Pirámide de Maslow: Jerarquía de las necesidades
humanas postulada por Abraham Maslow.
La autoestima es un conjunto de percepciones, pensamientos,
evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento dirigidas
hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser, y hacia los
rasgos de nuestro cuerpo y nuestro carácter. En resumen: es la
percepción evaluativa de nosotros mismos.[1]
La importancia de la autoestima estriba en que concierne a nuestro
ser, a nuestra manera de ser y al sentido de nuestra valía personal. Por
lo tanto, puede afectar a nuestra manera de estar, de actuar en el
mundo y de relacionarnos con los demás. Nada en nuestra manera de
pensar, de sentir, de decidir y de actuar escapa a la influencia de la
autoestima.[1]
Abraham Maslow, en su jerarquía de las necesidades humanas,
describe la necesidad de aprecio, que se divide en dos aspectos, el
aprecio que se tiene uno mismo (amor propio, confianza, pericia,
suficiencia, etc.), y el respeto y estimación que se recibe de otras
personas (reconocimiento, aceptación, etc.). [2] La expresión de
aprecio más sana según Maslow es la que se manifiesta «en el respeto
que le merecemos a otros, más que el renombre, la celebridad y la
adulación».[3]
Carl Rogers, máximo exponente de la psicología humanista, expuso
que la raíz de los problemas de muchas personas es que se desprecian
y se consideran seres sin valor e indignos de ser amados; de ahí la
importancia que le concedía a la aceptación incondicional del
cliente.[1] En efecto, el concepto de autoestima se aborda desde
entonces en la escuela humanista como un derecho inalienable de
toda persona, sintetizado en el siguiente «axioma»: Todo ser humano,
sin excepción, por el mero hecho de serlo, es digno del respeto
incondicional de los demás y de sí mismo; merece estimarse a sí
mismo y que se le estime.
Todos tenemos una imagen mental de quiénes somos, qué aspecto
tenemos, en qué somos buenos y cuáles son nuestros puntos débiles.
Nos formamos esa imagen a lo largo del tiempo, empezando en
nuestra infancia. El término autoimagen se utiliza para referirse a la
imagen mental que una persona tiene de sí misma. Gran parte de
nuestra autoimagen se basa en nuestras interacciones con otras
personas y nuestras experiencias vitales.[4] Esta imagen mental
(nuestra autoimagen) contribuye a nuestra autoestima.
En virtud de este razonamiento, incluso los seres humanos más viles
merecen un trato humano y considerado. Esta actitud, no obstante, no
busca entrar en conflicto con los mecanismos que la sociedad tenga a
su disposición para evitar que unos individuos causen daño a
otros—sea del tipo que sea—.[1]
El concepto de autoestima varía en función del paradigma psicológico
que lo aborde (psicología humanista, psicoanálisis, o conductismo).
Desde el punto de vista del psicoanálisis, la autoestima está
íntimamente relacionada con el desarrollo del ego; [2] , por otro lado, el
conductismo se centra en conceptos tales como «estímulo»,
«respuesta», «refuerzo», «aprendizaje», con lo cual el concepto
holístico de autoestima no tiene sentido. La autoestima es además un
concepto que ha traspasado frecuentemente el ámbito exclusivamente
científico para formar parte del lenguaje popular. El budismo considera
al ego una ilusión de la mente, de tal modo que la autoestima, e
incluso el alma, son también ilusiones; el amor y la compasión hacia
todos los seres con sentimientos y la nula consideración del ego,
constituyen la base de la felicidad absoluta. En palabras de Buda, «no
hay un camino hacia la felicidad, la felicidad es el camino».[5]
Fundamentos de la autoestima
La capacidad de desarrollar una confianza y un respeto saludables por
uno mismo es propia de la naturaleza de los seres humanos, ya que el
solo hecho de poder pensar constituye la base de su suficiencia, y el
único hecho de estar vivos es la base de su derecho a esforzarse por
conseguir felicidad. Así pues, el estado natural del ser humano debería
corresponder a una autoestima alta. Sin embargo, la realidad es que
existen muchas personas que, lo reconozcan o no, lo admitan o no,
tienen un nivel de autoestima inferior al teóricamente natural. [6]
Ello se debe a que, a lo largo del desarrollo, y a lo largo de la vida en
sí, las personas tienden a apartarse de la autoconceptualización [y
conceptualización] positiva, o bien a no acercarse nunca a ellas; los
motivos por los que esto ocurre son diversos, y pueden encontrarse en
la influencia negativa de otras personas, en un autocastigo por haber
faltado a los valores propios [o a los valores de su grupo social], o en
un déficit de comprensión o de compasión por las acciones que uno
realiza[6] [y, por extensión, de las acciones que realizan los demás].
John Powell, conocido divulgador de psicología, [7] con�esa en
uno de sus libros que, cuando alguien le alaba sinceramente, él,
en lugar de atenuar sus propios méritos, como suele hacerse,
responde: «extiéndase, por favor, extiéndase». Respuesta que, por
insólita, suele hacer reír a la audiencia cuando se cuenta en
público. Y también hace pensar.[1]
José-Vicente Bonet
Grados de autoestima
La autoestima es un concepto gradual. En virtud de ello, las personas
pueden presentar en esencia uno de tres estados:
Tener una autoestima alta equivale a sentirse confiadamente apto
para la vida, o, usando los términos de la definición inicial, sentirse
capaz y valioso; o sentirse aceptado como persona.[6]
Tener una autoestima baja es cuando la persona no se siente en
disposición para la vida; sentirse equivocado como persona. [6]
Tener un término medio de autoestima es oscilar entre los dos
estados anteriores, es decir, sentirse apto e inútil, acertado y
equivocado como persona, y manifestar estas incongruencias en la
conducta —actuar, unas veces, con sensatez, otras, con irreflexión—-,
reforzando, así, la inseguridad.[6]
En la práctica, y según la experiencia de Nathaniel Branden, todas las
personas son capaces de desarrollar la autoestima positiva, al tiempo
que nadie presenta una autoestima totalmente sin desarrollar. Cuanto
más flexible es la persona, tanto mejor resiste todo aquello que, de
otra forma, la haría caer en la derrota o la desesperación. [6]
Escalera de la autoestima
Auto reconocimiento: Es reconocerse a sí mismo, reconocer las
necesidades, habilidades, potencialidades y debilidades, cualidades
corporales o psicológicas, observar sus acciones, como actúa, por qué
actúa y qué siente.
Auto aceptación: Es la capacidad que tiene el ser humano de
aceptarse como realmente es, en lo físico, psicológico y social; aceptar
cómo es su conducta consigo mismo y con los otros. Es admitir y
reconocer todas las partes de sí mismo como un hecho, como forma
de ser y sentir.
Por auto aceptación se entiende:
1. El reconocimiento responsable, ecuánime y sereno de aquellos
rasgos físicos y psíquicos que nos limitan y empobrecen, así como de
aquellas conductas inapropiadas y/o erróneas de las que somos
autores.[1]
2. La consciencia de nuestra dignidad innata como personas que, por
muchos errores o maldades que perpetremos, nunca dejaremos de ser
nada más y nada menos que seres humanos falibles.[1]
En palabras de Albert Ellis:
'Autoaceptación' quiere decir que la persona se acepta a sí misma
plenamente y sin condiciones, tanto si se comporta como si no se
comporta inteligente, correcta o competentemente, y tanto si los
demás le conceden como si no le conceden su aprobación, su
respeto y su amor.[1]
Albert Ellis
Auto valoración: Refleja la capacidad de evaluar y valorar las cosas
que son buenas de uno mismo, aquellas que le satisfacen y son
enriquecedoras, le hacen sentir bien, le permiten crecer y aprender. Es
buscar y valorar todo aquello que le haga sentirse orgulloso de sí
mismo.
Auto respeto: Expresar y manejar en forma conveniente sentimientos y
emociones, sin hacerse daño ni culparse. El respeto por sí mismo es la
sensación de considerarse merecedor de la felicidad, es tratarse de la
mejor forma posible, no permitir que los demás lo traten mal; es el
convencimiento real de que los deseos y las necesidades de cada uno
son derechos naturales, lo que permitirá poder respetar a los otros
con sus propias individualidades.
Auto superación: Si la persona se conoce es consciente de sus
cambios, crea su propia escala de valores, desarrolla y fortalece sus
capacidades y potencialidades, se acepta y se respeta; está siempre en
constante superación, por lo tanto, tendrá un buen nivel de
autoestima, generando la capacidad para pensar y entender, para
generar, elegir y tomar decisiones y resolver asuntos de la vida
cotidiana, escuela, amigos, familia, etc. Es una suma de pequeños
logros diarios.
Auto eficacia y auto dignidad
La autoestima tiene dos aspectos interrelacionados: [8]
1. Un sentido de ganador y de poder salir adelante (auto eficacia).
2. Un sentido de mérito personal (auto dignidad).
Auto eficacia: confiar en el funcionamiento de mi mente, capacidad de
pensar, en los procesos por los cuales juzgo, elijo, decido; confianza en
la capacidad de comprender los hechos de la realidad que entran en la
esfera de mis intereses y necesidades; confianza conocedora en uno
mismo.
Auto dignidad: seguridad de mi valor; una actitud afirmativa hacía mi
derecho de vivir y felicidad.
Auto eficacia y auto dignidad son los pilares duales de la autoestima.
La falta de alguno de ellos afecta enormemente; representan la esencia
del autoestima.
Importancia de la autoestima positiva
Es imposible la salud psicológica, a no ser que lo esencial de la
persona sea fundamentalmente aceptado, amado y respetado por
otros y por ella misma.[1]
Abraham Maslow
La autoestima permite a las personas enfrentarse a la vida con mayor
confianza, benevolencia y optimismo, y por consiguiente alcanzar más
fácilmente sus objetivos y autorrealizarse.[6]
Permite que uno sea más ambicioso respecto a lo que espera
experimentar emocional, creativa y espiritualmente. Desarrollar la
autoestima es ampliar la capacidad de ser felices; la autoestima
permite tener el convencimiento de merecer la felicidad.[6]
Comprender esto es fundamental, y redunda en beneficio de todos,
pues el desarrollo de la autoestima positiva aumenta la capacidad de
tratar a los demás con respeto, benevolencia y buena voluntad,
favoreciendo así las relaciones interpersonales enriquecedoras y
evitando las destructivas.[6]
El amor a los demás y el amor a nosotros mismos no son
alternativas opuestas. Todo lo contrario, una actitud de amor
hacia sí mismos se halla en todos aquellos que son capaces de
amar a los demás.
Erich Fromm
Permite la creatividad en el trabajo, y constituye una condición
especialmente crítica para la profesión docente.[9] [n. 1]
José-Vicente Bonet,[10] en su libro Sé amigo de ti mismo: manual de
autoestima, recuerda que la importancia de la autoestima es algo
evidente:
La importancia de la autoestima se aprecia mejor cuando cae
uno en la cuenta de que lo opuesto a ella no es la heteroestima, o
estima de los otros, sino la desestima propia, rasgo característico
de ese estado de suma infelicidad que llamamos «depresión». Las
personas que realmente se desestiman, se menosprecian, se
malquieren..., no suelen ser felices, pues no puede uno
desentenderse u olvidarse de sí mismo.[1]
José-Vicente Bonet
Escala de Autoestima de Rosenberg
Rosenberg entiende a la autoestima como un fenómeno actitudinal
creado por fuerzas sociales y culturales. La autoestima se crea en un
proceso de comparación que involucra valores y discrepancias. El nivel
de autoestima de las personas se relaciona con la percepción del sí
mismo en comparación con los valores personales. [2] Estos valores
fundamentales han sido desarrollados a través del proceso de
socialización. En la medida que la distancia entre el si mismo ideal y el
si mismo real es pequeña, la autoestima es mayor. Por el contrario,
cuanto mayor es la distancia, menor será la autoestima, aun cuando la
persona sea vista positivamente por otros.[2]
La autoestima es un constructo de gran interés clínico por su
relevancia en los diversos cuadros psicopatológicos, así como por su
asociación con la conducta de búsqueda de ayuda psicológica, con el
estrés y con el bienestar general. (Vázquez,Jiménez & Vázquez, 2004.)
Muy particularmente se ha asociado con cuadros como la depresión,
los trastornos alimentarios, los trastornos de personalidad, la
ansiedad, y la fobia social. Asimismo se ha señalado que el nivel de
autoestima es un excelente predictor de la depresión. [cita requerida]
El estudio de la autoestima es, por tanto, un aspecto esencial en la
investigación psicopatológica, siendo de interés la disponibilidad de
instrumentos adecuadamente validados para su evaluación.
La Escala de Autoestima de Rosenberg es una de las escalas más
utilizadas para la medición global de la autoestima. Desarrollada
originalmente por Rosenberg (1965) para la evaluación de la
autoestima en adolescentes, incluye diez ítems cuyos contenidos se
centran en los sentimientos de respeto y aceptación de si mismo/a. La
mitad de los ítems están enunciados positivamente y la otra mitad
negativamente(ejemplos, sentimiento positivo: " creo que tengo un
buen número de cualidades " sentimiento negativo: " siento que no
tengo muchos motivos para sentirme orgulloso de mi" ). Es un
instrumento unidimensional que se contesta en una escala de 4
alternativas, que va desde " muy de acuerdo" a " muy en desacuerdo".
Sexismo y autoestima
El sexismo (juzgar el propio sexo como superior) puede perjudicar
gravemente la autoestima, sobre todo la de las niñas y los niños. [8]
Falsos estereotipos
La autoestima no tiene nada que
ver con la cultura, la clase social,
los bienes materiales o incluso el
éxito. En los países civilizados y
ricos, y específicamente en las
sociedades capitalistas, es
frecuente sentirse «incompleto»,
peor que otros. El propio sistema
fuerza a la gente a sentirse así.
La comodidad no es autoestima
A una persona con la autoestima baja —o «equivocada», según la
terminología de Branden—, cualquier estímulo positivo, a lo más que
podrá llegar, será a hacerla sentir cómoda o, a lo sumo, mejor con
respecto a sí misma únicamente durante un tiempo.[6] Por lo tanto, los
bienes materiales, o las relaciones sexuales, o el éxito, o el aspecto
físico, por sí solos, producirán sobre esa persona comodidad, o bien un
falso y efímero desarrollo de la autoestima, pero no potenciarán
realmente la confianza y el respeto hacia uno mismo.
La autoestima no es competitiva ni comparativa
Paradójicamente, la mayoría de las personas buscan la autoconfianza y
el autorrespeto fuera de sí mismas, motivo por el cual están abocadas
al fracaso. Según Nathaniel Branden, «la autoestima se comprende
mejor como una suerte de logro espiritual o mental, es decir, como una
victoria en la evolución de la conciencia». Así, la autoestima
proporciona serenidad espiritual, la cual a su vez permite a las
personas disfrutar de la vida.[6]
El estado de una persona que no está en guerra ni consigo misma
ni con los demás es una de las características más signi�cativas
de una autoestima sana.
Nathaniel Branden
La verdadera autoestima no se expresa mediante la autoglorificación a
expensas de los demás, o por medio del afán de ser superior a otras
personas o de rebajarlas para elevarse uno mismo. La arrogancia, la
jactancia y la sobrevaloración de las propias capacidades revelan una
autoestima equivocada, y no un exceso de autoestima.[6] [1] La
autoestima es la base fundamental para que el ser humano desarrolle
al máximo sus capacidades, es el punto de partida para el desarrollo
positivo de las relaciones humanas, del aprendizaje, de la creatividad y
de la responsabilidad personal.[11]
Indicadores de la autoestima
Indicios positivos de autoestima
(Adaptados de D.E. Hamachek, Encounters with the Self, Rinehart,
Nueva York, 1971).
La persona que se autoestima suficientemente:[1]
1. Cree con firmeza en ciertos valores y principios, y está dispuesta a
defenderlos incluso aunque encuentre oposición. Además, se siente lo
suficientemente segura de sí misma como para modificarlos si la
experiencia le demuestra que estaba equivocada.
2. Es capaz de obrar según crea más acertado, confiando en su propio
criterio, y sin sentirse culpable cuando a otros no les parezca bien su
proceder.
3. No pierde el tiempo preocupándose en exceso por lo que le haya
ocurrido en el pasado ni por lo que le pueda ocurrir en el futuro.
Aprende del pasado y proyecta para el futuro, pero vive con intensidad
el presente.
4. Confía plenamente en su capacidad para resolver sus propios
problemas, sin dejarse acobardar fácilmente por fracasos y
dificultades. Y, cuando realmente lo necesita, está dispuesta a pedir la
ayuda de otros.
5. Como persona, se considera y siente igual que cualquier otro; ni
inferior, ni superior; sencillamente, igual en dignidad; y reconoce
diferencias en talentos específicos, prestigio profesional o posición
económica.
6. Da por sentado que es interesante y valiosa para otras personas, al
menos para aquellos con los que mantiene amistad.
7. No se deja manipular, aunque está dispuesta a colaborar si le parece
apropiado y conveniente.
8. Reconoce y acepta en sí misma diferentes sentimientos y pulsiones,
tanto positivos como negativos, y está dispuesta a revelárselos a otra
persona, si le parece que vale la pena y así lo desea.
9. Es capaz de disfrutar con una gran variedad de actividades.
10. Es sensible a los sentimientos y necesidades de los demás; respeta
las normas sensatas de convivencia generalmente aceptadas, y
entiende que no tiene derecho —ni lo desea— a medrar o divertirse a
costa de otros. [2]
Indicios negativos de autoestima
La persona con autoestima deficiente suele manifestar algunos de los
siguientes síntomas:[1]
Autocrítica rigorista:tendente a crear un estado habitual de
insatisfacción consigo misma.
Hipersensibilidad a la crítica: que la hace sentirse fácilmente
atacada y a experimentar resentimientos pertinaces contra sus
críticos.
Indecisión crónica: no tanto por falta de información, sino por
miedo exagerado a equivocarse.
Deseo excesivo de complacer: no se atreve a decir «no», por
temor a desagradar y perder la benevolencia del peticionario.
Perfeccionismo: o autoexigencia de hacer «perfectamente», sin
un solo fallo, casi todo cuanto intenta; lo cual puede llevarla a
sentirse muy mal cuando las cosas no salen con la perfección
exigida.
Culpabilidad neurótica: se condena por conductas que no siempre
son objetivamente malas, exagera la magnitud de sus errores y
delitos y/o los lamenta indefinidamente, sin llegar a perdonarse por
completo
'Hostilidad flotante: irritabilidad a flor de piel, siempre a punto de
estallar aun por cosas de poca importancia; propia del supercrítico a
quien todo le sienta mal, todo le disgusta, todo le decepciona, nada
le satisface.
Tendencias defensivas: un negativo generalizado (todo lo ve
negro: su vida, su futuro y, sobre todo, su sí mismo) y una
inapetencia generalizada del gozo de vivir y de la vida misma. [2]
Repercusión de los desequilibrios de autoestima en
adolescentes
Los desequilibrios de autoestima pueden presentarse de formas como
las siguientes:[12]
Trastornos psicológicos:
Ideas de suicidio.
Falta de apetito.
Pesadumbre.
Poco placer en las actividades (anhedonia).
Pérdida de la visión de un futuro.
Estado de ánimo triste, ansioso o vacío persistente.
Desesperanza y pesimismo.
Sentimientos de culpa, inutilidad y desamparo.
Dificultad para concentrarse, recordar y tomar decisiones.
Trastornos en el sueño.
Inquietud, irritabilidad.
Dolores de cabeza.
Trastornos digestivos y náuseas.
Trastornos afectivos:
Dificultad para tomar decisiones.
Enfoque vital derrotista.
Miedo.
Ansiedad.
Irritabilidad.
Trastornos intelectuales:
Mala captación de estímulos.
Mala fijación de los hechos de la vida cotidiana.
Dificultad de comunicación.
Autodevaluación (baja autoestima)
Incapacidad de enfrentamiento.
Ideas o recuerdos repetitivos molestos.
Trastornos de conducta:
Descuido de las obligaciones y el aseo personal.
Mal rendimiento en las labores.
Tendencia a utilizar sustancias nocivas.
Trastornos somáticos:
Insomnio.
Inquietud en el sueño.
Anorexia.
Bulimia.
Vómitos.
Tensión en músculos de la nuca.
Enfermedades del estómago.
Alteraciones en la frecuencia del ritmo cardíaco.
Mareos.
Náuseas. Todo ser humano, sin excepción, por el mero hecho de
serlo, es digno del respeto incondicional de los demás y de sí mismo;
merece estimarse a sí mismo y que se le estime.
Breve reseña histórica
La autoestima, como vivencia psíquica, ha acompañado al ser
humano desde sus comienzos.[1]
El constructo psicológico de autoestima (o autoconcepto) se
remonta a William James, a finales del siglo XIX, quien, en su obra Los
Principios de la Psicología, estudiaba el desdoblamiento de nuestro
«Yo-global» en un «Yo-conocedor» y un «Yo-conocido». Según James,
de este desdoblamiento, del cual todos somos conscientes en mayor o
menor grado, nace la autoestima.[1]
Ya entrado el siglo XX, la influencia inicial de la psicología
conductista minimizó el estudio introspectivo de los procesos
mentales, las emociones y los sentimientos, reemplazándolo por el
estudio objetivo mediante métodos experimentales de los
comportamientos observados en relación con el medio. El conductismo
situaba al ser humano como un animal sujeto a reforzadores, y sugería
situar a la propia psicología como una ciencia experimental similar a la
química o a la biología. Como consecuencia, se descuidó durante
bastante tiempo el estudio sistemático de la autoestima, que era
considerada una hipótesis poco susceptible de medición rigurosa.[1]
A mediados del siglo XX, y con la psicología fenomenológica y la
psicoterapia humanista, la autoestima volvió a cobrar protagonismo y
tomó un lugar central en la autorrealización personal y en el
tratamiento de los trastornos psíquicos. Se empezó a contemplar la
satisfacción personal y el tratamiento psicoterapéutico, y se hizo
posible la introducción de nuevos elementos que ayudaban a
comprender los motivos por los que las personas tienden a sentirse
poco valiosas, desmotivadas e incapaces de emprender por ellas
mismas desafíos.[1]
Carl Rogers, máximo exponente de la psicología humanista, expuso
su teoría acerca de la aceptación y autoaceptación incondicional como
la mejor forma de mejorar la autoestima.
Robert B. Burns considera que la autoestima es el conjunto de las
actitudes del individuo hacia sí mismo. El ser humano se percibe a
nivel sensorial; piensa sobre sí mismo y sobre sus comportamientos;
se evalúa y los evalúa. Consecuentemente, siente emociones
relacionadas consigo mismo. Todo ello evoca en él tendencias
conductuales dirigidas hacia sí mismo, hacia su forma de ser y de
comportarse, y hacia los rasgos de su cuerpo y de su carácter, y ello
configura las actitudes que, globalmente, llamamos autoestima. Por lo
tanto, la autoestima, para Burns, es la percepción evaluativa de uno
mismo. En sus propias palabras: «la conducta del individuo es el
resultado de la interpretación peculiar de su medio, cuyo foco es el sí
mismo».[1]
Investigadores como Coopersmith (1967), Brinkman et al. (1989),
López y Schnitzler (1983), Rosemberg y Collarte, si bien exponen
conceptualizaciones de la autoestima diferentes entre sí, coinciden en
algunos puntos básicos, como que la autoestima es relevante para la
vida del ser humano y que constituye un factor importante para el
ajuste emocional, cognitivo y práctico de la persona.[9] Agrupando las
aportaciones de los autores citados, se obtendría una definición
conjunta como la siguiente:
La autoestima es una competencia especí�ca de carácter socio-
afectivo que constituye una de las bases mediante las cuales el
sujeto realiza o modi�ca sus acciones. Se expresa en el individuo
a través de un proceso psicológico complejo que involucra a la
percepción, la imagen, la estima y el autoconcepto que éste tiene
de sí mismo. En este proceso, la toma de conciencia de la valía
personal se va construyendo y reconstruyendo durante toda la
vida, tanto a través de las experiencias vivenciales del sujeto,
como de la interacción que éste tiene con los demás y con el
ambiente.[9]
La autoestima en el mundo real
En la práctica, la autoestima, al depender en parte de la heteroestima,
se ve intensamente influida por las condiciones sociales. [13] El
concepto que una persona tiene de sí misma y de los demás, y lo que
una persona siente por sí misma y por los demás, son la base de las
relaciones humanas, y por lo tanto, decisivos para las contingencias
del ser humano. Lejos del concepto ideal de autoestima que la
psicología humanista propugna, desligada completamente del ego, las
personas normalmente conviven con éste, debiendo lidiar
continuamente con sus consecuencias, o, dicho de otro modo, el
altruismo puro, salvo en personas de gran bondad y dedicadas
íntegramente al desarrollo espiritual, raramente se encuentra. La
cultura, la política, la economía, la sociedad, la historia misma, están
determinadas por la autoestima de las personas, y al mismo tiempo
son determinantes. [cita requerida]Nada escapa a la influencia de la
autoestima, ni siquiera la propia concepción de la autoestima. Por ello,
y para evitar confusiones, deberá valorarse el concepto de autoestima
de forma diferente según cada ideología.[cita requerida]
En otras palabras, la autoestima es la suma de la confianza y el
respeto por uno mismo. Refleja el juicio implícito que cada uno hace de
su habilidad para enfrentar los desafíos de la vida (para comprender y
superar los problemas) y de su derecho a ser feliz (respetar y defender
sus intereses y necesidades) [14]
El concepto capitalista de la autoestima: críticas y
controversia
El concepto de autoestima, tal como se entiende en la sociedad
norteamericana, donde, con fundamentos psicoanalíticos, se rinde
culto al ego y se admite en gran medida el narcisismo (incluso se habla
de «narcisismo saludable»),[15] ha sido criticado desde diferentes
campos, y especialmente por figuras como el Dalái Lama, Carl Rogers,
Paul Tillich y Alfred Korzybski.[16] [17] [18] [19] [20]
Tal vez las críticas teóricas y operativas más duras provengan del
psicólogo estadounidense Albert Ellis, quien en numerosas ocasiones
ha calificado la filosofía de la autoestima como esencialmente
autofrustrante y destructiva en última instancia.[21] Ellis considera
que, aunque la propensión y tendencia del ser humano hacia el ego es
innata, la filosofía de la autoestima aparece en un análisis definitivo
como irreal, ilógica y destructiva para el individuo y para la sociedad,
proporcionando más daño que beneficio. Cuestiona los fundamentos y
la utilidad de la fuerza del ego, y afirma que la autoestima está basada
en premisas definitorias arbitrarias, y sobre un pensamiento sobre-
generalizado, perfeccionista y ostentoso.[21] Ellis agrega que los seres
humanos tienen una fuerte tendencia a evaluarse o juzgarse, no tienen
por qué hacerlo, y se comportan de forma irracional cuando lo hacen;
pues simplemente podrían aceptar su existencia "como existo, prefiero
seguir vivo y mientras lo esté, prefiero ser feliz".[22] Admite que la
consideración y valoración de los comportamientos y características
son funcionales e incluso necesarios, pero ve la consideración y
valoración de la totalidad de los seres humanos y la totalidad de uno
mismo como irracionales, antiéticas y absolutistas. Según Ellis, la
alternativa más saludable es la autoaceptación y aceptación de los
demás de forma incondicional.[23] Utiliza una psicoterapia denominada
Rational Emotive Behavior Therapy («terapia de comportamiento
emotivo racional»).[24] También se le conoce como Terapia Racional
Emotiva Conductual.[22]
Todo ser humano, sin excepción, por el mero hecho de serlo, es digno
del respeto incondicional de los demás y de sí mismo; merece
estimarse a sí mismo y que se le estime.
Véase también
Adolescencia
Altruismo
Amor
Autoconcepto
Autoimagen
Egoísmo
Inteligencia emocional
Inseguridad emocional
Pirámide de Maslow
Psicología del yo
Soberbia
Trastorno narcisista de la personalidad
Yo
Notas
1. A pesar de ello, y aunque existen numerosos estudios sobre la
autoestima, son pocos los que se centran específicamente sobre este
grupo de población.
Referencias
1. José-Vicente Bonet. Sé amigo de ti mismo: manual de autoestima .
1997. Ed. Sal Terrae. Maliaño (Cantabria, España). ISBN
978-84-293-1133-4.
2. La autoestima según las distintas escuelas de la psicología .
3. Cheroky Mena Covarrubias. «Una óptica humanista y conductista
de la sustentabilidad» .
4. PIERSON, Marie Louise (1992) La imagen personal, Ed. Deusto.
5. Chang, Larry (2006). «Happiness/Contentment» . Wisdom for the
Soul (en inglés) (1ª edición). Gnosophia Publishers. p. 351.
ISBN 0-9773391-0-6. Consultado el 25 de octubre de 2012. «There is
no way to happiness; happiness is the way.»
6. Nathaniel Branden. Cómo mejorar su autoestima . 1987. Versión
traducida: 1990. 1.ª edición en formato electrónico: enero de 2010.
Ediciones Paidós Ibérica. ISBN 978-84-493-2347-8.
7. Página web sobre John Powell
8. Autoestima.
9. Miranda, Christian (2005). «La autoestima profesional: una
competencia mediadora para la innovación en las prácticas
pedagógicas» (PDF). Revista Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia
y Cambio en Educación 3 (1). Archivado desde el original el 25 de
noviembre de 2015.
10. Página personal de José-Vicente Bonet
11. Pérez, M. (1992) Autoestima, Buenos Aires:Paidós.
12. Autoestima en la adolescencia.
13. Ovidio D'Angelo Hernández. Desarrollo de la autoestima y la
conciencia moral en las contradicciones de la sociedad
contemporánea .
14. http://web.archive.org/web/http://www.psicologiaviva.com
/mejorar_autoestima.pdf
15. Paul Wink. Two faces of narcissism .
16. Godfrey T. Barrett-Lennard. Carl Rogers' helping system: journey
and substance. P. 65. .
17. Daniel Goleman. Healing emotions.
18. Paul Tillich. The Eternal Now.
19. M. Editor Kending. Alfred Korzybski: Collected Writings,
1920–1950. P. 425.
20. Paul Tillich. A History of Christian thought.
21. Ellis, A. (2001). Feeling better, getting better, staying better.
Impact Publishers.
22. Ellis, A. y Blau, S. (comp.) (2000) Vivir en una sociedad irracional.
Paidos.
23. Ellis, A. The Myth of Self-esteem. 2005.
24. Albert Ellis, Windy Dryden. The Practice of Rational Emotive
Behavior Therapy.
Enlaces externos
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Todo ser humano, sin excepción, por el mero hecho de serlo, es digno
del respeto incondicional de los demás y de sí mismo; merece
estimarse a sí mismo y que se le estime.
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