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En El Enjambre

Este documento discute los efectos de la comunicación digital en la sociedad contemporánea. Señala que la comunicación digital anula las distancias físicas y mentales, generando anonimato y falta de respeto. También favorece la comunicación simétrica que debilita las relaciones de poder asimétricas. El documento contrasta la "masa" del siglo XX con el "enjambre digital" de hoy, que carece de un espíritu colectivo y solo produce ruido constante. Finalmente, analiza cómo la comunicación digital priva a la real

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En El Enjambre

Este documento discute los efectos de la comunicación digital en la sociedad contemporánea. Señala que la comunicación digital anula las distancias físicas y mentales, generando anonimato y falta de respeto. También favorece la comunicación simétrica que debilita las relaciones de poder asimétricas. El documento contrasta la "masa" del siglo XX con el "enjambre digital" de hoy, que carece de un espíritu colectivo y solo produce ruido constante. Finalmente, analiza cómo la comunicación digital priva a la real

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EN EL ENJAMBRE ( BYUNG-CHUL HAN)

La tecnología digital más allá de nuestra conciencia establece nuevas conductas, nuevas
percepciones, nuevas sensibilidades, nuevas sociabilidades, pero nos embriagamos con ellos sin
percatarnos de sus consecuencias. En eso consiste nuestra crisis actual

Sin Respeto

Hoy vivimos tiempos de ausencia de respeto. Respeto viene de respectare y significa


literalmente "mirar hacia atrás".

El respeto está relacionado entonces con un pathos de la mirada, con una distancia, algo que hoy
está ausente de nuestras conductas donde la mirada penetra en el espectáculo. Mientras, en latín
espectáculo viene de spectare, enfocar la mirada, por ejemplo el mirón. Entre spectare y
respectare media distancia.

Precisamente una sociedad sin distancia es la sociedad del espectáculo y el escándalo. El respeto
constituye un elemento esencial para la subsistencia de lo público, donde decae lo público decae
la distancia y por ende el respeto. La decadencia de lo público y la falta de respeto se
condicionan mutuamente.

Una característica esencial de la comunicación digital es que anula las distancias, las físicas y
las mentales, la revolución digital separa el mensaje del mensajero, se vuelve anónimo. Las
redes hoy generan anonimato, pero como respeto y nombre van unidos, el anonimato no genera
respeto.

A diferencia de ello, la carta es una comunicación demorada que una vez terminada ha
descargado su dosis emocional y afectiva, mientras que la comunicación digital por su
inmediatez es puro afecto, es una comunicación del afecto.

Otro factor emergente de los medios digitales es que favorecen la comunicación simétrica
porque rompen la jerarquía en la emisión de la noticia y la aparición del prosumidor hará el
resto.

Esa pérdida de jerarquía vertical afecta las relaciones de poder que ejerce una comunicación de
carácter asimétrico no dialógico.

El Poder gusta de la asimetría de la comunicación y cuanto más asimétrica mejor. Por eso las
redes digitales de comunicación rompen la asimetría, el emisor y receptor son lo mismo, y en
ellas el poder no germina porque carece de la negatividad del ocultamiento.

El misterio es del orden de lo terrenal, la información digital tiene una topología lisa, abierta,
plana. El secreto por el contrario busca espacios tortuosos, interrumpidos para la información.

En las redes hay un flujo de indignación (shitstorm), y hoy en día lo soberano es lo que es
capaz de controlar ese flujo, porque ese flujo de indignación aparece donde desaparece el
respeto y la autoridad. La shitstorm crece en la horizontalidad y semeja a un ruido
comunicativo.

Sociedad de la Indignación

La ola de indignación es buena para aglutinar pero su fluidez no hace posible trasladar esa
indignación al discurso público, crecen y desaparecen con la misma rapidez. Le falta
consistencia y perduración, no pueden articular porque se trata de una preocupación por lo
personal no por lo social.

La ira es vivificante y activa, en cambio el enojo de la Indignación es una emoción que no se


traslada a la acción, se queda en estado afectivo. La ira requiere pasar del enojo a la épica, y la
cultura actual no alimenta la épica. La indignación actual no tiene masa, es todo movimiento
fugaz, sin gravitación, sin futuro.

En el Enjambre

En el siglo XX Le Bon anuncio la revolución de las masas que modificarán las relaciones de
poder previas, hoy vivimos otra revolución, la revolución digital. Otra vez se anuncia la
irrupción de los muchos contra el dominio de los pocos, pero ahora son masas digitales, es el
enjambre.

El enjambre digital difiere de la masa porque está compuesta de individuos aislados y la masa
no se explica a partir de individuos aislados. El enjambre digital carece del espíritu de la masa,
no hay un nosotros.

El enjambre digital no tiene una voz, es ruido, ruido constante, aditivo, suma; y el espíritu es
silencio.

Mientras el Homo electronicus de Mc Luhan era masa, el Homo Digitalis no lo es, porque el
hombre digital nunca es Nadie, se expone y requiere atención. Precisamente porque es Alguien
y no Nadie, puede ser anónimo, un alguien anónimo.

Al Homo Digitalis no le agradan los lugares públicos masivos, son concentración sin
congregación, un conjunto sin interioridad ni espíritu. Cuando los individuos digitales se unen
esa unión es provisoria, temporal, con movimientos fugaces e inestables.

La masa tenía una amalgama ideológica o de relación que la hacía coherente y sólida, tenía un
nosotros y una acción común. La masa va hacia el poder, el enjambre no, no marcha, se disuelve
sin desarrollar energías políticas.

Para Hardt y Negri la globalización produce por un lado un poder global descentrado y fuera del
territorio, y por otro una multitud de personas con intereses individuales actuando en conjunto.
Han rechaza esta idea a partir de que la multitud no se puede considerar una clase, somos todos,
y de que el poder global no domina, cada uno es explotador de sí mismo.

Los sujetos del neoliberalismo son incapaces de una acción en común, por eso el neoliberalismo
no genera contrapoder y por lo tanto lo que prevalece no es la multitud sino la soledad.

Desparece lo común, se privatiza hasta el alma, se desvanece la solidaridad. Otra particularidad


de la comunicación digital es la primacía del tiempo presente y su falta de mediadores.

A diferencia de los medios analógicos en que se observa un formato anfiteatro en el cual un


centro irradia información en un solo sentido y sin retro alimentación, los medios digitales son
redes.

Por eso pasamos de receptores pasivos de medios a audiencias activas de consumidores y


productores de información.
Las redes sociales desmediatizan la comunicación, los periodistas, verdaderos sacerdotes de la
opinión, se vuelven superfluos. En la redes no hay sacerdotes. La paradoja es que al
desmediatizar se masifica y al hacerlo pierden sustancia el lenguaje y la cultura.

El político corre atrás de ese electorado activo y deja de generar proyectos futuros y pasa a
fortalecer su presencia, de modo que la política abandona el futuro por el presente.

La comunicación es en su mínima expresión comunicación verbal, en su mayor parte es


lenguaje corporal, podríamos llamarle táctil por su carácter sensitivo. Lo llamativo es que lo
digital no detecta la comunicación táctil, la no presencia, característica de lo digital, evita lo
corporal.

El smartphone hace las veces de espejo narcisista en el que me incluyo, no habla el otro, hablo
yo. El smartphone anula la espera, el largo plazo, la demora, es un dispositivo de alta
positividad. Antes había más mirada, más enfrente, más registros de caras y de actitudes, y
como había más mirada había más otro y más respeto. El caso de Skype es el más llamativo, ya
que por imperio de los ángulos de cámara no es posible mirarnos a los ojos aunque nos estemos
viendo a distancia.

Huida a la Imagen

Consumimos imágenes, somos iconoclastas, pero esa realidad se referencia en la imagen, y ante
una imagen perfecta como la imagen digital la realidad es percibida cómo defectuosa. En la
teoría de la imagen aparece la idea de que en el cuadro siempre está presente el otro, el que
mira, porque no hay rostro transparente, siempre es opaco, tiene claroscuros, negatividad.

En cambio la imagen digital es perfecta, sin sombras, todo brillo, transparente. Esta imagen
perfecta no tiene la potencia poética de lo icónico, es mera copia de lo real, y las imágenes
domesticadas pierden su locura, su potencia. La foto digital permite insistir en la imagen para
llegar a lo deseado, ruptura con lo real, por eso se habla del Síndrome de París, que consiste en
el golpe que los turistas sienten al ver la diferencia entre el París de las fotos y el París de la
realidad. Por eso los turistas vuelven a sacar fotos de París, para recuperar aquella imagen que la
realidad niega.

La foto analógica del papel tiene vida, tiene pasado, presente y un futuro incierto, en cambio la
imagen digital no tiene tiempo, siempre es presente, como la vida posmoderna, no nace y
pretende nunca morir.

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