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Fernanda2 1

Este documento discute las contribuciones del afrofeminismo para comprender la actualidad. Señala que el racismo, sexismo y clasismo son ejes de opresión que afectan a las poblaciones negras y afrodiaspóricas. A lo largo de la historia, autoras afro han destacado la necesidad de considerar las especificidades regionales del racismo. El documento también resalta el liderazgo de mujeres afrodescendientes en movimientos sociales contemporáneos y la persistencia del pensamiento colonial en las sociedades de h

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Este documento discute las contribuciones del afrofeminismo para comprender la actualidad. Señala que el racismo, sexismo y clasismo son ejes de opresión que afectan a las poblaciones negras y afrodiaspóricas. A lo largo de la historia, autoras afro han destacado la necesidad de considerar las especificidades regionales del racismo. El documento también resalta el liderazgo de mujeres afrodescendientes en movimientos sociales contemporáneos y la persistencia del pensamiento colonial en las sociedades de h

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Contribuciones del

afrofeminismo para
comprender el devenir de la
actualidad
Por Fernanda Olivar (Uruguay)

La resistencia afro reside en su cualidad encarnada, situada. En primer lugar,


dando cuenta que las experiencias individuales no son anecdóticas y al ponerlas
en común con otras, el malungaje afrodiaspórico se evidencia y así es posible
trazar un mapa de complejidades donde es posible cartografiar manifestaciones
geográficas de racismo.

El machismo su conexión con el sexismo y el clasismo y por tanto, el racismo


internalizado en nuestras sociedades latinoamericanas son todos ejes de opresión
actuales y persistentes sobre las poblaciones negras y afrodiaspóricas mundiales.
Desde principios de siglo XX  autoras como Lelia González, Gloria Anzaldúa,María
Lugones así como referentes del activismo afrouruguayo como Amanda
Rorra habilitaron la comprensión sobre las expresiones disímiles del racismo
alrededor del mundo y remarcaron la necesidad de contemplar las especificidades
regionales dadas por la conformación política y económica de los estados nación,
que sin excepción se basaron en la consolidación y la expansión del capitalismo
colonial a través de la trata esclavista.
 
La población afro así como la población indígena es constantemente negada y las
mujeres negras son doblemente negadas ya que no se les reconoce ni su valor en
términos productivos, ni su valor en términos poblacionales como habitantes de
nuestros países y territorios que consolidaron sus independencias gracias a la
fuerza entrañable de millones de personas que lucharon por ella, y que nunca han
sido siquiera nombradas por la historia oficial: “Al igual que Remedios del Valle,
durante la época de la emancipación, numerosas mujeres negras, pese a que su
historia en las Américas ha estado marcada por las múltiples formas de opresión,
discriminación y racismo que la experiencia colonial impuso, hicieron importantes
contribuciones a los procesos de emancipación de América Latina y el Caribe.
Mujeres como Catalina Luango en Colombia, Juana la Avanzadora en Venezuela,
las Lanceras de Artigas en Uruguay, Carlota y Ferminia en Cuba, Teresa Benguela
en Brasil, entre muchas otras, contribuyeron a romper el sistema esclavista a
través de las luchas cimarronas en los palenques, rochelas y quilombos (Ocoró,
2010:174). Quizás sean ellas las primeras afectadas por la “desaparición artificial”
dice Miriam Gómez para referirse a la invisibilización estadística cuya máxima
expresión es la ficción de no existencia de las personas afro en nuestros países,
que nos lleva a ser consideradas sujetas no contemporáneas en el imaginario
colectivo desde Canadá a la Patagonia.

Así, la raza se instala como producto primero y final del sistema capitalista colonial
eurocéntrico y androcéntrico sostenido desde la cosificación de los y las
individuas, fetichización de las corporalidades racializadas logrando de esta forma
crear a costa de aquellas existencias un nuevo producto utilizado con fines de
marcador de diferencias sociales. Vemos entonces la inapelable imbricación entre
raza, clase y género, y con ella el surgimiento de la ideología del racismo. A lo
largo de los siglos, ha ido mutando y aggiornando a las condiciones
sociohistóricas de cada tiempo y lugar, y ha dado paso a nuevas expresiones del
racismo y de las desigualdades e inequidades sociales entre las poblaciones. Una
de las contribuciones del afrofeminismo contemporáneo es entonces, el evidenciar
la vigencia de esta matriz de opresión. Y, por consiguiente, la actualidad del
pensamiento colonial en nuestras sociedades. 

En la actualidad los movimientos sociales están de pie exigiendo frenar la


avanzada del capitalismo neoliberal en el globo a través de invasiones,
colonización, despojos, criminalización de cuerpos y de territorios (Federici, 2004)
siendo muchos de ellos liderados por mujeres y mujeres afrodescendientes como
por ejemplo el Black Lives Matter. Como bien plantea Ruth Wilson Gilmore la
cuestión racial es un problema internacional y el capitalismo requiere para su
existencia inequidad, racismo e inseguridad, en pleno conocimiento de este modo
operativo es que se ha tomado la perspectiva étnico-racial como herramienta para
el combate al racismo. Es evidente el protagonismo histórico de las hijas de la
diáspora africana en la brega por reconocer que la esclavitud consistió en una
forma jurídica que permitió desarrollar un mecanismo económico con la fuerza vital
de personas detentoras de un conocimiento que los europeos no poseían, con
fines de explotación mercantil cuyos impactos están presentes hasta nuestros
días, configurando las condiciones económicas y laborales de inequidad que
impiden la ruptura del ciclo de pobreza estructural. Por tanto, colegimos que hacia
las mujeres afrodescendientes recaen múltiples deudas que impactan
directamente en su situación de ciudadanía en la actualidad. 

Por eso, cuando hablamos de reparación señalamos en primer lugar este olvido
selectivo para alzar en la memoria colectiva una fracción de la historia
pretendidamente olvidada y extinta, como forma de lograr cambios culturales
profundos en la percepción y construcción de nuestras identidades étnico-raciales
y así orientarnos hacia rutas de desarrollo endógeno en clave de africanía.
Situando este análisis en el campo sociopolítico uruguayo es necesario compartir
algunos indicadores que ayuden a pensar la situación de las mujeres
afrouruguayas. Como en el resto del mundo la población afro en el país detenta
índices de pobreza que duplican al resto de la población, presentan al menos tres
necesidades básicas insatisfechas (confort, educación, vivienda) que marcan su
calidad de vida y dan pistas de las desiguales condiciones de acceso a los
servicios esenciales, destacándose salud, educación y trabajo como las
principales por las urgencias que viabilizan. Faltaría a la verdad el no decir que en
Uruguay la pobreza tiene rostro afro, siendo las mujeres y los niños y niñas las
más perjudicadas. Por esta razón, el motor de los procesos de lucha afrofeminista
en Uruguay con sus convergencias y divergencias aboga principalmente por la
incidencia en los espacios de poder desde donde desarrollar herramientas hacia
la generación de “políticas, planes y acciones de que impacten en las realidades
de las personas afrodescendientes; particularmente en las mujeres, jóvenes y
niñ@s” (Ramírez, 2018:3).

Habiendo transitado la mitad del decenio internacional se observa con orgullo la


conquista del movimiento en la concreción de políticas y herramientas jurídicas
que ofician de marco normativo para encaminar distintas demandas de la sociedad
civil organizada. Paralelamente, asistimos con preocupación por la escalada de
múltiples violencias en el mundo y con mayor sorpresa en Uruguay donde es
evidente el reflote de actividad de organizaciones supremacistas blancas, que
expone nuevamente a nuestra comunidad como también a los y las hermanas
charrúas a violencias sociales, muchas de las cuales se encuentran por acción u
omisión avaladas por diferentes órganos del Estado. Mientras el racismo no sea
contemplado jurídicamente en toda su expresión y la discriminación racial no sea
considerada un delito, pero sobre todo, mientras la justicia y el Estado uruguayo
no sean capaces de ver las formas en que se manifiesta localmente, el racismo
seguirá asentándose en nuestra idiosincrasia, en nuestro lenguaje, en nuestro
pensamiento y en nuestras interrelaciones.

Para subsanar este triste fenómeno, se han implementado varias instancias de


capacitaciones hacia las fuerzas policiales, sensibilizaciones en la dimensión
étnico-racial y formación al funcionariado, rangos medios y decisoras de políticas
públicas municipales y estatales, así como talleres de afrodescendencia y
derechos humanos dirigidos a docentes, no docentes y estudiantes de la
educación primaria y secundaria, por nombrar solo algunas de las acciones
concretas en que se ha trabajado incesantemente. Y, si bien, son todas acciones
necesarias y un aporte hacia la construcción de un escenario político que
garantice equidad racial y justicia social, son aún evidentemente insuficientes pues
lo que permanece casi inalterada es la estructura institucional en que descansa el
racismo estructural. “Es una triste ironía el hecho de que el discurso
contemporáneo, que habla de heterogeneidad, del sujeto descentrado y de
rupturas que permiten el reconocimiento de la Alteridad, todavía se dirija a una
audiencia especializada la cual comparte un lenguaje común basado en las
mismas narrativas dominantes que dice cuestionar. Para que el pensamiento
postmoderno radical tenga algún impacto transformativo, es necesario
que la ruptura crítica con la noción de “autoridad” como “dominación”
sea algo más que una fórmula retórica (Hooks, 2000).

Las acciones afirmativas diseñadas en la última década han olvidado destacar “la
valoración del rol de las mujeres afrouruguayas como multiplicadoras del
conocimiento y portadoras del patrimonio oral [...]. Que al sistema dominante le
cuesta asumir la fuerza de la cultura musical y el grado de resistencia cultural al
que hemos llegado como humanidad con la incidencia diaspórica de las culturas
africanas” tal como afirma Leticia Rodríguez Taborda haciendo referencia a la
cultura musical nacional pero que aplica a todas las dimensiones, pues, es en
todas las dimensiones del imaginario nacional que nos vemos invisibilizadas
nosotras y nuestra etnicidad. Entonces, comparto la inquietud de la antropóloga
brasileña Alcida Rita Ramos “¿No sería una contradicción abogar por la
legitimidad de las diferencias e involucrarse en negociaciones con quienes
sistemáticamente niegan esta legitimidad?” (2010:52). 

La colega afrocubana Aída Bueno Sarduy con la claridad que le caracteriza ha


dicho “Nosotras que venimos de sufrir el fascismo sabemos que el poder no tiene
ningún propósito de enmienda” poniendo sobre la mesa una interesante reflexión:
nosotros, nosotras, los pueblos afrodiaspóricos hemos estado siempre en los
márgenes institucionales al punto que si no exigimos nuestros derechos no
logramos gozar de ellos, pues aún estamos lejos de detentar una ciudadanía
plena. Es preciso reconocer que lo que hoy tenemos "es una política potable para
el sistema racista, sexista, clasista, heterocentrado y neoliberal" (Curiel, 2009:22),
y concentrar nuestros esfuerzos únicamente en ellas puede ser pan para hoy y
hambre para mañana.
 
En lo que queda de Decenio profundizar el abordaje teórico y metodológico de
la interseccionalidad, así como su utilización jurídica debiera ser para el
movimiento afrouruguayo una prioridad. A este respecto, desde los movimientos
afrofeministas y luego de años de insistencia en la necesidad de reconocer y
explicitar que las violencias esta interconectadas y que  además se potencian
mutuamente, logramos que en 2017 en el marco de la  Ley Nº 19.580 ley Integral
de violencia hacia las mujeres basada en género se tomara la racialidad como una
forma de violencia específica. Otros temas que requieren mayores y mejores
apuestas son las políticas redistributivas, de fortalecimiento económico, de
inclusión laboral con énfasis generacional para al fin contemplar a las adultas
mayores que habiendo trabajado toda su vida en condiciones deplorables llegan a
la tercera edad sin aportes jubilatorios que las obligan a mantenerse laboralmente
activas cada vez más desamparadas. Urgen políticas de vivienda y políticas de
atención integral a la primera infancia, a la niñez y a la adolescencia afrouruguaya,
protagonistas ausentes hasta ahora. 

Resta aún la responsabilidad de la justicia y del Estado en la tarea de garantizar la


igualdad de la ciudadanía afrodescendiente. De nuestra parte, nos resta continuar
la imperiosa tarea de reconstruir, conocer, reconocer, escribir, enseñar y fortalecer
en casa adentro la etnicidad de nuestra negritud, porque, si el racismo opera
menoscabando nuestra identidad, no hay mejor manera de combatirlo que
desarrollando habilidades y herramientas desde el orgullo de ser y existir
afrodescendientes.

Bibliografía

Curiel, Ochy. (2009). Las paradojas de la política de la identidad y de la diferencia.


Derecho, interculturalidad y Resistencia étnica, 21. pp 21-28.

Federici, Silvia. (2004). Calibán y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulación


originaria. Madrid: Traficantes de Sueños, 2004.

Hooks, Bell (2004). “Mujeres Negras. Dar forma a la teoría feminista”, en: Otras
Inapropiables. Feminismos desde la Frontera, Eskalera La Karakola. Traficantes
de Sueños. Madrid, España. 

Ocoró Loango, Anny. (2010). Del soldado raso a la capitana de la patria: un aporte
para repensar los feminismos negros desde la Argentina. En: Afrodescendencias y
contrahegemonías. CLACSO.

Ramírez, Beatríz. (2018). La situación política de las mujeres afrodescendientes


de América Latina en el marco del “Decenio Internacional de los
Afrodescendientes”. En: D’Cimarrón, edición 8.  Disponible en:
[Link]
ca_de_las_mujeres_afrodescendientes_de_Am%C3%A9rica_Latina_en_el_marco
_del_Decenio_Internacional_de_los_Afrodescendientes.pdf

Ramos, Alcida Rita. (1992). Sobre la utilidad social del conocimiento


antropológico. Antropológicas, julio. Nueva época. Universidad Nacional Autónoma
de México.

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