ALEJANDRO
COLLANTES DE TERÁN
VERSOS
1926
Colección “MEDIODÍA” Sevilla
Mejías y Susillo, Impresores.-San Eloy, 8. Sevilla
Consejo del Autor a su Libro
Sé pequeño, libro mío,
discreto en tu parvedad
y para envidias huidizo.
Sé pequeño: que así puedes
bautizarte de olor, en
los bolsos de las mujeres.
Sé pequeño, libro mío:
para que te lleven siempre
las manos de mis amigos.
Dedicatoria
A mi Amor
de ayer, de hoy y de mañana,
va mi libro de versos,
con alegría.
CANCIONERO DEL ALMA
La ofrenda de las dos alas
A Carlos Casajuana.
No le mires de ese modo,
déjale beber su vino,
sobre la rosa y el lodo;
porque hay tiempo para todo
y para todos, camino.
II
No le dispares tu flecha,
que será flecha perdida
y vuelve a rimar la endecha
de la vereda derecha,
luminosa y florecida
de tu vida.
La canción del verso
despreciado
A una.
¿Te acuerdas?
Pasaste a mi lado
y me dejaste lleno de deseos
de acariciar tu mano.
Me regalaste
la música de tu paso,
y las dos llamitas azules
de tus ojos claros.
Yo te dije un verso...
¡y te fuiste sin escucharlo!
Dios te dará el castigo
que debe a tu pecado,
y soñarás conmigo muchas noches,
y pensarás en algo
que nunca alcanzarás
ver en tu mano,
porque te dije un verso...
¡y te fuiste sin escucharlo!
Cartas de novias
A Narciso Espinosa.
El retrato que tú quieres
no lo encuentro;
pero te mando el jazmín
y el pañuelo
y un redondel en la carta,
lleno de besos.
II
No salgo.
¿Para qué quieres que salga,
si en ningún sitio te hallo?
III
En aquella silla baja
— en la que hablaba contigo —
paso las horas, sentada.
IV
Ven pronto,
porque quiero mirarme en tus ojos
Ya no me peino,
ni me pongo nardos,
ni me pongo el vestido de rayas
que te gusta tanto...
VI
Después de la misa,
junto a la ventana
—que tú bien conoces —
espero tus cartas.
VII
Puedes engañarme...
¡Pero no me engañes...!
Besos en la Giralda
A Rafael Laffón.
Campanero de la Giralda,
¿es verdad que nuestros besos
tú no sabes nada...?
¡Qué bien sonaban los besos
debajo de las campanas!
Ella miraba el sol
y la ciudad blanca...
todo era poesía,
amor y alma.
Campanero no lo digas,
campanero a tus campanas;
acuérdate de que tu novia,
era la Hija del campanero
de la Giralda.
La canción más honda
A ti.
Ven a mi lado, que quiero
decir, cerca de tu blonda
cabellera, la más honda
canción de mi Cancionero
Porque tienes la alegría
y la gracia de la flor,
que reza, sobre el albor
del altar, la canción blanca
y azul del Mes de María;
porque tienes una franca
sonrisa, que sabia arranca
todo negro pensamiento
de mi carne, porque siento
que me encantas, ahora quiero
decir, cerca de tu blonda
cabellera, la más honda
canción de mi Cancionero.
Desde que te conocí
no sé qué cosa ha nacido
alegre, dentro de mí;
es como un nuevo latido
caliente y desconocido
que late solo por ti...
Desde que te conocí
las mañanas me dan más
alegrías y las noches
más sueños y más derroches
de estrellas y cuando vas
a sonreír, yo te quiero
decir cerca de tu blonda
cabellera, la más honda
canción de mi Cancionero.
CANCIONES ANDALUZAS
Bandera de Andalucía
A José A. Vázquez.
Bandera de Andalucía,
si yo te hiciera, estos tres
colores te pintaría:
Azul, blanco y amarillo:
los tres colores del sol
sobre todos los caminos.
Azul, ovillo del sueño,
color de ojos adorados,
color de libro de versos.
Blanco de pan y de cera,
de carta virgen,
de paloma, de tela...
Amarillo; tristeza,
de la carne apasionada,
nunca contenta.
Bandera de Andalucía,
si yo te hiciera, estos tres
colores te pintaría:
Azul del cielo,
blanco de la tapia
y amarillo del albero.
Dos-Hermanas
A Esperanza, reina del
pueblo por la gracia de
su cara.
Dos-Hermanas:
en tus calles silenciosas
nacen todas las mañanas
sonrisas y mariposas.
Qué lindas en mayo están
las Huertas de Dos-Hermanas
cuando cantan las campanas
el alba en San Sebastián.
Cuando la villa se llena
de algazara y de ruido
de recibir el silbido
rotundo de la sirena,
el sol dora con sus brillos
los colorados zarcillos
de cristal de las obreras
que caminan mañaneras
por senderos amarillos.
***
Mediodía... Los manchones
duermen su siesta sensual,
por un caño va el cristal,
del agua de los plantones...
Un carro pasa despacio
y su crujir de madera
es el ay de una playera,
que se rompe en el espacio.
Las calles quedan desiertas,
hay olor de pan y ruidos
de almuerzo y gratos latidos
hogareños en las puertas.
Un forastero ha pasado
camino del Arenal;
detrás de cada cristal
se levanta con cuidado
un visillo; cada flor
de tiesto, con sed espera
la flor de la regadera;
hay en la tierra un olor
de humedad caliente y grata.
Vuelve la vida. La mata
bendice a Dios, los jilgueros
cantan, cantan los zagales,
en la paz de los senderos
que rayan los naranjales.
***
Se habla de campo y de vino,
de la guerra con los moros,
de política y de toros
en la acera del Casino.
Un pito: aprietan el paso
Carmela y Consolación,
para ver en la estación
un tren que trajo retraso.
Tienen la mirada llena
de sol, una dalia clara
en la cabeza, en la cara
la belleza nazarena.
***
La noche de mayo está
linda; todo maravilla.
Un coche de juerga va
caminito de Sevilla...
ALCALÁ DE GUADAÍRA
(Tres motivos)
A Rosario y Lola
La piedra, el agua, la harina,
el pan, carne del Cordero,
la empedrada calle pina
y el cantar del panadero
por la Calle de la Mina:
En la Venta de Platilla,
vi yo la mujer más guapa
de Alcalá de Guadaíra.
II
La dorada almena vieja
del alcázar, ha escuchado
la cantiga y la conseja
y el golpe recio y ferrado
de la bien forjada reja:
Alcalá "la bien cercada",
por sobre tus almenados,
pasa una nube de flechas
de moros contra cristianos.
III
La ermita sobre la loma,
la noche de agosto, santa,
y la Luna que se asoma
a ver la niña que canta,
rezando sobre la loma:
Aguilita Santa,
por Dios te lo ruego,
que, como aguilita real, a mí venga
tóo su pensamiento.
VACACIONES EN LA HUERTA
Camino lleno de Luna
A Osmán del Barco
Pasa una sombra
por el camino...
Te quedas quieta,
tus labios fríos
dicen: —Aguarda,
¿quién será? —
Por el camino
no pasa nadie,
es como un río
seco, de mármol,
que se ha dormido
bajo la Luna.
Cuando acaricio
tus manos finas,
tienes el brillo
de los jazmines.
¡Oh nuestro idilio,
que da sus flores
cuando te digo:
"No pasa nadie
por el camino"!
Canción de Noria
Al compás de la tranquilla
dice su verso el poeta,
el verso que en la pileta
brilla.
Hacen un latino canto
al subir los cangilones
y parecen corazones
en llanto...
Vuelven de las sementeras
los pájaros a las lacias
varetas de las acacias
y a la cruz de las moreras,
y a la noche, que se acerca,
rima una murmuración
el agua, en el escalón
penúltimo de la alberca.
***
Del pozo en las bocaminas
ponen sus sedas y blondas
los romances de las ondas
redondas y cristalinas,
y el gotear lento y grave
del agua de la cadena
a bordón y a prima suena
y a cante jondo suave.
Queda quieta la palanca
y en el suelo la vacuna
camella... Sale la Luna
a mirar su risa blanca,
lírica y llena de gozo,
como un jazmín florecido
en el espejo dormido
del pozo...
Lamentación
A Fernando Labrador
¡Malhaya este mal día
de calor que ha venido!
El calor ha dejado
caer del tibio nido
al pajarillo gris,
que era recién nacido.
¡Malhaya este solano
que ha secado las rosas
que plantara la mano
de María, una tarde
bonita de Verano!
El Álamo
A Juan Miguel Sánchez
Para, gota de rocío;
rocío: no llores más
sobre el álamo caído.
Dice esta tarde el jilguero:
— "¿En dónde voy a dormir
cuando esté muerto de sueño?"
Y "¿dónde estará mi arpa?"
dice y pasa mudo el viento.
Los niños a prima noche
me cercaban, me pedían
historias de apariciones:
"Una vez era un gigante"
"¿Y era muy grande?". "Pues era
como el álamo de grande"
"Era un demonio muy alto"
"¿tan alto como el limón?"
"Casi, casi como el álamo"
Le da el sol en las raíces
y está llorando su savia;
le da el sol para que brille.
Llorando savia se muere...
La boca del hacha, ríe...
CALLES Y CAMPOS DE PUEBLO
Canción de rueda
A J. Romero Murube
En la calle queda,
blanca, pueblerina,
da vueltas la rueda
con gracia cansina.
Hay pianos, allegros,
niñas mariposas,
y cabellos negros
y mejillas rosas.
Y la más rubita
canta su rondel:
«Yo soy la viudita
del Conde Laurel»
En la viña quieta
sonrió la luz,
sonrió un poeta
triste y andaluz.
En la baja puerta
puso de aldabón,
la tarde desierta
su buen corazón.
La espadaña reza...
El poeta aquel
rimó «La tristeza
del Conde Laurel».
Ronda
A Pablo Sebastián
Que yo no busqué tu esquina,
que ella se vino a mi paso,
en el mar de aquella plaza
como la proa de un barco.
Los lienzos de tus vestidos
se movían en lo alto,
pidiendo tregua al amor
por diez pabellones blancos.
Varada tiene la proa:
prisionera de mi barro,
él será carne de ánfora,
ánfora para tu llanto,
búcaro de tus deleites,
alféizar para tus brazos;
porque se vino tu esquina
prisionera de mi barro
por el mar de aquella plaza
como la proa de un barco.
Pinares
Al Maestro Salinas
Nochecita en los Pinares...
El viento dejó sus tristes
coplas de duda y de engaño
en las gavias de la linde.
Morena del traje blanco:
en el pinar yo te dije
mi oración, la que tú sabes
inspirar cuando sonríes.
Se acercaban las estrellas,
para escuchar nuestros firmes
juramentos, y temblaban
brillando como jazmines...
¡Nochecita en los pinares!
¡Cómo quieres que te olvide?
La Luna de julio estaba
muy blanca, y tú me quisiste...
El forastero
A Eduardo Llosent
¿Para qué te habré mirado,
mocita de Dos-Hermanas,
la noche de Santiago?
¡Ay mocita aceitunera,
qué bien te va ese vestido
color de tierra de huerta!
En la sombrilla de luces,
de la feria, no vi luz;
la vi en tus ojos azules.
El vapor de la algazara
injertaba en clavellinas
los jazmines de tu cara.
Que me bauticen tus labios:
llámame con un apodo,
con un apodo salado.
— El galán que a mí me case,
ha de ser el más galán
regador de naranjales.
—Ah! ¡Quién fuera regador
de tus blancos azahares!
MUCHACHAS DE PUEBLO
Cuando tú quieres
A Emilia
Cuando tú quieres
eres la más bonita nazarena,
y con tus ojos, todos los caminos
de la ilusión, alegras.
Cuando te pones la mantilla blanca
tus ojos se sombrean,
y te dicen piropos encendidos
las luces de la Feria.
¡Qué linda estás con el pañuelo rojo
de figuras chinescas!
en tus manos se llenan de frescura
las flores de papel de las verbenas.
Pero me gustas más, cuando te veo,
en los domingos de la Primavera,
con tu velito negro,
saliendo de la iglesia.
Dalia de luz
A Rafael Porlán
Aquella luz era, madre,
la luz con que yo soñé;
los fuegos artificiales.
Primero toda de oro
y después toda de sangre
y luego toda de llanto
y después toda de sangre
y luego otra vez de oro.
Los fuegos artificiales.
La luz con que yo soñé
aquella luz era, madre...
Retrato
A Esperanza
Con letra de cante jondo
hay que cantar la graciosa
picardía de tus ojos.
Y con letra graciosa
de seguidilla,
la gracia de tu cuerpo
de maravilla.
—¿Y el estribillo?
—¡pa ponerte cerezas
en los zarcillos!
Valme
A Pedro Garfias
¡Ay, madre, cómo me cansa
la vida que estoy viviendo:
de cadena que no acaba,
son mis horas cangilones:
a la fuente por el agua,
a charlar con quien me quiere,
a estarme dentro de casa,
a charlar con quien me quiere,
a la fuente por el agua...
son mis horas cangilones
de cadena que no acaba,
la vida que estoy viviendo,
ay, madre, cómo me cansa!
Feria
A Adolfo Quijano
—Tú no traes en los zapatos
el albero de la Feria.
— ¡Si se me murió mi madre
antes de la Primavera...!
Mira que tengo la cara
deslucida por la pena;
mira que tengo los ojos
grandes, de llorar por ella,
que no visto traje azul
ni mantón de enredadera,
que no se juntan con flores
mi pecho ni mi cabeza,
que cuando piso la calle
es cuando voy a la iglesia,
en el alba del domingo
para la misa primera...
nadie mira mis balcones,
nadie me ronda la puerta.
—Ya tienes quien te haga ronda
todos los días de fiesta,
quien oiga misa contigo
junto a la concha de piedra...
— ¿Quién podrá ser mi galán?
— El que te dice con pena:
"Tú no traes en los zapatos
el albero de la Feria"
EL POEMA
DE LOS CASCABELES
A MANOLO HALCÓN,
recuerdo de una noche «cruci-
ficada».
Luna de Andalucía,
reina de la llanura,
me cambiaste la dura
luz dorada del día
en una dulce blancura
serena y grata.
Paleta de un solo color,
por ti, de noche, el Señor
todo lo pinta de plata.
Luna, lunera,
cascabelera;
cascabelera
es mi canción
de carretera...
el diapasón
lo regalan los lebreles
tras la manola ligera,
al compás de los cascabeles.
II
Para saber lo que es armonía
es preciso que hayas estado
en la ventana, muerto el día,
mirando cómo en el vallado,
tornasoladas de diamante,
abren sus brazos las chumberas,
esperando al viento distante,
que se levanta en las rastrojeras,
para ofrecerle sus espinas
en amorosa vibración...
en las espinas cristalinas
compone el viento su canción.
Y luego el viento va al jardín
y posa ligero su mano
en la blancura del jazmín
como en las teclas de un piano.
Noche, el silencio se obscurece;
llega un jilguero que se agarra
a la yedra y mientras se mece,
hay bordoneos de cigarra
a lo largo de la cortina.
Es un gran órgano sonoro,
el pino: en él la golondrina,
sobre un intenso piar, a coro,
de gorriones, que se afana
en aturdir, con devoción,
el registro de la voz humana
abre al repique de oración.
Pero te queda todavía
la última estrofa musical:
noche de luna: ¿Es noche? ¡Es día!
sobre el laurel de la alquería
se abre la aurora sideral.
Ahora lo blanco es lo que impera:
se descoloran los claveles,
del lado de la carretera,
vienen besos de cascabeles.
III
El me decía: —"Estarás,
a las once, en el portillo
de los pinares. ¡Qué bien
vas a pasarlo conmigo!
La noche está clara, iremos
hasta dar con el camino,
andando. Allí nos aguarda
mi coche..." No sé qué dijo
después. Sus dedos sentí
alrededor de los míos
y suspiré... Con un beso
él me cortaba el suspiro.
Y llegó la noche clara.
Estrellas y luceritos
se reían de mis miedos
a las once en el portillo.
El heno estaba agostado,
por la chispa fue transido...
Fue la culpa de los dos,
de ninguno, ¡del cariño!
Sobre el asiento de pana
me dejé caer, lo mismo
que si hubiese atravesado
cuatro veces el cortijo.
Ya las ruedas se movían;
él me juraba al oído,
que entre todas me tomaba
para madre de sus hijos.
Y luego, de recio: "Mira,
es un antojo, un capricho,
ahora vamos a cambiar
besos tuyos por los míos,
al son de los cascabeles,
que tiemblan de regocijo,
viendo que viene a mi lado
una flor, como no han visto
otra igual en el contorno
ni el sol ni los campesinos".
El tin tin me mareaba
igual que marea el vino...
al son de los cascabeles
comenzaron mis martirios.
ÍNDICE
Consejo del autor a su libro 5
Dedicatoria 6
I CANCIONERO DEL ALMA
La Ofrenda de las dos alas 9
La Canción del verso despreciado 10
Cartas de novias 12
Besos en la Giralda 14
La Canción más honda 15
II CANCIONES ANDALUZAS
Bandera de Andalucía 19
Dos-Hermanas 21
Alcalá de Guadaira 25
III VACACIONES EN LA HUERTA
Camino lleno de luna 29
Canción de noria 3l
Lamentación 33
El Álamo 34
IV CALLES Y CAMPOS DE PUEBLO
Canción de rueda 39
Ronda 41
Pinares 43
El Forastero 45
V MUCHACHAS DE PUEBLO
Cuando tú quieres 49
Dalia de luz 50
Retrato 51
Valme 52
Feria 53
VI EL POEMA DE LOS CASCABELES
Este libro de VERSOS de
Alejandro Collantes de Terán,
se acabó de imprimir en la tipografía
de Mejías y Susillo, en Sevilla,
el día quince de Julio,
víspera de la fiesta de
Nuestra Señora
del Carmen
1926