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Sentencia 1036-2002-R

Este documento presenta una sentencia constitucional que resume los fundamentos jurídicos de un fallo relacionado con el debido proceso. Explica que el proceso penal en Bolivia se divide en tres etapas, y que la etapa preparatoria se inicia formalmente con la imputación, no con la denuncia inicial. Por lo tanto, los seis meses que tiene el fiscal para presentar la acusación comienzan a contarse desde la imputación, no antes.
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Sentencia 1036-2002-R

Este documento presenta una sentencia constitucional que resume los fundamentos jurídicos de un fallo relacionado con el debido proceso. Explica que el proceso penal en Bolivia se divide en tres etapas, y que la etapa preparatoria se inicia formalmente con la imputación, no con la denuncia inicial. Por lo tanto, los seis meses que tiene el fiscal para presentar la acusación comienzan a contarse desde la imputación, no antes.
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“SENTENCIA CONSTITUCIONAL

1036/2002-R”
UNIVERSIDAD PRIVADA FRANZ TAMAYO SEDE EL ALTO
FACULTAD DE CIENCIAS JURIDICAS Y SOCIALES
CARRERA DERECHO

APELLIDO Y NOMBRES: OCHOA APAZA ERNESTO JOSE DER7033172

HERRERA TOLIN LIZBETH DER11080957

HUANCA MAMANI YANCARLA JHESSICA DER15194268

NOMBRE DEL DOCENTE: DR. JUAN MANUEL NAVARRO


AMELLER

MATERIA: DERECHO PROCESAL PENAL I

SEMESTRE: CUARTO

PARALELO: 50

FECHA: 14/03/21
SENTENCIA CONSTITUCIONAL 1036/2002-R
Sucre, 29 de agosto de 2002
Expediente:    2002-04752-09-RAC
Distrito:          Santa Cruz     
Ver resolución completa
III.       FUNDAMENTOS JURÍDICOS DEL FALLO

Que, en base a los presupuestos señalados, corresponde, a la luz de la


legislación vigente, establecer si las lesiones al debido proceso invocadas por
los recurrentes son reales y dignas de la protección que brinda el art. 19
constitucional; lo que determina la necesidad de precisar, en primer término, los
siguientes aspectos con relevancia procesal-constitucional:

III.1. Determinación de la tendencia político criminal del Código de


procedimiento  penal vigente.  La política criminal de un Estado se halla
articulada, fundamentalmente, en los códigos: penal, procesal penal y de
ejecución penal; los que en su conjunto conforman el sistema penal de un
país.  Por la pertinencia del caso, corresponde ahora, a los efectos
interpretativos, desentrañar la tendencia político-criminal que subyace en la Ley
1970.

En este cometido, conviene recordar que en el transcurso del desarrollo cultural


de la humanidad,  se han conformado, de manera básica,  dos tendencias para
la aplicación concreta de la ley penal sustantiva.  La diferencia entre ambas
radica esencialmente en los fines que se persiguen. Así, la primera tendencia
se preocupa en lograr la mayor eficacia en la aplicación de la norma penal
sustantiva, como medida político-criminal de lucha contra la delincuencia o, lo
que es lo mismo, persigue que se materialice la coerción penal estatal con la 
mayor efectividad posible. Este modelo prioriza la eficacia de la acción penal
estatal en desmedro del resguardo de los derechos y garantías individuales.
Esta tendencia guarda compatibilidad con el llamado sistema  inquisitivo.

La segunda tendencia, en sentido inverso, busca prioritariamente  dotar al


proceso penal de un sistema de garantías en resguardo de los derechos
individuales, impidiendo con ello el uso arbitrario o desmedido de la coerción
penal. Esta tendencia  caracteriza al llamado proceso acusatorio.

De lo expresado, resulta predecible  que la aplicación pura de cualquiera de las


dos tendencias, conduce a resultados previsiblemente insatisfactorios. Así, un
modelo procesal penal que persiga la eficacia de la aplicación efectiva de la
coerción penal en sacrificio de los derechos y garantías que resguardan la
libertad y dignidad humana, sólo es concebible en un Estado autoritario. Del
mismo modo, un modelo procesal de puras garantías convertiría a los
preceptos penales en meras conminaciones abstractas sin posibilidad real de
aplicación concreta, dado que la hipertrofia de las garantías neutralizaría la
eficacia razonable que todo modelo procesal debe tener. De ahí que la tesis
que propugna el equilibrio entre la búsqueda de la eficiencia y la salvaguarda
de los derechos y garantías, se constituye en la síntesis que busca cumplir
eficazmente las tareas de defensa social, sin abdicar del resguardo de los
derechos y garantías del imputado; bajo esta concepción político-criminal han
sido configurados los  más recientes códigos procesales de nuestro entorno
(República Dominicana: 1984, Costa Rica: 1996, Paraguay: 1998 y Bolivia:
1999, entre otros).

III.2 Inicio del proceso.  Duración y extinción de la Etapa Preparatoria.


Para resolver la problemática planteada por los recurrentes sobre la supuesta
lesión al derecho a la defensa, por haber deducido el Fiscal la imputación
formal de manera casi coetánea a la acusación, en el momento en que -según
su criterio- la Etapa Preparatoria estaba extinguida; conviene precisar
previamente cuál es la estructura del Código de procedimiento penal boliviano
y a partir de ahí,  determinar cuándo se inicia el proceso y,  por tanto,  cuándo
se extingue la Etapa Preparatoria.
El proceso consiste en una progresiva y continuada secuencia de actos.  Así, el
Código procesal vigente, al igual que sus similares aludidos, con diversos
matices configuran el procedimiento ordinario del juicio penal en tres partes, a
saber: 1) La Etapa Preparatoria;  2) La Etapa Intermedia y 3) El juicio
propiamente dicho (oral y público). A su vez, cada Etapa está integrada por
subetapas o fases claramente marcadas, cumpliendo cada una de ellas una
finalidad específica dentro de la genérica que todas ellas tienen en su conjunto.
Así, la Etapa Preparatoria, que es la que nos interesa analizar por su
pertinencia, se halla integrada por tres fases: 1) Actos iniciales; 2) Desarrollo de
la etapa preparatoria y, 3) Conclusión de la etapa preparatoria.
1)   La primera fase, es decir, los actos iniciales  o de la investigación
preliminar, (art. 284 y siguientes CPP), comienza con la denuncia, querella o
con la  noticia fehaciente que reciben las autoridades llamadas por ley (Policía-
Fiscalía),  sobre la comisión de un delito.
2)   La segunda fase, esto es, el desarrollo de la etapa preparatoria, empieza
con la imputación formal (art. 301.1 y 302 CPP), y representa el inicio del
proceso penal.  Los supuestos 2), 3) y 4), que acoge el art. 301 no hacen al
desarrollo de la Etapa Preparatoria, pues son opciones alternativas a la
imputación formal.
3)   La tercera fase se denomina conclusión de la etapa preparatoria, y está
constituida por los "actos conclusivos", entre los cuales se encuentra la
presentación de la acusación por el fiscal al juez o presidente del Tribunal (art.
323 CPP).
De lo anterior se extrae que, aunque la ley no lo diga claramente, el proceso
penal se inicia con la imputación formal, a partir de la cual corre el término de
los seis meses de duración de la Etapa Preparatoria establecida  por el párrafo
primero del art. 134 CPP, cuando textualmente dice:  "La etapa preparatoria
deberá finalizar en el plazo máximo de seis meses de iniciado el proceso".

Queda claro que, razones de "técnica legislativa" no permitieron que esto


quedara explícitamente establecido, sino de manera implícita. Corroboran este
entendimiento los siguientes elementos de juicio con relevancia interpretativa:

1) Los Códigos procesales de los países del entorno,  entre ellos el de la


República del Paraguay, que sirvió como fuente de consulta para la
configuración del nuestro, establece que el proceso se inicia con la imputación
formal. En efecto, los artículos 301 y 303, que se transcriben por su importancia
interpretativa,  lo confirman:
"Art. 301. Requerimiento fiscal.  Recibidas las diligencias de la intervención
policial o realizadas las primeras investigaciones y según el curso de la misma,
el fiscal formulará su requerimiento ante el juez penal  o el juez de paz, según
el caso.
Podrá solicitar:
1)   la desestimación de la denuncia, querella o de las actuaciones policiales
en las condiciones del artículo 305 de este código;
2)   la aplicación de criterios de oportunidad que permitan prescindir de la
persecución penal cuando se den los supuestos previstos en el artículo 19 de
este código;
3)   la suspensión condicional del procedimiento, conforme a los presupuestos
del artículo 21 de este código;
4)   la realización de un procedimiento abreviado, según lo dispuesto en el
artículo 420 de este código;
5)   se lleve a cabo una audiencia de conciliación, en los términos del artículo
311 de este código; y
6)   la notificación del acta de imputación"
 "Art. 303. Notificación.  El juez penal al tomar conocimiento del acta de
imputación, tendrá por iniciado el procedimiento, realizando los registros
pertinentes, notificando la misma a la víctima y al imputado.  En la notificación
el juez indicará además la fecha exacta en la que el fiscal deberá presentar su
acusación, dentro del plazo máximo previsto para la etapa preparatoria; 
considerando un plazo prudencial en base a la naturaleza del hecho.
Se dispondrá copia de la misma al fiscal interviniente a los efectos de su
notificación."
Así, con el Acta de imputación (imputación formal en nuestra legislación) se
inicia el proceso, al igual que en nuestro sistema procesal (art. 302 CPP);  un
entendimiento contrario conduciría al absurdo de pensar que la imputación
formal, en el marco del código, sólo sería exigible cuando el fiscal solicita al
juez medidas cautelares (art. 233-303 CPP); extremo que no es compatible con
una interpretación contextualizada (sistemática) de la ley procesal en análisis.
Consecuentemente,  dado el carácter público del proceso, el cómputo de los
seis meses previstos por el art. 134 CPP para el desarrollo de la Etapa
Preparatoria,  empieza a partir  de que el Juez cautelar pone en conocimiento
del encausado la imputación formal, siendo éste el actuado jurisdiccional que
marca el inicio del proceso penal, y a partir de ahí, se tiene un término máximo
de seis meses para presentar la acusación,  ampliable únicamente  en el
supuesto establecido por el  segundo párrafo del art. 134 CPP; sin que esto
quiera decir que la extinción opere ipso facto, como lo ha entendido la
jurisprudencia de este  Tribunal Constitucional en las SSCC 764/2002-R y
895/2002-R; pues deben desarrollarse las formalidades establecidas por el
mismo artículo 134 CPP.
2) Sostener, como erróneamente lo hacen los recurrentes,  en sentido de que
el inicio del proceso comienza con la denuncia,  supondría fisonomizar al 
Código procesal vigente como propio de un modelo procesal de puras
garantías, con escasas posibilidades reales de aplicación de la ley sustantiva;
lo que de un lado, como se precisó líneas arriba,  resultaría incompatible con el
sistema procesal moderno, imperante en el mundo contemporáneo y, de otro
lado, dada la ineficacia previsible, el mismo no sería capaz de proteger de
manera real los bienes jurídicos lesionados por las diversas acciones delictivas
concretas, lo que  provocaría que la misión de defensa de la sociedad que la
Constitución le encomienda al Ministerio Público (Título Cuarto, Capítulo I,
Parte Segunda CPE), sea una mera declaración formal, sin posibilidades de
realización material.
Sin embargo, debe precisarse que este entendimiento interpretativo no significa
que nuestro sistema procesal se aparte del mandato de  justicia pronta y
efectiva que contiene el art. 116.X  Constitucional; por cuanto el plazo de tres
años (art. 133 CPP) en el que deben finalizar los juicios, no se amplía con este
razonamiento interpretativo; lo que no ocurre con la legislación comparada, en
la que, en resguardo de la eficacia, es posible ampliar el término de los seis
meses.  Así, en el paraguayo por ejemplo, que es el más afín al nuestro,   se
establecen cláusulas de resguardo de la eficiencia. En efecto, el art. 324 del
Código procesal penal del Paraguay instituye,  al igual que el  nuestro, una
duración máxima de la Etapa Preparatoria de seis meses de iniciado el
procedimiento;  sin embargo, los arts. 325 y 326 del aludido código paraguayo
prevén dos prórrogas:  1) La prórroga ordinaria, que es aplicable para toda
clase de delitos, la cual la confiere el juez a pedido fundado del fiscal; 2) La
prórroga extraordinaria, que es concedida de manera excepcional para casos
complejos.  En cambio el nuestro, únicamente establece una ampliación de la
Etapa Preparatoria  para delitos cometidos por organizaciones criminales, y
ningún otro resguardo más.
III.3  Oportunidad de la presentación de la Imputación formal.  Si bien el
Código de Procedimiento Penal no establece de manera explícita el plazo en
que la imputación formal  debe ser presentada por el fiscal; del contenido
del art. 300, 301 y 302 CPP, se entiende que la misma debe emitirse a la
conclusión de los actos iniciales de investigación, cuando, obviamente,
existan indicios suficientes sobre la existencia del hecho y la participación del
imputado; sin embargo, del contenido del art. 301.2 CPP, en el que se concede
al Fiscal la facultad de "Ordenar la complementación de la diligencias
policiales, fijando un plazo para el efecto", se extrae que, en el sentido de la
ley, al fiscal no le es exigible presentar la misma en la generalidad de los casos
en el momento señalado; sino sólo en aquellos supuestos en los que existen
indicios suficientes.
Esto no significa, sin embargo, que el fiscal carezca en absoluto de plazo para
presentar la imputación formal; pues, tal entendimiento no guardaría sujeción al
mandato constitucional de celeridad procesal consagrado por el art. 116.X
CPE, de lo que se extrae que el fiscal  está impelido a presentar la imputación
formal en un plazo que debe ser fijado por el juez, atendiendo la complejidad
del asunto, en los casos en que el fiscal no lo haga en un plazo razonable; 
plazo que en ninguna circunstancia, puede exceder al establecido por el art.
134  CPP, para la conclusión de la Etapa Preparatoria.
III.4. Que, de otro lado, debe tenerse presente que, conforme a los principios
de igualdad (art. 12 CPP), el Fiscal no puede emitir acusación de manera
simultánea a la imputación formal o próxima a ésta, sino que debe existir un
lapso de tiempo razonable entre la imputación formal y la acusación, que
posibilite al imputado ejercer ampliamente su derecho a la defensa.  Dicho
término debe ser fijado por el Juez cautelar, y puede ser ampliado, en su caso,
a petición de las partes, pero  nunca más allá del límite de tiempo fijado para la
Etapa Preparatoria.
III.5. De lo precedentemente analizado, se tiene lo siguiente:
III.5.1. El Fiscal recurrido al haber dictado acusación a los  cinco días de
haber deducido la imputación formal, ha colocado a los recurrentes en real
estado de indefensión;  lo que hace que sea de aplicación la garantía que
brinda el art.19 constitucional como medio eficaz para reparar la actividad
procesal defectuosa aludida (Art. 169.inc. 3).
III.5.2. En cuanto a la actuación del Juez Cautelar demandado, de obrados se
evidencia que éste, no obstante haber tomado conocimiento de las
investigaciones iniciadas hace más de un año, no ejerció adecuadamente el
control jurisdiccional que le manda la  ley en resguardo del debido proceso;
pues, en ejercicio de tales atribuciones debió disponer que el Fiscal presente 
la imputación formal dentro de un término razonable, al no haberlo hecho así,
y más bien tardíamente conminar al Fiscal de Distrito para la presentación de la
acusación, ha determinado que los recurrentes se encuentren en estado de
indefensión; ocasionando, además, retardación de justicia, no querida ni 
admitida por  el orden constitucional (art. 116.X).
III.5.3 En cuanto a la actuación del Fiscal de Distrito, no se evidencia acto ilegal
alguno; pues su participación se limitó a cumplir con lo establecido por el art.
134 CPP, conminando al Fiscal de Materia a observar la norma citada,
situación que determina la improcedencia del recurso con relación a su
persona.
III.5.4. En cuanto a la supuesta falta de notificación con la ampliación de la
querella y la omisión del fiscal recurrido de informar al Juez Cautelar sobre las
investigaciones preliminares iniciadas, estas debieron ser impugnadas
oportunamente ante el Juez Cautelar, ahora también recurrido, para que éste
ejerza el control jurisdiccional que le otorga el art. 279 CPP y, en su caso,
ordenar la subsanación de los mismos;  no pudiendo ser analizados a través
del presente recurso, dada su naturaleza subsididaria.
En consecuencia, el Tribunal de amparo al haber declarado improcedente el
recurso, no ha efectuado una correcta interpretación de los alcances del art. 19
de la Constitución Política del Estado (CPE) y las normas aludidas
precedentemente.
POR TANTO

El Tribunal Constitucional, en virtud de la jurisdicción que ejerce por mandato


de los arts. 19.IV y 120.7ª CPE y los arts. 7.8ª y 102.V LTC, resuelve:

1.   APROBAR la Resolución revisada en cuanto a la IMPROCEDENCIA del


recurso con relación al Fiscal de Distrito,
2.   REVOCARLA y declarar PROCEDENTE el recurso, con relación al Fiscal
de Materia y al Juez Cautelar, y
3.   DISPONER la nulidad de obrados hasta la acusación presentada por el
Fiscal de Materia inclusive (fs. 39 del expediente de amparo); debiendo en su
caso el Juez cautelar, resguardando el principio de igualdad y el derecho al
defensa irrestricto, disponer -si la defensa lo requiere justificadamente- 
continuar con el desarrollo de la Etapa Preparatoria, hasta su término máximo,
computado a partir de la imputación formal.
CUESTIONARIO DEL SENTENCIA

1.- La tendencia político criminal que se encuentra en el CPP

R. respecto a cómo el juez decide una cuestión penal apuntan a que dicho
proceso es un todo continuo de naturaleza bidireccional. En efecto, el juez que
decide sobre un hecho posiblemente delictivo no se desdobla para, primero,
analizar el asunto desde una perspectiva dogmático penal y, luego, aplicar los
principios de la doctrina procesal penal. A mi modo de ver, la decisión
definitiva. sobre absolución o condena se realiza en el marco de un proceso
penal institucionalizado.

2.- El inicio del proceso penal

R. La primera fase, es decir, los actos iniciales o de la investigación preliminar,


(Art. 284 y siguientes CPP), comienza con la denuncia, querella o con la noticia
fehaciente que reciben las autoridades llamadas por ley (Policía - Fiscalía),
sobre la comisión de un delito.

3.- El plazo de presentación para la imputación formal

R. Consiguientemente, a partir de la jurisprudencia citada, el Tribunal


Constitucional de ese entonces, bajo una interpretación acorde a ese tiempo y
coyuntura jurídica-criminal, legisló negativamente estableciendo el plazo de
seis meses como máximo para que los fiscales de materia puedan presentar
imputación formal; evidenciándose además una imprecisión en las Sentencias
que posteriormente asumieron esta línea, pues primero se señala que la
imputación debe ser presentada en las primeras actuaciones y en el momento
inicial de la etapa preparatoria y no así después de meses, pero
contradictoriamente se concluye que dicha actuación no puede sobrepasar los
seis meses computables desde la denuncia o la noticia del crimen.
En ese orden, encontrándonos en un nuevo marco constitucional y coyuntura
jurídica-constitucional, es pertinente revisar si el plazo que la jurisprudencia ha
otorgado al Ministerio Público y establecido como “oportunidad de presentación
de la imputación formal” se encuentra acorde y compatible con el nuevo
sistema procesal penal, el principio de celeridad, razonabilidad, eficacia,
eficiencia.

Pues en primera instancia tenemos que la SC 1036/2002-R, desarrolló su


razonamiento e interpretación sobre lo establecido en el Código de
Procedimiento Penal (arts. 300, 301 y 302 del CPP), sin embargo, no es menos
cierto que, esta normativa fue modificada a partir de la vigencia de la Ley 007;
o sea, la ley de “Modificaciones al Sistema Normativo Penal” es diseñada por el
legislador, bajo una nueva coyuntura y política criminal reflejada en la realidad
social que atraviesa el país, además, cuando la nueva Ley Fundamental estaba
vigente.

Consiguientemente, nos encontramos con una nueva normativa procesal penal


que modifica el término de la investigación preliminar, estableciendo un plazo
superior para el efecto, otorgando más tiempo a la Policía Boliviana para que
realice las investigaciones preliminares bajo dirección funcional del Fiscal de
Materia, razón por la cual, la jurisprudencia que interpreto esta situación, ya no
tiene efecto alguno, justamente porque ya fue modificada, correspondiendo en
todo caso, considerar los nuevos plazos procesales y si los mismos, se
encuentran compatibles con la Constitución y si son razonables para su
aplicación.

4.- La duración máxima. De la etapa preparatoria

R. 133 del Código de Procedimiento Penal; en concordancia con dicha


norma procesal, el legislador también ha previsto que la etapa
preparatoria tendrá una duración máxima de seis meses, así lo dispone el
art. 134 del citado Código.

5.- El lapso de tiempo entre la imputación formal y la acusación

R. (art. 323 del CPP). De esta manera, queda claramente establecido que el
proceso penal se inicia con la imputación formal, a partir de la cual corre el
término de los seis meses de la etapa preparatoria establecida por el párrafo
primero del art. 134 del CPP, cuyo cómputo empieza a correr desde que el
Juez cautelar pone en conocimiento del encausado la imputación formal,
siendo este el actuado jurisdiccional que marca el inicio del proceso penal y a
partir de ahí se tiene un término máximo de seis meses para presentar la
acusación, señalando por otra parte que: «…aunque la ley no lo diga
claramente, el proceso penal se inicia con la imputación formal, a partir de la
cual corre el término de los seis meses de duración de la Etapa Preparatoria
establecida por el párrafo primero del art. 134 CPP, cuando textualmente dice:
‘La etapa preparatoria deberá finalizar en el plazo máximo de seis meses de
iniciado el proceso’.

6.- La duración máxima Del proceso penal y desde cuando se computa


(ver los arts. 133 a 5 del CPP)

R. Esta figura penal se encuentra prevista por el art. 133 del CPP, el cual
establece que todo proceso tendrá una duración máxima de tres años,
contados desde el primer acto del procedimiento, vencido el cual, el juez o
tribunal del proceso, de oficio o a petición de parte, declarará extinguida la
acción penal. A su vez, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos
en su art. 14.3 dispone que: “Durante el proceso, toda persona acusada de un
delito tendrá derecho, en plena igualdad, a las siguientes garantías mínimas: c)
A ser juzgado sin dilaciones indebidas”. Finalmente, el art. 115 de la CPE,
garantiza que toda persona sea protegida de manera oportuna y efectivamente
por los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos,
resguardando el debido proceso, la defensa y con una justicia plural, pronta,
oportuna, gratuita, transparente y sin dilaciones.

Common questions

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The interaction between procedural deadlines and constitutional mandates affects the presentation of formal accusations in Bolivia by imposing a framework that ensures swift justice and protects the accused's rights. The procedural code's six-month deadline for the preparatory stage aligns with constitutional requirements for timely resolution of criminal cases. Judges play a crucial role in ensuring compliance by monitoring prosecutorial actions to prevent unjustified delays, thus maintaining the balance between efficient law enforcement and due process .

The six-month deadline for concluding the preparatory stage in the Bolivian penal system is justified by the need to balance efficiency with the rights of the accused, as extended periods could undermine the efficacy of legal proceedings and the protection of legal interests. This timeframe ensures a structured and timely approach to criminal proceedings, promoting swift justice while adhering to constitutional mandates of process efficiency and fairness .

The Judge Cautelar plays a crucial role in ensuring the timely presentation of the formal accusation by the prosecutor. If the prosecutor fails to present the accusation within a reasonable time, the Judge Cautelar is responsible for setting a deadline based on the complexity of the case, ensuring compliance with procedural efficiency as mandated by the constitution .

The Bolivian system allows for the extension of the preparatory stage only in cases involving criminal organizations, whereas the Paraguayan system permits both an ordinary and an extraordinary extension. The ordinary extension applies to all types of offenses, provided the judge authorizes it upon the prosecutor's request, while the extraordinary extension caters to complex cases specifically .

The constitutional guarantee for a reasonable interval between the formal accusation and subsequent steps in the penal process is significant because it ensures that the accused has sufficient time to prepare a defense, safeguarding the right to a fair trial. This interval is vital for upholding the principles of equality and due process, preventing the immediate progression to trial, which could compromise the accused's defense .

The main objective of the procedural model outlined in recent codes in countries like Bolivia, Costa Rica, and Paraguay is to achieve a balance between the pursuit of efficiency in criminal proceedings and the safeguarding of the rights and guarantees of the accused. This ensures that social defense tasks are effectively fulfilled without sacrificing the protection of the accused's rights and guarantees .

The Bolivian Code of Criminal Procedure defines the initiation of the penal process with the formal accusation made by the prosecutor, marking the start of the six-month duration of the preparatory stage. This initiation point is significant because it establishes the timeframe within which the investigation and preparatory activities must be concluded .

Legal interpretations concerning the duration of the preliminary investigation in Bolivia's legal system suggest that although the formal accusation should occur once sufficient evidence is available, the prosecutor is not strictly bound by a fixed period. However, constitutional mandates of procedural expedience imply that judges should intervene to ensure timely accusations, aligning with the revised procedural codes that allow for a longer investigation period under a new legal framework .

The constitutional implications of the Judicial Tribunal's decision to nullify acts following improper formal accusation timing in Bolivia highlight the emphasis on due process and the protection of defendants from procedural shortcomings. Such a decision reinforces the procedural fairness required by the constitution, ensuring that any state of defenselessness caused by procedural errors is corrected, aligning with the guarantees of equal defense rights and timely process as mandated by the Bolivian Constitution .

The Bolivian legal system may extend the preparatory stage beyond the standard six months for crimes involving criminal organizations, as specified in the legal framework. Such extensions raise constitutional questions related to procedural fairness, ensuring no undue detainment occurs. While the extension attempts to accommodate complex investigations, the judicial oversight ensures that constitutional rights to a prompt justice process are not compromised, thus preventing unnecessary infringements on the accused's liberties .

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