AMORES TRÁGICOS DE LA
MITOLOGÍA GRECORROMANA
Taller de Mitología
ESQUEMA
Narciso y Eco Pigmalión y Galatea
Céfalo y Procris Acis, Galatea y Polifemo
Hero y Leandro Hermafrodito y Sálmacis
NARCISO Y ECO
Eco (Ήχώ) es el nombre de una ninfa oréade que vivía en el monte Helicón.
Eco solía distraer a la diosa Hera con animadas charlas mientras Zeus
perseguía a otras ninfas. Sin embargo, un día la diosa descubre su plan e,
iracunda, la castiga quitándole la voz y obligándola a repetir la última palabra
que decía la persona con la que mantuviera la conversación. Incapaz de tomar
la iniciativa en una conversación y limitada solo a repetir las palabras ajenas,
Eco se tuvo que apartar del trato humano.
Eco, 1900, Talbot Hughes, Sotheby's
Ninfa Eco, Parc del Laberint d’Horta,
Barcelona
Eco cambia a voz, s. XVIII,
Jean François Rousseau, Biblioteca ETH, Suiza
Eco, 1874, Alexandre Cabanel, Museo
Metropolitano de Arte de Nueva York, EEUU
El eco, 1902, Fritz Ilg
La ninfa Eco, 1822, Paul Lemoyne, Museo del Louvre
NARCISO Y ECO
Narciso (Νάρκισσος) era un hermoso joven que despreciaba el amor. Narciso
es hijo del dios del Cefiso y de la ninfa Liríope. Al nacer, sus padres consultaron
al adivino Tiresias, el cual les respondió que el niño «viviría hasta viejo si no se
contemplaba a sí mismo». Llegado a la edad viril, Narciso fue objeto de la
pasión de muchos, pero siempre permanecía insensible. Finalmente, la ninfa
Eco se enamora perdidamente de él, pero no consigue más que las otras.
Desesperada, se retira a un lugar solitario, y, angustiada, va desvaneciéndose
hasta que muere, y solo queda de ella una voz que repite las últimas sílabas de
las palabras que se pronuncian.
Liríope trayendo a Narciso ante Tiresias, c. 1660, Giulio Carpioni, colección privada
Liríope trae a su hijo Narciso ante Tiresias, c. 1671, Giulio Carpioni,
Museo de Historia del Arte de Viena, Austria
Narciso, 1785, Joaquín Dumandre, Jardín del
Príncipe, Real Sitio de Aranjuez, Madrid
Narciso, 410-400 a.C.,
Antikensammlung, Berlín, Alemania
Narciso, c. 1900, Ludwig von Hofmann,
Museo Nacional de Varsovia, Polonia
Eco, Narciso y Anteros, c. s. III d.C.,
Museo de Hatay, Turquía
Eco y Narciso, s. XVIII,
Jardín Großsedlitz, Alemania
La ninfa Eco cambia a voz, 1754,
Bernard Picart, Musen-Tempel
NARCISO Y ECO
Las doncellas despreciadas por Narciso piden venganza al cielo. Némesis las
escucha y hace que, en un día muy caluroso, después de una cacería, Narciso
se incline sobre una fuente para, calmar la sed. Ve allí la imagen de su rostro,
tan bello, que se enamora de él en el acto, e insensible ya al resto del mundo,
se deja morir, inclinado sobre su imagen. Aun ya muerto en la laguna Estigia
trata de contemplar los amados rasgos. En el lugar de su muerte brotó una flor,
a la que se dio su nombre: el narciso.
Narciso, s. I a.C., Museo
Arqueológico de Nápoles
Eco y Narciso, 1903, John William Waterhouse, Galería de Arte Walker, Inglaterra
Narciso, s. II d.C., Museo
Arqueológico de Hatay, Turquía
Narciso, s, XVII, Jan Cossiers, Museo del Prado
Narciso, Pompeya
Eco y Narciso, c. 1630, Nicolas Poussin, Museo del Louvre
Eco y Narciso, 45-79 d.C., Museo Arqueológico Nacional de Nápoles
Narciso, c. 1600, Caravaggio, Galería
Nacional de Arte Antiguo, Roma
Narciso, s. II d.C., Parque Arqueológico de Pafos, Chipre
Narciso, s. I d.C., Pompeya
La metamorfosis de Narciso, 1937, Salvador Dalí, Tate Modern, Londres
NARCISO Y ECO
Hay otra leyenda sobre Eco que cuenta que era
amada por el semidiós Pan, al que no
correspondía, consumiéndose, en cambio, por un
sátiro que la rehuía, y entonces Pan, para
vengarse, la hace desgarrar por unos pastores.
Pan y Eco, 1884, Wilhelm
Heinrich Roscher, Lexicón
Eco, como una ninfa alada, enfrenta a los dos Panes,
c. 400-300 a.C., British Museum, Londres
Paisaje con Eco imitando la voz de Pan y dos sátiros, 1893, Charles Ricketts, British Museum
CÉFALO Y PROCRIS
Céfalo (Κέφαλος) es hijo de Deíon (rey de la Fócide) y Diomede. Céfalo se casa
con Procris (Πρόκρις), hija del rey de Atenas, Erecteo.
La diosa de la aurora, Eos, rapta a Céfalo un día. Con ella engendra a Faetonte
en Siria; pronto abandona Céfalo a su divina amante porque echa de menos a
su esposa y vuelve al Ática con Procris. Sin embargo, antes de volver Eos había
sembrado la duda en Céfalo sobre si Procris realmente le sería fiel. Eos
disfraza a Procris, y con esta nueva apariencia Céfalo se presenta ante Procris,
fingiendo ser otro y visitándola a diario y llenándola de regalos durante mucho
tiempo. Cuando Procris accedió a acostarse con él, Céfalo se dio a conocer.
Aurora rapta a Céfalo, 1634-39, Pedro Pablo Rubens, National Gallery, Londres
Eos y Céfalo, c. 440 a.C., at. al pintor de Christie o al grupo de
Polignotos, Museo Arqueológico Johns Hopkins, EEUU
Eos y Céfalo, 1733, François Boucher,
Museo de Bellas Artes de Nancy, Francia
La Aurora y Céfalo, 1810, Pierre-Narcisse
Guérin, Museo del Louvre
Eos y Céfalo, c. 480 a.C., Pintor Duris, Museo J. Paul Getty, Malibú, EEUU
Aurora y Céfalo, 1810, Escuela neoclásica francesa
Eos rapta a Céfalo, c. 375-350 a.C., Museo
Nacional Etrusco, Roma
Céfalo y Aurora, 1630, Nicolas Poussin,
National Gallery, Londres
Eos llevándose al joven Céfalo, c.470-60 a.C., Pintor
de Oinokles, Museo Arqueológico Nacional, Madrid
La Aurora raptando a Céfalo,1779,
Julien de Parma, Museo del Prado
CÉFALO Y PROCRIS
Procris, avergonzada y molesta, huye a la corte del rey Minos, al cual ayuda con
una maldición que su esposa había puesto sobre él. En agradecimiento, Minos
otorga a Procris un perro que nunca dejaba escapar la pieza que perseguía,
Lélape, y una jabalina que jamás erraba el blanco.
Habiendo vuelto a Atenas, Procris y Céfalo se reconcilian, y ella regala a Céfalo
los presentes que le había dado el rey.
Paisaje con Céfalo y Procris reunidos por Diana, 1645, Claude Lorrain, National Gallery, Londres
Céfalo y Procris, Abadía de Altenburg, Austria
Céfalo y Procris, finales del s. XVII, Louis de Boullogne II,
Museo de Arte Moderno de Saint-Étienne, Francia
Céfalo y Procris en un paisaje, c. 1630, Philippe de Champaigne
Paisaje boscoso con Céfalo y Procris, 1626-67,
Gerard de la Vallée, colección privada, Madrid
CÉFALO Y PROCRIS
Céfalo trata nuevamente de ponerla a prueba con regalos, pero Procris no sucumbe.
En cambio, es ella quien, debido a las muchas ausencias de su marido en la caza, se
preguntaba si no lo irían a tentar las ninfas de la montaña. Interrogó a un criado que
lo acompañaba, y este le dijo que su marido, terminada la cacería, se paraba e
invocaba a una misteriosa «Brisa», pidiendo que acudiese a mitigar su ardor.
Celosa, Procris decidió espiar a Céfalo y lo siguió a la caza; pero él, oyendo moverse
un matorral, disparó en su dirección la jabalina que no erraba jamás el blanco. Procris
cayó mortalmente herida, pero antes de expirar comprendió que Céfalo le había
permanecido siempre fiel.
Céfalo y Procris, 1636-38, Pedro
Pablo Rubens, Museo del Prado
Céfalo y Procris, c. 1580, Paolo Veronese, Museo
de Bellas Artes de Estrasburgo, Francia
Céfalo, Giuseppe Antonio Fabbrini y Tommaso
Gherardini, Palazzo Compagni, Florencia
La muerte de Procris, c. 1495, Piero di Cosimo, National Gallery, Londres
Céfalo y Procris, s. XVII, anónimo,
Museo del Prado
Céfalo y Procris, 1879, João Marques de Oliveira, Museo Nacional Soares dos Reis, Portugal
La muerte de Procris, con Céfalo a la izquierda y Erecteo a la derecha, c. 460-30 a.C., at. al pintor de Hefesto, British Museum, Inglaterra
Céfalo y Procris, 1706, Johann Michael
Rottmayr, Museo de Viena, Austria
Céfalo y Procris, c. 1697, Luca Giordano, Casita
del Príncipe, El Escorial, Madrid
CÉFALO Y PROCRIS
Acusado de homicidio ante el Areópago, Céfalo
es juzgado y condenado al destierro. Marcha a
Tebas con Anfitrión, al que acompaña en su
expedición contra los tafios. Conseguida la
victoria, se dio a la isla de Samnos el nombre de
Cefalonia, en honor de Céfalo. Allí casó con una
tal Lisipe, hija de Minias, de la que tuvo cuatro
hijos, epónimos de otras tantas tribus de
Cefalonia.
CÉFALO Y PROCRIS
También cedió al padre putativo de Heracles el sabueso infalible, para que
pudieran dar muerte a la zorra teumesia, que estaba causando estragos en la
zona. Esta bestia no podía ser atrapada por designio de los dioses, y cuando
Anfitrión le lanzó a su perro Lélape, se planteó un dilema en el Olimpo.
Finalmente Zeus resolvió la situación convirtiendo a ambos animales en rocas.
Sin embargo, nunca se perdona por la muerte de Procris, y, creyéndose
perseguido por su espíritu, termina suicidándose saltando al mar desde un
acantilado de la isla de Léucade.
HERO Y LEANDRO
Hero (Ήρώ) es una joven sacerdotisa de Afrodita que vive en una torre en
Sestos, en el extremo del Helesponto, frente a Abidos. Leandro (Λέανδρος),
residente en Abidos, se enamora de ella. Los jóvenes deseaban casarse, pero
sus padres se oponían.
Por ello, para verse cada noche, el joven atravesaba el estrecho que separa
Sestos de Abidos a nado, guiado por una lámpara que Hero encendía en lo alto
de la torre de su casa.
Hero encendiendo la señal para Leandro, s. XIX,
Edward Burne-Jones, Christie's
Leandro recibe carta de Hero, s. XV,
Musée de La Poste, París
Leandro nada hacia Hero, c. 30 a.C., Museo Nacional Romano de Roma
Hero y Leandro, 1861, Georges Diebolt,
Museo de Arte Roger-Quilliot, Francia
Hero y Leandro, s. XIX, Pierre Claude François
Delorme, Museo de Bellas Artes de Brest, Francia
Hero sujetando la baliza para Leandro,
c. 1885, Evelyn De Morgan
Hero y Leandro, antes de 1699, Antonio Triva, Museo
de Bellas Artes de Lons-le-Saunier, Francia
Hero y Leandro, Museo de Historia Natural,
La Rochelle, Francia
Hero y Leandro en paisaje de Medianoche,
s. XIX, Theodor von Holst
Leandro nadando hacia su querida Hero en
la torre, Pompeya
Hero dando la bienvenida a Leandro, 1847,
Léon Benouville, Christie’s
La criada señala a Hero, c. 1630,
Francis Cleyn, Londres
Encuentro de Hero y Leandro, c. 1630,
Francis Cleyn, Londres
Leandro nada tras Hero, c. 1630,
Francis Cleyn, Londres
HERO Y LEANDRO
Una noche, sin embargo, hay un fuerte vendaval que apaga la lámpara
encendida por Hero, la cual se había quedado dormida mientras esperaba a
Leandro, y Leandro, en la oscuridad, no puede alcanzar la costa. Al día
siguiente, el mar arroja su cadáver al pie de la torre de Hero, la cual se precipita
al vacío desde la torre, pues no quería sobrevivir a su amante.
Los padres de los jóvenes, arrepentidos por la pérdida, los unen para el
entierro.
Hero y Leandro, 1745-1809, Jean Joseph Taillason, Francia
Muerte de Leandro, c. 1630, Francis Cleyn, Londres
Hero y Leandro, Moritz von Schwind, Colecciones de Pinturas del
Estado de Baviera, Múnich, Alemania
Hero buscando a Leandro, 1858, William Wetmore Story,
High Museum of Art, Atlanta, EEUU
Hero se lamenta por el fallecido Leandro, c. 1635-37, Jan van den Hoecke, Museo de Historia del Arte de Viena, Austria
Hero de luto por el fallecido Leandro, 1621-22, Domenico Fetti, Museo de Historia del Arte de Viena, Austria
Hero de luto por Leandro, c. 1640, Gillis Backereel,
Museo de Historia del Arte de Viena, Austria
Hero muere, 1829, William Etty, Tate
Britain, Inglaterra
Hero y Leandro, c. 1604, Pedro Pablo Rubens, Galería de Arte de la Universidad Yale, EEUU
PIGMALIÓN Y GALATEA
Pigmalión (Πυγμαλίων) era un rey de Chipre que buscaba una mujer perfecta
con la que casarse. Al no encontrarla, decide dedicarse a crear esculturas
preciosas. Una de estas, Galatea, era una estatua de marfil tan bella que
Pigmalión se enamoró de la estatua. A impulsos de su pasión, pidió a Afrodita,
en ocasión de una fiesta de la diosa, que le concediese una esposa que se
pareciera a la estatua. Cuando volvió a su hogar, vio con incredulidad que esta
estaba viva.
Pigmalión se casa con ella y tienen una hija, Pafo.
Pigmalión se enamora de la estatua, s. XVII,
Château de Bussy-Rabutin, Francia
Pigmalión se enamora de la estatua,
1938, André Masson, Christie’s
Pigmalión y Galatea, 1889, Auguste Rodin, Museo
Metropolitano de Arte de Nueva York, EEUU
Pigmalión y Galatea, 1784, Laurent Pêcheux,
Museo del Hermitage, Rusia
Pigmalión reza a Venus que anime su estatua, 1786, Jean-Baptiste Regnault, Palacio de Versalles, Francia
Venus dando vida a la estatua de Pigmalión, s. XVIII,
escuela napolitana, Chistie’s
Pigmalión y su estatua, 1777, Louis-Jean-François
Lagrenée, Galería Nacional de Finlandia
Pigmalión y Galatea, 1763, Étienne Maurice
Falconet, Museo Walters de Arte, EEUU
Cuadríptico del ciclo de Pigmalión, s. XIX, Edward Coley Burne-Jones
El corazón desea El alma consigue
La mano se contiene La divinidad inflama
Pigmalión y Galatea, c. 1890, Jean-Léon Gérôme,
Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, EEUU
Pigmalión y Galatea, 1890, Jean-Léon
Gérôme, colección privada
Pigmalión y Galatea, 1819, Anne-Louis Girodet de
Roussy-Trioson, Museo del Louvre
Pigmalión y Galatea, 1529-30, Bronzino,
Galería Uffizi, Florencia
Pigmalión presencia cómo su estatua cobra vida, 1729,
François Lemoyne, Museo de Bellas Artes de Tours, Francia
Pigmalión y Galatea, Louis Jean François
Lagrenée, colección privada
ACIS, GALATEA Y POLIFEMO
Acis (Ἆκις) era un bello pastor hijo del dios itálico Fauno (o Pan) y de la ninfa
Simetis. Estaba enamorado de la nereida de Sicilia llamada Galatea (Γαλάτεια),
hija de Nereo y Doris.
Galatea, a su vez, era amada sin esperanza por el cíclope Polifemo
(Πολύφημος). Lo rechaza en favor de Acis, de quien también se enamora.
Hallándose Galatea descansando un día, al borde del mar, sobre el pecho de su
amante, Polifemo los ve y, celoso y violento, mata a Acis con una enorme roca.
Galatea consigue de Poseidón transforme entonces su sangre en el río Acis.
Otras fuentes escriben que Acis se transformó a sí mismo en el río Acis, en las
proximidades del Etna, y de este modo escapa al gigante.
Acis y Galatea, 1631-32, Francesco Furini
Paisaje costero con Acis y Galatea, 1657,
Claude Lorrain,Galería de Pinturas de los
Maestros Antiguos, Alemania
Galatea y el pastor Acis, 1860,
Gustave Boulanger, colección privada
Acis y Galatea, s. XVII, Michel
Corneille, Palacio de Versalles, Francia
Polifemo y Galatea con algo de su rebaño, s. I a.C., Museo de Arte Metropolitano de Nueva York, EEUU
El triunfo de Galatea, 1517, Rafael Sanzio, Villa Farnesina, Roma
Polifemo enamorado, 1605, Aníbal Carracci,
palacio Farnesio, Roma
El cíclope, c. 1914, Odilon Redon,
Museo Kröller-Müller, Países Bajos
Polifemo y Galatea, antes de
1649, François Perrier, Museo de
Bellas Artes de Carcassonne,
Francia
Acis y Galatea se esconden de
Polifemo, 1877, Édouard Zier
Acis y Galatea son descubiertos por Polifemo, c.
1680-84, taller de Jan Janss, Francia
Acis y Galatea, 1699-1704, Charles
de la Fosse, Museo del Prado
Polifemo sorprende a Acis y Galatea,
1630, Fuente Médici, París
Polifemo, Galatea y Acis, 1528, Giulio Romano, Rinaldo
de Mantua y Benedetto Pagni, Palazzo del Tè, Mantua
Acis y Galatea, 1761, Pompeo Batoni,
Museo Nacional de Estocolmo, Suecia
El cíclope Polifemo mata a Acis,
1877, Friedrich Preller Joven
Acis y Galatea, Rosario Anastasi,
Villa Comunale, Sicilia
La nereida Galatea montando un delfín y su querido Acis convertido en un dios del río, s. III d.C., Museo arqueológico de Susa, Túnez
ACIS, GALATEA Y POLIFEMO
Según el historiador Apiano, Galatea terminó siendo
madre con Polifemo de Celto, Ilirio y Gálata, dioses
epónimos de los celtas, los ilirios y los gálatas,
respectivamente.
Polifemo suspirando por la ninfa
Galatea, Corneille Van Clève
Galatea encuentra a Polifemo, 45-79 a.C., Museo
Arqueológico Nacional de Nápoles
Polifemo y Galatea juntos, s. I d.C., Museo
Arueológico Nacional de Nápoles
Polifemo y Galatea, s. II d.C., Alcázar
de los Reyes Cristianos, Córdoba
Ninfa y sileno o Polifemo y Galatea,
s. I d.C., Pompeya
Polifemo recibiendo una carta de
Galatea, s. I d.C., Museo
Arqueológico Nacional de Nápoles
Polifemo toca la lira para seducir a Galatea, s. II
d.C., Museo arqueológico de El Djem, Túnez
HERMAFRODITO Y SÁLMACIS
Hermafrodito (Ἑρμαφρόδιτος), hijo de Afrodita y Hermes, cuyo nombre
recordaba a la vez los de su madre y su padre, había sido criado por las ninfas
en los bosques del Ida de Frigia. Estaba dotado de gran belleza, y a los quince
años se lanzó a correr mundo y viajó por el Asia Menor. Encontrándose en
Caria llegó un día a las márgenes de un lago de maravillosa hermosura. La
ninfa náyade de este lago en el Halicarnaso, llamada Sálmacis (Σαλμακίς), se
enamora de él al momento, pero al declararle su amor, él la rechaza. La ninfa,
entonces, aparenta resignarse y se oculta.
Antiguo mapa de Turquía, 1914
La ninfa Sálmacis, 1826, François
Joseph Bosio, Museo del Louvre
Sálmacis y Hermafrodito, 1615-30, Francesco Albani, Museo del Louvre
Sálmacis y Hermafrodito, s. XVII, Taller de
Francesco Albani, Dulwich Gallery de
Dulwich, Inglaterra
Paisaje con Sálmacis y Hermafrodito, 1773,
Louis-Jean-François Lagrenée,
Mauritshuis, Países Bajos
Sálmacis y Hermafrodito, s. XVII, at. a
Ludovico Carracci, colección privada
Hermafrodito y Sálmacis, Pompeya
Sálmacis y Hermafrodito, 1580-82,
Bartholomäus Spranger, Museo de
Historia del Arte de Viena, Austria
Sálmacis y Hermafrodito, c. 1585, Scarsellino, Galería Borghese, Roma
Hermafrodito y Sálmacis, s. XVIII,
Parque Łazienki, Varsovia, Polonia
Sálmacis y Hermafrodito, s. XVII, Francesco
Albani, Galleria Sabauda, Turín, Italia
HERMAFRODITO Y SÁLMACIS
Hermafrodito, seducido por la limpidez del agua, se quita la ropa y se zambulle
en el lago. Cuando Sálmacis lo ve en sus dominios y a su merced, va hacia él, y
lo estrecha en tanto que Hermafrodito se esfuerza inútilmente por soltarse. Ella
dirige una plegaria a los dioses pidiéndoles que jamás pudiesen separarse sus
dos cuerpos. Los dioses la escuchan, y los unen en un nuevo ser, dotado de
doble naturaleza. Por su parte, Hermafrodito obtiene del cielo la maldición de
que quienquiera que se bañe en las aguas del lago Sálmacis pierda su virilidad
como él.
Hermafrodito y Sálmacis, c. 1600, Louis Finson, Ketterer Kunst
Sálmacis y Hermafrodito, 1606-07, Carlo Saraceni, Museo Nacional de Capodimonte, Nápoles
La metamorfosis de Hermafrodito y Sálmacis, c. 1517, Jan
Gossaert, Museo Boijmans Van Beuningen, Países Bajos
Sálmacis y Hermafrodito, s. XVI, Annibale
Carracci, Palazzo Farnese, Roma
Hilas y una ninfa, s. XIX, escuela francesa, Christies’s
Sálmacis y Hermafrodito, s. XVIII,
Jean-François De Troy, Museo Bossuet, Francia
La ninfa Sálmacis, 1919, Rupert Bunny
Hermafrodito dormido, s. II d.C., Museo del Louvre
Hermafrodito, 1652, Matteo Bunuccelli, Museo del Prado
Hermafrodito, s. II-III d.C., Norte de África