Pablo Novoa, Deyvis Reyes,Yefri Sandoval Sánchez
Apocalipsis y cartas católicas.
Trabajo: los dos Testigos
Jhon Fredy Mayor.
03 de octubre de 2020
LOS DOS TESTIGOS
Apocalipsis 11,1-14: “Luego me fue dada una caña de medir parecida a una vara,
diciéndome: «Levántate y mide el Santuario de Dios y el altar, y a los que adoran en
él. El patio exterior del Santuario, déjalo aparte, no lo midas, porque ha sido entregado a los
gentiles, que pisotearan la Ciudad Santa cuarenta y dos meses. Pero haré que mis dos testigos
profeticen durante mil doscientos sesenta días, cubiertos de sayal». Ellos son los dos olivos y
los dos candeleros que están en pie delante del Señor de la tierra. Si alguien pretendiera
hacerles mal, saldría fuego de su boca y devoraría a sus enemigos; si alguien pretendiera
hacerles mal, así tendría que morir. Estos tienen poder de cerrar el cielo para que no llueva
los días en que profeticen; tienen también poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y
poder herir la tierra con toda clase de plagas, todas las veces que quieran. Pero cuando hayan
terminado de dar testimonio, la Bestia que surja del Abismo les hará la guerra, los vencerá y
los matará. Y sus cadáveres, en la plaza de la Gran Ciudad, que simbólicamente se llama
Sodoma o Egipto, allí donde también su Señor fue crucificado. Y gente de los pueblos, razas,
lenguas y naciones, contemplarán sus cadáveres tres días y medio: no está permitido sepultar
sus cadáveres. Los habitantes de la tierra se alegran y se regocijan por causa de ellos, y se
intercambian regalos, porque estos dos profetas habían atormentado a los habitantes de la
tierra. Pero, pasados los tres días y medio, un aliento de vida procedente de Dios entró en
ellos y se pusieron de pie, y un gran espanto se apoderó de quienes los contemplaban. Oí
entonces una fuerte voz que les decía desde el cielo: «Subid acá.» Y subieron al cielo en la
nube, a la vista de sus enemigos. En aquella hora se produjo un violento terremoto, y la
décima parte de la ciudad se derrumbó, y con el terremoto perecieron siete mil personas. Los
supervivientes, presa de espanto, dieron gloria al Dios del cielo. El segundo ¡Ay! ha pasado.
Mira que viene en seguida el tercero.”
TEXTOS ANALOGOS.
Al realizar la analogía en algunos textos del Antiguo Testamento nos vamos a encontrar
algunas relaciones o características que los hacen similares. El primero está en el libro de
Ezequiel 37,5-10 donde hablará sobre el espíritu que hace al hombre dar vida; la profecía
como misión y servicio de parte del hombre hacia Dios (versículo 7.9-10), (cf. Ap. 11,3). La
centralidad del mensaje en el libro de Ezequiel es acerca de los huesos secos quienes recobra
vida por el aliento de Dios por el mensaje profético de un enviado y en el Apocalipsis
encontramos alusión a la resurrección (cf. Ap. 11,11). En el capítulo treinta y ocho del mismo
libro, a saber Ezequiel, en los versículos del diecinueve al veinte, hace referencia a un gran
terremoto que sacude el suelo de Israel que causará pánico en toda la creación, mientras que
en el libro del Apocalipsis habla acerca de un terremoto violento que hace derrumbar la
décima parte de la ciudad (11,13). Finalmente en el capítulo cuarenta, del versículo uno al
cinco habla acerca de una vara de medir usada por un hombre para medir la construcción y el
Apocalipsis hace referencia a una vara de medir entregada al hombre para que mida el
santuario.
En el libro de Daniel, en las visiones que habla en el capítulo siete del versículo del tres al
veinticinco narra varias visiones. Sin embargo, nos centramos en el versículo dieciocho que
habla sobre aquellos que recibirán el reino y lo poseerán por siempre. (cf. Ap 11,13) y
finalmente cuando habla sobre la persecución (cf. Ap 11,7) y el simbolismo numérico de tres
años y medio (cf. Ap. 11,3).
Finalmente en el libro de Zacarías, capítulo dos del versículo cinco al seis habla
simbólicamente de un terremoto, aunque textualmente hable sobre sacudir los cielos y la
tierra (cf. Ap. 11,13). Por último en el capítulo cuarto del versículo tres al catorce hace
mención a los olivos y candelero como “los dos Ungidos que están al servicio del Señor de
toda la tierra” (Zac. 4,14) (cf. Ap. 11,4).
SIGNIFICADO DE LOS SÍMBOLOS.
Para poder comprender lo que el autor del Apocalipsis quiere referirse con su lenguaje
simbólico, tomaremos como referencia el estudio hecho por Aliaga y Picasa al libro, en
conjunto con el Antiguo Testamento.
El texto empieza con una orden dada al relator de tomar unas medidas al Santuario de Dios, o
Templo, excepto el patio exterior donde están los gentiles que “era el espacio al que podían
acceder los que no eran hebreos pero querían acercarse a Dios” (Aliaga, pág.14). En este
punto “Juan sabe que los romanos han tomado y destruido el santuario viejo, lo externo; con
su profecía, él contribuye a la edificación del verdadero santuario, iglesia de Jesús
perseguida en la tierra”, puesto que “a nivel interno, ella está medida por Dios,
protegida, salvada; pero a nivel externo se encuentra en manos de la violencia de aquellos
que, en lenguaje judío tradicional, se llaman gentiles” (Picasa, pág.130). En este punto
traigo a memoria la masacre de Bojayá en el chocó, donde en la Iglesia, o sea la edificación,
donde la población buscó refugio fue destruida y murieron ancianos, mujeres y niños. Lo
importante es la resistencia de este pueblo a sucumbir, que a pesar del dolor, no permitieron
que sus corazones fueran destruidos y han llegado al perdón de quienes causaron tal barbarie.
Los gentiles pisotean el atrio o patio durante cuarenta y dos meses (1260 días, tres años y
medio), tiempo durante el cual, los dos testigos deberán profetizar con humildad, en sayal,
vestidos de cilicio. El vidente de Patmos podría también estar haciendo alusión a los “tres
años y medio, de junio del 168 a diciembre del 165 a.C., en que hubo persecución y cesaron
las ofrendas en el Templo” (Picasa, pág.131).
¿Pero porque son dos y no otro número de testigos? El dos es muy recurrente en el texto
bíblico: En el antiguo Israel, se requerían dos testigos para confirmar la veracidad de una
asunto (Deuteronomio 17,16), igualmente la repetición de una visión o una declaración
confirmaba su validez y seguridad, como cuando José le interpretó el sueño al faraón un
sueño profético: “el haber soñado el faraón dos veces indica que Dios confirma su palabra”
(Gén. 41,32), Jesús envía a predicar de dos en dos (Lc 10, 1-7), etc. Son dos testigos porque
l enfoque de esta imagen es tal que va más allá de la mera determinación histórica.
“E
Justamente, el profesor Vanni ve en ellos el prototipo o modelo de todo testigo cristiano y
son dos porque en la mentalidad judía un testimonio, para que pueda ser válido, tiene que
ser dos personas” (Aliaga, pág.16).
Cristo es la luz del mundo, porque “De los olivos se propaga entre los hombres el aceite de
la consolac ión y de la esperanza, pues el aceite es el que cura las heridas del viandante, que
se ha acercado al tullido samaritano, y los candelabros están ahí para llevar la luz de la fe
que vence la tiniebla presente.” (Aliaga, pág.17).
Los dos testigos tienen el poder para cerrar el cielo, o para convertir las aguas en sangre o
herir la tierra con toda plaga, haciendo alusión cuando Moisés convirtió el agua en sangre o
las plagas cayeron sobre todo Egipto. Los dos testigos poseen
“tal autoridad y reputación que merecen ser comparados con Elías y Moisés (11,4-6). No escapan a
la venganza de la «bestia que sube del abismo». Por eso los dos testigos ilustres podrían ser
perfectamente Pedro y Pablo, pero el hecho de que se silencien sus nombres nos induce a no forzar la
referencia histórica. representan, por consiguiente, a todos los mártires cristianos, desde los
primeros tiempos de la Iglesia hasta el presente”. ( Ives Blanchard, pág.17).
Aún así, se le permite a la bestia subir del abismos y darle muerte a los dos testigos, en
consonancia con lo ocurrido con Jesús, al cual le llegó el sufrimiento y la muerte como a
cualquier ser humano, se le permitió al enemigo realizar todo tipo de acciones, para que se
cumpliera todo lo que Dios tenía para el hombre y el Hijo redentor se hiciera presente en el
plan salvífico del hombre. La muerte de los dos testigos y el no ser siquiera sepultados sino
que son exhibidos para el escarnio público, es semejante a lo que ocurre con nuestros líderes
sociales, que precisamente por ser testigos y denunciar las injusticias y atropellos que se
cometen en nuestro país el desplazamiento forzado, el robo de la tierra del campesino, la
destrucción del medio ambiente por las multinacionales mineras, ya sea aprobadas por el
Estado o ilegales y del que se benefician políticos corruptos, son asesinados y en ocasiones
sus cadáveres abandonados o desaparecidos para provocar temor en la población, o acallar las
voces de todos nuestro líderes sociales y hace que muchos se regocijan, alegren y den regalos
unos a otros (11,10) como premio para esta barbarie violenta. Como ejemplo de esto tenemos
al líder ambiental en los Farallones de Cali, Jorge Enrique Oramas asesinado en agosto de
2020 y los cientos que como Enrique son asesinados en el mundo. Pero es aquí precisamente
donde la resistencia de un pueblo debe aflorar para frenar esa violencia sistemática, que como
la del imperio romano, viene promovida por el Estado y los que detentan los poderes políticos
y económicos que los sostienen. Este país y todos los Estados que pasan por encima de la
dignidad de su población y la someten, son el Sodoma y el Egipto que el libro del Apocalipsis
menciona en el versículo ocho del capítulo once.
Los dos testigos, pasados tres días y medio resucitan, “no se trata necesariam ente de una
resurrección física, sino más bien de una resurrección histórica; es decir, no es
necesariamente una reanimación de sus cadáveres.” (Aliaga, pág.20). Esta es la resurrección
de nuestros mártires como lo fueron los dos testigos, esa es la simbología, como dijo el mártir
monseñor Oscar Arnulfo Romero: “no creo en la muerte sin resurrección: si me matan,
resucitaré en el pueblo salvadoreño”.
Finalizan estos hechos con un gran terremoto, décima parte de la ciudad derrumbada, la
muerte de siete mil hombres y los demás aterrorizados dando gloria a Dios, allí notamos que
los efectos sobre los supervivientes se presentan positivamente, pues se dedican a
“
glorificar al Dios del cielo (11,13). Así pues, como en el caso de Jesús, la
pasión-resurrección de los dos mártires insignes parece tener la capacidad de conducir a
Dios a las personas que han presenciado su comportamiento heroico. La memoria de los dos
mártires célebres tiene el valor de confirmar el mensaje profético pidiendo a las
comunidades amenazadas que den prueba de resistencia y de valentía mediante la
conversión sugerida a través de los siete mensajes iniciales”. (Ives Blanchard, pág.18).
BIBLIOGRAFÍA
Picaza I., Xavier, (1999). Apocalipsis. Verbo Divino.
Aliaga G., Girvés, (2013). El apocalipsis de San Juan: lectura teológica-litúrgica. Verbo
Divino.
Blanchard, Ives-Marie, (2014). El libro del apocalipsis. Publicaciones de la universidad de
Valencia.
Biblia de Jerusalén.