CAUSAS QUE HAN PROVOCADO LA POBREZA DEL PUEBLO MAYA
CIUDAD DE GUATEMALA.- Son más de la mitad de la población, herederos de
una cultura milenaria, depositarios de siglos de conocimiento y portadores de
tradiciones y enseñanzas ancestrales. Sin embargo, ser indígena en Guatemala
es equivalente, salvo escasas excepciones, a marginación, pobreza y falta de
oportunidades. Las cifras hablan por sí solas: el 80% vive en la pobreza y más del
40% es analfabeto. Una situación que se agrava y se vuelve más dramática aún
en el caso de las mujeres, donde los datos son de más del 62%.
Y es que, basta con darse una vuelta por cualquier parte del país para comprobar
esta realidad. Siempre son ellos, las poblaciones nativas descendientes de los
mayas, los que ocupan los estratos más bajos de una sociedad que,
sistemáticamente, les excluye y margina. Son ellos, los hombres de maíz, los
que sufren una discriminación que invariablemente les condena a las posiciones
económicas, sociales y políticas más desfavorecidas.
El hecho de nacer indígena en Guatemala supone, según estimaciones de la
Organización Mundial de la Salud, tener una esperanza de vida promedio al nacer
17 años más baja que el resto del país y, en el caso de las mujeres, tener tres
veces más posibilidades de morir. A lo que se suma, que casi siete de cada diez
niños sufren algún grado de desnutrición.
VALOR DE LA MADRE TIERRA
Desde siempre nos han enseñado que el ciclo de la vida es simple, nacemos,
crecemos, nos reproducimos y morimos; pero nunca se dice que es lo que permite
que ese ciclo se dé. Desde el paleolítico se ha considerado la existencia de un
poder superior que da la vida indicando un reconocimiento de la interrelación entre
las personas y su medio, de la función fundamental del entorno para dar
prosperidad, fertilidad y crecimiento. Este concepto esencial es lo que muchos
llaman Madre Tierra; es la que permite que todos los organismos prosperen, que
se formen comunidades, que se desarrollen las culturas y finalmente logremos el
desarrollo. No es una conceptualización nueva, pues ha estado presente en la
cosmovisión de casi todos los pueblos del mundo.
Los pueblos originarios de América han mostrando a la Madre Tierra como una
entidad viviente, que se mueve, siente y resiente. Es la Madre Tierra la que brinda
agua y provee la tierra para la agricultura y con ello la producción de alimentos
que permite el sustento. Pero así como nos brinda esos regalos, al faltarle el
respeto y al no cuidarla, nos castiga a todos, evitando que prosperen las cosechas
y que la vida sea un gran calvario. Esta conceptualización de nuestro entorno es
tan real que ha sido incluida en el seno de las Naciones Unidas, a través de la
Resolución 63/278 de la Asamblea General, reconociendo a la Madre Tierra como
“una expresión común utilizada para referirse al planeta Tierra en diversos
países y regiones, lo que demuestra la interdependencia existente entre los
seres humanos, las demás especies vivas y el planeta que todos habitamos”.
EL COSMO PARA EL DESARROLLO DE LA VIDA
Desde que el hombre existe ha manifestado su preocupación por conocer el
mundo que le rodea, y esta inquietud se sigue manteniendo en la actualidad. Es
inherente a nuestra naturaleza. Desde la Antigüedad, el hombre miraba al cielo e
interpretaba los movimientos de los astros buscando respuestas. Nuestros
ancestros crearon sus ritos, calendarios, pautas vitales, regidos por las
observaciones de la naturaleza.
Cosmos. Desde su origen, el hombre investigaba su entorno buscando el porqué
de las cosas. Hoy en día, después de siglos de observación y desarrollo de
múltiples teorías científicas, nos encontramos inmersos en el estudio de la
evolución de nuestro planeta Tierra, conjunto de delicados equilibrios que permite
la existencia de la vida, tal y como la conocemos.