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El Decamerón-Boccaccio

Decameron

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E] Decameron Giovanni Boccaccio En las afueras de Florenci un grupo de jévenes que huye de la peste ocupa su tiempo eee foe a ipartiendo historias. Durante diez dias, cada uno de ellos relatard un cuento que permita entreten fie ie ler a sus compafieros. E] designado como “rey” sera quien organizard la rueda de relatos, JORNADA I. NARRACION V La marquesa de Monferrato, con un banquete de gallinas y con unas amables palabritas, reprime el loco amor del rey de Francia. La historia conada por Dioneo hitié primero de alguna vergiienza el coraz6n de las damas que la escu- chaban y dio de ello seffal el honesto rubor que apareci6 en sus rostros; mas luego, mirandose unas a otras, pu- diendo apenas contener la risa, la escucharon sonrien- do. Y llegado el final, después de haberle reprendido con algunas dulces palabras, queriendo mostrar que histo- rias semejantes no debian contarse delante de mujeres, Ja reina, vuelta hacia Fiameta (que junto a él estaba sentada en la hierba), le mando que continuase el orden. establecido, y ella galanamente* y con alegre rostro, mi- randola, comenz6: —Tanto porque me complace que hayamos entra- do a demostrar con las historias cuanta es la fuerza de las respuestas agudas y prontas como porque tan gran cordura es en el hombre amar siempre a mujeres de linaje mas alto que el suyo como es en las mujeres grandisima precaucién saber guardarse de caer en el amor de un hombre de mayor posicién que la suya, me ha venido al animo, hermosas seforas, mostra- ros, en la historia que me toca contar, como una noble duefia* supo con palabras y obras guardarse de esto y evitar otras cosas, Habia el marqués de Monferrato, hombre de alto valor, gonfalonero* de la Iglesia, pasado a ultramar en una expedicion general hecha por los cristianos a mano armada; y hablandose de su valor en la corte de Felipe el Tuerto, que se preparaba a ir desde Francia en aquella misma expedici6n, fue dicho por un caballe- ro que no habia bajo las estrellas otra pareja semejante ala del marqués y su mujer: porque cuanto destacaba fen todas las virtudes el marques entre los caballeros, tanto era la mujer entre las demas mujeres hermosi- ssima y valerosa. Las cuales palabras entraron de tal modo en el animo del rey de Francia que, sin haber- Ja visto nunca, comenz6 a amarla ardientemente, y se propuso no hacerse a la mar, en la expedicin en que iba, sino en Génova para que, yendo por tierra, pudiese tener un motivo razonable para ir a ver a la marquesa, pensando que, no estando el marqués, podria suceder que viniese a tener efecto su deseo. Y sequin lo habia pensado mandé que fuese puesto en ejecucidn; por lo que, enviando delante a todos los hombres, él con poca compafifa y de hombres nobles, se puso en camino, y acercandose a la tierra del marqués, mand6 decir a Ja sefiora con anticipacién de un dia que a la mafiana siguiente le esperase a almorzar. La sefiora, sabia y precavida, repuso alegremente que aque! era un favor superior a cualquier otro y que fuese bien venido. Y enseguida se puso a pensar qué querria decir que un tal rey, no estando su marido, viniese a visitarla; y no a engafié en esto la sospecha de que la fama de su her- ‘mosurao atrajese. Pero no menos como mujer de pro* se dispuso a honrarlo, y haciendo llamar a todos los hom- bres buenos que alli habian quedado, dio con su consejo las 6rdenes oportunas para todos los preparativos; pero a comida y los manjares quiso prepararlos ella misma. ¥ sin demora hizo reunir cuantas gallinas habia en la comarca, y tan solo con ellas indicé a sus cocineros que preparasen varios platos para el convite real. ‘Vino, pues, el rey el dia dicho y fue recibido por Ja sefiora con gran fiesta y honor; y a él, més de lo que habia imaginado por las palabras del caballero, ‘al mirarla le parecié hermosa y valerosa y cortés, ¥ se maravillé grandemente y mucho la estimé, enced” Giéndose tanto mas en su deseo cuanto mas sobrepe aba la sefiora la estima que 6! habia tenido de els Y luego de algun reposo tomado en cémaras agora simae con todo lo que es necesario para recibit 4 ‘8 rey, venida la hora del almuerzo, ¢l 16 ¥ la ae ge gentaron a una mesa, y 1os demas sogiin su com cion fueron en otras mesas honrados. Aqui, siendo el rey servido sucesivamente con mu- chos platos y vinos optimos y preciosos, y ademas de ello mirando de vez en cuando con deleite a la her- mosisima marquesa, gran placer tenia. Pero llegando un plato tras el otro, comenzé el rey a maravillarse ‘un tanto advirtiendo que, por muy diversos que fue- ran los guisos, no lo eran tanto que no fuesen todos hechos de gallina. ¥ como supiese el rey que el lugar donde estaba era tal que debia haber abundancia de variados animales salvajes, y que con haberle avisado de su venida habia dado a la sefiora espacio suficiente para poder mandar a cazarlos, como mucho de esto se maravillase, no quiso tomar ocasién de hacerla hablar de otra cosa sino de sus gallinas; y con alegre rostro se volvié hacia ella y le dijo: —Dama, jnacen en este pais sola- mente gallinas sin ningun gallo? La marquesa, que entendié 6ptimamente la pre- gunta, pareciéndole que segtin su deseo Nuestro Sefior le habia mandado momento oportuno para poder mostrar su intencién, hacia el rey que le preguntaba resueltamente vuelta, repuso: “Pero legando un plato tras el otro, comenzé el rey a maravillarse un tanto advirtiendo que, por muy diversos que fueran los guisos, no lo eran tanto que no fuesen todos hechos de gallina”. —No, monsefior; pero las mujeres, aunque en ves- tidos y en honores algo varien de las otras, todas sin embargo son igual aqui que en cualquier parte. El rey, ofdas estas palabras, bien entendio la razon de Ja invitacién a gallinas y la virtud que escondian aquellas palabras y comprendié que en vano se gas- tarian las palabras con tal mujer y que no era el caso de usar la fuerza; por lo que, asi como imprudente- mente se habia encendido en su amor, asi era sabio apagar por su honor el mal concebido fuego. Y sin bromear més, temeroso de sus respuestas, almorz6 fuera de toda esperanza, y terminado el almuerzo, le parecié que con el pronto partir disimularia su deshonesta veni- da, y agradeciéndole por haberle honra- do, encomendandolo ella a Dios, se fue a Genova galamamente. De manera galana, con buen gusto ylo intencién de agradar. Aoi\a, Se refiere a la sefiora de la casa, ‘gonfalonero, Persona encargada de llevar el estandarte. de pro, Persona de prestigio. JORNADA I. NARRACION X El mi ia di con aestro Alberto de Bolonia discretamente hace avergonzar a una ora que queria avergonzarle a él por haberse enamorado de ella, No han pasado todavia muchos atos desde ue en Bolonia hubo un grandisimo médico y de cla comma en todo el mundo, y tl vez vive todavia, cuyo fe fue maestro Alberto; el cual, siendo ya viejo de cerca de setenta afios, tanta fue la nobleza de su espirita que, hablendosele ya del cuerpo partido casi el calor natural, no se rehus6 a recibir las amoro- sas llamas habiendo visto en una fiesta a una bellisi- ma sefiora viuda llamada, segiin dicen algunos, doiia Malgherida de los Ghisolieri; y agradandote sobrema- nera, no de otro modo que un jovencillo las recibi6 en su maduro pecho, hasta tal punto que no le parecia bien descansar de noche si el dia anterior no hubiese visto el hermoso y delicado rostro de la bella sefiora. ¥ por ello, empezé a frecuen- tar, apie o a caballo segiin lo que mas amano le venia, la calle donde estaba la casa de esta sefiora. Por lo cual, ella y muchas otras se- floras se apercibieron de la razén de su pasar y muchas veces hicieron bromas entre ellas al ver a un hombre tan viejo, de afios y de juicio, enamorado, como si creyeran que esta pasion tan placentera del amor solamente en los necios 4nimos de los jévenes, y no en otra parte entra- se y permaneciese. Por lo que, continuando el pasar del maestro Alberto, sucedié que un dia de fiesta, es- tando esta sefiora con otras muchas sefioras sentada delante de su puerta, y habiendo visto de lejos venir ‘al maestro Alberto hacia ellas, todas con ella se pro- pusieron recibirlo y honrarle y luego gastarle bromas por este su enamoramiento; y asi lo hicieron. Por lo que, levantandose todas ¢ invitado él, le con- dujeron a un fresco patio donde mandaron traer finisi- mos vinos y dulces; y al final, con palabras ingeniosas y corteses le preguntaron como podia ser aquello de estar €1 enamorado de esta hermosa sefiora sabiendo que era mada de muchos hermosos, nobles y corteses jovenes. El maestro, sintiéndose gentilmente burlado, puso alegre gesto y respondié: : —Sefiora, que yo ame no debe maravillar a ningun sabio, y especialmente a vos, porque os lo merecéis. Y ‘aunque a los hombres viejos les haya quitado la natu- raleza las fuerzas que se requieren para los ejercicios ‘jmor0s0s, No les ha quitado la buena voluntad ni el co ero vosotras, generalmente guiadas Por equivocado gusto, 0s quedéis con la cabeza en la mano ¥ 0s coméis las hojas, que no solo no valen nada, sino que son de mal sabor... nocer lo que deba ser amado, sino que naturalmente Ip Conocen mejor porque tienen mas conocimiento que los jovenes, La esperanza que me mueve a amaros, yo viejo vos amada de muchos jovenes, es esta: muchas veces he estado en sitios donde he visto a las mujeres meren. dando y comiendo altramuces* y puertos; y aunque en los puerros nada es bueno, es menos malo y més agra- dable a la boca la cabeza, pero vosotras, generalmente guiadas por equivocado gusto, os quedais con la cabe- za en la mano y os coméis las hojas, que no solo no valen nada, sino que son de mal sabor. 2Y qué sé yo, sehora, si al elegir los amantes no hacéis lo mismo? Y silo hicieseis, yo seria el que seria elegi- do por vos, y os otros despedidos. La noble sefiora, juntamente con las otras, avergonzéndose un tanto, dijo: —Maestro, asaz* bien y cortésmente nos habéis reprendido de nuestra pre- suntuosa empresa; con todo, vuestro amor me es caro", como de hombre sabio " de pro debe serlo, y por ello, salvaguar- dando mi honestidad, como a cosa vues- ‘tra mandadme todos vuestros gustos con confianza. EI maestro, levantandose con sus compaiieros, agra- decié a la sefiora y despidiéndose de ella riendo y con fiesta, se fue. Asi, la sefiora, no mirando de quién se chanceaba’, creyendo vencer fue vencida; de lo que vo- sotras, si sois prudentes, Optimamente os guardaréis. Un caballero sirve al rey de Espatia; le parece estar mal recompensado, por lo que el rey, con una prueba evidentisima, le muestra que no es culpa suya, sino de su mala fortuna, recompenséndole luego genero- samente. altramuz, Planta de la que se consume la ser ‘ograno, asaz. Bastante, mucho. caro. Significativo, valorado. chaneear. Bromear. cansino, Pesado, lento. Gesto que consiste © sn fingir delicadezas, dengt ; Gen goces,dngusto de To que mas se aul desea _ o aeeere Delicadeza oxcesiva on Dalaba 8 ‘ademanes. fectado. Falto de s cencillez, sin naturalidad. ime monarca del reino wnido abiduria. Salomén. El tercer y ulti de Israel, Poseia una gran s JORNADA VI. NARRACION VIII Fresco aconseja a su sobrina que no se mire al espejo si los fastidiosos le eran tan molestos de ver como decia. (...) [LJ reina, vowviendose a Emilia, le o- dené que siguiese; la cual, no de otro modo que si se levantase de dormir, suspirando, comenz6é —Atrayentes jovenes, porque un largo pensamiento me ha tenido un buen rato lejos de aqui, para obede- cer a nuestra reina, tal vez con una mucho mas corta historia de lo que lo habria hecho si hubiese tenido énimo, cumpliré, contandoos el tonto error de una jo- ven corregido por unas ingeniosas palabras de un tio suyo si ella hubiera sido capaz de entenderlo. Uno, pues, que se llamé Fresco de Celatico, tenia una sobrina llamada carifiosamente Cesca, la cual, aunque tuviese gallarda figura y rostro, no era sin embargo de esos angelicales que muchas veces ve- mos, pero en tanto y tan noble se reputaba que ha- bia tomado por costumbre censurar a los hombres y las mujeres y todas las cosas que veia sin mirarse en nada a si misma, que era mucho mas fastidiosa, cansina* y enfadosa que ninguna, porque a su gus- to nada podia hacerse; y tan altanera era, ademas de todo esto, que si hubiera sido hija del rey de Francia habria sido excesivo. Y cuando iba por la calle tanto le olia a quemado que no hacia sino torcer el gesto como sile llegara hedor de aquel a quien viera 0 encontrara. Ahora, dejando otras muchas costumbres suyas des- agradables y fastidiosas, sucedié un dia que, habien- do vuelto a casa, donde Fresco estaba, y sentandose frente a él, toda deshecha en dengues* no hacia sino suspirar; por lo que preguntandole Fresco le dijo: —Cesca, ,qué es esto, que siendo hoy fiesta has ‘vuelto tan pronto a casa? A quien, hecha melindres*, le respondio: —Es verdad que me he venido temprano porque no creo que nunca en esta ciudad han sido los hombres y las mujeres tan fastidiosos y molestos como hoy, y no hay nadie en la calle que no me desagrade como la mala ventura; y no creo que haya mujer en el mundo a quien més fastidie ver a la gente desagradable que a mi, y por no verla me he venido tan pronto. Fresco, a quien grandemente desagradaban las ma- neras afectadas* de la sobrina, dijo: —Hija, si asi te molestan los fastidiosos como dices, si quieres vivir contenta, no te mires nunca al espejo. Pero ella, mas hueca que una cafia y a quien le pa- recia igualar a Salom6n* en inteligencia, no de otra manera que hubiese hecho un borrego entendio las acertadas palabras de Fresco; contesté que le gusta- ba mirarse al espejo como a las demas; y asi en su ignorancia siguid, y todavia sigue. Boccaccio, Giovanni. El Decamerén. Disponible en la biblioteca virtual Ciudad Seva: [Link]/o0V0s3. Acceso: 22 de agosto de 2016, Voces en actividad } Comprension 7 Respondé teniendo en cuenta la primera de las | 3. EnlahistriadeCescay suo, quésimbolizaelespejo? historias de £1 Decamerén..______— ——} 4, Considerando los tres relatos leidos, daderao falsa la siguiente afirmacién y justifica.. ‘a. [Link]é creés que se refiere la expresién “loco amor”? b. zPor_qué motivos al rey le [Link] el banquete esté compuesto dnicamente [Link] de gallina? —c_;Qué mensaje quiso transmitirle la marquesa al rey can. esa eleccion?. i 5, ALinicio de la primera historia, se hace referencia al rubor y la risa de las mujeres en relacié[Link] el retato_ anterior, yal enojo que la reina tenia ese dia. Las historias de El Decamerén pueden jeradas didacticas. 2. Resolvé de acuerdo con a lectura dea décimanarra~_| nde la primera jornada.—_— | n_las.[Link] hacen [Link] a._indica [Link] amor del. médico. b._Explica la respuesta [Link] que le hacen las mujeres. ‘a. Segiin los relatos leidos posteriormente, :cual habra. \da-el médico.a la burla_{ sido el contenido que provacé estas reaccianes? ___|_.b. [Link] posible historia. _

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