Sinusitis
José Gabriel Ávila-Rivera
Sin duda, la frecuencia de enfermedad respiratoria en las poblaciones se incrementa
en una forma grave en esta temporada de otoño-invierno. Sobresalen las infecciones de
la porción superior del aparato respiratorio; pero tal vez uno de los problemas más
menospreciados es el de sinusitis, que no es otra cosa más que la infección de uno o más
de los “senos paranasales”, que son verdaderas cavidades o huecos que se encuentran
dentro de los huesos que forman elementos óseos, constituyentes esenciales de la cara.
Existen muchas teorías que explican el porqué de su forma y función, aunque una de
las más importantes plantea que, si estos huesos fuesen sólidos, sería muy difícil que
mantuviésemos la cabeza erguida simplemente por el peso. Hay cuatro grupos de senos:
Los senos frontales, situados por arriba de los ojos; los senos etmoidales, en el área de
las mejillas; los senos maxilares, en ambos lados de la nariz y por debajo de las mejillas
y finalmente los senos esfenoidales, en la porción interna de los oídos.
Sin embargo, aunque es una enfermedad muy frecuente, también frecuentemente es
mal manejada por el médico de primer contacto, debido a que la comprensión del
padecimiento es difícil. De hecho, históricamente, fue hasta los años de 1967 y 1978
cuando un médico de apellido Messerklinger descubrió que los senos paranasales tenían
un flujo de mucosidad (al que denominó flujo mucociliar) e hizo una serie de
descripciones en la función que indudablemente revolucionaron el tratamiento médico
de la sinusitis aguda y el quirúrgico de la sinusitis crónica, ambos encaminados a
restablecer el drenaje y ventilación de los senos involucrados.
En la enfermedad aguda, los síntomas son relativamente claros (dolor de cabeza por
la mañana que se intensifica o se alivia al mover la cabeza; dolor de cabeza, arriba de
los ojos y en ambos lados de la nariz, para culminar en la molesta congestión nasal);
pero en el problema crónico, es decir, el que tiene una duración de más de dos semanas,
estos síntomas se convierten en algo vago e inespecífico, de muy difícil diagnóstico para
cualquier médico, ya que puede haber desde epistaxis (sangrado de nariz), malestar
general, tos, hiposmia (disminución del olfato), dolor a la masticación y diversos grados
de alteraciones en la emisión de la voz (disfonía). Otros síntomas son mal aliento
(halitosis) y secreción nasal de larga evolución. El intenso dolor facial es un síntoma
que paradójicamente no es tan frecuente en los pacientes con sinusitis crónica. Incluso,
hay algunos casos en los que los pacientes, simplemente, no tienen síntomas.
La inflamación suele desencadenarse a partir de una infección viral o bacteriana que
comienza en la nariz. Generalmente la causa es el resfriado provocado por un virus. En
algunos casos, la inflamación se debe a alergias crónicas que afectan a la parte superior
del sistema respiratorio. Otro de los desencadenantes es la irritación causada por el
cigarrillo. En casos menos comunes, la infección se origina por el absceso de un diente.
A veces, el resfriado o la alergia se agravan con una infección bacteriana secundaria. A
medida que la mucosidad se acumula en el área y las membranas se inflaman, se
obstruye la comunicación entre la nariz y los senos paranasales. El material infectado no
puede salir de la nariz y se produce una presión que al cabo de un determinado tiempo
causa dolor de cabeza y el abigarrado conjunto de síntomas.
El Streptococcus pneumoniae, Haemophilus influenzae y Moraxella catarrhalis son las
bacterias encontradas con más frecuencia en los cultivos de exudación (pus). Las causas
víricas comprenden rhinovirus, virus gripal tipo A y virus parainfluenza. En los
pacientes inmunosuprimidos (con “bajas defensas”) pueden producirse infecciones por
hongos como Candida albicans o Aspergillus fumigatus, entre otros.
Por último, el diagnóstico depende esencialmente de dos elementos: la Historia
clínica y la exploración física minuciosa. Si bien, en el problema agudo se pueden
visualizar elementos muy sugestivos como mucosa nasal enrojecida, inflamada, el pus y
la sensibilidad a la presión; en la enfermedad crónica la exploración física puede
resultar normal. Aquí debe recurrirse a elementos diagnósticos de imagen, como
radiografías y la Tomografía Axial Computarizada (o TAC, por sus siglas), la cual es
útil para visualizar el contenido y la anatomía ósea de los senos, sobre todo si se
sospecha sinusitis esfenoidal y etmoidal o neoplasia (tumores).
Desde la introducción de los antibióticos, las complicaciones graves de la sinusitis no
son frecuentes. Estas complicaciones pueden consistir en osteomielitis del seno frontal,
empiema extradural subdural y trombosis de seno cavernoso. La sinusitis etmoidal
aguda es más frecuente en los niños que en los adultos y puede causar tumefacción
orbitaria y periorbitaria unilateral (ojos “hinchados”).
La terapéutica médica actual se dirige a tratar la infección y a lograr el drenaje de los
senos. Aunque el médico general debe estar bien capacitado en el diagnóstico, se
recurre a la alternativa quirúrgica por el especialista en los casos de sinusitis aguda
complicada, sinusitis insensible a la terapéutica médica enérgica y sinusitis crónica
recidivante (más de cuatro episodios al año). Las intervenciones quirúrgicas
actualmente son muy seguras y comprenden el “lavado”, la liberación de obstrucciones
para proporcionar drenaje efectivo y por último, la resección del tejido enfermo.
Efectivamente la infección respiratoria aguda es un proceso común que suele
resolverse espontáneamente, incluso sin medicamentos (nada es mejor para un
“resfriado” que un día de descaso); sin embargo, nunca se debe dejar de considerar que,
hasta la infección aparentemente más banal se puede complicar. Por eso, la
automedicación indiscriminada (sin una buena exploración física y una cuidadosa
historia clínica, llevada a cabo por el médico), es considerada actualmente peligrosa y
de consecuencias impredecibles a la larga.