Guerras de Silesia
Batalla de Hohenfriedeberg, ataque de la infantería prusiana, por Carl Röchling.
Las guerras de Silesia (en alemán, Schlesische Kriege) fueron tres guerras libradas
a mediados del siglo xviii entre Prusia —bajo el reinado de Federico II el Grande—
y el Imperio Habsburgo —bajo el gobierno de la archiduquesa María Teresa— por el
control de la región centroeuropea de Silesia —ahora en el suroeste de Polonia—. La
primera (1740-1742) y la segunda (1744-1745) guerras de Silesia formaron parte de
la guerra de sucesión austriaca, en la que Prusia actuó como un miembro de una
coalición que buscaba ganancias territoriales a costa de Austria. La tercera guerra
de Silesia (1756-1763) fue uno de los escenarios de la guerra de los Siete Años, en
la que Austria, a su vez, encabezó una coalición junto a otras potencias con el
objetivo de apoderarse del territorio prusiano.
Ningún evento en particular desencadenó las guerras. Prusia mencionó sus reclamos
dinásticos de siglos anteriores sobre partes de Silesia como un casus belli, pero
la Realpolitik y los factores geoestratégicos también jugaron un papel en la
provocación del conflicto. La disputada sucesión de María Teresa a la monarquía de
los Habsburgo bajo la Pragmática Sanción de 1713 brindó una oportunidad para que
Prusia se fortaleciera en relación con rivales regionales como Sajonia y Baviera.
En general, se considera que las tres guerras terminaron con victorias prusianas, y
la primera resultó en la cesión por parte de Austria de la mayoría de Silesia a
Prusia. Esta última emergió de las guerras de Silesia como una nueva gran potencia
europea y el estado líder de la Alemania protestante, mientras que la derrota de la
Austria católica por una potencia alemana a priori más débil dañó
significativamente el prestigio de la Casa de Habsburgo. El conflicto sobre Silesia
presagió una lucha austro-prusiana más amplia por la hegemonía sobre los pueblos de
habla alemana, que luego culminó en la guerra austro-prusiana de 1866.