TEMA 1: LA PRUEBA
NOCIÓN DE PRUEBA: GENERAL, HISTÓRICA, JUDICIAL.
Primeramente, la palabra “prueba” deriva del latín, en el cual “probatio”, “probationis”, lo mismo que el
verbo correspondiente a “probo, probas, probare”, viene de “probus”, que quiere decir bueno, recto, honrado.
Así, lo que resulta probado es bueno y correcto, podríamos decir que es auténtico, que corresponde a la realidad,
es decir, verificación o demostración de autenticidad. Por su parte, el Diccionario de la Real Academia
Española señala que prueba es: “razón, argumento, instrumento u otro medio con que se pretende mostrar y
hacer patente la verdad o falsedad de algo”.
En este sentido, la palabra prueba tiene un uso amplio en el mundo del saber y la práctica cotidiana, puesto
que se aplica este concepto con una connotación más o menos similar. Inicialmente se construyó como forma de
argumentar acerca de una idea o una propuesta explicativa, más tarde con la aparición del método inductivo se
aplicó a los hechos, lo que modificó el significado del término prueba. Por lo que, probar se vinculó entonces a
la demostración de un hecho o fenómeno, a sus relaciones, a sus causas y efectos; y también a la manipulación
del mismo. De esta manera todos los operadores de las diversas disciplinas científicas tienen que probar sus
tesis o hipótesis.
Equivalentemente, probar en este sentido es convencerse y convencer a otros de la existencia o de la verdad
de algo. Por lo tanto, es producir un estado de certidumbre en la mente de una o varias personas sobre la
existencia o inexistencia de un hecho, o de la verdad o falsedad de una proposición. Puede decirse, también, que
probar es evidenciar algo, o sea, lograr que nuestra mente lo perciba con la misma claridad con que los ojos ven
las cosas materiales.
Por otro lado, históricamente lo probatorio, va paralelo al origen mágico y mítico de la aparición del
hombre en el planeta y de la conformación social de la humanidad, en esta etapa el derecho se confunde con las
creencias religiosas de los pueblos primitivos que tras rituales dará lugar a la conformación inicial e incipiente
de normas reguladoras del comportamiento humano.
Por ello podría afirmarse que, el derecho probatorio surgió con la misma humanidad, desde tiempos
antiguos y ortodoxos, donde el análisis interpretativo de la prueba, emergía o se fundamentaba de la convicción
material de las cosas acreditadas, el análisis partía del juicio de valor que alcanzaba el juzgador por la misma
fuerza de la convicción y de las cosas. Es entonces con el transcurrir del tiempo, que se ha sistematizado el
sentido integral de la prueba, al evolucionar con las artes y la ciencia adquiridas por el hombre. En definitiva, la
prueba se presenta a lo largo de la historia como una necesidad, cuando surge la evidente premisa de probar o
demostrar una verdad sobre un hecho o acto.
Por último, como es sabido, el proceso es la forma jurídicamente regulada de la protección del
ordenamiento legal por parte del Estado, consistiendo en una serie de actos tendentes a la solución coactiva y
pacífica de los conflictos sociales, mediante la actuación de la Ley, que es aplicada por los órganos
jurisdiccionales creados al efecto. Esta serie de actos que constituyen el proceso, se dividen en tres apartados: El
de alegaciones, el probatorio y el decisorio.
Ahora bien, la prueba en este contexto, persigue la convicción judicial; puesto que provoca en las partes y
en el juez la certeza sobre la veracidad o falsedad de los hechos que son materia de un proceso y por
consiguiente, para respaldar las decisiones. De aquí surge la conclusión de que el factor decisivo en la sentencia
radica en la práctica de la prueba.
De lo anteriormente descrito, podemos inferir que la materia relativa a la prueba se aplica principalmente
dentro del campo del Derecho Procesal, porque por regla general, es ante los tribunales, con motivo de un
litigio, cuando los interesados intentan probar sus pretensiones. Por ello, el Código de Procedimiento Civil
consagra numerosas normas relativas a la manera como se rinde la prueba en juicio. En este contexto, desde el
punto de vista procesal, se deben tomar en cuenta dos aspectos:
1. Aspecto objetivo: Donde la prueba es todo medio o herramienta que sirve para llevar al juez a la certeza
de los hechos, o que se utiliza para lograr la convicción judicial.
2. Aspecto subjetivo: Donde se equipara la prueba al resultado que se obtiene con el medio, o sea el
convencimiento o grado de convicción que se produce en la mente del Juez.
No obstante, la prueba también es una materia propia del Derecho Civil, ya que, en primer lugar, hay
situaciones que deben probarse fuera de todo juicio. Así, por ejemplo, para contraer matrimonio, debe
acreditarse la edad mínima exigida por la ley. También la prueba debe presentar una parte sustantiva que
abarca:
• La determinación de los medios de prueba.
• Su admisibilidad.
• El valor probatorio de los diversos medios de prueba.
NATURALEZA JURÍDICA.
Los modernos procesalistas argumentan que la naturaleza jurídica del régimen probatorio pertenece al
campo procesal, ya que tanto en su aplicación como en su estudio toca de lleno esta actividad procesal, sin
embargo en normas de derecho sustantivos encontramos elementos específicos que caracterizan la naturaleza
específica de la prueba. Por lo que, mucho se ha discutido acerca de la naturaleza de las normas jurídicas que
regulan la institución de la prueba, y las opiniones muy diversas y hasta contradictorias pueden clasificarse en
cuatro grupos, a saber:
a) El de quienes las consideran de derecho material.
b) El de quienes les asignan una naturaleza mixta.
c) El de quienes les reconocen una naturaleza exclusivamente procesal.
d) El de quienes las separan en dos ramas (sustancial y procesal).
En un sistema legal que no consagre formalidades documentales "ad substantiam actus”, es decir,
necesarias para la existencia o la validez de actos o contratos, la materia de la prueba en general, y por lo tanto,
el derecho probatorio, tendría un claro carácter procesal, puesto que todos los medios servirían apenas para
producir la convicción sobre la existencia o inexistencia de los hechos, aunque esa convicción puede llevarse
fuera del proceso, a personas que no tienen investidura jurisdiccional e inclusive que no sean funcionarios del
Estado en ninguno de sus órganos.
No obstante, toda norma jurídica consagra formalidades simplemente “ad probationem” tiene un exclusivo
carácter procesal, aun cuando estén contempladas en el Código Civil o Código de Comercio; entonces, la
determinación del grado de eficacia o fuerza probatoria de esas formalidades y de cuáles sirven para cada caso o
contrato, es un mandato dirigido al Juez para dar resolución sobre su existencia y modalidades.
Sin embargo, en muchos países, entre ellos Venezuela, hay normas civiles o comerciales que exigen una
solemnidad especial para la existencia o la validez de ciertos actos o contratos, como la escritura pública para la
compra-venta o hipoteca de inmuebles y para la constitución, reforma o liquidación de sociedades comerciales,
y entonces el documento no es solamente una prueba sino un requisito "ad substantiam actus” que pertenece a
la regulación sustancial de la respectiva materia, y por lo tanto, la norma que lo consagra forma parte del
derecho material; pero no puede desconocerse que también en tales casos ese documento público o privado
sirve asimismo para probar ante el juez la existencia del acto. Se cumplen entonces las dos funciones, material y
procesal, pese a que los contratantes, cuando llenan la formalidad, pueden pensar solamente en la válida
celebración del acto y en la adquisición de los derechos y obligaciones que de él deducen, sin tener en cuenta la
posibilidad de servirse del documento para establecer en proceso su existencia.
En síntesis, se acepta la tesis sobre la existencia de dos clases de pruebas (procesales y materiales o
sustanciales) y, por lo tanto, de dos ramas del derecho probatorio: La procesal, conocida como pruebas
judiciales, y la material o sustancial, ambas como especies del género que puede denominarse derecho
probatorio, pero las segundas se limitan a esas normas que establecen solemnidades "ad substantiam actus”.
Para finalizar, la naturaleza de las pruebas en el ordenamiento jurídico venezolano tiene rango
constitucional, respectivamente en su artículo 49 numeral 1, donde nos hace referencia al debido proceso, el
cual tiene la finalidad de servir de instrumento para la concreción y efectividad de las normas sustanciales, es
instrumento para la realización de la justicia. Al elevarse el Derecho a probar a rango constitucional, las normas
procesales probatorias adquieren relevancia especial. Por lo que, es transcendental para el justiciable ejercer el
derecho a probar. De igual manera, son normas de estricto orden público por ser reglas de interés general e
interesan a la sociedad su preservación para el logro de la justicia.
DEFINICIONES.
La palabra prueba, en sentido estrictamente gramatical, expresa la acción y efecto de probar y también la
razón, argumento o instrumento u otro medio con que se pretende mostrar y hacer patente la verdad o falsedad
de un hecho o cosa. En el campo de las ciencias jurídicas, tiene tres acepciones:
a) Alude a la demostración de la verdad de un hecho, de su existencia o inexistencia. Es el establecimiento,
por los medios legales, de la exactitud de un hecho que sirve de fundamento a un derecho que se reclama.
b) Se refiere a los medios de prueba, o sea, los medios de convicción, considerados en sí mismos.
c) Se habla de la prueba para referirse al hecho mismo de su producción, a la circunstancia de hacerla valer
ante los tribunales. En este sentido, por ejemplo, se dice que la prueba incumbe al actor o al demandado.
Por otra parte, la definición y doctrinaria que se le da a la prueba, es aquella referida a la actividad que
desarrollan las partes ante el tribunal para que éste adquiera el convencimiento de la verdad o certeza de un
hecho o afirmación fáctica o para fijarlos como ciertos a los efectos del proceso. Siendo, la persuasión o
convencimiento que se origina en otro, y especialmente en el juez o en quien haya de resolver sobre lo dudoso o
discutido. Por lo tanto, lo que debe probarse son los hechos, no el derecho. Deben acreditarse los hechos
jurídicos en general y los actos jurídicos en particular.
EL PROBLEMA DE LA DETERMINACION JUDICIAL DE LA VERDAD.
Primero, la verdad viene a ser un valor axiológico de carácter universal, de tan vieja data como la propia
existencia de la naturaleza humana en la faz de la tierra. De ahí que el ser humano, en procura de una existencia
ética, ha persistido en su historia en la búsqueda de valores de verdad para impregnar con ella la coexistencia
que determina el Derecho para la sociedad.
En el ámbito judicial, se distinguen tres categorías al valor axiológico de verdad: La verdad fáctica, la
verdad jurídica y la verdad procesal.
La verdad fáctica se enmarca dentro de lo que los romanos denominaban “quaestio facti”, que significa,
cuestión de hecho. Este término hace referencia a la existencia de unos hechos que son atribuibles a alguien.
En cuanto a la verdad jurídica, los romanos entendían que en cuestiones judiciales, no basta la existencia
del hecho, ha de conformarse una verdad jurídica, lo que en voz latina se conoce como “quaestio iuris”, que
significa cuestión de derecho.
Al respecto, el derecho moderno ha conjugado estas dos categorías, de lo cual se desprende, que frente a la
existencia del hecho, el juez siempre habrá de atenerse a la realidad del orden jurídico, nunca podrá incluir en su
fallo una norma jurídica inexistente, ni tampoco podrá omitir una norma jurídica existente.
Finalmente, la verdad procesal hace alusión a la verdad surgida tras el cumplimiento de las formas
procesales que en la fase de juicio, determina la conformación del criterio que motiva la sentencia.
Debemos tener claro, que tanto en el proceso civil como en cualquier clase de proceso, lo que se consigue
es la verdad procesal, pues, el juez debe sentenciar conforme a lo alegado y probado. Sin embargo, pensamos
que el juez debe ejercer sus facultades para obtener un convencimiento que lo aproxime a la verdad y dé certeza
y seguridad a su decisión.
El problema de la verdad, siempre se ha vinculado al problema probatorio. Por ello se hacen
cuestionamientos lógicos, como: ¿Para qué se prueba en el proceso? ¿Qué finalidad se busca al presentar la
prueba en un juicio?
Se ha dicho que la finalidad de la prueba es establecer la verdad, otros que se trata de convencer al juez de
los hechos, para que éste tenga la certeza que fundamente su decisión, y otros que se trata de fijar los hechos.
Desde un punto de vista pragmático se prueban los hechos, se trata de reconstruir los hechos para que el
juez de una solución al conflicto de derechos o pretensiones. Sin entrar a hacer consideraciones acerca de la
temática de la verdad, se puede indicar que la forma como está elaborado el sistema probatorio conduce a
establecer una verdad histórica, es decir, a una reconstrucción de los hechos para apreciar a través de ellos a
quien corresponde el derecho. Se trata pues, de fijar la existencia de los hechos, lo que sería la verdad histórica,
o sea, el convencimiento de la existencia de un hecho.
PRUEBA Y MEDIO DE PRUEBA.
Inicialmente, se puede diferenciar la concepción de prueba, del medio de prueba, debido a su sentido
estricto entrelazado a las pruebas judiciales, vale decir, que comprende las razones o motivos que sirven para
llevarle al juez la certeza de los hechos; en tanto que por medio de prueba, debe considerarse los elementos o
instrumentos utilizados por las partes y el juez que suministren esas razones o motivos. Es decir, los elementos
de juicio, producidos por las partes o recogidos por el juez, a fin de establecer la existencia de ciertos hechos en
el proceso.
Es pertinente hacer una distinción entre el hecho fuente o fuente de la prueba, vale decir, el hecho principal,
el hecho demostrativo que va a servir de evidencia; y el medio, es decir, el procedimiento, que deviene en lo
aportado por la parte para lograr la certeza dentro del proceso. En sentido estricto, se considera por fuente de la
prueba, los hechos que sirven para la deducción del hecho a probar y que están constituidas por la
representación de este, en tanto que medios de prueba constituyen la actividad del juez mediante la cual busca la
verdad del hecho a probar.
Ahora bien, en el Juicio Oral y Público, la prueba es la actividad que se lleva a cabo con la finalidad de
proporcionar al juez o tribunal, el convencimiento necesario para tomar una decisión. Como es natural, el juez
no puede sentenciar si no dispone de una serie de datos lógicos, convincentes en cuanto a su exactitud y certeza,
que inspiren el sentido de su resolución, la convicción psicológica del juez se logra mediante el contacto directo
e inmediato de los diversos medios de pruebas. Es por ello que la legislación establece los medios de prueba
admisibles, pero incluso dentro de este catálogo de medios de pruebas admisibles, puede suceder que de las
pruebas propuestas por las partes con frecuencia haya una o varias que no sean admitidas por ilegales,
impertinentes o innecesarias al proceso.
En el caso de la legislación venezolana, el artículo 395 del Código de Procedimiento Civil, dispone:
Son medios de prueba admisibles en juicio aquellos que determina el Código Civil, el presente
Código y otras leyes de la República.
Pueden también las partes valerse de cualquier otro medio de prueba no prohibido expresamente por
la ley, y que consideren conducente a la demostración de sus pretensiones. Estos medios se
promoverán y evacuarán aplicando por analogía las disposiciones relativas a los medios de pruebas
semejantes contemplados en el Código Civil, y en su defecto, en la forma que señale el Juez.
En consecuencia, se evidencia que son medios de pruebas admisibles en juicio, los que determina el Código
Civil, el Código de Procedimiento Civil y otras leyes de la República, además de aquellos no prohibidos por la
ley y que las partes consideren conducentes para la demostración de sus pretensiones. Vinculado directamente a
lo anterior, destaca la previsión contenida en el artículo 398 eiusdem, alusiva al principio de la libertad de
admisión, conforme al cual el Juez, dentro del término señalado, providenciará los escritos de pruebas,
admitiendo las que sean legales y procedentes y desechando las que aparezcan manifiestamente ilegales e
impertinentes.
Cabe resaltar que corresponde al juez de mérito declarar la legalidad y pertinencia de la prueba promovida
una vez realizado el juicio analítico que le corresponde respecto a las condiciones exigidas para la admisibilidad
del medio probatorio escogido por las partes, atendiendo a lo dispuesto en las normas que regulan las reglas de
admisión de las pruebas contenidas en el Código de Procedimiento Civil; y será en la sentencia definitiva
cuando el juez de la causa, como resultado del juicio de valor que debe realizar sobre la prueba promovida,
determine la incidencia de la misma sobre la decisión que habrá de dictar en cuanto a la legalidad del acto
impugnado.
PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO PROBATORIO.
El proceso tiene como fin la búsqueda de la verdad, mediante el ejercicio de la acción a través de la
demanda que contiene la pretensión, el ejercicio de derecho a la defensa que contiene la excepción y el dictado
de la sentencia judicial, que resuelve el conflicto judicial sometido al conocimiento del órgano jurisdiccional.
Luego, el proceso, conforme a lo previsto en el artículo 257 de la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela, tiene como finalidad la realización de la justicia, la cual a tenor de lo preceptuado en el artículo 26
constitucional, debe ser gratuita, accesible, imparcial, idónea, transparente, autónoma, independiente,
responsable, equitativa expedita, sin dilaciones indebidas y sin formalismos, elemento este último que equivale
a que la justicia debe prevalecer frente a las formas, tal como lo preceptúa el artículo 2 ejusdem.
En este sentido, el proceso, considerado como el que un conjunto de formalidades procesales creadas por el
legislador, que tienen por fin último el pronunciamiento del órgano jurisdiccional que dirima el conflicto
sometido a la jurisdicción, el cual ha sido considerado como apto e idóneo para la tramitación de la
controversia. No es otra cosa, que el agrupamiento de un conjunto de circunstancias que delimitan, delinean y
guían la forma como se desenvuelve en estrados el conflicto judicial, circunstancias que constituyen las
formalidades o formalismos que garantizan el cumplimiento de los derechos constitucionales procesales y el
buen trámite del proceso, lo cual nos indica que son las formalidades que rigen el proceso y sin las cuales, no
pudiera hablarse del debido proceso legal.
De esta manera, el hecho que la Constitución coloque a las formalidades en un segundo plano, no quiere
decir que el proceso pueda relajarse a voluntad de las partes o del operador de justicia, tomando como principio
la ausencia de formalismos, por cuanto no puede concebirse un proceso totalmente alejado de las formas, ya que
el debido proceso legal, que es otro derecho constitucional consagrado en el artículo 49 de la misma, posee
mayor rango que los formalismos, debe cumplir con una serie de aspectos fundamentales o elementos que en
puridad de verdad, constituyen formalismos tendientes a garantizar un debido proceso legal y una tutela judicial
efectiva, tales como el acceso al proceso, el derecho a obtener una decisión motivada, congruente y que no sea
jurídicamente errónea, el derecho a recurrir de las decisiones gravosas o que causen perjuicio, el derecho a la
ejecución de los fallos, el derecho a la defensa, a ser juzgado por los jueces imparciales y naturales, el derecho a
un intérprete y el derecho de acceder a las pruebas, en cual comprende la producción o promoción de las
pruebas, el derecho a que sean admitidas, evacuadas y apreciadas o valoradas.
En este sentido, el proceso si bien es un instrumento para la realización de la justicia, el cual se materializa
mediante el pronunciamiento que emita el órgano jurisdiccional, caracterizado por su brevedad, oralidad,
publicidad y ausencia de formalismos, no puede concebirse como una herramienta ajena a las formas
procesales, pues precisamente debe garantizarse el derecho constitucional al debido proceso que se encuentra
integrado o conformado por un conjunto de formalidades que garantizan una tutela judicial efectiva, y que son
desarrollados por una serie de principios que sustenta y rigen su buen desenvolvimiento, los cuales igualmente
regulan la materia probatoria. Por tales motivos, el debate procesal para su debida sustanciación, debe estar
comprendido dentro de un conjunto de principios que regulen la secuencia del proceso, principios que también
regulan la actividad probatoria, entre los cuales tenemos:
1) PRINCIPIO DE COMPETENCIA: Se encuentra fundamentado en el segundo parágrafo del artículo
253 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y en el ordinal 4º del artículo 49 eiusdem,
aunado a lo estatuido en los artículo 388, 389, 397 y 398 del Código de Procedimiento Civil.
Este principio señala que el Tribunal donde ha de promoverse, admitirse, evacuarse el medio de prueba, y
posteriormente deberá valorarse la prueba debe ser un tribunal competente, salvo las situaciones casos en que el
Tribunal de la causa deba delegar su competencia a otro tribunal de distinta categoría o de igual categoría, tal es
el caso de la comisión, bien se trate de despacho, exhorto, rogatoria o suplicatoria, entre otros, conforme las
reglas de la Comisión establecidas en el artículo 234 al 241 del Código de Procedimiento Civil (C.P.C).
Es importante destacar que existen excepciones a la facultad de aplicar la evacuación de pruebas por
comisión, en virtud que rige el principio de inmediación y concentración como en los Juicios Orales. Por
ejemplo, en materia agraria, Niños, Niñas y Adolescentes, Penal y Tránsito, las pruebas deben debatirse en el
juicio oral, en caso contrario, no tienen validez.
2) PRINCIPIO DE LIBERTAD PROBATORIA: Conforme a este principio las partes no tienen límites
al uso de los medios probatorios con los cuales aspiran demostrar en el proceso, sus afirmaciones de hecho, ya
que pueden valerse de cualquier medio de prueba regulado en el Código Civil, el Código de Procedimiento
Civil, o cualquiera otras leyes, e incluso aquellas pruebas que no se encuentran reguladas en la ley, siendo la
única limitante, en cuanto a los usos de los medios de prueba, que el mismo no sea expresamente prohibido en
la ley.
Por lo tanto, las partes en juicio les es válido hacerse valer de cualquier medio o mecanismo idóneo para
demostrar la veracidad o falsedad de un determinado hecho alegado y relevante para el mérito de la causa, en
pro de la protección del derecho constitucional a la defensa. Ahora bien, esta libertad probatoria de que gozan
las partes, está consagrada en el único aparte del artículo 395 del Código de Procedimiento Civil, y declina ante
dos limitaciones, también consagradas en el mismo Código, específicamente en su artículo 398, y las cuales
están constituidas por la impertinencia manifiesta y por la ilegalidad también manifiesta de la prueba aportada,
entendiéndose que la prueba es manifiestamente impertinente cuando con ella se pretenda hacer constar la
veracidad o falsedad de un hecho no controvertido, es decir, de un hecho que no forma parte del contradictorio,
bien por no haber sido oportunamente alegada, bien porque habiendo sido alegado fue expresa o tácitamente
aceptado por la parte contraria, lo cual desvirtuaría el fin mismo de la prueba.
La otra limitación es referida a la ilegalidad de la prueba, se configura cuando la utilidad del medio o
mecanismo del que se sirva la parte en juicio, este expresamente prohibido por alguna disposición legal, bien
por qué no se llenen los extremos de ley para su utilización o bien porque su utilización como medio este
completamente vetada por la ley. De esta manera y conforme al principio, la parte en juicio puede servirse de
cualquier prueba siempre y cuando la misma no resulte manifiestamente ilegal ni impertinente.
También, si observamos detalladamente el artículo 395 de la ley in comento, encontramos una distinción o
tipos de medios de prueba, los cuales a saber, son:
a. Medios de pruebas regulados: Son aquellos que están previstos en las leyes, es decir, que su forma de
promoción viene determinado por las leyes.
b. Medios de pruebas no regulados: Son aquellos que no están previstos en las leyes, no teniendo
regulada su forma de promoción y evacuación. Por lo cual, su promoción y evacuación, se realizará aplicando
por analogía los medios probatorios regulados, como por ejemplo, el caso de la fotografía, el cual se asemeja a
la prueba documental, a cuyo efecto e promoverá y evacuará aplicando analógicamente las normativas de la
prueba escrita.
Pero si el medio de prueba no regulado, no encuentra analogía con los medios de prueba regulados, es decir,
de no existir un lazo comunicante entre el medio de prueba regulado y el no regulado, la forma de promoción y
evacuación la determinará el juez, como puede ser, por ejemplo, la prueba contenida en un video cassette, la
cual se evacuará en la forma que señale el operador de justicia, ya que no existe un medio de prueba regulado
análogo en el ordenamiento jurídico.
Es importante destacar, que el legislador en el artículo 395 del Código de Procedimiento civil, señala que
los medios de prueba no regulados se promoverán y evacuaren aplicando por analogía las disposiciones
relativas de los medios de pruebas semejantes contemplados en el Código Civil, lo cual infelizmente delimita
aplicación de la analogía a los medios de prueba contenidos en la Ley sustantiva civil, pero consideramos, que
esa analogía no se debe limitar al código sustantivo, siendo perfectamente aplicable la analogía con otras leyes
de la República más novedosas y actualizadas que regulen medios probatorios semejante, pues el Código Civil
venezolano data del año 1986.
En los actuales momentos, existen medios probatorios técnicos y computarizados que no fueron vistos por
el legislador del 86, como es el caso del novedoso Decreto con Rango y Fuerza de Ley de Mensajes y Datos de
Firmas Electrónicas. Por tales motivos, la analogía para promover y evacuar los medios de pruebas libres o no
regulados, no se limita a los medios probatorios contenidos en el Código Civil, ello a propósito del contenido de
los artículos 26 y 27 constitucional.
Por último, para el cumplimiento de la finalidad de la prueba destinada a lograr la convicción del juez sobre
la existencia o inexistencia de los hechos controvertidos, la regla es que las partes pueden acudir a cualquiera de
los medios conforme estimen conveniente y siempre y cuando las restricciones y excepciones de derecho
estricto no se apliquen, analógicamente, a supuestos distintos a los previstos en la ley.
3) PRINCIPIO DE ADECUACIÓN: Significa que la prueba debe ser adecuada para demostrar los
hechos, vale decir, debe ser útil y pertinente. Por lo cual, el medio de prueba promovido debe guardar relación
lógica con los hechos afirmados.
4) PRINCIPIO DE PUBLICIDAD: Este principio en la legislación venezolana, encuentra su fuente legal
en el Ordinal 1º artículo 49 Constitucional y 24 del Código de Procedimiento Civil; en conclusión, las
actuaciones judiciales deben ser públicas, factibles de ser presenciadas por todos, y en especial permitir a las
partes intervenir en la evacuación de la pruebas para hacer la observaciones y objeciones que consideren
pertinentes para sus derechos e intereses. De tal modo, una vez sea admitido el medio de prueba, deberá ser
evacuado a la vista de las partes, para que en cuyo caso, la parte contraria pueda controlar la evacuación del
medio de prueba. La excepción al principio de publicidad es la reserva que se hace en los escritos de promoción
de medios de prueba, hasta vencido el lapso de promoción, de conformidad con el artículo 110 ejusdem.
5) PRINCIPIO DE CONTRADICCIÓN: Está implícito dentro de la garantía constitucional del debido
proceso, tipificada en el artículo 49 del texto constitucional. Es por ello, que a cada una de las partes se les debe
brindar la oportunidad razonable de tomar posición, de pronunciarse, de contradecir las afirmaciones,
pretensiones o pruebas presentadas por la otra parte, también pudiendo ofrecer las pruebas que hacen a su
derecho. La prueba debe ser aportada al proceso de manera oportuna con conocimiento de la otra parte, quien
puede oponerse a la admisibilidad de la prueba, de acuerdo a lo previsto en el segundo párrafo del artículo 397
Código de Procedimiento Civil.
En este ámbito, la contradicción garantiza el derecho a la defensa y se da en primer término, en la etapa
subsiguiente al vencimiento del lapso de promoción de los medios de prueba y en segundo lugar, en el lapso de
evacuación de los medios de prueba. El antagonista de la parte promovente del medio de prueba necesita tener
conocimiento acerca del medio de prueba del cual se está valiendo su contraparte para contradecirlo, dando las
razones, y de igual forma, va a contradecir u oponerse, al hecho que pretende demostrar el promovente del
medio de prueba.
Artículo 397 del C.P.C: Dentro de los tres días siguientes al término de la promoción, cada parte
deberá expresar si conviene en alguno o algunos de los hechos que trata de probar la contraparte,
determinándolos con claridad, a fin de que el juez pueda fijar con precisión los hechos en que estén
de acuerdo, los cuales no serán objeto de prueba. Si alguna de las partes no llenare dicha formalidad
en el término fijado, se considerarán contradichos los hechos.
Pueden también las partes, dentro del lapso mencionado, oponerse a la admisión de las pruebas de la
contraparte que aparezcan manifiestamente ilegales o impertinentes.
De la norma anteriormente citada, se infiere que pueden presentarse tres conductas, a saber: Primeramente,
se puede convenir en alguno o algunos de los hechos que trata de probar la contraparte, y estos hechos
convenidos quedan fuera del debate probatorio. En segundo lugar, guardar silencio, es decir, en caso de que las
partes no hagan uso de esa faculta se considerarán contradichos los hechos; y por último, puede oponerse al
medio de prueba y al hecho que se pretende demostrar la contraparte. Pero aquí no acaba la contradicción, ya
que cuando el juez admita los medios de prueba, prosigue la evacuación de los medios de prueba, y allí cada
parte va a controlar la evacuación de los medios de prueba de la parte contraria.
6) PRINCIPIO DE INMEDIACION: La evacuación de las pruebas debe hacerse en presencia de las
partes y del Juez, dirigiéndolo bajo su inmediata atención y resolviendo las incidencias que se presenten. Tiene
su fundamento en la necesidad de que sea el juez del conocimiento o el instructor, no solo quien ordene la
prueba si no que la recoja personalmente, pues solo éste sabrá hacia donde debe orientarla. Para la eficacia de la
prueba, el cumplimiento de las formalidades, la lealtad e igualdad en el debate y su contradicción efectiva, es
indispensable que el juez sea de quien manera inmediata la dirija. Resolviendo primero sobre la admisibilidad e
interviniendo luego en su práctica.
La inmediación permite al juez una mejor apreciación de la prueba, especialmente en materia de
testimonios, inspecciones judiciales e interrogatorios a las partes y a los peritos. Este principio está vinculado
con el principio de competencia, y se rompe cuando el tribunal de la causa comisiona a otro tribunal para sea
evacuado el medio de prueba, allí el juez de la causa no puede imponerse directamente de la evacuación de los
medios de prueba.
Existen medios de prueba en los que no se puede dar la comisión, tal es el caso de las posiciones juradas, ya
que este medio de prueba tiene la particularidad de arrancar la confesión a la parte litigante, y en este caso debe
estar presente el juez; de igual forma ocurre con la inspección judicial, donde el juez interactúa con todos sus
sentidos con el medio que le rodea; interrogatorios de menores y casos de interdicción e inhabilitación, puesto
que así lo establece el artículo 234 del C.P.C.
7) PRINCIPIO DE DOCUMENTACIÓN: Todo lo que transcurra en la etapa probatoria y que deba de
transcurrir de manera verbal debe posteriormente tomar forma escrita para que conste en las actas del
expediente a fin de que sea sometido a la posterior valoración del juez. De tal modo, la prueba documental es
uno de los medios disponibles para demostrar la veracidad de un hecho alegado. Esto por cuanto la información
que consta en documentos o escritos puede ser valorada por un juez como muestra veraz de la autenticidad de
un hecho. Los documentos públicos son el medio más idóneo para demostrar un hecho.
8) PRINCIPIO DE PRECLUSION: Primeramente, la preclusión se define como la pérdida, extinción o
consumación de una facultad procesal. Esta puede resultar de tres situaciones diferentes: Por no haber
observado el orden u oportunidad dado por la ley para la realización de un acto; bien sea, por haberse cumplido
una actividad incompatible con el ejercicio de otra; o por haberse ejercido ya una vez, válidamente, esa facultad
(consumación propiamente dicha).
Ahora bien, el principio de preclusión en materia de pruebas involucra la realización de la actividad
probatoria en sus oportunidades legales, que abarca: La promoción de pruebas, la Oposición a las pruebas, la
Admisión de pruebas y la Evacuación de pruebas. Las etapas o sub etapas del lapso probatorio tienen prefijado
en la ley sus términos o plazos en que deben llevarse a cabo, a tenor de lo señalado en el artículo 392 del C.P.C,
el cual expresa:
Si el asunto no debiere decidirse sin pruebas, el término para ellas será de quince días para
promoverlas y treinta para evacuarlas, computados, como se indica en el artículo 197, pero se
concederá el término de la distancia de ida y vuelta para las que hayan de evacuarse fuera del lugar
del juicio.
Por lo tanto, este principio propugna que las pruebas deben promoverse y evacuarse dentro el
lapso establecido en la ley, sin embargo, excepcionalmente, podrán las partes de común acuerdo, en cualquier
estado y grado de la causa hacer evacuar cualquier clase de prueba, según lo contemplado en el artículo 396
ejusdem.
De conformidad con lo consagrado en el artículo 520 del Código in comento, se permite que en los
Tribunales de Alzada, en caso de ejercer Recursos de Apelación, puedan las partes promover pruebas y señala
taxativamente cuáles de ellas serán admitidas; por lo que escapan de la preclusión del lapso probatorio: Las
pruebas de experticia, inspección judicial, reproducción y reconstrucción, que también pueden ser acordadas
oficiosamente fuera de las oportunidades procesales reguladas por la ley. De igual manera, se aplica en los
casos establecidos en los artículos 434 y 435 del C.P.C.
En síntesis, este principio de preclusión no solo obliga a las partes a producir las pruebas en los tiempos
procesales regulados legalmente, sino que dicho principio abraza la actividad de las partes para oponerse a la
admisión de los medios y para la impugnar, desconocer, tachar según los casos, los medios probatorios que sean
aportados a los autos, lo que se traduce en que el derecho de contradecir y controlar las pruebas, así como de
impugnarlas en forma genérica o específica, debe realizarse en sus tiempos procesales so pena de
extemporaneidad.
9) PRINCIPIO DE EXHAUSTIVIDAD: El juez debe valorar, analizar para juzgar todas las pruebas
producidas, no hay exclusión ni de aquellas que no aporten elementos de convicción, de conformidad con el
artículo 509 del C.P.C. Vale decir, si el juez no valora todas las pruebas incurre en vicio de silencio de pruebas
y en consecuencia, la sentencia está viciada, según lo previsto en el artículo 244 del referido Código.
10) PRINCIPIO DE VALORACIÓN DE LA PRUEBA: La valoración está relacionada con los artículos
507 y 509 del C.P.C. Por su parte, el artículo 509 ejusdem, establece el principio de exhaustividad, el juez al
momento de valorar la prueba debe valorar todo el caudal probatorio y después de valorarlo establecerá su
criterio respecto de la prueba, si la desecha o la estima, aplicando la sana crítica, salvo que una norma legal le
indique como debe valorarla.
La valoración o apreciación de la prueba constituye, indudablemente, una operación fundamental en todo
proceso, pues, es el momento culminante y decisivo de la actividad probatoria, pues, determina el resultado que
se infiere de la práctica de un determinado medio de prueba, es decir, el grado de convicción o persuasión de la
prueba practicada, que puede ser positivo, en cuyo caso se habrá logrado el fin de la prueba (la convicción
judicial). O negativo, al no alcanzarse dicho fin. Es por tanto, una actividad intelectual que corresponde realizar
exclusivamente al órgano jurisdiccional, sin perjuicio de que las partes, durante las sesiones del juicio oral,
dediquen gran parte de sus informes orales, a examinar, analizar y, en definitiva, a valorar la prueba practicada.
El fin de la actividad valorativa del juzgador no coincide, necesariamente, con el fin de la prueba. Este podrá no
alcanzarse, pero en ambos casos la apreciación de la prueba habrá logrado su objetivo, que consiste en conocer
el resultado de la prueba, su eficacia.
Por otro lado, la valoración de las pruebas tiene lugar, según algunos autores, en la fase decisoria del
proceso, una vez concluido el período probatorio propiamente dicho y practicadas las pruebas propuestas y
admitidas. Sin embargo, la apreciación probatoria se inicia, en la realidad, desde el mismo momento en que el
juez o Tribunal entra en contacto con el medio de prueba, o mejor dicho, con la fuente de prueba.
Por consiguiente, resulta oportuno precisar que la valoración de la prueba y convicción o el convencimiento
judicial no son conceptos equivalentes sino distintos. La primera, como actividad intelectual del órgano
jurisdiccional, precede siempre a la segunda; y ésta no es más que el resultado de la valoración o apreciación
efectuada.
11) PRINCIPIO DE LA CARGA DE LA PRUEBA: Las partes deben probar sus afirmaciones de
hecho. Verificándose, que existe la distribución de la carga de la prueba, de acuerdo a lo consagrado en el
artículo 506 del C.P.C, y en concordancia con los artículos 1158 y 1354 del Código Civil, en virtud de que cada
parte debe probar su alegatos.
12) PRINCIPIO DE LA COMUNIDAD DE LA PRUEBA: Llamada también de la adquisición. Una vez
hayan sido debidamente evacuados los medios de prueba ya no le pertenecen a la parte promotora, sino que le
pertenecen al proceso, es decir, no pertenece a quien la aporta y en tanto, es improcedente pretender que sólo a
éste beneficie, puesto que, una vez introducida legalmente al proceso, debe tenérsela en cuenta para determinar
la existencia o inexistencia del hecho a que se refiere, sea que resulte en beneficio de quien la adujo o de la
parte contraria, que bien puede invocarla. Este principio determina la inadmisibilidad de la renuncia o
desistimiento a la prueba ya recibida.
13) PRINCIPIO DEL CONTROL PROBATORIO: El artículo 49 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela, en su numeral 1º, consagra que las partes antes de su evacuación tengan la
posibilidad de conocer de los medios de pruebas promovidos, y por lo tanto, las partes tienen derecho de
acceder a la pruebas para analizar su pertinencia y su licitud, es decir, tienen derecho a controlar y verificar que
las mismas se ajusten a la legalidad.
14) PRINCIPIO DE CONDUCENCIA Y PERTINENCIA: Cuando se habla de conducencia quiere decir
que el medio de prueba debe ser apto, idóneo y capaz para extraer de él la prueba que se aspira recaudar. La
conducencia siempre está relacionada con el medio de prueba, la pertinencia en cambio está relacionada con la
prueba del hecho. Pertinencia quiere decir que el hecho que pretende demostrarse guarde relación lógica con la
controversia planteada.
15) PRINCIPIO DE LEGITIMACIÓN: Alude a que los legitimados en el proceso para la promoción y
evacuación de medios de prueba son las partes. Su fundamento legal se encuentra en los artículos 170, 396 y
506 del C.P.C.
16) PRINCIPIO DE IGUALDAD PROBATORIA: Recordemos que el artículo 21 de la Constitución de
la República Bolivariana de Venezuela consagra el principio de igualdad ante la ley, y en concordancia, el
artículo 15 del Código de Procedimiento Civil dispone que las partes en el proceso son idénticas en igual de
oportunidades, condiciones, derechos y facultades, lo cual indica que el deber de probar los hechos corresponde
a cada una de las partes.
17) PRINCIPIO DE CONGRUENCIA: Tiene que ver con la relación que debe existir entre lo alegado y
probado en autos y la valoración que realiza el juez con base a su convicción para dictar su decisión. Está
tipificado en el artículo 12 del Código de Procedimiento Civil. Igualmente, guarda relación entre lo alegado y
las pruebas presentadas, tiene que existir correspondencia entre lo que se alega y los hechos que se van a probar.
18) PRINCIPIO DE INTERÉS PÚBLICO: Siendo el fin de la prueba llevar la certeza a la mente del juez
para que pueda fallar conforme a la justicia, hay un interés público indudable y manifiesto en la función que
desempeña en el proceso, a pesar que cada parte persiga con ella su propio beneficio y la defensa de su
pretensión o excepción. Cuando un particular ejercita la acción para iniciar un proceso y lo adelanta, poniendo
en actividad la función jurisdiccional del Estado, busca sin duda, la realización de un interés personal, de su
pretensión. Pero esto no impide la existencia y la efectividad del interés público que en la jurisdicción en
general y en ese proceso en particular existen; esto ocurre exactamente con el ejercicio del derecho subjetivo de
probar.
La prueba, puede considerarse desde un doble punto de vista: Como el resultado del ejercicio subjetivo de
probar, antes señalado, y como acto procesal, o mejor dicho como conjunto de actos procesales que constituyen
una etapa necesaria del proceso y que forman parte de éste, ya que sin ellos no puede existir sentencia y por lo
tanto, el proceso no podría ser completo ni cumplir su función.
El juez debe enunciar en la sentencia los motivos de la decisión y entre ellos ocupa lugar preeminente el
examen de la prueba, aparece evidente que la prueba tiene un fin que va más allá de la persona del juez, y se
refleja y expande en el amplio dominio de la conciencia social a través de los diversos órganos de control de
que dispone la sociedad. Pues en todo caso, la prueba tiene por objeto suministrar al Juez los medios de fallar
conforme a justicia. Cuando se obliga a una parte a que exhiba una prueba a solicitud de otra, no se le pide que
ayude a su adversario, sino que ilustre y aclare la información del juez. Lo cual no es un beneficio al adversario
y un perjuicio a sí mismo, sino una ayuda indispensable a la misión impersonal y superior de la justicia; en cuyo
mantenimiento está interesada la comunidad.
Por último, el artículo 2 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela consagra que
Venezuela es un Estado Democrático y Social de Derecho y de Justicia. Desde este enfoque, la justicia está
tipificada como un valor superior dentro del ordenamiento jurídico, esto significa que la finalidad es perseguir
ese valor jurídico; en suma, el artículo 253 ejusdem, establece que la potestad de administrar justicia emana de
los ciudadanos y ciudadanas, lo que significa que hay un interés social en la búsqueda y logro de ese valor.
19) PRINCIPIO DE LA NO DISPONIBILIDAD E IRRENUNCIABILIDAD DE LA PRUEBA: Este
principio, deducido de otros como, el Principio de la Comunidad de la Prueba, de su interés público y de su
obtención inquisitiva y coactiva por el juez, significa que no le corresponde a las partes ningún derecho para
resolver si una prueba que interese a los fines del proceso debe ser o no aducida, sino que el juez dispone de
poderes y medios para llevarla al proceso; igualmente significa que una vez solicitada la práctica de una prueba
por una de las partes, carece ya, de facultad para renunciar a su práctica si el juez la estima útil, y que si ya fue
presentada o practicada, no puede renunciar a ella para que deje de ser considerada por el juez.
20) PRINCIPIO DE LA IMPARCIALIDAD DEL JUEZ EN LA DIRECCIÓN Y APRECIACIÓN
DE LA PRUEBA: La dirección del debate probatorio por el juez impone necesariamente su imparcialidad, esto
es, el estar siempre orientado por el criterio de averiguar la verdad, tanto cuando decreta pruebas oficiosamente
o a solicitud de parte, como cuando valora los medios allegados al proceso. Por su parte, la imparcialidad del
juez debe presumirse, a menos que exista alguna causal prevista en la ley como motivo de inhibición o de
recusación, en cuyo caso su competencia subjetiva y moral para el proceso, no solo para las pruebas, lo obliga a
dejar su conocimiento voluntariamente.
La garantía del juez imparcial, está prevista en el artículo 49 ordinal 3 de la Constitución de la República
Bolivariana de Venezuela, el cual consagra que toda persona tiene derecho a ser oída en cualquier clase de
proceso con las debidas garantías y dentro de un plazo razonable determinado legalmente, por un tribunal
competente, independiente e imparcial.
21) PRINCIPIO DE GRATUIDAD: En el artículo 26 de la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela, se haya consagrado el principio de gratuidad de la justicia. Este principio establece que dado el
interés general que radica en el proceso y la prueba, lo ideal es que el Estado satisfaga el servicio público de
justicia de manera gratuita, sin gravar económicamente a las partes por la recepción y práctica de los medios
probatorios, así sean inspecciones judiciales, dictámenes de expertos oficiales, interrogatorios de testigos y de
las mismas partes, examen de documentos, entre otros. Únicamente cuando los interesados soliciten el dictamen
de peritos particulares o la expedición de documentos notariales o que se encuentren en otros archivos, se
justifica que deban costear los honorarios de aquellos y los servicios de éstas.
Este principio se opone radicalmente al sistema de arancel judicial, que obliga a las partes a cancelar
determinadas sumas de dinero por las distintas diligencias judiciales. No solamente la práctica de las pruebas
debe ser gratuita, sino la tramitación total de los procesos laborales, civiles, contencioso-administrativo, fiscales
y penales, con raras excepciones; sin que esto impida la condenación de la parte vencida al pago de las costas
del proceso, que es una medida justa y conveniente.
22) PRINCIPIO INQUISITIVO: Este principio se basa en la potestad de investigación oficiosa del juez
sobre los hechos. Cuando se afirma que lo característico de este principio es que se constituye una potestad del
juez, lo que no implica que la etapa probatoria este sometida a la voluntad del juez o a su iniciativa. Este
principio significa que el legislador le otorga poderes al juez que anteriormente no poseía y se encuentra en los
artículos 401 y 514 del C.P.C.
23) PRINCIPIO DE LEALTAD PROBATORIA. Las partes no deben usar los medios de prueba para
esconder o desfigurar la realidad. Es por ello, que la prueba debe estar libre de dolo y violencia, cumpliendo con
las reglas que tienen que ver con la lealtad, la probidad y el respeto a la justicia. Sus fundamentos legales los
encontramos contemplados en los artículos 17, 170, 393 y 394 Código de Procedimiento Civil.
TEMA 2: OBJETO DE LA PRUEBA.
De lo que se trata objeto de la prueba, según expresión de Couture, es de buscar una respuesta para la
pregunta: ¿Qué se prueba? ¿Qué cosas deben ser probadas?
Como respuesta idónea sería que se deben probar todos aquellos hechos o situaciones materiales o
conductas humanas que se alegan como fundamento del derecho que se pretende y que sean de interés para el
juicio y que puedan ser susceptibles de demostración histórica.
No se trata de determinar en general y en abstracto, qué cosas pueden ser probadas, esto es, aquello sobre lo
que puede recaer una prueba, como cuando se discute si lo no ocurrido aún, a los procesos anímicos internos,
pueden ser objeto de prueba; sino de determinar qué cosas deben ser probadas en un proceso judicial concreto,
en el cual, además del juez que ha de resolver la controversia y a quien van dirigidas las pruebas, concurren él
las partes, interesadas en llevar a la convicción del juez la verdad o falsedad de los hechos alegados.
En términos generales el objeto de la prueba consiste en demostrar la existencia o inexistencia de un hecho,
por lo tanto todo lo que pueda ser objeto del conocimiento y que se alega como fundamento del derecho que se
pretende, debe ser entendido como objeto de la prueba.
El objeto de la prueba está centrado en demostrar la veracidad o certeza de los hechos que al ser alegados,
llevan consigo la necesidad de determinar su verosimilitud. Carnelutti, sostiene que el objeto de las pruebas
judiciales está centrado en las afirmaciones que hagan las partes en el juicio. Mientas que Devis Echandia,
establece que el objeto de la prueba está constituido en los hechos no admitidos y que no se encuentran en la
esfera de los hechos notorios, puesto que la verdad absoluta que encierra estos hechos no admiten debate alguno
y por ello no exigen pruebas en contrario.
Los hechos que deben probarse son aquellos del cual surge o depende el derecho discutido en un proceso y
que resultan determinantes en la decisión del mismo.
Es así que, en ocasiones ciertos hechos sirvan sólo para llegar al conocimiento de otros que resultan
creadores de la convicción en el juez del acaecimiento de estos. En tal sentido el sentenciador, deberá resolver
sobre la prueba de hechos que hayan sido expuestos en la correspondiente demanda, como también sobre
aquellos que sean conducentes a la demostración de los hechos alegados por las partes.
De igual manera hay determinados hechos cuya prueba no resulta necesaria, como lo serían aquellos
confesados o admitidos por las partes. También es innecesaria la prueba de los hechos notorios, entendiendo
como tales aquellos cuyo conocimiento forma parte de la cultura normal propia de un determinado círculo
social en el momento en que la decisión se pronuncia, por lo que pueden ser de muy variada índole, pero su
principal característica es que estos son del dominio público, en el sentido de que nadie lo pone en duda.
En el mismo orden de ideas, aquellos hechos que no estén relacionados con las afirmaciones que se
discuten en el proceso, es decir que carezcan de pertinencia no requieren ser probados.
Para Devis Echandia por objeto de la prueba debe entenderse lo que se puede probar en general, es decir,
resulta aquello sobre lo que puede recaer la prueba y que sea susceptible de comprobación ante el órgano
jurisdiccional del Estado, abarcando los hechos pasados, presentes y futuros, así como los asociados con
determinadas operaciones reducibles a silogismos o principios filosóficos. Según este autor, por hechos
debemos entender “todo lo que pueda ser percibido y que no es simple entidad abstracta o idea pura” es decir
todo lo que pueda probarse para fines procesales.
El juicio centra el interés de las partes en el resultado que representa el veredicto. Mediante el debate de los
medios de prueba se construye la verdad procesal, la cual consiste en plasmar en la conciencia del juez la
evaluación objetiva y la responsabilidad subjetiva que fijará los hechos sujetos a la sentencia.
El resultado se evidenciará de los hechos alegados y probados, dentro de lo que se incluirán las normas
jurídicas que fijará el supuesto fáctico, del que se deriva la consecuencia jurídica. El tema del fin de la prueba
busca como respuesta: "qué se pretende probar”, y “que cosas deben probarse", el resultado representa la
condición objetiva que se materializa en el convencimiento judicial y el veredicto plasmado en la sentencia.
Principio General de la Prueba de los Hechos y de la No Prueba del Derecho.
La prueba es un acto de parte, ella tiene como destinatario al juez, el cual la recibe y valora o aprecia en la
etapa de decisión de la causa; y también al momento de decidir la causa, el Juez se enfrenta a dos tipos de
cuestiones; la quaestio iuris que refiere al derecho aplicable, y la quaestio Facti, que se reduce a establecer la
verdad o falsedad de los hechos alegados por las partes.
El objeto de la prueba, comprende fundamentalmente dos grandes apartados:
La prueba de los hechos y la prueba del derecho. El Código de Procedimiento Civil venezolano hace
expresa mención a los hechos y al derecho al establecer en el Art. 340 como requisitos de la demanda “la
relación de los hechos y los fundamentos de derecho en que se basa la pretensión” (ord. 5) y en el Art. 389 las
circunstancias en las cuates no hay lugar al lapso probatorio, entre ellas: 1 “Cuando el punto sobre el cual
versare la demanda, aparezca, así por ésta como por la contestación, ser de mero derecho”. 2 “Cuando el
demandado haya aceptado expresamente los hechos narrados en el libelo y haya contradicho solamente el
derecho”, y 3 “Cuando las partes, de común acuerdo hayan con venido en ello”.
Como regla general puede afirmarse con Rosenberg que “Objeto de prueba son, por lo regular, los hechos,
a veces las máximas de experiencia y rara vez los preceptos jurídico””.
Como dice Stein: “El objeto de la prueba procesal sólo lo pueden constituir los preceptos jurídicos y los
hechos, puesto que el juez tiene siempre la misión de subsumir supuestos de hechos, es decir, conjunto de
hechos, en los preceptos legales, con objeto de afirmar o negar la procedencia de las consecuencias jurídicas de
dichos supuestos fácticos””.
Pues bien, ahora cuando se trata del objeto de la prueba, éste no puede consistir sino en la afirmación, o
alegación de los en que se fundamenta la pretensión, Como lo exige para la demanda el Art. 340, Ord. 5 del
Código de Procedimiento Civil.
Existe pues, normalmente, una identificación de principio entre el objeto de la prueba y el objeto de la
alegación, así como existe una estrecha correlación entre la carga de la alegación y la carga de la prueba,
conforme al conocido principio según el cual, para demostrar un hecho en el proceso es menester haberlo
afirmado, sea el actor en la demanda, o bien el demandado en la contestación “.
En conclusión, puede sostenerse con Rosenberg, que hecho, en el sentido de objeto de la prueba, es todo lo
que pertenece a la tipicidad de los preceptos jurídicos aplicables y forma la proposición menor del silogismo
judicial; esto es: (Los acontecimientos y circunstancias concretas determinados en el espacio y en el tiempo,
pasados y presentes, del mundo exterior y de la vida anímica humana, que el derecho objetivo ha convertido en
presupuesto un efecto jurídico”.
La Prueba del Derecho Extranjero y la Inconstitucionalidad de la norma jurídica.
En variadas hipótesis el juez puede encontrarse en la nece5idad de aplicar derecho extranjero. La primera y
fundamental es aquella en la cual una norma nacional de derecho internacional privado remite al derecho
extranjero para la solución del mérito de la controversia, en atención a las conexiones que tiene la relación
jurídica material con aquel derecho.
En otros casos, la aplicación del derecho extranjero derivará de normas de otra categoría, como son, las
normas sobre la jurisdicción (competencia procesal internacional) o las normas sobre la eficacia de las
sentencias extranjeras (exequatur). En todas estas hipótesis, nos encontramos en situaciones pertenecientes al
Derecho Procesal Civil Internacional; pero en la primera, se trata de un problema de “competencia legislativa”,
que resuelven las normas de conexión del derecho internacional privado al autorizar la aplicación del derecho
extranjero al fondo de la controversia; mientras que en los demás, se trata de normas que determinan la
competencia procesal internacional para dilucidar jurisdiccionalmente la controversia o para declarar la
ejecutoría de una sentencia extranjera.
En el derecho positivo venezolano, el tratamiento procesal del derecho extranjero encuentra su fuente, no en
el derecho interno, sino en los tratados y convenciones internacionales suscritos por Venezuela.
Son fundamentales, a este respecto, las Reglas especiales sobre la prueba de leyes extranjeras”,
contempladas en los artículos 408 al 411 del Código Bustamante 97; las relativas al “Recurso de Casación”,
contenidas en los artículos 412 y 413 de dicho código; la “Convención Interamericana sobre Normas Generales
de Derecho Internacional Privado”, suscrita en la Segunda Conferencia Especializada Interamericana sobre
Derecho Internacional Privado, celebrada en Montevideo, Uruguay, el 8 de mayo de 1979 °; y la Convención
Interamericana sobre Prueba e Información acerca del Derecho Extranjero”, suscrita en la misma citada
Conferencia Interamericana”.
Con las citadas convenciones suscritas por Venezuela que tienen aplicación preferente por disposición del
artículo 8 del Código de Procedimiento Civil, se llena el vacío existente en su derecho interno acerca del
tratamiento procesal del derecho extranjero, dicho articulo fue derogado por el Art. 1 de la Ley de Derecho
Privado.
Conforme al Artículo 408 del Código Bustamante: “Los jueces y tribunales de cada Estado contratante
aplicarán de oficio, cuando proceda, las leyes de los demás, sin perjuicio de los medios proba torios a que este
capítulo se refiere”.
A su vez, el Artículo 410 de dicho código, establece: “A falta de prueba o si el juez o el tribunal por
cualquier razón la estimaren insuficiente, podrán solicitar de oficio, antes de resolver, por la vía diplomática,
que el Estado de cuya legislación se trate proporcione un informe sobre el texto, vigencia y sentido del derecho
aplicable”.
En relación al recurso de casación, el Artículo 412 del mismo Código Bustamante, dispone:
“En todo Estado contratante donde exista el recurso de casación o la institución correspondiente, podrá
interponerse por infracción, interpretación errónea o aplicación indebida de una ley de otro Estado contratante,
en las mismas condiciones y casos que respecto del derecho nacional”.
A las mencionadas disposiciones del Código Bustamante, se corresponden los artículos 2 y 4 de la
Convenci6n Interamericana sobre Normas Generales de Derecho Internacional Privado.
Según el Artículo 2: “Los jueces y autoridades de los Estado Partes estarán obligados a aplicar el derecho
extranjero tal como lo harían los jueces del Estado cuyo derecho resultare aplicable, sin perjuicio de que las
panes puedan alegar y probar la existencia y contenido de la ley extranjera invocada”. Y el Artículo 4 establece:
“Todos los recursos otorgados por la ley procesal del lugar del juicio serán igualmente admitidos para los casos
de aplicación de la ley de cualquiera de los otros Estados Panes que hayan resultado aplicables”.
Conforme a tales disposiciones del Código Bustamante y de la Convención Interamericana sobre Normas
Generales de Derecho Internacional Privado aprobadas por Venezuela, el tratamiento procesal del derecho
extranjero tiene en nuestro sistema las siguientes características:
a) Se acepta la ley extranjera como derecho, apartándose nuestro sistema de aquellos que la consideran
como simple hecho, y su aplicación entra en la esfera de acción del principio iura novit curia.
En los trabajos de preparación de la Convención Interamericana sobre Normas Generales de Derecho
Internacional Privado, se reconoció, al estudiar el tratamiento procesal del derecho extranjero, que el principio
jura novit curia, es “un principio corriente en el Derecho Internacional Privado Latinoamericano, y que sus
raíces se remontan a) artículo 2 del Protocolo Adicional a los Tratados de Derecho Internacional Privado
suscritos en Montevideo, el 13 de febrero de 1889,
Este principio ha sido reiterado luego en el artículo 408 del Código Bustamante, y ahora en el artículo 2 de
la Convención sobre Normas Generales de Derecho Internacional Privado. En el ante proyecto de convención
preparado originalmente por los profesores mexicanos José Luis Siqueiros y Carlos Arellano García, se
fundamentó esta solución, afirmando que la obligación jurídica de aplicar derecho extranjero cuando éste ha
resultado competente al determinarlo así la norma jurídica ius privatista, “es la consagración expresa de la
penetración extraterritorial de la norma jurídica extraña, base fundamental de la existencia del Derecho
Internacional Privado”.
b) Se impone al juez la obligación de aplicar de oficio el derecho extranjero, sin perjuicio de la facultad de
las partes de alegar y probar la existencia y contenido de la ley extranjera invocada, reconociéndose así a las
partes, la facultad de colaborar con el juez en dicha prueba, sin que esta actividad pueda considerarse como una
manifestación del onus probandi que les corresponde respecto de los hechos, sino propiamente como una
participación de ciencia, para hacer conocida del juez la norma en sí misma, objetivamente considerada, porque
en este caso como observa Micheli la parte no alega un derecho, como lo hace cuando afirma un derecho a
título de razón de la pretensión formulada, sino que asevera el derecho mismo a título de verdad.
Sin embargo, la obligación del juez de aplicar de oficio el derecho extranjero, no supone el deber de
conocer la norma extranjera, sino el de juzgar en todo caso, haciendo uso del poder de solicitar de oficio, del
Estado de cuya legislación se trate, un informe sobre el texto, vigencia, sentido y alcance legal del derecho
aplicable.
c) Se admite el control de casación por infracción, interpretación errónea o aplicación indebida de la ley
extranjera (Art. 412 Código Bustamante y Art. 4 Convención Normas Generales de Derecho Internacional
Privado), separándose así el sistema, de aquellas legislaciones corno la alemana y la francesa, que consideran el
cometido de la revisión o de la casación, limitando exclusivamente al control de la unidad y de la uniformidad
de la aplicación del derecho nacional.
Hechos que son objeto de Prueba.
Según Román Duque Corredor, el concepto integral define la prueba como una actividad procesal,
preferentemente de las partes, para llevar al proceso los datos que han de servir de fundamento a la sentencia
(Jaime Guasp).
Ahora bien ¿Que se prueba? Se prueban los hechos, y solo los hechos controvertidos o dudosos. Por lo que
no son objeto de prueba los hechos admitidos, los hechos notorios y los legalmente presumidos por la ley.
De acuerdo con el Artículo 506 del C.P.C la carga que tienen las partes de probar, se refiere únicamente a
sus afirmaciones de hecho. Esta previsión se complementa con el ordinal 1 del art 389 eiusdem, que determina
que no habrá actividad probatoria cuando la demanda o su contestación versen sobre cuestiones de mero
derecho. El carácter controvertido de un hecho es lo que determina que este sea objeto de prueba.
Son hechos susceptibles de ser comprobados en juicio, los supuestos en los cuales sustenten sus alegaciones
las partes, cuando éstas no los admitan, salvo que por ley o por su notoriedad, o por su carácter indefinido o
indeterminado, estén presumidos o dispensados de prueba.
Y finalmente, como es lógico, para que un hecho pueda ser objeto de prueba debe guardar relación con las
pretensiones o alegatos de las partes, es decir, que no sea extraño al debate judicial, de tal manera que el juez
pueda tenerlo en cuenta a la hora de sentenciar. Que se trate, en sí, de un hecho pertinente.
Son objeto de la prueba:
1. Los hechos producidos del quehacer humano;
2. Los hechos productos de la naturaleza y en cuya formación no ha habido presencia humana.
3. El ser humano en su aspecto tanto físico como biológico.
4. Los hechos psíquicos de la personalidad.
5. Los actos voluntarios o involuntarios del individuo que denotan su conducta en relación con los otros
seres.
6. La costumbre.
7. La ley extranjera.
8. Los hechos sociales ya sean presentes o pasados.
¿Cómo se prueba?
El juez según lo establecido en el artículo 12 del código de Procedimiento Civil, sentenciara conforme a lo
alegado y probado por las partes en el curso del proceso. Es decir, que para lograr éxito en sus pedimentos las
partes han de llevar a su conocimiento la verdad de los hechos controvertidos durante el juicio; no pudiendo la
prueba versar sobre otros diferentes de los contenidos en el libelo o de los alegatos en la contestación de la
demanda porque es sobre estos dos presupuestos o lo que ha de contraerse el debate judicial.
De aquí, la necesidad de que la contestación de la demanda sea lo más clara y precisa posible, a fin de poder
determinarse con exactitud las probanzas a producir por los litigantes en interés y defensa de sus derechos.
Hechos que no requieren Prueba.
1. Los Hechos Convenidos: Aquellos hechos sobre los cuales las partes hayan convenido conforme el
artículo 398 eiusdem, Igualmente el ordinal 2do del artículo 389 del mismo código dispensa del lapso
probatorio a los hechos narrados en el libelo, que hayan sido aceptados por el demandado.
2. Los Hechos Notorios: son los hechos que son generalmente conocidos o admitidos. Articulo 506 C.P.C
último aparte.
3. Los Hechos Presumidos por la ley: artículo 1.398 del C.C.V porque lo que se presume legalmente no
debe ser probado por quien alegue a su favor tal hecho.
4. Los hechos que constituyen afirmaciones o negaciones absolutas: indefinidas o indeterminadas (siempre,
nunca o jamás) El problema de la prueba de los hechos negativos
Pues lo determinante para que un hecho deba ser probado es en sí su existencia y veracidad si se
fundamenta la consecuencia de una norma de la cual las partes aspiran obtener un beneficio en el proceso,
corresponde demostrarlo independientemente de que sea una afirmación o una negación.
Por otra parte, están excluidas de prueba las afirmaciones y las negaciones indeterminadas, que no refieran
a un hecho concreto acaecido en un lugar y en un momento determinado. Un ejemplo de un hecho negativo,
pero concreto puede citarse el artículo 1194 del Código Civil que libera al propietario de un edificio o de una
construcción de la obligación de responder de los daños causados por la ruina de estos, si prueba que la “ruina
no ha ocurrido por falta de reparaciones o por vicio en la construcción”, en otras palabras el propietario tiene
que demostrar que no se ha faltado y que tampoco la construcción tenia defectos, supuestos que constituyen
hechos negativos, pero como se dijo antes, hechos negativos concretos.
El Hecho Notorio.
El Código de Procedimiento Civil, establece que: “Los hechos notorios no son objeto de prueba” (Art. 506).
Tradicionalmente, aun sin disposición expresa, la doctrina y la práctica judicial venían admitiendo que los
hechos notorios no requerían prueba; siguiendo así la máxima del derecho común. No está escrita en ningún
texto de nuestro derecho positivo, decía Mortara; la disposición general según la cual la notoriedad de un hecho
baste para dar la prueba en juicio. Y sin embargo, este es un principio que ninguno se atreve a negar, y que
recibe frecuentes aplicaciones. Tal vez casi inadvertidas, en la práctica cotidiana”.
Desde el punto de vista práctico, interesa determinar cuándo un hecho es notorio; o cómo se convierte un
hecho en notorio; lo que nos lleva al problema de los caracteres de la notoriedad y consecuencialmente, a la
definición del hecho notorio.
Tradicionalmente se distingue la notoriedad que haría superflua la prueba, de aquella que está puesta por la
ley como base de un derecho. En el primer caso, dada la notoriedad del hecho, queda excluida su prueba. En el
segundo, la notoriedad forma parte del supuesto de hecho de la norma, y debe ser probada, sin exigir la prueba
de la veracidad del hecho. Así, la posesión de estado de hijo legítimo, resulta de una serie de hechos que en con
junto concurren a demostrar las relaciones de filiación y de parentesco entre un individuo y la familia a la cual
él pretende pertenecer, entre ellos: “Que haya sido constantemente reconocido como tal en la sociedad” (Art.
206 C.C.); pero esta notoriedad debe ser probada, porque forma parte del supuesto de hecho de la norma.
Asimismo, la notoriedad o publicidad que caracteriza a la posesión legítima, tiene que ser probada junto con los
demás elementos que la caracterizan (Art. 772 C.C.).
De dos maneras —dice Stein— se convierte un hecho en notorio: por la forma en que el hecho ha sucedido,
o por el modo en que el hecho ocurrido ha sido divulgado “.
Así, por ejemplo, un terremoto; una inundación; la elección del Presidente de la Nación: son hechos que
toda la masa del pueblo contempla. Y es testigo de su existencia. En cambio, en otros casos, el hecho es
percibido por un pequeño grupo y luego se convierte en notorio por su divulgación; de tal modo que en estos
casos es la transmisión la que engendra la notoriedad, ya mediante la publicación oficial, o la ciencia histórica o
los periódicos. Sin embargo, en atención a la posibilidad de errores en tales publicaciones, se exige por algunos
autores “que la transmisión sea incontrovertible”.
En general, la doctrina llega al concepto de la notoriedad por exclusión, precisando lo que no entra en esta
noción, pero que puede fácilmente confundirse con ella.
Así, se enseña que notoriedad no es conocimiento general. Un hecho puede ser notorio sin ser conocido por
todos. Tampoco la notoriedad supone conocimiento absoluto. Basta la posibilidad de verificar la existencia del
hecho acudiendo a una sencilla información. Asimismo, notorio no quiere decir conocimiento efectivo. No se
requiere la percepción directa del hecho; basta su difusión en el medio respectivo; la pacifica certidumbre; o
como dice Couture: una especie de seguridad intelectual con que el hombre reputa adquirida una noción.
Finalmente, lo notorio no abarca el conocimiento por todos los hombres de un mismo país o de un mismo lugar.
Así, por ejemplo las ferias agrícolas son notorias para la gente del campo y no para la de la ciudad; ciertos actos
culturales o artísticos, son notorios para la gente de la ciudad y no lo son para la del campo.
Los hechos notorios son concretos sucesos que aparecen en el proceso como premisas menores del
silogismo en que consiste la sentencia; a diferencia de las máximas de experiencia, que por ser reglas generales
extraídas de la experiencia aparecen en las premisas mayores generales no jurídicas, llamadas por ello
“premisas mayores fácticas””. Y si bien, las máximas de experiencia, lo mismo que los hechos notorios,
constituyen una excepción a la regla de que el juez no debe utilizar en el proceso su conocimiento privado y
tienen en común la notoriedad, porque ambas nociones entran en la cultura normal, propia de un determinado
círculo social en el tiempo en que se dicta la decisión, esto no las convierte en un fenómeno único, por que la
notoriedad, en ambos casos, sólo tiene trascendencia en cuanto es tomada en cuenta por la ley para eximir a
unos y otros, de la prueba correspondiente.
D.) Hechos Evidentes: son los hechos conocidos por todos, cuya característica no es dudosa pero que se
puede de alguna manera demostrar. Ejemplo de ello: La noche es oscura y el día es claro. También es un hecho
evidente que un cuchillo sirva para cortar.
E.) Hechos Normales: son aquellos que desde el punto de vista natural se considera que se realizan en
una forma normal. Ejemplo: el amor que siente una madre pro su hijo, ya que algo anormal seria que una madre
no quisiera a su hijo, entonces cuando se presenta un hecho donde la madre dice que quiere a su hijo esto no hay
que probarlo ya que es una situación normal.
El Hecho Notorio Comunicacional.
Mediante sentencia dictada en fecha 15 de marzo de 2000, con ponencia del Dr. Jesús Eduardo Cabrera, la
Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia estableció la noción del hecho comunicacional exceptuado
de prueba. En concreto, las máximas establecidas por la Sala en la referida decisión relacionadas con esta figura
fueron las siguientes:
1. Que además del hecho notorio existe otro hecho (i.e. hecho comunicacional) que si bien puede no ser
cierto, adquiere difusión pública y masiva por los medios de comunicación social, por lo que puede tenerse
como una categoría entre los hechos notorios dado que, al igual que éstos, forma parte de la cultura de un grupo
social en una época o momento determinado.
2. Que, sin embargo, el hecho comunicacional no es un hecho notorio en el sentido estricto de la palabra ya
que, a diferencia de éste, puede que no se incorpore de forma permanente en la cultura del conglomerado social.
Su extensa publicidad lo hace conocido como cierto en determinado momento por un gran sector de la sociedad,
incluyendo al juez, por lo que desde este punto de vista se puede afirmar que integra la cultura y memoria del
colectivo pero sólo de manera temporal, desapareciendo con el transcurrir del tiempo.
3. Que el hecho comunicacional, como un tipo de notoriedad, puede ser fijado como cierto por el juez sin
necesidad de que conste en autos, ya que la publicidad y difusión masiva que ha recibido permite tanto al
juzgador como al resto de la sociedad conocer su existencia. En ese sentido, si bien el hecho comunicacional
puede ser acreditado por el juez o por las partes con los instrumentos contentivos de lo publicado, o por
grabaciones o videos, ello no impide que el juez pueda fijarlo en base a su saber personal.
4. Que ello resulta acorde con las disposiciones constitucionales que consagran la justicia responsable y sin
formalismos inútiles (art. 26 de la Constitución) y el proceso como instrumento fundamental para la realización
de justicia expedita e idónea (art. 257 ejusdem), pues si bien la ley no prevé expresamente la posibilidad de que
el juez incorpore de oficio a los autos el hecho comunicacional, es lo cierto que para desarrollar un proceso
justo, idóneo y sin formalismos inútiles el juez puede dar como ciertos los hechos que de manera unánime
fueron objeto de difusión por los medios de comunicación considerándolos como una categoría de hechos
notorios de corta duración.
5. Que estos hechos para poder ser considerados “hechos comunicacionales” deben reunir las siguientes
características:
a. Debe tratarse de un hecho (no una opinión o testimonio) reseñado por el medio como noticia.
b. Su difusión debe ser simultánea por varios medios de comunicación social escritos, audiovisuales o
radiales.
c. Es necesario que el hecho no resulte sujeto a rectificaciones, a dudas sobre su existencia, a presunciones
sobre su falsedad que surjan de los mismos medios que lo difunden o de otros.
d. Que los hechos sean contemporáneos para la fecha del juicio o de la sentencia que los tomará en cuenta.
6. Que estas características que individualizan al hecho comunicacional y que crean una sensación de
veracidad a su alrededor hacen que no resulte aplicable en éstos casos la prohibición contenida en el artículo 12
del Código de Procedimiento Civil conforme a la cual el juez sólo puede sentenciar conforme a lo probado en
autos sin incorporar elementos de juicio, pues mal puede hablarse de que dicho hecho forma parte del
conocimiento privado del juez cuando éste, por su publicidad, es manejado por todo el colectivo. Sostener lo
contrario, en palabras de la Sala “resulta un despilfarro probatorio y un ritualismo excesivo” que contradice las
previsiones de una justicia idónea, responsable, expedita y sin formalismos inútiles que consagra la
Constitución.
La Notoriedad Judicial.
La doctrina de la notoriedad judicial, que ha mantenido esta Sala y que sigue vigente, se refiere a que ella
puede (como facultad) indagar en los archivos del Tribunal, la existencia de fallos que se hayan dictado y que
sean conexos a la controversia.
La Sala Constitucional en sentencia de fecha 24 de marzo de 2000, estableció el concepto de notoriedad
judicial al establecer que “consiste en aquellos hechos conocidos por el Juez en ejercicio de sus funciones,
hechos que no pertenecen a su saber privado, ya que él no los adquiere como particular, sino como juez dentro
de la esfera de sus funciones”.
La aplicación del concepto de la notoriedad judicial en Venezuela se manifiesta en varias leyes de la
República que permiten al juez fijar hechos con base en decisiones judiciales que no cursan en autos, en
particular, los artículos 105 y 115 de la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia que autorizan al Juzgado
de Sustanciación a no admitir demandas si existiese cosa juzgada sobre lo que pretende la demanda, y el
numeral 8 del artículo 6º de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, cuando
como causal de inadmisibilidad de la acción de amparo señala la existencia previa de otro amparo con el mismo
objeto. Tanto las sentencias que contienen la cosa juzgada como la existencia de otro amparo con el mismo
objeto, como causales de inadmisibilidad, no pueden ser producto sino de la notoriedad judicial.
Concluye la Sala Constitucional en su sentencia que “la notoriedad judicial, no puede quedar circunscrita
a los casos expresamente contemplados en la ley, ya que atiende a una situación más general, cual es que el
juez, por su cargo, conoce de una serie de hechos que tienen lugar en el tribunal donde presta su magisterio, y
que le permiten conocer qué juicios cursan en su tribunal, cuáles sentencias se han dictado, y cuál es su
contenido; identificar a los abogados que representan a las partes y otros hechos semejantes”.
Por otra parte, con relación a la necesidad de acompañar copia certificada de la decisión cuya revisión se solicita,
esta Sala, en sentencia número 568/2005 del 22 de abril, expresó lo siguiente:
“(…) debe observarse que no fue anexado al libelo copia certificada de las actuaciones cuya impugnación se
pretende, siendo que tales instrumentos constituyen el documento fundamental que permitiría fundar una pretensión
como la propuesta.
La necesidad de consignar un instrumento fehaciente, obedece a la certeza que debe obtener esta Sala,
respecto del contenido del fallo que pretende impugnarse a través de la revisión, más aun cuando éste es
ejercido en contra de una decisión emanada de otra Sala de este Máximo Juzgado, dada la entidad de la
sentencia que pretende revertirse.
La doctrina de la notoriedad judicial, que ha mantenido esta Sala y que sigue vigente, se refiere a que ella
puede (como facultad) indagar en los archivos del Tribunal, la existencia de fallos que se hayan dictado y que
sean conexos a la controversia.
Considera la Sala que se trata de un conocimiento que puede adquirir el tribunal, sin necesidad de
instancia de las partes, ya que su archivo y las causas que lo componen las conoce el Tribunal. Pero el hacer
uso de estos conocimientos, es facultativo del juez, ya que ninguna ley lo obliga a tener que hurgar en cada
caso, si existe o no una sentencia dictada por alguna de las Salas de este Tribunal Supremo de Justicia.
Por ello, la Sala ha considerado que quien pide una revisión debe presentar copia auténtica (fehaciente)
del fallo a revisarse, no pudiendo suplantarse el mismo, ni siquiera por la vía del artículo 429 del Código de
Procedimiento Civil, ya que en materia de revisión no hay contraparte que controle lo aportado por el
solicitante.
De allí que, a juicio de la Sala, quien incoa una revisión tiene la carga de aportar al Tribunal la decisión
impugnada, por no ser función de la Sala recabar dicho fallo, y sin que esto menoscabe la facultad de la Sala
de fijar los hechos en base a los conocimientos adquiridos como órgano judicial (vi. stc. n° 150/2000, caso:
José Gustavo Di Mase y otra).
Lo cierto es que para admitir las revisiones, la Sala requiere que el accionante le facilite la sentencia
impugnada y ello en prueba fehaciente”.
TEMA 3: CLASIFICACIÓN DE LAS PRUEBAS JUDICIALES
CRITERIOS DE CLASIFICACIÓN.
Existen diversos criterios para clasificar las pruebas judiciales, en este caso utilizaremos los criterios de
doctrinarios, los cuales han tomado diversos aspectos y puntos de vista y las diferencian:
A. SEGÚN SU OBJETO: Para distinguir el objeto de la prueba judicial tenemos dos puntos de vista:
1º Punto de Vista:
1. Directas: Son las pruebas que ponen en contacto al juez con el hecho que se trata de probar, las que
permiten a éste conocerlo a través de sus propios sentidos, es decir, por percepción, desde luego sometidas a las
formalidades que la ley exige. Un ejemplo de esta clase de prueba es la inspección judicial.
2. Indirectas: Presuponen que el juez no percibe directamente la realidad del hecho que se trata de
demostrar, porque éste, por ser pretérito, ya ha desaparecido; puede conocerlo a través de las huellas que dejó su
acaecimiento en el mundo exterior y esas huellas se lo representan. Es decir, son mediatas y en tanto, el juez no
percibe el hecho por probar sino la comunicación o el informe que la percepción de ese hecho tuvo otra persona
(parte en la confesión y en documentos: terceros en testimonios y la peritación) o un hecho diferente que le
sirve de medio para inducir el que se trata de probar (indicios).
2º Punto de vista: Distingue la prueba directa e indirecta, teniendo en cuenta el modo o la manera como el
objeto de la prueba practicada sirve para demostrar el hecho que quiere probarse.
1. La prueba directa: Será aquella que presenta una identificación especial, de tal modo que solo existe
un hecho que es al mismo tiempo el objeto de ella y aquél cuya prueba se persigue, aunque el juez no perciba
ese hecho, es decir, basta que el medio de prueba recaiga directamente sobre el hecho a probar. Ejemplos de
ello, son: Las confesiones, los testimonios, los dictámenes de peritos y las inspecciones judiciales, cuando
versan sobre el hecho que desea probarse.
2. La prueba indirecta: Versará sobre un hecho diferente del que se quiere probar o es tema de prueba,
solo se tiene por una operación lógica o por el razonamiento del juez; por consiguiente, solo la prueba indiciaria
o circunstancial tendría este carácter.
En los procesos encontramos muy poco el tipo de prueba directa, ya que el juez necesita de la percepción
inmediata del hecho mismo que se quiere probar, bien sea porque se trata de hechos pasados que no dejaron
huellas materiales, o porque están ubicados en un lugar distante, o porque se necesitan conocimientos que el
juez no posee y exigen el dictamen de pruebas de peritos. En cambio muy pocas veces se encontrará un proceso
sin prueba indirecta, ya que ésta queda reducida a la indiciaria.
También se puede distinguir las pruebas según su objeto, en:
- Principales: Cuando el hecho al cual se refieran forme parte del fundamento fáctico en la pretensión o
excepción, en cuyo caso la prueba es indispensable. Por ejemplo, para la interdicción por demencia, es
imperativo que a la demanda se acompañe un certificado médico sobre el estado de salud del presunto interdicto
y que el juez decrete un dictamen de peritos médicos sobre la situación mental del paciente.
- Accesorias o Secundarias: Son aquellas que están apenas indirectamente relacionadas con los
supuestos de la norma por aplicar, por lo que su prueba tiene menor importancia.
B. SEGÚN SU FORMA: ( pruebas escritas y orales)
1. Pruebas Escritas: Como su nombre lo indica, deben tener una formalidad, es así como tenemos de esta
clase, los documentos públicos y privados, los dictámenes de peritos cuando se rinden por escrito, los
certificados de funcionarios, los planos, los dibujos y las monografías.
2. Pruebas Orales: Como su nombre lo indica, son de forma verbal, entre las cuales destacan: La
confesión judicial en interrogatorios de la parte, los testimonios y las peritaciones recibidas en audiencias. A
pesar de que estos pueden pasar después a escritos, por cuanto el secretario o escribiente lo hace constar en los
autos del proceso.
C. SEGÚN SU ESTRUCTURA O NATURALEZA:
1. Pruebas Personales: Cuando la estructura del medio que suministra la prueba, son personas. Ejemplos:
Testimonios, la confesión, el dictamen de peritos y la inspección judicial en cuanto es una actividad del juez
asesorado de testigos o peritos.
2. Pruebas Reales o Materiales: Se tratan de cosas como documentos, incluyendo los planos, dibujos,
fotografías, entre otros.
D. SEGÚN SU FUNCIÓN:
1. Prueba Histórica: Representa claramente el hecho pretérito que se trata de demostrar, por ejemplo, una
fotografía; este medio de prueba le suministra al juez una imagen del hecho por probar, y éste aprecia la verdad
del hecho a través de su representación sin esfuerzo mental alguno. Ahora bien, cuando el juez decida con
fundamento en esta clase de prueba, su actividad y su función se asemejará a la del historiador, lo cual requerirá
la concurrencia de otro sujeto, quien se encargará de trasmitirle la imagen del objeto representado mediante su
discurso, su dibujo u otro acto. Algunos ejemplos, son: Testimonios, la confesión, (pruebas personales) y el
escrito, el dibujo, los planos (pruebas materiales).
2. Pruebas Críticas o Lógicas: Carecen de función representativa y no despierta en la mente del juez
ninguna imagen distinta de la cosa examinada, pero le suministra un término de comparación para el resultado
probatorio mediante juicio o razonamiento. Tal es el caso de los indicios y la inspección judicial. Podríamos
decir que es la prueba indiciaria, en la cual, de un hecho conocido y plenamente demostrado, se infiere la
existencia del que se trata de demostrar.
E. SEGÚN SU FINALIDAD:
1. Prueba de cargo: Cuando la parte satisface la carga que pesa sobre ella.
2. Prueba de descargo o contraprueba: Cuando la parte logra desvirtuar la prueba suministrada por la
contraparte.
3. Pruebas Formales: Poseen un valor simplemente ad probationem, vale decir, que tienen una función
exclusivamente procesal; la de llevarle al juez el convencimiento sobre los hechos del proceso.
4. Pruebas Sustanciales: Las pruebas ad solemnitaten o ad substantiam actus, tienen un valor material,
puesto que son condiciones para la existencia o la validez de un acto jurídico material, tal como sucede con la
escritura pública para la compraventa o hipoteca de un bien inmueble o la constitución de sociedades.
F. SEGÚN SU RESULTADO:
1. Prueba Plena: Se refiere a ser completa; debe presentarse al juez como cierta en indudable la existencia
de un hecho o de un acto jurídico, ésta ha sido conocida por la parte contraria, ya que ha podido ejercer su
derecho de contradicción.
Si bien es cierto, para que una prueba pueda producir la certeza en el juez sobre la verdad del hecho
litigioso, se requiere que haya cumplida con los denominados principios de "publicidad" y "posibilidad de
contradicción".
2. Pruebas veraces y falsas: Si se considera que como su fin consiste en establecer la verdad, si no en dar
al juez el convencimiento sobre ésta, puede suceder que en unos casos ese convencimiento corresponda a la
realidad y en otros no; igualmente, si se considera al medio mismo, como un testimonio o un documento,
pueden hacerse distinción, en cuanto a la narración o declaración contenida en aquellos puede corresponder a la
verdad o ser intencionalmente falsa.
G. SEGÚN EL GRADO O CATEGORIA:
1. Las Pruebas Primarias: Son las que tienen por objeto el hecho que se pretende probar, bien sea
directamente o a través de otro hecho.
2. Las Pruebas Secundarias: Son las que tienen por objeto otra prueba, es decir, que con estas pruebas se
pretende probar otra prueba.
3. Las Pruebas Principales: Son aquellas que tiende a probar los hechos que son base de aplicación de la
norma jurídica cuyo efecto se pide en el juicio; por consiguiente, la prueba principal se refiere a la prueba de los
hechos constitutivos.
4. Las Pruebas Supletorias: Son las que a la falta de pruebas principales, se toman como posibles para
probar el hecho. No toda prueba de segundo o posterior grado es supletoria, porque esta solo tiene valor cuando
se prueba la inexistencia de la principal, al paso que las primeras tienen valor siempre.
H. SEGÚN LOS SUJETOS PROPONENTES DE LA PRUEBA:
1. Prueba de Oficio: El juez debe o puede, según la respectiva legislación, acordar pruebas por su propia
iniciativa, dentro de los límites del proceso y en cualquier momento. Pero esto no significa que las partes
queden liberadas de la carga de la prueba, pues las secuelas del hecho, incierto subsisten, y por lo que se
encuentran en inmejorable posición de suministrar los medios idóneos para acreditar la respectiva situación
fáctica, ya que conocen mejor las peculiaridades ocurridas. En un proceso civil, la prueba de oficio busca
asegurar la efectiva igualdad de las partes en el proceso, el descubrimiento de fraudes en detrimento de terceros
y el de evitar sentencias inhibitorias y nulidades.
En muchas ocasiones las partes no alcanzan a acreditar los extremos fundamentales de la pretensión o
excepción, por errores, descuidos, entre otros. Lo cual determina un fallo alejado de la justicia del litigio, en
grave daño para una de las partes y contrario a la finalidad del proceso. Con la iniciativa oficiosa del juez, que
en cualquier momento puede acordar pruebas para verificar los hechos del debate, se busca disminuir esta triste
posibilidad, porque se colmaran las deficiencias, se salvaran errores y dificultades en la acreditación de los
hechos, con repercusión inmediata en la clase de decisión final, que a la postre no será fruto exclusivo de la
habilidad de uno de los litigantes o del azar.
2. Prueba a Instancia de Parte: Las partes tienen la carga de probar los hechos que afirman en un
proceso, es obvio que tengan el derecho probatorio de pedir las pruebas tendientes a demostrarlas. Ese derecho
está sujeto a que se ejercite dentro de las oportunidades y con las formalidades que al efecto establece la ley, las
cuales, tienden a que la contraparte pueda conocer las pruebas y ejercer su facultad de controvertirlas.
I. SEGÚN LA OPORTUNIDAD O EL MOMENTO EN QUE SE PRODUCE:
1. Pruebas en procesos: Son aquellas que se practican, aducen y tienden a demostrar los hechos litigiosos
en un proceso.
2. Pruebas extraproceso: Son aquellas que tienen origen fuera del proceso, como declaraciones de nudo
hecho, inspecciones judiciales para futura memoria, documento público y privado en que consten actos no
procesales. También se le conocen con el nombre de pruebas anticipadas.
3. Pruebas preconstituidas: Cuando tienen la intención de acreditar en el futuro un hecho, estas llevan la
intención preconstituyente o jurídicamente dispositiva y probatoria.
4. Pruebas causales: Son aquellas que se producen en el proceso.
5. Pruebas judiciales: Son aquellas que se han producido ante el juez en ejercicio de sus funciones, y
cumpliendo con el principio de la inmediación.
6. Prueba extrajudicial: Vale decir, no ha tenido ocurrencia ante el juez, la prueba es obtenida fuera del
proceso y sin la intervención de dicho funcionario, esta es precaria y debe acreditarse o mostrarse dentro de la
actuación judicial.
J. SEGÚN SU CONTRADICCION:
1. La prueba sumaria: Es aquella que no ha sido conocida por la parte contra la cual se presenta, y que
por tanto no ha tenido oportunidad de controvertir. Esta no se relaciona con su poco poder demostrativo, ya que
no se trata de una prueba incompleta, pues aquella tiene que demostrar plenamente el hecho, solo que le falta
ser contradicha.
2. La prueba controvertida: Es aquella presentada en el acto para el conocimiento de las
partes, y que por tanto, puedan contradecir o probar el hecho alegado y así llevar certeza al juez.
En conclusión, toda sentencia judicial debe apoyarse en plenas pruebas, esto es en aquellas que legalmente
pueden producir en el juez como tal, convicción jurídica de la verdad del supuesto de hecho de las normas que
consagran el efecto jurídico que en ellas persigue.
K. SEGÚN SU LICITUD E ILICITUD: Dando razón al hecho de que la prueba se rige o no por la ley
para que sea eficaz, pueden ser pruebas lícitas o ilícitas.
L. SEGÚN SU UTILIDAD:
1. Prueba pertinente: La pertinencia se mide por la relación que tiene la prueba con los hechos que son
objeto de debate.
2. Prueba impertinente: La impertinente no tendría relación con ese objeto.
3. Prueba posible: Son todas aquellas que físicamente pueden practicarse.
4. Prueba imposible: Son aquellas que no pueden ser practicadas en el caso concreto, aun cuando estén
autorizadas.
M. SEGÚN SUS RELACIONES CON OTRAS PRUEBAS:
1. Prueba simple: Cuando tiene una existencia autónoma para llevarle al juez por sí sola la convicción
sobre el hecho por demostrar, como sucede con la escritura pública respecto a la comparencia de las partes y lo
manifestado por éstas.
2. Prueba compuesta o compleja: Cuando esa convicción se obtiene de varios medios. Ejemplos: El
testimonio único, cuando no convenza al juez o un indicio necesario, complementados con otras pruebas.
A su vez, las pruebas complejas de subdividen en:
Pruebas concurrentes: Existen cuando los varios medios de prueba sirven para producir la convicción
del juez en un mismo sentido, es decir, sobre la existencia o inexistencia del hecho
Pruebas contrapuestas: Se presentan cuando varios medios están en contraposición, porque sirven para
una conclusión. En ambos casos el convencimiento del juez es el resultado del estudio de conjunto de los
diversos medios.
N. SEGÚN LA FORMA COMO OBRA EN EL PROCESO:
1. La prueba trasladada: Es la que se lleva a un proceso tomándola de otro simultáneo o anterior.
2. La prueba prestada: Es aquella en la que el juez, conserva la facultad de apreciarla, valorarla y darle el
mérito probatorio que en su juicio merezca.
3. La prueba originaria o independiente: Es la que se practica y se hace valer en el mismo proceso, que
es la regla general.
LA PRUEBA LEGAL Y LA PRUEBA LIBRE.
A través de los tiempos, y de acuerdo con las formas socioeconómicas de cada pueblo y de cada época, se
han desarrollado varios sistemas de calificación o apreciación de las pruebas, en armonía a los varios sistemas
procesales ideados por el hombre.
Ahora bien, se alude a prueba legal cuando su valoración está regulada por ley. En dicha prueba el
momento probatorio se presenta a la mente del legislador y no a la del juez. La valorización no depende del
criterio del Juez, puesto que cada uno de los medios de prueba se encuentra ya establecido y regulado en la ley
teniendo que aplicarla rigurosamente sea cual fuere su criterio personal. En el sistema de la prueba legal, el
legislador señala de antemano al Juez, y con carácter general las pautas a que se ha de someter en la aplicación
de los medios probatorios para su debida valoración.
Por su parte, la valoración de ciertas pruebas hechas por la ley, en el sentido de que respecto a unas, no se
puede desconocer, y respecto a otras, no se puede reconocer la eficacia por parte del órgano jurisdiccional; de
un lado incita a las partes a proveerse en los límites de lo posible, de pruebas eficaces y así facilita el
desenvolvimiento del proceso, y del otro, les permite prever hasta cierto punto su resultado, y por eso las
estimula a establecerse de la pretensión de la resistencia en los casos en que la una o la otra no estén apoyadas
por pruebas legalmente eficaces, o cuando menos, las impulsa a la composición del litigio sin proceso.
En contraste, el sistema de la prueba libre otorga al juez una absoluta libertad en la apreciación. No sólo le
concede el poder de considerarla sin requisitos legales de especie alguna, sino que llega hasta darle el poder de
seleccionar libremente las máximas de la experiencia que han de servir para su valorización.
En estricto sentido, la prueba libre es aquella que traduce no tanto la última convicción del Juez acerca de
los hechos del proceso, como su voluntad, en cuanto a la fijación de los mismos. La distinción tiene capital
importancia, porque la convicción verdadera íntima sólo Dios y el propio Juez la conocen, mientras lo que la
sentencia recoge es únicamente una exteriorización que puede o no coincidir realmente con aquélla.
La libre apreciación de la prueba es sin duda, el medio para alcanzar la verdad; no obstante, se debe
reconocer algunas reglas sobre la prueba que obligan al juez a conocer a determinados medios probatorios
(juramento-documentos) cierto valor positivo o negativo. En síntesis, el sistema de la prueba libre es aquel
donde la convicción del juez no está ligada a un criterio legal, tomando al Juez para la apreciación, la que le dé
su conciencia, sin que tenga que atender a algún impedimento de carácter positivo. A este sistema también se le
conoce con el nombre de la persuasión racional.
El ordenamiento positivo venezolano consagra unos medios taxativos de prueba y fuera de ellos no podrán
usar las partes otros, ni el juez tampoco deducirlos conforme a las disposiciones fundamentales señaladas en los
artículos 10, 11, 12 y 254 del Código de Procedimiento Civil. En efecto, hay una libre valoración por parte del
juez de dichos medios probatorios. Esos medios taxativos, a que se refiere la legislación civil, están
comprendidos desde los artículos 1355 al 1430 del Código Civil, y su forma de aplicación en el proceso se
encuentran contemplados del artículo 388 al 510 del Código de Procedimiento Civil, haciendo abstracción de la
exhibición de la cosa o instrumento que, no es más que otro medio de prueba, debiendo figurar en la ley
sustantiva y no en la adjetiva tal como aparece.
Ahora bien, si nos remitimos al artículo 395 del Código Procesal Civil, inferimos, conforme a este precepto
normativo, que en el ordenamiento jurídico procesal rige el denominado principio o sistema de libertad de
medios de pruebas, según el cual las partes resultan legitimadas para elegir y promover los medios probatorios
que consideren conducentes para la demostración de sus pretensiones, bien sea entre las denominadas pruebas
libres o de aquellas expresamente establecidas en la ley. Asimismo, resulta común en la doctrina y la
jurisprudencia, considerar que dicho sistema de libertad de pruebas resulta incompatible con cualquier
limitación o restricción respecto a la admisibilidad del medio probatorio escogido por las partes, con la
excepción de aquellos legalmente prohibidos o que resultaren inconducentes para la demostración de sus
pretensiones. Por otra parte, los medios de pruebas libres, deben promoverse y evacuarse aplicando por analogía
las disposiciones relativas a los medios de pruebas semejantes, y en su defecto, en la forma que señale el juez.
Desde un punto de vista, en la legislación venezolana, y en forma estricta, no podría hablarse de la
existencia de un sistema de prueba legal o de prueba libre, pues si analizamos detenidamente el artículo 395 del
C.P.C, se nota una combinación de los principios de la prueba legal y de la prueba libre, lo cual a criterio
propio, hace nacer el sistema mixto, el cual tiene por finalidad resolver el discutido contraste entre la necesidad
de la justicia y la certeza.
LA PRUEBA TRASLADADA.
Primeramente, se prueba trasladando al proceso los datos para verificar los alegatos y las pretensiones de las
partes, utilizando para ello, los medios de prueba señalados por el legislador como medios idóneos. En tanto, se
prueba mediante los instrumentos que la ley reconoce como medios para probar judicialmente una alegación o
para constatar su existencia o veracidad.
Ahora bien, el traslado de prueba es una institución que no se encuentra expresamente regulada en la
legislación adjetiva venezolana, a lo cual, la doctrina y la jurisprudencia han salido al auxilio y a la forma de su
articulación. Se plantea que la prueba trasladada es aquella que se practica o admite en otro proceso y que es
presentada en copia auténtica o mediante el desglose del original, si la ley lo permite.
En un primer momento, este medio probatorio, no era aceptable ni se le reconocía valor alguno y es que era
lógico que se entendiera que por la independencia de los procesos, que suponía una exclusión o mejor dicho que
las pruebas que se hayan evacuado en un proceso, pertenecían a este de manera exclusiva, es decir, que las
pruebas solo servían al proceso donde fueron promovidas, evacuadas y controladas, todo, según lo anota Bello
Tabares.
Posteriormente, la postura evoluciono y se planteó que una vez verificados los extremos de validez de la
prueba (regularidad formal, control y contradicción) es perfectamente viable el traslado de la prueba, que haya
sido admitidita y debidamente evacuada en otro procedimiento, siempre y cuando se advierta que la misma haya
sido debidamente tramitada su evacuación con especial atención a las debidas garantías procesales.
En este orden de ideas, hay que advertir que en aras del respeto al derecho a la defensa y al contradictorio
de este medio de pruebas, hay que suponer que es completamente aceptado la contra prueba conforme los
principios generales que rigen la actividad probatoria.
Sobre la base de las consideraciones anteriores, se puede decir que hay una característica fundamental en
todo este asunto de la prueba trasladada y es que la prueba adquiere, de manera casi automática el valor de un
documento público, como consecuencia de haber sido actuada frente a un funcionario público, que en este caso,
es el alguacil, el secretario o el propio Juez, que a tenor de lo dispuesto en el artículo 1357 del Código Civil
Venezolano, adquiere tal condición por haber sido suscrita frente o incluso con la participación de uno de los
funcionarios públicos ya mencionados.
En este sentido, la prueba trasladada se trata realmente de una prueba originalmente producida o provocada
con ocasión de un juicio diferente a aquel en que, en el momento actual pretende de nuevo hacerla valer y como
resulta igualmente obvio, no cabe duda que se trata de una prueba cuya evacuación ha sido extra litem, pero que
se la lleva a otro proceso, con el rigor de cualquiera otra prueba normal, y que por tanto debe revestir todos los
caracteres formales y materiales de una prueba producida en ese juicio.
Por otro lado, la naturaleza de la prueba trasladada, surge cuando hay elementos de tal relevancia en un
proceso distinto, que se permite trasladar los elementos necesarios de aquel proceso al que está en curso, para
que dichas pruebas pasen a formar parte del proceso actual. En cuanto a la eficacia de la prueba trasladada la ha
delimitado la doctrina en tres requisitos básicos, a saber:
1. En su aportación y contradicción se hayan respetado todas las garantías procesales.
2. No hayan sido desconocidas o anuladas por ser ilegales o ilícitas,
3. Sean auténticas emitidas por la autoridad competente.
Por lo tanto, si la prueba practicada en un proceso, es propuesta cumpliendo los requisitos legales, admitida
formal y legalmente, y es evacuada o materializada con intervención de las partes, respetándose el derecho
constitucional a la defensa (en materia probatoria se concreta mediante la contradicción y control de la prueba),
la misma es perfectamente trasladable a otro proceso donde intervengan las mismas partes. Para que la prueba
trasladada pueda apreciarse en el nuevo proceso se requiere de la concurrencia de las siguientes circunstancias:
Que la prueba practicada en el proceso primario y que pretenda trasladarse al nuevo proceso, se haya
realizado en un proceso donde intervinieron las mismas partes del segundo proceso.
Que en el proceso primario (primer proceso) se haya propuesto la prueba en forma legal, cumpliendo
con los requisitos de admisibilidad exigidos por la ley.
Una vez propuesta como haya sido la prueba, la parte no promotora del medio, hubiese tenido la
oportunidad procesal para contradecir la misma, mediante el ejercicio de la oposición, haya habido ésta o no,
pues lo importante es que la parte haya tenido legalmente la oportunidad para ejercer ese derecho.
Que luego de haber sido admitido el medio probatorio, las partes tenido la oportunidad de controlar la
prueba, hayan hecho derecho o no, pues lo necesario es que se les brinde ese derecho.
Que la prueba o pruebas ingresen al nuevo proceso, vale decir, se trasladen mediante copias certificadas
o auténticas, que cumplan con los requisitos señalados en la ley, y que contengan no solo el resultado de las
contentivas de los hechos que pretenden demostrarse en el proceso, sino también de todos aquellos actos
procesales anteriores o posteriores que permitan al operador de justicia del proceso donde se trasladan las
pruebas, apreciar si efectivamente se respetó el principio constitucional de la defensa, a través de la
contradicción y el control de la prueba.
Que la prueba o pruebas trasladadas hayan sido aportadas proceso en su oportunidad legal
correspondiente, bien en el libelo de la demanda, si las mismas contienen la demostración de los hechos
fundamentales, pues ésta sería la única manera de garantizar el derecho constitucional de la defensa, o bien en la
etapa probatoria de promoción de pruebas.
Que las pruebas no hayan sido desconocidas o anuladas por ser ilegales o ilícitas.
LA PRUEBA ANTICIPADA.
Se entiende por prueba anticipada aquella producida en una fase o etapa anterior a aquella que ha previsto
ordinariamente el procedimiento de que se trate. Lo habitual es que las pruebas se practiquen en el curso del
proceso y en la etapa prevista en el mismo. Esto se conoce como el principio de preclusión probatoria, pues
significa cumplir con los lapsos que se han establecido en el C.P.C, para ello. Por lo tanto, los momentos o
lapsos del procedimiento probatorio, sufren una excepción con lo que se denomina la prueba anticipada, en lo
que se refiere a la oportunidad de pedirla y practicarla.
De tal modo, la prueba anticipada es aquella que se práctica en momento anterior al del juicio (ordinario-
escrito) o de la audiencia de juicio, ante el temor de que la fuente propia del mismo se pierda, haciendo
imposible su aportación al proceso. Es por ello, que el legislador ha consagrado la posibilidad de que la parte
interesada acuda al órgano jurisdiccional para solicitar y practicar pruebas anticipadas, dentro del marco de las
garantías del debido proceso. Aunado a ello, se debe tener en cuenta que el medio que se pretenda practicar
debe cumplir los requisitos propios de toda prueba: Licitud, legalidad, pertinencia, conducencia y utilidad.
De esta manera, el anticipo de pruebas se fundamenta en razones de necesidad y urgencia, a fin de evitar
que se esfumen aquellos medios e informaciones que importan para el conocimiento del juez y para formar su
convicción ante la imposibilidad o dificultad de no poder incorporar las pruebas en el debate del juicio oral y
público.
En consecuencia, la finalidad básica de la prueba anticipada es impedir que la prueba se desvirtúe o pierda,
o que el transcurrir del tiempo alteren las circunstancias de hecho que han de probarse o se dificulte su
reconocimiento, o bien para conservar las cosas que posteriormente se deben probar en el proceso. Es evidente
que con la anticipación de prueba se resienten o lesionan los principios de inmediación, concentración y
contradicción, este último cuando no se cita a la futura contraparte para que al momento de practicarse pueda
conocerla, discutirla y controvertirla. También, por lo general, el juez que la práctica no necesariamente será el
mismo que conoce el proceso en el cual se aporta dicha prueba. No obstante, el legislador para evitar un
quebrantamiento a los principios, estatuye que puedan discutirse en la audiencia de pruebas, en el caso de los
procedimientos orales.
Por lo cual, la doctrina considera que su naturaleza es la de un procedimiento cautelar y como excepción al
principio del contradictorio según el cual las pruebas debe ser promovido y evacuadas en un juicio contencioso.
Cabe resaltar, que tiene como antecedente, el procedimiento de retardo perjudicial previsto en el artículo 813
del Código de Procedimiento Civil. Además, el artículo 815 ejusdem, dispone:
La demanda fundada en el temor de que desaparezcan algunos medios de prueba del demandante,
deberá expresar sus fundamentos y tendrá por objeto solamente que se evacue inmediatamente la
prueba. Las funciones del Tribunal se limitarán a practicar las diligencias promovidas con citación
de la parte contraria, la cual podrá repreguntar a los testigos quedando al Tribunal que venga a
conocer de la causa, la facultad de estimar si se han llenado las circunstancias requeridas para dar
por válida la prueba anticipada.
LA PRUEBA ILÍCITA.
En sentido amplio, es aquella prueba que vulnera la constitución, la ley, la moral, las buenas costumbres o
las disposiciones o principios de carácter general, circunstancia que nos lleva a precisar, que la prueba ilícita se
diferencia de la prueba ilegal, ya que ésta última es aquella que está expresamente prohibida por la ley, en tanto
que la ilícita puede ser legal, puede no estar prohibida expresamente por la ley, pero al haber sido obtenida
violando el derecho constitucional del debido proceso legal, es consecuencialmente nula.
Una prueba puede ser legal, pertinente, relevante, idónea, temporánea, regularmente promovida, pero ilícita,
destacándose que la ilicitud de la prueba viene dada por la forma o bien, en cuanto a la forma en cómo se han
obtenido los medios de prueba o cómo se han usado los mismos, puesto que constituye el acto más lesivo a los
derechos constitucionales consagrados como lo es, el debido proceso.
CONCURSO DE PRUEBAS.
Es el fenómeno procesal que se presenta cuando se utilizan varias pruebas, del mismo o de diverso género,
para demostrar las circunstancias de hechos afirmados por las partes.