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Hey es veintisiete de diciembre.
Son las diez de la noche y llueve.
Mi perro Nabuco me trae la correa para que
lo saque a pasear. Siempre damos una vuelta a
la manzana nomds. Como esta loviendo
dije— me aleanza también los zapatos de goma
y el paraguas. Sabe que soy sensible a la intem-
perie y tiene conmigo esos gestos delicados.
Pero esta no va a ser una noche cualquiera,
—yalo
ni este un paseo como los de todos los dias.
Ocurre que a Nabuco se le metid una idea en
la cabeza. Y no puedo negarle nada porque hoy
es su cumpleafios. (No sé si notaron la coin-
cidencia: cumple afios el mismo dia que Luis
Pasteur)..clarar algo:
Antes tengo ave #
Nabuco es lo mas chico que uno pueda ima
ginar en perros, Es asi desde siempre, 0 al me-
nos desde que me lo regalaron.
‘Ta persona que me lo regal6 —un amigo—
dijo que habia sido un perro grande que por
algun misterio encogié. Yo nunca cref eso, Me
parece demasiado fantéstico. No veo razones
para que un perro encoja, a menos que sea de
trapo, y él no es de trapo. Mi amigo insiste en
que era grande, por eso lo bautizé Nabucodo-
nosor. Yo le acorté el nombre por una razén
muy simple: ese nombre no cabia dentro del
perro tal como era cuando lo recibi.
La verdad es que muchas ge-
neraciones de razas de pe-
rros enanos se cruzaron
a lo largo de los siglos
para dar como resultado
a Nabuco. Es mfnimo.
No tengo por qué ocul-
tar que duerme en una
frutera y todavia le sobra
espacio. Por supuesto la
frutera es solo para él LE
ynopongootrasco- Sy
sas adentro. n
E] tamafio de Nabuco me obliga a tomar
precauciones, De noche lo saco a la calle con
una correa fosforescente porque hay personas
distraidas que en la oscuridad no lo ven y son
capaces de pisarlo, Muchos creen que paseo s0-
Jamente una correa,
En esas salidas nos cruzamos con otros pe-
ros. Ninguno parece darse cuenta de la exis-
tencia de Nabuco, excepto un gran danés que
Nabuco se llevé una noche por delante, Ten-
drian que haber visto la cara que puso el danés.
‘Lo miré como una montafia puede mirar a un
mani. Abrié la boca y pensé que se lo iba a co-
mer, pero no, la abrié de asombro. Desde enton-
ces, cuando lo encuentra, lo mira. Se detiene y
Jo mira, Creo que no lo cree. Nabuco también lo
mira, No sé... Tal vez los dos, alld en el fondo de
sus almas perrunas, se comprendan,
Los paseos més tranquilos son los que ha-
cemos de noche. No son los tinicos, pero silos
més seguros.
Todavia recuerdo como una pesadilla el dia
que mi tia Carlota me invité a tomar el té e in-
sistié en que lo levara, Habia invitado también
@ una amiga suya vieja, por supuesto— que
‘apenas entramos Nabuco y yo, dijo:
—Pensé que iba a venir con su perro..Carlota intervino,
Le trajo, ahr esta, es ese.
Cuando vi que la vieja se ponta los anteojos
Para mirarlo,la odié. Carlota se dio cuentay cane
bis de conversacién enseguida, pero no pudimos
evitar que durante toda la tarde la bruja observe,
taamiperro como a una estampilla rara,
Ese dia horrible sbamos por la mitad del té
cuando notamos que Nabuco habia desaparecido,
Lo lamamos hasta desgafiitarnos. No con.
testaba. Lo buscamos primero en ellivingy des.
ués en el resto de la casa. No quedé um rincén
sin revisar. Carlota y yo gatedbamos entre los
muebles y nada, mi perro se habia evaporado.
Pueden imaginar mi desesperacién,
—2Y si barremos? —dijo la vieja, que no se
habia movido dela silla,
Yo pensé una cosa, Lo que pensé fuer vieja la-
garta. Nolo dije, pero Carlota me leyé el pensa-
miento y sospecho que estuvo de acuerdo. iElla
también la vio cuando destapé la tetera y miré
adentro por si Nabuco estaba ahi!
Seguimos buscando,
Como ala hora, descubrimos los agujeros de
los pedales del piano, Era una posibilidad, Pero
si se habia metido ahi, épor qué demonios no
contestaba?
Carlota tuvo una inspiracién de las suyas: se
sent6 al piano y arraneé con un valsecito enér-
gico. Apenas tocé unos compases, Nabuco la-
dr6, Elladrido soné amplificado, grave.
El reseate fue un problema porque tuvimos
que abrir el piano. Un piano vertical. Que si hu-
biera sido de cola, no habria sido necesario,
Primero sacamos la tapa de abajo. No fue su-
ficiente porque mi perro estaba escabullido en
Ja maquina del piano y no habia forma de loca
lizarlo, Entonces levantamos la tapa de arriba y
asi pudimos sacar también la que est4 sobre el; tenian dxido y la madera
teclado. Las
laba pena. Se ve que el piano de Car-
1¢ dabs
erujia qt
Jota no estaba prepare : . a
oti por fin lo ubicamos, meti la mano en-
Cuando :
tre los martillos para sacarlo ¥ Sin querer rompj
dos. No eran de los mas importantes, pero Car-
lota igual se la agarr6 conmigo. Se PUSO peor
cuando estropeé tres clavijas y saltaro
cuerdas. Estuvo injusta. Yo le dije que se las iba
a reponer y que mi perro era mds importante
que tres cuerdas rofiosas. (Ahora que
do, tengo que reponer las cuerdas de
Nabuco estaba en el fondo del piano, lejos,
Como no lo aleanzaba con el brazo, tuve que
pescarlo con la pinza de las masita
envuelto en pelusa.
n las
™e acuer-
Carlota),
Ss. Aparecié
Encontramos también un
par de ratones fosilizados que habran vivido
alli cuando mi tia era niftita. Nabuco no parecia
asustado. Enseguida se puso a perseguir poli-
llas que volaban. Yo tenia ganas de abrazarloy
matarlo al mismo tiempo. /
Lamentablemente no pudimos armar el pie
no de nuevo. Las tapas no encajaban. No entiew
Bi n por
do qué pasé. O se torcieron o se hincharo dé
El piano at
la humedad 0 algo hicimos mal. 9 asi. Carlot®
jarl
con todo al aire. Hubo que dejar’
no estaba contenta.La vieja miré el piano destripado y coments:
Era més fécil sacarlo por adelante con la
aspiradora,
Me le fui encima. Digan que Carlota me la
arraneé de entre las manos, que si no la estran-
gulo, Nunca més nos invité juntos a la lagarta y
ami,atomarelté ni anada.
Desde ese dia espantoso tuve que redoblar
las precauciones con Nabuco.
Jams lo llevo de visita a una casa si antes
no me aseguran que han tapado las rejillas, la
pedalera de los pianos, los agujeros de los 26-
calos, los desagiies y las madrigueras de topos
de los alrededores. (Pero quién puede prever
todos los peligros que acechan a una criatura
como Nabuco!
Por eso prefiero los paseos de la noche, cuan-
do lo saco porque necesita salir, Ahora, por
ejemplo. Esta noche. Aunque esta no va a ser
una noche cualquiera,
Como dije, Nabuco hoy cumple afios. Més 0
menos para esta fecha siempre le hago la mis-
ma pregunta:
—éQué querés que te regale?
Hasta ahora se habia conformado con cosas
razonables: un comedero nuevo, una capita de
abrigo, un hueso de pléstico, un talco, un pafiue-
lo, zoquetes... El afio pasado le regalé un trofeo
de perro campeén y le hice grabar su nombre,
aunque Nabuco no ha ganado de verdad nin.
gtin concurso canino y seguramente nunca lo
ganard. Es cierto que tampoco lo presenté. No
imagino en qué categoria de perros puede com-
petir Nabuco.
A veces tengo que cambiar los regalos por-
que no le gusta el color o porque le quedan
grandes, detalles asi, pero nada mas. Es conmo-
vedor ver cémo los agradece.
Sin embargo este afio fue distinto, todo se
complicé. Y se complieé por una casualidad.
La cosa empezé una mafiana hace diez o quin-
ce dias, cuando Nabuco me trajo el diario a la
cama. Es decir, esa mafiana entré el diario —muy
temprano porque madruga—, pero no melo trajo
porque se quedé en la cocina mirando el suple-
mento de turismo.
Habfa una nota sobre California.
Descubrié una foto magnifica:
de pinos gigantes, las famosas sequoias del
Parque Nacional, que son lo més grande que
uno pueda imaginar en rboles. Troncos de
cien metros de altura y treinta y cinco metros
de circunferencia, que tardaron tres mil afios
un bosqueJe que quince personas to-
en formas, mance apenas pueden abrazar, Y
in bosque de es0--
od ae esorin de importantes 108 érboles que
_-decia la nota— el més grande y viejo hasta tie
he nombre: se llama General Sherman. Ya ex,
tia cuando se construyeron las pirémides qe
Egipto.
‘Cémo serdn de robustos, que el hombr,
descubrid el bosque, hace ciento rd
afios, construyé su casa en el hueco de un tao
co eaido, En otra foto se vefa una sequoia se,
vesada por una calle donde circulaba tin anc,
Eeos sf eran érboles para ganar un campeon”
Tan impresionado quedé Nabuco con lag pa
quoias que ese dia se olvidé de pedir el desayung,
Desde entonces le cambié la cara,
Empecé a notarlo desganado, ausente, sin ni
gin interés por las cosas que habitualmente lo
entusiasman. El, siempre tan alegre, parecia un
moco. Dejé de mirar televisién, de rascarse la pul-
ga... Hasta bajé de peso. Le toqué la frente varias
veces, y no, hebre no tenia, enfermo no estaba.
Se llevé el diario a la frutera donde duerme.
raba la foto y suspiraba. Suspiraba fuer
re para que yo lo escuchara. (Hay que i
nocer que Nabuco es muy abil para hacers
M
entender. Es uno de esos perros que si no hha-
blan es porque no les interesa convertirse en
fenémenos, no porque no puedan).
Al principio no me daba cuenta de cual era el
motivo del cambio, pero ahora me parece que
todo esté claro.
En sus paseos nocturnos Nabuco siempre se
conformé con regar los modestos naranjos que
crecen en la vereda. Hasta el arbusto de mi ve~
cino Roberto resulta demasiado grande para
41, El arbusto lo supera, se pierde en el arbusto.
Entonces vuelve a los naranjitos o a la vara de
sauce que plantaron en la esquina.
Yo me pregunto: épara qué quiere una se-
quoia gigante un perro del tamafio de Nabuco
siuna planta de margaritas es més que sufi-
ciente para hacer lo que él hace todas las no-
ches? éQué le agarré? iCémo puede figurarse...!
Pero él es asi,lo conozco, se le metié esa idea
en la cabeza y ya no hay quién se la saque.
¥ no puedo decirle que no porque nunca le
he dicho que no a sus antojos de cumpleafios. A
ver si todavia pierde la confianza en mi. Lo peor
que le puede pasar al duefio de un perro es que
el perro le pierda la confianza. Tampoco quiero
que arme un quinotazo. Porque tiene su tempe-
ramento, no crean.
514D ation winnericethentiahties teats AH man nS A eden tmaam
Hoy, veintisiete de diciembre, son las diez de
‘ ae rence
Nabuco sacude la correa, sefial de que ests
: - cate por salir, Le agradezeo que haya
pensado en el detalle de los zapatos de goma
per guas porque llueve aq cantaros, Las lly.
ce verano me afectan mucho,
—Vamos, hacés y nos volvemos enseguida,