Identidad sexual
La identidad sexual o la identidad de sexo alude a la percepción que un
individuo tiene sobre sí mismo respecto a su propio cuerpo en función de la
evaluación que realiza de sus características físicas o biológicas 123 que
«generalmente» refleja la apariencia física externa y el rol típicamente vinculado al
sexo que uno desarrolla y prefiere o la sociedad intenta imponer.4
En términos generales alude al aspecto psicológico de la sexualidad de un
individuo desde lo corpóreo, desde la genitalidad, 15 y está conformada por tres
elementos: la identidad de género, la orientación sexual y el rol de género.65 Este
constructo incluiría el patrón de características sexuales biológicas de un individuo
«que forman un patrón cohesivo que no deja lugar a dudas respecto a cual es su
sexo».7
Lagarde (1997) definió la identidad “como un conjunto de dimensiones y procesos
dinámicos y dialécticos que se producen en las intersecciones entre las
identidades asignadas y la experiencia vivida, que expresa la diversidad de
condiciones del sujeto”8.
La autoidentidad se refiere a la experiencia privada de la identidad como hombre o
mujer. Este autoconcepto es personal, pertenece a cada cual. 9
Usualmente es aceptado que el sexo es un hecho dado por la naturaleza y que el
género es una faceta cultural que interviene solapadamente a la naturalidad del
cuerpo. No obstante ello, esta concepción fue fuertemente controvertida desde
diversas disciplinas. Hay quienes sostienen que el sexo y el género no pueden ser
diferenciados desde un punto de vista ontológico pues los dos integran la realidad
de las construcciones socioculturales.10
Cuando hablamos de sexo nos referimos a una dimensión del género, a la práctica
de limitar la diversidad individual a un único conjunto de características que son
las mismas que reúnen otras personas, esto es, los caracteres sexuales primarios:
son los que tienen directa vinculación con la procreación. Reducir a los seres
humanos a lo que las diferencia en cuanto a tales caracteres es un modo de
oponerse a la diversidad individual, lo que tenemos de propio cada persona. 11
Se puede afirmar que existen tres modos diferentes de comprender la relación
entre sexo y género. Los biologistas afirman que nuestras características sexuales
(cromosomas, gónadas, hormonas, genes, etc.) definen nuestra identidad de
género. Por otro lado, es posible entender los dos elementos como esencialmente
diferenciados, sin que exista relación causal entre uno y otro: el aspecto corporal
(el sexo) separado de la conducta y las características de la personalidad (el
género), que se conceptualizan como una construcción social. Esto implica
considerar el sexo como algo fijo e invariable del individuo, y el género como algo
mutable y culturalmente modificable. Finalmente, se puede interpretar que el
género es resultado de una sociedad que constituye a los seres humanos en
hombres y mujeres, no solamente a través de su comportamiento y percepción
sino además en el aspecto físico. Esta última postura considera que el sexo no es
inmutable ni presocial, y que es producto del género. Este punto de vista se opone
a la visión biologista e invierte su postulado. Así, afirma que es el género el que
asigna las diferencias físicas entre machos y hembras, estableciendo patrones
normativos de cuerpo a partir del sexo. 12 La corriente teórica del
posestructuralismo aportó su trabajo de deconstrucción del sexo y del cuerpo. A
partir de la obra de Foucault se analiza el aspecto productivo del poder. Se
examina la manera en que los discursos y los comportamientos constituyen ciertas
clases de cuerpos con tipos determinados de poder y habilidades. De acuerdo a
este razonamiento, el propio sexo es un producto construido, es decir que no solo
el género lo es. A esto se refieren los autores cuando aluden a “cuerpos
sexuados”.13
Clasificar a alguien como hombre o mujer es una decisión social. La ciencia puede
auxiliarnos en esta decisión, pero únicamente nuestro entendimiento del género, y
no el conocimiento científico, es capaz de definir nuestro sexo. 14
Tanto en el campo científico como en el social se ha debatido mucho acerca de la
vinculación existente entre la forma de expresarse socialmente la masculinidad y
la feminidad y su fundamento físico.15
A lo largo de la evolución de la especie humana, la diferencia sexual aparece
como un factor central en la creación del ser humano hombre y mujer. Esta
diferencia sexual, basada en la anatomía y en la fisiología, configura el pilar
científico que a partir de la biología toda sociedad entenderá como punto
determinante para asociar conductas a hombres y mujeres. Estos
comportamientos deberán ser tomados, incorporados y propagados, ya que a
partir de su gran extensión funcionan como “modelos ideales” que permiten a las
personas concebirse y percibirse como hombres o como mujeres y a la vez ser
reconocidos del mismo modo por los demás.
Tenemos que comprender al sujeto hombre y al sujeto mujer como un ser
individual que tiene conciencia de sí mismo y que se coloca en el eje de su
mundo. Es un ser esencialmente delineado a través de los mecanismos interiores
de socialización, que lo transforman en un sujeto sexuado y sexual. Esto se
produce desde el momento mismo de su nacimiento, de acuerdo a su calificación
como macho o hembra. Así, no solo es un individuo consciente de ser macho o
hembra, sino también de reunir ciertas características o potencialidades asociadas
al placer y al deseo sexuales.16
La tarea social de masculinizar y feminizar (es decir, sexualizar los cuerpos
masculino y femenino, respectivamente) configura una misión primordial, y por lo
tanto, interminable. Es un proceso que acompaña a cada persona a lo largo de
toda su vida, incluso en la adultez. Esta peculiaridad permite inferir la debilidad
inherente de nuestra identidad genérica. La seguridad en relación al conocimiento
del yo como varón o mujer no está sujeta exclusivamente a las diferencias
biológicas de nacimiento, como tampoco a una perspectiva cognoscitiva. Esta
estabilidad se alcanza mediante la realidad vivencial cotidiana del niño o niña, que
constantemente define y reafirma su sentido de varón o mujer. 17
El cuerpo humano es demasiado complejo para ofrecer respuestas concretas
sobre las diferencias sexuales. Es así que cuanto más indagamos en el
fundamento físico sencillo para determinar el sexo, más claramente advertimos
que “sexo” no es una etiqueta estrictamente física. Los rasgos y representaciones
corporales que asociamos como femeninos o masculinos están incluidos en
nuestras concepciones del género. ¿Por qué los genitales deberían ser factores
decisivos?.18
Distinguiéndose de los biólogos, la teoría feminista concibe el cuerpo no como un
absoluto sino como un entramado nudo sobre el que la experiencia y el discurso
establecen un ser que es indudablemente definido por la cultura. Las pensadoras
feministas desarrollaron ideas convincentes, y en ocasiones creativas, en relación
a los fenómenos mediante los cuales la cultura modela y crea terminantemente el
cuerpo. Cabe destacar que, además, ellas incorporan en esta concepción una
finalidad política reivindicativa. En muchas oportunidades, su teoría ha sido
formulada con el objetivo de abordar y transformar la desigualdad social, política y
económica.19
En la actualidad, como nunca antes, existe una tendencia social hacia la
individualización, que se produce simultáneamente a la relativización o el
cuestionamiento de todas las identidades socialmente establecidas. Entre ellas,
claro, se encuentran las sexuales y de género.
Si analizamos la crisis de la masculinidad hegemónica, advertimos que el cuerpo
masculino se somete a una clase de dominación con la finalidad de cumplir con
ciertas exigencias, al mismo tiempo que esa doma convierte a ese cuerpo en uno
preparado para tal fin. Lo mismo ocurre con el cuerpo femenino. 20
La cuestión de la identidad ha sido largamente debatida y desarrollada desde
diversas disciplinas que integran las Ciencias Sociales. Se han creado
innumerables conceptos, estudios y pensamientos en relación a la formación
identitaria. Esta construcción atraviesa constantes conflictos, paralelamente, de
deconstrucción y reconstrucción. No se trata de un asunto sencillo sino que es
bastante complejo, pues abarca varias dimensiones. Esto responde a que los
sujetos estamos expuestos a un determinado contexto, y la en definición de la
identidad influyen variables socioculturales fundamentales, como los vínculos
familiares, la nacionalidad, la etnia, el género, la edad, las circunstancias
socioeconómicas, el nivel educativo, las políticas públicas, y la sociedad en
sentido amplio. Por lo tanto, podemos concluir que la identidad es un concepto
que se obtiene a partir de la vida en relación, y que no es inmutable sino que
permanentemente puede volver a elaborarse.21