y muy respetado
intelectual ( ¿quién no ha leído La ideobgía de la Revolución Mexicana ? ) ,
juicios que me llevan a escribir estas cortas l íneas que, estoy seguro,
acrecentará n nuestra amistad.
En sustancia, Arnaldo contra Ortiz Pinchetti, escribe: “ estoy con ¬
vencido de que la é tica no va con la política: es otra esfera de la vida
de los hombres [...] Si metemos a la ética con la política vamos a acabar
corrompié ndola y adulterá ndola [a la é tica]. Y a la pol ítica la vamos
a acabar pervirtiendo hasta hacerla totalmente disfuncional” . Desde ya
no entiendo como puede “ pervertirse” a la política si es que desde el
inicio la definió como “ una cloaca pestilente y nauseabunda ” ( es de ¬
cir: ¿cómo puede pervertirse lo ya pervertido ? ) Además, si la política
no tuviera cierta normatividad ( reglas que obligan éticamente ) deja ¬
r ía de existir como tal: todos har ían lo que les placiera, se instaurar ía
el caos y la sobrevivencia de ese grupo sería imposible. Ese enunciado
es contradictorio, irracional. ¿ Ser ía posible una pol ítica en la que
todos mintieran , robaran , mataran...? Hegel decía que la limosna no
se pod ía unlversalizar, porque pidiendo todos limosna, y no trabajan ¬
do ninguno , no habr ía quien pudiera dar limosna y no habr ía nada
que dar ( porque antes habr ía que haberlo producido con el trabajo
cotidiano é ticamente disciplinado ). Un sistema pol ítico donde todos
son siempre inmorales es imposible. Si no es posible, ¿ cuá les son las
condiciones éticas m ínimas para que sea posible ? Aqu í Arnaldo esta ¬
r ía ya en problemas.

1
Publicado en La Jornada , Mé xico, 23 de junio de 2007, p. 18.

147
CARTA A LOS INDIGNADOS

Hay entonces que comprender primero que la “ é tica ” de ninguna


manera se corrompe “ metié ndose ” en pol ítica, porque si se corrom ¬
piera al “ meterse ” en cada campo pr á ctico ( la pol ítica , la econom ía ,
la pedagogía, la familia , etc.) no servir ía para nada. Su función, exac ¬
tamente, es ser subsumida en cada campo práctico para instaurar den ¬
tro de ellos un r é gimen normativo que los haga posibles y no
contradictorios. Tambi én la economía sin é tica se hace imposible.
Sobre la imposibilidad, del capitalismo , por estar fundado en la injusticia
( un acto é ticamente perverso ) del no pago ( robo ) del plusvalor, Marx
desarrolló su crítica al capitalismo. Lo que demostró paciente y cien ¬
t íficamente es que en el largo plazo el capitalismo caer ía en una crisis
final, por contradicción. Por ahora , vemos que los efectos negativos
crecen exponencialmente: destrucción ecológica, pobreza de la ma¬
yor ía de la humanidad , etc. Los efectos del no cumplimiento de los
principios normativos ( que son los principios é ticos subsumidos en
cada campo como principios normativos de la pol ítica , de la econom ía,
de la pedagogía, etc. ) son la destrucción de los individuos y la sociedad
que terminan por corromperse.
No es que Salinas de Gorrari pague singular e inmediatamente sus
actos perversos. Se trata de algo m ás profundo. Son las comunidades
las que se corrompen y con ellas los individuos en el largo y mediano
plazo, algunas de manera singular y en el corto plazo, pero estos ú ltimos
casos pueden ser las excepciones de la regla .
Mientras estaba en Oslo, en casa de uno de los miembros del
Tribunal del Premio Nobel de la Paz, me indicaba que Noruega no
necesitaba el petró leo del Mar del Norte . Era un pa ís sin deudas, de
alto desarrollo, sencillo, de Nevad ísimos impuestos pagados por los
ricos religiosamente , de un régimen de propiedad privada pero de uso
social, primer lugar en el desarrollo mundial en la tabla del Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo ( PNUD ) . Hay tanta seguri¬
dad que las casas no tienen rejas; los vidrios de las ventanas son su
protección... contra el frío. Es un pueblo con una convicción subjetiva
ética que rige como normatividad política. El efecto positivo: su enorme
desarrollo.

148
MI . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL Í TICAS

En cambio, entre nosotros las elites del poder, desde la conquista


de Cortés, por la “ colonialidad del poder” , aprendieron a clasificar a
los seres humanos por su “ blancura ” : los criollos arriba , los mestizos
después, y al final los indios y los esclavos. Una sociedad desigual, sin
justicia y sin ley que se deja ver en la expresión cínica: “ ¡Hecha la ley,
hecha la trampa!” Nadie tiene convicciones éticas. Cada uno se ven ¬
de al mejor postor ( las elites a las metr
ópolis de turno ) . Una sociedad
así es extremadamente vulnerable , d é bil , f ácilmente dominable. Los
de “ afuera” puede comprar a cualquier pol ítico, unos más caros, otros
menos, pero todos tienen su precio. Si los principios é ticos no son
subsumidos en la pol ítica constituyéndose en principios normativos,
esa sociedad no tiene futuro. Hoy “ abriremos” Pemex a los que roban
los recursos naturales del pueblo, y ma ñana , cuando la pobreza crezca ,
los que nos arrebataron esos recursos dirá n ( bajo la responsabilidad
de Reyes Heroles hijo): “ ¡ Ustedes, por pendejos, no supieron defender
sus recursos; no los íbamos a defender nosotros! Y los ricos acumulará n
temporariamente más riqueza en un pa ís de pobres, del que terminarán
por emigrar ante la creciente inseguridad . Esto acontece cuando la
pol ítica olvida los principios é ticos.

149
CARTA A LOS INDIGNADOS

LA éTICA Y LA NORMATIVIDAD POLíTICA , II 1

Continuemos la reflexión del tema ya comenzado. En primer lugar,


habrá que describir la ética de tal manera que pueda entenderse porqué
la pol ítica, bajo pena de desaparición , debe necesariamente subsumir
los principios éticos.
La é tica, no simplemente de los valores, de la ley, de las virtudes,
sino una é tica de principios es la que, dicho sencilla y resumidamen-
te, viene a subsumir y superar el comportamiento de los instintos de
los animales. Los animales, espec ífica o instintivamente, saben cómo
comportarse para sobrevivir. En la especie homo las instituciones reem ¬
plazan poco a poco las acciones instintivas para transformarlas en
obligaciones sociales. Esas obligaciones en su conjunto se codifican en
la ética. La revolución urbana neolítica en Mesopotamia nos muestra
esas colecciones en el C ódigo de Hamurabi ( los hay desde el a ño 2500
a.C). Sin dichos códigos la vida multitudinaria de las primeras ciuda ¬
des hubiera sido imposible , era cuestión de vida o muerte.
Un principio universal de esta ética ser ía una obligación ( no op ¬
tativa sino necesaria, repito: “ de vida o muerte” ) que podría enunciar¬
se de la siguiente manera: “ ¡ Debemos producir, reproducir y
desarrollar la vida humana en sociedad , en ú ltima instancia de toda
la humanidad !” Este principio ( véase el capítulo 1 de mi É tica de la
liberación ) vale para todas las culturas, en todas las ocasiones. La pol í ¬
tica, como el despliegue del poder en un campo espec ífico ( el “ campo
pol ítico” ) subsume o incorpora ese principio general o abstracto de la
ética y lo transforma en el principio material de la pol ítica: “ En pol íti ¬
ca , debemos todos luchar para producir, reproducir y desarrollar ins ¬
titucionalmente ( por la ecología , la econom ía y los diversos niveles
culturales ) la vida de los ciudadanos , superando el nacionalismo y
teniendo a toda la humanidad como ú ltima instancia!” ( véase la tesis
nueve de mi librito Veinte tesis de política ) .

1
Publicado en La Jornada , México, 26 de junio de 2007, p. 19.

150
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

Este enunciado es un principio ético transformado en político, y


como pol ítico es esencia de la misma pol ítica, define el fundamento
del poder pol ítico, de la acción estratégica , de las instituciones pol í ¬
ticas. No es una normatividad externa; es intrínseca , es política, y ade ¬
más la propone igualmente Nicol ás Maquiavelo ( que no es nada
“ maquiavélico” , en el sentido cotidiano de la palabra segú n Popock y
tantos otros ). Si no se cumpliera ese principio la pol ítica se vendr ía
abajo, desaparecer ía , entrar ía en contradicción: la sobrevivencia de
la comunidad pol ítica no podr ía sostenerse , ser ía aniquilada, simple ¬
mente morir ía .
De la misma manera, el principio ético de validez ( “ Es v á lido todo
acuerdo alcanzado por una participación simé trica de los afectados” )
( la tesis diez del librito nombrado ) es subsumido en la pol ítica como
principio de legitimidad ( o democrá tico ) que se enunciaría: “ ¡ Debemos
alcanzar todo acuerdo a través de la participación simétrica e institu ¬
cional de todos los ciudadanos, en ú ltimo término de toda la huma ¬
nidad!” Si no hay simetr ía o igualdad no hay legitimidad ; si hay poca
simetr ía hay poca legitimidad. Este principio, que permite al pol ítico
alcanzar la m á xima legitimidad ( que es lo que constituye la fuerza
unitiva del poder ) , le permite igualmente no usar la coacción y gober ¬
nar con el apoyo del pueblo. Este es el efecto positivo del uso norma ¬
tivo del poder ( la importancia de la é tica en pol ítica, entonces ) .
Cuando la coacción, que puede ser legal , no est á fundada en el
acuerdo subjetivo de los ciudadanos, del pueblo, se vuelve represió n ,
como en la actualidad en México. Cuando el gobierno cree ser la sede
del poder ( la comunidad pol ítica o el pueblo es la única sede del poder;
el gobierno en las instituciones ejerce delegadamente dicho poder; véa ¬

se la tesis dos de mi obra Veinte tesis de política ) se corrompe en el

sentido ético y pol ítico ( como indica Karl Marx en el famoso texto
sobre el fetichismo del poder ) , y cuando usa la violencia contra el justo
derecho del pueblo que ha sido excluido de los acuerdos ( es decir,
dicha acción es ileg ítima ) , se torna dominación, represión .
Nuestros héroes ( Hidalgo, Morelos, Juá rez, Zapata ) fueron pol íti ¬
cos de clara conciencia ética de la normatividad pol ítica. Subsumieron

151
CARTA A LOS INDIGNADOS

los principios éticos como pol íticos y no fueron llevados por el caos o
la corrupción de los procedimentalistas o los c í nicos que creen sólo
en la fuerza para ejercer el poder autorreferente, es decir, vacío. Esos
h é roes no dieron su vida por procedimientos o por el afá n de un des¬
medido ejercicio del poder, sino que la dieron fraternalmente por
personas, por principios universales.
Con esto, espero, hemos comenzado una conversación. Hasta la
próxima, con amistad , E.D.

152
II!. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

MORALIDAD, LEGALIDAD Y LEGITIMIDAD POLíTICA 1

Sigamos entonces el diá logo. Según veo en el art ículo “ La norman -


vidad política ” ( 30 de julio de 2007 ) , el tema de é tica y pol ítica se
reducir ía al final a la cuestión de moralidad y legalidad , en termino¬
logía liberal o kantiana. Pienso que el asunto es más complejo.
Si tomamos un ejemplo, que por ser de Karl Marx espero sea v á li ¬
do para Amaldo y para mí, observaríamos que el autor de El capital
indica que los “ contratos [ momento del derecho...] se imponen por la
fuerza a los individuos mediante la intervención del Estado. [... Algo]
es justo en cuanto corresponde al modo de producción capitalista ” . 2
En este sentido ser ía un acto legal, y estaríamos en el nivel de la mera
moral burguesa , en cuanto se cumplen los requerimientos de un orden
práctico vigente ( por parte de la econom ía o la política burguesa ) .
Pero Marx ejerce una critica de la moral del sistema y del sistema
capitalista mismo como totalidad . En ese caso, aun el que cumpla con
el derecho burgu és se hace acreedor de todas maneras a la crítica de
Marx. Esa cr ítica de la moral burguesa es lo que yo llamo ética. En este
caso, el robo de la leñ a de los agricultores de Westfalia era ilegal e in¬
justo con respecto al sistema del derecho burgués, pero Marx reclama
que no es tal , ya que “ el Estado debe ver en el infractor [del derecho]
que recoge le ña , además de eso, un ser humano , un miembro vivo de la
comunidad [...], un testigo cuya voz debe ser escuchada en los tribuna ¬
les” ( art ículo del 27 de octubre de 1842 ) . Es decir, Marx se sit úa más
allá y antes del derecho. A eso llamo yo cr ítica ética. En nombre del
“ ser humano” Marx critica la injusticia del plusvalor ( trabajo impago ) ,
del capital ( acumulación de ese robo ) y al derecho capitalista ( que
encubre fetichistamente esa injusticia ). Pero esa injusticia ya no es con
respecto al derecho capitalista ( como “ la esclavitud [que ] dentro del
modo de producció n capitalista es injusta ” — en el texto citado de
-
El capital ) , sino con respecto a otro nivel , universal, el del “ ser huma

1
Publicado en La Jornada , México, 15 de agosto de 2007, p. 18.
'
Karl Marx , El Capital , III , 5; III /6, Siglo XXI , p. 435.

153
CARTA A LOS INDIGNADOS

no” — . En ese nivel es donde la afirmación de la vida humana en


comunidad se enuncia como principio ético o normativo universal



para Marx ¡“ Mi querido Enrique, eso no tiene nada de é tico” , se nos
dice! La afirmación de la vida humana en comunidad es el criterio
ético i subsumido en la econom ía política, en la visión de Marx ) desde
donde se juzga la injusticia del criterio del aumento de la tasa de ga ¬
nancia ( que funda el capital ) .
En pol ítica, anal ógicamente , la moral liberal individualista, ¿ me ¬
norista y privada puede perfectamente coexistir con una pol ítica sólo
respetuosa externamente del sistema de derecho, en Estado de derecho,



bajo la coacción monopólica del Estado cuya culminación forma ¬
lista ser ía la posición de Kelsen . El acto justo pol ítico ser ía legal . La
legalidad ser ía la normatividad pol ítica en cuanto tal.
Contra ello se ha levantado, en este punto con razón Carl Schmitt ,
demostrando que el liberalismo ha vaciado a la pol ítica , haciendo de
ésta un fr ío cá lculo legalista , y perdiendo toda convicción, toda pasión
o voluntad de vida , cayendo en un procedimentalismo formalista .
Además, no pueden solucionar ciertas cuestiones fundamentales. Por
ejemplo. Si una constitución está avejentada, ¿quién podr ía cambiar¬
la ? Si una institución se ha tornado inadecuada, ¿cómo podr ía trans¬

formarse ? El conservadurismo en este caso kantiano , no tiene —
otra fuente anterior a la constituci ó n , a la soberan ía del rey en la
monarqu ía, o al Estado de derecho para poder modificarlos.
Si contamos con principios universales anteriores ( por ejemplo:
el principio universal de la afirmación de la vida de la comunidad ; la
validez transformada en la legitimidad del consenso, etc. ) , podremos
desde ellos, y desde las luchas por el reconocimiento de los nuevos
derechos ( que siempre parten de necesidades materiales anteriores al
derecho ) , cambiar una constitución o transformar las instituciones.
Esos principios son pol íticos; constituyen la normatividad de la po¬
lítica. Y aqu í hay un nuevo malentendido. Los principios éticos ( no
hablo de los valores y menos de una moral que corrobora un sistema
pol ítico vigente , criticada por Marx ) son subsumidos en la pol ítica y
se transforman en principios pol íticos . No son ya principios é ticos ( en

154
111. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

el sentido fuerte de Marx ) en la pol ítica ; sino principios éticos subsu -


midos en la pol ítica y por ello principios normativos polí ticos . Por
ejemplo, el principio de validez en ética se enuncia: Son é ticamente
vá lidos los actos o instituciones que sean fruto de una decisión acor¬
dada por una participación simé trica de los afectados a partir de razo ¬
nes y no por violencia. Esta “ pretensión de i alidez é tica ” es subsumida

en la pol ítica como el principio que funda la “ pretensión de legitimidad
pol ítica ” , llamado el “ principio democrá tico” ( que es mucho más que
legalidad ) . El principio normativo pol ítico democrá tico es el que orien ¬
ta subjetivamente a los ciudadanos a tener la convicción de que los
acuerdos públicos institucionales ( es decir, a través de organizaciones
y leyes promulgadas ) deben alcanzarse mediante una participación en
igualdad por parte de los ciudadanos afectados, procediendo de tal
manera que sean las razones y no la violencia lo que les permita llegar
a dichos consensos. El principio de validez é tico se ha transformado
en principio de legitimaci ón pol ítica . La legalidad no exige convicción
subjetiva ( es só lo formal; la legitimidad exige tambié n convicción sub¬
jetiva de los ciudadanos ( es formal + material , es real , diría Marx ).
Y la cuestió n de fondo es entonces que, en la posició n liberal
extrema , a ) la moralidad individualista interiorista ( la é tica para al ¬
gunos , meramente moral para Marx y para m í) coexiste con b ) la le ¬
galidad formalista y puramente coactiva externa ( el derecho como
ú nica normatividad de la pol í tica ). En este caso, la pol ítica ha perdi ¬
do todo contenido normativo ( es decir, ha perdido obligatoriedad o
legitimidad en el fuero tambié n interno del pol ítico ) : es un puro lega
lismo que puede aceptar que un ciudadano pueda ganar siete mil mi ¬
-
llones de pesos en locales de apuesta ( y en otros menesteres de igual
catadura ) y al mismo tiempo presentarse como candidato al ejercicio
de un cargo pol ítico. Ese pol ítico no ganará nunca legitimidad entre
los ciudadanos. La opinión p ú blica deber ía exigir una m ínima cohe¬
rencia é tica al candidato, de manera que debería ser descalificado
para ser representante , ya que corrompe a la juventud con empresas
que a ojos vistas no promueven actitudes que ennoblezcan a la co ¬
munidad.

155
CARTA A LOS INDIGNADOS

Sin embargo, para el que escinde la moral de la pol ítica, nadie


deber ía juzgar negativamente ese hecho, porque aunque en su fuero
interno moral pudiera ser un depravado, mientras cumpla las leyes
vigentes, puede ser un gobernador legal. Creo que Marx ( que criticó
al capital en nombre de la vida humana universal ) , que Hidalgo ( que
criticó a los “ gachupines” por el amor a la patria que fundaba con su
muerte ) y que un tal Joshua de Nazaret ( que criticó a los fariseos de
su tiempo como los sepulcros blanqueados: perfectos legalistas por fue¬
ra y podridos éticamente por dentro ) no estar ían de acuerdo con este
cinismo.

156
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

PARTIDO POLíTICO Y GOBIERNO:


¿ IDENTIDAD O DIFERENCIA ?
1

Hace unos d ías un colega escribió un interesante art ículo sobre el par-
tido pol ítico en este diario. Indicó como conclusión , si no lo he inter'
pretado mal, que el partido pol ítico tiene que ser fiel al gobierno
( cuando el representante elegido es del mismo partido ) y ayudarlo en
sus logros. Por ello es criticable el enfrentamiento del dirigente de un
partido pol í tico con el representante elegido del mismo partido que es
gobierno. Sin embargo, si esto fuera llevado a su extremo, el partido
político tender ía a ser una institución de la sociedad pol ítica como tal:
se identificar ían Estado y partido y este ú ltimo tendería a ser “ partido
ú nico” o al menos “ partido de Estado” . Esto, opino, no es conveniente.
Durante setenta a ños vivimos la experiencia , todav ía en vigor en
la mayor ía de los estados bajo el poder de gobernadores que, como

verdaderos “ virreyes” se ha escrito con propiedad esta metáfora , —
identifican su partido con el gobierno. Son feudos inamovibles anti¬
democrá ticos monopolares. All í el partido es gobierno, y no hay nin ¬
gú n conflicto posible entre ellos: el gobernador que ejerce el poder es
de hecho el dirigente del partido. . . como antes lo era el presidente
para todo el pa ís.
En este caso el partido se ocupa de reproducir el estamento buro ¬
crá tico del Estado y se transforma en “ maquinaria electoral” exclusi ¬
vamente, para garantizar la indicada ininterrumpida reproducción del
sistema. Cre íamos que hab íamos superado el síndrome de los “ seten ¬
ta añ os” , pero no es así, éste pervive y con muy buena salud.
La institución democrá tica de elegir representantes ( en realidad
son dos instituciones: la representación misma y la manera de elegir
al representante ) exige , para tener legitimidad , que haya una partici ¬
paci ón simé trica de los actores. ¿Cómo habr ía simetr ía en la elección
de representantes si los de un partido cuentan con todo el poder del
Estado y los otros no ? En este sentido la identidad ( o la demasiada

1
Publicado en La Jornada , Mé xico, 7 de julio de 2007, p. 13.

157
CARTA A LOS INDIGNADOS

subordinación del partido al gobernante ) crea una asimetr ía necesa ¬


riamente antidemocrá tica.
Además, dentro de la gobemabilidad misma del ejercicio del poder,
una dimensión consiste en que el candidato de un partido sea elegido,
y otra , en que el elegido sea , en virtud de la elección , el que ejerce
delegadamente el poder depositado por todo el pueblo en una institución
pol ítica ( por ejemplo, ser gobernador ) . Dicho ejercicio, de lo que llamo
“ poder obediencial ” ( véase mi obra Veinte tesis de política , tesis cuatro ) ,
no es ya en beneficio de los miembros particulares de un partido, sino
de toda la población , de toda la comunidad política. De cierta manera ,
el elegido cambia de estatuto al asumir la responsabilidad del gobierno,
y se transforma en representante al servicio de todo el puebh.
Debido a estas razones, y hay muchas más , es adecuado diferenciar
entre el partido pol ítico y el gobierno, aun a riesgo de confrontaciones.
Que un presidente llegue a promover la elección dentro de su partido
de una mayor ía de miembros que le son subordinados o leales en una
asamblea partidaria puede parecer normal o inevitable , pero no es
conveniente. Otra cosa es que al tener autoridad moral obtenga de
sus correligionarios un voto de confianza y de conformidad que le
permita gobernar con mayor ía en los otros poderes, para hacer m ás
factible la gobemabilidad , pero guardando claramente el derecho po¬
sible a la confrontación , ya que el partido y el gobierno no son id é n ¬
ticos y es correcto que no lo sean.
Esto nos lleva a la pregunta de fondo , entonces: ¿ para qué sirve el
partido pol í tico al gobierno de turno , a los futuros gobiernos y al
pueblo todo ? Esto exige reflexionar sobre la esencia del partido pol í¬
tico, ciertamente en crisis en nuestro medio.
Si los partidos pol íticos no deben ser primera ni fundamentalmen ¬
te una “ maquinaria electoral” , que se pone en acción en las elecciones,
y que previamente piensa todas sus estrategias en vista de dicho acon ¬
tecimiento, y tampoco deben identificarse con las instituciones del
Estado, ¿qué son los partidos ? Ante la cuestión caben dos preguntas:
¿ Qui é nes son los miembros de un partido pol ítico ? Y, ¿ cu á les son sus
responsabilidades cotidianas fuera de los actos electorales ?

158
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

En la Revolución Francesa los primeros partidos, como los jacobi ¬


nos, fueron clubes de amigos de los representantes electos que prepa ¬
raban las siguientes elecciones entre sus relaciones. Eran “ maquinarias
electorales” . Sus miembros eran fundamentalmente los representan ¬
tes elegidos , la burocracia pol ítica. En M é xico actualmente los miem ¬
bros activos de los partidos son los que forman parte de la burocracia ,
que reciben sueldo. Hay poca posibilidad de colaboración organizada
de miembros de buena voluntad que cumplan tareas no remuneradas;
al menos no son la mayor ía.
Por el contrario, en la segunda mitad del siglo xix surgieron parti ¬
dos obreros cuyos miembros excepcionalmente eran representantes
electos, por lo que militaban en dichos partidos en vista de una lucha
social y pol ítica que part ía de sus necesidades y sus convicciones. El
partido era una escuela pol í tica , lugar de reunión , discusión, aprendi ¬
zaje retórico, información , donde se efectuaba el diagnóstico de las
situaciones concretas. Despu és de la Primera Guerra llamada Mundial
surgieron , junto a los partidos socialdemócratas y comunista , las de ¬
mocracias cristianas en Europa. Estos partidos ten ían membresía , pero
también organización de la base, formación de sus dirigentes, campa ¬
ñas pol íticas en diversos á mbitos, donde sus militantes aprend ían a
ser actores en el campo político. Estos partidos eran “ escuelas de po¬
l ítica ” .
En nuestro medio no hay nada parecido. En el mejor de los casos,
hay un excelente liderazgo que convoca la voluntad popular y que
puede reunir cientos de miles de ciudadanos. En otro nivel se encuen ¬
tra la burocracia del partido, en buena parte a sueldo del Estado por
ser elegida como representante o por cooperar en el ejercicio del go ¬
bierno; debajo de esa burocracia se encuentra el ciudadano que vota
por el partido, pero que dejado individualmente a su propio destino,
va de la exaltación del mitin multitudinario a la soledad de su domi ¬

cilio particular como suger ía Jaime Avilés— . El partido no tiene
ninguna institución intermedia que acoja al simpatizante , para darle
la posibilidad de constituir un grupo fraterno de correligionarios, don ¬
de se eduque pol íticamente y act úe cotidiana y continuamente, d ía a

159
CARTA A LOS INDIGNADOS

d ía , semana a semana, mes a mes, superando así la mera participación


a la convocación multitudinaria impersonal a la que le seguirá otro
mitin tambié n impersonal , donde además del entusiasmo no se apren ¬
de mucho más. Un partido político así no es “ escuela pol ítica ” , sigue
siendo una “ maquinaria electoral ” y depende de los momentos fuertes
de las elecciones, cuando las elites del poder, que tienen todos los
medios propagand ísticos , lo vencer á n una y otra vez.
¿ Es posible revertir esta lógica derrotista y salir del esquema de
“ partido maquinaria electoral ” para convertirse en “ escuela política ” ?

160
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLITICAS

¿LA LIBERTAD DE PRENSA:


DE LOS MEDIOS O DEL PUEBLO ?1

Se habla del “ derecho a la libertad de prensa ” . La cuestión en verdad


se refiere a algo mucho más amplio y complejo. A finales del siglo xvm,
en Europa y en Amé rica Latina aparecieron gacetas que anticiparon
los futuros diarios. La burguesía ( o los criollos entre nosotros ) , que era
la ú nica , junto con la Iglesia, que pod ía escribir, imprimir y leer, ejer ¬
ció el derecho de expresión ante las monarqu ías absolutas o metropo¬
litanas. Antes, en pleno siglo xvn , Benito Spinoza hab ía defendido el
“ derecho a pensar libremente” , lo que es condición de posibilidad de
la libertad de prensa. Después, en pleno siglo XX, apareció la radio y
tras la Segunda Guerra Mundial , la televisión. Se denominó a todo el
conjunto del sistema de la comunicación los “ medios” siendo la
televisión el más importante, porque puede manejar la imagen en

movimiento, junto al sonido de la antigua radio y la palabra de la
prensa escrita ( sin la “ molestia” de tener que leer, ya que la comuni ¬
cación es oral ).
Pero, del “ derecho a la libertad de prensa ” de la burguesía ante el
Estado tradicional ( absoluto y mercantil ) se ha pasado lentamente al
otro extremo: al monopolio de la comunicación en manos de dicha
burguesía, ahora transnacional, global izada , que ejerce un poder nun ¬
ca antes visto sobre la opinión p ú blica ciudadana , sobre todo de las
masas antes no influenciables por la prensa escrita. Es decir, contem ¬
plamos una mediocracia ( el “ poder” de los “ medios de comunicación ” )
que no sólo se sit ú an sobre el Estado, sino tambié n sobre la comunidad
pol ítica misma . De los tres té rminos del espectro comunicativo ( el
Estado, la comunidad pol ítica y los medios de comunicación ) estos
ú ltimos han sojuzgado a los otros dos, en nombre del “ derecho a la
libertad de prensa” .
Entiéndase que la sociedad civil y las empresas privadas de la bur ¬
guesía pueden tener derecho a la libre expresión , pero dentro de los

1 Publicado en La Jornada , México, 9 de junio de 2007, p. 14-

161
CARTA A LOS INDIGNADOS

l ímites que deben estipular la Constitución y las leyes correspondien ¬


tes, cumpliendo con las finalidades propias de los “ medios de comuni ¬
cación ” . En principio, dicha función ideal ser ía la educación de la
comunidad pol ítica en su identidad cultural , en la conciencia de su
historia, en el aprendizaje de novedades. El entretenimiento es per¬
mitido, pero no puede ser la función ética esencial de los medios de
comunicación , que en realidad son la prolongación de la escuela , la
universidad, como otra institución social de formación de un pueblo.
Sabemos que esto ha sido completamente invertido, pero no por in ¬
vertido hay que olvidar el sentido de las cosas. Los “ medios” son medios
“ de comunicación” de una generación dada a la nueva, de conocimien¬
tos ú tiles y morales para fortalecer a la comunidad pol ítica. De hecho
se han transformado en algo as í como el mercado que muestra las
mercancías del capital ante potenciales compradores, mediando pro¬
gramas “ atractivos” para ganar la atención hacia la “ publicidad ” co ¬
mercial. Es decir, se han transformado los medios en instrumento de
la empresa capitalista , siendo ellos mismos una gran empresa que ex ¬
plota la comunicación , “ adormeciendo” la conciencia ciudadana con
respecto a los grandes problemas que los acucian cotidianamente .
Estuve hace tres semanas en Caracas, en un congreso universitario
de ciencias sociales, y el alcalde de esa ciudad, Juan Barreto, me en ¬
tregó en mano su obra de reciente aparición: Crítica de la razón mediá¬
tica ( Caracas, 2006 ) , de 700 páginas. El político electo de la capital
venezolana ( un intelectual pol ítico) es profesor universitario de cien ¬
cias de la comunicación. En su obra , que en mi opini ón es el mayor
estudio actual en el continente sobre el tema , muestra un extenso
dominio de lo más cr ítico de la problemá tica actual , junto al uso de
una inmensa bibliograf ía europea , estadounidense y latinoamericana,
llega a escribir: “ Vemos en los dispositivos massmedi á ticos una rup¬
tura con antiguas prácticas de producción de subjetividad [...] donde
todo acaba por ser afectado por la lógica massmediá tica , en tanto que
lógica del sentido [...Es un] ejercicio del biopoder como control inte¬
rrumpido” ( p. 324 ) . En efecto, los medios de comunicaci ón cautivan
al espectador apresándolo con la imagen , el sonido, dando el sentido

162
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

a la cotidianidad , sea pol ítica, cultural o económica. La mayor ía de los


espectadores se tornan impotentes de poder reaccionar ante la me
diocracia , ante el monopolio de la comunicación en manos de grandes
-
consorcios.
De un “ derecho a la libertad de prensa ” se ha pasado al “ monopo -
lio despótico del mensaje cifrado” , discurso de dominación antidemo ¬
cr á tico sin contrapartida , sin competidor posible. La comunidad
política no puede ejercer su “ derecho a una información veraz” ( tercer
polo de la comunicación, junto a los medios de comunicación y el
Estado ) . La comunicación , un bien pú blico esencial , ha sido secues¬
trada contra la ciudadan ía, que como pasivo espectador es constitui ¬
do en su subjetividad más íntima ( en sus deseos , sus interpretaciones,
su sentido de la existencia cotidiana ) segú n la voluntad omnipotente
de los medios.
Por lo tanto es necesario que el Estado ejerza sus derechos de con ¬
ceder o no, de concursar p ú blicamente, o de penalizar cuando un
medio no cumpla con la legalidad estatuida . Otorgarle a un medio la
posibilidad de comunicarse con la comunidad política no lo priva de
cumplir con sus obligaciones. Si , por ejemplo , participa activa y di ¬
rectamente en un “ golpe de Estado” es evidente que el Estado puede ,
en el momento del t é rmino de la concesión , privarlo de la posibilidad
de dicho ejercicio. Es lo que ha acontecido en Venezuela. El enorme
esc á ndalo que los mismos medios de comunicación han organizado
indica que temen , en América Latina, perder el ejercicio monopólico
injusto que los Estados irresponsables ante su propia población les han
concedido.
Los pueblos latinoamericanos, que comienzan a saber elegir a sus
gobernantes ( como en Argentina , Uruguay, Brasil , Bolivia , Ecuador,
Venezuela y Nicaragua ) , empiezan también a tomar conciencia de
que habrá que ordenar constitucional y legalmente a los medios de
comunicación, que de un ejercicio mediocrá tico deberán, en el futu ¬
ro , descubrir su sentido cultural y educativo al servicio del pueblo.
En este caso dicho pueblo podr ía ejercer el “ derecho a la comuni ¬
caci ón veraz” que los medios de comunicación en manos de los inte -
m
CARTA A LOS INDIGNADOS

reses privados del mercado globalizado no le permiten cumplir. El


Estado deber ía igualmente reasumir su papel rector en la comunicación,
que es también un bien pú blico y del cual hay que garantizar la liben
tad democrá tica eliminando monopolios (o duopolios ) mediocrá ticos.
La expresión de las masas populares a través de los medios de co¬
municación comunitaria es igualmente un “ derecho a la libertad de
prensa” del pueblo ( no sólo de los medios de comunicación al servicio
del capital ) , de los ciudadanos, que debe protegerse y alentarse como
esencia de la democracia.
Lo que acontece en Venezuela ( por negar legalmente una conce ¬
sión ) y en México ( en cuanto a la posibilidad de superar el duopolio
existente ) son buenas noticias.

164
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

LA VIDA : Sí, PERO TODA LA VIDA1


Hemos escrito cientos de páginas probando en mi É tica de la libera -
ción —que la “ vida humana ” es el fundamento absoluto material (en
cuanto contenido ) de la pretensión de bondad de todo acto humano.
Todo acto humano, máxima, institución , sistema, puede ser conside ¬
rado éticamente bueno si afirma o desarrolla algú n aspecto de la “ vida
humana ” . Es más, ningú n acto puede dejar de tener en cuenta ese
principio universal: o, en el largo plazo, afirma la vida o mata de algu ¬
na manera. Por ello hemos criticado los formalismos, los racionalismos,
el cinismo de la razón instrumental, por no incluir entre las condicio ¬
nes de la moralidad la afirmación de la “ vida ” y, fundamentalmente
( sin antropocentrismos ) , de la vida “ humana ” .
Actualmente hay grupos que toman también la vida como criterio
de moralidad , pero la toman parcialmente, para solucionar un solo
caso ( y de manera igualmente unilateral ) . A eso le llamaré t écnica ¬
mente una “ falacia reduccionista” : reducen el tema a una de sus posi ¬
bilidades. Tomemos algunos ejemplos para entender la cuestión.

Si una honesta y ejemplar segú n hemos leído en su biograf ía -
tejedora, pastora, madre y abuela de gran familia , ind ígena , de sexo

femenino, en su edad de extrema dignidad por estar en su senectud
— —
como diría Séneca es violentamente atacada, violada y muerta
por un grupo asesino, ¡se ha atacado la vida humana! El acto no podrá
pretender ser bueno; es perverso, injusto, reprobable.
Si a millones de trabajadores o empleados del Estado se les ponen
en riesgo los fondos de su retiro, que con miles de horas de trabajo ( de
su “ vida ” , entonces , que se han objetivado en bienes , y entre ellos en
sus aportes mes tras mes durante a ños ) han acumulado, dejando a
discreción de un capital privado que podr ía en su momento declarar ¬
se en quiebra , es “ matar ” de alguna manera a todos esos hombres y
mujeres en su “ vida” , porque la pobreza ( toda pobreza es menos vida, -
1
Publicado en La Jornada , México, 20 de abril de 2007, p. 18.

165
CARTA A LOS INDIGNADOS

- -
peor vida , acortar vida ) ensombrecerá su muerte anticipada, es ¡ata ¬
car la vida humana!
— —
Intentar privatizar un bien del pueblo como Pemex , bien co ¬
m ú n que permite usufructuar una riqueza que ayuda a mejorar la salud,
la educación , la felicidad y la longevidad del pueblo , es poner en
riesgo nuevamente la “ vida ” de millones de hombres y mujeres, y
restringir que esos bienes sean usados por unos pocos mexicanos y, lo
peor, por extranjeros, es ¡negar la vida humana!
Entregar la educación de nuestros hijos en la ense ñanza pública y
los medios de comunicación ( que son como una segunda escuela del
pueblo ) a manos de aquellos que toman esos sectores tan esenciales
de la “ vida ” humana para fines gremiales espurios o de simple ganan ¬
cia económica es, nuevamente, ¡atacar la vida humana !
Obligar a una niña violada a que dé a luz el hijo, fruto de la viola ¬
ción , sin ayudar a la educación del hijo, sin hacerse cargo de tantos
efectos negativos que sufre la joven madre, atenta de muchas maneras
contra la “ vida ” y la dignidad de la madre. En primer lugar, porque el
machismo de nuestro medio no hace tambié n responsable del acto al
“ padre soltero” . ¿Quié n ha pensado, como acontece en pa íses menos
machistas y más desarrollados, imponer por ley la posibilidad de se ¬
ñalar quién es el padre de la criatura ( aunque sea un joven irrespon ¬
sable ) , a tin de que no sea sólo la pobre muchacha la víctima del don
Juan ? El dicho “ padre soltero” ( la expresión suena extraña por inusual,
pero nos muestra la injusticia con que se acomete a la “ madre soltera” )
deberá hacerse responsable de todos los gastos y obligaciones educa ¬
tivas de su hijo si su madre ( aunque no fuera su esposa ) quiere tener
dicho hijo. Esto por lo menos har ía responsable igualmente a la parte
masculina. En segundo lugar, porque toda pretensi ón de bondad de
un acto exige un pleno y autónomo consenso, una libre determinación
del agente moral. Nadie , ni el juez ni ninguna institución , por m ás
sagrada que se pretenda ( y menos la fundada por Jesh ú a de Nazaret ,
que instituyó la inviolabilidad y ú ltima instancia de la conciencia
moral de la persona ) , puede pretender suplantar o decidir por el actor
é tico. La mujer y el varón ( este ú ltimo como corresponsable de la

166
111. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

decisión que tome la mujer, en cuyo cuerpo se engendra el nuevo ser


humano ) que conciben un hijo son , como decimos, la ú ltima instan'
cia é tica de la decisión , y pueden ser juzgados por haberla adoptado ,
pero nadie puede ocupar su lugar. Se les pueden dar consejos, se pue ¬
de pretender proclamar reglas o leyes pú blicas, pero la instancia sub ¬
jetiva es la definitiva.
La vida de la madre viene primero; después la del hijo. Es una cues ¬
tión de vida o muerte , y encarar directamente la muerte de uno de
ambos estaría en contra del principio material ( por su contenido ) de la
é tica. Claro que, en concreto, los principios pueden entrar en con ¬
flicto ( la vida de la madre y del hijo) , y hay que saber discernir entre
ellos , darle a uno prioridad sobre el otro, en la complejidad casi infini ¬
ta de los casos emp íricos. No entramos aqu í a describir la cuestión , sino
a indicar los principios. Es un caso donde la “ vida ” nuevamente es
criterio de discernimiento y fundamento de justificación de los actos.
Por eso los movimientos que dicen ser “ pro- vida ” , lo que en s í
mismo es muy positivo , deber ían advertir que dicho principio ( la
afirmación de la vida humana ) juega una función fundamental en
toda la ética , la pol ítica , la econom ía y en todos los campos prácticos.
Veamos un ejemplo económico.
Karl Marx muestra que el trabajador emplea muchas horas de su
“ vida ” para producir mercanc ías. El “ valor de cambio” para Marx se
expresaba metafóricamente por la sangre, como coágulo de sangre. El
valor económico de las mercanc ías, que aparece en el mercado como

precio, es objetivación de “ vida ” humana para el pensamiento se ¬
mita de aquel Marx de familia jud ía la “ sangre” era la “ vida ” y por ello
Feuerbach dijo que la esencia del cristianismo era “ beber y comer":
beber la sangre del Cordero y comer su carne en la Eucarist ía , para

esc á ndalo de marxistas est ándar y cristianos conservadores . Dice el
libro del Eclesiástico ( Ben Sira ) de la Biblia ( jud ía y cristiana ): “ Quien
no paga el justo salario derrama sangre ” ( 34, 27 ) . Por ejemplo, ante el
reciente aumento de la tortilla ( alimento que reproduce la “ vida” ) , es
decir, ante la necesidad de tener más dinero ( que es por su parte obje¬
tivación de “ vida ” , como todo valor de cambio ) para poder vivir, el

167
CARTA A LOS INDIGNADOS

pueblo de los pobres “ muere” de alguna manera ( cuando no se sacia el


“ hambre” , como dice Ernst Bloch, el sujeto es atacado en su sobrevi ¬
-
vencia por la injusticia ). Espero que los movimientos “ pro vida ” hayan
colaborado con los que se manifestaron por dicho aumento.
En conclusión, cuando se habla de la “ vida humana” como criterio
ético y principio que fundamenta la pretensión de bondad de todo acto,
no se debe reducir a un aspecto de la vida, sino usarla en toda su uni ¬
versalidad como justificación de la justicia en econom ía, en pol ítica,
en cuestiones de género y hasta en el deporte: en todo acto humano.

168
111. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

¿ LIDERAZGO O CARISMA ?
¿ PUEDE UN LíDER SER DEMOCR áTICO ?
1

Max Weber, al definir el poder se refiere a los tipos de dominación e


indica que junto a la dominación legal o la de la tradició n se encuen -
tra la dominación carism á tica. Es un “ modo de legitimidad ” para el
sociólogo alemá n. En realidad , el gran sociólogo contunde muchas
cosas. En primer lugar, la dominación es ya un ejercicio fetichizado
del poder
— ya que el poder pol ítico no es necesaria ni propiamente
dominación ( véanse las cinco primeras tesis de mi librito Veinte tesis
de pol ítica ) . En segundo lugar, la legitimidad es definida en relaci ón
con “ la posibilidad de encontrar obediencia dentro de un grupo
determinado” ,2 sabiendo que “ obediencia significa que la acción trans¬
curre como si el contenido del mandato se hubiera convertido en
má xima de su conducta ” ( de los obedientes ).
Por el contrario, la obediencia como “ poder obediencial ” ( reco ¬
giendo la sugerencia de Evo Morales ) , consiste inversamente en la
escucha de las demandas justas de la comunidad pol ítica o pueblo, que
el pol ítico carismá tico reconoce como propias y por ello la legitimidad
se define en referencia a la convicción subjetiva de los miembros de
la comunidad pol ítica de haber participado sim é tricamente en las
decisiones adoptadas por el pueblo y obedecidas por el que ejerce
delegadamente el poder institucional.
De esta manera, el que ejerce el liderazgo no apoya su legitimidad
en el magnetismo m á gico, irracional o emotivo del carisma que pre ¬
tende poseer, y que toma a una comunidad obediente ante el ejercicio
de una dominación del investido por tal poder. Muy al contrario, el
que ejerce el liderazgo democrá tico apoya su legitimidad en la racio¬
nalidad de ser obediente en el cumplimiento de las demandas justas
de los adherentes, de la comunidad , del pueblo; los que por su parte
han participado sim é tricamente en la formulación de las demandas

1
1
.
Publicado en La Jornada Mé xico, 4 de marzo de 2007, p. 10.
M. Webcr , Economía y sociedad , Mé xico, FCH, 1984, pp. 170 y 173.

169
.
CARTA A I OS INDIGNADOS

por consenso ( ú ltima fuente de legitimidad política ) . Esta comunidad ,


al comprobar la fidelidad del l íder en el cumplimiento de las demandas,
de las necesidades del pueblo, hechas realidad en obras concretas, va
dando confianza a la persona del l íder, pero no por el reconocimiento
de ignotos poderes sobrenaturales ( como indica Max Weber ) , sino a
partir de una comprobación racional y empírica de que el l íder “ hace
lo que promete ” , y “ promete lo que la gente necesita ” . El círculo má ¬
gico del carismatismo weberiano pende del cielo y convierte a la co¬
munidad en obediente, pasiva , sumisa. El círculo pol ítico adecuado
del liderazgo democr á tico pende de la comunidad y educa al l íder en
la obediencia a la misma comunidad.
Racionalidad , principios , proyectos hegemónicos y democrá ticos
no se oponen a un liderazgo democrá tico. Por el contrario, el movi ¬
miento o partido pol ítico sin liderazgo puede perderse en la imperso¬
nalidad de las burocracias inoperantes. El Partido Demócrata ganó
ciertamente bajo el liderazgo de John F. Kennedy, el Partido Bolche ¬
vique poco hubiera hecho sin el liderazgo de Lenin, las transforma ¬
ciones actuales en América Latina ser ían imposibles sin los Kirchner,
Lula , Evo Morales o Hugo Chá vez. En Mé xico el Partido Acción
Nacional ( PAN ) y el Partido Revolucionario Institucional ( PRI ) no
tienen liderazgo, y lo resienten profundamente . El Partido de la Re ¬
volución Democr ática ( PRD ) tiene liderazgo, pero no sabe cómo ma ¬
nejar el hecho del liderazgo en su seno.
Es necesario entonces discutir la relación entre la organización del
partido pol ítico y el liderazgo de alguno de sus miembros, que debe ser
visto como el miembro gracias al cual el partido tiene mucho que
ganar, y no como una fuerza independiente con organización propia ,
paralela , sentida como rival . Por ello hay que discutir abiertamente
la cuestión.
Desde el antiguo gobierno de Venecia, organizado al comienzo del
siglo ix d.C, junto con el Gran Consejo , donde los venecianos ejerci ¬
taban una democracia directa ( al menos al principio ) , siempre existió
el doge , que en dialecto veneciano significa duce , conductor, l íder. El
doge , como un anticipo del Poder Ejecutivo, era elegido por el Gran

170
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

Consejo mediante una compleja estructura electiva democrá tica y,


en el momento de su investidura, se arrodillaba ante el León de Ve -
necia, que representaba al pueblo veneciano. El doge estaba al servicio
del pueblo; nunca el pueblo al servicio del doge . El Gran Consejo
pod ía deponerlo; es decir, era el l íder, pero no era un rey con manda ¬
to divino. Era electo por el pueblo de por vida, pero estaba al servicio
de las demandas del pueblo veneciano. Era un liderazgo democrá tico.
Pero como era un liderazgo, el valor del doge electo se notaba . Los
hubo timoratos y cobardes que crearon grandes crisis en Venecia.
Los grandes doge llenaron de esplendor a la República, la condujeron
a la victoria . Las personas concretas tienen diferencias, valores y de ¬
fectos, y su justa elecció n favorece a los pueblos.
El liderazgo en pol ítica es necesario, es un factor positivo en la
estrategia y en la conducción. No se trata de un carismatismo m ágico.
Debe definirse dentro de las instituciones que responden a la racio¬
nalidad de la eficacia y la democracia , a la gobemabilidad y la fuerza
de la legitimidad “ desde abajo” .
El l íder no debe despreciar al partido, porque le faltar ía base críti ¬
ca , y de no tener ese apoyo desde abajo lo buscar ía desde arriba (en el
ejé rcito, en la plutocracia , en el imperio, etc. ). El partido no puede
despreciar al l íder porque le faltar ía conducción en relación con el
pueblo y, sobre todo, le faltar ía el justo magnetismo que permite la
adhesión del pueblo a una persona honesta , sencilla, eficaz adminis¬
trativamente, patriótica en la defensa de los bienes p ú blicos del pue ¬
blo , y otras muchas cualidades concretas que no pueden portar los
proyectos ni los principios ( porque son enunciados abstractos y no
sujetos reales ) . Los principios se respetan , se cumplen, se aceptan . Las
personas pueden ser amadas , admiradas , imitadas, compadecidas
cuando sufren el dolor del pueblo, y por el pueblo, que es el objeto de
la injusticia. La indignaci ó n ante el desafuero fue también un acto
de conmiseración ante un “ chivo emisario” que iba injustamente al
sacrificio, y esta motivación ética con respecto a la “ v íctima ” ( tan
criticada ) sólo puede despertarla una persona concreta y no meramen ¬
te un principio.

171
CARTA A LOS INDIGNADOS

El pueblo debe educar a sus líderes, exigirles su permanente actitud


democrática de auscultación a sus demandas. Debe también saber
criticarlo, pero no para destruirlo sino para fortalecerlo. No debe de ¬
jarse llevar sólo por la emoción, aunque la emoción tambié n es nece¬
saria. Hay que teñ ir esta problemá tica de racionalidad, es decir, de
saber definir claramente los criterios de un liderazgo democrático.
Por último, algunos piensan que por destino les toca el ejercer el
liderazgo. No advierten que el liderazgo exige muchas cualidades que
no todos poseen, ni están dispuestos a cumplir heroicamente con sus
exigencias. Es verdad que pertenecer a una familia de líderes puede
— —
ayudar ya lo decía Maquiavelo , pero no puede suplir el carisma
personal. Cuando no se nace con él puede elaborarse, pero es excep ¬
cional y con frecuencia con pocos resultados. Lo más triste es cuando
el que se cree investido del liderazgo, sin tener tal carisma, intenta
hacer sombra al que en realidad tiene esa virtud. En este caso quita
fuerza al liderazgo y, a la larga, hace el ridículo, cuando pierde la dig¬
nidad que había alcanzado en actos del todo encomiables, pero que
no despertaron en el pueblo esa adhesión emotiva ( y racional ) que el
l íder despliega de manera cuasinatural.
En todos los casos los errores pol íticos pueden corregirse, y es de
ciudadanos y líderes reconocerlos y enmendarlos. Esa es también una
cualidad del líder democrático, reconocer sus errores.

172
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

CRITERIOS DEL LIDERAZGO DEMOCRáTICO1

Al terminar de leer la obra de Tomás Eloy Mart ínez, La novela de Perón


( 1985 ) —en tomo al 20 de junio de 1973 en Ezeiza , con la matanza

de cientos de jóvenes, como en Tlatelolco , quedé conmocionado,
en especial por la cita final: “ No conozco la duda . Un conductor no
puede dudar. ¿Se imagina usted a Dios dudando un solo instante ? Si

Dios dudara , todos desaparecer íamos expresó Perón “ .2 Argentina—
cayó, en el tercer gobierno de Per ón , en una espantosa dictadura y
fuimos muchos en sufrirla en carne propia. Sin embargo, alguien pue ¬
de objetarme, y con razón , que ninguna revolución , ni siquiera las
socialistas ( piénsese en Lenin , Mao, Fidel Castro, etc. ) , dejaron de
tener un claro liderazgo, o al menos la conducción de una reducida
vanguardia ( como en el caso de los sandinistas en 1979 ). El tema debe
ser pensado en cuanto a los criterios del liderazgo democrático , para
mejor comprender las ventajas y los riesgos de todo liderazgo, no sólo
inevitable sino igualmente necesario y de mucho sentido.
¿ Por qué toda revolución o proceso de cambio social tiene siempre
un liderazgo construido desde el pueblo ? Porque los proyectos y prin ¬
cipios de todo cambio social y político, que son espec íficos o univer¬
sales, hay que aplicarlos a los casos concretos, y en esta aplicación
puede haber muchos errores. Los encargados de aplicarlos son perso¬
nas, pol íticos, biograf ías concretas, sujetos con cualidades y vicios ,
humanos, limitados, históricos. Los movimientos sociales, los pueblos,
los ciudadanos pueden adherirse a proyectos y principios, pero igual ¬
mente necesitan discernir sobre las personas concretas que llevará n
a cabo los principios y proyectos hegemónicos. En este caso la perso¬
na real , con rostro, con generosidad , honestidad , sentido del humor,
prontitud en la decisión, perseverancia... es esencial. Los pueblos no
siguen sólo principios , proyectos, sino tambié n personas. Y esto es

1 Publicado en La Jornada, México, 15 de marzo de 2007, p. 26.


1 Tom ás Eloy Mart ínez, La novela de Perón , Buenos Aires, Alfaguara , 2005, p.

173
CARTA A LOS 1ND1Ü NADOS

necesario y correcto en pol ítica ( como en todas las actividades huma -


ñ as ) . La izquierda tambié n necesita liderazgo y siempre lo ha tenido,
pero no le agrada discutir el tema...
La cuestión de fondo, sin embargo, es reflexionar sobre los criterios
que juzgan la acción de liderazgo y la colocan dentro de ciertos límites
que lo determinan como un liderazgo justo, democrá tico, eficaz, cr íti -
co. Si se cumplen estos criterios no habría que temer el liderazgo. Ade ¬
más, los mismos que cumplen el liderazgo tendr ían pautas correctivas
que les permitirían enmendar sus errores en el ejercicio del liderazgo.
Los l íderes no pueden ser infalibles; siempre se equivocan , como todo
pol í tico. La cuestión estriba en poder corregir los errores con cohe¬
rencia y en cumplimiento de los criterios previamente estipulados.
El primer criterio del liderazgo es que toda acción del l íder debe
cumplir con el proyecto de reproducir y aumentar la cualidad de vida
de los ciudadanos, en especial los m ás necesitados. Es el principio
material ( ecológico, económico y cultural ) . Se da por supuesto, pero
en muchos casos no se cumple claramente. V é anse las tesis nueve y
trece de mi librito Veinte tesis de pol í tica.
El segundo criterio de liderazgo es el ejercicio continuo de la de ¬
mocracia ( tesis diez y 19 de la misma obra ) ... Por ejemplo, si un l íder
en el Ejecutivo tuviera mayor ía absoluta , con sus partidarios en la
Cá mara de Diputados, situación ideal para exigir a sus correligionarios
el cumplimiento de sus deberes como representantes, al estudiar las
leyes y decretarlas; pero si el mismo Ejecutivo las promueve y, para ir
más rá pido, pidiera plenos poderes para suplir la acción de la Cámara
de Diputados, habría faltado al criterio de un liderazgo democrático ,
porque asumiría innecesariamente plenos poderes y debilitar ía la ca ¬
pacidad discursiva de los diputados. Éstos perderían responsabilidad ,
quedarían inactivos y obedientes ante un liderazgo que no se ocupa de
acrecentar los hábitos democrá ticos de sus colaboradores. Es una oca ¬
sión perdida para democratizar las estructuras del Estado. Se transfor¬
mar ía así en un liderazgo ambiguo, que puede ser tachado de dictadura
( en el sentido de la institución romana ) y, por desgracia, dictadura in ¬
necesaria, ya que tiene una mayor ía absoluta en la Cámara ( pero d é bil ,

174
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLITICAS

porque la oposición decidió no participar en las elecciones y en vez


de afirmar a sus correligionarios en la Cá mara los debilita con sus
plenos poderes ) . Se trata de un error en el ejercicio del liderazgo .
Nunca hay que tomar ninguna decisión sin que los afectados tengan
conciencia de haber participado plenamente. Elegir ser conductor de
los movimientos sociales o presidente leg ítimo es una decisión que
puede imponerse desde abajo ( democrá ticamente y usando institu ¬
ciones para ello, como un voto para compulsar la opinión ) o desde
arriba ( y si queda la sensación de que fue desde arriba el liderazgo
pierde fuerza, porque no es asumido como propio, por consenso, con
legitimidad , democrá ticamente por los partidarios ).
El tercer criterio es la factibilidad, la eficacia. Si el liderazgo llega
a las metas propuestas, es eficaz. Evidentemente pueden no cumplirse
las metas por objetivas razones de injusticia, de actos corruptos de los
oponentes, de instrumentos desproporcionadamente superiores de
los antagonistas. Pero, de todas maneras, la eficacia, al menos por el
aumento del consenso en el pueblo con respecto a la corrección en
el uso de liderazgo, es un criterio fundamental. Los errores ineficaces
no deben ser de tal tamaño que el liderazgo desaparezca por inanición,
como en el caso de la candidatura de Madrazo en la ú ltima elecci ón.
El liderazgo de izquierda , además, debe ser cr ítico frente a las in ¬
justicias, las instituciones opresoras, la incorrecta conducci ón por
parte de los oponentes ( por ejemplo, de la gran burguesía ) . La valen ¬
t ía al enunciar p ú blicamente errores fundamentales ( como la priva ¬
tización de los energ é ticos o el endeudamiento de Pemex como

ocultamiento del endeudamiento del Estado ya que al entregar
Pemex sus recursos al Estado, su deuda en realidad es la deuda que
debió contraer el Estado) — es igualmente parte constitutiva del li ¬
derazgo.
Todo movimiento pol ítico necesita participación popular, claros
principios normativos, proyecto hegemónico, organización adecuada
y liderazgo confiable y eficaz. No hay que temer a los l íderes, pero hay
que exigirles que cumplan con criterios pol íticos democrá ticos claros
que puedan servir para realizar cr íticas constructivas. La izquierda no

175
CARTA A LOS INDIGNADOS

está habituada a hacerlo. Con frecuencia critica todo o acepta todo.


Además, muchos se creen l íderes sin responder realmente a los crite¬
rios de tales.
Por ejemplo, cuando un l íder corrompe a sus adherentes con pro ¬
mesas de ventajas particulares ( del grupo adherente ) y no abiertas a
todos los afectados ( aunque no sean adherentes ) , es un falso l íder, es
un jefe de pandilla, es un cacique corrupto. El “ charrismo” es un exce ¬
lente ejemplo de liderazgo corrompido. El corporativismo, con el lema:
“ Yo te doy para que t ú me des” , fetichiza el poder del “ rey” ( el “ rey de
los jitomates” en la Merced ) , que es el que protege injustamente los
intereses ileg ítimos de los suyos contra otros afectados. En ese caso el
liderazgo no cumple con el primer criterio ( no promueve el aumento
de vida de todos los afectados ) , ni es democrá tico ( excluye a ciertos
afectados ) ; ciertamente es eficaz, pero con una eficacia de corto plazo,
destructora y pervertida. Eso no es liderazgo, es “ caciquismo” .

176
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

¿QUé HACER ? SOBRE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES


Y EL PARTIDO POLÍTICO1

En 1902 , el que ejercer ía el liderazgo en la futura Revolución Rusa de


1917 , se preguntó como nosotros: “ ¿Qué hacer ?” Era un texto coyun -
tural , complejo, pero advert ía sobre el espontane ísmo de una acción
sin teoría, tanto sobre la pol ítica en general como sobre el momento
estrat é gico coyuntura!. “ Sin teor ía no hay revolución" decía al co ¬
mienzo del siglo XX. Y hoy nosotros debemos repetir: “ Sin teoría no
hay transformación profunda ni debate estratégico” . Es al segundo
aspecto al que me referiré en las l íneas que siguen .
En un libro de González Pedrero, La cuerda tensa , se dice, después
de una larga descripción histórica , que el Partido de la Revolución
Democrática ( PRO ) debería “ transitar democrá ticamente de movimien ¬
to social apartido político auténtico” ( p.139 ) . Esto abriría la discusión
estratégica sobre la existencia, articulación o identidad de los dos
términos: el de movimiento social ( como singular o plural, los antiguos
y los nuevos ) y el partido político ( entre la maquinaría electoral y el
“ auténtico” partido ). Por eso mismo no es idé ntico proponerse ejercer
una presidencia ( como Poder Ejecutivo ) , a ejercer la coordinación o
el liderazgo de los movimientos sociales de un pa ís. En el primer caso,
como en el del partido, las posibilidad se sit úa dentro de la sociedad
pol í tica ( o en el Estado en sentido restringido de Antonio Gramsci ) ;
en el segundo, dentro de la sociedad civil en función pol ítica ( como
Estado en sentido ampliado, segú n el filósofo italiano ). Ambas “ posi ¬
ciones” tienen sus ventajas y desventajas y hay que juzgar sosegada ¬
mente la decisi ón.

Si el partido es un frente y es a lo que se refería Gonzá lez Pedre ¬
ro— , vicio primero por la coyuntura de su origen ( que ha dejado en
las “ tribus” su lamentable secuela ) , es ciertamente necesario tender a
constituir, como él dice, un “ auténtico” partido. Para ello, habr ía que
homogeneizar la participación interna , superar las “ tribus” gracias a

1
Publicado en La Jornada , México, 16 de septiembre de 2006, p. 23.

177
CARTA A LOS INDIGNADOS

novedosos sistemas democráticos apropiados internos y producir ( con


la participación de intelectuales militantes ) una cierta teor
ía que supla
la debacle ideológica posterior a 1989. “ Sin teor ía no hay transforma ¬
ción” de los modos de la acci ón ( lucha contra la corrupción ) ni de las
instituciones. Habr ía que logar la organización de millares de comités
de base donde se estudie , se haga an á lisis de coyuntura, se tomen
decisiones. Cada militante deber ía poder participar semanalmente en
una reunión de su comit é. Es decir, hay que “ organizar" el partido.
Pero nadie se ocupa de esto.
El partido no puede ser un movimiento social ni es conveniente
que lo sea . Asimismo, los movimientos sociales no son partidos ni
necesitan serlo. Ambos organismos tienen diferentes funciones y es
bueno saber distinguirlos y articularlos. Creo que hoy es el problema
estratégico por excelencia .
Los movimientos sociales, al decir de los sociólogos, pero igualmen ¬
te de Ernesto Laclau ( con sus “ demandas diferenciales” ) o de Boaven -
tura de Sousa Santos, son grupos de la sociedad civil que se reúnen y son
movidos por reivindicaciones o demandas particulares ( que tocan, sin
embargo, a toda la sociedad y en ese sentido son universales, como los
movimientos feminista o ecologista, por ejemplo ). Cuando las deman ¬
das de estos grupos ( movimientos propiamente dichos, clases sociales,
etnias de pueblos originarios, etc. ) no son satisfechas, y es lo m ás fre ¬
cuente en México, entran en acción necesariamente para efectuar, pri ¬
meramente, una “ lucha por el reconocimiento” ( diría Axel Honneth );
pero, cuando no son reconocidos, toman decisiones que se acercan al
"Estado de rebelión ” ( más fundamental que el “ Estado de excepción ” o

el “ Estado de derecho” ) véanse estos temas en Veinte tesis de política ) .
En Mé xico es previsible un creciente estallido de movimientos
sociales dada la pobreza y desigualdad creciente. Coordinar todos los
movimientos sociales puede transformarse en una tarea pol ítica de al¬
cance estratégico. Para ello se necesita ir formulando un proyecto
hegemónico que incluya las demandas de la mayor í a de la población .
Liderar esa unidad nacional de movimientos sociales desde un pro¬
yecto hegemónico puede ser una funci ón hist órica y sin conflicto

178
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

institucional, al menos en el corto plazo. Ese frente o unidad de todos


los movimiento sociales, feministas, ecológicos , marginales, clase
obrera , petroleros, electricistas, clase campesina , sindicatos democrá -
ticos ( y democratizar a los “ charros ” ) , vendedores informales, ni ñ os
de la calle , asociaciones de adultos mayores, el Barzón , maestros, es -
tudiantes, profesores, amas de casas ( con sus cacerolazos ) , los pueblos
ind ígenas, y muchos otros que nacen eventualmente, es el motor so -
ciopolítico de los logros del futuro.
El partido pol ítico que expresara institucionalmente ( en los muni ¬
cipios, estados, congreso , etc.) las demandas de ese frente nacional de
movimientos sociales debería saber distinguir claramente las funciones.
Los movimientos trabajan , alientan , luchan dentro de la sociedad ci ¬
vil; el partido lo hace en la sociedad pol ítica , dentro de las institucio¬
nes propiamente pol í ticas, realiza alianzas a favor del logro de las
demandas sociales y políticas de toda la población. Esta diferenciación ,
pero al mismo tiempo articulación , permitirá que el pueblo tenga como
dos pies y manos, para avanzar al compás y para efectuar tareas diver¬
sas pero planeadamente unificadas. La presión social de los movimien ¬
tos aumentará la participació n en el ejercicio delegado del poder del
partido dentro de las instituciones. Esto no debilitará al partido, como
cuando quiere jugar dentro de las instituciones la función reivindica -
tiva de los movimientos, sino que fortalecerá su inteligencia y partici ¬
paci ón por solidaridad , siendo ambos ( movimientos y partido ) dos
momentos de un pueblo , del “ bloque social de los oprimidos” ( dec ía
Gramsci ) y de los excluidos ( agregamos ahora ).
Estratégicamente los movimientos necesitar ían un coordinador
nacional que ejerciera un liderazgo en todo el pa ís y que se hiciera
presente en todo conflicto, alent á ndolo, canalizá ndolo , haciendo que
todos los demás movimientos se solidaricen efectivamente con el
afectado.
El partido, por su parte, necesitar ía una reorganización a fondo
para transformarse en un “ auté ntico” partido, que se articular ía con
los movimientos, que los representar ía dentro de las instituciones
pol íticas vigentes.

179
CARTA A LOS INDIGNADOS

Ambos, movimientos y partido, deber ían entrar en un “ Estado de


asamblea ” permanente durante a ños, para repensar las bases mismas
del Estado, de su Constitución ya avejentada, de las instituciones ( un
Poder Ejecutivo menos poderoso, un Poder Legislativo más respon -
sable , un Poder Judicial elegido por el Poder Ciudadano y la sociedad
civil, un Poder Ciudadano nuevo que exprese a los ciudadanos y que

fiscalice a los otros cuatro Poderes como en la Constitución Boli
variana de 1999 — , y un Poder Elector elegido por el pueblo ( y no un
-
Instituto Federal Electoral ( IFE ) elegido por los mismos que deber ían
ser fiscalizados ) y no en ú ltimo lugar, del sistema de comunicación y
educación , los medios de comunicaci ón ( televisión , radio, diarios,
etc. ) puestos constitucionalmente al servicio del pueblo , y no como
en el presente que son un superpoder mediocrá tico. En fin, una trans ¬
formación radical de las instituciones para que entonces sean cre íbles,
es decir, legítimas ante la opinión mayoritaria del pueblo, en primer
lugar de las mayor ías empobrecidas y excluidas.

180
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL Í TICAS

¿ EL VOTO ES UN DOCUMENTO Pú BLICO ?1

Se ha juzgado el voto como que no es jurídicamente un “ documento


p ú blico” . Habr ía que reflexionar un poco sobre ambos t é rminos: “ do -
cumento” y “ p ú blico” . Nos situaremos en el ámbito del sentido com ú n
y de la filosof ía pol ítica , espacio que fundamenta el sentido jur ídico
del asunto.
Llamamos “ documento” a la expresión externa, objetiva , de un
instrumento material en el cual se deja constancia de un momento
subjetivo: una idea , una decisión, una intención , etc. En el C ódigo de
Hammurabi, recopilado hace unos 37 siglos en Babilonia, cuyas ruinas
est á n a unos kilómetros de Bagdad, sobre la arcilla todavía mojada se
escribía con un cincel , en escritura cuneiforme , la venta de una casa ,
por ejemplo. Dicha arcilla se cocía como un ladrillo y se guardaba en
un archivo. Era un “ documento” que probaba la existencia de la de -
cisión y el hecho de la venta de una casa. El “ documento” expresa
externamente una voluntad subjetiva interna.
El voto, o mejor la papeleta que expresa la voluntad del ciudadano,
es el momento documental por excelencia de la pol ítica, a ú n más que
la Constitución misma. La Constitución es la ley fundamental deci ¬
dida por una asan íblea con ST i t u yen te, pero los miembros de la asamblea
fueron elegidos por votos. Los votos constituyen a los constituyentes
en cuanto tales. Y el poder delegado del pueblo es el “ poder constitu ¬
yente ” que proclama una Constituci ón .
El voto entonces indica el momento en que la voluntad subjetiva,
íntima y secreta del ciudadano, se expresa , se “ aliena ” ( dir ía Hegel, en
otro sentido que Marx ) , se “ hace cosa ” : es la papeleta que junto a la
totalidad de las papeletas o votos expresa la “ voluntad del pueblo". Es
entonces el “ documento” más “ sagrado” de todo sistema pol ítico, de
lo pol ítico en cuanto tal. Es la ú ltima referencia “ documental” , proba ¬
toria, de la decisión instituyeme de la comunidad pol í tica. Ante la
duda razonable de la suma de las papeletas en la elección de un repre -
1 Publicado en La Jornada , Mé xico, 12 de septiembre de 2006, p. 26.

181
CARTA A LOS INDIGNADOS

sentante a una institución pol ítica, jamás habría que destruir ese docu¬
mento último probatorio . Por el contrario, el culpable de un dolo
sugerirá una pronta extinción de la prueba, para borrar toda posibilidad
de que se pruebe un d ía el ilícito cometido. En 1988 quienes recomen -
daron la quema de las papeletas probaron con su decisión la culpabi ¬
lidad de sus conciencias. Porque si se archivan documentos de mucha
menor importancia, no podrían aducir falta de espacio o incomodidad
en conservar durante un tiempo tan precioso material. El que se sabe
culpable apresura la desaparición de las pruebas en su contra.
Por otra parte , podría pensarse que no es un documento “ pú blico” .
Lo privado y lo p ú blico son dos modos de la intersubjetividad, ya que
-
aun lo íntimo supone otros sujetos. Lo privado no es lo íntimo solitario,
ni lo p ú blico político es lo efectuado ostensiblemente a la vista de la
comunidad . Una empresa “ privada” comporta un acto visto por todos
los miembros de la comunidad , y no es “ p ú blica ” . Cuando hablamos de
lo “ público político” ( que ser ía el caso del voto que expresa la voluntad
del ciudadano, y que no es lo mismo que un voto en una empresa priva¬
da ) indica lo ostensible, visible, constatable por los otros miembros, pero
en referencia a momentos ( acciones, instituciones, etc. ) de la sociedad
pol ítica como un todo ( en pocas palabras: en referencia al Estado, en
sentido restringido o ampliado, al decir de Antonio Gramsci ).
Acto pol íticamente pú blico es promulgar una ley, imponer un cas ¬
tigo por no cumplirse esa ley ( tanto por parte del juez como de un
policía ) , etc. ¿ Es en este sentido el voto o el instrumento ( ya que
puede ser sólo apretar un botón de computadora en Brasil o hacer una
cruz en un papel impreso en M é xico ) que expresa la voluntad del
ciudadano un documento “ pú blico” ?
Parecer ía que tal instrumento objetivo es el documento “ pú blico”
por excelencia, y en referencia al cual todos los otros documentos
p ú blicos guardan una referencia de fundamentación ontológica. Es
decir, ese documento p ú blico, llamado voto, es el documento sobre
el cual todos los restantes documentos fundan el hecho de “ ser p ú bli ¬
cos” . Y esto por lo ya indicado. El voto, como la expresión objetiva
absolutamente primera por la que la voluntad del pueblo ( la sede pri -

182
111. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS


mera del poder en sí que hemos llamado potentia en Veinte tesis de

política ) se desdobla y se constituye en una entidad objetiva desde
la que se despegará n todas las instituciones políticas que sólo deberá n
ejercer delegadamente ese poder ( lo que llamo la potestas ) ; en ese
sentido el voto es la mediación constitutiva de dichas instituciones
que podrá n producir documentos “ p ú blicos” . Lo de “ p ú blico” de todos
los documentos de las instituciones p ú blicas depende del voto que
constituyó a los representantes que organizaron y ejercen esas insti ¬
tuciones. El voto es el “ documento público” que instituye lo de p ú bli ¬
co de todos los documentos p ú blicos , políticos o jur ídicos restantes.
Que un juez dicte sentencia sobre lo “ no pú blico” del voto, argu ¬
yendo desde una formalidad jurídica, es haber desvirtuado el sentido
de lo jurídico. Lo jur ídico es un momento de lo político ( un momen ¬
to del sistema de legitimidad política, y por ello del Estado de derecho)
pero no puede negar lo de “ p ú blico” que tenga el “ documento” fun ¬
dacional de todo derecho. El voto expresa el poder constituyente del
pueblo y que instituye a lo p ú blico mismo. Francisco Suá rez, el gran
fil ósofo pol ítico, fundador del derecho moderno, expresa muy bien
que la democracia podría definirse como un régimen natural , por cuan ¬
to la decisión de adoptar una monarqu ía o una rep ú blica aristocr á tica
o democrá tica, debe decidirse por el “ consenso” de la comunidad , que
actuar ía antes de toda institucionalidad acordada ya siempre como
democrá tica. De la misma manera , la ú nica manera de decidir acerca
de todos los momentos de lo “ p ú blico” consiste en votar acerca de
diversas posibilidades de acuerdo pú blico. El voto, siendo la expresión
ontológica primera que exterioriza la voluntad interior del ciudadano,
es el primer momento p ú blico del campo pol ítico y, si queda expresa ¬
do en una papeletea, es el documento pú blico por excelencia .
El que se intente destruir ese documento p úblico que puede probar
en el futuro el delito cometido expresa ya la conciencia torcida de la
persona o de la institución ( sea la que fuere, y peor si se tratara de un
juez ) que proceda a dicha destrucción. ¡Hay que guardar esos docu ¬
mentos p ú blicos para el juicio de las generaciones venideras, destruir ¬
los es un crimen contra la comunidad pol ítica presente y futura!

183
CARTA A LOS INDIGNADOS

LEGALIDAD Y LEGITIMIDAD1

Se habla mucho del respeto a la ley, a las instituciones, a la legalidad


del Estado de derecho. En efecto, la vida pol ítica es imposible sin leyes.
Ya hab ía códigos, como el de Hamurabi en Babilonia hace 37 siglos.
El “ Estado de derecho” es una situación de orden en la que los ciuda -
danos se remiten al sistema de leyes para arreglar sus conflictos, res -
petando el juicio del juez. La ley del talión ( “ ojo por ojo, diente por
diente ” ) deja lugar al arreglo racional de las contradicciones. En los
Estados modernos la Constitución es el fundamento del sistema de las
leyes y de las instituciones, acordadas por una participación simé trica
de los afectados segú n el principio democr á tico.
Sin embargo, el Estado de derecho no es la ú ltima instancia de la
pol ítica. Carl Schmitt, para mostrar este hecho, indica que en el “ Es -
tado de excepción" se suspende el Estado de derecho por una grave
situación de crisis. Por ejemplo, en la Rep ú blica romana había una
institución , la dictadura , que dejaba temporariamente todas las leyes
c instituciones en suspenso por la gravedad de la situación , en el mo¬
mento de la guerra contra Cartago.
Pero aun el Estado de excepción puede ser dejado en suspenso. En
2001 Femando de la R úa en Argentina decretó el Estado de excepción
para superar la crisis de la ocupación de las calles de Buenos Aires por
el pueblo. Pero el pueblo no aceptó el Estado de excepción y se decla ¬
ró en “ Estado de rebelión ” ; suspendiendo de hecho el Estado de ex ¬
cepción y bajo el lema “ ¡Qué se vayan todos!” produjo la ca ída del
presidente. En este ú ltimo caso, y como la Constitución expl ícita ¬
mente lo proclama, la ú ltima instancia del poder pol ítico tiene su sede
en la comunidad pol ítica misma , en el pueblo.
La legalidad está al servicio del pueblo y no viceversa. El fundador
del cristianismo anotó: “ ¡El sábado ( la ley ) está hecho para el hombre,
y no el hombre para el sábado ( la ley ) !” , aunque muchos cristianos de
nuestros d ías fetichicen la ley contra el pueblo.

1
Publicado en La Jornada , México, 22 de agosto de 2006, p. 22.

184
Ill - MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

Por otra parte , como Ronald Dworkin lo ha enseñado detenida -


mente , la ley puede interpretarse de muchas maneras , y por eso un
ciudadano justo puede confiar en las leyes pero no en la interpretación
o aplicación de los jueces. Sócrates ense ñó a sus discípulos , Plat ón
entre ellos, que las leyes de Atenas eran justas, pero los jueces fueron
injustos al condenarlo a muerte. No aceptar el juicio de un juez no es
necesariamente ilegal y antiinstitucional . Puede significar simplemen ¬

te que no se acepta la corrupción del sistema judicial. No hay juicio


perfecto, ni un ívoco. Todo juicio es incierto, de lo contrario se nece¬
sitar ía una inteligencia infinita a velocidad infinita ( el “ Hé rcules” de
Dworkin o el argumento de Karl Popper contra la planificación per¬
fecta ).
Adem ás, el que act ú a contra las leyes o las instituciones injustas
puede ser un ciudadano justo. Miguel Hidalgo se levantó contra las
Leyes de Indias y contra la institució n colonial , fue ilegal para los
espa ñoles y al proponerse transformar las instituciones coloniales fue
condenado a muerte. ¡Hoy es el h éroe fundador de México! Si hubie ¬
ra sido obediente a leyes e instituciones injustas hoy ser íamos todav ía
la Nueva España.
Pero, además, legalidad y legitimidad son cosas muy diferentes.
Alguien puede cumplir la ley formalmente, fr íamente , sin respetar su
“ esp íritu ” ( y aun siendo objetivamente injusto, como en el caso de los
jueces de Sócrates ) , y por ello podr ía ser legal , pero sin embargo no
alcanzar ía la “ legitimidad ” . El puro cumplimiento de la ley, la legalidad ,
no tiene la fuerza de la legitimidad.
La legitimidad exige, m á s allá de la legalidad, el consenso o la
aceptación de los participantes afectados. Para alcanzar un acuerdo
v á lido es necesario que todos los afectados hayan podido participar
simé tricamente , con razones y no con violencia , y hayan llegado a
aprobar algo que gane la aceptaci ón de todos ( o al menos de una
mayoría determinante ). Si la aplicación injusta de la ley ( por un juez
injusto ) o una institución que ha perdido aceptación ( por ejemplo el
poder del virrey para Hidalgo ) se imponen a alguien que no ha sido
convencido de que la interpretación de la ley y su aplicación en el

185
CARTA A LOS INDIGNADOS

caso concreto es justa , tal acto puede denominarse superficialmente


legal, pero no legítimo. La legitimidad agrega , al cumplimiento obje -
tivo de la ley, la convicción subjetiva sobre las razones aducidas en su
aplicación. Forzar coactivamente una interpretación o una aplicación
dudosa de la ley ante un pueblo no convencido, que no se adhiere al
consenso que pretende el juez ( y ese pueblo no acepta al juez por ra ¬
zones objetivas que le permiten suponer que se trata de una aplicación
injusta ) , podrá llenarse la boca para decir que es legal, que tiene “ le ¬
galidad ” y que hay que “ respetar a las instituciones” , pero en verdad
no puede alcanzar la plenitud de la “ legitimidad " por su inocultable
injusticia.
Carlos Salinas de Gortari nunca alcanzó ni alcanzará la legitimidad.
El pueblo lo sabe y lo recordará . Augusto Pinochet nunca podrá exigir
el respeto que se debe a un gobernante electo, democrá tico o justo,
pudo sepultar con balas a Salvador Allende, pero hoy, uno es juzgado
hasta por ladrón , y al asesinado se le levantan estatuas y pasa a la
historia como un hé roe. Los pueblos no olvidan en el pasado ni en el
presente a a.quellos que obedecieron el mandato de la comunidad
pol ítica y que ganaron la legitimidad . Los que se escudan en la mera
legalidad ( de una interpretación incierta y equ ívoca de la ley o de una
aplicación unilateral ) no alcanzará n nunca la legitimidad, es decir, el
acuerdo por convicción subjetiva del pueblo, que es el componente
primero del poder pol ítico sobre el que se puede fundamentar norma ¬
tivamente la acción del político justo.

186
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

LA VIDA, LA LEY Y LA FUERZA 1

La fuerza es un componente del poder pol ítico. La voluntad de vivir


( como dec ía Arthur Schopenhauer ) es el momento que da la fuerza
- -
al poder pol ítico. Todos los miembros de la comunidad política “ quie¬
ren vivir" ( este “ querer” es la voluntad ) . El poder político, además de
esa voluntad de todos los ciudadanos, necesita la unidad que da el
consenso o el acuerdo o pacto racional de todos los miembros. Si a esto
agregamos la factibilidad ( es decir, una voluntad de vida, consensual y
con medios para ello ) tenemos la articulación m ínima de una defini ¬
ción primera de “ poder pol ítico” .2
En un segundo momento, el poder de la comunidad o del pueblo
( potentia ) debe darse instituciones para poder ejercer constructiva ¬
mente los medios leg ítimos para desarrollar la vida del pueblo. Para
eso nace toda la estructura institucional del ejercicio delegado del poder
( potestas ) , en ú ltimo t é rmino: el Estado ( como macroestructura ins ¬

titucional ). Las estructuras institucionales son mediaciones o instru ¬


mentos para la reproducción y desarrollo de la vida ( ecológica ,
econ ómica , cultural y hasta religiosa ) de la comunidad . Para poder
vivir, para no matarse unos a otros ( como suger ía Thomas Hobbes ),
es necesario algú n acuerdo básico, algú n consenso. El conjunto de
estas mediaciones de legitimidad es la constitución y el sistema de las
leyes. El respeto habitual de esas leyes, y de las instituciones para su
aplicación ( los jueces ) , y no el “ ojo por ojo” de cada ciudadano que
hace justicia por sus manos, es el “ Estado de derecho” . Entre los ins ¬
trumentos que el “ Estado de derecho” , el Estado o sociedad política
debe tener, est á el monopolio del ejercicio de la fuerza , como indica ¬

ba Max Weber ( para evitar el “ ojo por ojo” ya indicado ) .


Sin embargo, hay que considerar cierta jerarqu ía entre los té rminos.
La vida humana tiene dignidad absoluta y es el fin . La ley y el “ Estado
de derecho” es un medio. Ya el fundador del cristianismo, y puesto que

1
Publicado en La Jornada , México, 15 de mayo de 2006, p. 26.
' E . Dusscl, Veinte tesis de pol ítica , México, Siglo XXI , 2006.

187
CARTA A LOS INDIGNADOS

estamos en una cultura de esta tradición podemos usar este ejemplo ,


dijo: “ El due ño del sá bado es el hombre” ( Lucas 6,5 ) . Si debo ayudar
a un enfermo y cargarlo al hospital hago un trabajo que la “ ley ” me
prohib ía realizar en sá bado. Y bien, para aquel esclarecido é tico, la
“ vida" del enfermo valía más que cumplir con la “ ley” , porque el “ sá ¬
bado es para el hombre” y no viceversa.
Cuando una autoridad ( sea gobernador o presidente ) aplica la
fuerza de la coacción monopólica desproporcionadamente y produce la
muerte ( porque los asesinados tienen en sus cuerpos balas de las fuer¬
zas p ú blicas del orden ) , fiara disolver una huelga obrera o para evitar
que unos vendedores ambulantes transformen la calle en un tianguis,
ha usado la tuerza , para lo que tiene legítimamente derecho, pero al
usarla desproporcionadamente , elevando el medio ( la ley ) sobre el fin
( la vida humana ) , su acto deja de ser leg ítimo y se transforma en un
acto despótico, ilegítimo, bá rbaro. Ha puesto la carreta delante de los
caballos; ha invertido los valores, y peor cuando pretende justificar el
acto desproporcionado fund á ndose en el cumplimiento de la ley que


es un medio para la vida del pueblo y no reconoce su error. Al jus¬

tificar los asesinatos en nombre de la ley muestra su culpabilidad. Lo
oculto es que ha constituido su voluntad despótica con el fundamen ¬
to de la ley en la que se escuda, porque una aplicación indebida de la ley
es injusta y nada tiene que ver con la legitimidad o no de la ley. Só ¬
crates no criticó la ley de Atenas , sino a los jueces injustos que lo
condenaron a muerte, por m ás que los jueces injustos se parapetaran
detrás del cumplimiento de la ley.
En efecto, el ejercicio delegado del poder que efect úan las institu ¬
ciones de la sociedad pol í tica ( el Estado ) se realiza en nombre del
pueblo. Pero puede desviarse en su ejercicio. Hay dos maneras extre ¬
mas de dicho ejercicio. Aqu í coincide el subcomandante Marcos con
el fundador del cristianismo. Desde Chiapas leimos que cuando el que
ejerce el poder lo hace escuchando al pueblo, es como “ cuando el que
manda, manda obedeciendo” ( en Mú reos 10, 44 leemos: “ el que quie ¬
ra ser primero sea servidor de todos” ). Es el modo justo y legítimo del
ejercicio del poder que emana del pueblo.

188
111. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

Mientras, cuando el que ejerce el poder del Estado cree hacerlo


desde s í mismo ( es decir, cuando pretende que el Estado es la sede
ú ltima del poder pol ítico ), cae en el fetichismo: toma el medio por el
fin. De este tipo de gobernantes se dice que “ cuando mandan , mandan
mandando” ( “ los líderes de los pueblos los tiranizan y los grandes los
oprimen ” ; Marcos , 10, 42 ). En este segundo caso, la voluntad del go¬
bernante pretende ser la sede del poder y la fuente de la ley. Parecer ía
que cumplir con su voluntad es cumplir con la ley. Cuando se dice que
hay que cumplir la ley significa que hay que obedecer su voluntad .
George Washington se levant ó contra el rey de Inglaterra . Miguel
Hidalgo y Costilla no obedeció al rey de Espa ña ni las Leyes de Indias,
las ú nicas vigentes en su momento. Luchó por la vida de los mexicanos
y se opuso a la autoridad y a la ley que los oprim ía . ¿ Fue un bandido,
un anarquista o un terrorista ? ¿ No est á la “ vida ” sobre la “ ley ” cuando
en caso de extrema necesidad hay que hacer una huelga para que se
recuerden los derechos conculcados o usar una calle como tianguis
para vivir ? ¿ Es la ley, la voluntad del gobernante, fundamento sufi ¬
ciente para privar de la vida a los ciudadanos ?
¡Estoy defendiendo principios y no criticando personas!, como en
otras ocasiones. Ciertamente, es racional reconocer que la vida tiene
mayor dignidad que la ley y la voluntad de un gobernante que no es¬
cucha, porque si escuchara hubiera negociado pacíficamente la solu ¬
ción de un conflicto sin el uso desproporcionado de la fuerza — la

violencia es lo contrario a dar razones para alcanzar acuerdos . Si se •

quieren alcanzar acuerdos por la fuerza se repetir ía la pol ítica de los


cruzados o la Guerra Santa que por las armas pretenden convencer al
contrario de su creencia , lo cual es contradictorio porque, ¿ cómo ob ¬
tendrá n el acuerdo pleno y libre del oponente proponiendo con vio¬
lencia sus razones ? La única manera de llegar a acuerdos pol íticos,
democráticos , profundos, de largo plazo, es a través de la discusión en
la que los argumentantes tienen simetr ía; es decir, son admitidos como
iguales y libremente ( no bajo coacción ). Esto es democrá tico. ¿Pueden
las halas destruir los buenos argumentos del oponente ? Alguien dijo:
“ Las ideas no se matan ” , tampoco los derechos. ¿ Puede la coacción

189
CARTA A LOS INDICNADOS

ilegítima ( aunque desproporcionada ) del Estado fundar su acción en la


ley cuando la está destruyendo en su fundamento ( porque la ley es el
fruto de acuerdos a partir de una discusión razonada del Poder Legis -
lativo, es decir, de los representantes de los ciudadanos, y no fruto de
una voluntad despótica apoyada en los revólveres de la policía ) ?
Es grave\ la situación. Nuevamente se usan las palabras contra sus
significados. E,a vida tiene dignidad absoluta y funda aun el valor de la
ley . No puede usarse la fuerza del Estado con la pretensión de aplicar

la ley contra la vida del pueblo. ¡La historia que tiene memoria, más

de la que algunos gobernantes suponen en su ignorancia los juzgará!

190
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

LA DOBLE CAMPAñ A1

El argumento que quiero exponer consta de dos premisas. La primera


se ñala que el enemigo a vencer por la elite en el poder en M é xico ,
después de 76 años, es el candidato de un partido de izquierda a la
presidencia. Todo otro enemigo es secundario en el corto plazo de seis
meses.
La segunda premisa indica que, segú n los especialistas nacionales
y extranjeros en encuestas pol íticas, los que definen las elecciones,
cuando hay un amplio margen de la población indecisa ( hasta 40 por
ciento hoy en M é xico ) , ésta reacciona con un voto de castigo ante
los errores de los gobiernos recientes ( de los 76 ú ltimos a ñ os ) . Si hay
votación masiva ( mayor de 65 por ciento ) el candidato indicado di ¬
f ícilmente será derrotado. Los votos “ duros” de los partidos cuentan
si hubiera baja participaci ón , menos de 50 por ciento. Hacer que la
población no vote es un objetivo t áctico fundamental para la elite en
el poder.
Radio Monitor, con gran lujo de detalles, anuncia el 31 de diciem ¬
bre de 2005 que el primero de enero comienza la “ Otra campa ña ” . Me
extra ñó que dieran tanta importancia a la noticia ( repetida varias
veces ) , ya que Enrique Mu ñoz no pierde ocasión de criticar al candi ¬
dato indicado, y la anunciaran de la siguiente manera: “ Una campaña
para formar un frente de izquierda no electoral” . Lo que tambié n llamó
mi atención es que se definiera no en positivo ( por ejemplo, informan ¬
do que se realizará una crítica al capitalismo, a la influencia norteame¬
ricana en nuestro suelo, etc. ) , sino lo de “ no electoral ” . Esto me
advirtió sobre la manera en que piensa manipular la elite en el poder
la “ Otra campa ña ” , contra la voluntad de los que la organizan ( que
cuentan desde hace a ños con mi decidido respaldo ideológico y pol í¬
tico, manifestado en mis obras, artículos y libros, conferencias y cursos ).
Es decir, se propone dividir a la izquierda entre: a ) los que se sentirá n
responsables por los destinos de la patria , a la que hay que rescatar, y

1 Publicado en La Jornada, México, 4 de enero de 2006, p. 18.

191
CARTA A LOS INDIGNADOS

militantemente jugará n un papel en la primera campaña, en la cual la


juventud de izquierda deberá cumplir una función important ísima en
la propaganda, en el convencimiento, en el uso de todos los medios a
su disposición para alcanzar la presidencia ; b ) la juventud de izquierda
que comprometida en la “ Otra campaña ” deberá necesariamente dis¬
minuir, o simplemente no intervenir, en la primera campaña.
Dividir la ya menguada izquierda militante, y sobre todo la juven¬
tud que es todav ía mucho más minoritaria, pero fundamental por su
entusiasmo y decisión, debilitará la primera campaña y, además podr ía
,

presentar un falso dilema teórico y estraté gico a la ciudadan ía en


general.
Pareciera que lo de la elección presidencial es una acci ón menor
para allanar los escr ú pulos de pequeños burgueses que se sentir á n
satisfechos de compensar la imposibilidad de una revolución con una
transformación de maquillaje; tal ser ía la elección de un presidente
de la rep ública. Mientras que la lucha revolucionaria contra el capi ¬
talismo y las reformas de fondo, que sólo se logran en el largo plazo y
por una concientización profunda que supone otra política , es la tarea
— —
inmediata en el tiempo y que debe absorber la totalidad del es ¬
fuerzo, dejando para los reformistas la primera campaña.
Creo que el dilema es falso; la argumentación es débil y, sobre todo
en el corto plazo ( en los próximos seis meses ) , es pol ítica y estratégi ¬
camente cuestionable.
Una elección presidencial hoy en Mé xico tiene una importancia
capital en la historia latinoamericana y nacional. Sí tomamos en
primer lugar la significación latinoamericana , el “ cambio de rostro”

— del que nos habla Fidel Castro que viene produciéndose en Amé ¬
rica Latina ( con N éstor Kirchner, Tabaré Vázquez , Luiz Inacio “ Lula” ,
Hugo Chá vez , Evo Morales, etc. ) cobrar ía un carácter irreversible
con la presencia de un presidente de la misma inspiración en M éxico.
Advié rtase que en 2006 habrá adem ás elecciones en Hait í, Perú y
Nicaragua ( donde puede volver al poder el Frente Sandinista de Li ¬
beración Nacional ( FSLN ) , sea cual fuere el estado en que se encuen ¬
tre ) . La potenciación de la experiencia del Mercosur, con la entrada

192
II!. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

de Venezuela y Bolivia , recibir ía un remate final si México pudiera


igualmente intervenir en ese organismo de integración latinoameri ¬
cana creciente.
Un gobierno que pudiera invertir el ejercicio del poder desde el
Ejecutivo es tambié n muy importante. Estarnos demasiado acostum ¬
brados ( desde Hernán Cortés, aunque con honrosas excepciones ) a
que el ejercicio del poder se haya fetichizado siempre . Entiendo por
fetichización del poder el ejercicio del poder del Estado o de alguna
institución de gobierno que pretende que es soberano, que ejerce la
autoridad desde sí, que es autorreferente , con frecuencia al servicio
de una potencia extranjera ( España o Estados Unidos ) o de las elites
criollas. “ Los que mandan , mandan mandando” . Lograr que se ejerza
de otra manera el poder, de manera que dicho ejercicio delegado del
poder sea un servicio responsable al pueblo mexicano, a la gente, para
que “ los que mandan , manden obedeciendo" ( llamo a este tipo de
poder , en mi obra Política de la liberación , el “ poder obediencial” ) , no es
pequeño intento. Claro que no es sólo devolver el poder al pueblo ( el
ú nico y ú ltimo soberano ) , sino igualmente reformar el Estado ( lo que
a corto o largo plazo supone un cambio radical de la Constitución y
de la concepción misma del Estado ). Todo esto depende inevitable ¬
mente en el mediano plazo de una “ pol ítica electoral” . Despreciarla
es cuestionable , porque de haber un cambio de inspiraci ón en el go¬
bierno nacional, la ocupación del ejército en Chiapas deber ía termi ¬
nar de inmediato, la autonom ía ind ígena entrar ía en una fase de
estudio efectivo, se podr ía pensar en el rescate de Pemex , del gas y de
la energ ía eléctrica , se ver ía la importancia de estudiar la reducción
de la deuda externa e interna ( como lo ha hecho Argentina ) , el ajus ¬
te de cuentas del Fobaproa y el Ipab, etc. Las condiciones pol íticas para
el logro en el largo plazo de la “ Otra campa ñ a ” se producirían con
muchas más posibilidades de efectos tangibles.
Todo se trata , t ácticamente , de un problema de ritmo y de uso del
tiempo ( que en la estrategia política es esencial ). Dicen los Proverbios
que “ hay tiempo para llorar y tiempos para re ír” , por eso no hay que
equivocar los tiempos. Las dos campañas son complementarias y estra -

193
CARTA A LOS INDIGNADOS

tégicamente deber ían tener un mismo fin . Oponerlas dar ía lugar a


muchos equ ívocos teóricos y prácticos. Hay que ordenar los tiempos
y dosificarlos t ácticamente.
En los próximos seis meses la primera campaña debe jugarse a fon ¬
do, por toda la izquierda unida , el centroizquierda ampliado y los
ciudadanos de buena voluntad que está n cansados de las traiciones
que la patria sufre de la elite en el poder, para que nos gobiernen po ¬
l íticos que cuando “ manden , manden obedeciendo” a la gente.
Esto no quiere decir que haya que dejar de efectuar el trabajo de la
“ Otra campa ña ” . Como se trata de una campa ña de largo plazo, revo¬
lucionaria , de fondo, es adecuado que vaya dando sus pasos, pero debe
mostrar p ú blicamente que en este tiempo ( en el corto plazo de los seis
meses preelectorales ) no hay enemistad entre las dos campañ as , sino
fraternidad , estricta colaboración, con autonomía es verdad e incluso
con saludables cr íticas ( pero críticas constructivas y no puramente
destructivas ) .
El que quite entusiasmo a la ciudadan ía por la participación elec¬
toral de julio de 2006 opera contra la transformación ( la Veranderung
de la que nos habla Marx en las “ Tesis sobre Feuerbach” ) histórica y,
aunque no se tenga conciencia , desv ía el caudal del agua hacia el
molino controlado por la elite en el poder. ¡El enemigo de mi enemi ¬
go, dice esa elite en el poder, es mi aliado!
¡Es una cuestión de principios , no de personas!

194
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

1810: ¿ EL NUEVO ENCUBRIMIENTO DEL OTRO ?


HACIA 2010: A DOS SIGLOS DEL PROCESO DE LA EMANCIPACIóN 1

En 1982 lanzamos, algunos colegas y yo, un llamado para comenzar a


pensar en el quinto centenario del llamado descubrimiento de Amé ri ¬
ca de 1492. Mis lecciones en la Universidad de Frankfurt de 1992
aparecieron en un libro que titulé: 1492 : El encubrimiento del otro ( obra
que se editó hasta en siete lenguas ). Ahora deseo, una vez más, lanzar
un proyecto para comenzar a pensar en la cr ítica del segundo cente ¬
nario de las luchas latinoamericanas por la emancipación nacional de
principios del siglo xix ( 1810- 2010 ).
Ser ía necesario anticiparse a las “ celebraciones patrióticas” que
exaltará n una vez más a los hé roes pasados, sepultados bajo tierra, y
no a los hé roes presentes. Ante aquel 1492 era necesario anticiparse
a las “ celebraciones hispanófilas” , que lanzar ían las campanas al vue ¬
lo sobre el “ encuentro de dos culturas” . Siendo que la primera , la
hispá nica , masacró impunemente a la segunda , la amerindia. Creo
que en aquellos a ños “ ganamos” la interpretación y el aniversario se
volvió contra Cristóbal Colón ( hasta su estatua de 1892 se tambaleó
en el Paseo de la Reforma ) y a favor de los ind ígenas americanos. El
genocidio fue reconocido y la “ invasión del continente” de 1492 fue
claramente repudiada en el mundo. Hasta a Felipe Gonz á lez debió
atragantá rsele su Exposición Internacional de Sevilla, en donde todas
las naciones latinoamericanas se hicieron presentes... menos una: la
nación ind ígena , que estuvo totalmente ausente.
De la misma manera lanzamos ahora el tema: 1810: El nuevo en ¬
cubrimiento del mismo otro. Si en 1492 fue el ind ígena americano el

sepultado bajo la imagen del “ otro” europeo como lo mostrara Ar¬

mando Bartra , y por ello habl á bamos del “ encubrimiento” y no del
“ descubrimiento” ; encubrimiento del oprimido, del violentado,
del asesinado o del reducido a la encomienda , a la mina, a la hacienda ,
a las reducciones, etc., en 1810 volvió a pasar otro tanto. El “ mismo

1
Publicado en La Jornada , México, 26 de septiembre 2005, pp. 24 -
195
CARTA A LOS IN DIUNA DOS

otro” tres siglos despu és —el “ natural” , los pueblos originarios de estas

tierras, además de los afroamericanos esclavos será el “ encubierto”
bajo el proceso de una “ emancipación ” usufructuada por los criollos,
pero no por ellos.
El próximo gobierno electo mexicano ejercerá el poder en 2010.
Le tocará la “ celebración” del Segundo Centenario de la Emancipación
-
( 1810 2010 ). El primer centenario fue “ celebrado” en toda Amé rica
Latina por las elites criollas, blancos nacidos en estas tierras, oligarqu ías

que todavía estaban en el poder -aunque la Revolución de 1910 les

recordar ía que todo pod ía cambiar , pero en la realidad , poco cam ¬
bi ó . Siguieron más o menos los mismos en el poder, que lo ven ían
ejerciendo desde el siglo XIX al servicio de los nuevos imperios de
tumo ( de Inglaterra, de Francia o de Estados Unidos ) . La “ coloniali -
dad del poder” ( como indica el peruano An íbal Quijano) es profun ¬
damente racista: los blancos siguieron gobernando, pasando como
“ blancos honorarios” algunos mestizos o ind ígenas — como expresa
el brasile ño Hugo Assmann.
Estoy indicando, entonces, que no se tratar ía de un mero “ celebrar” ,
sino de un “ enjuiciar” la emancipación . Habr ía que deslindar clara ¬
mente entre los caudillos de los ind ígenas y esclavos, del pueblo pro ¬
piamente dicho, como Miguel Hidalgo o José Mar ía Morelos, de los
Primo Verdad ( criollo ) o Iturbide. Debemos recordar que hubo en
aquel proceso tres protagonistas: uno salió victorioso, dos fueron de ¬
rrotados; uno en justicia y el otro clamando todav ía justicia .
Los criollos, blancos nacidos en estas tierras, salieron victoriosos.
Promovieron un concepto de soberan ía basado en los ayuntamientos
y por ello, una vez liberados del rey, pudieron ejercer solos el poder
— excluyendo al pueblo de los pobres: ind ígenas y exesclavos: el otro

encubierto . Los criollos, coloniales en su mentalidad e intereses,
fueron la correa de transmisión de toda la etapa neocolonial en la que
todav ía nos encontramos. ¡Deber ían ser juzgados!
Los espa ñoles, los gachupines, fueron derrotados. Hab ían afirma ¬
do que la soberanía era del rey de Espa ña , otorgada por Dios directa ¬
mente — aunque ellos eran , evidentemente , los usufructuarios . La —
196
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

alianza con el emperador Iturbide duró poco. ¡ Ya fueron juzgados por


la historia!
El pueblo propiamente dicho, “ los de abajo” , el “ bloque social de
los oprimidos” y excluidos como lo define Antonio Gramsci, como
los ind ígenas, los afroamericanos, los mestizos, los empobrecidos, los
marginales... fueron carne de ca ñón en las guerras de la emancipación;
fueron los derrotados por los conservadores y los liberales; fueron los



usados ( como Villa y Zapata ) en la Revolución bien lo muestra
Arnaldo Córdoba , y después hechos masa obediente en la corpo -

rativización sindical y pol ítica de los “ 70 a ñ os”

exceptuando sólo
el gobierno de Lázaro Cá rdenas . Ese pueblo es el nuevamente encu¬
bierto. Primeramente fue encubierto en 1492 con el “ llamado descubri¬
miento” ( fue en verdad la “ invasión” de este continente ) y ahora, el
mismo ind ígena , fue nuevamente encubierto en 1810 en la “ llamada
emancipaci ón” ( que fue un “ cambio” de sector de clase dominante en
el mismo “ bloque histórico en el poder ” , que de colonial hispá nico
pasó a ser neocolonial criollo ) .
Se acerca 2010. ¿ Será simplemente 2010: El nuevo encubrimien -
to del mismo otro ? O mejor un 2010: La perenne colonialidad del otro
después de la emancipación . O quizá 2010: Hacia la segunda eman ¬
cipación desde el poder liberador del otro.

/ 97
CARTA A LOS INDIGNADOS

LOS PRINCIPIOS Y LA POLITICA1

Anenecuilco, 10 de abril de 2005. Estuve el jueves 7 en el Zócalo,


junto a más de cuatrocientos mil ciudadanos del Distrito Federal y de
otras partes del país ( hecho masivo, histórico e impresionante que no
hubiera podido ver por televisión: la mentira injusta de la mediocracia
— que despierta indignación justa en el televidente es tambié n
dejar de pasar imá genes significativas y atosigar con imágenes que

intentan ocultar el sol de la historia de un pueblo con un dedo ). Hoy
quiero meditar en el silencio acogedor, junto a las paredes semiderrui -
das de la casa de adobe en la que nació aquel campesino empecinado
que se llamaba Emiliano Zapata Salazar, con hé roes populares por
parte de padre y de madre , que vino a la luz del d ía en esta comunidad ,
un calpulli de Tlahuicas desde los tiempos de Xólotl, que poco después
( desde 1437 aproximadamente ) , con c ódices en mano, se hab ían
opuesto a la ocupación de sus tierras por parte de los aztecas. Siete
siglos de resistencia en defensa de sus tierras, ante los nombrados az¬
tecas, los encomenderos espa ñ oles, los terratenientes liberales, los
hacendados porñ ristas ; defensa... de la Madre Tierra , Tonanzintla ,
nuestra madrecita la Virgen de Guadalupe, ú nica bandera del movi ¬
miento zapatista , que como estandarte portaban a caballo aquellos
hé roes al ocupar una iglesia en Cuernavaca ( como consta en fotos de
é poca ): “ La tierra para los que la trabajan con sus manos" , reza el lema
en el lugar de su nacimiento , humilde, pobre, honesto, sin riquezas
como las de los hacendados, robadas a los campesinos, cerca del r ío
Ayala, profundo, donde debió solazarse como niño en d ías tan tórridos
como los de este abril.
Cuenta una anécdota que Eufemio, el hermano de Emiliano, cuan ¬
do los zapatistas ocuparon el Palacio Presidencial mexicano pidió que
le fuera entregada la silla presidencial para quemarla, mientras excla ¬
maba: “ ¡Es que esa silla est á embrujada, cuanto hombre se sienta en

1
Publicado en La Jornada , Mé xico, 17 de abril de 2005, p. 27.

198
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

ella se vuelve malo!" Pareciera un presagio de los ú ltimos decenios.


Emiliano, por el contrario, sin silla alguna ( fuera de la que pon ía para
montar su caballo ) , nunca perdi ó el rumbo, ya que ten ía principios
normativos incorruptibles, inflexibles, que como una brú jula le per¬
mit ían no perderse en el laberinto indecidible de la política e ilumi ¬
naban su estrategia hegemónica entre las comunidades campesinas
que conduc ía. Era un campesino entre tantos, pero supo oponerse a
tres presidentes, a los que respetó hasta que perdieron el rumbo ( tra ¬
zado por los principios de Emiliano ) , y fueron nada menos que Madero,
Huerta y Carranza . Los presidentes eran medidos en su praxis por la
-
conciencia normativo pol ítica del Caudillo del Sur; pose ía una recta
vara , pulida por siete siglos de lucha: “ ¡La tierra para los que la traba ¬
jan!” Cuando los presidentes se corromp ían , Emiliano los juzgaba
inmediata y certeramente , sin contemplaciones.
En el Plan de Ayala , punto 15 , podemos leer: “ Mexicanos: consi ¬
derad que la astucia y mala fe de un hombre está derramando sangre
de una manera escandalosa por ser incapaz de gobernar ; considerad que
su sistema de gobierno est á agarrotando a la patria y hollando con la
fuerza bruta de las bayonetas nuestras instituciones ; y as í como nuestras
armas las levantamos para elevarlo al poder, las volveremos contra él
por falta de sus compromisos con el pueblo mexicano y haber traicio¬
nado la revolución iniciada por él; no somos personalistas , ¡somos par¬
tidarios de los principios y no de los hombres!” ( Ayala , 25 de noviembre
de 1911 ). ¡La política tiene principios normativos!
Antes de comenzar su lucha , Emiliano ten ía bien claros los princi¬
pios que lo motivaban. Por ello tuvo el mayor cuidado en dejar en
lugar seguro las pruebas del fundamento de su lucha: “ Antes de salir
— —
Zapata de Anenecuilco nos dice jesús Sotelo Inclá n ~, ya dispues¬
to para lanzarse a la Revolución , a jugarse el todo por el todo en una
carta arriesgada , escondió los documentos del pueblo , enterrá ndolos
con su caja de hoja de lata, al pie de la escalera que lleva al coro y a
las alturas de la iglesia. Allí quedaban enterradas la raíz y la razón que
lo impulsaban , su infinita verdad , la historia de su pueblo y la prehis¬
toria de su vida” . Luchar ía por la antigua tradición de su calpulli , por

199
CARTA A LOS INDIGNADOS

las tierras de sus comunidades robadas por los ingenios y las haciendas;
lucharía por su Madre, Tonanzin, Guadalupe...
Para Zapata la polí tica era simple, era un compromiso en el que
arriesgaba su vida hasta la muerte con la gente de su comunidad, por
lo que a ellos les interesaba: a) para permanecer y acrecentar sus vidas
(sus tierras), b ) para participar igualitariamente en las decisiones ( siem¬
pre vueltas en su contra por los jueces, las autoridades y los hacenda ¬

dos), c ) gracias a los medios eficaces usados estratégicamente ( que


después de siglos de paciencia debieron ser algo más contundentes,
desde el día que honestamente mostraron desafiantes armas a la co¬
munidad de Ayala para que dejaran de cultivar las tierras de Anene-
cuilco, que el hacendado les había atribuido a los de Ayala para crear
enemistades entre ellos) . La vida, la consensualidad y la eficacia eran
los principios de Emiliano en torno a un lema que los reunía: “ ¡La
tierra [que da el alimento y el sustento para la vida ] para los que la
trabajan!” [la comunidad simétrica], y como imperativo, es decir, des¬
de la voluntad de usar todos los medios honestos pero eficaces ( que
en aquel caso límite fueron los mismos que le tocó empuñar a Hidal¬
go ) para conseguirlo.
Emiliano sabía que el punto de vista de los oprimidos y excluidos
-
era la verdad de su causa ( y la no verdad, diría Adorno, del sistema
mexicano de su época, como ahora también); era el punto de partida
y de llegada de sus luchas. Nunca los traicionó; nunca negoció con
los dominadores; tenía el instinto certero de la justicia de “ los de
abajo”.
Cuando mataron cobardemente a Emiliano, lo expusieron duran¬
te días ( como a Hidalgo) en la cercana Cuautla para que se constatara
públicamente que había muerto realmente. “Una caravana intermi ¬
nable de campesinos, llegados de todos los pueblos del estado de Mo¬
relos desfiló ante el féretro, calladamente y con lágrimas en los ojos”
— escribe un autor— . Pero de inmediato el imaginario popular lanzó

a rodar la tradición de que no era Miliano el allí expuesto, que no


tenía grabada en su pecho una manita conocida de nacimiento. “ Di¬
cen que lo vieron por el rumbo de Chinameca, que anoche lo vieron

200
Ill MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

a caballo, que est á yendo a Guerrero. Miliano se fue con un compadre,


pero va a regresar el d ía menos pensado...”
Y ciertamente vuelve, como el “ Tata ” totémico de los tarascos, que
reapareció en el “ Tata Vasco de Quiroga ” , y siglos después en el “ Tata
Lázaro” ... Zapata anda rondando por algún lugar de Morelos, por Chia -
pas , entre los pobres del Distrito Federal... Renace en los que sufren,
y en los que dicen "¡ Basta!” a su sufrimiento.. . Renace ciertamente
como el sol , Huitzilopochtli, que resucita cada d ía, aunque tenga que
luchar nuevamente contra sus cuatrocientos hermanos... ¡La esperan ¬
za es más fuerte que la muerte!, nos ense ña Ernst Bloch, y Jerem ías lo
profundiza: “ ¡El amor es más fuerte que la muerte!”
El pueblo sufriente sabe esperar, sabe luchar y sabe vencer... porque
sabe amar a los suyos y a los que se juegan por ellos. Estamos en tiem ¬
pos pol í ticos fuertes para esp íritus tercos y justos como Emiliano. ¡ Lo
importante son los principios y no las personas...! Pero sin los Emilia ¬
nos , los que “ mandan obedeciendo ” ( la potestas ) , los principios se
evaporan , no reaparecen en el imaginario popular, no se mueve el
poder que se construye desde abajo , la potentía ( dir ía el sefardita de origen
espa ñol Spinoza ) ... que todos la constituyen , pero que antes deben
saber destruir lo antiguo cuando se corrompe... como ante los Made ¬
— —
ro, Huerta o Carranza marcando las diferencias del caso . “ ¡ No se
puede poner vino nuevo en odres viejos!”

201
CARTA A LOS INDIGNADOS

1
¿ ESTADO DE REBELIóN ?

Carl Schmitt, para criticar el vaciamiento de la pol ítica por parte de la


concepci ón liberal , toma como ejemplo el “ Estado de excepci ón ” .
Como para los liberales lo político se circunscribe, en ú ltima instancia,
a la protección de los derechos individuales y de la propiedad privada ,
desde una comprensión un tanto legalista de la esfera pú blica , que
establece un “ Estado de derecho” en una democracia formal, en cuan ¬
to debe recurrirse a las leyes y a los jueces para negociar todo tipo de
solución a los conflictos que se produzcan, el pensador germano pro¬
— —
pone como ejemplo did áctico la dificultad que presenta el “ Es¬
tado de excepción ” para la posición liberal. Es decir, en el “ Estado de
excepción ” deja de tener vigencia el sistema del derecho desde una
Voluntad que decreta su puesta entre paré ntesis, para que el investido
de un tal poder pueda tomar las decisiones necesarias. La autoridad o
Voluntad que puede efectuar este cese moment á neo del “ Estado de
derecho” es anterior, ontológicamente, al mismo cuerpo del derecho
y al “ Estado de derecho” . Esa Voluntad , por ú ltimo, es la de un l íder,
que se refiere a la Voluntad de un pueblo que puede expresar su con ¬
sentimiento por un acto de aclamación. Dejando de lado la ventaja
de mostrar el momento anterior al sistema del derecho, y la desventa ¬
ja de caer en un irradonalismo en cuanto a la fundamentación de tal
Voluntad que queda fuera de toda institucionalidad democrá tica, que ¬
rr íamos indicar que el ejemplo de Schmitt nos permite continuar su
reflexión hacia un horizonte má s fundamental.
Giorgio Agamben, en su reciente obrita, Estado de excepción ( 2001 ) ,
muestra que, en efecto, en el derecho romano se denominaba anctO'
ritas aquella función pol ítica que pod ía dejar a la potestas ( el poder
institucionalizado ) sin efecto. El nombrado por esa autoridad era el
dictator , era una función política que sustitu ía el ejercicio de todos los
poderes instituidos, pero que, una vez cumplida su función de emer ¬
gencia , renunciaba para dejar que las instituciones legales retomaran

1
Publicado en La Jomada, México, 3 de junio de 2005, p. 22.

202
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

su función legítima . Con el tiempo esa función de la autoridad la


cumplió el emperador ( por ello Augusto tomó tal nombre: era el actor
— —
de donde viene agere , el que obra con autoridad y otorga el poder ) .
En América Latina observamos en la actualidad que de pronto una
cierta autoridad puede poner en cuestión al mismo Poder Ejecutivo
que por su parte es el que puede decretar el “ Estado de excepción” . El
presidente argentino Femando de la R ú a declaró en 2001 el “ Estado
de excepción” , para controlar las manifestaciones populares que habían
invadido la ciudad de Buenos Aires, y casi todas las restante de la Re¬
pú blica. Ante este hecho, en vez de respetar dicho “ Estado de excep¬
ción ” , las multitudes descontentas se lanzaron en gigantescas oleadas
a las calles y obligaron a dejar sin efecto al “ Estado de excepción ” . Es
más; destituyeron al presidente. Con la aclamación: “ ¡Qué se vayan
todos! ” , se obligaron a la elección de un nuevo presidente. Lo mismo
aconteció en Ecuador y en Bolivia . El mismo pueblo invistió nueva ¬
mente del poder en Caracas a Hugo Chá vez, cuando éste había prác¬
ticamente renunciado a la presidencia ante el golpe de Estado que lo
ten ía prisionero. Estas rebeliones populares, cuyos antecedentes se
encuentran en Castilla antes de la conquista , que fueron frecuentes
en la é poca colonial y posteriormente en Amé rica Latina , y en el que
consistió el proceso emancipatorio en tomo al a ño 1810, de “ cabildos
abiertos” , de criollos contra los virreyes y otras autoridades espa ñolas,
nos hablan de un hecho político mayor que puede hacernos descubrir
un aspecto muy actual de la pol ítica. Por debajo, y como un momen ¬
to m ás fundamental de la Voluntad que puede declarar el “ Estado de
excepción ” , se encuentra otra Voluntad m ás originaria.
Llamaré , como anterior y por debajo del “ Estado de excepción ” ,
-
“ Estado de rebelión ” a la presencia real p ú blica , y como última instan
cia del poder político, de la Voluntad de un pueblo aunada por un
consenso democr á tico que constituye la potentia. La potencia es el
poder mismo de la comunidad pol ítica o pueblo, desde abajo, que crea
instituciones que en heterogénea estructura de funciones ejerce de ¬
legadamente ese poder primero del pueblo, y que constituye a la so ¬
ciedad civil y al Estado ( la potestas , que es la institucionalización de

203
CARTA A LOS INDIGNADOS

los que mandan ). En el “ Estado de rebelión” la comunidad pol ítica o


pueblo recuerda a las instituciones pol íticas ( que pueden fetichizarse ,
burocratizarse, alejarse de los representados, atribuirse soberanía, au ¬
toridad , etc . ) que la potentia ( o poder originario del pueblo ) funda la
potestas ( el ejercicio delegado del poder, entre otras instituciones al
mismo Estado ) , y que si no cumplen su mandato ( es decir “ mandar
obedeciendo” a la potentia ) , porque pretenden dominar al mismo pue¬
blo como autoridad ( es decir, “ que mandan mandando” como potestas

fetichizada ) , deben ser destituidos: “ deben irse” eso expresa en rea ¬
lidad , como exclamación ret órica excesiva: “ ¡Qué se vayan todos!”
El 24 de abril de 2005 la comunidad pol ítica o el pueblo salió a las
calles de la ciudad de México y en otros lugares del pa ís, para expresar
al Estado ( “ los que mandan mandando” que para nada “ obedecen ”
— -
“ obedecer” viene de “ escuchar al que se tiene delante” : ob audire
a su pueblo, que no “ escuchan el clamor de los de abajo” , que “ no leen

los diarios” : ¡autismo del poder autoritario! ) que simplemente “ se
presentaba ” , que “ mostraba su rostro" en silencio. Era un “ estado de
presencia” ( que pod ía augurar un “ Estado de rebelión ” si se terminaba
la paciencia ) . Los que ejercen delegadamente el poder escucharon
esta vez la voz callada , que rug ía murmurante como el magma antes
de la explosión del volcán . En Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezue ¬
la muchos no escucharon ese murmullo atronador que expresa que el
poder pol ítico lo construye desde abajo el pueblo en una larga escue ¬
la de sufrimiento. El poder del pueblo ( la potencia , diría Spinoza ) fun ¬
da el poder ejercido por delegación institucional ( la potestas ) .
Carl Schmitt y Giorgio Agamben quieren superar el vaciamiento
pol ítico liberal record á ndonos la Voluntad como “ decisión ” del que

tiene autoridad pero se refieren al F ührer o a la auctontas del Sena ¬

do es todav ía la potestas como institución delegada . Quiero indicar
algo m ás fundamental . Esa autoridad hay que situarla , as í como la
soberan ía y el poder originario , en el pueblo mismo , m ás abajo, má s
fundamentalmente , en un lugar ontológico primero. El “ Estado de
rebelión” es un ejemplo concreto, cada vez más frecuente , de madu ¬
raci ón del pueblo latinoamericano ante el latrocinio de las políticas

204
m. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

neoliberales privatizadoras todavía en curso, que responde a la pre¬


gunta de ¿dónde se encuentra la última instancia de la política ?
Los políticos est án sólo habituados a las negociaciones de los con ¬

flictos en la cúpula burocrática del Estado, sus instituciones, los par¬


tidos, etc. ( la putestas ). Sólo usan la propaganda de la mediocracia
como instrumento, con la pretensión de manipular al pueblo. No
saben que es necesario regenerar el poder político en la fuente de la
potentia del pueblo mismo: “ la gente”. “ ¡Están colgados de la brocha! ”
(de las instituciones que ejercen el poder delegadamente ) . Para expre¬
sar realmente la Voluntad de un pueblo unido en el consenso demo ¬
cr ático, de participación simétrica por razones ( y no por violencias de
todo tipo ) , es necesario conectarse a ese poder desde abajo que se
expresa en el “ Estado de rebelión”, por cierto poco frecuente, pero que
nos recuerda el orden de las prioridades en política.

205
CARTA A LOS INDIGNADOS

¿JUICIO POLíTICO:
SIMPLEMENTE LEGAL O TAMBI ÉN JUSTO ?1

Platón , el fundador de la Academia en Atenas, discípulo del Sócrates


juzgado injustamente culpable y sentenciado a muerte por la mayor ía
abrumadora de la asamblea pol ítica en el agora , ense ñ aba que era
necesario respetar las normas internas de la comunidad , pero había
que tratar el tema con cuidado, porque esas normas hasta son necesa ¬
rias a una “ banda de ladrones” . En efecto, en la pel ícula El padrino ,
basada en la novela de Mario Puzo, vemos que la mafia tiene reglas
bien definidas internamente: no se puede asesinar ni robar dentro de
la “ familia ” . Las reglas internas fundadas estratégicamente en el “ in ¬
terés com ú n ” del grupo no tienen el mismo grado de normatividad
que las exigencias propias de la é tica o de la pol í tica propiamente
dichas. El mismo Norberto Bobbio se encuentra en dificultad para
mostrar la diferencia entre las reglas de la “ banda de ladrones ” y las
de la normatividad del Estado, ya que funda dicha diferencia en meros
juicios de valor ( subjetivos, sin criterios realmente objetivos ). Es ya
una justificación , pero dé bil . El “ interés com ú n ” de un grupo no es el
“ bien com ú n ” de toda la comunidad pol ítica, incluyendo su minoría.
Dicho interés no puede ser fundamento de un juicio, no sólo legal sino
tambi én justo.
Cuando se habla de un posible desafuero de una autoridad en el
Mé xico actual, se escucha que se pretenden distinguir el “ juicio
político” 2 del “ juicio legal ” o jur ídico. Se entiende el primero como
el que procede por meros intereses estratégicos ( y no en sentido cons¬
titucional ) y el segundo como el que hace referencia a la ley. Habr á
todavía que indicar que la pura referencia a la ley no basta, es nece ¬
sario cumplir con la exigencia de su aplicación justa. Se deber ía mos -
1
Publicado en La Jornada , Mé xico, 30 de marzo de 2005, p. 12 .
2Del “ juicio político” como figura jurídica se ocupa el artículo 109 constitucional.
En realidad , el juicio de desafuero del que se habla hoy es sólo una “ declaración de
procedencia” , estipulada por el art ículo 111.

206
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS TOL ÍTICAS

trar que no puede ser un mero juicio segú n intereses pol íticos , pero
tampoco puede ser un juicio segú n la sola ley, si se trata de un juicio
político legítimo . Aun siendo legal debe además ser justo. Si se usara
la ley desvirtuá ndola , se la torcer ía en su aplicación a partir de inte
reses puramente estrat égicos de un grupo; es decir, se tratar ía del juicio
-

que podr ía proferir hasta una “ banda de ladrones” para usar la me -
táfora de Platón .
En nuestro escenario pol ítico, cierto partido indica que se ha
estudiado la repercusión que en sus intereses electorales tendrá esta
medida del desafuero. Otro, cuyos fundadores fueron pol íticos de
principios éticos claros durante decenios de oposición , simplemente
encuentran , en su decadencia moral , que se cumple su propio interés
eliminando con “ chicanas ” antidemocrá ticas a un oponente mayo -
ritario en las encuestas. Ambos no se refieren a principios, a leyes, a
normas é ticas universales o a la justa aplicación para el caso concre¬
to ( v á lidos tambi é n para oponentes y para la minor ía ) , sino sola ¬
mente a sus propios intereses estrat égicos, de grupo burocr á tico. Es
como si una “ familia ” de mafiosos linchara a un policía y justificara
su acció n exclamando: “ ¡Perjudicaba nuestros intereses! ¡ Hemos
evaluado que mejor era eliminarlo que arriesgar nuestro negocio ! ”
Todos reprobarían esa justificación . Guardando la distancia, estamos
ante un tipo analógico de inmoralidad , por ser una decisión pura ¬
mente estratégica ( que en el mejor de los casos dice referirse a la ley
para retorcerla cuando pasa a su aplicació n concreta ) . En ambos
casos la razón que los mueve no es la justicia , sino el cumplimiento
de intereses estrat égicos partidarios. Tienen entonces razones incon ¬
fesables y, lo peor, proclaman referirse a las leyes que destruyen en
su aplicación injusta, como en el caso de Sócrates, tal como ense ñ a ¬
ba Platón , para quien las leyes eran justas, pero los jueces injustos en
su aplicación.
¿ Cu á les son las razones para justificar los principios é ticos y pol í¬
ticos que puedan invalidar la mera argumentación que tenga por ú ni ¬
ca referencia el “ interés com ú n ” estratégico hasta de una “ banda de
ladrones” ( como decía Plat ón ) ? Mostremos al menos una razón .

207
CARTA A LOS INDIGNADOS

Un cuerpo legislativo constituido en juca:, 3 al menos en sentido lato


( en el caso del posible desafuero que nos ocupa ) , debe tener como
referente normativo de su “ juicio" a las leyes que ese mismo cuerpo ha
dictado. De no respetar las leyes caer ía en lo que la lógica pragmá tica
denomina una contradicción preformativa ( como la llama Karl Otto
Apel ) . Es decir, en el acto mismo de juzgar por otros motivos que las
-
leyes ( en este caso: sus intereses de partido ) estar ían indicando que
las leyes: a ) no sirven, b ) son injustas , o c ) se pueden transgredir, ya
que no se las ha tomado como el criterio ú ltimo del juicio o de su
aplicación justa. En los tres casos los legisladores mostrar ían en su
mismo acto que el ser legislador es un acto in ú til, ya que ni ellos toman
las leyes en cuenta seriamente ( en cuanto a la ley o en cuanto a la
justicia de su aplicación ) . Se estar ían negando como legisladores . Co¬
rromper ían la ley ( de la que tanto claman que “ hay que cumplirla ” ) y
la institución legislativa ( de la que tambié n tanto se habla de que “ no
hay que destruir las instituciones” ) si no tomaran en cuenta la ley, o
corromper ían su pretensión de justicia si aplicaran las leyes de mane ¬
ra injusta. La pura referencia a la ley no exime al juez (en sentido lato )
de ser justo, es decir, de aplicarla teniendo en cuenta toda la comple ¬
jidad en su aplicación en el caso concreto. Porque un juicio puede
referirse a la ley y ser una aplicación injusta .
Si el juicio pretendiera ser meramente un “ juicio pol ítico” ( sin
referencia ú ltima a las leyes ) no ser ía entonces una decisión legítima;
es decir, de acuerdo con el “ Estado de derecho” , que sello se rige en
referencia al cuerpo de leyes. El interés com ún de una “ banda de la ¬
drones” no es políticamente legítimo; es simplemente una motivación
inmoral , ilegítima, y corrompe a los participantes en ese acto injusti -
' El Poder Legislativo se constituirá en “ juez" ad hoc (ya que no puede simplemen¬
te desaforar a alguien sin razones para ser juzgado por el Poder Judicial, sino que debe
ya encontrar al acusado de alguna manera culpable para desaforarlo, y si no encon ¬
trara tales causales de culpabilidad no podr ía desaforarlo ) , es decir, entra dentro de
la lógica de un “ juicio" justo o injusto, simplemente. No hay escapatoria de que sea un
“ juicio pol ítico” , y aun en ese caso tendr ía que cumplir con ciertas condiciones ( que
no est á tomando en cuenta ) para que sea justo.

208
HI. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

ficable é tica y polí ticamente. Sus nombres quedar án para siempre


manchados en la memoria indeleble de los que sin olvido constituyen
la tradición honorable de una comunidad política. ¡La patria se lo
demandará!
Si el juicio fuera formalistamente legal, todavía debería ser justo, ya
que su legitimidad real no concluye en la pura referencia a la ley, sino
en su integral aplicación al caso concreto ( con toda la prudencia
exigida al juez que debe considerar las circunstancias para objetiva¬
mente aplicar la ley universal al acusado concreto, y juzgarlo o no
como culpable , aplic ándole en el caso de que lo sea el castigo estipu¬
lado en la ley, si se hubiera estipulado algún castigo, y en proporción a
la gravedad del acto probado ) , o de lo contrario sería simplemente un
juicio injusto, corrosivo de las costumbres y destructor de leyes e ins ¬

tituciones. No hay lugar para un “ juicio político” sin referencia a la


ley, o con una referencia formalista a la ley pero sin intención seria y
honesta de hacer justicia ( que no es sólo chicanera legalidad de liti ¬
gantes ) ; es decir, siempre es esencial y simult áneamente un juicio
legal y justo, para ser integralmente legítimo.
Lo que se llama cotidianamente “ juicio político” o “popular” es el
acto perpetrado, por ejemplo, por los khmer de Camboya, por la masa
iracunda que juzga al enemigo de sus propios intereses ( aunque sean
pretendidamente progresistas), fuera de toda referencia a la ley , fuera
de todas las exigencias de aplicación según la justicia. Se trata, sim¬
plemente, del retomo a la barbarie, o al legalismo formalista. Sería un
acto irracional normativamente hablando, porque no puede justifi¬
carse ética ni políticamente. ¡La mujer y el hombre honesto de la calle
lo juzgan desde el sentido común como improcedente, desproporcio ¬
nado, nunca visto! Y tienen razón. ;Es cuestión de principios , de justicia
y no de personas!

209
CARTA A LOS INDIGNADOS

DE LA ACCIóN SOCIAL AL CAMPO POLíTICO1

Porto Alegre. A diferencia de Davos, con algo m ás de dos mil parti ¬


cipantes y cientos de policías y elementos de seguridad , en Porto Ale ¬
gre, con más de dos mil paneles y m ás de 130 000 participantes no se
veía en las calles a ning ú n policía. El primero en medio del fr ío de las
monta ñ as europeas; el segundo, en el calor tropical de un Brasil exu ¬
berante.
El Foro Mundial Social, de retomo de Mumbai ( India ) a América
Latina, es el mayor de todos los organizados. El esp íritu de trabajo es
ejemplar. Nuestro panel , con An íbal Quijano, Boaventura de Sousa ,
Immanuel Wallerstein y algunos otros amigos , comenzó su trabajo el
primer d ía a las 8:30, al mismo tiempo que el discurso de Lula. Más-
-
de 800 asistentes llenaban la enorme carpa F 603, con gente en el
suelo y de pie. Tratamos el tema “ Poder, conocimiento, democracia
y revolución ” .
Como indicaba en un art ículo de la Folha de Sao Paulo , el Foro
deberá tomar conciencia lentamente del pasaje de lo social a lo pol í¬
tico. Mi tema , “ Los nuevos movimientos sociales” , precisamente tra ¬
taba la exigencia de cruzar dos umbrales.
Los nuevos movimientos sociales que surgen en todo el mundo
periférico y poscolonial en reacción contra el neoliberalismo empo -
brecedor de los pueblos, que arremete militarmente contra la demo ¬
cracia y los derechos humanos, crecen en todos los horizontes del
planeta . Es hoy un movimiento incontenible que se apunta logros
inesperados. Lo que acontece en Argentina con su deuda, en Uruguay
con la izquierda en el poder, en Brasil con tantas experiencias de base,
en la Venezuela de Hugo Chá vez, aclamado en el Foro; en el juicio de
Pinochet ( taita todav ía el que promovió el golpe en Chile, Henry
Kissinger: culpable de culpables ) , en Bolivia , Ecuador, etcé tera.
Los nuevos movimientos sociales, digo , nacen y crecen en ese
caldo de cultivo que la injusticia obliga. De origen reivindicativo ,

1
Publicado en La Jornada , Mé xico, 31 de enero de 2005, p. 20.

210
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS EOLÍTICAS

estrictamente social , han pasado el umbral primero hacia la sociedad


civil ( Estado en sentido ampliado para Antonio Gramsci ) . All í se
han confundido con movimientos muy ambiguos, tales como las
peque ñas burgues ías movilizadas por los medios de comunicació n
( en especial por televisoras ) contra los gobiernos populares ( como
en Venezuela , Argentina o en la ciudad de M éxico ) . Sin embargo ,
han ido desarrollá ndose pol íticamente, aunque apenas sea en prin -
cipio.
La pregunta es si dará n el paso para cruzar el segundo umbral: de
la sociedad civil a la sociedad pol ítica. Para ello deberá n superar dos
escollos. El primero, el de aquellos ideólogos de los nuevos movimien -
tos sociales que indican que el poder es dominación y el Estado es una
estructura por naturaleza corrompida ; por lo tanto, hay que cambiar
el mundo sin tomar el poder del Estado. El segundo, el de los que in ¬
dican que hay que asumir la responsabilidad pol ítica y “ toman el po¬
der ( como dominación ) del Estado” ( tal como se encuentra ) . Al
asumir el paquete todo hecho se corrompe en el proceso. Lula ya sufre
el desgaste de no haber realizado previamente , y realmente , una trans¬
formación del Estado.
El pasaje a la sociedad política por parte de los nuevos movimien¬
tos sociales supone redefinir el poder ( como la fuerza de las voluntades
de las comunidades que unifican sus objetivos democrá ticamente des¬
de abajo). Es decir, el poder es la unidad de un pueblo que conoce sus
objetivos: se trata de una construcción desde abajo: “ El pueblo unido
( jamás será vencido ) ” , decía el eslogan sandinista. Por otra parte,
supone tener claro cómo transformar el Estado , al que no hay que
englutirlo golosamente ( porque indigesta ) , sino que hay que decons -
truirlo, analizarlo y transformarlo. Un cambio de constitución pol íti ¬
ca es una buena medida previa .
En fin , se discutió fuertemente la posibilidad o necesidad de dar
ese paso, de lo social a lo pol ítico, pero hubo unanimidad en que la
transformación del Estado y la definición del poder ( no como domi ¬
nación desde arriba , sino como potentia desde abajo ) es condición sin
la cual no puede darse ning ú n compromiso serio pol ítico.

217
CARTA A LOS INDIGNADOS

Esto no supone que los nuevos movimientos sociales deban hacer


pol ítica partidaria ni entrar a formar parte de la sociedad política, sino
que exige tomar clara conciencia de las responsabilidades pol í ticas y
comenzar la lucha en todos los niveles por una democratización de
todas las estructuras, como participación simétrica de todos los afec ¬
tados y dando razones para llegar a consensos legítimos para todos.
Es el fin de ¡os vanguardismos, de los burocratismos, de los popu ¬
lismos, de los autoritarismos, de los mayoriteos totalitarios, etc. Es un
llamado al poder desde abajo a partir del consenso de los pueblos.

212
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

1
¿ COLOMBÍAN/ZACÍÓN DEL PROCESO POLÍTICO ?

Los jefes de Estado, que se han lanzado con tanta pasión a criminalizar
a sus enemigos, no tienen conciencia de que esa misma criminalización
puede volverse en todo momento contra ellos.
Giorgio Agamben 2

En las elecciones de 1949 Eliécer Gaitá n crece como l íder carismá ti


co entre las masas colombianas, procedente del Partido Liberal. Ante
-
la imposibilidad de parar ese fenómeno irreversible popular, los con
servadores y liberales hacen un pacto, y Gaitá n es asesinado. El país
-
cae en manos de una violencia inaudita que enfrenta sangrientamen ¬
te a los colombianos. Hoy, casi medio siglo después, Colombia no
puede despertarse de la pesadilla que su elite pudo evitar. La sombra
de Gaitá n sigue su paso devastador en ese pa ís sin solución. A “ los
anhelos populares” los conservadores le llamaron “ izquierda ” ; nunca
les dieron un lugar, siempre los negaron, y así el pa ís deambula fuera
de la historia.
Es importante discernir entre un partido de “ izquierda” ( que puede
representar 18 por ciento del electorado ) , la miseria popular que pue ¬
de llegar ( entre pobres extremos y simplemente pobres ) a 60 por cien ¬
to, y el surgimiento de un dirigente que responde al grito de esa miseria
( por lo que supera en mucho a su partido y a la “ izquierda” ). Sus de ¬
tractores, es evidente, lo llaman “ populista” ( demagogo ) , “ izquierdista”
( comunista ) , etc., desconcertados ante su carismática figura.
Este fin de semana estaba en Quintana Roo y preguntaba al dueño
popular de un puesto de periódicos: “ ¿Quién es para usted el goberna ¬
dor del Distrito Federal ?” Y me respondió: “ Él ha escuchado al pueblo
mexicano, por ello lo quieren eliminar ; pero Dios lo protege ” . Me
llamó la atención la claridad , violencia y el tipo de imaginario reli -
1
Publicado en La Jomada , México, 1 de noviembre de 2004, p. 14.
2Giorgio Agamben , Moyen sansfins . Notes sur la politique , Par ís, Payot, 2001,
P. 119.

2VJ
CARTA A LOS INDIGNADOS

gioso de donde surgió su inesperada respuesta , sobre todo en un esta -


do donde el partido del pol ítico referido es extrema minor ía.
Como en el caso de Eliécer Gait á n , un personaje político entra en
el imaginario popular por reglas que los políticos burócratas no pueden
captar. Cuando en el siglo XVI los tarascos creyeron que el “ padre to
t é mico" ancestral de su etnia había vuelto a la tierra en la persona de
-
aquel singular personaje que ellos llamaron “ Tata ” Vasco de Quiroga,
se trataba también de esas identificaciones m íticas bien conocidas por
los etnólogos. De la misma manera, en pleno siglo xx, esos mismos
tarascos, más la población mestiza y blanca , llamaron , como a su ten
cera presencia en la historia del originario “ Tata ” a su gobernador: el
“ Tata ” Lázaro Cá rdenas. No era simplemente un político; estaba in ¬
vestido de un halo particular que la tradición del imaginario popular
crea en ciertos momentos de su historia. Una vez creado ese halo, es
dif ícil luchar contra é l. La denigración, la cr ítica , el intento de des ¬
truirlo, lo ú nico que logra es consolidarlo. Si alguien dice: “ Todo va
muy bien ” , y en su propia piel el pueblo siente que por la desocupación,
la pobreza , la inseguridad , la violencia ... todo le va muy mal , el que
dice que “ Todo va muy bien ” ( el pol í tico en el poder ) , y la televisora
y la radio que lo repiten , pierden credibilidad. Pero si , para peor, ex ¬
claman: “ Ese es un populista” ( quizá ni entienda el pueblo el signifi ¬
cado de la palabra , pero capta el sentido de insulto ) , “ Ese es un
mistificador” ... el simple pueblo, que ya se ha vuelto escéptico, razona:
“ Si ellos que son mentirosos dicen que ese es tan malo, debe tener algo
de bueno” . Se vuelven inmunes a la cr ítica. Adem ás , al escuchar
hablar al tal insultado que enjuicia la realidad diciendo: “ El pueblo
sufre, no hay empleo...” El oído del pueblo pobre acepta ese juicio, lo
cree razonable, al menos se aplica a su propia persona. Poco a poco,
en la escuela cotidiana del juicio político, va surgiendo ese halo, esa
referencia imaginaria que jerarquiza los protagonistas del mundo po¬
l ítico, y que eval úa desde el sufrir del pueblo a los personajes por su
conducta, sus expresiones, sus proyectos, su credibilidad.
Nietzsche llamaba “ resentimiento” al envenenamiento que se pro¬
duce cuando la impotencia del oprimido ( obligada y represiva por

214
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

parte del poderoso) , en vez de exteriorizarse y así seguir su curso, es


violentamente imposibilitada de expresarse. Esa tendencia , en vez de
realizarse hacia fuera se vuelve hacia adentro y envenena toda la
subjetividad . Esa enervante energía autodestructiva que se llama "re'
sentimiento” puede desbordarse irracionalmente hacia fuera , y como
r ío torrencial llevarse todo por delante. Esto aconteció en Colombia ,
y los conservadores fueron los responsables.
Tronchar a un dirigente popular que es ya en el imaginario popular
la esperanza de un momento histórico, es no dar lugar, no al dirigente,
sino a la esperanza popular. La cuestión ya no es el dirigente sino el
proceso que se ha puesto en movimiento. La detención del dirigente
es fácil, pero lo que es imposible de prever es el movimiento resentido
de un pueblo herido en sus anhelos, en sus proyectos, en la posibilidad
de ser protagonista .
Hay cierta ceguera y una enorme falta de experiencia pol ítica ( muy
diversa a la experiencia empresarial privada , aunque en realidad mu ¬
chos ni la han tenido creativamente en los niveles de punta tecnoló¬
gica ) , ya que les parece sin ninguna importancia a estos pol íticos ( y
antiguos dirigentes obreros “ charros” , y lo expresan p ú blicamente ) las
enormes manifestaciones populares, como las del 29 de agosto y el
primero de septiembre. Creen que dichas expresiones de frustración
son “ acarreos” superficiales de pueblo pasivo, inconsciente, sin nin ¬
guna conciencia pol ítica. No advierten que la “ escuela pol ítica ” del
pueblo es la misma historia y está tomando cursos intensivos. No ser ía
extra ño que , de pronto, el resentimiento, la frustración por las provo¬
caciones injustas, a todas vistas contra la ley, simples “ chicanas” que
sólo pueden convencer a sus autores que pretenden “ tapar con un dedo
el sol” por el uso desmedido e irracional del monopolio del ejercicio
de la coacción , haga despertar a un pueblo empobrecido, brutalmen ¬
te tratado y excluido de las grandes decisiones nacionales. Su desper¬
tar, espero, no será como el de los colombianos , pero si fuera del
mismo tipo , debemos desde ya saber quienes fueron los responsables.
Quisieron tenerlas todas consigo. Aplicaron a rajatabla el todo o nada;
nada compartieron con las exigencias de un pueblo que a través de un

215
CARTA A LOS INDIGNADOS

dirigente pod ía entrar a negociar algunas ventajas que , además de


justas, quitar ían un poco de presión a un estado de profunda e irres
pirable situación de enojo popular. No se trata de eliminar a un diri ¬
-
gente de la “ izquierda” ( 18 por ciento del electorado ). No. Se trata de
eliminar un personaje envuelto ya en el halo de la esperanza del ima ¬
ginario popular ( 60 por ciento al menos ). No es ya el miembro de un
partido, es en cambio parte de dicho imaginario. Pretender destruirlo
es peligroso, no como dirigente político sino, como me decía el dueño
del puesto de periódicos en Quintana Roo, “ Lo quieren eliminar, pero
Dios lo protege” .
Es de esperar, entonces, que lo de Colombia se pueda evitar, ya que
las circunstancias son diferentes, y puede todav ía corregirse el rumbo
de decisiones hasta el presente equivocadas.

216
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

¿VENEZOLIZACI óN DE LA POLÍTICA ? '


En Venezuela la oposición al gobierno de Hugo Chá vez utilizó una
estrategia muy simple. A partir de poderosas televisoras lanzó a la
calle a miles de ciudadanos, de la peque ña burguesía, de clase acorno -
dada, de ciertos grupos populares inconformes, entre los que se mez¬
claban guaruras a sueldo que promovieron disturbios y hasta muertos.
Si el gobierno de Chávez encarcelaba a los que producían desmanes, se
le acusaba de que reprimía las manifestaciones y, por lo tanto, imped ía
la libertad de expresión a la oposición; si el gobierno de Chá vez no
actuaba , para no mezclarse en actos no promovidos por el gobierno,
se le acusaba de no impedir los actos violentos ( organizados por los
guaruras a sueldo mezclados entre los manifestantes ) ; además, de todas
maneras, esos actos violentos organizados por la oposición se los atri ¬
bu ían al gobierno de Chávez y a sus partidarios. ¡No hay salida!, una
vez lanzada la gente a la calle, en su mayor ía con buenos propósitos,
se desata una lógica que interpretada masivamente desde los medios
de comunicación “ siempre” permite recriminar al gobierno de inope -
rancia , de violenta represió n o de manipular contra la oposición a sus
movimientos populares ( que habrían sembrado la violencia en la pa ¬
c ífica manifestación de la oposición ) .
La inseguridad en Amé rica Latina, en México y en el Distrito Fe¬
deral es fruto de la masiva pobreza que las medidas neoliberales, y en
México desde el “ error de diciembre” , ha producido una masiva deso¬
cupación en el pueblo. El remedio a tales “ errores” son medidas que
dependen de un gobierno federal y no de una ciudad. Atribuir el pro¬
blema de la inseguridad a un gobernador es ver una parte del problema,
pero no ir a las causas. La causa es la pobreza de un pa ís que debe pagar
injustamente la deuda de muchos capitales privados que fue atribuida
al Estado, las “ deudas fueron nacionalizadas” por un acto injustificado,
que significa que este a ño México deberá pagar 52 000 millones de
dólares entre deuda externa e interna ( que se acumula desde López

' Publicado en La Jornada , México, 17 de junio de 2004, p. 23.

217
CARTA A LOS INDIGNADOS

Portillo, se acrecienta con Carlos Salinas y desmedidamente con el


“ salvataje de los bancos” de Zedillo) anterior al actual gobierno federal
y del Distrito Federal. Esas son las causas de la inseguridad. Manejar
la inseguridad directamente contra un gobierno particular es injusto.
De todas maneras el motivo de la manifestación es real . El manejo
responde, sin embargo, a una estrategia que ya ha sido usada en Vene ¬
zuela. Eso indica que ciertas t ácticas se generalizan en América Latina
y hay que contar con ellas.
Se debe entonces tomar el tema con extremo cuidado. La oposición
al gobierno del Distrito Federal abre una caja de Pandora, cuyos resul ¬
tados son imprevisibles. El gobierno de la ciudad deberá estudiar el caso
d á ndole extrema importancia. Es un nuevo campo de confrontaciones.
— —
No sólo el jurídico que se ha organizado injustamente , sino aho¬
ra el pol ítico, donde se comienzan a lanzar las masas a las calles bajo
el respaldo y continuo apoyo de una “ interpretación” de los aconteci¬
mientos en manos de las televisoras y las radios.
La “ interpretación” , o el sentido, de los actos pol íticos son los que
al tinal valen. Y en México como en Venezuela existe lo que Agamben,
pensador de fama en Italia, llama la mediocracia : el poder de los medios
de comunicación. Hoy, más que las leyes y que las acciones, lo que al
final llega al ciudadano cotidiano y mal informado es la “ interpretación”
de los acontecimientos. Así, el acto X se “ interpreta” : es justo o injusto;
bueno o malo; correcto o incorrecto. Pero la “ interpretación” puede
seguir cierta lógica siniestra: si se mueve est á mal porque ataca ; si no
se mueve está mal porque no hizo nada ; si sube es injusto porque no
dejó subir a los orros; si no sube es injusto porque no ayud ó a los otros.
Haga usted lo que haga la “ interpretación” puede dejarlo “ siempre” mal.
Y como no hay medios ( televisoras o radios ) que compitan realmente
con la “ interpretación” de los “ grandes” medios, esa “ interpretación”
se impone infaliblemente, aunque sea por repetición. Y como es la
“ interpretación” de los acontecimientos la que fija el sentido de los
actos, al final la pol ítica est á en poder del que “ interpreta” . El poder
del gobernante (aunque lo haya elegido una mayor ía aplastante ) es
“ impotente” ante el poder de la “ interpretación” de los medios de co -
218
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

municación {la mediocracia de Agamben ), y mucho más cuando esos


mismos medios son actores que originan hechos de masas en los que
participan . Ponen un acto p ú blico ( aun con violencia ) que podr á n
“ siempre” interpretar contra la autoridad.
Ante esto sólo cabe comenzar un largo camino. Se habla y con
razón de la “ libertad de información". Es un pilar de la democracia .
Pero no se habla del “ derecho a la información veraz” . El ciudadano
tiene un “ derecho” a estar bien informado. Esto requerir ía tribunales
específicos para la información; una procuradur ía de defensa de la
información veraz que merece el ciudadano, y muchos otros medios
legales que no existen , pero deben comenzar a implementarse , porque
toda Amé rica Latina entra en un periodo de nueva estrategia política
que se basa en los medios de comunicación ( en especial la televisión
y la radio ) como momento articulado para una lucha de movimientos
de masas promovidos desde esos mismos medios. Es un nuevo capítm
lo de la pol ítica y de la ciencia política.
¿Se estará venezolizando Mé xico ? No lo sé, pero el que haya nacido
la articulación de “ medios de comunicación / movimientos de masas de
oposición” nos permite vislumbrar una estrategia semejante.

219
CARTA A LOS INDIGNADOS

¡ RESCATEMOS LA PATRIA !1

Hoy el patriotismo no tiene buenas plumas a su favor. Parecer ía que


la virtud del patriotismo está pasada de moda. Es verdad que Hidalgo,
Juárez o Zapata fueron patriotas... pero era ¡en aquellos tiempos! Pien ¬
so, sin embargo, que lo que hoy necesita toda comunidad pol í tica es
el patriotismo de sus miembros. Cuando esto falta las mayor ías son
dominadas por sus enemigos, de adentro y de afuera.
La marcha de junio fue preparada por algunos que pensaban ma ¬
nipularla ( grupos privados de derecha y la “ mediocracia” ). La multitud
participante rescat ó la marcha convirtié ndola en la expresión sentida
y real del dolor de tantas v íctimas de la inseguridad ( efecto negativo
no intenciona ) de un sistema injusto ). Pero después de la marcha , de
nuevo, los que la idearon y la “ mediocracia” volvieron a manipularla
contra la multitud participante. Creo que muchos entienden ahora
que la causa de la marcha ( la inseguridad ) era un motivo hegemónico
porque involucraba a la mayor ía ; era un problema real , aunque pudo
ser usado posteriormente con otros fines pol íticos.
Es posible que haya que realizar otra marcha. Deber ía igualmente
escogerse una motivación hegemónica, que involucre los intereses de
la mayor ía. Creo que la democracia y la legalidad son temas políticos
reales , pero demasiado formales ( procedimiento leg ítimo y cumpli ¬
miento de la tey ) , que no arrastran a las mayor ías populares. ¡Hay que
pensar en un motivo hegemónico más dramá tico para una marcha
mayor que la de junio! ¡ Debe tocar la sensibilidad popular y mover los
corazones ( no sólo los cerebros )!
Pienso que el pa ís ha llegado a un estado de lamentable crisis. Hay
un vacío de poder y una entrega lenta a los enemigos de la patria. Es
necesario que podamos ir m ás allá del temor que inmoviliza ante la
inseguridad hacia la responsabilidad activa ante la patria en peligro.
Ella es la que ahora sufre una inseguridad oceá nica , la inseguridad
primera .

1
Publicado en La Jornada , México, 11 de julio de 2004, p. 12.

220
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POL ÍTICAS

Los que cobran conciencia de la gravedad de la situación deberían


pensar en algo mayor, más hegemónico, que toque el interés de todos.
Los esclavos eran liberados cuando los redim ían . Redención era
pagar el precio del rescate para que el esclavo fuera libre. Redimir es
liberar. La patria est á secuestrada y necesita de todos. Es necesario
que la rescatemos de la esclavitud que padece.
La patria est á secuestrada en la lenta privatizaci ón del petr óleo
que fue nacionalizado por Lá zaro Cá rdenas. ¡Rescatemos el petróleo
para nuestros hijos!
La patria está secuestrada en la paulatina privatización del gas y
la energía eléctrica. ¡Rescatemos las fuentes de energ ía para nuestra
comunidad toda!
La patria est á secuestrada cuando el mercado nacional est á
dominado por las transnacionales y los productores nacionales son
descartados. ¡Rescatemos el mercado nacional para la producci ón
mexicana!
La patria est á secuestrada cuando los transgénicos contaminan el
ma íz milenario. ¡Rescatemos el campo para los campesinos!
La patria está secuestrada cuando el trabajo se flexibiliza y se pro ¬
duce una masiva desocupació n. ¡Rescatemos el trabajo para los tra ¬
bajadores!
La patria está secuestrada cuando en la ense ñanza se suprime la
historia de nuestros pueblos originarios. ¡Rescatemos la ense ñanza
p ú blica, gratuita y obligatoria!
La patria est á secuestrada cuando todos los bancos en Mé xico
( menos uno ) est á n en manos de extranjeros, que absorben nuestros
ahorros y se benefician de pol í ticas bancadas que pretendieron un
rescate irresponsable . ¡ Rescatemos la riqueza para la comunidad na ¬
cional!
La patria est á secuestrada cuando las deudas privadas se hicieron
p ú blicas sin acuerdo del pueblo , y ahora todo el pueblo debe pagar
una deuda externa impagable. ¡Probemos la injusticia de tal deuda
ya saldada!
La patria est á secuestrada cuando la l ínea de la pobreza ( de Amar-

221
CARTA A LOS INDIGNADOS

tya Sen )alcanza ya al 50 por ciento de los mexicanos. ¡Rescatemos


una vida digna para la mitad de nuestro pueblo!
La patria está secuestrada cuando nuestros ind ígenas, los primeros
soberanos de estas tierras, que invadieron los blancos, no logran la
justa autonom ía . ¡Rescatemos los usos y costumbres de los pueblos
mesoamericanos!
La patria est á secuestrada cuando millones de desocupados deben
vivir como vendedores ambulantes en una inseguridad cotidiana in ¬
comparable. ¡ Rescatemos las tuerzas de trabajo de toda la población
para construir la riqueza de todos!
La patria est á secuestrada cuando sus hijos e hijas deben emigrar
para poder vivir. ¡ Rescatemos una vida digna en nuestro propio
suelo!
La patria está secuestrada cuando los ni ños de la calle mueren de
fr ío, de violencia, de soledad. ¡Rescatemos a la infancia indefensa!
La patria está secuestrada cuando los ancianos no tienen jubilación
o su jubilación es perdida por los que la “ jinetean” en la bolsa. ¡Res ¬
catemos a la tercera edad para que vuelven a ser nuestros venerados
abuelos respetados, queridos y saludables!
La patria est á secuestrada cuando el poder pol í tico es usado para
impedir que posibles candidatos a responsabilidades ciudadanas, con
alta aceptación de la población, sean barridos por triqui ñ uelas inmo ¬
rales e injustas. ¡Rescatemos la é tica en la pol ítica , y m ás cuando se
mezcla el cristianismo ( del que sufrió la crucifixión antes de escan ¬
dalizar a los peque ñ os y los pobres ) en turbios manejos indignos de
tal nombre!
La patria está secuestrada ... y / qu é hago yo para rescatarla ? / No es
ésta la inseguridad primera y ú ltima , la inseguridad del debilitamien ¬
to del cuerpo pol ítico como un todo ?
Una nueva marcha deber ía tener una motivación a ú n más noble
que la primera. / No ser ía una buena motivación para mover las vo ¬
luntades de todos los ciudadanos, de izquierda y de centro, de obreros
y de empresarios nacionales, de campesinos e ind ígenas, de ni ños y
ancianos, de mujeres y varones, de lesbianas y gays , de cristianos

222
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

y ateos, de electricistas, petroleros, estudiantes y profesores universi¬


tarios, de padres y madres e hijos y abuelos, de vecinos, de desocupa ¬
dos, de vendedores ambulantes... de esa multitud que absorta
contempla el secuestro de la patria por sus enemigos ( los de adentro
y los de afuera ) sin poder hacer nada ?
¿ No ser ía un buen motivo de la segunda marcha “ ¡Rescatar a la
patria!” ?

223
CARTA A I.OS INDIGNADOS

EL PODER CIUDADANO F.N LA CONSTITUCIóN BOLIVARIANA


ARTICULACIóN DE LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA CON
LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA1

A diferencia Je otros l íderes pol íticos, como Salvador Allende , Lula


o K íchner, Hugo Chá vez llega al gobierno del Estado venezolano te ¬
niendo dos particularidades que le permitir á n efectuar una transfor ¬
mación con mayores posibilidades de éxito. En primer lugar, llega al
gobierno apoyado por las fuerzas armadas ( como los caudillos del siglo
xix y los l íderes populistas del siglo xx: Cá rdenas , Vargas, Peró n y
tantos otros ) . En segundo lugar, convocar una asamblea constituyen ¬
te y promulgar una nueva Constitución le permitirá tener un respaldo
legal actualizado.
Por eso, la Constitución de la Rep ú blica Bolivariana de Venezue ¬
la de 1999 tiene ciertas particularidades entre las que quiero destacar
un aspecto de grandes consecuencias para la filosof ía pol ítica.
El primer aspecto que deseo resaltar es una constante intención
por implementar mediaciones para llevar a caho una mayor partici ¬
pación ciudadana.
En efecto, en el Título I , sobre los “ Principios fundamentales” ,
leemos que la Repú blica Bolivariana de Venezuela tiene el derecho
irrenunciable a “ la autodeterminación nacional” ( art. l ) . Constituye
“ un Estado democrá tico y social de Derecho y Justicia ” ( art.2 ) . “ La
soberan ía reside intransferiblemente en el pueblo” ( art.5 ) y no en el
Estado , el que ejerce el Poder Pú blico indirectamente “ mediante el
sufragio” . Determina en el Título II el “ espacio geográfico” del terri ¬
torio nacional e í ndica la pertenencia a la Rep ú blica de “ los yacimien ¬
tos mineros y de hidrocarburos” ( art . 12 ). El Título III se ocupa de los
derechos y merecer ía una exposición especial.
En el capítulo IV de este segundo T ítulo ( “ De los derechos políti ¬
cos y del referendo popular” ) , dice en el art ículo 62:

1
Filósofo. Ponencia presentada en el Foro organizado por La Jornada y Casa Lam ín
el 2 de agosto de 2004 y publicado en La Jornada , México, 14 de agosto de 2004, p. 16.

224
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

Todos los ciudadanos y ciudadanas tienen el derecho de participar libre ¬


mente en los asuntos pú blicos, directamente o por medio de sus represen¬
tantes elegidos o elegidas. La participación del pueblo en la formación,
ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para lograr
el protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual
como colectivo.

A lo que se agrega en el art ículo 70:

Son medios de participación y protagonismo del pueblo en el ejercicio de


su soberan ía, en lo político: la elección de cargos pú blicos, el referendo, la
consulta popular , la revocatoria del mandato , la iniciativa legislativa , cons
titucional y constituyente , el cabildo abierto y la asamblea de ciudadanos y
-
ciudadanas cuyas decisiones será n de carácter vinculante.

Veremos de qué se tratan todas estas mediaciones de participación,


algunas antiguas y olvidadas y otras sumamente novedosas.
El referendo popular es un mecanismo con el que al menos “ diez
por ciento de los electores y las electoras inscritos en el registro civil
y electoral” ( art. 71 ) pueden revocar de su cargo a cualquier autoridad
del gobierno, en todos los niveles, ya que “ todos los cargos y magis ¬
traturas de elección popular son revocables” ( art. 72 ). Pasado la mitad
del periodo para el cual fue elegido el funcionario se necesita “ el vein¬
te por ciento de los electores” ( art. 72 ) . Tambié n pueden abrogarse
leyes y decisiones dictadas.
Estas medidas deben entenderse dentro del sentido pol ítico de
articular una democracia representativa con una democracia participan
va. El referendo y la abrogación de leyes significa una intervención
-
participativa del pueblo, recordando a los representantes que sólo son
tales: representantes y no poder soberano.2
2Cabe destacarse el capítulo Vil “ De los Derechos de los pueblos ind ígenas”, que
-
merecer ía exposición especial (arts. 119 125). “ El Estado reconocerá la existencia de
los pueblos y comunidades ind ígenas, su organización social, política y económica,
sus culturas, usos y costumbres, idiomas y religiones, así como su há bitat y derecho
originario sobre las tierras que ancestral y tradicionalmente ocupan" (art. 119 ) . Se

225
CARTA A LOS INDIGNADOS

El segundo aspecto, relacionado con el primero, que deseo resaltar


es el del Poder Ciudadano. Desde el siglo xvill , por los aportes de
Montesquieu, entre otros, se llegó al consenso de que era convenien¬
te dividir los Poderes del Estado al menos en dos: el Poder Legislativo

y el Poder Ejecutivo electos directamente por el pueblo , que por
su parte y segú n manera diversas, nombrar

ía a los miembros del Poder
— —
Judicial no electo directamente por el pueblo , y que mantendr ía
cierta autonom ía de los dos poderes originantes, constituyendo algo
así como un tercer poder. Y bien, la Rep ú blica Bolivariana de Vene ¬
zuela innova en este aspecto significando un objeto original nuevo de
la práctica y de la ciencia pol ítica.
El Título IV se ocupa “ Del Poder Pú blico” . En la segunda parte del
art ículo 136 se lee una novedad histórica mundial en las prácticas
políticas de la humanidad hasta el presente:

El Poder Pú blico Nacional se divide en Legislativo , Ejecutivo , Judi¬


cial , Ciudadano y Electoral .

Como puede observarse no son ya tres Poderes , sino cinco. El trata ¬


miento de cada uno de los cinco Poderes se encuentra en el T ítulo V
Son cinco cap ítulos, uno para cada uno de ellos.
Deseo indicar sobre el Poder Judicial que los miembros del Tribu ¬
nal Supremo de Justicia son elegidos siguiendo el siguiente procedi ¬
miento: un Comité de Postulaciones Judiciales recaba candidatos “ por
iniciativa propia o por organizaciones” ; el Comit é , “ oída la opinión de
la comunidad , efectuará una preselección para su presentación al Poder
Ciudadano , el cual efectuará una segunda preselección que ser á presen ¬
tada a la Asamblea Nacional ” ( art . 264 ) - No hay intervención del
Poder Ejecutivo , y el Legislativo culmina el procedimiento pero no
lo inicia. Como puede verse, la intervenció n del Poder Ciudadano

les reconocen todos los derechos por los que vienen luchando los ind ígenas de toda
Amé rica Latina. Hasta se expresa: “ Se proh íbe el registro de patentes sobre estos
recursos y conocimientos ancestrales” ( art. 124 ) -

226
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

introduce nuevamente una mediación participativa de abajo, y idea ¬


lizadora de los otros poderes.
En todo momento se intenta una mayor participación ciudadana
y así, por ejemplo, puede considerarse que “ 0.1 por ciento de los ins¬
critos o inscritas en el registro electoral permanente” , es decir, simples
ciudadanos, pueden presentar proyectos de leyes ( art. 204, 7 ) .
Llegamos al capítulo IV “ Del Poder Ciudadano” . Este Poder se
ejerce por “ el Consejo Moral Republicano” ( art. 273 ) , integrado por
la Defensor ía del Pueblo, el Ministerio Pú blico y la Contralor ía Ge¬
neral de la Repú blica. Sus miembros son elegidos por un Comité de
Evaluación de Postulaciones que nombra el mismo Consejo Moral
Republicano, que presenta una tema ( por cada miembro que haya que
elegir ) a la Asamblea General, que elige uno por las dos terceras par¬
tes de sus integrantes. Si no pudiera elegirse en la Asamblea su elección,
“ se someterá la terna a consulta popular” ( art. 279 ). Lo más intere¬
sante es la ú ltima posibilidad , es decir, que pudiera darse el caso de
una “ consulta popular” , y esto es un precedente importante de parti ¬
cipación. De todas maneras, y de nuevo, el Poder Ejecutivo y el Le ¬
gislativo no inician el procedimiento.
El capítulo V “ Del Poder Electoral ” (semejante al IFE mexicano,
pero sin la participación de los partidos políticos, que por ser juzgados
no deben ser “ juez y parte ” ) , constituido por un Consejo Electoral,
determina que para la elección de sus cinco miembros se elegirán tres
por propuesta de las organizaciones de la Sociedad Civil (sin compro ¬
miso explícito con partidos ) , uno por las facultades de ciencias jur ídi¬
cas y pol íticas de las universidades nacionales, y uno por el Poder
Ciudadano. El Consejo Electoral, adem ás de las obvias facultades,
puede “ declarar la nulidad total o parcial de las elecciones” ( art. 293,
4 ) y “ organizar las elecciones de sindicatos, gremios profesionales y
organizaciones con fines políticos [...] Asimismo, podrá n organizar
procesos electorales de otras organizaciones de la sociedad civil a so¬
licitud de éstas” (art. 293, 6).
De lo dicho puede observarse una voluntad de mayor participación
ciudadana. El aumento de los poderes, de tres a cinco, permite mayor

227
CARTA A LOS INDIGNADOS

fiscalización mutua, en especial gracias a la autonomía de los Poderes


Ciudadano y Electoral. El que el ciudadano no participe sólo en la
elección de los miembros de la Asamblea Nacional y del Poder Eje
cutivo, sino que pueda institucionalmente ejercer una iniciativa y
-
fiscalización continua, entrega a la soberanía popular otras instancias
de participación. Así, también, el pueblo podría elegir a los miembros
del Poder Ciudadano directamente si la Asamblea no logra hacerlo,
por no contar con el porcentaje exigido.
Cabe una última reflexión. El Poder Ciudadano podr ía tener la
posibilidad de organizar institucionalmente en la Sociedad Política ( el
Estado en sentido restringido, en la opinión de Antonio Gramsci ) un
momento pol ítico inexistente en todas las constituciones de los Es¬
tados actuales. Se trata de aquel anhelo de Jefferson, que recuerda
Hannah Arendt en su obra Sobre la revolución , de que debajo del con¬
dado ( nuestros municipios o delegaciones ) hubiera distritos , donde los
ciudadanos, cara a cara, pudieran discutir y acordar en un estado de
democracia directa los problemas pol íticos de la comunidad Si en .
una municipalidad , delegación o condado hubiera dos millones de
ciudadanos ( del tama ño de Iztapalapa, por ejemplo) , podr ía haber
unos 50 “ distritos” o “ consejos barriales” ( unos 40 000 ciudadanos en
promedio), donde la participación ciudadana se hiciera efectiva. To ¬
mando la palabra, argumentando, llegando a consensos, fiscalizando
las actividades de las instituciones pú blicas, la actividad de los parti ¬
dos, en la base misma de la comunidad pol ítica concreta. Estos
“ distritos” 3 podrían elegir a representantes ( no de partidos políticos,
sino de la comunidad de base ) a órganos municipales ( delegaciones,
condados ) , estatales ( o provinciales) , hasta el Poder Ciudadano, que
deber ía tener un cuarto miembro ( el representante de la participación
en el pa ís ). De esta manera se podría articular la “ democracia repre¬
sentativa ” ( de los Poderes Legislativo y Ejecutivo ) con la “ democracia
participativa” ( del Poder Ciudadano ) , fiscalizados por el Poder Judicial

3
No sé si es a esto a lo que se refiere la Constitución Bolivariana cuando habla
de “ cabildo abierto y asamblea de ciudadanos” (art. 70).

228
II!. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

y el Poder Electoral. Habr ía más división de poderes y mejor fiscaliza


ción, haciendo eficaz un sistema de democracia indirecta representa ¬
-
tiva con una democracia directa participativa .
El referendo, la consulta popular, la revocatoria del mandato, el
Poder Ciudadano y el Electoral , la manera de elegir a los jueces del
Tribunal Supremo de Justicia, el hecho de que un simple ciudadano
pueda iniciar el proceso para dictar una ley, todo ello nos indica un
espíritu pol ítico nuevo: el de la participación ciudadana en una de ¬
mocracia en la que la soberan ía la tiene el pueblo y puede ejercerla
permanentemente, no sólo en esas erupciones volcá nicas que son las
elecciones sexenales. La democracia representativa ( que tiende a ser
un movimiento de arriba hacia abajo ) debe ser articulada con la de ¬
mocracia participativa ( como movimiento fiscalizador de abajo hacia
.
arriba )
Es un nuevo capítulo de la práctica , de la ciencia y de la filosofía
política, que la Constitución Bolivariana venezolana ha originado.

229
CARTA A LOS INDIGNADOS

REFORMA UNIVERSITARIA DE 2000


I . AUTONOM íA UNIVERSITARIA1

Como filósofo, como universitario y como ciudadano mexicano deseo


abrir un debate sobre un tema central en este momento: la Reforma
Universitaria de 2000. En 1918 se realizó la primera Reforma Univer¬
sitaria en Córdoba ; mi padre empezó su carrera de medicina en 1920
en esa ciudad y me contaba aquellos acontecimientos. Yo fui presi ¬
dente del Centro de Estudiantes de Filosof ía ( CEFYL ) y secretario ge ¬
neral de la Federación de Centros de Estudiantes del Oeste del pa ís
( FUO ). Con un grupo de profesores encabezamos un movimiento de
Reforma Universitaria en los a ños setenta contra la dictadura militar;
personalmente recibí como respuesta un atentado de bomba en mi
casa; fui expulsado de la Universidad Nacional de Cuyo, y llegué fe ¬
lizmente a Mé xico en el exilio. 1 lace veinticinco a ños que vivo la
experiencia universitaria en México, mi nueva patria. En nombre de
estas experiencias deseo abrir un debate.
La Reforma Universitaria de 1918 fue una “ reforma” de la “ estruc¬
tura del poder ” en la universidad cordobesa. La cuestió n del poder
indica cómo se convoca, se elige y se organiza proporcionalmente el
Congreso Universitario constituyente; cómo se elige posteriormente
al rector, a los consejos, etc.; habla de las proporciones en la represen ¬
tación en todos los órganos de gobierno ( con presencia de profesores,
alumnos, empleados, graduados ) , etc. Reforma es “ transformación”
de la institucionalidad. Pero no se piense por ello que la reforma es
sólo procedimental ( “ maneras" de operar ) sino que tambié n es nor¬
mativa ( hay un cierto “ deber ” que rige las funciones universitarias:
democr á ticamente el maestro ense ña y, digna y participativamente ,
el alumno aprende ). Se trata de que los procedimientos, proporciones,
estructuras expresen el sentido y contenido sustantivo de una insti ¬
-
tución de ense ñanza aprendizaje democrá tica, tolerante , respetuosa
de la dignidad y autonom ía del maestro y del discípulo. La “ institu -
1
Publicado en La Jornada , México, 11 de marzo de 2000, p. 14.

230
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLITICAS

cionalidad ” demagógica corromper ía la enseñanza; la “ institucionalidad ”


autoritaria corromper ía el aprendizaje. La creatividad , la flexibilidad ,
el respeto exigen mucha atenció n en los procedimientos para lo —
que los anglosajones son tan dados, no así los legalismos latinos, en

especial hispá nicos y latinoamericanos , pero también a su sentido
normativo. Lo mejor son pocas prescripciones con justa medida. Bue ¬
nas proporciones en los órganos con gran libertad. Justicia y democracia
en la participación más que mucha reglamentación . La importancia
del evento es enorme, la primera “ reforma universitaria ” del siglo xxi.
Por eso es necesario que el Congreso Universitario sea “ autónomo” .
La autonom ía de la universidad reside no tanto en el origen de sus
fondos o en la no injerencia directa del Estado, sino en la cuasisobe -
ran ía 2 de la comunidad universitaria . El Estado delega en la comuni ¬
dad universitaria ( profesores, alumnos, empleados y egresados ) el
derecho a definir su organización y su autogobierno. Dicha delegación
no es exterioridad del Estado , pero es una autolimitación del Estado
para dejar un “ campo” de libertad y creatividad para un momento de
su propia estructura que le es fundamental para su vida democrá tica:
la creación de conocimiento y rectitud ética, la ense ñanza de la tra ¬
dición de ese conocimiento y la formación de la voluntad democrá ¬
tica de la comunidad pol ítica en general , y el aprendizaje apasionado
de las nuevas generaciones de lo antiguo y presente , para tener un
proyecto futuro de pa ís. Como si fuera un “ cuarto poder ” ( junto al
Legislativo, Judicial y Ejecutivo, consiste en ser el poder autocr ítico
de la inteligencia de la comunidad pol ítica en general ) la universidad
p ú blica y gratuita es un momento aut ónomo del Estado. El ejercicio
del poder autónomo de la universidad reside en la capacidad de la

2
Digo cuasisoberan ía porque, en sentido estricto, la plena soberan ía de la comu ¬
nidad pol ítica es la que constituye para sí el Estado, y es la que le delega “ parte” de su
propia plena soberan ía estatal. Ser ía como una contractío Dei de los sabios de la ca ¬
bala : para ellos el Absoluto hacía un vacío para allí crear el universo. El “ Estado se
contrae” y deja un “ espacio” pol ítico donde no ejerce su autoridad , para que pueda
darse la saludable libertad del crear conocimientos, como conciencia cr ítica de la
propia comunidad pol ítica que funda el Estado y la universidad.

231
CARTA A LOS INDIGNADOS

comunidad universitaria que , por ser a ) el origen de su propia organi ¬


zación normativa ( legalizada por la confirmación del Estado en su
órgano legislativo ) y b ) tener el deber de obedecer esa normatividad.
Esta circularidad : darse aut ónomamente su derecho y obedecerlo,
constituye la cuas ¿soberan ía ( y la legitimidad de la legalidad ) de la
comunidad universitaria .
Así, para que todos los miembros ( profesores, alumnos, empleados
y egresados en justa proporción ) acepten como “ vá lido” ( legítimo ) el
ejercicio del “ poder universitario” ( que es un poder comunicativo y
democrático ) , todos los afectados ( antes nombrados ) deben haber po ¬
dido participar cuas¡sim é tricamente 5 en la discusión de lo acordado.
Esto es racional, justo, legítimo. Lo contrario es violencia , autoritaris¬
mo, irracionalidad , injusticia. La actual organización del poder en la
Universidad Nacional Autónoma de México ( UNAM ) no es represen ¬
tativa de sus miembros; es autoritaria , no democrá tica; no es por lo
tanto legítima en referencia a la propia comunidad universitaria que
es el cuerpo cuasisoberano a! que el Estado le acord ó la “ autonom ía” .

3
La “ simetr ía" de los iguales de la comunidad pol ítica de los ciudadanos no
puede darse en la universidad de una manera mimética, “ igualizadora” , “ igualitarista” ,
-
“ niveladora” . Una asamblea de maestros discípulos con igual voto en la decisión de
un plan de estudios no tiene sentido. En ese caso el maestro ser ía cualitativamente
igual en el conocimiento de la ciencia y la experiencia práctica que el disc ípulo y, por
definición, habr ía dejado de ser maestro, porque nada tendr ía que enseñ ar si son en
todo iguales. Es decir, por definición , al inscribirse un alumno en la universidad
acepta (como su propia definición y lugar en la comunidad universitaria , como suje¬
to del ejercicio del poder universitario) que desea aprender del que “ puede enseñarle” .
En esto, y sólo en esto, no hay simetría. La hay en cuanto al respeto de la dignidad
del otro sujeto é tico, de su derecho a la tolerancia, etc. Es entonces la relació n peda¬
-
gógica maestro disc ípulo éticamente una cuasisimetr ía. De la misma manera la de ¬
mocracia en la universidad debe ser de “ grado” : una cierta proporció n cualitativa
seg ú n su función cuasisimé trica. La “ demogogia” igualitariza y por eso corrompe. El
autoritarismo anula ( ningunea ) al alumno como sujeto universitario. La democracia
universitaria es cuasisimé trica ( en una representació n numérica a un órgano de
poder universitario podr ía, por ejemplo, darse esta proporción : 45 por ciento de
profesores, 25 por ciento de alumnos, etc.). ¡Ni tanto, ni tan poco!

232
III. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS

REFORMA UNIVERSITARIA DEL 2000


II . AUTORITARISMO Y VANGUARDISMO1

Como universitario, como filósofo y como ciudadano mexicano deseo


continuar mi reflexión sobre la “ reforma universitaria ” . En México,
en el siglo XX , se desmovilizó sistemá ticamente al estudiante univer ¬
sitario. Era peligroso; a ún más después de la experiencia de Tlatelolco
del 2 de octubre de 1968 ( cinco a ños después, exactamente, me pu ¬
sieron una bomba en mi casa en Mendoza ). Pero esa desmovilización
tiene efectos perversos e inesperados para el mismo poder.
Desmovilizados los universitarios, sin organización estable, demo ¬
cr á tica, que represente a “ todos los estudiantes” ( momento esencial
de la comunidad universitaria autónoma ) , necesariamente se debía
caer en dos extremos. El primero, y es el que se ejerció durante casi todo
el siglo xx: el autoritarismo. Los órganos de gobierno constitutivos
más importantes de la universidad se eligen de arriba abajo, sin ningún
respeto a cierta “ democracia pedagógica” , 2 al existir una “ circularidad
del autonombramiento” : La junta de gobierno elige al rector, el rector
nombra los directores de facultades, los directores eligen la mayor ía
de los consejos, etc. Los estamentos ( profesores, alumnos...) de la
comunidad universitaria nunca tienen la posibilidad de ejercer los
órganos del poder universitario directamente. Han sido excluidos. Sin
su participación los consensos no son vá lidos, no obligan a las partes,
porque éstas no está n en el origen de los acuerdos. El autoritarismo
crea un malestar: El malestar universitario. Toda represión impide la
creatividad; mucho más cuando hablamos de creación de conocimien¬
to, de cultura y de formación de voluntad comunitaria. La autonom ía
universitaria est á aprisionada, reprimida. Hay que liberarla. Para ello

1 Publicado en La Jornada , México, 28 de marzo de 2000, p. 13.


2
Llamaré democracia pedagógica , a diferencia de la democracia pol ítica, a la
participación de todos los estamentos de la comunidad universitaria con la cuasisi -
metr ía o simetr ía pedagógica , que exige grados diferentes de participación seg ú n la
-
función de enseñar aprender.

233
debe haber una reforma universitaria en el a ño 2000. Esta reforma
universitaria se juega ya en el modo y la proporción de los órganos que
convocará n al Congreso. La “ institucionalidad originaria” es anterior
al Congreso Universitario. Ya se dan los primeros pasos, y los posibles
participantes universitarios no está n suficientemente alertas, creativos ,
en acción.
De la misma manera, la desmovilización estudiantil produce efec¬
tos negativos inesperados. Lanzada la huelga de los “ nueve meses” ,
cierto procedimiento pol ítico definió el contenido del proceso. En
pol ítica el procedimiento, aunque no es todo, es defimtorio tambié n
del contenido. Si el único órgano de representación , actuación , con ¬
senso de la comunidad de estudiantes ( una parte funcional de la
comunidad universitaria ) es la asamblea sin estatuto, sin institucio¬
nalidad previamente acordada , legalizada, legítima, el procedimiento
( la asamblea permanente multitudinaria sin padr ón , sin tiempo de
discusión , sin... ) se transfomia en un órgano deficiente, contraprodu ¬
cente , antidemocrático. La democracia del ágora ateniense ( que do¬
minaba a una multitud de esclavos, es cierto ) ten ía reglas fijas bien
definidas , acordadas por todos. Así, realizaban asambleas legales, vá ¬
lidas, legítimas. El asamble ísmo espontaneísta no puede ser democrá ¬
tico. A una asamblea de una facultad pueden asistir alumnos de otras
facultades o no alumnos; cuando han pasado veinte horas de discu ¬
siones acaloradas, con gritos, porras, insultos... algunos se van a dormir,
otros a comer... y cuando se llega a la votación; ¿qu é legitimidad pue ¬
den tener los acuerdos de los que quedan ? Legitimidad significa, en la
comunidad de estudiantes, participación simétrica.3 El movimiento
estudiantil que llevó la huelga hasta sus ú ltimas consecuencias, al que
hay que otorgarle cierta generosidad , valent ía , los ideales m ás nobles,
no puede pedir que se le otorgue tambié n el calificativo de “ democrá ¬
tico” . Es quizá algo más que eso, pero quizá mucho menos que eso o —
* Aqu í sí hay “ simetr ía ” porque todos son estudiantes y sólo estudiantes. La pre ¬
sencia de un no estudiante que votara es “ asimetría” antidemocrá tica, contra la vo ¬
luntad y el derecho de los que no han introducido ning ú n no estudiante. La demo ¬
cracia estudiantil exige reglas firmes, fijas, para todos iguales.

234
111. MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLÍTICAS


ambas cosas a la vez . Fue una “ vanguardia ” que , debido a la coyun ¬
tura del pa ís, pudo prolongar la toma de las instalaciones y usar en
parte el movimiento para fines, m ás nobles quizá , pero que sobrepa ¬
saron los de la autonomía universitaria. El vanguardismo asamble ísta
no fue democrá tico. Es ú til quizá en momentos de crisis. Cae en tram ¬
pas que se arman necesariamente. Equivocó enemigos y amigos. Acep¬
t ó infiltraciones. Desarrolló una lógica dentro del proceso con cierta
eficacia . Pero llegó el momento en que fue contraproducente , ya
que se encerró en una tautolog ía. Quedó aislado de su propia comu ¬
nidad de estudiantes, ni qué decir de la sociedad civil, de la comunidad
pol ítica del pa ís.
Al “ autoritarismo” se le opuso el “ vanguardismo” . Por estar de este
lado los jóvenes, los que tuvieron al comienzo razón en la huelga , los
que lucharon por sus ideales, si debemos juzgar esos dos extremos no
podemos darles la misma calidad ética. El segundo tiene muchos más
m é ritos que el primero, pero ambos , en el momento de la reforma

universitaria de 2000, debe deponer por distintas razones es cierto
sus armas para pasar a una etapa superior, de democracia universitaria

más representativa. Unos están como “ agarrados de la brocha ” desde
arriba, y no necesitan la escalera en la que se apoya el pintor. Los otros
se han “ aislado” de la comunidad de estudiantes con el pretexto de
que no son huelguistas, que no saben ya de lo que se trata , que son
burgueses, moderados .. . ¡Es necesario abrir el juego democrá tico uni ¬
versitario o no habrá reforma universitaria en el a ño 2000!

235
CARTA A LOS INDIGNADOS

UN PROGRAMA EJEMPLAR DE FILOSOFíA EN LA UACM 1

Por lo general, los programas de la licenciatura o bachillerato de filo -


sofía tienen, tanto en Europa como en Amé rica Latina, pero especial¬
mente en Estados Unidos, dos limitaciones fundamentales.
En primer lugar, una visión “ eurocé ntrica” de la historia y de los
problemas filosóficos, que lleva, por ejemplo, a pensar que la evolución
de las filosof ías griega y romana pasan directamente a la Edad Media
latina, y rematan en la Modernidad europea. Una l ínea recta pasaría de
la Antigüedad , por la dicha Europa medieval hacia la Modernidad. Esto
lleva a despreciar, entre otros aspectos, la filosof ía que se ha practicado
y practica en Amé rica Latina. Recué rdese que el profesor Antonio
Rubio de la Universidad de México a finales del siglo XVI editó la Ló¬
gica en la que estudió René Descartes esa materia en 1612 en La Fleche.
El otro defecto, en segundo lugar, que se encuentra con frecuencia
en las escuelas filosóficas es que un “ estilo” filosófico ( por ejemplo, el
“ analítico” en Estados Unidos o en la Facultad de Filosof ía de la UNAM )
domina sobre otros “ estilos” ( como el llamado despectivamente “ con ¬
tinental” : corrientes filosóficas tales como la fenomenología , la onto
logia existencial, el estructuralismo, el marxismo , etc.). Y bien , ambos
-
aspectos limitantes se intentan superar en el programa de filosof ía de
la UACM , avanzando en este aspecto en decenios a otras facultades o
colegios de filosof ía.
La Universidad Autónoma de la Ciudad de México ( UACM ) tiene
un programa de filosof ía que se propone dejar atrás el eurocentrismo.
As í, en la historia de la filosof ía , desde el primer semestre se estudian
los primeros grandes filósofos de la humanidad ( de China , la India ,
los presocráticos y algunos filósofos de nuestros pueblos originarios ).
Esto supone , ciertamente, una definición de la filosof ía no eurocén -
- -
trica ( ni meramente “ moderno europea ” ). Si “ filo sof ía ” es amor a la
sabiduría , un Nezahualcóyotl o un Tlacaelel ( como lo ha ense ñado

1
Publicado en La Jornada , México, 25 de junio de 2011, p. 19.

236
III . MEDITACIONES DESDE COYUNTURAS POLITICAS

-
Miguel León Portilla ) 2 pueden incluirse entre los filósofos, ya que
fueron sabios o tlamatini , en un caso rey y en el otro consultor de los
primeros reyes aztecas. En el segundo semestre se abordan las grandes
ontolog ías ( tao ísmo, confucianismo, los filósofos clásicos hind úes,
Platón, Aristóteles, el neoplatonismo y los filósofos romanos ). En el
tercer semestre se estudian las filosof ías que se conectaron por la “ ruta
de la seda ” , desde la filosof ía china e hind ú , la bizantina , muy espe¬
cialmente la filosof ía árabe y su prolongación en la Europa latina ( muy
posterior esta ú ltima , ya que accede por ejemplo a Arist óteles por
Avicena, Alfarabi o Averroes ). Y as í en los otros semestres. Es decir,
el alumno puede tener una visión planetaria de la filosof ía de la hu ¬
manidad en estos tiempos de globalización , y no sólo de! mundo Me ¬
-
diterrá neo o de la Europa latino germá nica .
En segundo lugar, el gran defecto de que una escuela filosófica
practique sólo un “ estilo” filosófico, no es sólo una limitación del
claustro de profesores, sino, y es lo peor, no ofrece a los estudiantes la
posibilidad de seguir su propia vocación filosófica. ¿ Para qué le sirve
a un estudiante que quiere especializarse en “ filosof ía estética", seguir
largos cursos especializados de lógica , filosof ía del lenguaje, filosof ía
de la ciencia, filosofía de la argumentación , etc. ( de las que debe tener
ciertamente los instrumentos m ínimos necesarios para una formación
general , pero cuando no piensa especializarse en lógica y epistemolo¬
gía, por ejemplo ) ? ¿Cómo evitar intentar enseñar a todos los alumnos
todas las especialidades ( lo que es imposible ) , o pretender instruir en
una sola especialización a todos ( lo que desalienta a los que no les
interesa esa especialidad ) ? La UACM intenta solucionar esa aparente
aporía.
En efecto, se dictan cursos de estudios generales y se exige al alum ¬
no que cumpla con un currículo m ínimo necesario para poder obtener
la licenciatura o bachillerato en filosof ía , pero la mayor parte de la
formación se hace por especialidades, que son de libre elección por

-
2 Véase de . Dussel y otros, El pensamiento filosó fico latinoamericano ( 1300 2000 ) ,
E
México, Siglo XXI , 2011.

237
CARTA A LOS INDIGNADOS

parte del alumno, en cuatro niveles: los que prefieren 1 ) historia de la


filosof ía, 2) lógica y epistemología , 3 ) filosof ías prácticas ( de la eco¬
nom ía, de la pol ítica, de la teor
ía cr ítica, etc.) , o 4 ) los tratados clási ¬
cos filosóficos ( ontolog ía, antropolog ía filosófica , etc. ) . De esta
manera el alumno tiene una formación general filosófica, pero al mis ¬
mo tiempo comienza una especialización en un á mbito filosófico que
ha podido elegir según su vocación , y que le abrirá el camino a la
maestría y el doctorado en los mismos niveles, llegando a una adecua ¬
da formación.
Además, la filosof ía mexicana y latinoamericana ocupa un lugar
especial desde el origen de la formación del estudiante, para permi ¬
tirle poder saber “ situarse” en su propia realidad histórica, y conocer
los problemas y los filósofos de su propia cultura (evitando nuevamen ¬
te un “ eurocentrismo” de nocivos efectos alienantes ).
Este programa es el primero en su género en América Latina ( y uno
de los primeros en el mundo ) , que evita también lo que acontece con
frecuencia en el así llamado “ Oriente” ( acabo de dictar una cátedra de
filosofía en la Universidad Nacional de Corea, en Seúl ) de simplemen¬
-
te yuxtaponer la filosof ía moderna europeo norteamericana con la
filosofía tradicional oriental, sin articularlas adecuadamente.
El programa de filosof ía de la UACM es en este caso pionero con
respecto a las grandes universidades de México, Brasil o Argentina, a
las de la mayor ía de Europa y Estados Unidos. Una experiencia a ser
valorada por su innovación, y que por lo tanto merece ser apoyada y
reconocida.

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