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Andrés Páramo Izquierdo Es Periodista Colombiano. Ha Sido Editor de Opinión Del Diario El Espectador' y Editor en Jefe de VICE Latinoamérica'

El documento presenta un análisis de la situación política y social en Colombia a raíz de las protestas nacionales contra el gobierno del presidente Iván Duque. Señala la inoperancia de Duque y el mal manejo de problemas como la pandemia, la pobreza y el desempleo como causas de la indignación popular. También critica la violenta represión de las protestas por parte de la policía que ha dejado numerosos muertos y denuncia la falta de respuesta adecuada por parte del gobierno.

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ACTIVIDAD 1

Leer de manera comprensiva el texto y señalar con el color indicado cada uno de los

recursos discursivos que encuentres.

Escribir 5 argumentos, cada uno de diferente tipo.

Usar las normas APA y la portada.

Opinión: Iván Duque, de la inoperancia al autoritarismo

Andrés Páramo Izquierdo es periodista colombiano. Ha sido editor de opinión del diario

‘El Espectador’ y editor en jefe de ‘VICE Latinoamérica’.

El 5 de mayo se cumple en Colombia el octavo día de paro nacional y la indignación

popular no tiene freno aún. Pese a que el detonante de las marchas fue una reforma

tributaria presentada por el gobierno del presidente Iván Duque al Congreso, que fue

forzada a retirar posteriormente, la indignación va mucho más allá y excede ese tema. Es el

todo por el todo. Y ante esta desazón, el gobierno ha respondido sin conductos, tratando de

disipar la ira social a la brava, con una violencia que ha dejado muertos y el temor de la

ciudadanía a un feroz autoritarismo.

Más allá de la Reforma Tributaria, las marchas tienen que ver —nuevamente y como

ocurrió en noviembre de 2019— con el desgobierno, que se traduce en el mal manejo de la

pandemia (en Colombia hay casi tres millones de casos activos), en las disparadas cifras de

pobreza reveladas recientemente (la pobreza monetaria ascendió a 42.5% y hay 21 millones

de personas en esa condición), en el desempleo que se vino encima (15.9%), en el asesinato


sistemático de más de 900 líderes sociales desde 2016, en los más de 27,000 desplazados

internos en el primer trimestre de este año y en un proyecto de ley de reforma a la salud que

ha recibido ya varias críticas.

En esta ocasión hay que sumarle a todo esto la decisión del Tribunal Administrativo de

Cundinamarca (inconstitucional a los ojos de varios juristas), que un día antes de que se

realizara la primera marcha ordenó frenar el paro nacional. Lo hizo mediante un embeleco

jurídico que utilizaba la pandemia como pretexto para aplazar las manifestaciones,

diciéndoles a los mandatarios locales que los “permisos” otorgados para ellas deberían ser

revocados, cuando en el país no se necesita de ningún permiso para salir a marchar.

El listado que devela la inoperancia de Iván Duque continúa: la decisión que tomó de hacer

una transmisión diaria de un programa de televisión sobre la pandemia, su lucha

fracasada de objetar la ley que regulaba a la Jurisdicción Especial para la Paz, su

“Conversación Nacional” que usó para frenar el desprestigio que le vino con el paro

nacional de 2019 y que nunca concluyó (un mecanismo que pretende volver a usar ahora).

Aunque todo esto era esperable:

Colombia eligió a un gobernante sin experiencia, sin margen de maniobra, que ha tratado

de hacer malabares con sus políticas, como quedó demostrado en su intransigente manejo

de la reforma tributaria.

Tan evidente es todo esto, que no solamente la ciudadanía y quienes lo apoyaron en su

elección —unos politiqueros de vieja data en Colombia— le están dando la espalda, sino

que su propio partido ha manifestado una inconformidad que muy probablemente irá

creciendo con el tiempo. Incluso el expresidente Álvaro Uribe, jefe del partido oficialista y
quien ungió a Duque como su sucesor, dijo que la reforma tributaria “le hace daño al

Centro Democrático”.

La respuesta estatal a las marchas son el índice perfecto para medir a Duque: un gobierno

débil que usa a su fuerza armada para reprimir el malestar social. Cuando los y las

manifestantes ya estaban en la calle, empezó lo que en las redes sociales se ha denunciado

como “Alerta roja”. La brutalidad con la que la Policía ha tratado a quienes protestan, que

corrió varios días al tiempo con un silencio de las autoridades, no solo es muy preocupante

sino que es un acto criminal. Y preocupa que, ante la violencia registrada, el presidente le

haya hecho caso a su mentor Uribe, quien por Twitter le pidió militarizar las ciudades o que

la Consejera Presidencial para los Derechos Humanos salga y diga, en medio de todo esto,

que los derechos básicamente hay que ganárselos.

Ha sido mediante las redes sociales que nos hemos enterado de una fracción de lo que

sucede, como el asesinato del manifestante Nicolás Guerrero en la ciudad de Cali,

transmitido en vivo por la cuenta de Instagram del DJ Juan de León, a quien

amenazaron posteriormente.

La Defensoría del Pueblo, presidida por Carlos Camargo, salió muy tarde y desconectada

durante seis días de la realidad a rendir el informe de que en las manifestaciones han

muerto un oficial de Policía y 18 personas civiles. Esto contrasta con los informes que a

diario presentó la ONG Temblores. Según sus registros, al 4 de mayo habían 1,443 casos de

violencia policial: 216 víctimas de violencia física, 31 homicidios, 814 detenciones

arbitrarias, 239 intervenciones violentas, 21 víctimas de agresión en los ojos, 77 casos de

disparo de arma de fuego y 10 víctimas de violencia sexual.


Una verdadera catástrofe humanitaria que ha hecho enardecer, con razón, las causas de la

protesta y que ha puesto encima la lupa internacional. Tan terrible es la situación, que esta

ONG está haciendo un llamado para que las personas no salgan de casa después de las 6:00

pm: “No hay garantías para la vida”, dicen. En Siloé, Cali, en una operación que hizo la

Policía la noche del 3 de mayo, murieron por lo menos cinco personas en una velatón

pacífica. Ha habido al menos 15 personas muertas en Cali en estas protestas.

Todo quedó resumido en el clamor de una madre que lloraba a los gritos, desesperada, al

momento de enterarse de que su hijo, Santiago Andrés Murillo, fue asesinado en la ciudad

de Ibagué durante las marchas.

Esto es inaceptable.

Dice mucho de un país que las manifestaciones contra un gobierno sean reprimidas con ese

nivel de violencia. Dice mucho de un país el silencio de las autoridades frente a estos

hechos. Dice mucho de un país que los mandatarios locales hablen de daños a objetos antes

de pronunciarse sobre la vida de su propia gente a manos de la Policía que dirigen.

Ya no más: una democracia claramente no es esto. La ineptitud y el desgobierno se le están

convirtiendo a Iván Duque en un autoritarismo que está costando vidas.

Tomado de: https://www.washingtonpost.com/es/post-opinion/2021/05/04/paro-nacional-

colombia-2021-ivan-duque-ejercito-protestas-violencia/
Emocionales:

La respuesta que dio el estado a las marchas son el índice perfecto para medir a Duque: un

gobierno débil que tiene que usar a su fuerza armada para reprimir el malestar social y no

dejar que sigan con las marchas de la lucha de sus derechos porque para ellos no les

conviene eso. me lastima en mi salud mental, ver como personas que solo quieren ver un

cambio en el país para bien, tengan que pagar ese precio con su vida. Unas de las que

sacrificaron su vida por el país fueron: Michel David Reyes Pérez, en Bogotá. El

menor de edad Marcelo Agredo Inchima, asesinado por la Policía Nacional en Cali. El

estudiante Juan Diego Perdomo Monroy, en Neiva Cristian Moncayo, Stiven Sevillano

Perea, y Charlie Parra Banguera en Cali.

Este dolor que hace sentir por personas que uno nunca había conocido, es como sentir que

le mataran a un familiar de uno, Toda Colombia siente dolor y sufrimiento ante estos actos

de vandalismo y peor aún, que no se hace justicia para nada. El padre de Marcelo Agredo

Inchima hoy en día está sufriendo porque su hijo murió por un disparo a la cabeza, y el

como los demás padres de estos jóvenes, lo único que quieren es justicia y un cambio para

el país.

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