República Bolivariana de Venezuela
Ministerio del Poder Popular para la Educación Superior
Ciencia y Tecnología
Instituto Universitario Politécnico Santiago Mariño
Extensión Barcelona
Escuela: Arquitectura (41)
Historia de la Arquitectura III
Estructuras IV
ANÁLISIS CRÍTICO SOBRE LA ARQUITECTURA MODERNA
Docente: Bachiller:
Arq. Peña Molina Nellyela J. De Freitas Mariana C.I. 29.782.295
Barcelona; Mayo del 2021
La Arquitectura Moderna, surge en la primera década del siglo XX, marcando una
ruptura con la tradicional configuración de espacios, formas compositivas y
estéticas. Sus ideas superaron el ámbito arquitectónico influyendo en el mundo del
arte y del diseño. El movimiento moderno aprovechó las posibilidades de los nuevos
materiales industriales como el hormigón armado, el acero laminado y el vidrio plano
en grandes dimensiones.
Se caracterizó por plantas y secciones ortogonales, generalmente asimétricas,
ausencia de decoración en las fachadas y grandes ventanales horizontales
conformados por perfiles de acero. Los espacios interiores son luminosos y
diáfanos. La llegada de Hitler al poder en 1933, provocó la salida del país de
numerosos arquitectos y creadores que habrían de extender los principios de este
movimiento a otros países.
Al llegar el modernismo a otros países, se conoció y estableció en Estados
Unidos con el uso de nuevos materiales y la originalidad en la solución de los
problemas arquitectónicos, constituyendo la base de una línea evolutiva que
conduciría al desarrollo del llamado Estilo Internacional que comenzó a
generalizarse en Estados Unidos tras la exposición de arquitectura moderna. Pese
a que tras la Segunda Guerra Mundial hubo aún importantes construcciones dentro
de este estilo, las últimas décadas del siglo XX han estado dominadas por otros
movimientos críticos, herederos en cualquier caso del movimiento moderno.
Cuando se habla de la arquitectura moderna, esta para ciertos autores,
pertenece antes que nada al dominio de lo ideológico, desbordando ampliamente el
campo de la creación artística. En el terreno de la arquitectura, la modernidad se
manifestó primero en las nuevas necesidades que los técnicos (arquitectos, pero
sobre todo ingenieros) deberían aprender a abordar. Ya que se trata de una nueva
época que se avecinaba en el mundo y empezó a cambiar radicalmente las formas
de vida, y, por lo tanto, esto repercute directamente en lo que seria la Arquitectura,
la cual debió adaptarse al nuevo hombre moderno, los cuales se estaban yendo a
las ciudades y estaban siendo incursionados en un nuevo proceso histórico que
definió un antes y un después en los estilos de vida para llegar a lo que conocemos
hoy en día.
La necesidad del quehacer arquitectónico se vio influenciada en que había que
construir espacios de trabajo y nuevos edificios institucionales, pero sobre todo
alojar a los nuevos ricos, a las nuevas clases medias y a las populares, y sólo los
trabajos urbanos podían asegurar una coherencia de conjunto. Las utopías sociales
del siglo XIX buscaban otras vías, que de alguna u otra forma venían ligadas a la
revolución que se presentaba durante esta época, que se encarno en el arte para
establecer lo que sería el campo ideológico la modernidad
Los modernos de principios del siglo XX eligieron el camino de la utopía
voluntarista y autoritaria, en el que la nueva arquitectura se ponía al servicio del
Hombre, para ese nuevo hombre (deportivo, sano, nuevo, moderno...) que se
estaba formando, había que imaginar modos de vida, fijarle normas y estándares,
que le aseguren una vivienda.
Para ello los arquitectos aplicaban la regla de funcionalismo, que consistía en
planear correctamente el problema para obtener así una sola solución, y esto es
una característica fundamental que marco la arquitectura moderna, el aspecto
FUNCIONAL sobre el formal. Se pueden resaltar algo que traducía la noción
ideológica de la modernidad, y es el (espíritu del tiempo), debido a que existía de
por si una especie de obligación moral de ser moderno porque así lo exigía la época,
argumento-clave sobre una modernidad inevitable.
El maquinismo fue justamente una de las derivas más criticables de la
modernidad, ya que, durante el siglo XIX, la técnica había jugado en favor del
ingeniero, y la parte artística que se había dejado al arquitecto y esto lo relegaba a
un rol de simple decorador, incapaz de comprender y menos aún de aceptar las
nuevas tecnologías, pero sucedió que como lo reclama Le Corbusier en Vers una
architecture (1920), dice por primera vez que los arquitectos se inspiren de los
ingenieros en lo que respecta a la manera de plantear y resolver los problemas.
Esto marco una nueva forma de pensar y plantear el quehacer arquitectónico. Por
haber osado pronunciarse sobre la vieja dicotomía arte-técnica, es uno de los
aportes más positivos de los modernos. También respecto a esto, explotar las
posibilidades técnicas y estéticas del hormigón armado fue, en efecto, uno de los
aspectos de la arquitectura moderna evocados más a menudo que resultó más
tarde, en el emblema de la arquitectura moderna.
La toma en consideración de los aspectos técnicos como problemas de
arquitectura, ya sea en las estructuras, cerramientos, carpinterías o detalles, como
la búsqueda constante de sistemas de prefabricación para abaratar los costos (otra
obsesión de los arquitectos modernos), ha sido decisiva para la racionalización de
la construcción, y es también un aporte de hoy en día que debemos al movimiento
moderno. El aporte decisivo de la arquitectura moderna ha sido la incorporación
inteligente y racional del confort, sea en los edificios de viviendas como en los
equipamientos. Instalaciones centralizadas, control del ambiente, cocinas y baños
equipados, aparatos electrodomésticos, como también la generalización de un sin
número de nuevos materiales y tecnologías de construcción (revestimientos,
cerramientos, carpinterías metálicas...); aparatos de radio, luego de televisión,
teléfono, garaje, etc., que contribuyeron a modernizar la vivienda.
A pesar de todo ello, al hablar de arquitectura es en la dimensión estética que
reside quizá la fuerza mayor y, a la vez, el punto débil del movimiento moderno, que
ha generado un gran malentendido, ya que con todo este nuevo auge vanguardista,
se dejaba a entender mucha veces que la estética en la arquitectura moderna
tomaba un papel secundario, donde siempre le seguía a la función, “la forma sigue
a la función”, y en alguna forma es verdad que los arquitectos modernistas
intentaron huir de todo el eclecticismo que había marcado la arquitectura en el siglo
XIX, ya que consideraban que esto los desviaba de sus verdaderas labores y
funciones, pero esto no quiere decir que la forma y estética quede de lado, o que
sea menos importante que la función, sino mas bien que estas van de la mano, y se
necesitan una a la otra para producir una verdadera obra arquitectónica, a la vez
que representaba la belleza de lo simple, una obra que cumpla con su función plena
y satisfactoriamente, va a resultar agradablemente y hermosa si se siguen ciertos
parámetros, y no siento dependientes de adornos, y decoraciones que no se
mostraban útiles a nivel funcional.
Pero esta nueva estética planteaba inconformidad debido a que, por causa de su
desnudez, generaba desempleo para muchos que vivían de la otra forma de hacer
arquitectura (decoradores, estucadores, tapiceros, entre otros.) Por otra parte, otra
oposición que tenia es que para muchos era una arquitectura que rompía con la
regionalización, con esos valores culturales que eran propio de un lugar y
caracterizaba esa arquitectura, con este nuevo estilo, donde se prescindía de
elementos innecesarios, sentían que se perdía ese cierto sabor cultural que los
representaba, es por ello que la arquitectura moderna fue para algunos una
maravilla y para otros un verdadero desastre, todo viéndolo desde diferentes
perspectivas.
Un aspecto importante al hablar de la arquitectura moderna es la revolución
industrial, y lo que la caracteriza que es la arquitectura de hierro, que fue una técnica
constructiva y un estilo arquitectónico muy común entre los profesionales del sector
tras la Revolución Industrial, ya que ésta había dado paso a nuevos materiales y
técnicas que hicieron posible los edificios y monumentos más representativos de
ese siglo.
El uso del hierro en la construcción, se puede decir que es remotamente nuevo,
ya que, aunque hace ya muchos años antes de Cristo se utilizaba este material para
la fabricación de armas, carrocerías, etc., debido a su dificultad de fabricación no
era común y no competía frente al cobre, puesto que este hierro forjado a golpes de
martillo y de alto contenido de carbono era de baja dureza y su aplicación en
herramientas y armas competía dificultosamente con el bronce que sí podía ser
moldeado, pero fue a través de la revolución industrial, cuando este material hizo
un boom en la industria de la construcción, atribuido a sus características de
tenacidad y resistencia, su maleabilidad y versatilidad, convirtiéndolo en un material
principal en la época moderna, y siendo uno de los principales materiales utilizados
en nuestros días.
Este uso limitado del hierro se mantuvo hasta que fuera descubierto que
manteniendo el hierro calentado largamente al rojo y combinado con carbón
encendido se otorgaba al metal mayor dureza.
La llamada Revolución Industrial que se instala a mediados del siglo XVIII es el
resultado de la convergencia de una serie de hechos complejos, descubrimientos
científicos y técnicos (el papel, la imprenta, la pólvora, la brújula, etc.), de
condiciones sociales, económicas y políticas, de la explosión demográfica y la
concentración urbana, del desarrollo de una industria incipiente que reemplaza la
fabricación artesanal y da inicio a un proceso en el que, en parte, estamos inmersos
aún hoy. Sin embargo, es opinión de muchos que la Revolución Industrial sólo es
posible gracias al hierro y el acero. El impacto de la producción de acero a menor
costo y a mucha mayor velocidad es notable, este impacto, que se expresa en la
producción de energía como la máquina a vapor, en el transporte terrestre y
marítimo, en la industria textil, en los posteriores inventos de motores eléctricos y
de explosión, entre tantos largos de enumerar, nos permite afirmar, sin mucho
riesgo de error que la civilización y la cultura actuales son, para bien o para mal, el
resultado del desarrollo de la industria del acero.
El uso del hierro como material arquitectónico se extendió con la llegada de las
Exposiciones Universales, eventos que organizaban los distintos países para
mostrarle al mundo cuáles eran los avances científicos y técnicos propios de cada
estado. Al ser espacios que debían albergar miles de personas y máquinas
requerían pabellones de grandes dimensiones, por eso se construyeron con medios
técnicos más avanzados y en busca de la máxima funcionalidad, de esta manera
empiezan a verse los grandes exponentes de la arquitectura de hierro.
Los tres edificios más significativos son:
La Galería de las Máquinas de Dutert y Contamin
Este proyecto se constituyó como una novedad de la época, tanto por su aspecto
exterior como por la tendencia a usar nuevos materiales. Con una clara influencia
en los invernaderos, sobre una planta tradicional se edificó, a base de tirantes de
hierro y placas de cristal, una gran nave de hierro y vidrio. Por ello consiguió un
espacio diáfano, lleno de luz natural y, además, tenía la ventaja de que era
prefabricado, con lo que podía montarse y desmontarse sin destruirse.
Palacio de Cristal de Paxton
La Torre Eiffel
Por su parte, Gustave Eiffel, un ingeniero experto en la construcción de puentes
y estaciones de ferrocarril consigue la que, hasta 1931 superada por el Empire State
en Nueva York, fue la construcción más elevada del mundo, la Torre Eiffel realizada
en hierro tiene 321 metros de altura. Su base formada por cuatro arcos gigantes
que descansan sobre cuatro pilares situados en los vértices de un rectángulo y a
medida que la torre se eleva los pilares se giran hasta unirse en un solo elemento
articulado. Se tardó en construir dos años no exentos de polémica, se consideraba
poco estética porque se parecía demasiado a una fábrica. Hoy por hoy es uno de
los iconos de Francia y uno de los monumentos más visitados de todo el mundo.
Y es que la Revolución Industrial transformó la vida de la ciudad e hizo posible
una mayor productividad, que determinó sostener concentraciones demográficas
cada vez más densas en Europa y posteriormente en otras zonas del mundo.
Teniendo un punto de partida en el proceso industrial durante los siglos XVIII y XIX,
que requirió la concentración de la mano de obra cerca de las fuentes de energía y
transporte.
Las ciudades industriales aparecieron rápidamente en el Reino Unido, noreste de
Europa y nordeste de los Estados Unidos. De manera simultánea, las ciudades ya
existentes aumentaron su población. En l850, menos del 7 % de la población
mundial vivía en centros urbanos de más de cinco mil habitantes. Hacia l950, ya era
más del 30%, y en las naciones industrializadas, el doble.
Todas estas características, son factores que repercute directamente en la
formación de esta arquitectura modernista, esto se ve cuando la ciudad industrial
trajo consigo la proliferación de viviendas hacinadas para albergar a la multitud de
obreros que venían del campo a la ciudad en busca de trabajo y de mejores niveles
de subsistencia. Surgidas a mitad del siglo XIX, estas ciudades crearon una serie
de problemas que, unidos a los que surgieron posteriormente, en especial el
crecimiento desmesurado de los núcleos urbanos, han llevado a los arquitectos,
urbanistas, planificadores y gobernantes a diseñar ciudades un poco más racionales
y humanas.
Es cuando la introducción de nuevos materiales como el cemento, el hierro y el
cristal determinaron el nuevo reto constructivo propio de la revolución industrial. Las
fábricas, las minas y el ferrocarril, estimularon la formación de nuevos núcleos
urbanos que dieron al traste con los conceptos tradicionales del urbanismo. Y la
superpoblación de las ciudades industriales, se unió la deficiente planificación
constructiva, insuficiencias infraestructurales y una creciente contaminación
ambiental.
Esto a su vez, trajo los problemas de la ciudad industrial como la contaminación
y la aglomeración, que produjeron tempranamente la revolución en la planeación
con Le Corbusier, quien ideó la "ciudad verde" con espacios abiertos, las "unidades
de habitación", los espacios habitables organizados, las edificaciones de carácter
vertical, íntimamente ligadas al espacio circundante; separación de las vías
peatonales de las automovilísticas y le dio a cada sector urbano su propia función.
Y es de ahí que provienen el funcionalismo y el racionalismo en materia de
planificación urbana.
Con la consolidación de la revolución industrial, esta centuria había traído a las
sociedades desarrolladas cambios de todo tipo y, con ellos, en el campo
constructivo, se generó un nuevo abanico de necesidades. ¿Cómo atender a las
demandas de una población en crecimiento y concentrada en las ciudades? ¿Cómo
resolver los problemas que genera el tráfico, ya sea por carretera, ferroviario o
aeroportuario? ¿Cómo organizar los grandes espacios industriales? ¿Y los grandes
centros de estudio e investigación? ¿Cómo debe construirse en los nuevos países
que ahora aparecen? A todas esas cuestiones y a muchas otras dieron cumplida
respuesta los arquitectos de la primera mitad del siglo. Con ellos se produce una
absoluta ruptura con respecto a las tradiciones constructivas de épocas pasadas.
Es lo que llamamos el movimiento moderno.
Un periodo en el que los cambios aparecen por doquier. El más significativo es,
quizás, la idea de que cada edificio debe adaptarse a la función que va a
desempeñar, lo que requiere una tipología de los edificios bien diferenciada. Pero
hay mucho más: las nuevas posibilidades constructivas que ofrecen el hormigón
armado, el vidrio y otros materiales van a ser profundamente desarrolladas. Si hasta
ahora la columna o el arco eran elementos distintivos del quehacer arquitectónico,
los pilares y las plantas diáfanas van a pasar a ocupar el primer plano. La línea recta
se adueña de la arquitectura. En definitiva, nuevos materiales, nuevas formas,
nuevos volúmenes. En este renovado panorama arquitectónico encontramos dos
tendencias fundamentales. De un lado, el racionalismo, en el que destacan Le
Corbusier, Gropius, Mies van der Rohe y Rietveld . De otro, el organicismo, cuyo
más destacado representante en Frank Lloyd Wright. En ambos casos, lo importante
es la función del edificio, aunque sea concebido desde distinta manera.
La decoración pasa a un lugar secundario. Y esta idea básica significó una nueva
manera de buscar la belleza, distinta a la que entonces había presidido el quehacer
arquitectónico. Aún hoy se trabaja siguiendo estas grandes aportaciones. El cambio
fue absoluto. Una nueva época había llegado a la arquitectura. La arquitectura
racionalista se caracteriza por la des ornamentación decorativa, la sinceridad de los
materiales (que alcanza su máxima expresión en el brutalismo de Auguste Perret),
y los volúmenes de geometría perfecta, cubos y prismas cuadrangulares. El
racionalismo rompe con el pasado en sus símbolos y su lenguaje.
Cabe destacar que el movimiento modernista, tiene estas dos ramas
mencionadas, que se oponen, pero a su vez son representativas de dicho
movimiento ya que comparten características comunes que impulsaron estilos
arquitectónicos en la época, el organicismo que es la corriente opuesta al
racionalismo, organiza la creación arquitectónica a partir de un plan ideal
preconcebido. El estadounidense Frank Lloyd Wright (1867-1959) fue un gran
representante del organicismo
Dentro de este tipo de construcción destacan las siguientes:
La Casa sobre la cascada
oficinas Larkin
Museo Guggenheim de Nueva York
Iglesia Unity, en Oak Park
Cabe resaltar que, la arquitectura moderna también engloba el conjunto de todos
los estilos arquitectónicos que nacieron en el transcurso del siglo XX. Se decidió
cambiar todos los estilos de arquitectura que ya antes estaban preestablecidos,
debido a que estos no eran para nada innovadores. Durante el siglo XX, el arte se
vería muy influenciado por el cubismo, el arte moderno, el neoplastisismo, el
futurismo y el expresionismo, aunque la lista podría seguir estos eran los más
importante. La arquitectura moderna tomo un poco de cada uno de ellos para
combinarlo es este estilo arquitectónico que, fue transformándose poco a poco,
hasta llegar a ser una verdadera maravilla.
Para muchos arquitectos la arquitectura renacentista y gótica era obsoleta, por lo
que el hombre también había evolucionado a un hombre moderno. Por ende, las
edificaciones debían de tener ese mismo aire de modernismo, siendo ésta la última
razón para poder mejorar y crear nuevas edificaciones con un estilo único y
moderno.
La Arquitectura Moderna se ha caracterizado por la simplificación de las formas,
la ausencia de ornamento y la renuncia consciente a la composición académica
clásica, la cual fue sustituida por una estética con referencias a las distintas
tendencias del arte moderno como el cubismo, el expresionismo, el neoplastismo,
el futurismo y otros.
Este nuevo parámetro ha evolucionado hasta la actualidad. Si bien es cierto, cada
arquitecto tiene su propio estilo y opta por que formas utilizar relacionamos
fácilmente las obras cúbicas, con vidrio y acero como edificios modernos.
Resulta importante mencionar, que al surgir el modernismo este intenta hacer
buenos diseños para las masas que eran excluidas como consumidores diseño,
teniendo en cuenta que anteriormente la arquitectura y el diseño en general eran
elitistas, diseños suntuosos y caros. Como protesta a esto surgieron escuelas de
arquitectura y diseño como la Bauhaus, la Werkbund, la Escuela de Ulm, entre otros.
Le Corbusier
He escogido hablar de Le Corbusier por motivos obvios, él fue el máximo
representante e impulsor de la arquitectura moderna, sus proyectos marcaron un
estándar de lo que es la arquitectura moderna, y establecieron un estilo actualmente
respetado y valorado por muchos. Es de Le Corbusier a quien se debe esa
verdadera pasión maníaca por el aire, el sol y el espacio verde, ese higienismo
comprensible y justificado en una época de tugurios.
Le Corbusier (Charles Edouard Jeanneret) (1887 -1965) es el gran teórico del
movimiento. Nace en Suiza, pero trabaja en todo el mundo. Es un gran activista del
movimiento moderno que divulga los principios del racionalismo por todo el planeta.
Concibe una sociedad nueva para la que hace falta una nueva ciudad.
A pesar de separar escrupulosamente su tarea de pintor (por las mañanas) de la
de arquitecto (por las tardes), Le Corbusier sufría las críticas de sus propios colegas
que le aconsejaban dedicarse totalmente a la pintura en lugar de perder tiempo en
hacer arquitectura. Es que, en realidad, la supuesta racionalidad de Le Corbusier
era traicionada a menudo por sus extraordinarias capacidades imaginativas de
pintor y de escultor. Paradojalmente, su arquitectura lo transformó en una vedette
internacional, mientras que su obra de pintor lo ha relegado a un rango menor en la
historia del arte moderno.
Para Le Corbusier cada casa es una máquina para vivir. La técnica se une a la
tecnología en los edificios para hacer más cómoda la vida. El edificio debe
identificarse con su entorno, y debe tener un espacio verde a su alrededor, para
integrar la naturaleza con la vivienda. Esta identificación con su entorno natural le
acerca a los utópicos del neoclasicismo, y al organicismo de Wright.
Le Corbusier lo prescribe sin ambages en sus 5 puntos: los pilotis, el techo-jardín,
la planta libre, la ventana longitudinal, la fachada libre. Cada uno de ellos, por
supuesto, recubre aspectos programáticos y técnicos, pero es indudable que el
efecto buscado es esencialmente estético, como lo muestra esa obra maestra que
es la villa Savoir. En 1928 publicó sobre ello en la Revista de Occidente Arquitectura
de la época maquinista, en donde resume su ideología arquitectónica: construcción
sobre pilotes para permitir un jardín en el suelo, aprovechamiento de las terrazas
como espacio verde, plano libre, ventana continua en horizontal, fachada cortina e
independiente, etc.
En 1933 promueve la Carta de Atenas, que recoge los principios del CIAM, los
cuales serán decisivos para la construcción de la ciudad moderna: segregación
funcional del lugar de trabajo, ocio, transporte, vivienda, mercado y centro cívico y
de cultura (que debe ser el centro de la ciudad). Le Corbusier lleva a la práctica la
construcción por módulos, unidades de habitación, en el bloque de apartamentos
que construye en Marsella en 1947, todos ellos iguales y cúbicos. Inventa, también,
el dúplex.
VILLA SAVOIR
Explicación de las características de esta obra arquitectónica:
-El diseño libre de la fachada separa el exterior del edificio de su función
estructural y libera la fachada de las limitaciones estructurales. Con pilares alejados
de las fachadas y forjados en voladizo, la fachada se convierte en una piel delgada
de muros ligeros y de aperturas colocadas independientemente de la estructura.
-Pilotis: la sustitución de los muros de carga por una cuadrícula de pilares de
hormigón armado que soportan la carga estructural es la base de la nueva estética.
La planta baja se transforma en un espacio despejado destinado a las circulaciones,
se suprimen los locales oscuros y húmedos, el jardín pasa por debajo del edificio y
ocupa su terraza.
-Los techos ajardinados pueden tener un uso doméstico al mismo tiempo que
proporcionan protección esencial al techo plano de hormigón. Esto significa, a la vez
que la renuncia al techo tradicional inclinado, que el techo-terraza se hace accesible
y puede servir de solárium, de pista de deporte o de piscina.
-El diseño libre de la planta (planta libre) significa que el edificio no tiene
restricciones en su uso interior. La eliminación de los muros de carga permitida por
las estructuras de pilares y forjados de acero u hormigón armado libera el espacio,
por tanto, la distribución se hace independiente de la estructura.
-La ventana horizontal, que atraviesa la fachada a lo largo de toda su longitud,
ilumina las habitaciones equitativamente. También es permitida por las estructuras
de pilares y forjados que suprimen la necesidad de dinteles.