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Importancia del Folklore en la Identidad

El documento describe la importancia del folklore como una expresión cultural que transmite las tradiciones, costumbres y sabiduría popular de un pueblo de generación en generación. El folklore incluye música folklórica, vestimenta tradicional, cuentos populares, creencias y proverbios que forman parte de la identidad cultural de una región. El folklore ayuda a preservar las raíces culturales de un pueblo a través del tiempo a pesar de las influencias externas.

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Importancia del Folklore en la Identidad

El documento describe la importancia del folklore como una expresión cultural que transmite las tradiciones, costumbres y sabiduría popular de un pueblo de generación en generación. El folklore incluye música folklórica, vestimenta tradicional, cuentos populares, creencias y proverbios que forman parte de la identidad cultural de una región. El folklore ayuda a preservar las raíces culturales de un pueblo a través del tiempo a pesar de las influencias externas.

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Importancia del Folklore

Muchas veces hemos oído hablar de la Cultura y Tradición de un pueblo o


una región determinada, siendo estas costumbres transmitidas De
Generación en Generación y se mantienen férreamente a través del paso
de los años, aunque nada descarta que puedan recibir Influencias
Culturales que realicen algunos cambios leves, que no afecten la esencia de
estas actividades y movimientos.

Entre estos Movimientos Culturales encontramos la denominación de


Folklore (derivada del inglés, Folk que significa pueblo y Lore, que se refiere
a las sapiencias y el conocimiento) que no se trata de definir simplemente
a la música o los bailes, llamados comúnmente bajo el nombre de Música
Folklórica, y siendo el principal atractivo de los distintos Festivales
Tradicionales, o bien disfrutado en lo que es conocido como Peñas
Folklóricas.
Tal como hemos dicho, la música no es lo único, sino que también se habla
de las Costumbres Tradicionales, que emplean a las vestimentas y trajes
típicos de la región, como también los Relatos y Cuentos, que suelen ser
difundidos mediante la forma de leyendas y difundidos por un relator que se
encarga de la conocida como Tradición Oral, además de las distintas
Creencias y Supersticiones que dan lugar a las más variadas Frases y
Proverbios, constituyendo lo que es denominado informalmente como
“Saber Popular”
También podemos encontrar una amplia Antología de Cuentos, muchos de
ellos que transmiten una Enseñanza o Moraleja, contando con una
estructura determinada y característica de una región, e inclusive en la
Elección de Personajes (como lo es en el caso de los Mitos y Leyendas de
una zona determinada) y hasta podemos encontrar algunos que
simplemente son difundidos por toda una región y cuentan con un Autor
Anónimo, difundidos de boca en boca.

El conjunto de todo ello y perdurando durante toda una historia de


una Nación o Pueblo, manteniendo la esencia y sin ser una moda que se
propaga por una cantidad de años indeterminada, es lo que forman el
Folklore Tradicional. EL FOLKLORE, COSTUMBRES E IDENTIDAD NACIONAL
Perú, país de innumerables atractivos culturales, es fuente inimaginable de valiosas
creencias y costumbres. Tenemos la suerte de vivir en una tierra tan rica culturalmente
hablando y de tanta diversidad artesanal. El folklore es una expresión del arte de nuestros
pobladores, el cual se transmite de generación en generación y que es increíblemente
satisfactorio ante los ojos de los extranjeros, pero que lamentablemente en nuestra propia
nación, se está perdiendo, y deberíamos ser nosotros mismos los que le den vital
importancia a costumbres netamente peruanas.
Estoy a favor de crear programas que nos fortalezcan y nos unan con un fin: Fortalecer y
agrandar nuestra cultura del Folklore, ya que  éste es parte de nuestra identidad nacional
y no puede dejarse de lado.
Uno de estos proyectos esta llamado “Folklore Peruano”.
“Este proyecto esta diseñado para presentar las tradiciones, historias, y creencias de la
sociedad contemporánea y pluricultural del Perú, que toma elementos de los miles de
años de yuxtaposición de culturas, idiomas, y religiones.
Folklor Peruano espera ser un espacio donde todas las personas que sienten una
conexión con el Perú pueden expresar sus experiencias, memorias, y pasión relacionados
con las múltiples caras complejas que contribuyen a la realidad peruana (…).”

El folklore y la identidad
En tiempos de globalización creciente, cuando los medios de
comunicación tienden a uniformizar usos y costumbres de la aldea
global, Canarias celebra cada verano docenas de romerías en cada una
de las islas, una especie de reencuentro nostálgico con usos del pasado
rural, carrozas y carretas con productos de la tierra que van desde una
piña de plátanos a pescado recién apresado, grupos de tocadores y
cantadores y una legión de mujeres y hombres ataviados con los trajes
típicos de cada lugar. En La Palma este verano se celebró una de las
que tienen más predicamento: la de El Paso, por la Virgen del Pino. Se
produce, entonces, una aparente explosión del culto a la tierra chica que
nos vio nacer, a las tradiciones reales o incorporadas en el último minuto.
Desde los tiempos en que se instauró la democracia, tenemos un cierto
empacho de folklore pero en realidad desde los años 60 comenzó el
aluvión que protagonizaron los primeros grupos que dieron otra
dimensión a lo que la gente tocaba y cantaba en las parrandas: Los
Sabandeños en Tenerife, Los Gofiones en Gran Canaria, Los Arrieros en
la isla de La Palma. Ver a un rubicundo alemán formando parte de un
grupo de tocadores de timple o a una china en medio de un grupo de
baile de cualquier agrupación de cualquier isla demuestra que estamos
en tiempos de fusión, de mezcla, de intercambio de identidades.
Inmigrantes que proceden de la Unión Europea, América Latina, Asia y la
cercana pero casi siempre distante África.
Como bien dijeron hace muchos años los ensayistas Domingo Pérez
Minik y Juan Rodríguez Doreste, nuestras islas son un puerto de entrada
y salida de viajeros, puertos abiertos a barcos de cien banderas como
anticipó el poeta Tomás Morales, pues desde siempre las capitales
canarias han tenido un sesgo cosmopolita. Y también habría que añadir
que, si bien estamos en tiempo de emigración de gente joven en busca
de trabajo, para importantes núcleos de población extranjera este
archipiélago continúa siendo un imán por su calidad de vida, por su
clima, su naturaleza, su importancia turística y su capacidad de
integración para segmentos de población foránea. Con todo esto, la
identidad de un pueblo va modificándose en el transcurso del tiempo,
está en evolución constante, ya que además de la recuperación de usos
del pasado siempre se añaden elementos procedentes del exterior, que
al cabo de unos años adquieren carta de naturaleza. Por otra parte, hoy
en día la identidad es un hecho totalmente permeable en los distintos
lugares del mundo, ya que un notable flujo de población viene y va de un
lado para otro y además internet nos acerca el espectáculo de la
globalidad, sin olvidar la enorme importancia de la solidaridad que
debemos mostrar con respecto a los grandes flujos de refugiados, de
expulsados de su tierra por las incesantes guerras, las persecuciones
políticas, la falta de Derechos Humanos, etcétera. Pues esta vieja
Europa, a fin de cuentas un club de ricos, no tiene otro remedio que dejar
de mirar para otro lado cuando hay cientos de miles de hombres, mujeres
y niños en camino.

A medida que uno se va haciendo mayor, se identifica con aquellos


elementos distintivos de la tierra en que nació. Valoras lo que anteriores
generaciones fueron construyendo, ese cimiento de la historia que no
tiene que ver necesariamente con insularismos, isloteñismos, pleitos
insulares, etcétera. Ese patrimonio histórico y espiritual está mucho más
allá de las pugnas locales, las rivalidades, las interferencias de los
políticos. Porque cuando uno está lejos de las islas sin duda le pone los
pelos de punta escuchar una isa, una folía, el tópico pero funcional
pasodoble Islas Canarias, cualquier cosa que sea auténticamente
popular.

Hizo mucho por la recuperación del folklore Nanino Díaz Cutillas y su


programa Tenderete, de audiencia masiva en sus inicios. Hoy la
audiencia está fragmentada, puesto que hay programas similares en TVE
en Canarias y en la RTV Canaria. Las transmisiones de lucha canaria por
fortuna no se han extendido a las riñas de gallos, que deberían ser
suprimidas pese a ser tradicionales en ciertos municipios debido a que la
sociedad cada vez está más mentalizada en cuanto a la necesidad de
proteger el mundo animal, evitando todo tipo de violencia o maltrato.
Obviamente, las peleas de perros, de carneros o de cualquier otra
especie animal también habrán de ser perseguidas con rigor; tienen
mucha presencia en determinados barrios marginales y dan pie a
jugosas apuestas.

Distinguir identidad y folklore requiere manejar importantes matices que


no siempre son bien entendidos. La identidad puede ser manipulable con
cierta facilidad, a veces los medios de comunicación, y sobre todo la
radio y la TV, generan una tendencia a estandarizar la identidad. El
folklore, al contrario, tiene un concepto más amplio ya que puede
estimarse que hace referencia al conjunto de prácticas, creencias y
costumbres que son tradicionales de un pueblo. De este modo, hay que
incluir no solo la música tradicional sino también los bailes, las leyendas,
los cuentos, la artesanía y las supersticiones. En el caso de Canarias ya
sabemos la importante presencia de las músicas latinoamericanas,
especialmente de la zona del Caribe, así como la similitud en el uso del
idioma, la gastronomía, etcétera. Con especial referencia al punto
cubano, el arte de los verseadores que con tanta energía se aclimató en
la isla de La Palma, donde se cuida en municipios como Tijarafe y otros
lugares del norte de la isla a lo largo de sus fiestas patronales. Los
repentizadores, los romances tan arcaicos que también se conservan en
personas de mucha edad en algunos lugares de las islas, el gusto por la
música mexicana, la aclimatación aquí de tantas canciones que nacieron
al otro lado del océano y han cobrado carta de naturaleza, la cercanía
sentimental con Venezuela: todos ellos son ingredientes que alimentan a
nuestra gente, que desde siempre tuvo que coger las maletas para
fundar ciudades al otro lado del mar, para superar el hambre, para hallar
nuevos horizontes más allá de la estrechez de este suelo.

Tipos de folklore
Folklore literario

Es el conjunto de todas las consideraciones


del habla de un pueblo, es decir, las narraciones anónimas populares transmitidas
oralmente a través de los tiempos por los miembros de un pueblo o cultura.

Las adivinanzas, la poesía, la prosa, el vocabulario típico, las leyendas, los romances,
el verso, los villancicos, las trovas, los dichos, los refranes, los mitos y los cuentos
conforman el folklore literario de los pueblos.

Estas piezas narrativas populares mantienen vigencia colectiva en el ambiente


regional porque responden a los rasgos propios de los elementos folklóricos:
tradicionalidad, popularidad, oralidad, funcionalidad, localización y vigencia social.

Folklore musical
EL folklore musical, también conocido como música  típica, popular, folk, regional,
étnica, o tradicional,  se puede definir como el conjunto de cantos y ritmos
perteneciente a una etnia, pueblo, grupo social o cultura y que se transmite de
generación en generación.

La necesidad de cantar de los pueblos es lo que caracteriza la música folklórica por


lo que esta generalmente carece de técnicas y consideraciones rítmicas muy
elaboradas o exigentes.
Los instrumentos musicales forman parte importante del folklore y los materiales
con los que están elaborados están muy ligados a los materiales tradicionales
usados a través de los años por los pueblos.

Folklore demosófico

El folklore demosófico contiene partes


importantes de la cultura o tradiciones de un pueblo como son: mitos, leyendas,
vivienda, alimentación o gastronomía, vestimenta, artesanía, medicina empírica,
festivales, creencias, supersticiones y formas de pronóstico o predicciones,  así como
también sus aspectos de vida mas determinantes: cultivo, forma de gobierno y
economía.

Este aspecto del folklore es también conocido como folklore material y por lo tanto
comprende todos las herramientas tradicionales utilizadas a través de los tiempos
por todos los grupos sociales y las culturas.

Uno de los elementos técnicos mas sobresalientes del folklore demosófico es que
los materiales utilizados en las herramientas y artesanías aprovechan los elementos
de la región, por lo tanto son muy útiles al ambiente al que están destinados
a fabricarse y usarse.

Folklore coreográfico
Este renglón del folklore estudia y comprende básicamente las danzas típicas
tradicionales y regionales y se compone por los bailes, juegos coreográficos
(representando las acciones cotidianas de los pueblos en cuestión) y los atuendos
o vestimentas tradicionales.
Folklore mágico-religioso

Folklore mágico-religioso son


todos aquellos mitos y creencias que tienen los pueblos sobre los orígenes del
mundo, sobre las acciones realizadas por sus personajes religiosos  y también
comprenden las festividades que se hacen en honor a sus dioses o santos.

También comprende todas las manifestaciones mágicas atribuidas a acciones


naturales que se realizan para conseguir resultados extraordinarios.

Los términos magia, religión  y superstición  están íntimamente relacionados en el


folklore de los pueblos.
Dentro de las manifestaciones mágico-religiosas mas interesantes del folklore se
encuentran los ritos,  que no son mas que una serie de actos religiosos a través de
los cuales el hombre trata de satisfacer anhelos y deseos tratando de obtener
dádivas de los santos, dioses o de los poderes sobrenaturales en los que ese
determinado grupo cree.

Las procesiones y peregrinaciones son un claro ejemplo de costumbres folklóricas


mágico-religiosas.

Folklore social
El folklore social es todo lo relativo a la vida y a la forma en que se relacionan las
personas de una determinada cultura.

Comprende todo lo relacionado a los nexos entre la gente mediante el uso de la


lengua, las celebraciones, las costumbres las fiestas, los hábitos familares, los
juegos infantiles, el compadrazgos, las cofradías, los lazos sanguíneos y los ritos
mágicos-religiosos.
Como la lengua es el vehículo principal del folklore y la cultura, el habla, los gestos
y los modismo forman parte importante en el desarrollo y transmisión del folklore
social.

Los sistemas de matriarcado y patriarcado, la forma de relacionarse entre las


familias, la libre asociación y hasta las horas de acostarse y levantarse forman parte
del folklore social y, junto como los demás renglones del folklore, forman el
conjunto de tradiciones culturales que rigen los pueblos.

Folklore, folklorismo y la
identidad nacional

La enseñanza del folklore en Panamá tiene sus raíces en el problema de


la identidad nacional. Y aunque desde los primeros años de la República
hubo quienes llamaron la atención sobre las costumbres y tradiciones de
los pueblos del istmo y la necesidad de su estudio (Mendez Pereira,
Narciso Garay, el mismo Belisario Porras), no hubo una propuesta de
investigación sistemática, probablemente porque para una parte de esa
generación más orientada hacia lo externo lo del campo se percibía
como atrasado.

En la década de 1930 hubo un grupo de intelectuales que trabajaron el


folklore de manera autodidacta, y en un contexto de orientaciones
nacionalistas, entre los cuales estaban Luis Vernacci, Enrique Genzier, los
hermanos Mendez Pereira (Julio Arosemena, comunicación personal).
Entre los primeros investigadores externos estuvo Marion Shaeffer.

Sin embargo, no es sino hasta la década de 1940, especialmente a partir


del gobierno de Arnulfo Arias, cuando se establece como programa de
enseñanza en las escuelas y como objetivo asociado al rescate de la
identidad nacional.

En su primera gestión, Arnulfo tuvo quizá la osadía (para la élite urbana


de entonces), de vestir montuno ocueño en un acto oficial.

La década de 1930 puede considerarse crucial en el desarrollo de las


propuestas de rescate de la identidad nacional, probablemente como
secuela de la impresionante intervención estadounidense en 1925 y los
resultados del fallido tratado de 1926 que evidenció la manera en que
Estados Unidos miraban la relación de nuestro país en el contexto de su
política internacional.

De ahí la génesis de partidos abiertamente orientados al rescate de lo


nacional, y el fomento a la investigación de los elementos empíricos
como las artesanías y el patrimonio cultural del campo, las danzas, raíces
de la nación y la nacionalidad.

TRANSITISMO E IDENTIDAD NACIONAL

Desde muy temprano, la identidad nacional se percibió como una


condición debilitada (Eusebio A. Morales), por el impacto de la presencia
estadounidense, como por los cambios culturales generados por la
función transitista del istmo, a raíz de la culminación del canal de
Panamá mediante su tecnología abrumadora, en un contexto de
sociedad rural y con una bajísima escolaridad, y su economía.

Esto condujo a la búsqueda del llamado Panamá profundo frente al


Panamá superficial de la zona de tránsito, concepto introducido
aparentemente por Rodrigo Miró, historiador de la literatura panameña.

Este no era otro que la cultura campesina y asociada a los orígenes


hispanos de esa cultura nacional (Rodrigo Miró, Teoria de la Patria, 1946).
La creación de programas tanto de rescate como de fomento de las
artesanías regionales (Diana Chiari, plan de Punto IV de la década de
1950), de enseñanza de la danza y bailes regionales en las escuelas
públicas, la identificación de los vestidos y elementos de la cultura
campesino a la categoría de símbolos (la pollera, el sombrero pintado,
fueron varias de las modalidades dirigidas al rescate de la cultura
campesina como modelo de la cultura nacional).

CULTURA CAMPESINA E INDÍGENA

Este planteamiento derivaba de otra orientación teórica y metodológica


que establecía una distinción entre la cultura campesina y la cultura
indígena.

La primera era objeto de estudio del folklore (visto como disciplina


dedicada al estudio de la cultura de un sistema social cuya evolución
quedó suspendida en el tiempo frente al desarrollo de las formas
modernas de un mundo civilizado representado en los centros urbanos y
dominantes).

Mientras, la segunda era el objeto de estudio de la etnología, el estudio


de sociedades tribales y aisladas en tiempo y lugar de los procesos
modernizantes del Estado.

Esta enseñanza se hizo a contrapelo de una cultura urbana


extranjerizante que generalmente menospreciaba la cultura campesina
como atrasada y ajena a lo moderno, una anomalía que la escuela a su
vez debía remediar y que en efecto logró gran parte de sus objetivos.

MIGRACIÓN INTERNA Y CULTURA URBANA

La tendencia comenzó a cambiar con el incremento de la migración de


una masa campesina que requirió áreas de expresión, como fueron los
centros de bailes donde conjuntos típicos atraían primero a sus actores
inmediatos, pero después, y asociado a varios otros procesos de
reconocimiento, producto probablemente del discurso del folklorismo
como expresión de identidad.

Este reconocimiento condujo a la masa urbana al campo en un proceso


de recreación y de auto representación de la cultura nacional en un
contexto de nacionalismo frente a la cultura estadounidense expresada
en la zona del canal, en la década de 1960.

El turismo interno contribuyó mucho a este proceso, consecuente con


una especie de nostalgia del pasado y de formas tradicionales de vida a
punto de cambiar, pues ahora la ciudad invadía el campo, a invitación de
los migrantes rurales en la ciudad.

CULTURA RURAL-URBANA

Resultado de ello fue el desarrollo de una especie de folklorismo, o


pintorequismo de lo rural en la cultura urbana, manifiesto con el
desarrollo lento del turismo, y de los medios de comunicación como la
televisión.

En algunos aspectos, la cultura rural desarrolla procesos de hibridación


con la cultura urbana, como la introducción en los carnavales santeños
elementos de los carnavales cariocas, a veces como integración, otras
como yuxtaposición de unos elementos sobre otros, dependiendo de los
valores que entran en juego.

El folklore ahora asume un rol de elemento simbólico consolidado en la


expresión de un modo de ser que ha cambiado.

Por otra parte, hasta la década de 1970, el folklore era visto desde la
perspectiva de las provincias centrales, ajena a las manifestaciones
culturales de los indígenas y parcialmente de la cultura negra
hispanohablante, mucho menos de la cultura afroantillana, considerada
todavía como una sociedad no integrada cuya cultura era percibida como
una anomalía en el contexto urbano.

FOLKLORE Y FOLKLORISMO

Teóricamente los folklorólogos han trabajado bajo la orientación original


de Jhon Thoms, fundador de la disciplina, en el siglo XIX, la cual vista en
perspectiva, se ha convertido en un registro de expresiones culturales
ajenas a veces a su contexto socio político y socio económico.

El enfoque marxista derivado de los planteamientos de Antonio Gramsci,


sobre el desarrollo de la cultura popular, apenas si se ha desarrollado en
Panamá, siguiendo los planteamiento del antropólogo Néstor García
Canclini, en su etapa original.

Gramsci colocaba la cultura campesina como una expresión de la cultura


popular. En ese sentido su relación con los elementos de poder de las
metrópoli eran parte de la estructura socio política del sistema total.

La crítica marxista mexicana al folklore como ciencia y como práctica es


haber convertido el objeto de estudio en elementos simbólicos
esenciales discontinuo de lo urbano o apenas una expresión de
oposiciones campo-ciudad.

Económicamente, el folklore y el folklorismo se han convertido en


fundamento de una economía del espectáculo rural-urbano y premisa de
los fundamentos de lo nacional.

Para un mercado turístico, ello es una carta de presentación la cual, a


mayor distancia de su contexto cultural, puede diluirse en imágenes
postales.

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