Hay dos articulaciones en castellano con doble articulación vocal / consonante.
Son
la yod y el wau: resultado de la pronunciación en los diptongos y triptongos.
yod: es el elemento ‘i’ de un diptongo o triptongo. Es un sonido palatal, más cerrado si
cabe que la [i]. Cuando el segundo elemento del diptongo se apoya en el primero es
semivocal: yod [i] en aire y wau [u] en causa.
wau: es el elemento ‘u’ de un diptongo o triptongo. Es un sonido velar, más cerrado si cabe
que la [u]. Cuando el primer elemento del diptongo se apoya en el segundo es
semiconsonante: yod [i] en pie y wau [u] en cuento.
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„La yod (A. Jod)
Se da este nombre de procedencia hebrea, a la i semiconsonante explosiva agrupada con la
consonante anterior (pie) o semivocal implosiva agrupada con la vocal precedente (reino).
La yod (M. Pidal antepone a este término el artículo femenino) produjo importantes
inflexiones en español. Dicho maestro distingue cuatro tipos de yod:
A) Yod primera, de los grupos latinos TK, CY, que produjeron ç o z en castellano
antiguo v i t i u > vezo, a c i a r i u > acero. No produjo inflexión.
B) Yod segunda, de los grupos latinos LY, C’L, G’L, T’L (que dieron ll > j, en español: a
p i c (u) l a > abeja, NY, GN y NG (que produjeron ñ: i n s i g n i a > enseña). Inflexionó
las vocales abiertas e y o, impidiendo su diptongación, salvo la yod de ñ, que no
inflexionó la o; y, a la inversa; no inflexionó las vocales cerradas e y o, salvo la yod de ñ,
que inflexiona la o.
C) Yod tercera, de los grupos GY, DY (> y) VY (> y o vi): r a d i a > raya, p l u v i
a > lluvia, f o v e a > hoya. Inflexionó a e y o, impidiendo diptongación, y vacila entre e,
o, inflexionándolas unas veces (e > i, o > u) y otras no.
D) Yod cuarta, de los grupos CT, UL + consonante (>ch), KS (>j), GR (>ir) y la de RY,
SY, PY, que fue atraída a la sílaba anterior: l a c t a r e > leche, m u l t u > mucho, t a x u
> tejo, i n t e g r u > enteiro > entero, c a l d a r i u > caldairo > caldero. Tambiéne s yod
cuarta la producida por síncopa de sonidos latinos: p r o b a v i > probai > probei >
probé. Inflexiona a todas las vocales (salvo o > u) y se combina con a > e. La yod
semiconsonante suele representarse en el alfabeto fonético con j y la semivocal con i.“
[Lázaro Carreter, F.: Diccionario. de términos filológicos. Madrid: Gredos, 1968, p. 415-
416]
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“Inflexión
E) Morfema que se añade a la raíz para constituir el tema: así, la i de ag-i-mus,
ab en cant-áb-a-mos, etc.
1
F) Inflexión vocálica [A. Umlaut; I. Mutation; F. Métaphonie]. Alteración del timbre
de una vocal por influencia de una vocal, semivocal o semiconsonante siguientes : latín f
e c i, por influjo de –i cambió su e en i: hice. Es frecuente la inflexión de yod; así
la o tónica, que no diptonga en aragonés, lo hace bajo el influjo de una yod: p ŏ d i u >
aragonés pueyo. La inflexión puede consistir en la detención o en el impedimento de un
fenómeno que se produciría sin presencia de la yod. Así, en castellano, la e breve tónica
diptonga, si no va seguida de yod; n e b u l a da niebla, pero l e c t u da lecho (>leito).
Vid. Metafonía.
G) A. Bello llama inflexión a la desinencia, según uso normal entre muchos lingüistas
extranjeros.
H) Cada una de las variaciones que experimenta la entonación.”
[Lázaro Carreter, F., Diccionario de términos filológicos, p. 238]
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„Yod
La serie de las vocales patrimoniales –explica Menéndez Pidal– «se altera mucho cuando a
cada una de ellas le sigue el sonido palatal que llamamos yod. Esta yod es análoga a la
consonante y del latín majore, jejunare, o del español mayor, ayunar, etc., pero no se
halla intervocálica como la y, pues no es propiamente una consonante sino una
semiconsonante como la i de pié, radio, articulación explosiva agrupada con la consonante
anterior, o una semivocal como la i de baile, peine, articulación implosiva agrupada a la
vocal que la precede».
[Abad, Francisco: Diccionario de lingüística de la escuela española. Madrid: Gredos, 1986,
p. 249]
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„Alude a la inflexión vocálica Menéndez Pidal al tratar de la yod en la fonética histórica
castellana, y escribe párrafos así: «La yod, como es articulación semivocálica cerrada (es
más cerrada que la i vocal), suele contagiar su cerrazón a la vocal precedente, cerrándola
un grado. Esta inflexión vocálica ocurre de un modo análogo en los demás romances, pero
en español es más frecuente [...] La yod no sólo influye en cerrar o inflexionar la vocal, sino
que palataliza además la consonante inmediata, y su influjo sobre la vocal está
subordinado a su acción sobre la consonante. Cuando la yod palatalizó muy pronto la
consonante, absorbiéndose en ella, no tuvo tiempo para influir sobre la vocal; y cuanto por
más tiempo se conservó la yod sin ser absorbida en la consonante, tanto más influyó sobre
las varias clases de vocales».
[Abad, Francisco: Diccionario de lingüística de la escuela española. Madrid: Gredos, 1986,
p. 151]
2
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«La yod
La a latina acentuada, cualquiera que sea su cantidad, permanece en español: matre >
madre; aetate > edad. Pero si la a va seguida de i, ambas vocales tienden a aproximarse
entre sí, cerrándose la primera y abriéndose la segunda. De esta aproximación mutua
resulta la vocal intermedia e: laicu > lego. Puede ocurrir que la i no esté en contacto
inmediato con la a, sino que se halle en la sílaba siguiente y pase atraída a la sílaba
acentuada: basiu > *baisu > beso; primariu > *primairu > primero.
Las consonantes palatales, a causa de su punto de articulación, desarrollan un sonido
de i que es la vocal más palatal. El movimiento de la lengua para articular una palatal es
semejante en algunos momentos a la posición necesaria para la pronunciación de i. Por
esta razón la a seguida de palatal se transforma en e, p. ej., axe > exe > eje; factu >
hecho; mataxa > madeja.
Toda e en hiato después del acento equivale a una i: area > *aria > *aira > era; caseu >
*casiu > *caisu > queso.
Llamamos yod, por consiguiente, a todo sonido i semivocal o semiconsonante; a toda e en
hiato, y a la i desarrollada por la articulación de las consonantes palatales .
La influencia de yod se deja sentir, no sólo en la a, sino también en las demás vocales. Su
articulación cerrada se propaga a las vocales que la preceden, y de este modo, las que
debieran ser abiertas en latín vulgar, quedan cerradas y evolucionan como tales. Por esto
la e y la o, que diptongan en ie, ue (serra > sierra, morte > muerte), no pueden diptongar
cuando van seguidas de yod: pectu > pecho, teneo > tengo, nocte > noche, folia > hoja.
Ésta es la excepción castellana más importante a la ley de diptongación de ambas vocales.
Por la misma razón las vocales i, u del latín clásico, cuando van seguidas de yod, no son
abiertas en latín vulgar, sino cerradas. Permanecen inalterables con frecuencia en
romance: vitreu > vidrio, tinea > tiña (y no vedrio, teña); pugnu > puño, lucta > lucha (y
no poño, locha). El influjo de yod no es, sin embargo, tan constante sobre estas vocales
como lo es cuando se trata de ě, ŏ.»1
[Gili Gaya, Samuel: Nociones de gramática histórica española. Barcelona: Bibliograf,
1983, pp. 43-44]
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«La yod
La separación silábica tuvo un cambio muy importante: fi-li-u, vi-ne-a y sus similares
agruparon en una sola sílaba las vocales en contacto, con lo que la escansión fue fi-liu, vi-
nea > vi-nia. En casos como va-ri-o-la, mu-li-e-re, la sinéresis acarreó el tránsito del
1
ě, ŏ en Arial Unicode MS.
3
acento a la vocal más abierta (va-rió-la, mu-lié-re). Esas e, i átonas, así convertidas en
semiconsonantes, originaron multitud de alteraciones fonéticas; son el elemento
revolucionario que en lo sucesivo llamaremos yod. La yod fundiéndose con la consonante
que precedía, la palatalizó: muliere > mulere, filiu > filu, vinia > viña. Así nacieron los
sonidos palatales l (nuestra ll) y ñ, desconocidos por el latín clásico y característicos de las
lenguas románicas. El grupo t + yod se asibiló en ts + yod o simplemente en ts: los dos
grados se hallan descritos por gramáticos latinos, y una inscripción da Vincentζus por
Vicentius. Evolución parecida siguió el grupo c + yod, con resultado, ya que no idéntico al
de t + yod, sí lo bastante cercano para que hubiera grafías como Μαρσιάνος y mendatium
por Marcianus, mendacium. Los grupos d + yod, g + yod se redujeron a y (adjutare >
ayutare); pero d + yod se asibilaba frecuentemente, equivaliendo entonces a z, y en esta
alternancia, el sufijo verbal griego -ιζειν dio en latín el doble resultado -idiare e izare.»
[Lapesa, Rafael: Historia de la lengua española. Prólogo de Ramón Menéndez Pidal.
Madrid: Gredos, 1995, 9ª ed. corregida y aumentada, p. 56-57]
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«Yod
Elemento palatal semivocálico o semiconsonántico muy cerrado ([i] semivocal palatal y [j]
semiconsonante palatal); verbal, desinencial, flexional: la que aparece en la desinencia de
ciertas formas verbales por el contacto entre la vocal temática y una vocal de la desinencia
de persona y número.»
[Echenique Elizondo, María Teresa / Martínez Alcalde, María José: Diacronía y
gramática histórica de la lengua española. Valencia: Tirant lo Blanch, 2003, p. 267]
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«La yod. Nombre dado a la "i" en diptongo, donde, si es inicial de él, suena, al unirse a la
consonante precedente, como semiconsonante explosiva ('diez'), y, en otro caso, al unirse a
la vocal precedente, como semivocal implosiva ('peine'); sonido que ha merecido una
consideración especialísima por la gran influencia que ha ejercido en la evolución de las
palabras.
yotacización / yotización: Fenómeno de convertirse en yod un sonido consonante; por
ejemplo, la "c" de "lacte" en la "i" de "laite".» [Moliner, María: Diccionario de uso del
español, vol. 2, p. 1565]
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yod. (De or. hebreo).
1. f. Fon. Sonido i semiconsonante agrupado con la consonante anterior; p. ej., en pie, o
semivocal agrupado con la vocal precedente; p. ej., en reino.
2. f. Letra que, en algunas lenguas, lo representa. [DRAE]