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Marco Teorico Resiliencia

Este documento presenta un marco conceptual sobre la resiliencia. Define la resiliencia como la capacidad de las personas de superar situaciones adversas y verlas como oportunidades para crecer. Explica conceptos como vulnerabilidad y adversidad, y cómo están relacionados con la resiliencia. También presenta definiciones de resiliencia de diferentes autores, que destacan la capacidad de proyectarse hacia el futuro a pesar de las dificultades, y de manejar situaciones estresantes de manera positiva y optimista.

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Marco Teorico Resiliencia

Este documento presenta un marco conceptual sobre la resiliencia. Define la resiliencia como la capacidad de las personas de superar situaciones adversas y verlas como oportunidades para crecer. Explica conceptos como vulnerabilidad y adversidad, y cómo están relacionados con la resiliencia. También presenta definiciones de resiliencia de diferentes autores, que destacan la capacidad de proyectarse hacia el futuro a pesar de las dificultades, y de manejar situaciones estresantes de manera positiva y optimista.

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1.

MARCO TEORICO

1.1 MARCO CONCEPTUAL. CAPITULO 1: LA RESILIENCIA

A lo largo de nuestras vidas podemos encontrarnos con diferentes situaciones positivas,


pero también adversas, inclusive, en muchas ocasiones nos enfrentamos con la afectación de
nuestros planes de vida o la ruptura total de estos, ante ello no nos queda más opción que hacerle
frente, cambiar o ajustar los pasos pasa salir abantes, de esta misma manera podemos sufrir
episodios dolorosos, bien sea por la pérdida de un ser querido, la ruptura de una relación amorosa,
un accidente grave, etcétera; ante lo anterior los seres humanos tienen la capacidad de superar cada
uno de estos momentos, hay quienes les cuesta bastante hacerlo y se ven obligados a visitar
profesionales en la salud mental en pro de buscar ayuda en la superación del infortunio; inclusive
existieron personas que ante el fracaso decidieron acabar con sus vidas, es decir, no pudieron
superar dichas dificultades y tomaron la fatídica decisión de finalizar sus problemáticas mediante
el suicidio, ahora bien, existen un cumulo de personas que ante los malos momentos logran verse
en ventaja, dicho de otra manera: tienen la capacidad de asumir sus situaciones negativas como un
pilar para generar en su futuro algo mucho mejor, pueden ver dichos momentos como la forma de
ver la debilidad como: fortaleza o en oportunidad, a estos se les conoce como personas resilientes.

Sin embargo, antes de entrar en abundar los conceptos de resiliencia o persona resiliente, sería
propicio apreciar algunos conceptos, al parecer apropiados en pro de comprender aún más el
contexto psicológico el cual se desea abordar, entre estos, el correspondiente a vulnerabilidad y
en ese mismo sentido el de adversidad, pues en ambos se presenta lazos estrechos con el concepto
de resiliencia, es decir, la vulnerabilidad vista como el estado de indefensa, por ende producto de
sucesos desafortunados los cuales conllevan al individuo a dicho estado, y la adversidad como el
momentos complejo al cual nos encontramos en riesgo de atravesar.

En cuanto a la adversidad y apoyando lo anterior, Infante (2008) acuña “como una amenaza o
riesgo al desarrollo de la persona. También indica el autor “además se debe de concretar la
naturaleza del riesgo para que la resiliencia pueda ser debidamente identificada” es decir, la
adversidad se debe entender como un riesgo latente, el cual puede presentarse en cualquier tiempo
o aspecto de nuestras vidas, y por otro lado, se debe entender como cotidiano, pues está implícito
en el diario vivir, sin embargo no cualquier tipo de adversidad podría demostrar la resilencia o
probar a la persona resiliente desde su misma naturaleza, debido a que se puede encontrar
adversidades menores que no tengas complejidad para ser superados por medio de un proceso
complicado y áspero, la resilencia se define desde la capacidad de asumir las adversidades fuertes
y complicadas que requieran no solo de su superación sino también el uso de esta para beneficio
propio

Asimismo (García del Castillo, 2012) expone

La adversidad puede ser real o subjetiva (percibida) al igual que ocurre con el
riesgo. La adversidad y/o el riesgo real se basan en indicadores objetivos que nos
pueden indicar el nivel de vulnerabilidad de una persona ante una situación
determinada. La adversidad y/o el riesgo subjetivo se basan en las creencias y
percepciones de la persona y por ello es mucho más variable.

Entonces, la adversidad no es comprendida por todos de la misma forma, aunque estamos


expuestos a estas, en el grado de nuestra fortaleza nos damos cuenta como varia ante el mecanismo
resiliente de la persona, lo anterior nos lleva a comprender la reisilencia y la adversidad como dos
elementos que actúan de la mano en el ser humano.

Al mismo tiempo, podríamos ahora incluir la definición de vulnerabilidad que proponen


Wisner, Blaikie, Cannon y Davis (2004), estos la formulan como “aquellas características con las
que cuenta una persona ante una situación determinada, que influyen en su capacidad de
anticipación, resistencia y recuperación ante una amenaza” al analizar el concepto de los teóricos
podríamos asumir la reisiliencia y la vulnerabilidad como aspectos psicológicos estrechos y en
conjunto, aun ante el estado de la vulnerabilidad se requiere de mecanismos o características
determinadas las cuales contribuyan a ver la adversidad como un amenaza aprovechable en el
mismo ámbito de la vida o en el sentido de la superación y recuperación de cualquier hecho
traumático o trastorno, producto de un o unos sucesos desafortunados del diario vivir.

Ahora bien, Con relación a la resiliencia, esta es la la capacidad de superar las adversidades;
aunque no solo se trata en superarla, sino el estado de ver las situaciones negativas como:
oportunidades, con el fin de convirtiesen en personas perseverantes, creativas y motivadoras a
generar cambios positivos en beneficio propio y por supuesto aquellos que lo rodean, así lo afirma
(Piña 2015).

“Podemos hacer referencia a la resiliencia como la capacidad que tienen las


personas, familias y comunidades de afrontar positivamente la vivencia de
situaciones traumáticas (pérdida de un ser querido, despido de un trabajo,
enfermedad crónica, entre otras), saliendo fortalecidas de la vivencia, con nuevos
aprendizajes y con una cicatriz emocional de la experiencia vivida”

Es decir, las personas resilientes no solo se caracterizan por hacerle frentes a sus episodios poco
positivos y superar los mismos de forma rápida, dejando sorprendido a quien los rodean, sino
también pueden buscar aprendizajes en estas, por ejemplo, el empresario de manufactura que
fracasa en su actividad puede verse en situaciones complejas, en la cuales siendo resiliente logra
encontrarse con la manera de generar nuevos activos y no caer en el fracaso.

Continuando con los conceptos anteriores, revisaremos diferentes definiciones de algunas


personalidades y que han funcionado para determinar con más exactitud las características de la
resiliencia, por ende de la persona resiliente, por ejemplo, “La resiliencia se ha definido como la
capacidad de una persona o grupo para seguir proyectándose en el futuro a pesar de
acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves”
(Cyrulnik, 2001). Un poco más tarde (Cyrulnik 2009) afirma “la capacidad para vivir,
desarrollarse positivamente o superarse [...] frente al estrés o las adversidades que pueden
normalmente ser causa de consecuencias negativas”, busca con sus conceptos explorar la
importancia de ver al ser humano como quien debe continuar sus planes o proyectos aun cuando
se vean de frente ante las vicisitudes negativas, o ante traumas severos, los cuales pueden llegar
a descomponer a cualquier persona y verla implicada en un proceso largo y complicado de
recuperación psicológica, para este la persona resiliente tiene las herramientas de verse confiado
ante lo negativo, pues es conocedor que ante cualquiera sea la situación, este puede continuar, aun
cuando sea el motivo bastante doloroso.
En este mismo orden de ideas, encontramos: “la resiliencia, entendida como esa capacidad
de ajuste psicológico, personal y social, que frente a contextos caracterizados por la adversidad, la
persona logra control sobre su propia vida y posee una visión optimista” (Uriarte Arciniega, 2005).
Este concepto nos acerca a entender la resiliencia como un mecanismo no solo positivista, sino
también como optimista, dejando claro que no se trata de perder objetividad ante los diferentes
contextos a los que la vida nos conlleva, es decir, la persona resiliente siendo una persona soñadora
no pierde de vista la realidad que lo circunda, ante la adversidad logran ver un ambiente compuesto
de oportunidades que a la mano tiene, mostrándose perseverante y optimista, seguro que sus
estrategias pueden funcionar, y si es que así no sucediera también pueden hacerle frente, es decir
sin interesar el resultados estarían dispuestos a continuar la marcha, aun cuando debiesen
enfrentar reacciones adversas de familiares y allegados, no olvida que se concentra en cumplir sus
fines y metas.

Wagnild G 2009) afirma a la resiliencia como: “el conocimiento del sistema y de las
jerarquías y el uso de situaciones simuladas reflejando los entornos reales facilitan a quienes
aprenden la conversión de las incertidumbres y las situaciones percibidas como peligrosas en retos
manejables” retomando ideas anteriores, el teórico nos ayuda a entender la resiliencia como la
capacidad de no solo superar sino usar los acontecimientos adversos como positivos, es fácil
encontrar en el diario vivir los conceptos donde se afirma al ser humano como frágil, verdad vista
concretamente en el caso de la mujer frustrada en medio de una relación tormentosa, esta es
incapaz de acabar con su calvario, muchas veces por miedos impuestos, se niega al cambio y
prefiere su zona de confort, en una persona resiliente no solo lograría acabar con su mala
experiencia sino que a la postre entenderá sus errores como motivos de cambio para una relación
futura, está segura de encontrar una mejor persona que acompañe su vida, no le teme al
acontecimiento pues su autoestima es alta y la capacidad de verse triunfadora y cómoda en
cualquier contexto es bastante sobresaliente.

Por otro lado, encontramos otros conceptos acerca del termino: resiliencia, tomamos a
Salovey y Mayer (1990), “encontramos que la capacidad de las personas para ver, comprender y
regular sus emociones y las de los demás, favorece la adaptación emocional” asimismo hablando
exactamente de las habilidades que desarrollan las personas resilientes, consiguen mejorar y
optimizar sus recursos para el mantenimiento de la salud. Algunas de estas habilidades que
describen Palomar y Gómez (2010), las podemos adaptar al comportamiento de salud: a) Rápida
respuesta ante el riesgo. b) Madurez precoz. c) Búsqueda de información. d) Relaciones
interpersonales positivas. e) Optimismo f) Asunción de responsabilidad.

Por otra parte, encontramos nuevamente a Cyrulnik (2002) quien considera “la resiliencia
un mecanismo de autoprotección que amortiguando los choques del trauma se pone en marcha
desde la más tierna infancia, primero mediante el tejido de lazos afectivos y luego a través de las
expresiones de las emociones ”, entonces es imperativo que como padres, profesores o cualquiera
sea quien juega como formadorl, comprenda su papel a la hora de fomentar en el niño serios
pilares de autodeterminación, aceptación positiva de su ambiente, la construcción de su alta
autoestima y sobre todo entienda el apoyo que pudiese encontrar en su semejante, así lo afirma,
Torío:

“Educar es una tarea que no solo corresponde a la escuela, sino que se comparte
con la familia y sociedad; dichas instituciones no deben operar aisladamente sino,
por el contrario, deben coordinar esfuerzos para tener mejores resultados. Las
familias deben de responsabilizarse, del aprendizaje de algunos “valores, creencias,
actitudes,… de modo que los individuos no se hallen ´desarmados´, sin criterio
propio, frente a la diversidad de información y estilos de conducta que ofrece de
continuo el medio social” (Torío, 2004, p. 43).

Siguiendo con lo anterior, y retomando al autor anterior autocalificado como resiliente, “las niñas
y los niños sometidos a malos tratos y abusos pueden valerse de una especie de reserva biopsíquica
que les permite sacar fuerzas de flaqueza... esto sólo es posible si el entorno social está dispuesto
a ayudarles” (Cyrulnik, 2002).

Ahora bien, es propicio aclarar que la resiliencia o la capacidad de ser resiliente no se puede
comprender como la misma tendencia a la recuperación, esto último puede tardar más tiempo que
lo establecido y puede quedarse en ese mismo nivel, inclusive puede quedar traumas jamás
superados, a diferencia de la persona resiliente, no solo se recupera del trauma sino que refleja
nuevas habilidades en pro de su vida; de allí la importancia de diferenciar los conceptos
(Bonanno, 2004), “ya que representan trayectorias temporales distintas. En este sentido, la
recuperación implica un retorno gradual hacia la normalidad funcional, mientras que la resiliencia
refleja la habilidad de mantener un equilibrio estable durante todo el proceso”.

Podríamos traer a coacción el siguiente concepto, caracterizado por aterrizar aún más la
diferencia entre recuperación, y resiliencia, y al mismo tiempo nos aborda desde el concepto de
trauma tomándose en cuenta desde el sentido contextualizado de la persona resiliente.

Ante un suceso traumático, las personas resilientes consiguen mantener un


equilibrio estable sin que afecte a su rendimiento y a su vida cotidiana. A diferencia
de aquellos que se recuperan de forma natural tras un período de disfuncionalidad,
los individuos resilientes no pasan por este período, sino que permanecen en niveles
funcionales a pesar de la experiencia traumática. Este fenómeno se considera
inverosímil o propio de personas excepcionales (Bonanno, 2004)

De este mismo modo, podríamos acuñar el concepto del trauma, entendido como el bache no
superado y que se ve en creciente cada vez que hechos se le asocia y provoca crisis en el individuo,
este mismo se encuentra asociado a la resiliencia, pues es exactamente su tarea, superar cada uno
de los traumas subsistidos en el trayecto vivencial y funcionando no solo como recuperación sino
como aprovechamiento del mismo a beneficio del individuo.

Del mismo modo Yehuda (1997) expone que:

“Al final de su vida, una persona de cada dos habrá padecido un acontecimiento
que podríamos clasificar como traumático, una violencia que le habrá empujado a
codearse con la muerte. Una persona de cada cuatro se habrá visto confrontada a
varios acontecimientos capaces de dejarla desmantelada. Una persona de cada diez
no conseguirá librarse de su trauma, lo que equivale a decir que las demás, al
debatirse y al comprometerse, habrán logrado remendar su personalidad desgarrada
y recuperar un lugar en la aventura humana.”
Yehuda nos abre la puerta a comprender el trauma como algo del cotidiano, es decir, cada uno de
nosotros como seres humanos nos encontramos expuestos a una sociedad, y a todo lo que en este
circunda, entonces la formación de un trauma o daños psicológicos no solo es viable, sino que
afectan nuestro diario vivir, por ello cobra importancia fundamentar las bases resilientes en nuestro
carácter o personalidad y no sucumbir ante la tragedia o fracaso, (Bonanno, 2004). Señala “Sin
embargo, la realidad demuestra que, si bien algunas personas que experimentan situaciones
traumáticas llegan a desarrollar trastornos, en la mayoría de los casos esto no es así, y algunas
incluso son capaces de aprender y beneficiarse de tales experiencias.”

1.2. MARCO REFERENCIAL. CAPITULO 2: PROYECTO DE VIDA Y LAS SEIS


DIMENSIONES DEL BIENESTAR PSICOLOGICO

Según Frankl (1946), “toda persona tiene una vocación o misión específica en la vida, de
acuerdo a sus necesidades, valores y preferencias, es decir tiene la necesidad de agenciarse, para
buscar la felicidad, englobando tanto el bienestar subjetivo como la satisfacción vital.” Desde
edades muy tempranas nos exhortan a tener planes para nuestras vidas y nos demuestran que la
mejor manera de edificar o garantizar un futuro es contar con un proyecto de vida, abordado desde
los principios o valores: personales, espirituales o sociales, al mismo tiempo la fomentación de
estudios escolares o universitarios pueden generar distintos resultados positivos en la mayoría de
los casos, de hecho en la carrera escolar nos encontramos con actividades académicas o
extracurriculares las cuales se relacionan a nuestros proyectos de vida, estas son provechosas para
enseñar su temáticas o conceptos básicos, y del mismo modo nos conduce a reflexionar e indagar
en todas la posibilidades que tenemos como seres humanos, por otro lado, nos permite de manera
reflexiva evaluar las posibles amenazas o debilidades a considerar con el fin de evitar rupturas en
el proyecto de vida propio, apoyando lo anterior Castañeda (2011) menciona:

“la necesidad de tener un plan que nos lleve al máximo de explotar nuestras
potencialidades. Es importante que la juventud vea la trascendencia de tener un
proyecto para su vida, de concientizarla acerca de que ese plan implica trabajo y
esfuerzo, pero también es importante enfatizar el papel del personal docente,
familia y escuela en la formación del alumnado en la ayuda y motivación para
lograrlo.”

Este nos invita de manera categórica a ratificar la idea anterior, en cuanto a la importancia de
depender de un plan, sin embargo, debemos entender dicho plan como un molde a rehacer de
manera permanente, pues como habíamos mencionado anteriormente, las adversidades suelen
presentarse en cualquier contexto o aspecto de la vida, y pueden permitir las rupturas en dichos
planes o proyectos como “poner en relación, de modo significativo, el pasado, el presente y el
futuro, quedando privilegiada la última decisión” (Guichard, 1995 citado por Romero, 2004, p.
338). La palabra proyecto está relacionado con hacer algo, con trazarse metas u objetivos por una
persona a futuro; pero, a su vez, demanda realizar o llevar a cabo una tarea del presente, es decir,
del hacer constantemente algo para alcanzar esos objetivos o metas planteadas, apoyando lo
anterior, afirma Castañeda (2011),

“Trazar un plan de vida ayudaría a los grupos de jóvenes a visualizar un futuro de


manera más objetiva y a hacer un compromiso con ellos mismos, además clarificar
los pasos que deben seguir para llegar a sus metas. Un proyecto de vida puede irse
modificando de acuerdo con las necesidades de cada persona, no es algo estático,
ya que a lo largo de la vida las personas adquieren conocimientos y experiencias
que les permitan valorar metas y hacer cambios con la finalidad de una realización
personal, así que también las metas deberán estar de acuerdo con lo que se
persigue.”

Ahora bien, en cuanto al conceptos del plan de vida para jóvenes, Castañeda (2011) menciona
“aspectos importantes para su realización, como serían: el potencial, autoestima, conocimiento de
sí, valores, misión, metas, también aspectos como el espiritual, el emocional/afectivo, familiar,
recreativo, social, corporal, ocupacional y económico.” En acuerdo con el teórico, no solo basta
contar con diferentes variables para el proyecto de vida, existen otros factores a considerar en el
ser humano, ejemplo, el potencial, tratándose como todas las capacidades o habilidades que se
tienen, quizás en bajos niveles, pero susceptibles a ser exploradas y explotadas en función a
beneficiar los métodos en los planes de vida, concretamente, las habilidades financieras dirigidas
y cultivadas podrían aportar en gran medida a los planes económicos; asimismo los factores
afectivos son vitales en la construcción de las diferentes proyecciones del individuo, es de conocer
que son los lazos familiares un determinante para tomar fuerza en la sociedad, es decir, una persona
la cual se caracterice por el apoyo desarrollado por sus congéneres tendrá muchas posibilidades a
la hora de llevar acabo sus metas, no solo desde el factor económico sino también en el contexto
socio afectivo el cual ira afectando de manera positiva y progresiva la alta autoestima y por ende
alimenta los patrones psicológicos resilientes para permitir mantenerse abantes ante la adversidad
o vulnerabilidad.

Además, podemos acuñar otros conceptos en pro de complementar la idea de concebir el


proyecto de vida, ejemplo, Vargas (2005) afirma:

“son determinante como la autoestima, la visión, el propósito, el compromiso y la


contribución; principalmente porque: • La autoestima confiere más seguridad en las
personas para poder desarrollar su proyecto de vida. • La visión consiste en
identificar el futuro en el presente por medio de acciones y decisiones propias. • El
propósito es igual a planteamientos de objetivos con la finalidad de dar sentido y
plenitud a la existencia. • El compromiso es la entrega de la persona. • La
contribución es la aportación para sí misma y para los demás, en el sentido de
solidaridad hacia otras personas. • La creatividad, el compromiso y el liderazgo son
también algunos rasgos importantes en las personas con capacidad para lograr su
proyecto en la vida menciona” (Vargas, 2005).

En el mismo modo, podríamos revisar el concepto D´Angelo21, quien ha estudiado y


estructurado el tema de Proyecto de vida y una de sus definiciones más estructurada dice:

“El Proyecto de Vida se comprende entonces como un sistema principal de la


persona en su dimensionalidad esencial de vida, un modelo ideal-real complejo de
la dirección perspectiva de su vida, de lo que espera o quiere ser y hacer, que toma
forma concreta en la disposición real y las posibilidades internas y externas de
lograrlo; define su relación hacia el mundo y hacia sí mismo, su razón de ser como
individuo en un contexto y tipo de sociedad determinada.” (1999, p. 32)
Apoyando al autor podríamos determinar al proyecto de vida como la rosa de los vientos del
individuo y aunque existe la filosofía: “nada de los planeado se lleva acabo” si se puede presidir
una ruta, un plan el cual llevado a cabo en cierto porcentaje logre cumplir las expectativas que
como seres humanos trazamos, ahora la idea de realizar todo sin pautar planes, cronogramas o
tiempos podría parecer absurda, pues estaría a la intemperie de la adversidad, es decir, no podemos
dejar de lado el plan, seria propicio abundar el proyecto de vida desde los objetivos a realizar, dado
que puede ser posible el cumplimiento de los mismos, sin que se deba cumplir a rajatabla los pasos
propuestos, entonces surge la pregunta más lógica ¿qué hacer ante el fracaso? Y es cuando se
determina las características del resiliente, en el momento donde se evalúa sus destrezas para
enfrentar el trauma o los episodios negativos, reflexionamos que hemos hecho y que nos faltaría
por hacer para sentirnos plenos, de ahí el sentido de un proyecto enfocado a buscar enfatizar el
contexto donde la resiliencia sea pilar para afrontar los retos de la vida madura y productiva de la
persona.

En cuanto a otros conceptos a considerar en la formación de un proyecto de vida sustentado


en pilares resistentes los cuales resisten las vicisitudes negativa de cualquier entorno podríamos
adicionar varios conceptos de teóricos quienes nos regalan una visión más técnica de los mismos
y contribuyen a su compresión.

Competencia
“Una competencia es definida por Perrenoud (2002, p. 6) como: Una capacidad de
actuar de manera eficaz en un tipo definido de situación, capacidad que se apoya
en conocimientos pero no se reduce a ellos. Para enfrentar una situación de la mejor
manera posible, generalmente debemos hacer uso y asociar varios recursos
cognitivo complementarios, entre los cuales se encuentran los conocimientos”

Al mismo tiempo, se acuña:

“En la actualidad, para que las personas puedan enfrentar situaciones de


complejidad en muchos ámbitos de su vida demandan la adquisición de
competencias clave. “Una competencia es más que conocimientos y destrezas.
Involucra la habilidad de enfrentar demandas complejas, apoyándose en y [sic]
movilizando recursos psicosociales (incluyendo destrezas y actitudes) en un
contexto particular” (OCDE 2003, p. 3).

Nuevamente traemos a Perrenoud (2002), “las potencialidades de un individuo solo se transforman


en competencias efectivas según los aprendizajes. Agrega que: “Sólo existen competencias
estables si la movilización de los conocimientos va más allá de la reflexión que cada cual es capaz
de realizar y pone en acción los esquemas creados” (p. 16).

Hábitos

Si se entiende el hábito, como la costumbre de llevar a cabo una acción de manera cotidiana, estaría
adecuado referenciar el concepto al del proyecto de vida, pues este último necesita del paso a paso
constante y disciplinado en su construcción y por ende lleve a la conclusión del cumplimiento de
los objetivos, Covey (2012) expone

“El hábito te hace o te deshace, define los hábitos como algo que uno hace
repetidamente, sin embargo, señala que el ser humano es más fuerte que los hábitos,
por lo que cabe la posibilidad de cambiar aquellos malos hábitos por la práctica de
los buenos, entre los que destacan: el autocontrol, hacer más cosas en menos
tiempo, ser una persona segura y feliz, así como equilibrada.”

Autoestima

Se aborda el concepto referido anteriormente, la autoestima, del mismo modo que juega en forma
dual con el proyecto de vida.

“La autoestima está muy relacionada con la realización con éxito de un proyecto de
vida, pues no solo condiciona el aprendizaje, ayuda a superar dificultades
personales, fundamenta la responsabilidad, apoya la creatividad, determina la
autonomía personal, posibilita una relación social saludable y constituye el núcleo
de la personalidad; sino que también, la autoestima garantiza una proyección futura
de la persona, pues se afirma que, siendo la persona consiente de sus propias
cualidades, se proyecta hacia el futuro y se impone así misma aspiraciones y
expectativas para llevarlas a cabo, al sentirse con la capacidad necesaria para la
persecución de metas superiores” (Alcántara, 2005).

Las dimensiones del bienestar psicológico

Es imperativo comprender la persona resiliente como un ser humano equipado de


características las cuales los conllevan a recibir las adversidades de manera tranquila, de tal forma
que genere cambios positivos a partir de los episodios negativos, sin embargo, debe ser
caracterizado igualmente como un individuo quien goza de un bienestar psicológico, estudiemos
este desde las seis dimensiones que plantea Ryff y Keyes (1995), como “un esfuerzo para que el
ser humano se perfeccione y cumpla con su potencial, lo cual tiene que ver con tener un propósito
de vida que ayude a darle significado.” Nos ayuda a reafirmar que es la tranquilidad mental el pilar
importante en la búsqueda de las metas y propósitos impuestos en la cotidianidad, de hecho es
importante tener una estabilidad mental en la toma de decisiones y así mismo comprender el hecho
como fundamental para los devenires de la vida. “Bienestar psicológico subjetivo (BPS) es
concebido desde autoría como resultado de la integración de dos tradiciones conceptuales: una
tradición de tendencia hedónica referida al “bienestar subjetivo” y otra de tendencia eudamónica
referida al “bienestar psicológico”” (Díaz et al, 2006). El anterior también nos regala una
apreciación del concepto de bienestar desde las tendencias hedónicas y eudamónica, simplificadas
a entenderse como el estado de felicidad o alegría al que el ser humano logra permanecer aun
cuando enfrenta trances dificultosos o traumáticos.

Es apropiado traer a coacción un par de conceptos más de teóricos importantes y que abren
aún más las puertas a la comprensión del concepto de (BP) para, Fierro (2000) “el bienestar
psicológico con el potencial o la posibilidad activa de “bien-estar” y “bien -ser” entendida como
una disposición a cuidar la propia salud mental de modo que la persona responsablemente puede
crear vivencias positivas o experiencias de vida feliz estando consciente de ello”, por otro lado
Salotti (2006) “señala que el bienestar psicológico es el resultado de la percepción sobre logros
alcanzados en la vida y el grado de satisfacción personal con lo que se ha hecho, se está haciendo
o puede hacerse” por último, En continuación con lo anterior, González-Méndez (2005) “vincula
el bienestar psicológico con el estado mental y emocional que determina el funcionamiento
psíquico óptimo de una persona de acuerdo a su paradigma personal y al modo de adecuarse a las
exigencias internas y externas del entorno físico y social”, al revisar se infiere que se coloca en
acuerdo varios teóricos al pensar que la percepción de bienestar se encuentra intrínseco en cada
uno de los individuo, es decir, es un estado emocional que no depende del entorno sino de sí
mismo.

Retomando la autora Ryff, (1989); propone seis dimensiones, a partir de las cuales se definen
las escalas de bienestar psicológico (a) autonomía, capacidad para mantener la independencia y la
individualidad en diferentes contextos para resistir la presión social; (b) dominio del entorno,
capacidad para elegir o crear entornos favorables para satisfacer metas y necesidades; (c) auto
aceptación, tener una percepción exacta de las propias acciones, motivos y sentimientos; (d)
relaciones positivas con otros, entendida como confianza mutua y empatía; (e) crecimiento
personal, dedicación a la realización del potencial personal; y (f) propósito en la vida,
establecimiento de metas y definición de objetivos para dar dirección a la vida. Cada una de estas
puestas en práctica y en cualquier contexto puede alcanzar resultados satisfactorios en el individuo.

En esta misma línea, se sostiene que de estas seis dimensiones las que están más altamente
relacionadas con el bienestar psicológico son el propósito en la vida, la autoaceptación, el dominio
del entorno y el crecimiento personal (Springer y Hauser, 2006; Tomas, Sancho, Meléndez y
Mayordomo, 2012). De acuerdo con algunos especialistas en el tema, los análisis factoriales
realizados a la escala han encontrado dos factores, uno que abarca las cuatro dimensiones
anteriormente nombradas y otro, de segundo orden, que actúa de modo independiente, compuesto
por la autonomía y las relaciones positivas con otros (Abbott, Ploubidis, Huppert, Kuh y Croudace,
2010; Chitgian-Urzúa, Urzúa y Vera-Villarroel, 2013; Van Dierendonck, Díaz, Rodríguez-
Carvajal, Blanco y Moreno-Jiménez, 2008; Vera-Villarroel, Urzúa, Silvac, Paveza y Celis-
Atenasa, 2013). En cuanto a la trayectoria del desarrollo del bienestar psicológico, varios estudios
han informado que algunas de sus dimensiones exhiben claramente los efectos de la edad, mientras
que otras se mantienen estables en el tiempo (Meléndez, Tomás y Navarro, 2011; Ryff, 1991;
Triadó, Villar, Osuna y Solé, 2005). Específicamente, las dimensiones de relaciones positivas con
los otros y autoaceptación han demostrado ser relativamente estables.

La percepción del bienestar psicológico se convierte entonces en una división del estado
mental basado en las seis dimensiones propuestas, aunque parezca alguna más relevante que otra,
es de considerarlas en cada uno de los momentos que tiene el ser humano y como estas se van
aplicando según el alcance de nuestra edad o el grado de maduración al que nos adaptamos, en
otras palabras el bienestar psicológico se concibe como el estado de sentirse bien consigo mismo
así mismo apoya Csikszentmihalyi (2005)

“estar y sentirse bien con la vida es un estado psíquico y por lo tanto subjetivo
relacionado con la felicidad, la cual se define de dos maneras distintas según sea la
dimensión temporal en que tiende a contextualizarse. Por ejemplo, en el plano
sincrónico se habla de felicidad como un estado temporal variable en la misma
persona según determinadas condiciones psíquicas o externas. Y en el plano
diacrónico, se ve la felicidad como un rasgo que puede variar de un individuo a
otro.”

El estado de bienestar no debe ser confundido con el de felicidad, este último es un nivel
inverosímil, dado la nula posibilidad de permanecer alegres todo el tiempo, sin embargo eso no le
impide al individuo encontrarse de manera bien consigo mismo, es decir en bienestar psicológico
depende de las dimensiones anteriormente descritas, adquiridas en el marco de formación personal.

1.3. MARCO DE ANTECEDENTES

En la búsqueda y rastreo de varios antecedentes que buscan cumplir sus objetivos de


proyecto retomando como principio psicológico: la resilencia, nos hemos encontrado con distintas
maneras de llevarse a cabo y mostraremos a continuación con el fin de realizar una comparación
retroalimentada de la base de nuestra investigación.
En la investigación realizada por Uribe Porras (2017) busca la construcción de resilencia
en personas víctimas de la violencia política vinculadas a organizaciones sociales y comunitarias
en tres regiones de Colombia, cuyo objetivo general es, comprender los procesos psicosociales de
construcción de la resiliencia en personas víctimas de la violencias política vinculadas a
organizaciones sociales y comunitarias en tres regiones de Colombia. Siendo esto último
verdaderamente importante siendo, el país colombiano foco de violencia desde hace muchas
décadas.

En una línea similar, Valencia Gómez (2016) enfoca su investigación en la importancia al


fortalecimiento de la resiliencia en niños y niñas con edades entre 5 y 12 años que han sido víctimas
del desplazamiento forzoso en Antioquia y actualmente estudian en la Institución Educativa
Gabriela Mistral del municipio de Copacabana. Se define la etapa de la niñez y por qué es
importante la resiliencia en esta población que ha sido víctima del desplazamiento forzoso evento
ocurrido en los primeros años de vida; se argumenta mediante teoría porque estos procesos pueden
llegar a ser muy útiles, al conseguir que las situaciones de crisis sean superadas poco a poco.

Por otro lado, Dueñas y Ortega (2020) proponen en su trabajo o proyecto investigativo a la
resiliencia comunitaria es la capacidad del sistema social y de las instituciones para hacer frente a
las adversidades de la cotidianidad y para reorganizarse posteriormente, de modo que mejoren sus
funciones, su estructura y su identidad como sujetos y como comunidad. En la que se centró la
atención en los jóvenes de las seis comunas del área urbana de Valledupar, con el fin de analizar
los factores de la resiliencia comunitaria de los jóvenes que integran comunas del área urbana de
la ciudad, que permita identificar la capacidad de afrontamiento ante las diferentes problemáticas
psicosociales que puedan enfrentar

Ahora bien, tomando la investigación de Vargas y Montalvo (2017) centran su objetivo


principal de la tesis titulada” Proceso de Resiliencia para la superación de Riesgos Sociales en los
niños, niñas y adolescentes de la ONG GEMA: 1990- 2016”, es dar a conocer el proceso de
resiliencia y su efecto en el desarrollo de capacidades (Habitus y capital social), tales como: valores
y normas, lazos afectivos, autonomía, confianza, trabajo en equipo y apoyo mutuo en los niños,
niñas y adolescentes de la ONG. GEMA.
Asimismo, Galvis (2018) aporta desde su investigación un intento a aportar al campo de los
diseños de proceso de acompañamiento desde la orientación escolar en las instituciones de
educación oficial en Bogotá en especial en contextos determinados con comunidades ubicadas en
periferias urbanas, con diferentes problemáticas contextuales sociales, culturales y económicas
determinadas en especial por el bajo acompañamiento familiar, eventos de violencia familiar,
desapego y baja cohesión de la figura de agregación familiar, que posicionan la institución escolar
y los departamentos de orientación escolar como lugares de apoyo primario no solo de estudiantes,
sino de familias y contextos sociales cercanos.

Por ultimo Velásquez (2017) centro su investigación en la importancia que ha adquirido la


resiliencia en el mundo actual, en el que es necesaria la formación de comunidades resilientes, con
miembros capaces de tomar decisiones asertivas, enfrentar situaciones adversas, alcanzar metas y
ser productivos y felices, lo que se traduce en la presencia de un posible proyecto de vida. En este
trabajo de investigación se determinó la relación que existe entre la resiliencia y el proyecto de
vida especialmente en los estudiantes adolescentes- jóvenes de educación secundaria
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