Brotes Epidemiológicos
Brotes Epidemiológicos
Investigador:
Toxicología y Seguridad
Alimentaria
aflatoxicosis
Las aflatoxinas son metabolitos secundarios producidos por hongos filamentosos del
género
Estas dos principales especies de Aspergillus que producen aflatoxinas, son A. flavus que
origina únicamente aflatoxinas B1 y B2, y el A. parasiticus que puede producir aflatoxinas
B y G. Sin embargo, las más importantes son B1, B2, G1 y G2, distinguidos por su color
fluorescente bajo la luz ultravioleta (B: "blue", azul y G: "green", verde).1.
La sensibilidad a los efectos tóxicos de las aflatoxinas varía considerablemente entre las
especies. Inclusive entre individuos de una misma especie, la relación dosis-respuesta
puede variar de acuerdo con raza, sexo, edad y composición de la dieta, entre otros
factores. Para muchas especies, los machos son más susceptibles que las hembras,
mientras que en general, la sensibilidad es acentuadamente mayor en los jóvenes que en
los adultos. La aflatoxina B1 (AFB1) está entre los más potentes carcinógenos conocidos
en los seres humanos. Su acción carcinogénica se basa en la biotransformación por el
sistema hepático microsomal P450 a AFB1-8,9-epóxido, un intermediario altamente
reactivo capaz de unirse a las proteínas, a los ácidos ribonucleico y desoxirribonucleico;
formando un compuesto estable con el N7 de los residuos guanil que puede causar
mutaciones en el codón 249 del gen p53 supresor de tumores. Esta alteración es
característica de varios carcinomas, especialmente del carcinoma hepático en el hombre.
La AFB1-8,9-epóxido forma uniones covalentes (aductos) con los residuos de guanina del
ADN, que se excretan por vía urinaria y pueden utilizarse como biomarcadores de
exposición en los grupos a riesgo de cáncer del hígado.
EPIDEMIOLOGIA
En 1981 fue publicado un estudio clínico y patológico sobre un caso de Aflatoxicosis que
ocurrió en el oeste de la India (Estados de Rajasthan y Gujarat). El origen de la
intoxicación fue la ingestión de pan que había sido elaborado con harina procedente de
maíz enmohecido. El enmohecimiento de este cereal fue debido a un mal
almacenamiento con humedad elevada durante algunas semanas. Fueron analizadas un
gran número de muestras del alimento en cuestión y se encontraron tres estirpes de
Aspergillus flavus en el 85, 12 y 3% de las muestras, respectivamente. Fueron encontradas
las aflatoxinas B1 y G1. Las contaminaciones con aflatoxina B1 oscilaron en su mayoría
entre 0,01 y 0,6 mg/Kg (10 y 600 microgramos/Kg), sin embargo hubo dos muestras que
presentaron contaminaciones de 0,9 y 1,1 mg/Kg, respectivamente. La aflatoxicosis afectó
a más de 200 personas en una amplia área geográfica. Estas personas pertenecían a
familias de agricultores y los efectos producidos fueron extensivos a todas las edades en
ambos sexos.
El caso más reciente de aflatoxicosis que ocurrió en 2004 en zonas rurales de Kenia afecto
a unas 317 personas y hubo unas 125 muertes, todo ello como consecuencia del consumo
de maíz y productos de maíz contaminados con aflatoxinas. En los distritos más afectados
fueron recogidas unas 350 muestras de alimentos y los análisis de esas muestras revelaron
que un 35% estaban contaminadas con niveles de aflatoxina superiores a 0,1 mg/Kg y un
7% tenía aflatoxina en concentraciones superiores a 1 mg/Kg. El distrito de Makueni ya
presentó numerosos casos de aflatoxicosis con una contaminación media del orden de
0,053 mg/Kg. En el distrito de Thika donde se presentaron muy pocos casos de
aflatoxicosis, la contaminación media fue de 0,0752 microgramos/Kg. La legislación sobre
aflatoxinas en Kenia, indicaba que la concentración máxima permitida era de 0,020 mg/Kg.
MEDIDAS DE CONTROL
La Unión Europea (UE) tiene legislación para estas micotoxinas en géneros alimenticios
para consumo humano y actualmente los niveles máximos admisibles están establecidos
en 0,05 µg/Kg (0,05 ppb) para AFM1 en leche (leche cruda, leche para la fabricación de
productos lácteos y leche tratada térmicamente) y varían entre 2 a 8 µg/Kg para AFB1 y de
4 a 15 µg/Kg para AFB1+AFB2+AFG1+AFG2, dependiendo de los diferentes géneros
alimenticios (maníes, frutos de cáscara, frutos secos y productos derivados de su
transformación, cereales y productos derivados de su transformación) tanto si son
utilizados para consumo humano directo o como para ingredientes de los productos
alimenticios. La legislación también incluye en estos géneros alimenticios, aquellos que
son sometidos a procesos de selección o bien a otros tratamientos físicos antes del
consumo humano directo o como ingredientes de productos alimenticios y tiene en
cuenta que esos procesos pueden reducir la concentración original de AFB1. Se especifica
también que esas concentraciones máximas admisibles se refieren a la parte comestible,
excluyendo pues la cáscara en los géneros alimenticios que la tienen. La legislación de la
UE también establece niveles máximos permitidos de, 5 µg/Kg para AFB1 y de 10 µg/Kg
para AFB1 + AFB2+ AFG1 + AFG2, en algunas especias.
Las más importantes son Vibrio cholerae, Vibrio parahaemolyticus y Vibrio vulnificus.
LA FISIOLOGIA Y ESTRUCTURA
Las especies de Vibrio pueden crecer en una variedad de medios sencillos con un amplio
intervalo de temperatura (de 14 °C a 40 °C). V. cholerae es capaz de desarrollarse en
ausencia de sal; la mayoría de las especies que son patógenas en el ser humano requieren
sal (especies halófilas). Los vibrios toleran un amplio intervalo de pH (p. ej., pH de 6,5 a 9),
aunque son sensibles a los ácidos gástricos. Los pacientes con reducción o neutralización
de la producción de ácidos gástricos son más vulnerables a las infecciones por este
género. La mayoría de los vibrios posee un único flagelo polar (a diferencia de los flagelos
perítricos presentes en la familia Enterobacteriaceae). Igualmente, poseen diversos pilis
que revisten una gran importancia para la virulencia del patógeno. Por ejemplo, las cepas
epidémicas de V. cholerae, el agente etiológico del cólera, sintetizan el pilus corregulado
por la toxina. La estructura de la pared celular de los vibrios también es relevante. Todas
las cepas cuentan con Iipopolisacáridos formados por lípido A (Endotoxina), polisacárido
central y una cadena lateral de polisacárido O. El polisacárido O se emplea para subdividir
en las especies de Vibrio en serogrupos: se han definido más de 140 serogrupos de V.
cholerae (01 - 0140), 7 serogrupos O de V. vulnificus y 13 serogrupos O de V.
parahaemolyticus. El interés que ha despertado este sistema de clasificaci n no es
meramente académico: los serogrupos 01 y 0139 del v. cholerae sintetizan la toxina del
cólera y se asocian a la aparición de epidemias de esta entidad. Por lo general, otras cepas
de esta especie no producen dicha toxina ni causan enfermedad epidémica. El serogrupo
01 de V. cholerae se subdivide, a su vez, en serotipos y biotipos. Se han reconocido tres
serotipos: Inaba, Ogawa e Hikojima. Las cepas pueden pasar del serotipo Inaba al
Ogawa, y el serotipo Hikojima representa un estado de transición que expresa antígenos
de los dos anteriores. Se han definido dos biotipos de V. cholerae 01: clásico y el Tor. Estos
biotipos se subdividen por sus diferencias fenotípicas y morfológicas. Se han referido siete
pandemias mundiales de V. cholerae. Las cepas causantes de la sexta pandemia mundial
correspondían al biotipo clásico, mientras que casi todas las implicadas en la séptima y
actual pandemia lo hacen al biotipo el Tor.
PATOGENIA E INMUNIDAD
El genoma del bacterióago CTX (j) codifica los genes para las dos subunidades de la toxina
del cólera (cíxA y ctxB). Este genoma bacteriófago se une al pilus corregulado por la
toxina (tcp) y pasa al interior de la célula bacteriana, donde se integra en el genoma de V.
cholerae. El locus cromosómico de este bacteriófago lisogénico contiene, igualmente,
otros factores de virulencia: el gen ace para la enterotoxina accesoria del cólera, el gen zot
para la toxina de la zónula occludens y el gen cep para un factor de colonización. V.
cholerae 01 y 0139 poseen un gran número de copias de estos genes, cuya expresión se
encuentra bajo el control de genes reguladores (p. ej., regulador ToxR). La toxina del
cólera es una compleja toxina A-B semejante desde el punto de vista estructural y
funcional a la enterotoxina termolábil de Escherichia coli. Un anillo compuesto por cinco
subunidades B idénticas de la toxina del cólera se une a los receptores del gangliósido GMj
en la superficie de las células epiteliales intestinales. La porción activa de la subunidad A
se internaliza, interacciona con proteínas G que controlan la adenilciclasa y provoca la
conversión catabólica del Adenisin Trifosfato (ATP) en Adenosin Monofosfato cíclico
(AMPc), lo que origina la hipersecreción de agua y electrólitos. Los pacientes aquejados de
una infección grave llegan a perder hasta 1 litro de líquido por hora durante el período de
máxima actividad de la enfermedad. Está acusada pérdida de líquidos provocaría
normalmente la eliminación de los microorganismos del aparato digestivo; no obstante,
las células de V. cholerae son capaces de adherirse a la capa de células mucosas a través
de:
1. Las toxinas pilis correguladas que están codificadas por el complejo génico tcp, y
2. Las proteínas quimiotácticas codificadas por los genes cep. En consecuencia, el pilus
corregulado por la toxina es un elemento destacado tanto como receptor del fago
portador del gen de la toxina del cólera como de la adhesión a la mucosa que tapiza el
aparato digestivo. Las cepas no adherentes son incapaces de establecer una infección.
En ausencia de la toxina del cólera, V. cholerae 01 aún provoca una diarrea significativa
por medio de la acción de la toxina de la zónula occludens y la enterotoxina accesoria del
cólera. Como su propio nombre indica, la toxina de la zónula occludens relaja las uniones
estrechas (zónula occludens de la mucosa del intestino delgado, lo que incrementa la
permeabilidad intestinal, mientras que la enterotoxina produce un aumento de la
secreción de líquido. A diferencia de otros serotipos distintos del 01, V. cholerae 0139
posee el mismo complejo de virulencia que las cepas 01. Por consiguiente, la capacidad de
las cepas 0139 para adherirse a la mucosa intestinal y sintetizar la toxina del cólera es
responsable de la producción de una diarrea acuosa semejante a la del cólera.
EPIDEMIOLOGUIA
Las especies de Vibrio, como V. cholerae, crecen de forma natural en los estuarios y en los
mares de todo el mundo. Todas las especies de Vibrio son capaces de sobrevivir y de
replicarse en las aguas contaminadas con una mayor salinidad. Los vibrios patógenos
pueden crecer rápidamente en aguas con crustáceos quitinosos, de ahí la asociación entre
las infecciones por Vibrio y el consumo de crustáceos. Las personas con infecciones
asintomáticas pueden ser también un importante reservorio de este microorganismo en
las zonas donde la enfermedad por V. cholerae es endémica. Han ocurrido siete grandes
pandemias de cólera desde 1817, lo que ha dado lugar a miles de muertes y a grandes
cambios socioeconómicos. Antes de esta fecha hubo casos esporádicos y epidemias, pero
la extensión mundial de la enfermedad sólo fue posible por los viajes intercontinentales.
La séptima pandemia, debida a V. cholerae 01 biotipo el Tor, comenzó en Asia en 1961 y
se extendió por África, Europa y Oceanía entre 1970 y 1980. En 1981, la cepa de la
pandemia se extendió hasta Perú, y posteriormente produjo enfermedad en la mayoría de
los países de Sudamérica y de Centroamérica, así como en EE.UU. y Canadá. En 1992
apareció una segunda cepa epidémica en India y se extendió rápidamente por toda Asia
hasta Europa y EE.UU. Esta cepa, V. cholerae 0139 Bengal, sintetiza la toxina del cólera y
comparte otras características con V. cholerae 01. Esta es la primera cepa no
perteneciente al serogrupo 01 capaz de producir enfermedad epidémica en adultos que
habían sido previ mente a infectados por la cepa 01 (lo que pone de manifiesto que no
confiere inmunidad protectora). El cólera se propaga a través del agua y la comida
contaminadas. La transmisión directa de una persona a otra es infrecuente debido al
elevado inoculo (p. ej. más de 108 microorganismos), que se necesita para producir la
enfermedad en un individuo con pH gástrico normal. En un individuo con aclorhidria o
hipoclorhidria, la dosis infecciosa apenas puede llegar a 103 a 105 microorganismos. El
cólera afecta a personas pertenecientes a comunidades con condiciones sanitarias
deficientes. Un efecto de las pandemias de cólera fue el reconocimiento del papel del
agua contaminada en la propagación de la enfermedad y de la necesidad de mejorar las
condiciones sanitarias para controlar la enfermedad. Las infecciones producidas por V.
parahaemolyticus, V. vulnificus y otros vibrios patógenos son consecuencia del consumo
de marisco cocinado incorrectamente, fundamentalmente ostras, o de la exposición a
agua de mar contaminada. V. parahaemolyticus constituye la causa más frecuente de
gastroenteritis bacteriana en Japón y el sudeste asiático, y es la especie de Vibrio
implicada más a menudo en la gastroenteritis en EE.UU. V. vulnificus no se aisla de
manera frecuente, aunque puede originar infecciones graves de heridas y se asocia a
elevada incidencia de desenlaces mortales. La gastroenteritis producida por los vibrios
ocurre durante todo el año debido a que las ostras están contaminadas con numerosos
microorganismos a lo largo del mismo. Por el contrario, la septicemia y las infecciones de
heridas por Vibrio se registran durante los meses cálidos, cuando el número de
microorganismos se multiplica en el agua del mar hasta alcanzar concentraciones muy
elevadas.
TRATAMIENTO
Los pacientes con cólera se deben tratar de forma temprano mediante la reposición de
líquidos y electrólitos para impedir que la pérdida masiva de líquidos origine un shock
hipovolémico. El tratamiento antibiótico, aunque de valor secundario, puede reducir la
producción de exotoxina y eliminar con mayor rapidez el microorganismo. Los antibióticos
doxiciclina y tetraciclina son los fármacos de elección en los adultos, furazolidina se usa en
las mujeres embarazadas y trimetoprim/sulfametoxazol en los niños. Se ha observado que
las cepas 0139 de V. cholerae suelen ser resistentes a furazolidona y a
trimetoprim/sulfametoxazol. La gastroenteritis por V. parahaemolyticus suele ser una
enfermedad de resolución espontánea, aunque en los pacientes con infecciones graves se
puede administrar un tratamiento antibiótico junto a la reposición de líquidos y
electrólitos. Las infecciones de heridas y la septicemia por V. vulniflcus se deben tratar
precozmente con antibioterapia. La combinación de minociclina y una fluoroquinolona o
cefotaxima parece constituir el tratamiento dotado de mayor eficacia. Las personas
infectadas por V. cholerae pueden eliminar bacterias durante los primeros días de la
enfermedad aguda, por lo que representan importantes focos de nuevas infecciones.
Aunque no se ha descrito el estado de portador prolongado de V. cholerae, los vibrios se
desarrollan como células de vida libre en los reservónos de los estuarios y marinos. Tan
sólo la mejora de las condiciones sanitarias puede hacer posible un control eficaz de la
enfermedad. Esto implica el manejo adecuado de las aguas residuales, el uso de sistemas
de purificación para eliminar la contaminación de los abastecimientos de agua y la
introducción de las medidas adecuadas para evitar la contaminación de los alimentos. Se
han desarrollado diversas vacunas frente al cólera, ninguna de las cuales confiere
protección a largo plazo. Se están realizando ensayos de campo con una vacuna oral
formada por células totales inactivadas de V. cholerae combinadas con subunidades B. La
obtención de inmunidad parcial exige la administración de diversas dosis, y la protección
desaparece entre 2 y 3 años después de la vacunación. Se están estudiando otras vacunas,
entre ellas una vacuna atenuada. No se dispone de ninguna vacuna frente a las cepas
0139. Se ha utilizado también la profilaxis con tetraciclina para reducir el riesgo de
infección de los individuos que viajan a las zonas endémicas, pero esto no previene la
propagación del cólera. Debido a que la dosis infecciosa de V. cholerae es elevada, la
profilaxis antibiótica no suele ser necesaria en personas que tienen una higiene adecuada.
LISTERIOSIS
TRATAMIENTO
La Listeria en alimentos listos para el consumo se identificó como una prioridad para la
evaluación de riesgos por el Comité del Codex sobre Higiene de los Alimentos (CCFH) con
el fin de desarrollar una estrategia internacional para la reducción de la enfermedad a
partir de esta fuente. En respuesta, la OMS y la FAO están llevando a cabo evaluaciones de
los riesgos para la L. monocytogenes en alimentos listos para el consumo. En octubre de
2000, el informe preliminar de una consulta conjunta FAO / OMS sobre evaluación de
riesgos microbiológicos se entregó al CCFH y un informe final entregado en 2001.
Actualmente, la administración de penicilina o ampicilina, en monoterapia o combinadas
con gentamicina, es el tratamiento de elección frente a las infecciones por L.
monocytogenes. Listeria posee una resistencia natural a las cefalosporinas. Se puede
utilizar eritromicina en pacientes alérgicos a penicilina, pero se han observado resistencias
a trimetoprim y las tetraciclinas. La resistencia a las tetraciclinas se observó por primera
vez en 1988 y parece ir en aumento debido, en parte, al uso de antibióticos en el ganado.
También se ha descrito resistencia a aminoglucósidos. Se han identificado algunos genes
que codifican la resistencia a tetraciclinas y aminoglucósidos en los plásmidos conjugados
y en los transposones procedentes de enterococos. El aumento de la resistencia a
antibióticos es un motivo de preocupación y se debe seguir estrechamente. Debido a que
Listeria es ubicua y a que la mayoría de las infecciones son esporádicas, la prevención y el
control son difíciles. Las personas con riesgo alto de infección deben evitar comer
alimentos crudos o parcialmente cocinados de origen animal, quesos no curados y
vegetales crudos sin lavar. No se dispone de vacuna y no se ha estudiado la profilaxis
antibiótica en pacientes de alto riesgo.
BOTULISMO
La hepatitis E es una enfermedad transmitida por el agua, de ahí que haya habido brotes
importantes atribuidos a alimentos o agua contaminados. La ingestión de marisco crudo o
poco cocido es otra vía de infección en algunos casos esporádicos registrados en zonas
endémicas. Los factores de riesgo de la hepatitis E están relacionados con las deficiencias
de los sistemas de saneamiento en amplias zonas del mundo y con la diseminación del
virus causante a través de las heces.
SINTOMAS
El periodo de incubación tras la exposición al virus de la hepatitis E varía entre tres y ocho
semanas, con una media de 40 días. El periodo de contagio se desconoce. El virus de la
hepatitis E causa tanto casos agudos esporádicos como casos epidémicos. La infección
sintomática se da sobre todo en adultos jóvenes de 15 a 40 años. En los niños, la infección,
aunque frecuente, es generalmente asintomática o causa trastornos muy leves sin ictericia
(hepatitis anictérica), y no llega a diagnosticarse. Los signos y síntomas característicos de
la hepatitis son:
• Náuseas y vómitos;
• Fiebre.
DIAGNOSTICO
Los casos de hepatitis E son clínicamente indistinguibles de otros tipos de hepatitis viral
aguda. El diagnóstico de la infección por el virus de la hepatitis E se basa por tanto en
general en la detección de anticuerpos específicos contra el virus en la sangre. Otras dos
pruebas diagnósticas exigen instalaciones especializadas de laboratorio y se utilizan solo
en estudios de investigación. Se trata de: la reacción en cadena de la polimerasa con
retrotranscriptasa (RT–RCP), para detectar el ARN vírico;
• la microscopia inmunoelectrónica, para detectar el virus. Se debe sospechar hepatitis E
en los brotes epidémicos de hepatitis transmitidas por el agua que se declaran en los
países en desarrollo, especialmente cuando la enfermedad es más grave en las mujeres
embarazadas, o si se ha descartado la hepatitis A.
TRATAMIENTO
No existe ningún tratamiento que pueda alterar el curso de la hepatitis aguda. La
prevención es la medida más eficaz contra la enfermedad. Como la enfermedad suele ser
autolimitada, por lo general no se requiere hospitalización. Sí se requiere hospitalización,
en cambio, en los casos de hepatitis fulminante, y se debe considerar también esa
posibilidad en el caso de las embarazadas infectadas. El riesgo de infección y transmisión
se puede reducir:
• adoptando prácticas higiénicas como lavarse las manos con agua salubre, sobre todo
antes de manipular alimentos;
La OMS está trabajando en los siguientes ámbitos para prevenir y controlar las hepatitis
virales:
• Prevención de la transmisión; y
La OMS organiza además el 28 de julio de cada año el Día Mundial contra la Hepatitis,
para fomentar el conocimiento y comprensión de las hepatitis virales.