LA FUNCION DEL SEGUNDO VIGILANTE
“Institucionalmente es necesario que exista un 2º∴Vig∴, históricamente es una función ya legitimada,
moralmente es una invitación a la belleza del bien en el obrar, conductualmente es un golpe al hígado de
nuestras imperfecciones”.
Todos los años se elige en nuestro taller para un nuevo mandato. Es el encargado de la educación iniciática de
los aprendices, el que vigila el desarrollo y progreso de cada uno de ellos, el que traza el camino a seguir en la
búsqueda del tesoro ontológico, el que enseña a trabajar con las herramientas del grado.
Del otro lado del binomio tenemos a los vigilados o aprendices que pueden ser uno, cinco, diez, cien o miles
(todo depende del estado de civilización del pueblo masónico). La columna de los aprendices está compuesta
en la práctica por un orden cronológico.
Por ende, hasta aquí, decimos que tenemos un vigilante y varios vigilados, y esto parece ser desigual y así lo
es. El 2º Vig∴ ahora es uno, porque al momento del ingreso fue todos. Empezó siendo uno más y ahora es uno
más constreñido en uno menos. ¿Qué queremos decir con esto?: que el trabajo del aprendiz es gradual y tiene
que ir de lo máximo a lo mínimo, de un gran número de cosas a uno más reducido, la carrera masónica
significa ir trabajando en la consecución del minimalismo para ser maximalista consumado.
Ahora bien, el primer paso que da el aprendiz de forma visual en la logia, es reconocer un nombre y un
apellido ocupando el cargo que ha de ser su pedagogo (etimológicamente el que conduce al niño). El segundo
paso puede ir más lejos y ahondar en los misterios del ritual, libro del grado y el manual. Pero el aprendiz debe
entender que el tercer paso a dar es el iniciático, y esto implica una despersonificación del cargo y una
búsqueda de la semántica que el mismo representa en nuestro mundo interior, o mejor dicho en nuestro
templo.
El 2º Vig∴ representa una entidad ontológica autónoma y no un simple sitial o banca hecha materia.
Entended que la función del 2º Vig del pensamiento, es el ordenador de nuestras facultades mentales, el
mentor de los HHAA, es de choque, es la infantería del ejército de los cambios de nuestra conducta, el
potenciador estoico de nuestras posibilidades de vida. Él nos dice que las herramientas no son de madera,
aluminio o hierro. Nos insta a descubrirnos y descubrir lo mágico de ser masón en cuanto a comprender las
características del juego de la vida. Al 2º Vig∴ no lo debemos buscar los martes en la noche, sino que lo
debemos construir de modo acérrimo en nuestra mente para que ayude contumazmente a la creación del
edificio moral y de progreso. Debemos prendernos a la belleza que simboliza el cargo y después fundirnos con
ella formando una unidad indestructible.
El primer grado no es un grado político, ni de reconocimiento de títulos y honores profanos, ni de muestras de
superioridades intelectuales o desfiles de C.I.s (coeficientes intelectuales), ni de manejo de academicismos de
status ni de pedanterismos literarios. Tampoco es una escuelita simple donde el más experimentado en edad
enseña al menor, o el menor más escolarizado enseña al mayor con menos vuelo intelectual. El grado del
silencio y la ontología es un grado minero por excelencia, de profunda base individual, donde se empiezan a
tejer la red de relaciones cognoscitivas internas para sostener a futuro no muy lejano una existencia llena de
progresos y excelsas sensaciones. Ya lo decía Nietzsche: “Hay que aprender a ser más vaca que hombre
moderno”. La vaca tiene la capacidad de rumiar, después traga.
El 2º Vig∴ da las herramientas al recién iniciado, le concede la teoría que contienen, introduce en la dinámica
del ritual, serena sus impulsos e impaciencia subjetiva, insta a la lectura y al buceo en lo esotérico de los
símbolos, lo refrena sus impaciencias cognoscitivas, instala en su mente la sospecha del oro que puede
encontrar en la mina de su ser, lo compele a realizar una prospección y mapeo de la zona que pretende
explorar, que es él mismo. Le insinúa que puede rastrear el lugar ontológico desde una perspectiva aérea
utilizando tecnología que le permita sacar una radiografía del estado en que se encuentra en sí mismo. Esta
simple tarea inicial le puede llevar años de trabajo y todo depende del uso que el aprendiz hace de su tiempo.
En esta actividad el aprendiz tiene que recurrir a todo su capital humano para cumplir con los plazos pactados
en el contrato que ha firmado con su propia conciencia al momento de su iniciación matricial.
Podríamos pensar desde la geometría logial, que entre la banca del 2º Vig∴, el asiento del aprendiz recién
iniciado y el sentado en el último asiento de la fila, se configura un triángulo que en algunos casos puede ser
equilátero o perfecto y en otros isósceles o escaleno irregular. La base está conformada por los aprendices y la
cúspide por el 2º Vig. La base del triángulo es muy amplia y en la medida que la pedagogía surte efecto, la
línea de la base se va angostando. Es como ir barriendo de mayor a menor las imperfecciones, hasta que estas
mismas se transforman en un punto, que puede quedar en una mínima unidad, expandirse o explotar si no se ha
realizado una buena tarea. La base del triángulo es la preocupación profana y estas van desapareciendo con el
límite de las caras de el mismo hasta que se hacen mínimas. El masón es un constructor de figuras geométricas
lo más perfectas posibles con su propia existencia. Imaginemos la cantidad de figuras que interactúan en una
logia y por lo menos sospechemos la complejidad de la realidad que constituyen entrecruzadas.
Los primeros masones operativos y aprendices era picapedreros y trabajaban con piedras en bruto buscando
darles una forma un poco más perfecta que la bruta, para que después quedara en mejores condiciones para los
compañeros, y estos a su vez las mejoraban para los maestros. El aprendiz debe empezar con lo más tosco de
su personalidad, lo más obvio o fácil de reconocer como un defecto, y ésta es su piedra en bruto. En algún
momento debe dar este primer paso trascendente. La institución le da su tiempo, pero también lo impele al
trabajo duro. El silencio es un atajo para descubrir por dónde debe empezar el trabajo. Sin su ayuda y la de la
reflexión, es imposible comenzar a instalar la industria ontológica. El silencio no es un simple callamiento,
sino más bien una gestación de porvenir envuelto en esencia del ser. Permite ver en torno del mismo y hacer
un inventario de las mercancías del espíritu. La reflexión es la gran tejedora de los materiales caídos que suelta
el silencio de las paredes del alma. Ella intenta reflejar las conexiones existentes entre las parcelas de
sentimientos, imágenes y conceptos.
El 2º Vig∴ debe dirigir el trabajo sin el sentido tradicional del dirigir. Busca dirigir no dirigiendo sino
haciendo que cada uno se dirija. Traslada la responsabilidad gradualmente, ayuda a descubrir al iniciado y lo
despierta de su sueño dogmático en el que en principio él se encuentra solo ante su dilema existencial y debe
hacerse cargo del excelso regalo que ha recibido que se llama VIDA. Su pobreza o riqueza depende de sus
propios medios. Las transnacionales o el banco mundial de sus desaciertos se esfuman como una simple
pesadilla. Los males que pesan sobre él ya no tienen un responsable directo. Por supuesto que es más fácil
echar culpas a los demás de lo que cada uno no puede hacerse cargo, pero el aprendiz por suerte comienza a
tener herramientas apropiadas para trabajar en el taller de la industria del pensamiento y la acción que es la
masonería.
El primer grado es el “Conócete A Ti Mismo Y Conocerás Los Dioses” del oráculo de Delfos en Grecia. La
inscripción no reza: “Conócete a los Dioses y te conocerás a ti mismo”. La propuesta va de adentro hacia
afuera, de lo más cercano a lo más lejano. La idea es que cada aprendiz conozca sus virtudes y defectos y
partiendo de ellos pueda planificar su tarea. Por supuesto no basta con conocerse a uno mismo para dejarse
igual que como se encontró en estado primitivo. Lo importante es limar las asperezas, potenciar las virtudes y
amenguar influencia. Recordemos que para los griegos la palabra DIOS, significa CONTEMPLAR o VER.
La segunda vigilancia no es la primera por que esta se encarga de los más pulidos compañeros, es segunda
para el plan general de la orden en vista de un gran rascacielos dirigido al progreso, pero primera en
responsabilidad a la inicial impresión del aprendiz al ingreso en la institución. Segunda para el todo, pero
primera para la parte. Segunda para la escalera y primera para la base, y de allí la importancia de un buen
discernimiento sobre la tarea del 2º Vig∴.
Es importante saber ser segundo para pasarle la posta al primero y luego al Ven∴Maest∴ Así como el segundo
no es primero ni el primero es Ven∴Maest∴, el aprendiz es único e irrepetible y tiene que trabajar en principio
solo en su piedra sin querer aconsejar a otro aprendiz. Agustín Álvarez decía que el gran invento de
Gutemberg fue descubrir que para cada letra hacía falta una matriz y esto equivale a decir que para cada
individuo hace falta una pedagogía máxima.
El 2º Vig∴ no enseña con el látigo sino con el ejemplo en el trabajo, no insiste en la exigencia sino en los casos
donde hay humus apropiado para fertilizar el campo mental. En equipo con el 1º Vig∴ y el Ven∴ Maest∴,
sondea sus dominios y los comparte con ellos en vistas de un crecimiento equilibrado en la educación de los
masones todos. Su tarea no es únicamente unidireccional sino multidimensional, como también lo es la del
resto de las autoridades de una logia. Pero sin lugar a dudas sus dominios son claros y precisos como sus
objetivos. El Ven∴ Maest∴ le encomienda una tarea clave y el 1º Vig∴ espera su buen desempeño. La segunda
vigilancia es el portal de ingreso a una nueva percepción del mundo y de la vida. De ella depende en gran
medida la permanencia o alejamiento de los nuevos aprendices.
Hay un enorme compromiso en la función y el mismo representa para un masón asumido un gran gozo
espiritual y moral, ya que no se trabaja por compulsión o constricción sino porque trabajar en logia es lo
mismo que vivir en logia. Significa estar siendo en el mundo de una manera determinada por una de las
filosofías más sublimes que el universo del pensamiento haya creado en todos los tiempos.
Educar para un buen 2º Vig∴ implica educarse continuamente, el enseña aprendiendo de cada aprendiz y cada
aprendiz permanece como una facultad especial en la mente de cada 2º Vig∴ de modo que el símbolo sigue
siempre operando.
Si el 2º Vig∴ entrega una regla de 24 pulgadas al aprendiz, no lo hace con el fin de que la toque y descubra la
madera, ni tampoco para trazar líneas en un papel. Lo hace para que el neófito descubra una nueva manera de
dominar el tiempo. Desde que nacemos comenzamos a morir sostenía Heidegger y lo dicho no son solo
palabras. El tiempo se acaba para cada uno en la muerte física, pero el segmento comprendido entre el
nacimiento y la muerte puede ser sabiamente dividido en función de las expectativas que cada masón tenga
para su propia vida. A su vez el tiempo material lo parcelamos en medidas fijas llamadas días, semanas, meses
y años. Y si somos más nano-observadores nos adentramos en la estructura de las horas, minutos y segundos.
Hay personas que en un segundo pueden determinar de mejor modo su vida que muchas en meses o años. La
orden nos enseña a domar en lo humanamente posible cada una de estos cimarrones fragmentos de tiempo, de
modo que unas pocas horas bien aprovechadas pueden lograr cambios insospechados, ahora bien, la orden
enseña, pero nosotros ejecutamos, el tiempo es como el mar y nosotros somos como los pelícanos y gaviotas
que, volando a su ras, tenemos que saber determinar cuándo nos estrellamos contra sus aguas para conseguir el
anhelado pez que nos alimente, la gaviota va detrás del pelícano para comer sus sobras, a veces elegimos ser
pelícanos y otras conviene ser gaviota hasta estar convenientemente preparado; la idea central es saber cómo
nos estrellamos contra el tiempo en busca de sus arcanos, si como gaviota o como pelícano, o si solo miramos
de lejos verlo pasar.
Muchos humanos juguetean en las playas, pocos se adentran tras las olas a nadar y solo algunos se atreven a
enfrentarlo en altamar. Muchos juguetean en las costas de la verdadera vida, algunos se atreven a nadar tras las
olas de las dificultades y solo algunos desafían al tiempo en su altamar de los sueños.
La regla de 24 pulgadas es una invitación a meter los pies a mayores profundidades hasta dejar de hacer pie en
terreno conocido y empezar a flotar en lo inconmensurable de las posibilidades existenciales, un buen masón
debe disponer de su tiempo y no dejar que este disponga de él, no hay nada imposible, excepto la
imposibilidad, la regla es la norma que somos capaces de practicar, las 24 pulgadas son las horas del día que
somos capaces de transformar, el futuro llegó hace rato queridos hermanos, ya no hay tiempo de lamentos
intuía un viejo rockero en una atinada canción, el tiempo que nos queda que sea impregnado por nuestra nueva
concepción, atrevámonos a zambullirnos en él con las herramientas que nos da la institución más bella del
mundo. El 2º Vig∴ representa la belleza, pues hagamos cosas bellas y punto.
El tiempo es nuestro aliado, no nuestro enemigo, perdamos taras y prejuicios, limitaciones y vicios, no lo
veamos solamente lineal, busquemos en él algo más como hacemos con nosotros al tratar de bucear en
nuestros misterios, lo único que no permite el tiempo que tenemos es la inacción o apatía, estas son cosas de la
anti-vida y no de sus concepciones, que la regla sea tu regla y que las 24 horas del día sean tus horas, que nada
se interponga en tu aprendizaje. Caiga quien caiga: “masón continúa”.
Para terminar esta humilde e incompleta plancha, tratemos de imitar durante nuestra estadía en esta magna
institución, a la duración de los párrafos de este trabajo. Si contamos línea por línea cada uno de ellos veremos
que empieza por tres y termina por veinte, pasando por el cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, etc. El
trabajo va de menor a mayor pero siempre en la estructura geométrica del aprendiz que es el triángulo. Repetir
el uno, dos, tres, un dos tres, un dos, tres, es como componer un bello vals con nuestra vida, es construir un
ritmo que, aunque siempre repite nunca suena igual. Este baile se acaba solo con la muerte física y por
mientras, la música que aprende el aprendiz no se le olvida nunca más. Concentrémonos en los tresillos,
tríadas o triángulos y sobre esta base aprendamos a meter todas las combinaciones de las siete notas hasta el
infinito. Entendamos que este trabajo llega solo a la línea veintiuno y que debemos trabajar con postas entre
hermanos para que la carrera no termine y seamos buenos atletas del pensar. Procuremos no saltar del uno al
veintiuno y disfrutemos cada paso en el número que nos toca transitar.
Los viajes de la masonería no se acaban nunca y la evolución tampoco, y en ese sentido podemos hablar de
construcción de poder real, dadme una palabra y solo recién te daré la otra, no sé leer ni escribir solo se
deletrear, cada letra de una palabra es como cada masón en nuestro templo moral, ascendamos contando de a
uno por vez pero luego retornemos al uno-bien como diría Plotino, Cumplid la función de letra-individuo y
aprenderéis a ser buen ciudadano en el tiempo. “Avanzad, Avanzad, Avanzad”
Es Cuanto.
ApM JUAN TALAVERA