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Borghi

Este documento presenta un resumen de tres oraciones del trabajo "Antonio Gramsci: Consideraciones sobre la utilización de algunos conceptos claves" presentado en el VIII Congreso Nacional de Ciencia Política de la Sociedad Argentina de Análisis Político. El trabajo analiza las ideas fundamentales de Antonio Gramsci desarrolladas durante su encarcelamiento por el régimen fascista italiano y cómo estas ideas han sido utilizadas por autores latinoamericanos.
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Este documento presenta un resumen de tres oraciones del trabajo "Antonio Gramsci: Consideraciones sobre la utilización de algunos conceptos claves" presentado en el VIII Congreso Nacional de Ciencia Política de la Sociedad Argentina de Análisis Político. El trabajo analiza las ideas fundamentales de Antonio Gramsci desarrolladas durante su encarcelamiento por el régimen fascista italiano y cómo estas ideas han sido utilizadas por autores latinoamericanos.
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“Trabajo y resumen presentado en el VIII CONGRESO NACIONAL DE

CIENCIA POLÍTICA DE LA SOCIEDAD ARGENTINA DE


ANÁLISIS POLÍTICO”
Del 6 al 9 de Noviembre de 2007”

“ANTONIO GRAMSCI: CONSIDERACIONES SOBRE LA


UTILIZACION DE ALGUNOS CONCEPTOS CLAVES”

Recurrentemente se reflexiona sobre la actualidad de uno de los pensadores marxistas


más importantes y más comprometido políticamente con la historia de su tiempo, como es el
que nos ocupa en este caso. Sin embargo, hoy, cuando el marxismo ha quedado
“aparentemente” derrotado por el curso de los acontecimientos, creemos necesario ubicar a
Gramsci, como científico social, al lado de los “clásicos”: junto, por ejemplo, a Maquiavelo,
Hobbes, Locke, Marx, Weber, Pareto,...etc., todos pensadores que aportaron, desde distintas
perspectivas, un gran herramental conceptual y analítico a la Ciencia Política en particular y a
las Ciencias Sociales en general. En esta ocasión pretendemos reflexionar sobre algunas de las
“ideas-fuerza” de Antonio Gramsci, en el marco de un período histórico complejo y cargado
de significados; y también en lo relativo a “sus usos” a través de algunos autores que abordan
la realidad de América Latina utilizando las categorías conceptuales y analíticas de uno de los
principales teórico-político del marxismo que, desde nuestra perspectiva, ponen de manifiesto
la actualidad de sus ideas.

Lic. Borghi, Carla Andrea. DNI: 25.532.077. e-mail: cborghi@[Link] TE: 0358-
4646412. Docente-investigadora del Departamento de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales.
Facultad de Ciencias Humanas. Universidad Nacional de Río Cuarto.

Panel:
Opción 1: Teoría e Historia Política
Opción 2: Instituciones Políticas

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“ANTONIO GRAMSCI: CONSIDERACIONES SOBRE LA UTILIZACION DE
ALGUNOS CONCEPTOS CLAVES”
“Entre tantas preguntas sin responder,
una será respondida:
¿qué revolución compensará la pena de los hombres?
-Andrés Rivera-
La revolución es un sueño eterno

Recurrentemente se reflexiona sobre la actualidad de uno de los pensadores marxistas más


importantes y más comprometido políticamente con la historia de su tiempo, como es el que
nos ocupa en este caso. Sin embargo, hoy, cuando el marxismo ha quedado “aparentemente”
derrotado por el curso de los acontecimientos, creemos necesario ubicar a Gramsci, como
científico social, al lado de los “clásicos”: junto, por ejemplo, a Maquiavelo, Hobbes, Locke,
Marx, Weber, Pareto, ...etc., todos pensadores que aportaron, desde distintas perspectivas, un
gran herramental conceptual y analítico a la Ciencia Política en particular y a las Ciencias
Sociales en general. Decimos “clásicos” en el sentido atribuido por Jeffrey Alexander: “Los
clásicos son productos de la investigación a los que se les concede un rango privilegiado
frente a las investigaciones contemporáneas del mismo campo (...), lo cual implica “que los
científicos contemporáneos dedicados a esa disciplina creen que entendiendo dichas obras
anteriores pueden aprender de su campo de investigación tanto como puedan aprender de la
obra de sus propios contemporáneos” (en Giddens, Turner y otros,1995:23).

En esta ocasión pretendemos reflexionar sobre algunas de las “ideas-fuerza1” de Antonio


Gramsci, en el marco de un período histórico complejo y cargado de significados; y también
en lo relativo a “sus usos” a través de algunos autores que abordan la realidad de América
Latina utilizando las categorías conceptuales y analíticas de uno de los principales teórico-
político del marxismo que, desde nuestra perspectiva, ponen de manifiesto la actualidad de
sus ideas.

DESDE LA CÁRCEL

1
Siguiendo a Alfred Fouillee, entendemos por “idea-fuerza”, todas aquellas posiciones que encierran un evidente
poder sugestivo, capaz de obtener consenso amplio entre los miembros de una sociedad.

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Cárcel de Milán, 19 de marzo de 1927

“Mi vida siempre transcurre con la misma monotonía. Hasta el estudio resulta
muchísimo más difícil de lo que parece. Recibí algunos libros y realmente leo mucho (...). Me
obsesiona – supongo que es éste un fenómeno propio de los presos- la idea de que debería hacer
algo für ewig, para la Eternidad, de acuerdo a un complejo concepto goethiano que, según
recuerdo, atormentó mucho a nuestro Pascoli. En una palabra quisiera ocuparme intensa y
sistemáticamente, de acuerdo a un plan preconcebido, de alguna materia que me absorba, y
centralice mi vida interior. Hasta ahora pensé en cuatro de ellas: 1. Iniciar una investigación
sobre la formación del espíritu público en Italia durante el siglo pasado (...), estudiar a los
intelectuales italianos; 2. un estudio de lingüística comparada (...), 3. Un estudio sobre el teatro
de Pirandello y sobre la transformación del gusto teatral italiano (...). 4. Un ensayo sobre
folletines y el gusto popular en literatura”. En ésta trama aparentemente dispar de temáticas, el
pensador sardo identificaba cierta homogeneidad:”...el espíritu popular creador a través de sus
distintas manifestaciones y grados evolutivos resulta de igual importancia en sus cimientos”.
(Gramsci,1998:35,36).
Los objetivos que se proponía en esa correspondencia mantenida con su cuñada Tatiana
Schucht, no fueron enteramente realizados; no obstante, el cambio de perspectiva que se va
materializando en Gramsci no se relaciona tanto con un cambio en las temáticas planteadas sino
más bien con un viraje en cuanto al criterio ordenador de ellas. De hecho los temas propuestos,
desde los análisis históricos hasta los temas culturales, filosóficos o literarios, quedarán
supeditados a una “intención política directa”. Esa carta simboliza la génesis de una escritura que
en los Cuadernos de la Cárcel retoma los análisis y las experiencias previas a la prisión, pero
desarrolla también una reflexión política estratégica de largo plazo sobre la revolución en
Occidente, parcialmente independiente y relativamente autónoma de la coyuntura inmediata de
la Italia fascista.
Antonio Gramsci, secretario del Partido Comunista y diputado al parlamento por esta
agrupación política, fue arrestado en Roma la tarde del 8 de noviembre de 1926 “en el número
25 de la Vía G. B. Morgagni, domicilio de los señores Pasarge, en cuya casa había alquilado
una habitación...” (Gabriela Moner,1998:13). La prisión que el régimen fascista de Benito
Mussolini impuso a Antonio Gramsci constituye una de las más célebres en todo el mundo. Pese
a estar protegido por la inmunidad parlamentaria que poseía por ser diputado comunista por
Venecia fue arrestado; durante el juicio que se realizó en Roma, en 1928, el fiscal fascista
Michele Isgrò fue terminante: "Durante veinte años debemos impedir funcionar a este cerebro".

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Gramsci fue condenado a 20 años, 4 meses y 5 días de reclusión. Su condena a 20 años era la
“promesa” de una muerte segura en las cárceles fascistas; promesa a medias cumplida: no
pudieron, sin embargo, paralizar su cerebro.
Gramsci recibirá recién en enero de 1929, después de dos años y cuatro meses,
autorización para escribir en su celda. Allí comenzará la redacción de sus cuadernos, retomando
algunas temáticas de las Tesis de Lyon y las notas sobre el problema meridional: el papel de los
intelectuales, la cultura y la ideología, la crítica del marxismo economicista y la ortodoxia
determinista, la historia de Italia, el papel de Benedetto Croce, nominado por Gramsci el “Papa
laico” (como teórico de la “revolución pasiva” destinada a neutralizar la influencia del
marxismo) y la idea-fuerza de todos los Cuadernos: la hegemonía.
Llega a escribir, a pesar de una despiadada acumulación de males físicos, de dolores
afectivos, de aislamiento político, treinta y tres cuadernos. Tras su muerte (seis días después de
haber cumplido su condena que había sido rebajada por una amnistía parcial), los escritos son
trasladados a Moscú, donde una comisión especial del PCI, presidida por Palmiro Togliatti
(cofundador del Partido Comunista Italiano), se ocupó de “revisar”el material: nacen entonces
los “libros” de Gramsci, textos no escritos con esa intención. Eran los tiempos de la “ortodoxia”
de Stalin... la “heterodoxia” de Gramsci se tornaba “sospechosa”.
Tras la “derrota del fascismo” en 1947, apareció la primera edición italiana de las Cartas.
En 1948 comenzaron a editarse en Italia los Cuadernos preparados temáticamente por Togliatti,
quién intentó así encauzar la originalidad de Gramsci en el contexto de la ortodoxia stalinista.
El lector latinoamericano recién accede a partir de los años 60 a los escritos gramscianos
publicados como libros unitarios en seis volúmenes: El Materialismo Histórico y la Filosofía de
Benedetto Croce; Los intelectuales y la organización de la cultura; Notas sobre Maquiavelo,
sobre la política y sobre el Estado Moderno; El Risorgimiento; Cultura y Literatura; y Pasado y
Presente. Son éstos cuadernos de la cárcel, ordenados ahistóricamente, lo que se conoce de
Gramsci en América Latina. Pero, como muy acertadamente se pregunta Portantiero (1999:128)
: “Así presentados ¿qué transmiten esos textos? Una visión fragmentaria sin hilo conductor, sin
soldaduras entre trozos aislados de reflexión, sin tiempo; un discurso inteligente pero a menudo
críptico”.
Sólo tras la muerte de Stalin en 1953 y del XX Congreso del PC soviético (que a partir de
1956 intentó legitimar un “stalinismo sin Stalin”), surgió la idea de editar los Cuadernos en el
mismo orden cronológico (y no temático) en que Gramsci los concibió. Esa nueva edición
crítica, publicada por la Editorial Enaudi, aparece recién en 1975 en cuatro tomos, gracias al
estudioso Valentino Gerratana (Kohan y Bologna,2003).

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Recién un cuarto de siglo después, los lectores de lengua española podrán consultar en
forma completa la totalidad de los escritos originales de Gramsci tal cual él los escribió en
prisión. Creemos necesario destacar que tanto Héctor Pablo Agosti (introductor de Gramsci en
América Latina) como José Arico (uno de los principales teóricos en los 60 de la nueva
izquierda cultural), bebieron de las fuentes de Togliatti.
En 2001, “...el emprendimiento de traducción de la edición crítica pudo concretarse
gracias a un equipo dirigido por la especialista griego-mexicana Dora Kanoussi” (Kohan y
Bologna,2003). La editorial ERA (sello madre desde los 60 de gran parte de la literatura de la
“nueva izquierda” mexicana, incluyendo a los Neozapatistas), en colaboración con la
Universidad de Puebla, publican la edición crítica completa en seis volúmenes.

TEXTOS E IDEAS

Las reflexiones de Gramsci en la cárcel tienen como propósito fundamental aclarar las
causas del fracaso de la revolución socialista y, como contrapartida, el triunfo del fascismo. En
su época se pensaba en la inminencia de la “revolución socialista”. Esta idea era compartida por
los intelectuales y políticos que provenían tanto de la izquierda como de la derecha. Los
primeros la visualizaban como inminente y buscaban de alguna manera acelerarla; los segundos
la contemplaban como una amenaza y hacían esfuerzos por frenarla. De todas maneras, la
“revolución socialista” sería atacada; Europa se vería inundada de sangre por el fascismo y sobre
todo por el nacionalsocialismo. Tendrían que transcurrir algunas décadas antes de que se
expandiera por el planeta la “ola revolucionaria”, cosa que Gramsci no vería. Esperanza y
desencanto sería, a la larga, los dos extremos de la historia de dicha “ola”. Gramsci se ubica al
principio de esta experiencia, y toda su reflexión política es un monumental esfuerzo por
entender, en todos sus aspectos, las causas de esta derrota y el triunfo de su principal enemigo: el
fascismo.
Toda la obra de Gramsci está atravesada por algunas reflexiones íntegramente vinculadas
a su contexto histórico, y el núcleo básico de ruptura que él aporta al “marxismo occidental”2 se
vincula con la larga crisis de entreguerras y sus emergentes sociales (la masa), el comunismo
soviético, los fascismos europeos y la reestructuración del capitalismo liberal en la década del
30. “Allí donde el marxismo buscó construir una teoría de las determinaciones generales del

2
Se denomina “Marxismo Occidental” a una corriente filosófico- política que surge en la década del 20 en la
Europa Central y Occidental , que desafió al “Marxismo soviético” codificador de los logros de la Revolución Rusa.
Llamado posteriormente “Marxismo Occidental”, desplazó el acento puesto por el marxismo en la economía política
y en el Estado, hacia la cultura, la filosofía y el arte.

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estado y la política, él trató de colocar otro espacio analítico más acotado: el que puede alojar
a una sociología de las transformaciones del estado capitalista y de la política burguesa
(Portantiero,1999:11).
Influenciado por la obra del filósofo idealista Benedetto Croce3, por lecturas de
Salvemini, de Labriola, e impresionado por el movimiento obrero de Turín y su insurrección en
1917, se adhirió al Partido Socialista Italiano en 1913 (si bien tardó bastante en decidir su
ingreso)4 y empezó a escribir en periódicos socialistas.
Su experiencia de una “cultura atrasada” y en una ciudad industrial, influyó en sus ideas
en lo relativo a que cualquier revolución socialista en Italia requería una perspectiva nacional-
popular y una alianza entre la clase obrera y el campesinado. La necesidad de la clase obrera de
ir más allá de sus intereses corporativos, y el papel político de la cultura y la ideología, se
convertirán en una constante en su obra. Gramsci saludó la Revolución de Octubre como algo
que invalidaba cualquier fragmento de El Capital que pudiera sugerir que la revolución había de
esperar al pleno desarrollo de las fuerzas capitalistas, y como un ejemplo de un cambio social
llevado a cabo por las masas más que por la élite. La transformación socialista de la sociedad se
definía en toda su obra como la expansión del control democrático.
En 1919 colabora en la fundación de una revista semanal socialista en Turín, L´Ordine
Nuovo: “...cuando decidimos entre tres o cuatro iniciar la publicación de la revista ninguno de
nosotros – o quizás ninguno- pensaba en cambiar la faz del mundo , ni en transformar el
cerebro ni el corazón de la humanidad, ni en abrir un nuevo ciclo en la historia. Nadie de
nosotros – quizás nadie, aunque alguno fantaseaba sobre seis mil suscriptores en unos cuantos
meses – acariciaba ilusiones doradas sobre el buen éxito de la empresa.¿Quiénes éramos? ¿qué
representábamos? ¿De que nueva palabra éramos portadores? (...) El único sentimiento que nos
unía en nuestras juntas era el suscitado por la difusa pasión por una vaga cultura proletaria;
queríamos hacer, hacer, hacer. Nos sentíamos angustiados por falta de orientación, inmersos en
la agitada vida de aquellos días que sucedieron al armisticio, cuando parecía inminente la
hecatombe de la sociedad italiana...” (Gramsci, 1991: 151,152). La realidad mostraba que la

3
Benedetto Croce (1866-1952) practicó y expandió la filosofía poshegeliana que Gramsci combatió desde la prisión.
Primero se sintió atraído por el marxismo , fue discípulo de Labriola, pero pronto inició una aguda crítica a la teoría
de Marx. Fue liberal y opositor al fascismo. Como filósofo de la cultura se remonta a Hegel, con un pasaje muy
breve por Marx, siendo sus obras más influyentes las que tratan sobre filosofía, estética y sobre temas ético-
políticos. Políticamente inspira el liberalismo conservador italiano. La influencia sobre Gramsci, en sus anos
juveniles, fue importante por ser el renovador de la cultura italiana y el que la sacó de su enclaustramiento
provinciano, dándole nivel universal. Gramsci criticó profundamente su obra. Croce, ya avanzado en edad, no
reconoció la crítica pero alabó mucho, en cambio, las cartas de la cárcel de Gramsci, a las que consideró como una
“obra clásica de la cultura italiana”. (Richard Cox, 1996:368 a 377).
4
Gramsci repudia la tradición reformista de la socialdemocracia italiana, especialmente a través de la orientación de
Turati y de Treves, recela del “cientificismo de los doctos”, de esa falsa cultura que aleja al socialismo de las
grandes multitudes.

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participación de Italia en la guerra había desencadenado fuerzas sociales inmensas. Cómo
dominarlas, cómo encauzarlas a favor de la evolución socialista, es la pregunta gramsciana
durante ese período y el punto de partida de su ruptura política con la socialdemocracia.
Portantiero considera al Gramsci de éste período como “el intérprete italiano del momento
histórico que encuentra su vértice en la derrota del zarismo”, es el “tiempo de la ofensiva”.
(Portantiero,1999:95).Con el objeto de trasladar las lecciones de la Revolución rusa al contexto
italiano, especialmente el rol desempeñado por los soviets en Rusia, visualizados como una
nueva experiencia estatal, como la forma socialista de articular la democracia, se convirtieron en
portavoz de un rápido desarrollo del movimiento de los “consejos de fábrica”. En todo este
período el tema sobre el cual reflexionan no es el Partido, sino el Estado, ese nuevo estado
inherente a la revolución socialista.
Mientras autores como Lenin, Trotski, Kautsky y Adler examinaban la organización de
los soviets con relación a cuestiones políticas inmediatas, Gramsci intentó un análisis más
teórico, a veces rayando lo utópico, de la naturaleza de los consejos, y especuló sobre sus
relaciones con otras organizaciones proletarias. El “consejo de fábrica” que Gramsci asemeja al
soviet, no es sólo una organización para la lucha de clases, sino “el modelo del Estado
proletario. Todos los problemas inherentes a la organización del Estado proletario son
inherentes en la organización del consejo,(...) al construir ese aparato representativo la clase
obrera realiza la expropiación de la primera máquina, del instrumento de producción más
importante: la clase obrera misma, que ha vuelto a encontrarse, que ha conseguido conciencia
de su unidad orgánica y que se contrapone unitariamente al capitalismo. La clase obrera afirma
así que el poder industrial, tiene que volver a la fábrica, y asienta de nuevo la fábrica, desde el
punto de vista obrero, como la forma en la cual la clase obrera se constituye en cuerpo orgánico
determinado, como célula de un nuevo Estado, el Estado obrero, y como base de un nuevo
sistema representativo, el sistema de los Consejos” (Gramsci,1999:81).

BASES PARA UNA TEORÍA DE LA REVOLUCIÓN

Simultáneamente al crecimiento de la lucha de clases en Italia y en Europa, los escritos


de Gramsci irán sentando las bases para una teoría del Estado y para una teoría de la revolución,
que se consolidará luego en los cuadernos de la cárcel. Es decir, formulará una teoría de la
revolución tomando como punto de partida la crisis política y social (estatal en sentido amplio)
que tiene lugar en Italia tras la guerra y el fracaso del modelo liberal. “La originalidad
gramsciana en la etapa ordinovista consiste en poner las bases, no siempre de manera

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sistemática, para un planteamiento de las relaciones entre economía y política, entre lucha
económica y lucha política, en un esfuerzo por liberar al materialismo histórico de los riesgos
del economicismo” (Portantiero,1999:98). Esta lucha ideológica tiene siempre una última
motivación política, que desde su perspectiva, debe ser conducida desarrollando el concepto de
hegemonía, visualizada como la capacidad para unificar la voluntad disgregada por el
capitalismo de las clases subalternas; articulando los consejos, los sindicatos y el Partido como
soportes orgánicos.
Vincular estas organizaciones y ordenarlas en una jerarquía centralizada de poderes será
crear una auténtica democracia obrera, preparada para sustituir a la burguesía en todas sus
funciones esenciales de administración y control. Ningún otro tipo de organización proletaria es
adecuada para esta tarea, “el germen del gobierno obrero es la comisión de fábrica” afirma en el
Programa del L´Ordine Nuovo (1991:80).
Los sindicatos no podrían serlo porque son una organización de la sociedad capitalista,
no un sucesor en potencia de esa sociedad; son parte integrante del capitalismo y tienen un
carácter esencialmente competitivo, no comunista, porque organizan a los obreros no como
productores, sino como asalariados que venden la mercancía de su fuerza de trabajo. “Así, el
sindicato se vuelve capaz de contraer pactos, de asumir obligaciones; así obliga al empresario a
aceptar una legalidad en sus relaciones con el obrero, legalidad que está condicionada por la
confianza que tiene el empresario en la solvencia del sindicato, en la confianza que tiene el
empresario en la capacidad del sindicato para obtener, de parte de las masas obreras, el respeto
a las obligaciones contraídas” (Gramsci,1991:130). Esta situación trae aparejada una “legalidad
industrial”, que si bien ha constituido una gran conquista de la clase obrera, no debe impedir al
sindicato desempeñar todo el trabajo de preparación espiritual y material necesario para que la
clase obrera pueda, en un momento determinado, iniciar una ofensiva victoriosa contra el capital
y someterlo a su ley. Solo en la medida en que el sindicato proceda de esa manera puede ser
considerado un “instrumento revolucionario”.
Con respecto al Partido, su concepción del proceso revolucionario y de las características
internas del mismo, difiere en aspectos importantes de la clásica, especialmente de la traducción
que de ella va a hacer el stalinismo. “Las formas de relación entre partido y masas se regulan en
Gramsci a partir de la hipótesis de que el partido revolucionario no es órgano sino parte de la
clase obrera” (Portantiero,1999:101). Para el pensador sardo, ni los sindicatos ni el Partido,
pueden absorber a la totalidad de las clases subalternas, porque son organismos de índole
“privada”, contractuales, la adhesión a los cuales implica un acto voluntario. Son los “consejos
de fábrica”, como señaláramos, instituciones de carácter “público”, los únicos capacitados para

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constituir la trama del Estado como organismos que abarcan a la totalidad de las clases
populares.”El Partido y el sindicato, por su carácter contractual, no pueden ser de ningún modo
confundidos con el consejo, instituto representativo que se desarrolla no aritméticamente sino
morfológicamente y que tiende, en sus formas superiores, a darle la fuerza proletaria al aparato
de producción y cambio creado por el capitalismo a los fines del beneficio” (Gramsci,
1991:126).
Como sostiene Portantiero (1999:101) “Contrapartida del parlamento burgués, la red de
consejos encarna la representación política de los trabajadores desde su propia condición de
tales y no de ciudadanos “libres”, aislados entre sí”.
Influido por la idea de Georges Sorel5 de que la esfera productiva podía proporcionar la
base para una nueva civilización, Gramsci escribió que los consejos de las fábricas ayudaban a
unir a la clase obrera y permitían a los trabajadores comprender su lugar en el sistema productivo
y social, desarrollando las habilidades requeridas para crear una nueva sociedad y un nuevo tipo
de Estado. En un período en que la burguesía ya no podía garantizar por más tiempo el desarrollo
de las fuerzas de producción, la única forma de destruir la vieja sociedad y mantener el poder de
la clase obrera era empezar a construir un nuevo orden. Así, las raíces del concepto de
“hegemonía” de Gramsci hay que buscarlas en éste período. “El contexto de las nuevas
instituciones de la clase obrera era la decadencia del papel del empresario individual, la
inversión progresiva de los bancos y el Estado, y la crisis de la democracia liberal, como
resultado de este cambio en las relaciones entre las esferas política, económica y social”
(Sassoon,1984:347 en Bottomore). La ofensiva fascista en 1920-1921 llevó a Gramsci a analizar
su asentamiento en secciones desafectadas de la pequeña burguesía que eran utilizadas como
instrumentos por los terratenientes, por parte de la burguesía industrial y por elementos de la
maquinaria estatal. En este contexto sostenía que el fascismo podría proporcionar una nueva base
de unidad para el Estado italiano, y predijo un golpe de Estado, aunque su tendencia era
sobreestimar la fragilidad del nuevo régimen.

5
Autor controvertido, señalado desde algunas perspectivas como uno de los marxistas más originales, pero al que
debería considerárselo como pensador de la derecha más que de la izquierda. Lo que no puede negarse es que el
pensamiento de Sorel recorrió una serie de distintas fases, en las que varió profundamente su interpretación del
marxismo. Sostenía que el marxismo debería considerarse una “doctrina ética” y en lugar de un colapso económico
predeterminado del capitalismo expuso la teoría de la “catástrofe moral” que esperaba a la sociedad burguesa. En
esta reformulación del marxismo Sorel intentó descubrir una moralidad específica de la clase obrera, defendiendo a
sus sindicatos y cooperativas (a los que creyó capaces de desarrollar esta moralidad) y también al igual que Berstein,
a recomendar la política y la práctica del reformismo político y de la democracia. (Jeremy Jennings,1984:725,726 en
Bottomore).

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EL PARTIDO COMUNISTA FRENTE AL FASCISMO

En 1921 Gramsci colaboró en la fundación del Partido Comunista Italiano y desde 1922
a 1924 trabajó para la III Internacional (llamada Internacional Comunista o Komintern) en
Moscú y Viena, en medio de los debates sobre la política que debería seguirse en la construcción
del socialismo en la URSS, y sobre las relaciones de los socialistas y los nuevos partidos
comunistas occidentales.
Desde la creación del PCI hasta 1926 y aún después, se desarrolló el debate con Amadeo
Bordiga, el cuál sostenía una posición dogmática, ultra izquierdista. Afirmaba que si bien el PCI
constituía una minoría dentro del sombrío panorama de la Italia de aquellos años, el Partido
debía actuar solo frente a un fascismo que se desplegaba con un indudable poderío y un fuerte
arraigo en las masas. Sostenía la necesidad de derrocar al fascismo e instaurar la dictadura del
proletariado, sin evidenciar ninguna etapa intermedia; tanto el fascismo como la democracia
burguesa eran visualizados desde su perspectiva como “dictaduras del capital”. Por ello no
aceptó las orientaciones de la III Internacional en cuanto al “Frente Único” ni la unidad con los
socialistas (Johnstone,1984:416,417,418 en Bottomore).
En los años de estabilización relativa del capitalismo, del fascismo, la línea política de la
III Internacional Comunista fue el Frente Único, primera condensación programática para
resolver el pasaje de la “guerra de movimiento” a la “guerra de posiciones”6 en la acción política.
“En este proceso complejo de acción política el modelo estratégico será el de la guerra de
posiciones, su traducción social, la táctica del frente único, su consigna política, la república de
los consejos obreros y campesinos”(Portantiero,1999:110). Pero Gramsci deberá esperar la caída
de Bordiga para comenzar a instrumentarlo. Es Lenin quien en el III Congreso de la
Internacional, proclama una entusiasta defensa de la nueva táctica: “...si el congreso no
despliega una acción profunda contra esas necedades izquierdistas, todo el movimiento está
destinado a perecer (...) Para triunfar, para mantener el poder, no solo es necesaria la mayoría
de la clase trabajadora sino también la mayoría de la población rural y trabajadora ” (Lenin en
Monty,1984: 418 en Bottomore). Este llamamiento para la consolidación de un frente único de
las clases trabajadoras, ubicaba en el tapete de la discusión el problema de las relaciones de los
partidos comunistas con la socialdemocracia.

6
Gramsci sintetiza sus ideas estratégicas en términos de lucha política, en este sentido la “guerra de movimiento” se
vincula con el asalto insurreccional al poder propio de la acaecido en Oriente (Rusia); la “guerra de posiciones”, se
relaciona con una enorme acumulación de fuerzas en la sociedad civil como eslabón elemental para la toma del
poder. (Gramsci en Manuel Sacristán,1999:292).

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A esta estrategia se resistió Bordiga. Aún desde la cárcel, cuando Mussolini arrasó con
las organizaciones de izquierda, Bordiga seguía oponiéndose al Frente. Cuando se levantan en
armas los “Arditi del Popolo”7para resistir al fascismo, Bordiga se niega a tejer alianza con otros
partidos. Frente a este posicionamiento, Gramsci intenta convencer a Bordiga. Por un lado,
porque sabe lo que significa para el Partido, y por otro, porque, de alguna manera, recela de la
propuesta reformista de Tasca8.
Gramsci, habiendo experimentado los saldos desfavorables de la separación del Partido
Socialista (y la creación del PCI), teme que frente a la difícil situación que crea el fascismo, el
Partido se divida. Otra división en este contexto sería muy nociva, además la ruptura podría dejar
como saldo un Partido de “izquierda” y otro “reformista”. En el Congreso de Lyon, celebrado en
1926, Gramsci logra que se apruebe la política del Frente Único. Para ello profundiza en la
situación mundial, en cuyo mirador más elevado había participado como dirigente de la
Internacional y, por supuesto en la realidad de Italia. Las Tesis de Lyon y el trabajo sobre la
cuestión meridional (il mezzogiorno) dan cuenta de esa situación.”Pensadas a la luz de la
construcción del frente único, las tesis encadenan el progresivo crecimiento de la lucha de las
masas a través de organismos aptos para abarcarlas, con las tareas del partido, en tanto
instrumento unificador y centralizador de un vasto movimiento popular” (Portantiero,1999:117).
Allí intentó demostrar la importancia de la alianza entre los obreros del norte y los campesinos
de las zonas atrasadas, con intelectuales revolucionarios que le dieran cohesión, a fin de construir
un nuevo bloque histórico, subrayando el problema de la hegemonía de la clase obrera, como
base social de la dictadura del proletariado. El poder fascista se instaura teniendo como base este
bloque: la unidad de los industriales del norte, los latifundistas del sur, bendecidos por el
Vaticano, y contando con la pequeña burguesía como “masa”. Pero además el fascismo logró
construir un partido de masas, aprovechando los problemas dejados por la guerra: desorientación
de la pequeña burguesía, sentimiento nacionalista, mito de la violencia.

INTELECTUALES Y HEGEMONÍA

En este contexto Gramsci analizó la unificación de Italia, en particular el papel de los


intelectuales italianos y la forma en que la nueva nación-estado era un resultado de la
“revolución pasiva”, en las que las masas del campesinado daban, como mucho, un
consentimiento pasivo al nuevo orden político. “En la medida en que el estado se transforma en

7
Grupos armados de socialistas de izquierda y comunistas que combatieron contra el fascismo.
8
Ángelo Tasca, fue compañero de Gramsci en Turín, y se opuso a los “consejos de fábrica” , sosteniendo que el
Partido o el sindicato constituían los órganos esenciales que deberían vehiculizar el cambio.

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un “estado de masas”, el tema de la hegemonía, de la guerra de posiciones, pasa a primer plano
porque esa transformación implica la puesta en marcha por las clases dominantes de un nuevo
proceso de revolución pasiva” (...), entendida como “proceso de transformaciones “desde lo
alto” en el que se recupera una parte de las demandas “de abajo”, pero quitándoles toda
iniciativa política autónoma” (Portantiero,1999:51).
En este contexto se comprende la importancia que Gramsci otorga permanentemente al
rol de los intelectuales: deriva directamente de la relevancia que tiene para él el problema de la
hegemonía. En efecto, la hegemonía se construye si tiene sus organizadores, sus dirigentes. Los
intelectuales son los cuadros de la clase dominante económica y políticamente, son los que
elaboran la ideología y el nexo entre teoría y práctica. Los intelectuales, sostiene Gramsci, son
los “persuasores” de la clase dominante, son los “empleados” de la hegemonía de la clase
dominante.9
Los intelectuales no son un grupo social autónomo, pero todo grupo social, cumpliendo
una determinada función en la producción económica, forja sus intelectuales que vienen a ser los
técnicos de la producción. Estos intelectuales no se limitan a ser solamente los técnicos de la
producción, sino que son también los que dan a la clase económicamente dominante la
conciencia de sí misma y de su propia función, en el campo social y en el campo político. Dan
homogeneidad a la clase dominante y a su dirección. Los “intelectuales orgánicos” son los que
necesita cualquier nueva clase progresista para organizar un nuevo orden social : “cada grupo
social, al nacer en el terreno originario de una función esencial en el mundo de la producción
económica, se crea conjunta y orgánicamente uno o más rangos de intelectuales que le dan
homogeneidad y conciencia de la propia función, no sólo en el campo económico sino también
en el social y en el político (...) Se puede observar que los intelectuales “orgánicos”que cada
nueva clase crea junto a ella y forma en su desarrollo progresivo, son en general
“especializaciones” de aspectos parciales de la actividad primitiva del tipo social nuevo que la
nueva clase ha dado a luz” (Gramsci,2004:9,10). Sostiene que el capitalismo crea esencialmente
técnicos, científicos, ligados a la producción. Estos son los “intelectuales orgánicos” del
capitalismo, íntimamente vinculados a la función productiva, a la función de la economía
capitalista. Todo grupo social, cuando se afianza en el campo económico y debe elaborar su
propia hegemonía política y cultural, y crear, por consiguiente sus propios cuadros, sus propios
intelectuales, encuentra al mismo tiempo sus intelectuales ya formados por la sociedad
precedente, por la formación económico-social precedente: los “intelectuales tradicionales”.La

9
La expresión según la cual “el intelectual es el intermediario del consenso”, es creemos, una justa interpretación de
la concepción de Gramsci, pero no se halla en sus textos.

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nueva clase dominante, mientras forma sus propios intelectuales orgánicos, se esfuerza en
asimilar a los intelectuales tradicionales.
En Italia, los intelectuales tradicionales son los del tipo humanista, entre los cuales
Gramsci incluye también al clero. Son preponderantemente de origen rural, provienen de la
burguesía rural abstencionista. Cuanto mejor son asimilados los intelectuales tradicionales, tanto
más logra la clase dominante explotar a sus propios intelectuales. Dice Gramsci: “Los
intelectuales de tipo urbano han crecido al mismo tiempo con la industria y están ligados a su
destino. Su función puede ser parangonada con los oficiales subalternos en el ejército: no tienen
ninguna iniciativa autónoma para elaborar planes de construcción; ponen en relación,
articulándola, a la masa instrumental con el empresario, elaboran la ejecución inmediata del
plan de producción establecido por el mayor estado de la industria y controlan las etapas
laborales elementales. En el término medio general los intelectuales urbanos se confunden cada
vez más con el estado mayor industrial propiamente dicho” (Gramsci,2004:18). Los
intelectuales de tipo rural son en gran parte tradicionales, es decir, están ligados a la masa social
campesina y pequeño-burguesa de la ciudad (especialmente de los centros menores), todavía no
formada y puesta en movimiento por el sistema capitalista. Este tipo de intelectual pone en
contacto la masa campesina con la administración estatal o local (abogados, escribanos, etc.). Por
esta misma razón tienen una gran función político-social, porque la mediación profesional es
difícilmente escindible de la mediación política. Por consiguiente, en el capitalismo, mientras los
“intelectuales orgánicos” tienen una relación más estrecha con la producción, los “intelectuales
tradicionales” tienen una relación más mediata, pero desempeñan en mayor grado que los
“intelectuales orgánicos” una función política, de mediación política.
Son precisamente los intelectuales los que organizan la red de creencias y relaciones
institucionales y sociales que Gramsci denomina “hegemonía”. Es él quizás, entre los teóricos
del marxismo, quién más ha insistido sobre este concepto. “La definición de este término se
presenta complicada debido a la utilización de la palabra en dos sentidos diametralmente
opuestos: primero, significa “dominación”, como en “hegemonismo”, y segundo, significa
“liderazgo”, implicando una cierta noción de consentimiento” (Sassoon,1984: 364). Así Mao
Zedong utiliza “hegemonismo” para indicar una especie de dominación de un país sobre otro, lo
cual no es imperialismo. El segundo significado es mas usual en los escritos marxistas: “...
Anderson ha señalado que tanto los mencheviques, como Lenin emplean la palabra para
indicar el liderazgo en la revolución democrática, basado en una alianza con sectores del
campesinado” (Sassoon,1984:364). Sin embargo, su pleno desarrollo como concepto marxista
puede atribuirse a Gramsci.

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La mayoría de los comentaristas coinciden en que “hegemonía” es el concepto clave en
los Cuadernos de la cárcel, y su contribución más importante a la teoría marxista. En los escritos
anteriores a la prisión utilizó el término para referirse a la estrategia de la clase obrera; al sistema
de alianzas que debía crear la clase obrera para acabar con el Estado burgués y para servir como
base social del Estado de los trabajadores; para argumentar que el proletariado soviético tendría
que sacrificar sus intereses económicos corporativos para mantener una alianza con el
campesinado y servir a sus propios intereses generales.
En sus Cuadernos de la Cárcel, Gramsci va más allá de esta utilización del término, que
era empleado en forma similar en los debates de la Internacional Comunista de este período, para
aplicarlo a la forma de establecerse la burguesía y mantener su poder. Los dos acontecimientos
históricos que estudió en este contexto, la Revolución Francesa y el “Risorgimiento” italiano,
dentro de los cuales señaló el contraste de la amplia base de consentimiento para el nuevo Estado
francés, junto con el más limitado consentimiento otorgado al Estado de la Italia unificada. Al
tratar las diferentes manifestaciones de la dominación burguesa, recurre a pensadores como
Maquiavelo y Pareto cuando describe al Estado como fuerza más consentimiento
(Sassoon,1984:365). El Estado así concebido, no es un instrumento:”...es todo el complejo de
actividades prácticas y teóricas con las cuales la clase dirigente no sólo justifica y mantiene su
dominio sino que también logra obtener el consenso activo de los gobernados”
(Gramsci,2004:161). En las condiciones modernas, señala Gramsci, una clase mantiene su
dominio no simplemente mediante una organización especial de la fuerza, sino porque es capaz
de ir más allá de sus intereses estrechos y corporativos, de ejercer un liderazgo moral e
intelectual y de realizar compromisos (dentro de ciertos límites) con una variedad de aliados que
se unifican en un bloque social de fuerzas al que Gramsci llama “bloque histórico”. Éste
concepto se vincula a la cuestión vital del materialismo histórico: la dialéctica de infraestructura
y superestructura, la definición de la unidad orgánica de ambos conceptos.

INFRAESTRUCTURA Y SUPERESTRUCTURA

La infraestructura y la superestructura forman un bloque histórico. No se trata de una


alianza, ni de una inversión del elemento predominante en última instancia. Algunos autores
afirman que Gramsci privilegió la superestructura, mientras que Marx sostenía el carácter
determinante, en última instancia, de la infraestructura. Para Gramsci, en principio, ambas
instancias son indisociables; las fuerzas materiales constituyen el contenido, y las ideologías las
formas, y desde luego no existe forma sin contenido ni contenido sin forma. Gramsci comienza a

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analizar el concepto de bloque histórico cuando reflexiona sobre la cuestión meridional. Al
interrogarse sobre qué es lo que relaciona al terrateniente y al campesino, qué es lo que establece
esa relación, arriba a la conclusión de que ese proceso se produce a través de los intelectuales.
Por encima de los latifundistas, sostiene Gramsci, funciona un bloque intelectual (se refiere a
escribanos, abogados, contadores, a la Iglesia, la enseñanza, los diarios, etc.), que sirven a los
intereses de los dueños de la tierra. En este sentido, no puede romperse el bloque agrario sin
romper, sin conquistar o neutralizar a los intelectuales que lo cimentan. Es decir, el lazo
estructura y superestructura es orgánico y vital, y no un simple reflejo ni ilusiones o deseos
individuales. Se trata de fuerzas históricas, estructuras ideológicas, sistemas hegemónicos (la
enseñanza, por ejemplo). Así se visualiza a los intelectuales como funcionarios de la
superestructura, organizadores de la “hegemonía”.
Hugues Portelli, (1977:25) quien se ha dedicado a estudiar el pensamiento político de
Gramsci, sintetiza los principales aspectos del concepto de bloque histórico: “...el estudio de las
relaciones entre estructura y superestructura; el vínculo entre ambas y (...) el papel de los
intelectuales en la dirección de la superestructura ideológica, jurídica y política”. Un sistema
social, sostiene el autor, está integrado si logra crear un sistema hegemónico y ello se produce a
nivel de la superestructura del bloque histórico que forma un sistema complejo, integrado por la
sociedad política y la sociedad civil. Este bloque representa una base de consentimiento para un
cierto orden social, en el que la hegemonía de una clase dominante es creada y recreada dentro
de una red de instituciones, relaciones sociales e ideas. Esta “fábrica de hegemonía” la urden los
intelectuales, quienes según Gramsci, son aquellos que tienen un papel organizativo dentro de la
sociedad. De este modo va más allá de la definición de Estado como instrumento de una clase,
utilizado por Marx, Engels y Lenin.

SOCIEDAD CIVIL Y SOCIEDAD POLÍTICA

Para Gramsci, tanto la sociedad política como la sociedad civil, forman parte de la
superestructura. La sociedad civil está formada por el conjunto de organismos privados que
corresponden a la función de hegemonía: aseguran que la ideología de la clase dirigente se
difunda en todos los niveles (filosófico, religioso, sentido común, folklórico). Gramsci presenta
un cuadro de la sociedad civil en clave más hegeliana que marxiana10: no se trata simplemente

10
Marx visualiza a la sociedad civil como la sede de las relaciones económicas , o sea de las relaciones que
constituyen “la base real, sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política”. En este sentido, “la sociedad
civil significa el conjunto de las relaciones interindividuales que están afuera o antes del estado y en cierta forma
agota la comprensión de la esfera pre-estatal diferente y separada de la del Estado”. (Bobbio, 1994:46).

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del ámbito de las necesidades individuales, sino de las organizaciones, y posee un potencial de
autorregulación racional y de libertad. Insiste en la complejidad de su organización: “Por ahora
se pueden fijar dos grandes “planos”superestructurales, aquel que se puede llamar la “sociedad
civil”, es decir, del conjunto de organismos llamados vulgarmente “privados” y aquel de la
“sociedad política o Estado”y que corresponden a la función de “hegemonía” que el grupo
dominante ejerce en toda la sociedad y el de “dominio directo” o de mando que se manifiesta en
el estado y en el gobierno “jurídico” (Gramsci,1932:1518-1519 en Bobbio).
Mientras que Marx insiste en la separación entre el Estado y la sociedad civil, Gramsci
subraya la relación entre ambos, sosteniendo que, si bien el uso corriente y restrictivo del
término “Estado” puede referirse al gobierno, el concepto de Estado incluye de hecho elementos
de la sociedad civil. El Estado concebido estrechamente como gobierno está protegido por la
hegemonía organizada en la sociedad civil, mientras que la hegemonía de la clase dominante
queda fortalecida por el aparato coercitivo del Estado. No obstante, el Estado tiene también una
“función ética” en cuanto que procura educar a la opinión pública e influir en la esfera
económica.
La sociedad política, a su vez, está formada por el Estado y el gobierno jurídico, es el
ruedo de las instituciones políticas en un sentido legal-constitucional. La sociedad política, a
través de su poder político-militar es la continuación del dominio económico e ideológico. La
coerción es dirigida por una burocracia transformada en casta. Para Gramsci, la sociedad civil y
la sociedad política se imbrican en un proceso dialéctico: “...de la confusión entre sociedad civil
y sociedad política, pues hay que observar que en la noción general de Estado intervienen
elementos que hay que reconducir a la noción de sociedad civil (en el sentido, pudiera decirse,
de que Estado = sociedad política + sociedad civil, o sea hegemonía acorazada con coacción” (
Gramsci,1999:291 en Manuel Sacristán). Añade que los intelectuales aseguran, como
funcionarios de la clase dominante, la dirección política y cultural del bloque dominante.
Pero la caracterización de una sociedad como sistema hegemónico no supone postular un
modelo absolutamente integrado a ésta: las instituciones de la sociedad civil son el escenario de
la lucha política de clases, el campo en el que las masas deben desarrollar la estrategia de la
“guerra de posiciones”. El razonamiento gramsciano se implanta sobre la “primacía de la
política”, no como “esencia” sino como momento superior de la totalidad de las relaciones de
fuerzas sociales. “Si para analizar las condiciones de funcionamiento de un sistema hegemónico
debe considerarse a la economía como su “determinación en última instancia”, para operar su
desestructuración el camino es inverso: lo dominante son los conflictos en el plano de la

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política” (Portantiero,1999:131). Es decir, todo trabajo de disgregación del bloque dominante
debe comenzar en la sociedad civil.
Pero la concepción gramsciana del Estado (hegemonía acorazada de coerción) no se
vislumbra en toda su dimensión si no se la vincula con otro de sus ideas-fuerza: la crisis
orgánica: la cual “...se produce porque la clase dirigente fracasó en alguna gran empresa
política para la cual requirió o impuso por la fuerza el consenso de las grandes masas (la
guerra, por ejemplo) o bien porque vastas masas (especialmente de campesinos y de pequeños
burgueses intelectuales) pasaron de golpe de la pasividad política a una cierta actividad y
plantearon reivindicaciones que en su inorgánico conjunto constituyen una revolución. Se habla
de crisis de autoridad y esto es precisamente la crisis de hegemonía o crisis del estado en su
conjunto” (Gramsci,2004:62). Para Gramsci, la crisis no es una consecuencia inmediata de los
ciclos económicos: “...pueden crear un terreno más favorable a la difusión de ciertas maneras
de pensar, de plantear o resolver las cuestiones que hacen a todo desarrollo ulterior de la vida
estatal” (Gramsci,2004:75). Pero la crisis tampoco es íntegramente política: el pensador sardo
acuña el concepto de “crisis orgánica” para dar cuenta de un proceso largo y complejo en el que
es necesario distinguir “lo orgánico” de lo “coyuntural”, para fundar desde allí las probabilidades
de la iniciativa política. En este sentido, se hace difícil una conceptualización única o identificar
un origen o una causa única: la crisis orgánica es “una crisis del estado en su conjunto”; una
crisis de los modos habituales con que se había constituido hasta entonces el compromiso entre
“representados y representantes”. Implica, siguiendo a Portantiero, “una situación de des-
agregación de la vida estatal por parte de grandes masas”. La existencia de una crisis orgánica
es muestra de que “...la clase burguesa está saturada; no solo no se expande, sino que se
disgrega; no solo no asimila nuevos elementos sino que se desprende una parte de ella
misma...”.(1999:59).
La contracara lógica de su teoría del Estado es la teoría de la crisis, visualizada a partir
de la historia de Italia entre la terminación de la guerra y el ascenso del fascismo. En ese
contexto, desde su perspectiva ha entrado en crisis el sistema en su conjunto, que se manifiesta
en “crisis de hegemonía”, la cual no implica necesariamente la revolución: sus resultados pueden
variar según la capacidad de reacción y reacomodamiento que tengan los distintos estratos, es
decir, va a depender de las características que adopte la relación entre las fuerzas. En este sentido
la manifestación desarrollada de la crisis remite a una vinculación compleja entre economía y
política: el gran aporte de Gramsci es flexibilizar el nexo entre estructura y superestructura. La
superestructura no es un reflejo mecánico de la base, sino un vínculo vivo, mediado por los
intelectuales, cuyo análisis, consideramos, es uno de sus máximos aportes, especialmente dentro

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de la dinámica de constitución del bloque histórico “alternativo” capaz de sustituir la dominación
vigente e instalar un nuevo sistema hegemónico. Ese nuevo bloque histórico, orgánico, supone
como base, la conformación de una alianza política de las clases subalternas, bajo la hegemonía
del proletariado.
Analíticamente este proceso que integra sociedad con política se materializa en la
constitución de una esfera común de intereses objetivos (“alianza de clases”), es decir, la
constitución de un bloque de fuerzas representativas de las contradicciones sociales, que debe
manifestarse en el plano de las relaciones de fuerzas políticas, en la esfera de la lucha por el
poder. “Este bloque no es aún el “bloque histórico”, en tanto éste supone el control del poder
del estado (y no solo siquiera del aparato de estado), pero es su condición de posibilidad. La
realización del bloque histórico sólo es pensable desde el poder, como construcción de un nuevo
sistema hegemónico, en el que una clase dirige y domina la totalidad social desde las
instituciones de la sociedad política (estado-gobierno) y las instituciones de la sociedad civil
(estado-sociedad)” (Portantiero,1999:134). El bloque no existe si no hay construcción de
hegemonía, la cual se manifiesta como la potencialidad para dirigir a las otras clases subalternas
a través de la elaboración de un programa de transición y de la conformación de instituciones
aptas para estimular y abarcar sus movilizaciones “espontáneas”. La hegemonía, que tiene como
espacio de constitución a la política, implica la construcción de un cierto equilibrio de
compromiso tanto en el plano económico como en la esfera ético-política, pero no se agota en el
campo económico ni en el nivel de lo ideológico. “La hegemonía se realiza (y esto vale para el
bloque en el poder y para el bloque revolucionario) a partir de “aparatos hegemónicos” que
articulan cada bloque, instituciones de la sociedad civil que contienen en su interior el
despliegue de las relaciones de fuerza o si se prefiere, de la lucha de clases en todos sus
niveles”(Portantiero,1999:135).

ALGUNOS USOS DE GRAMSCI


Las siguientes líneas se proponen dar cuenta de manera sintética y resumida de algunos
“usos de Gramsci”, empleando la expresión de Portantiero, utilizados por dos autores
latinoamericanos. Los ensayos escogidos enfocan el pensamiento gramsciano en sus diversas
dimensiones, examinando la actualidad de las “categorías de análisis” del pensador italiano, así
como la aplicabilidad de las mismas a la reflexión de la realidad latinoamericana.
Desde los estudios históricos Waldo Ansaldi, en “Estado y sociedad en la Argentina del
siglo XIX” se aproxima a una interpretación de la crisis de organización del estado, en ese
contexto anárquico “post-independiente”, utilizando algunas categorías analíticas gramscianas.

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En principio, toma la idea de “crisis orgánica” aplicándola a un largo período de nuestra historia:
1806-1880; subyace en esa idea la perspectiva que sostiene la muerte de lo viejo pero, a la vez, la
imposibilidad de que surja algo nuevo. Ese largo período, manifiesta el autor, se corresponde con
una “crisis de dirección política”; un conflicto que en un nivel es interregional, en otro se revela
como un conflicto entre clases dominantes (Ansaldi, 1988:1y4). Ansaldi, como puede percibirse,
reflexiona acerca del problema de la formación del Estado nacional y considera la centralidad de
la “vocación hegemónica” de la burguesía porteño-bonaerense en esta problemática. Además de
analizar los sectores sociales y económicos, las continuidades de aspectos coloniales como
también las rupturas en todo el período señalado, el texto de Ansaldi termina analizando las
últimas dos décadas en estos términos: “Las casi dos décadas (1862-80) que median entre la
reunificación de la república y la federalización de la ciudad de Buenos Aires conforman una
revolución pasiva, para decirlo con otra categoría analítica gramsciana. Es a través del
ejercicio de la dominación, de la dictadura sin hegemonía, que la burguesía argentina conquista
la dirección, el consenso, en fin la hegemonía. Ella construye su bloque histórico, entonces, no
mediante un verdadero proceso pre-revolucionario, sino a través de un contradictorio
movimiento de “revolución-restauración”. En estas condiciones, lógicamente, la forma
hegemónica dista de ser sólida”(Ansaldi,1988:26,27). Ansaldi señala el hecho de la resistencia
de las oligarquías del interior al avance del centralismo porteño en esa lucha hegemónica; pero
estas tensiones concluyen cuando hay una “adecuación a los nuevos tiempos”, al nuevo contexto
de la segunda mitad del siglo; de allí es que el autor utiliza la categoría de “revolución pasiva”
refiriéndose a la etapa de formación y posterior consolidación del Estado nacional como obra del
centralismo. No olvidemos, además, que la mayoría de los presidentes argentinos de la segunda
mitad del siglo XIX provinieron de las oligarquías del interior.
Desde la perspectiva de la Teoría Política, es importante señalar el ensayo de Sebastián
Barros “Hobbes y Gramsci: sobre el auge y caída de un discurso”, que nos propone un breve
recorrido histórico que comienza con el Golpe de militar de 1976, pasando por la restauración
del sistema democrático, atravesando la década menemista hasta el gobierno de la Alianza. En el
marco de éste extenso período, el autor nos invita a analizar de que manera se logró la
naturalización de un discurso: el neoliberal. Comienza su artículo señalando los motivos
esgrimidos para la realización del Golpe de 1976, destacando desde una mirada hobbesiana que
“...la pluralidad de la democracia era la que había provocado la crisis de la Nación”; como
consecuencia de la aparición del Peronismo que trajo aparejado la incorporación de grandes
masas, hasta el momento inactivas, a la vida política; el aislamiento con respecto a la economía
mundial y la creación de un Estado regulador e intervencionista que “...ponía en peligro el modo

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de vida “occidental y cristiano”(es decir capitalista)”(Barros:2002,2). En este contexto, el
discurso neoliberal cobra una fuerza que parecía arrolladora, sin embargo su pretendida
“hegemonía” comienza a agrietarse en los primero años de la transición a la democracia:“...las
ideas económicas liberales eran asociadas constantemente con el Proceso, asociación poco
prestigiosa a mediados de los años ochenta” (Barros:2002,3). En este contexto se imponen
como prioritarias temáticas vinculadas a la defensa de los Derechos Humanos y a la
consolidación de las instituciones democráticas. Sin embargo, a partir de 1987 se evidencia un
incipiente fracaso en la política económica por parte del gobierno democrático y en este contexto
se percibe un cambio de rumbo en la dirección discursiva de la gran mayoría de la dirigencia
política: “la necesidad de reformar las estructuras económicas del país sólo era rechazada por
los partidos de izquierda y algunos sectores del movimiento sindical”(Barros:2002,4). El autor
entiende el período que va desde 1987 hasta 1989 conformado por ciclos de “crisis y crisis”,
dando cuenta del proceso hiperinflacionario, de los saqueos realizados en distintos lugares de
nuestro país y de la declaración del estado de sitio, entre otros. “Una situación de crisis, con un
gobierno que no tenía poder para imponer reglas, y que cuando las imponía nadie las respetaba,
dejaba el camino abierto a la recomposición hegemónica” (Barros: 2002,4). Claramente se hace
alusión al proceso de “crisis orgánica” y a la irrupción del discurso neoliberal que parecía
reconstruirse con un fuerte consenso en los diferentes sectores: “cuando algo muere pero
todavía no se asoma lo nuevo siempre hay espacio y tiempo para una recomposición” (Barros:
2002,6). Y efectivamente sucedió y así entramos en la década menemista, aceptando la ecuación
estado = ineficiente e incorporando criterios de eficiencia y racionalidad en distintas áreas de
nuestra vida social que ataño se regían por lógicas diferentes. El autor advierte que “cuando un
discurso deja de dar sentido a las experiencias de la vida cotidiana y deja de cumplir con las
expectativas depositadas en él, entra en crisis. La perdida de credibilidad, el cese de su
funcionamiento como referencia para la plenitud de la comunidad hace también que aparezcan
otros discursos que comienzan a disputar ese sentido hegemónico”(Barros:2002,6). Es decir, se
agrieta el bloque histórico y emergen discursos alternativos que plantean un nuevo problema de
hegemonía, en el caso analizado, la Alianza aparece capitalizando ese discurso alternativo con
tentativas de convertirse en hegemónico, sin embargo “...el frustrado y frustrante gobierno de la
Alianza mostró que la recomposición del discurso neoliberal no será fácil, pero también que
nunca es tarde para la reacción” (Barros:2002,6).

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PALABRAS DE CIERRE

A lo largo de este trabajo intentamos reflexionar por un lado, en torno a las principales
categorías analíticas del legado gramsciano, vinculándolas con el contexto de producción de sus
ideas; y por otro analizar “los usos” que del pensador sardo realizaron algunos autores
latinoamericanos. En esta instancia creemos necesario plantear ciertos interrogantes que, de
alguna manera, subyacen a todo nuestro trabajo: ¿por qué Gramsci?, ¿en que aspectos reside su
actualidad?. A nuestro entender la actualidad de Gramsci radica principalmente en la forma en
que analiza los problemas relevantes de su época; en su estilo de recuperación de autores de
distinto signo ideológico; en la utilización que realiza de la Historia (por ejemplo, para entender
la debilidad de la burguesía italiana como burguesía nacional, se remonta al medioevo); en su
capacidad para polemizar con los pensadores más originales y agudos de su tiempo, y en esa
polémica recuperar de ellos lo más valioso e integrarlo en un nuevo modelo explicativo.
Pero también su actualidad reside en que forjó una serie de categorías analíticas que
permiten el abordaje explicativo de cualquier sistema político, independientemente del contexto
histórico. Lo demuestran los seminarios, congresos y simposios sobre su vida y obra, así como la
abundante bibliografía que se publica en el mundo entero, siendo Gramsci uno de los 250 autores
más citados de la humanidad. El herramental analítico gramsciano es utilizado por analistas
políticos, filósofos, historiadores, educadores, sociólogos, etc. que, desde distintas perspectivas,
intentan dar cuenta de una determinada realidad. En América Latina, principalmente a partir de
la década del ´60, “los usos de Gramsci” han penetrado con una fuerza asombrosa, como lo
ejemplifican los ensayos anteriormente analizados, que lejos de dimensionar la “totalidad”
señalan una fuerte tendencia.
Gramsci no fue un “pensador puro”, un soplo abstracto, la suma de cosmovisiones
teóricas. Fue un militante revolucionario y finalmente, un preso político. Un detenido político
que a pesar de sentirse “rayando la locura”, nunca pensó en modificar sus opiniones: “...por
ellas estoy dispuesto a dar la vida y no sólo a sufrir la cárcel”. Aquí, como manifiesta
Portantiero, repetir la pregunta inicial puede adquirir un nuevo significado: ¿Por qué Gramsci?
También por esto.

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