Marco Teorico Resiliencia
Marco Teorico Resiliencia
MARCO TEORICO
Sin embargo, antes de entrar en abundar los conceptos de resiliencia o persona resiliente, sería
propicio apreciar algunos conceptos, al parecer apropiados en pro de comprender aún más el
contexto psicológico el cual se desea abordar, entre estos, el correspondiente a vulnerabilidad y
en ese mismo sentido el de adversidad, pues en ambos se presenta lazos estrechos con el concepto
de resiliencia, es decir, la vulnerabilidad vista como el estado de indefensa, por ende producto de
sucesos desafortunados los cuales conllevan al individuo a dicho estado, y la adversidad como el
momentos complejo al cual nos encontramos en riesgo de atravesar.
En cuanto a la adversidad y apoyando lo anterior, Infante (2008) acuña “como una amenaza o
riesgo al desarrollo de la persona. También indica el autor “además se debe de concretar la
naturaleza del riesgo para que la resiliencia pueda ser debidamente identificada” es decir, la
adversidad se debe entender como un riesgo latente, el cual puede presentarse en cualquier tiempo
o aspecto de nuestras vidas, y por otro lado, se debe entender como cotidiano, pues está implícito
en el diario vivir, sin embargo no cualquier tipo de adversidad podría demostrar la resilencia o
probar a la persona resiliente desde su misma naturaleza, debido a que se puede encontrar
adversidades menores que no tengas complejidad para ser superados por medio de un proceso
complicado y áspero, la resilencia se define desde la capacidad de asumir las adversidades fuertes
y complicadas que requieran no solo de su superación sino también el uso de esta para beneficio
propio
La adversidad puede ser real o subjetiva (percibida) al igual que ocurre con el
riesgo. La adversidad y/o el riesgo real se basan en indicadores objetivos que nos
pueden indicar el nivel de vulnerabilidad de una persona ante una situación
determinada. La adversidad y/o el riesgo subjetivo se basan en las creencias y
percepciones de la persona y por ello es mucho más variable.
Ahora bien, Con relación a la resiliencia, esta es la la capacidad de superar las adversidades;
aunque no solo se trata en superarla, sino el estado de ver las situaciones negativas como:
oportunidades, con el fin de convirtiesen en personas perseverantes, creativas y motivadoras a
generar cambios positivos en beneficio propio y por supuesto aquellos que lo rodean, así lo afirma
(Piña 2015).
Es decir, las personas resilientes no solo se caracterizan por hacerle frentes a sus episodios poco
positivos y superar los mismos de forma rápida, dejando sorprendido a quien los rodean, sino
también pueden buscar aprendizajes en estas, por ejemplo, el empresario de manufactura que
fracasa en su actividad puede verse en situaciones complejas, en la cuales siendo resiliente logra
encontrarse con la manera de generar nuevos activos y no caer en el fracaso.
Wagnild G 2009) afirma a la resiliencia como: “el conocimiento del sistema y de las
jerarquías y el uso de situaciones simuladas reflejando los entornos reales facilitan a quienes
aprenden la conversión de las incertidumbres y las situaciones percibidas como peligrosas en retos
manejables” retomando ideas anteriores, el teórico nos ayuda a entender la resiliencia como la
capacidad de no solo superar sino usar los acontecimientos adversos como positivos, es fácil
encontrar en el diario vivir los conceptos donde se afirma al ser humano como frágil, verdad vista
concretamente en el caso de la mujer frustrada en medio de una relación tormentosa, esta es
incapaz de acabar con su calvario, muchas veces por miedos impuestos, se niega al cambio y
prefiere su zona de confort, en una persona resiliente no solo lograría acabar con su mala
experiencia sino que a la postre entenderá sus errores como motivos de cambio para una relación
futura, está segura de encontrar una mejor persona que acompañe su vida, no le teme al
acontecimiento pues su autoestima es alta y la capacidad de verse triunfadora y cómoda en
cualquier contexto es bastante sobresaliente.
Por otro lado, encontramos otros conceptos acerca del termino: resiliencia, tomamos a
Salovey y Mayer (1990), “encontramos que la capacidad de las personas para ver, comprender y
regular sus emociones y las de los demás, favorece la adaptación emocional” asimismo hablando
exactamente de las habilidades que desarrollan las personas resilientes, consiguen mejorar y
optimizar sus recursos para el mantenimiento de la salud. Algunas de estas habilidades que
describen Palomar y Gómez (2010), las podemos adaptar al comportamiento de salud: a) Rápida
respuesta ante el riesgo. b) Madurez precoz. c) Búsqueda de información. d) Relaciones
interpersonales positivas. e) Optimismo f) Asunción de responsabilidad.
Por otra parte, encontramos nuevamente a Cyrulnik (2002) quien considera “la resiliencia
un mecanismo de autoprotección que amortiguando los choques del trauma se pone en marcha
desde la más tierna infancia, primero mediante el tejido de lazos afectivos y luego a través de las
expresiones de las emociones ”, entonces es imperativo que como padres, profesores o cualquiera
sea quien juega como formadorl, comprenda su papel a la hora de fomentar en el niño serios
pilares de autodeterminación, aceptación positiva de su ambiente, la construcción de su alta
autoestima y sobre todo entienda el apoyo que pudiese encontrar en su semejante, así lo afirma,
Torío:
“Educar es una tarea que no solo corresponde a la escuela, sino que se comparte
con la familia y sociedad; dichas instituciones no deben operar aisladamente sino,
por el contrario, deben coordinar esfuerzos para tener mejores resultados. Las
familias deben de responsabilizarse, del aprendizaje de algunos “valores, creencias,
actitudes,… de modo que los individuos no se hallen ´desarmados´, sin criterio
propio, frente a la diversidad de información y estilos de conducta que ofrece de
continuo el medio social” (Torío, 2004, p. 43).
Siguiendo con lo anterior, y retomando al autor anterior autocalificado como resiliente, “las niñas
y los niños sometidos a malos tratos y abusos pueden valerse de una especie de reserva biopsíquica
que les permite sacar fuerzas de flaqueza... esto sólo es posible si el entorno social está dispuesto
a ayudarles” (Cyrulnik, 2002).
Ahora bien, es propicio aclarar que la resiliencia o la capacidad de ser resiliente no se puede
comprender como la misma tendencia a la recuperación, esto último puede tardar más tiempo que
lo establecido y puede quedarse en ese mismo nivel, inclusive puede quedar traumas jamás
superados, a diferencia de la persona resiliente, no solo se recupera del trauma sino que refleja
nuevas habilidades en pro de su vida; de allí la importancia de diferenciar los conceptos
(Bonanno, 2004), “ya que representan trayectorias temporales distintas. En este sentido, la
recuperación implica un retorno gradual hacia la normalidad funcional, mientras que la resiliencia
refleja la habilidad de mantener un equilibrio estable durante todo el proceso”.
Podríamos traer a coacción el siguiente concepto, caracterizado por aterrizar aún más la
diferencia entre recuperación, y resiliencia, y al mismo tiempo nos aborda desde el concepto de
trauma tomándose en cuenta desde el sentido contextualizado de la persona resiliente.
De este mismo modo, podríamos acuñar el concepto del trauma, entendido como el bache no
superado y que se ve en creciente cada vez que hechos se le asocia y provoca crisis en el individuo,
este mismo se encuentra asociado a la resiliencia, pues es exactamente su tarea, superar cada uno
de los traumas subsistidos en el trayecto vivencial y funcionando no solo como recuperación sino
como aprovechamiento del mismo a beneficio del individuo.
“Al final de su vida, una persona de cada dos habrá padecido un acontecimiento
que podríamos clasificar como traumático, una violencia que le habrá empujado a
codearse con la muerte. Una persona de cada cuatro se habrá visto confrontada a
varios acontecimientos capaces de dejarla desmantelada. Una persona de cada diez
no conseguirá librarse de su trauma, lo que equivale a decir que las demás, al
debatirse y al comprometerse, habrán logrado remendar su personalidad desgarrada
y recuperar un lugar en la aventura humana.”
Yehuda nos abre la puerta a comprender el trauma como algo del cotidiano, es decir, cada uno de
nosotros como seres humanos nos encontramos expuestos a una sociedad, y a todo lo que en este
circunda, entonces la formación de un trauma o daños psicológicos no solo es viable, sino que
afectan nuestro diario vivir, por ello cobra importancia fundamentar las bases resilientes en nuestro
carácter o personalidad y no sucumbir ante la tragedia o fracaso, (Bonanno, 2004). Señala “Sin
embargo, la realidad demuestra que, si bien algunas personas que experimentan situaciones
traumáticas llegan a desarrollar trastornos, en la mayoría de los casos esto no es así, y algunas
incluso son capaces de aprender y beneficiarse de tales experiencias.”
Según Frankl (1946), “toda persona tiene una vocación o misión específica en la vida, de
acuerdo a sus necesidades, valores y preferencias, es decir tiene la necesidad de agenciarse, para
buscar la felicidad, englobando tanto el bienestar subjetivo como la satisfacción vital.” Desde
edades muy tempranas nos exhortan a tener planes para nuestras vidas y nos demuestran que la
mejor manera de edificar o garantizar un futuro es contar con un proyecto de vida, abordado desde
los principios o valores: personales, espirituales o sociales, al mismo tiempo la fomentación de
estudios escolares o universitarios pueden generar distintos resultados positivos en la mayoría de
los casos, de hecho en la carrera escolar nos encontramos con actividades académicas o
extracurriculares las cuales se relacionan a nuestros proyectos de vida, estas son provechosas para
enseñar su temáticas o conceptos básicos, y del mismo modo nos conduce a reflexionar e indagar
en todas la posibilidades que tenemos como seres humanos, por otro lado, nos permite de manera
reflexiva evaluar las posibles amenazas o debilidades a considerar con el fin de evitar rupturas en
el proyecto de vida propio, apoyando lo anterior Castañeda (2011) menciona:
“la necesidad de tener un plan que nos lleve al máximo de explotar nuestras
potencialidades. Es importante que la juventud vea la trascendencia de tener un
proyecto para su vida, de concientizarla acerca de que ese plan implica trabajo y
esfuerzo, pero también es importante enfatizar el papel del personal docente,
familia y escuela en la formación del alumnado en la ayuda y motivación para
lograrlo.”
Este nos invita de manera categórica a ratificar la idea anterior, en cuanto a la importancia de
depender de un plan, sin embargo, debemos entender dicho plan como un molde a rehacer de
manera permanente, pues como habíamos mencionado anteriormente, las adversidades suelen
presentarse en cualquier contexto o aspecto de la vida, y pueden permitir las rupturas en dichos
planes o proyectos como “poner en relación, de modo significativo, el pasado, el presente y el
futuro, quedando privilegiada la última decisión” (Guichard, 1995 citado por Romero, 2004, p.
338). La palabra proyecto está relacionado con hacer algo, con trazarse metas u objetivos por una
persona a futuro; pero, a su vez, demanda realizar o llevar a cabo una tarea del presente, es decir,
del hacer constantemente algo para alcanzar esos objetivos o metas planteadas, apoyando lo
anterior, afirma Castañeda (2011),
Ahora bien, en cuanto al conceptos del plan de vida para jóvenes, Castañeda (2011) menciona
“aspectos importantes para su realización, como serían: el potencial, autoestima, conocimiento de
sí, valores, misión, metas, también aspectos como el espiritual, el emocional/afectivo, familiar,
recreativo, social, corporal, ocupacional y económico.” En acuerdo con el teórico, no solo basta
contar con diferentes variables para el proyecto de vida, existen otros factores a considerar en el
ser humano, ejemplo, el potencial, tratándose como todas las capacidades o habilidades que se
tienen, quizás en bajos niveles, pero susceptibles a ser exploradas y explotadas en función a
beneficiar los métodos en los planes de vida, concretamente, las habilidades financieras dirigidas
y cultivadas podrían aportar en gran medida a los planes económicos; asimismo los factores
afectivos son vitales en la construcción de las diferentes proyecciones del individuo, es de conocer
que son los lazos familiares un determinante para tomar fuerza en la sociedad, es decir, una persona
la cual se caracterice por el apoyo desarrollado por sus congéneres tendrá muchas posibilidades a
la hora de llevar acabo sus metas, no solo desde el factor económico sino también en el contexto
socio afectivo el cual ira afectando de manera positiva y progresiva la alta autoestima y por ende
alimenta los patrones psicológicos resilientes para permitir mantenerse abantes ante la adversidad
o vulnerabilidad.
Competencia
“Una competencia es definida por Perrenoud (2002, p. 6) como: Una capacidad de
actuar de manera eficaz en un tipo definido de situación, capacidad que se apoya
en conocimientos pero no se reduce a ellos. Para enfrentar una situación de la mejor
manera posible, generalmente debemos hacer uso y asociar varios recursos
cognitivo complementarios, entre los cuales se encuentran los conocimientos”
Hábitos
Si se entiende el hábito, como la costumbre de llevar a cabo una acción de manera cotidiana, estaría
adecuado referenciar el concepto al del proyecto de vida, pues este último necesita del paso a paso
constante y disciplinado en su construcción y por ende lleve a la conclusión del cumplimiento de
los objetivos, Covey (2012) expone
“El hábito te hace o te deshace, define los hábitos como algo que uno hace
repetidamente, sin embargo, señala que el ser humano es más fuerte que los hábitos,
por lo que cabe la posibilidad de cambiar aquellos malos hábitos por la práctica de
los buenos, entre los que destacan: el autocontrol, hacer más cosas en menos
tiempo, ser una persona segura y feliz, así como equilibrada.”
Autoestima
Se aborda el concepto referido anteriormente, la autoestima, del mismo modo que juega en forma
dual con el proyecto de vida.
“La autoestima está muy relacionada con la realización con éxito de un proyecto de
vida, pues no solo condiciona el aprendizaje, ayuda a superar dificultades
personales, fundamenta la responsabilidad, apoya la creatividad, determina la
autonomía personal, posibilita una relación social saludable y constituye el núcleo
de la personalidad; sino que también, la autoestima garantiza una proyección futura
de la persona, pues se afirma que, siendo la persona consiente de sus propias
cualidades, se proyecta hacia el futuro y se impone así misma aspiraciones y
expectativas para llevarlas a cabo, al sentirse con la capacidad necesaria para la
persecución de metas superiores” (Alcántara, 2005).
Es apropiado traer a coacción un par de conceptos más de teóricos importantes y que abren
aún más las puertas a la comprensión del concepto de (BP) para, Fierro (2000) “el bienestar
psicológico con el potencial o la posibilidad activa de “bien-estar” y “bien -ser” entendida como
una disposición a cuidar la propia salud mental de modo que la persona responsablemente puede
crear vivencias positivas o experiencias de vida feliz estando consciente de ello”, por otro lado
Salotti (2006) “señala que el bienestar psicológico es el resultado de la percepción sobre logros
alcanzados en la vida y el grado de satisfacción personal con lo que se ha hecho, se está haciendo
o puede hacerse” por último, En continuación con lo anterior, González-Méndez (2005) “vincula
el bienestar psicológico con el estado mental y emocional que determina el funcionamiento
psíquico óptimo de una persona de acuerdo a su paradigma personal y al modo de adecuarse a las
exigencias internas y externas del entorno físico y social”, al revisar se infiere que se coloca en
acuerdo varios teóricos al pensar que la percepción de bienestar se encuentra intrínseco en cada
uno de los individuo, es decir, es un estado emocional que no depende del entorno sino de sí
mismo.
Retomando la autora Ryff, (1989); propone seis dimensiones, a partir de las cuales se definen
las escalas de bienestar psicológico (a) autonomía, capacidad para mantener la independencia y la
individualidad en diferentes contextos para resistir la presión social; (b) dominio del entorno,
capacidad para elegir o crear entornos favorables para satisfacer metas y necesidades; (c) auto
aceptación, tener una percepción exacta de las propias acciones, motivos y sentimientos; (d)
relaciones positivas con otros, entendida como confianza mutua y empatía; (e) crecimiento
personal, dedicación a la realización del potencial personal; y (f) propósito en la vida,
establecimiento de metas y definición de objetivos para dar dirección a la vida. Cada una de estas
puestas en práctica y en cualquier contexto puede alcanzar resultados satisfactorios en el individuo.
En esta misma línea, se sostiene que de estas seis dimensiones las que están más altamente
relacionadas con el bienestar psicológico son el propósito en la vida, la autoaceptación, el dominio
del entorno y el crecimiento personal (Springer y Hauser, 2006; Tomas, Sancho, Meléndez y
Mayordomo, 2012). De acuerdo con algunos especialistas en el tema, los análisis factoriales
realizados a la escala han encontrado dos factores, uno que abarca las cuatro dimensiones
anteriormente nombradas y otro, de segundo orden, que actúa de modo independiente, compuesto
por la autonomía y las relaciones positivas con otros (Abbott, Ploubidis, Huppert, Kuh y Croudace,
2010; Chitgian-Urzúa, Urzúa y Vera-Villarroel, 2013; Van Dierendonck, Díaz, Rodríguez-
Carvajal, Blanco y Moreno-Jiménez, 2008; Vera-Villarroel, Urzúa, Silvac, Paveza y Celis-
Atenasa, 2013). En cuanto a la trayectoria del desarrollo del bienestar psicológico, varios estudios
han informado que algunas de sus dimensiones exhiben claramente los efectos de la edad, mientras
que otras se mantienen estables en el tiempo (Meléndez, Tomás y Navarro, 2011; Ryff, 1991;
Triadó, Villar, Osuna y Solé, 2005). Específicamente, las dimensiones de relaciones positivas con
los otros y autoaceptación han demostrado ser relativamente estables.
La percepción del bienestar psicológico se convierte entonces en una división del estado
mental basado en las seis dimensiones propuestas, aunque parezca alguna más relevante que otra,
es de considerarlas en cada uno de los momentos que tiene el ser humano y como estas se van
aplicando según el alcance de nuestra edad o el grado de maduración al que nos adaptamos, en
otras palabras el bienestar psicológico se concibe como el estado de sentirse bien consigo mismo
así mismo apoya Csikszentmihalyi (2005)
“estar y sentirse bien con la vida es un estado psíquico y por lo tanto subjetivo
relacionado con la felicidad, la cual se define de dos maneras distintas según sea la
dimensión temporal en que tiende a contextualizarse. Por ejemplo, en el plano
sincrónico se habla de felicidad como un estado temporal variable en la misma
persona según determinadas condiciones psíquicas o externas. Y en el plano
diacrónico, se ve la felicidad como un rasgo que puede variar de un individuo a
otro.”
El estado de bienestar no debe ser confundido con el de felicidad, este último es un nivel
inverosímil, dado la nula posibilidad de permanecer alegres todo el tiempo, sin embargo eso no le
impide al individuo encontrarse de manera bien consigo mismo, es decir en bienestar psicológico
depende de las dimensiones anteriormente descritas, adquiridas en el marco de formación personal.
Por otro lado, Dueñas y Ortega (2020) proponen en su trabajo o proyecto investigativo a la
resiliencia comunitaria es la capacidad del sistema social y de las instituciones para hacer frente a
las adversidades de la cotidianidad y para reorganizarse posteriormente, de modo que mejoren sus
funciones, su estructura y su identidad como sujetos y como comunidad. En la que se centró la
atención en los jóvenes de las seis comunas del área urbana de Valledupar, con el fin de analizar
los factores de la resiliencia comunitaria de los jóvenes que integran comunas del área urbana de
la ciudad, que permita identificar la capacidad de afrontamiento ante las diferentes problemáticas
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