Poblaciones Nahua y Teenek en Huasteca
Poblaciones Nahua y Teenek en Huasteca
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Huayacocotla Roberto Williams Foto 2. Monumento número 34, San Lorenzo Tenochtitlan.
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éstos los montículos artificiales en los que se establecían casi terminó con la existencia física de estas poblaciones. bajo forma de ejidos o de bienes comunales. De este proceso
los santuarios huaxtecas. Ahora bien, si se deja de lado la En paralelo, los colonos españoles se apropiaron progre- se beneficiaron también algunas poblaciones nahuas de la
etimología popular —antigua y contemporánea—, sería más sivamente de las tierras indígenas de esta región para Huasteca alta, que recibieron esas tierras como ejidos. En
probable, lingüísticamente hablando, que este nombre sea transformarlas en tierras de pastos. La población indígena la sierra el proceso de acceso a la tierra era más violento,
un apócope de Huaxtecapan, lugar de abundancia de huax restante, muy disminuida, sufrió también los avatares que se y fue sólo después de una sangrienta lucha con los caci-
(Leucaena esculenta Benth.), un tipo de calabaza y símbolo conocen para otros lugares: encomiendas, congregaciones ques locales que algunas comunidades nahuas finalmente
de la fertilidad. de indios, régimen de hacienda (de ganadería vacuna exten- pudieron acceder a la propiedad social o privada, según el
siva, en este caso), etc. La época colonial se caracteriza así caso (Cuadro 1).
Hoy en día, el término “huasteco” puede aplicarse a todos en la Huasteca por la desintegración de los grupos indígenas
los originarios de la región de la Huasteca —independiente- locales, la reducción significativa de su territorio, los despla- Datos lingüísticos y demográficos
mente de su filiación étnica— que comparten algunas prác- zamientos de las poblaciones y la nueva organización territo-
ticas culturales regionales comunes o, más precisamente, al rial y administrativa. En la Huasteca contemporánea los descendientes de las
pueblo indígena teenek propiamente dicho, descendiente de civilizaciones huaxteca y mexica —es decir los teenek y los
área de influencia de la civilización huaxteca, que se desa- parte de sus tierras usurpadas y cómo fueron constituyendo (83.84%). De los 318,626 hablantes del náhuatl en el estado
rrolló entre el periodo clásico y el posclásico de las culturas nuevas propiedades en forma de condueñazgos; se trata de de Veracruz, 110,517 (34.68%) se encuentran viviendo en los
del Golfo de México, o entre 200 d. C. y la conquista española copropiedades indivisas en las cuales cada dueño tiene una municipios de la Huasteca alta y baja (Cuadro 1). La lengua
en 1522 (Ochoa Salas [1979] 1984; Piña Chán 1989: 164-176; parte. En la Huasteca, los indígenas constituyeron patrimo- teenek —de la familia lingüística mayance— que se habla en
García Cook y Merino Carrión: 1991: 9-31). El centro de esta nios agrarios comunales bajo esta forma con el fin de preca- el norte de Veracruz es distinta del teenek que se habla en el
civilización se situaba en la cuenca del río Pánuco, y sus verse contra las políticas liberales que tendieron a trans- estado de San Luís Potosí, y se divide en dos subdialectos:
límites estaban sujetos a variaciones según el flujo y reflujo formar sus bienes corporativos en bienes privados. Así, a el del Lomerío (municipios de Tantoyuca, Platón Sánchez y
de invasiones aztecas desde el Altiplano central y otras, principios del siglo XX, después de la Revolución (1910-1921), Tempoal) y el de la Sierra de Tantima o de Otontepec (Ochoa,
chichimecas, provenientes del norte (Stresser-Péan 1971: estas tierras fueron reconocidas como pertenecientes a los 2007: 42). La lengua náhuatl —de la familia lingüística uto-
583-584; Ochoa Salas [1979] 1984: 128-129). Los primeros teenek, constituidos en comunidades, y actualmente éstas se azteca— que se habla en la Huasteca forma una variante
pobladores conocidos de esta región fueron así los huaxtecas encuentran bajo el régimen agrario de “bienes comunales” o regional dentro de la cual también se encuentran variaciones
que se establecieron en esta zona-frontera de Mesoamérica ejidos (Ariel de Vidas, 1994). entre la Huasteca alta y baja.
a partir del siglo II d. C., precediendo a un grupo de teochichi-
mecas, de filiación nahua, que se establecieron en los siglos Las poblaciones nahuas contemporáneas de esta región Vida económica
XII y XIII en bastiones aztecas al sur y al oeste de esta región parecen haber seguido un proceso un poco distinto para
Roberto Williams
Huasteca baja Amatlán 200.70 8.4% 26,119 130.13 2.86 % (T) bajo
(Sierra de Tantima) Citlaltepec 111.04 7.2% 11,013 99.18 13.91% (N) alto
Huasteca baja Chalma 199.05 31.5% 13,067 65.64 38.20% (N) alto
(Interior) Chiconamel 133.25 30.7% 6,811 51.11 60.25% (N) muy alto
Huasteca baja Ozuluama 2,357.39 11.2% 23,190 9.83 1.22% (N) alto
(zona costera) Pueblo Viejo 286.24 28.2% 5, 593 176.75 1.86% (N) bajo
Foto 10. Ofrenda en una casa nahua en el día de muertos. Foto 11. Ofrenda de maíz en el medio nahua.
relativamente reciente que empezó a principio de los años Cambios y permanencias socio-culturales
noventa (Zamudio Grave, 2002). Las generaciones previas a
ellas se iban esporádicamente al centro del país y las más Estos procesos acelerados de modernización, aunados a la
anteriores participaban de la emigración estacional agrí- introducción de religiones distintas a la católica, pueden a
cola. Actualmente, el destino es sobre todo hacia el norte, veces desestabilizar la organización social de las comuni-
en busca de trabajo y esencialmente en las maquiladoras dades indígenas. Éstas se fundan a menudo en la propiedad
fronterizas, pero también, cruzando la frontera, hacia común de la tierra y en un conjunto de obligaciones comuni-
Estados Unidos. Una de las consecuencias de estos procesos tarias, entre otras, la participación en las faenas semanales y
de cambio se percibe en la disminución paulatina (compa- en la organización de las fiestas comunitarias.
rando censos anteriores) del porcentaje de población indí-
gena que se identifique como tal en cada municipio. Hecho Así, en varias comunidades es posible observar el fraccio-
que se puede atribuir a la migración de estas poblaciones namiento en esas relaciones sociales, pero en otros grupos
fuera de la región y/o a la pérdida progresiva de la lengua se aprecia también el fenómeno contrario: la consolidación
indígena por el mayor acceso a la educación secundaria y en las celebraciones colectivas. Ello proviene justamente de
superior, que se encuentra fuera de las localidades indí- los aportes económicos incrementados en virtud del trabajo
genas. Otro corolario, entre muchos, de estos cambios es fuera de la comunidad, de la aguda conciencia de la nece-
la diversidad creciente en las ocupaciones económicas y en sidad de preservar el patrimonio cultural o bien como una
los ingresos respectivos de los habitantes de las comuni- reacción que se opone a aquellos que siguen otras religiones
Foto 6, 7, 8 y 9. Escuela de El Cerro, Chicontepec.
Fotografías de Roberto Williams. dades indígenas. Por otra parte, el hecho de que muchos alejadas de las tradiciones indígenas (Ariel de Vidas, 2007a).
jóvenes salgan a trabajar fuera de su comunidad donde
suelen fundar su familia, deja más tierras cultivables en Así, aunque los marcadores de la indianidad —como la lengua
los pueblos, lo que permite, en algunos casos, a los que y la vestimenta— tienden hoy a ser menos evidentes en la
quedaron, poder sostenerse de sus cultivos; es decir, más Huasteca, entre los grupos teenek y nahuas de esta región
tierra para menos bocas. El proceso de modernización del persiste todavía la tendencia a la isogamia (el casamiento
campo no es así un proceso que acaba de manera ineluc- dentro del grupo social) y la identidad colectiva más subjetiva
table con la cultura campesina-indígena. sigue fundada en la conciencia de pertenecer a —e identifi-
42 PATRIMONIO CULTURAL Poblaciones nahua y teenek 43
carse con— una colectividad diferente de la de los mestizos, Foto 12. Altar de muertos en El Cerro, Chicontepec.
Foto 13. Amarre de cuatro elotes (maiz niño), en el patio de la Choza.
grupo social que históricamente ha tenido relaciones de explo- El Cerro, Chicontepec.
tación y aun de racismo hacia los grupos indígenas. Así, cada
colectividad, teenek o nahua, no sólo posee un término para
designar al mestizo —ejek en teenek y koyotl en náhuatl— sino Xantolo, en noviembre, así como la ofrenda de elotes al cose-
que también cada una se autonombra por su propio etnónimo char. A nivel comunitario, en el medio nahua, destacan las
—teenek para los teenek y macehuali para los nahuas—, lo que ofrendas colectivas al cerro, una vez al año; la bendición del
refuerza la especificidad étnica de cada grupo. Ésta se expresa pozo principal en mayo para que no se seque y, por supuesto,
particularmente en la vida cotidiana de muchos habitantes la fiesta patronal del pueblo, que moviliza a una gran parte
de las comunidades indígenas de la Huasteca; vida marcada de los habitantes, incluso a los emigrantes, y durante la cual,
por una serie de fiestas, danzas y rituales que se sitúan a dife- además del culto a los santos tutelares, se observan —en
rentes niveles: individual, familiar y comunitario. particular en el medio nahua— opíparas ofrendas a la madre
tierra (Ariel de Vidas, 2007b).
A nivel individual, se trata de las curaciones y ritos de paso
—como los nacimientos y defunciones—, tradiciones locales Cosmovisión
que se agregan a las de carácter religioso o a las institucio-
nales. A nivel familiar, son relevantes las ofrendas a la milpa, Estas prácticas que siguen aún dentro de las comunidades
al potrero y a la casa a principios del año, las ofrendas y los nahuas y teenek reflejan una cosmovisión autóctona moti- Foto 14. Procesión funeraria en El Cerro, Chicontepec.
arcos floreados y adornados en la fiesta de los difuntos o vada por una creencia profunda acerca del papel de la tierra,
44 PATRIMONIO CULTURAL
Danzas y músicas
En las ocasiones festivas salen a relucir las danzas que acom- Foto 15. Pan de muerto de los nahuas.