Como convertirse en un Intérprete de Dios
“Así será Mi Palabra que sale de Mi boca, No volverá a Mí vacía Sin haber realizado lo que deseo,
Y logrado el propósito para el cual la envié”. (Is 55:11).
Los profetas fueron intérpretes de Dios. Vidas llamadas para que le hablaran las palabras de Dios a
la gente, a las situaciones, a las ciudades, a los huesos secos, a las montañas, o a cualquier cosa
que Dios les indicara. Para cumplir la misión ordenada por Dios, debían someterse al Señor. Su
boca debía ser la de Dios. Todos los que quieran ser instrumentos de Dios tienen la necesidad de
permitirle poner orden en su boca y en las palabras que salen de ella.
Que debemos hacer como interpretes de Dios.
1- Hable solo cuando Dios le haya Hablado
“Tenemos dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado. Si el don de alguien es el de
profecía, que lo use en proporción con su fe; si es el de prestar un servicio, que lo preste; si es el
de enseñar, que enseñe”. (Rom 12:6-7)
La exhortación al profeta es de no ir más allá de la palabra inspirada que su fe le ha permitido
recibir de Dios, no añadir al mensaje recibido por inspiración del Espíritu.
2- Los líderes debemos mostrar cierta medida de madurez y autocontrol.
Debemos ser Responsable.
“Hermanos en Cristo, no todos debemos tratar de ser maestros. Porque Dios juzgará a los
maestros más estrictamente que a los demás. Todos cometemos muchas faltas, pero solo quien es
capaz de dominar su lengua, es una persona madura y puede dominarse a sí mismo. Al caballo
podemos dominarlo, y hacer que nos obedezca, si le ponemos un freno en la boca”. (Sant 3:1-3).
Alguien dijo: “Has que mis palabras sean dulces hoy porque mañana puede que tenga que
tragármelas”.
Todos los que se entrenan para ser intérpretes o voceros de Dios, con frecuencia serán utilizados
para animar, exhortar y edificar a otros.
Animar, dar aliento. “Es muy grato dar la respuesta adecuada, y más grato aún cuando es
oportuna”. (Prov 15:23).
“El Señor me ha instruido para que yo consuele a los cansados con palabras de aliento.
Todas las mañanas me hace estar atento para que escuche dócilmente”. (Is 50:4) Otra
versión: El Señor Dios me enseñó lo que tengo que decir. Así que sé qué decir para darle
ánimo al débil. Cada mañana él me despierta, afina mi oído para escuchar como los que
estudian.
Estos versículos merecen nuestra reflexión. En realidad son grandes pasajes bíblicos. ¡Qué
tremenda bendición es ser utilizado por Días para animar a otros! Podemos bendecir a la gente
con las palabras de nuestra boca. Piense bien en esto. Sólo con nuestras palabras podemos hacer
que la gente se devuelva o siga adelante. Los padres deben tener mucho cuidado con la forma
como les hablan a sus hijos. Como padres, las parejas tienen autoridad sobre la vida de sus hijos
hasta que éstos tienen edad suficiente para dirigir sus propias vidas. Y por causa de esa autoridad
las palabras de los padres pueden alentar o desalentar a un niño. Las palabras de un padre pueden
herir o sanar.
Cuando los niños cometen errores, lo cual ocurre miles de veces durante la niñez, los padres
necesitan saber "cómo disciplinarlos", es decir, en amonestación del Señor. “Dale buena educación
al niño de hoy, y el viejo de mañana jamás la abandonará. (Prov22:6).
“Padres, no hagan enojar a sus hijos sino edúquenlos con la disciplina y la enseñanza del Señor”.
(Ef 6:4).
La Exhortación. Llamada de atención, amonestación, advertencia, aviso.
En Juan 14:26 el Espíritu Santo es denominado el "Ayudador". Él exhorta a los creyentes a crecer
en su relación con Dios, y los anima a ser todo lo que pueden ser, para la gloria de Dios.
“ El Espíritu Santo vendrá y los ayudará, porque el Padre lo enviará para tomar mi lugar. El Espíritu
Santo les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he enseñado.
En las iglesias siempre hay suficientes personas que están listas para darse por vencidas si no
ocurre algo que las aliente y les dé ánimo. Como exhortadores, usted y yo estamos en capacidad
de evitar que alguien se dé por vencido o se descarríe.
“Por lo tanto anímense (amonéstense, exhórtense) entre ustedes mismos y edifíquense
(fortatezcanse y estimúlense) los unos a los otros, tal como lo están haciendo (1Tesal 5: 11).
Edificar a otros, cuidense del lenguaje corrompido.
“No digan malas palabras. Al contrario, digan siempre cosas buenas, que ayuden a los demás a
crecer espiritualmente, pues eso es muy necesario”. (Ef 4:29).
Corrompida: Significa literalmente «desmejorada, podrida», como usualmente se aplica a la carne
dañada, las frutas pasadas...
Dios desea dar Su toque sanador a muchas bocas, a su manera de hablar, y convertirlas en Sus
voceras. Hay mucho qué decir y muchos que necesitan escuchar. Yo lo animo a permitir que Dios
obre en estas importantes áreas de su vida y como el profeta Isaias lo hiciera, a comprender que
sin el poder purificador de Dios, todos tenemos labios inmundos (Isaías 6:5).