Iribarren, Casiano Rafael c.
Santa Fe, Provincia de
Iribarren, Casiano Rafael c. Santa Fe, Provincia de
Buenos Aires, 22 de junio de 1999. - Vistos los autos: Iribarren, Casiano Rafael c. Santa Fe,
Provincia de s/acción declarativa, de los que Resulta:
I) A fs. 12/22 vta. se presenta el doctor Casiano Rafael Iribarren en su condición de ministro de
la Corte Suprema de la Provincia de Santa Fe e inicia una acción declarativa de certeza contra
ese Estado a fin de lograr un pronunciamiento que declare la inconstitucionalidad del art. 88 de
su Constitución en cuanto dispone el cese de la inamovilidad de los magistrados a partir de los
sesenta y cinco años de edad si están en condiciones de obtener la jubilación ordinaria.
Transcribe esa norma legal que establece que los magistrados y funcionarios del Ministerio
Público son inamovibles mientras conserven su idoneidad física, intelectual y moral y el buen
desempeño de sus funciones como asimismo que cesa su inamovilidad a los sesenta y cinco años
de edad si están en condiciones de obtener jubilación ordinaria, y entiende que constituye una
clara violación del principio de división de poderes, de la forma republicana de gobierno y de los
postulados básicos de cualquier Estado de Derecho. Destaca que la Constitución provincial no
prescribe un modo de cese automático sino que de manera mucho más grave deja el arbitrio de
otro poder (en el caso del Ejecutivo) la remoción de un juez.
Expone que luego de una carrera judicial que comenzó el 22 de enero de 1947, con el
advenimiento de la democracia fue designado ministro de la Corte Suprema provincial cargo
que desempeña desde el 28 de diciembre de 1983, habiendo ocupado la presidencia del cuerpo
en los años 1990 y 1991.
Sostiene que en toda sociedad libre es requisito que el Poder Judicial sea independiente, esto es,
que el juez ejerza su función libre de toda eventualidad y/o intromisión de los otros órganos del
Estado y entiende que la norma impugnada afecta tal principio toda vez que lleva a la
comunidad a suponer que la estabilidad de sus jueces depende de la discrecionalidad de otro
poder. En ese sentido, recuerda que la Corte Suprema de Justicia de la Nación no ha dudado en
sostener que asegurar el valor real de las remuneraciones judiciales a fin de que no sean
afectadas por la desvalorización monetaria configura una situación constitucional de las
previstas en el art. 96 del texto anterior de la Constitución que atiende al funcionamiento
independiente del Poder Judicial y que, por lo tanto, esos principios serían aplicables a la
situación sub examine toda vez que pone en tela de juicio la inamovilidad de los magistrados
como consecuencia de las atribuciones conferidas al Poder Ejecutivo.
Tras referirse a la procedencia formal de su pretensión cuestiona la validez constitucional del
art. 88 en cuanto dispone el cese de la inamovilidad a la edad de 65 años.
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En ese sentido, destaca que no está frente a un cese automático de la función por razones de
edad sino ante el cese de la garantía de la inamovilidad al mantenerse el magistrado en sus
funciones pero sin aquella condición. Dice que el preámbulo de la Constitución declara el deber
irrenunciable de afianzar la justicia y que un régimen de designación vitalicia garantiza ese
propósito. Hace mérito, asimismo, del carácter del sistema republicano que impone la división
de los poderes principio que se ve afectado por criterios como el que inspira al citado art. 88.
Reproduce la opinión de tratadistas, destaca la obligación de las provincias de someterse a las
prescripciones de la Constitución Federal y reitera su defensa del principio de inamovilidad.
Afirma que la Ley Fundamental de la provincia no ha dispuesto el cese por el acceso a la
jubilación y entiende que se ha querido evitar el sistema de juicio político mediante una solución
inconstitucional al dejar librada a la discrecionalidad del gobernador la separación de los
magistrados.
Agrega que la disposición cuestionada consagra una violación al principio de la razonabilidad ya
que nada impide al Poder Ejecutivo nombrar jueces mayores de 65 años y sostiene que lesiona la
independencia de los magistrados al disponer que aquel órgano pueda separarlos del cargo en
detrimento de los principios, derechos y garantías consagrados en la Constitución.
II) A fs. 48/55 contesta la Provincia de Santa Fe. Sostiene que la cuestión sometida al Tribunal
es abstracta toda vez que se persigue una declaración de carácter general sobre hechos no
acontecidos y en cuanto al fondo del asunto dice que se trata de un aspecto propio de la
autonomía provincial que debe ser resuelto en esa órbita. El art. 88 de la Constitución de Santa
Fe constituye la expresión soberana y suprema del pueblo santafesino creada en el marco de las
facultades de las provincias de darse sus propias instituciones. La norma encuentra fundamento
en la necesidad de lograr una mejor administración de justicia y ha sido tomada de
constituciones de otros países americanos que establecen disposiciones análogas. Por lo demás,
no contraría los principios y garantías de la Constitución Nacional ya que mantiene la
inamovilidad absoluta de los magistrados en todos sus contenidos (estabilidad, imposibilidad de
traslado no consentido o ascenso no aceptado), aun cuando uno de sus aspectos, como es la
estabilidad, se conceptué en razones de mérito que exceden los intereses del poseedor del cargo
y consulten necesidades superiores.
Agrega que no es, como lo sostiene el demandante, una facultad de ejercicio discrecional de otro
poder del Estado y que tampoco se le fija al magistrado un límite de edad. En ese sentido afirma
que la potestad se restringe en la medida en que se encuentre en condiciones de acceder a la
jubilación ordinaria y que, de no reunirse tales recaudos, cualquiera fuese su edad biológica
mantiene su estabilidad.
Cita la opinión de autores acerca del concepto de la independencia de los jueces y, por último, se
refiere a la postura del actor y la teoría de los actos propios. Asi dice que al acceder al cargo juró
cumplir y hacer cumplir, entre otras, la disposición que impugna no formulando reserva alguna
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sobre sus alcances.
Considerando: 1º Que este juicio es de la competencia originaria de la Corte Suprema tal como
se decidió a fs. 28/29.
2º Que como se ha sostenido a partir de Fallos: 307:1379, la declaración de certeza, en tanto no
tenga carácter simplemente consultivo ni importe una declaración meramente especulativa y
responda a un caso que busque prevenir los efectos de un acto en ciernes al que se atribuye
ilegitimidad y lesión al régimen constitucional, constituye causa en los términos de la Ley
Fundamental (ver asimismo: Fallos: 310:606 y 2812, entre otros).
La cuestión debatida en autos encuadra suficientemente en tales exigencias por lo que cabe su
tratamiento.
3º Que al considerar los alcances de la teoría de los actos propios, a la que acuerde la provincia
demandada para lograr el rechazo de la pretensión del actor, esta Corte ha precisado que la
renuncia a las garantías constitucionales sólo es admisible cuando están en juego derechos de
contenido patrimonial y no aquellos vinculados directamente con el estatuto personal de la
libertad y sobre tales bases la consideró inaplicable en el caso de Fallos: 279:283 donde se
trataban los agravios del actor frente a las exigencias de la agremiación obligatoria al Colegio de
Abogados de la Provincia de Entre Ríos. Más adelante, la consideró igualmente inaplicable para
denegar la revisión de un derecho al que la Constitución Nacional le confiere el carácter de
irrenunciable (Fallos: 315:2584) y la desestimó cuando se cuestionó la validez de una norma a la
que se vio obligado a someterse el interesado como unica vía posible para acceder al ejercicio de
su actividad (Fallos: 311:1132) situación fácilmente asimilable a la de autos.
4º Que lo expuesto permite advertir la particular atención concedida por el Tribunal al
resguardo de los derechos constitucionales con los fundamentos mismos del sistema
republicano de gobierno. Y no parece inapropiado entender que tal principio rige en el caso sub
examine si se recuerda que guarda estricta relación con fundamentos esenciales de ese sistema
como son la división de los poderes y la independencia de los jueces. Es que, según lo destacó el
dictamen del Procurador General en el caso de Fallos: 279:283, sería peligroso para la suerte de
esos derechos presumir la renuncia a invocarlos por el mero hecho del silencio guardado ante un
régimen legal que después se afirma los compromete.
Cabe señalar, por otro lado, que tal doctrina restrictiva de la aplicación de la teoría de los actos
propios admite antecedentes tan remotos como su implícito reconocimiento en Fallos: 149:137.
5º Que la cuestión traída a estudio consiste en decidir sobre la validez constitucional del art. 88
de la Constitución de la Provincia de Santa Fe en cuanto dispone la pérdida de la inamovilidad
de los jueces a los 65 años de edad si están en condiciones de obtener jubilación ordinaria.
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6º Que una revisión de las constituciones de América Latina, algunas de las cuales invoca la
demandada en defensa de su postura, indica que el principio de la inamovilidad de los
magistrados mientras dure su buena conducta se mantiene en términos similares al anterior
texto constitucional argentino en muchos casos o admite limitaciones por el carácter periódico
de la función o el cese a una determinada edad. Entre estas, ceñido el estudio a los antecedentes
citados en el responde, cabe señalar que la Constitución de la República Oriental del Uruguay
establece que los miembros de la Suprema Corte de Justicia durarán diez años en sus cargos y
que todo miembro del Poder Judicial cesará en sus funciones al cumplir setenta años de edad
(arts. 237 y 250) y que la de México sólo reconoce su remoción por juicio político (art. 110). La
Constitución de Brasil (art. 95) admite el carácter vitalicio inamovible y las de Chile y Perú fijan
como límites para el cese las edades de 75 y 70 años (arts. 77 y 242 respectivamente).
En cuanto a las constituciones provinciales, salvo la de La Rioja que establece para los jueces del
Superior Tribunal un sistema semejante al vigente en el orden Federal y la de Salta que ha
adoptado un régimen de cierta analogía con el impugnado en el sub lite, las restantes consagran
el principio de la inamovilidad sólo limitado por las causales que justifican el juicio político.
Finalmente, la Constitución Nacional luego de su reforma en 1994, dispone en su art. 99, inc. 4º,
la caducidad del carácter vitalicio de la designación de los jueces al cumplir los setenta y cinco
años requiriendo un nuevo acuerdo para autorizar la permanencia en el cargo, una vez superada
esa edad.
7º Que, sin que ello importe abrir juicio sobre esta última disposición, corresponde advertir que
la norma impugnada presenta -con relación a aquélla, una diferencia de carácter sustancial. En
efecto, de modo ajeno al contenido del art. 99, inc. 4º de la Ley Fundamental, el art. 88 de la
Constitución provincial hace cesar la condición de inamovilidad del cargo para el magistrado
que cumple 65 años, sometiéndolo, sine die, a permanecer en la función -con pérdida de un
atributo indispensable para su debido cumplimiento, con un carácter precario, sujetando este
estado al exclusivo arbitrio del Poder Ejecutivo.
8º Que la trascendencia de tales efectos excede el marco del derecho público local y se proyecta
al ámbito de vigencia de la Constitución Nacional, pues si bien ésta garantiza a las provincias el
establecimiento de sus instituciones, el ejercicio de ellas y la elección de sus autoridades, les
impone expresamente el deber de asegurar la administración de justicia (art. 5º), proclama su
supremacía sobre las constituciones y leyes locales (art. 31) y encomienda a esta Corte su
mantenimiento (art. 116). Y es evidente que choca frontalmente con el citado deber la
disposición que transforma en precaria la situación de los jueces que arriban a una determinada
edad, sin limitación alguna en el tiempo, dejando en manos de los otros poderes provinciales la
disposición de sus cargos.
9º Que, ante situaciones como la de autos, en la que se comprueba que han sido lesionadas
expresas disposiciones constitucionales que hacen a la esencia de la forma republicana de
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gobierno, en el sentido que da al término la Ley Fundamental, y que constituye uno de los
pilares del edificio por ella construido con el fin irrenunciable de afianzar la justicia, la
intervención de este Tribunal federal no avasalla las autonomías provinciales, sino que procura
la perfección de su funcionamiento, asegurando el acatamiento de aquellos principios
superiores que las provincias han acordado respetar al concurrir al establecimiento de la
Constitución Nacional. (Fallos: 310:804).
10) Que es del caso recordar que esta Corte ya señaló: Que la interpretación del pensamiento
que informa el art. 5º en cuanto a su contenido real, ha sido formulada por Estrada en los
siguientes términos: «La Constitución de los Estados Unidos sólo garantiza una forma
republicana de gobierno. La Constitución argentina garantiza dos cosas: una forma republicana
de gobierno y el goce y ejercicio efectivo y regular de las instituciones. De suerte que si en Norte
América solamente está obligado el gobierno federal a amparar a un Estado cuando su forma de
gobierno ha sido invertida, en la República Argentina está obligado el gobierno federal a
amparar a las provincias cuando la forma republicana ha sido corrompida, es decir, cuando ha
sido interrumpido el ejercicio regular de las instituciones cuyo goce efectivo ella garantiza».
Derecho Constitucional, pág. 144, tomo 3º. Y es de toda evidencia que no puede ser de otro
modo, ya que el sistema político adoptado y las garantías proclamadas en un estatuto, cuando
no tienen en la práctica efectividad y realización ciertas, lejos de hacer la felicidad del pueblo, lo
sumen en la desgracia y en el oprobio (Fallos: 154:192).
De esta misión del Gobierno Federal no hay razón para excluir al Poder Judicial, en la medida
que le quepa ejercer las funciones que las cláusulas constitucionales citadas le atribuyen (Fallos:
310:804, antes mencionado).
11) Que, con particular hincapié en la cuestión que subyace en el caso, es necesario señalar que
la independencia de los jueces hace a la esencia del régimen republicano y su preservación no
sólo debe ser proclamada sino respetada por los otros poderes y sentida como una vivencia
insustituible por el cuerpo social todo. Al respecto, ha dicho la Suprema Corte de Estados
Unidos de Norteamérica que una justicia libre del control del Ejecutivo y del Legislativo es
esencial, si existe el derecho de que los procesos sean resueltos por jueces exentos de la
potencial dominación de otras ramas del gobierno (United States v. Will, 449 U.S. 200, 217-218;
1980).
12) Que, en sentido coincidente, en oportunidad de pronunciarse en materias afines a la que
plantea el sub examine, esta Corte ha sostenido que nuestro sistema constitucional ha sido
inspirado en móviles superiores de elevada política institucional con el objeto de impedir el
predominio de intereses subalternos sobre el interés supremo de la justicia y de la ley. Tal
sistema, se dijo, se ha estructurado sobre un pilar fundamental: la independencia propia del
Poder Judicial, requisito necesario para el control que deben ejercer los jueces sobre los
restantes poderes del Estado (Fallos: 310:804, citado: 312:1686, disidencia del juez Belluscio).
13) Que en definitiva, sin que el pronunciamiento del Tribunal se asiente en razones vinculadas
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a la conveniencia o inconveniencia de la norma en cuestión -juicio que no está entre las
atribuciones que le son propias, sino en la comprobación de que aquella colisiona con los
principios de la ley suprema federal -en tanto hace cesar la inamovilidad de los jueces al
alcanzar la edad requerida para obtener la jubilación ordinaria, sometiéndolos a una situación
de marcada precariedad en el ejercicio de sus funciones, sujeta al arbitrio de otro poder del
Estado provincial, corresponde admitir la pretensión del demandante.
Por lo expuesto se decide: Hacer lugar a la demanda seguida por Casiano Rafael Iribarren y
declarar la inconstitucionalidad el art. 88 de la Constitución de la Provincia de Santa Fe. Con
costas (art. 68, cód. procesal civil y comercial de la Nación). Teniendo en cuenta la labor
desarrollada en el principal y de conformidad con lo dispuesto por los arts. 6º, incs. b, c, y d; 37
y 38 de la ley 21.839 [EDLA, 1978-290], se regulan los honorarios de la doctora A. M. P.
Notifíquese y, oportunamente, archívese. - Julio S. Nazareno. - Eduardo Moliné OConnor. -
Augusto César Belluscio (en disidencia). - Enrique S. Petracchi (según su voto). - Antonio
Boggiano. - Gustavo A. Bossert (según su voto). - Adolfo Roberto Vázquez (según su voto).
VOTO DE LOS SEÑORES MINISTROS DOCTORES DON ENRIQUE SANTIAGO PETRACCHI
y DON GUSTAVO A. BOSSERT. - Considerando: Que los infrascriptos adhieren al voto de los
jueces Nazareno, Moliné OConnor y Boggiano. Se considera necesario agregar, sin embargo, que
el acogimiento de la demanda del actor se apoya en que la violación (por parte del art. 88 de la
Constitución local) del principio constitucional de la inamovilidad de los jueces, que impone
respetar la Constitución Nacional, acarrea, en el caso del demandante, la concreta afectación de
un derecho personal del que goza, en su carácter de juez de la Corte Suprema santafesina, a la
luz de la Ley Fundamental de la Nación.
Por lo expuesto se decide: Hacer lugar a la demanda seguida por Casiano Rafael Iribarren y
declarar la inconstitucionalidad del art. 88 de la Constitución de la Provincia de Santa Fe. Con
costas (art. 68, cód. procesal civil y comercial de la Nación). - Enrique S. Petracchi. - Gustavo A.
Bossert.
VOTO DEL SEÑOR MINISTRO DOCTOR DON ADOLFO ROBERTO VÁZQUEZ. -
Considerando: Que el infrascripto coincide con los considerandos 1º a 4º inclusive, y con la
regulación de honorarios del voto de los jueces Nazareno, Moliné OConnor y Boggiano.
5º Que la cuestión sometida al conocimiento del Tribunal consiste en decidir sobre la validez
constitucional del art. 88 de la Constitución de la Provincia de Santa Fe en cuanto dispone la
pérdida de la inamovilidad de los jueces a los 65 años de edad si están en condiciones de obtener
jubilación ordinaria.
6º Que el examen de tal cuestión debe ser efectuado a la luz de lo establecido en la Constitución
Nacional.
Que ello es así, porque la competencia reservada por cada una de las provincias para el ejercicio
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de su propio poder constituyente, está condicionada por la necesidad de que las constituciones
locales resguarden el sistema representativo y republicano de gobierno, de acuerdo con los
principios, declaraciones y garantías de la Constitución Nacional, y que se asegure
especialmente su administración de justicia (art. 5°), lo cual exige, consecuentemente, una
adecuación de las instituciones locales a tales valores supremos; adecuación que, sin que llegue
al extremo de la identidad con las instituciones nacionales -ya que el federalismo encierra un
reconocimiento y respeto hacia las identidades de cada provincia, conduzca, no obstante, ...a
que las constituciones de provincia sean, en lo esencial de gobierno, semejantes a la nacional,
que confirmen y sancionen sus principios, declaraciones y garantías, y que lo modelen según el
tipo genérico que ella crea... (Joaquín V. González, Manual de la Constitución Argentina, nº
663; pág. 707, Buenos Aires, 1897; Fallos 311:460; 317:1195).
7º Que por lo demás, la Constitución Nacional asegura su propia supremacía sobre las
constituciones provinciales (art. 31) y encomienda a la Corte Suprema de Justicia de la Nación
velar porque ello se cumpla (art. 116).
En efecto, es a esta Corte Federal a quien le compete anular las disposiciones locales en caso de
ser contrarias a la Constitución Nacional, pues justamente su misión es definir los límites de las
dos soberanías: nacional y provincial (confr. Informe de la Comisión Examinadora de la
Constitución Federal, Convención del Estado de Buenos Aires, previa a la Convención
Reformadora Nacional de 1860, en E. Ravignani Asambleas Constituyentes Argentinas 1813-
1898, t. 4, pág. 773 y sgtes.).
Asimismo, la intervención del Tribunal lo es con el fin de procurar la perfección del sistema
republicano y federal, y el acatamiento a aquellos principios que las provincias acordaron
respetar al concurrir a la sanción de la Constitución Nacional (Fallos: 310:804).
8º Que, en función de lo expresado, el planteo de autos exige determinar si lo dispuesto por el
art. 88 de la Constitución de la Provincia de Santa Fe es compatible con el modelo concebido por
la Constitución Nacional en relación a la garantía de inamovilidad de los jueces.
Que se trata, pues de hacer un análisis comparativo entre el tipo genérico establecido en la
Constitución Nacional y el adoptado en la citada Constitución local.
9º Que tal análisis comparativo requiere, como es natural, de la previa definición de cuál es en
concreto el tipo genérico de inamovilidad de los jueces que consagra la Constitución Nacional
vigente. Tal definición juega como necesaria premisa del examen constitucional al que se debe
abocar esta Corte.
Que, en ese orden de ideas, y teniendo en cuenta que la indicada definición se asentaría, en lo
sustancial, en la interpretación de los arts. 99, inc. 4º, tercer párrafo, y 110 de la Carta Magna,
esta Corte se ve inexorablemente obligada a decidir, en función de lo dispuesto por el 6º de la ley
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24.309 [EDLA, 1994-a116], sobre la validez de la primera de las cláusulas citadas.
10. Que, al respecto, cabe recordar que el Congreso Nacional, en ejercicio de sus poderes
preconstituyentes, sancionó la citada ley 24.309 declarativa de la necesidad de la reforma
parcial de la Constitución Nacional de 1853 con las modificaciones de 1860, 1866, 1898 y 1957
(art. 1º).
Que en los arts. 2º y 3º de esa ley se fijaron los puntos y artículos que quedaban habilitados para
su tratamiento, debate y resolución por la Convención Constituyente convocada para sancionar
la reforma.
11. Que una detenida lectura de tales preceptos muestra que ninguno habilitó la modificación de
los alcances de la garantía de inamovilidad vitalicia consagrada en el art. 96 de la Constitución
Nacional de 1853 (actual art. 110), en virtud de la cual los jueces de la Corte Suprema y de los
tribunales inferiores de la Nación conservarán sus empleos mientras dure su buena conducta.
En tal sentido, el art. 2º de la ley 24.309 autorizó a la Convención exclusivamente a modificar el
texto de los arts. 45, 46, 48, 55, 67 (inc. 27), 68, 69, 70, 71, 72, 76, 77, 78, 80, 81, 82, 83, 84, 85,
86 (incs. 1º, 3º, 5º, 10, 13 y 20), 87 y 99 de la Carta Magna.
Por su parte, el art. 3º habilitó solamente la reforma de los arts. 63, 67, 86, 106, 107 y 108 del
texto constitucional de 1853.
Es decir, en ningún caso se mencionó al recordado art. 96 y, antes bien, esta última cláusula
mantuvo intacta su redacción en el texto sancionado en 1994 (art. 110).
12. Que, por otro lado, en el Núcleo de Coincidencias Básicas contenido en el propio art. 2º de la
ley 24.309, cuyo objetivo era aclarar la finalidad, sentido y alcance de las reformas que
quedaban habilitadas para su tratamiento y resolución por la Convención Constituyente,
tampoco estaba ni explícita ni implícitamente contemplada la posibilidad de modificar los
alcances de la garantía de inamovilidad vitalicia del art. 96 de la Constitución Nacional de 1853,
y mucho menos disponer que la superación de cierta edad por parte de los jueces federales
obraría por sí misma como causal de cesación de esa garantía.
Que, sobre el particular, debe ser observado que en ningún párrafo de los puntos I y J del citado
Núcleo de Coincidencias Básicas (referidos, respectivamente, a la designación de los
magistrados federales y a su remoción), se prevé como tema habilitado el relativo al
establecimiento de la caducidad de la garantía de inamovilidad de los jueces por cumplimiento
de cierta edad.
Es más: en lo que específicamente concierne a la remoción, el punto J del Núcleo de
Coincidencias Básicas señaló expresamente, como contenido material de la reforma, que las
únicas causales admitidas para el desplazamiento de los magistrados, tanto de la Corte Suprema
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como de los tribunales inferiores, serían la de mal desempeño, delito en el ejercicio de las
funciones o autoría de crímenes comunes. Tales causales ya estaban previstas, como únicas y
excluyentes de otras, en el texto constitucional de 1853 (art. 45).
13. Que, en lo que aquí cabe destacar, las modificaciones a la Constitución de 1853 que autorizó
la ley 24.309 con incidencia en la cesación de la garantía de inamovilidad vitalicia consagrada
por el art. 96, se refirieron pura y exclusivamente al modo de remoción de los magistrados
federales de tribunales inferiores, lo cual debía instrumentarse según la nueva Constitución a
través de un Jurado de Enjuiciamiento (punto J, ap. 2, del Núcleo de Coincidencias Básicas),
implicando la reforma que para tales magistrados ya no sería necesario el juicio político,
extremo que se mantenía sólo para los jueces de la Corte Suprema de la Nación (cit. punto J, ap.
1).
14. Que tampoco puede ser afirmado que lo dispuesto por el sancionado art. 99, inc. 4º, párrafo
tercero, hubiera estado habilitado dentro del elenco de modificaciones y reformas autorizadas
por la ley 24.309 relativamente a las atribuciones del Poder Ejecutivo Nacional.
Que, en ese orden de ideas, en el punto A del Núcleo de Coincidencias Básicas contenido en el
art. 2º de la ley 24.309, se clarificó exclusivamente sobre cuál debía ser el alcance que asumirían
las reformas al art. 86 de la Constitución de 1853, con el fin de que sus incs. 1º, 10, 13 y 20 se
adecuaran en su redacción a la aparición de la nueva figura del jefe de Gabinete de Ministros.
Como se ve, la cuestión no concernía a la aquí tratada.
Que, asimismo, ninguno de los temas habilitados por el art. 3º de la ley 24.309 respecto de las
atribuciones presidenciales guardaba relación, ni siquiera incidental, con la regla finalmente
introducida en el art. 99, inc. 4º, párrafo tercero. Al respecto, dicha disposición de la ley
declarativa de la reforma constitucional sólo aludió a la posibilidad de establecer -por nuevo
inciso al art. 86 de la Constitución de 1853- el acuerdo del Senado para la designación de ciertos
funcionarios de organismos de control y del Banco Central, excluida la Auditoría General de la
Nación (punto D), y a la actualización de las atribuciones del Poder Ejecutivo Nacional (punto
E), lo cual, bien entendido, significaba ...eliminar y dejar sin efecto aquellas normas (del
artículo) 86 que habían sido derogadas por desuetudo, ya que no se aplicaban y el tiempo las
había tornado inútiles, inservibles y obsoletas... (confr. Diario de Sesiones de la Convención
Nacional Constituyente, intervención del convencional Llano, versión taquigráfica de la 34ª.
Reunión, 3ª. Sesión Ordinaria del 18-8-94, pág. 4629. En análogo sentido, convencional Auyero,
pág. 4616; convencional Cullen, pág. 4658), pero no introducir ex novo aspectos no habilitados
expresa y claramente por el Congreso de la Nación.
15. Que en el seno de la Convención Nacional Constituyente hubo quienes destacaron muy
especialmente, por una parte, la ausencia de una habilitación legal para que el cuerpo
sancionara una cláusula como la que finalmente se introdujo en el art. 99, inc. 4º, párrafo
tercero de la Constitución de 1994, y, por la otra, que no había sido propuesta tampoco por la ley
24.309 la modificación del alcance y efectos de la garantía de inamovilidad vitalicia de los jueces
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establecida por el art. 96 de la Constitución de 1853 (confr. cit. Diario de Sesiones de la
Convención Nacional Constituyente, intervención del convencional Cullen, págs. 4660/4661;
convencional Maeder, pág. 4665).
16. Que los propios antecedentes de la ley 24.309 corroboran lo que se ha expuesto hasta aquí en
orden a que no era tema de reforma constitucional habilitado el atinente a la cesación de la
garantía de inamovilidad por cumplimiento de cierta edad.
En efecto, sobre el particular guardaron un significativo silencio: a) el documento del 1º de
diciembre de 1993, relativo a los puntos de acuerdo sobre la reforma constitucional de las
comisiones del radicalismo y del justicialismo para ser puestos a consideración de los
organismos partidarios; b) el Acuerdo para la Reforma de la Constitución Nacional del 13 de
diciembre de 1993 firmado por el señor presidente de la Nación y presidente titular del Partido
Justicialista, y por el presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical; y c) el debate
parlamentario de la ley 24.309, tanto en la Honorable Cámara de Senadores como en la de
Diputados de la Nación.
17. Que, a esta altura, es menester poner de relieve que, de ningún modo, los poderes conferidos
a una Convención Constituyente pueden reputarse ilimitados, porque el ámbito de aquéllos se
halla circunscripto por los términos de la norma que la convoca y le atribuye competencia. En
sentido coincidente vale destacar que, las facultades atribuidas a las convenciones
constituyentes están condicionadas ...al examen y crítica de los puntos sometidos a su
resolución, dentro de los principios cardinales sobre que descansa la constitución... (Manuel
Gorostiaga, Facultades de las Convenciones Constitucionales, págs. 52 y 53, Rosario, 1898;
Fallos, 316:2743).
Que la doctrina contraria -se ha precisado no podría ser sostenida por algún razonamiento serio.
Pondría en conflicto a la Convención con el Congreso y, ante todo, importaría un contrasentido
constitucional: la necesidad de la reforma hecha por el Congreso, sobre tales o cuales puntos,
sería completamente inútil; ¿para qué se exigiría esa declaración si la Convención pudiera
iniciar otras enmiendas? Por lo demás, el texto del art. 30 de la Constitución Nacional es
bastante claro, y no puede haber motivos para discutirlo (Juan A. González Calderón, Derecho
Constitucional Argentino, t. I, Nº 305, pág. 366, Bs. As. 1930).
18. Que toda vez que la ley 24.309 que declaró la necesidad de la reforma constitucional, dispuso
expresamente en su artículo sexto que ...serán nulas de nulidad absoluta todas las
modificaciones, derogaciones y agregados que realice la Convención Constituyente apartándose
de la competencia establecida en los arts. 2º y 3º de la presente ley de declaración..., resulta
incuestionable que esta Corte en su carácter de intérprete final de la Constitución Nacional, se
halla facultada para cumplir con el mandato implícito contenido en tal precepto resolviendo lo
propio.
19. Que, por lo demás, el juramento que el Tribunal ha brindado a la Constitución Nacional
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sancionada en Santa Fe - Paraná en el año 1994, no importó enervar el irrenunciable deber que
le compete de ejercer el control pertinente en los casos que requieran del examen de la validez
de las disposiciones sancionadas por la Convención en ejercicio de su poder constituyente
derivado (ley 24.309), ni menos aún, el desempeño en modo alguno de la función legitimante
que le confiere el propio ordenamiento que se manda jurar.
20. Que, en las condiciones que anteceden, por razón de no responder a habilitación alguna
contenida en la ley 24.309, corresponde considerar nula de nulidad absoluta la cláusula del art.
99, inc. 4º, párrafo tercero de la Constitución Nacional sancionada en 1994 (art. 6º, ley citada).
21. Que en virtud de lo concluido precedentemente, el tipo genérico de inamovilidad de los
jueces que perdura en la Constitución sancionada en 1994 es, necesariamente, el vitalicio que se
consagró en el texto constitucional de 1853 (art. 96), y que reproduce el vigente art. 110 de la
Carta Magna, no modificado por la Convención Nacional Constituyente.
Que sobre la base de tal tipo genérico de inamovilidad vitalicia, es decir, no restringido por
razón de edad, debe ser efectuado el análisis comparativo al que se hizo referencia en el consid.
8º de este pronunciamiento.
Como se adelantó, dicho análisis permitirá establecer la constitucionalidad o no del art. 88 de la
Carta Fundamental Santafesina.
22. Que, al respecto, y como cuestión preliminar, debe ser señalado que la garantía de
inamovilidad vitalicia que para los jueces federales consagra el art. 110 de la Constitución
Nacional, es un principio de organización del poder, que hace a la forma republicana de
gobierno, a la separación de los clásicos tres departamentos del Estado (ejecutivo, legislativo y
judicial) y, fundamentalmente, a la independencia del Poder Judicial.
Que, en tal orden de ideas, y destacando esa función principalísima que tiene la regla de
inamovilidad de los jueces mientras dure su buena conducta en la organización del poder, decía
el profesor de derecho de la Universidad de Harvard, Joseph Story, que ... la independencia del
Poder Judicial es indispensable para defender al pueblo contra las usurpaciones voluntarias o
involuntarias de los poderes legislativos y ejecutivo. La tendencia del poder legislativo a
absorber a los otros poderes del gobierno, ha sido siempre considerada por los hombres de
estado como una verdad generalmente confirmada por la experiencia. Si los jueces son
nombrados por cortos períodos, ya sea por el departamento legislativo, sea por el ejecutivo,
serán ciertamente y forzadamente dependientes del poder que los nombra. Si desean obtener un
cargo o conservarlo, estarán dispuestos a seguir al poder predominante en el Estado y a
obedecerlo. La justicia será administrada por una mano deficiente, decidirá conforme a las
opiniones del día y olvidará que los preceptos de la ley descansan sobre bases inmutables. Los
gobiernos y los ciudadanos no combatirán entonces con armas iguales delante de los tribunales.
Los favoritos del día incidirán por su poder, o seducirán por su influencia. Así será tácitamente
desaprobado y abiertamente violado este principio fundamental en toda república, que es un
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gobierno por la ley y no por los hombres... (confr. J. Story, Commentaire sur la Constitution
Fédérale des EtatsUnis, t. II, Nº 877, págs. 338 y 339, edición francesa traducida por Paul
Odent, Joubert, Libraire de la Cour de Cassation, París, 1843).
23. Que, concordemente, esta Corte ha señalado que el principio de la inamovilidad de los jueces
está consagrado para asegurar el Estado de Derecho y el sistema republicano de gobierno
(Fallos, 314:760, 881), al par que es garantía de independencia del Poder Judicial (Fallos,
310:2845; 315:2386), y de su funcionamiento (Fallos, 313:1371; 314:749, 760 y 881).
Que es del caso observar, asimismo, que la misma garantía tiende a asegurar la imparcialidad de
los magistrados y, desde tal punto de vista, se advierte que no está ella establecida estrictamente
en beneficio de estos últimos, sino mas bien en beneficio de los justiciables. A lo que no es
inapropiado agregar que la imparcialidad esperable de un magistrado no depende de su edad,
sino de sus condiciones personales éticas, las que pueden ser conservadas hasta el día de la
muerte. Y si bien no cabe ignorar el efecto que el paso de los años produce naturalmente en toda
persona relativo a sus aptitudes físicas o psíquicas, tampoco corresponde extraer conclusiones
apriorísticas que tengan como punto de referencia una determinada edad. En su caso, una
indubitada falta de aptitud física o psíquica para el desempeño de la magistratura, debe dar
lugar a la remoción por la causal de mal desempeño contemplada por los arts. 53 y 115 de la
Carta Magna, pues se trata de una fórmula suficientemente flexible y amplia a tal fin.
24. Que establecido, entonces, que el principio de la inamovilidad vitalicia de los jueces hace a la
forma republicana de gobierno que adoptó la Constitución Federal, forzoso resulta concluir que
su aplicación se impone, sin condicionamientos, a las administraciones judiciales provinciales
en función de lo establecido por el art. 5º de la Constitución Nacional.
Como sostuvo González Calderón, refiriéndose a la inamovilidad vitalicia consagrada por el art.
96 de la Constitución de 1853, ...si las Provincias deben tener constituciones propias que estén
de acuerdo con los principios de la nacional, y si uno de esos principios es el de la inamovilidad
de los jueces, es indudable que deben establecerlo como una de las bases primordiales de su
sistema institucional, tanto más cuanto el poder judicial de las provincias ejerce una función de
contralor sobre los otros, análogamente a lo que acontece en el orden federal... (op. cit., t. III, Nº
1531, pág. 421).
25. Que sobre la misma cuestión, y con conclusiones que sirven para apoyar la presente
decisión, Clodomiro Zavalía redactó hace ya bastante tiempo lo siguiente: ...Sabido es que,
según el art. 96 de la Constitución, los miembros del Poder Judicial de la Nación son
inamovibles ad vitam, esto es, que conservan el cargo mientras dure su buena conducta. Algunos
autores sostienen que, en vista de ello, no es admisible la inamovilidad temporaria, y que las
provincias que al organizar su administración de justicia han adoptado el sistema de jueces a
período limitado, se habrían apartado fundamentalmente del modelo general. Es cierto que la
Constitución Nacional consigna propósitos y esperanzas; pero queda a las provincias
convertirlas en realidades. Tal es lo que ocurre con el afianzamiento de la justicia en ellas, para
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lo cual la Constitución no fija normas expresas, como lo hace para la justicia federal. Pero si una
constitución provincial estableciera que los jueces durarán en sus funciones el tiempo que el
Poder Ejecutivo creyere conveniente, pudiendo removerlo a su arbitrio, es evidente que esa
constitución se habría dictado en flagrante violación del art. 5º de la Nacional, desde que no
podía pretenderse que de ese modo la justicia estaba afianzada, ni, por ende, la forma
representativorepublicana de gobierno, incompatible con semejante sometimiento del Poder
Judicial al Ejecutivo... (confr. Derecho Federal, t. I, págs. 508 y 509, 3ª ed., Bs. As., 1941).
26. Que esto último es lo que ocurre con el art. 88 de la Constitución de la Provincia de Santa Fe,
en cuanto dispone la cesación de la inamovilidad de los jueces locales al alcanzar la edad
requerida para obtener la jubilación ordinaria, difiriendo al arbitrio de otro poder del Estado
provincial la decisión del momento en que se producirá la efectiva remoción del magistrado.
Que tal cláusula constitucional contraría en forma manifiesta las exigencias más elementales del
concepto científico de la división de poderes. Al respecto, es de toda evidencia los peligros que
ella encierra para el sostenimiento del principio republicano de gobierno, en tanto que, perdida
la inamovilidad después de alcanzada la edad indicada, el juez queda a merced de la decisión
política del gobierno de turno, quien se convierte en arbitro absoluto de la permanencia de aquél
en su cargo, lo que, casi innecesario parece aclararlo, conllevará las más de las veces a una
severísima afectación de la necesaria paz espiritual y moral que todo magistrado debe conservar
para el cumplimiento de su augusto cometido.
27. Que es pertinente recordar que, conforme lo tiene dicho la Suprema Corte de los Estados
Unidos de Norteamérica, una justicia libre del control del Ejecutivo y del Legislativo es esencial,
pues los procesos deben ser resueltos por jueces exentos de la potencial dominación de otras
ramas del gobierno (United States vs. Will, 449 U.S. 200, 217-218; 1980).
Que, en sentido coincidente, en oportunidad de pronunciarse en materias afines a la que plantea
el sub examine, esta Corte ha sostenido que nuestro sistema constitucional ha sido inspirado en
móviles superiores de elevada política institucional con el objeto de impedir el predominio de
intereses subalternos sobre el interés supremo de la justicia y de la ley. Tal sistema, se dijo, se ha
estructurado sobre un pilar fundamental: la independencia propia del Poder Judicial, requisito
necesario para el control que deben ejercer los jueces sobre los restantes poderes del Estado
(Fallos, 310:804).
28. Que, conforme al desarrollo efectuado, el art. 88 de la Constitución de la Provincia de Santa
Fe resulta contrario al modelo de inamovilidad vitalicia establecido en el art. 110 de la
Constitución Nacional, incumpliendo, por ende, el mandato contenido en el art. 5º de la Carta
Magna referido al aseguramiento de la administración de justicia.
Por lo expuesto se decide: Considerar nula de nulidad absoluta la cláusula contenida en el art.
99, inc. 4º, apartado tercero de la Constitución Nacional (art. 6º, ley 24.309) y, haciendo lugar a
la demanda seguida por Casiano Rafael Iribarren, declarar la inconstitucionalidad del art. 88 de
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la Constitución de la Provincia de Santa Fe. Con costas (art. 68, cód. procesal civil y comercial de
la Nación). Notifíquese y remítase. - Adolfo Roberto Vázquez.
DISIDENCIA DEL SEÑOR MINISTRO DOCTOR DON AUGUSTO CÉSAR BELLUSCIO. -
Considerando: Que el infrascripto coincide con los considerandos 1° a 5° inclusive, del voto de
los jueces Nazareno, Moliné O'Connor y Boggiano.
6° Que el art. 5° de la Constitución Nacional obliga a las provincias a dictar sus respectivas
constituciones bajo el sistema representativo, republicano, de acuerdo con los principios,
declaraciones y garantías de aquélla, y que asegure su administración de justicia. Obviamente,
ello no implica que los estados provinciales estén forzados a copiar a la letra las instituciones
nacionales; ni siquiera a seguirlas como modelo más que en lo esencial. Y, en lo que hace al tema
en debate en esta causa, lo esencial está constituido por el mantenimiento del régimen
republicano de gobierno, que implica la existencia de un poder judicial separado de los poderes
políticos, y por la garantía de su funcionamiento. Extender más allá la primacía del texto básico
nacional implicaría la anulación del federalismo, de igual jerarquía constitucional que el
régimen republicano (art. 1), que permite a las provincias darse sus propias instituciones (arts.
122 y 123) y, obviamente, regular su composición y funcionamiento.
Por lo tanto, dentro de los límites marcados por el art. 5°, cada provincia tiene plena potestad
para organizar su poder judicial. De manera que lo que corresponde establecer en esta causa es
si el tope temporal de la inamovilidad por razón de la edad -fijado por la Constitución
impugnada en la época en que el magistrado está en condiciones de acceder a la jubilación
ordinaria excede aquellos límites.
7° Que, por cierto, el examen de esa cuestión no puede partir del juzgamiento acerca de la
conveniencia o inconveniencia en abstracto de la inamovilidad absoluta, aspecto que está
librado a la apreciación del constituyente provincial y exento de revisión judicial, sino de que se
respeten los límites marcados por la Constitución Nacional. En otros términos, si ésta impone a
las provincias aquel criterio o no lo hace.
8° Que para dar respuesta a ese interrogante es innecesario pronunciarse acerca de la validez o
nulidad del nuevo texto del art. 99, inc. 4, tercer párrafo -que requiere renovación del
nombramiento para los jueces que alcancen la edad de 75 años y establece la designación
periódica de los que sobrepasen esa edad puesto que, aun cuando se partiese de la base de la
segunda de esas hipótesis, de los textos constitucionales vigentes hasta 1994 no resulta la
prohibición de que las provincias impongan límites objetivos a la estabilidad en sus cargos de los
magistrados judiciales, al menos en tanto esos límites no creen un riesgo para la independencia
de los jueces, riesgo que no se aprecia que exista en el caso.
9° Que, en definitiva, al no estar atribuida a esta Corte la posibilidad de juzgar de la
conveniencia o inconveniencia de las normas jurídicas regularmente dictadas sino
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exclusivamente de su compatibilidad con la Constitución Nacional, el art. 88 de la Constitución
santafesina -en tanto hace cesar la inamovilidad de los jueces al alcanzar la edad requerida para
obtener la jubilación ordinaria no merece reproche por una supuesta colisión con las normas de
la Ley Suprema Federal.
Por lo expuesto, se decide: Rechazar la demanda de inconstitucionalidad del art. 88 de la
Constitución de la Provincia de Santa Fe promovida por Casiano Rafael Iribarren. Costas por su
orden en razón de la inexistencia de antecedentes doctrinales o jurisprudenciales sobre la
materia. Notifíquese y, oportunamente, archívese. - Augusto César Belluscio.
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