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Walter Benjamin El Narrador

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Inshtuto Ax Wlwnamidacus mMetolo Roades FOOIS4 zZ\Zoloe $en00. — = El Narrador Intraduccién, traduccién, notas e indices de Pablo Oyarzun R. diciones/metales pesados Walter Benjam ISBN: 978-956-8415-20-4 Re de Prop, Int. N°172.339 Disttoy diagramacisn: Paloma Castillo © ediciones! meres pesados mpeadox@menlespeaderc werrrmeralepestdos.t Jord Miguel dels Barra 460 ‘Telefon (56-2) 638 75 97 unpre por Salesianos lmpresores SA. Sandago de Chile, agosto 2008 Este libro es resultado del proyecto FONDECYT 1070990 “Tadage- ciones sobre teratrayesepsicimo, Acerca de la celaciones de expe- enc, yo y dacurso” 7 Introduccién Predmbulo Encre la copiose literatura de siglo veince dedicada ala teorfa de la narrativa, el ensayo El narrador de Walter Benja- ‘ocupa un lugar solitario, Las grandes excuelas (el psicoa- el formalismo ruso, la fenomenologia, el existencia- lismo, el New Critic, a narratologia estructuralisa, la teoria de inspiracién analitica, ef deconstruccionismo, el post-s- tructuralismo, l postmodernisma, el feminismo, las teorias de problemstica racial) han dominado a trechos el escenario delos debates Es cierto que un asunto principal del ensayo es la dife- rencia entre novelista y narrados, sobre la cual volvié reitara- damente Benjamin, animado por lo que él mismo llamé su “antigua predileccién por ef timo”. Per6 ya se puede cole- girde esto que el planteamiento de Benjamin no conciernea T Encarta en 15 de sel de 1986, CE. eps de evs Ge abs commie de Besjin en Geamonl Sif, 5. Herusgegben von Rae Te mana und Hermann Schwepperidiet Fanifue am Mais Sudo, 19%, 1277. (En adelane tard sae bajo bh abvevarua GS con indian de volume 7 de is) pipzels conrespondiene) Iateorfa de los géneros, Centrado enla figura del narrador, no ces propiamente el producto de éste lo que est primariamente «en liza, ni el problema taxonémico que le esté aparejado. La narracién seentiende aqui como una praxis social ala que va asociado un talante, y lo que inceresa esencialmente a Benja- rin es menossu calidad eseética que sus alcances éricos. ‘Ast, pues lo esencial es lo que Benjamin se propone en este ensayo, la pregunta fundamental que formula. Porque esa pregunta no puede ser simplemente alojada en el com- partimiento de los estudiosliterarios, por mucho que las re- laciones en que sivda a la narrativa sean indiscutiblemence relevantes paral evaluacién conceptual de su estructura ysus operaciones. Esa pregunta estéorientada ante todo porla cuestién de la experiencia, y ésta, a su ver, es sometida a una tensién que [Link], sias{ puede decirse, del nervio del ensayo entero. Un extremo de esa tensién se anuncia de inmediato: es la destrucci6n de la experiencia por obra del despliegue de la tecnologiaen la modernidad, que tiene su culminacién en la guerra. El otro, més reservado, se desprende, dirfase, de la cadena de interrogantes que necesariamente debe despertarla resis de la destruceisn: ces acaso un tipo de experiencia lo que Ja modernidad tecnolégica arrasa, aquel que esté vinculado al modo de produccién arcesanal? ;O Benjamin sugiere que es la experiencia como tal la que sucumbe? ¥ si esasi, qué es fo que propiamente sucumbe con la destruccién de la experien- cia? En fin, a queé se llama experiencia aqui, cudl es su indice esencial? El desarrollo del argumento de El Narrador da prueba fehaciense, creo, de que Benjamin considera el proceso de la destruccién con alcance total. No es un tipo de experiencia, sino la experiencia misma lo que ese proceso devasta. Pero con esa devastacién algo, que pertenece al nicleo dela expe- riencia como tal, y que permanece resguardado como tesoro centrafiable en la arvesanfa della nasracién, algo que no es acaso sustantivo en s{ mismo, sino que tiene la sutileza de un tem- ple y de un cuidado, de una peculiar atencién (Aufiner- hsamleis)*, parece perderse irtemisiblemente. Ese algo es la vocacién dejusticia que anima ala narracién. Larelacién entre narracién y experiencia es la matriz de ‘este ensayo, y esa vocacién lo que la imanta. Porello, aqutla narracién no es considerada a partir desu condicién de obje- oliterario auténomo —al modo en quelo hacen la mayorfa delas escuelas antes citadas—, sino como la instancia en que puede ser ejemplarmente examinada la catéstrofe dea expe- rienciaen el mundo modezno. Esto, sin embargo, no quiere decis que se ponga a trabajar ancilarmente ala narraci6n, con fines meramente ilustraivos. Por el contratio, desde el pun- to de vista de Benjamin es precisamente esta matriz la que permite tenet uhia nocién rigurosa de lo que, en esencia, se juega en el ejercicio narrative. ¥ quizé también, de cierto modo, en la experiencia. Hasan, vere breemens abe nt concept, qu es de pines imporancia oa pensions fe Borja. ° eee La catistrofe de la experiencia ‘Apenasiniciado ET Narrador, se nos enfrenta a dos hechos radicales: el fin del arte de narrary la crisis de la experiencia, Enure ambos subsiste una elaci6n inherente, El arte de narrar «sel dies eerccio de una faculsad que haba sido consticu- tiva de los seres humanos desde tiempos inmemoriales: “la fa- cultad de intercambiar experiencias”. Un tercer hecho viene a refiendar este esbozo: Benjamin llama la arencién sobre el mutismo de los soldados que retornaban de la Gran Guerra, ‘como prueba de una pérdida de esa facultad. La indicacién ya constaba en el ensayo “Experiencia y pobreza” "Erfzhrung und Armus"), escrito probablemente hacia 1933, sélo con pequefias diferencias, aunque con in- tencidn diversa, En la més importance de elas e habla de la guerra, no dela guerraen general, sino de exa conflagracién, como “una dela experiencias més monseruosas (ungeheuers- zen) dela historia universal’. En cierto sentido, pues, la gue- sa que debia terminar con todas las guerras aparecia alos ojosde Benjamin como la experiencia que sellaba la crisis de toda experiencia. En ese mismo texto, y con la intencién de dar cuenta de la relacién que le daba titulo, se referia este inopinado acontecimiento al imperio de la técnica y 2 sus consecuencias devastadoras para los intentos individuales y sociales de consteur y configurar experiencia: 2 Benjamin, GS 214, CE el pase comple faa em noe 32 BP Nenad 10 (Una pobrera enteramente nueva le sobcevino alos hombres con exe monstruoso despliegue dela nica (mis deer ange earen Enefaleung der Techni). Va sofocance iqueza de ideas ques advenido entre los hombres ~o mds bien sobre elos— con fa rrurreccin de I asttlogley a sabiduria yog, la Crisian Stencey la quisooancia, el vegerarianismo ya gao- tie ln ecolstica yo epiiismo es el reverse de eta pobre 1a Paes no clene lugar aqut una auténicarsureccin, sino tune galvanizaciéa.(.] Pero agut [Benjamin acaba de eferit- se las piacurse de James Ensory ss masearsda canavalesea] ce muerte de [a manera mds aitida que auestra pobreza de experiencia eso una pare de a gran pobreza que ha vuelco a ndguirit un rosro con antaagudenay sactcud come el de Tos mendigos del Medioevo, Porque zqué valo tiene todo el pastimonio culurl si no le asociamos experiencia? Hacia bade conduce exo, cuando re finge oe sfecra mafosamnen- ce [ls experiencia), nos lo ha hecho sobradamnente notoro la pavocoss mescolanta de los exiles y de lat concepeiones de ‘mundo en el siglo pada, como pats que ao tengamos por hhonroso confessr nucsta pobeeza. Si, admitémodlo: esta po brexa de experienc no es tslo pobseea en [expetiencies| privadss, sno en experiancas humanas en general. ¥ con cello, una especie de neva barbie Hay varias cosas que importa subrayar a propésito del argumento de Benjamin. Una me interesa resaltarespecial- mente, y si bien no se ee en la letra del eexto, creo que puede desprenderse de ella sin pecar de sobre-interpretacién. Desde Juego, Benjamin no se limita a consignar una transforma- cidn de los modos en que se realiza la experiencia humana, debida a erastomos histbricos de gran envergaduras pero tam- ‘poco habla, en sentido propio, de una conmocién meramente fictica del contenido de verdad de la experiencia comin y Vi, pale u comunitaria’. No; el factum histSrico al que se refiere Benja- min lleva consigo un efecto trascendental: es la posibilidad misma de a experiencia la que queda puesta radicalmente en cntredicho,en la medida en que aquellas transformaciones le sustraen ls condiciones de verdad, participacién, pertenen- ia e identidad que la determinan como tal, Justamente ast puede entenderse la afirmacién de que en ese mutismo tra- sunta un cabal “desmentido” de las experiencias que le dana los sujetos luge yorientacion en el mundo: si “las experien- ae’ son el modo en que l existente se relaciona con las ver~ dades de la existencia, su “desmentido” implica una crisis es- tructural, En consecuencia, a guerra no es aqui un evento en una cadena de eventos, no importa la magnitud que se le arribuya, no es un suceso en una serie de sentido (bajo el nombre de histori), sino lasubversién del sentido dela histo- via misma, Sinroma de esta perspectiva ela aplicaci6n del eér- sino “ungeheuer” "monstruoso, violento, tertible ins6lico”) tanto la guerra como a la técnica, ya la primera precisamente porser una guerra esencialmente eéeicas tal designaci6n indica que la guesra misma, es decir, esta guetta es concebida aqui como el acontecimiento delo radicalmente in-slito, es deci, ‘como el advenimiento del imperio de la técnica. 5h comand de vr igo y cud habia que exfiiar mis ade 0 sas dase de ua oneal Goceinad Quen seen sma pone « dposisa {erate cnn de comune lo ct inst ‘mo callin de sropacon de contenido cules que os Rees, co tbl cea de gue ven, deus oso 9 efeuvarente commie. Preciimete exe sereda ue Besamin vnc I peti dee clin deine Ecnhurepenenns fend que clare ea uly deals oa lis (els pore mies BR Pero si por una parte este acontecimiento no es uno en- tre otf0s, por otra, me parece vélido decir que Benjamin no limiea su observacién ala comunicabilidad de la experiencia, ‘como sise tratara de un proceso extrinseco a ésta; por elcon- trario, entiendo que presupone que es esencial ala experien- ia dicha comunicabilidad, y que un quiebre de la éltima equivale aun quiebre de la primera. Para decitlo més precisa- mente: lo que Benjamin llama “comunicabilidad (Misrei- barkei) ela experiencia” no se refiere a modos o procesos de equivalencia u homologacién universal de las experiencias (en concordancia con “universos” culturales determinados), sino ‘formas de participacién en una experiencia comiin, la cual, sin embargo, no esth pre-constituida, sino que deviene co- amin en la comunicacién y en vietad de ella. Dicho nueva mente de otro modo, més formalmente: los sujetos se cons- tituyen incer-subjetivamente, en la constante exposicién ala alkeridad; esta inter-subjetividad sélo es posible en y porla comunicaciéa, y esta comunicacién, por ende, es esencial- mente un intercambio de narrativas. Toda experiencia es, en este sentido, experiencia comiin. Desde el punto de vista del concepto de narracién que elabora Benjamin, este “devenir- comtin” eseé configurado por dos momentos: el de las expe~ riencias que se comparten a través de la narracién y sus conte- nidos, y el de la experiencia que se comparte en virtud de la comin escucha, Fin del arte de narrar y catéstrofe de la experiencia: pre- cisamente este micleo del argumento de Benjamin es el que permite confrontar de manera aguda su sentencia con la que 13 Hegel habe pronunciado més de un siglo anrés, y con la cual, aunque ello pase sin decirse, mantiene un vinculo estrecho. La idea de un “fin del arte” cobraba sentido para éste en la ‘medida en que se podia afirmarel paso a una nueva focma de experiencia histérica del espicicu que reclamaba un distinto tipo de configuracién y apropiacién de la experiencia, cuya verdad ya no podia ser satisfecha por la fantasia, como fuente csencial del are. ;Cudl es esta experiencia, cual es la experiencia que de- teemina el presente desde el cul sesanciona el “fin del arte”? “Fal como la formula Hegel en la Inroduccisna las Lecciones sobre la esta, cabe decir que el indice Fundamental del “pre- sente” es la complejidad de as relaciones que constituyen al ‘mundo modemno, una complejidad que impone por doquier dl trabajo de la mediacién®, Pero no se trata de la compleji- dad como un dato, sino como resultado, y como resultado quese renuevay profundiza progresivamente: el mundo como tales construido cada vez més por a diligente y paciente agen- ia humana. El mundo como obra humana desplaza ala obra dearte como reflejo de un mundo: tal seria el sentido quela modernidad posee en el plano estético pata Hegel. De ahi «que también la nica via por la cual sea posible hacerse cargo de tal complejidad, llevando a a concreta sealizacién de ese mundo como espacio histérico dea libertad realizada, es la ‘misma que estd en las bases de su progresiva construccién, ¢5 decir, l desarrollo pleno de la reflexidn, Esta, en un sentido Sse TG WL Hoga Vnknnge sibere Haheh, Wire 13, Fan: Sebo, 1970, 245 4 general, podria referitse como el modo de produccién del ‘mundo moderno en cuanto tal, cuya experiencia matri ten- ded que sex, deahora en adelante, reflexiva, no reflejada, Lo que separa teéricamente a Benjamin de Hegel es la reinterpretacién materialista dela mediaci6n por Marx, para Vee if “La recom saci ° Das Kawruek im Zen ne echchen Rprdacebartis (Dee Faas) eG S12, pp 47508 18 | \ “Aquel ensayo esté dirigido por el reconocimiento de una cransformacin radical dl estatuto de la obra de arte por efecto de as técnicas reproductivas, de modo tal que la reproduci- bilidad es ahora la condicién primaria y el régimen de pro- duceién de la obra. Semejante transformacién pone en crisis, su decerminacién heredada, tanto en lo que concierne su otiginalidad, como a su engarce en el continuum de la tradi- cién y, en fin, a la autoridad que se nutre de ambas. Es en definitiva la condicién estética dela obra y de su recepeién, que sucede a su antiguo servicio cultual pero al mismo tiem- po mantiene seczetos vinculos con ella, lo que queda funda- mentalmente compromerido por dicha transformacién. Y ‘en cuanto que los medios tecnolégicos son los responsables de este trastorno de época, debe entenderse que el modo ar- tesanal de produccién, que ellos desplazan, son tributatios de aquella condicién. Més aun, Benjamin formula su diagnés- tico con propésitos expresamente politicos, asumiendo que el régimen de la reproducibilidad no s6lo da ocasién a for- mular una tcoria materialisca del arte, sino que también fa- vvorece, desde luego a través de la elaboracién de categorias inutilizables en perspectiva reaccionaria, la socializacién re- volucionaria del arte. El lector recordard la enfutica conelu- sidn del ensayo, a tenor de la cual la estetizacién de la politica fomentada por el fscismo es contestada por el comunismo con la politizacién del arte. Todo aquello que define el estacuco heredado dea obra que la reproducibilidad técnica desmantela es resumido por Benjamin en Jo que llama el “aura’, Esta, por cierto, es una 19 de las palabras més célebres de su repertotio. Dems est4 in- dicarla dilficaltad escncial de su interpretaci6n. Nombra un, concepto de rama dislécrca. Lo queen general puede decir- se au respecto, en primer apronte, es que mantiene su vi- gencia en tanto no pertenezca al objeto dela percepcidn y la experiencia, sino que sea su condicién, La manifestacién del aura coincide, enconces, con su declve; la posibilidad de su tematizacién es una con su critica’. Pues bien: aunque El ‘Narrador no formula a palabra, su concepto est largamente presente en é! Sien mtltiples sitios se cierne sobre la idea misma de un “fn del arte de narrat”, es quiz el remate del capitulo IV el que mis claramente expresa la trama dialéctica a que hacia referencia, cuando se habla de dicho fin como “un fendmeno que acompafiaa unas fuernas productivas his- téricas secures el cual ha desplazado muy paulatinamentea Ia nartacidn del Ambito del habla viva, y que hace sentir ala ver una nueva bellera en lo que se desvanece”. Resultasia, pues, problemstico no entender que la nacracién es de indole auriticay que frente al planteamiento que recién evocaba, EL Narrador,con ese matiz nostdigico —y profundamente me- lancélico— que mencionaba, con su evocacién de la arte- sanfa inveterada del relato y precisamente con sus considera~ ciones sobre los efectos de la eéenicaen el oficio narrativo, en "Ream lela ode de cone ahead eeu con que Bernini deo (cn, “a een’). "El meso Bena oma dain expen ene vu seul save I ari fren dea ods del ar enna Gad Adora con eca ean 4s 136 "En limo Gengo he eto un nbs ce Nikolas Lekot, que sit ‘prac ej see de fej oe] orl ace eee a Lean ce rt [seni sins parr coma aa el sen ceutical ae saree «85 (GS, 103, p. 127) 0 sus efectos y sus contenidos,y, desde luego, en el surgimien- to de la novela, parece colocarse en las antfpodas de aquel otro celebrado ensayo", Asi, pues, aqui se diferencian y se oponen narracién y novela como aresanfa y técnica: la narracién, que tiene basa mento en una sociedad artesanal, es, dice Benjamin, “una forma artesanal de la comunicacién’”, en la cual el narrador imprime su huella como el alfarero en la vasija que modela, Porel contrario, la novela acusa en su contestura la pertenen- ciaa la época técnica, y sino es atin, derechamente, una for- sma técnica de comunicacién, estd indefectiblemente condi- cionada las relaciones que estructuran esta nueva época, yre- fleja las tensiones y contradicciones del sujeto inserto en esas, relaciones, Como apuntaba antes a explicacién del nacimien- todela novela la remite ala invencién dela imprenta y, con ella, ala fabricacién de libros. En un sentido que es préximo alo quese dice en el ensayo sobre La obra dearte..,la nove- aya noes un relaco para ser compartido en comunidad, sino que es producida con expresa destinacién al libro, el cual ya Gira cee ppg wae eos jaye vs bn denwm E pipes Ee dell oe ascent cia one rasta gcd eateries db ces apa sepa y ce ecle SEDUE elo oyun he goers ops cian eee eee eS Perce card eale neni en soaeaaie SU LES ald ube cn yap Mae aretha tone cl sta feampaceicncatapece te 6 Br tbh La ane dels acne ons oplge doce die de pie y estas tnt iy abc on er Eva ce 8B sone toes pesos eo go ed ce SSE tecnica cre ‘hao uproar Ss pc elo CoaSEs See ide cor oe, a no forma parte del haber comin, sino que se ofrece al. consu- moindividual. + > Aspect crucial de esta ransformacin esla ruprura con la cradicidn orl dela que dependeria la narracién: I novela est destnada exencialmeateal libro yen esa medida, se sustrae deci- didamente ala tansmisin ora, que se manciene embebida en Inexisencia dela comunidad. La mediaciéntéenica de commu nicacién essolidariade un distanciamiento fundamental respec- tode la experiencia, que el noveliscayano puede acutiar paradig- dtcamente Ha perdido esa especie tan peculiar de certidum- bre queescongéaitaala genuina experiencia, y queno seempi na porencima de 6, para otara desde el pinéculo dela uni- versiidad —no esa certem del concepto—, sino que sabe — con el conocimiento frdgl que le cuadra al testigo— que ha pasado algo, que algo ha tenido lugar, aunque no sepa exacta- mente qué precisamente dénde,, para averiguarto,cenga que abrise paso través dela cegaespesura del enguaje, buscando has pixasa medio borrar sabe del acontecimiento. Radicalmen- te inciera, a novela signa a perplejidad de sujero —elindivi- duo aislado—en medio dela plericaexiscencia® Como puede desprenderse de estos apuntes, Benjamin Tia cope ng pst de cian oe eco rai, CEEREEROGRREIETE SEES ce pes gue tampon een sia SSSBENE Sota a enna derenan como mo Soden de a SSE cm ot sm re mins ge el inde solv y got eo fee ae eocede arc a DS eumce ok nde px era ca de oe SES ee fy pee opine seatctn por Menges sane we gisele pope e gee como urea de pecan ae Sciien mundo, precumence 4 pt de ona cit ee ae eo ear pnd ers ecpice 7 eae m derma SESS STE Sperm cape ge dd opericrnon many 2 merch remresnenerinrmemeenim toast rin msm no elabora el condicionamiento técnico en sentido propio. Ciertamente, la escritura tecnolégicamente mediada es desde ahora el soporte fundamental de toda ciculacién narrativa, su efecto esencial ese desarraigo dela experiencia y el debilita- rmiento de a comunicacién. Ellecrorsilentey soitario, podeta decirse, compensa el empobrecimiento de su experiencia y la pérdida de una comunicacion que no sélo no le entrega ya elementos para la conduccién de la vida sino que le devuelve como en espejo la imagen de su propio yhesitante azor0, con la fruicidn estétca dela obra, de manera similar alo que ocurte conel espectador embargado porla relacién aurética', Pero ei desarraigo en cuestiSn viene a consumarse propiz~ ‘mente con la nueva forma de la comunicacién que impone la informacién. La prensa, como medio escrito, lleva la media- ign recnolégicaa un dpice en el cual se cumple la serialidad y- la universalidad indiferenee que albergaba la invencién de la imprenta, La informacion periodisica homogeneiza todo con- tenido de experiencia, concentrindolo y distribuyéndolo ala vezen el étomo dela noticia rfpidamence perecedera. El pun noha arto yconsoldado ensues, sio qr seencenta engi frowns de ema BSTpuat, no pro ens ria, tne pos, porque mora eile sere i te ete neni eM oad ope sid ipeca mso gue tts pei por orm sgn eco ‘Eecminala gor whet ein ndviduaeda gu la epodecad ene. ‘Seve haa te Goa asada De namin mac aac de La bese ser sce deine: novel co sn suene d Enomenn de war, ee ‘Taide y ais fra ecrumente mera de ura que aia hip aman ound oad be neve jaunt ue reproduce as oy Dene da tin dl ler ini vt owl "Lae noes” oe {EN}, que sabore eee cele ove y devout propo a ‘Sanpete ee nombs come potest dine, eomo os reece de mea Bn de spc do sro svaniporlee 3 to, para Benjamin, es su dependencia dela explicacisn, a la cual se encomienda establecer un nuevo tipo de verosimilcud narrativa la plausbilidad de lo que se transite La infooma- cién noestédirgida a propozcionar elementos de ovienacisn en el mundo como puede hacerlo el conejo, que apela ala libertad del otro, tanto en cuanto aa disposicion a recibielo como al uso que de d pueda hacer en orden ala simuacién que le concierne, sino a suministrarherramientas parala homolo- ¢gacién de las situaciones ya la eventual manipulacién de las mismas conforme a pauras programadas cuyo ment est con- tenido in nuceen la explicacién, La mara de a informacion no es pragmatic, sino cognitiva. Con todo lo relevante que pueda ser! sumatio andliss benjaminiano de la comunicacién informativa, se podria de- cir, por una parce, que la alineacién dela misma en tuna serie definida porla crisis radical de a experiencia, en la cual queda situada también la novela, puede no hacer justicia ala expec ficidad de esa ilima precisumente en orden ala experiencia. La correlaci6n implicita entre narracién y prazds, novela y fruicién estética, informacién y conocimiento, no permite pensar en las miltiples posbilidades que siguen habitando a a novela, Por otra parte, la idea de una crisis radical de la expetiencia, condicionada en buena medida por la vincula- cién entre ésta y la sustancia de a tradicién, tampoco permi- te pensaren formas alternativas de experiencia, Te dc nbs enayo oun indie ow mid, re amas a paso pear nas odexiones dba tn porns pare 2 arene et de [operand como, por omy a cnkgunisa apc de br sms. 24 La muerte como sancién: Llamaba hace un momento la aencién sobre a dimen- sién temporal a hablar de la diferencia entre artesania y tée- nica. Las consideraciones de Benjamin sobre a inversi6n in- formativa dela experiencia no sélo se dejan leer en laclave de un cambio esencial del paradigma discursive y sus crterios de validacién: también se las debe sopesaren lo que concier- ne ala cuestién dela temporalidad. La cita de Villemesant, director de Le Figaro, segin la cual el lector del peridico se inceresa més por aquello “que suministra un punto de reparo para lo més préximo”, mientras la noticia de lejos se pierde detrés del horizonte de lo que se estima de relieve, pone el acento en una profunda alteracién de las dimensiones espa ciales de la experiencia, Esa alteracién tiene que ver con lo {que Benjamin regularmence diagnostica como un efecto ge- neal de la técnica centrado en procesos de aproximacién y abreviacién de las distancias, Pero este efecto va acompafiado también —y la informacién periodistica lo evidencia aguda- ‘mente— por una modificacién sustantiva de la temporali- dad de a experiencia: el tiempo dela informacién es el pre- sente perentorio y fugaz del interés en la noticia, presente que ‘conocemos bajo el nombre de actualidad. Sélo interesa la informacién actual, aquelia que asoma y se expande dlgida- ‘mente en el momento de su circulacién para ser inmediata- mente desplazada por una nueva informacién, todo lo cual supone, por cierto, una produccién deesa actualidad ques, ala vez, la induccién de ese interés. En ese sentido, la noticia 25 es mucho menos su contenido que su relampagueo en el cie- cuito de la informacion, y ésta esté mas dirigida, si puedo decitlo as, ain-formar a los sujetos receprores, determinan- do su interés, que a suminiscrar elementos para la conduc- ci6n dela vida o la orientaci6n en el mundo. Desde el punto de vista temporal, la noticia no es otra cosa que su actuali- dad: efimera en si misma (0, en todo caso, provista de una duracién quela produccién de actualidad regula), se sostiene sobre el sistema general de la informacién, lo tinico que es propiamente constante. Pero esta constancia, que allana las iferencias entre las noticias, haciéndolas a todas conmensu- rables en funcién del interés que el sistema administra, junto con reforzarla tendencia a desdibujar esencialmente la textu- ‘a misma de experiencia como percepcién y participacién en lo diferente de fos acontecimientos (sin o cual éstos no pue- den ser lamados, en sentido estricto, acontecimientos), es todo lo contratio de valor de eternidad que Benjamin asocia ala natracién, como se puede ver éspecialmente en los “Bo- sradores sobre novela ynarracién””. Y la verdad es que, si uno lo mira esponténeamente, Benjamin parece estat asistido de raz6n cuando habla de ese valor de eternidad: toda genuina narracién estd, por decir asi, rodeada de un halo de arcafsmo, como si se tratara de una historia que se ha venido contando desde siempre y para siem- pre. Y ya podria decirse que éste es el criterio que permite reconocer la narracién genuina y lo que Benjamin llama “el 7k inf Rageaaa 4,7 war edi pein en lr Eagmense 2 73. 26 gran narrador”. El cardcter aurdtico de la narracién esté detes- minado en mayor medida por este modo peculiar, que es responsable también del sello de una manera u otra anénimo de Ia historia que se narra o, si se quiere, de esa sombra de anonimato que se insintia bajo la ribrica del susodicho “gran narrador”. “También acerca de eternidad se habla en El Nartador, desde el guifo de una cia de Valéry, como un pensamiento aque extrae su sentido principalmente del faerum de la muerte ala vez, como un pensamiento que progresivamente des- aparece para la conciencia del sujevo de la sociedad burgues, enun proceso que es uno con la pérdida de comunicabilidad dela experiencia y con el fin del arte de narrat. No puede rescirsele importancia a esta afirmacién en la compleja eco- nomfa argumental del ensayo. Aquella evanescencia, sostiene Benjamin, no puede sino explicarse por un cambio agudo “en el rostro de la muerte”, cambio que consiste, por una parte, en Ja sistemdtica oculeaci6n de ese mismo rostro, su retito dela mirada colectiva, y, por otta, de manera esencial- ‘mente vinculada a lo primero, en Jo que se podsfa lamar la privatizacién del morir, Esta transformacién en el modoen «que los sezes humanos se relacionan con la muerte, la de los demis y la suya propia, debe asumirse acaso como la clave desde la cual cabe entender lo que en definitiva estéen juego en a valoracién benjaminiana de la narraci6n, “La muerte esa sancién de todo lo que el narrador pue- de refetir (Der Tad ist die Sanktion von allem, was der Er- ler berichten kano)”. Esta frase, estampada en el inicio del 7 ddecimoprimeracdpite, est en la mitad casi exacta del ensayo. Esta comprobacién meramente cuantitativa puede ser suge- rente, Ei cierto modo, la frase es como la bisagra del texto. Su mismo tenor sentencioso,sisesoslaya todavia el conteni- 0, le confiere una gravedad especial. Si ya atendemos a lo ‘que se dice, esa gravedad se acenca. :Qué significa que la muerte sea tal sancién? Una sancién es la confirmacién o aprobacién de una ley, acto 0 costumbre. Tiene, por ello mismo, caricter so- lemne yalcance de autoridad, Es con esta intencién que Ben- jamin concibela muerte como fuente de autoridad de la na- rraciGn, fuente que la misma narracién no agora, autoridad que toma a préstamo de aquella. Ello confiere a eso que, de ‘una manera un poco vacilante, es cierto, he llamado la indole auritica de la narracién un sello enteramente peculiar, en la medida en que no puede ser explicada sin més por su cons- truccién ideolégica, sino por la remisién alo que podria ser descrito como el fundamento de la comunicacién y ast tam- biéa, fundamento de comunidad. Con un derecho parecido al que ejerce Benjamin al asig- narle a la muerte el cardcter de semejante sancin de lo que narrae| narrador, podria decirse que la muerte esa aporia de Ja narracién, porque marca el limite absoluro del lenguaje, la posibilidad constiutiva de silencio", El punto es importan- te, porque indica también hacia otra momento de diferen- CE, sabre wm, por of Wings Neratve and Subjcig? iueduscién de Mania McQuillan saa ediiin de The Marie Reader (London & New Yok Rowedge, 2000. p27 5) 28 iacién entre natracién y novela, momento esencial, del cual extraerd consecuencias mds adelante. Una distincién entre muerte (Tod) y mori (Sterben) parece estar ala orden aqui. Pues si—como se dird—el lector de novelas debe estar cier- co de asistir ala muerte del personaje acerca del cual esc le- ‘yendo, afin de descifrar en él el “sentido de la vide" (volveré sobre esto), y permanece todo el tiempo, por eso mismo, abocado al fin de la novela, la narracién atiende, como 2 su elemento més originario, a la callada interpelacién que pro vviene del moti: esa interpelacién es la de o inolvidable (das Unvergefliche). El concepto de lo inolvidable fue introducido por Ben- jamin en el prélogo a sus traducciones de los Tableaucepari- siens de Baudelaize (1923) a partir de una paradoja que tiene filo teoldgico:“[..] seria licito hablar de una vida o-de un instante inolvidable, aun cuando todos los hombres lo hu- biesen olvidado. Pues si su esencia exigiese no ser olvidado, aquel predicado no seria algo falso, sino sélo una exigencia a |a cul los hombres no corresponden, y al mismo tiempo contendrfa una referencia hacia un dominio en el cual see corresponderia: hacia un recuerdo (Gedenken) de Dios”®. Enel presente contexto, cabria pensar que la natracién con- cede a lo inolvidable, sin nombrarlo —porque su esencia ppetmanece intangible para toda lengua humana, y porque el nombre serfa aqui uno con el olvido—, un espacio de reso- © Die dufjabe dr Obras La era del radacor)y ex: GS, IN, p10 Elztbeth Gingrood Sefoy ha Lana eaeiczmen a tecon sobre ee cep fey hand de tuto deer sis principals dem tens detonate ‘inate (2008). 29 nancia, que resisteel fin y la [Link] la cual pareciera des- cansar la posibilidad de la novela, como si slo la roralidad asineética y nunca empiricamence totalizable de las narracio- nes pudiera hacer justcia a la exigencia que lo inolvidable es Pero hay algo mis en esta invocacién de la autoridad de la nmuerve y del moris, La relacin de este otro aspecto con el que vengo de sefialar no podré estar atin suficiencemente ala visea, y seré preciso esperar ulteriores desarrollos para hacerla mds perceptible. ‘Al glosar su aserto sobre la muerte como sancién, Benjamin dice que las historias del narrador “nos remiten ala historia nacural”. Hustea esta tesis con fa alusi6n aun relato que es ciertamente una pieza preciosa de Hebel bajo el titulo de Jnesperado reencuentro. Todavia tendré que hacerme cargo del concepto benjaminiano de “historia natural”, que es de alta complejidad y que no siempre con- serva una misma significacién en cada uno de los usos que, en diversas obras, se le da. En todo caso, se trata de un concepto que pertenece al niicleo de la filosofia benjaminiana de la historia, y que yase anuncia muy marcadamente en El origen del drama barroco alemdn. Desde el punto de vista de esa filosofia, interés principal es tract a interrogacién insistence la ma- triz que la concibe en términos lineales de causalidad (esa interrogacién serd finalmence coronada en las Hamadas “Tesis de filosofia de la historia” (Sobre el concepto de his- tori] de 1941), y que, por esa misma razén, se ve radical- mente impedida de pensar ala ver la singularidad y la re 30 — peticién histéricas™, Punto de esta interrogacién es poner en juego la conexién del acontecer histérico bajo perspec tivas éticas (sin olvidar Los componentes teol6gicos y po- Lfsicos que las alimentan). En este alcance, la distincién centre historia humana (0 historia universal) ¢ historia na~ tural que presupone aquella mattiz se debe volver esen- cialmente problernética™. En consonancia con esta problematicidad, y tal como lo sugiere la evocacién del relato de Hebel, lo que hace el narrador es reinscribir a historia humana en la historia nacu- ral, apelando precisamente ala muerte como la instancia, el ugar, el acontecimiento en que se cruzan de modo absolut yrno resuelto una y otra, Esea reinscripcién es una suerte de regresién y, si se quiere 0 se puede decit, una repeticién del “origen’, el cual s6lo rige como tal en larepetici6n y por-ll Precisamente con esto tendria que vera vocacin de justicia del narrador. Th waradasbienaib de Bean Has de uf vain de ge gat pene la gran eb sobve el dum baron, en combina daca, com dn ‘Exmeen eee on stcnan pes ip al ne pee cnyunte, caer onjctarene sun Sic mio aol hind Rey i epein” (Hae er Bem oer Hog Of Some mak, tn Bt, end Ang Berle sed Los Agee: Unies of Ciena Pre 2000, p- 42) f labea oa eve epee boar dl ege +E ren. x gues ela pee Lg pee A Sie epecs se pose pensar co lor proces de simboicin dele nue tuiner por lad stata a hme pucinemte er 5 nea Feri Ec sun a inporece abn devel pont evita dela oe de ‘Cheat stl sina ne cncepsn ei Shi en Paice “tgp gun see elo pogone Bein en ea eared barony Suck cused ce a eso plc mato qu Et H. Kaneorowte (Poe ‘gs To Boi) dere soe a dor cmp eel pened yor uve problemen fovea mis comps 7 arcade de iongat ete as Ene nay real de ln oer 31 Memoria y temporalidad Sobre el trasfondo de las relaciones y diferencias entre historia humana e historia natural, Benjamin incide en las formas de la historiografia, la crénicay la narracién. Elcon- traste de estas dos ilimas con la primera debiera ser especial ‘mente iluminador. De hecho, revela el parentesco esencial entre el narrador y el eronista, al punto que éste puede ser llamado “el nattador de la historia”. Se tiene 2 ese propésito la presencia testimonial del narrador (y del cronista) en su relato, exento de las pretensiones de objetividad de una his- toriografia que aspira a ciencia rigurosa, a cuenta de lo cual también podria mencionarse la “concisién’ y la prescindencia de explicaciones,citcunstanciadas 0 no, y de fisgoneos psico- légicos que seria propia de la —reiverémoslo— “genuina na- rracién’”, como lo evidencia la historia del rey egipcio Psamé- nito que tefiere aquel primer narrador de la historia que fue Herddoto®, si bien el modelo que Benjamin tiene més a la vista en este contexto es de los eronistas medievales que, pro- viscos del gran cuadro de la historia soteriolégica, pudieron verse eximidos de la necesidad de explicar, es decir de aplicar a matriz de causalidad lineal de que hablé antes. A cambio. dello, incerpreta, hilvana los aconeecimientos que relata “en el gran curso ineserutable del mundo”. Sobre este modelo, el narrador puede aparecer como el cronista de a historia pro- Pe pate Baber intersndoemeramene a Ben wands del ‘ipitde Vial ogi de chem inerpeciones dea hit ex amo de os endo sobee eure y noe, 22 fana, para l cual ese cusso también es impenetrable, ea por ‘que esta sceretamente gobernado por la historia de la salva- ‘ién o porque su trasfondo es la historial natural, ‘A-su-vez, historiados, narrador y cronista estin referidos a dimensiones de la memoria, Pero el tratamiento de estas Ultimas va dicigido expresamente insistir, desde este nuevo Angulo de mirada, en la diferencia entre nasracién y novela ‘como formas épicas. La esis benjaminiana que adjudicaala novela la matriz mnémica dela sememoracién (Eingedenken) tiene, pues, ese preciso propésito. La primera sefia que se centrega al respecto es la diferencia entre lo uno y lo mitiple: la rememoracién, como el elemento que inspira a la novela, std orientada ala unidad de una vida, una accién, un perso- naje, y aspira en esa medida a la permanericia; la memoria (Gedéchinis), que es el elemento dela narracién, permanece imantada porla multiplicidad de los eventos, yes efimera. Si ambas, segin Benjamin, tienen su comin origen en el re cuetdo (Erinnerung), que alienta ala épica en general, la no- vela sto seria posible en virtud dela separacién esencial de «estas dos dimensiones suyas. a dren ene sadory cronies dee a epee ites ex Sire Udomepin de bari El cones, sur deals as scnecmiertcs indoor ete (Ganley pequeton ene en cuenta a verdad de que muda de fo Que aga ye: meld puede dae por ped para histo, Po ero, slo # haraidad ‘Slime conn emerumenc spss. Quer dei ro ta bumanid ‘elias be vue cable u pas en dt uno dest momentos, Ca ao de ‘hs incans vino env hn cation Pave dejo lag piexence ‘Sell Joico Fin.” (le ben: G5, 12, p. 694; c€ dace» aspene Fragment sabe le bison, Tasca, atoduscién y nots de Pable Oyaenin Robles, Soniage,Aac/Lom, 1995, p. 9) B comes se muescra aq como un to prs el ea hae on u debe om el svicoma y deol del progres. 33 Nos fic, hechas ls salvedades del caso, resisirse ala rentacién de adivinar bajo el nombre de rememoracién cier- tos rasgos que definen a la meme épica o dramética en sen- tido aristotélico, Esto no sélo se debe ala idea de una unidad desu objeso —dice Atistéeeles que una tragedia o una epo- [Link] a no porque escoja como temaa un individuo ose refiera ala vida de uno, inevtablemente compuesta de varie dad de incidentes que no forman unidad, sino porque su asunto es una tnica acci6n desplegada en la estructura y la secuencia coherente de sus momentos—, no se debe, digo, solamente ¢ esta idea de unidad, sinoalo que debe constiuit Ja sustancia misma de ésta. Tl es el significado del juicio aprobatotio que dedica Benjamin a la explicacién contenida en la Teorla de la novela (Theorie des Romans) de Gyrgy Lukics que concibe asa objeto como la tinica forma lieratia. {que tiene al siempo como principio constitutivo, en cuanto que su condicién primaria esa escisin entre el fdtico deve- rir de la vida en el tiempo y el sentido como idealidad tras- cendental. Vista as, la novela esté determinada estructural mente poreel “sentido de la vide" como unidad que mide en tltimo término su consistencia. Eso da cuenta del carder teleoldgico dela novela, bo- cada esencialmente al locus parad6jico de su conclusién, de ‘manera similar ala comprensién aistoréica de la unidad de Ja fbule, que tiene en a inteligibilidad memorable de la to- talidad de la accidn su fundamento de determinacién. Pero digo paradsjico, porqueen ese lugar donde debiera aleanzar- se la certidumbre definiiva acerca del “sentido de ta vida? 34 novelada sdlo se tiene el vislumbre, su sombra fugitva. Ben- jamin arguye que la diferencia esencial entre novela y narra- cién puede colegirse de este interés novelesco en el sentido de favida, por una parte, y del interés narrativo de offecer una “moraleja de la historia’, es decir, una ensefianza que puede ser reinvertida en la conduccién 0 comprensién dela propia existencia, concebidas ambas, respectivamente, como formas conclusivas de una y otra forma diegética. Pero tal ver més decisivamente confronta una y orca por la voluntad de clau- sura ode fin —si puedo decirlo asi— que anima al novelista yasu lector y por la indole interminable de la narracién. El derecho a preguntar “zy qué pas6 después, al cabo de una narraciéa, no puede ser abolido por ésta. Si en la novela la muerte es no sélo el sello, sino la condicién de sensido dela vida que —sin embargo— se perfilaevasivo en la rememora- cin, en el arte de narrar ella ¢s la instancia de un recuerdo insondable. Si en la novela aquella voluntad de fin rima en defintiva con el fin del arte de narras, en éstey ya en sus més antiguas primicias, cuando precisamente el “arte” io madu- taba atin, prevalece el deseo de continuaci6n infinita en la trama ideal de todas las historias. Porque tal vez sta sea tam bign una diferencia esencial encre una y otra forma: la dife- rencia entre voluntady deseo. No obstance (y éste es el sentidode la paradoja de la conclusién de que hablaba), el “enronces” narrativo que estd encl lacusigualmente paradéjico del inicio de todo nasras,y quelo es porque siempre esté no sélo prolongado sino tam- bién anticipado por un “zy entonces?” que rige la repeticigny 35 lo interminable de toda narrativa, sigue estando presence tam- bién en la novela a despecho de su voluntad de clausura’®. Historia mavural, mio y algo més sobre memoria y narracién Deseo de continuacién, no de seca continuidad, sino de reanudacién anima la magia de la narracién, Porque es algo asi como tuna magia lo que, en las escenas primordiales del relato, retiene y mantiene unida a la compatia en coro al narrador, cuya ver, como dice uno de os borradores, apenas emerge desde la penumbra; yes la persistencia de esa magia ancestral lo que sigue otorgando su fuerza de convocacién a fas muchas variedades del narrar en su despliegue histérico. ‘Ya conocemos el relieve con que Benjamin destaca esta po- ‘tencia comunitaria de a narracién que, en su figura ms acen- rads, define también su originaria popularidad, es decir, su arraigo en el pueblo. Es, sugiere Benjamin en el capitulo XVI, la magia del cuenco de hadas, que el nfo refrenda con la demanda pertinaz del “zy entonces?”, la cual no se da por vvencida ni siquiera ante el imperio de la muerte. Decia que fa muerte esa instancia de cruce, absolute € She ri Se 0 en lech lune brew cote Sri delaras yrange dan dee fin, por ota par ie pane nee deni coos psi eroar de anus (ore ae ie nso qx el conv cota on ae oe. SET tin cena go ces ea Se el poi do dee ce te inlaen ution que cencalaamos “onto de ada es Mb: rea 004 Son Bera. 36 itresuel, eirresoluble, de historia humana e historia natu- ral, Como se sabe, El drama barroco alemdn designa a a ale- goria como la forma que expresa esainstancia. En uno delos ppasajes ms citados del libro se le, a propésito de a relacién yla diferencia de simbolo y alegoria: “Mientras en el simbo- lo, com la idealizaci6n del deceso, el rostro transfigurado de la rnacuraleza se revela fugazmente ala luz de la redenci6n, en la alegoria yace ante los ojos del dbservadorla facie ippocratica de la naturaleza como paisaje primordial pettificado. Lahis- toria, en todo lo que ella tiene, desde un comienzo, de ex- temporineo, penoso,fallido, se acufa en un rostro, no, en tuna calavera’™, En este alcance, la historia natural esa frac- rura esencial de a historia como historia del sentido (y,cier- tamente, el concepto heredado de historia parece inseparable de la exigencia de sentido), feacrura que se impone con la opacidad de lo que llamamos “cosa”. Tal como propone Eric Santner, “Ia historia natural nace de las posibilidades duales de que ia vida pueda persistic més allé de la muerte de las forinas simbslicas que le dieron significado y de que las for- ‘mas simbélicas puedan persistr més alld de la muerte de la forma de vida que les dio vitalidad humana”, Esa es, cam- bin, la esencia de la ruina, que en su enigma significa Jnexpresivamente—la resistencia radical a toda simboliza- cidn, a toda produccidn de sentido, ala vez que, en su silen- cio, lareclama, SEs, p38. Eric L. Santer, On Geer) Li, Rilke Bein Sebald Chicago & London “The Univeriy of Chicago Pres. 2005, p17 a7 Peroa diferencia dela alegorfa, que al conjurar significa- tivamente aquellafraccura da cuenta de “Ia experiencia de irre- mediable exposicién a la violencia dea historia”, haciendo valer precisamente la repeticién de a violencia aniquiladora de sentido como ritmo de lo “natural”, la narraci6n eerce, en virtud de su propia operacién repesciva, una magia que evo- «acl primer despertar de lo humano del lerargo narostico de suprocedencia meramente natural, pero atin “en consonan- cia con la naturaleza’, con la pluralidad de las criaturas. La historia natural oftece, aqut, una distina fisonoma, asf como Ja magia de la narracién no puede confundirse con el embar- go fascinante del hechizo 0 del conjuro. Desde este punto de vista, la nocién de historia natural lleva consigo,intimamente, una tension que a opone en tér- sminos decididos con lo que Benjamin lama el mito. Si la vocacién esencial del pensamiento de Benjamin es emanci- patoria, delo que se trata paraéles, precisamente, de desatar los lazos que atan la existencia humana. las condiciones que impone su determinacién mitica, ala configuracién demé- nica de la existencia®, Y no se puede simplemente creer que el progreso, los procesos de secularizacién, la misma expan- sin del manejo técnico de laexistencia humana y del mun- do, laden por cancelada sin retorno, porque ella s recesiva. Op cep % Sober en , por sepa eyo Sisal und Charter (‘Dein y cre’ 4g reget femito rami s mi anelo “Primers puso. How drPosing Aeinow: Un fapmenco de Herslio do esses, es Sentara ls (1 18:109-131)") 9 lene Zar Kiihder Cowal (ebeto «mi cradveeién con preenscieycoas WE Bejan, “Parsee dela ven’ Santiago Meer Pesador 2008) 38 ‘Su gravamen sigue siendo efectivo y eficiente alli donde los programas de racionalizacién y de secularizacién parecian haber desencantado el mundo. En debate con ellos, el plan benja- miniano ha supuesto una reformulacién radical dela critica dela raadn, que amplia la nocién de experiencia, descubreen las operaciones dela razén registros ret6ricos de construccién de la historia y formula estrategias en clave dialéetica que ppuedan hacerse cargo de la complejidad de as relaciones que todo ello implica*. “Hacer habitables—dice programéricamente Benjamin cen la Obra de los Parajes— unas regiones en que hasta ahora prolifera la locura. Adencrarse con el hacha agueada de la rax z6ny sin ver a derecha ni a izquierda, para no caer en el es panto que nos seduce desde la profundidad della selva. Todo -suels debiera ser hecho una vez habitable por la azn, depu- ado de la maleza del delirio y del mito. El delitio y el mio encadenan al ser humano alla repeticién de la violencia, cerniendo por doquier la faz atetradora dela naturaleza. Pero “{l]a magia liberadora de que dispone el cuento, no pone en juego a la nacuraleza de modo mitico, sino que es Jaalusién a su complicidad con el hombre liberado”. Si—como propo- ne complejamente La tarea del rraductor— la ceaduccién apuntaal horizonte mesiénico dela lengua pura, la narracién guardala memoria dela primera emancipaciéa de los pode- 5 oe cin de la enn 7 oa demande de concpte amplado de expense esponte por primers ves de manern expla enol tomprano enieyo ‘Uber dat ‘roi der Een Plas (Soe el progr de fn Rt GS, Tet, pp. 137-170, 2 Panagrooeh, N 1,4: GS Vols p. 57043 of W. Benjamin, Le dees ox ‘pons, yp 12 39 resmiticos, deménicos. La peculiaridad de la dialéctica benja- miniana consiste precisamente en su instalacién en estos dos ‘momentos liminares, que acenvdan la violencia de las oposi- cones. Esta agudlizacién impide que la dialéctica capitaice las oposiciones en la consolidacién dela identidad que ha hecho suyas, como momentos constitutivos y subordinadas, las di- ferencias. Algo enteramente otro despunta en esaslindes. He sugerido que el carter aurdtico dela narracién esté direcramente vinculado a un modo suyo, que no sblo da cuen- «ade suapelacién al valor de eternidad, sino que también es responsable de esa especie de peculiar anonimato que inviste a la historia narrada, Benjamin se refiere a este punto para introducir su mencién del relato La algjandrita de Leskov, que reservé para el tiltimo de los capitulos de su ensayo, con tun gesto que debiera ser considerado particularmente signifi- cativo, Hablando de la acendrada comprensién que tiene el narrador —particularmente, en este caso, el escritor ruso— del mundo dela criaeura (ya tocaremos esto y su relacién con Ja justcia) celebra aquel relato como uno en que “la vor del narrador anénimo, que existi6 antes de toda literatura,” re- suena de manera plenamence perceptible, Hay razones para pensar que el “narrador andnimo”, anterior a toda liceratura —y querria decir esto: también al arte de narrac—no ¢s oto “que lavorde a naturaleza’, como sugiere el relato homéni- ‘mo que ha comentado Benjamin en el capitulo inmediata- ‘mente precedente, La “naturaleza del narrador” ese natrador de la naturaleza, el narrador del mundo de la cviatura. Del ‘mismo modo en que opera esta "vor" en ese relato (Se recor- 40 dard que la fuente y la indole propia de narrar es a oralidad), es decir, como causa y ocasién de memento, la narracién con- sumada, cuyo elemento inspirador es la memoria (Geddcht- nis) que trama la red ideal de todas las historias, esla catém- resis —si se me permite emplear este neologismo®— de la pura voz de aquel narrador primordial. No lo que habla por ella, lo que resuena en esa voz es lo inolvidable. La repeticién En cierto sentido, podrfa decirse que la repeticidnes, en Benjamin, el artificio de los artificios. Esa es la significacién que adopta desde El origen del drama barroco alemdms hasta La obra de arte en la época de su reproducibilidad réenica. En. particular la repeticin es la fuerza que corroe con mis tena- ‘idad ¢ inexorablemente el aura. La definicién que de éta se dan el gran ensayo sobre la obra de arte —“manifescacién irvepecible de una lejanfa por cercana que pueda escar” (ein ‘alige Erscheinung einer Fern, so nah sie sein magy""— tiene precisamente en la irreperibilided, en la absoluta einsusticui- ble singularidad (einmalig lo que ocurre de una vez unasola vez) su condicisn sine gua non, Perola formula benjaminiana, euidadosamente caibra- da [Link] términos y en su sintaxis, exige ser leida en varias, fases y en diversos estratos de verdad, si puede decirse asi. En aol ated tra come el eon a ro oo eo) org Cerda secia inves del ping east sta el eran BGS 2p 6. a la formula “manifestacién irrepetible” esté la palabra Enschei- rung, que significa tanto “aparici6n”, en el sentido hacerse algo patente, aparecer, como “apariencia",en el sentido usual- mente defectivo de ilusién y engaio, mero parecer. Como suele sucederen la gramatica benjaminiana de los conceptos, estos dos sentidos estin anudados en el mismo vocablo y dlispugstos en una recfproca tensi6n, que es dialéetica en la acepcién que Benjamin asignaba a esta nocién y cuya regla, precisamente, s6lo puede inferirse de construcciones como a, En ella, cada uno de ambos sentidos, en cuanto se opo- neal o2ro, lo refuerza, y sto quiere decir: lo constituye en y por la oposicién, pero de tal modo que cada uno pone al otro de manifiesto y es as el principio de su critica. De he- cho, podria decirse que la tensi6n que subsiste entre fos dos, sentidos explicita la ambivalencia esencial que cen(a el téemi- no Schein en El origen... 0 en Las afinidades electivas de Goethe, y que como bien se sabe es la determinacién canéni- cadelo quela eradicién metafisica de Occidente piensa como esencia deo bello ylabelleza. La dialéctica de estas oposicio- nes considera ciertamente un tercero, pero su clave estribaen que este tercero no es la sintesis 0 la reconciliacién de los ‘opuestos (en el seatido constructivo de Hegel y sus epfgo- nos), sino se interrupeidn tal es lo que Benjamin concibe bajo la expresién “dialéctica en suspenso” (Dilek im Sti- Useand, cambién “dialécticaen estado de detencién, de arces- to”), asociable con lo que el “Prélogo episcemo-critico” a Et orige... lama ‘la muerte de laintencién’ en cuanto posibi- Tidad de la verdad en su pureaa, como asimismo con la es- a cructura de la alegozfa y con el momentum mesidnico propio de la inteligencia benjaminiana dela historia. En la medida en que el rercero no es categorialmente,logica y epistemolé- sicamente susceptible de ser coordinado con los términos de la oposicidn, sino que es precisamente lo que ésta excluye, podria decirse que ese tercero interruptor, que destella en el suspenso, es la deseruccién del efculo encantado dela oposi ign. El ercero incerruptores, entonces, un terceroexcluido, queen el momento de su emergencia descruye del plexo que define ala oposicién. El rasgo destructivo es inseparable dela dialéctica benjaminiana. Por eso, la irrepetiblidad no puede ser entendida sin _mis como un atributo propio dela Fricheinung de determi- nados objetos en virtud de la naturaleza peculiar de éstos, sino como una apariencia cuya razén consiste en la reiterativa experiencia de tales objetos bajo condiciones determinadas y a la vez subrepricias, es decir, condiciones que no ingresan teméticamente en el circulo de dicha experiencia; nose olv- dard que el concepto de aura estéasociado a una tesis sobre el condicionamiento y la eansformacién histérica dela percep- —-Pudatesdelovedivores Avobjeco de no ensoxpecer la lectura de EI Narradorhe situado las notas correspondientes en un cuerpo aparte, acon- tinuacién del ensayo. Las de los feagmentos figuran a pie de pégina. En algunas deellas, como sefilé antes, hice uso delas precisiones que estén contenidas en el reporte de los edicore. De las notas, unas atafien a opciones de traduccién, owas a cconceptos (que también son considerados en la introduccién), otras refieren a textos de Benjamin que tienen relacién conel, ensayo, y otras, en fin, entregan antecedentes sobre autores y obras considerados 0 mencionados en el texto. En cuanto ala traduccién, no es mucho, creo, lo que vengo que decir. Existia, hasta dande sé, nna versién prepara- dapor Roberto Blatey publicada por la Editorial Taurus, de “Madrid, en 1991. Como he acostumbrado decir en otras traducciones que he perpetrado, siento que las comparacio- nes son de mal gusto, sobre todo cuando se llama la atencién sobre los yerros yfalencias de las tentativas anteriores. Baste 55 decir quela versién de Blatt, que considero en general acertax da, contiene cieros errores que, confio, han sido subsanados cen sta, Agrandes rasgos, se puede decie que el presente texto de Benjamin no oftece las dificultades que en otros casos inguietan al traductor hasta la congoja, pero la peculiaridad de su estilo, la complejidad de sus formulaciones y, desde luego, el rigor con que estén acuiados sus conceptos obligan en todo momento a adoptar decisiones en las cuales la som- brade la duda permanece, hasta cierto punto, indeleble. ‘Walter Benjamin El Narrador + Consideraciones sobre la obra de Nikolai Leskov' El narrador? —por familiar que nos suene el nombre— no est de ningtin modo presente para nosotros en su vivi cficacia. Nos resulta algo alejado ya y que sigue alejindose. Presentara un Leskov* como narrador no quiere decir aproxi- mémnoslo, sino mds bien aumentar la distancia que de él nos, separa, Considerado desde una determinada lejanta, los gran- des y simples rasgos que constituyen al narrador se imponen ‘endl, Mejor dicho, aparecen en élcomo pueden aparecer una cabeza humana o un cuerpo animal sobre una roca para el observador que esta la correcta distancia y en el Angulo co- recto de vision. Esta distancia y este Angulo nos los prescribe tuna experiencia que tenemos ocasién de hacer casi cotidiana- 1831 en la goberacon de Oral y mura on 1895 = Fererburgs. or sus interes y simpunst cmp Geoe eras afciade oe ‘Tlnoi por sa erenrsenreligias, con Denlek. Pere prcamenteequcos ‘exitne que dan expose aloe principe y Lo daca, ls aovels ce a epoek temprna roboron ste ptepeeceden desu ob La digicasn de Lek at ns stony os perteeeen tun ea lero ce su poduccon. Desde ‘dela guar ean erpreaico mache enavs ce dacs concer entree en & “ambit del lengua alemana. Jone s Jor pequess vlumenersorlpicor Gels aor sarin y de a Enel Georg Mller cen peimer tm, selec cn nuove omer dea Edtoal CH. Bese 59 mente. Nos dice ella que el are de natrar llega a sufin. Cada vez més raro es encontrarse con gente que pueda narrar algo honestamente. Con frecuencia cada vez mayor se difunde la perplejidad en la terval, cuando se formula el deseo de escu- char una historia, Es como si una facultad que nos pareci inalienable, la més segura entre las seguras, nos fuese arreba- cada. Tab la faculead de intercambiar experiencia. cotizacién ‘Una causa de este fenémeno es palmatia: de la expetiencia ha cafdo. Y da la impresién de que sigue cayendo en un sin fondo. Cualquier ojeada al periédico da pruebas de que ha alcanzado un nuevo nivel minimo, de ‘manera que no sélo la imagen del mundo exterior, sino tam- bién a imagen del mundo ético han sufrido, dela noche ala mafiana, transformaciones que jamds se consideraron posi- bles, Con la Guerra Mundial comenzé a hacerse evidente un proceso que desde entonces no ha legado a derenerse. Nose advirté que la gente volvia enmudecida del campo de bara lla? No més rica, sino més pobre en experiencia comunici- ble. Lo que diez afios més tarde se derramné en la marea de los libros de guerra, era todo lo contrario de una experiencia que se transmite de boca en boca. ¥ es0 no era extrafio, Pues jamds fueron desmentidas mds profundamente las experien- cias como [lo fueron) las estratégicas por la guerra de trinche- 135 las econémicas por la inflacién, las corp6reas por la baa- lla mecénica, las éticas por los decentadores del poder. Una sgeneracién que todavia habia ido a la escuela en el carro de sangre, se encontré aa intemperie, en un paisajeen que nada aqueds inalterado salvo las nubes, y bajo ellas,en un campo de fuerza de torrentes devastadores y de explosiones, el infi- mo y quebradizo cuerpo humano’. I. La experiencia que se transmie de boca en boca es la fuente de la que han bebido todos los narradores. ¥ entre aquellos que escribieron historias, son los grandes quienes en su escrisura menos se apartan del discurso de los muchos na- rradores anénimos. Entre ellos, por fo demés, hay dos gru- [pos que por cierto estén compenetrados entre s{ de muchas modos. Yla figura del narrador adquiere su plena corporei- dad sélo para aquel que ambos los tenga presentes. “Cuan- do alguien realiza un viaje, puede contar algo”, reza el dicho popular’ y se representa al narrador como alguien que viene de muy lejos. Pero no es con menor agrado que se escucha al que habiéndose ganado honestamente su sustento, permane- cid en el pago y conoce sus tradiciones ¢ historias. Si se quiere hacer presentes a estos dos grupos en sus represencantes arcai- cos, uno estard encatnado por el campesino sedentario y el otro por el marino mercante. De hecho, ambos modos de vida han producido en cierta medida sus propias estispes de narradores. Cada und de estas estiepes preserva algunas de sus ppeculiaridades aun siglos mis tarde. Ast, entre los ms recien- tes narradores alemanes, los Hebel’ y Gorthel# proceden del primer grupo, y los Sealtield? y Gersticker* del segundo. Pero, por lo demés, como se dijo, estas estirpes sélo consti- a tuyen tipos fundamentales?, La extensién real del dominio delasnarraciones en toda su amplitud histérica no es conce- bible sin la més intima compenetracién de estos dos tipos arcaicos. Semejante compenetracién fue estblecida muy es- pecialmente por la Edad Media en las corporaciones artesa- rales, El maestro sedentario y los aprendices errantes trabaja- ban juntos en el mismo taller; y todo maestro habia sido aprendiz errante antes de establecerse en su patriao en el ex sranjero. Si campesinos y marineros fueron maestros ances- rales de la narracién, el estamento artesanal fue su escuela superior. En ella se combinaba la noticia de a Iejanf, tal como le trala a casa el que mucho ha viajado, con la noticia del pretérito que se contla de preferencia al sedencario™, Il. LLeskov sesiente tan en casa en la Iejanta del espacio como cen la del tiempo, Percenecia a la Iglesia Ortodoxa Griega, y ciercamente como hombre de sincero interés religioso. No fue un opositor menos sincero de la burocracia eclesiéstica. Y como tampoco se levaba bien con la burocracia seculas, los puestoe oficiales que llegé a ocupar no fueron duraderos. Para su producciéa, el puesto de representante ruso de una em- ‘presa inglesa que desempei6 durante mucho tiempo fue en- ‘re todos probablemente el més provechoso. Por encargo de esa empresa viajé por Rusia, ¥ ¢s0s viajes estimularon tanto su sagacidad mundana como el conocimiento de las condi- ciones de Rusia. De esta suerte tuvo oportunidad de familia rirarse con la organizacién de las sectas del pais. Ello dejé su hnuellaen sus relatos. En las leyendasrusas Leskov vio aliados en la Jucha que emprendié contra la burocracia ortodoxa, Suyos hay una serie de relatos legendarios, cuyo cencro es el hombre justo, rara vez un asceta, la mayoria de las veces un hombre sencillo y hacendoso que llega a asemejarse al santo de la manera més natural del mundo, La exaleaci6n mistica noes el asunto de Leskov. Por mucho que en ocasiones gus- tosamente afioraba lo maravilloso, prefeia aferrarse, aun en sudevoci6n, a una robusta nacuralidad. El modelo lo ve en el hombre que se sience a gusco en Ia terra, sin involucrarse tan profundamente con ella, Mostré una correspondiente acti ud en el Ambito profano. Bien le cuadra a esa actitud el hae ber empezado a escribir tarde, alos 29 afios, Eso fue después deus viajes comerciales. Su primer trabajo impreso se tculé Por gud son caros ls libros en Kiev? Una sete ulterior de escri- tos sobre la clase obsera, sobre el alecholismo, sobre médicos dela polica", sobre comerciantes desempleados, son los pre- ccursores de sus relatos. Tv. Laorientacién al incerés prctico es rasgo caracteristica de ‘muchos narradores natos. Con mayor tenacidad que en Les- kkov se la puede aprecias, por ejemplo, en un Gorthelf, que dabaa sus campesinos consejos de agricultura;selo encuentra 6 en un Nodier®, que se ocupé de los peligros del alumbrado a gs; igualmente esté en esta serie un Hebel, que deslizaba ppequefas instrucciones de ciencia narural en su Cofreito dete- sore, Todo esto apuntaa lo que estéen juego en toda verda- derannarracign. Trae consigo, abierta uvelada, su utilidad. Una vvex podré consistir esta utilidad en una moraleja, otra [Link] una indicaci préctica, una teroera en un proverbio oen una regla de vida: en todos ls asos, el narrador es un hombre que tiene consejo para daral oyente. Yaunque hoy el “tener conse- jo que dat” nos suene pasado de moda, ello se debe ala cir- ccunstancia de que la comunicabilidad dela experiencia decre- ce, A consecuencia de esto, carecemos de consejo tanto para nosotros mismas como pata los dems. El consejo es menos a ‘respuesta una pregunta como una propuesta concerniente a lacontinuacién de una historia (que se est{ desarrollando en el momento). Para procurdmnoslo, serfa ante todo necesatio ser ccapaces de narrarla. (Sin considerar que un sér humano sélo se abre a un consejo en la medida en que deja hablar asu sirua- in.) El consejo, entrerjido en la materia dela vida que se vive, es sabiduria,Elarce de narrar se aproxima asu fin, porque cllado épico dela verdad, la sabidura, se extingue. Pero éstees tun proceso que viene de muy atrés. Y nada seria mds necio que ‘querer ver en él una “manifestaci6n’de decadencia’, para no hablar de un “fenémeno moderno”. Es mds bien un fendmeno ‘queacompafiaa unas fuereas productivas hist6ricas seculares, clcual ha desplazaco muy paulatinamente a la narracién del mbito del habla viva, y que hace sencic a la vez una nueva belleraen lo quesse desvanece. El mas temprano indicio de un proceso en cuyo vérmi- no esti el ocaso dela narracién es el advenimiento dela nove- Jaacomienzos de la época moderna, Lo que separa la nove- Ja de la narracién (y de lo épico en sentido estrcto}, es su dependencia esencial del libro. La propagacién de la novela sélo se hace posible con la invencién de la imprenta: Lo oral- ‘mente transmisible, pattimonio de la épica, es de otra indole que aquello que constituye el haber de una novela. Destaca a Ja novela frente a todas las demds formas de literatura en pro- sa—fubula, leyenda y novela corsa, incluso— el que no pro- venga dela tradicién oral ni se integcea ella. Pero sobre todo Ja destace frente al narrar, El narrador toma lo que narra dela experiencia; [de] la suya propia ola referida, Yla conviertea suver en experiencia de aquellos que escuchan su historia. El novelistase ha segregado. La cémara de nacimiento de la ao- vvela es el individuo en su soledad, que yano puede expresarse cde manera ejemplar sobre sus aspiraciones més importantes, que carece de consejo y no puede darlo. Excribir una novela significa llevar al épice lo inconmensurable en la representa~ ign de la vida humana, En medio de la pleniud dé fa vide, y mediante la representacidn de esta plenivud, la novela noti- fica la profunda perplejidad” del viviente. El primer gran libro del género, el Don Quijote, ya ensefia cémo le magne- nimidad, la audacia, el aleeuismo de uno de fos més nobles —precisamente de Don Quijore— estén completamente desasistidos de consejo y no contienen nila menor chispa de 65 sabiduria', Si una y otra vez alo largo de los siglos —de la manera mis eficiente acaso en Los afios de andanza de Wil- helm Meister? — se intenté introducir ensefianzas en la no- ‘ela, exo intencosterminan siempre en una vatiacién dela forma misma de la novela. Por el contratio, la novela de for- macién'” no se aparta de ningiin modo de la estructura fun- damental dela novela. A integrar el proceso dela vida social nel desarollo de una persona, permite que prospere lajus- tficacibn més fégil imaginable para los drdenes que deter- sminan [ee proceso]. Sulegitimacién estd sesgada respecto de su realidad. Lo insuficiente deviene acontecimiento precisa mente en la novela de formacién. VI. Setiene que pensar la transformacién de las formas épi- cascomo algo que se lleva.a cabo en ritmos comparables a los dela ransformacién que ha suftido la superficie dela tierra en el wanscurso de miles de cencutias. Dificilmente se han configurado (otras) formas de comunicacién humanas con mayor entitud, y con mayor lentitud se han perdido, La novela, cuyos inicios se remontan a la antigiledad, cequirié cients de afios antes de dar, en [a incipiente burguesfa, con leselementos que le fueron favorables para su florecimiento. Con la aparicién de estos elementos, al punto comené la narracién, muy lentamente, a retirarse a lo arcaico; cierto es que se apropié de maneras miiliples del nuevo contenido, pero no fue verdaderamente determinado por éste. Por otra parte, advertimos que con el consolidado dominio dela bur- _guesfa, a cuyos més importantes inscrumentos pertenece la [Link] el capitalismo avanzado, [Link] escena una forma de comunicacién que, por remoto que sea su origen, jamis habfa influenciado ala forma épica de manera determinante Pero ahora silo hace. Y se hace evidente que se enfrentaala narracién de modo no menos ajeno, pero mucho més ame- anazante que la novela, levando ademds a ésta, por su parte, a ‘una crisis, Esta nueva forma dela comunicacién es la infor- macién, Villemessant, el fundador de Le Figaro”, caracteriaé la esencia de la informacién con una férmula célebre. “A mis lectores’, solia decir, “el incendio de una techumbre ea el Quartier Latin les es més importante que una revolucién en Madrid”, De golpe queda claro que ahora ya no la noticia que proviene de lejos, sino a informacién que suministra un ;punto de reparo para lo més préximo, es aquello alo que se presta oidos de preferencia. La noticia que venta de lejos — sea la espacial de paises Iejanos, o la temporal de la tradi- cién— disponfa de una autoridad que le otorgaba vigencia, aun en los casos en que no se la sometia a control. La infor- macién, en cambio, reclama una pronta verificabilidad. Esa esla [condicion] primera por la cual se presenta como “com prensible de suyo". A menudo no es mds exacta de o que fue Ianoticia en siglos anteriores. Pero, mientras que ésta gusto- samente comaba prestado de lo maravlloso, paralainforma- ci6n es indispensable que suene plausible. Por ello se demues- o tra incompatible con el espiritu de la narraci6n. Si eLarte de narrar se ha vuelto raro, la propagacién de la informacién tiene parte decisivaen tal estado de cosas. ‘Cada mafiana nos instruye sobre las novedades del orbe. ‘sin embargo somos pobres en historias dignas de nora, Esto se debe a que ya no nos alcanza ningiin suceso que no se mponga con explicaciones. En otras palabras: [Link] nada de Jo que aconcece redunda en beneficio dela narracién, y casi todo [en beneficio] de la informacién. ¥ es que ya la mitad del arce de narrr estriba en mantener una historia libre de cexplicaciones al paso que se la relara™. En eso Leskov es un maestro (piénseseen pieras como Elengaito, El dguila blan- cd), Lo exeraordinario, lo maravilloso, se narran. con la ma- yor exactitud, y no se le impone al lector la conexi6n psico- Iogica del acontecer. Queda asu arbitrio explicarse el asunto +l como lo compzende, y con ello aleanza lo narrado una amplivud que sla informacién le falta. Vil. Leskov acudié a la escuela de los antiguos. El primer narrador de los griegos fue Herédoto. En el decimocuarto capitulo del libro tercero de sus Historias, hay una historia de aque mucho puede aprenderse. Tata de Psaménito, Cuan- do Psaménito, rey de os egipcios, fue derrotado y capeurado porel rey persa Cambises, ese timo se propuso humillar al ptisionero, Dio orden de situar a Psaménito en la calle por donde debia pasar el cortejo triunfal de los persas. Dispuso ademés que el prisionero viera a su hija pasar en calidad de criada que llevaba el cintaro a la fuente. Mientras todos los egipcios se dolfan y lamentaban ante tal espectéculo, Psamé- nito permanecfa solo, callado e inmutable, los ojos clavados, enel suelosy permanecié igualmente inmutable al ver pasara su hijo, momentos después, que era conducido en el desfile para su ejecucién. Pero cuando luego reconocié en las filas de los prisioneros a uno de sus criados, un hombre anciano y empobrecido, se golped la cabeza con fos pufios y mostré todos los signos de la ms profunda alicci6n’®, Enesta historia se puede apreciar qué pasa con la verda- ddera narracién, La informacién tiene su recompensa en el instance. que fue nueva. Sélo vive en ese instante, tiene que cencregarse totalmente al y explicarse en dl sin perder iem- po. Distineamente la narracién; ella no se desgasca. Mantiene su fuerza acumulada, y es capaz de desplegarse atin después de largo tiempo. As/es como Montaigne volvié ala historia del rey egipcio, pregunténdose: ;Por qué sélo se lamenta ante lavisidn del criado? ¥ Montaigne responde: “Porque estando ya tan transido de pena, sélo requeria el mas minimo incre- ‘mento, para derribar los diques quela contenfan”™, AsfMon- taigne. Pero-tambigh podsia decirse: “No conmueve al rey el destino de la realeza, porque es el suyo propio”. O bien: “En Ja escena nos conmueven muchas [cosas] que no nos con- mueven en la vida; este criado no es mds que un actor para el rey’. O aun: “El gran dolor se acumula y sélo irrumpe al relajarnos. La visin de ese criado fue la distensién”. —Heré- 6 doto no explica nada. Su reporte es de lo mas seco. Por 50, cesta historia del antiguo Egipto estd en condiciones, después demiles de aio, de susctar asombro y reflexién. Seasemeja alas semillas de grano que, milenariamente encerradas en las céevaras dels pitdmides al abrigo del aire, han conservado su poder germinativo hasta nuestros dias. VII. Nada hay que recomiende las historias a la memoria nds duraderamente, que la casta concisin que ls susrae del andlisis psicoldgico.¥ cuanto més nacural le sea narrador la renunciaa la matizacién psicol6gica, tanto mayorla expecta- tiva de (la historia] de encontrar un lugar en la memoria del oyente, tanto més perfectamente se conforma a la expetien- cia de éste, tanto més gustosamente éste la volverd a narrar, tarde o temprano, Este proceso de asimilacién que ocurteen las profundidades, requiere un estado de relajacién que se hhace mas y mas rato, Si el suefio es el punto supremo de la reajacién corporal, el aburrimiento lo es de la relajaci6n es- piritual El aburtimiento es el psjaro de suefio que empolla el huevo de la experiencis®. El susurro del follaje fo ahuyenta. Sus nidos —Ias actividades que ce ligan intimamente al abu- rrimiento—se han extinguido en las ciudades, han declina- do ambién en el campo. Con ello se pierde el dom de eseara Ia escucha, y desaparece la comunidad de los que tienen el ofdo alera. Narra historias siempre ha sido el arce de volver anarrarlas, y éste se pierde si las historias ya no se retienen. Se pierde porque ya no se teje ni se hila mientras se les presta ‘ido. Cuanto més olvidado de si mismo esté el que escucha, tanto mis profundamente se imprime en él lo escuchado. Cuando el ritmo de su trabajo se ha posesionado de é, escu- cha las historias de modo tal que de suyo lees concedido el don de narrarlas. Ast, pues, esté constituida la red’en que descansa el don de narrat. Ast se deshace hoy por todos sus ‘cabos, después de que se anudarz, hace milenios, en el circulo de las formas mds antiguas de artesania, IX Lanatracidn, tal como prospera lentamente en el efecu- lo del artesanado —el campesino, el marftimo y luego el ur- bano—, es también, por decilo asl, una forma artesanal de la comunicacién. No se propone transmitir el puro “en si” del asunto, como una informacién o un reporte. Sumerge el asunto en la vida del relator, para poder luego recuperarlo desde alli. Asf, queda adherida a la narracién la huella del narrador, como la huella dela mano del alfarero ala superfi- cie desu vasija de arcilla. Los narradores son proclives a em- pezar su historia con una exposicién de las citcunstancias en ‘que ellos mismos se enteraron de lo que seguiré, si ya no lo ofiecen llanamente como algo que ellos mismos haa vivido. Leskov comienza Elengafioconla descripcié de un viaje en, ‘tren, en el cual escuché de un acompafiante fos sucesos quea n continuacién refiere; o rememora el entierro de Dostoyevs- kal que refiere su conocimiento de la heroina del rlato A proplsto de la Sonata Kreuzer, o bien evoca una reunién en un citculo de lecrura en que se formiularon los pormenores que nos reproduce en Hombres interesantes. Ast es como st. huella se hace evidente de muchos modos en lo narrado, si no como de quien lo vivid, por ser el que lo reporta. Por lo dems, Leskov mismo sintié este are arvesanal, el narrar como tn ofci, “La literatura’, dice en una de sus car- tas, “no es para mi un arte liberal, sino una artesania'. No puede sorprender que se haya sentido vinculado ala artesania, ‘yen cambio se mancuviese ajeno ala eécnica industrial. Tols- toi, que ha de haber tenido comprensi6n al respecto, coca en cocasiones este nervio del don narrativo de Leskev, cuando lo califica como el primero “en sefalar la insuficiencia del progre- so econémico,.. Es curioso que se lea tanto a Dostoyers. En cambio, simplemente no entiendo por qué no seleeaLes- koy. Es un escrtor fel a la verdad”. En su ladina y arrogance ia La pulga de acero, a medio camino entre leyenda y farsa, Leskov enaltece la artesania verndcula en (la persona de] Jos plateros de Tula. Su obra maestra, la pulga de acero, llega Jos ojos de Pedro el Grande y convence a ste de que los rusos no tienen por qué avergonzarse ante los ingleses"*. La imagen espititual de esa esfera artesanal de la que proviene el narrador tal vez no ha sido jamés circunscrita de ‘manera can significativa como por Paul Valéry. Habla de las cosas perfecras dela naruraleza, de perls inmaculadas, vinos plenosy maduros,criauras verdaderamente cumplidas, y las, lama “la preciosa obra de una larga cadena de causas seme~ jances entre 31°”, Pero la acumulacién de tales causas sélo tiene su limite temporal en la perfeccidn. “Antafi, este pa~ ciente proceder de la naturaleza”, sigue diciendo Paul Valéry, “era imitado porlos hombres. Miniaturas,tallas de marfiles, claboradas a la perfeccién, piedras que con el pulido y laes- tampacién quedan perfectas, trabgjos en laca 0 pinturas en las que una serie de delgadas capas transparentes se superpo- nen... —todas estas producciones de esfuerzo persistente y abnegado estén en curso de desapariciSn, y ya pas el tiempo ‘en que el tiempo no contaba. El hombre de hoy ya no traba- jaen lo que no es susceprible de ser abreviado"™*. De hecho, ha logrado abreviar incluso la narracién. Hemos vivido el desarrollo del shor story que se ha sustraido dela tradicién coral y yano permite aquella superposicion de capas delgadas y tansparentes, a cual oftece la imagen més acertada del modo yy manera en que la narracién perfecta emerge de la escratifica- cién de mileiples relatos sucesivos. x Valécy termina su reflexién con esta frase: “Es casi como sila declinacién del pensamiento de a eternidad coincidiese ‘con la creciente aversién a trabajos de larga duracién’™. El pensumiento dela eternidad ha tenido desde siempre su fuente més consistente en Ja muerte. Cuando este pensamiento se desvanece, as inferimos, tiene que haber cambiado el rostro B de la muerte. Esta transformacién muestra ser la misma que disminuyé la comunicabilidad de la experiencia a cal grado que se legs al fin del arte de narras. Desde hace una serie de siglos se puede observar cmo la conciencia colectiva del pensamiento de la muerte sufre una pérdida en omnipresencia y fuerza pléstica. En sus ilti- ‘mas etapas, este proceso se desarrolla acsleradamente. Yen el teanscurso del siglo diecinueve, la sociedad burguesa ha pro- dacido, mediante insticuciones higiénicas y sociales, privadas 1 pliblicas, un efecto secundario, que ha sido quizd su verda- dero fin capital subconsciente: procurarlea la gente la posibi- lidad de suseraerse a la visién de los moribundos. El mocir, que antafo fue un proceso pubblico en la vida del individuo y altamente ejemplar (piénsese en las imégenes de la Edad ‘Media, en que el lecho de muerte se ha convertido en un ‘ono, ante el cual se apretuja el pueblo a través de las puertas dela casa del moribundo, abiercas de par en par) —el moris, cen el curso de Ia época moderna, es expulsado més y més, fuera del mundo perceptivo de los vives. En otros tiempos no habfa casa ni apenas cuarto, en que ya no hubiese muerto alguien alguna vez. (La Edad Media experiments también expacialmente quello que expresa como sentimiento del tiem- po lainsctipcién de un reloj solar de Ibiza: Ulriia mulsis®.) Hoy los ciudadanos, en espacios que estin depurados de la suerte, son secos habitances de laerernidad, y cuando llegan al final, son arrumados por sus herederos en sanatorios u hospitales. Sin embargo, no s6lo el conocimiento o la sabi- uria del hombre, sino sobre todo la vida que ha vivido —y % Ge esel material del que nacen las historias— adquieren pri- ‘meramente en el moribundo una forma transmisible. Dela ‘misma manera en que una serie de imagenes se ponen en jento en a interioridad del hombre con el término de la vida —que consisten en las visiones de fa propia persona, bajo las cuales, ‘mo—, asi mismo aflora siibitamente en sus expresiones y arse cuenta, se ha encontrado a si mis- ‘miradas lo inolvidable, y comunica a todo lo que le ha con- cernido la autoridad que hasta el més misero ladrén pose, al sori, sobre los vivos que lo rodean, En elorigen de lo narra does esa autoridad. Xi. La muerte ¢s la sancién de todo lo que el narrador puede referir, De ella tiene prescada su autoridad. En otras palabras: sus historias nos remiten a la historia nacural31. Esto ha sido expresado de forma ejemplar en una de las {historias) més hermosas, que nos dado el incomparable Johann Peter Hebel, Eseé en el Pequerio Tesoro del Amigo Renano de la Casa, se llama Inesperads reencuensro, y co- mienza con el compromiso matrimonial de un mozuelo (que trabaja en las minas de Falun. En la vispera de la boda, Ja muerce de minero lo arrebata en el fondo de su galeria. Su prometida continda siéndole fel después de la muerte, ry vive lo suficiente como para reconocer 2 su novio cuando, ya convertida en una madrecita ancianisima, cierto dia, de la perdida galerfa, es extraido un cadéver que, saturado de vitsiolo de hiecro, se ha preservado de la putrefaccién. Al cabo de este reencuentro, fa muerte tambign la reclama a ella, Y come Hebel, en el transcurso de este relato, se vela cen la necesidad de hacer patente la larga hilera de los afios, lo hace con las siguientes frases: “Entretanto la ciudad de Lisboa en Porcugal fue destruida por un terremoro, y pas6 la Guerra de los Siete Afios, y murié el emperador Francis- co I, y la Orden de los Jesuitas fue disuelta y Polonia divi- ida, y muri la emperatriz Maria Teresa, y Seruensee fue cjecuado, América seliberé, y las fuerzas conjuntas de Fran- cia y Espafia no lograron conquistar Gibraltar. Los eurcos “encerraron al general Stein en la cueva de los Veteranos en Hungrfa, y ambien fallecié el emperador José. El rey Gus- tayo de Suecia conquisté la Finlandia rusa, y a Revolucién Francesa la larga guerra comenzaron, y también el empe- rador Leopoldo II marché a la tumba. Napoleén conquis- £6 Prusia, y fos ingleses bombardearon Copenhague, y los campesinos sembraron y segaron. Los molineros molieron, y los herreros forjaron, y los mineros excavaron en pos de las vetas de metal en sus talleres subterréneos, Pero cuando Jos mineros de Falun en el afio 1809 ...”. Jams un narra- dor asenté su relacién més profundamente en la historia natural deo que lleva a cabo Hebel en esta cronologfa. No iis léasela con arencién: la muerte irrumpe en ella segtin tuurnos tan regulares como el Hombre de la Guadafid en las procesiones que a mediodia desfilan alrededor del reloj de lacatedral. 76 XIL “oda indagacién de una determinada forma épica tiene «que ver con la relacién en que esté esa forma con la historio- grafia, Més aun, hay que ir mds ally plancearse la pregunta de sila historiografia no representa acaso el punto de indife- rencia creativa entre todas las formas de la épica. Entonces, la historia escrita sera las formas épicas lo que es laluz blanca alos colores del espectro®, Sea como fuere, entre todas las formas de la épica no hay ninguna cuya presencia a la luz pura eincolora dela historia escrita sea mésindubicable que lacrénica™. Y en el amplio espectro dela crénica se gradian los modos en que se puede narrar como los matices de un + Xinico y mismo color. El cronista es el narrador dela historia. Puede evocarse oxra vezel pasaje de Hebel, que tiene de pun- c2acabo el acento dela crénica, y medir sin esfuerzo la dife- rencla entre el que escribe historia, el historiador, y el que la narra, el ronista, Et historiador est supeditado a explicar de tuna u otra manera los sucesos de los que se ocupas bajo nin- guna circunstancia puede contencarse con presentatlos como dechados del curso del mundo. Pero precisamente eso hace el cxonista, y de manera especialmente enfitica sus representan- tes clasicos, los cronistas de la Edad Media, que fueron los precursores de los posteriores historiégrafos. En la medida en que aquellos ponian en la base de su narracién hisedrica el plan divino de salvacién, que ¢s inescrutable, se desembara- zaron de antemano dela carga de una explicacion demostra- ble. En su lugar aparece la incerpretacién, que no tiene que ‘ver con un encadenamiento preciso de acontecimientos de- terminados, sino con el modo de insercarlos en el gran curso inescrutable del mundo*. No hace diferencia que el curso del mundo esté condi- cionado en términos hist6rico-salvificos o naturales, En el_ narrador se preservé el cronista en una figura transformada, secularizada, por asi decir, Leskov esti entre aquellos cuya obra da testimonio de este estado de cosas con especial clari- ‘dad. Ambos, el cronista, con su orientacién historico-salvifi- a, el narrador, com la suya profana, participan a tal punto de esta labor, que en algunas narcaciones apenas puede decidirse sila ramaen que aparecen es a (trama] dorada de una vision, religiosa del curso de las cosas 6 Ja multicolor de una vision profana. Piénsese en la narracién La alejandrisa, que trans- portaal lector “a ese tiempo antiguo en que las piedras en el seno della tierra ylos planetas en las aleuras celestiales atin se preocupaban del destino humano, y no como hoy en dia, ‘cuando tanto en los cielos como bajo la tierra rodo se ha vuelto indiferente al destino de los hijos del hombre, y yade ninguna parce les habla una vor o les obedece. Todos los pla- netas recientemente descubiertos ya no juegan papel alguno en los hordscopos, y hay también una muititud de nuevas piedras, todas medidas y ponderadas, probadas en su peso espectfico y su densidad, pero ya nada nos anuncian ni nos aportan utilidad alguna. El tiempo en que hablaban con los hombres ha pasado”, Tal como se ve, es apenas posible caracterizar unfvoce- mente el curso del mundo, como ilustra la narracién de Les- 78 kov. Estd decerminado por la historia de la salvacién o porla historia natural? Lo tinico cierto es que, precisamente a ticulo decurso del mundo, esté fuera de todas las categories histéri- «as propiamente dichas. La época, dice Leskoy, en queel ser hhumano pudo creerse en [Link] la navuraleza ha ex~ pirado, Schiller llamé a esa edad del mundo la época de la poesia ingenua®, Fl narrador le guarda fidelidad y su mirada nose aparta deaquellaesfera ante la cul se mueve la procesién de las criaruras,y en la que, segin el caso, tiene la muerte su puesto como caudilo 0 como liltimo y miserable rezagado. XII. _ -Raravez se toma en cuenta que la relacién ingenua del Gyente con el narrador estd dominada por el interés de con- * servar lo narrado. El punto cardinal para el oyente desprejui- ciado es asegurar la posibilidad de la reproduccién, La me- moria esla facultad pica por excelencia, Unicamente gracias, atuna memoria abarcadora puedela épica, por un lado, apro- piarse del curso de las cosas, y porel otro, con la desaparicién de éstas, hacer las paces con el poder de la muerte, No es sorprendente que para un sencillo, hombre del pueblo, tal como un dia se lo imaginara Leskov, el Zar, quees la cabeza del orbe en que sus historias ocurren, disponga dela memo- ria mds abarcadora, “De hecho, nuestro Zar’ se dice, "ytoda su familia poseen una memoria muy asombrose.” Mnemosyne, la memoriosa, era entre los griegos a musa 9 delo épico™. Este nombre trae al observador de vuelta a una enerucjada de la historia del mundo. Si, pues, lo registrado porel recuerdo la hisoriografia— representa la indiferen- cia crativa de las distineas formas épicas (asf como la gran. rosa represena la indiferencia eveativa entre las diversas me- didas del verso), su forma més antigua, la epopeya, incluye al selaroy ala novelaen viru de una especie de indiferencia®, Y cuando en el eranscurso de los siglos la novela empez6 a merger del seno de la epopeya, se hizo patente que el ele- mento delo épicoinspirado por la musa”, el recuerdo, apa- rece bajo una figura enteramente diferente que en el relato. El recuerdo funda la cadena de la tradicién que sucesi- ‘vameate transmite lo acontecido de generacién en genera cin, Es el elemento inspirador de la épica en sentido am- plio, Abarcalas species peculiares [asi] inspiradas de lo épi- co, Entre ellas est en primer lugar aquella que encarma el nazrador, Ela ia a red que forman en fin todas as historias. Unase enlaza a la ota, como han gustado de mostrarlo to- dos os grandes nazradoces y en particular los orientales. En cada uno de ellos habita una Sheherezade, ala que en cada pasaje de sus historias sele ocusre una historia nueva. Esta es tuna memoria épica y es el elemento inspirador de la narra- in, A ella hey que contraponer oto principio, (quel igual: recite [lleva la impronts defo inspitado por la muse (peto] ‘en un sentido més restringido, [y] que, como el elemento inspirado de la novela, inicialmente, es decir en la epopey2, esté oculto aun sn diferenciarse del elemento inspirador de Ja narracién, En todo caso, e vislumbra ocasionalmente en 80 las epopeyas. Ast, sobre todo, en los pasajes solemnes de las [epopeyas] homéricas, como las invocaciones ala musa que estdn en su comienzo. Lo que se anuncia en estos pasajes es la ‘memoria cternizadora del novelista en oposicién ala memo- ria effmera del narrador. La primera estéconsagrada a un hé- toe, a una odisea o 2 un combate; la segunda alos muchos eventos dispersos. Es, en otras palabras, la rememoracién, la «que como el elemento inspirador dela novela, se aparta dela memoria, elemento inspirador de la narcacién, después de ‘que con el derrumbe dela epopeya se escinde a unidad desu origen en el recuerdo. XIV. “Nadie”, dice Pascal, “muere tan pobre que no deje algo tras de's{*. También, ciertamente, recuerdos — sélo que 410s no siempre encuentran un heredero. E] novelista toma a su cargo este legado, y raras veces sin honda melancolia. Pues, tal como en una novela de Arnold Benneit® se dice de tuna muerta, “de nada le aprovechs la vida real”, as{ mismo suele ocurrirle ala sura del legado que el novelisca asume. A propésico de este aspecto de la cuestidn, debemios a Georg Lukscs la mds importante ackiraci6n, que ve en le novela “Ia forma de a apatridia* trascendental"™. Segiin Lukées lano- vela esa la vez la tinica forma que incorpora el tiempo en la serie de sus principios constitutivos. “El tiempo”, se dice en. a Teorta de la novela, “slo puede llegar a ser constitutive En ‘cuando ha cesado su vinculacién con la patria trascendental... Séloen la novela... separan sentido y vida y, por lo tanto, lo sencal delo temporal; casi puede decirse que toda la ac- cién interna de a novela no es otra cosa que una lucha contra el poder del iempo... ¥ de esto... se desprenden las vivencias remporales... de origen épico auténtico: la esperanza y el re- ‘uerdo...Sdlo en la novela... contece un recuerdo creativo, péitinence al objeto y que lo transforma... Aqui, la dualidad. deinwsioidad y mundo exterios” sélo “puede superarse para l sujet, site... percibe la unidad de la toraidad de su vide... desde la corriente vital preérica, congregada en el recuerdo... hintuicién que aprehende esta unidad,...secon- vierteen la captacién por intuicién y bazcunto del inalcanzae doy por elo inexpresable sentido de la vide"*. HI “Sentido dela vida” es de hecho el centro alrededor del cual se muevela novela. Pero la pregunta por él no es otra cosa quela expresion incipience de la perplejidad con la que cllector se ve instalado precisamence en esa vida escrita. Aqui “sentido de la vida” — alld “moraleja de la historia”: con estas cconsignas se contcaponen novela y narraci6n, y en ellas pue- den lees las coordenadas totalmente diferentes de estas for- mas artisticas. Siel més temprano modelo consumado de la novela es el Don Quijote, quizd el mds tardio sea la Education Senti- mental, En as palabras finales de esta novela, el sentido cqueenconte la edad busguesa al comienzo de su ocaso en su hacer omitr sea precipitado como las heces [del vino] en ol ecipiente de a vida. Frédéric” y Deslauriers, amigos de 8 juvencud, rememoran su amistad juvenil. Hubo allf una pe- 4quetia historia: de c6mo un dia, clandestinos y medrosos, se presentaron ea el burdel de a ciudad natal, sin hacer més que oftecer a la patronne un ramo de flores que hablan espigado en su jardin, “Todavia se hablaba de esta historia tres afos més tarde. Y sela contaban uno al otro prolijamente, com- pletando cada cual el recuerdo del otto. ‘Eso’, dijo Frédéric cuando terminacon, ‘fue quizé lo més hermoso en nuestra vida. ‘Sf, puede que tengas raz6n’, dijo Deslauriers, ‘quizé fue lo més hermoso en nuestra vida", Con este reconoci- micnco la novela lega a su fin, que le es propio en un sentido mis estricto que a cualquier otto relato. De hecho, no hay relato alguno ante el cual pierda su derecho fa pregunta: y qué pasé después? En cambio, a novela no puede esperar dar el mas minimo paso mis allé de ese imite en que ella invita al lector a figurarse en un vislumbre el sentido de la vida al cescribie la palabra “fini al pie de la pagina XV. El que escucha una historia, se estd en compafia del narrador; incluso el que lee participa de esa compafia. Pero el lector de una novela esté a solas. Lo est: mds que cualquier ‘oro lectoz. (Pues aun el que lee un poem esté dispuesto a prestarle vo las palabras para el oyente.) En ésta su soledad, cllector de novelas se apodera de su material con mayor celo que los demés. Esté dispuesto a apropiarse de él pot comple- 3 toyadevoralo, por decir ast, En efecto, destruye, devorael rmatetial como el fuego los lefios en la chimenea. La tensién aque atraviese Ia novela se parece mucho ala corriente de aire que animalla lama de la chimenea y aviva su juego. Materia seca es la que nutre el ardiente incerés del ec tor — :Qué significa esto? “Un hombre que muere a los treinta y cinco”, dijo una vez Moritz Heimann®, “es, en cada punto de su vida, un homibre que muere alos treinea y cinco.” Nada puede ser mas dudoso que esta frase, Pero tinicay exelusivamente porque se confunde con el tiempo. Laverdad que aquf se euvo en mientes es que un hombre que muere alos treinta y cinco affos aparecert a la rememo- racén en cada punto de su vida como un hombre que mue- realos rena y cinco afios. En otras palabras: esa frase, que no tiene sentido para la vida rea, se vuelve incontrovertible para la [vidal recordada, No se puede presentar mejor la naturaleza del personaje novelesco de lo que se hace en ella. Dice ela queel “sentido” desu vida sblo se revela a partir de sa muerte, Pero el lector de novelas busca efectivamente seres humanos en los que pueda descifrar el “sentido de la vidi’. Por es0, de un modo u otro, debe tener de antemano lacereza de asisir a su muerte, En todo caso, ala [muerte] figucada el fin dela novela. Aunque [es] mejor la de veras. Cémo le dan a entender [esos seres] que la muerte ya los scccha, y una muy determinada, y en un sitio muy deter- nizado? Esa es la pregunta que alimenta el vorazincerés del lector en el acontecer dela novela. Potlo tanto, noes significativa la novela por presentar- nos un destino ajeno, acaso muy educativamente sino por- que ese destino ajeno, por la fuerza de a llama que lo consu- ‘me, nos prodiga el calor que jamas obtenemos del propio. Lo que atrae al lecrora la novela es la esperanza decalentar su vida que se congela al abrigo de una muerte, de la que lee. XVI. “Leskov", esctibe Gorki, “es el escticor més profunda- mente... artaigado en el pueblo e intocado por toda influen- cia forded”, El gran narrador siempre estard enraizado en el ‘pueblo, y sobre todo en sus estraros artesanales, Pero as{como ét0s abarcan el elemento campesino, maritime y urbano en los miiltiples estadios de su grado de evolucién econémica y técnica, asf se gradvian muiltiplemente los conceptos en que su tesoro de expetiencias criscaliza para nosotros. (Para no hablar de a parcicipacién de ningyin modo despreciable que tienen los comerciantes en el arte de narrar; cuvieron ellos ‘menos que incrementar el contenido instructive que refinar Jas artimafias con que se cautiva la atencién del que escucha. Enel ciclo de historias Las mily una noches dejaron una hon- da huella). En breve, sin perjuicio del papel elemental que juega el narrar en la economia domestica de la humanidad, Jos conceptos que albergan el rédito de las narraciones son ‘yariadisimos, Lo que en Leskov parece consignarse inés d- cilmente en las [perspectivas) religiosas, en Hebel parece en- ajar como de suyo en las perspectivas pedagégicas de la Ths- 85 tran, aparece en Poe® como tradicion hermérica, encuen- ‘wan iltimo aslo en Kipling en el espacio dela vida de los marines ysoldados cotoniales briténicos. En esto es comin todoslos grandes nasradores a facilidad con que se mueven, subiendo y baando, como sobre una escala, por los peldafios desuexperiencia. Una excala que alcanza hasta las entrafias de latieray se pierde entre las aubes es la imagen de una expe- siencia coletiva, para la cual aun el més profundo shock de toda experiencia individual, la muerte, no representa impe- mento o barrera alguna. . “Ysino han muerto, viven hoy todavia", dice el cuen- todehadas®, El cuento, que aun hoy es el primer consejero éelos nities, porque anrafio fue el primero de la humanidad, pervive secretamente en el relato. El primet narrador verda- ero fue y seguirdsiendo el narrador de cuentos. Cuando el «conse era precado, la leyenda lo daba, y cuando el apremio ra mximo, se ayuda era la mds cercana. Ese apremio era el aptemio del mito. El cuento nos da noticias de las mas tem- pranas disposiciones que encontré la humanidad para sacu- dls la pesadilla que el mito habia depositado sobre su pe- cho, Senos muestra en la figura del tonto e5mo la humani- dad se “hace la ronta” ante el mito; en la figura del fiermano ‘menor, cémo crecen sus chances al alejase del tiempo mitico primordial en la figura del que partié 2 conocer el miedo, quelas cosas que alas que tenemos miedo pueden serescru- tadas; en la figura del sagaz, que las preguntas que plantea el rio son simples, como loes la pregunta de fa Esfinge; en la figura de los animales que en los cuentos vienen en auilio de 86 los nifios, que la naturaleza no se sabe supeditada s6lo al mito, sino que prefiere con mucho congregarse en torno alos sees hhumanos. Lo mas aconsejable, at le ha ensefiado el cuento desde ancafio 2 Ia humanidad, y sigue haciéndolo hoy a los nifios, es oponerse alas fuerzas del mundo mica con astucia ccinsolencia, (Asi el cuento polariza el valor, y lo hace dialée- ticamente:en disimulo fes decir, astucia], yen insolencia™), ‘La magia liberadora de que dispone el cuento, no pone en juego a la naturaleza de modo mitico, sino que es laalusiéna sweomplicidad'con el hombre liberado. Esta complicidad la experimenta el hombre maduro sblo esporidicamente, en la dicha; pero al nifio se le aparece por vex primeraen el cuento yo hace dichoso, XVII. Pocos narradores han tenido un parentesco can profisn- [Link] el espisitu del cuento como Leskov. A este propésiro, se trata de tendencias que fueron alentadas por la dogindtica de la Iglesia Ortodoxa griege. Como es sabido, en esta dog- ‘mética,juega un papel significative la especulacién de Orige- nes sobre a apocatistasis—el ingreso de todas las almas en el paraiso— que rechazara la Iglesia romana59. Leskov estaba muy influenciado por Origenes. Se proponia traducie su obra Sobre los primeros principios®. En conexién con la creencia, popular rusa interprets la resurrecciéa menos como transf- jguracién, y mas (en un sentido emparentado con el cuento) 7 como desencantamiento, Semejante interpretaci6n de Oxt- genes estéen la base de £l peregrina encantado, Aqui, como cen otras muchas historias de Leskov, se trata de un hibrido de ccuento y leyenda, no distinto al hibrido de cuento y saga de Ja que habla Ernst Bloch** en un contexto en que hace suyaa su manera nuestra dstincién entre mito y cuento. Un “hibri- do de cuento de hadas y saga’, sedice allt, “contiene [elemen- tos) impropiamente miticos, [elementos] miticos que tienen tun efecto absoluramente fascinante y estético, y aun ast no std al margen de los seres humanos. ‘Miticao de esta laya son las figuras de indole taofsa, sobre todo las muy antiguas, como la pareja Filemén y Baucis*: como salidas de un cuen- to, aunque reposando con naturalidad. Y ciertamente se da también semejante relacién en el taofsmo mucho menor de Gotthelf a trechos extraeala saga de lalocalidad del embru- jo, salva la uz de fa vids, la luz propia dela vida humana, que arde tranquilamence tanto dentro como fuera". “Como sali- dos de un cuento” son os seres que conducen el cortejo de las, ctiaturas de Leskov: los justos. Pavlin, Figura, el artifice de los peluquines, el guardidn de os0s, el benéfico centinela —t0dos ellos, que encarnan la sabiduria, a bondad, el con- siiglo del mundo, se apifan alrededor del que narra. Incon- fandible es que a todos los atraviesa la imago de su propia madre. “Era”, asi la describe Leskov, “can buena de alma que no era capaz infligir el menor suftimiento a ningtin ser hu- ‘mano, ni siquiera a los animales. No comia carne ni pescado porque tal era la compasién que sentfa por todos los seres vivientes, Mi padre solia reprochérselo en ocasiones... Pero 88 elle contestaba:“..Yo misma he criado a esos animalitos, y son para mé como hijos mios. Pero yo no puedo comermea mis propios hijos”. Tampoco comla came en casa de los ve- cinos. ‘Los he visto vivitos, decfa, son mis conocidos. ¥ yo no puedo comerme a mis conocidos”®. El justo es elabogado de la criatura4, ya la ver, su encar- nacién supreme, Con Leskov adquiere un fondo matemal, {que se intensificaa veces hasta lo mitico (con lo que hace peli- sgrarla pureza del cuento). Indicativo de eso esla figura princi pal de su narcacién Kotin, el alimentador y Platonida. Esta fi gura principal, un campesino, Pisonski, es hermafrodia. Du- rante doce aos su madre lo cri6 como mujercica. Con sus partes viriles maduran simulcdneamente las femeninas ysubi- sexualidad “se convierte en stmbolo del hombre-dics”, Con ello, Leskov ve alcanzada la cima de la criatura y tendido a la vez un puence entre mundo terrestre y suprate~ rrescre. Porque estas figuras maternales masculinas, de enor- ‘me poder terrestre, que una y otra vez toman posesién del arte fabulador de Leskov, han sido arrancadas de la subordi- nacidn al impulso sexual en la flor de su fuerza. Pero no por ello encaran propiamente un ideal ascéticos antes, la conti- nencia de estos justos tiene un carécter tan poco privativo, que se convierte en el polo opuesto elemental de la lujuria desenfrenada, ala que el narrador dio cuerpo en Lady Macbe- th de Mesensk®, Si el arco (que se tiende} entre un Pavlin yla ‘mujer del comerciante mide la extensién del mundo de las criaturas, no menos ha sondeado Leskov la profundidad en Ja jerarquia de sus criauras. 89 XVII. Lajerarquia del mundo de las criaturas, que tiene en los justos su elevaci6n suprema, desciende por multiples grada- ciones hasta el abismo de lo inanimado. A este propdsito hay ‘que tener en mente una circunstancia particular. Todo este ‘mundo de las riaturas no se profiere tanto a través dela voz humana, sino en aquello que podria nombrarse con el riulo de una de sus narraciones més significativas: La voz de la na- suraleza. Esea narraci6n trata del pequefio funcionario Filipp Filippovitch, que recurre 2 todos los medios para que se le permita recibir como huésped a un matiscal de campo que escé de paso en su pueblico. ¥ lo logra. El huésped, al que sorprende la insistente invitacién del funcionatio, con el tier po cree reconocer en éla alguien con quien ya tiene que ha~ berse encontrado antes. Pero gquién? No lo recuerda, Lo cu rioso es que, por su parte, el anfitrién no esté dispuesto a darse a conocer. En cambio, dia tras dia da esperanzasalaalta personalidad diciéndole que “la vor dela navuraleza” no deja- 1 de hablarle audiblemente alggin di. Y todo sigue as{ hasta que porfin el huésped, poco antes de proseguir su viaje, debe concederal anficciSn el permiso, que éste ha solicitado publi- ‘camente, de hacer resonar a “vor dela nacuraleza’. Al punto Ja mujer del anficri6n se aleja. ¥ “regres6 con un gran cuerno de caza de cobre relucientemente brufiido y se lo entregéasu marido. Este cogié el cuerno, lo puso en sus labios y al ins- tante estaba como wransfigurado. Apenss habia inflado fos cartillos y extrafdo un sonido, poxente como retumbo de 90 trueno, el mariscal de campo exclamé: ‘Alto, ya lo tengo, hermano, ahora te reconozco! Ti eres el miisico del regi- miento de cazadores, al que, en virtud de su honorabilidad, encomendé vigilara un funcionario de intendencia bribén’. Asis, su sefiorta,respondié el amo dela casa. ‘No queria recordérselo yo mismo, sino dejar hablar la voz dela nacu- raleza”. El modo en que el sentido profundo de esta historia se mantiene escondido dewris de su bober(a nos da una idea dal grandioso humor de Leskov. Ese humor se confirma en la misma historia de mane- ra atin més criptica. Hemos o{do que el pequefio funciona- rio habfa sido delegado, “en virrud su honorabilidad, para vigilara un funcionatio de intendencia bribén". Ast se dice al final, en la escena del reconocimiento, Pero inmediata- ‘mente al inicio del relato escuchamos lo siguiente sobre el anfitrién: “Todos os habitantes de lalocalidad conocfan al hombre, y sabfan que no estaba investido de alto rango, porque ni era funcionario estatal ni militar, sino sélo un ppequetio supervisor de la oficina de provisiones, donde, jun- to alas ratas, rofa las galletas y las botas estarales, y que.. con el po, a punta de roeduras, se habia hecho de. tuna bonita casa de madera”. Como puede verse, en estahis- toria se cumple la tradicional simpatla que los narradores tienen por los bribones y los picaros. Toda la literarura far- sesca66 da testimonio de ella. Tambign se muestra clara~ mente en las cumbres del ace: encre todas sus figuras, aun Hebel acompafiaron con la mayor fidelidad el Zundelfrie- des, el Zundelheiner y Dieter El Rojo®. ¥, sin embargo, 3 también para Hebel al justo tiene el papel principal en el shearrum mundi, Peco por no haber nadie que propiamen- teestéa su altura, pasa de uno a otro. Oraeesel vagabundo, ‘[Link] crapichero judio, ora el estrecho de mollera, el que salta a desempefiar esta parte. Siempre es, de caso en caso, una actuacién invitada, una improvisacién moral. Hebel es casuista. A ningin precio solidariza con principio alguno, pero tampoco rechaza ninguno, porque cualquiera de ellos puede convertirse en instrumento del justo. Compérese la actitud de Leskov. “Soy consciente”, escribe en la historia A propésito dela sonata Kreuteer, “de que mis cursos de pensa- ‘miento tienen en su fundamento mucho més una concep- cidn prictica de la vida que filosoffa abstracta o moral ele- vada, pero no por eso estoy menos inclinado a pensar como Io hago”. Por lo demés, las catdstrofes morales que se pre- sentan en el mundo de Leskov son en todo caso a los dentes morales de Hebel como la gran cortiente silenciosa del Volga al pequefio arroyo del molino que se precipita dicharachero. Enere las narraciones histricas de Leskov hay muchas en las que las pasiones que estén a la obra son tan aniquiladoras como la edleca de Aquiles 0 el odio de Ha- gen‘, Es asombroso cudn terriblemente puede ensombre- cerse el mundo de este autor, y con qué majestad puede el mal azar alli su cetto. Leskov —éste serfa uno de los pocos rasgos en que se roza con Dostoyevski—conocié evidente- mente estados de énimo en que se acercé a una éciea antin6- smica®. Las naturalezas elemencales de sus Relatos de los vie~ {jos tiempos llegan con su pasién atolondrada hasta el fin. 2 Pero es precisamente ese final lo que de buen grado se les aparecia los misticos como el punto en que la rematada depravacién se torna sdbitamente en santidad. xix. CCuanco més profundamente desciende Leskov en la es- cala de las criaturas, anco més manifiescamente se acerca su ‘modo de ver [las cosas al dela mistica, Por lo demds, y como podré verse, mucho habla a favor de que también aqui se ‘modela un rasgo que reside en la naturaleva del narrador. Cier- tamente sélo pocos se aventuraron en las profuundidades de la naturaleza inanimada, yne hay mucho en a reciente literasa- sa natrativa en quela vor del narrador anénimo, que existié ances de toda literatura, pueda resonar tan perceptiblemente como en la historia La alejandrita de Leskov. Trata de una piedra, el piropo”. El estrato de lo pétreo es el més bajo dela criatura, Sin embargo, para el narradorestdinmediatamente vinculada con el fesrato] superior. A dle eseé dado atisbar en cesta piedra semipreciosa, el piropo, una profecfa natural dela saturaleza petrificada, inanimada, [que concierne] al mundo histérico en que él mismo vive. Es el mundo de Alejandro II. El narrador —o mejor dicho, el hombre al que atribuye su propio saber— es un orfebre de nombre Wenzel, que llevs su oficio al [mayor] are imaginable. Se lo puede poner junco alos plateros de Tula” y deciz—en el sentir de Leskov—que el artesano consumado tiene acceso a la cdmara mds intima 3 del reino de lascriaturas, Es una encamnacién del devoro. Pues bien, de este orfebre se di ‘mano en que rena el anillo con la alejandrita, que, como se sabe, da destellos rojos bajo iluminacién artificial, y excla- sé: '..;Ved, he aqui la piedra profética rusa.! ;Oh, plcara siberianal Fue siempre verde como la esperanza, y sd llega- dala tarde la inundé la sangre. Asi fue desde el origen del mundo, pero se escondié largo tiempo y yacié oculta en la tierra sélo petmitié que se la hallara el dia en que se declaré Ja mayotia de edad del zar Alejandro, cuando vino a Siberia un gran hechicero, un mago, para encontratla, Ja piedra.”. “Qué disparates dice’ le interrumpt. ‘Esa piedra no la hallé rningtin hechicero, sino un sabio llamado Nordenskjld?. “Un hechicero, le digo —un hechicero!. grité Wenzel atoda ‘vor. “Mire no més, qué piedra! Hay en ella una verde mafia- nay una tarde sangrienta..jfse es el destino, el destino del noble zar Alejandro’. ¥ con estas palabras, se volvié el viejo “Wenzel hacia la pared, apoyé su cabeza en elcodoy... empe- 26 asollozar”. “De pronto cogié mi mano, la Dificilmente podrfamos acercarnos mds al significado de este importante relato que con unas palabras que Paul ‘Valery escribiera en un contexto muy alejado. “La observacién artistica”, dice, al considerar a un artis- ta, “puede alcanzar una profundidad casi mistica. Los objetos sobre los que incide pierden su nombre: sombras yclaridad, forman sistemas muy particulares, plantean preguntas que les son enteramente propias, que no dependen de ciencia al- ‘guna, que rampoco se traducen de ninguna prictica, sino que 94 reciben su existencia y valor exclusivamente de ciertos acor- des que se conciertan entre alma, ojo y mano en alguien que hha nacido para percibirlos en su propio interior y erocastos"”, Con estas palabras, alma, ojo y mano son traidos a una tinica y misma relaci6n. Actuando uno sobre otro de- tetminan una préctica. Esta prictica ya no nos es corriente. El papel de la mano en Ia produccién se ha hecho més modesto, y el lugar que desempefiaba en ef narrar esté de- sierto. (Pues el narras, por su lado sensible, no es en modo alguno obra de la sola vor. En el genuino narrat, la mano, con sus gestos experimentados en el trabajo, acta mas bien apoyando de mil maneras lo que se profiere.) Aquella vieja coordinacién de alma, ojo y mano que emerge de las pala bras de Valéry es la arcesanal, con la que nos topamos don- dequiera que el arce de narraresté en casa Y se puede ir mds lejos y preguntar sila relacién que tiene el narrador con su ‘material, la vida humana, no es acaso una relaci6n artesa- nal. Siacaso su rarea no consiste, precisamente, en elaborar la materia prima de las experiencias—ajenas y propias—de forma sélida, sel y nica, Se wata de una elaboracién dela cual quiz da nocién ance todo el proverbio, sise lo conci- be como {el] ideogtama de una narracién”. Podefa decirse que los proverbios son ruinas que se erigen én el lugat de antiguas historias, yen las cuales, como la hiedra en el muro, una moraleja repa alrededor de un gesto. ‘Asfconsiderado, el narrador tiene cabida junto al maes- to yal sabio, Tiene consejo que dar —no como el prover- bio: para algunos casos, sino como el sabio: para muchos. Es 95 que le estd dado remontarse a una vida entera. (Una vida, ademas, que no s6lo enciesra a propia experiencia, sino tam- bién no poco de la ajena. Lo que ha aprendido de ofdas se suma también a lo més propio del narrador.) Su don es po- der narrar su vida, su dignidad, poder nasrar oda su vida. El natrador — tal es el hombre que podria dejar que la suave llama de su narracién consuma por completo el pabilo de su vide. En ello descansa el halo” incomparable que rodea al ‘narrador, lo mismo en Leskov como en Haul, en Poe como ‘en Stevenson’, El narrador es la figura en la que el justo se encuentra consigo mismo. 96 Notas * El texto francés trae un epigrafe: “Sentiréis emo los pueblos nifios han debido narrar sus dogmas y eyendas y hacer una historia de cada verdad moral”. J. Michelet: El pueblo. Le Peuple, considerada una pequefia obra maestra de elocuencia, aparecié en 1846, formando parte de la actividad de Jules Michelet (1798-1874) como catedratico de historia y moral del Colegio de Francia, que asumié en 1838, poco antes de inicia su trabajo en la monumental Historia de la Revolucion, Historiador inmensamente prolifico, partidario ferviente del ideatio democritico, Michelet pagé su adhesién a la revolu- cidn de 1848 con la destieucién del citado cargo. El sustantivo Eradblery l verbo erzdhlen tienen en su siicleo la palabra Zhi, “nimero”, de manere semejante ala significacién aritmética que tiene nuestro ‘contar” (del latin compusare, “calculat”). Se presume que proviene de la raiz indceuropea “del-“calcular, engafar, dafiar maftosamente, conta, relatar", que daria miiltiples formaciones en las len- guas germénicas y anglosajonas (cf el inglés tale “cuento"), ‘con los dos significades fundamentales aritmético y diegési- 7 co. En lo sucesive empleatemos regularmente los términos “narrador” y “natrat” (dela rafz “gno- “conocer”, através del Jatin gnarus “conocedot”) para traducir respectivamente los dosindicados si bien “relato” traducirdalrernativamente junto a “narracién’ el sustantivo Eredhlung. Acudiremos a nuestro vocablo “contar” incidentalmente, en tanto que berichten —otro de los verbos que pertenece a esta familia semdnci- ca— seri vertido por “Teferie”. Parael sérmino “cuenta” reser- ‘vamos un uso especial, asociado alo que en alemdi se llama “Mérohen, el “cuento de hadas” y, en genera, el cuento infan- til dotado de elementos fantésticos. La indicacién ya constaba en el breve ensayo “Expe- riencia y pobreza” (Erfahrumg und Armua), escrito probable- ‘mente hacia 1933, slo con pequefias diferencias. Se laleeen el segundo pérrafo, a propésiro de la rupcura de los lazos y medios comunicativos (proverbios, historias, rlatos de na- ciones distantes) que permitian transmitir experiencia de ge- aneracién en generacisn: No, > exe clara cova del experiencia ha cas y [Link] una generacion que de 19142 1918 ha hecho una de las Ciperencss mis moneruoea def historia universal. Quist testo noes an aro come parece. No se pudo acato consmar ‘once: guela gente volviaenmiadecda del eapo de barla? "No mas fix sino me pobre en experiencia comunicable. Lo que di afos desputs se derams en la area de os ros de guerra, en todo lo conerario de uaa experiencia que aye dela boeaal oido. No, io no ea. Yes no er extra, Pues jams fueron desmentist ae profundamenc ar experienciascomo [lo fueron! lat esas por a guerra de rinchers, as 22° bmicas pola inflacisn, ls corpéreas por la batalla mecca, 98 las dias por los detaradores del poder. Una gentacién que todavia habia ido ala escuela en ecaao de sangre, se encontes 1 la incemnpti, en un paisa en que nada quedé inkerdo salvo las aubes bjs, en un campo de fuera de rorences devascadoresy de explosions, el insime y quebradio cuerpo Ihurnano. (G. Sel, p. 214) “Bl dicho fue acuado por Matthias Claudius (1740- 1815), gran poeta alemdn, y figura en Der Wandsbeker Bothe (El Mensajero de Wandsbeck), peri6dico del cual fue redactor, y que alcanzé notoriedad en toda Alemania a pesar de su corta duracién (1771-1775). Johann Peter Hebel nacié el 10 de mayo de 1760 in ‘Basilea. Tras una infancia reparcida entre el estfo de Basilea y linvierno de Hausen, asistié al Gymnasium illuste de Karl- stuhe y luego, entre 1778 y 1780, curso estudios de teologia. en Erlangen. Despisés de ejercer como vicario, primero, y Iuego como profesor auxiliaren el pedagégico de Lécrach, fue llamado al Gymnasium de Karlsruhe en 1791, donde ‘ocupé el puesto de Profesor de Dogmética desde 1798 hasta 1814, ensefiando hebreo, griego, latin y ciencias naturales. En 1804 publicé sus Poemas Alemdnicos para Amigos de Na- suraleza y Costumbres Campesinas, que asentaron su celebti- dad como poeta dialectal. Su mayor fuma a establecieron los relatos y anéedotas recogidas en el Amigo Renano de la Casa 0 Nuevo Calendario y el Pequefio Cofte de Tesoros del Amigo Rendino de la Casa (1811), abundances colecciones de histo- ras popular para entretenimiento y edificacién. Tales pro- ducciones le valieron el dichoso mote de “Homero de 99 ‘Wiesental”. En 1819 fue designado prelado dela Iglesia evan- ¢gélca de Baden. Murié durante un viaje de servicio el 22 de septiembre de 1826 en Schwetzingen, considerado como uno de los principales tedlogosy literatos de la época. Benjamin se ocupé de Hebel en cuatro ocasiones, las dos primeras relacionadas con el centenario del fillecimiento del lierato: “Johann Peter Hiebel. En el centenario de su muerte” y “J. B Hebel: un jeroglifico en el centenatio dela muerte del poeta’, ambas de 1926 (GS, 11-2, pp. 277-280 y 280-283, respectivamente); en 1929 dio una: ‘conferencia so- bre Hebel entce septiembre y octubre en Berlin, y el 6 de octubre del mismo afio aparecié una nota en la Frankfurter, Zeitung con el citulo “Hebel defendido en contra de un ad- mirador” (GS, I-2, pp. 635-640, IIL pp. 203-206, respecti- vvamente). En cuanto al incerés que tuvo por este autor, entre las notas sobre Hebel que integran el acervo péstumo de Benjamin, hay una marcadamente testimonial que empieza diciendo: “Esto puedo decielo sin coquecerias Hebel me lla- mé. Yo no lo busqué, Jams habria sofiado (y menos cuando Jo lela) que yo iba a «trabajar» sobre él. Auin hoy me sigue pasando que me ocupe de él de caso en caso, a trechos y por provocaciéal] y voy a permanecer fel a esta cémica elacién de servicio y disposicién escribiendo un libro sobre ” (é las notas de los editores en GS, 11-3, p. 1002s). El libro, por cierto, no llegé a ser escrito. El seudénimo Jeremias Gotthelf fue asumido por Al- bert Bitzius, nacido el 4 de octubre de 1797 en Murten/Ka- 100 ton Freiburg, en el seno de una familia de funcionarios y parrocos de Berna, Estudié teologia en la Academia de esta ciudad, y después de un semestre en Gottingen viajé por el norte de Alemania. Ingresé como vicario al servicio espiti- tual en Suiza y desarrollé una intensa actividad pedagdgica con vinculaciones politicas, y en 1832 asumié como pérroco cn Liitzelfldh en Emmental; al afo siguiente contrajo matr- monio. Sélo en 1834 inicié su carrera literaria, cuyo primer fruto de importancia fue la novela Bl espe de los campesinos o historia de la vida de Jeremias Gotrbelf, publicado en 1836, ala que siguieron otras 12 novelas, numerosos relatos ¢his- torias de calendario, alcanzando notoriedad en Alemani los afios 40. Fallecié el 22 de octubre de 1854 7 Chatles Sielsfeld fue el seudénimo de Carl Postl, na- ido el 3 de marzo de 1783 en Poppitz/Mahren, provenia de una familia campesina, Estudié filosofiay reologfa en Praga, tras lo cual se ordené sacerdote. Eneré en contacto con cfrcu- los ilustrados y liberales. En 1823 huyé a Suiza y luego los Estados Unidos, adoptando su nacionalidad con el nombre de Charles Sidon. Sealsfield. En 1826 retorné a Europa en ‘isin diplomiética y trabajé como periodista. Desde 1832 vivié en diversos lugares de Suiza, alternando con dos est dias en Estados Unidos. Publicé anénimamente novelas que tuvieron su momento de gran popularidad, siendo el primer escritor de lengua alemana que conocié por propia experien- cia los emplazamientos americanos de sus creaciones, llevado asimismo pot el interés de dara conocer al mundo gecmano- 101 parlante el sistema politico estadounidense. Sélo tras su soli- taria muerte el 25 de mayo de 1864 se supo su verdadera identidad. * Friedrich Gerstcker nacié el 10 de mayo de 1816 en Hamburg, hijo de un tenor y de una accria. Después de una instruccién inicial en comercio, se formé en agricultura. El ‘fo 1837 partié a Estados Unidos; una vida aventurera lo llevé aser alternativamente marinero, calderero, cazador, gran- jero, cocinero, plterolefiador, industrial y hotelero, En 1843, regresé 2 Alemania y contrajo matrimonio, y desde 1849 hasta 1852 viajé por Sudameérica, California, Tahiti y Aus- ella. La inquiera vida de Gerstickes, que lo trajo de vuelta a Sudamética, afios més tarde, y luego a Egipto, nuevamente a Norteaméica, Indias Occidencales y Venezuela, fue base esen- cial desu obra narrativa, consistente en novelas de aventuras colotidas y emocionantes, no exenta de descripciones de pai- sajey costumbres de contenido inseructivo. Después de st. ‘timo regreso a Alemania, rabaj6 como reportero en la gue- 1a franco-alemana. Murié en Braunschweig el 31 de mayo de 1872. EL pasaje que va desde “Cada una de estas estiepes...” hasta este punco no figura en el rexto francés. Agregado del texto francés: “Es asf que se constituye ‘este personaje del narrador que, como lo tan bien ha dicho Jean Cassou, otorga el tono del relato y da cuenta de su rea- 102 lidad, aquel a cuyo lado al lector... gusta de refugiarsefrater- rnalmentey reencontrar la medida, la escala de los sentimien- tos y de los hechos humanos normales". 1 Es decir, médicos de asistencia publica. "Charles Nodier nacié en Besancon el 29 de abril de 1780. Poeta, novelistay biblifilo, sus insereses se ditigieron también a la gramética y ltentomologfa. A causa de la publi- cacién juvenil dela oda La Napoléone, inmediatamente des- pués del 18 de Brumario, en que Bonaparte tomé el poder, fue encarcelado por varios meses en diversas prsiones al cabo deo cual se le exilé en Besangon. Volviéa ser arrestado por acusacién de complor. Sin embargo, fue iberado por cam- pesinos y se oculeé en el Jura. Posteriormente fue redactor del Journal des Débats (1814), y conservador de la Biblioteca del Arsenal, Allfconstieuyé una sociedad literatia de signii- ‘cacién para la avanzada del romanticismo en 1825. E124de ‘octubre de 1833 fue elegido para la Academia Frances, par- ticipando en la Commission du Dictionnaire. Apoyé las can- didacuras de Victor Hugo y de Alexandre Dumas padre. Murié el 27 de enero de 1844. ' El Schasckaselein des rbeinischen Hauspreundes (pu- blicado por Cotta en Tubingen, en 1811) es una coleccién de historias populares y pedagégicas, anécdotas y chascarros, que retine en su mayor parte las contribuciones de Hebel al, Badischer Landkclender, que aparece bajo el titulo de Rhei- 103 nischer Hausfieund, de\ cual Hebel se convieste en redactor «en 1807 y cuya publicacién se mantiene hasta 1814. el mate- rial recopilado fue producido por Hebel entre 1803 y 1811 La expresin alemana es Rat wisen,lieralmente “sa- becconsejo" habla de prestar ayuda, sugeric una [Link] un aprieo, hacer una propuesta bienintencionada, 'STraduzcoas{ el término alemén Rarlosigkeis, que con- tiene Re, “consejo" designa una condicién en queel sujero se encuentra desasstido de todo consejo, ¢s decir, falto de orientacién en una situacién dada. El texto francés trae, en cambio, boul, “abl °S El rexto francés de este capitulo concluye aqu La novela Wilhelm Meisters Wanderjabre, [Link]- posicién fue iniciada en 1807, publicada en versi6n primici- ‘vaen 1821 y en segunda versién completa en 1829, es el pendant de Wilhelm Meisers Lebrjabre (Los afos de aprend- ‘je de Wilbelin Meister), que Goethe escribis entce 1795 y 1796, teniendo como antecedente un fragmento de veinte afios atcds, y que es considcrada la novela de formacién (Bil- dungroman) prototipica de la liceratura alemana, ' Bildungeroman, Se considera como primera novela alemana de formacién la obrade Christoph Martin Wieland Die Geschichse des Agashon (La historia de Agsrin), que apa 104 reci6 en una versiéa preliminas entre 1766 y 1767, amplia- da, luego, en 1773, ¥en suversi6n definitiva en 1794, En las consideraciones que el mismo Wieland presenta, queda clara la contraposicién entre lo que él entiende como la novela tradicional, referida ala culeura cortesana y feudal, cayo hé- 10e posee una fisonomfa predefinida en razén desu estaruto social, y la nueva novela, cuyo héroe burgués debe ganar su identidad y condicién a teavés del esfuerzo, I formaciény el logro. El Bildungsroman alcanca su méxima expansién en el siglo XIX, pero tiene ciertamente a Losatosde aprendisaje de Wilhelm Meister como modelo fundamental. °° Hyppolite de Villemesant (1810-1879) no fue el pri- mer fundador de este persistente peri6dico conservadar fran- cfs, Le Figaro (que toma su nombre del personaje de Beau- marchais) habia sido fundado el 15 de enero de 1826 por Maurice Alhoy y Etienne Arago como una publicacién de intencién satrica. Fenecido y reaparecido por causas politicas yeconémicas, después de miltiples relanzamientos, en abril de 1854 Villemesant acomete el enésimo intento, premuni- do de una concepcién y una estrategia periodistica que per- mitirén consolidar el periSdico. Durante doce aos aparece en forma de hebdomadario, y a partir de 1866 adquiere pe- rigdicidad diaria, » En el original francés: “Mis lectores se apasionan ‘mucho més con un incendio en el Barrio Latino que con una revolucién en Madrid”. 105 El comienzo de este pérrafo, hasta este sitio, se en- ole habla rondo vivamence mde quel kia conmocién ccueneraenel fragmento “Arte de narrat” (Kunst 2 erzthlen), eso verdad fc que cstndo leno clade de ters, a aa tis lee afadiuca romp as bares del pacienia. Lo perceneciente a las Imagenes de pensamiento (Denkbilder) y, tame plunge (igo yo) de nuestra histo cl no cen este trabajo, a su tleima seccién “Pequefias piezas de arte” ss atega que Cambie inguendo aPuarénico por qué no (Kleine Kunst-Stitcke), cf. W. B., Gesammelte Schriften, IN ee eee eae : omporé eon tl impacenia anc ade uno d us amigos 1, p. 436 s. El fragmento se reproduce integramente abajo, «Es, spond, que slo ee so disgust a pod signe enla nota 24, Fen en gras ls dorprimeos oberon con mucho ® Herddoro, Historias. Bl relato de Psamenito figura en ellibro III, Talia, 14. El pasaje se encuentra en el Libro Ide los Ensayor de Montaigne, al comienzo del cap/tulo II, “De la tristeza”: 106 Pero dice el cueno que Peamenito, ry de Ege, habiendo Sido decor y apres pot Cambiss, ey de Pei, yvien= do pasar ance Ala sa bijapeisionera, vesida de sirvience, 2 quien se enviaba a buscar agua, codes los aig del rey ora ban y se lmennban en s1 deredor mientras lpermancca quedo sin decie palabra, los ojos Bos en Ia Gera: yviendo en ese momento que conducianasu hijo 2a muerte, se mancavo en la nama disposi; per habiendo obserado que uno de ur serv domestica iba ent los causivs, empeaé & gol- pearela cabeza y a dejarelevar por una alicin extrema. “Bato pods equipanse alo aconteido recentemente + uno deaerco principes qu, bien ercuchadoen Tieeo, donde se encontabs, nodes de a muare de su hermano mayos, Ihermano en que desansaa el apoyo y honor de rda su cst, Yy muy pronco pare cos de un Kermano menos, su segunda ‘esperanza yhabiendo soporado ambas pécdidacon ta cons tancia jemplas como algunos dias después uno de susservido- res vino a morc sede afer por ese limo acidene,y petdiendo su enterea, se abandond aa alioién yal psa, de ‘manera ul que algunos exejeron de lol ergumento de que todo medio de exprsin. La historia de Psaménito ha motivado la reflexi6n de muchos autores. Entre otros, Arstételes la considera pro- pésico de su andlisis de la compasiin (Rher. IL 8 1386 a 20- 22), aunque parece nombraal rey Amasis y no a Peaménito, aparentemente por confusin. BI pasaje proviene, modificado, de Kunst xe erithlen (6. nota 21), que aqui reproducimos completo: ‘Arte denarrar (Cada matiana nos instruye sobee las novedades de be. ¥ sin cenbargo somos pobres en historias digas de nota. Eo 3€ debe que a no nos leans niga suceso que no imponga con explcacionte, En ours glabra: ya casi ads de lo que fconteeebéneicia aa naracia, yeas bd ala informactéa, ‘esque yaa ited del aie de aver esa en mantener una historia bce de expicciones al paso gue sla celaa, Es 7 los andguos ran maettos y HerSdor en a cima. Enel dec iocuato capitulo del ibno eesceo de sus Historia, se encuen- tala historia de Praménizo. Cuando el ry de los egipis, raménito fue dertorado y capearedo por el rey persa Cembi- sea, eeihkimo se propuso humilae a psionero. Dio orden cde sicvar a Pramfaice en la calle por donde debia pasar el coro trunfl dels prs, Diepusoademds que el prsione- 107 108 ro vehi pure lita de ida gels cla fee Mint td gps olen ¥ Inca ate lee, ames penanac lo, cls camber dea en slr pom ign nme over aaa flo, mes dope concen dese pra usa, Fe un egy rons nl eo pone sede cin, un Hombre andano y empbiedo, ees nebo cin pry sno tsa de Wt pind in En hiss pune pe eet pcr verdad an, La informac ee Senger ngs ence iste Sen gue ep ome 2 expen en sn age: Dita kr cl oe dept Manne ve acumud yes ped dae sn ep eg eg ee Mes teh ho dey opp pega: hr gut ‘oselanens aml vib ltt Y Monin open de bg extds yn ania de pea que nian cern pear dius queso AS pod ened str Pato abla eae (pcp crs dco Caer gua ple dotapegne de Monge elcid des aig pace ‘oat ein d cs Una dla mio ee ps No cnmuere yedsin del eae pra sel 1 pin, © bent fa rena oscar hua) iene ateconmacren cn vine cise in qo nao as ele O un eco pan dor saul yi iamge ajar, Lav deve ends ficken. Stet hbise acon bo, cesar, en ops dita qo Peas ce 3 ene Ho, Ee ou queda ‘pore pata en aby ea jr eo to eras pin Sureere deh. Teen iar aig Eg ene enone, deus dere de alos desir aoe een Se senstal ils de gam qn ilenanencencdss tricia dla ptm adalah do per einaive haa uses das (Desi ope pp 6438) Benjamin confiere al tema del aburrimiento (Lan- _geweilé) una significacién estructural en la configuracién de la experiencia, biogréficaehistérica. Como antecedente debe prestatse atencién al tratamiento de la melancoliaen Elori- _gen del drarma barroco alemén. En el Passagenwerk (Obra de dos pasaje’), Benjamin dedica al tema el convoluso D (Die Langeweile, ewige Wiederkehr) (El aburrimiento, etemo re- como] (GS, Vel, 11658). En su eje est la consideracion, del spleen y del ennui baudeleriano y de la obra de Auguste Blanqui Léternité par les astres. AIK recibe, entre otras, la de- cerminacién de se ‘siempre la cara exterior del acontecerin- consciense” (D 2.2, 2). De algtin modo vinculado a lo que se dice en El Narrador, lease el siguiente apunce: “El aburrimien- toes un célido pafio gris que por dentro esté cubierto con el forro de seda més ardiente y colorido. En este pafio nos en~ ‘volvemos cuando sofiamos. Entonces estamos en casa en los arabescos de su forro. Pero el que suefia se ve gris y aburrido bajo {esa cobertura]. Y cuando luego despierta y quiere con- tar lo que sof, la mayoria de las veces sdlo comunica este aburtimiento. Pues ;quién podria, de un solo golpe, volver hhacia fuera el forz0 del tiempo? ¥ sin embargo, contar suefios no significa otra cosa. (...". (D 2a, 1) % La pulga de acero (1881) es considerado uno de los més brillantes relatos dela licerarura rusa, Benjamin equivo- calaidentidad del zar, que en la narraci6n es Alejandro, yn0 Pedro el Grande. De vista en Inglaterra, el ar recibe de obse- quio un artificio mecdnico diminuto, una pulga de acero, 109 que, accionada, se mueve graciosamente. De vuelta a Rusia, el acompafiance del zar, el rudo cosaco Platoy, se las ingenia para encontrar un artesano soberbio, el zurdo bizeo deTula, que fabrica una réplica que supera al original. Satisfecho, el zarenvia al zurdo a Inglacerra para hacer gala de lo que pue- den los rusos. Hay traducci6n al castellano de Sara Guciérrez (Madrid: Impedimenta, 2007). ” Del original francés, que Benjamin cits en la traduc- cin de su ensayo: “Las perlas finas, los vinos profundos y maduros, las personas verdaderamente cumplidas, llevan a ‘pensar en una lento atesoramiento de causas sucesivas'y se- -mejantes; Ja duracidn del acrecentamiento de su excelencia tiene a la perfeccién por limite.” Paul Valéry, “Los bordados de Marie Monnie:”, prefacio al catdlogo Broderies de Marie Monnier de la exposicién de la artista en la Galeria E. Druet, Paris: La Maison des Amis des Livres, mayo de 1924. Reco- gido en: Paul Valéry, Guvres II. Edition établie ec annotée par Jean Hytier. Paris: Gallimard (Bibliothtque de la Pléia- de}, 1960, p. 1244, 2 Valéry, ibid. En el original francés: “Antafio el hom- bre imiaba esta paciencia. luminaciones; marfilés profun- damente labrados; piedras duras perfectamente pulidas y lim- pidamente grabadas; lacas y pincusas obtenidas por la super- posicién de una cantidad de capas finas y translicidas... — todas estas producciones de una industria wesoneray vir- tuosa ya no se hacen més, y pasé el tiempo en que el tiempo 10 10 contaba. EI hombre de hoy no cultiva en absolute lo que no se puede abreviar.” ® Valéry, ibid, En el original francés: “Se disfa que el debilitamiento de la idea de evernidad en los espiritus coinci- econ la creciente repugnancia por as tareas prolongadas”. 2° Para muchos la ltima (sc. horal”. La inscripcién ha de haber sido conocida por Benjamin durante su estadia de tres meses en Ibiza entre abril y julio de 1932. 51 Sobre el concepto benjaminiano de “historia natural” (Nanurgeschiche), v. nuestra Introduccién, pp. 16-17, 19- 21,25. > Vedase la nota 5. ® Cf. Jos paralipsmena a El concepto de la historia (co, nnocido como Tess sobre la filosofta dela historia) que tiene diacamente reproducimos (cf. W. Benjamin, Gesammelee Schriften, op. cit, 1-3, pp. 1234, 1235, 1238, respectivamente, también nuestra edicién de La dialéctita en suspinso. Frag” mentos sobre la historia, Santiago: Atcis/Lom, 1997, pp. 79- 81, 86, respectivamente). : ‘Nuevas Tesis La resolcion en histoia agen no ha de beneficiarala historia dela cular. Por lo demis la concepin pragmiica 12 ela nora no Fexcasaantelas diversas exigencias que plances Inociencaestiera en nombre de sey de exuslidad, Pracase cn virud de un deslzamicato dela pespectiva hisérica Una épocs que ya no exten sitsaci de eilarecer sus pot ciones de dominio de manets originaia no tiene ya ninguna telacin cone eclarecimiento que convents a las posiciones de dominio preties. (El caer hisordgeato es, por derecho, aquell parte dela bumanidad cuya sldardad abens «todos ls oprimidos. Bs Ja pare que puede core el mayor riesgo erico, porque esl que menos dene que perder peicicamente} (No tods hittocia wnveral dene que ser cescionaria. La his ‘ociaunivesl sn pencipiocnaseructivo lo es. H principio ‘consructivo de la historia universal permite sepresneria en lo parcial Es en ovat palabras, un [principia] monadolégico. Exist en la historia de la salacin} {La idea de la pros coincide con lade mesiica del hiss a universal. (Leshov!)} Nuevas Tose K Orgusiarel pesto quite dec. descubriren el espacio dels acién politica el. expacio del imagen. Per ete espa cio de la imagen ya 00 se puede, en mado alguna, medi cone templaivamente.. Este buscado expaco de la imagen... eb undo de le acraldad omlaterleinegralr (Sarelimo) La redencin es! Ler del progreo {El mundo mesidnic es un mundo deacuslidad mutates ¢ inegal Slo y primeramente en hay una historia niver- fal Peo no en cuanto tit, sino com la [histoea] que se fess, Este festjo exe putifcado de toda solemnidad. No conoce canos fesvos. Su lengua es pros liberad, que ba hecho salar los giles de In escrcura (La iden de fa peosa coincide con a idea mesdnice dela historia universal. CE ene Nazrador: las especies dela pros adties come el epaces de as (species histeas)} [Ls muhiplicdad dele shiorase ee extechamence emp senvada, 5 20 es déntca, con la mullplicdad de las lenguas La historia univeral, em el sentido de hos sige sendo slo tuna suerte de eeperanes, (Leda epresion ala esperanas dele specie humana del modo en quelo hace el nombre de aquale Jengus uaivesa)} 1a imagen dalctica (Gi se quiee considerar Is historia como un tec, val a su propésio lo que un autor ecente dive acerea de (los wexs] literati: el pasido ha deposiado en ells imagenes que se oda comparar ls que soa Bjdas par una plancha forosen- sible, Sélo el fururo Gene desarolladores « su dspericin, que son lo baseane Frees como pars hacer que la imagen salg iz con todo oe dealer. Mas de una pgina en Mar ‘aux oon Rowseat insinda un sentido secreto que los leccores coetineos nunca pudieron descifar completamente» (Mon- ‘lond N 15 a, 1) Elméodo hiserco es un modo ilolbgico, aque tiene en gu base el bro de a vida Leer fo que nunca fue ‘setts, eas en Hofinannsthal. Bl ecto en que ha de pensar se aqui ee verdadeso histori) {la mulsirud de las historias se parece ala muliud de fs lengua. La bisora universal, ene snido de hoy no pusde ser mis que una especie de esperano. La idea de la hisora universal es mesidnica}) {Bl mundo mesinico er wn mundo de acrusidad mabilaera -incegral Séloprimeramente endl hay una histovia universe. ero no en cuanto ercris, sino como la [itoria] que se fre ji Ese ej etd purficado de oda solemsidad No conoce ‘antes atv, Su lengua e poss integral, que ha hecho sear loe giles de a esrtur yes ented por sodos los hom- bres (tal come el idioma de los patos por los nites domin- usr) — La idea de a pode coincide con laden mesinica ela hisrotia universal las especies de la pros aca como cl eepecco de las [especies] histrico-urivenales — en el Na- enon), Sobre la cuestién de la historia, v. nuestra Introduc- ign, pp. 12, 30-31, 32-33, 37-38, 43. ns » La diferencia entre el historiador y el cronistaes abor- dada por Benjamin en un contexto afin. En la conferencia que dicté Benjamin sobre Hebel en 1929 (v. nota 5), y al cabo dela mencién del relato Inesperado reencuensro sobre el cual se habla en el capitulo XI de Elnarrador, se lee: Pues, de echo, no es el talare del hstorador el que no sale al pso en esas fess, sino el del cronsa, El historador se tiene sf “historia univer” (*Weligebicn, el cronisa al ‘euro del mundo (Welle, Uno ene que ver con la red del sconce, inmensamente ands sega casas y efectos —y, ‘ode lo que estudio defo que se ener es en ard so un ‘mindsculo punto de nudo; el oto (iene que ver on el acon ‘eee pequelo,eeechamente limizado desu cudad o su pal ‘aje — pero eto no es para un Fceiba 0 elemento de lo niversa sno algo disineo,y mds. Pues dl verdader croniss, on su rénica, le escibe al curso del mundo, ala vez, st parole (Glicbn). sl ij elacin de micro y macroeos- ‘os, que ae refi ence historia de la ciudad y curso del suundo. (GS, 112, p. 637 8) Por cierto, se recordaré la significacién ejemplar que Benjamin aribuye al cronista en Sobre ef concepto de historia “ELcronista, que detlla ls acontecimiencos in discerir entre grandes y pequetios, tiene en cuentala verdad de que nada de Jo que alguna vez acontecié puede darse por perdido para la historia.” (W. Benjamin, Gesammelte Schriften, op. cit., 1-2, p-O94;cf nuestra edicién en: W. B., La dialécica en suspen- 50, 0p. ct, p. 49.) All la figura del cronista etd vinculada ala necesidad que tiene el materalista hiswSrico de abandonar la forma épica de a historia, ns 24 BI concepto de “poesia ingenua’ fue elaborado por Friedrich Schiller en su ensayo Uber naive und sensimentale Dichtung (Sobre la poesia ingenua y [la poesia) sentimental, 1795) y estd inserito en el debate en tomno @ la diferencia entre naturaleza y arte y entre antiguos y modernos. En su. concepcién, poderosamente inspirada porla estétca kantia- na, lo ingenuo es la pristina manifestacién de la nacuraleza, que vence en elo al are, pura espontaneidad que desconoce la regla, y, en este sentido, rasgo esencial del genio. Ast, la poesfa ingenua es la expresién de la originariedad del senti- ‘miento humano movido por la impresién inmediata, a dife- rencia dela poesta sentimental, que tiene ala reflexién como causa de la emocién: “los antiguos sentfan naturalmente, nosotros sentimos lo natural”, » Mnemosyne, personificacién divina de la memoria en la mitologia griega, ¢s una titénide engendrada por Urano y Gea, Zeus cohabit con ella durante nueve noches seguides ‘en Pieria, y de esa uni6n nacieron las nueve Musas (otras tra- diciones las describen como hijas de Harmonia o de Urano y Gea): Calfope, primera en dignidad, de la poesia épica (se observard que Benjamin nombra a Mnemosyne como stu musa), Clio, dela historia, Polimnia, del mimo, Eurerpe, de la flauta, Terpsicore, dela poesia ligera y la danza, Erato, dela Iirica coral, Melpémene, dela tragedia, Talia, dela comedia, y Urania, de la astronomia. 5 El texto francés tiene aquf una variante que alcanza ns hhastael final del capitulo y que conviene reproducic—tradu- ida aqui Si en efecto lo que regis la memoria —a herria ecriee— representa I indiferencia eentiva en relcin con los difeen- tex goers epics (a como la proaaclisica representa la inc fereocn cventiva en rlacion con lar diferenes medidas el versa), su forma més antigua la epopeya nos offece una suerte de indifrenia en elacén con los gers posterors, y mis parvicuarmenteenselacin con la naracién y la novela [La memoria eaablece Ia cadena de la tradicién que eansmite €! pando de generieién en generacdn. Mnemosyne es, pues la musa del géneroepico en ganeral. Preside el género épico entero. Oto ee elemento insprador-se quisiera poder deci la musa del géneroparicular que es nacracion, La muss de la arracion sei esa mujer inftgabley dvina que anuds la ‘ed que forman « fn de curntat rods las hitorias eenidas Uae se enlaa als or, come han gusado de moseslo todos los grandes narradores, yen paccular los cuentas oriene2- les. Enel alma de cada un de ellos hay una Schehereade, que 4 propésio de cada parse de sus hisroriae se acuerda de ot. isrosia Ena eruna memorie pica en sensi rsrngido, esl. tlementoinspitadoe de la naracn, Enlabse de a novela se encuentra un elemento anlage, pero profundamentedifsente V como para la eartcin, se puede planear para la novela que primitvamente er dest, en epopeya,noformaba més que un germenen a unided inivies del peneroépico. Lo certo ex ques lo puede presents veces en las epopeas, Y ale ante todo en los passer colemanes de los poemat horérices, come ls iavocaciones de a mus. Lo jue seamunciaen eo pasaes sa reminiscenca (wri ‘rerninadors del novella por oporcin al recuerdo [soaveri7 pasjeo del nareador La primer et consgrada al tema ele- ido ~2 su hoe Gro, als dies odises, a ica dan ba uz 2 hechos malkipls y diversas. En ozs eéeminas, es la eminisencia, como semen inspiraor de a novels, la que ‘iene «tomar luga al ado del etuerd, element insirador de fs narracién, despues de que la uidad de se origen, el eouerdo, queda disci en la dedinaién del epopeys. ® Traducimos por medio de esea perifrasis el adjetivo alemén musitch, “telativo o pertenecience ala musa”, dado {quel castellano “miisico” resultaria equivoco. En lo sucesi- -vo, empleamos abreviadamente la expresién “elemento ins- pisador”. © Erinnerung, que en el texto se distingue de Gedichr- nis, “memoria” y de Eingedenken, *rememoracion’. Véaseen este mismo pérrafo, mds adelante. El texto francés trae aqui mémoire. Pascal, Pensées. Del original francés: “Nadie muere tan pobre que no deje alguna cosa.” Aenold Bennett nacié en Hanley, Staffordshire, en 1867, Educado en la Universidad de Londres, seinicié como cempleado de un bufete juridico, pero emigré luego al petio- dismo. Autor de novelas y relatos de corte realist tjié sus tramas en [Link] regién imaginaria del Norte de Ingla- terra, que denominé “Five Towns”, entre ellas The Old Wives! Tale (1908). Durante la primera conflageacién mundial, y sobre la base de su significativa influencia como ensayista y critica, fue convocado a la Oficina de Propaganda de Giierta (WPB) junto a otros veinticuatro escrivores briténicos para ideary llevar a cabo activismo a favor de los intereses de In- lacerra en el conflict, En la organizacién secreta milicaron autores como Conan Doyle, Ford Madox Ford, Chesterton, Galsworthy, Hardy, Kipling y Wells. Bn 1915 el WPB envi 7 a Bennevra un periplo por el frente occidental La visién de Jos horrores de las tincheras produjo una profunda impre- sidn en él, pero accedié a redactar un panfleto que animaraa Jos homabres a unirse al ejército briténico. Después de la gue- tra, Bennete retomé su vena novelistica y fue director del periédico New Statesman. Murié el 27 de marzo de 1931 en Londres. © Empleamos este neologismo de emergencia para tra- ducir Heimatlosigtei,“carencia de patti’, + Gyorgy Lukécs, Theorie des Romans. Ein geschichss- philosopbischer Versuch itber die Formen der grofen Epite(Teo- ria de la novela. Un fi SA, 1971), hningaro. En clad jamin estd comado de la primera edicién, p. 127. © G, Lukécs, op. cit., pp. 129, 131, 136, 138, Vay “ Gustave Flaubert (1821-1880) inicié la redaccibn'Ge una primera versin de L Education sentimentale en 1843, y la retoma pare una segunda versién en 1864, siete afios des- puss de publicar de Madame Bovary (que alcanza notorio ‘xivo, particularmente a causa del proceso por “ofensa a las Lis buenas costumbres yl religidn”), y dos afios tras la aparicién de Salambbs, Flaubert ezmina la obra en 1869, que es pu- blicada ese mismo afio con una muy mala recepcién critica, a ‘excepcin de las intervenciones apologéticas de Théodore de Banville, George Sand y Emile Zola, Frédéric Moreau es el protagonista de Education sen- timentale, Bn el original francés: “Se les vio salir. Eso forj6 una historia que no se habia olvidado tres afios después. / Se la contaron entre si prolijamente, cada cual complecando los recuerdos del otro, y cuando hubieron terminado: /‘jEso es lo mejor que tuvimos!’, dijo Frédéric St, puede sex! Eslo mejor que tuvimos!” © CE. el fragmento Romane lesen, perceneciente a las “Pequettas piezas de arte” a que hemos referido ances: Leer novelas [No todos los libros se lan del mismo anode, Lar novels, gor -jemplo extn para ser devoradas. Lees es lujuia de incorpo satin, Noes empaca. Elect no se pone en el ga del toe, sino que asim lo que salga al encuenu, El zepre naive e ello es bapetiosapeeparaciin con que Bega a la mess una viands nutitva Pero cieramente bay una dita eruda de la experienc —tl come la hay del exémago—, a saber expe encase el propio cuempo. Peso alae de a novela, como el ace dels cocns, comienas solamente mis all dl producto crude, f curs sustancias nuias hay que no sentan bien 9 «en exadocrudo! Cunt expeiencis dels que es aconeable leet. no: tenes. A mas de alien golpearan ye al colaps- ia lastuviene in azure, En breve, shay una mus de a novela He dei llevar cl erblema de hada de a acim. Levan taal mundo desde el exado cdo para claborade algo comest- bie, pars enconuasle el gusco. Si iene que er, puede lees el petidio ena comida, Pero ands una novel. Eas son incum- bencas que no se levan bien. Hay dos versiones previas de este texto, una més ex: tensa que la otra, que los editores consignan en W. B., Gesam- melte Schrifen, op. cit, TV, pp. 1013-1015. % Moritz Heimann (que también emples los seudéni- mos Hans Pauli y Tobias Fischer) nacié el 19 de julio de 1868 in Werder bei Rehfeld/Mark Brandenburg. Hijo de una familia judia pequefio-burguesa, studi filosofa ylte- racura en Berlin entre 1886 y 1890. El gran escritor natura- lisea Gerhare Hauptmann le ayudé 2 obtener el puesto de lector en jefe de la editorial S. Fischer en 1895, que desempe- ‘A6 durante 30 afios hasta que sus condiciones de salud lo obligaron a abandonarlo poco antes de fllecer. En ese perio- do contribuyé con criticas, ensayos y relatos 2 diversas revis- tas, como Neue Rundschau, Die Zeit y Das Theater, y des- pués de 1920, a los principales petiddicos de la Republica de ‘Weimar. Presté un significative apoyo al conocimiento de autores como Thomas Mann, Dablin y Hofmannsthal. Murié cl 22 de septiembre de 1925 en Berlin, 31 Maxim Gorki es el seuddnimo de Alexei Maximovi- ch Peshkov (1868-1936). Su compromiso politico revolu- 120 cionatio lo llevé a ser encarcelado en su calidad de milivante del Partido Social-Demécrata. Llegé a ser considerado el mayor literaro de la Unién Sovierica, y fue un ferviente de- fensor del realismo socialista. Entre sus principales obras cuen- tan Foma Gordeiev (1901), Las ex hombres (1905), La madre (1907) y Decadencia (1927), alas que se suma su ambiciosa terralogia La vida de Klima Samgin, que comprende El espec- sador (1930), El imdn (1931), Otros juegos (1933) y Bl Er _pectro(1938),‘volumen inconcluso este ttimo que fue com- plecado por una comisién liceraria designada por el gobiemno soviétieo. 2 Variance en el eexto francés: en lugar de la ltima fra- ((...1 “En efecto, zno vemos en los cuentistas rr hacerse cliente de un narrador®") se, figura ésa: Arabesal a 53 Edgae Allan Poe (1809-1849) es incluido por Benja- min en su catilogo de herederos del arve dela narracién, prin- cipalmente en consideracin a sus relatos de terror y miste- tio, recopilados en los dos voltimenes de Tales from the Ara- esque and the Grotesque (Cuentos de lo arabescoy lo grote, publicados originalmence por Lea & Blanchard en Baltimo- re (1840} % Rudyard Kipling (1865-1935) fue celebrado como cl gran poeta y liverato del Imperio Briténico —Orwell lo calif de “profeta del imperialismo briténico’—, de in- mensa popularidad, ligado desde su nacimiento en Bombay 321 alalndia, ue fue el escenario fundamental de muchas de sus obras. Entedllascabe mencionar Bl Libro de la Selva (1894), El Segundo Libro de la Selva (1895), Puck of Pooks Hill(1906)s su novela Kins (1901) y sus poemas, como Mandalay (1890), Gunga Din (1890) y e! célebre “Si” (1910). Recibié ef Premio Nobel en 1907. 55 La frase usual en castellano es: “Y vivieron felices para siempre”. % Al tdemino alemén Mérchen corresponde parcial- mente nuestra expresién “cuenco de hadas”. Mirchen, del alto alemdn medio maere, “noticia, reporte”, designa a los relatos breves de contenido maravilloso, fabuloso o fancés- tico, sean ellos de origen popular y anénimo (en alemén, Volksmiérchen) o productos de la creacién artistica de livera- tos (Kienstmarchen), que son parte fundamental del acervo narrativo de los pueblos. El xérmino alemn fue elaborado conceptualmente en primera linea por los hermanos Gri- mm, En lo sucesivo, lo traduciremes abreviadamente por “cuento”, abida cuenta de su diferencia respecto de los vo- cablos “relato”y “narracign’ Et paréntesis cuadrado corresponde al original. % Benjamin juega con el eérmino Mut, “valor”, “Ani- smc’, “coraje”, oponiendo el neologismo Unrermus, que que- ria decir algo asf como “sub-coraje” (esa discutible opcién m2 de Jestis Aguirre, en Iluminactones, op. cit}, a Ubermut, “in solencia’, “arrogancia”, “travesura’. Origenes, llamado también Adamantios, nacido ba- ia 185 en Alejandra, hijo de un cristiano marci, fue un brillante tedlogo de la cemprana patristica, a quien se atribu- ye haber sido diseipulo de Clemente de Alejandria. Ensefié enesta ciudad durante unos 28 afios, ali produjo muchas de sus obras més imporeantes, Euscbio de Cesérea refiere que su devocién y ascetismo fueron tales que se castré a si mismo para eludir las tentaciones sexuales, En Cesétea fundé una escuela deliserarura,flosofia y teologia, Con ocasién de las persecuciones de cristianos bajo el emperador Deco, fue apre- sado y torrurado en el afi 250, siendo liberado un afio des- pués, A causa de sus heridas, acabé muriendo alrededor de 254, probablementeen Tiro. Laobrade Origenes, centrada en el intento de aunar la filosofiagriega (de inspiracién plarénica) y la docerina exis- tiana, abarca tratados dogmiticos y de teologia practica, es- cxivos apologéticos, exégesis bfblica, carta yescritos criticos ‘Su importancia para la historia de la filosofia y Ia teologla depende fundamentalmente del gran tratado Lepi dpydov (De prineipi), al que hace inmediatarnente referencia Benja- iin, y su escrito apologético Contra Celswm, en que rebate los ataques del platSnico alejandrino Celso (6. 1), que fue seguramente el primer crtico importante del cristianisme Origenes es considerado asimismo el iniciador del método de exégesis alegorica dela Escritura, 123 La teorfa de la apocatdstasis (en latin: restitution prit- num statum, “restcaci6n al estado original”) sostiene que todas las criaturas participardn de la gracia de la salvacién, y ‘que también lo harin de particular manera los diablos y las almas perdidas. Origenes es el autor inicial de la doctrina, ‘cuyas bases ontol6gicas y cosmolégicas son propuestas en De Prine, I IV, yes formulada en II, V1, 3. Le sigue Gregorio de Nia, que entiende que el castigo por fuego después dela muerte es un proceso de depuracién, similar al del oro, al cabo del cual toda criatura celebrard la gloria divina. El tér- mino énoxardaraoi¢ ocurre una tinica vex en el Nuevo ‘Testamento (Actas, 3:20-21). ®LayamencionadaobraTlept dpydvy (De principit). 8 La referencia de Benjamin es al libro de Ernst Bloch Evbschafe dieser Zeit (Herencia de esta época, Zistich, 1935), que puede considerarse como una reaccién critica y analitica alarelacin entre capitalismo y nacionalsocialismo. Eje prin- pal dela coleccién de textos recogidosen la obra esl concep- to deno-contemporaneidad (Ungleicheeitigheit), bajo el cual se piensa la co-exiscencia de tiempos diversos en un mismo presente. es decir, las contradicciones del

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