Diócesis de Trujillo
Seminario Mayor Sagrado Corazón de Jesús
Anderson Barrios. II año de Teología
Cátedra: Cristología
LOS TÍTULOS MESIÁNICOS
La Resurrección dio la respuesta, y explicitó lo que Jesús había ido indicando durante su vida;
reveló e iluminó el sentido de los títulos que en el Antiguo Testamento habían servido para delinear la
promesa y espera mesiánica.
Así mismo, la Iglesia ha puesto al comienzo de su credo histórico (centrado en la imagen de
Jesús como Dios encarnado) los diversos títulos que expresan su identidad, en los cuales cabe resaltar
los cuatros más importantes:
1. EI Hijo del hombre
Se nombra más de ochenta veces y exclusivamente en boca del mismo Jesús; es un circunloquio
de la lengua aramea y significa “hombre”. Lo usa el profeta Daniel dándole un significado
especialmente solemne-profundo.
Por su parte, Jesús lo usa para identificarse con la figura escatol6gica y gloriosa anunciada:
"Entonces verán el Hijo del hombre venir sobre las nubes con gran poder y majestad" (Mc 13,26). Con
esta expresi6n, evadía presentarse directamente como “Mesías” ya que lo esperaban como figura
política,
contraria a lo que el Padre había dispuesto. Todo parece indicar que esta expresión aludía al rostro del
Siervo de Yahvé sufriente, llamado a servir donando la vida por todos.
2. EI Mesías
Para evitar que le confundieran can el afán político de Israel, Jesús fue muy cuidadoso en
expresar su realidad Mesiánica. La Resurrecci6n lo proclama con evidencia absoluta: "Sepa, pues, con
toda certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Mesías a este Jesús que vosotros
habéis crucificado" (Hch 2, 36). Por esto el título de “Mesías” se identificó can su nombre: Jesús el
Cristo.
La dignidad mesiánica es, pues, el centro esencial, constitutivo de la fe cristiana, fuente de donde
manan los restantes elementos cristol6gicos: Señor, Salvador, mediador, Hijo de Dios. La mesianidad,
no el título, lo había expresado Jesús como suya desde el inicio de su vida pública: Bautismo y
Tentaciones.
Por tal motivo brotó la pregunta: ¿Por qué el Mesías tenía que subir a la cruz? Solo la fuerza del
acontecimiento pascual pudo ayudar a acoger la cruz como salvación. Acá lo podemos ver:
"Cristo ha muerto por nuestros pecados, según las Escrituras" (1 Co 153.3).
"En Cristo crucificado estaba Dios mismo reconciliando consigo el mundo" (2 Co 5, 8).
Dios "demuestra su amor por nosotros en el hecho de que, siendo nosotros todavía pecadores,
Cristo murió por nosotros" (Rm 5, 8 y ss)
"Dios no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entrego por todos nosotros" (Rm 8, 32).
Jesús, por amor, acepta la muerte; la identificación por la fe con este amor nos libera de la
condición de esclavos, nos hace hijos de Dios.
Su sangre derramada por amor, es la sangre de la nueva y eterna alianza. (Gal, 4; 2, 20; Ef. 5,
25).
3. EI Señor
Indica la Soberanía regia, copartícipe del señorío propio de Dios. (1 Co 15, 25). EI “Señorío”
aparece unido tanto a la Resurrección como ala Parusía final. (1 Tes 5,2 Y ss).
Confesar a Jesús como “Señor” caracteriza la profesión de fe del cristiano. (Rm 10, 9). Por
supuesto, este reconocimiento de la divinidad de Cristo no va contra la unicidad de Dios, contra el
monoteísmo: " Para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y
para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos
nosotros" (1 Co 8,6; Ef 4,4-6). A Cristo, Dios le había dado todo poder salvífico en el cielo y en la tierra
(Mt 28, 18-20).
4. EI Hijo de Dios
Los dos títulos de Hijo del hombre y Mesías, son funcionales; es decir, describen sobre todo lo
que Jesús hace. Pero el título de Mesías dio lugar a otro título que centra más su interés en la persona, en
la identidad de Jesús como "Hijo de Dios" la cual, expresa lo esencial y distintivo de la fe cristiana.
Como se ha presentado, esta fórmula se fue imponiendo gradualmente a medida que crecía la
vivencia de Cristo Resucitado impulsada por el Espíritu Santo. Esto se plasmó claramente en las
confesiones de fe, el Credo.
Por consiguiente, se hará mención, de, los textos del Nuevo Testamento en los que se apellida a
Jesús Hijo de Dios.
Rm 1, 3-4: "Acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la carne y constituido Hijo de
Dios con poder según el Espíritu de Santidad por la resurrección de entre los muertos".
Mc 1, 1: "Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios". También en el Bautismo, (1,
11), en la Transfiguración (9,7) y en la confesión de Jesús ante el Sanedrín (14,61).
Mateo, 11,27: "Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el
Padre, ni al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar". También en el
Bautismo (23, 17) y en la Transfiguración (17,5) entre otros.
Lucas 1-30: "EI será grande y será llamado Hijo de Dios". En el bautismo y la Transfiguración,
el Padre le proclama: "Tu eres mi Hijo amado, en quien me complazco" (31, 22)
Pablo usa el título de "Hijo de Dios" quince veces: Gal 4, 4-5; Tim 1, 15; 3, 16: 2 Co 8-9; Fil 2,
6, 7; entre otros.
Heb: 1, 1-3: " Dios nos ha hablado ultima mente por medio de su Hijo".
Juan 20, 31: Su Evangelio se escribió: "para que creáis que Jesús es el Cristo, el 'Hijo de
Dios'. Y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre". En Juan, los textos son muchísimos; entre
ellos: "Yo y el Padre somos una sola cosa" (10, 30); "Quien me ve a mi ve al Padre" (14,9); " Y ahora,
Padre, glorifícame tu, junto a ti con aquella gloria que tenía a tu lado antes de existir el mundo"
(17,5.24).
Para concluir, cabe resaltar que la exposición de los Títulos Mesiánicos con los que el Nuevo
Testamento habla de Jesús, ha quedado bien patente la realidad divina de Jesucristo y al mismo tiempo
su humanidad, "Hecho en todo igual a nosotros excepto en el pecado" (Hb 4, 15).
Así mismo, estos títulos, como hemos visto, no son meros nombre, sino la expresión del amor infinito de
Dios que se nos revela en Jesucristo. Una realidad tan inmensa que nos es preciso enfocarla de diversas
maneras para poder ir comprendiendo su riqueza y su dinamismo redentor. De ahí la pluralidad de
títulos.