Una clave para ser feliz
Todas las personas somos diferentes, tenemos cualidades distintas las cuales
nos hacen ser especiales para quienes nos aman y nos estiman, no somos
perfectos, pero de esto se trata la vida, de aprender de nuestros errores y cada
día tratar de ser mejor ser humano y dar ejemplo sin importar nuestros defectos
sino de quien queremos ser. Somos los autores de nuestra propia historia, al
mundo le hacen falta personas sensibles y de buen corazón y yo velo día a día
por ser una de ellas.
Tenía 16 años, cursaba el grado decimo de bachiderato cuando fui cambiada
de colegio por primera vez, recuerdo que la noche anterior antes de entrar
nueva al que iba hacer mi nuevo colegio estaba muy nerviosa y a la misma vez
emocionada, conocería nuevas personas, tendría nuevos amigos, nuevos
profesores y por supuesto algunos enemigos.
Al día siguiente me desperté muy temprano en la maña pues quería estar lista
antes de las 6.20 AM que era nuestra hora de entrada en la institución y por
supuesto no quería llegar tarde, cuando llegue me ubicaron en el que sería mi
salón de clase, la profesora ya se encontraba en el salón con algunos
estudiantes por lo cual me hicieron presentar y un poco nerviosa me puse de
pie para presentarme ante ellos, todos me recibieron muy bien y en unos pocos
días comencé poco a poco hacer nuevos compañeros y amigos. Después de
dos semanas ya interactuaba con otros estudiantes que no iban en mí mismo
curso, un día mientras me encontraba en descanso, paseaba por los pasillos
del colegio con una compañera, en un momento nos cruzamos con un grupo de
tres niñas las cuales tenían una apariencia poco agradable, una de ellas que
iba por el mismo lado mío me empujo con su hombro derecho y a sus amigas
les causo un poco de risa y siguieron, por mi parte de una vez pensé que había
sido intencionalmente por lo que seguí normal disfrutando del descanso de
clases. En el trascurso de unas semanas el grupo de niñas seguían haciendo lo
mismo conmigo y me di cuenta que las intenciones eran verdaderas y no
simple casualidad, hasta que un día decidí hablar con ellas con un poco de
rabia si me volvían a empujar, cuando me las encontré me detuve hablar con
ellas y les dije que porque me empujaban y que tenían contra mi, si ellas no me
conocían, pues una de ellas contestó que simplemente le caía mal y pensaba
cosas de mi que ella suponía por eso era que provocaba esto, al fin hablamos
de una manera prudente y arreglamos todo hasta quedar como amigas,
reconozco que mi actitud no fue mala, solo quise aclarar un inconveniente que
surgió de la nada y poder arreglar nuestras desigualdades.
Muchas veces es mejor pensar las cosas de forma clara y precisa, mientras
que si nos llenamos de rabia o impotencia llegaremos hacer cosas que más
adelante nos afecten y nos hagan sentir culpables, la mejor solución es hablar
y dar ejemplo.