Therya - 2014
Therya - 2014
fascículo 13 [Link]
DERECHOS DE AUTOR Y DERECHOS CONEXOS, año 5, No. 13, enero-abril de 2014, es una publicación cuatrimestral
editada por la Asociación Mexicana de Mastozoología A. C., Moneda 14, Colonia Centro, Delegación Cuauhtémoc,
C.P. 06060, tel. (612) 123-8486, [Link], therya@[Link]. Editor responsable: Dr. Sergio
Ticul Álvarez Castañeda. Reservas de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2009-112812171700-102, ISSN: 2007-3364
ambos otorgados por el Instituto Nacional de Derechos de Autor. Responsable de la última actualización de este número,
Unidad de informática de la Asociación Mexicana de Mastozoología A. C. Dr. Sergio Ticul Álvarez Castañeda, Instituto
Politécnico Nacional 195, La Paz, Baja California Sur, C. P. 23096, Tel 612 123 8486, fecha de la última modificación
28 abril 2014.
Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura del editor de la publicación. Queda
prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización de la
Asociación Mexicana de Mastozoología, A.C.
THERYA agradece de manera especial la colaboración de Lic. Gerardo R. Hernández García en la edición gráfica editorial
para esta revista.
[Link]
El objetivo y la intención de Therya es ser una revista científica para la publicación de artículos
sobre los mamíferos. Estudios de investigación original, editoriales, artículos de revisión y
notas científicas son bienvenidas.
Sergio Ticul Álvarez Castañeda. Editor general. Centro de Investigaciones Biológicas del
Noroeste. Instituto Politécnico Nacional 195. La Paz, Baja California Sur, 23096. México.
E-mail: sticul@[Link].
Editores
EDITORIAL
Mastozoología Sudamericana, por
Mastozoólogos Sudamericanos
Robert D. Owen1
América del Sur está clasificado como un continente de mediano tamaño (más pequeño
que América del Norte, más grande que la Antártica), que comprende alrededor del
12% de la superficie terrestre total del mundo, pero incluyendo sólo el 6% de la
población humana del mundo. Sin embargo, atraviesa casi 70 grados de latitud, que
se extiende desde los trópicos del hemisferio norte (casi 13° N) para el hemisferio
sur sub-antárticas (56° S, a unos 20 grados más al sur que el continente africano). En
elevación es clasificado de -105m a 6,960m, con una enorme cadena montañosa que
se extiende a lo largo del continente. La precipitación anual varía entre 0 mm (algunas
estaciones en el Desierto de Atacama) a más de 3,200 mm (varias localidades en la
cuenca del Amazonas). Tres grandes cuencas fluviales (Orinoco, Amazonas y La Plata)
drenan la mayor parte de la superficie terrestre, formando barreras biogeográficas y
áreas de endemismo. Las grandes ecoregiones boscosas incluyen la Selva Amazónica
y el complejo de Bosque Atlántico, y el continente es atravesado de noreste a suroeste
por una semiárida a árida faja incluyendo los ecorregiones de la Caatinga, Cerrado,
Pantanal, Gran Chaco, Pampa, y Patagonia.
Estos altos niveles de diversidad geográfica y climática son reflejados en un alto nivel
de diversidad biótica, incluyendo la de los mamíferos. Varios linajes relativamente
antiguos (Ej. xenartros, roedores hystricomorph, marsupiales) han sido sometidos a la
diversificación generalizada en el continente, ya que tienen algunas apariciones más
recientes (roedores muroides, carnívoros). Todos contribuyen a la riqueza de especies
de mamíferos y diversidad por la cual América del Sur es reconocida. A pesar de
que la fauna mastozoológica de América del Sur ha sido sujeta a observaciones e
investigaciones por varios siglos, el patrón histórico ha sido lo que a menudo se ha
visto en el sur global - la mayoría de los estudios e informes que se realizaron por
naturalistas o biólogos procedentes de Europa y América del Norte, con ejemplares
que residen en los museos de esas regiones, y las publicaciones resultantes, rara vez
llega a los académicos y otros públicos interesados en los países donde se realizaron
los estudios. Sin embargo, desde aproximadamente la mitad del siglo 20, biólogos
sudamericanos han comenzado a contribuir más activa y visiblemente al cumulo de
conocimientos.
En las últimas décadas del siglo 20 se han visto la formación de sociedades
nacionales de mastozoólogos en varios países, convocando a reuniones profesionales.
Department of Biological Sciences, Texas Tech University. Lubbock, Texas, USA 79409; and Raúl Casal 2230 c/ Pizarro,
1
2 THERYA Vol.5(1):1-6
Owen
Agradecimientos
Agradezco muy especialmente a Mike Kennedy y a Gary Schnell, quienes fueron los
primeros en llevarme a realizar trabajos de campo en México, donde fui cautivado por
la mastozoología de campo y por el Neotrópico y donde fui sumergido en la cultura de
América Latina. Esto cambió mi vida para siempre. Durante los años que trabaje en
México, Cornelio Sánchez-Hernández y María de Lourdes Romero-Almaraz siempre me
dieron un hogar in Ciudad de México y Chamela, así también lo hizo Ricardo López-
Wilchis y su familia en Ciudad de México y Cuauhtémoc. Este proyecto editorial fue
parcialmente apoyado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT-
Paraguay), a través del Programa Nacional de Incentivos a Investigadores (PRONII). Lucy
[Link] 3
MASTOZOOLOGÍA SUDAMERICANA
EDITORIAL
South American Mammalogy, by South American Mammalogists
South America is in the middle of the continents when ranked by size (smaller than North
America, larger than Antarctica), comprising around 12% of the world’s total landmass,
but including only 6% of the world’s human population. However, it traverses nearly
70 degrees of latitude, extending from the northern hemisphere tropics (almost 13o N)
to the southern hemisphere sub-antarctic (56o S, about 20 degrees farther south than the
African continent). In elevation it ranges from -105 m to 6,960 m, with an enormous
mountain range extending the length of the continent. Average annual precipitation
varies from essentially 0 mm (some stations in the Atacama Desert) to over 3,200 mm
(several localities in the Amazon Basin). Three large river basins (Orinoco, Amazon,
and La Plata) drain the majority of the land area, forming both biogeographic barriers
and areas of endemism. Large forested ecoregions include the Amazon Forest and the
Atlantic Forest complex, and the continent is traversed from northeast to southwest by a
semiarid to arid band including the Caatinga, Cerrado, Pantanal, Gran Chaco, Pampas,
and Patagonian ecoregions.
These high levels of geographic and climatic diversity are reflected in high levels of
biotic diversity, including that of mammals. Several relatively old lineages (e.g., xen-
arthrans, hystricomorph rodents, marsupials) have undergone widespread diversifica-
tion on the continent, as have some more recent arrivals (muroid rodents, carnivores),
all contributing to the mammalian species richness and diversity that South America is
renowned for. Although the South American mammalian fauna has been the subject
of observations and investigations for several centuries, the historical pattern has been
that seen often in the global south--a majority of the studies and reports were done by
naturalists or biologists from Europe and North America, with specimens residing in mu-
seums of those regions, and resulting publications seldom reaching the academics and
other interested audiences in the countries where the studies were made.
However, since roughly the middle of the 20th century, South American biologists
have begun contributing more vigorously and visibly to the accumulation of knowledge.
The latter decades of the 20th century have seen the formation of national societies of
mammalogists in several countries, holding professional meetings. Moreover, university
graduate departments and museum facilities have been strengthened, and are training a
growing number of younger mammalogists. Thus, many more new biologists are now
being trained in their own or neighboring countries, rather than undertaking the ex-
pensive process of graduate training in Europe or North America, generally in a foreign
language. Importantly, this makes the field more accessible to students with limited
personal or family resources.
4 THERYA Vol.5(1):1-6
Owen
Currently in South America the field of mammalogy has achieved a level of demo-
graphic maturity. Some of the earlier workers have passed on, a number of “older genera-
tion” are nearing retirement, a “middle generation” is at the peak of their productivity,
and many younger biologists are beginning what promise to be productive careers in
mammalogy.
Most of the readers of Therya know a few of these South American biologists, but I
(like many mammalogists in Mexico and the US) was unaware of the extent, diversity,
and vitality of South American mammalogy until I began working extensively, and then
living, in South America. Few South American mammalogists attend professional meet-
ings in North America, and vice versa. Thus the collegial connections between the mam-
malogists and their communities of the two Americas are not as numerous or strong as
we might wish them to be. When I was asked to edit this Special Section of an issue of
Therya, it quickly occurred to me that this was an opportunity to place a few examples
of current South American mammalogy in the hands of their North American colleagues.
Several basic ideas guided me in determining whom to invite. Each invited author
is originally from South America, and is living and working in South America. In other
words, no immigrants like myself were invited, nor were any emigrants. Seeking geo-
graphic diversity across the continent, I invited at least one mammalogist from each
South American country (except Guyana and Suriname) to contribute a manuscript. In
several cases, the author is living and working in a country other than that of his/her ori-
gin, thus contributing to the cross-fertilization of ideas. In a number of cases, the article
reports on work done in a country other than the author’s origin or residence, reflecting
the mobility and the desire to learn and work in a variety of environments, shown by
many South American mammalogists.
The invited authors were free to invite coauthors, whether South American or not. As
I write this, with eight manuscripts accepted for inclusion in this Special Section, one is
single-authored and the remainder have one or more coauthors; of approximately 16 co-
authors in total, three are non-South Americans. Following Therya editorial policy, man-
uscripts would be accepted in Spanish or English; thus some official languages of South
American countries were excluded: Portuguese (Brazil), Guarani (Paraguay), Aymara and
Quechua (Peru) and over 35 non-European languages recognized as official in Bolivia.
I wanted a diversity of career stages represented among the authors. The majority
of invited authors are well established and in very active and productive careers, and a
couple are probably best described as “respected elders” (I’ll let the reader decide which
those are). I am pleased to note that a number of the author lines also include younger
biologists (some still in graduate programs) and parabiologists (lacking formal training,
but invaluable in many projects).
There was no restriction on research topic, other than that the focus should be on
South American mammals. Nevertheless, I hoped a diversity of taxa and of research ar-
eas would be represented among the articles, and selected authors to be invited based in
part on their publication record and what I knew them to be working on currently. Three
of these articles are about bats, three about rodents, one about marsupials, and one in-
cludes both rodents and marsupials; three are systematic papers (including description
of a new species), two are ecology or behavior, one is conservation, and one or two are
general reviews; most are studies of Recent mammals, and one compares Holocene and
[Link] 5
MASTOZOOLOGÍA SUDAMERICANA
Recent small mammal faunae. In short, this assemblage of articles does represent a di-
versity of active research areas in South American mammalogy.
There are a great many good scientists working actively and productively in South
American mammalogy, and I encourage readers of this issue of Therya to look through
the Literature Cited sections of these articles, to gain an impression of how many South
American workers there are, and the quantity, breadth, and depth of publications from
South America which are contributing extensively to the growing body of knowledge on
the South American mammal fauna.
Beyond bringing the work of South American mammalogists to your attention, I hope
that publication of these articles in Therya will result in stronger and more numerous
collegial and working relationships between South American and North American mam-
malogists, in particular among the younger “cohorts” of our profession--current graduate
students and recently graduated professionals in the early stages of their careers. In the
early stages of my career, I profited greatly from expanding my horizons in working with
a number of colleagues in Mexico, several of whom I now count among my best friends.
More recently, I have continued to grow and become a better mammalogist (and better
person, I hope) through the collaboration and friendship of colleagues throughout South
America, several of whom are among the authors of these articles. I hope that reading
one or more of the articles in this Special Section will be as interesting and valuable to
you, as my coordination and editing of them has been for me.
Acknowledgements
I especially thank Mike Kennedy and Gary Schnell, who first took me to do field work in
Mexico, where I was captured by field-based mammalogy and by the Neotropics, and
was introduced to Latin America. This changed my life, for the better. During the years
I worked in Mexico, Cornelio Sánchez-Hernández and María de Lourdes Romero-Alma-
raz always gave me a home in Mexico City and Chamela, as did Ricardo López-Wilchis
and his family in Mexico City and Cuauhtémoc. This editorial project was partially sup-
ported by the Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT-Paraguay), through
the Programa Nacional de Incentivo a Investigadores (PRONII). Lucy Aquino, Cesar
Balbuena, Maggie Mieres, and Paul Smith all helped me to organize and express my
thoughts, in both English and Spanish. Finally, I thank Sergio Ticul Álvarez Castañeda for
his invitation and encouragement for this Special Section of Therya.
6 THERYA Vol.5(1):1-6
Micromammals, climate change and human impact: THERYA, abril, 2014
How much changed the communities of southern Vol.5(1): 7-38
South America in the last 500 years? DOI: 10.12933/therya-14-183
Introduction: The last 500 years of the historical era, an interval that corresponds to the concerted dispersal
of European explorers, traders, and colonists around the globe, has witnessed the global disappearance
of ~90 mammal species. Besides the known cases of biological extinctions, this time period was also
characterized by the regional extirpations of specialized taxa and by the expansion and population growth
of some opportunistic species. Several lines of evidence suggest that the current configuration of small
mammal communities -i. e. richness (number of species) and diversity (distribution of species abundance)- in
southern South America would have been generated in the period after the arrival of Europeans ca. 1500 AD.
In this study, we reviewed the fossil record for small rodents and marsupials during the last 500 years, with
emphasis on the Pampean and Patagonian regions. Based on these findings, we offer some considerations
concerning the biogeography and conservation of these species.
Methods: Micromammals from archaeological and paleontological sites have provided considerable
information on environmental conditions during the Quaternary in South America. In this work, we
reviewed several micromammal fossil samples, mostly generated by the trophic activity of owls. The use of
this kind of data involves some extrinsic and intrinsic biases that must be considered at the time to study the
diversity of past communities, such as the bird involved on the accumulations, its hunting techniques, the
time of the year, the size and behavior of the prey species, etc. For this work, we compared the fossil samples
with more than 700 owl pellet assemblages of the same geographical areas.
Results: Richness and diversity of small mammal communities was higher prior to the deepest human
impact (> 0.5 ka), showing a pronounced drop in both parameters to the present. The regional extinction
of some cricetid rodents and small marsupials was recorded, both in the Pampean (e. g. Bibimys torresi,
Pseudoryzomys simplex) and in the Patagonian regions (e. g. Euneomys mordax, Lestodelphys halli,
Tympanoctomys kirchnerorum), as well as the biological extinctions of the bat Desmodus cf. D. draculae
and the cavy Galea tixiensis in the Pampas. At this same time, opportunistic species (e. g. Calomys spp.,
Oligoryzomys longicaudatus) showed a dramatic increase of their populations, especially in the most
extensively disturbed areas.
Discussion and conclusions: In the last 500 years, significant variations occurred in the micromammal
assemblages of southern South America. These changes included the dispersion and increase (in some
cases extensive) of some specialized species and the regional extinctions of others, involving hundreds to
thousands of kilometers of distributional extent. We suggest that the changes produced by livestock and
agriculture have caused extensive habitat uniformity which was beneficial for some opportunistic taxa (e. g.
Calomys spp., Oligoryzomys longicaudatus), facilitating their dispersion and allowing the increase of their
1
Unidad de Investigación Diversidad, Sistemática y Evolución, Centro Nacional Patagónico, Puerto Madryn.
Chubut, Argentina. E-mail: antheca@[Link] (PT); formoso@[Link] (AF); mtammone@[Link] (MT);
danieladetommaso@[Link] (DDT); juliomystorres@[Link] (JT); ulyses@[Link] (UFJP).
2
Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Ciencias Naturales y Museo. Cátedra de Anatomía Comparada, La Plata.
Buenos Aires, Argentina. E-mail: fernandezf77@[Link].
*Corresponding author
MICROMAMÍFEROS E IMPACTO ANTRÓPICO
populations. Anthropic disturbances also include the extensive use of fire, urbanization, and introduction
of exotic forbs and grasses. Of about 46 species rodents considered as Least Concern by the IUCN and
with fossil record for the last 500 years, 23 (50 %) have experienced drastic reductions in their range or
abundance during the Late Holocene. At least nine taxa are completely extinct, including one marsupial,
one bat and seven rodents. Similar phenomena are recorded in other areas of the Southern Hemisphere, both
in continental and island contexts. This evaluation of the fossil record highlights the need to evaluate more
carefully the status of some species with supposedly stable populations, but which are likely to be affected
by future extensive changes in their environments (e. g. mining, expansion of the agricultural frontier).
Resumen
Diversas evidencias sugieren que la actual configuración de las comunidades -i. e.
riqueza (número de especies) y diversidad (distribución de la abundancia de especies)- de
micromamíferos en el sur de América del Sur se habría generado en el período posterior
a la llegada de los europeos hacia 1500 AD. En este trabajo se revisa principalmente
el registro fósil para pequeños roedores y marsupiales en los últimos 500 años, con
énfasis en aquellos de la región Pampeana y la Patagonia. Esta evidencia se comparó
con registros actuales correspondientes a más de 700 muestras de egagrópilas de
estos mismos sectores geográficos. En una primera aproximación, se destaca que la
riqueza y diversidad de las comunidades de micromamíferos fue mayor en la etapa
previa al impacto antrópico más profundo, con una abrupta caída de ambos parámetros
hacia el presente. Se sugiere que las transformaciones producidas por la ganadería y
agricultura extensivas habrían provocado una uniformidad de hábitat beneficiosa para
algunos taxones oportunistas, facilitando su dispersión y permitiendo el incremento,
en algunos casos drástico, de sus poblaciones. En los últimos 500 años se registran
variaciones significativas en la distribución de otros taxones, que en algunos casos
implican extinciones locales involucrando cientos o miles de kilómetros. Sobre 46
especies de roedores consideradas como Preocupación Menor por la UICN y con
registro fósil para este segmento temporal, 23 (50%) han experimentado retracciones
en sus rangos de distribución o reducciones drásticas de su abundancia. Al menos
nueve taxones se habrían extinguido completamente en América del Sur, incluyendo
un marsupial, un quiróptero y siete roedores. Fenómenos similares se registran en
otras áreas del Hemisferio Sur, tanto en contextos continentales como insulares. Este
panorama pone de manifiesto la necesidad de evaluar más cuidadosamente la situación
de algunas especies con poblaciones consideradas como estables, pero susceptibles de
verse afectadas frente a nuevos cambios extensivos en los ambientes (e. g. megaminería,
expansión de la frontera agrícola), a juzgar por lo que indica el registro fósil.
Introducción
Hacia finales del Pleistoceno y principios del Holoceno (15-8 ka [1 ka = 1000 años])
se produjo la extinción masiva de numerosas especies de vertebrados, principalmente
mamíferos, muchas de las cuales superaban la media tonelada de peso (Haynes
2009). Las causas de este fenómeno permanecen todavía poco comprendidas, aunque
las principales hipótesis otorgan un papel preponderante a los cambios climáticos
posteriores al Último Máximo Glacial y al impacto de la expansión del hombre (e. g.
Cione et al. 2003; Borrero 2007; Haynes 2009; Barnosky y Lindsey 2010). Durante el
Holoceno, las poblaciones humanas cambiaron dramáticamente los patrones regionales
de biodiversidad a través de la sobreexplotación de recursos, la alteración de los hábitat
originales y la introducción de especies (e. g. Steadman y Martin 2003; Turvey et al.
2011).
Una de las consecuencias inmediatas de esta situación ha sido la extinción sostenida
y generalizada de plantas y animales. Para algunos autores, esta extinción representaría
la continuidad del proceso iniciado a finales del Pleistoceno y cuyos efectos han sido
más acusados desde el año 1500 AD (e. g. MacPhee y Flemming 1999; Turvey 2009).
Según las compilaciones más recientes disponibles, durante los últimos 10 ka se habrían
extinguido al menos 255 especies de mamíferos, de las cuales 90 desaparecieron en los
últimos cinco siglos (MacPhee y Flemming 1999; Turvey et al. 2011). La mayoría de las
especies desaparecidas eran habitantes de islas (> 70%) y, más de la mitad, roedores
menores a un kilogramo de peso (MacPhee y Flemming 1999; Turvey 2009).
Hacia finales del siglo XV se produce el arribo definitivo de los europeos al Nuevo
Mundo, producto de la continua exploración del Océano Atlántico con fines comerciales
(Céspedes del Castillo 2009). En los dos siglos posteriores ocurre el establecimiento de
las colonias, expansión y consolidación de las potencias mercantilistas europeas en
Sudamérica (Founier 1998; Céspedes del Castillo 2009). Esto marcó el inicio de una
serie de transformaciones económicas, tecnológicas, socioculturales y ambientales, que
se profundizaron con el advenimiento de la Revolución Industrial, entre los siglos XVIII
y XIX (Galeano 1971). El aumento demográfico sostenido y la necesidad creciente de
materias primas que trajo aparejada esta situación, actuó como disparador de cambios
sustanciales en los sistemas de cultivo, ganadería y estructura de la propiedad de la
tierra, que conjuntamente con el empleo de maquinarias, permitieron un aumento en
la productividad agropecuaria (Ghersa et al. 1998). El ingreso de Argentina en este
mercado ocurrió hacia la segunda mitad del siglo XIX y coincidió con una importante
oleada inmigratoria de colonos que ocuparon progresivamente el interior del país
(Ghersa et al. 1998). A nivel global, los últimos 500 años fueron escenario de cambios
climáticos significativos, incluyendo el período final de la Pequeña Edad de Hielo (PEH
[siglos XIV a XIX]) y, más recientemente, del sostenido aumento de las temperaturas
medias como consecuencia de la acumulación de gases de invernadero (e. g. Vimeaux
et al. 2009). El impacto de estos cambios sobre la biota es bien conocido, especialmente
para aves (Fraga 2003; Di Giacomo y Di Giacomo 2004; Codesido et al. 2011, 2012),
mamíferos mayores (Galliari et al. 1991; Medan et al. 2011) y la vegetación (Rapoport
1996). Evidencias acumuladas en las últimas dos décadas sugieren que las comunidades
de micromamíferos también cargan con el sello de estas modificaciones, acusando
cambios profundos en su estructura (e. g. Pardiñas 1998, 1999a, b; Teta et al. 2005;
UdrizarSauthier 2009; Fernández 2012; Pardiñas et al. 2012; Pardiñas y Teta 2013).
En este trabajo se revisaron algunas secuencias estratigráficas con fósiles de
micromamíferos de yacimientos ubicados en el cono sur de América del Sur, con énfasis
en aquellos de las regiones Pampeana y Patagónica de Argentina y en el segmento temporal
[Link] 9
MICROMAMÍFEROS E IMPACTO ANTRÓPICO
de los últimos 500 años. Los depósitos estudiados presentan acumulaciones de restos
de roedores cricétidos y caviomorfos y, en menor medida, marsupiales y quirópteros y
fueron generados básicamente por la actividad depredadora de búhos y lechuzas. En
una primera aproximación, se compararon las estructuras de las comunidades actuales
(i. e. los últimos 30 años) contra aquellas correspondientes al Holoceno más tardío (i. e.
< 1 ka) a través de dos parámetros sencillos: riqueza específica (i. e. número de especies
presentes en una muestra) y diversidad específica (i. e., distribución de la abundancia
de especies). Se puso especial atención en documentar retracciones distribucionales
significativas (en el orden de los cientos de kilómetros)y los casos conocidos de
extinciones biológicas.
En segundo lugar, se discutió el efecto que habrían tenido las modificaciones de los
ambientes en el contexto de las condiciones climáticas registradas para los últimos 500
años. Finalmente, se destacan las implicancias de los hallazgos realizados en términos
biogeográficos y de conservación y se contextualizan las evidencias con registros
similares para otras regiones del Hemisferio Sur.
de presas, su territorio de caza oscila entre 3 y 5 km² (Taylor 1994). Tyto alba es una
lechuza de hábitos crepusculares y nocturnos, que captura a sus presas principalmente en
ambientes abiertos; sus hábitos dietarios son oportunistas, alimentándose principalmente
de micromamíferos y otros pequeños vertebrados, cuyo tamaño promedio varía entre 10
y 360 g (Taylor 1994 ; Bellocq 2000). Las acumulaciones de elementos óseos y dentarios
que genera esta lechuza exhiben una baja modificación por corrosión digestiva y fractura
y una elevada representación de casi todas las piezas anatómicas (Andrews 1990). De
estas características pueden deducirse varios sesgos, que van desde la escala local de sus
conjuntos (por su radio de acción limitado) y la sub-representación de roedores diurnos
y/o grandes en tamaño corporal (> 250 g) hasta la sobre-representación de especies
pequeñas, solitarias y nocturnas y que ocupan ambientes abiertos y con elevada
exposición a la depredación (Pardiñas 2000). En América del Sur, sus principales presas
son los roedores sigmodontinos, algunos roedores caviomorfos y marsupiales pequeños
(Bellocq 2000; Pardiñas y Cirignoli 2002; Bó et al. 2007 y la literatura allí citada).
Al menos parcialmente, muchos de los sesgos indicados en el párrafo precedente,
pueden ser controlados si se comparan muestras fósiles y actuales producidas por las
mismas aves. Así, partiendo de la premisa de una invariancia de las conductas de
depredadores y presas durante el Holoceno (i. e. ni las lechuzas han cambiado sus
principales hábitos tróficos, ni los pequeños mamíferos han cambiado sus principales
pautas de conducta durante los últimos miles de años), los contrastes entre las
acumulaciones pretéritas y recientes pueden interpretarse confiablemente como reflejo
de variaciones ambientales.
Región Pampeana, sudeste de Buenos Aires. La evidencia disponible para esta región
incluye dos tipos de registro: yacimientos arqueológicos (Cueva Tixi y Divisadero Monte
6) y paleontológicos (Centinela del Mar; Fig. 1). En ambos casos, los estudios tafonómicos
sugieren que los restos de micromamíferos fueron ingresados básicamente por la acción
trófica de aves rapaces, aunque en Divisadero Monte 6 algunos roedores > 100 g (e. g.
Ctenomys, Caviidae) podrían haber sido incorporados para consumo humano (Silveira
et al. 2010).
El ensamble aquí considerado para Cueva Tixi corresponde a los restos de
micromamíferos recuperados en el “Estrato B” según los datos de NISP brindados por
Quintana (2001a: tabla 1). Este autor indica la presencia de dos marsupiales, ocho
cricétidos y tres caviomorfos para este nivel estratigráfico, con una cronología de 170 ±
60 ar AP (años radiocarbónicos antes del presente). Para Divisadero Monte 6 el detalle
del material estudiado corresponde a Teta et al. (2013: tabla 1), quienes indican un
[Link] 11
MICROMAMÍFEROS E IMPACTO ANTRÓPICO
ensamble conformado por 11 cricétidos con una edad de 540 ± 60 ar AP. A estos deben
agregarse un marsupial y dos caviomorfos de acuerdo a Silveira et al. (2010).
Para la región de Centinela del Mar consideramos dos depósitos, cuyos detalles más
significativos se anotan en Pardiñas (1999a; véase también Pardiñas y Tonni 2000).
El depósito cronológicamente más antiguo corresponde al relleno de una oquedad
formada a expensas de sedimentitas del tope de la secuencia estratigráfica; una datación
efectuada mediante acelerador de partículas sobre hemimandíbulas seleccionadas de
Reithrodon auritus brindó un fechado de 565 ± 50 años ar AP (AA30465), con edades
calibradas (± 1 sigma) en años calendario entre 526-632. Otra muestra corresponde a
una plataforma de erosión con relleno estratificado, que fue excavada en tres niveles
artificiales de tres cm de espesor cada uno. Un fechado por acelerador de partículas
sobre hemimandíbulas de R. auritus brindó 250 ± 65 años ar AP (AA30466), con un
rango 0-314 en años calendarios (± 1 sigma; Pardiñas 1999a). Ambos ensambles son
ricos en roedores cricétidos y, en menor medida, caviomorfos y marsupiales.
En los ensambles estudiados hay que distinguir tres situaciones ambientales: 1) Aquellos
emplazados en el ambiente serrano del sistema de Tandilia (Cueva Tixi). 2) Aquellos
en el ambiente costero del sudeste (Centinela del Mar), y 3) Aquellos emplazados
en el ambiente costero cercano a la Bahía de Samborombón (Divisadero Monte 6).
Esta diferenciación no es menor, ya que pueden existir características particulares
dependientes de estas situaciones ambientales (cf. Pardiñas et al. 2010a).
Globalmente, cualquiera de los ensambles del Holoceno tardío del sudeste
bonaerense se caracteriza por ser más rico en número de especies que sus contrapartes
actuales. Se registran varios casos de cricétidos extintos regionalmente: Bibimys torresi,
Pseudoryzomys simplex, Phyllotis sp., Eligmodontia sp. y Necromys lasiurus (Pardiñas
1995, 1999a, b). A estos se suman otros taxones que podrían estar representando
extinciones biológicas (e. g. el quiróptero Desmodus cf. D. draculae y el caviomorfo
Galea tixiensis; Pardiñas y Tonni 2000; Quintana 2001a). Por otra parte, al menos
Calomys spp. muestra un incremento dramático -también verificado en otras regiones
de la Pampasia (e. g. Pardiñas 1999a; Pardiñas et al. 2010a, b; González-Fischer et al.
2012; Fig. 1)- mientras que parece ocurrir algo similar, aunque a menor escala, con
Oligoryzomys flavescens en el ámbito serrano (Pardiñas 2000; Pardiñas et al. 2010a).
Patagonia noroccidental. El registro fósil para esta región corresponde casi por
completo a contextos arqueológicos. Por lo menos dos de éstos, las cuevas Traful I
(CTI) y Epullán Grande (LL), contienen secuencias razonablemente continuas para los
últimos 10 ka (Pardiñas y Teta 2013). Estos depósitos, además, están emplazados en el
Distrito Subandino (CTI) y el Distrito Occidental en un área de interdigitación con el
Distrito Oriental y el Ecotono Rionegrino del Monte austral (LL; para la definición de
las unidades fitogeográficas véase León et al. 1998; Fig. 2), y por lo tanto, podrían ser
ambientalmente representativos de dos unidades florísticas mayores (Fig. 2). En otros
yacimientos (e. g. Cueva y Paredón Loncomán, Cuevas Sarita I, II y IV, Casa de Piedra
de Ortega) las evidencias disponibles están limitadas al Holoceno tardío (e. g. Pardiñas
1999a; Pardiñas et al. 2005; Teta et al. 2005). En su mayoría se trata de acumulaciones
generadas por aves rapaces, aunque con un importante componente antrópico para los
roedores de mayor porte, especialmente Caviidae y Ctenomyidae (Pardiñas 1999a; Teta
et al. 2005).
Las secuencias de CTI y LL muestran que el conjunto de especies prácticamente
no cambió, tanto en términos de riqueza como diversidad, durante los últimos 10 ka,
contrastando en forma drástica con la estructura actual de los ensambles (véase abajo).
Dos hipótesis alternativas, aunque no necesariamente excluyentes, podrían explicar
esta situación de estabilidad comunitaria durante la mayor parte del Holoceno. Por un
lado, podría suponerse que los cambios climáticos ocurridos no tuvieron la magnitud
suficiente para provocar reorganizaciones significativas en las comunidades. Por el
otro, que las especies de pequeños mamíferos fueron resilientes, pese a la ocurrencia
de cambios ambientales, independientemente de la intensidad de los mismos (Pardiñas
1999a; Pardiñas y Teta 2013). En contraste con lo observado para el Holoceno, las
muestras actuales indican una reestructuración comunitaria profunda, que se traduce
en una acusada disminución de la diversidad, dada por la dominancia de unos pocos
taxones oportunistas y una pérdida general de sigmodontinos de tamaño mediano a
grande (Teta et al. 2005; Pardiñas y Teta 2013). En efecto, la riqueza varió de S = 14
(CTI) o 13 (LL) taxones hacia 0,5 ka a S = 8 y 12 para muestras actuales de esas mismas
regiones, respectivamente (Pardiñas y Teta 2013; Fig. 2). Los ensambles recientes están
signados por frecuencias elevadas de Abrothrix longipilis, A. olivacea y Oligoryzomys
longicaudatus en los ambientes arbustivos y ecotonales del oeste y por Eligmodontia
spp. hacia las estepas semiarbustivas orientales (Teta et al. 2005; Pardiñas y Teta 2013).
En algunos sectores, la suma de estos taxones supera el 70% del total de la comunidad
(Fig. 2). Al menos el marsupial Lestodelphys halli y el sigmodontino Euneomys mordax
han desaparecido local o regionalmente, contra sus registros durante buena parte
del Holoceno. Otras especies acusan disminuciones moderadas a drásticas en su
representación (e. g. Ctenomys sociabilis, Euneomys chinchilloides, Reithrodon auritus;
Fig. 2).
Patagonia central, valle del río Chubut. Para este sector se cuenta con registros para dos
sitios paleontológicos, ambos ubicados en el área de influencia del río Chubut: Lle Cul
[Link] 13
MICROMAMÍFEROS E IMPACTO ANTRÓPICO
y Alero Las Plumas (Pardiñas et al. 2000, Udrizar Sauthier 2009; Pardiñas et al. 2012;
Fig. 3). Ambos sitios fueron generados por la actividad depredadora de aves rapaces,
mayoritariamente T. alba.
Lle Cul se encuentra en el valle inferior del río Chubut; los restos estudiados
formaban parte del relleno de una grieta, sellada cuspidalmente por yeso. Una datación
radiocarbónica sobre el material postcraneano brindó una edad de 1830 ± 70 ar AP. El
ensamble de micromamíferos estaba integrado por seis roedores sigmodontinos, dos
caviomorfos, dos quirópteros y dos marsupiales, destacándose por sus abundancias
Calomys musculinus (35,2%) y Eligmodontia sp. (33,4%). Pardiñas et al. (2000) incluyen
una comparación con una muestra actual de egagrópilas de T. alba procedente de la
misma localidad y representativa de un año de muestreo (García Esponda et al. 1998).
Entre la muestra fósil y la actual se observa una drástica caída de la diversidad
específica, con una dominancia cercana al 95% para Calomys musculinus y la extinción
regional del marsupial Lestodelphys halli (Fig. 3).
Alero Las Plumas se ubica hacia el valle medio del río Chubut, habiendo sido recuperados
los restos a partir de un depósito unicomponente de 20 cm de espesor datado en 410 ±
80 ar AP. El ensamble estuvo integrado por 13 especies, con dominancia de Eligmodontia
sp. (56,6%) y Ctenomys sp. (17,9%). Las muestras actuales revelaron valores de riqueza
específica más bajos que en la muestra fósil: al menos cuatro sigmodontinos, Abrothrix
longipilis, Loxodontomys micropus, Notiomys edwardsii y Oligoryzomys longicaudatus
y 1 caviomorfo, Tympanoctomys kirchnerorum, se extinguieron localmente (Pardiñas
et al. 2012; Fig. 3). En líneas generales, la retracción de estos taxones parece tener
una componente oeste-noroeste, hacia contextos ambientales actualmente más fríos y
húmedos.
estratigráfica incluye siete capas, de las cuales la 4(1a) ha sido fechada en 890 ± 70 ar
AP [LP-288], estimándose el tope en 0,3 ka. Cerro Casa de Piedra 5 (CCP5) se ubica algo
al oeste de ADG, en una matriz que incluye elementos boscosos y ecotonales (Fig. 4). La
cronología para este sitio, donde también se reconocieron siete capas, se extiende entre
6780 ± 110 años ar AP (capa 7) y 2550 ± 90 años 14C AP (capa 1b). Para este trabajo,
se consideraron las capas que suprayacen a la 1b, referibles al Holoceno más tardío
(Pardiñas 1998, 1999a).
Las muestras más recientes para ambos yacimientos indican una riqueza de 10 a
11 especies, incluyendo 9-10 sigmodontinos y un caviomorfo. Si bien este número no
cambia para los conjuntos actuales, existen algunas diferencias significativas cuando
se consideran las frecuencias para cada especie (Pardiñas 1998, 1999a). El ensamble
del Holoceno tardío en ADG está dominado por Ctenomys cf. C. magellanicus (36,5%)
y Reithrodon auritus (14,9%). En fuerte contraste, las muestras de egagrópilas actuales
para este sitio señalan una dominancia de Abrothrix olivacea, con una participación
superior al 50%. Además, desaparece localmente Loxodontomys micropus y se verifica
una fuerte caída en la frecuencia de R. auritus (Pardiñas 1999a). A diferencia de lo
indicado para la Patagonia noroccidental, los valores para Euneomys chinchilloides no
muestran alteraciones a lo largo del Holoceno, incluyendo el momento actual (Fig.
4). El conjunto para CCP5, si bien es menos aplicable al segmento discutido en esta
contribución en términos cronológicos, muestra una situación comparable a ADG, con
un incremento reciente y dramático de A. olivacea y una caída en L. micropus. Para este
último sigmodontino, su frecuencia en las muestras actuales es casi 4 veces menor que
en las muestras arqueológicas (Pardiñas 1998, 1999a; Fig. 4).
En CCP5, hacia los 2,5 ka se registra el sigmodontino Abrothrix lanosa. Si bien esta
especie no se detecta en los ensambles del Holoceno más tardío, existe al menos un
registro obtenido por trampeo para finales del siglo XIX en el valle del río Tucu Tucu, ~70
km S del Parque Nacional Perito Moreno (Allen 1905). Muestreos recientes realizados
en esta región y el análisis de numerosas muestras de egagrópilas del noroeste de Santa
Cruz (Formoso 2013) han fallado en detectar a esta especie, que podría considerarse
como localmente extinta.
Patagonia Austral
Los restos de roedores estudiados para este sector provienen de tres yacimientos,
dos arqueológicos (Orejas de Burro 1, Cóndor 1) y uno paleontológico (Puesto Pali
Aike), emplazados hacia el extremo sudoriental de la provincia de Santa Cruz. Como
parámetro actual, se utilizaron cuatro muestras de egagrópilas que cubren esta misma
región (Pardiñas et al. 2011).
En las comunidades fósiles se registran 11 especies de roedores, pero sólo ocho en las
actuales. Tres especies, exclusivas de los ensambles holocénicos, hacen esta diferencia,
incluyendo a Abrothrix lanosa, Chelemys macronyx y Loxodontomys micropus. En
tanto se trata de taxones vinculados con ambientes forestados y ecotonales, parece
más probable que su presencia extra-limital se vincule con un pulso frío y húmedo, tal
como ha sido discutido por Pardiñas et al. (2011). En la actualidad, el ambiente está
dominado por una estepa graminosa semiárida, que acusa los efectos de más de 100
años de altas cargas ovinas. Llamativamente, tanto las muestras fósiles como actuales
[Link] 15
MICROMAMÍFEROS E IMPACTO ANTRÓPICO
están dominadas por las mismas especies, Abrothrix olivacea, Euneomys chinchilloides
y Reithrodon auritus (Pardiñas et al. 2011). Es decir, no parece haber habido cambios
sustanciales en las relaciones de dominancia, más allá del evidente impacto antrópico,
una situación que contrasta con la evolución de las comunidades en otras áreas de
Patagonia (véase arriba).
Discusión
Declinación y extinción en tiempo reciente. A juzgar por el registro fósil, la extinción
regional de pequeños mamíferos involucró retracciones sobre áreas más extensas en la
región Pampeana que en la Patagonia (e. g. Pardiñas 1999a, b; Pardiñas et al. 2010b;
Pardiñas et al. 2012; Fig. 5). En esta última, por el contrario, los cambios se tradujeron
más bien en una disminución de la diversidad antes que de la riqueza (véase arriba). Sin
embargo, en algunos sectores geográficos se registraron extinciones regionales, como
es el caso del curso medio del río Chubut, en la Patagonia central (Pardiñas et al., 2012)
o el sudoeste del Neuquén (Pardiñas y Teta 2013; Fig. 6). Para este último sector, la
extinción local de Ctenomys sociabilis se ha vinculado, además, con una disminución
de su diversidad génica (Chan et al. 2005, Chan y Hadly 2011).
Tanto en Pampa como en Patagonia, con unas pocas excepciones, la mayoría de las
extinciones de micromamíferos ocurrieron sobre poblaciones periféricas, un fenómeno
también advertido para los octodóntidos en Chile central (Saavedra y Simonetti 2003).
Si bien esta situación es esperable, dado que los márgenes de la distribución de una
especie se asocian con tamaños de población reducidos y hábitats sub-óptimos (Brown
1984), existen estudios con otros mamíferos que contradicen esta idea. Lomolino y
Channell (1995), con ejemplos de distintas partes del mundo, indicaron que el colapso
en el área de distribución de 23 de 31 especies de mamíferos de tamaño pequeño a
grande ocurrió desde el centro hacia la periferia. Si se aplica este escenario al caso
pampeano, esta bien podría ser la situación de las especies de Necromys (N. lasiurus
[Fig. 5] y N. obscurus) o de Monodelphis dimidiata, cuyas poblaciones actuales persisten
en áreas que resultan marginales a sus distribuciones históricas.
Para otras especies, si bien sus rangos de distribución han variado escasa o nulamente,
no puede decirse lo mismo de su abundancia. Un caso que ejemplifica esta aseveración
es el de Euneomys chinchilloides en el noroeste de la Patagonia. Durante más de 20
ka -esto es, desde el pico del Último Máximo Glacial- esta rata fue dominante en las
comunidades (Pearson 1987; Pearson y Pearson 1993; Pardiñas y Teta 2013; Tammone
et al. enviado), para casi desaparecer durante el Holoceno más tardío. Las causas de
este fenómeno, que preliminarmente podrían vincularse con el impacto antrópico en
la región, han sido discutidas por varios autores (e. g. Pearson 1987; Monjeau 1989;
Rebane 2002; Pardiñas y Teta 2013), aunque sus detalles distan de ser claros. Situaciones
menos dramáticas, pero igualmente notorias, son la disminución en la abundancia de
Reithrodon auritus en algunos sectores de Pampa y Patagonia y de Necromys spp. en
Pampa (e. g. Pardiñas 1999a; Galliari y Pardiñas 2000; Teta et al. 2005; Pardiñas y Teta
2013).
Turvey (2009) listó cinco especies de mamíferos que se habrían extinguido durante
el Holoceno más tardío en América del Sur continental, incluyendo un marsupial
(Cryptonanus ignitus [extinto hacia 1962]), un quiróptero (Desmodus cf. D. draculae
El auge de los oportunistas. Uno de los sellos distintivos de las comunidades actuales
de micromamíferos en las regiones Pampeana y Patagónica es que están dominadas por
una o dos especies de roedores sigmodontinos (e. g. Pardiñas 1999a; Teta et al. 2010,
González-Fischer et al. 2012). Hay un número definido de síntomas que caracterizan a
las situaciones de disturbio en los ecosistemas -y que se reflejan en la composición de
los ensambles- de los cuales los mejor documentados son la reducción en la riqueza,
reducción en el tamaño medio de los individuos y dominancia de especies oportunistas
(e. g. Gray 1989). Por lo general, la riqueza se reduce a expensas de la desaparición de
aquellos taxones más especializados y que no son capaces de adaptarse rápidamente a
los ambientes cambiantes (e. g. McKinney y Lockwood 1999, Devictor et al. 2008). Bajo
estas circunstancias, por el contrario, las especies oportunistas suelen verse favorecidas,
ya que encuentran condiciones propicias para aumentar sus poblaciones y expandirse.
Por lo general, las formas oportunistas tienen un tamaño pequeño y un elevado potencial
de reproducción, que les permiten transformarse rápidamente en elementos dominantes
(Gray 1989; McKinney y Lockwood 1999; Devictor et al. 2008).
[Link] 17
MICROMAMÍFEROS E IMPACTO ANTRÓPICO
¿Impacto antrópico o cambio climático? Distintos autores han vinculado los procesos
de extinción y declinación de micromamíferos en el sur de América del Sur en tiempos
históricos con el impacto de actividades de origen antrópico. Entre estas, las más
relevantes -por su extensión y potencial capacidad modificadora- fueron la introducción
de ganado, la quema de pastizales, la extracción de leña, la diseminación de malezas,
la conversión de los pastizales en agroecosistemas y la urbanización creciente (e. g.
Soriano et al. 1992; Ghersa et al. 1998; Morello et al. 2000). Las poblaciones de vacas
(Bos taurus) y caballos (Equus caballus) cimarrones se volvieron muy abundantes en los
campos de la Región Pampeana poco después de sus introducciones hacia mediados
del siglo XVI (Giberti 1986), ejerciendo efectos negativos sobre el suelo y la vegetación
(Rapoport 1996; Ghersa et al. 1998). Sin embargo, los cambios estructurales más
significativos ocurrieron hacia finales del Siglo XIX y primeros años del Siglo XX, con
la conversión extensiva de los pastizales naturales a cultivos de cereales y oleaginosas
(Ghersa et al. 1998). El impacto de estos cambios sobre la fauna ha sido repetidamente
destacado, incluyendo la virtual extinción de varios ungulados nativos y carnívoros
tope (Galliari et al. 1991). Teta et al. (2013) plantearon que el empleo de fuego, cuya
frecuencia se intensificó hacia la etapa ecuestre, habría sido un elemento determinante
en la reorganización de los ensambles, al menos en la Región Pampeana. La quema
de pastizales en este sector fue una constante durante los siglos XVII y XVIII, tal como
lo indican los relatos de viajeros y naturalistas (e. g. F. de Azara, C. Darwin). Aunque
poco sabemos experimentalmente sobre el potencial impacto de los incendios sobre las
comunidadesde micromamíferos pampeanos, los datos disponibles indican un efecto
negativo, especialmente sobre la riqueza y la densidad de individuos (Comparatore et
al. 1996). En ambientes sucesionales post-fuego en arbustales de Entre Ríos, Calomys
parece ser uno de los primeros colonizadores (Marconi 1988). Luego de incendios
en jarillales del monte en el nordeste del Chubut, Eligmodontia ha mostrado picos de
frecuencia (Osorio 2003) y una situación similar se ha planteado para el Monte de
Mendoza (Ojeda 1989).
[Link] 19
MICROMAMÍFEROS E IMPACTO ANTRÓPICO
[Link] 21
MICROMAMÍFEROS E IMPACTO ANTRÓPICO
En suma, la extinción regional y reciente de algunos taxones supone ciertos sesgos que
deberían ser considerados a la hora de elaborar esquemas taxonómicos y zoogeográficos.
El impacto de esta omisión no ha sido mensurado, pero a juzgar por los ejemplos antes
expuestos podría ser importante. Pardiñas et al. (2010a), en un análisis biogeográfico
de las comunidades de roedores sigmodontinos pampeanos, han argumentado que las
aproximaciones zoogeográficas efectuadas a partir de estos ensambles “artefactuales”
podrían traducirse en una dilución de las barreras o en relaciones espurias entre distintas
unidades. En el ejemplo de la Región Pampeana, la reputada pobreza de especies de
esta unidad florística ha sido usualmente atribuida a su situación ecotonal entre dos
grandes bloques faunísticos (Ringuelet 1960). Sin embargo, en realidad, bien podría
responder al deterioro profundo, extensivo y reciente de los ecosistemas y la consecuente
homogeneización de su biota (Rapoport 1996).
Figura 5. Distribuciones
recientes (sombreado
anaranjado) y fósiles
durante el Holoceno
tardío (puntos rojos)
para algunos taxones
de Sigmodontinae
en América del Sur
(compilado de varias
fuentes, véase el texto
para más detalle).
de la Región Pampeana es consistente con esta hipótesis, desde que en este bioma
se han perdido hasta seis especies en algunas localidades en los últimos 0,5 ka (e. g.
Pardiñas 1999a, 2000; Teta et al. 2013; Fig. 1, 5 y 6). En suma, la situación destacada
por Amori et al. (2013) y este trabajo plantean la necesidad de enfocar las estrategias de
conservación hacia áreas de pastizal y matorral o a los mosaicos entre estos ambientes
y áreas forestadas (véase también Emmons 2009).
Para muchas especies supuestamente extintas, se requieren nuevos trabajos de
campo que permitan confirmar o descartar esa hipótesis. Además, son necesarias
aproximaciones novedosas que contribuyan a despejar la incertidumbre taxonómica
que rodea a algunos de estos taxones. Por ejemplo, Galea tixiensis se erige como una
especie extinta propia del sistema serrano de Tandilia, en el sudeste de la provincia
de Buenos Aires (Quintana 2001b). Aparentemente, este cávido habría mantenido
poblaciones importantes durante todo el Holoceno, a juzgar por la secuencia del sitio
Cueva Tixi, para declinar y desaparecer con un último registro hace ~170 ar AP. En su
lugar hoy día habita la región -y extensivamente en la Argentina- Galea leucoblephara.
Sin embargo, son necesarios nuevos estudios que permitan, por un lado, discutir si los
rasgos morfológicos propuestos como diagnósticos de G. tixiensis son definitorios de
estatus específico o si son simplemente variaciones dentro de G. leucoblephara. Por
el otro, también sería conveniente un relevamiento extensivo de las sierras de Tandilia
destinado a la detección de potenciales poblaciones relictuales de G. tixiensis. Una
situación similar se plantea con respecto a Cryptonanus ignutus, que para algunos
autores podría constituir un sinónimo de C. chacoensis (Voss et al. 2005).
La extinción biológica de una especie representa el punto final de una larga secuencia
de declinaciones poblacionales y extinciones locales (Collen et al. 2011). Por lo tanto,
comprender las causas que guían estos procesos constituye un paso imprescindible en la
elaboración de planes adecuados de manejo y conservación. Por ejemplo, desconocemos
cuantas especies están pagando todavía su “deuda de extinción” (e. g. Jackson y Sax
2010; Kuussaari et al. 2010; Hylander y Ehrlén 2013), especialmente en ambientes que
han sido profundamente alterados. Del mismo modo, tampoco sabemos cómo pudo
haber influido en este proceso la regulación “desde arriba” que ejercían depredadores
mayores, como el puma o el yaguareté, sobre los depredadores medianos o menores,
como zorros o zorrinos. El relajamiento de los niveles medios de las cadenas tróficas
-ante la ausencia de grandes depredadores- pudo haber influido negativamente sobre las
poblaciones de roedores, tal como ha sido demostrado a escala ecológica (e. g. Johnson
et al. 2006 para Australia). A esto debe sumarse la presencia de perros cimarrones (Canis
familiaris), cuya abundancia durante los siglos XVIII y XIX fue destacada por distintos
autores (e. g. Gibson 1908; MacCann 1939) y que seguramente hayan ejercido un efecto
negativo sobre la fauna. La perspectiva que ofrecen los estudios de conjuntos fósiles y
arqueológicos resulta promisoria en este sentido, aportando evidencias en un rango
temporal más extenso que los usualmente considerados (e. g. Terry 2010). El hallazgo
y estudio de nuevos yacimientos es indispensable para seguir sumando elementos, a la
vez que es necesario un conocimiento más completo de las comunidades actuales.
Estudios realizados en Australia sugieren que numerosas especies de micromamíferos
no sólo han sufrido declinaciones severas en su distribución y abundancia, sino que
también se habría contraído el nicho que ocupaban. En efecto, hay taxones que
[Link] 23
MICROMAMÍFEROS E IMPACTO ANTRÓPICO
Figura 6. Extinciones
recientes (últimos 500
años) de mamíferos en
América del Sur y su
cronología (compilado
de varias fuentes, véase
el texto para más detalle).
Las áreas sombreadas de
amarillo en el cono sur
señalan sectores en los
que se han detectado
una o más extinciones
locales de especies.
Conclusiones
Esta contribución revela que durante los últimos 500 años se produjeron cambios
significativos en los ensambles de micromamíferos del sur de América del Sur. Estos
[Link] 25
MICROMAMÍFEROS E IMPACTO ANTRÓPICO
Agradecimientos
Esta contribución es el resultado de más de una década de estudios, que incluyeron la
participación, tanto en el campo como en el gabinete, de numerosas personas. Entre
aquellas que han estado más largamente vinculadas con las tareas deseamos agradecer
a A. Bernardis, D. Podestá, D. Udrizar-Sauthier y P. Wallace. Hacemos extensivo nuestro
reconocimiento a R. Owen (y a través de él, a S. T. Álvarez), por invitarnos a participar
de este volumen especial y por sus comentarios, que junto con los de tres evaluadores
anónimos, contribuyeron a mejorar este manuscrito. El soporte económico fue provisto
por los proyectos de investigación PIP (CONICET) 6179, Grant 7813-05 (National
Geographic Society) y PICT 2008, #0547 (ANPCyT).
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Mastozoologia Neotropical 11:69–80.
[Link] 35
MICROMAMÍFEROS E IMPACTO ANTRÓPICO
Apéndice 1
Abreviaturas utilizadas en las Figs. 1-4:
Aa = Akodon azarae; Ai = Akodon iniscatus; Al = Abrothrix longipilis; Ala = Abrothrix
lanosa; An = Akodon neocenus; Ao = Abrothrix olivacea; Bt = Bibimys torresi; Ca =
Calomys spp.; Cm = Chelemys macronyx; Ct = Ctenomys spp.; El = Eligmodontia spp.; Eu
= Euneomys spp.; Gg = Graomys griseoflavus; Gl = Galea leucoblephara; Gv = Geoxus
valdivianus; Hb = Holochilus brasiliensis; It = Irenomys tarsalis; Lh = Lestodelphys halli;
Lm = Loxodontomys micropus; Ma = Microcavia australis; Md = Monodelphis dimidiata;
Ne = Notiomys edwardsii; Nl = Necromys lasiurus; No = Necromys obscurus; Ob =
Octodon bridgesii; Of = Oligoryzomys flavescens; Ol = Oligoryzomys longicaudatus;
Or = Oxymycterus rufus; Ph = Phyllotis sp.; Ps = Pseudoryzomys simplex; Px = Phyllotis
xanthopygus; Ra = Reithrodon auritus; Sa = Scapteromys aquaticus; Tb = Tadarida
brasiliensis; Tk = Tympanoctomys kirchnerorum; Tp = Thylamys pallidior
Akodon simulator LC - - -
Aulyscomys sublimis LC - - -
Calomys boliviae LC - - -
Calomys lepidus LC - - -
Cavia aperea LC - - -
Continúa...
Continúa...
Galea leucoblephara LC - - -
Irenomys tarsalis LC - - -
Microcavia australis LC - - -
Oligoryzomys brendae DD - - -
Oxymycterus rufus LC - - -
Phyllotis xanthopygus LC - - -
[Link] 37
MICROMAMÍFEROS E IMPACTO ANTRÓPICO
Continúa...
Scapteromys aquaticus LC - - -
Introduction: Local participation, be it passive or active, has had variable degrees of success in long-term
conservation processes. We describe an alliance in the Bolivian Gran Chaco between indigenous people—
seeking land and resource rights, and improved livelihoods—and a conservation organization—pursuing
biodiversity and wildlife conservation—that successfully proposed, and subsequently managed, a vast
national park comprising one of the best preserved and most extensive areas of tropical dry forest in the
world. We explain the geographical, political / social and biological contexts (relative to mammals) of this
partnership in order to encourage collaboration elsewhere in Latin America.
The Gran Chaco’s varied habitats support a diversity of unique species, but like other tropical dry forests,
it is suffering severe pressure from the expansion of industrial agriculture and hunting. Created in 1996,
the Kaa-Iya National Park covers 34,000 km2 in Bolivia. Extensive and participatory ecological and socio-
economic studies, combined with an intense consultation process, resulted in a zonification that provides
areas for agriculture and resource exploitation by private land-owners and by indigenous peoples—Ayoreode,
Chiquitano, and Isoseño-Guaraní—neighboring the park. Subsequent participatory research and training in
the park and on neighboring indigenous communal lands established a cadre of indigenous “parabiologists.”
Discussion and conclusions: A successful partnership must recognize that the interests or general objectives
of the actors may vary, explicitly identify common ground, and collaborate to promote objectives that
coincide or that complement each other. Through participatory research and formal training activities
(including an 8 month, 13 module certification program), the parabiologists developed their own research
projects, analyzed data they had collected, presented the results to their communities and wider audiences,
and worked with the communities to manage and conserve wildlife resources and communal lands.
Several have become leaders of their communities and directed local development projects. The benefits
of participatory conservation and alliances between indigenous peoples and conservation organizations
therefore far exceed the immediate outcomes of databases and publications on wildlife, providing technical
and human resources as well as personal trust and institutional collaboration mechanisms as a base for
long-term landscape conservation. Nevertheless continuity depends on action and financial support, and
1
Fundación Gente y Conservación, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. E-mail erika.cuellar71@[Link] (EC)
2
Department of Geography, 3141 Turlington Hall, P.O. Box 117315, Gainsville, Forida 32611. Estados Unidos de Norte
America. E-mail [Link]@[Link] (AJN)
*Corresponding author
CONSERVACIÓN EN BOLIVIA
partners must strive to develop new allies that include in the Kaa-Iya case local and national government
entities, private landowners, and business such as the natural gas industry.
Key words: Bolivia, Gran Chaco, indigenous people, tropical dry forest, parabiologist.
Resumen
La participación local en los procesos de conservación, sea esta pasiva o activa, ha tenido
resultados de éxito variables. Está claro que una alianza exitosa entre actores depende
principalmente en reconocer que los intereses u objetivos generales pueden variar. A
manera de ilustrar este enfoque de alianzas entre actores locales y conservacionistas
presentamos la experiencia en una parte del Gran Chaco boliviano. Explicamos los
contextos geográfico, político/social, y biológico (referido a mamíferos) de esta alianza
de trabajo entre un pueblo indígena y un grupo conservacionista que proponía la
protección del área de bosque seco tropical mejor conservado y más extenso del mundo.
La estructura de trabajo dentro del contexto del estudio de los mamíferos incluyó
esfuerzos para documentar la situación del guanaco chaqueño Lama guanicoe;
investigación sobre ecología del jaguar Panthera onca y sus presas; conservación y uso
de especies paisaje (incluyendo el endémico pecarí chaqueño Catagonus wagneri);
resolución de conflictos entre humanos y vida silvestre; esfuerzos para entender los
cambios estructurales en el paisaje realizando estudios en ecología del fuego; y finalmente
el desarrollo de esfuerzos binacionales (Bolivia-Paraguay) para el relevamiento de
mamíferos y el entrenamiento de parabiólogos.
Palabras clave: Bolivia, bosque tropical seco, Gran Chaco, parabiólogo, pueblo indígena.
Introducción
La participación local en los procesos de conservación y desarrollo se ha caracterizado
por ser pasiva o llevada a una “auto-movilización” de los actores locales (Pimbert y Pretty
1994). Está claro que en los procesos de conservación se han intentado muchas formas
de alianza entre diferentes actores locales; dichos intentos han tenido resultados de éxito
variables. Aparentemente, una alianza exitosa entre actores depende principalmente en
reconocer que los intereses u objetivos generales pueden variar. Sin embargo, se pueden
encontrar áreas de solapamiento para colaborar entre diferentes actores y así generar
ciertos beneficios comunes (Redford y Fearn 2007). A manera de ilustrar este enfoque
de alianzas entre actores locales y conservacionistas (Castillo et al. 2006), se resume a
continuación los hechos en tres grandes temas (contexto geográfico, contexto político/
social, contexto biológico) de la experiencia de trabajo entre un pueblo indígena cuyo
objetivo era consolidar su territorio ancestral, protegiendo la fuente de sus recursos
de caza y pesca, y un grupo conservacionista que proponía la protección del área de
bosque seco tropical mejor conservado y más extenso del mundo.
Los tres contextos mencionados se pueden resumir en una combinación de factores
que describiremos en este trabajo. Sugerimos tomar en cuenta esta experiencia dado
que la misma podría ser adaptada y aplicada en diferentes países de América latina,
para lograr objetivos de integración de actores locales y conservación de los recursos
naturales a largo plazo.
Contexto geográfico. Los bosques tropicales secos forman uno de los biomas más
amenazados del mundo (Redford et al. 1990; Janzen 2002). El Gran Chaco Americano
es una región que abarca más de 1.000.000 de km2 en el centro de América del Sur
y se extiende en territorios de cuatro países: Argentina (62,19%), Paraguay (25,43%),
Bolivia (11,61%) y Brasil (0,77%). Posee un amplio gradiente climático y características
geológicas únicas que generan una gran diversidad de ambientes: extensas llanuras,
sabanas secas e inundables, esteros, bañados, salitrales, y una gran extensión y diversidad
de bosques primarios y secundarios. Todo esto se traduce en una alta diversidad de
especies que hacen del Chaco un área clave para la conservación (Morello y Saravia-
Toledo 1959). Sin embargo, grandes extensiones de bosque chaqueño han sido
destruidos o degradados como consecuencia a las presiones económicas, especialmente
en Argentina y Paraguay (Morello y Saravia-Toledo 1959; Morello y Hortt 1985; Schofield
y Bucher 1986; Hansen et al. 2013).
Afortunadamente y gracias a la alianza entre actores locales (Capitanía del Alto y
Bajo Isoso, CABI) y conservacionistas (Wildlife Conservation Society, WCS) se logró la
creación del Parque Nacional Kaa-Iya cuya área es de 34.000 km2. Con el decreto
promulgado se protegió el 22% del Chaco boliviano, y una de las representaciones de
bosque tropical seco más grandes del mundo. Además, contiene una alta diversidad
biológica incluyendo especies endémicas. A su vez, este área protegida es fuente
de recursos para tres grupos étnicos autóctonos: Guarani-Isoceños, Chiquitanos y
Ayoreodes; es parte de las jurisdicciones de cuatro municipios; y colinda con la frontera
norte del Paraguay (Taber et al. 1997). Con una población humana casi inexistente que
incluye apenas un grupo de Ayoreodes en aislamiento voluntario y unos pocos puestos
ganaderos y militares, virtualmente sin caminos de acceso, el Kaa-Iya es una de las
últimas grandes áreas silvestres del mundo (Noss et al. 2002).
La declaración original del parque incluye un área de protección estricta y tres áreas
de manejo integrado, este / norte / oeste, anticipados como áreas de aprovechamiento de
parte de los pueblos indígenas presentes en la zona. Sin embargo, en base a las extensas
investigaciones ecológicas y socio-económicas en el campo y la amplia participación, el
Plan de Manejo del Parque Nacional Kaa-Iya describe y demarca una zonificación actual
que permite varios niveles de uso de recursos naturales en diferentes porciones del área
protegida (Navarro y Fuentes 1999; Castillo et al. 2006); siguiendo las zonificaciones
previas del Proyecto Kaa‑Iya/SERNAP (2000, 2001): 1) Zonas de amortiguamiento
externas: para absorber impactos en secciones frágiles del área protegida. 2) Zonas
de uso intensivo extractivo: actividades productivas consistentes con el desarrollo
sostenible, sujetos a un control y reglamentación estricto; investigación científica
(ecología del fuego, forrajes naturales, hidrología, limnología, acuíferos, evaluación de
recursos de fauna); ganadería extensiva sostenible, mejoramiento de forrajes naturales;
cacería, pesca y recolecta de subsistencia; monitoreo; uso público con ecoturismo y
educación ambiental. 3) Zonas de uso extensivo extractivo: aprovechamiento y manejo
de recursos naturales, a través de la extracción y recolecta regulada de productos
naturales (madera de construcción, postes, leña, cacería y pesca de subsistencia por
parte de pueblos indígenas); investigación científica aplicada al manejo y monitoreo
de recursos naturales; ecoturismo de bajo volumen y educación ambiental. 4) Zonas de
[Link] 41
CONSERVACIÓN EN BOLIVIA
uso extensivo no-extractivo: protección del ambiente natural con un mínimo de impacto
humano, con actividades limitadas a la investigación científica, monitoreo y ecoturismo
controlado.
Contexto institucional. Durante los años 1980, cuando los gobiernos de Bolivia y
Alemania acordaron diseñar e implementar un Plan de Protección de Recursos Naturales
para el departamento de Santa Cruz, la organización líder CABI, representando al
pueblo indígena mayoritario, demandó la tenencia de territorio en el Gran Chaco, bajo
la propuesta de creación de un área protegida respondiendo a la visión de que este
área aseguraría la sobrevivencia de los pueblos originarios del Chaco. La propuesta fue
basada en la idea de promover alternativas a las actividades productivas que dominaban
la economía regional como la agricultura y la ganadería extensiva (Arellano 2003).
La idea de las actividades alternativas estuvo basada en el desarrollo económico, el
mismo que preveía dos preocupaciones principales (Winer 2003): 1) que el crecimiento
económico sea equitativo; 2) que el crecimiento económico no acarreara un alto costo
medioambiental, definido como deforestación, degradación de suelos, destrucción de
hábitats de especies clave. Finalmente en 1997 la demanda de territorio fue aprobada
bajo la propuesta de la creación del Parque Nacional Kaa-Iya. El parque fue declarado
el primer área protegida en las Américas co-gestionado entre el gobierno central y un
pueblo indígena (Taber et al. 1997). La coadministración del área protegida por la CABI
tuvo un periodo de duración de 10 años. Además, en el contexto de gobernanza e
institucionalidad, la participación activa de los pueblos en la administración de las áreas
protegidas en Bolivia se lleva a cabo mediante la activación del Comité de Gestión del
área protegida. El comité de gestión es el órgano representativo de la población local
que participa en la planificación y coadyuva en la fiscalización de la gestión del área
protegida (el Parque Kaa-Iya en este caso).
El reto luego de la creación del área protegida fue dar trascendencia a un logro
puramente político, para darle un manejo científico y administrativo. Este objetivo
culminó en la elaboración del “Proyecto Kaa-Iya”, conjuntamente implementado desde
1997 hasta 2003 por CABI y WCS con el apoyo monetario de la United States Agency
for International Development (USAID/Bolivia). Uno de los objetivos fundamentales
de la CABI, en el contexto del Proyecto Kaa-Iya, fue promover la formación técnica
de pobladores locales en las diferentes áreas (recursos naturales, educación ambiental,
fortalecimiento institucional) de trabajo de dicho proyecto. Esto se tradujo en la idea de
contar con “parabiólogos” (dentro del área de recursos naturales) modificando la idea de
Daniel Janzen en Costa Rica con los “para-taxónomos” (Janzen 2004). Los parabiólogos
en este caso son indígenas de la región del Chaco, elegidos por sus comunidades.
Son conocedores de la realidad local (biológica y social) de sus zonas de vida. Siendo
usuarios de los recursos naturales, mayormente cazadores y pescadores, los parabiólogos
son personas óptimas para recibir entrenamiento en técnicas específicas en la colecta
de datos científicos dado el conocimiento nato sobre historia natural y su rol dentro de
la sociedad que representan. Dentro de este enfoque de conservación, investigación y
participación local, la alianza CABI/WCS ha trabajado activamente en el Chaco cruceño
por más de una década, y durante este tiempo logró:
Estudios sobre especies amenazadas. Entre los mamíferos, las especies amenazadas
según criterios internacionales de la Unión Internacional para la Conservación de
la Naturaleza (UICN 2010) y nacionales de Bolivia (Aguirre et al. 2009) incluyen
el guanaco chaqueño Lama guanicoe, el jaguar Panthera onca, el solitario o pecari
chaqueño Catagonus wagneri, y el pejichi o armadillo gigante Priodontes maximus. A
[Link] 43
CONSERVACIÓN EN BOLIVIA
nivel local, se acordó una veda indefinida desde 2005 para dos especies en peligro de
extinción, el guanaco y el solitario (Barrientos y Cuéllar 2009).
por la vaca, aunque solo algunas especies fueron encontradas con mayor frecuencia
que otras. Mediante un análisis de similaridad (ANOSIM) basado en la frecuencia de
especies notamos una separación muy clara a nivel de las especies consumidas (r = 0.52,
P = < 0.0001), así como también a nivel de grupos ecológicos (gramíneas, suculentas,
herbáceas, trepadoras, y arbóreas) (r = 0.3312, P = <0.001). Las especies consumidas
por guanacos (29 muestras) fueron principalmente: Urvillea chacoensis (trepadora;
100%), Ximenia americana (arbórea; 86%) y Celtis chichape (arbórea), Angelphyton
pseudosilphioides (herbácea), y Aristida mendocina (gramínea; 83%) cuya distribución
de esta última se ha reducido en un 95% en los últimos 40 años (Pinto 2005). Por otro
lado, las especies consumidas por vacas (25 muestras) fueron principalmente: Chloris
castilloniana (gramínea; 100%), seguida por la especie arbórea colonizadora de las áreas
abiertas Pithecellobium chacoense (96%), y luego Agonandra sp., A. pseudosilphioides,
y U. chacoensis (las tres especies 80%).
Basados en un periodo de 10 años sugerimos que ha habido una retracción en
la distribución del guanaco y esto ha venido ocurriendo en los últimos años debido
probablemente a la perdida de hábitat, traducido a perdida de zonas abiertas dominadas
principalmente por la gramínea A. mendocina. Adicionalmente, la cacería furtiva ha
sido otro de los factores que podrían haber causado la reducción de la población. Sin
embargo, en el año 2001 y gracias a la presencia casi permanente de parabiólogos en
la zona, y de su comunicación constante con los dueños y encargados de estancias,
logramos proteger la población de guanacos de la presión por parte de cazadores furtivos.
La única población de guanacos en Bolivia se encuentra vinculada con la
recientemente confirmada población Paraguaya de guanacos (Villalba 2004). Ambas
poblaciones son pequeñas y fragmentadas, y por lo tanto altamente vulnerables. Es
por esto último que desde el año 2001 y hasta el presente intentamos fortalecer los
vínculos con las instituciones y profesionales socios en Paraguay. Además, empezamos
a trabajar con ganaderos para asegurar que sus alambrados no aislaran a los grupos
entre sí, o que no impidieran los desplazamientos estacionales o dispersión de juveniles,
manteniendo corredores viables. Sin embargo, el mantenimiento de alambrados es vital
para contener al ganado en potreros y evitar que el ganado utilice zonas dentro del
parque. Los parabiólogos Isoseño-Guaraní fueron clave para el éxito en el Paraguay:
ellos lideraron los trabajos de campo en Bolivia, y dado que hablan el mismo idioma
que en las comunidades indígenas paraguayas tuvieron una excelente aceptación en la
porción paraguaya de la distribución del guanaco. Los parabiólogos han identificado
las amenazas principales y desarrollado respuestas prioritarias a esas amenazas.
Fueron parte fundamental en el programa de conservación del guanaco en la porción
boliviana, habiendo también compartido sus esfuerzos y éxitos en congresos regionales
e internacionales de manejo de fauna (Segundo 2007). Además, los dirigentes Isoseños
y la comunidad Isoseña más cercana al área de distribución del guanaco (Isiporenda)
han manifestado reiteradas veces su intención de crear una reserva comunitaria para
proteger a los guanacos, una vez completada la titulación de las tierras comunales y
privadas colindando el área protegida en el 2005. Esto último aún no se ha concretado,
sin embargo siguen las negociaciones cada vez que cambian las autoridades en el
municipio al cual pertenecen las comunidades de Isoso (Cuéllar et al. 2005).
[Link] 45
CONSERVACIÓN EN BOLIVIA
[Link] 47
CONSERVACIÓN EN BOLIVIA
Estudios sobre especies importantes para el consumo local. Estas especies son prioridad
más del lado comunitario—de las comunidades isoseñas y de la CABI—por sus aportes
de subsistencia y comercial. El interés comunitario compartido con los conservacionistas
es el de asegurar el uso sostenible a largo plazo de este recurso. Entre los mamíferos,
las especies más importantes incluyen los ungulados (la urina -Mazama gouazoubira,
el taitetú o pecarí de collar Pecari tajacu, el tropero o pecarí de labios blancos Tayassu
pecari, y el anta o tapir Tapirus terrestris) y los armadillos (el tatú mula o tatú de nueve
bandas Dasypus novemcinctus, el peji o armadillo de seis bandas Euphractus sexcinctus,
el tatú pecho amarillo Chaetophractus villosus, el tatú llorón C. vellerosus, y el corechi
o tatú bola Tolypeutes matacus) (Cuéllar 2000b).
El programa de investigación y manejo comunitario de fauna en la zona de Isoso
se inició en el 1996 con la participación de cazadores y un equipo de parabiólogos
Isoseños.
Con el fin de generar información sobre las poblaciones de fauna en la zona y sobre
la cacería de subsistencia y comercial, se aplicaron las siguientes metodologías: el auto-
monitoreo de cacería, análisis de datos de cacería, el monitoreo de fauna por transectas,
el monitoreo de fauna mediante registro de huellas en parcelas, y conteos mediante
batidas y muestreos sistemáticos con trampas-cámara. Estos datos se analizaron a través
de modelos para evaluar la sostenibilidad de la cacería de subsistencia, y se discutió en
las comunidades los resultados técnicos en relación a sus creencias y conocimientos
tradicionales para generar y aplicar propuestas y medidas de manejo con el fin de
asegurar el uso sostenible de la fauna. Los parabiólogos lideraron varios aspectos del
programa: el trabajo con los cazadores de sus respectivas comunidades, la toma de datos
en transectas, el análisis de datos, actividades de educación ambiental, y las discusiones
tomadas con las comunidades (Noss et al. 2005).
En el auto-monitoreo de cacería participaron en total más de 700 cazadores (entre
100 y 350 cada año) y 33 puestos ganaderos aportando datos sobre especies cazadas
(sexo, peso, estado reproductivo, y edad aproximada), lugares de cacería, esfuerzo (horas
o días, con qué arma, con o sin perros). En total se cazan 29 especies de mamíferos,
pero las más importantes en biomasa y número de presas son las cuatro especies de
ungulados y las cinco especies de armadillos mencionados arriba. Solo entre 2002-
2007 los registros suman más de 7.000 ungulados y armadillos (Noss 1998, 1999;
Cuéllar 2000a; Noss 2000; Noss et al. 2003a).
Adicionalmente, registramos de forma mensual la actividad de los cazadores
“potenciales” (jóvenes y hombres adultos) para definir la proporción de cazadores
activos participando en el programa de auto-monitoreo, y así extrapolar la cosecha
total en Isoso según los datos reportados por los cazadores voluntarios. A través de los
mismos datos se estimó un índice de “capturas por unidad de esfuerzo” (catch per unit
effort - CPUE), dividiendo el total de capturas por especie entre el número de cazadores-
meses. Estimamos que 2/3 de los cazadores activos participaron en el sistema de auto-
monitoreo (Noss et al. 2003a; Cuéllar et al. 2004; Noss et al. 2004a; Noss et al. 2005;
Noss et al. 2008). Además los cazadores aportaron cráneos, muestras estomacales y
tractos reproductivos para describir la estructura poblacional, dieta, y reproducción
de algunos mamíferos respectivamente. En el caso de los ungulados, especímenes de
cráneos permitieron determinar la edad de los animales cazados en base al desgaste
dental (Maffei 2000, 2001, 2003, 2004; Rojas-Suárez y Maffei 2004), generar claves de
desgaste dental para urina, taitetú, tropero y anta; establecer la relación entre el desgaste
observado y la edad según los anillos dentales; y analizar cráneos provenientes de la
cacería en Isoso para detectar si hubo cambios en la distribución de edades.
La urina y el taitetú fueron los ungulados más cazados, pero el número de animales
cazados se mantiene en el tiempo y se los encuentra cerca de las comunidades. En
general los datos de abundancia (según batidas, trampas cámara, y huellas) coinciden,
sugiriendo un uso sostenible de las mismas. Las antas y los troperos, por su lado, son
presas menos comunes, y no se encuentran durante todo el año, además son menos
abundantes en áreas con cacería (Cuéllar y Noss 1997; Noss y Cuéllar 2000; Noss et
al. 2003a; Noss et al. 2006). Los modelos estándares para evaluar la sostenibilidad
de la cacería, comparando el estado de las poblaciones de fauna (su abundancia y
productividad en su hábitat natural) con el uso de las mismas especies por parte de
pobladores locales, también indican que la cacería de urinas y de taitetús en Isoso es
sostenible. Los mismos modelos y las observaciones de los cazadores Isoseños sugieren
una sobre-explotación de anta y de tropero en Isoso (Noss 2000; Noss y Cuellar 2008).
El uso actual para fines de subsistencia aparentemente es sostenible para las cinco
especies de armadillos, con la excepción de T. matacus y, posiblemente, C. vellerosus.
Dentro de las cinco especies de armadillos reportadas, T. matacus es la especie cazada
con mayor frecuencia. Esto último sumado a que tiene la productividad más baja de
todos los armadillos (una cría por gestación), y una estrategia de defensa que puede ser
[Link] 49
CONSERVACIÓN EN BOLIVIA
Estudios sobre recuperación de hábitats. Dado que más de la tercera parte de los tres
millones de hectáreas que conforman el parque Kaa-Iya han sido afectadas más o menos
recientemente por el fuego, este tema fue motivo de estudios de cara a la elaboración del
plan de manejo del área protegida en el 2001. Conformamos un equipo multidisciplinario
con el objetivo de crear una línea base de información que nos permitiese entender
la dinámica de los ecosistemas influenciados por el fuego con relación a la diversidad
actual (Navarro 2002). Este estudio de ecología del fuego evaluó la diversidad biológica
en zonas afectadas, así como la capacidad de producción ganadera en estas áreas,
tomando en cuenta el fuego como potencial herramienta de manejo. Con relación a
mamíferos, el rol del fuego estuvo relacionado directamente al área de distribución del
guanaco. Según las encuestas realizadas los cazadores indígenas usaban históricamente
el fuego en el Chaco para mantener formaciones de sabanas y facilitar la cacería. Los
ganaderos utilizan el fuego para promover el crecimiento y rebrote de pastos para el
ganado. Sin embargo, tanto comunidades indígenas como ganaderos están perdiendo
su conocimiento tradicional del uso del fuego para manejar ecosistemas y aumentar
su biodiversidad y productividad. El estudio de la ecología del fuego busca recuperar
prácticas tradicionales, optimizar la producción de ganado, entender las respuestas de
la fauna y de los ecosistemas chaqueños al fuego, en particular las relaciones entre el
fuego y la conservación de guanacos, para así generar propuestas de conservación y
monitoreo a largo plazo.
[Link] 51
CONSERVACIÓN EN BOLIVIA
ambiental" del proyecto. Este último punto tuvo el objetivo de difundir las actividades
de investigación/conservación llevadas a cabo por los parabiólogos y con esto crear
vínculos con actores y organizaciones gubernamentales locales.
Los parabiólogos también participaron activamente del esfuerzo transfronterizo de
conservación entre Paraguay y Bolivia a través de CABI/WCS y Fundación DesdelChaco.
Este acuerdo resulto en: a) la producción de un mapa de vegetación para la región
abarcando estos dos países (Navarro 2002); b) un acuerdo para complementar estudios
socioeconómicos comparativos; c) estudios complementarios y comparativos para el
guanaco; y d) la creación de un área protegida contigua al Parque Kaa-Iya en Paraguay.
Una prueba de éxito del periodo de capacitación de parabiólogos fue el hecho de
la participación activa en congresos internacionales presentando los resultados de sus
propias investigaciones. Esto aseguró el sentimiento de apropiación en el proceso de
investigación y conservación realizado.
Como parte de sus responsabilidades de investigadores, los parabiólogos y monitores
tuvieron un papel importante en la difusión de las actividades desarrolladas en las
comunidades, principalmente como facilitadores en talleres comunitarios. En el 2002,
como iniciativa propia, los mismos parabiólogos establecieron un programa de visitas por
estudiantes y docentes del Isoso al campamento Cerro Colorado, donde los parabiólogos
presentaban su trabajo directamente a miembros de las comunidades.
En resumen se cumplieron los objetivos planteados por el proyecto Kaa-Iya en
términos de investigación; producción y difusión de información biológica/ecológica
(Cuéllar y Noss 2003); entrenamiento de gente local en la colección de datos y su
interpretación; así como también el fortalecimiento de vínculos con las comunidades
y las organizaciones gubernamentales. Sin embargo, cuando los fondos destinados a
este proyecto llegaron a su fin, los parabiólogos no fueron incorporados como técnicos
de apoyo en una institución pública y el equipo de trabajo se desintegró. Por lo tanto,
en el periodo de ejecución del proyecto, no se logró el reconocimiento formal del
parabiólogo como un técnico local capacitado ni se logró su inserción en organismos
locales públicos para la continuación de sus funciones.
Con el objetivo de formalizar la capacidad del parabiólogo como técnico reconocido
por el ministerio de educación de Bolivia, desarrollamos el primer curso intensivo para
la formalización de parabiólogos luego de 12 años de trabajo de campo y formación
por la CABI y WCS. Este curso fue financiado por el Fondo Whitley para la Naturaleza,
a través de un premio donado por Sting y Trudie Styler, y entregado a Erika Cuéllar en
2007. Como resultado del entrenamiento formal, 17 parabiólogos originarios (Isoseños,
Chiquitanos, y Ayoreodes) del Chaco boliviano, luego de 8 meses con más de 800 horas
de instrucción estructuradas en 13 módulos, proveídos por 20 instructores, obtuvieron
sus certificados. Los módulos fueron los siguientes: Diseño de investigaciones de
campo; Biología, ecología y taxonomía; Introducción a la ornitología; Mastozoología;
Introducción a la herpetología; Entomología; Introducción a la ictiología; Introducción a
la ecología botánica; Uso de GPS y aplicación básica de SIG; Introducción a la medicina
veterinaria y su aplicación con la fauna silvestre; Introducción a las matemáticas; Análisis
descriptivo, presentación y difusión y Primeros auxilios.
Además el curso incluyó 30 horas de sobrevuelos realizando censos aéreos en el área
de distribución de la población del guanaco chaqueño Lama guanicoe.
Conclusiones
El proceso histórico y situación actual del Pueblo Guaraní-Isoceño es especial y muy
relevante para los otros Pueblos Indígenas de las Tierras Bajas de Bolivia. El Parque
Nacional Kaa-Iya fue en su momento la única área protegida en las Américas establecida
como el resultado de las iniciativas de una organización indígena y la única que tuvo la
responsabilidad administrativa primaria de la misma (Winer 2003). Esta aproximación,
basada en principios de conservación y manejo sostenible de los recursos naturales -
contrastante a otros casos en Bolivia, donde las demandas por territorio para grupos
indígenas y para áreas protegidas se superponían y eran fuente de conflictos basados
en formas de competencia por la tenencia de tierra - dio a CABI la oportunidad de
manejar 53.000 km2 en el Chaco Boliviano. Adicionalmente, CABI ha logrado articular
consistentemente la superposición de jurisdicciones administrativas y de gestión
ambiental y social, de acuerdo con disposiciones legales vigentes. En el mismo espacio
están la Tierra Comunitaria de Origen (TCO) Isoso; el Distrito Municipal Indígena
Isoceño; y el Área Protegida (Winer 2003).
Es evidente que los logros como producto de la colaboración de diferentes actores han
sobrepasado enormemente la importancia de los compromisos que cada organización ha
hecho en promover sus visiones y misiones respectivas. Esta perspectiva ha sido ratificada
[Link] 53
CONSERVACIÓN EN BOLIVIA
Agradecimientos
A J. Ayala, H. Azurduy, Z. Barahona, O. Castillo, R. Leny Cuéllar, S. Deem, P. Feinsinger, C.
Fiorello, J. Guerrero, A. Hesse, T. Hibbitts,P. Hutchison, A. Jahn, L. Maffei, A. M. Mamani,
R. Miserendino, R. Montaño, G. Navarro, H. Noss, M. Painter, C. Pinto, P. Rebolledo, A.
Romero-Muñoz, D. Rumiz y L. Siles. Este trabajo se realizó como parte del programa
de WCS-Bolivia para la conservación del paisaje Kaa-Iya. En parte se realizó gracias
al apoyo de la United States Agency for International Development (USAID/Bolivia
Cooperative Agreement No. 511-A-00-01-00005). Las opiniones expresadas representan
a los autores y no necesariamente reflejan los criterios de USAID. Agradecemos a la
Capitanía del Alto y Bajo Isoso y a la Dirección General de Biodiversidad por autorizar
y apoyar el programa. Agradecemos a las autoridades de Isoso, comunarios, cazadores,
parabiólogos y monitores de cacería de Isoso por su apoyo y participación permanente.
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project. Wildlife Conservation Society. Santa Cruz, Bolivia.
Methods: From June 2005 to July 2007, using radiotelemetry collars and implants we
investigated home range, habitat use and body temperature dynamics of six capybaras
(Hydrochoerus hydrochaeris). The study took place in a deforested area of the Central
Dry Chaco region of Paraguay recently invaded by the species.
Results: The results show that the average home range of capybaras was 183 ha, similar
to reported home ranges of capybaras in the Brazilian Pantanal. Within the study area,
capybaras used and selected water significantly more than Chaco forest and pasture
land, and had lower than expected use of shrub forest. Overall, capybaras were located
95% of the time < 500 m from permanent water, with the greatest distances from water
occurring at 3:00 and 5:00 AM. Average year round body temperature was 36.15 °C.
There was a significant positive correlation between body temperature and distance from
water, and a significant negative correlation between distance from water and Chaco
ambient temperature.
Discussion: These findings suggest that capybaras use water to thermoregulate. The
results show how anthropogenic habitat modification has allowed capybaras to thrive in a
harsh xeric environment, and assists us in understanding how capybaras can expand into
deforested areas. This study provides valuable information for the future management of
the species in the Dry Chaco region of Paraguay.
Key words: Capybara, Chaco region, habitat use, home range, invasive species,
thermoregulation.
1
Proyecto Taguá- Centro Chaqueño para la Conservación e Investigación. Fortín Toledo. Paraguay. E-mail: jmcampos@
[Link] (JMCK), ibenitez@[Link] (IKB), vrobles@[Link] (VR)
2
Department of Wildlife Ecology and Conservation. University of Florida. Gainesville, Florida 32611, [Link]. E-mail:
wisely@[Link] (SMW)
3
Department of Wildlife. Humboldt State University. Arcata, California, 95518, EE UU. (RTG)
*Corresponding author
RANGO DE HOGAR Y USO DE HÁBITAT DE CARPINCHOS EN PASTIZALES RECIÉN INVADIDO EN EL CHACO SECO DE PARAGUAY
Resumen
La deforestación es una de las principales causas de la desaparición de especies en todo
el mundo. Algunas especies, sin embargo, pueden aprovechar los cambios y ampliar su
distribución, poniendo a las especies endémicas en peligro de extinción, cambiando la
composición de las comunidades bióticas y alterando los ecosistemas. Entre junio de
2005 y julio de 2007 se determinó el rango de hogar, el uso del hábitat y la temperatura
corporal de seis carpinchos (Hydrochoerus hydrochaeris), a través de collares e
implantes de radiotelemetría en una área deforestada de la región del Chaco Central
del Paraguay invadida recientemente por carpinchos. Nuestros resultados muestran que
el rango de hogar promedio de los carpinchos fue de 183 ha, similares a los descriptos
en el Pantanal brasileño. Dentro del área de estudio los carpinchos utilizaban el agua
significativamente más que su disponibilidad, seguido del bosque chaqueño y tierras
de pastoreo, y utilizaban en un rango menor de lo esperado los malezales. En general,
los carpinchos se encontraban el 95% del tiempo a < 500 m de fuentes permanentes
de agua, con las mayores distancias del agua a las 3:00 y las 5:00 hs. El promedio
anual de la temperatura corporal fue de 36.15 °C. Se encontró una correlación positiva
significativa entre la temperatura corporal y la distancia de la fuente de agua, y una
correlación negativa significativa entre la distancia del agua y la temperatura ambiente
del Chaco. Estos hallazgos sugieren que el carpincho efectivamente utiliza el agua para
regular su temperatura. Nuestros resultados muestran cómo la modificación del hábitat
por el hombre ha permitido al carpincho prosperar, y nos ayudan a entender cómo
pudieron invadir y utilizar las áreas deforestadas. Este estudio proporciona información
valiosa para el manejo futuro de la especie en la región del Chaco Seco de Paraguay.
Introduction
Anthropogenic habitat destruction and land fragmentation are the main causes of
biodiversity loss worldwide (National Research Council 2001; Fahrig 2003), followed
by the introduction and expansion of exotic species placing endemic species at risk of
extinction (Aguirre and Tabor 2008), changes in the composition of biotic communities,
and altered ecosystem services (Vitousek et al. 1997; Lockwood et al. 2007). However,
not only can exotic species benefit from land use change, native species can take
advantage and expand into ecosystems where they historically did not occur. The
expansion of native species has been driven by land use and land management changes
such as agriculture, game exploitation, predator and poaching controls (Acevedo et al.
2006). For example, coyotes (Canis latrans) were historically restricted to central North
America, but have expanded and colonized most of the North American continent in
less than two centuries (Fener et al. 2005). Many more native species are known to have
taken advantage of anthropogenic land modification and expanded their range (coypu,
Guichón et al. 2003; Steven et al. 2004).
Capybara (Hydrochoerus hydrochaeris) is the world’s largest living rodent with an
average weight of 50 kg (Mones and Ojasti 1986; Nowak 1991). They are semi-aquatic
[Link] 63
RANGO DE HOGAR Y USO DE HÁBITAT DE CARPINCHOS EN PASTIZALES RECIÉN INVADIDO EN EL CHACO SECO DE PARAGUAY
maintain year-round water. The conversion of dense xeric thorn forest to pasturelands
and the availability of year-round water supply have greatly altered the resource potential
of the ecosystem.
The Chaco region is an area in which capybaras have been present for thousands of
years. However, much of the best habitat for capybaras is located in the southern Humid
Chaco region along the shorelines of rivers and in marshes. It is clear that capybaras
are taking advantage of land use change to expand their range to the central Chaco
region (Campos-Krauer and Wisely 2011). Understanding the factors and mechanisms
that have allowed this expansion requires a detailed understanding of how capybaras
colonize areas on a fine scale. To this end, we examined movement patterns, habitat
use, and thermal ecology in several groups of capybaras in the central Chaco region to
better understand the ecological drivers of the species’ range expansion. In this paper,
we describe and compare home range and habitat use of capybaras in the Chaco and
compare our results with observations in other studied regions. This information will be
valuable to forecasting future distributions and vulnerabilities in light of human activities.
Material
and Methods
Study area. The research was carried out from June 2005 to October 2007, at Fortín
Toledo, Boquerón Dept., Paraguay (-22°21’05’’ N, -60°19’35’’ W; Fig. 1). The study was
carried out in and around a biological reserve of approximately 180 ha surrounded by
private ranches which add up to a total area of 3,500 ha. Land cover in the study area
consisted primarily of open water plus four vegetation types: 1) Chaco forest is virgin
tropical xeric thorn forest characterized by thick understory vegetation with an abundance
of bromeliads (Bromelia spp. and Dyckia spp.). Trees are less than 15 m tall with many
spines, dominated by tree species such as quebracho (Schinopsis quebracho-colorado),
bottle tree (Chorisia insignis), palo santo (Bulnesia sarmientoi), mistol (Zizyphus mistol)
and verde olivo (Cercidium praecox). This habitat is distributed across the landscape
as remnant forest islands surrounded by pasture or secondary growth. 2) Shrub Chaco
forest consists of secondary forest regrown from 25 year-old, introduced pastures. This
habitat is characterized by a wide variety of thorny shrubs, dominated by Mimosa spp.,
Acacia spp. Prosopis alba, and P. nigra. Cacti are also diverse and abundant, with taxa
such as Opuntia, Cleistocactus and several tree cacti such as Cereus spp. Within this
habitat there is little to no understory vegetation, due mostly to soil compaction. 3)
Exotic pasture is cleared forest characterized by non-native grasses dominated by gatton
panic (Panicum maximum) and to a lesser extent star grass (Cynodon dactylon). These
areas have few trees remaining and are divided into large paddocks in which cattle
are maintained year-round with a water source. 4) Seasonally flooded grassy areas,
small wetlands which occur as natural depressions, which will hold water during the
rainy season, but dry out during the dry season. These areas have a mix of introduced
and native grass species (Cynodon spp.) together with palm trees (Copernicia alba). In
addition to natural wetlands, areas surrounding man-made ponds had a high abundance
of grass.
Areas of open water from man-made ponds were present in each pasture paddock in
the study area. Each reservoir was at least 625 m² and 1.5 m in depth and many were
covered by aquatic plants such as Eichhornia crassipes and Pistia stratiotes. Ponds were
generally built without modifying the surrounding forest, which was left to prevent eolic
sand deposits and to provide shade for cattle. These forest patches and ponds remained
as islands most of the time surrounded by pasture. During the dry season, standing water
was found only in these man made ponds.
Capture and radiotelemetry. From June 2005 to August 2007, we located and monitored
a total of 6 capybaras during different lengths of time (Table 1). Radio collars (Telonics,
Inc., Mesa, Arizona 85202, USA) were placed on four capybaras (2 adult males, 2 adult
[Link] 65
RANGO DE HOGAR Y USO DE HÁBITAT DE CARPINCHOS EN PASTIZALES RECIÉN INVADIDO EN EL CHACO SECO DE PARAGUAY
females) and intra-abdominal implants with temperature sensors (Telonics, Inc) were
placed in two capybaras (1 adult male and 1 juvenile male). The small sample size
reflects the low density and difficulty of capture of capybaras in this study area and is
representative of the patchily distributed populations within this region.
Animals were trapped with box-style live traps and chemically immobilized using a
combination of Ketamine HCl (Ketalar, 4.7 mg/kg), and Tiletamine HCl/Zolazepam HCl
(Telazole, 1.17 mg/kg; Kreeger et al. 2002). Drugs were delivered intramuscularly by a
blowgun (Telinject, U.S.A., Inc., Agua Dulce, CA) using 3 cc plastic darts (Telinject) or a
standard 3 cc pole syringe. Animals were considered fully immobilized when they did
not respond to external stimulus. Each animal was sexed, weighed and marked with ear-
tags. All captured animals received a general examination to evaluate body condition,
external parasites and possible wounds. Individuals were classified as juvenile (less than
one year old) if < 25 kg, and animals > 25 kg were considered to be at least one year old,
and classified as young adults or adults (Ojasti 1971). Each transmitter was equipped
with a mortality sensor which activated when animals had not moved for > 6 hours. All
procedures were in compliance with the Sectretaría del Ambiente, Paraguay; Kansas
State University Institutional Animal Care and Use Committee (Protocol No. 2362); and
guidelines approved by the American Society of Mammalogists (Gannon et al. 2007).
Independent telemetry locations (White and Garrott 1990) were estimated
using triangulation with a minimum of three vectors per location. We marked and
georeferenced > 50 fixed reference locations every 500 m in the study area from which a
vector bearing was collected. Vehicles were used to move between reference locations
to reduce triangulation time. Three element folding yagi antenna (Advanced Telemetry
Systems, Inc., Isanti, Minnesota), attached to a 3 m long aluminum pipe were used to
maximize signal reception. Locations were estimated using a minimum of three vectors
by using the maximum likelihood estimation option (Lenth 1981) in program LOAS
(LOAS™ 2005, Ecological Software Solutions LLC). We calculated an average location
error from reference collars placed in random locations approximately 1 m from the
ground. Animals were located at six hour intervals with the location time moving ahead
one hour daily to cover a 24 hour period every 12 days. Readings were taken from
capture until the animal was no longer located or died (Table 1).
Observers were able to detect animal movement due to differences in signal strength
during data collection at a single vector. We recorded movement patterns from
two capybaras (capy 41 and 43) with internal implants using this approach. Direct
observations (n = 193) and patterns of signal reception other than a consistent pulse
intensity were considered to be an moving animal. These data reflected the time of day
during which animals were moving. Movement patterns were analyzed as the number
of individuals active per hour of day over the total number of locations for each hour of
the day.
Home range analysis. We determined individual home range size using 95%, 75% and
50% fixed Kernel home ranges (Worton 1989), using the Animal Movement Analysis
extension to ArcView, version 3.2 (ESRI, Environmental Systems Research Institute, Table
2). All animals had > 70 locations and a minimum of two months of data (Table 1);
however, of six animals, only three survived or retained their radio tag covering a period
of time that included parts or the total wet and dry season, allowing us to estimate wet
and dry season home ranges. We compared average home range size during the wet and
dry season and compared the average of our home range estimates to other published
estimates of home range for capybaras using a Student’s t-test (Zar 1996). We calculated
the distance from the estimated location to the nearest permanent water source using
ArcView.
Habitat use analysis. We compared utilized to available habitat to determine which habitats
were preferred or avoided. Habitat types were identified and delimited from high resolution
satellite images (eMap International, Boulder Colorado, USA). We created polygon shape
files by hand corresponding to the 5 land cover types by using Geographic Information System
(GIS). We delimited the study area as a 5 x 7 km rectangle (3,500 ha) which incorporated
the six minimum convex polygon (MCP) home range estimations (Mohr 1947) of our six
study animals (Fig. 1). We carried out a compositional analysis to identify proportion of
utilized and available habitat types, and evaluated whether they were used significantly
more or less than expected by chance at two scales of use (Aebischer et al. 1993). First,
we compared the proportion of habitat in the study area (the available habitat) with the
proportion of habitat in each MCP home range (the used habitat). Second, we carried out
a finer scale analysis by comparing the estimated proportion of habitat found in each MCP
home range (the available habitat) to the proportions of observed animal locations within
each habitat type (the used habitat) using ArcView, version 3.2 (Environmental Systems
Research Institute). When no locations were recorded in a particular habitat type, a value
of 0.01% replaced the zero as suggested by Aebischer et al. (1993).
To test the null hypothesis of random use, we calculated the difference in log-ratios
between matching pairs of used and available habitats. This hypothesis was tested by a
multivariate analysis of variance (MANOVA). If the hypothesis of random use was rejected,
we then ranked the habitat types in order of relative use. For this analysis, we calculated
the mean log-ratio difference for all possible pairs of habitat types, and compared them to
zero using a t-test (Aebischer et al. 1993). Compositional analysis makes it possible to rank
habitat types in order of relative use, although in our case, seasonal (dry and wet) sample
sizes were too small to produce clear patterns of significant differences between ranks.
Statistical tests were carried out with program SAS 9.1 (SAS Institute, Inc., Cary, North
Carolina).
[Link] 67
RANGO DE HOGAR Y USO DE HÁBITAT DE CARPINCHOS EN PASTIZALES RECIÉN INVADIDO EN EL CHACO SECO DE PARAGUAY
Results
Home range analysis. Over the study period we collected total of 1,781 locations with
a minimum of 71 and a maximum of 600 locations per animal; with an estimated mean
location error rate of (41 ± 12 m, n = 9; Table 2). We found that there were patterns of
spatial overlapping among individual capybara location points, between capybaras 95%
kernel home range (Table 3). We were only able to estimate temporal overlap among
four capybaras. We found 82% temporal and similar spatial overlap between capybaras
43 and 41 demonstrating that they were in the same group. We found zero temporal
overlap between capybaras 43 and 41 with capybaras 50 and 45. Thus, we infer that
capybaras 50 and 45 were from a separate group. Between capybaras 50 and 45, we
were not able to estimate temporal overlap because they were radiomarked at different
times during the study; however, we did find a spatial overlap of 19% and 80%, which
suggests that these animals were likely from the same group. Similarly, we were not able
to estimate temporal overlap between capybaras 1 and 2, because contact with them
was lost before other animals were radiomarked.
Based on our spatial and temporal overlap data and confirmed by direct observation
we were able to confirm that two capybaras (43 and 41) were in the same group. From
observational data we found the group was formed by one adult male (41), one untagged
adult female, and four juveniles including 43. We found that capybaras 1 (adult male) and
2 (adult female) had a high percent of spatial overlap between them, as did capybaras 43
and 41. These data suggest that capybaras 1 and 2 were possibly part of the same group,
but that they either dispersed, or were depredated. We further infer that their home
range was reoccupied by the group dominated by capybara 41. On the other hand,
capybara 45 (adult male) had little overlap with any other capybara during the tracking
period. This male was observed most of the time alone. However, on a few occasions
it was observed together with a second capybara but with no juveniles. Home range
analysis indicated that he was not part of the previously described group. This animal
disappeared before capybara 50 (adult female) was trapped, which made it impossible
to corroborate any temporal overlap between them. However, these animals had high
spatial overlap, which suggests that this female may have been the one observed with
capybara 45.
In general, the great majority of capybaras were observed (n = 304 direct observations)
near or on the shore of permanent ponds singly or in small groups, up to a maximum of
six animals 2.4 (± SD 1.4, n = 304). Capybaras were often observed resting in the shade
or walking near the ponds. Activity patterns of two capybaras revealed that daytime
activity was higher than at night, with peaks of activity at 16:00 and 20:00 hrs (Fig. 2).
Figure 2. Long-term
mean percentage
activity by time of day
for capybaras 41 and
43 individually and
pooled in the Central
Dry Chaco region
(based on n = 1035
locations).
Using measures of adaptive kernels, the average 95% kernel home range size was 183
(± SD 54 ha, n = 6), the 75% kernel = 64 ha, ± SD 22 ha, and the 50% kernel = 28 ± SD
9 ha (Table 2). We found no significant difference in home range size between seasons.
Across seasons, the mean distance from water for all capybaras was 126 (± SD 4 m, n =
1,781), with the distance from water increasing from 1:00 to 6:00 AM (t = 2.01, P < 0.01;
mean 1 = 214, Mean 2 = 132 (Fig 3). We found that 95 % of the locations were < 500
m from a permanent water source, 84 % were < 250 m, 64 % were < 100 m and 46 %
were < 50 m from water.
Table 2. Overall
capybara home Name MCP 95% Kernel 75% Kernel 50% Kernel
range estimates.
capy 1 437 193 75 42
capy 2 492 421 168 67
capy 45 737 198 58 24
capy 43 484 52 17 10
capy 41 997 62 27 10
Habitat use analysis. The average MCP home range size for all capybaras was 583 (± SD
97 ha, n = 6). Using our five land cover classifications (Chaco forest, shrub Chaco forest,
introduced pasture, seasonally flood wetland and open water), we compared habitat use at
two scales: the overall study area and within the MCP home range. Our results suggest that
capybara did not establish home ranges at random (Λ = 0.023, χ²2 = 74.16, P < 0.0001).
We assigned a ranking of a maximum of 4 for the habitat that was used most significantly
and a minimum of 0 for the habitat that was significantly least used (Table 4). At the study
[Link] 69
RANGO DE HOGAR Y USO DE HÁBITAT DE CARPINCHOS EN PASTIZALES RECIÉN INVADIDO EN EL CHACO SECO DE PARAGUAY
area scale habitat types were used in the following hierarchal sequence; Chaco forest >
introduced pasture > seasonally flood wetland > open water > shrub Chaco forest (Table
4A). Shrub Chaco forest was used significantly less than available, followed by water and
flooded grass area which were used significantly less in proportion to their availability. It
is important to clarify that water surface and flooded grass area made up a comparatively
small proportion of the overall study area. The two highest-ranked habitats, Chaco forest
and introduced pasture, were used significantly more than their availability within the
study area, and Chaco forest was selected over pasture. On the smaller scale of home
range, overall use of the five habitat types based on proportion of radio locations in each
habitat type differed significantly from the proportion of habitat available within the
MCP home ranges (Λ = 0.037, x²2 = 44.31, P < 0.0001). The ranking matrix indicated
that the following habitat type followed sequence; open water > Chaco forest > pasture
> flooded grass area > shrub forest (Table 4B). Within the home range, water was the
most highly preferred habitat. Chaco forest and pasture had no detectable difference in
use from availability. On the other hand, flooded grass area was significantly less used
than available and finally; shrub forest was used less than its availability, suggesting that
capybaras were avoiding this habitat type.
Figure 3. Long-term
capybara average
percent distance from
water in the Central
Dry Chaco region of
Paraguay. Based on
six capybaras and n =
1781 locations.
Body temperature analysis. The mean ambient temperature during the study was 28°C,
with an average day time temperature during dry season of 27.26 °C (± SD 7.04 °C,
n = 359) and night 24.64 °C (± SD 5.66 °C, n = 173). The mean daytime wet season
temperature was of 31.88 °C (± SD 6.10 °C, n = 316) and night 29.52° (± SD 4.50 °C,
n = 165). We found no significant difference between wet and dry day time ambient
temperatures (P = 1.96; DF 673).
The mean body temperature for capybaras was 36.15 °C (± SD 0.27 °C, n = 1021),
with no significant difference between dry and wet season. We found a significant
positive correlation between body temperature and distance of the animal from water
(r² = 0.004, P = 0.02; F = 4.51, DF = 1008). Likewise, we found significant negative
correlation between ambient temperature and distance in which the animal was located
from water (r² = 0.02, P < 0.0001; F = 29.01, DF = 1017; Fig. 4).
Discussion
The study was conducted in a newly invaded area in which capybara population densities
were low, thus our sample size was representative of the population at the leading edge
of this newly occupied area (Brooks 1998; Campos-Krauer and Wisely 2009). Based on
our direct observations and overlapping home range data, we confirmed that we were
observing three groups of capybara. All groups were small, ranging from a pair to a
family group of six. Each group had two to three ponds within their home ranges, near
which they remained the majority of the time. Individuals within a group moved together
to feed, rest or hide in surrounding habitats and always maintained the pond as the focal
point. We found some spatial overlap but little temporal overlap between individuals
from different groups. The exception was capybara two (female) who had high spatial
overlap with two groups, and made occasional short solo trips to a neighboring pond.
Table 3. Asymmetrical
matrix of percent data capy 1 capy 2 capy 45 capy 43 capy 41 capy 50
point spatial overlap
between six capybaras capy 1 66 1 49 49 6
monitored in the
study area; columns capy 2 56 20 29 29 0
correspond to percent
overlap of corresponding capy 45 38 79 0 0 19
capybara with different
capybara. capy 43 83 90 12 84 1
capy 41 78 94 9 86 2
capy 50 0 1 80 0 0
[Link] 71
RANGO DE HOGAR Y USO DE HÁBITAT DE CARPINCHOS EN PASTIZALES RECIÉN INVADIDO EN EL CHACO SECO DE PARAGUAY
Predators such as jaguar (Panthera onca) and puma (Puma concolor) were common
in the region and study area. One radiocollared capybara was confirmed to have
been killed by a puma at the shore of a pond. Tracks and signs of predators were not
uncommon surrounding the ponds. Similarly, the great majority of ponds in the study
area had caiman (Caiman yacare) that are known to depredate juvenile and subadult
capybara (Lord 2009). Their presence and the small size of some of the ponds in our
study area could explain why capybaras tended to bed down in forested areas during the
night, and use water as an escape mechanism for only a short while.
Figure 4. A) Scatterplot
and linear regression of
ambient temperature vs.
capybara distance from
water (y = 29.4909
– 0.0072 (x), R² =
0.02, P < 0.001). B)
Scatterplot and linear
regression of capybara
body temperature vs.
distance from water (y =
36.1138 + 0.003 (x), R²
= 0.004, P = 0.02).
The overall average estimated 95% Kernels of 183 ha were similar to the estimates of
home range for populations of capybara in the Brazilian Pantanal, with ranges of 200 ha
(Schaller and Crawshaw 1981) and 196 ha (Alho et al. 1987, 1989). These home range
sizes were considerably larger than those found in Venezuela by Herrera and Macdonald
(1987) with home ranges of 10 to 16 ha with much higher population densities. Smaller
home ranges and higher densities in the llanos of Venezuela could be due to the higher
productivity of the grasslands than in the Pantanal or the Gran Chaco (Herrera and
Macdonald 1989).
In general, capybaras were found close to man made ponds. In the Gran Chaco,
capybara presence and survival directly depends on the availability of permanent
water sources and introduced pastureland (Campos-Krauer and Wisely 2011). Natural
permanent water sources in the region are scarce, and the great majority dry out during
the dry season. Man made ponds are reliable year round sources of water that are
regularly distributed throughout pasturelands. As a result, capybara home ranges in
the central dry Chaco include two or three ponds separated by approximately 1 km,
that are typically used by multiple groups, but only by one group at any given time.
Despite the considerable distance covered by capybara, 95 % of all location points
were < 500 m from a permanent water source demonstrating the importance of these
ponds for capybara. A tight association with water is in agreement with previous reports
(Barreto and Herrera 1998; Azcarate 1980; Cordero and Ojasti 1981; Murphey et al.
1985; Mones and Ojasti 1986; Herrera and Mcdonals 1989; Lord 1991; Quintana and
Malvarez 1994, 1998). Although we found no significant difference between wet and
dry season home ranges when we considered all animals, two capybaras which were
members of a group of six had larger home ranges during the dry season than during the
wet season. Expansion during the dry season could be due to a need for additional food
resources to support the group as productivity declined during the dry season. The dry
season home ranges of solitary or paired capybaras were smaller than those of a larger
group.
Considering that the capybara is a semi-aquatic rodent, it was not unexpected that
open water surface was a preferred habitat type. Also preferred, however, was the Chaco
forest. Chaco forest surrounded the great majority of ponds in the study area; we believe
that the dense vegetation of the forest plays a significant role for capybara survival in
the region. The forest likely serves as a cool shaded area during the hot summer and
provides shelter from the cold south winds during winter, as well as suitable protection
from predators. Introduced pastureland was also greatly preferentially used, providing
extensive high quality forage year round for capybaras. Without pasturelands, capybara
foraging habitat would be confined to small, periodically flooded natural pasture, or the
vegetation immediately surrounding man made ponds. Interestingly, capybaras avoided
shrub Chaco forest. The lack of understory vegetation provided few food resources and
little protection against extreme climatic conditions and predators, making this habitat
risky for capybaras.
Average body temperature of capybaras in our study (36.15 °C) was similar to body
temperatures (36.0 to 36.6 °C) found by López-Barbella (1982). Body temperature was
positively correlated with distance from water. These findings suggest that capybaras
use water to thermoregulate as well as for predator avoidance. Our interpretation is
further supported by the fact that capybaras ventured further away from water only when
ambient temperatures were low (Fig. 4A, B). Although capybaras have been anecdotally
reported to use water for thermoregulation, this is the first study providing evidence for
this phenomenon through the use of internal temperature sensors. Other semi aquatic
rodents such as the European beaver (Castor fiber), American beaver (Castor canadensis),
and the Australian water rat (Hydromys chysogaster) also use water as a thermoregulatory
tool and have developed physiological adaptations to optimize the benefits of water high
cooling capacity (Steen and Steen 1965; Hart 1971; Fanning and Dawson 1980).
[Link] 73
RANGO DE HOGAR Y USO DE HÁBITAT DE CARPINCHOS EN PASTIZALES RECIÉN INVADIDO EN EL CHACO SECO DE PARAGUAY
Similarly, the capybara has evolved skin and hair that enhances the ability of water
to regulate body temperature. Capybara epidermis is covered in folds of tissue which
creates a larger surface area; additionally, the hair emerges at an acute angle and is
clumped in groups of three or four follicles with the clumps spaced relatively sparsely
which speeds the drying and body cooling process consequently reducing the body
temperature (Pereira et al. 1980).
Table 4. A. Ranking
A
matrices for the overall
comparison of habitat
Flooded grass
Open water Pasture Shrub forest Chaco forest Rank type use from minimum
area
convex polygon home
range versus habitat
Open water - --- + --- 1
availability in the entire
study area. B. Ranking
Flooded grass area + - + - 2 matrices for capybara
based on comparing
Pasture +++ + +++ --- 3 proportion of radio
locations for each
Shrub forest - - --- --- 0 animal in each habitat
type within MCP home
Chaco forest +++ + +++ +++ 4 ranges per season. Each
average element in the
ChF > P > FGA > W > ShF matrix was replaced by
its sign. Sing represents
level of significant
deviation from random
B
at P < 0.05. A value of
4 corresponds to the
Flooded grass
Open water Pasture Shrub forest Chaco forest Rank highest significantly
area
used habitat, a value of 0
correspond to the lowest
Open water +++ +++ +++ +++ 4
significant used habitat
type.
Flooded grass area --- - + - 1
Worldwide, anthropogenic land use change and fragmentation are implicated in the
establishment of invasive species and expansion of native ones (Lockwood et al. 2007;
Peterson and Vieglais 2001). Capybaras expanded their range to the Central Dry Chaco
after large-scale deforestation occurred for ranching (Campos-Krauer and Wisely 2011).
It appears that ample forage and suitable cover were created when Chaco forest was
fragmented. Perhaps more important to the expansion of capybaras into this region was
the creation of regularly distributed, permanent water sources in this otherwise xeric
habitat. As a taxon, rodents are highly successful invaders. They exhibit demographic
traits necessary for expansion and invasion such as high fecundity, short generation time
and opportunistic breeding which can provide advantages over local fauna. Rodents
cause losses to harvest and can serve as vectors and host for diseases, and are the most
significant crop pests (Singleton et al. 1999, Chu et al. 2003). Where they have invaded
they often further alter habitat, examples being the American beaver (Castor canadensis;
Fasanella et al. 2010) and the coypu (Myocastor coypus; Guichon et al. 2003). With
voracious appetites and high reproductive rates, these species are of great concern world
wide.
The capybara also appears to be a species capable of taking advantage of anthropogenic
land management and transformation. Large scale land cover change from Chaco
forest to a patchwork of pasture and forest appears to be a critical factor allowing the
capybara to expand its distribution to these regions. The central dry Chaco region has
been intensively transformed during the last 70 years. This habitat transformation has
drastically changed the structure and distribution of Chaco forest, creating conditions
which have allowed the capybara to expand its range into an area previously inhospitable
to it. Establishment in this region, however, is driven by the artificial provision of water.
The expansion of the capybara into the central dry Chaco is a clear consequence of
the great land transformation that is affecting the area and its appearance should alert
those responsible that the Gran Chaco ecosystem is being irreparably altered. Expanding
species can outcompete native species and alter ecosystem services. Indeed, the
presence of capybaras in the central Chaco may already be altering the epizootiological
landscape of the region. Capybaras are reservoir hosts of Trypanosoma evansi, a
protozoan parasitic infection that infects both domestic and wild mammals (Franke et al.
1994). At present, capybara population numbers are still small and have not been linked
to any agricultural damage or disease reservoir in the central dry Chaco, but as livestock
and capybara densities increase in this region (Campos-Krauer and Wisely 2011), the
potential for disease outbreak will also augment. This study increases our understanding
of the extent of the spatial distribution and ecological requirements of capybara which
will be essential for effective management of this newly established species.
Acknowledgments
Special thanks to the owners of Estancia Edito for their immense hospitality and for
allowing us access to their land. Thanks to E. Gomez for her valuable help and support
from the Secretaria del Medio Ambiente, Paraguay (SEAM). Special thanks to D. Meritt
and R. Klemm for their support and guide. Thank you to the three anonymous reviewers
for their insightful comments. Financial support for this study came from a Fulbright
Scholarship to JMCK, Academic and Professional Program for the Americas (LASPAU),
and the Division of Biology, Kansas State University. Logistic support came from Proyecto
Taguá, Toledo, Paraguay. All collecting was carried out under Paraguay permit numbers
1/05, 1/06, 1/07, RNVS 0183 under KSU Institutional Animal Care and Use Committee
protocol number 2362.
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en selvas nubladas de los Andes venezolanos DOI: 10.12933/therya-14-179
Abstract
The most universal adaptations of tropical frugivores to the seasonal rhythms of fruiting
involve their annual breeding cycles. In bats, these cycles typically follow a pattern termed
bimodal polyestry, consisting in the production of one offspring per female twice during
the breeding season. We use data gathered along 29 years to show that, in cloud forests
in the Venezuelan Andes, the breeding cycles of Carollia brevicauda and other frugivorous
phyllostomid bats (eigth species of the genera Sturnira, Artibeus, Dermanura, Enchisthenes,
and Platyrrhinus) conform to bimodal polyestry, with a high interspecific synchronization
and a low interannual variability. We analyze the adaptive significance of this pattern in terms
of three hypothetical variables: demand, consumption, and supply of food sources, explicitly
concluding that the seasonality of fruit production, resulting from the average rainfall regime,
is the ultimate factor causing bimodal polyestry. The constancy in the seasonal schedule
of breeding and concomitant fluctuation of age proportions, both in the bat populations
studied under natural conditions, and in captive Carollia colonies maintained under year-
round uniform conditions, suggests presence of an endogenous component in the annual
breeding cycles of frugivorous phyllostomids. To conclude, we argue that the seasonality
of fruiting is also likely to be the proximate environmental factor modulating these cycles,
irrespective of whether it does so indirectly as a time cue entraining endogenous rhythms,
or directly as a limiting factor determining whether bat breeding and population growth are
possible.
Resumen
Las adaptaciones más universales de los frugívoros tropicales a los ritmos estacionales de
fructificación atañen a sus ciclos anuales de cría. En murciélagos, estos ciclos típicamente
se ajustan a un patrón denominado poliestría bimodal, consistente en la producción de un
descendiente por hembra dos veces durante la estación de cría. Empleamos datos reunidos
durante 29 años para documentar que, en selvas nubladas de los Andes Venezolanos, los
ciclos de cría de Carollia brevicauda y otros murciélagos filostómidos frugívoros (ocho
1
Universidad de Los Andes. Facultad de Ciencias. Departamento de Biología. Mérida 5101. Venezuela. E-mail: molinari@
[Link] (JM), pascual@[Link] (PJS)
*
Corresponding author
BREEDING AND AGE-STRUCTURE IN CLOUD FOREST BATS
Introduction
In tropical forests, the availability of ripe fruit to frugivorous vertebrates is often concentrated
between the middle of the dry season and the first half or first two-thirds of the wet season
(Medway 1972; Frankie et al. 1974; Croat 1975; Hilty 1980; Opler et al. 1980; Alexandre
1980; Jackson 1981; Lieberman 1982; Terborgh 1983; Gautier-Hion et al. 1985; Schaik
1986; Koptur et al. 1988; Heideman 1989a; Peres 1994; Estrada and Coates-Estrada 2001;
Haugaasen and Peres 2005; Bentos et al. 2008). To cope with the resulting shortage of fruit
during the late wet season and early dry season, frugivores resort to strategies such as: 1)
subsisting on stored food or body fat and protein accumulated during the previous time of
plenty (McNab 1976; Smythe 1978, 1986; Emmons 1980; Smythe et al. 1982; Goldizen
et al. 1988); 2) increasing foraging time (Leck 1972; Terborgh 1983); 3) living on alternate
foods, such as unripe or less-preferred fruit, foliage, and nectar and pollen (Heithaus et al.
1975; Foster 1977; Janson et al. 1981; Smythe et al. 1982; Leighton and Leighton 1983;
Terborgh 1983; Feer 1989; Peres 1994); 4) modifying home ranges to increase the chance
of encountering fruit (Fleming and Heithaus 1986; Leighton and Leighton 1983); or 5)
migrating to other localities in which fruit is more abundant (Nelson 1965; Morton 1977;
Marshall and McWilliam 1982; Worthington 1982; Thomas 1983; Wheelwright 1983;
Richter and Cumming 2006). However, the most universal adaptations of tropical frugivores
to the alternation of seasons of plenty and shortage of fruit concern their annual breeding
cycles (Molinari 1993).
The annual breeding cycles of Neotropical frugivorous bats have been studied in southern
Mexico and Central America (Fleming 1971; Fleming et al. 1972; LaVal and Fitch 1977;
Bonaccorso 1979; Dinerstein 1986; Wilson et al. 1991; Estrada and Coates-Estrada 2001;
Stoner 2001; Chaverri and Kunz 2006; Montiel et al. 2011; Durant et al. 2013), and in some
areas of South America (Taddei 1976; Thomas 1983; Willig 1985; Graham 1987; Bonilla
and Turriago 1988; Cosson and Pascal 1994; Sosa and Ramoni-Perazzi 1995; Bernard 2002;
Mello and Fernandez 2000; Mena and Williams de Castro 2002; Mello et al. 2004, 2009;
Duarte and Talamoni 2010). Wilson (1979) and Racey (1982) provided syntheses of earlier
literature. These authors noted that, with few exceptions, breeding in these bats follows
a pattern known as bimodal polyestry (Wilson 1973), consisting in the production of two
offspring per female, each at a different parturition, during a breeding season beginning
late in the dry season and ending toward the mid or late wet season. At tropical latitudes,
the same pattern also appears to be the rule among Paleotropical frugivorous bats (Okia
1974a, b, 1987; Mutere 1968; Baranga 1980; Marshall and McWilliam 1982; Thomas and
Marshall 1984; Bernard and Cumming 1997; Kofron 1997; Heideman and Powell 1998;
Bumrungsri et al. 2007; Monadjem and Reside 2012), which are not closely related to
their Neotropical counterparts and most likely evolved frugivory independently (Wible and
Novacek 1988; Hutcheon et al. 2002). Both in Neotropical and Paleotropical frugivorous
bats, seasonal monoestry or aseasonal polyestry are the known exceptions to bimodal
polyestry (Mutere 1967; Fayenuwo and Halstead 1974; Wilson 1979; Heideman 1988;
Penzhorn and Rautenbach 1988; Estrada and Coates-Estrada 2001; Stoner 2001; Haldar
and Yadav 2006; Kofron 2007a, b; Duarte and Talamoni 2010; Montiel et al. 2011). In
Neotropical frugivorous bats, seasonal monoestry has been observed in northwestern Costa
Rica (Artibeus jamaicensis, Carollia perspicillata ; Stoner 2001) and in the Brazilian Atlantic
forest (Artibeus lituratus; Duarte and Talamoni 2010), whereas aseasonal polyestry has been
observed in southern Mexico (A. jamaicensis, Carollia brevicauda, Sturnira lilium; Estrada
and Coates-Estrada 2001; Montiel et al. 2011). Equivalent adaptive strategies, involving
breeding cycles in nonflying mammals (e. g. Harrison 1955; Fleming 1973; Charles-
Dominique 1977; Heany and Thorington 1978; O’Connell 1979; Charles-Dominique et al.
1981; Glanz et al. 1982; Smythe et al. 1982; Gliwicz 1984; Goldizen et al. 1988; Snowdon
and Soini 1988; Cerqueira et al. 1989; Roosmalen and Klein 1988; Carnegie et al. 2011;
Heesen et al. 2013), and breeding and molting cycles in birds (Moreau 1937; Skutch 1950;
Snow 1976; Foster 1975; Worthington 1982), are also found in other frugivorous vertebrates
of tropical forests.
Even though there is general agreement that seasonal fluctuations in fruit availability,
resulting from the seasonality of rainfall, is the ultimate factor, or selective force, that
has shaped the breeding patterns of frugivorous vertebrates in the tropics, the nature of
the proximate factors, or mechanistic cause, responsible for the onset and synchrony
of each annual cycle remains contentious. For frugivorous birds, some authors (Ward
1969; Fogden 1972; Jones and Ward 1976; Snow 1976; Worthington 1982) have argued
the proximate and the ultimate factors to be the same (i. e. seasonal fluctuations in the
availability of fruit). In the Neotropics, climatic factors, namely rainfall or temperature,
have been suggested as possible proximate factors for frugivorous bats and nonflying
mammals (Fleming et al. 1972; Glanz et al. 1982; Willig 1985; Mello et al. 2004, 2009).
Resource abundance has been proposed as the proximate factor for Haplonycteris
fischeri, a Paleotropical frugivorous bat (Heideman 1988).
In this study, we report data recorded along 29 years on the annual cycles of breeding
and age structure in Carollia brevicauda (Phyllostomidae) and eight other species of
frugivorous phyllostomids of the genera Sturnira, Artibeus, Dermanura, Enchisthenes, and
Platyrrhinus. Based on these data and on a review of previously published information,
[Link] 83
BREEDING AND AGE-STRUCTURE IN CLOUD FOREST BATS
we examine the ultimate and proximate factors of annual breeding cycles in frugivorous
phyllostomids.
Study area. Main study areas were on the southeast slope of the Sierra de La Culata, near
the city of Mérida, Mérida state, Venezuela. The natural vegetation of the areas is cloud
forest, which still occupies a large fraction of slopes at elevations of 1,900 - 2,900 m. This
cloud forest is diversified into two major kinds differing in floristic composition and vertical
structure: lower montane cloud forest below 2,200 m, and higher montane cloud forest
above 2,200 m (Ataroff and Sarmiento 2003). Most bats in our sample were captured in
cloud forests at four sites: Monte Zerpa (8° 38’ N, -71° 10’ W), elevations 2040 – 2100 m;
Vega de Don Pedro and Monterrey (8° 41’ N, -71° 07’ W), elevations 2.330 - 2370 m; and
Prado Verde (8° 40’ N, -71° 06’ W), elevation 2,200 m. A small fraction of the bats in our
sample were captured in cloud forests at three additional sites: La Mucuy Alta (8° 38’ N, -71°
02’ W), elevation 2260 m; La Pedregosa Alta (8° 37’ N, -71° 11’ W), elevation 2000 m; and
near Jají (8° 34’ N, -71° 19’ W), elevation 1,950 m.
Climate data for 27 years (1974 - 2001) are available for the Santa Rosa Meteorological
Station (Fig. 1), which is adjacent (8° 37’ 39’’ N, -71° 09’ 25’’ W, elevation 1,950 m) to
Monte Zerpa, one of the mist-netting sites. Average yearly temperature is 17.2° C. Average
monthly temperatures range from minima of 16.0 – 16.3° C in December and January, to
maxima of 17.8 – 18.0° C in May, August, and September (Fig. 1). Though the overall annual
temperature pattern is bimodal, monthly variability is proportionally high, to the point that
the pattern changes substantially from year to year.
The average rainfall pattern is also bimodal, and thus four seasons can be recognized
(Fig. 1), to which hereafter we will refer to as the “long dry season” (December–March),
“first wet season” (April–June), “short dry season” (July), and “second wet season” (August–
November). Monthly variability in rainfall is substantial, thus such seasons can become
barely or not distinguishable in particular years (Fig. 1).
During 1982 and 1983, which were the years in which we sampled bat populations
most intensively, and 1981, a year possibly causing time-lag effects on bat reproduction in
1982 and 1983 (Fig. 2), monthly rainfall in the Santa Rosa Meteorological Station deviated
considerably from the average annual pattern (Fig. 1): the four-seasons pattern was not
clearly discernible in 1981, the short dry season of 1982 was much more severe than the
preceding (1981 - 1982) long dry season, the long dry season of 1982 - 1983 was unusually
severe and, conversely, the wet seasons were easily recognizable only in 1982, and 1983
(Fig. 2).
Assuming that rainfall/humidity could act as an environmental cue synchronizing the
annual breeding cycle of small mammals, such as Neotropical frugivorous bats (Fleming et
al. 1972; Glanz et al. 1982; Willig 1985), the time scale of physiological relevance would
likely be much shorter than a monthly one. Therefore, we also grouped the 1981, 1982, and
1983 rainfall data for the Santa Rosa Meteorological Station into semimonthly and weekly
intervals (Fig. 2). Shortening of the time scale makes the seasonal pattern of wet and dry
seasons much less evident: only the first wet and short dry seasons of 1982, and the long dry
season of 1982-1983, remain distinguishable at a weekly scale (Fig. 2).
Materials
and Methods
Field work. From September 1979 through January 2007, we mist-netted across trails within
cloud forest used by bats as flyways. From October 1981 through March 1984, we also mist-
and hand-netted in roosts used as diurnal retreats by Carollia brevicauda. This increased
sample size for this species, and allowed obtaining data on non-volant infant bats of the
species. Immediately after capture, we placed each bat individually in a cloth bag, in which
we held it for 30 - 60 min before processing to make certain that any food remains present in
its digestive tract would be defecated prior to data taking and subsequent release. We band-
marked a large fraction of released bats either by making a small incision in the propatagium
and slipping a lipped aluminum band through it and around the forearm, or by means of
a plastic necklace carrying a numbered aluminum band (Bonaccorso et al. 1976; Gannon
1994).
Fig. 1. Average
monthly temperature
and rainfall in the Santa
Rosa Meteorological
Station, Estado Mérida,
Venezuela. Vertical
bars represent ± 1
standard deviation.
Employing a standard data sheet, we recorded at least the following data from each
captured bat: identification number, date and site of capture, species, sex, breeding status,
age parameters (dentition, pelage, finger epiphyses), body mass, and forearm length. We
assessed breeding status in females by observing the condition of mammae (minute and
hidden in pelage, naked and milkless, with milk) and noting if pregnancy was externally
[Link] 85
BREEDING AND AGE-STRUCTURE IN CLOUD FOREST BATS
evident. Breeding categories of individuals recognized on the basis of these criteria are
presented in Results. We classed dentitions as deciduous, mixed, or permanent; and pelages
as juvenile, intermediate, or adult. To determine the stage of ossification of the metacarpal
and phalangeal epiphyses, the wings of each bat were transilluminated with a handheld
flashlight. Individual bats were noted as having one of three stages of ossification:stage 1,
implying entirely nonossified (cartilaginous) epiphyses; stage 2, in which the epiphyses are
only partly cartilaginous owing to a distal center of ossification being present; and stage 3,
implying entirely ossified epiphyses. These same stages were distinguished and carefully
illustrated by Kunz and Anthony (1982). We also palpated epiphyses to supplement
observations on transilluminated wings. Epiphyseal regions felt evenly tapered and
protuberant in bats with ossification of stage 1, compact and angular in bats with ossification
of stage 3, and intermediate in bats with ossification of stage 2. Age classes recognized
on the basis of these criteria are presented in Results. For C. brevicauda, we estimated the
approximate range of ages for each age class by employing recapture records of individuals
for which an approximate date of birth was known or could be estimated.
Fig. 2. Monthly,
semimonthly, and
weekly rainfall during
1981, 1982, and
1983 in the Santa
Rosa Meteorological
Station, Estado Mérida,
Venezuela.
Data analyses. Based on field data, each adult female was assigned to one of seven breeding
categories: 1) no external signals of pregnancy + no indication of present or past lactating
activity; 2) pregnant (medium pregnancy); 3) pregnant (advanced pregnancy); 4) lactating;
5) postlactating; 6) pregnant (medium pregnancy) + lactating; 7) pregnant (medium
pregnancy) + postlactating. Similarly, each bat of any sex was assigned to one of four
age categories: 1) adult; 2) subadult; 3) juvenile; 4) infant. Ranges of body masses and
measurements, discrete characters, and absolute age estimations of individuals of Carollia
brevicauda belonging to these breeding and age categories are reported in Results.
For each of the nine bat species, we grouped data regardless of year of collection (1979
- 2007) in 1.5-month intervals (Fig. 3, Table A1). This procedure led to what we feel is
the minimum number of intervals (8) needed to portray with sufficient detail the temporal
succession of breeding and age-structure categories. Only in the case of C. brevicauda, sample
sizes were large enough for subdividing data (maintaining the same 1.5-month intervals) to
allow statistical comparisons involving different years, or groups of years. Therefore, for this
species we had four data sets: 1) all years combined (1979 - 2007); 2) multiyear (1979 - 2007,
excluding 1982 and 1983); 3) single year 1 (1982); and 4) single year 2 (1983). In the case
of other species, smaller sample sizes required a different procedure, namely lumping data
to allow statistical comparisons among monophyletic supraspecific groups (clade names
according to Wetterer et al. 2000), as follows: Sturnirini (Sturnira bidens + S. bogotensis +
S. erythromos + S. ludovici); Stenodermatini (Artibeus lituratus + Dermanura bogotensis +
Enchisthenes hartii + Platyrrhinus umbratus); Stenodermatinae (Sturnirini + Stenodermatini).
Table 1. Results of
Kolmogorov-Smirnov p-value
Data sets compared (Carollia vs. Stenodermatinae) Cells Z
2-sample goodness-of- (2-tailed)*
fit tests (Z) comparing
Pregnant females 8 vs. 8 0.250 1.000
distributions along
1.5-month intervals of Lactating females 8 vs. 8 0.500 > 0.964
individuals belonging to Postlactating females 8 vs. 8 0.750 > 0.627
each female-breeding or
age category. Adults 8 vs. 8 0.500 > 0.964
Subadults 8 vs. 8 0.500 > 0.964
For statistical tests, we used SPSS for Windows, version 11. We used the Kolmogorov-
Smirnov 2-sample goodness-of-fit tests to compare, for C. brevicauda (1979–2007) versus
the Stenodermatinae (1979–2007), the distributions along the 1.5-month intervals of
individuals belonging to each female breeding category, and each age category (Table 1); i.
e., we conducted a test separately for each female breeding category and each age category.
These tests were aimed at detecting significant differences in the seasonal distribution
of the proportions of female-breeding and age categories between both data sets. Before
carrying out the tests, we equalized the size of the larger sample to the size of the smaller
sample of the same 1.5-month interval without altering the proportional abundance
of each female breeding or age category. For example, in the case of the 16 April–31
May interval, sample size for C. brevicauda (n = 149) was larger than sample size
for the Stenodermatinae (n = 96). The ratio between these sample sizes is 96/149 =
0.6443. Therefore, we reduced the sample size of C. brevicauda for this interval to 96 by
multiplying the numbers of adults (81), subadults (18), and juveniles (50) by 0.6443, thus
obtaining an “equalized” sample consisting of 52 adults, 12 subadults, and 32 juveniles.
Once this was done, we used a test to compare the abundances of the adults along the
eight intervals, another test to compare the abundances of the subadults along the eight
intervals, and so on.
To gauge the intraspecific, interspecific, and interannual synchronization among the nine
species of bats considered in the study with regard to the seasonal schedule of female-
breeding and age structure changes, we calculated Pearson (r) and Spearman correlation
[Link] 87
BREEDING AND AGE-STRUCTURE IN CLOUD FOREST BATS
(ρ) coefficients, and their significances. Because Pearson and Spearman correlation
coefficients were very similar in magnitude (as typical, Spearman values were a little
lower) and significance, we report only Pearson coefficients (Table 2). We tested all
possible non-redundant pairs involving C. brevicauda (1979 - 2007, multiyear, 1982,
1983) and supraspecific (Sturnirini, Stenodermatini, Stenodermatinae) data sets. In
contrast with the previous procedure (Table 1), we considered together, as a single
data row, all categories in each data set, i.e., we calculated correlations by considering
simultaneously female (non breeding, pregnant without distinction between medium
and advanced pregnancies, and lactating) and age (juveniles, subadults, and adults)
categories, and by pairing proportions of such categories belonging to the same
1.5-month intervals of the two data sets (Table A1). To preclude variation in sample
size from affecting correlations (Bates et al. 1996), we considered proportions of
individuals in categories, as opposed to numbers of individuals in categories. In our
case, there is no risk of spurious correlations owing to the use of proportions because
transformations, whose only effect is to equalize samples to a common size (n = 100),
do not involve shared divisors or multipliers that might act as confounding factors, or
lurking variables, i.e., each sample was internally standardized with no influence of
other samples. However, we note that correlation coefficients obtained using numbers
instead of proportions of individuals are moderately lower and similarly significant to
those that we report (Table 2). This can be verified by repeating our calculations using
data supplied in the Appendix. Because we calculated the significances of multiple
correlation coefficients, we applied the Bonferroni correction to them. This correction
is the simplest and most conservative method to control the probability of obtaining
false positives (at the expense of increasing the proportion of false negatives) as a result
of testing numerous hypotheses (e. g. Curtin and Schulz 1998).
Results
Female-breeding categories and age classes. We distinguish four female-breeding
categories:
A) Non-breeding. Females that do not do not belong to the pregnant, lactating, or
postlactating categories.
B) Pregnant. Operationally defined as females that show externally visible
pregnancies. In Table A1, we subdivide this category into females with medium
pregnancies, and females with advanced pregnancies.
C) Lactating. Females with mammae from which milk can be extruded. This
category includes females lacking externally visible pregnancies and females with
medium pregnancies, but excludes females with advanced pregnancies, which initiate
colostrum or milk production shortly before parturition.
D) Postlactating. Females that have ceased to suckle their offspring recently. These
females are recognizable for their milkless but naked and enlarged mammae. This
category includes females lacking externally visible pregnancies and females with
medium pregnancies.
Though we used only three of them in the analyses, we distinguish four age classes:
A) Infants. Having non-ossified epiphyses (stage 1, see Methods), juvenile pelage,
totally or partially deciduous dentition, and no or limited flying capacity (thus they
were captured only within a roost, or while being carried by the mother). In Carollia
brevicauda, members of this age class are aged from 0 to approximately 25 days, have
body masses ranging from 5.0 to 10.5 g (mean = 7.7, SD = 1.5, n = 20), and forearm
lengths ranging from 26.9 to 37.2 mm (mean = 31.5, SD = 3.7, n = 21).
B) Juveniles. Having non-ossified epiphyses (stage 1), and juvenile pelage. Differ
from members of the previous age class in having complete permanent dentition and
in being volant. In C. brevicauda, members of this age class are aged from slightly less
than one month to approximately two months, have body mass ranging between 10.5
and 16.0 g (mean = 13.4, SD = 1.3, n = 67), and forearm lengths ranging between 37.0
and 41.9 mm (mean = 40.1, SD = 1.0, n = 66).
C) Subadults. Differ from members of the previous age class in having partially
ossified epiphyses (stage 2), and adult or close-to-adult pelage. In C. brevicauda,
members of this age class are approximately aged two to three months, have body
masses ranging from 14.0 to 20.0 g (mean = 16.2, SD = 1.1, n = 91), and forearm
lengths ranging from 38.2 to 43.0 mm (mean = 40.7, SD = 0.5, n = 86).
D) Adults. Differ from members of the previous age class in having completely
ossified epiphyses (stage 3), and, presumably, in being reproductively mature
(referentially, females of the frugivorous phyllostomid, Dermanura watsoni, are known
to reach sexual maturity when aged three to six months; Chaverri and Kunz 2006). In
C. brevicauda, members of this age class are aged approximately four months or older,
have body masses ranging from 15.0 to 21.5 g (mean = 18.1, SD = 1.3, n = 230) in
males, and from 15.0 to 21.0 g (mean = 17.7, SD = 1.5, n = 273) in females, and have
forearm lengths ranging from 38.2 to 43.0 mm (mean = 40.6, SD = 0.9, n = 225) in
males, and from 38.5 and 44.2 mm (mean = 40.9, SD = 1.0, n = 339) in females.
[Link] 89
BREEDING AND AGE-STRUCTURE IN CLOUD FOREST BATS
per female, or bimodal polyestry. The second annual birth-pulse appears less marked and,
especially, less synchronized than the first.
During the 1 September-15 October interval, corresponding to the second wet season,
the persistence of juveniles and subadults reflects the second annual birth-pulse having been
initiated in the preceding intervals. However, because during this interval pregnant females
are few and lactating and especially postlactating females are abundant, and because
subadults predominate over juveniles, we conclude that the second annual birth-pulse, and
therefore the communal breeding season, is about to end.
During the 1 December-14 January interval, corresponding to the initial half of the long
dry season, non-breeding females and adults markedly predominate in the samples of all
species (Table A1), making this the interval in which the intra and interspecific synchrony is
most notable. Postlactating females and subadults are present, indicating that a birth-pulse
occurred earlier. Nevertheless, no lactating females or juveniles were detected, indicating
that the birth-pulse did not extend into the immediate past. Because pregnant females are
few, and exhibit only medium pregnancies, it also appears that a birth-pulse is not to be
expected in the immediate future (this is supported by the absence of lactating females and
low proportion of females with advanced pregnancies during the following interval of 15
January-28 February). Therefore, there is a communal non-breeding phase coinciding with
the latter part of the second wet season and onset of the long dry season.
In summary, pregnant females show two well-defined annual peaks of proportional
abundance, a first one during the later part of the long dry season, and a second one
coinciding with the short dry season. Lactating females show an equivalent but delayed
pattern, with peaks approximately coinciding with the first wet season, and initial half of
the second wet season. Postlactating females show two frequency peaks following those
of lactating females. The two peaks in postlactating females are followed by peaks in the
proportional abundance of juveniles, which coincide with the final half of the first wet
season, and second wet season. Likewise, the proportional abundance of subadults shows
peaks near and during the short dry season, and final half of the second wet season and
beginning of the long dry season. Finally, adults show frequency fluctuations resulting from
the appearance of young age classes, and attain their maximal proportional abundance in
the middle of the long dry season as a consequence of the conclusion of the breeding season
three to four months earlier. Therefore, although data for several species are insufficient
during some intervals (Table A1), the overall trend shown by all species is clearly consistent
with bimodal polyestry, with a high degree of intra and interspecific synchrony.
Discussion
Ultimate factors: assumptions. The analysis of the ultimate factors of seasonal breeding
offered here is based on the explicit distinctions among “demand”, “consumption”, and
“supply”, and on postulates concerning the mutual relationships of these terms. Demand
refers to the minimal fruit-crop within the joint home range of a population of frugivores
required for all individuals to succeed in locating enough food to satisfy their vital needs.
Consumption refers to the portion of a fruit-crop actually depleted by a population of
frugivores. That a demand was exerted can be inferred a priori, i.e. without the need of
subsequent data, by merely detecting that a population of frugivores existed. Demand
increases with population growth and as the proportional representation of critical,
[Link] 91
BREEDING AND AGE-STRUCTURE IN CLOUD FOREST BATS
*All correlations highly significant. 1Data obtained during 1979–1981 + 1984–2007. 2Sturnira bidens, S. bogotensis,
S. erythromos, and S. ludovici combined (1979–2007). 3Artibeus lituratus, Dermanura bogotensis, Enchisthenes hartii,
and Platyrrhinus umbratus combined (1979–2007). 4Sturnirini and Stenodermatini combined. For each data set, all
breeding and age categories are considered collectively. See Methods for further explanation.
et al. 1977; Racey and Speakman 1987; Heesen et al. 2013), that can be generalized to
frugivorous bats, suggests that there are three critical groups:
A) Females with advanced pregnancies. Rapid growth of the fetus during late pregnancy
can be expected to impose an important metabolic burden on these females. Moreover,
considerable enlargement of the abdomen and increased body mass noticeably hinder their
flight, suggesting that locomotion in these females is especially costly in energetic terms.
B) Lactating females. Unlike the former, these females are not obligated to carry their
progeny with them permanently. However, because of the larger size and higher rate of
absolute growth of newborn offspring, which increases energetic and nutritional requirements,
and because translocation of energy and nutrients from mother to offspring through milk
is less efficient than translocation through the placenta, lactating females should be the
individuals supporting the highest metabolic burden.
C) Juveniles and subadults. They must attain adulthood leading an independent life. This
should not imply a markedly different metabolic burden, especially energetic, with respect
to adults. However, juveniles and subadults are inexperienced and can be expected to be
less efficient foragers. To survive, they need a noncompetitive environment supplying easy
to find, abundant food. Teaching and continued feeding by the mother, as reported for some
bats (Kunz 1974; Schmidt and Manske 1973; Brigham and Brigham 1989), may ameliorate
the necessity of easily obtained food.
Ultimate factors: inferences based on the preceding assumptions. With the previous
definitions in mind, and recognizing females with advanced pregnancies, lactating females,
and juveniles and subadults as critical groups, it becomes clear that marked fluctuations in
both demand and consumption occur during the breeding season as a consequence of the
female-breeding and age structure phenologies (Fig. 3, Table A1), and potential to double
initial population size (assuming that females are 50% of the population, and that each
female produces one young twice a year), of the bat populations studied. Such fluctuations
in demand and consumption during a successfully completed breeding season can be
inferred to be the outcome of the following three main components:
A) Two peaks of demand, and two of consumption, resulting from the two peaks of
abundance exhibited by the combination of females either showing advanced pregnancies
or nursing their offspring.
B) Two peaks of inexperience-induced demand originating in the two peaks of abundance
exhibited by the combination of juveniles and subadults (the second of these peaks partly
extends beyond the breeding season, but its most intense portion occurs within its boundaries).
C) Two successive increases, in a stepwise fashion, in both demand and consumption
caused by the two pulses of population growth.
Because the relative contribution of each of these three components cannot be
quantified at present, the shape of the fluctuations in demand and consumption
during the breeding season cannot be characterized with precision. However, it can
be predicted that successfully completed breeding seasons, as those recorded in the
present study, will generate demand and consumption curves showing some degree of
bimodality owing to components “A” and “B”, and a net growth owing to component
“C”. It is clear that the demand curve cannot grow in this manner if the supply curve
does not equal or exceed demand during the breeding season. Support for this notion
[Link] 93
BREEDING AND AGE-STRUCTURE IN CLOUD FOREST BATS
of a coupling of demand to supply comes from the consumption curve, for its inferable
bimodality and growth during successful breeding seasons implies that, in general, supply
was at least sufficient to satisfy demand. Therefore, it can be concluded that the breeding
seasons that occurred during the study (Fig. 3, Table A1) were also seasons of a relatively
plentiful supply of food.
The results may also be interpreted as indicating that the season of short supply of food
for the bat populations begins toward the last half of the second wet season. Evidence
that may imply this includes:1) termination of breeding during the first half of the second
wet season. This may be viewed as a demand-reducing strategy that would be adaptively
meaningless unless supply has plummeted, or is to plummet soon and predictably, to
well below the level of the demand exerted by bat populations; and 2) the diminished
intensity of the second annual birth-pulse with respect to the first annual birth-pulse (Fig.
3). This diminishment may have a component due to recruitment into the adult age
class of females born during the first annual birth-pulse of the same year, for which what
remains of the breeding season is insufficient to breed. However, the diminishment is
so marked that it cannot be fully explained by such recruitment. Therefore, it must also
include another component due to females born in the preceding years skipping the
second annual pregnancy more often than the first. This propensity of females to omit the
second annual pregnancy is probably caused by the proximity of a seasonal short supply
of food implying, as reported for other frugivorous mammals (e. g. Charles-Dominique et
al. 1981), reduced survival probabilities for offspring born late in the breeding season.
Four conclusions emerge from the preceding discussion:
First, marked seasonal fluctuations occur both in the demand exerted by the populations
of frugivorous bats studied, and in the supply made available to such populations by food
plants. These fluctuations cause supply to exceed consumption and demand during the
breeding season, and demand to exceed supply during the nonbreeding season. When
supply exceeds demand, competition for the seed-dispersal services provided by the bats
should occur within and among the plant populations, with the bats wasting fruit and the
plants wasting seeds. When demand exceeds supply, competition for fruit should occur
within and among the bat populations, with the bats wasting individuals and the plants
wasting seed dispersers. Therefore, the efficiency of the bat-plant mutualism suffers a
reduction.
Second, the seasonal fluctuations in demand and supply implicate the presence of one
or more distorting factors which, although extrinsic to bat-plant interactions, do affect the
seasonal component of these interactions, for in the absence of such factors the evolutionary
tendency of demand and consumption to adjust to supply, and of supply to adjust to
consumption, would maximize the efficiency of the bat-plant mutualism by suppressing
seasonal fluctuations of demand, supply, and consumption.
Third, hypothetically, extrinsic factors distorting bat-plant interactions could act upon
the bats (in which case the seasonality of supply would have evolved in response to the
seasonality of consumption), or upon the plants (in which case the seasonality of demand
would have evolved in response to the seasonality of supply). Evidence supporting the first
alternative is lacking. On the contrary, because a good number of both observational (e.
g. Daubenmire 1972; Alexandre 1980; Opler et al. 1980; Foster 1982; Koptur et al. 1988)
and manipulative (e. g. Opler et al. 1976; Augspurger 1982; Garwood 1982; Borchert 1983,
1994) studies have concluded that the rainfall markedly affects the phenology of tropical
forest plants, the most plausible option is to propose that the extrinsic factor distorting bat-
plant interactions, and thus causing bimodal polyestry, is the average seasonal regime of
rainfall, and that it affects such interactions by acting upon the plants.
Fourth, assuming that the seasonal peaks of supply track rainfall, seasonal breeding,
with peaks of demand coinciding with peaks of supply, has a clear adaptive value
for populations of frugivorous phyllostomids (coincidentally, it also benefits plant
populations). Therefore, analogously to other authors (e. g. Fleming et al. 1972; Wilson
1979; Thomas and Marshall 1984; Dinerstein 1986), albeit more explicitly, we conclude
that seasonal fluctuations in the availability of fruit, resulting from the seasonality of
rainfall, appear to be the main selective force, or ultimate factor, that has led to the
seasonal breeding pattern observed in frugivorous phyllostomid bats.
Another point needing discussion concerns the bimodality of bat breeding. Because
the rainfall regime and annual temperature cycle of the study area are also bimodal
(Fig. 1), it would be tempting to look for an ultimate or proximate cause-and-effect
relationship (Mello et al. 2004, 2009). However, the observation that frugivorous
phyllostomids inhabiting regions with unimodal rainfall also exhibit bimodal polyestry
(e. g. LaVal and Fitch 1977; Bonaccorso 1979) suggests that there are other factors,
common to unimodal and bimodal rainfall regimes, that alone are capable of inducing
and maintaining bimodal polyestry. For example, giving birth a first time early and a
second time late in the season of relatively plentiful supply, thus generating the two
synchronous birth-pulses characteristic of bimodal polyestry, is perhaps the only way in
which a majority of the females could accommodate two parturitions within the span of
this season.
Proximate factors: questions. There are two ways in which a biological cycle synchronous
with an environmental cycle could have arisen: a) endogenously, as a response to some
physiological oscillator, internal to the organisms, whose period is synchronized with the
period in the environment by means of an entraining time cue; or b) exogenously, as a direct
response to some cyclic change in the environment (e. g. Brady 1979). Therefore, two broad
questions may be posed concerning proximate factors. First, do the annual breeding cycles
observed possess an endogenous component? Second, which is the environmental factor
(either an entraining time cue, or a cyclic change with a direct effect) responsible for the
onset and synchrony of each annual cycle? An exploration of these questions follows.
Arguments for an endogenous component. The low interannual variability and high degree
of intra- and interspecific synchrony in the seasonal breeding cycles that we observed (Fig.
3, Table A1) suggest an endogenous control, unless synchrony owes to a shared exogenous
factor lacking interannual variability (such as photoperiod). As emphasized by authors such
as Immelmann (1971) and Gwinner (1975), the rigorous demonstration of an endogenous
component in an annual cycle would require: a) removing a sample of the relevant organisms
out of their natural environment; b) depriving these organisms of seasonal information by
holding them under artificial constant conditions; and c) demonstrating the persistence
of a circannual cycle, similar to the natural one, but with a periodicity shorter or longer
than the natural one (if a circannual cycle has a period indistinguishable from 12 months,
[Link] 95
BREEDING AND AGE-STRUCTURE IN CLOUD FOREST BATS
the possibility of an uncontrolled cyclic variable having affected the outcome cannot be
conclusively excluded). To our knowledge, nobody has deliberately attempted to establish
whether there is an endogenous component in the breeding seasonality of frugivorous
phyllostomids by applying this procedure, though experiments in captivity have led to
conclude that a nectarivorous phyllostomid, Anoura geoffroyi, does possess an endogenous
component in its seasonally monoestrous breeding cycle (Heideman et al. 1992; Heideman
and Bronson 1994). Nevertheless, four studies (Kleiman and Davis 1979; Kürten 1983; Porter
1979; Bonilla and Turriago 1986) contain information, relevant to frugivorous phyllostomids,
concerning the periodicity of breeding in captive colonies of Carollia perspicillata maintained
under artificial year-round uniform conditions (Table 3).
Table 3. Breeding in
Reproductive
Temperature
Photoperiod
Initial size of
observations
Place where
Duration of
colony was
maintained
Origin of
humidity
four captive colonies
Relative
Source
colony
pattern
colony
Diet
of Carollia perspicillata
maintained under
year-round uniform
12 h conditions.
Saint Louis,
Canal Zone, light
10 ♀♀ MO, USA Artificial, Bimodal
Panamá 12 h 23–28°C 60–90% 3 years 1
6 ♂♂ (39°N, constanta polyestryb
(9°N, 79°W) dark
90°W)
inverted
12 h
Washington,
Trinidad, light Three
11 ♀♀ DC, USA Artificial,
West Indies 12 h 27–31°C 50–80% 1 year consecutive 2 a
Diluted fruit-pulp
6 ♂♂ (39°N, constanta
(10°N, 61°W) dark birth-pulses mixed with protein,
77°W)
inverted minerals, and vitamins;
12 h
b
the birth-pulses were
Guanacaste, Bonn, light well-synchronized
11 ♀♀ Artificial, Bimodal
Costa Rica Germany 12 h 25°C 80% 1 year 3, 4 and at same time as
12 ♂♂ constanta polyestryb
(10°N, 85°W) (51°N, 7°E) dark in the original wild
inverted populations. 1
Porter
(1978, 1979); 2Kleiman
9 h light and Davis (1979);
Villavicencio, Bogotá,
15 ♀♀ 15 h Artificial, Bimodal 3
Kürten (1983); 4Laska
Colombia Colombia 18–22°C 55–75% 2 years 5
3 ♂♂ dark constanta polyestryb (1990); 5Bonilla and
(4°N, 73°W) (4°N, 74°W)
inverted
Turriago (1986).
The overall maintenance conditions of the four colonies were similar, and would appear
unlikely to lead to divergent outcomes. The most tangible differences among the four
studies involve the founder populations originating the colonies, which inhabit mutually
distant areas, and the latitudes at which the colonies were maintained, which comprise
a remarkably wide range. Results of two kinds were obtained: a) bimodal polyestry, with
its characteristic nonbreeding phase intervening between pairs of birth-pulses, during six
years of observations (Porter 1979; Kürten 1983; Bonilla and Turriago 1986); and b) three
consecutive birth-pulses, with absence of a nonbreeding phase owing to most females giving
birth thrice, during one year of observations (Kleiman and Davis 1979).
Because only Porter’s (1979) information suggests a circannual breeding cycle with a
period slightly differing from 12 months, and because even in this study such a trend was not
sufficiently clear, it cannot be conclusively established whether an endogenous component
was involved in the breeding of any of the colonies. Nevertheless, the most plausible
explanation for the occurrence of bimodal polyestry in three of the colonies (Bonilla and
Turriago 1986; Kürten 1983; Porter 1979) involves the contribution of some endogenous
mechanism (as also suggested for a captive colony of Artibeus jamaicensis, see Keast Taft
and Handley 1991), because an explanation directly involving exogenous time cues would
require intervention of some environmental factor of a subtle and uncontrolled nature,
such as an annual geophysical cycle or the seasonality of barometric pressure, unavoidably
penetrating captive conditions and capable of initiating and synchronizing the circannual
breeding cycles. This seems unlikely owing to four reasons. First, the geographical separation
between the original wild populations and the Saint Louis and Bonn colonies is considerable
(Table 3), requiring the hypothesized environmental factor to act similarly in such mutually
distant regions as tropical America, temperate North America, and Europe. Second, if the
environmental factor penetrated the captive conditions and led to bimodal polyestry in the
Saint Louis and Bonn colonies (Kürten 1983; Porter 1979), it would be difficult to explain
why it failed to do the same to the Washington colony (Kleiman and Davis 1979), which is
intermediate in latitude (Table 3). Third, the synchrony initially observed in the Bonn colony
(Kürten 1983) faded after four years (Laska 1990; for a similar result involving a captive
colony of Artibeus jamaicensis, see Keast Taft and Handley 1991), so the environmental factor
should also have faded. Fourth, if we assume, as we argue below, that food supply acts as
the environmental regulator of the annual breeding cycles of frugivorous phyllostomids, the
instances of bimodal poyestry observed in captive C. perspicillata occurred without cyclic
fluctuations in such regulator. Therefore, based on this evidence, it would seem that there
is at least some degree of endogenous predetermination in the annual breeding cycles of
frugivorous phyllostomids.
On the other hand, assuming that the presence of a third annual birth-pulse in the
Washington colony was not an artifact created by captive conditions, the Trinidadian
population of C. perspicillata originating this colony could be aseasonally polyestrus, as
proposed for frugivorous phyllostomids in some localities (Estrada and Coates-Estrada 2001;
Montiel et al. 2011), or the annual breeding cycle of this population might owe to a differently
timed endogenous component.
[Link] 97
BREEDING AND AGE-STRUCTURE IN CLOUD FOREST BATS
2011; this study), or seasonal monoestry when the fruiting season is short (e .g. Stoner 2001;
Duarte and Talamoni 2010). In this context, the remarkably high interspecific synchrony
and low interannual variability in the annual breeding cycles of nine sympatric species of
frugivorous phyllostomids in cloud forests of the Venezuelan Andes (Fig. 2; Table A1) would
be a simple and direct consequence of similar fruiting phenologies, both within and among
years, of all bat species specific, or bat guild specific, food plant assemblages involved.
Likewise, absence of interspecific synchrony in the annual breeding cycles of sympatric
species of frugivorous phyllostomids reported in other studies (e. g. Estrada and Coates-
Estrada 2001; Montiel et al. 2011) would reflect intra-annual differences in the fruiting
phenologies of the food plant assemblages involved.
Nature of time cues. Here, we discuss the possible nature of the exogenous time cues of the
annual breeding cycles of frugivorous phyllostomids mainly under the hypothesis that such
cycles possess some degree of endogenous predetermination.
At a given latitude, potential entraining time cues belong to two fundamental types: those
with a fixed seasonal schedule and lacking local variability, typified by photoperiod; and
those showing interannual and local variability, such as rainfall, temperature, and fruiting
phenology. There are two natural situations that would lead to discard potential entraining
time cues of the first type. These are:
A) One or more pairs of populations of the same species living so close geographically that
latitude and genetic factors do not differ significantly between them, yet start their breeding
seasons at different times of the year. This situation was exemplified by Fleming et al. (1972),
who reported frugivorous phyllostomids (Carollia perspicillata, Artibeus jamaicensis) from
two localities in the Panama Canal Zone to initiate their breeding season about one month
later than conspecifics from a Costa Rican locality. Fleming et al. (1972) argued that the
breeding seasons correlated better with the rainfall regimes, locally variable, than with
photoperiod, almost identical in the three localities, and therefore proposed rainfall as the
proximate factor, or entraining time cue, for these cycles.
B) Breeding seasons showing interannual variation in their seasonal schedule in a single
locality, either relatively, i. e., sequential order in which several species initiate breeding, or
absolutely, i. e., exact time of the year in which a given species initiates breeding. Our study
is relevant to this situation, but does not exemplify it because we did not detect differences
among years (Table 2). Therefore, our results would be consistent with photoperiod, or any
other variable with a fixed seasonal schedule at our latitude, being potential entraining time
cues, a possibility that is negated by the findings of Fleming et al. (1972). We should note
that, owing to its highly reduced oscillations at low latitudes, photoperiod is thought to be
unimportant as an entraining time cue in the annual cycles of tropical animals (Immelmann
1971). Moreover, it has been concluded that seasonal breeding in Anoura geoffroyi, a
nectarivorous phyllostomid, is not affected by photoperiod (Heideman et al. 1992; Heideman
and Bronson 1994). On the other hand, our finding of a low interannual variability in the
seasonal schedule of breeding (Table 2) in spite of a marked interannual variation in the
rainfall pattern (Figs. 1 and 2) is not consistent with rainfall being a potential entraining time
cue, as proposed by Fleming et al. (1972).
Based on the above reasoning, we disregard photoperiod, or any other variable with a
similar fixed seasonal schedule, and rainfall, or anything dependent on it in a direct and
simple manner, as potential entraining time cues. Thus, potential entraining time cues left
to consider are seasonal fluctuations in temperature, as proposed by Mello et al. (2004,
2009) for neotropical bats, and availability of fruit, as proposed by Heideman (1988) for
paleotropical frugivorous bats. We also disregard the possibility of temperature being a
potential entraining time cue on the following grounds: 1) interannual variability in the
monthly pattern of temperature fluctuations is just as large, proportionally, as in the case
of rainfall (Fig. 1), and this did not translate into differences that we could detect among
breeding seasons of different years (Table 2); 2) in general, temperature is thought to be
unimportant as an entraining time cue in the annual cycles of homeotherms, including those
inhabiting temperate zones (Gwinner 1975; Brady 1979), in which maximum and minimum
average monthly temperature differs much more than in the tropics (in our study area this
difference reaches only 2° C; Figure 1) ; 3) in major mountain ranges, such as the Venezuelan
Andes, foraging along a sharp altitudinal gradient or shifting refuges at various elevations by
the bats would disrupt the physiologically perceived seasonal change of temperature, with
unpredictable effects on reproductive synchronization; and 4) because cave temperatures
often are comparatively stable, cave-dwelling frugivorous bats might have a reduced
opportunity to depend on monthly oscillations in temperature as an entraining time cue for
their annual breeding cycles.
On the other hand, seasonal fluctuations in the availability of fruit, the only variable
left in our list, would seem to have good potential to act as the entraining time cue that we
are trying to identify owing to four reasons. First, throughout the tropics, frugivorous bats
generally concentrate breeding in the months during which, in the average year, rainfall
tends to be more intense (e. g. Bonaccorso 1979; Thomas and Marshall 1984; Dinerstein
1986; Heideman 1988; Kofron 1997; Bumrungsri et al. 2007; Duarte and Talamoni 2010;
Durant et al. 2013), this being an indication of the entraining time cue being related to
rainfall, though, as we have said, not in a direct or simple manner. Second, plant phenology,
including fruiting phenology, is well-known to respond to the seasonality of rainfall with
an attenuated monthly and interannual variation owing to rainwater stored in the subsoil
and in plant structural components buffering such seasonality (Borchert 1994; Bohlman
et al. 1995; Meinzer et al. 1999). Third, there can be no doubt that fruiting phenology
is capable of affecting directly and strongly the populations of frugivorous bats. Fourth,
seasonal fluctuation in the availability of fruit has been proposed to act as the entraining
time cue for other tropical frugivorous vertebrates (Ward 1969; Fogden 1972; Jones and
Ward 1976; Snow 1976; Worthington 1982; Heideman 1988). Therefore, we conclude
that the seasonality of fruit production is likely to be the environmental factor modulating the
annual breeding cycles of frugivorous phyllostomid bats, irrespective of whether it does so
indirectly as a time cue entraining endogenous rhythms (under the assumption that breeding
cycles do possess an endogenous component), or directly as a limiting environmental factor
seasonally allowing or impeding bat breeding and population growth (under the assumption
that breeding cycles do not possess an endogenous component).
Acknowledgments
Thanks are due to D. E. Wilson for reading an early version of the manuscript and formulating
valuable comments.
[Link] 99
BREEDING AND AGE-STRUCTURE IN CLOUD FOREST BATS
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Appendix 1
Appendix: detailed data on female breeding and age structure phenologies
This appendix provides separate counts for each bat species included in the study, separate
counts for females with medium and advanced pregnancies, and counts of females that
were detected to be simultaneously pregnant and lactating/postlactating. These counts can
be used for verification of our statistical tests, for further statistical analyses, for integration
with data from other studies, or as a source of information on the breeding seasonality in
particular bat species.
Table A1. Numbers of adult females in five reproductive categories and numbers of
individuals in three age categories for nine species of frugivorous bats from cloud
forests in the Venezuelan Andes. Data were obtained from 1979 through 2007, and
are grouped in 1.5-month intervals. AF = adult females. MP = females with medium
pregnancies (abdomen moderately distended and rounded owing to the presence of a
smaller fetus). AP = females with advanced pregnancies (abdomen markedly distended
and irregularly shaped owing to the presence of a larger fetus). LC = lactating females.
PL = postlactating females. AD = adults. SA = subadults. JV = juveniles.
Bat species AF MP AP LC PL AD SA JV AF MP AP LC PL AD SA JV
Sturnira bidens 6 6 0 0 0 8 0 0 2 1 0 1 0 3 0 0
Sturnira bogotensis 7 4 0 0 0 13 0 0 0 0 0 0 0 1 0 0
Sturnira erythromos 6 3 3 0 0 14 0 0 1 0 0 1 0 4 0 1
Sturnira ludovici 5 1 1 0 0 7 0 0 3 2 1 0 0 5 0 0
Artibeus lituratus 3 1 2 0 0 10 0 0 4 0 2 2 0 11 0 0
Dermanura bogotensis 6 4 0 0 0 9 0 0 8 1 6 1 0 20 0 0
Enchisthenes hartii 1 1 0 0 0 4 0 0 1 0 0 1 0 10 0 0
Platyrrhinus umbratus 5 4 0 0 0 22 0 0 18 0 2 8 0 33 0 0
TOTAL 87 45 12 0 0 166 0 0 101 9 30 35 2 192 0 1
Bat species AF MP AP LC PL AD SA JV AF MP AP LC PL AD SA JV
Carollia brevicauda 50 6 3 26 7 81 18 50 23 5 5 6 0 45 20 10
Sturnira bidens 0 0 0 0 0 0 0 0 2 0 0 0 0 2 2 1
Sturnira bogotensis 2 0 0 2 0 2 0 0 1 1 0 0 0 1 1 1
Sturnira erythromos 9 4 0 2 1 14 2 4 7 3 0 1 0 10 0 0
Sturnira ludovici 3 0 0 1 0 6 0 2 2 0 2 0 0 4 1 0
Artibeus lituratus 6 1 0 5 0 15 0 3 1 0 0 1 0 11 2 0
Dermanura bogotensis 5 2 1 1 3 11 0 0 9 2 1 1 5 21 4 0
Enchisthenes hartii 2 0 1 0 1 4 0 0 4 1 0 0 2 7 1 0
Platyrrhinus umbratus 6 3 0 2 3 24 1 8 8 2 0 2 2 19 4 0
Sturnira bidens 5 1 1 0 0 5 0 0 5 0 0 0 0 5 2 0
Sturnira bogotensis 3 0 0 2 1 4 0 0 1 0 0 0 0 4 0 0
Sturnira erythromos 8 0 0 0 0 13 0 0 8 0 0 1 0 15 5 0
Sturnira ludovici 4 1 0 0 1 5 0 0 5 0 0 1 3 7 0 0
Artibeus lituratus 1 0 0 0 0 3 0 0 1 0 0 1 0 1 0 1
Dermanura bogotensis 11 1 1 2 0 23 3 1 15 1 0 4 3 23 2 0
Enchisthenes hartii 1 0 0 0 0 1 1 0 6 0 0 0 0 11 0 0
Platyrrhinus umbratus 22 0 0 3 4 46 5 0 14 0 0 0 2 28 6 1
Sturnira bidens 7 0 0 0 0 7 3 0 6 1 0 0 0 6 0 0
Sturnira bogotensis 0 0 0 0 0 1 2 0 2 0 0 0 0 10 0 0
Sturnira erythromos 15 0 0 1 0 27 3 1 14 0 0 0 1 27 1 0
Sturnira ludovici 3 0 0 0 2 4 4 1 5 0 0 0 1 11 3 0
Artibeus lituratus 1 0 0 0 0 3 0 1 1 0 0 0 1 3 0 0
Dermanura bogotensis 9 0 0 2 3 15 2 3 9 0 0 0 2 26 5 0
Enchisthenes hartii 5 0 0 0 0 7 0 0 2 0 0 0 0 11 0 0
Platyrrhinus umbratus 16 0 2 0 1 23 6 3 21 1 0 0 3 34 2 0
TOTAL 130 0 3 5 29 191 51 16 96 4 0 0 10 215 24 0
Simultaneously pregnant (medium pregnancy) and lactating females detected in samples were: C. brevicauda, 2 (1 June–
15 July); S. erythromos, 1 (16 April–31 May); A. lituratus, 1 (16 April–31 May); and P. umbratus, 1(16 April–31 May).
Simultaneously pregnant (medium pregnancy) and postlactating females detected in samples were: C. brevicauda, 2 (16
April–31 May); D. bogotensis, 2 (16 April–31 May); E. hartii, 1 (1 June–15 July); and P. umbratus, 3 (1 in 16 April–31 May,
2 in 1 June–15 July).
[Link] 109
Marsupials (Didelphimorphia: Didelphidae) from THERYA, abril, 2014
Iquitos and surrounding areas (Loreto, Peru) Vol.5(1): 111-151
DOI: 10.12933/therya-14-178
Marsupiales (Didelphimorphia:
Didelphidae) de Iquitos y sus alrededores
(Loreto, Perú)
M. Mónica Díaz1
Introduction: Amazonia has a high diversity of marsupials, and while Emmons and Feer (1990) have cited 14
species for the area, 18 years later this number was increased to 28 by Gardner (2008a), a difference related
to descriptions and revalidation of several species in recent years. Northeastern Peru is one of the areas with
high biodiversity, a “hotspot”. The high diversity of small mammals can be explained by several factors:
latitudinal gradient, size of the area, and lack of seasonal precipitations, among others. In this contribution
19 species are cited for the region of Iquitos, 14 collected through field trips and five recorded from the
literature. These results confirm the presence of a species that was not known for the country (Marmosops
neblina), and two species (Marmosa regina and Marmosops bishopi) with new records for the area. The
results show that the study area is one of the most diverse in South America with respect to marsupials.
Material and methods: The specimens were collected between December 2002 and December 2005, at
41 collecting sites along the Iquitos-Nauta Highway. The study was carried out in undisturbed primary
and secondary forests, and other rural areas. In total, 18,081 Sherman trap-nights, 19,271 Tomahawk trap-
nights, and 591 pitfall trap-nights were recorded. External and cranial morphometric data, body mass, sex,
and reproductive condition were recorded for all specimens. A key to species is provided including the
confirmed and probable species of the area. Species accumulation curves were calculated and plotted using
EstimateS 8.2.0.
Results: Three hundred and seventy three records were obtained belonging to 14 out of 27 species cited for
the area; eight species were collected outside the Iquitos area. Most specimens were collected in primary
and secondary forests (123 and 199 specimens respectively), only 49 were captured in other areas. Pitfall
traps were the most successful (1.69% capture success), followed by Tomahawk traps (1.29%), and Sherman
traps (0.55%). Arboreal traps were more successful than the ground traps, with 4.18% and 0.89% capture
success respectively. The species accumulation curve did not reach stability and the estimates calculated
are greater than the recorded species.
Discussion: During three years of sampling, 14 species were collected, a number that rises to 19 when
literature citations for the specific area of Iquitos are considered (and increases to 27 if the area is extended
to a 200 km radius around Iquitos). Some species were very abundant (P. opossum, M. nudicaudatus, D.
marsupialis, and M. regina), while others were documented by only 1 or 2 records (G. venusta, M. adusta,
and P. olrogi). It is evident that the Peruvian Amazon is one of the areas with the highest diversity of
marsupials, but further surveys and studies are necessary in order to determine with greater precision the
distribution of many species, and to acquire a better understanding of their natural history. More extensive
studies of the fauna of the region are required to obtain informational bases that will provide a strong
management policy, in order to preserve the species in such a highly fragmented region.
Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas); Pidba (Programa de Investigaciones de Biodiversidad
1
Argentina), Universidad Nacional de Tucumán; Fundación Miguel Lillo, Miguel Lillo 255, 4000, Tucumán, Argentina,
mmdiaz@[Link]
MARSUPIALES DE IQUITOS
Resumen
Se presenta el resultado de un estudio realizado en la localidad de Iquitos y sus alrededores,
un área ubicada en la Amazonía del noreste de Perú. Se ofrece una lista de especies
de marsupiales registrados mediante colectas realizadas personalmente, información
obtenida de la literatura y registros confiables. Para cada especie se mencionan las
localidades de colecta y presentan comentarios sobre su sistemática e historia natural.
Se citan 19 especies para Iquitos, 14 fueron colectadas en este estudio, de las cuales una
se confirma para el país (Marmosops neblina). Los resultados muestran que esta zona es
una de la más diversa en marsupiales en Sudamérica.
Introducción
La Amazonia tiene una alta diversidad de marsupiales; Emmons y Feer (1990) citaron
14 especies y Gardner (2008a) alrededor de 28. La diferencia en el número de especies
ofrecidas por ambos trabajos está relacionada con la reciente descripción de nuevas
especies y la revalidación de varias de ellas en los últimos años (Díaz et al. 2002; Lew y
Pérez-Hernández 2004; Solari 2004, 2007; Voss et al. 2004; Lew et al. 2006; Flores et al.
2008). El análisis de diferentes localidades en la Amazonia indica que la mayor riqueza
de especies se registra en Bajo Urubamba con 16 especies (Solari et al. 2001), seguida
por Cocha Cashu y Pakitza en el sureste de Perú, con 13 especies (Voss y Emmons
1996; Leite Pitman et al. 2003); la Estación Allpahuayo Mishana, noreste de Perú con
12 especies colectadas más seis o siete con alta probabilidad de ocurrencia (Hice 2003;
Díaz y Willig 2004; Hice y Velazco 2012), 11 en Balta, Río Curanja, en el este-central
de Perú (Voss y Emmons 1996); 10 en la Estación Biológica de Panguana, centro de Perú
(Hutterer et al. 1995) y del Río Alto Marañon en los pies de los Andes en el noroeste
de Perú (Patton et al. 1982); y nueve en la Reserva Cusco Amazónico, al sur de Perú
(Woodman et al. 1991). En la Amazonía, pero fuera de Perú, 13 especies de marsupiales
fueron registradas a lo largo del Río Juruá en el oeste de Brasil (Patton et al. 2000) y 12
en Paracou, en Guyana Francesa (Voss et al. 2001).
El noreste de Perú está incluido en una de las zonas con mayor diversidad de especies,
los denominados “hotspots” (Ceballos y Ehrlich 2006). Esta alta diversidad de pequeños
mamíferos puede explicarse por diferentes factores, por el gradiente latitudinal (la diversidad
aumenta hacia el ecuador), porque las extensas regiones tropicales proporcionan más
oportunidades para grandes áreas de distribución geográfica que cualquier otro bioma
(Rosenzweig 1992), y otra posible causa es la ausencia de precipitaciones estacionales
en esta región cálida y húmeda (Gentry 1988; Gentry y Ortiz-S. 1993). Muchas especies
de mamíferos fueron recientemente incluidas en el área (Hice 2001, 2003; Angulo y
Díaz 2004; Díaz y Willig 2004; Hice et al. 2004; Voss et al. 2009). En este trabajo, se
confirman 19 especies de marsupiales para la región de Iquitos, 14 de las cuales fueron
registradas durante el muestreo y cinco corresponden a ejemplares depositados en
colecciones sistemáticas, citadas en la literatura o comentarios personales de biólogos
profesionales. Una de las especies citada para Iquitos en la literatura e incluida en este
trabajo (M. demerarae) requiere revisión. Además es incluyen ocho especies probables
Iquitos se ubica sobre la orilla izquierda del Río Amazonas, entre los ríos Itaya y Nanay,
a una altura de 116 m (Villarejo, 1979). El clima de la región presenta una temperatura
media anual de 26 °C y una precipitación media anual de 2,700 mm, con una temporada
húmeda muy lluviosa desde enero hasta junio con un pico máximo en marzo y abril, y
una seca moderada desde julio a septiembre (Tafur Rengifo 2001, Madigosky y Vatnick
2000). El área de estudio se encuentra ubicada dentro del bosque húmedo tropical de
selva baja (Brack 1986), conformado en su mayoría por tierras aluviales expuestas a
inundaciones anuales de los ríos constituyendo la planicie inundable de la Amazonía
peruana. La selva baja se extiende dentro de la llanura amazónica por debajo de los 800
m de altitud e incluyen los bosques inundables, bosques húmedos de terrazas, bosques
húmedos de colinas, aguajales y pacales (Brack 2008). Los bosques húmedos de terraza
y de colinas, forman los denominados bosques no inundables o de tierra firme, los
primeros se ubican en áreas planas o de pendiente ligera, pudiendo encontrarse más
o menos lejos del río; presentan un vigor alto, medio y pobre según la altura del dosel
superior y diámetro de las copas (Tuomisto 1993). Los bosques húmedos de colinas
[Link] 113
MARSUPIALES DE IQUITOS
A B
C D
Figura 2. Diferentes
hábitats relevados duran-
te el estudio: A) Bosque
primario, B) Bosque
secundario, C) Área de
cultivo, D) Aguajales.
Fotos: M.M. Díaz.
Las trampas arbóreas (entre 4 - 10 trampas por sitio) consistían en una trampa Sherman
atada sobre una Tomahawk, y a veces unida a una plataforma de madera o directamente
atada a una rama de un árbol (Fig. 3A). Se colocaban sobre troncos a diferentes alturas
entre 6 y 19 m siguiendo la transecta del suelo, y el cebo (avena con manteca de maní)
se colocaba en un trozo de tela para prevenir que las hormigas lo removieran. Todas
estas trampas eran chequeadas diariamente, en la mañana, con binoculares.
Las trampas de caída (“pitfall traps”), colocadas principalmente en bosque primario,
consistían en nueve baldes (seis de 20 litros y tres de 40 litros, con la base perforada)
separados uno de otro por 5 m. Para las divisorias se usaron plásticos sostenidos con estacas
cada 2 m (Fig. 3B). Todas las trampas permanecían abiertas siete noches consecutivas
por mes, colocadas de manera simultánea a las trampas Sherman y Tomahawk.
En total se colocaron 18,081 trampas-noches con Sherman, 19,271 trampas-
noches con Tomahawk y 591 trampas-noches con pitfall. Solo 287 trampas-noches
correspondieron a trampas arbóreas. El éxito de colecta fue calculado dividiendo el
número total de especímenes colectados por el número total de trampas-noches x 100
La curva de acumulación de especies se calculó usando el EstimateS 8.2.0 (Colwell,
2009) sobre la base del presente estudio excluyendo los datos de la literatura y especies
no colectadas (i. e. Chironectes minimus). La curva fue calculada usando los estimadores
Chao1 usando las abundancias, y Chao2 y Jacknife 1 y 2 considerando presencia y
ausencia (Colwell et al. 2004) con reordenamiento aleatorio repetido (100 repeticiones),
95% de intervalo de confianza. La función de riqueza fue calculada como función de
acumulación de especies a través del total de meses de relevamiento (n = 37).
A B
Figura 3. A) Trampas
colocada en altura,
Sherman atada sobre
una Tomahawk, mon-
tadas en una base de
madera en Ex Petroleros,
300 m O km 39.8 de la
carretera Iquitos-Nauta.
B) Transecta de trampas
de caída (pitfall) en San
Lucas, O km 43 de la
carretera Iquitos-Nauta.
Fotos: M. M. Díaz.
Para cada uno de los especímenes se registraron datos morfométricos, peso, sexo y
condición reproductiva siguiendo a Díaz et al. (1998). Además se preservaron muestras
de sangre y tejidos, y se colectaron ejemplares de referencia preparados en piel y
esqueleto o conservados en alcohol. Los ejemplares fueron identificado usando literatura
específica (Patton et al. 2000; Voss et al. 2001, 2004, 2009, Rossi 2005, Gutiérrez et al.
2010) y por comparación con ejemplares de museos y colecciones sistemáticas. La
taxonomía sigue las últimas revisiones realizadas en cada uno de los géneros (Solari
2004, 2007, Voss y Jansa 2009, Gutiérrez et al. 2010). Los especímenes (algunos en
[Link] 115
MARSUPIALES DE IQUITOS
Tabla 1. Medidas
externas y craneales (ver
acrónimos en Materiales Caluromys Glironia Didelphis Marmosa Marmosops Marmosops
Marmosa sp.
y Métodos): se indican lanatus venusta marsupialis regina bishopi impavidus
las medidas o intervalo
menor y mayor de cada 669.3 402 840 377 428.2 244.3 279.8
medida y el número de LT 591-709 --- 805-903 --- 389-462 196-261 269-290
ejemplares examinados. 4 1 4 1 22 8 5
Solo se incluyen 406.3 201 412 233 247.9 141.6 157.4
ejemplares adultos. LC 368-439 --- 390-428 --- 218-312 117-150 149-165
4 1 4 1 22 8 15
42 30 61.3 20 26.6 16.8 18.8
LP 40-46 --- 58-66 --- 23-30 16-18 17-20
4 1 4 1 22 8 5
33.8 26 50.8 25 23.6 21.3 19.2
LO 31-37 --- 50-52 --- 22-25 19-23 18-20
4 1 4 1 22 7 5
370 130 1155 57 113.1 25.7 36
P 300-420 --- 1030-1350 --- 76-164 11.5-31.0 32.0-40.0
4 1 4 1 21 8 4
58.7 43.0 92.1 37.4 42.1 27.4 32.2
LCI 57.3-60.0 --- 89.2-96.6 --- 40.8-43.7 23.5-29.3 31.1-33.1
3 1 2 1 11 4 5
35.1 25.4 48.1 20.9 24.6 14.3 17.3
AZ 34.7-35.2 --- 45.6-50.5 --- 23.5-25.2 12.4-15.1 16.9-17.7
3 1 2 1 11 4 5
22.0 16.7 28.0 14.0 15.2 10.6 12.4
ACC 20.6-23.1 --- 27.2-28.7 --- 14.3-15.7 9.8-11.3 12.1-13.1
3 1 2 1 11 4 5
22.2 16.9 28.7 12.2 15.1 10.0 11.9
AM 22.0-22.4 --- 28.2-29.2 --- 13.0-16.3 9.1-10.7 11.6-12.4
3 1 2 1 11 4 5
10.9 7.6 19.7 6.2 7.9 5.5 6.0
AMI 10.4-11.6 --- 19.1-20.2 --- 7.7-8.3 5.1-5.7 5.9-6.2
3 1 2 1 11 4 5
8.5 13.9 6.1 5.4 6.2
AMI2 8.3-8.8 ---- 11.5-16.3 --- --- 5.1-5.7 6.2-6.3
3 2 1 4 5
28.1 38.2 14.6 16.6 11.8 13.5
LR 27.1-28.8 ---- 36.4-39.9 --- 15.3-17.5 10.6-12.5 13.3-13.7
3 2 1 11 3 3
24.7 19.1 45.3 17.0 19.7 12.2 16.2
LN 24.0-25.2 --- 44.0-46.7 --- 19.2-20.2 11.4-13.1 16.0-16.3
3 1 2 1 10 3 3
20.9 18.1 41.5 16.0 17.3 11.4 13.5
C-M4 20.4-21.3 --- 40.6-42.5 --- 16.8-18.1 10.4-11.8 13.1-14.1
3 1 2 1 11 4 5
29.9 23.7 55.6 20.6 22.8 14.5 17.6
LP 29.2-30.3 --- 55.3-55.9 --- 22.2-23.6 12.3-15.4 17.1-17.9
3 1 2 1 11 4 5
12.3 7.3 17.1 6.4 7.9 4.2 5.3
C-C 11.8-12.6 --- 16.3-17.9 --- 7.6-8.3 3.7-4.7 5.2-5.4
3 1 2 1 11 4 5
17.1 12.2 31.7 12.7 14.2 8.7 10.4
M-M 16.6-17.7 --- 29.4-33.9 --- 13.8-14.6 8.5-8.9 10.2-10.6
3 1 2 1 11 4 5
42.4 33.1 75.4 28.5 32.1 20.4 23.9
LM 41.7-43.1 --- 75.2-75.5 --- 30.7-33.4 17.7-21.9 23.1-24.7
3 1 2 1 11 4 5
23.3 18.3 44.5 17.8 11.8 13.7
c-m4 23.0-23.8 --- 44.5-44.5 16.1 17.0-18.9 11.2-12.3 13.2-14.5
3 1 2 11 4 5
[Link] 117
MARSUPIALES DE IQUITOS
Resultados
Tratamiento de las especies
ORDEN DIDELPHIMORPHIA Gill 1872
Familia Didelphidae Gray, 1821
Subfamilia Caluromyinae Kirsch, 1977
[Link] 119
MARSUPIALES DE IQUITOS
Comentarios: Izor y Pine (1987) mencionan que el ejemplar citado por ellos había
sido colectado por traficantes en un patio en las afueras de Iquitos. De acuerdo a
Emmons (2008), Pekka Soini capturó tres ejemplares, uno de los cuales fue exportado
vivo a Estados Unidos y los otros dos se perdieron, siendo la localidad citada “Loreto,
lower Río Nanay”. Patterson y Solari (2008) consideran que los ejemplares de Iquitos
probablemente corresponden a individuos introducidos, y directamente no incluyen a
esta especie en el noreste Perú. El individuo depositado en el AMNH corresponde a una
hembra colectada el 1 de enero de 1963.
Comentarios: El ejemplar de Iquitos fue colectado por H. Bassler, pero la fecha y el sexo
del ejemplar no están indicados. El ejemplar procedente del Río Nanay corresponde a
una piel propiedad del dueño de un restaurante en Iquitos (Fig. 4). Guardaparques de la
Reserva Allpahuayo Mishana observaron un ejemplar nadando en una quebrada, pero
ningún individuo fue colectado.
[Link] 121
MARSUPIALES DE IQUITOS
Comentarios: El 75% de los ejemplares colectados (22) presentaban fase negra, los siete
individuos con fase blanca corresponden a ejemplares juveniles o subadultos. Ambas
fases fueron registradas en los tres hábitats de muestreo. Con el objetivo de determinar
si las fases de color dependen del tipo de hábitat, y debido a lo pequeña de la muestra,
se aplicó el Fisher Exact Probability Test, cuyo resultado fue P = 0.64, indicando que no
hay correlación entre la fase de color y el ambiente.
Figura 4. Chironectes
minimus, espécimen
colectado en el Río
Nanay. Foto: W.
Lamar.
Una cría (dp3 presente, M1 apenas erupcionando) fue colectada en noviembre, jóvenes
con dp3 y M1 presentes se registraron en marzo, octubre, noviembre y diciembre;
jóvenes con dp3, M1 y M2 presentes en marzo, mayo, junio, julio y noviembre, y
subadultos en febrero, mayo, abril, julio, septiembre y octubre. Hembras lactando
fueron colectadas en mayo y julio, una hembra preñada en mayo y una hembra con
crías en febrero. En esta última se registró dentadura de subadulto (Díaz y Flores 2008).
Se capturaron ejemplares con muda en el pelaje en febrero, marzo, abril, mayo, julio
y noviembre. Todos los ejemplares fueron colectados con trampas Tomahawk cebadas
con frutas, y dos fueron colectados con la mano durante la noche cruzando la ruta;
nueve se capturaron en bosque primario, 14 en bosque secundario y cuatro en áreas de
cultivo. Dos ejemplares fueron observados cruzando la carretera Iquitos-Nauta, uno en
el km 23.5 y otro en el km 17.6.
Respecto a los registros que señalaban la presencia de otra especie del género,
D. albiventris, de acuerdo a Lemos y Cerqueira (2002) y Cerqueira y Tribe (2008),
la especie presente en el noreste de Perú corresponde a D. marsupialis, por lo que el
ejemplar reportado por Brown (2004) de Río Samiria (Departamento de Loreto) necesita
ser revisado. Díaz y Willig (2004) citaron a D. albiventris para esta zona, en base a un
individuo joven (MMD 2841) con orejas de base negra y extremo blanco que caracterizan
a esta especie, pero aparentemente la coloración de las orejas cambia con la edad, el
ejemplar es aquí re-identificado como D. marsupialis, sobre la base del arco cigomático
(yugal envuelve al escamosal dorsal y ventralmente, ver clave de identificación en este
trabajo), de esta manera se confirma la re-identificación de Pacheco et al. (2009) sobre la
base en características externas.
Se registraron garrapatas (Ixodes luciae) en el ejemplar MMD 3844 (Díaz et al. 2007,
2009) y nemátodos en el intestino y estómago del espécimen MMD 4653 (N. Sánchez,
comentario personal).
Registros adicionales: Provincia de Requena, Distrito de Yaquerana: Nuevo San Juan, Río
Gálvez (Voss et al. 2009).
Comentarios: Esta especie fue incluida en Perú a través del registro de Nuevo San Juan (Voss
et al. 2009), aproximadamente 160 km al sur de Iquitos, único registro conocido hasta el
momento. Un ejemplar, probablemente perteneciente a esta especie, fue fotografiado
en el 2004 en Nauta Caño, tributario del río Marañón, Reserva Nacional Natural Pacaya
Samiria (W. Lamar y S. Yanoviak, comentario personal, ver Fig. 5), aproximadamente 180
km al sudoeste de Iquitos. El espécimen coincide con los caracteres aportados en los
trabajos de Voss et al. (2001, 2009), solo podría confundirse con H. kalinowskii, pero se
diferencian claramente porque en G. emiliae el anillo periocular no alcanza la base de la
oreja.
[Link] 123
MARSUPIALES DE IQUITOS
Comentarios: Según Jansa y Voss (2005), la divergencia molecular encontrada entre los
especímenes de la Guyana Francesa y Perú sugeriría la existencia de dos especies diferentes.
Registros adicionales: Provincia de Alto Amazonas, Distrito de Santa Cruz: Santa Cruz
(Creighton y Gardner 2008). Provincia de Requena, Distrito de Yaquerana: Nuevo San
Juan, Río Gálvez (AMNH M-273186, no examinado).
Figura 5. Gracilinanus
cf. emiliae, espécimen
fotografiado en 2004 en
Nauta Caño, tributario
del río Marañon, Reserva
Nacional Natural
Pacaya Samiria. Foto: S.
Yanoviak.
Registros adicionales: Provincia de Requena, Distrito de Yaquerana: Nuevo San Juan, Río
Gálvez (Rossi 2005).
Comentarios: Rossi (2005) y Gutiérrez et al. (2010) consideran a ésta como una especie
válida y diferente de M. murina, por lo que es importante revisar el material incluido
dentro de esta última especie en Perú, para confirmar su identidad, ya que M. murina no
se distribuye en ese país.
Si bien anteriormente la localidad más cercana a Iquitos, con registros para esta
especie, era Orosa, a 140 km al E de Iquitos por el río Napo (AMNH 73855, 73853), citada
por Rossi (2005), los ejemplares fueron posteriormente re-identificados por Gutiérrez et
al. (2010) como M. waterhousei. En consecuencia el sitio más próximo corresponde
efectivamente a Nuevo San Juan, Río Gálvez, con ejemplares depositados en el AMNH
(272816, 272870) identificados originalmente como M. murina y re-identificados por
Rossi (2005) como M. macrotarsus.
Comentarios: Esta especie, al igual que la anterior, era incluida como sinónimo de
M. murina. Los ejemplares citados por Hice (2003) para 25 km S Iquitos ( = Estación
Biológica Allpahuayo) como M. murina también corresponden, de acuerdo a Gutiérrez et
[Link] 125
MARSUPIALES DE IQUITOS
al. (2010) y Hice y Velazco (2012), a esta especie. En los meses de octubre y noviembre
se registraron hembras lactando (Hice 2003).
Comentarios: Hice (2003) considera que esta especie está presente en el área, pero
la cita como M. germana, la que fue incluida por Gardner y Creighton (2008a) como
subespecie de M. regina. Patton et al. (2000) consideran que la forma regina en las
tierras bajas del Amazonas es diferente y el nombre aplicable podría ser germana
Thomas 1904. Marmosa phaeus, registrada como sinónimo de M. regina por Gardner
(1993) y Brown (2004), es ahora considerada como especie válida, separada de M.
regina (Gardner 2005; Gardner y Creighton 2008a; Voss y Jansa 2009). Marmosa phaeus
difiere de M. regina, de acuerdo a los autores antes mencionados, por su pelaje más
corto, presencia de fenestras palatinas pequeñas y menor tamaño, pero el holotipo
no posee pelaje corto como fue mencionado por Tate (1933) y el holotipo de regina
presenta fenestras palatinas (BMNH [Link]). En base a lo expresado anteriormente
es importante realizar estudios que incluyeran una mayor cantidad de ejemplares re-
analizados utilizando los caracteres ofrecidos para diferenciarlas.
En este estudio se colectaron juveniles en abril y mayo; subadultos en febrero, mayo,
junio y noviembre; hembras lactando en marzo, abril, junio, septiembre y noviembre, y
una hembra con crías (7 crías, CR = 21 mm) en marzo. Seis ejemplares fueron capturados
en bosque primario, 13 en crecimiento secundario y cuatro en área de cultivo; uno fue
encontrado muerto en la ruta y para dos individuos el hábitat no fue registrado.
Trece especímenes fueron colectados con trampas Sherman, ocho con Tomahawk, tres
fueron extraídos directamente de los refugios (una palmera de pijuayo, Bactris gasipaes
Kunth, Arecaceae), uno fue colectado en una red de niebla (MMD 3458), probablemente
debido a que intentaba atrapar un murciélago enganchado en la red y uno se encontró
atropellado. Uno de los ejemplares fue colectado aproximadamente a 13 m de altura
[Link] 127
MARSUPIALES DE IQUITOS
(MMD 4756), otro sobre un tronco a 2 m (MMD 4461), otro sobre una liana a 2 m (MMD
4617), y el resto en trampas colocadas en el suelo. Otros estudios realizados con 355
trampas arbóreas (Woodman et al. 1995) indicaron que M. regina tiende a ser colectada
por encima del metro de altura (93% de los ejemplares).
El ejemplar MMD 4756 estaba parasitado por dos larvas tentativamente consideradas
como Ixodes luciae (Díaz et al. 2007, 2009 como Micoureus sp.). El ejemplar MMD
4461 estaba infectado por un endoparásito del género Pterygodermatites (Nematoda:
Rictulariidae) y una ninfa de Pentastomida, y para ambos endoparásitos esta especie
representa un nuevo huésped, además se registró el nemátodo Aspidodera sp. (Tantalean
et al. 2010).
Especímenes examinados (8): Provincia de Maynas, Distrito de San Juan: Moralillo, 1.5
km E 400 m S del km 15.2 de la carretera Iquitos-Nauta, 2 hembras (MMD 797, 2188) y
1 macho (CML 7570); Moralillo, 1.5 km E 500 m S del km 15.2 de la carretera Iquitos-
Nauta, 1 hembra (MMD 2172) y 2 machos (MMD 803, 834); Peña Negra, 200 m al E del
km 10.7 de la carretera Iquitos-Nauta, 2 hembras (CML 7569, 7571).
Especímenes examinados (6): Provincia de Maynas, Distrito de San Juan: Moralillo, 1.5
km E 400 m S del km 15.2 de la carretera Iquitos-Nauta, 3 hembras (CML 7567, MMD
769, 771) y 2 machos (CML 7568, MMD 804); Zungarococha, 5.2 km al O del km 6 de
la carretera Iquitos-Nauta, 1 hembra (CML 7566).
[Link] 129
MARSUPIALES DE IQUITOS
[Link] 131
MARSUPIALES DE IQUITOS
desde Panamá, Colombia y oeste de Venezuela hasta el norte de Bolivia (Pine y Handley
2008). Aunque de acuerdo a Solari (2007) M. adusta no se encuentra al sur del Río
Amazonas, por lo que dicha especie no se encuentra en el sur Perú ni en toda Bolivia.
Registros adicionales: Provincia de Requena, Distrito de Yaquerana: Nuevo San Juan, Río
Gálvez (Solari 2007).
Comentarios: Esta especie fue aceptada como válida y diferente de M. adusta por Solari
(2007). Fue colectada en simpatría con M. emiliae (Jansa y Voss 2000, Solari 2007).
Comentarios: Una hembra juvenil y una lactando fueron registradas en octubre, tres
hembras con crías fueron colectadas en marzo, mayo y julio, dos con cuatro crías (CR =
11 y 29 mm respectivamente), y una con dos (CR = 35mm). Estas hembras representan la
primera cita de reproducción temprana en esta especie (Díaz y Flores 2008), habiéndose
reportado una hembra juvenil y una subadulta con crías. Machos juveniles fueron
capturados en junio y julio.
Dos de los ejemplares colectados en este estudio tenían la mitad de sus orejas de
color blanco, un adulto y un ejemplar muy joven.
Los ejemplares fueron colectados en bosque maduro (siete especímenes) y bosque
secundario (tres especímenes), todos en trampas Tomahawk colocadas en el suelo y
cebadas con frutas.
Tres ejemplares resultaron positivos para leptospirosis, dos por cultivos de riñón y uno
por cultivo de orina y riñón (Bharti et al. 2003). En cuatro ejemplares (CML 7594; MMD
3775, 4453, 4810) se registraron garrapatas (Ixodes luciae; Díaz et al. 2007, 2009). En
el intestino de un ejemplar (CML 7594) se encontró Trichuris sp. (Tantalean et al. 2010).
[Link] 133
MARSUPIALES DE IQUITOS
Registros adicionales: Provincia de Requena, Distrito de Yaquerana: Nuevo San Juan, Río
Gálvez (Patton y da Silva 2008).
Comentarios: El ejemplar MMD 3865 fue capturado en bosque secundario con una
trampa Tomahawk colocada cerca de un embalse artificial donde se crían peces, y el
individuo MMD 3480 en una zona de ecotono entre bosque primario y un área abierta.
Pacheco et al. (2009) consideran que el ejemplar aquí citado (MMD 3865) corresponde
a P. opossum sobre la base un análisis bivariado que no es presentado en la publicación.
Por otro lado, la diagnosis de P. olrogi se basa en caracteres morfológicos (e.g. ausencia
de pelos amarillos detrás de la oreja, forma de los nasales y de los arcos cigomáticos) que
no son discutido por Pacheco et al. (2009) basando su decisión solo en la morfometría.
Registros adicionales: Provincia de Maynas, Distrito de Iquitos: Iquitos, left bank Río
Marañon-Itaya (Brown 2004); Iquitos, Río Marañon 3° 46’ S 73° 15’ W, 106 m (Hershkovitz
1997, como P. o. quica). Distrito de San Juan: Estación Biológica Allpahuayo (Bunnell et
al. 2000; Hice 2003; Hice y Velazco 2012).
[Link] 135
MARSUPIALES DE IQUITOS
y hembras con crías en enero, febrero, marzo, junio, julio, septiembre, octubre y
noviembre. Se registraron hembras con dos a cinco crías. Esta especie se reproduce a
lo largo de todo el año con algunas hembras jóvenes y subadultas maduras sexualmente
(ver Díaz y Flores 2008). Ejemplares con muda del pelaje fueron registrados en enero,
febrero, mayo, junio, julio octubre y diciembre.
Seis ejemplares jóvenes fueron colectados con trampas Sherman y el resto con
Tomahawk. Del total de ejemplares 31 fueron colectados en bosque primario, 94 en
bosque secundario (1 liberado), 22 en áreas de cultivo o frutales, cinco en un ecotono
entre área cultivada y bosque secundario y dos en un gramalotal (pastizal inundable). Seis
ejemplares fueron colectados cerca del agua, en áreas inundables o aguas estancadas,
ocho sobre troncos, dos en trampas a 2 m de altura y dos a medio metro de altura. Esta
especie es la más abundante de todas las registradas en el área de estudio, representa
más del 40% de las colectas y supera en más del doble a la que le sigue en abundancia
que es Marmosops noctivagus, la que no alcanza el 20% de la muestra total.
Ocho ejemplares resultaron positivos para leptospirosis por cultivo de riñones, orina o
ambos (Bharti et al. 2003; J. M. Vinetz comentario personal). En 16 ejemplares se registraron
Ixodes luciae y en dos Amblyomma sp. (Díaz et al. 2007, 2009). Los endoparásitos
registrados fueron Podospathalium pedatum (Trematoda: Diplostomatidae, MMD
3528), ninfas de Pentastomida en la pared del útero (MMD 3792), y cuatro nemátodos
Physaloptera sp. (Physalopteridae, MMD 4479), Aspidodera sp. (Aspidoderidae, MMD
4291), y los trichúridos Turgida turgida (MMD 3769) y Trichuris sp. (MMD 4291)
(Tantalean et al. 2010). El registro de T. turgida es la primera cita de esa especie para
Perú.
Otras consideraciones
Los relevamientos para este estudio se realizaron entre diciembre de 2002 y diciembre de
2005, completando un total de 157 días de muestreo con un registro de 373 ejemplares
(371 colectados y dos observados) de 14 especies. Del total de taxones incluidos en
el tratamiento de especies (27), ocho (Gracilinanus emiliae, Marmosa lepida, Marmosa
macrotarsus, Marmosa rubra, Monodelphis emiliae, Monodelphis handleyi, Monodelphis
peruviana y Philander mcilhennyi) fueron registrados fuera del área de Iquitos y una de
ellas (M. demerarae) necesita ser revisada para confirmar su presencia. De los 371
ejemplares colectados, 337 fueron capturados en el suelo y 12 en trampas arbóreas
(100 en trampas Sherman y 249 en Tomahawk), 10 en trampas de caída (pitfall traps),
nueve con la mano, uno en una red de niebla, dos especímenes fueron encontrados
atropellados en la ruta (Tabla 2). Las trampas de caída fueron las más exitosas (1.69%
éxito de captura), seguidas por las trampas Tomahawk 1.29% y Sherman 0.55%. Las
trampas arbóreas fueron más exitosas que las del suelo, ya que en 287 trampas-noches
se colectaron 12 ejemplares, mientras que en el suelo con 37,656 trampas-noches se
capturaron 337 ejemplares, representando un 4.18 y un 0.89% de éxito de captura
respectivamente. Por lo tanto, el éxito de captura en el suelo fue bajo mientras que
en los árboles el valor puede considerarse de normal a alto si se compara con otros
trabajo realizados en la Amazonía (Santos-Filho et al. 2012, Graipel 2003). El total
de ejemplares colectados (371) fue alcanzado en 157 días de relevamiento y 37,949
noches-trampas (Figs. 5b, d).
[Link] 137
MARSUPIALES DE IQUITOS
Discusión
De acuerdo a Voss y Emmons (1996) el mayor número de especies de marsupiales
registrados en cualquier localidad específica de la Cuenca Amazónica es 12 (e. g.
Cosha Cashu y Paskitza, sur de Perú). Pero desde 1996 han ocurrido muchos cambios
taxonómicos y se han realizado numerosos relevamientos en la región, por lo que la
diversidad conocida ha incrementado notablemente. Este trabajo, con tres años de
muestreos, ha permitido registrar en un punto 14 especies, número que se incrementa a
19 confirmadas si se consideran las citas de la literatura en el área específica de Iquitos y
a 27 si se extiende al área de influencia unos 200 km alrededor de Iquitos. Cabe destacar
que los ejemplares de M. demerarae procedentes de Iquitos requieren confirmación.
Algunas especies fueron muy abundantes (P. opossum, M. nudicaudatus, D. marsupialis
y M. regina), mientras que otras solo fueron registradas por uno o dos ejemplares (G.
venusta, M. adusta y P. olrogi).
Figura 6. Acumulación
de especies y capturas
por días de muestreos
y noches trampas en el
área de Iquitos (Perú).
a) Número de especies
acumuladas vs días de
muestreos; b) Cantidad
de individuos capturados
acumulados vs días de
muestreos; c) Número
de especies acumuladas
vs noches trampas; d)
Cantidad de individuos
capturados acumulados
vs noches trampas.
Los resultados de este estudio evidencian que la Amazonia Peruana es una de las áreas
con mayor diversidad de marsupiales, aunque un incremento en los relevamientos,
incorporando mayor cantidad de trampas en altura, permitirá agregar algunas especies
o modificar las proporciones detectadas. Un serio problema en el área es que ha
Tabla 3. Cantidad de
Hábitat
especímenes por área de
colecta, bajo el subtítulo Especies Bosque Bosque Área Total por
“otros” se consideran Otro
primario secundario perturbada especie
aquellos ejemplares col-
ectados donde no se reg- Caluromys lanatus 3 4 1 1 9
istró el hábitat específico Didelphis marsupialis* 9 14 4 2 29
o fueron colectados en el
borde de la carretera. Glironia venusta 1 0 0 0 1
Marmosa (Micoureus) regina 6 13 4 3 26
Marmosa (Marmosa) sp. 2 0 0 0 2
Marmosops bishopi 9 1 0 0 10
Marmosops impavidus 2 4 2 0 8
Marmosops neblina 0 5 1 0 6
Marmosops noctivagus 38 33 1 1 73
Marmosops sp.** 0 6 0 0 6
* Dos ejemplares fueron Metachirus nudicaudatus 14 19 0 0 33
observados cruzando la Monodelphis adusta 1 1 0 0 2
carretera no se consid-
eran en la suma total. Philander andersoni 7 3 0 0 10
**Ejemplares conserva- Philander olrogi 0 2 0 0 2
dos en alcohol que re-
quieren confirmación, Philander opossum 31 94 29 0 154
podrían pertenecer a M. Total 123 199 42 7 371
neblina o M. impavidus.
sucumbido a las más altas tasas de deforestación tropical y degradación de los bosques,
con una acelerada expansión de las fronteras y construcción de carreteras, lo que se
suma a la inmigración espontánea o subsidiada por el gobierno (Peres et al. 2010). Es
necesario realizar estudios profundos de la fauna de la región para obtener información
que sirva de base para proveer fuertes políticas de manejo capaces de preservar las
especies en esta región altamente fragmentada.
[Link] 139
MARSUPIALES DE IQUITOS
2. Tamaño mayor, cabeza y cuerpo mayor a 125 mm; pata 18 a 21 mm; cabeza
y cadera rojizas..............................................................Monodelphis emiliae*
2’. Tamaño pequeño, cabeza y cuerpo menor a 125 mm; pata 13 a 18 mm; pelaje
anteado a marrón claro, sin áreas rojizas........................................................3
4. Pelaje dorsal corto (3 mm); coloración amarronada con una débil área negruzca
sobre las caderas; longitud cabeza y cuerpo mayor a 100 mm, longitud de la
mandíbula igual o mayor a 6 mm......................................Monodelphis adusta
4’. Pelaje dorsal más largo (4 mm); coloración marrón chocolate sin área negruzca
sobre las caderas; longitud cabeza y cuerpo menor a 100 mm, longitud de la
mandíbula menor a 6 mm..........................................Monodelphis peruviana*
10. Dorso gris parduzco, línea media dorsal negruzca ausente o pobremente definida;
cola unicolor ó 3/5 distales sin pigmento.........................................................11
10’ Dorso con una línea media dorsal negruzca bien definida; cola bicolor, 1/2 o 4/5
distal sin pigmento..........................................................................................12
11. Rostro corto y ancho; 3/4 anteriores de los nasales cortos y anchos; proceso
timpánico dorsal delgado............................................................Philander olrogi
11’ Rostro y nasales más largos y estrechos; proceso timpánico dorsal ancho............
..............................................................................................Philander opossum
13. Tamaño grande de aspecto robusto, longitud total mayor a 400 mm...............14
13’Tamaño mediano a pequeño, longitud total menor a 400 mm.........................16
14. Dos bandas negras anchas se extienden desde el antebrazo sobre los hombros y
bajan a cada lado de la espalda.........................................Caluromysiops irrupta
14’ Bandas sobre los hombros y espalda ausentes.................................................15
16. Pelaje largo, denso y lanoso; garras grandes y fuertes; almohadillas anterior y
posterior de los miembros posteriores unidas.............Marmosa (Micoureus)…17
16’ Pelaje corto y aterciopelado; garras más pequeñas; almohadillas anterior y
posterior de los miembros posteriores separados.............................................18
17. Pelaje largo (12 mm); base de la cola con pelos que se extienden entre 30 a
50 mm; constricción postorbital menor a 7 mm; hilera superior de dientes más
larga, mayor a 9 mm; AZ/IOC2 menor a 4...............Marmosa (Micoureus) regina
[Link] 141
MARSUPIALES DE IQUITOS
17’ Pelaje más corto (10 mm); pelos en la base de la cola se extienden menos de
30 mm; constricción postorbital mayor a 7 mm; hilera superior de dientes más
corta, menor a 9 mm; AZ/IOC2 mayor a 4........Marmosa (Micoureus) demerarae
19. Tamaño grande, longitud total generalmente mayor a 320 mm; longitud cóndilo-
incisivo mayor a 37 mm; región abdominal blanco o crema, a veces con una
banda lateral estrecha con la base de los pelos grises; borde supraorbital marcado
usualmente presente........................................................Marmosops noctivagus
19’ Menor tamaño, longitud total generalmente menor a 320 mm; longitud cóndilo-
incisivo menor a 37 mm; blanco de la región abdominal reducido por una banda
de pelos con bases grises; borde suprarorbital ausente....................................20
21. Banda marginal de pelos de bases grises ancha en la región abdominal; caninos
superiores anterior-posteriormente largo; indentación labial en M2 y M3
superficial.............................................................................Marmosops neblina
21’ Banda marginal de pelos de bases grises estrecha en la región abdominal;
caninos superiores anterior-posteriormente cortos; indentación labial en M2 y
M3 profunda.....................................................................Marmosops impavidus
23. Tamaño pequeño, longitud de cabeza y cuerpo menor a 120 mm; abdomen
blanco crema...........................................................Marmosa (Marmosa) lepida*
23’ Tamaño mayor, longitud de cabeza y cuerpo mayor a 120 mm; abdomen entre
salmón a amarillo o naranja, pero nunca blanco crema..................................24
24. Vientre de color claro entre salmón y amarillo; procesos supraorbitales grandes y
puntiagudos....................................................................................................25
24’ Vientre naranja; procesos supraorbitales no expandidos.......Marmosa (Marmosa)
rubra*
25. Glándula gular ausente; caninos superiores con margen anterior y posterior
basales paralelos, curvándose en la mitad o 2/3 distales, confiriéndole al diente
un aspecto rectilíneo......................................Marmosa (Marmosa) macrotarsus*
25’ Glándula gular presente; caninos superiores con margen anterior y posterior
basales no paralelos, curvatura en el margen posterior basal le confiere al dientes
un aspecto curvo..............................................Marmosa (Marmosa) waterhousei
Agradecimientos
Un inmenso agradecimiento a V. Linares, S. Mananita, H. Portocarrero, C. Ahuanari, R.
Angulo, y los estudiantes de la Universidad Nacional de San Marcos, por su colaboración
tanto en el campo como en el laboratorio. El trabajo de campo fue subsidiado por
United States Public Health Service National Institute of Allergy and Infectious Diseases,
Estados Unidos de América (becas R01TW005860, D43TW007120 y K24AI068903).
Un especial agradecimiento a J. M. Vinetz el investigador principal de las becas que
subsidiaron el trabajo de campo por su apoyo constante durante los cuatro año que
se desarrollo este proyecto. Y al Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA),
Ministerio de Agricultura of Perú por los permisos de captura y colecta de los ejemplares
aquí citados. Finalmente a R. M. Barquez por la revisión del manuscrito original y por
sus aportes, al editor asociado y los revisores cuyas valiosas sugerencias ayudaron a
mejorar el trabajo.
Literatura citada
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[Link] 145
MARSUPIALES DE IQUITOS
[Link] 147
MARSUPIALES DE IQUITOS
Apéndice 1
Lista de localidades en orden alfabético por provincias, los distritos se indican entre
paréntesis y coordenadas geográficas.
PROVINCIA DE MAYNAS
1 km E km 25.3 de la carretera Iquitos-Nauta (Fundo San Martín) (Distrito de San Juan)
-3.96590000 -73.40431667. 13 de Febrero, Fundo Nemith, E km 33 de la carretera
Iquitos-Nauta (Distrito de San Juan) -4.02540000 -73.42960000. 13 de Febrero, km
33.6 de la carretera Iquitos-Nauta (Distrito de San Juan) -4.02708333 -73.43408333.
2.9 km E del km 28.8 de la carretera Iquitos-Nauta (caserío Palo Seco) (Distrito de San
Juan) -3.99581667 -73.40598333. 25 km S Iquitos (Distrito de San Juan) -3.94466389
-73.60375278. app. 500 m E km 28.8 de la carretera Iquitos-Nauta (Distrito de San
[Link] 149
MARSUPIALES DE IQUITOS
PROVINCIA DE REQUENA
Callao, caserío del río Tapiche, margen derecha (Distrito de Requena) -5.49209444
-73.85191389. Nuevo San Juan, Río Gálvez, 150 m (Distrito de Yaquerana) -5.25000000
-73.16666667. Centro de Investigaciones Jenaro Herrera (Distrito de Requena)
-4.91666667 -73.75000000.
[Link] 151
Sobre las Thrichomys (Hysticognathi: Echimyidae) THERYA, abril, 2014
paraguayas: la distinción de Thrichomys fosteri Vol.5(1): 153-166
Thomas, 1903 DOI: 10.12933/therya-14-182
Introduction: Thrichomys is a genus of cursorial rodents of the family Echimyidae that is distributed across
open tropical ecoregions in central and eastern South America. The understanding of species boundaries
within the genus has changed dramatically during the last decade with the widespread usage of chromosomal
and molecular data, resulting in an unstable taxonomy. One of the issues recently raised, on the basis of a
study of specimens from south central Brazil (Mato Grosso do Sul State), is the distinctiveness at the species
level of T. fosteri (with type locality in Paraguay), usually considered a synonym of T. pachyurus. Here
we provide the first morphologic, karyotypic and molecular data for a series of Paraguayan specimens of
Thrichomys aimed to resolve this taxonomic conundrum.
Methodology: Thirty one specimens collected at five Paraguayan localities were morphologically assessed.
Descriptive statistics for 20 cranial measurements were calculated for a subset of specimens considered
juveniles and for a subset of specimens considered to be adults. Seven specimens of Thrichomys from three
Paraguayan localities were karyotyped using standard chromosome techniques. The genetic (p-distance) and
phylogenetic (Bayesian inference) analyses were based on the first 801 base pairs of the cytochrome b gene
of 15 Paraguayan specimens collected at one locality and 71 Brazilian specimens of Thrichomys that belong
to about eight forms of species level.
Results: Paraguayan specimens examined closely match Thomas’s (1903) description of Thrichomys fosteri
in size and qualitative characters. All specimens have 2n = 34, FN = 64. The Paraguayan sample used for
the genetic analysis shows no variation. Observed genetic variation between the Paraguayan haplotype
and haplotypes from other populations ranges from 0.5 % to 8.5 %. The phylogenetic analysis show that
Paraguayan haplotype falls within the clade (PP = 1) formed by haplotypes of specimens from Mato Grosso
do Sul, Brazil and referred by Nascimento et al. (2013) to Thrichomys fosteri.
Discussion and conclusions: Our data indicate that in fact Paraguayan populations of Thrichomys belong,
together with those of the neighbouring Brazilian state of Mato Grosso do Sul, to a distinct species of
Thrichomys to which the name T. fosteri applies. We expect that these data will contribute to a much needed
comprehensive revision of the genus.
Resumen
Thrichomys es un género de roedores cursoriales de la familia Echimydae distribuido en
las ecorregiones tropicales abiertas del centro y este de América del Sur. La comprensión
de los límites de especies al interior de éste género ha cambiado radicalmente en la última
1
Instituto de Ciencias Ambientales y Evolutivas, Facultad de Ciencias, Universidad Austral de Chile. Campus Isla Teja s/n,
Valdivia, Chile. E-mail: [Link]@[Link].
2
University of Michigan Museum of Zoology, Ann Arbor. 1109 Geddes Av. MI 48109, USA. E-mail: pmyers@[Link].
* Corresponding author
ON PARAGUAYAN THRICHOMYS
Introduction
The family Echimyidae is the most diverse family of New World hystricognaths. Echimyids
are not only diverse taxonomically, but also in their life histories and ecomorphology;
most forms are arboreal, but others are scansorial, fossorial, or semiaquatic (Emmons
et al. in press). The taxonomic history of the family is complex and the classification of
these forms is still unstable (Emmons et al. in press). Unresolved issues range from the
number and limits of subfamilies (e.g., the monophyly of Echimyinae and Eumysopinae),
to relationships among genera (some authors have suggested that the echimyid radiation
was explosive and provides a putative example of adaptive radiation; e. g., Lara et
al. 1996; Leite and Patton 2002), to species boundaries. In this last regard, the genus
Thrichomys Trouessart, 1880 is no exception.
Thrichomys occurs in open vegetation biomes of tropical South America, including
the Caatinga, Cerrado, Chaco, and Pantanal ecoregions of Bolivia, Brazil, and Paraguay.
This genus has a complex nomenclatorial and taxonomic history. For example, its type
species was designated just one decade ago (dos Reis and Pessôa 2004). Furthermore,
Thrichomys was incorrectly associated by Thomas (1912) with Cercomys F. Cuvier and
relegated to that genus for most of the 20th century. Further, despite the publication of
several recent taxonomically oriented studies, the number and identity of the species of
Thrichomys remains unclear.
Until the last decade, the genus was envisioned to comprise a single species, T.
apereoides (Lund, 1839), with Echimys inermis Pictet, 1843, Isothrix pachyura Wagner,
1845, Thrichomys Fosteri Thomas, 1903, and Thrichomys laurentius Thomas, 1904,
considered either as full synonyms or as subspecies of apereoides (e. g. Moojen 1952;
Cabrera 1961). However, studies published in the 1990s showed that the genus
demonstrates considerable geographic structure in its morphological, karyotypic and
genetic variation. As a result, Leal-Mesquita et al. (1993) and Lara et al. (1996) suggested
that Thrichomys was composed of more than one species. This trend of findings continued
during this century (e. g., Bandouk and dos Reis 1995; Bonvicino et al. 2002; dos Reis
et al. 2002; Pessôa et al. 2004; Braggio and Bonvicino 2004; Borodin et al. 2006; Neves
and Pessôa 2011; Nascimento et al. 2013) as available names were applied to groups
of populations that showed distinct morphologies and/or karyotypes. Most recently,
Pessôa et al. (in press) recognized four species of Thrichomys: T. apereoides, T. inermis,
T. pachyurus (including fosteri), and T. laurentius, but suggested that the relationship
between T. pachyurus and fosteri required further elucidation.
Recently, Nascimento et al. (2013), in an extensive phylogeographic study based
on cytochrome b gene sequences, found that haplotypes recovered from Thrichomys
specimens collected in state of Mato Grosso do Sul, in south-central Brazil, form a clade
at the same level as 7 other lineages already recognized at the species level, for which
at least three have no available name. In addition, they reported that topotypes of T.
pachyurus showed a diploid complement of 2n = 30, FN = 56 that is distinct from the
2n = 34, FN = 64 of specimens from Mato Grosso de Sul; the authors also mentioned
that specimens collected 35 km north of the type locality of T. fosteri in neighbouring
Paraguay have 2n = 34. As a result, Nascimento et al. (2013) recognized a fifth species
of Thrichomys distributed in Mato Groso do Sul, Brazil and Paraguay, removing the taxon
Thrichomys fosteri (type locality Sapucay, Paraguay; Thomas, 1903) from the synonymy of
T. pachyurus and applying this name to the form from Mato Grosso do Sul and Paraguay.
However, while karyotypes were available, no Paraguayan specimen was [Link]
main goal of this study is to assess the genetic differentiation of Paraguayan specimens
of Thrichomys from specimens of Brazilian populations of the genus; in particular those
collected in the state of Mato Grosso do Sul. We aim to determine if the name fosteri
applies to populations from Paraguay and Mato Grosso do Sul, Brazil as suggested by
Nascimento et al. (2013). In addition, we provide morphological data for a large series of
Paraguayan specimens of Thrichomys, including the first available set of measurements,
with the expectation that these data will contribute to a much needed synthetic revision
of the genus.
Material
and Methods
Paraguayan specimens of Thrichomys analyzed in this study (Appendix 1; Fig. 1) are
housed at the following collections: University of Michigan Museum of Zoology
(UMMZ), Ann Arbor, USA and Colección de Mamíferos, Universidad Austral de Chile
(UACH), Valdivia, Chile.
Thirty one specimens collected at five Paraguayan localities (Appendix 1) were
measured. Sex, external measurements, and weight were taken from specimen labels.
The following 17 cranial measurements were recorded with a digital calliper, following
Myers et al. (1990):
CIL, condylobasal length: distance from anterior edge of upper incisors to posterior
face of occipital condyles.
IFL, incisive foramen length: greatest length of the incisive foramen.
MTRL, maxillary toothrow length: greatest length of the upper tooth row taken at the
alveolus.
AW, alveolar width: width of the palate measured across the labial margins of the
alveoli of right and left M1s.
DL, diastema length: from the posterior margin of the upper incisors to the anterior
margin (root) of M1.
BOL, basioccipital length: length of basioccipital along the ventral midline of the
cranium.
[Link] 155
ON PARAGUAYAN THRICHOMYS
ZB, zygomatic breadth: greatest distance between the outside margins of the zygomatic
arches.
IOC, interorbital constriction: least distance across the interorbital region.
MB, mastoid breadth: breadth of the braincase measured across the mastoid processes.
BB, breadth of braincase: greatest breadth of the braincase at a point just superior to
the zygomatic root of the squamosal.
OCW, occipital condyle width: width between the lateral borders of the occipital
condyles.
OL, orbital length: the greatest longitudinal distance across the inside of the orbit.
NL, length of the nasals: measured at the midline.
RL, length of the rostrum: diagonal distance from the anterior margin of the orbit to
the anterior tip of the nasals.
RW1, rostral width: breadth of the rostrum across the nasolacrimal capsules.
RW2, mid rostral width: breadth of the rostrum measured at the top of the arc formed
by the roots of the incisors as they pass posteriorly. This arc is visible as a raised curve
along the rostra1 walls.
CD, cranial depth: depth of skull, measured by placing the skull on a glass slide,
measuring the distance from the bottom of the slide to the top of the cranial vault, and
subtracting the thickness of the slide.
In addition, we recorded the following three measurements:
BIF, breadth across incisive foramina: from the labial margin of the right foramen to
the labial margin of the left.
GLS, greatest length of skull: from the posterior-most point of the occipital region to
the tip of the nasals.
LPB, length of palatal bridge: distance from the posterior end of the incisive foramina
to the anterior-most border of the mesopterygoid fossa.
Descriptive statistics were calculated for a subset of specimens considered juveniles
and for a subset of specimens considered to be adults (i.e, those with molars completely
erupted and showing at least some wear).
Seven specimens of Thrichomys from three Paraguayan localities (1, Amambay: UMMZ
125551 female; 2, Chaco: UMMZ 125552 male, UMMZ 125618 female; 3, Cordillera:
UMMZ 126046 male, UMMZ 126049 female, UMMZ 126050 female, UMMZ 126285
female; Fig. 1) were karyotyped using standard chromosome techniques.
The genetic and phylogenetic analyses were based on the first 801 base pairs of the
cytochrome b gene. DNA sequences of 15 Paraguayan specimens collected at a single
locality (Appendix 1) were gathered using the laboratory procedures outlined by Cañon
et al. (2010) with primers MVZ 05 and MVZ 16, which delimit a fragment of 801 base
pairs.
Amplicons were purified and sequenced at Macrogen (Seoul, Korea). Newly generated
sequences were submitted to GenBank (accession numbers: KJ551913 - KJ551927).
Paraguayan sequences were integrated with 71 cyt b sequences of Thrichomys that by
November 15, 2013 were available in GenBank and that belong to about eight forms
of species level (see Nascimento et al. 2013). Only one sequence of each haplotypic
class (n = 57) found in the Thrichomys sample was used in the phylogenetic analysis
(Fig. 2). In addition, one sequence of each of the other living genera that together with
When possible, eumysopine sequences were gathered from specimens belonging to the
type species of each genus: Clyomys laticeps (AF422918), Euryzygomatomys spinosus
(JF297804), Hoplomys gymnurus (AF422922), Lonchothrix emiliae (AF422921), Mesomys
hispidus (KF590696), Proechimys simonsi (U35414; no sequence of P. trinitatis was
available), and Trinomys albispinus (EU313251). Sequence alignment was done with
[Link] 157
ON PARAGUAYAN THRICHOMYS
Clustal X (Thompson et al. 1997) using the default values for all alignment parameters;
no adjustment by eye was needed. MEGA 5 (Tamura et al. 2011) was used to calculate
observed sequence divergence percentages (using the whole matrix; i.e., 86 sequences
of Thrichomys) and to find the substitution model that best fits the data (HKY + G + I).
Figure 2. Majority-rule
consensus resulting from
the Bayesian analysis
based on the first 801
bases of the cyt b gene
of Thrichomys. Numbers
indicate posterior
probability values of
the nodes at their right.
Terminal labels refer
to GenBank accession
numbers; those
haplotypes of specimens
from the Brazilian state of
Mato Grosso do Sul are
indicated by an *. The
Paraguayan haplotype is
labelled Paraguay.
The phylogenetic reconstruction was done with Bayesian inference (Huelsenbeck 2001)
implemented in MrBayes 3 (Ronquist and Huelsenbeck 2003) using two independent
runs with three heated and one cold Markov chain each. With the exception of base
composition and HKY parameters, which assumed a Dirichlet process prior, uniform
interval priors were assumed for all parameters. Chains were run for 10 million
generations and trees were sampled every 1000 generations per chain. Log-likelihood
values were plotted against generation time for each run in order to check for stable log-
likelihood value convergence. The first 25% of the trees were discarded as burn-in; the
remaining ones were used to compute a 50% majority rule tree.
Results
Descriptive statistics for the sample of juveniles and for a subset of adult specimens
are provided in Table 1. The skull of one of these specimens is shown in Figure 3. The
specimens examined closely match Thomas’s (1903) description of Thrichomys fosteri
in size and qualitative characters. They are also a good match for the description of T.
pachyurus (including fosteri) given by Pessôa et al. (in press).
All specimens karyotyped have 2n = 34, FN = 64. The karyotype includes 12 pairs of
metacentric chromosomes, four pairs of small submetacentric, and a large subtelocentric
X chromosome; poor quality material precluded determining the morphology of the Y
chromosome.
The Paraguayan sample used for the genetic analysis (n = 15) shows no variation; all
specimens had the same haplotype. Observed genetic variation between the Paraguayan
haplotype and haplotypes from other populations ranges from 0.5 % (comparison with
[Link] 159
ON PARAGUAYAN THRICHOMYS
Table 2. Observed
T. aff. T. apereoides
variation (p-distance)
T. aff. T. laurentius
T. aff. T. inermis
of the cytochrome
T. apereoides
T. pachyurus
intraspecific
T. laurentius
T. inermis
b gene within and
among eight putative
species of Thrichomys.
Numbers in parentheses
refer to the number
of sequences studied
T. pachyurus (9) 0.022 for each species (see
Fig. 2 for details of the
T. aff. T. inermis (6) 0.007 0.092 analyzed sequences).
T. aff. T. apereoides (5) 0.001 0.062 0.081 0.092 0.022 0.042 0.029
T. fosteri (21) 0.004 0.075 0.072 0.082 0.057 0.065 0.057 0.062
Discussion
The Paraguayan mammal fauna is diverse, both in terms of species numbers as well as
phylogenetically. With continuing additions to the list of species recorded for Paraguay
(e. g., D’Elía et al. 2008; de la Sancha et al. 2009, 2012; Smith et al. 2011), these
numbers are expected to grow. In general, the mammal biota of the country is far from
being adequately known; for most species of mammals, available knowledge covers
little more than distributional data. Further, for those few species that occur in Paraguay
and whose general biology has been studied, Paraguayan populations have seldom been
included in the investigations.
Among the least studied groups of Paraguayan mammals are those of the family
Echimyidae. Six species of Echimyidae (sensu Emmons et al. in press) are known to occur
in Paraguay: Clyomys laticeps (Thomas 1909), Euryzygomatomys spinosus (G. Fischer
1814), Kannabateomys amblyonyx (Wagner 1845), Myocastor coypus (G. I. Molina
1782), Proechimys longicaudatus (Rengger 1830), and one species of Thrichomys.
The taxonomic history of the latter is complex. A few years after its description by
Trouessart, (1880), Thrichomys was placed under Cercomys by Thomas (1912) and as
a result Paraguayan populations were regarded for several years as C. fosteri (e. g. Tate,
1935, but see Bertoni, 1914, 1935 who continued using T. fosteri). Later, Ellerman
(1941) referred C. fosteri to the synonymy of Cercomys cunicularis (F. Cuvier 1829).
Figure 3. Dorsal,
ventral and lateral view
of the skull and lateral
view of the right jaw
of Thrichomys fosteri
(UMMZ 125551) from
Paraguay (details of
collection locality in
Appendix 1).
Thrichomys was later resurrected from Cercomys (see Petter 1973) with T. apereoides
as it single species (e. g. Woods 1993). In the last decade, as a result of investigations
based on karyotypes and phylogenetic analyses (Bonvicino et al., 2002; Braggio and
Bonvicino, 2004; Pessôa et al. 2004), T. pachyurus was removed from the synonymy of
[Link] 161
ON PARAGUAYAN THRICHOMYS
T. apereoides and Paraguayan populations were referred to it (e. g. Woods and Kilpatrick
2005). Additional evidence led Nascimento et al. (2013) to argue that populations from
Mato Grosso do Sul, south-central Brazil and Paraguay should be recognized as a species
(T. fosteri) distinct from T. pachyurus.
Our study is the first to analyze DNA sequence data from Paraguayan Thrichomys.
The single Paraguayan haplotype found is not only similar to haplotypes found in Mato
Grosso do Sul, but it is deeply nested within the clade that includes these haplotypes
from Mato Grosso do Sul populations and excludes those of other Brazilian populations
(Fig. 2). This agrees with the hypothesis that Mato Grosso de Sul and Paraguayan
populations belong to the same species of Thrichomys. This clade is sister to a clade
formed by haplotypes of T. inermis and T. aff. T. inermis, from the Brazilian states of
Bahia and Tocantins, respectively; the clade from Mato Grosso do Sul and Paraguay
differs on average from that of T. inermis and T. aff. T. inermis by 8.2 and 7.2% (Table 2).
Specimens of T. inermis and T. aff. T. inermis have 2n = 26, FN = 48 (Nascimento et al.
2013), in contrast to populations from Paraguay and Mato Grosso do Sul, which share 2n
= 34,FN = 64. Taken together, these data indicate that the species from Mato Grosso do
Sul and Paraguay is distinct from all other members of the genus, including T. pachyurus
(2n = 30, FN = 56). We have not analyzed sequences from Sapucai (current spelling
of Sapucay), Paraguari, Paraguay, the type locality of T. fosteri; Compania Minas-Cue
is about 75 km towards the northwest of Sapucai, and our closest sample comes from
Saltos de Pirareta, ca. 18 km to the north of Sapucai (Fig. 1). However, our specimens,
including those sequenced (Appendix 1), are consistent with the original description of
T. fosteri (Thomas 1903), including a quantitative comparison (not shown) of the type
(an old adult male) of T. fosteri and the two males of class 4 available to us. The type
of T. fosteri has only two measurements that fall outside the range defined by the two
old males examined by us; these variables are length of the incisive foramen (type 5.6%
larger than the average of our two oldest males) and zygomatic breadth (type 3.2%
larger than the average of our two oldest males). Therefore, we agree with Nascimento
et al. (2013) that the correct name to apply to the species from Mato Grosso do Sul and
Paraguay is T. fosteri. Future studies are needed to clarify if Bolivian specimens also
belong to this form as suggested by Anderson (1997) based on their morphology.
The Paraguayan sample available to us lacks genetic variation in the locus sampled;
15 specimens, collected at a single locality, show the same cyt b haplotype. Future
studies will clarify how genetic variation is geographically partitioned among Paraguayan
populations of T. fosteri for this and other loci. However, it is noteworthy that most
Paraguayan mammal species so far analyzed also show low levels of genetic variation
(e.g., Akodon paranaensis, D’Elía et al. 2008; Akodon montensis, Valdez and D’Elía 2013;
Dasypus novemcinctus, Frutos and Van Den Bussche 2002; Marmosa paraguayana, de
la Sancha et al. 2012; Oligoryzomys nigripes, Francés and D’Elía 2006; Scapteromys
aquaticus, D’Elía and Pardiñas 2004). Although our sampling of T. fosteri is far from
adequate to constitute a phylogeographic study, it is of interest that the Paraguayan
haplotype discovered is well nested within haplotypes of animals from Mato Grosso
do Sul (Fig. 2). This result allows advancing a scenario, which should be further tested,
in which variants from Paraguay, and by extension Paraguayan populations, are derived
from populations from south-central Brazil. Similar scenarios in which Paraguayan
populations are young (i.e., species would have recently expanded into Paraguay) have
been suggested for different mammal species (e. g. D‘Elía et al. 2008; de la Sancha et al.
2012; Valdez and D’Elía 2013). Remarkably, these species show different life histories,
Akodon montensis is a forest specialist while others (e. g. Necromys lasiurus) inhabit
open areas; as such, it is difficult to invoke a single scenario accounting for these patterns
(but see Valdez and D’Elía 2013).
We expect that the data here provided as well the hypotheses advanced will
contribute to a much needed comprehensive revision of the genus Thrichomys as well as
incrementally improve our knowledge of Paraguayan mammals.
Acknowledgments
We first express our gratitude to R. D. Owen for inviting us to contribute this work to this
special volume of Therya. Several people provided valuable assistance during field work
in Paraguay including I. Mora, L. Aquino, and R. D. Owen. P. Smith and two anonymous
reviewers provided valuable comments on an earlier version of this work. Pablo Jayat
made the map of Figure 1. Financial support was provided by FONDECYT 1110737.
References
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American Museum of Natural History 231:1–652.
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Braggio, E., and C. R. Bonvicino. 2004. Molecular divergence in the genus Thrichomys
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Loxodontomys micropus with comment on the alpha taxonomy of Loxodontomys
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[Link] 163
ON PARAGUAYAN THRICHOMYS
[Link] 165
Sometido: 19 de diciembre de 2013
Revisado: 15 de marzo de 2013
Aceptado: 25 de marzo de 2013
Editor asociado: Robert Owen
Diseño gráfico editorial: Gerardo Hernández
Appendix 1
Paraguayan specimens of Thrichomys fosteri analyzed in this study. Localities are
mapped in Figure 1. Voucher specimens are housed at the following collections:
University of Michigan Museum of Zoology (UMMZ), Ann Arbor, USA and Colección de
Mamíferos, Universidad Austral de Chile (UACH), Valdivia, Chile. Specimens used in
the morphometric analysis are indicated by an m and those used in the genetic analysis
are signalled by an *.
Introduction: Conservation of biodiversity requires an accurate accounting of the entities (taxa) comprising
that diversity, the species. In an ideal system, each entity would have a unique and unequivocal name that
would integrate information from other disciplines within a universal concept to ease the communication.
In spite of being a comparatively well-known group, the number of recognized species of Neotropical bats
continues to increase each year, making the organization and management of this knowledge difficult for
the non-taxonomist. Here, we review and detail the most recent proposals in regard to the taxonomy of
Neotropical bats to make this information more easily accessible to the non-taxonomist.
Methods: We used the list of species (and subspecies) recognized in the last edition of “Mammal Species of
the World” (2005) as a starting point. From there, we gathered all relevant papers dealing with taxonomy of
Neotropical bat species. We delimited the Neotropical region from the lowlands of tropical Mexico to Tierra
del Fuego, including the Caribbean. We did not include fossil, extinct or unnamed species.
Results: Since 2005, the number of taxonomic changes (Table 1) has resulted in a net increase of 75
species and eigth genera, with a regional diversity of 380 species in 98 genera (Table 2). This richness
increase includes newly recognized taxa (split from previously valid genera or species, often listed as junior
synonyms) as well as previously unknown species, discovered in the field or at museum collections (Figure
2). Whereas some genera have increased their species richness by almost 100%, the average increase is
around two species per genus.
Discussion: The use of molecular genetics in systematics research, with an emphasis on recognition of
reciprocally monophyletic groups, has contributed the most to the increase in new names now recognized.
Although these revisions may appear to the non-taxonomist as a sign of taxonomic instability, we emphasize
that the goal of these studies is to facilitate the integration of genetic, morphological, and biogeographic
data to improve our knowledge of these species. We anticipate that further advances will continue as we
increase exploration and research, together with the use of multiple sources of taxonomic information. All
these data should enhance confidence and support for these results, and hopefully a broader agreement
among Neotropical bat researchers.
Resumen
La conservación de la biodiversidad requiere un conocimiento preciso y actualizado de
los entes más fundamentales que la constituyen, las especies. En una taxonomía perfecta,
cada entidad tendría un nombre único e inequívoco que integrando información de
1
Instituto de Biología, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. Calle 70 No. 52-21, Medellín AA 1226 Antioquia,
Colombia. Email: [Link]@[Link] (SS).
2
Grupo Mastozoología y Colección Teriológica, Universidad de Antioquia; Medellín, Colombia. Calle 70 No. 52-21,
Medellín AA 1226. Antioquia, Colombia. Email: vmartinezarias@[Link]
3
Chiroptera Specialist Group, Species Survival Commission, IUCN.
*Corresponding author
TAXONOMÍA DE MURCIÉLAGOS NEOTROPICALES
Introducción
La conservación de la biodiversidad requiere un conocimiento preciso y actualizado
de los entes más fundamentales que la constituyen, las especies. Ello incluye tomar en
cuenta aspectos como la ecología, distribución, y abundancia (o rareza). Sin embargo, en
muy pocos casos esta información está disponible, actualizada y precisamente asociada
a cada especie. La definición de especies, sus límites y sus relaciones respecto a otras
especies es el sujeto de estudio de la disciplina que conocemos como sistemática (Wiley
y Lieberman 2011). Bajo dicho sistema, aún imperfecto, pretendemos una taxonomía
que refleje el mundo natural tal como lo percibimos, en la que cada entidad tenga un
nombre único e inequívoco que integrando información de otras disciplinas biológicas,
facilite una comunicación efectiva.
Para el Neotrópico, el número de especies reconocidas de mamíferos, uno de los
grupos animales mejor estudiados, continua mostrando incrementos que dificultan
organizar este conocimiento (Patterson 2000; Reeder et al. 2007; Ceballos y Ehrlich
2009). Nuevas especies son reconocidas como resultado de exploraciones de
territorios poco estudiados (Reeder et al. 2007) y la aplicación de nuevos paradigmas
para delimitar especies (de Queiroz 2007). Entre estos últimos, destaca el concepto
filogenético de especie (Cracraft 1983; de Queiroz 1998; Velasco 2009), que ha sido
usado especialmente en primates (Groves 2001) y de manera reciente en ungulados
(Groves y Grubb 2011).
Si bien algunos autores (Zachos et al. 2013) critican el uso y supuesto abuso de este
criterio, otros (Baker y Bradley 2006) afirman que esta aproximación permite reconocer
filogrupos geográficos que en muchos casos se consideraban taxa distintos desde su
descripción original, pero que se han usado como sinónimos menores o subespecies
(ver Patterson 2000).
Las principales observaciones hacia este uso del concepto filogenético de especie
(Zachos et al. 2013) son que la evidencia para distinguir especies utiliza análisis
simplistas de la extensión geográfica de variaciones morfológicas, y que esta extensión
geográfica es solo cubierta en parte. Igualmente, su aplicación en la delimitación de
especies no es estándar entre estudios, y en muchos casos parece arbitraria. Sin embargo,
existen casos en los que esta evidencia incluye análisis morfológicos, morfométricos,
cariotípicos, y genéticos, que permiten concluir que la diversidad de especies estaba
realmente subestimada (Dayrat 2005; Padial et al. 2010). En este sentido, resulta claro
que estudios robustos tienden a producir respuestas críticas y precisas para entender
aspectos como evolución morfológica, reconstrucción biogeográfica, evaluaciones
del estado de conservación, e incluso patrones espacio-temporales de diversificación
(Barraclough y Nee 2001).
Sin embargo, más allá del respaldo de los datos y sus análisis, estos cambios
taxonómicos resultan de difícil aceptación y aplicación para la totalidad de los
investigadores, especialmente en el caso de aquéllos que trabajan en el área de la ecología
y conservación (Agapow et al. 2004). A pesar de la importancia de los murciélagos
tanto desde el punto de vista ecológico (Jones et al. 2009; Kunz et al. 2011) como
epidemiológico (Drexler et al. 2012; Tong et al. 2013), el conocimiento taxonómico de
muchas especies, especialmente en el muy diverso Neotrópico, no se mantiene estable.
Por ello, cuando tratamos de integrar esta información biológica con los nombres en uso
(nomenclatura) para facilitar la comunicación, el problema se magnifica.
Nuestra principal intención en esta nota es consolidar y mostrar las propuestas más
recientes en la taxonomía de murciélagos Neotropicales para que los investigadores
tengan esta información a mano al momento de plantear nuevos estudios, o discutir
sus resultados. Usando ejemplos de estudios recientes (posteriores a 2004, fecha de
cierre de la tercera edición de Mammal Species of the World; Wilson y Reeder 2005),
mostramos que el respaldo de muestreos exhaustivos de especímenes y análisis detallados
de su morfología continúan siendo importantes para estudios filogenéticos, evaluaciones
taxonómicas y actualización nomenclatural.
Material
y Métodos
Como punto de partida usamos la lista de especies (y subespecies) reconocidas por
Simmons (2005). Es importante notar que dicha lista solo incluyó actualizaciones hasta
junio 2004. A partir de dicha lista, se hizo una recopilación de literatura relevante
en términos de revisiones taxonómicas, descripciones o validaciones de especies, y en
menor medida, listas regionales de especies. Nuestra lista de especies excluye especies
extintas o fósiles, tanto en el conteo inicial (Simmons 2005) como en el final. El aspecto
geográfico solo se consideró para confirmar la presencia de algunos taxa dentro de la
región Neotropical (Ortega y Arita 1998).
Nuestra definición de la Región Neotropical es similar a la usada en estudios previos
(Ortega y Arita 1998; Patterson 2000; Solari et al. 2012), abarcando el territorio desde las
tierras bajas tropicales de México hasta Tierra del Fuego, e incluyendo el Caribe e islas
asociadas. Debido a que los intervalos de las especies no coinciden exactamente con
los límites entre regiones, algunas especies son arbitrariamente incluidas en la Región
Neotropical a partir de estas distribuciones marginales.
[Link] 169
TAXONOMÍA DE MURCIÉLAGOS NEOTROPICALES
Resultados
Cambios taxonómicos al nivel superior: subórdenes, infraórdenes y superfamilias. Simmons
(2005) discutió pero no siguió la propuesta de Koopman (1984, 1994) que reconocía dos
subórdenes, Megachiroptera (para los Pteropodidae) y Microchiroptera. La información
disponible en ese momento sugería que las agrupaciones por encima del nivel de familia
no eran soportadas en estudios moleculares. Dentro de los Microchiroptera, Koopman
(1994) incluyó los infraórdenes Yinochiroptera (pre-maxilas móviles) y Yangochiroptera
(pre-maxilas fijas). Para el Neotrópico, los Yinochiroptera incluyen a la superfamilia
Emballonuroidea (Emballonuridae), mientras que los Yangochiroptera incluyen a los
Noctilionoidea (Mormoopidae, Noctilionidae, Phyllostomidae) y Vespertilionoidea
(Thyropteridae, Furipteridae, Natalidae, Molossidae, Vespertilionidae).
Al comprobarse la parafilia de Microchiroptera, Teeling et al. (2002) expandió la
propuesta de Springer et al. (2001), con dos subórdenes: a) Yinpterochiroptera, que
incluye a los Pteropodoidea y Rhinolophoidea; y b) Yangochiroptera, que incluye
a las superfamilias Emballonuroidea, Noctilionoidea y Vespertilionoidea. Análisis
subsecuentes (Teeling et al. 2003, 2005; Van Den Bussche y Hoofer 2004) afianzaron
este ordenamiento, con los Noctilionoidea incluyendo a las familias Thyropteridae,
Furipteridae, Noctilionidae, Mormoopidae y Phyllostomidae (además de Myzopodidae
y Mystacinidae), y los Vespertilionoidea incluyendo a las familias Natalidae, Molossidae
y Vespertilionidae.
[Link] 171
TAXONOMÍA DE MURCIÉLAGOS NEOTROPICALES
Finalmente, con base en un análisis filogenético molecular para casi todas las especies
reconocidas en ese momento, Porter et al. (2007) describieron dos subgéneros dentro
de Micronycteris: Leuconycteris (M. brosseti como única especie); y Schizonycteris (para
M. minuta, M. sanborni y M. schmidtorum); los cuales se añadieron a los previamente
existentes Micronycteris y Xenoctenes.
Otros estudios, tales como la revisión filogenética de Vespertilionidae (Hoofer y Van
Den Bussche 2003), también aportaron cambios a la taxonomía de algunos géneros.
Así, para Myotis se encontró que los subgéneros Leuconoe, Selyseus, y Myotis, no son
monofiléticos. Sin embargo, las especies podían agruparse en dos clados correspondientes
al Nuevo y Viejo Mundo. En esta división, el subgénero Myotis debe restringirse al
Viejo Mundo, y para las especies Americanas se propuso Aeorestes Fitzinger, 1870.
Sin embargo, Wilson (2008) indica que este nombre correspondería realmente a un
sinónimo de Lasiurus debido a que la especie tipo A. villosissimus corresponde a un
sinónimo de L. cinereus. Con respecto a Lasiurus, Hoofer y Van Den Bussche (2003) no
distinguieron a Dasypterus como un género distinto, pero reconocen la necesidad de un
mayor muestreo taxonómico. Quizás la propuesta más sorprendente fue la inclusión de
Histiotus como un subgénero de Eptesicus, dada su estrecha relación con las especies
Neotropicales de este último. Sin embargo, la parafilia de Eptesicus podría resolverse
restringiendo este nombre a las especies del Neotrópico (E. fuscus es la especie tipo
del género), y reconociendo a Histiotus así como a los grupos del Viejo Mundo como
géneros distintos.
Dentro de Emballonuridae, la reciente descripción de una nueva especie de Peropteryx
(Lim et al. 2010) permitió evaluar el soporte del subgénero Peronymus, concluyendo que
este no tiene validez filogenética (ausencia de sinapomorfías). Finalmente, en Sturnira
(Phyllostomidae) la validez del subgénero Corvira fue descartada al no hallarse soporte
en los caracteres morfológicos ni en las relaciones filogenéticas respecto a otras especies
del género (Velazco y Patterson 2013).
ha sido de sólo una especie. Sin embargo, en géneros que han sido divididos, tales
como Artibeus, Vampyressa o Molossops, el número de especies previamente incluidas
ha disminuido. Tal como se ha reportado antes (Patterson 1996, 2000), no todo este
incremento se refiere a nuevas especies propuestas recientemente. Así, del total de
75 especies adicionales, 30 (40%) representan nombres previamente considerados
Figura 1. Distribución
taxonómica (por familias)
del total de cambios en
el número de especies
reconocidas en el periodo
comprendido entre
Simmons (2005) y esta
revisión. Phyllostomidae =
63.53%; Vespertilionidae
= 12.94%; Molossidae
= 9.41%; Natalidae =
7.06%; Mormoopidae =
3.53%; Thyropteridae =
2.35%; Emballonuridae =
1.18%.
[Link] 173
TAXONOMÍA DE MURCIÉLAGOS NEOTROPICALES
Discusión
El resultado más importante de esta revisión es una lista actualizada de las especies
Neotropicales de murciélagos, que incluye 380 especies en 98 géneros (Tabla
2). Obviamente, ésta no pretende ser una lista definitiva, e incluye decisiones
nomenclaturales a discreción de los autores que no implican un juicio sobre la validez
de algún trabajo en particular. En adición a estas 380 especies, otras cinco han sido
identificadas pero no nombradas; una en Carollia (Solari y Baker 2006), tres en Sturnira
[Link] 175
TAXONOMÍA DE MURCIÉLAGOS NEOTROPICALES
(Velazco y Patterson 2013), y una en Hsunycteris (Parlos et al. 2014). Igualmente, podría
tenerse en cuenta las especies consideradas extintas por Simmons (2005): Mormoops
magna, Pteronotus pristinus, y Phyllonycteris major, o por la UICN (Unión Internacional
para la Conservación de la Naturaleza): Desmodus draculae.
Tabla 2. Lista actualiza-
Género Especie Autor y año Referencias da, hasta el 15 de febrero
de 2014, de los géneros
Familia Emballonuridae y especies de murciéla-
Balantiopteryx infusca (Thomas, 1897) gos Neotropicales. Sólo
se incluyen subfamilias
Balantiopteryx io Thomas, 1904 para los Phyllostomidae,
Balantiopteryx plicata W. Peters, 1867 siguiendo el esquema de
Baker et al. (2003). Las
Centronycteris centralis Thomas, 1912 referencias (ver códigos
en la Bibliografía) son
Centronycteris maximiliani (Fischer, 1829)
sólo para aquellas es-
Cormura brevirostris (Wagner, 1843) pecies cuyo estado tax-
onómico ha cambiado
Cyttarops alecto Thomas, 1913 en el periodo evaluado
Diclidurus albus Wied-Neuwied, 1820 por esta revisión.
continúa...
continúa...
[Link] 177
TAXONOMÍA DE MURCIÉLAGOS NEOTROPICALES
continúa...
[Link] 179
TAXONOMÍA DE MURCIÉLAGOS NEOTROPICALES
continúa...
continúa...
[Link] 181
TAXONOMÍA DE MURCIÉLAGOS NEOTROPICALES
continúa...
continúa...
[Link] 183
TAXONOMÍA DE MURCIÉLAGOS NEOTROPICALES
continúa...
[Link] 185
TAXONOMÍA DE MURCIÉLAGOS NEOTROPICALES
Figura 3. Incremento en
el número total de espe-
cies válidas (al momento
de publicación) de mur-
ciélagos Neotropicales
a través del tiempo (en
años). El punto de partida
es el número de especies
en Simmons (2005).
Agradecimientos
El primer autor (SS) agradece a la Universidad de Antioquia por su apoyo para desarrollar
esta y otras investigaciones en el área de mamíferos. La mayoría de la información
presentada en este artículo proviene de intensas discusiones con colegas que comparten
sus intereses o dudas en temas de sistemática y taxonomía, y en Chiroptera en particular.
Otros han compartido sus experiencias y han permitido un mejor conocimiento de
muchas familias y géneros. Por ello, agradecemos especialmente a R. J. Baker (Texas
Tech University), A. L. Gardner (National Museum of Natural History), B. D. Patterson
(Field Museum of Natural History), P. M. Velazco (American Museum of Natural
History), y D. Zurc (Universidad de Antioquia). Finalmente, agradecemos a R. Owen
(editor especial de este volumen) y a tres evaluadores anónimos que ayudaron a mejorar
significativamente este manuscrito.
Literatura citada
NOTA: la numeración en las referencias está en función de la Tabla 2.
[1] Agapow, P. M., O. R. P. Bininda-Emonds, K. A. Crandall, J. L. Gittleman, G. M. Mace,
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[Link] 187
TAXONOMÍA DE MURCIÉLAGOS NEOTROPICALES
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TAXONOMÍA DE MURCIÉLAGOS NEOTROPICALES
Introduction: The knowledge of the distribution of bat species in Ecuador has changed significantly in
recent years, from new records to taxonomic revisions that have shaped distribution maps to a broader
biogeographic understanding. A review of the richness patterns and potential distribution of bats in Ecuador
is presented, based on the analysis of records published or stored in scientific collections using Ecological
Niche Modeling (ENM) tools. Although maps resulting from ENM are limited both because of the lack
of equilibrium and limitations on the representativeness of samples, they constitute a better depiction of
distribution than minimal convex polygons or altitudinal ranges. According to the Ecuadorian Red List, 19
species of bats are currently threatened, mainly because of habitat conversion as a consequence of recent
colonization, so a better understanding of distribution and spatial richness will result in better proposals for
research-priority and conservation-priority areas.
Methodology: The analysis was based on 21,455 records, corresponding to 162 species. This information
was reviewed and validated using Geographic Information Systems. A maximum entropy algorithm
implemented in Maxent was used to evaluate and generate potential distribution models of the species.
Those species with insufficient data to generate a model or for which the evaluation was unsatisfactory
were eliminated from the analysis. The remaining species models were used to create a composite map
representing the richness of bat species for Ecuador, which in turn was used to assess the conservation status
of bat diversity in the country.
Results: Following review and validation of the data, 10,916 records were used to determine the potential
distribution of 81 species of bats, based on ENM. A map of potential bat species richness was obtained
for the country with the overlap of the models, representing areas that due to climatic conditions, allow a
higher or lower species richness of bats living in sympatry. We determined that the central and north-eastern
foothills of the Andes are the most suitable areas enclosing the highest richness of bats in Ecuador. Research-
priority and conservation-priority areas were identified.
Discussion and conclusions: Information on protected areas of Ecuador was overlaid on top of the potential
richness map, showing that only 5.6% of the area with the greatest potential bat richness is protected.
Accordingly, we determine the existing information gaps and identify priority areas for research and
conservation of bats in Ecuador. Three research-priority areas were defined: (1) the Southeastern tropics,
between Pastaza and Morona Santiago provinces; (2) the Northern Andes towards the cordillera’s western
slopes; and (3) areas of the Western dry tropical forests, between the provinces of Guayas and Manabí.
Three conservation priority areas were defined:(1) northwest from the province of Pichincha with patches of
forest sufficiently large and connected to be protected; (2) most of the Pastaza province, south of the Yasuní
National Park; and (3) from the central region of the Morona Santiago province to the northern half of the
province of Zamora, towards the Peruvian border to the east.
Key words: Amazonia, deforestation, modeling, priority areas, protected areas, scientific collections.
1
Museo de Zoología, Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Av. 12 de Octubre 1076 y Roca, 170517, Quito,
Ecuador. (593-2) 255-6560. E-mail: sburneo@[Link]
2
Programa para la Conservación de los Mamíferos del Ecuador
3
Fundación Mamíferos y Conservación. Víctor Balseca 100 y General Gribaldo Miño, 170809, Conocoto, Quito, Ecuador.
(593-2) 209-9127. E-mail: diego_tirira@[Link]
*
Corresponding author
MURCIÉLAGOS DEL ECUADOR: PATRONES DE RIQUEZA, DISTRIBUCIÓN Y CONSERVACIÓN
Resumen
Se presenta una revisión de los patrones de riqueza y de distribución potencial de
murciélagos en el Ecuador, basado en el análisis de 21,455 registros publicados o
almacenados en colecciones científicas, correspondientes a 162 especies. Luego
de la revisión y validación de los datos, se procesaron 10,916 registros que sirvieron
para conocer la distribución potencial de 81 especies de quirópteros, basada en el
modelamiento predictivo de nicho. Mediante la superposición de los 81 modelos se
obtuvo un mapa de riqueza potencial de murciélagos que representa aquellas zonas
en el país que, por sus condiciones climáticas, permitirían una mayor o menor riqueza
de especies de murciélagos en simpatría. Con esta información, se determinó que las
estribaciones centro y nororientales de los Andes, entre los 250 y 1,800 m de altitud, son
áreas de mayor diversidad de murciélagos por su idoneidad de hábitat. La información
de riqueza potencial fue superpuesta con el mapa de áreas protegidas de Ecuador, lo
cual evidenció que apenas un 5.6% del área con mayor riqueza potencial de quirópteros
se encuentra protegida. También se discuten aspectos de conservación en relación
con las amenazas que en la actualidad enfrenta la vida silvestre en Ecuador y que en
mayor medida afectan al Orden Chiroptera. Es así que se determinaron los vacíos de
información existentes y se definieron áreas prioritarias de investigación y conservación
de murciélagos en el Ecuador.
Introducción
El conocimiento de los patrones de distribución de las especies de murciélagos presentes
en Ecuador ha cambiado sustancialmente en las últimas décadas. Obras como las
revisiones de Albuja (1982, 1999), Tirira (1999, 2007) y Gardner (2008), han contribuido
de manera sustancial a un mejor entendimiento de la distribución de muchas especies;
aportes que se han visto fortalecidos con numerosas revisiones y estudios que han
aparecido en los últimos años (entre ellos Reid et al. 2000; Albuja y Mena-V. 2004;
Lee et al. 2006a, b; Lee et al. 2008; Tirira 2008; Lee et al. 2010; Carrera et al. 2010).
Sin embargo, todos los esfuerzos previos por explicar la distribución de las especies
de murciélagos en el Ecuador se han basado únicamente en registros de colecciones e
intervalos altitudinales; sin considerarse patrones ecológicos y ecosistémicos, formaciones
vegetales o características bioclimáticas, que ayuden a un mejor entendimiento de la
distribución potencial de los quirópteros en el país.
Para analizar patrones de distribución y de riqueza de un grupo de seres vivos
es necesario partir del concepto de área de distribución de una especie, la cual se
considera como la porción de espacio geográfico en donde está presente e interactúa de
forma permanente con el ecosistema (Zunino y Zullini 2003). En términos operativos,
la distribución de una especie puede ser complicada de definir por todas las variables
involucradas en la interacción de una población con el ambiente. Por tal motivo, el área
de distribución quedaría mejor representada si refleja el nicho ecológico efectivo de una
especie en particular (Peterson et al. 2011).
[Link] 199
MURCIÉLAGOS DEL ECUADOR: PATRONES DE RIQUEZA, DISTRIBUCIÓN Y CONSERVACIÓN
Se generaron modelos de distribución para especies que cumplieron con los siguientes
criterios: 1) están presentes en el Ecuador continental (por lo tanto, excluye las islas
Galápagos); 2) han sido registradas en por lo menos seis localidades separadas entre sí
por más de 10 km, con lo cual se evitaba autocorrelaciones (Dormann 2007); y 3) su
taxonomía aparece resuelta; por lo tanto, no forman parte de complejos de especies
documentados, para evitar posibles sesgos relacionados con la utilización de diferentes
conceptos de especie en la construcción de las bases de datos (Cayuela et al. 2009) o
por confusiones entre especies similares (Guisan et al. 2007).
La taxonomía seguida para las especies analizadas se basó en Tirira (2012, 2013). El
ordenamiento taxonómico para todos los niveles es alfabético.
[Link] 201
MURCIÉLAGOS DEL ECUADOR: PATRONES DE RIQUEZA, DISTRIBUCIÓN Y CONSERVACIÓN
entre 0.7 - 0.9 indican que el modelo puede tener aplicaciones útiles; mientras que un
valor mayor a 0.9 indica alta precisión (Swets 1988).
Para obtener datos independientes en la matriz de confusión, los datos de presencia
de cada especie fueron separados en dos grupos. El primero (grupo de entrenamiento)
fue utilizado para correr el modelo; mientras que el segundo grupo (de evaluación) fue
usado para verificar la capacidad predictiva del modelo resultante. De esta forma, se
evitó usar el mismo conjunto de datos en la generación y evaluación del modelo, lo cual
hubiera restado independencia a la evaluación (Fielding y Bell 2002). El porcentaje de
datos que formaron parte de los grupos de entrenamiento y de evaluación, así como
la cantidad de replicaciones que se hizo en cada ejercicio de evaluación, fueron
definidos con los criterios de Pearson et al. (2007). Debido a que existe evidencia de
sobrepredicción en modelos generados con MaxEnt en conjuntos de datos limitados
(Papes y Gaubert 2007), se eliminaron del estudio aquellas especies que tuvieron una
evaluación baja en cualquiera de las replicaciones (AUC inferior a 0.75).
Mapas de riqueza. Para cada una de las especies con un valor AUC aceptable se
generó un modelo final con el uso de todos los registros disponibles. Posteriormente,
se elaboró un mapa de ausencia y presencia basado en el cálculo del umbral de dos
aproximaciones, proporcionadas por el propio algoritmo, que combinan la sensibilidad y
la especificidad (medidas de la capacidad predictiva del modelo), lo cual ha demostrado
tener resultados importantes en estudios comparativos (Liu et al. 2005), disponibles
dentro de los resultados de MaxEnt.
Los mapas resultantes fueron usados para generar, mediante superposición de capas,
un mapa general de riqueza de especies de murciélagos que permite visualizar patrones
geográficos que pueden luego ser contrastados, por ejemplo, con zonas actualmente
protegidas o aquellas que necesitan protección (Ortega-Huerta y Peterson 2004). En el
presente análisis, se contrastó la riqueza potencial de murciélagos del Ecuador con el
Patrimonio de Áreas Naturales del Estado (PANE; Ministerio del Ambiente 2013a), con
el Mapa de Ecosistemas del Ecuador (Ministerio del Ambiente 2013b) y con los pisos
climáticos del país según Tirira (2007).
El 19% del territorio ecuatoriano se encuentra dentro del PANE, que al momento está
constituido por 45 áreas protegidas que están integradas dentro del Sistema Nacional de
Áreas Protegidas del Ecuador, que incluye reservas de la biósfera, biorreservas y bosques
protectores (Ministerio del Ambiente 2013a). El área de protección que cubre el PANE
en el Ecuador continental es del 17% del territorio total (41,027 km2, de una superficie
total de 248,197 km2).
Para determinar las áreas prioritarias de investigación, como un paso inicial en
esfuerzos de conservación, fue necesario entender de manera objetiva los esfuerzos
de colección que se han realizado. Con el fin de obtener una superficie continua que
represente el esfuerzo de colección, se interpolaron los valores correspondientes a los
individuos capturados en cada localidad de colección del Ecuador mediante la técnica
de Distancia Inversa Ponderada (Inverse Distance Weighted; ESRI 2012).
Las áreas prioritarias de conservación se definieron como aquellas zonas de: 1)
alta riqueza de murciélagos; 2) con superficies de vegetación natural importantes; 3)
zonas que actualmente no han sido consideradas dentro del PANE; 4) zonas que a
Resultados
Riqueza potencial. Se extrajeron 21,455 registros de murciélagos del Ecuador. Luego
del proceso de validación de los datos se obtuvieron un total de 20,251 registros
georreferenciados. Estos registros correspondieron a 162 especies de quirópteros.
Posteriormente, al eliminar los datos duplicados, de taxonomía ambigua y de aquellas
especies que presentaban un número bajo de registros para su modelamiento, o aquellas
cuyos valores de AUC fueron inferiores a 0.75 luego del modelamiento, los datos finales
se limitaron a un total de 10,916 registros correspondientes a 81 especies (Apéndice 1).
Mediante la superposición de los 81 modelos generados se obtuvo un mapa de
riqueza potencial de murciélagos (Fig. 1), mismo que representa aquellas zonas en
el país que, por sus condiciones climáticas, permitirían una mayor o menor riqueza
de especies de quirópteros en simpatría, en ausencia de otras variables que restrinjan
sus distribuciones individuales. Los modelos finales de las especies seleccionadas se
presentan en el Apéndice 2.
Las zonas más ricas en diversidad de murciélagos en el Ecuador, con un potencial de
presencia superior a las 50 especies, fueron las estribaciones centro y norte orientales,
entre 250 y 1,800 m de altitud, y pequeños fragmentos de bosque en la región del
Chocó, en las estribaciones noroccidentales de los Andes, con una altitud promedio de
800 m; en conjunto, estas zonas sumaron una superficie total de 35,310 km2 (Fig. 2).
Según el mapa de vegetación remanente del Ecuador, la zona más afectada por
la deforestación es la región costera, en donde la riqueza actual de murciélagos es
moderada; mientras que las zonas con mayor riqueza se concentran en la región oriental,
la misma que todavía conserva importantes extensiones de bosques naturales (Fig. 3).
Áreas protegidas. Al superponer las áreas protegidas del Ecuador continental con el
mapa que presentó las zonas con mayor diversidad de murciélagos (Fig. 2), solamente
1,988 km2 se encuentran protegidos, esto es un 5.6% de los 35,310 km2 de zonas con
mayor riqueza. Las zonas protegidas identificadas se limitan a pequeñas áreas de los
parques nacionales Yasuní, Sumaco-Napo Galeras y Sangay, la Reserva de Producción
Faunística Cuyabeno y las reservas ecológicas Antisana y Cotacachi-Cayapas (Fig. 4).
Por elevación, las áreas protegidas más importantes identificadas en la planicie
amazónica fueron el Parque Nacional Yasuní (con una altitud de 200 a 300 m) y la
Reserva de Producción Faunística Cuyabeno (entre 200 y 350 m), mientras que en las
estribaciones orientales de los Andes aparecen los parques nacionales Sumaco-Napo
Galeras (con un intervalo altitudinal de 400 a 3,840 m) y Sangay (entre 750 y 5,230 m,
aunque la mayor parte de registros de quirópteros ocuparon altitudes inferiores a 2,000
[Link] 203
MURCIÉLAGOS DEL ECUADOR: PATRONES DE RIQUEZA, DISTRIBUCIÓN Y CONSERVACIÓN
m). En términos absolutos, dentro de las áreas más diversas, cuatro corresponden a
las estribaciones orientales de los Andes: el Parque Nacional Llanganates (62 especies
de murciélagos), el Parque Nacional Sumaco - Napo Galeras (61), el Parque Nacional
Sangay (60) y la Reserva Ecológica Antisana (59); mientras que en la planicie amazónica
destacan el Parque Nacional Yasuní (54 especies) y la Reserva de Producción Faunística
Cuyabeno (53).
Figura 1. Riqueza
potencial de murciélagos
en el Ecuador, basada en
la superposición de 81
modelos de distribución
(Apéndice 2).
Para eliminar el efecto del tamaño del área en el análisis de la riqueza de especies,
de manera que se pueda apreciar esta riqueza como una función de las variables
ambientales usadas, se calculó la “riqueza relativa” como la cantidad de especies por
unidad de superficie (un cálculo que a pesar de no tener un sentido biológico, ya que
las especies no son entidades discretas en el espacio geográfico, permite interpretar
la idoneidad del hábitat en función de las especies que albergaría tomando solo en
cuenta sus características ambientales). Resulta que las áreas protegidas de mayor
riqueza relativa fueron la Reserva Ecológica Cofán-Bermejo (9.6 especies por cada
cien kilómetros cuadrados), la Reserva Ecológica Cayapas-Mataje (7.4), el Parque
Nacional Machalilla (5.5) y la Reserva Ecológica Antisana (4.9). En comparación,
áreas protegidas grandes tienen números de riqueza relativa bastante menores, como
el Parque Nacional Yasuní (0.6 especies por cada cien kilómetros cuadrados), la
Reserva de Producción Faunística Cuyabeno (0.9) y el Parque Nacional Sangay (1.2;
Tabla 1).
Tabla 1. Riqueza de
Área Superficie (Ha) No. de especies Riqueza relativa1
murciélagos según
las principales áreas Reserva Ecológica Cofán-Bermejo 55,451 53 9.56
protegidas del Ecuador.
Reserva Ecológica Cayapas-Mataje 51,300 38 7.41
Ecosistemas. La mayor riqueza potencial obtenida coincide con cuatro grupos de ecosistemas
de la Amazonía de Ecuador (según categorías de Ministerio del Ambiente 2013b; Fig. 5):
Bosques siempreverdes de tierras bajas orientales (BTBOr). Incluyen los bosques
siempreverdes dentro de los sistemas de los ríos Aguarico-Putumayo-Caquetá, Napo-
Curaray y Tigre-Pastaza. Esto grupo de ecosistemas predijo la presencia máxima de 61
especies de murciélagos.
Bosques siempreverdes piemontanos orientales (BPOr). Incluyen los bosques
siempreverdes piemontanos de las cordilleras de Galeras y del Cóndor-Kutukú y del norte
y sur de la cordillera oriental de los Andes. Esto grupo de ecosistemas predijo la presencia
máxima de 62 especies de murciélagos.
Bosques siempreverdes montanos bajos orientales (BMBOr). Incluyen los bosques
siempreverdes montanos bajos de las cordilleras de Galeras y del Cóndor-Kutukú y del
norte y sur de la cordillera oriental de los Andes. Esto grupo de ecosistemas predijo la
presencia máxima de 61 especies de murciélagos.
Bosques montanos orientales (BMOr). Incluyen los bosques montanos de las cordilleras
del Cóndor-Kutukú y del norte y sur de la cordillera oriental de los Andes. Esto grupo de
ecosistemas predijo la presencia máxima de 56 especies de murciélagos.
En relación con la riqueza relativa, los Bosques siempreverdes de tierras bajas orientales,
con una superficie de 51,556 km2, presentaron 0.12 especies por cada 100 km2.
Los Bosques siempreverdes piemontanos orientales, con una superficie de 13,409 km2,
que equivalió a 0.46 especies por cada 100 km2. Los Bosques siempreverdes montanos
bajos orientales, con 9,331 km2, que equivalió a 0.65 especies por cada 100 km2. Mientras
que los Bosques montanos orientales, con una superficie de 9,823 km2, registraron 0.57
especies por cada 100 km2.
Áreas prioritarias. Dentro de las áreas con prioridades de investigación, para el Ecuador
continental se identificaron tres zonas que merecen ser consideradas principales (Fig. 6).
[Link] 205
MURCIÉLAGOS DEL ECUADOR: PATRONES DE RIQUEZA, DISTRIBUCIÓN Y CONSERVACIÓN
La más importante y extensa fue una sección del trópico suroriental, entre las provincias
de Pastaza y Morona Santiago, principalmente dentro de la cuenca baja de los ríos Pastaza
y Santiago.
Una segunda zona importante se encuentra en los Andes del norte, en las estribaciones
nororientales de la cordillera. La parte andina de esta zona mantiene áreas libres de
intervención humana que permitirían considerarlas como un corredor ecológico entre el
Parque Nacional Cayambe-Coca y la Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas.
La tercera zona en importancia involucra varios fragmentos dentro del trópico seco
occidental, en las provincias de Guayas y Manabí; sin embargo, buena parte de su
extensión se encuentra dentro de áreas con fuerte intervención humana que ha reducido
la vegetación natural a pequeños parches remanentes. Dentro de esta zona, el único
fragmento que presenta una superficie importante de remanentes de vegetación
natural se encuentra en el área de bosque seco y manglares de la isla Puná y las costas
continentales cercanas, en el golfo de Guayaquil (Fig. 6).
En lo referente a las áreas prioritarias para la conservación de murciélagos, la de mayor
relevancia se ubica al noroccidente de la provincia de Pichincha, entre las parroquias
Pacto, Mindo y San Miguel de Los Bancos (Fig. 6). Se considera que es la única extensión
Discusión
Es necesario indicar que ciertas familias de murciélagos, como Emballonuridae,
Molossidae y Vespertilionidae, estuvieron poco representadas en este estudio, debido
principalmente a que el método que de forma habitual se emplea en el país para su
estudio son las redes de neblina, una técnica que favorece la captura de murciélagos que
vuelan en el sotobosque, como es el caso de la familia Phyllostomidae, a diferencia de
las familias antes mencionadas, las cuales habitualmente vuelan sobre el dosel forestal;
además, que en Ecuador, su diversidad conocida es bastante menor en relación con
la familia Phyllostomidae (Tirira 2012). Pese a eso, la muestra obtenida en el presente
[Link] 207
MURCIÉLAGOS DEL ECUADOR: PATRONES DE RIQUEZA, DISTRIBUCIÓN Y CONSERVACIÓN
Otra área con una importante riqueza relativa es la Reserva Ecológica Cofán-Bermejo,
ubicada en las estribaciones nororientales de los Andes y próxima a la frontera con
Colombia, la cual presenta un amplio intervalo altitudinal (entre 400 y 2,275 m), que
en cierta forma explica su alta diversidad. Una particularidad de esta reserva es que
su diversidad de murciélagos no ha sido estudiada en detalle, principalmente por su
cercanía con zonas ocupadas por grupos guerrilleros y paramilitares de Colombia (lo
[Link] 209
cual de alguna manera es también el caso de la Reserva Ecológica Manglares Cayapas-
Mataje, en el trópico noroccidental).
Es interesante que la Reserva Ecológica Antisana presente una riqueza alta de
murciélagos, tanto en términos absolutos (59 especies), como relativos (4.9 especies/100
km2). Esta riqueza puede deberse a la superficie de la reserva (120,000 ha) y a su amplio
intervalo altitudinal (entre 1,200 y 5,760 m). Pese a esta riqueza, el Plan de Manejo
oficial para la reserva reporta solamente 21 especies de murciélagos (Rivera-Rossi 2007),
lo cual contrasta con registros de zonas aledañas depositados en el QCAZ, que casi
triplican este número de especies. Esta relación de riqueza registrada contra riqueza
potencial se repite en muchas de las áreas protegidas analizadas, debido en parte a las
dificultades para obtener permisos de investigación y colección de especies dentro del
PANE y, en parte, a lo poco rigurosas que son las investigaciones efectuadas para la
elaboración de los respectivos planes de manejo.
Una de las razones por las cuáles en el Parque Nacional Sumaco-Napo Galeras existe
un limitado número de trabajos sistemáticos en mamíferos es el complicado relieve y
el difícil acceso al área. Un trabajo en la parte alta del parque (alrededor de 2,500 m
de altitud) aportó en una sola localidad 17 especies de mamíferos en tres semanas de
muestreo (Lee et al. 2008). Esta situación también se refleja en la escasez de información
MURCIÉLAGOS DEL ECUADOR: PATRONES DE RIQUEZA, DISTRIBUCIÓN Y CONSERVACIÓN
para otros grupos de fauna, como las aves, para las cuales en un conteo de WildSumaco
Lodge, especializado en aviturismo, reportó para esta área un total de 497 especies
de aves (Nilsson 2013), mientras que en la documentación oficial se indican números
de especies más bajos, de entre 280 (Coloma-Santos 2007) y 330 (Freile y Santander
2005).
La escasez de información faunística en áreas protegidas ha sido identificada por
el Ministerio del Ambiente (MAE), institución gubernamental que ha planificado
el desarrollo de inventarios de especies de mayor alcance y rigurosidad científica
(comentario personal de Francisco Prieto, Director Nacional de Biodiversidad, MAE).
También llama la atención la relativa baja diversidad potencial arrojada por los
modelos obtenidos para el Parque Nacional Yasuní, pues con casi un millón de
hectáreas y considerado como un ícono de la conservación en el Ecuador y una de
las zonas con la mayor diversidad biológica en el planeta (Rivadeneira-Roura 2007;
Bass et al. 2010); tan solo reporta 54 especies de quirópteros. Estos resultados se
contraponen con el criterio de Rosenzweig (1995), quien señala que zonas de mayor
superficie se esperaría que alberguen un mayor número de especies, por la relación
especies-área.
Los resultados del análisis de ecosistemas con mayor diversidad potencial de
murciélagos respaldan las evidencias de que las estribaciones andinas representan
zonas importantes para la diversidad de murciélagos (Fig. 5). Los Bosques siempreverdes
montanos bajos orientales (BMBOr) son los ecosistemas que reúnen la mayor
concentración de especies de murciélagos en Ecuador, con un intervalo altitudinal
que va de 600 a 2,900 m y una superficie que se encuentra protegida en gran medida,
ya que de los 9,331 km2 que ocupan, un 36% ha sido protegido (esto es 3,356 km2) por
los parques nacionales Cayambe-Coca, Llanganates, Podocarpus, Sangay y Sumaco-
Napo Galeras, las reservas ecológicas Antisana, Cerro Plateado y Cofán-Bermejo, las
reservas biológicas El Cóndor y El Quimi y el Refugio de Vida Silvestre El Zarza.
Por otro lado, los dos grupos de ecosistemas de menor altitud en la Amazonía tienen
poco territorio dentro de áreas protegidas. Los Bosques siempreverdes de tierras bajas
orientales (BTBOr) tienen apenas un 22% de su territorio protegido (esto es 11,170
de 51,556 km2), principalmente dentro del Parque Nacional Yasuní, la Reserva de
Producción Faunística Cuyabeno y pequeñas zonas en la Reserva Ecológica Cofán-
Bermejo. Mientras que los Bosques siempreverdes piemontanos orientales (BPOr)
tienen apenas un 11% protegido (1,486 de 13,409 km2), incluidos dentro de los
parques nacionales Cayambe-Coca, Llanganates, Sangay y Sumaco-Napo Galeras y la
Reserva Ecológica Cofán-Bermejo.
Dentro de las prioridades de investigación (Fig. 6), destaca el área ubicada en el
trópico suroriental de Ecuador, debido a que la zona no ha sido considerada en estudios
mastozoológicos previos dado su difícil accesibilidad y al conflicto limítrofe que hasta
fines del siglo pasado existió con Perú, lo cual limitó la colonización humana y el
acceso de investigadores para llevar a cabo colecciones de murciélagos.
En lo referente a la segunda zona con prioridad de investigación, ubicada en los
Andes del norte, se ha indicado que podría servir como un corredor ecológico entre
el Parque Nacional Cayambe-Coca y la Reserva Ecológica Cotacachi-Cayapas; sin
embargo, las áreas contiguas hacia las estribaciones noroccidentales, dentro de las
[Link] 213
MURCIÉLAGOS DEL ECUADOR: PATRONES DE RIQUEZA, DISTRIBUCIÓN Y CONSERVACIÓN
concesiones mineras. Pues al igual que ocurre con el área prioritaria de la provincia de
Pastaza, la región suroriental, y especialmente la cordillera del Cóndor, ha sido dividida
en bloques de exploración minera; aunque todavía no existe explotación a gran escala,
se piensa que debido a la agresividad de las operaciones extractivas la biodiversidad de
la zona correría peligro, a diferencia de lo que ocurre con la explotación petrolera.
En la parte norte de esta misma área prioritaria de conservación se encuentra el
Bosque Protector Cordilleras Kutuku y Shaimi, con una superficie de 344,000 ha, de las
cuales alrededor del 95% presenta vegetación natural. Por la extensión e importancia
de esta zona, se sugiere que debería ser considerada como un área protegida dentro del
sistema nacional del PANE.
Las zonas prioritarias de conservación seleccionadas no solo serían importantes para
mantener un alto número de especies de murciélagos en sus áreas de influencia, sino
que también servirían de conexión entre reservas ya establecidas, con lo cual se lograría
un verdadero sistema de reservas integradas, que a su vez ofrecería mejores resultados de
conservación a mediano y largo plazo, y además optimizaría el manejo de los limitados
recursos económicos que en el Ecuador se destinan a la conservación del ambiente
(Pressey et al. 1993; Margules y Pressey 2000).
Las tres áreas prioritarias de investigación y las tres áreas prioritarias de conservación
identificadas serán consideradas dentro del diseño de la Estrategia para la Conservación
de los Murciélagos del Ecuador, actualmente en proceso de desarrollo entre el Programa
para la Conservación de los Murciélagos del Ecuador y el Ministerio del Ambiente, tanto
para diseñar proyectos de investigación, como para dirigir la determinación de Áreas y
Sitios Importantes para la Conservación de Murciélagos, de acuerdo con los lineamientos
formulados por la Red Latinoamericana para la Conservación de Murciélagos (RELCOM
2011).
Es necesario llevar a cabo análisis teóricos y prácticos para determinar la eficacia que
puedan tener los estudios de modelamientos de distribución de especies cuando están
dirigidos al diseño y definición de áreas prioritarias para la conservación; en especial, si
se parte del supuesto de que al tener información incompleta sobre la distribución real
de una especie, el modelamiento presenta una buena aproximación, pero su eficacia
deberá ser verificada a futuro (Wilson et al. 2005).
La conservación de los bosques que mantienen los patrones más altos de diversidad
de murciélagos es urgente. Como impacto adicional del presente estudio se espera abrir
líneas de investigación a corto plazo (como el desarrollo de inventarios y monitoreos
en las áreas prioritarias de investigación determinadas) y a largo plazo, para cubrir los
vacíos de información existentes.
Agradecimientos
A la Dirección de Investigaciones y Posgrados de la Pontificia Universidad Católica
del Ecuador, por el financiamiento del proyecto “Áreas Prioritarias de Investigación y
Conservación de Mamíferos del Ecuador”. A los colegas y amigos del Programa para
la Conservación de los Murciélagos del Ecuador y de la Red Latinoamericana para la
Conservación de los Murciélagos, por motivar estudios científicos en este importante
grupo de mamíferos. A los curadores, responsables o investigadores de los museos que
gentilmente proporcionaron sus catálogos de colección y alimentaron la base de datos
Red Noctilio. A las bases de datos MaNIS y GBIF, por la información proporcionada. A
R. Owen, por invitarnos a preparar este artículo.
Literatura citada
Albuja, L. 1982. Murciélagos del Ecuador. Primera edición. Departamento de Ciencias
Biológicas, Escuela Politécnica Nacional. Quito, Ecuador.
Albuja, L. 1999. Murciélagos del Ecuador. 2a edición. Cicetrónic Cía. Ltda. Quito,
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y conservación de la mastofauna ecuatoriana. Disertación previa a la obtención
del Título de Maestría en Biología de la Conservación. Universidad Internacional
de Andalucía. Hueva, España.
[Link] 215
MURCIÉLAGOS DEL ECUADOR: PATRONES DE RIQUEZA, DISTRIBUCIÓN Y CONSERVACIÓN
[Link] 217
MURCIÉLAGOS DEL ECUADOR: PATRONES DE RIQUEZA, DISTRIBUCIÓN Y CONSERVACIÓN
[Link] 219
MURCIÉLAGOS DEL ECUADOR: PATRONES DE RIQUEZA, DISTRIBUCIÓN Y CONSERVACIÓN
Apéndice 1
Lista de especies de murciélagos seleccionadas para el presente estudio. Se incluye el
número de registros de cada especie en el Ecuador.
[Link] 221
MURCIÉLAGOS DEL ECUADOR: PATRONES DE RIQUEZA, DISTRIBUCIÓN Y CONSERVACIÓN
Apéndice 2
Modelos individuales. Emballonuridae: 1. Centronycteris centralis, 2. Cormura
brevirostris, 3. Diclidurus albus, 4. Peropteryx macrotis, 5. Rhynchonycteris naso, 6.
Saccopteryx bilineata, 7. S. leptura. Molossidae: 8. Molossus currentium, 9. Molossus
molossus, 10. Promops davisoni. Mormoopidae: 11. Mormoops megalophylla.
Thyropteridae: 12. Thyroptera tricolor.
Apéndice 2
continuación Modelos individuales. Noctilionidse: 1. Noctilio albiventris, 2. N. leporinus.
Phyllostomidae: 3. Anoura caudifer, 4. A. cultrata, 5. A. fistulata, 6. A. peruana, 7. Artibeus
fraterculus, 8. A. lituratus, 9. A. obscurus, 10. Chiroderma salvini, 11. C. trinitatum, 12.
C. villosum.
[Link] 223
MURCIÉLAGOS DEL ECUADOR: PATRONES DE RIQUEZA, DISTRIBUCIÓN Y CONSERVACIÓN
Apéndice 2
Modelos individuales. Phyllostomidae (continuación): 1. Choeroniscus minor, 2. continuación
Dermanura anderseni, 3. D. glauca, 4. D. gnoma, 5. D. rava, 6. D. rosenbergii, 7. Diphylla
ecaudata, 8. Enchisthenes hartii, 9. Glossophaga soricina, 10. Glyphonycteris daviesi,
11. Lichonycteris degener, 12. L. obscura.
Apéndice 2
continuación Modelos individuales. Phyllostomidae (continuación): 1. Lonchophylla concava, 2. L.
robusta, 3. L. thomasi, 4. Lonchorhina aurita, 5. Lophostoma silvicolum, 6. Mesophylla
macconnelli, 7. Micronycteris hirsuta, 8. M. megalotis, 9. M. minuta, 10. Mimon
crenulatum, 11. Phylloderma stenops, 12. Phyllostomus elongatus.
[Link] 225
MURCIÉLAGOS DEL ECUADOR: PATRONES DE RIQUEZA, DISTRIBUCIÓN Y CONSERVACIÓN
Apéndice 2
Modelos individuales. Phyllostomidae (continuación): 1. Phyllostomus hastatus, 2. continuación
Platyrrhinus albericoi, 3. P. chocoensis, 4. P. ismaeli, 5. P. matapalensis, 6. P. nigellus,
7. Rhinophylla alethina, 8. R. fischerae, 9. Sturnira bidens, 10. S. bogotensis, 11. S.
erythromos, 12. S. magna.
Apéndice 2
continuación Modelos individuales. Phyllostomidae (continuación): 1. Sturnira oporaphilum, 2. S.
tildae, 3. Tonatia saurophila, 4. Trachops cirrhosus, 5. Trinycteris nicefori, 6. Uroderma
bilobatum, 7. Vampyressa bidens, 8. V. nymphaea, 9. V. thyone, 10. Vampyrodes
caraccioli, 11. V. major, 12. Vampyrum spectrum.
[Link] 227
MURCIÉLAGOS DEL ECUADOR: PATRONES DE RIQUEZA, DISTRIBUCIÓN Y CONSERVACIÓN
Apéndice 2
Modelos individuales. Vespertilionidae: 1. Eptesicus andinus, 2. E. innoxius, 3. Histiotus continuación
montanus, 4. Myotis albescens, 5. M. keaysi, 6. M. nigricans, 7. M. oxyotus, 8. M. riparius,
9. Rhogeessa velilla.
Introduction: Genetic data hypothetically place the origin of the most recent common ancestor of the
subfamily Emballonurinae in Africa, suggesting a dispersal event from Africa to South America during the
Oligocene (30 Ma), and a subsequent allopatric radiation in the New World. Emballonurid genera exist in
Central America where, to date, only one event of diversification has been documented for Balantiopteryx
before the completion of the Isthmus of Panama land connection in the Pliocene.
Methods: Emballonurid bats constitutes an important element of the bat fauna in Colombia. Herein, museum
voucher specimens were used as primary source to generate a checklist of emballonurid bats from Colombia.
In addition, selected museum voucher specimens were analyzed to verify their identifications. The checklist
is accompanied by references as well as models of potential distribution for each Colombian emballonurid
species. These distribution maps were used to investigate the affinities, in species composition, among
Colombian ecoregions as outlined by Hernández-Camacho et al. (1992), and to determine emballonurid
richness distribution in Colombia and the relationship between environmental variables and patterns of
species richness in this group of bats in the country.
Results: We report 16 confirmed emballonurid bat species for Colombia and three species potentially
present in the country, for a total of 19 species representing the eight recognized Neotropical emballonurid
genera. At 16 known species, Colombia has the second greatest number of Neotropical emballonurid bats
after Brazil (17 spp.).
Discussion and conclusion: The checklist presented herein is accompanied by 11 taxonomic and
distributional comments explaining recent changes in taxonomy, species distribution rearrangements, as
well as clarifications and a refinement of the previous records for Colombia. In addition, Geographic
Information System (GIS) models of potential distribution were created for all confirmed species in
Colombia, and species richness patterns were analyzed. Finally, in a Parsimony Analysis of Endemism was
performed for Colombian emballonurids we found that diversity within this group of bats in geographically
subdivided in Colombia into four main regions including: The Biogeographic Chocó; the Magdalena Valley;
The Orinoquia; and the Guianan-Amazon region.
Key words: Chiropterans, Parsimony Analysis of Endemism, sheath-tailed bats, sac-wing bats, distribution
maps.
Resumen
Se reportan 16 especies confirmadas de murciélagos embalonúridos para Colombia
y tres especies potencialmente presentes en el país, que representan un total de 19
1
Programa de Biología, Universidad del Quindío, Carrera 15, Calle 12 Norte Armenia, Quindío, Colombia, Sur América.
E-mail: [Link]@[Link]
2
School of Biological Sciences, University of Queensland, Queensland, Australia. E-mail: [Link]@[Link]
3
Universidad Tecnológica del Chocó, Diego Luis Córdoba, Quibdó, Chocó, Colombia. E-mail: alexmauriciojimenez@
[Link] (AMJ-O).
4
Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá D. C., Colombia. E-mail: migrodriguezp@[Link]
*Corresponding author
EMBALLONURID FROM COLOMBIA
Introduction
The family Emballonuridae was first recognized as a distinct group by Gervais in 1855.
There are two supraspecific taxonomic proposals to organize the diversity contained
within Neotropical sheath bats: Simmons (2005) placed Neotropical emballonurids in
a single subfamily (Emballonurinae), and commented that McKenna and Bell (1997)
subdivided the subfamily Emballonurinae into two tribes: Diclidurini, including all
Neotropical forms; and Emballonurini containing the genera: Mosia, Emballonura, and
Coleura. In contrast, Hood and Gardner (2008), assert that Neotropical emballonurids
are represented by two subfamilies: Diclidurinae (Gray 1866), including the genera
Diclidurus and Cyttarops; and Emballonurinae (Gervais 1856), including the genera:
Balantiopteryx, Cormura, Peropteryx, and Saccopteryx. The most recent systematic
assessments (Lim et al. 2004, Lim 2007, Lim et al. 2008) regard all Neotropical
emballonurids as part of the tribe Diclidurini. Genetic data hypothetically place the
origin of the most recent common ancestor of the subfamily Emballonurinae in Africa,
suggesting a dispersal event from Africa to South America during the Oligocene (30
Ma), and a subsequent allopatric radiation in the New World resulting in the tribe
Diclidurini (Lim et al. 2004).
Diclidurinin bats have dispersed throughout the continental Neotropics, not
reaching the Caribbean except for Peropteryx trinitatis, present as far north as Grenada.
Emballonurid genera exist in Central America where, to date, only one event of
diversification has been documented for Balantiopteryx before the completion of the
Isthmus of Panama land connection in the Pliocene. This scenario was independently
corroborated by a molecular analysis of the mitochondrial ND3–4 gene region (Lim et
al. 2004).
Fossil records have been reported from the Miocene Colombian deposits of La Venta
(12.5 – 12.3 Mya). Colombian fossil records include a small form of Diclidurus, and a
specimen of an undetermined genus, which might represent a new taxon, sharing some
characters of its upper canine with both Old World and New World emballonurids
(Czaplewski 1997, Czaplewski et al. 2003). Although some Neotropical emballonurid
species have wide distributions and are locally abundant, there are distributional gaps to
examine in order to obtain a better understanding about their ecological requirements.
[Link] 231
EMBALLONURID FROM COLOMBIA
Table 1. List of emballonurid bats from Colombia. Symbols are as follows: additions and changes to Solari et al. (2013)
(+); endemic (o); taxonomic comments and consideration (•). Elevational range in meters. Abbreviations of Colombian
departments: Amazonas (ama); Antioquia (ant) (1); Arauca (ara); Atlántico (atl); Bolivar (bl) (2); Boyacá (by); Caldas (cl);
Caquetá (caq); Casanare (cas); Cauca (cau); Cesar (ce); Chocó (cho); Córdoba (co); Cundinamarca (cun); Guainía (gn);
Guaviare (gv); Huila (hu); La Guajira (gua); Magdalena (ma); Meta (met); Nariño (na); Norte de Santander (nsn); Putumayo
(pu); Quindío (qui); Risaralda (ri); San Andrés (sand); Santander (snt); Sucre (su); Tolima (to); Valle del Cauca (vc); Vaupés
(va); Vichada (vi). Abbreviations of Colombian natural regions: Amazon (amz); Andean (and); Caribbean (car); Orinoquia
(ori); and Pacific (pac). References column include previous mentions in scientific literature used as source for records
included in Appendix II and III. Specimens reported by Brother Nicéforo María (1947) disappeared with the destruction
of the Museo de La Salle in Bogotá.
Hernández- Hernández-
Diclidurus ingens •8 amz pac ama cq cho 0-500
Camacho 1955 Camacho 1955
Escobedo and
Diclidurus scutatus •9 Peters 1869 amz va 100
Velazco 2012
Peropteryx Peters 1867
and car ant bo ca cl cun Nicéforo María
Peropteryx kappleri Peters 1867 0-1800
pac snt nsn vc 1947
Lemke et al.
1982; Suárez-
Peropteryx leucoptera Peters 1867 ori cas met 0-500
Castro et al.
2012
ant ama bl bo
amz and
cau cq ce gn hu
Peropteryx macrotis Wagner 1843 car pac 0-1800 Allen 1900
lg mag met nsn
ori
pu snt su vc vch
Lim, Engstrom, Suárez-Castro
Reid, Simmons, et al. 2012;
Peropteryx pallidoptera amz ori cq met 0-500
Voss and Fleck Morales-
2010 Martínez 2013
Rhynchonycteris Peters 1867
ama ant bl bo cl
Wied-Neuwied cq ce cho co gn
Rhynchonycteris naso col 0-500 Allen 1900
1820 mag met put snt
su va vc vch
Saccopteryx Illiger1811
ama ant bl ca cl
cq ce cho co cu
Saccopteryx bilineata •11 Temminck 1838 col 0-1051 Dobson 1878
hu lg mag met
na snt su vc vch
Continúa...
Brazil (17 spp.) surpassing other countries of larger geographic area and greater overall
mammalian diversity such as Mexico, Peru, and Venezuela (Table 2).
•2) Balantiopteryx infusca: the species was incorrectly included as potentially present in
the department of Caquetá, based on “nearby localities” by Marín-Vásquez and Aguilar-
González (2005:216). However, their conclusion was based on seven specimens
deposited at the Instituto de Ciencias Naturales, Universidad Nacional de Colombia
(ICN) (ICN 7737-39 and ICN 9312-15) collected in Río Engaño, and El Chanco
respectively, both localities in the department of Valle del Cauca, on the western versant
of the Colombian Andes. We restricted the distribution of B. infusca to the western
versant of the Colombian Andes along the piedmonts of the Biogeographic Chocó and
considered Alberico et al. (2000) inclusion of the species within the Andean region in
that sense. To date, there is no indication of a trans-Andean flow for this taxon (Lim et al.
2004). McCarty et al. (2000) provides information on the ecology of collecting localities
of B. infusca and listed the rainforest of northern Ecuador as the typical ecotype for the
species.
•3) Centronycteris centralis: The presence of the species in the department of Antioquia
is supported by a specimen collected at La Tirana, 25 km S, and 22 km W of Zaragoza
(7° 21’ N, - 75° 03’ W) by N. Peterson and deposited at the University of Washington
•5) Cormura brevirostris: In the checklist of bats from the department of Caquetá, Marín-
Vásquez and Aguilar-González (2005: 216) referred to specimen ICN 14597 of Cormura
brevirostris as “recorded based on a misidentification” . We examined specimen ICN
14597 and confirmed its identification as C. brevirostris. Specimen ICN 14597 was
previously misidentified as Peropteryx macrotis. Cormura brevirostris has also been
[Link] 235
EMBALLONURID FROM COLOMBIA
recorded from the southern portion of the Colombian Amazon. We included in our list
a record of C. brevirostris from Leticia, department of Amazonas, represented by a male
specimen collected by Robert J. Baker on July 1 1969 (Texas Tech University Museum
TTU 8825). This record was not included in Alberico et al. (2000).
•6) Cyttarops alecto: Alberico et al. (2000) reported this species from the department of
Vichada apparently deposited at the Instituto Alexander von Humboldt (IAvH). However,
we found no records of C. alecto from the department of Vichada at the IAvH. Cyttarops
alecto is present in the southern portion of the Colombian Amazon with a record from
Leticia, department of Amazonas reported by Ochoa et al. (1994), also included in Hood
and Gardner (2008), corresponding to specimen IAvH 358, collected by H. Chiriví, R.
W. Cooper, A. Diaz D. on March 10, 1972.
•7) Diclidurus albus: In Alberico et al. (2000) the distribution of D. albus in the Andean
(and) region and the presence of D. albus in the department of Valle del Cauca (vc) were
accompanied by question marks (and? vc?). We confirm the presence of D. albus in the
department of Valle del Cauca (Andean Region). The record reported by Alberico et al.
(2000) and also by Cuervo-Díaz et al. (1986) corresponds to a female specimen from
Cali, department of Valle del Cauca collected by M. Arango on January 1st 1949 and
preserved in fluid with extracted skull (AMNH 149167); a photograph of the skull of
AMNH 149167 was used by Goodwin and Greenhall (1961: plate 9) as example of the
morphology of the species. To clarify the origin of Colombian D. albus records in this
work, they are presented (from west to east) as follows: a specimen from Catival Upper
Río San Jorge, department of Córdoba (120 m) at the Colombian Caribbean Region,
collected by P. Hershkovitz (collector number 3585) on July 20, 1949 deposited at the
FMNH (FMNH 69366). The above mentioned record was not included in Hershkovitz
(1949); three specimens from the department of Norte de Santander collected by Brother
Nicéforo María in Convención, and Cúcuta respectively (Nicéforo María 1955) deposited
at the museum of Instituto de La Salle (ISL, in the publication); museum vouchers of these
two specimens disappeared as a consequence of the fire which destroyed the collections
of the Museo de La Salle in Bogotá during the rebellion of 9 of April of 1948; a third
specimen of D. albus (virgo) from Catatumbo region, department of Santander (skull lost
in the preparation) collected by Adriano Gasparoni on October 9th 1954 close to an oil
drill, was also referenced in the publication of Brother Nicéforo María (1955) as deposited
at the Instituto Biffi in the city of Barranquilla, Colombia; a record from the municipio
of Toledo, department of Norte de Santander collected by Germán Jurado Orozco and
Guillermo Cote B. in October 2004, deposited at the IAvH; a record from the Colombia
Orinoquia without precise location (Los Llanos) collected by E. Guzman in1963,
deposited at the Royal Ontario Museum (ROM 75741), and a record from Villavicencio,
Meta deposited at the Instituto de Ciencias Naturales (ICN 6601), preserved in fluid and
collected at Villavicencio “Las Mercedes” Hacienda La Reserva, 450 m.
Although not supported by voucher specimens, we include in this revision the
capture of male individual of Diclidurus, reported for the department of Vichada in an
anonymous note published in the Boletín Científico, Centro de Museos, Universidad
de Caldas (2012). The individual, putatively assigned to D. albus, was captured at the
•9) Diclidurus scutatus: This species was considered potentially present in Colombia
based on Venzuelan records reported by Linares (1998) from localities adjacent to the
Colombo-Venezuelan border. Marinkelle and Cadena (1972) followed Cuervo-Díaz et
al. (1986) and listed D. scutatus as potentially present in Colombia. Escobedo and
Velazco (2012), confirmed the presence of D. scutatus in the country based upon two
specimens from the Lower Rio Apaporis, Yai-Gojes, deposited at the FMNH (FMNH
88234–88235).
•10) Saccopteryx antioquensis. Saccopteryx antioquensis Muñoz and Cuartas 2001, was
described based on material collected at La Soledad, Municipio de Sonsón,department
of Antioquia (5° 36’ N, - 75° 56’ W 2,171 m). Saccopteryx antioquensis can be
distinguished from other species of the genus in Colombia (S. bilineata, S. canescens,
and S. leptura) by the absence of dorsal stripes, as well as the connection of the wing to
the metatarsal and not to the ankle. Allen (1900) made reference to coat color variation
among S. bilineata including differences in the distinctiveness of the dorsal stripes.
The author refers to this variation as follows: “The white markings on the back (of S.
bilineata) vary much in distinctness in different specimens, being sometimes almost
clear white and strongly defined, in other specimens brownish white, and sometimes
[Link] 237
EMBALLONURID FROM COLOMBIA
obsolete”. Allen also mentioned that an almost uniform color is common among
juvenile S. bilineata.
Muñoz and Cuartas (2001) considered S. antioquensis closely related in morphology
to the alloptaric S. gymnura. Saccopteryx antioquensis can be differentiated from S.
gymnura by its larger size (forearm 36.2-38.0) (Muñoz and Cuartas 2001). Although Lim
et al. (2007) were unable to include S. antioquensis in their phylogenetic analyses, due
to the unavailability of tissues of the only two known specimens representing this taxon
they proposed a split of the common ancestor of S. gymnura from S. canescens around
6 Mya. This evidence, in conjunction with differences in ecological requirements of
S. antioquensis with respect to other species in the genus leads us to hypothesize an
evolutionary scenario for the divergence of S. antioquesis associated with the Andean
uplifting. Saccopteryx gymnura with type locality in Santarem, Pará, Brazil, is known
only from the northeastern Guiana and is not present in Colombia.
than seven species; Fig. 1). A large number of species were shared among regions (Table
3, Appendix II, IV) with only five species documented from only one region: C. alecto
(Amazon), D. scutatus (Amazon), S. antioquensis (Andean), P. leucoptera (Orinoquia),
and B. infusca (Pacific). The Amazon and the Orinoquia are more similar and shared the
largest number of species (8 spp.); while the Biogeographic Chocó and the Orinoquia are
the most dissimilar regions sharing only five species.
Figure 1. Emballonurid
richness distribution
in Colombia. Warm
colors represent areas
with a higher number of
sympatric emballonurid
species and cold colors
represent areas with
a lower number of
emballonurids.
Table 3. Number of
Amazon Andean Caribbean Orinoquia
emballonurid species
shared among Colombian Amazon -
natural regions, based on Andean 7 -
voucher specimens.
Caribbean 7 8 -
Orinoquia 8 5 6 -
Pacific 7 7 5 5
[Link] 239
EMBALLONURID FROM COLOMBIA
Higher numbers of species were found in areas with average precipitation greater than
2,000 mm, average temperature greater than 25 °C, and elevations lower than 500 m.
These conditions are widely distributed across the Colombian geography, in all natural
regions of the country.
In our species richness model, the largest number of species was associated with the
Guianan-Amazon corridor (Fig. 1), characterized by terraces (200 to 500 m) of Cambric
origin associated with the Guiana Shield. These terraces constitute emergent land
masses that potentially recruited terrestrial flora and fauna during the repeated invasions
of water masses on the lowlands of northwestern South America during the Miocene.
For a significant part of the Early to Mid-Miocene (23-17 Mya), the Colombian Amazon
was under the influence of the lake formation of Pebas (Wesselingh and Salo 2006).
Subsequent inundations were apparently frequent during the mid and late Miocene
(Hovikoski et al. 2007, and references therein) and elevations greater than 200 m could
play an important role in the establishment of emballonurid populations.
Figure 2. Parsimony
Analysis of Endemism of
Colombian emballonurid
bats. Emballonurid diversity
was geographically
subdivided into four major
clades representing the
Amazon Guianan region
(green quadrants); the
Colombian Orinoquia
(yellow quadrants); the
Biogeographic Chocó
(dark blue quadrants); and
the low Magdalena Valley
(light blue quadrants).
Parsimony analysis of endemism. The PAE showed three subunits of higher biogeographic
affinity for Colombian emballonurids: 1) Guianan Amazon region (green quadrants, Fig.
2); the Orinoquia (yellow quadrants); and 3) Biogeographic Chocó (dark blue quadrants).
The Andean, as well as the Caribbean region, encloses a more variable composition of
emballonurid species. Although most of the quadrants representing the Inter-Andean
Valley of the Magdalena River in its lower portion (northern part of the country) appear
in the PAE output as an independent clade, quadrant 19 was associated in composition
with the Biogeographic Chocó. A biogeographic affinity between the Magdalena Valley,
the western Caribbean and the Biogeographic Chocó was proposed by Hernández-
Camacho et al. (1992).
Globally, these results are in accordance with a vicariant pattern associated with the
uplifting of the Andean System, separating Colombian Cis-Andean emballonurid fauna
(Amazon and Orinoquia) from its counterpart at the western portion of the country
(Biogeographic Chocó). This pattern has been documented for different groups of fauna
including bats (Mantilla-Meluk et al. 2009b). In the eastern portion of the country, the
piedmonts of the Andes and Altillanura of the Colombian Orinoquia enclose a large
number of emballonurid species, decreasing through the southern Orinoquia. In
contrast to the more constant conditions of the eastern Andean piedmonts, the southern
Orinoquia is characterized by dramatic fluctuations of ecological variables (Marchant
et al. 2006) potentially affecting emballonurid diversity. However, it is important to
consider, that the Orinoquia is one of the less understood regions of the country and the
observed pattern potentially is an artifact of low sampling efforts in this portion of the
country.
Table 4. Pearson
correlation between Correlations Richness elevation evapo. precip. t-max t-min t-prom veget.
species richness and seven
environmental variables Richness 1
including: elevation,
evapotranspiration (evapo), .
precipitation (precip), elevation -0.76** 1
maximum temperature 1.81E-21 .
(t-max), minimum
temperature (t-min), evapo. 0.75** -0.89** 1
mean annual temperature 1.81E-21 1.81E-21 .
(t-prom), vegetation precip. 0.43** -0.36** 0.42** 1
(veget).
6.7E-19 7.21E-13 7.4E-18 .
t-max 0.68** -0.89** 0.93** 0.24** 1
1.81E-21 1.81E-21 1.81E-21 1.03E-06 .
t-min 0.72** -0.90** 0.97** 0.38** 0.96** 1
1.81E-21 1.81E-21 1.81E-21 8.35E-15 1.81E-21 .
t-prom 0.73** -0.91** 0.97** 0.32** 0.98** 0.99** 1
1.81E-21 1.81E-21 1.81E-21 6.08E-11 1.81E-21 1.81E-21 .
Correlation significant at veget. -0.55** 0.51** -0.53** -0.36** -0.43** -0.48** -0.46** 1
the 0.01 level (one tail)
(**). 1.81E-21 1.81E-21 1.81E-21 1.76E-13 2.69E-18 1.81E-21 1.81E-21 .
Final biogeographic considerations. The Guianan region, which includes the highest
diversity of emballonurids, has been proposed as the center of radiation of diclidurine
bats in the Neotropics (Lim et al. 2007). Two aspects are mentioned by Lim et al. (2007)
as important for this radiation: 1) the uplifting of the Andes, and 2) climatic changes in the
Early Miocene between 19.4 and 18.0 mya. Geologic reconstructions of ecogeographic
conditions around Early Miocene suggest a different landscape in northern South America
than that prevailing today. During the Miocene the presence of extensive savannas
was more common and forested areas in the Amazon region were more reduced than
[Link] 241
EMBALLONURID FROM COLOMBIA
today. During the Early Miocene the Andean system was not completely raised and
an interconnection between the eastern and western versants of the proto Andes was
possible along extensive areas. The Cuenca basin in Ecuador (Wesseling and Salo
2006) represents the lowest point of the Andean continental divide, and could act as
a potential bridge between the two versants of the system (Fig. 3). The Trans-Andean
communication between lowlands across the Cuenca Bridge was terminated around 3
Mya with the last uplifting of the Andes. On the eastern side of northern South America
there was the internal lake of the Pebas system that prevailed between 23 to 8 Mya. It
is likely that the Pebas formation worked as a weak barrier for lowland species between
the Guianan shield and the western portion of South America. The inundated lowlands
of the system may have limited the east-west communication in northern South America
to the Guianan-Macarenan Bridge along the projections of the Guianan Shield into the
eastern portion of the Colombian region.
Figure 3. Reconstruction
of South America
landscape 18 mya, Early
Miocene, and potential
route of colonization
of emballonurids into
Central America via
the Cuenca Basin (solid
line). Circles represent
the Proto-Chocó and
Proto-Magdalena Valley
respectively.
Acknowledgements
This work would not be possible without the generous help of curators and personnel
in charge of the scientific collections visited. We specially thank: D. Wilson, K. Helgen,
A. Gardner, and L. Gordon for their assistance at the mammal collections of the USNM
of the Smithsonian Institution; B. D. Patterson, L. Heaney, W. Stanley, P. Velazco, and
R. Baniasek for their help at the mammal collections of the FMNH; Y. Muñoz-Saba, H.
López, and C. Cárdenas for their assistance at the ICN; P. Rivas at the MHNUC, Oscar
Murillo at the UV; D. Perico for his collaboration at the collections of the IAvH; A.
Asprilla, L. Palacios, and O. Rios for their support at the CMCH of the UTCH.
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[Link] 243
EMBALLONURID FROM COLOMBIA
[Link] 245
EMBALLONURID FROM COLOMBIA
Appendix 1
Specimens examined
Colección Mastozoológica del Chocó (CMCH); Instituto Alexander von Humboldt (IAvH);
Instituto de Ciencias Naturales (ICN); Field Museum of Natural History (FMNH); Museo
de Historia Natural Universidad del Cauca (MHNUC); Muséum d’ Histoire Naturelle
de Genève (MHNG); Natural History Museum, University of Kansas (KU); Texas Tech
University (TTU); United State National Museum, Smithsonian Institution (USNM);
Universidad del Valle (UV).
Balantiopteryx infusca. Valle del Cauca: Calima (Darién), Río El Chanco, 400m, ICN
9309-16. Río Engaño, carretera vieja de Cali a Bucaramanga. Pared rocosa 200 m desde
el puente (rio arriba), ICN 7737-39 (n = 8).
[Link] 247
EMBALLONURID FROM COLOMBIA
m, ICN 9760-61. Municipio Pto. Nare, Vereda Chorro de Oro, Finca Buena Vista, 580
m, ICN 13297-13300. Bolivar: Bahía de Cartagena, Isla de Tierrabomba, poblado de
Bocachica, ICN 3903-07. Isla de Tierra Bomba, Fort de Boca Chica (dans une galerie),
MHNG 1926.023-26; MHNG 1924.055; MHNG 1923.062. Isla de Tierra Bomba, En
Cisterna (planta) arriba de Caño de Loro, MHNG 1923.003, MHNG 1923.002, MHNG
1923.001, MHNG 1922.100. Isla de Tierra Bomba (Cartagena), Fort de Boca Chica,
direction Ponton, MHNG 1915.032; MHNG 1915.031; MHNG 1915.030; MHNG
1915.029; MHNG 1915.028; MHNG 1915.027; MHNG 1915.026; MHNG 1915.025;
MHNG 1915.024; MHNG 1915.023; MHNG 1915.022; MHNG 1915.021; MHNG
1915.020; MHNG 1915.019; MHNG 1915.018; MHNG 1915.017; MHNG 1915.016;
MHNG 1915.015; MHNG 1915.014; MHNG 1915.013; MHNG 1915.012; MHNG
1915.011; MHNG 1915.010; MHNG 1915.009; MHNG 1915.008; MHNG 1915.007;
MHNG 1915.006; MHNG 1915.005; MHNG 1915.004; MHNG 1915.003; MHNG
1915.002; MHNG 1915.001; MHNG 1914.100; MHNG 1914.099; MHNG 1914.098;
MHNG 1914.097; MHNG 1914.096; MHNG 1914.095; MHNG 1914.094; MHNG
1914.093; MHNG 1914.092; MHNG 1914.091; MHNG 1914.090; MHNG 1914.089;
MHNG 1914.088; MHNG 1914.087; MHNG 1914.086; MHNG 1914.085; MHNG
1914.084; MHNG 1914.083; MHNG 1914.082; MHNG 1914.081; MHNG 1914.080.
Ile Barú, entre Punta Gigante et Bocachica, MHNG 1924.028; MHNG 1924.027;
MHNG 1924.026; MHNG 1924.025; MHNG 1924.024; MHNG 1924.023; MHNG
1924.022; MHNG 1924.021; MHNG 1924.020; MHNG 1924.019. Tolú viejo, cueva
de Tolu Viejo, MHNG 1902.041; MHNG 1072.095-1073.029; ICN 2774. Boyaca:
Santa Ana, cueva orilla carretera, 1750 m, ICN 9107. Caqueta: PNN. Chiribiquete.
Sector Suroriental. Río Mesay. Puerto Abeja 0° 04’ 27” N; - 72° 27’ 05” W 250 m, IAvH
7168; IAvH 7137; IAvH 7136. Río Mesay, Puerto Abeja, al Suroriente de la Serranía
de Chiribiquete, 240 m, ICN 14597. Municipio Montañitas, Vereda Santuario, Finca
Ceilán, 335 m ICN 16892-93. Municipio Florencia, cueva Los Guacharos, 540 m,
ICN 16894. Cauca: Guapi, Isla Gorgona, ICN 4705. Cauca, Mercaderes, San Joaquín,
MHNUC 1692-1694. Cesar: Villanueva, ICN 884. Córdoba: Campo alegre, Grotte de
Palmira, MHNG 1902.085. Guainia: Serranía de Naquen, cerro, 450 m ICN 12027-29.
Municipio Puerto Inírida, Caño Nabuquén, raudal Yuruparí, RNN Puinawai, en bosque
de tierra firme / alto abierto coord: 02º 40’ 128” N; - 68º 55’ 636” W, ICN 13904.
Guaviare: Municipio San José, Vda. La Pizama, sitio Ciudad Perdida, Los Juneles.
Reserva Natural Serranía La Lindosa, ICN 16186-87. La Guajira: Uribia, Nazareth,
ICN 5483-87; ICN 5555-62; ICN 5807-10. Serranía de Macuira, Cañoo Maporito, ±
650 m, ICN 8838. Magdalena: Isla Salamanca, ICN 5813. PNN Tayrona, Arrecifes,
ICN 7815. PNN Tayrona. Cero Noseve, IAvH 4239. Meta: Acacías, Alrededores de
Acacías, ICN 4692-93. Cubarral, Mpio Cubarral, vereda Mesa Redonda, quebrada
La Cristalina, 600 m, ICN 14391-92. Extremo sur de la Sierra de La Macarena, ICN
5784-5802. Extremo sur de la Sierra de La Macarena, cueva arriba de la III quebrada,
campamento No 1, 235-250 m, ICN 864. Extremo S de la Macarena mts., cueva al NW
de Campamento No. 1, ICN 940. Extremo Sur Sierra La Macarena. Campamento No
1, cuevas en escarpa, ± 250 m, ICN 3074. Extremo sur de la Sierra de La Macarena,
alrededores Campamento No 1. segunda cueva, ICN 4659; ICN 4673. Extremo Sur
de la Sierra de La Macarena, alrededores Campamento No 1, ICN 4660-63. Extremo
[Link] 249
EMBALLONURID FROM COLOMBIA
cercanías escuela Palma Azul, quebrada Coconuco, 350 m, ICN 11282-94. Rio Mesay,
Puerto Abeja, (Rebalse) al Suroriente de la Serranía de Chiribiquete, 240 m, ICN
14613. Rio Mesay, Chorro de Mazaca, ca. 240 m ICN 14697-98. Munchique, MHNG
1907 0.95 MHNG 1097 0.94. Casanare: Vereda Los Chochos, Finca Las Plumas,
ICN 19264. Cesar: Gamarra, Corregimiento Botega Central, ICN 12625-26. Chocó:
Municipio Riosucio, Vda Cristales PNN Katios, IAvH 4906-07. Riosucio, Vereda
Cristales, parque Nacional Natural Los Katios, ICN 6906-07; ICN 6910. Córdoba:
Lorica; Estación Piscícola de la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú
y del San Jorge (CVS), ICN 17205-06. Meta: PNN La Macarena, Cabaña Duda, IAvH
2025; PNN La Macarena, Alto caño Cristales. Taken in net over dry stream bid, IAvH
2480; Monteria: Corregimiento Tres Piedras, Caserío Maracayo, sitio El Lúcido, ICN
17207-09. Corregimiento Nariño, Vereda Ceiba Pareja, Ciénaga Pantano Bonito, ICN
17210-12. Guainía: Municipio Puerto Inírida, caño Nabuquen, raudal Yurupari, RNN
Puinawai, en bosque de tierra firme / alto abierto coord: 02º 40’ 128” N; - 68º 55’
636” W, ICN 13905. Pto. Inírida, caño Caimán, resguardo El Remanso 3º 39’ 16”
N; - 67º 57’ 8” W, 80 m, ICN 14938. Magdalena: “Santa Marta”, Colonia Agrícola
de Caracolito, 400 m, ICN 873. Santa Marta, PNN. Tayrona, Los Naranjos, 7816.
Municipio Sitinuevo, Santuario de Fauna y Flora Ciénaga Grande de Sta. Marta, Caño
El Cojo, ICN 15411-12. Municipio Sitinuevo, Santuario de Fauna y Flora Ciénaga
Grande de Sta. Marta, Caño El Cojo, El Juncal, ICN 15413-19. Municipio Remolino,
Santuario de Fauna y Flora Ciénaga Grande de Sta. Marta, Ciénaga de La Aguja, Isla de
Ochoa. ICN 16129-30. Meta: Caño Navajas, ICN 2026. Caño Yurimena, ICN 2024.
Acacías, Apiai, ICN 2025. Extremo Sur de la Sierra de La Macarena, margen derecha
del Rio Guayabero, 100 m, arriba de las bocas del Caño Lozada, en raiz tabloide de
una “ceiba” con bastante exposición de luz, apenas sombreada, contra el rio, ICN
2129-31. Extremo Sur de la Sierra de La Macarena, Campamento No 1, cueva en la
escarpa inmediata al campamento. Orilla del rio, ICN 3980-81. Puerto López, Vereda
Menegua, Finca Lagunazo, ICN 9465. Cumaral, La Y, puente sobre vía Paratebueno,
Medina - Cuamaral ± 3 km NO, 580 m, ICN 11354. Cumaral, Vereda Cepera, 5
km NE de Cumaral, La Ye, Quebrada Seca, 500 m. ICN 11355-60. Municipio de
Mesetas, Vereda San Isidro, cuenca media del Río Duda, margen izquierda, ± 420 m,
ICN 11525. Municipio de Restrepo, Vereda Caney Alto, centro Cread (Unillanos), en
bosque detrás de las instalaciones, Vereda El Palmar, vía a San Nicolás, km 20 caño
Caibe, 400 m, ICN 13901-02. Corregimiento Pachiaquiaro, Vereda Yacumal, ICN
19124; ICN 19133. Putumayo: Municipio de Puerto Leguizamo, Vereda El Guadual,
Finca de Pablo Aguirre, Hda. Hernandez. R. Caucaya, PNN La Paya, ICN 13761-62.
Santander: Puerto Parra, Vereda India Baja, Corregimiento Campo Capote, ICN 17757-
58; ICN 17760; ICN 18795. Sucre: Municipio San Marcos, Vereda La Florida, Ciénaga
Gamboa, Granja Cocodrilia, 34 m, 08º 35’ 49.9” N 75º 08’ 31.2” W, ICN 17434-
36. Valle Del Cauca: Buenaventura 29 km SE, Rio Zabaletas MHNG 1912 0.25;
Vichada: PNN El Tuparro 2 km SE del Centro Administrativo. Rio Tomo IAvH 2481.
Buenaventura, Quebrada Zabaletas, aproximadamente 10 km N del sitio de Zabaletas,
ICN 5870. Vaupes: Sabanas del Cubiyú, ICN 792. Mitú, a orillas del Río Cuduiari,
2 m. ICN 13110-11. Vichada: Parque Nacional El Tuparro. Alrededores del Centro
Administrativo, ICN 12385-86.
[Link] 251
EMBALLONURID FROM COLOMBIA
Mesetas, Vereda San Isidro, cuenca media del Río Duda, margen izquierda, +-/ 420
m, ICN 11526. Villavicencio, ICN 861. Norte De Santander: Cúcuta, cerca a Tibú,
Campamento No 2, margen izquierda del Río Sardinata, ICN 4594. Sucre: Tolú,
Hda. La Estancia, Sector “El Bobo” , en la comba de una Ceiba punctata, Pastizal El
Bolsillo, IAvH 3152. Valle Del Cauca: Bajo Río Calima, ICN 3984. Cartago (3km E),
MHNG 1906.016. Guadalajara, 10 a 12 km de Buga, carretera via represa Calima,
Finca Chimbilaco, ICN 5299-01. Tuluá, Jardín Botánico Mateguadua, 1,050 m, ICN
13180. Vichada: Laguna Danta, Río Vichada, 150 m, ICN 4953. Parque Nacional El
Tuparro. Alrededores del Centro Administrativo, ICN 12684. Parque Nacional Natural
El Tuparro, estación Centro Administrativo del INDERENA, cerros a 500 m al N del
CAI 05º 21’ 17.0” N; - 67º 51’ 40.6” W, ICN 13941. Territorio Faunístico “El Tuparro”;
Centro Administrativo, IAvH 2063.
Saccopteryx canescens. Boyaca: Los Trompillos, MHNG 1912.035; CASANARE: Paz
de Ariporo, Corregimiento La Hermosa, finca Nicaragua. B. inundable, IAvH 8104.
Magdalena: Bonda, MHNG 1073.34; MHNG 1073.32; MHNG 1073.33; MHNG
1073.35; MHNG 1073.36. PNN Isla de Salamanca Los Cocos, Sendero IAVH 5487;
IAVH 5486; META: PNN La Macarena, 80 m N. del Campamento Isawa, Rio Duda,
IAvH 2277. Trinidad, Vereda Los Chochos, Finca Las Plumas, ICN 19265. Vereda El
Banco de La Cañada, Finca La Palmita, ICN 19266-67. La Guajira: Río Ranchería,
sector Calaguala, ICN 18614. Valle del Cerrejón, Arroyo Bruno, 18615. Magdalena:
Santa Marta, PNN. Tayrona, Gairaca, ICN 7820-21. PNN Tayrona, Los Naranjos,
ICN 7982. Meta: Restrepo, Vereda Caney Alto, ICN 10097. Sucre: Municipio San
Marcos, Vereda La Florida, Ciénaga Gamboa, Granja Cocodrilia, 34 m.s.n.m., 08º 35’
49.9” N 75º 08’ 31.2” W, ICN 17437. Vichada: Parque Nacional Natural El Tuparro,
estación Centro Administrativo del INDERENA (CAI), al E del CAI sobre la carretera
que conduce a la estación El Tapón del parque, ICN 13942.
Saccopteryx leptura. Amazonas: Corregimiento Tarapacá, Río Putumayo, sitio El
Porvenir, ICN 15378. Antioquia: Municipio San Luis, Corregimiento El Prodigio,
Vereda Las Confusas, Finca Corinto, 555 m, ICN 13301. Bolivar: Municipio Cartagena,
Archipielago de San Bernardo, isla Mucura, Finca Dablandia, ICN 16152-53. Cauca:
Guapi, Isla Gorgona, UV 2 061, UV3265-66, UV 3277-83, UV 3294-95. Guapi,
Río Guapi, Caserío El Naranjo, UV 10148. Piamonte, Puerto Bello, UV 11381. Isla
Gorgona, ICN 4704. Chocó: Bahía Solano, El Valle, ICN 5875. Pacurita, CMCH
001334; CMCH 1337; CMCH 1315; CMCH 1317; CMCH 1141-42; 948; 956; Rio Sucio
IAvH 4905. Riosucio, Vereda Sautatá, Parque Nacional Natural Los Katíos, ICN 6909.
Córdoba: Ayapel, Ciénaga de Ayapel, Caserío Playa Blanca, Finca Quiebrahacha, ICN
17215. Guainia: Serranía de Naquén, cerro, 450 m, ICN 12030. La Guajira: Albania,
Ranchería sector Calaguala, ICN 18616-17. Uribia, Nazareth, ICN 5488-90. Maicao,
Vda. Bruno, campamento Los Montes de Hernán, 230 m 11º 09’ 0.58” N; - 72º 33’
23.7” W, ICN 14948-49. Magdalena: PNN. Isla de Salamanca, Los Cocos, IAvH
5485; Sucre: Tolú, Hacienda Estanzuela, Sector “El Bobo” Bosque aledaño a casa IAvH
3154. Meta: Municipio San Juan de Arama. Parte Norte de la Serranía La Macarena.
Caño Guamalito, 550 m, ICN 12043. Tolima: Melgar, orillas del Río Sumapaz, 430 m,
ICN 4073. Municipio Lérida, Quebrada El Sitio, 480 m, ICN 17652. Valle Del Cauca:
Cali, Ciudad Universitaria, ICN 5876. Tulua, Jardín Botánico Mateguadua, 1,050 m,
ICN 1318. Vaupes: Mitú, en el Colegio José E. Rivera, ICN 16962.
Appendix 2
Records obtained from museum databases, specimens reviewed and scientific
literature (1,165), used as input in the generation of the models: American Museum
of Natural History (AMNH; n = 216); British Museum of Natural History (BM; n = 1
selected records reported in the literature); (IAvH; n = 3 selected records reported in
literature); Instituto de Ciencias Naturales, Universidad Nacional de Colombia (ICN; n
= 449); Field Museum of Natural History (FMNH; n = 55); Kansas University (KU; n =
1 selected record reported in the literature); Museo de Historia Natural Universidad de
Caldas (MHNUCa; n = 1 selected record reported in the literature); Museo de Historia
Natural Universidad de la Universidad del Cauca (MHNUC; n = 4); Muséum d’ Histoire
Naturelle de Genève (MHNG; n = 147); Museo Javeriano de Historia Natural “ Lorenzo
Uribe Uribe” (MUJ; n = 10 selected records reported in Pérez-Torres et al. 2007);
National Museum Smithsonian Institution (USNM; n = 354); Museum of Vertebrate
Zoology (MVZ; n = 60); Royal Ontario Museum (ROM; n = 3 selected records reported
in the literature); Texas Tech University Museum (TTU; n = 1); University of Washington
(UV; n = 16); Zoological Museum (UWZM; n = 1).
[Link] 253
EMBALLONURID FROM COLOMBIA
Appendix 3
Models of potential distribution created for the 16 emballonurid species present in
Colombia.
Appendix 4
Confirmed Colombian emballonurid species presence absence matrix by natural region.
Natural Regions in Colombia: Amazon (amz); Andean (and); Caribbean (car); Orinoquia
(ori); Pacific (pac).
Natural Region
[Link] 255
The home range size and habitat use of the gray THERYA, abril, 2014
fox (Urocyon cinereoargenteus) in a temperate Vol.5(1): 257-269
forest of Durango, Mexico DOI: 10.12933/therya-14-174
Introduction: The gray fox (Urocyon cinereoargenteus) is distributed throughout Mexico, and yet there is
little information about its life history and behavioral ecology. Basic knowledge about losses in distribution,
preferred habitat features, and home range size are badly needed. This study describes the use of habitat and
home range size of gray fox inhabiting the temperate forests in the La Michilla Biosphere Reserve, Durango,
and makes comparisons with these features as described for this species in the United States of America and
in Canada.
Methodology: Radio-collars were attached to six adult foxes. They were monitored using radiotelemetry
and triangulation of radio fixes. Intensive tracking involved hourly locations over 24 hr periods. Day and
night time fixes were analyzed separately. Different seasons of the year were also sampled. Locations of
each individual were transferred to maps, and 95% of locations were used calculate minimum convex
polygons for home range estimates. Habitat usage was determined with a vegetation map of the area.
Results: Our gray foxes exhibited an average home range size of 135 hectares (n = 6). Males averaged 90 ha
(n = 4), and females averaged 224 ha (n = 2). Females averaged larger range sizes at all seasons of the year.
There was significant seasonal variation in home range size (P < 0.001). Seven habitats were used by the
foxes, and this usage pattern was significantly heterogeneous (P < 0.001). They preferred pine-oak forests
while grassland with pine-oak regeneration and crop areas were less used.
Discussion and conclusions: The home range size and habitat use found in this study in Durango does not
differ significantly from those reported by other studies elsewhere in North American temperate forests. We
intend to continue marking and monitoring more individuals in our study area in the future, and this should
increase the reliability of the information reported here.
Key words: canid, carnivore, gray fox, home range, mesopredator, Mexico, mixed forests, radiotelemetry,
Sierra Madre Occidental.
Resumen
Para conocer y comparar el tamaño del ámbito hogareño de la zorra gris (Urocyon
cinereoargenteus) en las montañas de México, con lo reportado para esta especie en
1
Laboratorio de Ecología y Conservación de Fauna Silvestre; Departamento El Hombre y Su Ambiente; Universidad
Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco, Calzada del Hueso #1100, Ciudad de México, 14910, México. E-mail:
jservin@[Link] (JS).
2
Escuela de Biología; Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Bulevar. Valsequillo y Avenida San Claudio Edificio
112-A, Puebla 72570, Puebla, México.
3
SEMARNAT, Delegación Federal en Durango, Bulevar Durango # 198. Durango 34170, México. E-mail: [Link]@
[Link] (EC).
*Corresponding author
ÁMBITO HOGAREÑO Y USO DE HÁBITAT EN ZORRA GRIS
Introducción
La zorra gris (Urocyon cinereoargenteus) se distribuye desde el suroeste de Canadá hasta
el noroeste de Venezuela y Colombia, y en México es cosmopolita (Leopold 1977; Hall
1981; Servín y Chacón 2005). Los ejemplares presentes en México en general son grises
y con una mancha negra en el dorso de la cola; el pecho y la garganta son blancos; los
costados tienen una mancha café canela. La longitud total varía entre 800 a 1125 mm,
y el peso corporal entre 2 a 4 kg (Trapp y Hallberg 1975). Se considera más abundante
en sitio con topografía rocosa y con diferentes tipos de vegetación, prefiriendo lugares
con una cubierta arbustiva densa, es posible encontrarlos desde bosques templados
hasta matorrales xerófilos. Es considerada como omnívora, cuyo espectro va desde
plantas, semillas, frutos silvestres, conejos, ratones, tuzas, aves, lagartijas e insectos,
ocasionalmente consume carroña; cuando habita cerca de las poblaciones urbanas
consume desperdicios orgánicos (Wood 1958; Leopold 1977).
Es considerado perjudicial al hombre, porque en determinadas circunstancias
pueden ocasionar daños a las granjas de pollos, patos y guajolotes (Wood 1958). Tiene
actividad principalmente nocturna, aun cuando en algunas regiones se ha reportado
actividad diurna (Trapp y Hallberg 1975; Fritzell y Haroldson 1982).
La subespecie que ocurre en la zona del presente estudio es U. c. madrensis que vive
en toda la Sierra Madre Occidental incluyendo Durango (Baker y Greer 1962; Álvarez y
[Link] 259
ÁMBITO HOGAREÑO Y USO DE HÁBITAT EN ZORRA GRIS
Figura 1. Localización
geográfica de la Reserva
de la Biosfera “La
Michilía”, en la Sierra
Madre Occidental del
estado de Durango,
México, donde se radio
marcaron seis individuos
de zorra gris (Urocyon
cinereoargenteus).
Radiotelemetría. La señal de los radiocollares fue captada por un receptor portátil modelo
TR-2 (Telonics®) conectado por un cable coaxial a una antena direccional del tipo “H”
de dos elementos. L a localización de los animales en el campo se efectúo por medio
del método de la triangulación, que consiste en tomar las direcciones en grados, con
ayuda de una brújula, de al menos dos rumbos y desde dos diferentes estaciones fijas
con ubicación conocida, que determinan la dirección en la cual se encuentra el animal
desde cada una de ellas (Mech 1983). Las estaciones fijas están localizadas en un mapa
del área y permanecen constantes. Para el área de estudio, se cuenta con un sistema de
75 estaciones fijas, colocadas a una distancia de 500 metros entre ellas, cubriendo un
área de 150 km2 (Servín y Huxley 1995; Servín et al. 2003). Se obtuvieron al menos
50 localizaciones por individuo y por estación (primavera, verano, otoño invierno), para
tener datos suficientes y estimar el tamaño de ámbito hogareño (White y Garrot 1990) y
acumular robustez estadística de los datos (Sokal y Rohlf 1981; Zar 1999).
Se utilizó un vehículo para desplazarse lo más pronto posible entre una estación y
otra, transcurriendo un tiempo de 3 a 5 minutos aproximadamente entre la toma de
ambos rumbos. Sólo se consideraron los pares de lecturas cuya diferencia fue mayor
a 20° y menor de 160°, se tomó este criterio para reducir el error de localización
producido por la técnica de triangulación (White y Garrot 1990). Aquellos pares de
rumbos que no cubrieron esta condición fueron descartados en el momento mismo
de la lectura, y se usaron otros puntos para obtener una localización confiable. En
gabinete, estos rumbos se trazan a partir de los puntos conocidos y se proyectan las
líneas, de tal forma que cuando se cruzan en el espacio, este sea el punto en el cual el
animal se encontraba a esa fecha y hora determinadas, localizándose espacialmente.
Así, los datos de movimientos y localizaciones de cada animal se transfirieron a mapas
individuales de escala 1:10,000.
Se localizaron las zorras de manera aislada, es decir en cualquier tiempo del día o
de la noche y también se realizaron cuando fue posible, seguimientos intensivos de 24
[Link] 261
ÁMBITO HOGAREÑO Y USO DE HÁBITAT EN ZORRA GRIS
horas, localizando cada zorra a intervalos de una hora. Cabe hacer mención que estos
seguimiento fueron pocos, ya que frecuentemente, se perdía la señal y la secuencia del
monitoreo y esto impedía tener una secuencia de 25 localizaciones que son el total de
un seguimiento exitoso de 24 h. Todas las localizaciones obtenidas se agruparon por
sexos y por periodos estacionales: primavera (21 Marzo al 20 Junio), verano (21 Junio al
20 Septiembre), otoño (21 Septiembre al 20 Diciembre), invierno (21 Diciembre al 20
Marzo; Fig. 2). Esta nube de puntos fue sobre la cual se efectuaron las estimaciones de
tamaño del ámbito hogareño, las comparaciones, el análisis espacial y la descripción
estadística.
Para cuantificar el tamaño del ámbito hogareño, se utilizó el método del menor
polígono convexo (MPC; Mech 1983; White y Garrot 1990), incluyendo sólo el 95%
de las localizaciones. Se eliminaron aquellos puntos más externos o periféricos y
que pudieron ser el resultado de movimientos no cotidianos como viajes esporádicos
del individuo que no corresponde estrictamente a su ámbito hogareño o que fueron
producto de errores de localización (Burt 1943; Mech 1983; White y Garrot 1990; Servín
y Huxley 1995). El criterio seguido para la eliminación de este tipo de localizaciones,
fue seleccionar los puntos más externos o más alejados al centro de actividad (Hayne
1949). El centro de actividad es, el promedio aritmético de las coordenadas de “X” y “Y”,
de todas las localizaciones que conforman cada mapa. Es decir, aquellos puntos que
tuvieran una distancia mayor al doble de la desviación estándar al centro de actividad,
fueron eliminados (Mech 1983; White y Garrot 1990).
Para cuantificar el uso del hábitat se utilizó un mapa de vegetación de la zona de
estudio, a escala de 1:10,000; al que se le sobrepuso el mapa de localizaciones de cada
zorra marcada. En esta sobreposición se cuantificó, para cada tipo de hábitat, el número
de veces que los individuos fueron localizados en ese particular hábitat; de tal manera
que se obtuvieron las frecuencias y porcentaje de uso en los diferentes hábitats. Estos
datos también fueron agrupados para su análisis anual y estacional.
Análisis de datos. Se utilizaron los valores de las estimaciones del ámbito hogareño
obtenidos a lo largo de las estaciones y al año. Mientras que las comparaciones entre
el tamaño de AH en las estaciones y entre este estudio con otros desarrollados en
Norteamérica, fueron hechas con la prueba de bondad de ajuste de “ji cuadrada”, para
probar la hipótesis de nulidad acerca de la no variación del tamaño del ámbito hogareño
y el uso del hábitat a lo largo del año (Sokal y Rohlf 1981; Zar 1999).
Cabe hacer mención que los monitoreos frecuentemente fueron interrumpidos por las
condiciones climatológicas, tales como fuertes viento, lluvias torrenciales y tormentas
eléctricas, todas ella frecuentes en la zona de estudio, así como por la compleja topografía
que hace rebotar las señales de radio y en otros casos las enmascara (Fig. 2).
Resultados
Cuatro machos y dos hembras, todos individuos adultos de Urocyon cinereoargenteus,
fueron capturados en veredas dentro de la zona de bosques templados (pino-encino,
encino-pino y encinares) y sus bordes, no se obtuvieron capturas en pastizales o bosques
de pino, a pesar que hubo trampas en esos sitios. En esos hábitats se tuvieron capturas
de coyote (Canis latrans), mapaches (Procyon lotor) y Zorrillos (Mephitis spp.). Los sitios
de captura de zorras variaron de una altitud de 2,100 msnm a 2,450 msnm. El peso
de las hembras varió de los 2,800 g hasta los 3,700 g, mientras que para los machos
fue de 3,500 g a los 3,800 g. Con base en las medidas obtenidas en estas capturas, los
machos fueron más pesados y largos que las hembras (Tabla 1). Respecto a los fármacos
mezclados (Ketamina y Xilacina) aplicados, se observó que mantuvieron inmovilizadas
a las zorras un promedio de, 83 ± 41 min, con una dosis promedio de Ketamina (1.28
± 0.79 mg / kg p. c.) y Xilacina (0.65 ± 0.19 mg / kg p. c.; Tabla 1). Se obtuvieron a 293
localizaciones para todos los individuos capturados y monitoreados de Marzo de 1991
hasta Diciembre de 1993 con las que se realizaron las estimaciones de los tamaños y
uso de hábitat del ámbito hogareño (Fig. 2).
Figura 2. Se muestran lo
períodos de seguimiento
por radiotelemetría de
cuatro machos y dos
hembras de zorra gris
(Urocyon cinereoargenteus)
equipadas con radio collar
en Reserva de la Biosfera
“La Michilía”, Durango,
México.
El tamaño del ámbito hogareño estacional. A lo largo de las estaciones del año, se
encontró una variación significativa del tamaño del ámbito hogareño de la zorra
(X2 = 495.79; g. l. = 3; P < 0.001). Durante la primavera, el tamaño del AH para
las hembras fue mayor (250 Ha) que el encontrado para los machos (100.58 Ha).
Durante el verano el tamaño del AH para la hembra marcada disminuyó a 190 Ha,
pero aun así, es de mayor tamaño al estimado para el macho marcado (M-062)
que fue de 39 Ha. En el período del otoño, se obtuvieron localizaciones para
una hembra (H-069), para cuantificar un tamaño de ámbito hogareño de 268 Ha,
mientras que para el macho que aportó datos su tamaño fue de 45 Ha. Finalmente
en el período de invierno, los machos promediaron un tamaño de 51.7 Ha y para
las hembras fue de 190 Ha (Fig. 3).
[Link] 263
ÁMBITO HOGAREÑO Y USO DE HÁBITAT EN ZORRA GRIS
pino-encino (BPQ), campos de cultivo de avena (A) y Pastizal abierto con matorral de
encino y con Bosque de Encino-Pino. (PMQ-BQP; Fig. 3; Tabla 3).
Durante la primavera, utilizaron seis tipos de hábitat, mostrando una marcada
preferencia hacia el bosque de encino (BQ) (Tabla 3), ya que ahí se localizaron el 48%
con respecto a los otros hábitats disponibles, en tanto que, el bosque de encino-pino
(BQP), presentó un porcentaje de utilización del 26%. Los hábitats con vegetación
abierta y el bosque de pino-encino (BPQ), fueron visitados con frecuencias bajas; para
el bosque de pino-encino (BPQ) se registró un uso del 5.2%, mientras que el bosque
abierto con pastizal de encino-pino (BQP-P) fue de 9.4%, los pastizales (P) de 10. 4% y
las tierras de cultivo (A) en un 1%.
[Link] 265
ÁMBITO HOGAREÑO Y USO DE HÁBITAT EN ZORRA GRIS
Discusión
En este estudio se aportan resultados nuevos e interesante para la especie, que sin
embargo deben ser tomados con cautela, ya que en los pocos individuos estudiados
y se presentó cierta discontinuidad en su monitoreo y en las localizaciones de los
animales radiomarcados, por diferentes causas, entre las que destacan, las condiciones
metereológicas, la heterogénea topografía de la región, la mortalidad, así como a los
movimientos de las zorra en la zona.
Tabla 3. Se muestran
HABITAT PRIMAVERA VERANO OTOÑO INVIERNO ANUAL los valores del porcen-
taje de uso del hábitat,
BQP 26 61.2 80 0 41.80 a lo largo de las esta-
BQ 48 12 0 69.4 32.35 ciones del año de los
individuos marcados
BQP-P 9.4 13.4 20 0 10.70 con radio collares de
P 10.4 10.4 0 30.6 12.85 zorra gris (Urocyon ci-
nereoargenteus) en la
BPQ 5.2 0 0 0 1.30 Reserva de la Biosfera
A 1 1.5 0 0 0.63 “La Michilía”, Duran-
go, México. Bosque
PMQ-BQP 0 1.5 0 0 0.38 de encino-pino (BQP);
SUMA 100 100 100 100 100.00 Bosque de Encino
(BQ); Bosque de enci-
no-encino con pastizal
(BQP-P); pastizal (P);
bosque de pino-enci-
Los valores estimados en este estudio para el tamaño del ámbito hogareño (AH) estuvieron no (BPQ); campo de
cultivo de avena (A) y
dentro de los valores conocidos para esta especie en Norteamérica (Fox 1975, Trapp y (PMQ-BQP)
Hallberg 1975, Fuller 1978, Haroldson y Fritzell 1984). En la Michilía, Durango, las
hembras mostraron tener un tamaño de ámbito hogareño mayor que el de los machos y
estos hallazgos son similares con otros estudios (Trapp y Hallberg 1975).
Con el seguimiento intensivo entre estaciones del año, se encontró que además
de variaciones en el tamaño de los ámbitos hogareños, también cambian su posición
espacial, ya que generalmente las zorras usan una fracción de la composición total
anual de su ámbito hogareño durante cualquier mes, es por esta razón que los tamaños
pueden variar mucho y llegar a ser grandes o pequeños, como lo encontramos en este
estudio y en otro similares reportados en la literatura (Haroldson y Fritzell 1984).
Se encontró que una de las hembras marcada aportó datos interesantes durante la
estación de primavera, obteniéndose valores altos en el tamaño de su ámbito hogareño
en comparación con los machos. Esta hembra reproductiva (H-162), durante los
últimos días de su gestación y el inicio de la cría de cachorros, efectuó largos y rápidos
desplazamientos, tanto nocturnos como diurno, para visitar cuerpos de agua que se
encontraban alrededor de su ámbito hogareño y particularmente de su madriguera, causa
por lo que esta hembras tuvo tamaños muy grandes de ámbito hogareño. Mientras los
machos muestran que no mostraron este tipo de movimientos en el área y esto sugiere
la poca colaboración de éstos en la crianza de su progenie y quizá baja sociabilidad.
Respecto al uso de hábitat, todos los animales marcados, mostraron una preferencia
a moverse en los bosques con buena cobertura vegetal y visitando menos los sitios
abierto o con poca cobertura vegetal, como los pastizales y áreas de cultivo. Esto
también sugiere la importancia que tienen los bosques para su protección o resguardo y
alimentación principalmente. Cabe mencionar que el bosque de encino-pino (BQP) y el
bosque de encino (BQ) fueron los hábitats más abundantes y disponibles, estos hábitats
fueron usados en proporción de su abundancia. Haroldson y Fritzell (1984), obtuvieron
en su estudio que las zorras utilizaron más frecuentemente los bosques maduros de
roble-nogal, que el bosque joven de esta misma vegetación, estos autores afirman que
los bosques son el hábitat de mayor importancia para las zorras dentro de sus ámbitos
hogareños. También mencionan, que las zorras grises, tanto machos como hembras,
utilizan mayormente los bosques maduros que las tierras de cultivo que se encontraban
disponibles en su zona de estudio. Características similares encontramos en el presente
estudio, ya que las zorras de la Michilía tendieron a usar mayormente el Bosque de
Encino y Bosque de Encino-Pino, ambos en mejores estados de sucesión y conservación
que el resto de los hábitats disponibles.
Finalmente, la zorra gris a lo largo de todo el año utilizó con mayor frecuencia el bosque
de encino-pino (BQP), específicamente durante la primavera, verano y otoño. Mientras
que en el invierno nuestros registros sugieren que el hábitat que usaron fue el bosque
de encino, que potencialmente les da más cobijo y muchos de los encino tienen huecos
que las zorras utilizan para resguardarse del frio y viento. Así en la zona de estudio
este tipo de hábitat les ofrece más recursos alimenticios y de refugio, tanto en el suelo
como en la copa de los árboles, lo que les da ventaja funcional como lo encontró Yeager
(1938).
Es necesario continuar marcando individuos de esta especie, para incrementar el
conocimiento sobre la ecología conductual de la zorra gris en las montañas de México.
Agradecimientos
Este estudio recibió apoyo del Instituto de Ecología, A. C., a través del Proyecto Michilía,
también fue apoyado por la CONABIO (Proyecto P064 “Los Mamíferos del Estado
de Durango”). Dos revisores anónimos así como, M. Vences y M. Huxley leyeron
críticamente el manuscrito y aportaron valiosas recomendaciones que mejoraron el
[Link] 267
ÁMBITO HOGAREÑO Y USO DE HÁBITAT EN ZORRA GRIS
Literatura citada
Álvarez, T., y O. J. Polaco. 1984. Estudio de los mamíferos capturados en “La Michilía”,
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[Link] 269
New Record of the mexican hairy THERYA, abril, 2014
porcupine Sphiggurus mexicanus (Rodendia: Vol.5(1): 271-275
Erethizontidae) in the Eastern Sierra of Mexico. DOI: 10.12933/therya-14-158
Introduction: The Mexican hairy porcupine Sphiggurus mexicanus (Rodentia: Erethizontidae) has been
poorly studied in Mexico and is considered threatened according to NOM- 059- ECOL- 2010 (Mexican
list of endangered species). Habitat loss due to fragmentation is a major problem for this species
throughout its geographic range.
Methodology: An adult female Mexican hairy porcupine (Sphiggurus mexicanus) in good health was
donated to the Nicolás Bravo Zoo in Tulancingo City, state of Hidalgo, Mexico, in June 2013. Prior
to admission to the zoo, the specimen was quarantined in the veterinary school of the Universidad
Autonoma del Estado de Hidalgo (UAEH).
Results: The porcupine was successfully fed a diet based on alfalfa, mango, mamey (Pouteria sapota),
avocado and squash. We found two species of ectoparasites on the porcupine, Amblyomma longirostre
and Trichodectes sp. The specimen of Sphiggurus mexicanus was collected at 20.29077º N, -98.11047º
W, near the Pahuatlan River, on the border between the states of Puebla and Hidalgo, in the Eastern
Sierra of Mexico.
Discussion: This location record is new and is important in that it confirms and documents the presence of
the Mexican hairy porcupine Sphiggurus mexicanus, with geographical coordinates, in the Eastern Sierra
of Mexico. Habitat connection to the previously known locality 70 km away in the area of Tuzamapan de
Galeana, Puebla is not clear.
Key words: Eastern Sierra of Mexico, Mexican hairy porcupine, Sphiggurus mexicanus, records
Resumen
Se documenta el registro georeferenciado del puercoespín arborícola (Sphiggurus
mexicanus) en los márgenes del río Pahuatlán en los límites entre los Estados de Puebla e
Hidalgo, en la Sierra Madre Oriental. Además se informa la presencia de los siguientes
ectoparásitos en el puercoespín arborícola: Amblyomma longirostre y Trichodectes sp.
Este hallazgo permite registrar a la especie en una región donde había un vacio de
1
Instituto de Ciencias Agropecuarias, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Área Académica de Medicina
Veterinaria y Zootecnia. Rancho Universitario Av. Universidad km 1, Ex-Hacienda de Aquetzalpa. Tulancingo, Hidalgo
43600, México. E-mail: ilira_12@[Link] (IL), dojeda@[Link] (DO), mvzfabiangomez@[Link] (FG).
2
Instituto de Ciencias Básicas e Ingeniería, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Centro de Investigaciones
Biológicas., Pachuca, Hidalgo, 42001, México. E-mail: [Link]@[Link] (GS).
EL PUERCOESPÍN EN LA SIERRA MADRE ORIENTAL
información entre los estados de Veracruz y San Luis Potosí, por lo que se refuerza la
idea de la importancia de implementar programas de monitoreo y conservación en la
Sierra Madre Oriental de México.
Introducción
El puercoespín arborícola Sphiggurus mexicanus (Rodentia: Erethizontidae) es una
de las especie de mamífero menos estudiadas de México y es considerada como
amenazada de acuerdo a la NOM-059-ECOL-2010 (SEMARNAT 2010). Por lo que es
de vital importancia el conocimiento de su distribución, población, ecología y demás
estudios que puedan reflejar su situación actual para proporcionar información sobre
su biología y así poder realizar acciones para su conservación (Juárez-G 2005).
Esta condición de riesgo es debida a la pérdida y la fragmentación de su hábitat a lo
largo de su rango de distribución (Villa y Cervantes 2003). La fragmentación del hábitat
se produce como consecuencia de la trasformación de los bosques tropicales en tierras
agrícolas y ganaderas. No obstante, la IUCN (International Union of Conservation of
Nature) considera que el estado de conservación de la especie es de preocupación
menor (Pino et al. 2008). Además, no se encuentra enlistado en los Apéndices de CITES
(CITES 2013).
Los puercoespines son animales arborícolas, solitarios y nocturnos, además de
que pasan el día descansando en las ramas de los árboles o en algún hueco (Reid
1997; Aranda 2013). Debido a este comportamiento el registro de su presencia en
alguna localidad es incidental y difícilmente se puede sistematizar (Emmons 1997;
Ramírez-Bravo 2012).
La presencia de esta especie a lo largo de la Sierra Madre Oriental ha sido
supuesta por métodos como los modelos de distribución potencial de especies (Pino
et al. 2008), ya que se cuenta con registros referenciados geográficamente de esta
especie en los estados de Veracruz y San Luis Potosí (Hall 1981; Mejenes et al. 2010;
Ramírez-Bravo 2012; REMIB 2013; Fig. 1). Sin embargo, no se tiene un registro con
datos geográficamente referenciados o ejemplares colectados para el norte del estado
de Puebla e Hidalgo, en colecciones científicas, publicaciones, o en bases de datos
electrónicas en línea (MANIS 2013; UNIBIO 2013).
Como resultado de una donación en junio del 2013, llego al Zoológico Nicolás
Bravo en la Ciudad de Tulancingo de Bravo; en el estado de Hidalgo, un ejemplar de
puercoespín arborícola (Sphiggurus mexicanus) hembra adulto en perfecto estado de
salud. Previo a su ingreso a la colección animal del zoológico, el ejemplar fue puesto
en cuarentena en el consultorio de Fauna Silvestre y Medicina de la Conservación del
Hospital Veterinario del Área Académica de Medicina Veterinaria y Zootecnia, del
Instituto de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
(UAEH), donde se evaluó y estabilizó por 40 días.
Considerando el nicho alimentario (herbívoro arborícola), se le ofreció una dieta
en cautiverio a base de alfalfa fresca (Medicago sativa), mango (Mangifera sp), mamey
(Pouteria sapota), aguacate (Persea americana) y chayote (Sechium edule). La dieta fue
bien recibida por el ejemplar, debido a que no se presentó un desordenes gastrointestinales
[Link] 273
EL PUERCOESPÍN EN LA SIERRA MADRE ORIENTAL
Agradecimientos
Al Zoológico Nicolás Bravo de la Ciudad de Tulancingo de Bravo, Hidalgo, por
proporcionarnos el ejemplar y los datos de captura para la elaboración de la nota
correspondiente. Agradecemos al D. A. Hernández Silva por su ayuda en el mapa de
la figura 1. GSR agradece al proyecto Diversidad Biológica del estado de Hidalgo
tercera etapa por el apoyo.
Literatura citada
Aranda, M. 2012. Manual de rastreo de mamíferos silvestres de México. Comisión
Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO). Ciudad
de México.
Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora
Silvestres. 2013. URL: [Link]/esp/resources/pub/checklist08/[Link]).
Emmons, L. 1997. Neotropical Rainforest Mammals. A Field Guide. The University of
Chicago. Chicago, [Link].
Introduction: Considering the general deterioration of Michoacán rivers, increased poaching, the failure
to enforce relevant laws in the last 10 years, and the absence of a detailed assessment of the current status
of the river otter (Lontra longicaudus) in the state of Michoacán, our main goal was to collect and analyze
all available historical and recent evidence for the occurrence of the river otter in this state. The study
focused on three regions for which field recordings were obtained during the period 2005 to 2012. Our
second objective was to analyze the ecological conditions associated with these recent records. This
information is especially important because the species is protected in Michoacán, and it is an indicator of
the environmental quality of water bodies.
Methodology: Historical records of otters in Michoacán were reviewed to establish their reliability and
age. The search included scientific papers, theses, and data bases of scientific collections available on line.
The current presence of river otters in the state was further documented by diurnal transects along rivers
and streams in which visual records, footprint tracks, feces, burrows, latrines, or skulls were obtained. The
records were then projected on maps in order to analyze them in the context of biogeographic regions,
watersheds, vegetation-types, climate, cities, and rivers.
Results: The presence of river otters in Michoacán was documented by only 10 historical records (Fig. 1,
Table 1). Our field work generated 90 records in 17 localities (Fig. 2, Table 1). The records were found in
four watersheds. The type of vegetation that is associated with the largest number of records was the tropical
deciduous forest (n = 47, 52%), which is characterized by average temperatures between 21 and 28 ⁰C and
annual rainfall between 700 and 1,300 mm.
Discussion and conclusions: Our results represent the most recent records for L. longicaudus for the state
of Michoacán, and perhaps for any other state in central-western Mexico. The observed distribution of the
river otter confirms its presence in at least three major biogeographic regions of Michoacán, namely Balsas,
Sierra Madre del Sur, and Pacific Coast. All the data obtained during the study associate this species with
perennial streams and where permanent pools remain during the dry season (Fig. 1). This area may be an
important refuge for this species because a hydrological network is spread over environmental heterogeneity
encompassing temperate forests in the Sierra Madre del Sur and the Eje Neovolcanico to tropical deciduous
forests along the Balsas River and the Pacific coast. In the future, it will be important to document if this
otter occurs in the Zicuirán-Infiernillo Biosphere Reserve which seems to have the potential for connectivity
with rivers in the state of Guerrero. This would make the Michoacán otters of considerable importance for
conservation programs on a regional level.
Laboratorio de Ecología de Vertebrados Terrestres Prioritarios, Facultad de Biología, Universidad Michoacana de San
Nicolás de Hidalgo, Morelia, Michoacán 58194, México. Email: tmonter2001@[Link] (TCMR); jfcharre@yahoo.
[Link] (JFCM)
* Corresponding author
NUTRIA DE RÍO EN MICHOACÁN
Resumen
La nutria de río neotropical (Lontra longicaudis annectens),es uno de los carnívoros en
riesgo del centro occidente de México que a pesar de presentar una distribución histórica
y potencial amplia, todavía se desconoce su distribución actual, sus condiciones de
conservación, y ecología local a lo largo de los principales ríos de la vertiente del Pacífico
incluyendo Michoacán. Para el estado encontramos 10 localidades de registros históricos
sobre la presencia de la nutría, que no permiten delimitar su distribución actual para las
diferentes regiones del estado debido a su dispersión, poca representatividad regional,
e imprecisión. Mediante transectos diurnos, obtuvimos 90 registros de 17 localidades
que incluyen evidencia fotográfica, y biológica que confirman la presencia actual de
nutria de río (L. longicaudis) en tres regiones y cuatro cuencas hidrológicas del estado de
Michoacán, México. Todos los registros están asociados a ríos perennes, y la mayoría
de los registros se obtuvo en bosques tropicales caducifolios, seguido de bosques de
pino–encino. Se obtuvo el perfil bioclimático para la nutria, considerando temperatura
y precipitación. Con base en las distancias y condiciones topográficas que separan
los ríos donde se confirmó su presencia entre la Costa Michoacana y la Depresión del
Balsas, desconocemos si existe contacto entre las poblaciones de nutria de río de estas
regiones. La amplia distribución observada para la nutria en las tres regiones permite
asumir que la especie en Michoacán cuenta con una población importante, pero con
escasa disponibilidad de superficie protegida.
Introducción
La nutría de río neotropical Lontra longicaudis, también conocida en el medio rural
de Mesoamérica cómo “perro de agua” (Reid 1997), presenta una amplia distribución
continental desde el norte de México hasta la provincia de Buenos Aires en Argentina
(Larivière 1999). Tres subespecies han sido reconocidas globalmente, correspondiendo
a México la subespecie L. longicaudis annectens (Larivière 1999). En México la nutria
de río se distribuye a lo largo de la vertiente del pacifico desde Chihuahua hasta
Chiapas, y por la vertiente del golfo de México desde Yucatán hasta Tamaulipas (Gallo
1997). A pesar de su alta especialización piscívora, la nutria consume desde crustáceos
y pequeños mamíferos, hasta aves, reptiles, insectos e incluso frutos (Larivière 1999;
Quadros y Monteiro–Filho 2000; Gallo et al. 2008, Guerrero–Flores et al. 2013). La
nutria es un carnívoro de la familia Mustelidae que en México incluye tres especies
de nutrias (Enhydra lutris, Lontra canadensis y Lontra longicaudis), y cuatro mustélidos
terrestres (Taxidea taxus, Mustela frenata, Galictis vittata, Eira barbara), además de la
reintroducida Mustela nigripes (Ceballos y Oliva 2005).
La nutria de río se asocia principalmente a cuencas de ríos con aguas claras con
corriente lenta o relativamente rápida, también en arroyos secundarios y en lagunas
de agua dulce y lagunas costeras de Sinaloa, Guerrero, Veracruz y Yucatán (Sánchez et
al. 2007). Generalmente se encuentra por debajo de los 1500 msnm, sin embargo en
algunas localidades de México ha sido registrada arriba de los 2000 m (Santo–Moreno et
al. 2003; Servín et al. 2003), siendo 3,000 m la mayor altitud en la cual se ha observado
en Argentina (Eisenberg y Redford 1999; Larivière 1999).
[Link] 279
NUTRIA DE RÍO EN MICHOACÁN
de Arteaga (> a 600 m), encontramos bosques templados de encino y pino (Charre–
Medellín 2009). Todas las comunidades vegetales de la región presentan disturbios
antropogénicos como pastoreo y la agricultura en diferentes niveles de intensidad,
aunque todavía se pueden encontrar fragmentos continuos ≥ 1000 has de vegetación
primaria, especialmente en los municipios de Arteaga y Aquila (INEGI 2009).
Revisión de literatura y base de datos. Se revisaron los registros históricos de nutria para
el estado de Michoacán con la finalidad de establecer su confiabilidad y antigüedad.
La búsqueda incluyó artículos científicos, tesis de grado, bases de datos de colecciones
científicas, y bases de datos disponibles en línea como GBIF (The Global Biodiversity
Information Facility data bases, [Link] MANIS (Mammal Networked
Information System, [Link] Además se contó con la base de datos
de los mamíferos de Michoacán proporcionada por la Comisión Nacional para el
Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), la cual está integrada por 9,186
registros de mamíferos provenientes de 10 proyectos de investigación donde destacan
los proyectos “P020 Biodiversidad de los Mamíferos de Michoacán”, correspondientes al
periodo de colecta de 1967 a 1978, con 6537 registros (Álvarez–Solórzano y López–Vidal
1998), el proyecto “T009 Actualización de la base de datos del Atlas Mastozoológico
de México con 1269 registros (Ceballos 2002), y el proyecto “P130 Base de datos de
mamíferos de México depositados en colecciones de Estados Unidos y Canadá” (López–
Wilchis 1998) con 954 registros.
Michoacán, México.
en este estudio para
históricos*, y obtenidos
nutria
ríos y cuencas con
Tabla 1. Localidades,
Tipo de
Localidad Municipio Longitud Latitud Elevación Registros Río Cuenca Región
registro
*Tangancícuaro Tangancícuaro 102°12’19’’ 19°53’18’’ nd 1 P nd Lerma-Santiago Eje Volcánico
Barranca Blanca Arteaga 102°30’16’’ 18°17’58’’ 511 2 E Río Toscano Río Nexpa y otros Costa del Pacifico
Charapendo Gabriel Zamora 102°4’44’’ 19°15’58’’ 1112 1 E Río Cupatitzio Río Tepalcatepec–Infiernillo Costa del Pacifico
Chorros del Varal Los Reyes 102°34’20.7’’ 19°30’26.46’’ 954 8 A, E, H Río Itzícuaro Río Tepalcatepec Costa del Pacifico
El Capire Gabriel Zamora 101°59’53.7’’ 19°7’15.8’’ 514 2 E, H Río Santa Casilda Río Tepalcatepec–Infiernillo Costa del Pacifico
El Cobano Gabriel Zamora 102°0’32.93’’ 19°9’47.13’’ 716 2 E, H Río Santa Casilda Río Tepalcatepec–Infiernillo Costa del Pacifico
El Marqués Múgica 102°4’48’’ 19°6’22’’ 538 6 E Río del Marqués Río Tepalcatepec–Infiernillo Costa del Pacifico
Río Cachán o Coalcomán y
El Nueve Aquila 102°59’20.9’’ 18°19’21.8’’ 592 12 E Río Huahua Costa del Pacifico
otros
Río Cachán o Coalcomán y
Guayabera Arteaga 102°50’55.9’’ 18°20’18.2’’ 1133 1 P Río La Tinaja Costa del Pacifico
otros
La Guadalupe Nuevo Urecho 101°53’2.4’’ 19°12’52’’ 494 1 E Río Santa Casilda Río Tepalcatepec–Infiernillo Costa del Pacifico
La Manga La Huacana 102°3’21’’ 18°57’14’’ 341 1 E Río del Marqués Río Tepalcatepec–Infiernillo Costa del Pacifico
Río Cachán o Coalcomán y
La Tinaja Coalcomán 102°52’30.1’’ 18°21’6.1’’ 969 8 E Río La Tinaja Sierra Madre del Sur
otros
Lombardia Gabriel Zamora 102°4’22.9’’ 19°9’13.4’’ 674 4 E Río Cupatitzio Río Tepalcatepec–Infiernillo Costa del Pacifico
Los pozos Arteaga 102°32’2.4’’ 18°15’41.4’’ 332 10 E, H, C Río Toscano Río Nexpa y otros Costa del Pacifico
Plan de Armas Arteaga 102°33’40.3’’ 18°12’38’’ 229 13 E, P Río Toscano Río Nexpa y otros Depresión del Balsas
Río Cachán o Coalcomán y
Santa Cruz de Cachán Aquila 103°15’0’’ 18°16’8.67’’ 162 1 E Río Coalcomán Costa del Pacifico
otros
Tequecarán Gabriel Zamora 102°3’29.06’’ 19°13’25.5’’ 879 1 E Río Cupatitzio Río Tepalcatepec–Infiernillo Costa del Pacifico
[Link]
Tototán Arteaga 102°46’37.6’’ 18°22’23.2’’ 373 17 E, H Río Aguililla Río Nexpa y otros Depresión del Balsas
281
Monterrubio–Rico y Charre–Medellín
Resultados
Revisión de literatura y base de datos. La presencia de la nutria de río en el estado de
Michoacán se encontraba restringida a solamente 10 localidades de registro (Fig. 1 y
Cuadro 1). La mayoría de los registros históricos existentes en bases de datos (6 de
10) corresponden a crónicas, relatos o entrevistas realizadas a pobladores (Brand 1961;
Álvarez et al. 1987; Gallo 1997) por lo que carecían de datos precisos como localidad,
vegetación o elevación, dos registros corresponden a rastros (Gallo 1997), y un registro
corresponde a un ejemplar disecado y montado en la Colección del Laboratorio de
Limnología de Pátzcuaro sin etiqueta de procedencia (Leopold 1959; Tabla 1).
vNueve de los 10 registros se encuentran georeferenciados en la base de datos de los
mamíferos de Michoacán proporcionada por la Comisión Nacional para el Conocimiento
y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), a través del proyecto T009 “Actualización de la
base de datos del Atlas Mastozoológico de México” (Ceballos 2002) y el proyecto P020
“Biodiversidad de los Mamíferos de Michoacán” (Álvarez–Solórzano y López–Vidal
1998).
Figura 1. Distribución
de la nutria de río L. lon-
gicaudis en Michoacán,
México.
Discusión
Los resultados reúnen el conjunto más abundante de registros recientes sobre L.
longicaudis para el estado de Michoacán y quizás para cualquier otro estado del centro
occidente de México. Hasta antes de este estudio, la presencia de la nutria en el estado
de Michoacán se conocía de forma dispersa con registros obtenidos mediante entrevistas,
rastros o ejemplares cazados sin especificar localidades o hábitats circundantes (Leopold
1959; Brand 1961; Álvarez et al. 1987; Gallo 1997, Magaña-Cota 2008). En este trabajo
se presenta evidencia fotográfica y de ejemplares colectados de L. longicaudis (Fig. 2).
Para poder analizar todos los registros, se corrigió varios que provenían de la base datos
de los mamíferos de Michoacán proporcionada por la CONABIO, que corresponden
al proyecto T009 “Actualización de la base de datos del Atlas Mastozoológico de
México”(Ceballos 2002). Se presentaron inconsistencias en localidad y municipio, un
ejemplo es el registro de Brand (1961), el cual se ubica en el municipio de Coalcomán
para la localidad de San José de la Montaña, sin embargo las coordenadas de la base
de datos lo sitúan en el municipio de Angamacutiro en el altiplano, al límite con el
estado de Guanajuato. Esta zona presenta poca probabilidad de presencia histórica
[Link] 283
NUTRIA DE RÍO EN MICHOACÁN
especie coincide de manera general con el amplio intervalo altitudinal descrito para la
especie en general y para México (Larivière 1999; Santos–Moreno et al. 2003).
Con base en la revisión de literatura, la especie se encuentra asociada a bosques
mesófilos, bosques tropicales perennifolios, subcaducifolios y caducifolios (Gallo y
Casariego 2005). Pocos estudios han documentado la presencia de nutria asociada
a bosques templados (Santos–Moreno et al. 2005), y en particular a bosques de pino–
encino, el cual constituyó el segundo tipo de vegetación en Michoacán con mayor
cantidad de registros (n =14), solo después del bosque tropical caducifolio (n = 47),
y similar al bosque tropical subcaducifolio (n =13). La nutria de río es una especie
que tolera modificaciones ambientales, ocupando áreas cercanas a zonas de actividad
humana (Larivière 1999), por lo que no sorprende que se obtuvo registros en segmentos
del río que cruzan zonas agropecuarias, a pesar de que las áreas agrícolas pueden
presentar contaminación química u orgánica (Larivière 1999). La presencia de la nutria
en sitios con efectos antropogénicos en Michoacán nos indica que a pesar de la presencia
humana, los ríos cercanos a poblados parecen mantener un nivel de calidad ambiental
dentro de los límites de tolerancia para la nutria, ya que se han reportado como muy
sensibles a la contaminación de los cuerpos de agua (Soler 2002). Todos los registros
obtenidos durante nuestro estudio están asociados a ríos con flujo perene, y en época
seca varios forman pozas donde se facilita su observación (Fig. 1). La formación de pozas
estacionales es común en los ríos del trópico de Michoacán durante la estación seca y
crea microambientes que deben ser analizados en el futuro para determinar su influencia
en la distribución de la nutria (Noviembre–Mayo). Si los ríos sufrieran disminución en
sus cauces por canalizaciones, presas o sequía, existe el riesgo de que desaparecieran,
afectando la disponibilidad de hábitat y posiblemente aislando poblaciones limitando
su movilidad. Climáticamente todos los registros de campo se encontraron en sitios que
durante el mes más seco (mayo) la precipitación es casi nula (< 3 mm), y la temperatura
sobrepasa los 30 °C. Algunos pobladores estiman que durante la estación lluviosa, las
nutrias se aventuran no solamente a los afluentes secundarios de los ríos perennes, sino
también incursionan en arroyos ubicados a cientos de metros de los ríos principales, tal
y como reporta Sánchez et al. (2007).
Michoacán puede constituir un área importante para la realización de estudios
poblacionales de la especie, debido a su amplia red hidrológica y a su heterogeneidad
ambiental a la cual observamos la presencia de la nutria de río, la cual va desde los
bosques templados de la Sierra Madre del Sur y el Eje Neovolcánico, hasta los bosques
tropicales caducifolios del las regiones del Balsas y la Costa. La heterogeneidad ambiental
y separación de las cuencas ofrece un marco interesante para realizar estudios de
genética de poblacionales de la especie, ya que es probable que existan potencialmente
por lo menos dos poblaciones separadas por el parteaguas de la Sierra Madre del Sur,
dividiendo la vertiente del pacifico y la vertiente interior que corresponde a la cuenca
del bajo Balsas y el Tepalcatepec. Falta todavía determinar la amplitud de la distribución
de la especie para cada región, hace falta investigación en los ríos ubicados en el norte
de la costa de Michoacán (Municipio de Coahuayana), el norte de la Sierra Madre del
Sur (Mpio. de Chinicuila), y al interior de las cuencas del río Tepalcatepec y Balsas
(Mpio. de Tepalcatepec). También es importante documentar la presencia de la nutria
en la reserva de la biosfera de Zicuirán–Infiernillo, principalmente en afluentes a la
[Link] 285
NUTRIA DE RÍO EN MICHOACÁN
presa “Infiernillo” la cual parece tener un alto potencial de conectividad con el estado
de Guerrero a través del río Balsas, y que pueden ser importantes para programas de
conservación de la especie a nivel regional.
Agradecimientos
El presente estudio es resultado del trabajo de campo enfocado en mamíferos y aves en
peligro de extinción en Michoacán, México. Agradecemos el apoyo en campo brindado
por M. Álvarez–Jara, J. Venegas, A. Villanueva. Charre–Medellín agradece a CONACYT
por la beca otorgada (239248). Este trabajo fue financiado por la Coordinación de
Investigación Científica, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH)
y Fondos Mixtos CONACYT–Estado de Michoacán (Proyecto 41168). A la Facultad
de Biología de la UMSNH por las facilidades otorgadas para la preparación de este
manuscrito.
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NUTRIA DE RÍO EN MICHOACÁN
Methodology: We established two approximately parallel transects in a suburban area (Fig. 1). Foraging
stations were located 30 to 40 meters apart on each transect. Each station consisted of a feeder made of a
cylindrical plastic container with 150ml of sugar water in a 1:3 proportion. Each container also contained
60 glass spheres to generate diminishing returns on the harvest rate. The oppossums were habituated to
the feeders for 15 days, and then GUDs were measured for 30 days. Feeders were filled before sunset and
checked the following morning.
Results: Oppossums foraged at least 240 m into the grasslands from the trees along the river. Air temperature
and precipitation did not influence their foraging behavior (Fig. 2). There was, however, temporal variation
in foraging activity, and at least some of this was due to a negative effect of lunar illumination (Fig. 3).
Discussion and Conclusions: Our results indicate that the white-eared opossum is a tolerant species able
to exploit human-created habitats. This finding is in agreement with reports on other species of Didelphis
that they are tolerant of moderate human interventions. We surmise that this species’ ability to exploit the
open ecosystems of the paramo has made it possible for it to effectively use the grasslands on the study site.
The only abiotic factor that was found to be influential was moon illumination. Darker nights gave lower
GUD’s indicating that the foragers perceived decreased predation risk. Finally, we argue that efforts should
be made to prevent the local extinction of this opossum in disturbed areas of Bogotá since it could aid in the
conservation of ecological functions in those areas.
Key words: Andes, giving-up density (GUD), habitat selection, optimal patch use, urban ecology.
Resumen
Aplicamos la teoría de uso óptimo de parches para evaluar los comportamientos de
forrajeo e inferir las posibilidades de movimiento del tlacuache de orejas blancas o fara,
1
Grupo Integrado de Investigaciones en Química y Biología, Programa de Biología Aplicada, Facultad de Ciencias Básicas
y Aplicadas, Universidad Militar Nueva Granada. Cajicá, km 2 vía Cajicá-Zipaquirá, Colombia. E-mail: vivibani@gmail.
com (VBN), fasbos@[Link] (FS)
*Corresponding author
FORRAJEO DE DIDELPHIS PERNIGRA
Palabras clave: Andes, densidad de abandono (DDA), ecología urbana, uso óptimo de
parches, selección de hábitat.
Introducción
Una de las principales amenazas para la biodiversidad es la transformación de los
ecosistemas naturales, que puede causar la destrucción y fragmentación de ecosistemas
y reducir la conectividad para las poblaciones remanentes (Pullin 2002). En Colombia
es evidente la transformación de los ecosistemas naturales y es particularmente notable
en la región andina (Etter y van Wyngaarden 2000). Esto se debe principalmente a que
la mayor parte de la población humana (66% de la población, ~30 millones de personas)
en Colombia se ubica en los Andes (Etter y Villa 2000). Por otra parte, los Andes han sido
reconocidos como la región natural con la mayor riqueza de especies de flora y fauna
del país y también presenta un alto nivel de endemismos (Armenteras et al. 2003). Lo
anterior sugiere que deben hacerse esfuerzos especiales para proteger este patrimonio
natural, pero dada la alta cantidad de humanos y nivel de disturbio presente en los Andes
colombianos, dichos esfuerzos de conservación no deberían limitarse sólo a áreas de
ecosistemas naturales, sino también a áreas rurales, urbanas y suburbanas (Daily et al.
2003; Rosenzweig 2003).
Los procesos de urbanización en Colombia, y particularmente en la Sabana de Bogotá,
han causado cambios drásticos en los ecosistemas. La Sabana de Bogotá durante el
Pleistoceno fue un sistema de humedales en su zona plana rodeada por bosques andinos
y hasta antes de la llegada de los europeos esta situación no cambió considerablemente
(Van der Hammen 2003). Hoy la Sabana está invadida por construcciones y su paisaje
actual es un mosaico que refleja las diferentes necesidades humanas por refugios,
alimento y áreas para la oferta y producción de diferentes bienes y servicios (Camargo
Ponce de León 2007). Adicionalmente a la remoción de los ecosistemas nativos, también
se ha reemplazado en la Sabana la flora silvestre por especies exóticas como el pasto
kikuyo (Cenchrus clandestinum), los pinos (Pinus spp.) y los eucaliptos (Eucalyptus spp.).
Las especies exóticas eventualmente pueden naturalizarse, es decir interactuar con
especies de fauna nativa e integrarse al funcionamiento del ecosistema (Cavelier y Santos
1999), pero es poco lo que sabemos sobre cómo la introducción de especies exóticas a la
Sabana afecta a su fauna nativa (Sánchez 2010). La información disponible sugiere que
los cambios que han ocurrido en la Sabana han causado una reducción en la diversidad
de especies de flora y fauna silvestres, y se conserva un limitado número de especies
representativas de la mastofauna andina, que toleran las actividades rurales y urbanas,
e incluso pueden aprovechar zonas dominadas por especies exóticas (Mendoza 2012).
Por otra parte, para enfrentar la pérdida de biodiversidad a nivel mundial se ha hecho
mayor énfasis en los estudios con especies consideradas como vulnerables o en peligro
crítico de extinción, y hay relativamente poco interés por las denominadas especies
“comunes”, las cuales también pueden ser susceptibles a extinciones locales por cambios
ambientales (Roger et al. 2007; Lindenmayer et al. 2011). Adicionalmente, el estudio de
estas especies comunes, puede ayudarnos a entender por qué pueden tolerar los cambios
que los seres humanos hacemos en el ambiente y entender sus requerimientos ecológicos
para que coexistan con nosotros (Cáceres 2000; Roger et al. 2007).
En este trabajo exploramos los comportamientos de forrajeo del tlacuache de orejas
blancas o fara Didelphis pernigra, que es el mamífero silvestre más grande que sobrevive
en las áreas urbanas y suburbanas de la Sabana y es relativamente común en áreas rurales
de los Andes. El fara es un marsupial de la familia Didelphidae, orden Didelphimorphia,
que se encuentra en los Andes de Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, y Bolivia (Lemos
y Cerqueira 2002). En su dieta incluye invertebrados, frutos y eventualmente pequeños
vertebrados como lagartijas, aves y ratones (Pérez-Hernández et al. 1994; Durant 2002).
En Colombia, D. pernigra se distribuye en altitudes entre los 2,000 y 3,600 m (Alberico
et al. 2000), y ha sido registrada en bosques andinos, páramos, y zonas reforestadas con
especies nativas y exóticas (López-Arévalo y Montenegro-Díaz 1993; Sánchez y Alvear
2003; Ramírez-Chaves et al. 2008). Hasta donde sabemos, sólo se ha realizado un estudio
en Colombia sobre cómo las modificaciones espaciales hechas por los humanos afectan
su forrajeo (Suárez 2012). Los estudios del comportamiento de forrajeo pueden brindar
información acerca del uso del hábitat por una población y permiten examinar los factores
que afectan las decisiones de forrajeo, ya que dependiendo de las características del sitio,
los animales escogen donde forrajear, la cantidad de tiempo invertido en la actividad y
la cantidad de alimento a consumir (Brown 2000). Por lo anterior, el comportamiento
de forrajeo puede usarse como una herramienta para tomar decisiones en estrategias de
conservación de hábitats para una especie, dado que ayudan a determinar la calidad de
los mismos (Narváez y Sánchez 2013), y la efectividad de programas de conservación
(Lindell 2008; Morris et al. 2009).
Una técnica usada para estudiar el uso de hábitat en animales ha sido la medida de
densidades de abandono (DDA), que corresponde a la cantidad de alimento dejada por
el animal en un parche alimentario después de forrajear (Brown 1988). El uso de DDA’s
fue propuesto como parte de un modelo de uso óptimo de parches que plantea que
un forrajeador permanece en un parche alimentario mientras los beneficios superan los
costos de explotarlo. Los beneficios son indicados por la tasa de cosecha al explotar el
parche, es decir, la cantidad de alimento obtenida por unidad de tiempo. Los costos de
forrajeo incluyen costos asociados con el riesgo de ser depredado, costos energéticos
y costos de oportunidades perdidas. Entonces, según el modelo de Brown la tasa de
cosecha de un forrajeador en un parche en el que experimenta ganancias decrecientes
[Link] 291
FORRAJEO DE DIDELPHIS PERNIGRA
como resultado del consumo del alimento, se relaciona con la cantidad de alimento en el
parche, y por ello la cantidad de alimento dejada por el forrajeador está asociada con la
tasa de cosecha de abandono (Brown 1988, 1992; Sánchez 2006). El cambio en la tasa
de cosecha indica cuándo los beneficios no compensan los costos de forrajeo y refleja
el valor marginal del parche para el forrajeador. Por ello, entre más comida abandone el
forrajeador en el parche, mayor será la DDA y menor el valor marginal para él.
Con base en lo anterior, utilizamos el modelo de Brown (1988) para examinar el
forrajeo y los movimientos del fara D. pernigra en un paisaje altamente modificado en
la Sabana de Bogotá. El área de estudio, el campus de la Universidad Militar Nueva
Granada (UMNG), ha sido afectada por procesos asociados a actividades rurales y de
urbanización, hay amplias áreas sembradas con pasto kikuyo (Cenchrus clandestinum),
y hay plantaciones de eucalipto (Eucaliptus sp.) y áreas en regeneración natural cerca
del río Bogotá. En particular, estudiamos si los faras se movilizaban y forrajeaban por
las zonas de pastizal, que representan ambientes altamente modificados, dominados
por una especie exótica como el kikuyo y que son podados con regularidad. Por ello
en este trabajo buscamos respuesta a las siguientes preguntas: 1) ¿actúan los pastizales
como una barrera para el desplazamiento del fara?, y 2) ¿la distancia al río, donde hay
bosques en regeneración y plantaciones de eucaliptos, afecta negativamente el forrajeo
del fara? Adicionalmente examinamos el posible efecto de la iluminación de la luna, la
temperatura del aire, y la precipitación pluvial sobre la actividad de forrajeo del fara.
Material
y Métodos
Área de estudio. Estudiamos el forrajeo de los faras durante dos meses (Noviembre/
Diciembre 2011) en el campus de la UMNG, en la Cordillera Oriental de Colombia,
municipio de Cajicá, departamento de Cundinamarca (4.941722°, -74.015146°; ~2,580
m; Fig. 1). Con base en los datos de la estación meteorológica en el campus, durante
el 2011 la temperatura media anual fue 13.5 °C y la humedad relativa promedio anual
fue de 84.7%, el promedio de precipitación mensual fue 173.4 mm, con un patrón
bimodal anual, siendo los meses de mayor precipitación mayo y octubre. El campus es
un ambiente altamente intervenido con suelos ricos en arcilla, y se puede dividir en tres
zonas: 1) zona con edificaciones y pastizales-jardines, 2) zona dominada por pastizales
(principalmente C. clandestinum) con árboles dispersos y áreas de cultivo, y 3) otra zona
correspondiente a la ronda hídrica del río Bogotá. La zona del río tiene plantaciones de
eucaliptos de 10-15 m de altura y áreas de regeneración natural dominadas por romerillos
(Baccharis sp.) y sauces (Salix humboldtiana), y en el estrato herbáceo es abundante el
kikuyo y adicionalmente hay árboles de aliso (Alnus jorullensis), cedro(Cedrela odorata),
y enredaderas como la mora (Rubus sp.) y ojo de poeta (Thunbergia alata).
El estudio del forrajeo lo realizamos en dos trayectos aproximadamente paralelos en la
zona dominada por pastizales (Fig. 1), separados cada uno por ~600 m. El trayecto 1 es
una zona inundable, regularmente podada y presenta una hilera de eucaliptos a manera
de cerca viva, a ~50 m de un cultivo de flores en el lote vecino y finaliza en un vallado
de ~1 m de profundidad e inicio de la zona de ronda del río Bogotá. En el trayecto 2, el
herbazal es denso y a ~10 metros de distancia de los cultivos experimentales del campus
(principalmente de clavel, fresas, lulo, y tomate) y se ubica a ~10 m de distancia de un
edificio. El trayecto 2 no presenta árboles sino hasta en las cercanías al río Bogotá, y
había postes de luz eléctrica, los cuales fueron usados para fijar los comederos.
Además aproximadamente a 3 m de distancia, en el límite con la finca vecina, hay una
cerca metálica y electrificada.
[Link] 293
FORRAJEO DE DIDELPHIS PERNIGRA
revisadas entre las 06:00–08:00 h del día siguiente. El cebo utilizado en las trampas fue
banano y mandarina. Usamos un esfuerzo total de 64 trampas/noche. Los individuos
capturados se marcaron en la oreja derecha con números consecutivos empleando un
tatuador permanente para conejos, se registraron las medidas estándares para mamíferos,
sexo y peso, posteriormente los dejamos en libertad en el sitio de captura (Jones et al.
1996). El éxito de captura lo calculamos como el número de individuos capturados
dividido por el esfuerzo de captura multiplicado por 100.
Figura [Link] de
la UMNG, Cajicá,
Colombia. Se muestran
los trayectos en los que
se distribuyeron las
estaciones de forrajeo
(trayectos 1 y 2) y la
zona de plantación
de eucalipto donde se
realizaron los trampeos
(círculos a y b). El
costado oriental del
campus está rodeado
por el río Bogotá.
Cortesía Departamento
de Planeación UMNG,
fotografía aérea, 2011.
Análisis de datos. Para estudiar el forrajeo de los faras en los dos trayectos del campus
utilizamos un modelo lineal generalizado con función gamma, con las densidades de
abandono como variable dependiente y las variables independientes fueron los trayectos,
las estaciones, y la iluminación de la luna. Escogimos este modelo estadístico dado que
se violaban los supuestos de normalidad y homoscedasticidad requeridos por modelos
paramétricos (Zar 1999). En el modelo final incluimos únicamente los factores que
afectaron significativamente al forrajeo de acuerdo con el método de Wilson y Hardy
(2002). Adicionalmente usamos análisis de correlación no paramétricos de Spearman
(Zar 1999) para examinar los posibles efectos de la iluminación de la luna, precipitación,
la humedad relativa y las temperaturas máxima y mínima del aire sobre el forrajeo de los
faras. Evaluamos las hipótesis estadísticas con un nivel de significancia α = 0.05.
Resultados
Comportamiento de forrajeo. El modelo lineal generalizado indicó que las variables
trayecto (c2 Wald = 6.99; g. l. = 1; P = 0.008), trayecto × estación (c2 Wald = 20.56; g. l. =
10; P = 0.024) y día (c2 Wald = 84.31; g. l. = 24; P < 0.001) afectaron el forrajeo del fara.
Las DDA’s en trayectos y estaciones mostraron gran variabilidad, y entre las estaciones
dentro de cada trayecto no se evidenciaron diferencias significativas (Fig. 2).
Sin embargo, dos estaciones en el trayecto 2 presentaron DDA’s más altas que todas
las estaciones del trayecto 1, es decir, que fueron poco explotadas por los faras. Estas
dos estaciones estaban localizadas en los extremos del trayecto, es decir la más cercana
al río, estación 1 y la más lejana a él, estación 6.
También se encontró una alta variabilidad en las DDA’s a nivel temporal (Fig. 3), pero
reconocimos que en algunos días hubo bajas DDA’s como el día 17 del muestreo, y otros
días los faras tuvieron altas DDA’s, como el día 5. Para analizar el efecto temporal sobre
el forrajeo de los faras, empleamos correlaciones no paramétricas entre la iluminación
de la luna y las DDA’s, y algunas variables climáticas y las DDA’s. Encontramos que la
iluminación de la luna tuvo una correlación positiva y significativa (Spearman Rho =
0.155, P = 0.003) con las DDA’s. Dado que las DDA’s están inversamente relacionadas
con el valor marginal de los parches alimentarios, este resultado indica que la relación
beneficios/costos del forrajeo de los faras mejora cuando las noches son más oscuras. Las
variables humedad relativa (Spearman Rho = -0.053, P = 0.316), y temperatura máxima
(Spearman Rho = -0,042, P = 0.382) y mínima del aire (Spearman Rho = -0.023, P =
0.253) no tuvieron efecto sobre el forrajeo del fara. Adicionalmente se evidenció una
correlación positiva, pero no significativa, entre la precipitación y las DDA’s (Spearman
Rho = 0.091, P = 0.086).
Figura 2. Forrajeo de los faras (Didelphis pernigra) en parches alimentarios, medido en densidades de abandono (DDA),
a lo largo de dos trayectos con seis estaciones en áreas de pastizales y árboles; al aumentar el número del parche
alimentario (eje de las abscisas) disminuye la distancia con respecto a una zona arbolada en la ronda del río Bogotá, en el
campus Cajicá de la UMNG. No hubo diferencias entre las estaciones del mismo trayecto, pero las estaciones 1 y 6 del
trayecto 2, mostraron DDA’s significativamente superiores a todas las estaciones del trayecto 1. La línea dentro de la caja
es la mediana, sus extremos son los percentiles 25 y 75, la barra de error representa los percentiles 10 y 90, y los puntos
son valores atípicos. Las letras diferentes indican diferencias significativas (c2 Wald, P < 0.05).
Registro Directo. Capturamos dos faras macho en el campus, para un éxito de captura
de 3.13%. Los faras fueron capturados en el mismo lugar (círculos a y b de Fig. 1), en
[Link] 295
FORRAJEO DE DIDELPHIS PERNIGRA
un área con abundante mora (Rubus sp.) y kikuyo, rodeado de árboles de eucalipto.
Las medidas somáticas convencionales (en mm) de los faras fueron: individuo con el
tatuaje 1, longitud total (LT) 790, longitud de la cola (LC) 351, longitud de la pata (LP) 62,
longitud de la oreja (LO) 37, peso 1,700 g, e individuo con el tatuaje 2, LT 850, LC 306,
LP 62, LO 47, peso 1,600 g. Adicionalmente, durante el tiempo del estudio, 4 cadáveres
de faras fueron encontrados a lo largo del trayecto 2, entre las estaciones 3 y 6.
Discusión
Esperábamos encontrar que el forrajeo y movilización de los faras en el campus fuera
afectado por las zonas de pastizal y la distancia a la zona arbolada cerca al río Bogotá.
Sin embargo, nuestros resultados sugieren que ni el pastizal es una barrera para el
forrajeo del fara, ni el uso de parches alimentarios se relaciona con la distancia al
río. Esto refuerza la idea de que los miembros del género Didelphis toleran ambientes
altamente modificados y los resultados muestran que D. pernigra puede movilizarse
y/o forrajear por áreas desprovistas de vegetación nativa y poca vegetación arbustiva o
arbórea. Otros estudios con diferentes especies de la familia Didelphidae indican que
estos marsupiales hacen uso de zonas dominadas por árboles exóticos como el eucalipto
(Aguirre et al. 1998; Mendoza 2012), pero hasta donde sabemos, esta es la primera vez
que se reconoce el forrajeo del fara en ambientes dominados por especies exóticas no
arbóreas, como el kikuyo. El fara habita en ambientes naturales abiertos como áreas
de páramo en Colombia y Venezuela (López-Arévalo y Montenegro-Díaz 1993; Durant
2002) y probablemente su capacidad para explotar este ecosistema y sus recursos le ha
permitido aprovechar las zonas de pastizal presentes en el campus.
La técnica de las DDA’s puede usarse para reconocer cómo los forrajeadores hacen
uso del espacio y si distinguen diferencias a nivel de hábitat o microhábitat (Brown et
al. 1994; Narváez y Sánchez 2013). La ausencia de diferencias en el forrajeo al interior
de los trayectos sugiere que, desde el punto de vista de los faras, la zona dominada por
pastizales es un único hábitat, y sólo hay diferencias cuando se examinan estaciones
particulares, i.e., a nivel de microhábitat. Esto concuerda con lo encontrado en algunas
especies de marsupiales australianos de tamaño mediano, en las que el uso de hábitat
depende de la escala espacial, y también de la hora del día (Finlayson et al. 2008). Según
Finlayson et al. (2008), algunos marsupiales son más selectivos en el uso del espacio al
momento de escoger donde refugiarse durante el día y no demuestran preferencias por
algún tipo de cobertura durante el período de forrajeo en la noche. Para examinar si algo
similar ocurre en el campus de la UMNG sería necesario extender los esfuerzos para
capturar y registrar el forrajeo de los faras a otras coberturas además del pastizal, pero
parece que los faras seleccionan sitios de descanso, ya que hemos observado animales
en árboles de la ronda del río, y nunca descansando en la zona de pastizales o las zonas
construidas.
El modelo de uso óptimo de parches de Brown (1988) asume que la explotación
de un parche alimentario depende de la relación entre costos y beneficios percibida
por el forrajeador. Debido a que en todas las estaciones se usaba el mismo tipo de
comedero, no había diferencias en los costos energéticos; de igual manera, el tiempo
de muestreo fue relativamente corto dentro del ciclo reproductivo de los faras (Tyndale-
Biscoe y Mackenzie 1976), por lo tanto, los costos asociados a oportunidades perdidas
probablemente tendrían poco impacto a lo largo de nuestro trabajo. Así, los costos de
forrajeo que podrían afectar con mayor intensidad el forrajeo de los faras estarían asociados
al costo percibido de ser depredados (Brown y Kotler 2007). En este contexto, nuestros
resultados sugieren que para los faras no hubo un incremento en el riesgo percibido de
depredación al adentrarse en el pastizal, y probablemente no hay depredadores que
intimiden lo suficiente al fara para afectar sus decisiones de forrajeo. Se ha encontrado
que los principales agentes de mortalidad para Didelphis en áreas sub-urbanas son los
automóviles, además de depredadores naturales o exóticos como los perros domésticos
(Cáceres 2000). Así, la ausencia o baja frecuencia de automóviles y perros pueden
explicar nuestros resultados. En el campus hemos observado depredadores nocturnos
como búhos (Pseudoscops clamator) y lechuzas (Tyto alba), pero sus dietas incluyen
invertebrados y pequeños vertebrados que generalmente no superan los 500 g (Huston y
Nelson 1994; Delgado-V. et al. 2005). Esto sugiere que es improbable que estas rapaces
puedan representar un riesgo para faras adultos que pesan más de 1000 g, y así causen
que eviten zonas abiertas, como pastizales, pero sería necesario examinar si pueden
afectar a animales juveniles.
Figura 3. Variación del forrajeo de los faras Didelphis pernigra, medido en densidades de abandono (DDAs), con respecto
al tiempo de experimentación. No hubo diferencias significativas entre las DDAs, excepto el día 5 que presentó un valor
más bajo que los días 18 y 28, y el día 17 tuvo un valor más alto que el resto de días. La línea dentro de la caja es la
mediana, sus extremos son los percentiles 25 y 75, la barra de error representa los percentiles 10 y 90, y los puntos son
valores atípicos. Las letras diferentes indican diferencias significativas (c2 Wald, P < 0,05).
[Link] 297
FORRAJEO DE DIDELPHIS PERNIGRA
trayecto 1. Así, este resultado posiblemente sea consecuencia de la luz artificial, que en
mamíferos silvestres puede reducir sus movimientos y/o actividad (ver Rich y Longcore
2002). Adicionalmente, la correlación positiva entre las DDA’s y la iluminación de la
luna, indica que entre más oscura la noche mayor el valor marginal del alimento. En otras
especies de mamíferos también se ha evidenciado una preferencia a forrajear durante
las noches con bajos niveles de iluminación lunar (Orrock et al. 2004). Estos resultados
se han asociado generalmente con el riesgo de depredación percibido (Kotler et al.
1994), y se asume que los animales quedan más expuestos en noches más iluminadas.
Sin embargo, nuestros resultados contrastan con lo encontrado por Norris et al. (2010),
donde D. marsupialis, en un área fragmentada de Brasil mostró una mayor actividad al
aumentar los niveles de iluminación lunar posiblemente porque mejoraba su visibilidad,
de acuerdo con los autores.
No es claro si el menor forrajeo al aumentar la iluminación del sitio es por un mayor
riesgo de depredación percibido por los faras dentro del campus o si este comportamiento
sea innato y producto de presiones selectivas a lo largo de varias generaciones. Sin
embargo, los resultados de este estudio sugieren que por ejemplo, las áreas alrededor de
las edificaciones con alta iluminación serían menos usadas por los faras. Así, el aumentar
la cantidad de construcciones, como se tiene planeado en el campus, posiblemente
tenga un impacto negativo en el comportamiento del fara al reducir el valor de las
zonas iluminadas. Por otro lado, la segunda estación menos explotada del trayecto 2
se encontraba cercana al río. Observamos durante el tiempo de habituación y hasta
el tercer día de experimentación, que el parche era explotado por los faras, y luego de
ese día el uso del parche decreció considerablemente. La reducción en el uso de esta
estación coincidió con el aumento en el uso de máquinas ruidosas como motobombas
y motosierras en el lote vecino. Así, nuestros resultados parecen concordar con los
encontrados en un bosque natural en Estados Unidos, donde se demostró que las ardillas
de cola roja responden con cambios en el uso del espacio por la intrusión humana,
disminuyendo su forrajeo y alejándose de los territorios perturbados (Gutzwiller y Riffell
2008).
También encontramos una considerable variabilidad temporal en el uso de los
comederos. Como mencionamos anteriormente, parte de dicha variación es explicada
por el efecto de la iluminación de la luna, pero probablemente otros factores son
responsables de la alta variación temporal encontrada. Factores como la humedad
relativa, y las temperaturas máxima y mínima no tuvieron efecto en el forrajeo, y la
precipitación no alcanzó a ser significativa, aunque hubo una tendencia de correlación
positiva con respecto a las DDA’s. En D. marsupialis y D. albiventris se ha encontrado
que la precipitación afecta las actividades propias del desarrollo de los individuos y
aumenta la competencia y el territorialismo (Durant 2002; Passamani y Ribeiro 2009).
Por esto serían necesarios muestreos más prolongados para evaluar el posible efecto de
la lluvia.
A manera de conclusión, los faras, al igual que otros miembros del género Didelphis,
son especies capaces de explotar múltiples tipos de hábitat, incluyendo aquellos altamente
modificados por el ser humano. Los Didelphis potencialmente son controladores de
poblaciones de invertebrados, y su consumo de frutas sugiere que pueden actuar como
dispersores de semillas (Cáceres 2002; Passamani y Ribeiro 2009). Además, varias
Agradecimientos
Agradecemos a la UMNG por permitir los muestreos dentro del campus y por su
apoyo. A los estudiantes de Biología Aplicada por su colaboración y ánimo en la fase
de muestreos, especialmente a L. Mendoza, R. Rodríguez y H. Sánchez. El laboratorio
de Ecología y Conservación Ambiental de la UDCA facilitó las trampas usadas para
la captura de faras. Finalmente, agradecemos la revisión juiciosa de dos evaluadores
anónimos que ayudaron a mejorar la calidad del manuscrito.
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Introduction: Neonate bats represent 12-43% of postpartum-maternal body mass, but unlike other small
mammals with large offsprings, bats are altricial and totally dependent on maternal care for survival.
Neonates of several bat species are born naked, with low thermoregulatory ability; therefore their growth and
development are affected by factors such as humidity and temperature, likewise by sex and food availability,
among others. Phyllostomidae is the most diverse family of bats in the Neotropics, nevertheless, there are
few studies on the postnatal growth and development of their offspring and especially of glosophagine
bats. For that reason, we described the postnatal growth and development of a population of Leptonycteris
yerbabuenae inhabiting “The Laguitos” Cave, in the state of Chiapas, México. This species is distributed from
the southern United States, through most of Mexico to Guatemala and El Salvador .In Mexico this species is
listed as “threatened” by the Mexican government (SEMARNAT, 2010).
Methods: Based on capture-recapture data, we examined the growth trajectories of three morphological
variables and flight development of young Leptonycteris yerbabuenae during 1998 and 2001. Sexual
variation, and inter-year variation among specimens of the same age category was assessed by a t Student
test. The growth of each variable was measured with a lineal regression analysis, meanwhile the growth
parameters were derived from a logistic growth equation and from a polynomial model. To describe the
flight development in young bats, we classified these as non-volant, semivolant and volant as was done by
Stern et al. (1997) in Phyllostomus hastatus.
Results: The highest records for ambient and roost temperature were in 2001, and so were the lowest records
for relative humidity compared with 1998 conditions (Fig. 1). Male and female young bats (Fig. 2) were
morphologically similar in the three variables assessed in both years (Table 1). The body mass and length
of the forearm increased linearly the first three weeks in both years, while the length of the epiphysis grew
until the second week in 1998 and day 10 in 2001, then the growth rate decreased in all variables (Figure 3,
Table 2). The sustained flight was achieved at ages 15 and 20 days in 2001 and 1998, respectively (Table 3).
Discussion and conclusions: This study shows that neonates of Leptonycteris yerbabuenae from Chiapas born
naked and with the ear meatus closed compared with those of Carbo, Sonora (Gould 1975), what reveals
intraspecific variability of these traits. The morphological similarity between male and females young bats
was expected; because there is not secondary sexual dimorphism in adults. Neonates of 1998 had lesser
body mass and greater length of the fourth metacarpal-phalangeal epiphyseal gap than specimens of 2001.
Differences between years were persistent during growth phase, and maybe these results were consequences
of different weather conditions that prevailed in each year. The growth parameters derived from the logistic
1
Departamento de Biología, Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa. Avenida San Rafael Atlixco 186, Colonia
Vicentina, Iztapalapa, Distrito Federal, México 09340. Email: marti17@[Link] (MM-C)
2
Departamento de Zoología, Instituto de Biología, Universidad Nacional Autónoma de México. Apartado Postal 70-153,
Coyoacán, Distrito Federal, México 04510. Email: fac@[Link] FAC), yolahm@[Link] (YH-M)
*Corresponding author
CRECIMIENTO Y DESARROLLO DE LEPTONYCTERIS YERBABUENAE
model for forearm length (0.07-0.10) and body mass (0.06-0.10) of L. yerbabuenae were similar to other
neotropical phyllostomid bats, but lower than vespertilionid bats. These results may be influenced by
phylogenetic distance or by environmental conditions. The sustained flight started five days earlier in 2001
compared with 1998, probably influenced by different environmental conditions that prevailed each year.
Therefore the sustained flight was achieved at an age similar to those of other phyllostomid bats.
Key words: Cave, Chiroptera, Phyllostomidae, relative humidity, temperature, growth trajectories.
Resumen
Con base en datos de captura-recaptura se describe el crecimiento postnatal y el
desarrollo del vuelo en Leptonycteris yerbabuenae en Chiapas, México. Los murciélagos
de esta especie nacen desnudos, con los ojos cerrados y las orejas plegadas. En 1998
tuvieron menor peso y una epífisis cartilaginosa metacarpo-falange del cuarto dedo, más
grande en comparación con los de 2001. La longitud del antebrazo y el peso crecieron
linealmente los primeros 20 días, con un promedio de 0.85 mm/día en 1998 y de 0.90
mm/día en 2001, después disminuyeron hasta el día 30 a 0.52 mm/día y a 0.031 mm/
día respectivamente. La longitud de la epífisis tuvo un comportamiento parabólico, en
1998 aumento a una tasa de 0.10 mm/día los primeros quince días, después disminuyó
hasta el día 30 a una tasa de 0.05 mm/día, mientras que en 2001 el incremento fue de
0.10 mm/día los primeros 10 días y disminuyó hasta el día 30 a una tasa de 0.04 mm/
día. El vuelo sostenido inició a los 15 días en 2001, cuando los juveniles alcanzaron un
84.16% de la longitud del antebrazo y un 54.59% del peso del adulto; mientras que en
1998 el vuelo sostenido inició a los 20 dias cuando los juveniles alcanzaron el 83.79%
de la longitud del antebrazo y 49.54% del peso del adulto. En comparación con otros
filostómidos como Artibeus, Carollia y Phyllostomus, los neonatos de L. yerbabuenae
nacen con un menor grado de desarrollo y el vuelo sostenido lo consiguen antes de
alcanzar la talla del adulto.
Introducción
Los murciélagos neonatos son grandes, en comparación con los de otros mamíferos
pequeños, pues llegan a representar entre el 12 y el 43% del peso postparto de la madre
(Kurta y Kunz 1987). A diferencia de otros mamíferos que paren crías de gran talla,
los neonatos de los murciélagos son altricios y dependen totalmente de la madre para
sobrevivir y alimentarse, debido a que son incapaces de volar (Racey y Entwistle 2000)
y pueden ser fácilmente depredados. Las crías de varias especies nacen desnudas y con
baja capacidad termorreguladora, por lo que son vulnerables a los cambios bruscos de
humedad y temperatura (Tuttle y Stevenson 1982). La piel desnuda pierde humedad
y calor fácilmente y en caso de bajas temperaturas, el desarrollo y el crecimiento se
retrasan.
Por lo tanto, las madres de estas especies de murciélagos deben elegir sitios apropiados
para los neonatos, en donde las variaciones ambientales sean mínimas, para disminuir
los riesgos de estrés térmico y mortalidad de sus crías. Las cuevas y minas abandonadas
[Link] 305
CRECIMIENTO Y DESARROLLO DE LEPTONYCTERIS YERBABUENAE
Tuxtla Gutiérrez, municipio del mismo nombre, Chiapas, a 781 m sobre el nivel del mar
(16.778333º N, 93.148611º W). La temperatura promedio de la cueva es de 32.3 ºC y
la humedad relativa promedio es de 95.4%, por lo que se clasifica como una “cueva de
calor” (De la Cruz 1992; Martínez-Coronel et al. 2010). El clima de la zona corresponde
a un clima cálido subhúmedo con lluvias en verano, la temperatura media anual es de
24.7ºC (Awo”(w)(i´)g; Cardoso 1979). La vegetación que rodea a la cueva corresponde
a un bosque tropical caducifolio (Miranda 1998) con cambios fenológicos drásticos
entre la estación húmeda y la seca. Durante el tiempo en que se desarrolló el trabajo
la cueva estuvo habitada por otras especies de murciélagos como son: Balantiopteryx
plicata, Mormoops megalophylla, Pteronotus davyi, P. parnelli, P. personatus, Artibeus
jamaicensis, Glossophaga soricina y Natalus stramineus.
La cueva tiene un desarrollo horizontal, que consta de una sola entrada y un túnel
principal que corre en dirección noreste, al cual se unen otros dos túneles a 65 m de
la entrada, uno del lado norte y otro del lado sur, que en conjunto suman una longitud
mayor a 600 m. La temperatura y la HR de la cueva varían entre las diferentes secciones
de cada túnel a lo largo del día y entre meses a lo largo del año, dependiendo de la
topografía del terreno y de la abundancia de las poblaciones de murciélagos (Martínez-
Coronel et al. 2010).
Para determinar el momento en el que iniciaban los nacimientos, se visitó diariamente
la cueva de Los Laguitos desde el 15 de octubre de 1998 y de 2001. En 1998 los primeros
nacimientos se observaron el 24 de octubre, por lo que el monitoreo se llevó a cabo del
26 de octubre al 26 de noviembre, mientras que en el 2001 los primeros nacimientos
sucedieron el 22 de octubre y el monitoreo se llevó a cabo del 24 de octubre al 28 de
noviembre.
Los sitios para el estudio fueron seleccionados con base en la accesibilidad a los
neonatos. Estos sitios se ubicaron en la primera sección del túnel situado al norte del
túnel principal, que corresponde a una galería que tiene 85 m de longitud, 25 m de
ancho y 30 m de alto, cuyo piso está cubierto por rocas de más de 1 m de diámetro y
paredes erosionadas. Los sitios elegidos se ubicaron en paredes con una altura máxima
de 3 m, las que en visitas previas se detectó que son usadas por las hembras de L.
yerbabuenae para dejar a sus críos durante su salida nocturna. Algunas hembras usan
sitios de percha para sus críos muy cerca del piso, la distancia mínima que se detecto
fue de 30 cm de altura.
Se midió la temperatura y la humedad relativa (HR) con ayuda de un Psicrómetro
Taylor de mercurio de bulbo húmedo y bulbo seco (con ± 5% de precisión y 2% de
resolución para la HR y con ± 3 ºC de precisión y 1 ºC de resolución para la temperatura).
Estas variables se registraron en cuatro sitios diferentes, que correspondieron con la
ubicación de los neonatos estudiados. En cada uno de ellos se tomaron dos lecturas de
la temperatura y HR, una a las 19:00 cuando las madres dejaban a su crío y otra a las
23:00 h cuando regresaban, ambas a 1.20 m de altura a un lado de las paredes donde
perchan los neonatos. Para evaluar las diferencias de temperatura y HR entre años, se
aplicó una prueba de t de Student (Zar 1996).
Para determinar el crecimiento de los neonatos de L. yerbabuenae, cada individuo fue
marcado con anillos de plástico numerados, de 5 mm de diámetro y 5 mm de ancho. Se
colocó la marca en el antebrazo izquierdo en las hembras y en el derecho a los machos.
Todos los ejemplares anillados tenían el cordón umbilical, la placenta fresca, el cuerpo
arrugado y la piel de color rosado, criterios que se han usado como características de
individuos recién nacidos o de un día de edad (Kunz y Anthony 1982; Stern y Kunz
1998).
El horario de trabajo fue de las 19:00 a las 23:00 h, aprovechando que durante este
tiempo las madres salían para alimentarse y dejaban a su crío en el sitio de percha.
No fue posible continuar las observaciones después de ese horario, debido a que
ellas regresaban para amamantarlos y los cambiaban de lugar. Los ejemplares fueron
manipulados a un lado de su sitio de percha y en el menor tiempo posible (normalmente
menos de 5 minutos). Al finalizar la medición y la observación de cada neonato y antes
de ubicarlo en su sitio de percha original, se midió el desarrollo de su capacidad de
vuelo, para lo cual el individuo se sostuvo de sus patas traseras con los dedos índice y
medio de la mano del investigador y mediante movimientos verticales bruscos se le incito
a volar. Para describir el desarrollo del vuelo se emplearon las categorías que Stern et al.
(1997) definieron para Phyllotomus hastatus, y que son las siguientes: a) no volantones,
individuos que colgados del dedo o de las paredes rehúsan volar, permanecen quietos
en su sitio de percha o sólo se mueven por las paredes; b) semivolantones, individuos
que intentan el vuelo pero no consiguen mantenerse, chocan contra las paredes de la
cueva o no logran perchar y c) volantones, individuos capaces de volar en línea recta
y que logran perchar. Durante la manipulación ningún individuo murió, posiblemente
por tratarse de una especie menos inquieta en comparación con otros filostómidos como
Artibeus jamaicensis.
El crecimiento se valoró a través de los cambios que experimentaron en el peso,
la longitud del antebrazo derecho y la longitud de la epífisis cartilaginosa de la unión
metacarpo-falange del 4º dedo del ala derecha, variables que fueron medidas cada cinco
días en los individuos recuperados (Kunz y Anthony 1982). Las variables longitudinales
se registraron en milímetros y fueron tomadas con un vernier digital (Mitutoyo con
precisión de 0.01 mm), mientras que el peso fue expresado en gramos y fue tomado
con una balanza digital (Ohaus, con precisión de 0.1 g). De cada variable fueron
calculados la media y el error estándar para cada categoría de edad. Las categorías de
edad empleadas fueron las siguientes: 1, 5, 10, 15, 20, 25, 30 y 35 que corresponden a
la edad cronológica de los individuos expresada en días.
Las diferencias debidas al sexo y las debidas al año de muestreo para individuos de
la misma edad se evaluaron con una prueba de t de Student. Aun cuando el tamaño de
muestra es pequeño para las variables analizadas en algunas categorías de edad, estas
cumplieron con los supuestos estadísticos que exige un análisis paramétrico (Zar 1996),
excepto para la categoría de edad 30 días de ambos años en el análisis de dimorfismo
sexual. No obstante, se decidió utilizar ésta prueba, debido a que los resultados
obtenidos fueron similares a los encontrados en las demás categorías de edad. Los
cambios debidos a la edad, fueron estimados para cada una de las variables por medio
de una regresión lineal, en la parte lineal de cada curva. Para determinar las diferencias
entre años, se comparó la pendiente y elevación de cada curva (en su parte lineal) con
una prueba de t de Student modificada (Zar 1996).
Los datos de la longitud del antebrazo y el peso contra la edad, se emplearon para
derivar los parámetros de crecimiento de L. yerbabuenae, a través del modelo logístico
[Link] 307
CRECIMIENTO Y DESARROLLO DE LEPTONYCTERIS YERBABUENAE
convencional (Zullinger et al. 1984; Kunz y Hood 2000), de acuerdo con la siguiente
ecuación:
M(t) = A {e-K (t - I) + 1}-1
dónde: M(t) = valor de la variable (antebrazo o peso) a la edad t (días), A = valor asintótico
de la variable (antebrazo o peso), K = constante de la tasa de crecimiento (días-1) e I = edad
del punto de inflexión (días). Los modelos de Gomperz y von Bertalanffy comúnmente
usados en otros estudios también fueron aplicados (Zullinger et al. 1984), pero su ajuste
fue menor al del modelo logístico, razón por la cual no se presentan estos resultados.
Por otra parte, la relación entre la longitud cartilaginosa de la epífisis del cuarto dedo y la
edad, se ajustó a un modelo polinomial. Los análisis fueron realizados con el programa
Number Crunching Statistical System que emplea el algoritmo de Marquardt-Levenverg
(Hintze 2007).
Resultados
Ejemplares examinados. Se marcaron un total de 118 neonatos, 57 en 1998 y 61 en el
2001. La información sobre el crecimiento está basada en los ejemplares que fueron
recapturados al menos tres veces. En 1998 fueron 17 machos y 20 hembras, mientras
que en el 2001 fueron 20 machos y 17 hembras.
Condiciones del ambiente cavernícola. Las condiciones ambientales del interior del
refugio fueron diferentes en los dos períodos de estudio; la temperatura promedio
ambiental fue menor en 1998 ( = 33.29 ºC ± 0.18, intervalo 32.0 - 35.0 ºC) en
comparación con el 2001 ( = 34.04 ºC ± 0.08, 33.0 - 35.0 ºC; t = 8.55, P = 0.0000);
en cambio la humedad relativa fue mayor en el primer año (HR = 100%) con relación
al segundo (HR = 94.81 ± 0.35, 93.0 - 100%; t = 14.64, P = 0.0000 (Fig. 1). Estas
condiciones se relacionan positivamente con las del ambiente externo, ya que 1998
fue un año con menor temperatura media anual (22.8 ºC) pero con mayor precipitación
(1,074.7 mm), mientras que en el 2001 la temperatura fue mayor (25.7 ºC) y con menor
precipitación (827.6 mm; Estación meteorológica “Tuxtla Gutiérrez”, 16.752777º N;
93.116666º W, clave 00007202 CONAGUA).
0.33, m = 26.69 ± 0.31; t35 g.l. = 1.52, P = 0.13; peso, h = 6.28 ± 0.16, m = 6.55 ±
0.18; t35 g.l. = 1.05, P = 0.30; longitud de la epífisis, h = 3.69 ± 0.06, m = 3.88 ± 0.07;
t35 g.l. = 1.83, P = 0.07). Con base en estos resultados, los sexos fueron agrupados para
su comparación entre años.
La comparación entre años mostró que los neonatos de 1998 fueron significativamente
menos pesados que los de 2001 (1998 = 5.37 ± 0.10; 2001 = 6.42 ± 0.12; t72 g.l.= 6.50, P
= 0.0000) pero con una longitud de la epífisis cartilaginosa significativamente mayor en
1998 (1998 = 4.59 ± 0.05; 2001 = 3.79 ± 0.05; t72 g.l. = 10.82, P = 0.0000), en cambio en
la longitud del antebrazo las diferencias no fueron significativas entre ambos años (1998
= 26.21 ± 2.27; 2001 = 27.02 ± 1.43; t72 g.l.= 1.83, P = 0.07).
En comparación con los adultos, los neonatos del 2001 tuvieron proporcionalmente
una longitud del antebrazo mayor (49.26%) y fueron más pesados (26.90%) que los de
1998 (47.60% y 20.58% respectivamente).
Figura 1. Trayectorias de
la temperatura (a) y la
humedad relativa (b) que
prevalecieron durante
el crecimiento de los
juveniles de Leptonycteris
yerbabuenae en la cueva
de Los Laguitos, Chiapas.
El punto se refiere al valor
medio, el recuadro al error
estándar y las líneas a los
valores extremos.
[Link] 309
CRECIMIENTO Y DESARROLLO DE LEPTONYCTERIS YERBABUENAE
después las diferencias dejaron de ser significativas para las categorías de edad 25 y 30
(Tabla 2). En cuanto al crecimiento, se observó que la longitud del antebrazo aumentó
de manera constante y fue casi lineal los primeros 20 días en ambos años de estudio,
con una tasa de incremento de 0.85 mm/día en 1998 y de 0.90 mm/día en 2001 (Fig. 3
a y b). De los días 20 a 30, la tasa de crecimiento disminuyó a 0.52 mm/día en 1998;
y a 0.31 mm/día en el 2001. Al comparar la curva de crecimiento de 1998 contra la
de 2001, resultó que no fueron diferentes en los primeros 20 días (pendiente: t(2)317 g.l. =
0.36, P > 0.05; elevación t(2)317 g.l. = 0.98.53, P > 0.05) ni del día 20 al 30 (pendiente: t(2)93
= 1.21, P > 0.05, elevación: t(2)93 g.l. = 1.86, P > 0.05). Este resultado indica un patrón
de crecimiento similar en ambos años para esta variable, aunque con diferente tasa de
crecimiento, como se corrobora con los parámetros obtenidos de las ecuaciones del
modelo logístico: ANTE1998 = 55.47 {e-0.07 (edad -1.21) + 1}-1, R2 = 0.88 y ANTE2001 = 50.39{e-0.10
(edad - 0.95)
+ 1}-1, R2 = 0.92.
Con respecto al peso, los ejemplares del 2001 fueron significativamente mayores que
los de 1998 los primeros 20 días, después estas diferencias dejaron de ser significativas
en las categorías de edad 25 y 30 (Tabla 2, Fig. 3 c y d). Los primeros 20 días, la tasa
Tabla 1.- Dimorfismo
Hembras Machos 1998
sexual secundario. Se
Edad
Media±e.e. Media±e.e. g.l. t p presentan los parámetros
de tres variables
morfométricas y los
Longitud del antebrazo resultados de una prueba
de t de Student usada para
1 26.74 ± 0.55 25.59 ± 0.44 35 1.50 0.12 evaluar las diferencias
5 30.49 ± 0.64 29.23 ± 0.61 30 1.40 0.16 sexuales en juveniles
de siete categorías de
10 35.37 ± 0.60 34.59 ± 0.73 31 0.82 0.41 edad de Leptonycteris
15 39.73 ± 0.76 39.72 ± 0.65 34 0.01 0.99 yerbabuenae de la cueva
de Los Laguitos”. Chiapas.
20 43.87 ± 0.57 42.63 ± 0.72 25 1.36 0.18 El * indica las categorías
25 47.64 ± 0.65 44.96 ± 1.05 12 1.27 0.14 de edad en donde las
diferencias entre los sexos
30 50.90 ± 1.33 47.47 ± 1.06 4 1.90 0.12 fueron significativas a una
p < 0.05.
Peso
Tabla 1 Continúa...
Hembras Machos 2001
Edad
Media ± e.e. Media ± e.e. g.l. t p
35 52.49
Peso
35 3.17
de aumento del peso fue de 0.31 g/día en 1998 y de 0.30 g/día en el 2001, después
disminuyó a 0.29 g/día en 1998 y a 0.14 g/día en el 2001. La comparación de las
curvas de crecimiento entre años indica que durante los primeros 20 días éstas tuvieron
comportamiento significativamente diferente (pendiente: t(2)317 g.l. = 2.25, P < 0.05;
elevación: t(2)317 g.l.= 3.40, P < 0.05), mientras que del día 20 al 30 las diferencias dejaron
de ser significativas (pendiente: t(2)94 g.l.= 0.44, P >0.05; elevación: t(2)94 g.l.= 1.23, p >0.05).
Las ecuaciones derivadas del modelo logístico son: PESO1998 = 22.31{e-0.06 (t-3.29) + 1}-1, R2
= 0.99 y PESO2001 = 14.69{e-0.10 (t-1.37) + 1}-1, R2 = 0.82, resultados que indican un patrón y
tasa de crecimiento diferente en cada año.
La longitud de la epífisis cartilaginosa del cuarto dedo fue significativamente mayor en
todas las categorías de edad de 1998 en comparación con 2001 (Tabla 2), lo que sugiere
[Link] 311
CRECIMIENTO Y DESARROLLO DE LEPTONYCTERIS YERBABUENAE
una mayor tasa de osificación en el segundo año. Ésta variable aumentó constantemente
hasta el quinceavo día en 1998 y al décimo día en el 2001, con una tasa de crecimiento
de 0.10 mm/día en ambos años. Mientras que la osificación fue de 0.05 mm/día en 1998
y 0.04 mm/día en el 2001 (Fig. 3 e y f). La comparación de las curvas de crecimiento
entre años indica que éstas fueron similares en la primera fase de crecimiento (pendiente:
t(2)223 g.l. = 1.58, P > 0.05; elevación: t(2)222 g.l. = 0.44, P > 0.05), pero significativamente
diferentes en la segunda fase (pendiente: t(2)195 g.l. = 3.87, P < 0.001; elevación: t(2)194 g.l. =
2.83, P < 0.01 ), resultado que muestra un patrón de crecimiento diferente en cada año.
De varios modelos polinomiales ensayados, un modelo cuadrático fue el que mejor
se ajustó a los datos:
EPI1998 = ((4.3732 + (0.2093) * (edad)) / (1 + (0.00107) * (edad)2)), R2 = 0.61 y
EPI2001 = ((3.5720 + (0.2057) * (edad)) / (1 + (0.00179) * (edad)2)), R2 = 0.57.
Figura 2. Neonato de
Leptonycteris yerbabuenae
en la cueva de Los
Laguitos, Chiapas, México.
Se observa la piel rosada
y desnuda, las orejas
plegadas a la cabeza, los
ojos cerrados y la placenta
fresca a un lado del rostro.
Desarrollo del vuelo. En los dos años de estudio todos los recién nacidos y hasta los 10
días de edad fueron clasificados como no volantones, así como dos ejemplares de 1998
que siempre se rehusaron a volar, por lo cual fueron clasificados como no volantones
hasta los 30 días de edad (Tabla 3). Entre los 15 y 25 días de edad la mayoría de los
ejemplares fueron semivolantones, 28 en 1998 y 29 en 2001. El vuelo sostenido inició
a los 15 días en 2001 (dos ejemplares) y a los 20 días de edad en 1998 (tres ejemplares).
A los 30 días todos los individuos capturados fueron volantones, a excepción de los ya
mencionados.
En los individuos que lograron el vuelo sostenido por primera vez, la longitud del
antebrazo representó el 83.79% del adulto en 1998 y el 84.16% en el 2001, mientras
que la relación del peso del volantón respecto al adulto fue de 49.54% para 1998 y de
54.59% para el 2001. La longitud de la epífisis de los volantones fue de 5.78 mm para
los de 1998 y de 4.37 mm en 2001. Cuando se inició el vuelo sostenido no se observó
Discusión
En contraste con otras especies de murciélagos filostómidos como Artibeus jamaicensis,
Carollia perspicillata o Glossophaga soricina que nacen cubiertos de pelo y con los ojos
abiertos (Kleiman y Davis 1979), las crías de Leptonycteris yerbabuenae de Chiapas
nacieron desnudas, con los ojos y el meato auditivo cerrados y con las orejas plegadas.
Nuestras observaciones contrastan con el reporte de Gould (1975), quien observó
bajo condiciones de laboratorio, que hembras de L. yerbabuenae provenientes de Carbo,
Sonora, dieron a luz a crías cubiertas de pelo y con el meato auditivo abierto. Estas
diferencias parecen reflejar la variabilidad de la especie, que al parecer está estructurada
[Link] 313
CRECIMIENTO Y DESARROLLO DE LEPTONYCTERIS YERBABUENAE
por dos grupos que poseen comportamientos diferentes. Por ejemplo, se sabe que las
poblaciones de L. yerbabuenae del norte de México se reproducen durante la primavera
y se comportan como migratorias latitudinales, mientras que las del centro y sureste
se reproducen en otoño e invierno y son residentes o migratorias locales (Wilkinson y
Fleming 1996; Álvarez et al. 1999; Rojas-Martínez et al. 1999; Galindo et al. 2004).
Peso
de alimento para los murciélagos (Lobo et al. 2003; Borchert et al. 2004). Se sabe que
los cambios de temperatura y HR, ya sea durante la gestación o la lactancia, llegan a
influir sobre la tasa de crecimiento de los murciélagos; por lo que una disminución en
la temperatura del refugio, retrasa la tasa del crecimiento y desarrollo del feto o de la
cría y en especies que no entran en torpor, el costo de la termorregulación aumenta. En
cambio el aumento de la temperatura acelera el metabolismo y consecuentemente la
tasa de crecimiento (Tuttle y Stevenson 1977; Hoying y Kunz 1998; Speakman y Thomas
2003). Por lo tanto es posible que las condiciones ambientales que prevalecieron en
ambos años, tanto en el medio externo (en 1998 la precipitación media fue 247 mm
mayor, mientras que la temperatura media fue 2.9 ºC menor respecto a 2001) como
en el refugio (en 1998 la HR fue 5.19% mayor, mientras que la temperatura media fue
de 0.75 ºC menor respecto a 2001) expliquen porque los neonatos de 2001 nacieron
más pesados y con mayor osificación en la epífisis que los de 1998. Estos resultados
contrastan con lo reportado para Phyllostomus hastatus, en donde Stern y Kunz (1998)
no pudieron relacionar ninguna variable climática con las diferencias en la talla de los
neonatos de años diferentes.
La Cueva de los Laguitos registró en los dos años de estudio una temperatura > 32
ºC y una HR > 90%, condiciones consideradas idóneas para la reproducción de estos
murciélagos (Silva-Taboada 1979; Betts 1997; Heideman 2000; Speakman y Thomas
2003), pues se encuentra dentro de la zona termoneutral (> 30.5 ºC). Esta temperatura
ha sido identificada para otros murciélagos glosofagínos, entre los que se encuentra L.
curasoae (Arends et al. 1995), especie hermana de L. yerbabuenae. Asimismo, Arends
et al. (1995) reportan que L. curasoae, en Sudamérica, utiliza como sitio de maternidad
cuevas con temperaturas que varían de 33 a 34.2 ºC, valores similares a los encontrados
en la cueva de Los Laguitos durante el periodo de estudio. Si L. yerbabuenae posee
una zona termoneutral similar a la de L. curasoae, entonces, los valores de temperatura
y HR que prevalecieron en Los Laguitos fueron importantes para el crecimiento de
sus crías, sobre todo si se considera que estas nacen desnudas y con baja capacidad
termorreguladora.
Tabla 3. Desarrollo del Edad
vuelo. Para cada edad se Categoría de vuelo
da el número de individuos 1 5 10 15 20 25 30
ubicados en las diferentes 1998
categorías de vuelo
No volantón 37 32 33 18 17 2 2
usadas en Leptonycteris
yerbabuenae en la Semivolantón 18 7 4
cueva de “Los Laguitos”, Volantón 3 8 4
Chiapas. 2001
No volantón 37 24 28 21 10
Semivolantón 12 11 5
Volantón 2 11 9 5
Otros factores que influyen sobre el crecimiento de los neonatos son: la talla al nacer,
el sexo y el tamaño de la camada (Basset 1984, Stern y Kunz 1998). El tamaño de los
neonatos parece haber sido otro factor importante durante la etapa de crecimiento.
Nuestros resultados muestran que los ejemplares de 2001, que fueron los más pesados
y con la epífisis más osificada, mantuvieron o aumentaron sus diferencias (en el caso
de la longitud del antebrazo) con respecto a los de 1998 durante los primeros 20
[Link] 315
días. Después de éste tiempo las diferencias disminuyeron. La influencia del sexo es
notable en las especies de murciélagos donde existe dimorfismo sexual, debido a que
la tasa de crecimiento es más acelerada en el sexo de talla mayor, tal como sucede
en los machos de P. hastatus o en las hembras de Lasiurus cinereus (Stern y Kunz
1998; Koehler y Barclay 2000). Sin embargo, en L. yerbabuenae no existe dimorfismo
sexual entre adultos (Arita y Humphrey 1988), neonatos o juveniles. Por lo tanto, era
de esperar que no hubiese diferencias en la tasa y el patrón del crecimiento entre los
sexos de esta especie.
El tamaño relativo de la longitud del antebrazo (47.60 - 49.26%) en los neonatos de
L. yerbabuenae, en relación con los adultos es grande, en comparación con algunos
vespertiliónidos, hiposidéridos, tiroptéridos y megadermátidos que produjeron también
una sola cría (Liu et al. 2009; Lin et al. 2010; Chaverri y Vonhof 2011). En relación
con otros filostómidos que paren una cría, se encontró que la longitud del antebrazo
de L. yerbabuenae, fue mayor en comparación con P. hastatus (42%) pero menor que
Artibeus watsoni (54 a 59%). Mientras que en el peso, los neonatos de L. yerbabuenae
(20.58 - 26.90%) está cercano al promedio de 22.3% (12 - 43%) que Kurta y Kunz
(1987) obtuvieron para los murciélagos estudiados hasta esa fecha. Asimismo, su
peso relativo fue similar al de P. hastatus (20.7%), pero menor en comparación con A.
watsoni (30 - 34%), Hipposideros pomona (39.7%), Myotis macrodactylus (39.6%) y
Thryroptera tricolor (26.02 - 31.43%; Stern y Kunz 1998; Chaverri y Kunz 2006; Liu et
al. 2009; Lin et al. 2010; Chaverri y Vonhof 2011).
Al igual que en otras especies de murciélagos, el peso y la longitud del antebrazo
de L. yerbabuenae experimentaron aumentos lineales en el periodo previo al vuelo.
Una vez que empezaron a volar, la tasa de crecimiento disminuyó. Los individuos del
2001, en comparación con los de 1998, tuvieron una velocidad de crecimiento mayor
durante los primeros 20 días, posiblemente como consecuencia de la temperatura
mayor que hubo en el 2001. La epífisis cartilaginosa del cuarto dedo experimentó
cambios similares a los reportados para otras especies; esto es, primero hubo un
crecimiento del tejido cartilaginoso y después empezó a calcificarse, justo antes de
que los individuos empezaran a volar (Burnett y Kunz 1982; Kunz y Anthony 1982;
Stern y Kunz 1998). Los individuos del 2001 tuvieron una epífisis más osificada, la
cual empezó a cerrarse cinco días antes que en los de 1998, razón por la que tal vez
el vuelo inició cinco días antes en los ejemplares del 2001.
La longitud de la epífisis cartilaginosa ha sido frecuentemente sugerida como
criterio para estimar la edad precisa en murciélagos jóvenes con fecha de nacimiento
desconocida (Kunz y Hood 2000; Liu et al., 2009; Lin et al. 2010). Sin embargo, los
resultados obtenidos en el presente estudio, así como en otros trabajos (Hoying y
Kunz 1998), muestran que el uso de tales modelos predictivos no puede ser aplicado
indiscriminadamente, debido a que las condiciones del ambiente son siempre
cambiantes y aun pequeñas diferencias pueden modificar la tasa de crecimiento. Por
lo tanto, la aplicación de estos modelos para estimar la edad de individuos silvestres
debe utilizarse con las reservas pertinentes.
Durante el aprendizaje del vuelo, los jóvenes de algunas especies de murciélagos
(Myotis velifer, M. lucifugus, Pipistrellus pipistrellus y P. subflavus) pierden peso,
razón por la que se considera esta etapa como un periodo fisiológicamente estresante
para ellos (Kunz 1987; Hoying y Kunz 1998). Sin embargo, en otras especies como
Antrozous pallidus, Eptesicus fuscus y Rhinolophus cornutus no ocurre tal pérdida. Estas
diferencias posiblemente estén relacionadas con la obtención de energía, que en estas
últimas especies no es un problema, ya que existe un cuidado materno prolongado,
fenómeno que no ocurre en las especies de Myotis estudiadas (Kunz 1987). En el
caso de L. yerbabuenae no existe una pérdida de peso durante el inicio del vuelo,
aunque sí una disminución en la tasa de crecimiento que se considera normal, ya que
el individuo ha alcanzado, al menos en el antebrazo, dimensiones cercanas a las del
adulto. Además, el peso es afectado por múltiples variables difíciles de controlar,
como son la disponibilidad de alimento, la capacidad de la madre para procesar cada
noche la calidad nutritiva de la leche, la salud de la madre y desde luego la capacidad
metabólica del joven, entre otros (Kunz 1987).
El vuelo exige que los juveniles tengan un esqueleto osificado, que resista la tensión
a la que los huesos están sometidos durante el aleteo, así como desarrollar una buena
coordinación neuromuscular y haber desarrollado la ecolocalización (Kunz 1987). Si
alguna de estas características no se logran después del destete, los juveniles están
condenados a morir, porque la supervivencia depende del vuelo. En L. yerbabuenae
el vuelo inició entre los 15-20 días de edad y está dentro del rango de 2.5 a 4 semanas
que está reportado en otros filostómidos (Kleiman y Davis 1979) y vespertiliónidos
(Hoying y Kunz 1998; Krochmal y Sparks 2007; Liu et al. 2009). El inicio del vuelo
sostenido apareció cinco días antes en los juveniles del 2001 en comparación con
1998, y consideramos es consecuencia de la mayor osificación en la epífisis, el mayor
peso y longitud de antebrazo que siempre mantuvieron durante su trayectoria de
crecimiento. Un caso similar ocurrió en Myotis grisescens, especie en la cual el inicio
del vuelo se presentó nueve días antes en una colonia con una temperatura de 16.4 ºC
en comparación con otra de 13.9 ºC (Tuttle 1975).
A los 30 días de edad todos los individuos recapturados de L. yerbabuenae eran
voladores, excepto dos individuos que no lo hicieron; aunque cinco días después no
los volvimos a encontrar. En los individuos de 30 días de edad la talla relativa del
antebrazo en relación con el adulto fue de 88.02 a 88.28%, algo menor al reportado
para H. larvatus (92.44%), T. tricolor (95%), M. macrodactylus (97.1%) y A. watsoni
(100%) de la misma edad. Asimismo, respecto al peso relativo de los juveniles de
30 días de edad de L. yerbabuenae (55.50 - 58.25%), fue menor al reportado para H.
larvatus (61.42%), Pipistrellus subflavus (68 - 80%), T. tricolor (77%), A. watsoni (80%)
y M. macrodactylus (94.7%; Hoying y Kunz 1998; Chaverri y Kunz 2006; Liu et al.
2009; Lin et al. 2010; Chaverri y Vonhof 2011). Con relación a lo anterior, observamos
que el peso de los jóvenes de 30 días de L. yerbabuenae son menores a los de la
mayoría de las especies.
Desconocemos que factores estén relacionados con este hecho, pero es posible
que la alta capacidad de vuelo de los adultos de L. yerbabuenae, que deben
suspender el vuelo y maniobrar para acercarse a las flores durante su alimentación,
exige que inicien el vuelo lo antes posible (Horner et al. 1998). Los valores de la
constante de crecimiento derivados del modelo logístico obtenidos para la longitud
del antebrazo (0.07 - 0.10) y peso (0.06 - 0.10) de L. yerbabuenae, son comparables a
los reportados para otros filostómidos neotropicales como Artibeus jamaicensis (0.08
CRECIMIENTO Y DESARROLLO DE LEPTONYCTERIS YERBABUENAE
Agradecimientos
A los dos revisores anónimos cuyos comentarios y observaciones permitieron mejorar
sustancialmente el texto original. A M. I. Verona Trejo por su apoyo en la redacción final
del manuscrito. A nuestros compañeros A. X. Hernández Cruz, E. García Hernández y
A. Torres Jiménez por su apoyo en el trabajo de campo. M. Blas y M. Pérez Gutiérrez
apoyaron incondicionalmente nuestra estancia en Tuxtla Gutiérrez.
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[Link] 321
CRECIMIENTO Y DESARROLLO DE LEPTONYCTERIS YERBABUENAE
Introduction: The black rat Rattus rattus is one of the most invasive and harmful mammals in the world. The
species is usually commensal with humans and is distributed throughout the world except in polar regions.
As far as is known, R. rattus has not previously been captured in pristine rainforests in Ecuador. A recent
small mammal survey in the rainforest of Sangay National Park (SNP) revealed the presence of the species in
this important ecosystem, which has been designated a Natural World Heritage Site by UNESCO.
Methodology: Sampling was conducted during six expeditions at four sites in SNP (La Libertad, Sardinayacu,
Zuñac and Tinguichaca). The trapping effort in La Libertad and Zuñac was three days each, and in Tinguichaca
and Sardinayacu six days each, in both the rainy season (February-May) and dry season (July-October). To
capture small terrestrial mammals, 100 traps were used at each site (three nights per visit at two sites and six
nights in the other two sites), with a total sampling effort of 1,800 traps per night.
Results: In April 2012 we captured one male Rattus rattus in Sardinayacu in a trap set 1.5 m above ground
level.
Discussion and conclusion: It is difficult to accurately determine how the rat moved into this pristine forest,
but possibly it traveled along a path used by tourists and rangers that originates in a community 17 Km
away which goes through a secondary forest, pasture and then into the SNP to Sardinayacu. It is possible
that the invasive rat R. rattus, which is common in disturbed environments, may be moving into pristine
environments (Wolf et al, 2005), which would affect native fauna.
Key words: Eastern Mountain System, invasive species, Rattus rattus, Sangay National Park, Subtropical
rainforest.
Resumen
Registramos por primera vez la presencia de la rata invasora Rattus rattus en Sardinayacu,
dentro del Parque Nacional Sangay, al sureste de Ecuador. Esta área protegida presenta
bosque húmedo prístino (alejado de la presencia humana) en la Cordillera Oriental de
Los Andes. La información presentada se basa en un ejemplar recolectado en la localidad
de Sardinayacu, Parque Nacional Sangay y destaca su importancia porque no existen
reportes científicos previos para esta especie en bosques húmedos prístinos. Discutimos
porqué la presencia de Rattus rattus en este importante ecosistema, denominado por la
UNESCO como Patrimonio Natural de la Humanidad, podría causar daños a la fauna
nativa.
1
Museo Ecuatoriano de Ciencias Naturales. División de Mastozoología. Calle Rumipamba 341 y Av. de los Shyris.
Casilla: 17-07-8976. Quito, Ecuador. E-mail: jorgeyakuma@[Link] (JB)
2
Instituto de Ciencias Biológicas, Escuela Politécnica Nacional. Ladrón de Guevara E11-253. Casilla: 17-01-2759.
Quito, Ecuador. E-mail: [Link]@[Link] (ROB)
*
Corresponding author
RATTUS RATTUS EN EL PARQUE NACIONAL SANGAY, ECUADOR
Palabras clave: Bosque húmedo, Cordillera Oriental, especie invasora, Parque Nacional
Sangay, Rattus rattus.
Introducción
La introducción de especies fuera de su hábitat original se remonta a antiguas
civilizaciones y siempre ha acompañado los procesos de colonización (Gutiérrez
2006). Las especies introducidas e invasoras se pueden encontrar a todo nivel, entre
microorganismos, plantas terrestres y acuáticas, invertebrados, anfibios, aves, peces,
mamíferos y reptiles (Feinstein 2004). A nivel mundial, el 90% de las introducciones de
vertebrados y plantas son intencionales, y el restante 10% accidentales (Towsend et al.
2004). En islas oceánicas la extinción de reptiles, aves y roedores endémicos ha sido
atribuida al impacto de las ratas introducidas (Amori y Clout 2002).
La rata invasora Rattus rattus Linnaeus 1785, es originaria de Asia, pero en la
actualidad se encuentra distribuida alrededor de todo el mundo como especie comensal
del hombre (Nowak 1991; Musser y Carleton 2005), excepto en las regiones polares
(Shiels et al. 2013). A Ecuador se presume que llegó entre los siglos XVI o XVII en los
barcos de los conquistadores españoles (Tirira 2007). En el 2001 la Unión Internacional
para la Conservación de la Naturaleza (IUCN por sus siglas en inglés) catalogó a R. rattus
dentro de las 100 especies invasoras más dañinas a nivel mundial y subregionalmente,
entre los países Andinos (Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela), R. rattus se
encuentra dentro de los 30 vertebrados exóticos invasores (Ojasti 2001).
En Ecuador la especie se distribuye en varias islas del Archipiélago de Galápagos
(Dexter et al. 2004); a nivel continental, se encuentra en áreas urbanas y rurales. Hasta
donde se conoce, esta especie no ha sido capturada en el bosque húmedo prístino; no
obstante, se ha registrado en los bordes e interior de bosques secos (Tirira 2007). A
pesar de contar con una amplia literatura sobre el efecto de R. rattus en la biota de las
Islas Galápagos (e. g. Clark 1980, 1981, 1982; Dexter et al. 2004; Harris y MacDonald
2007); se conocen poco sus efectos en el Ecuador continental; tan solo existen registros
de patógenos en poblaciones urbanas y rurales (e. g. Pinto et al. 2003, 2006).
El Parque Nacional Sangay (PNS) es considerado como ecosistema intangible, muy
preciado para la conservación e investigación científica biológica (INEFAN 1998). Se
encuentra ubicado al sureste de Ecuador, cuenta con una superficie de 502,105 ha, un
intervalo altitudinal entre los 1,000 a 5,230 msnm y presenta 10 formaciones vegetales
(INEFAN 1998). Debido a la importancia biológica del PNS, se realizaron varias
expediciones en el año 2012 para estudiar la diversidad y aspectos ecológicos de los
mamíferos pequeños terrestres. Los muestreos se realizaron durante seis expediciones
en cuatro sitios (La Libertad, Sardinayacu, Zuñac y Tinguichaca). El esfuerzo de trampeo
en La Libertad y Zuñac fue de tres días en cada uno, y en Sardinayacu y Tinguichaca
fue de seis días en cada uno, tanto en época de lluvia (febrero-mayo) como en época
seca (julio-octubre). El registro de la rata invasora R. rattus dentro de este importante
ecosistema motivó la realización del presente estudio.
El registro de la especie proviene de Sardinayacu en el interior del PNS, cantón Morona,
provincia de Morona Santiago (-2.0666ºS, -78.2166º W, a 1,776 msnm), ubicado de
ocho a diez horas de camino a pie (aprox. 17 km) del poblado más cercano, Playas de
San Luis. El área se caracteriza por presentar un bosque maduro dominado por árboles
de romerillo Prumnopitys montana y palma real Dictyocaryum lamarckianum.
Para la captura de los pequeños mamíferos terrestres en el PNS se usaron 100 trampas
Sherman cebadas con avena por noche en cada sitio (tres noches por visita en dos sitios
y seis noches en otros dos sitios), y se ubicaron sobre el suelo y a 2 m del mismo (en
troncos horizontales). El esfuerzo total de muestreo fue de 1,800 trampas/noche.
El 19 de abril de 2012 se capturó un ejemplar de R. rattus a 1.5 m sobre el nivel
del suelo. Este ejemplar era un macho y presentaba testículos abdominales. Las
características morfológicas del individuo colectado fueron las siguientes: largo total
385 mm; largo de la cola 200 mm; peso 124 g; pelaje largo y grueso, poco denso; dorso
gris oscuro, con los pelos de guardia que sobresalen; región ventral gris blancuzco;
vibrisas gruesas, largas y cortas, alcanzan los hombros (Fig. 1). Las principales medidas
craneales fueron las siguientes: longitud cóndilo incisivo 38 mm; longitud serie molar
superior 6.6 mm; anchura caja craneana 16.6 mm; anchura bicigomática 19.4 mm;
anchura interorbitaria mínima 6.1 mm; longitud del rostro 6.7 mm.
Los rasgos craneales más sobresalientes del individuo fueron los siguientes: primer
molar superior (M1) presenta unas hendiduras externas en la primera fila de cúspides, y
la longitud del parietal medida a lo largo del borde temporal es menor que la distancia
entre los bordes temporales; éstas características distinguen a esta especie de R.
norvegicus (Hall y Kelson 1959). La piel y el esqueleto de este espécimen (MEPN-12195)
se depositaron en la sección de mastozoología del Instituto de Ciencias Biológicas de
la Escuela Politécnica Nacional, Quito, Ecuador. Fue registrado en simpatría con las
siguientes especies nativas de roedores cricétidos: Chilomys instans, Oreoryzomys
balneator, Rhipidomys sp., e Hylaeamys tatei, ésta última es endémica de Ecuador
(Musser et al. 1998).
En los ecosistemas insulares a nivel mundial, R. rattus es considerado como el roedor
invasor más perjudicial (Ruffino et al. 2009; Traveset et al. 2009; Banks y Hughes 2012).
Varios autores han identificado a las ratas del género Rattus, como uno de los principales
factores de riesgo para las poblaciones de aves acuáticas de islas del noroeste de Baja
California y del Golfo de California en donde han sido introducidas (Mellink 1992;
Velarde y Anderson 1994; McChesney y Tershy 1998). En América del Sur existen casos
puntales sobre el efecto de roedores introducidos en especies nativas; por ejemplo, en
Argentina documentan que Rattus es depredador del ratón topo Chelemys macronyx
(Shepherd y Rebecca 2012); mientras que en Chile estas ratas son depredadoras de aves
terrestres (Jaksic 1998), y además atacan a huevos y aves en graneros, sugiriendo que lo
mismo podría suceder en ambientes naturales (Lobos et al. 2005).
Las ratas, tanto en ambientes insulares, como en regiones continentales, pueden llegar
a ser competidoras importantes de varias especies de pequeños mamíferos; asimismo, han
sido identificadas como portadoras de numerosas enfermedades y parásitos transmisibles
a la fauna nativa e incluso al ser humano (Álvarez-Romero y Medellín 2005; Harris y
MacDonald 2007; Shiels et al. 2013). Además, son los principales causantes del mayor
número de disminuciones o extinciones de la biota endémica en regiones insulares
(Towns et al. 2006). La erradicación de ratas en ambientes insulares es factible, en las
que es más difícil mantener poblaciones viables (Bertram y Nagorsen 1995), mientras
[Link] 325
RATTUS RATTUS EN EL PARQUE NACIONAL SANGAY, ECUADOR
que en ecosistemas como los bosques húmedos continentales la erradicación sería muy
difícil, puesto que las técnicas empleadas (e. g. cebos envenenados) podrían afectar a la
fauna nativa.
Agradecimientos
De manera especial a V. León, responsable del Parque Nacional Sangay, zona baja,
por su valiosa colaboración con la logística para todas las expediciones. G. Pozo y
M. Sharup (Churuwia) colaboraron en la fase de campo. Nuestro reconocimiento a
W. R. Teska de la Universidad Luterana del Pacífico quien generosamente nos facilitó
las trampas Sherman. C. M. Pinto, A. Arguero, P. Moreno, C. Lorenzo y dos revisores
anónimos aportaron sus valiosos comentarios para el fortalecimiento de este estudio.
La investigación fue realizada gracias a una beca concedida a ROB por la comisión
Fulbright. Al Ministerio del Ambiente de Morona Santiago por otorgar el permiso de
investigación N°. 04-2012-I-B-DPMS/MAE.
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[Link] 329
Potential distribution of the coati THERYA, abril, 2014
(Nasua narica) in northeastern Mexico: Vol.5(1): 331-345
conservation implications DOI: 10.12933/therya-14-195
Introduction: From different ecological approaches, the coati (Nasua narica) is an important procyonid. Its
distribution extends from southern of the United States to Colombia. IUCN (2013) considered it as Least
Concern, but in Mexico is not considered under any category of protection due to its wide distribution.
Despite this, there is poor knowledge about their population status and current distribution, especially in
the northeastern region of the country, where in the last 30 years there have been important changes in land
use. The landscape variability that establishes the limit of physiographic subprovinces (PSP) has implications
for the availability and quality of habitat for many species, and so this criterion was used. The objective of
this study was to estimate the coati potential distribution in four physiographic subprovinces in Northeastern
Mexico.
Methodology: This study was conducted in northeastern Mexico, on the PSP: Gran Sierra Plegada (GSP),
Carso Huasteco (CH); Llanuras y Lomeríos (LL) and Llanura Costera Tamaulipeca (LCT). From estimates
the potential distribution was used historical and recent records and 26 predictive variables. The records
were obtained from online base dates and articles, and field wok from 2006-2012. This information was
analyzed with Maxent algorithm version 3.3.3k (Phillips 2013), obtaining binary maps (presence-absence)
using ArcMap 9.3 (ESRI 2006). The potential distribution, as a percentage of the total area, was calculated.
Results: We used 110 historical and recent records. Of these, 39 were obtained from databases and 71
fieldwork. The receiver operating characteristic (ROC) analysis showed a value of area under the curve (AUC)
of 0.966 ± 0.005. Precipitation, vegetation type, vegetation cover, altitude, slope and temperature were the
most relevant variables in explaining the potential distribution model we obtained, with contribution of 70%
(Table 2). The potential distribution of coati covers 19.56% of the study area. The greatest distribution areas
were found in the PSP’s: GSP and CH, followed by LL and LCT.
Discussion and conclusions: Coati records for northeastern Mexico were found within a wide range of
environmental conditions. Historical records obtained from databases are useful for the modeling of potential
distribution, but it is essential to include current records (Pliscoff and Fuentes-Castillo 2011). According
to ROC analysis, the model provided a good prediction. The environmental variables that explained the
potential of coati distribution are similar to those mentioned in various studies as it is a species adapted to
a wide range of altitude, temperature and precipitation. The PSP, GSP and CH met continuity of potential
distribution. Despite this, the feasible area for the potential distribution of this species is greatly reduced,
and the landscape in general was very fragmented. This fragmentation is a risk for long term viability of
coati populations in Northeastern Mexico. It is proposed to establish management plans that combine
agricultural production with elements that allow the distribution of this and other species, such as the
planting of economic forests, as fruit orchards or timber.
1
Instituto Tecnológico Superior de Irapuato. Carretera Irapuato – Silao, km. 12.5, Irapuato 36821. Guanajuato, México.
E-mail: rocio.es25@[Link] (CRE-G).
2
Colegio de Postgraduados, Campus San Luis Potosí. Iturbide 73, Salinas de Hidalgo 78622, San Luis Potosí, México.
E-mail: biologo99mx@[Link] (JMM-C), jpalacio@[Link] (JP-N), anuarhernandez@[Link] (ADH-S).
*Corresponding author
DISTRIBUCIÓN POTENCIAL COATÍ
Key words: Adaptability, connectivity, habitat fragmentation, habitat patches, land use changes, medium-
sized mammals.
Resumen
El coatí (Nasua narica) es un prociónido importante desde diferentes enfoques
ecológicos. El objetivo del presente estudio fue estimar su distribución potencial en
cuatro subprovincias fisiográficas (SPF) en el noreste de México. Se usaron 110 registros
entre históricos y recientes, y el algoritmo Maxent con 26 variables predictivas. La
precipitación, tipo y cobertura vegetal, altitud, pendiente y temperatura fueron las
variables más relevantes para explicar el modelo de distribución potencial resultante. La
mayor distribución potencial se encontró en las SPF Gran Sierra Plegada y Carso Huasteco,
seguidas por Llanuras y Lomeríos y, finalmente por la Llanura Costera Tamaulipeca. En
las dos primeras SPF se encontraron zonas con continuidad de distribución potencial,
pero el paisaje en general se encontró muy fragmentado, lo cual pone en riesgo la
viabilidad de la especie en la zona estudiada a largo plazo.
Introducción
El coatí o tejón (Nasua narica) es una de las siete especies de prociónidos presentes en
México (Ramírez-Pulido et al. 2005; Ceballos y Arroyo-Cabrales 2012). Es un mamífero
de talla mediana, de hábitos gregarios con manadas compuestas por hembras adultas y
sus crías, mientras los machos adultos son solitarios (Valenzuela 2005). Su alimentación
es omnívora; consume principalmente frutas e insectos, y en menor cantidad vertebrados
pequeños (Gompper 1995; Valenzuela 1998). Es un importante dispersor de semillas
(Russell 1982; Sáenz 1994) y forma parte de la dieta de los grandes depredadores
tropicales como el puma y el jaguar (Núñez et al. 2000; Oliveira 2002; Weckel et al.
2006; Hernández-SaintMartín en prensa).
La distribución de N. narica se localiza en la región Neártica y Neotropical, desde el
sur de Estados Unidos de América hasta Colombia (Gompper 1995; Samudio et al. 2008).
Habita desde el nivel del mar hasta 3,500 m (Wilson y Reeder 2005) en hábitats boscosos
templados y tropicales y, ocasionalmente en desiertos y sabanas (Gompper 1995). A
nivel internacional, está considerado por la IUCN (2013) como preocupación menor
(least concern). En México no se le considera bajo ninguna categoría de protección,
debido a su amplia distribución, que incluye todos los estados, con excepción de la
península de Baja California y las porciones más secas de la Altiplanicie Mexicana
(Godínez-Navarro et al. 2008). Existe poca información sobre su estado poblacional,
sobre todo para la porción noreste de México. Samudio et al. (2008) informan que
probablemente sus poblaciones han decrecido o se han extirpado en ciertas regiones,
debido principalmente a la pérdida y fragmentación de su hábitat, a la cacería ilegal y a
las campañas de control de depredadores (e. g. Kaufmann et al. 1976).
En la actualidad, es común el uso de algoritmos para modelar la distribución potencial
de las especies, que se basan en observaciones de campo y una serie de variables que
actúan como predictores. El programa informático Maxent es un algoritmo robusto que
modela la distribución potencial de especies por medio de la relación entre los puntos
de presencia conocidos y las variables ambientales incluidas en el modelo (Phillips et al.
2006). A partir de esta relación, el algoritmo extrapola la presencia de la especie a las
áreas donde no se cuenta con registros (Lindenmayer et al. 1991). El programa además
estima la importancia de cada variable en la distribución de la especie y el modelo
generado se valida con el área bajo la curva (AUC), derivada de la curva operada por
el receptor (ROC), las cuales están implementadas en el software (Phillips et al. 2006).
El noreste de México ha tenido cambios en el uso de suelo, en particular en los últimos
30 años (Reyes-Hernández et al. 2007), por lo que la distribución actual de especies
como el coatí en esta región no es muy bien conocida lo que complica la creación de
planes efectivos de conservación. Solo existe un estudio sobre la distribución potencial
coatí para México (Ceballos et al. 2006). Dicho estudio se realizó a una escala a nivel
de país, y muestra a toda la región noreste como de mayor posibilidad de encontrar
las condiciones favorables para la ocurrencia de esta especie. Es importante realizar
estudios a una escala regional, incluyendo datos de presencia actuales. El presente
trabajo se realizó con el objetivo de estimar la distribución potencial de esta especie en
el noreste de México, mediante el modelado con base en registros históricos y recientes,
que a su vez puedan servir de base para futuros planes de manejo en esta región.
Material
y Métodos
Descripción del área de estudio. Este estudio se realizó en el noreste de México; que
comprende el sur de Tamaulipas, el este de San Luis Potosí, el noreste de Querétaro,
el noreste de Guanajuato, y en la porción norte de los estados de Hidalgo, Veracruz y
Puebla (Fig. 1). La topografía de esta área va de muy escabrosa a ondulada y plana, con
una serie de condiciones climáticas tropicales húmedas y sub-húmedas. La altitud varía
de 0 a 2,300 msnm y la precipitación anual varia de 600 a 2,500 mm (INEGI 2011).
Las condiciones fisiográficas en el área de estudio son muy heterogéneas. Para
definir mejor esta diversidad paisajística, se usó el criterio de provincias y subprovincias
fisiográficas (SPF), las cuales se delimitan en función de su fluctuación topográfica y
de la relación que esto tiene con el clima y con los tipos de vegetación (Cervantes-
Zamora et al. 1990). Con esta base, se incluyeron parcialmente a las provincias Sierra
Madre Oriental y Llanura Costera del Golfo Norte, con la extensión total o parcial de
dos subprovincias fisiográficas en cada una. La primera incluyó las SPF: Gran Sierra
Plegada (GSP; 14,468 km2) y Carso Huasteco (CH; 21,731 km2); mientras que la segunda
consideró parcialmente a Llanuras y Lomeríos (LL; 45,231 km2) y Llanura Costera de
Tamaulipeca (LCT; 1,588 km2). El área total considerada es de 83,016 km2. En la Figura 1
se muestran los límites estatales, así como la delimitación de las cuatro SPF consideradas
en el presente estudio, y los sitios donde se ubican los registros del coatí, tanto históricos
como recientes, que serán descritos más adelante.
Los tipos de vegetación en el área, determinada de la información de INEGI (2005)
son: 1) antrópica, presente en áreas agrícolas o de vegetación inducida; 2) seca,
compuesta por pastizal, matorral desértico, mezquital o vegetación halófita; 3) templada,
compuesta por bosques, donde aparece el mesófilo de montaña, de pino, de encino, y
sus asociaciones; 4) tropical seca, que incluye a los matorrales submontano y espinoso
tamaulipeco, así como a las selvas bajas; 5) tropical húmeda, que comprende a las
[Link] 333
DISTRIBUCIÓN POTENCIAL COATÍ
[Link] 335
DISTRIBUCIÓN POTENCIAL COATÍ
por medio de las curvas ROC (e. g. Contreras-Medina et al. 2010), donde los valores de
AUC cercanos a 1 demuestran que se trata de una buena predicción del modelo (Araujo
y Guisan 2006).
Tabla 1. Porcentajes de
Subprovincia fisiográfica los tipos de vegetación
Tipo de vegetación CH GSP LL LCT presentes en la porción
de cada SPF incluida en
Vegetación antrópica 32.52 46.18 50.87 55.94 el área de estudio.
Resultados
Se obtuvo un total de 110 registros de presencia de coatí para el noreste de México en
108 localidades, con distancia variable entre ellas (de 2 a aproximadamente 80 km),
de los cuales 30 se adjudicaron a históricos y 80 a recientes. Sobre la procedencia de
los registros, 21 resultaron de bases de datos de CONABIO, 11 de GBIF, 6 de UNIBIO,
1 de un artículo publicado y, finalmente, 71 resultaron del trabajo propio realizado en
el área de estudio. Los registros históricos fueron: 10 avistamientos, 16 especímenes
preservados en colecciones científicas y cuatro en los que no especifican el tipo de
evidencia. Una observación final fue que, al analizar los puntos en la cartografía, se
observó que el 53.33% de los registros históricos actualmente estaban localizados en
áreas modificadas por actividades humanas, lo que sugiere cambios en el uso del suelo
posteriores al año 2001; el resto se ubicaron en vegetación tropical seca (10.83%),
tropical húmeda (19.17%) y vegetación templada (16.67%).
En cuanto a los registros recientes, 7 se obtuvieron de base de datos: de estos, 2
fueron avistamientos y 5 obtenidos por fototrampeo. El único registro obtenido por
artículo (Vargas-Contreras y Hernández-Huerta 2001) no especifica qué tipo de
evidencia obtuvo. Los registros propios fueron 49 por fototrampeo, 19 por huella, 6 por
avistamiento, 2 animales muertos en campo, 2 por entrevista y 2 por evidencia física
en propiedad de los entrevistados (1 piel y 1 cráneo). Estos registros se localizaron en
vegetación tropical húmeda (45.86%) y tropical seca (27.89%), seguido de antrópica
(16.25%) y de vegetación templada (10%). No se apreciaron sesgos en la cantidad de
registros en relación a las zonas con mayor número de pobladores humanos.
De acuerdo con el análisis de la curva ROC, el modelo presentó una buena predicción
(AUC = 0.966 ± 0.005). Cinco variables de precipitación, cuatro de temperatura, dos de
vegetación y dos derivadas del modelo digital de elevación, fueron las que contribuyeron
con el 70% para la generación de este modelo promedio (Tabla 2). Referente a la
distribución potencial del coatí, abarcó 16,238 km2 (19.56%) del área de estudio.
Respecto al porcentaje total para las SPF, en GSP hubo una probabilidad de presencia
en 39.38% de su extensión, para CH fue 28.18%, para LL fue 17.76 y 14.68% para
LCT. En el noreste de México existen zonas con las condiciones apropiadas para la
distribución de la especie, pero esas porciones están aisladas en parches de mayor
o menor tamaño (Fig. 2). Las tres reservas de la biosfera ubicadas en esta región (El
Cielo, Tamaulipas, Sierra del Abra-Tanchipa, San Luis Potosí y Sierra Gorda, Querétaro)
presentaron áreas de distribución potencial.
Tabla 2. Porcentaje de
contribución relativa Variable Contribución (%)
de las variables más
importantes para el Precipitación del cuatrimestre más caliente 17.2
modelo de distribución
Tipo de vegetación 12.3
potencial del coatí,
Nasua narica en el Precipitación estacional 8.2
noroeste de México.
Cobertura vegetal 6.6
Altitud 4.0
Pendiente 3.8
Discusión
La recopilación de registros depositados en diversas bases de datos es útil para la
realización de modelos de distribución potencial. Sin embargo, los cambios en el uso
del suelo en las localidades incluidas pueden generar sesgos, por lo cual es fundamental
incluir registros actuales (Pliscoff y Fuentes-Castillo 2011; Frey et al. 2013), que permitan
modelos más robustos y con menos errores. De hecho, en este trabajo, más de la mitad
de registros históricos se localizaron en sitios donde hubo cambios en el uso del suelo
(INEGI 2005) posteriores a la fecha de los registros. Este detalle fue observado ya al final
del proceso, y el posible sesgo de este 14.5% de los datos no fue corregido. Este tipo de
sesgo está presente en otros trabajos basados en un porcentaje mucho mayor de registros
históricos. Así, en comparación con el mapa de distribución potencial para el coatí
realizado por Ceballos et al. (2006), con base en 272 registros para todo México (sin
especificar la procedencia), los resultados son totalmente diferentes. En dicho estudio se
muestra que en el noreste del país existe el máximo valor de probabilidad de presencia
[Link] 337
DISTRIBUCIÓN POTENCIAL COATÍ
de la especie, lo cual no ocurre con los resultados de este estudio. Es posible que la
principal diferencia sea la escala del análisis y la cantidad de registros con los que se
generó el modelo. Se ha demostrado que el uso de pocos registros en Maxent ocasionan
una sobre-predicción en los modelos generados (Pearson et al. 2007). Por lo tanto, al
aumentar el número de registros se puede mejorar la eficacia del modelo (Frey et al.
2013). En el presente estudio hubo una mayor densidad de registros para el noreste de
México que el usado por Ceballos et al. (2006) en la modelación de todo el país.
Figura 2. Modelo de
distribución potencial del
coatí, Nasua narica en el
noreste de México, donde
el color gris obscuro
muestra los sitios con alta
probabilidad de presencia.
El gris claro muestra
las porciones donde la
distribución potencial no
fue detectada, o no la hay.
Abreviaturas: GSP = Gran
Sierra Plegada, CH = Carso
Huasteco, LL = Llanuras y
Lomeríos, LCT = Llanura
Costera Tamaulipeca.
[Link] 339
DISTRIBUCIÓN POTENCIAL COATÍ
1995; Wolff 1999; Buza et al. 2000; Nupp y Swihart 2000; Gehring y Swihart 2004),
así como por la disposición de los elementos espaciales (Gehring 2000).
Algunos estudios sugieren que incluso animales extremadamente móviles pueden
evitar pasar a través de hábitat alterados (Smallwood 1994; Machtans et al. 1996). Por
esto, si hay interrupción en la conectividad entre dos o más pequeñas poblaciones,
se puede llegar a una extinción local (Beier 1993). Esto no es una excepción para el
coatí, cuyas poblaciones se han reducido en algunos lugares desde hace décadas por la
pérdida de su hábitat (Glatston 1994; Gompper 1995; Samudio et al. 2008). Por esto,
un paisaje fragmentado no garantiza su viabilidad a mediano y largo plazo. Por lo tanto,
las zonas contiguas entre la porción sur de GSP, con un fragmento al oeste de LL, y con
el norte de CH, así como la zona noreste de LL (ver Fig. 2) se proponen como las más
importantes por mantener una distribución continua, que de este modo puede permitir
la conservación de Nasua narica en el noreste de México. En general, para mitigar
efectos de fragmentación, la plantación de bosques útiles (frutales o maderables) más
que la producción de cultivos anuales, con especies no necesariamente nativas, puede
proporcionar hábitat adecuado para especies adaptables (Martin et al. 2012) como el
coatí. Esta estrategia es acorde con tipos de uso de suelo antrópico en esta parte del país
(Jiménez et al. 2004), y su incremento puede beneficiar tanto a la economía local como
a algunas especies de fauna silvestre, entre ellas al coatí.
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New records of fleas on Virginia opossums THERYA, abril, 2014
Didelphis virginiana (Kerr 1792) in Queretaro, Vol.5(1):347-353
Mexico DOI: 10.12933/therya-14-187
Introduction: The opossum Didelphis virginiana (Kerr 1792) is one of the eight species of marsupials that live
in the northern region of America and is widely distributed in Mexico. There is a large literature in North
America of studies on this species, including its ectoparasites. But in Mexico studies are scarce, and so we
decided to investigate the opossum ectoparasite species richness in a suburban landscape in Querétaro,
México.
Methods: During January to May of 2010, we used 12 tomahawk traps to capture opossums. Each animal
was immobilized with tiletilamina, and during recumbence we examined the opossums for ectoparasites.
Fleas were collected in vials with 70% alcohol, then dehydrataded in 100% alcohol, and clarified with lactic
acid for further identification.
Results: We found four flea species on the trapped opossums (n = 26), 14 males, 12 females. The species
were Ctenocephalides felis, Euhoplopsyllus glacialis affinnis, Polygenis martinezbaezi and Polygenis sp. Two
of these species are considered as new records for this marsupial host in Mexico, although these species
have been recorded previously in this species in the United States and in other marsupial species in Mexico.
Discussion: These fleas are new records for the Mexican opossum parasite fauna. This study, although
initially didactic, reveals relevant information about the flea species richness on opossums in fragmented
habitats in a suburban landscape in Querétaro. Because fleas have potential as disease and parasite vectors,
this new information may be helpful in assessing their effects on human and wildlife health.
Resumen
El tlacuache Didelphis virginiana (Kerr 1792) es una de las ocho especies de marsupiales
que habitan en la región norte del continente americano y se encuentra ampliamente
distribuida en México. Se han realizado una gran variedad de trabajos sobre esta especie,
entre ellos el estudio de los ectoparásitos de estos marsupiales a lo largo de América. En
un ejercicio académico sobre la estimación poblacional de D. virginiana en el Campus
1
Cuerpo Académico de Ecología y Diversidad Faunística. Facultad de Ciencias Naturales. Universidad Autónoma de
Querétaro, Santiago de Querétaro 76230, Querétaro, México. E-mail: [Link]@[Link] (NHC) y rjones@uaq.
mx (RWJ)
2
Cuerpo Académico de Biología y Aprovechamiento de la Flora y Microorganismos. Facultad de Ciencias Naturales.
Universidad Autónoma de Querétaro, Santiago de Querétaro 76230, Querétaro, México. E-mail: vpinedas@[Link].
mx (SVP)
3
Museo de Zoología, Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México, Apartado Postal 70-399, Distrito
Federal 04510, México. E-mail: roxana_a2003@[Link] (RAG)
*Corresponding autor.
PULGAS DE TLACUACHES
Introducción
El tlacuache Didelphis virginiana (Kerr 1792) es una de las ocho especies de marsupiales
que habitan en la región norte de América y se encuentra ampliamente distribuida en
México (McManus 1974 y Ceballos et al. 1998). Debido a sus características biológicas
y ubicuidad, se han realizado una gran variedad de estudios sobre esta especie, entre
los que resaltan los registros de la parasitofauna de este marsupial a lo largo de más
de 70 años, lo que ha permitido el registro de 38 especies de helmintos endoparásitos
(García-Prieto et al. 2012) mientras que la información sobre los ectoparásitos de los
didélfidos para el país ha comenzado a incrementarse en los últimos años (Morrone y
Gutiérrez 2005; Whitaker y Morales-Malacara 2005; Whitaker et al. 2007 y Guzmán-
Cornejo et al. 2012) tanto en ambientes naturales como en aquellos dentro de las
ciudades o que rodean a éstas, como son los paisajes suburbanos, los cuales, en
los últimos años han sido reconocidos por su potencial para albergar comunidades
biológicas diversas pese a la constante presión del crecimiento demográfico (Forman
y Godron 1986 y Davies et al. 2001).
Un ejemplo de este tipo de paisaje suburbano es el que se puede encontrar en el
Campus Juriquilla de la Universidad Autónoma de Querétaro (CJUAQ), localizado
13 kilómetros al norte de la Ciudad de Santiago de Querétaro, en la Delegación de
Santa Rosa Jáuregui. El proceso de urbanización de la zona se ha acelerado en los
últimos cinco años, sin embargo, alrededor de las instalaciones del CJUAQ todavía
existen fragmentos relativamente grandes de hábitat original (selva baja caducifolia) y
de vegetación secundaria que sirven de hábitat a varias especies de mamíferos. Por
observación directa, se ha podido determinar la presencia de Didelphis virginiana,
Spilogale putorius, Urocyon cinereoargenteus, Bassariscus astutus, Otospermophilus
variegatus, Silvilagus floridanus, Liomys irroratus y Peromyscus spp.; algunas de estas
especies se les considera como generalistas ecológicos debido a que pueden sobrevivir
en ambientes con un determinado grado de perturbación y presencia humana,
como es el caso de U. cinereoargenteus (Harrison 1997; Buskirk 1999; Sunquist y
Sunquist 2001; Gehring y Swihart 2003 y Hernández-Camacho y López-González
2009) o D. virginiana (McManus 1974), sin embargo, el crecimiento del campus
como consecuencia del incremento de la matrícula estudiantil de las facultades que
se ubican en dicho espacio, permitió considerar estas condiciones adecuadas para
ejemplificar un caso de estudio con fines didácticos, sobre el efecto de las actividades
humanas en las poblaciones de mamíferos silvestres, a partir de dicho estudio, se
recabaron una serie de datos, entre ellos la riqueza de ectoparásitos de esta especie
de marsupial dentro del CJUAQ. Por lo tanto, se consideró explorar este aspecto en
el estudio, así que, el objetivo de este trabajo en particular, fue conocer la riqueza de
ectoparásitos de Didelphis virginiana en un paisaje suburbano sometido a distintas
presiones ecológicas como consecuencia de actividades humanas en el Campus
Juriquilla de la Universidad Autónoma de Querétaro.
Material
y Métodos
El Campus Juriquilla de la Universidad Autónoma de Querétaro (CJUAQ) cuenta con
un área de 1.4 km2, de los cuales el 50% es selva baja caducifolia perturbada del cual
se cuenta con un listado florístico de más de 120 especies (comm. pers. Martínez y
Díaz de Salas 2012), el CJUAQ está rodeado por vías de comunicación importantes y
se localiza en un área de contraste social ya que al norte colinda con una de las áreas
residenciales con mayor plusvalía de la ciudad mientras que al este, se encuentra un
área rural en desarrollo (comunidad de Rancho Largo).
Durante los meses de enero a mayo de 2010, se realizaron cinco periodos de
trampeo de tres noches durante la primera semana de cada mes, se utilizaron 12 trampas
tomahawk modelo 109.5 (107 x 31 x 31cm) (Tomahawk Live Trap Co.), separadas 50
m entre sí según lo permitiera el terreno y las obras de construcción; se utilizó como
carnada una mezcla de sardina, alimento para gatos, cebolla y plátano; las trampas
fueron activadas a partir del anochecer y fueron revisadas e inactivadas durante las
primeras horas de la mañana; en caso de haber capturado algún animal, se transportó
al laboratorio de Zoología para su manejo. Para la contención química, se utilizó
Tiletamina, la dosis dependió del peso del animal (10 mg/kg) el cual se determinó
por observación directa y se le administró intramuscularmente en los cuartos traseros.
Una vez que la dosis hizo efecto, el animal fue colocado en posición recumbente y
se procedió a la revisión de su estado físico (temperatura corporal, tasa de respiración
y cardiaca) y a la toma de datos merísticos (longitudes del cuerpo, cola, oreja y pata
derechas), peso, sexo y estimación de la edad por medio del esmalte dental (coloración
de la dentadura y retraimiento de las encías).
Una vez que los animales se recuperaron de la anestesia, fueron liberados en la
misma área donde fueron capturados. La captura y manejo de los animales se realizó
siguiendo las consideraciones bioéticas reglamentarias sugeridas por The American
Society of Mammalogists (Sikes et al. 2011).
Durante la etapa de recumbencia, el pelaje de los marsupiales fue revisado a
contrapelo manualmente, los ectoparásitos fueron colectados con ayuda de pinzas y se
fijaron con alcohol al 70% en un frasco con su etiqueta correspondiente por hospedero.
Para el proceso de identificación, los parásitos fueron deshidratados inicialmente
en alcohol etílico absoluto y posteriormente transparentados en concentraciones
sucesivas de ácido láctico (25 al 100%) hasta su montaje permanente con bálsamo de
Canadá, la identificación se llevó a cabo por medio de literatura especializada (Acosta
y Morrone 2003 y Durden y Hinkle 2009).
[Link] 349
PULGAS DE TLACUACHES
Resultados
Durante este estudio, se capturaron 26 tlacuaches, 14 machos, 12 hembras; de los
cuales el 50% del total de la muestra (n = 13) presentó ectoparásitos de las especies
Ctenocephalides felis y Euhoplopsyllus glacialis affinnis de la familia Pulicidae y a
Polygenis martinezbaezi y Polygenis sp. de la familia Rhoplopsyllidae, con un rango de
infestación de 1 a 3 especies, siendo Ctenocephalides felis y Polygenis martinezbaezi las
que presentaron la mayor prevalencia, 34.61 y 26.92% respectivamente, para toda la
muestra. Con respecto a cada una de las especies de parásitos, se observa una mayor
prevalencia en los machos que en las hembras, C. felis se registró en cinco de los 14
machos (35.71%) a diferencia de las hembras, en donde fue registrada en cuatro de las
12 hembras (33.3%), para P. martinezbaezi los machos están presentes un 28.57% (n
= 4) mientras que las hembras en un 25% (n = 3). Polygenis sp. fue registrada en dos
machos (14.28%), desafortunadamente el proceso de montaje dañó a los ejemplares y
no fue posible lograr la identificación a nivel de especie; Euhoplopsyllus glacialis affinnis
se encontró en un macho (7.14%). Las preparaciones de las cuatro especies de pulgas
fueron donadas a la Colección de Siphonaptera del Museo de Zoología de la Facultad
de Ciencias Universidad Nacional Autónoma de México con el número de registros
sucesivo SIPHO-08816 al SIPHO-08819.
Discusión
La presencia de dos de las cuatro especies de pulgas (Euhoplopsyllus glacialis affinnis y
Polygenis martinezbaezi) en Didelphis virginiana son nuevos registro para este marsupial
en México, aunque estas especies de pulgas han sido registradas previamente en esta
especie de hospedero en estudios realizados en Estados Unidos (Mohr y Morlan 1958;
Whitaker et al. 1977 y Hopkins 1980) y en otras especies de marsupiales como Tlacuatzin
canescens (Whitaker y Morales-Malacara 2005 y Guzmán-Cornejo et al. 2012). Especies
de los géneros Ctenocephalides y Polygenis han sido registradas previamente en D.
virginiania, Eckerlin (2011) identificó a C. canis como una de las pulgas más frecuentes
en este marsupial en el estado de Virginia, Estados Unidos. Por otro lado, Pung et al.
(1994) encontraron a Polygenis gwyni (C. fox) sobre el mismo marsupial en el estado de
Georgia, mientras que un estudio en São Paulo, Brasil, fue registrada sobre Didelphis
aurita y D. albiventris (Horta et al. 2007). Para México, la pulga Polygenis martinezbaezi
fue registrada sobre Didelphis marsupialis en el estado de Michoacán, mientras que
el género Euhoplopsyllus no se había asociado a D. virginiana, sin embargo, se le ha
encontrado en ardillas (Otospermophilus variegatus y Xerospermophilus spilosoma),
conejos del género Sylvilagus y roedores de las especies Neotoma albigula, Peromyscus
boylii y Cynomys gunnisoni según lo reportado por Ford et al. (2004). De los huéspedes
mencionados, algunos de estos cohabitan con los tlacuaches en la zona de estudio
como es el caso de O. variegatus o de Sylvilagus floridanus. La presencia de estas
especies de pulgas en D. virginiana puede ser una consecuencia del uso de madrigueras
de otros animales, dicha actividad se considera como una estrategia de protección contra
depredadores potenciales, principalmente de parte de las hembras con crías (McManus
1974) así como a la presencia de perros ferales en las cercanías del campus, con los
cuales los tlacuaches pudieran llegar a tener contacto.
Agradecimientos
La primera autora desea agradecer al responsable del laboratorio de Zoología del
Cuerpo Académico de Ecología y Diversidad Faunística (CALG, 2009-2012) por las
facilidades otorgadas para la contención y manejo de los marsupiales capturados así
como a la generación 2007 de la Licenciatura en Biología de la Universidad Autónoma
de Querétaro por su entusiasmo y colaboración en la realización del estudio.
[Link] 351
PULGAS DE TLACUACHES
Literatura citada
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their contribution to seed dispersal on the coast of Vol.5(1): 355-363
Oaxaca, Mexico DOI: 10.12933/therya-14-143
Introduction: An important number of mammals of the order Carnivora are opportunists that consume
primarily small mammals, although they can amplify their diet with other larger vertebrates and arthropods.
Fruits have also been reported in the diet of some carnivores; however, their role as agents of seed dispersal
has not been well documented thus far. In this study we analyzed the diet of the grey fox in tropical deciduous
forest in the state of Oaxaca throughout the annual seasons, establishing composition and seasonal variation,
and determined if seed ingestion contributed to seed dispersal, and therefore favoring germination.
Methods: A total of 75 fresh grey fox feces were identified and quantified to determine composition and
number of seeds at the Jardín Botánico Regional Puerto Escondido (JBPE) in the coastal region of Oaxaca,
Mexico. Identification and quantification of feces composition was based on a presence/absence analysis
and then establish frequencies and percentages of food categories, and proportion and germination speed
of ingested seeds.
Results: Food categories reported in feces were as follow: seeds in 56 of 75 feces representing 74.67%,
vertebrates in 45 feces (60%) and invertebrates in 40 feces representing 53.33%. Diet variation was observed
by season and by moth, and trophic niche breath varied significantly between seasons (Fig. 1). Identified
seeds belonged to seven species. Additionally, germination percentages of the seeds of these species through
endozoochory were higher than those obtained from the control seeds (Table 1).
Discussion and conclusion: The grey fox is a legitimate seed disperser that consequently generates a positive
effect on rates and speed of germination of the utilized species. Furthermore, seasonal variation of seed
presence observed in feces is influenced by availability of these seeds in the environment; which puts on
evidence the high level of adaptability by this carnivore.
Key words: Niche breath, disperser, diet, opportunist, germination percentage, seasonal variation.
Resumen
Un número importante de mamíferos del Orden Carnívora son oportunistas que
consumen principalmente mamíferos pequeños, aunque pueden diversificar su dieta
con otros vertebrados y artrópodos. En la dieta de algunos carnívoros se ha registrado
un alto consumo de frutos, sin embargo su papel como agentes dispersores no está
bien documentado. En este estudio se analizó la dieta de la zorra gris en las selvas
1
Licenciatura en Biología. Universidad del Mar, Campus Puerto Escondido. Ciudad Universitaria, Carretera Vía Sola de
Vega, Puerto Escondido, San Pedro Mixtepec, Oaxaca 71980, México. E-mail: vicuslupus@[Link].
2
Instituto de Industrias, Universidad del Mar campus Puerto Escondido. Km. 1.5 carretera Sola de Vega - Puerto
Escondido, San Pedro Mixtepec, Oaxaca 71980, México. E-mail: sba_1575@[Link] (ABS).
3
Laboratorio de Evolución Molecular y Experimental, Instituto de Ecología, Universidad Nacional Autónoma de México,
CU, Ciudad de México 04510 México. E-mail: guillermo_sdv@[Link]
*
Correspondencia
DIETA DE LA ZORRA GRIS EN LA COSTA DE OAXACA
Introducción
Muchos mamíferos del Orden Carnivora son oportunistas que consumen principalmente
roedores y lagomorfos, pero pueden llegar a diversificar su dieta con aves, artrópodos,
peces, reptiles, y cantidades considerables de frutos, debido a que su alimentación varía
espacial y temporalmente en función de la disponibilidad de alimento y la estación del
año (Zúñiga et al. 2008). Algunos actúan ocasionalmente como agentes dispersores
ya que sus altos requerimientos energéticos los obligan a consumir grandes cantidades
de materia vegetal (Godínez-Álvarez et al. 2002) afectando la ecología de las plantas y
mostrando que el consumo de frutos está fuertemente influenciado por la estacionalidad
(Campos y Ojeda 1997). Lo anterior debido a que inciden en la distribución espacial
de las semillas y afectan la velocidad de germinación a causa del paso a través del
tracto digestivo; no obstante, el papel de los mamíferos carnívoros como agentes
dispersores ha sido poco estudiado (Silverstein 2005). En este estudio se analizaron
los componentes de la dieta de Urocyon cinereoargenteus a través de sus excretas. Los
componentes fueron cuantificados en un análisis de presencia-ausencia para obtener sus
frecuencias de aparición u ocurrencia (FA) y los porcentajes de aparición u ocurrencia
(PA) determinando la composición durante un ciclo anual, esto bajo la premisa de que el
número de excretas es independiente del contenido de las mismas, y que las categorías en
que se clasificaron estos contenidos no son mutuamente excluyentes. De esta manera se
observó su papel como carnívoro generalista y se determinó si la endozoocoria que lleva
a cabo tiene alguna contribución dentro del proceso de dispersión de ciertas especies
vegetales, entendiéndose como “aporte a la dispersión” al efecto positivo en las tasas y
velocidad de germinación de las especies vegetales ingeridas.
Material
y Métodos
El Jardín Botánico Regional Puerto Escondido (JBPE) de la Universidad del Mar ocupa 18
has y se ubica en la población de Puerto Escondido, municipio de San Pedro Mixtepec,
Juquila, Oaxaca, en el kilómetro 240 de la carretera federal 131 vía Sola de Vega-Puerto
Escondido, en la región costa del estado de Oaxaca, México, entre las coordenadas
extremas 15.91° N y 15.92° N y -97.07° W y -97.08° W, la altitud va de 70 a 160
m. El tipo de vegetación es selva baja caducifolia con elementos de selva mediana
subcaducifolia en las cañadas, de acuerdo a la clasificación de Rzedowski (Salas 2002), y
presenta una marcada variación estacional, un clima cálido subhúmedo con temporada
de lluvia en verano y sequía por el resto del año; la temperatura promedio es de 28 °C
que oscila entre los 15 y los 42 °C (Salas et al. 2003). El clima se divide en dos épocas:
la seca va de noviembre a mayo o junio y la de lluvia que se presenta el resto del año
con precipitaciones que varían entre los 300 y 1 800 mm (Salas 2003).
[Link] 357
DIETA DE LA ZORRA GRIS EN LA COSTA DE OAXACA
para determinar si hubo variación de las FA entre ambas temporadas (Cossíos 2005).
Para determinar la amplitud de nicho de cada temporada se realizó un análisis de
amplitud de nicho utilizando el índice de diversidad de Shannon-Wiener (H’) como lo
recomiendan Colwell y Futuyama (1971) y el índice de Pielou. Los valores obtenidos
se compararon con una prueba de t de Hutcheson para detectar diferencias entre la
dieta de ambas temporadas (Zar 1996).También se realizó un análisis de similitud de
Jaccard para discernir cuáles muestreos eran más semejantes en cuanto a categorías
compartidas. Finalmente, se aplicó una prueba de Chi-cuadrada (χ2) para probar si las
FA de las diferentes categorías son dependientes de la temporada (Infante y Zárate 2005).
Resultados
Se colectaron 75 excretas, los componentes identificados se agruparon en 3 categorías
(semillas, vertebrados e insectos) y 15 subcategorías, tres para el grupo de los
vertebrados (mamíferos, reptiles y aves); cinco de invertebrados (ortópteros, coleópteros,
dípteros, himenópteros y crustáceos) y siete subcategorías consideradas en el caso de
las semillas (Ficus sp (Moraceae), Guazuma ulmifolia (Sterculiaceae), Acacia cornigera
(Fabaceae, Mimosaceae), Comocladia engleriana (Anacardiaceae), Byrsonima crassifolia
(Malpighiaceae), Ehretia tinifolia (Boraginaceae) además de una especie sin determinar
cuyo nombre común es nanche montés (Familia Malpighiaceae).
Durante el ciclo anual se observaron en el 74.67% de las excretas analizadas (n =
56) semillas, seguidas de los vertebrados en el 60% de las muestras (n = 45) y el 53%
de invertebrados (n = 40). Al comparar los porcentajes de las subcategorías en el ciclo
anual se observó que predominaron nuevamente las semillas (74.67%), seguidas por
las aves (49.39%; n = 37) y los ortópteros (41.33%; n = 31). De manera estacional y
por subcategorías (Fig. 1), predominaron las semillas (73.3% n = 55), las aves (42.66%;
n = 32) y los ortópteros (30.66%; n = 23) en la temporada seca; mientras que en la
temporada de lluvia dominaron los ortópteros (10.66%; n = 8), las aves (6.66%; n = 5).
Por otra parte, las aves y los mamíferos resaltan como los grupos con más frecuencias
acumuladas durante todo el período de estudio. Los porcentajes reportados no suman
100% ya que las categorías no son mutuamente excluyentes en cuanto a sus frecuencias
de aparición.
Las FA no siguen una distribución normal (W = 0.544, p < 0.0001, α = 0.05); las
distribuciones de las FA entre las épocas de lluvias y secas mostraron ser diferentes (D =
0778, p = 0.003, α = 0.05).
Figura 1. Porcentajes
por categorías en la
dieta de la zorra gris
durante la temporada
seca y la temporada de
lluvia
[Link] 359
DIETA DE LA ZORRA GRIS EN LA COSTA DE OAXACA
Discusión
Los componentes de la dieta de U. cinereoargenteus obtenidos en este estudio concuerdan
con los grupos o categorías alimenticios establecidos por otros investigadores para esta
especie en selva baja caducifolia (Guerrero et al. 2002); sin embargo, las especies que
integran cada una de las categorías es diferente, ya que la composición de especies es
distinta en cada región. La marcada diferencia entre el número de excretas colectadas
en ambas temporadas no se había evidenciado en otros trabajos de esta índole. Pudiera
pensarse que la dieta es más diversa en la temporada seca debido al mayor número de
excretas colectado (n temporada seca = 62, n temporada de lluvia = 13). Sin embargo,
los estadísticos aquí utilizados se basan en las frecuencias de aparición de las categorías
(temporada seca = 13, temporada de lluvia = 10) y no en el número de excretas.
El número de excretas analizadas en este trabajo es similar al examinado por otros autores
como (Castellanos et al. 2008), quien define a U. cinereoargenteus como un carnívoro-
omnívoro en su gremio alimentario, mientras que Chávez-Ramírez y Slack (1993) la
definen como oportunista. Sin embargo, debido a su adaptabilidad, en temporadas
cortas y en función de la disponibilidad de recursos puede llegar a reducir su dieta al
consumo de sólo una o dos categorías. Esto último coincide con los resultados del
presente estudio, donde se observó que en junio solo consumió dípteros, y en diciembre,
decápodos, mamíferos y aves, adaptando su dieta a la disponibilidad de recursos, por lo
que puede argumentarse que es una especie de hábitos oportunistas.
B 8 0 174 0 2 - -
Semillas
C 4 0 87 0 33.33 - -
testigo
CV 4.96 0 27.14 0 3.57 - -
Figura 2. Porcentajes de
aparición para cada una
de las especies vegetales
encontradas en la dieta
de la zorra gris. Las
especies se abrevian
de la siguiente forma:
Guazuma ulmifolia (Gu),
Byrsonima crassifolia (By),
Comocladia engleriana
(Co), Acacia cornigera
(Ac), Ficus sp (Fi), Ehretia
tinifolia (Eh), nanche
montés (Na).
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Atentamente/Sincerely