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Mauricio Kartún

Mauricio Kartún utiliza constantemente metáforas para expresar sus ideas sobre teatro. Considera que el proceso de creación de una obra puede llevar hasta 8 meses y que acelerarlo resulta en una obra incompleta. Da mucha independencia a los actores, creyendo que el 95% de lo que se presenta en el escenario surge de sus propias propuestas. Prefiere que los actores creen sus papeles libremente en vez de simplemente obedecer las instrucciones del director.

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Mauricio Kartún

Mauricio Kartún utiliza constantemente metáforas para expresar sus ideas sobre teatro. Considera que el proceso de creación de una obra puede llevar hasta 8 meses y que acelerarlo resulta en una obra incompleta. Da mucha independencia a los actores, creyendo que el 95% de lo que se presenta en el escenario surge de sus propias propuestas. Prefiere que los actores creen sus papeles libremente en vez de simplemente obedecer las instrucciones del director.

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MAURICIO KARTÚN

Cuando contesta, Mauricio Kartún recurre constantemente al uso de metáforas. Casi todas

cristalinas, capaces de evocar imágenes potentes. Así, el aclamado dramaturgo y director es

capaz de comparar el teatro con la gastronomía, con la música y hasta con una pileta. También le

otorga preponderancia a los actores: “El 95 por ciento de lo que está arriba del escenario es una

propuesta de ellos”, asegura. Kartún, que pasó el miércoles por Santa Fe para ofrecer una charla

abierta en La Redonda bajo el título “Visita guiada a la cabeza de un dramaturgo”, dialogó con El

Litoral y expuso sus puntos de vista sobre el teatro actual, los nuevos formatos, los procesos de la

escritura y su última puesta en escena, Terrenal.

-Alguna vez comentaste que trabajas alrededor de 8 meses para el montaje de una obra.

¿Nunca te sentiste tentado a acelerar ese proceso?

-Sí. ¿Viste cuando hacés una torta y tenés ganas de comer, abrís el horno quince minutos antes y el

bizcochuelo que tenía que subir veinte centímetros te baja a cinco? Exactamente lo mismo me ha

pasado alguna vez. Con el espectáculo que tengo montado en este momento, “Terrenal”, nos pasó

eso. Intenté hacer en cinco meses lo que naturalmente iba a llevar ocho o más. Y cuando faltaba un

mes, me di cuenta de que el bizcochuelo había quedado como una galletita.

 –¿Y entonces?

 -No hubo más remedio que pagar y disculparse. Aceptar la hipótesis de que no podíamos estrenar

en esa fecha, de que necesitábamos mucho más plazo. Tuvimos una sala generosa que lo aceptó.

Otra nos podría haber dejado en la calle, nos podríamos haber quedado a la intemperie. Nos

volvimos a sentar, volvimos a cocinar todo. Uno siempre está tentado, pero lo que tiene que saber es

que cada plato lleva su tiempo. Servirlo antes es servirlo antes del punto. Hay que aceptarlo. De la

misma manera que la obra de arte tiene su espacio, la obra de teatro tiene sus tiempos. Requiere,

exige, instala un tiempo de realización. Si uno lo quiere hacer en menos lo puede conseguir, pero va

a conseguir menos.
-¿Los actores coinciden con esos tiempos o se ponen ansiosos?  

-Está planteado desde el inicio. No hay otro planteo que el de ir a buscar la obra. El trabajo de

experimentación tiene siempre esa condición. Uno busca la obra. Buscarla significa ponerse como

objetivo encontrarla. Si no la encontrás, el trabajo no está logrado. Yo creo que ése es uno de los

problemas que ha tenido tradicionalmente el teatro. La ingenuidad de creer en ciertas fórmulas

mágicas, en ciertas fechas mágicas. Siempre recuerdo que en mi juventud, en mi formación, leía los

manuales de dirección que hablaban de los veinte ensayos. Eso tiene que ver con una realidad

diferente, con elencos estables, con teatros oficiales, con tener que respetar calendarios

burocráticos. Pero en realidad, el que trabaja en una búsqueda creativa, sabe que no puede ser

acotada por esto. Los actores lo saben porque desde el primer día está planteado el objetivo, que es

encontrar el espectáculo. Hasta que no lo encontrás, seguís trabajando.

-¿Hasta que no lo encuentras vos desde tu rol de director o hasta que no lo encuentran todos?

-Hasta que no lo encontramos todos, obviamente. Lo que sucede es que el rol del director, en ese

sentido, es muy exigente, porque la voz que de alguna manera determina que el espectáculo está

encontrado es la tuya. Tiene que ver con un acto de razonabilidad, vos sos el que mirás desde

afuera. Esa es parte de tu responsabilidad. El actor, además, se tira a la pileta confiando en que el

agua la ponés vos. Por lo tanto de vos depende que no se pegue un porrazo.

-Dijiste también que le otorgas mucha independencia a los actores. ¿Cómo incide esto en la

disposición final de la obra?

-Lo que yo propongo tiene que ver con la vieja tradición teatral. Confiar mucho en el cuerpo del

actor, encontrando una realidad. Pero eso es común a todas las puestas. Solamente que hay

directores que se ponen más exigentes en el sentido de intentar que el actor haga algo que él ya

tiene prefijado. Yo nunca tengo nada prefijado. Simplemente miro y elijo. Por lo tanto

absolutamente todo lo crea el cuerpo el actor. No así el texto. Yo prácticamente no lo cambio. Salvo

que sea necesario, no hago ningún retoque literario. Pero te diría que el 95 por ciento de lo que está

arriba del escenario es una propuesta del actor.


-Eres muy generoso al concederle tanto al actor. No sé si todos coinciden en eso…

-Si vos ves el proceso de trabajo y descubrís cómo el actor sintetiza en su cuerpo algo que charlaste

antes del ensayo, verás que la verdadera máquina creativa es el cuerpo del actor. Por supuesto que

uno tira elementos como autor y director. Contextos, situaciones, ejemplos. Pero el que sintetiza es

el actor. Ahí es donde hablo del estado de libertad del cuerpo del actor. El actor sintetizando, no

obedeciendo. Creo que éste es otro de los problemas tradicionales del mal teatro, el actor obediente.

Esa relación sadomasoquista entre el director que exige, manda y castiga y el actor que acepta ese

otro lugar de sumisión da siempre como resultado un teatro artificial.

-Y el actor que acepta esa circunstancia poco dará de lo suyo. Es como un músico que toca la

partitura sin importarle qué puede aportar.

Exactamente. Transforman la música en un sistema matemático. Uno podría pensar en actores que

transforman su cuerpo en un sistema matemático. Eso no es el actor. Ahí estaríamos pensando en un

actor instrumento. Por supuesto que la industria quiere actores instrumento, porque los instrumentos

cuando terminás los guardás en la funda, te lo llevás y no te piden aumento. El actor es otra cosa.

No es un instrumento, es un intérprete. Que su cuerpo funcione como instrumento no quita la otra

parte. Es un verdadero intérprete, un verdadero creador. Un director no es otra cosa que alguien que

se plantea cierto grado de objetividad desde afuera sobre eso otro que está sucediendo a partir del
actor creador. Pero cuando digo eso del 95 por ciento no es porque haga un acto de concesión

generosa, sino porque hago un cálculo más o menos adecuado. Vos podés sugerir y acompañar en

algún lugar donde el actor no probó, pero el que lo está probando es él. El actor obediente lo único

que puede poner es oficio y el oficio es resultado de la repetición, no de la creación,

Los temas
-¿Cómo aparecen los temas sobre los que escribes?

-Siempre son sorpresas. Los que nos dedicamos a esto de alguna manera vamos por la vida

esperando el piedrazo, esperando algo que te sacuda. Vas por la calle y aparece algo, abriste un
diario y aparece algo, estás leyendo una novela y aparece algo, alguien te cuenta una cosa y aparece

algo. En realidad siempre son apariciones sorpresivas en las cuales uno se tienta porque descubre

que es un material apto para lo que uno hace. Es como si uno encuentra una madera que puede

tallar.

Formatos
-¿Crees en los nuevos formatos que posibilitan ver obras de teatro a través de otros soportes

fuera de las salas?

 -Si no podés caminar, el bastón y la silla de ruedas son una gran solución. Pero si podés caminar lo

verdaderamente orgánico es la caminata. El teatro, en cualquier otro formato que no sea el vivo, se

embalsama. Crea una versión verosímil de algo que debe ser verdadero. Por lo tanto, esos son

formatos alternativos, pero nunca son la verdadera realidad.

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