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Universidad de Granada: Facultad de Filosofía y Letras

Este documento es la introducción de una tesis doctoral sobre la Cuarta Cruzada y la ocupación latina de Constantinopla entre 1204-1261 desde la perspectiva bizantina. La autora argumenta que la historiografía tradicional ha ignorado el punto de vista de los bizantinos y otros afectados por las Cruzadas. La Cuarta Cruzada en particular tuvo consecuencias devastadoras para Bizancio y marcó la ruptura definitiva entre las iglesias ortodoxa y católica. La autora busca rescatar la perspectiva bizantina

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Este documento es la introducción de una tesis doctoral sobre la Cuarta Cruzada y la ocupación latina de Constantinopla entre 1204-1261 desde la perspectiva bizantina. La autora argumenta que la historiografía tradicional ha ignorado el punto de vista de los bizantinos y otros afectados por las Cruzadas. La Cuarta Cruzada en particular tuvo consecuencias devastadoras para Bizancio y marcó la ruptura definitiva entre las iglesias ortodoxa y católica. La autora busca rescatar la perspectiva bizantina

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UNIVERSIDAD DE GRANADA

Facultad de Filosofía y Letras

TESIS DOCTORAL

DEVASTATIO CONSTANTINOPOLITANA. LA IV CRUZADA,


EXPUGNACIÓN Y TRANSFORMACIONES DE LA CIUDAD
DURANTE LA OCUPACIÓN LATINA (1204-1261)

Doctoranda: María Isabel Cabrera Ramos


Directora: Dra. Encarnación Motos Guirao

0
 

Editor: Universidad de Granada. Tesis Doctorales


Autora: María Isabel Cabrera Ramos
ISBN: 978-84-9163-620-5
URI: [Link]
 

 
PRÓLOGO

La línea de investigación iniciada con el trabajo Rivalidad y Divergencias entre


Occidentales y Bizantinos en la época de las cruzadas. Antecedentes Históricos e Ideológicos,
realizado para la obtención del DEA, me hicieron manejar la posibilidad de culminar dicho
trabajo con el estudio exhaustivo y profundo de la Cuarta Cruzada y la formación del Imperio
Latino de Constantinopla, un momento histórico de gran relevancia en la historia de la
Humanidad y de la Cristiandad en particular, a pesar de su ocasional repercusión en las
historiografía de los últimos años, y de apenas incidencia en la de nuestro país. Por ello, la
pretensión de esta Tesis es abrir también a la historiografía hispana el tema de la Cuarta
Cruzada, que pese a parecerle ajeno, no lo es ni mucho menos, ya que se trata de un
trascendental acontecimiento histórico que determinó las relaciones entre la Cristiandad
Oriental y la Occidental desde 1204 hasta nuestros días.
Sin embargo, la elaboración de este trabajo no hubiese sido posible sin el apoyo, ayuda
y cariño de muchas de las personas que me han rodeado a lo largo de estos años. Vayan pues
a continuación mis agradecimientos para los faros que en mayor o menor medida han
contribuido a que este barco, muchas veces anclado, haya llegado por fin a puerto. En este
sentido, quisiera comenzar con mi agradecimiento infinito a la profesora Encarnación Motos
Guirao, a quien sobrepasando su papel de directora de Tesis, tengo que agradecerle su apoyo
personal y profesional durante todos estos años, su acertada revisión de este trabajo y su
continuo ánimo para que se llevara a cabo. Ella ha sido uno de los pilares fundamentales para
culminarlo, y yo he tenido la suerte de descubrir que detrás de una gran mentora y
profesional, se esconde un mejor ser humano. La importantísima biblioteca del Centro de
Estudios Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas me ha ofrecido la posibilidad de llevar a cabo
mi tarea investigadora gracias a sus ricos e irrepetibles fondos y a un personal fuera de serie.
Todos me han honrado con su amistad y su buena disposición, y me han prestado siempre
ayuda científica cuando la he necesitado.
El caprichoso destino ha hilvanado mi camino todos estos años sin que yo haya sido
capaz de oponerme a las circunstancias especiales que me han rodeado. La vida comienza, sin
embargo, tras lo académico. Por eso, vayan mis más profundos agradecimientos para los
pilares sobre los que se ha construido mi vida, sobre cimientos de sangre y devoción. He
dejado para último lugar a las personas sin las que esta investigación no hubiese sido posible:
a José por haber sabido picar a un orgullo dormido que se ha revelado ahora para dar a luz a
esta criatura científica; a mis padres Isabel y Luis por su ejemplo vital, su infinita entereza y
el apoyo incondicional que siempre me han brindado. Y gracias sobre todo a Myriam la
verdadera “doctoranda sufriente” de todo este proceso. Hija, perdona por haberte robado
horas de juegos, de confidencias y de risas, y sobre todo, de cariño para dedicárselas a ésta
otra hija menos grata. A todos los mencionados o no mencionados quisiera expresarles mi
más sincero agradecimiento. El tiempo se fue alargando más de lo debido mientras vivía,
ahora ha llegado el momento de que aquí y ahora termine o comience todo.

1
INTRODUCCIÓN

1. LA HISTORIOGRAFÍA DE CRUZADA Y SU DEBATE ACTUAL

Bizancio ha sido considerado durante siglos por los occidentales como una fuente de
tópicos de la más diversa índole a la que sólo hacían referencia los intelectuales para
acordarse, con desgana, de una civilización que no reconocían como europea. John Haldon
afirma aún en nuestros días, que el Imperio bizantino sigue siendo un gran desconocido
debido a las grandes fluctuaciones que ha protagonizado con sus vicisitudes políticas y su
romántico final en 1453. Ese gran desconocido empezó a darse a conocer en Occidente en
virtud a la afortunada aparición en el siglo XIX del investigador alemán Karl Krumbager que
en su obcecado empeño y con sus valiosas investigaciones, dió lugar a una disciplina
académica denominada “bizantinística”, que pretende realizar un estudio serio y conciso de la
sociedad y la cultura bizantinas, y que, en última instancia, se propuso romper esa imagen
parcial sobre el Imperio Romano de Oriente. Estas investigaciones no traspasaron el mero
orden académico e incluso apenas han trascendido al gran público que sigue sin conocer
muchos aspectos de este gran Imperio milenario.
La información que tenemos sobre la historia de las Cruzadas es básicamente la que sus
protagonistas occidentales nos han transmitido y la que los especialistas en la materia han
elaborado basándose en sus relatos. Los investigadores que se han interesado en conocer el
tema desde el punto de vista de los otros protagonistas de esta historia han sido pocos. Entre
esos otros protagonistas hallamos a bizantinos, judíos, armenios y árabes, ignorados por la
historiografía tradicional, al igual que sus sentimientos fueron ignorados por los hombres que
se lanzaron desde Occidente para someterlos enarbolando motivaciones espirituales. No hace
mucho tiempo que los sentimientos de esos otros “olvidados” han comenzado a ser tenidos en
cuenta por investigadores con menos prejuicios que los de antaño. El italiano Francisco
Gabrieli1 fue de los primeros en editar una obra en la que se recogían los testimonios de los
historiadores árabes contemporáneos de las Cruzadas, pero desgraciadamente esta línea de
investigación abierta por él fue olvidada durante algún tiempo. El punto de vista árabe de las
cruzadas se ha retomado más recientemente de la mano de investigadores como Amin
Maalouf y Carole Hillebrand2, que en un loable esfuerzo por reconstruir la historia desde el
punto de vista de todos sus protagonistas han llevado a cabo valiosas investigaciones al
respecto.
Pero aún son menos los investigadores que se han interesado en mostrarnos cómo vieron
las Cruzadas los otros afectados por ellas: los bizantinos. Sí, y digo los “otros afectados”,
porque no debemos olvidar que los hombres de la Primera Cruzada asolaron tierras bizantinas
antes de llegar a su verdadero destino (la costa sirio-palestina); que durante el transcurso de la
Segunda Cruzada se estuvo gestando un ataque a Constantinopla por parte de los cruzados y
los normandos, que finalmente no llegó a buen puerto; que el viaje marítimo de Ricardo I de
Inglaterra rumbo a Tierra Santa durante el transcurso de la Tercera Cruzada concluyó en una

1
GABRIELI, F. (ed.), Arab Historiens of the Crusades. Londres, 1957.
2
MAALOUF, A., Las cruzadas vistas por los árabes. Madrid, 1999; HILLEBRAND, C., The Crusades. Islamic
Perspectives. Edimburgo, 1999.

2
escala en la isla bizantina de Chipre que terminó con su conquista y sometimiento durante
más de cuatro siglos. Y y por supuesto, cómo olvidar lo que ocurrió en 1204, cuando miles de
hombres bajo la señal de la cruz tomaron la capital bizantina e implantaron un Imperio latino
sobre el cadáver del bizantino.
Las consecuencias de las Cruzadas no se dejaron sentir sólo en el Medievo y físicamente
en el Imperio bizantino y el Mediterráneo Oriental. Es cierto que ellos fueron los más
afectados de forma directa por ese fenómeno de barbarie y sinrazón. Hoy en día, esas
consecuencias están presentes en las relaciones dentro de la Cristiandad y las heridas, si bien
hace tiempo que dejaron de sangrar, no han cicatrizado del todo. Una de las consecuencias
más importantes que tuvieron las Cruzadas a largo plazo fue la de la ruptura definitiva de la
Cristiandad en dos Iglesias bien distintas: la ortodoxa y la católica. Si bien las relaciones a lo
largo de la Edad Media entre cristianos orientales y occidentales venían desarrollándose en un
clima tenso que tuvo su punto más dramático en el Cisma de 1054, cuando ambas
cristiandades estuvieron a punto de romper su unión de forma definitiva, lo cierto es que no
fue así. Las relaciones continuaron desarrollándose probablemente en un clima aún más tenso,
pero no hubo ruptura. Ésta llegó en 1204 con la Cuarta Cruzada y la conquista de
Constantinopla hasta 1261. Fue esta Cruzada “contra cristianos” la que sentenció la ruptura
definitiva de la Cristiandad. El pueblo bizantino jamás pudo perdonar el saqueo de iglesias, la
destrucción de imágenes santas, la violación de monjas, el asesinato de sacerdotes, etc.,
llevado a cabo por sus hermanos de fe occidentales.
El que fuese una eminencia en el tema, Sir Steven Runciman, en su Historia de las
Cruzadas, obra que no sólo ofrece una solidez fuera de toda duda, sino que además no
envejecerá nunca, se refiere a los bizantinos en las primeras líneas de su prólogo como
“principales víctimas de las Cruzadas”, algo que suscribo totalmente. Así al menos lo
sintieron los bizantinos y debemos no sólo rescatar sus sentimientos del pasado, sino tenerlos
en cuenta a la hora de hacer una retrospectiva de la historia.
El punto de vista bizantino sobre lo acontecido en 1204 ha de ser reivindicado, pues, pero
resulta sinceramente espinoso hacerlo. La literatura bizantina sigue siendo una gran
desconocida en el ámbito académico español. Una de las causas fundamentales de este
desconocimiento general es la pequeña cantidad de fuentes bizantinas traducidas a lenguas
modernas (al español su número es aún menor) que puedan entusiasmar a un lector profano al
tema. Por lo que no debe extrañarnos que las obras bizantinas más conocidas sean aquellas
que se aproximan más a los tópicos mejor conocidos de Bizancio. En concreto, la Historia
Secreta de Procopio de Cesarea, que narra la escandalosa vida en la corte de Justiniano, es la
única obra bizantina que goza de una reputación universal. Afortunadamente, en los últimos
tiempos los investigadores españoles se han encargado de acercar los relatos históricos de
Miguel Psellós, Miguel Ataliates, Nicéforo Brienio, Ana Comnena, Juan Zonará, la Crónica
de Morea y muy recientemente, la obra de Jorge Acropolites al investigador y lector español
en general3.
Las fuentes primarias bizantinas fueron editadas básicamente entre finales del siglo XIX
y el primer tercio del XX, época fecunda para la edición principalmente por parte de
historiadores, filólogos o eruditos alemanes, franceses e ingleses, gracias a las grandes obras
de referencia que nos han legado Herbert Hunger, Karl Krumbacher, A. Kazhdan y St.
Runciman, entre otros4. Krumbacher, autor en 1897 de la primera historia de la literatura
bizantina, afirmaba contundentemente:

3
Quisiera destacar aquí la encomiable labor que en este sentido viene realizando el Centro de Estudios
Bizantinos, Neogriegos y Chipriotas con su línea editorial de traducción de textos bizantinos.
4
HUNGER, H., Die hochsprachliche profane Literatur der Byzantiner, Munich, 1978; IDEM, Βυζαντινή
Λογοτέχνι. ‘Η λόγια κοσμική γραμματεία των Βυζαντινών. 2 tomos. Atenas, 1991; KAZHDAN, A. P., A history

3
“Ningún pueblo, con excepción quizá del chino, posee una literatura histórica tan rica como
los griegos. La transmisión va, en sucesión ininterrumpida, desde Herodoto hasta Laónico
Calcocondilas. Los griegos y bizantinos escribieron, con extrema fidelidad, durante más de
dos milenios, la crónica del Oriente. Con todos los titubeos que resultan tanto de la
sensibilidad y de las facultades de la época, como del cambio de temas y de las capacidades
individuales, el género de la literatura histórica se mantuvo a un nivel aceptable. Con la
llegada de los turcos, que acaban con la independencia griega, finaliza esta época de
esplendor”5.

Los estudiosos griegos hicieron lo propio, pero algo más tardíamente, para editar dichas
obras en griego moderno. Hay que mencionar la esmerada labor de investigadores griegos
como Ioánis Karayannópulos y Apóstolos Karpózilos6, que han logrado acercar las fuentes
bizantinas al estudioso que parte del desconocimiento absoluto y termina descubriendo en
ellas documentos de inestimable valor histórico. En cuanto a los investigadores patrios
desgraciadamente se han ocupado más de la historia de la piel de toro y no han manifestado
demasiado interés en el estudio del Bizancio medieval, si acaso, ocasionalmente7.
Visto esto, el investigador que desee profundizar en el estudio de la Cuarta Cruzada y del
Imperio Latino de Constantinopla incluyendo el punto de vista bizantino, debe poseer una
preparación filológica diversa y por supuesto, un profundo conocimiento de Bizancio. Si bien
los bizantinos eran cristianos, su ámbito cultural fue distinto al de Occidente, heredero de la
latinidad medieval, siendo su legítimo heredero actual el mundo ortodoxo. Para poseer una
visión global del mundo bizantino se hacen imprescindibles obras como las de Hélène
Ahrweiler, Gilbert Dragon o Judith Herrin8, entre otras muchas, que nos pueden ayudar a
interpretar el sentir bizantino, su forma de ver el mundo y comprender el carácter sagrado del
orden bizantino personificado en el βασιλεύς.

****
Si tenemos en cuenta lo anteriormente escrito, no es de extrañar que el acontecimiento
que nos ocupa, el análisis de la Cuarta Cruzada y el Imperio Latino de Constantinopla, sea un
campo de estudio rico en problemas y desafíos, pero –en nuestra opinión– un terreno en el que
no está, ni mucho menos, todo dicho. La dicotomía entre “cruzada” como una valiente lucha
en pos de una causa suprema, y “cruzada” como sinónimo de barbarie y agresión se dio

of Byzantine literature (650-850), Atenas, 1999; IDEM, A history of Byzantine literature (850-1000), Atenas,
2006; VASILIKOPULU-IOANIDU, A., Introducción a la literatura bizantina, Santiago de Chile, 2005;
LAUXTERMANN, M. D., Byzantine poetry from Psides to Geometres, Viena, 2003; ROSENQVIST, J., Die
byzantinische Literatur: vom 6. Jahrhundert bis zum Fall Konstantinopels 1453, Berlín, 2007; WILAMOWITZ-
MOELLENDORFF, U., KRUMBACHER, K., WACKERNAGEL, J., LEO, FR., NORDEN, E. y SKUTSCH,
F., Die Griechische und Lateinische Literatur und Sprache, Berlín, 1907; RUNCIMAN, S., “Historiografy”, en
A. R. Littlewood, Originality in Byzantine Literature, Art and Music. Oxford, 1995, pp. 59-66.
5
KRUMBACHER, K., Geschicthe der byzantinischen Litteratur (527-1453). 2 tomos. Nueva York, 1897.
6
ΚΑΡΑΓΙΑΝΝΟΠΟΥΛΟΣ, Ι. Ε., Πηγαί της Βυζαντινής Ιστορίας. Salónica, 1987; IDEM, Quellenkunde zur
Geschichte von Byzan (324-1453). Wiesbaden, 1982; ΚΑΡΠΟΖΗΛΟΣ, Α., Βυζαντινοί Ιστορικοί και
Χρονογράφοι. 3 tomos, Atenas, 1997.
7
BENITO RUANO, E., “Balduino II de Constantinopla y la Orden de Santiago. Un proyecto de defensa del
Imperio Latino de Oriente”, Hispania, 12 (1952), pp. 3-36; “España y las cruzadas”, Anales de Historia Antigua
y Medieval (1951-1952), pp. 92-120; Huéspedes del Imperio de oriente en la Corte de Alfonso X el sabio. Tirada
aparte de Estudios Dedicados a Menéndez Pidal, Madrid, 1956; “Las Órdenes Militares españolas y la Idea de
Cruzada”, Híspania, 16 (1956), pp. 3-15; “La Iglesia Española ante la caída del Imperio Latino de
Constantinopla”, Híspania Sacra, XI (1958), pp. 3-20.
8
AHRWEILER, H., L’idéologie polítique de l’empire byzantin. París, 1975; DAGRON, G., Emperador y
Sacerdote: Estudio sobre el “Cesaropapismo” Bizantino. Granada, 2007; HERRIN, J., Bizancio. El imperio que
hizo posible la Europa Moderna. Barcelona, 2009.

4
plenamente en esta Cuarta Cruzada, dando lugar a puntos de vista muy diversos, ya que
orientales y occidentales difieren en cuanto a su significado. Esa dicotomía y controversia –
asunto no baladí– ha dado lugar al nacimiento de la presente investigación. Gustave Flaubert
afirmaba que escribir Historia era beber un océano para orinar una tacita y, eso precisamente9,
es lo que se ha tenido que hacer para profundizar en un tema aparentemente tan remanido,
pero que no está en absoluto obsoleto, sino de plena actualidad aunque la mayor parte de la
historiografía sea tan extensa y antigua como los propios hechos plasmados por escrito por
sus contemporáneos.
El debate sobre el significado de las Cruzadas no se aplaca en este nuevo milenio en el
que la distancia entre el Occidente y el Islam parece que se ha hecho más abismal, y en el que
católicos y ortodoxos se muestran más incapaces que nunca de superar el pasado. El tema
cruzado sigue más candente que nunca gracias a los intelectuales, religiosos y políticos
partidarios del “diálogo de civilizaciones” que buscan resolver agravios o motivos de
enfrentamiento que hunden sus raíces en el pasado, o a los integristas barbudos que arrasan
Oriente y amenazan con invadir Europa. En Occidente, las Cruzadas –especialmente la
Cuarta– han creado una leyenda negra situada a medio camino entre su desprestigio y el
remordimiento, con la consiguiente petición de perdón por parte de los papas en las últimas
décadas. Los musulmanes recordaban las cruzadas hasta hace poco como una instancia en la
que habían derrotado un insignificante ataque occidental cristiano y poco más. La primera
historia musulmana sobre las cruzadas no apareció hasta 1899, cuando el mundo musulmán
estaba redescubriéndolas con un giro aprendido de los occidentales. Las Cruzadas no
enseñaron al Islam a atacar y odiar a los cristianos, sino que fue Occidente quien enseñó al
Islam a odiar las Cruzadas10.
Los movimientos islamistas del siglo XX, con la espectacular aparición de un
panislamismo agresivo que se inspira en el concepto de “cruzadismo” (sulubiyya) de Sayyid
Qutb (1906-1966), ha hecho resurgir el interés del gran público por este tema. Este ideólogo
de los “Hermanos Musulmanes” egipcios escribió: “La sangre occidental contiene el espíritu
de las cruzadas. Colma el subconsciente de Occidente”11. Esto refleja la asociación típica del
XIX occidental entre las ideas cruzadas y el imperialismo, asociación que nos ha dejado una
herencia mortífera y que ahora se está malinterpretando en Oriente. La leyenda se ha vuelto
contra Occidente para llegar a Oriente. Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 en
Nueva York afectaron al resto del mundo y en ese momento, se concretó la Yihad de al-Qaeda
contra los judíos y los cruzados declarada por una fatwa el 23 de febrero de 1998. El deseo de
revancha de las multitudes musulmanas ha tomado forma para pedir la venganza contra el
“Gran Satanás”, que no es sólo Estados Unidos, sino la Cristiandad entera, justo la
protagonista de las Cruzadas.
****
El asunto de las Cruzadas es un tema controvertido. Su historiografía ha respondido a lo
largo de la historia al propio perfil de los historiadores y a la cultura popular que se han
ocupado de su estudio. En el pasado, se ha presentado en demasiadas ocasiones a las Cruzadas
como un enfrentamiento entre Oriente y Occidente consistente básicamente en un pulso entre
ambos para ver quién tenía la razón y quién estaba equivocado, quién era más fuerte y quién
más débil, quién ostentaba mayor religiosidad y quién menos. Por eso, se producía –como

9
FLAUBERT, G., Cartas a Louise Colet. Trad. Ignacio Malexecevarría. Madrid, 2003, p. 156.
10
CRAWFORD, P. F., Four Myths about the Crusades, en [Link]
myths-about-the-crusades-1562/ (última consulta 09-06-2015).
11
Cfr. El [Link], en [Link]
[Link] (última consulta 14-11-2015).

5
dijimos– una constante dicotomía entre “cruzada” como valiente lucha por una causa
suprema, y “cruzada” como sinónimo de barbarie y agresión. Esta disyuntiva es varias veces
centenaria, ya que arranca de los propios contemporáneos de estas expediciones. Los
marxistas culturales, los revisionistas históricos y aquellos que piadosamente entonan que el
Islam era paz y alegría, han definido las “Cruzadas” como barbarie e imperialismo. El tema,
sin embargo, no es tan simplista. Las Cruzadas presentaron similitudes entre sí, pero cada una
fue única en su predicación, desarrollo y desenlace. La Cuarta Cruzada es un buen ejemplo de
originalidad dentro del fenómeno global. El investigar este tema responde a la necesidad de
saldar una deuda que tiene pendiente la historiografía española, ya que mientras que han sido
numerosos los estudios por parte de las historiografía francesa, inglesa, italiana, alemana, etc.,
la española ha carecido del más mínimo interés y criterio sobre un acontecimiento que fue
determinante para la Cristiandad. Se ha limitado a unas cuantas crónicas sobre la participación
de los catalanes y navarros en la Grecia Medieval y algunos estudios claramente tributarios de
los puntos de vista franceses e italianos (el punto de vista católico en general), amén de un
sinfín de traducciones de otras lenguas.
El primer historiador de las cruzadas puede ser Guillermo de Tiro, que escribió su crónica
entre 1169 y 1183, recogiendo los acontecimientos sucedidos en Tierra Santa desde 1086
hasta 1184. Fue el primero en utilizar fuentes cristianas y lo que es más novedoso aún, fuentes
musulmanas para construir su historia. Durante toda la Edad Media, las Cruzadas generaron
una abundante bibliografía de diferente índole: para justificar grandezas, retocar la historia y
re-escribir el material histórico de forma más o menos objetiva. Los historiadores posteriores
han tenido que tener en cuenta las crónicas e historias que se escribieron entonces,
dilucidando en ellas la claridad y la coherencia, algo que siempre se le reconoció a Godofredo
de Villehardouin, el relato histórico que ha servido de base para la gran mayoría de los
historiadores que han investigado la Cuarta Cruzada.
Remontémonos a los historiadores que iniciaron el debate y crearon corrientes que unos y
otros han seguido después, a lo largo de décadas, y que aún son seguidas. Tras la Revolución
Francesa, Voltaire (1694-1778) y Montesquieu (1689-1755)12, entre otros, impusieron una
visión de las Cruzadas en las que éstas y sus protagonistas aparecían como expediciones
bárbaras y bárbaros, imbuidos por el fanatismo religioso. Chateaubriand (1768-1848) recobró,
dentro de la corriente romántica, el ideal caballeresco y cruzado, y recuperó la visión de las
Cruzadas como expediciones inspiradas por la fe retratando a los cruzados como héroes y
caballeros de la Cristiandad. El escritor escocés Walter Scott (1771-1832) representó a sus
protagonistas creando un arquetipo de cruzados fascinantes, pero poco refinados, infantiles,
destructivos e intemperantes, dedicados básicamente a asaltar rudamente a musulmanes más
avanzados y civilizados13. El escritor e historiador francés Joseph François Michaud (1767-
1839), autor de la Historia de las Cruzadas, alimentó la opinión de que las Cruzadas eran una
clara expresión o instrumento del glorioso nacionalismo y protoimperialismo europeo, si bien
presentó el episodio histórico de la Cuarta Cruzada como una serie de accidentes basándose
en Villehardouin; fue de los pocos historiadores que tuvo por entonces en cuenta el punto de
vista bizantino cuando recogió el episodio del saco y desolación de Constantinopla en 1204.
Su relato recoge directamente las palabras e impresiones del historiador bizantino Nicetas
Choniates que ante la barbarie desatada por los latinos en la ciudad optó por huir de ella con
su familia14. El historiador de la Universidad de Cambridge Jonathan Riley-Smith, uno de los
especialistas actuales en el tema de las Cruzadas, considera que ambos representan la

12
VOLTAIRE, Ensayo sobre las costumbres y el espíritu de las naciones. Buenos Aires, 1959, p. 412;
MONTESQUIEU, El Espíritu de las Leyes. (trad. Siro García del Mazo). Madrid, 1906, t. I.
13
SCOTT, W., Tales of the Crusaders, Londres, 1825.
14
MICHAUD, J. Fr., Historia de las Cruzadas. Madrid-Barcelona, 1845, pp. 82-84.

6
interpretación que ha desprestigiado y despreciado las Cruzadas. Para él son un intento de los
occidentales por defender los Lugares Santos. Es difícil de imaginar en nuestros tiempos la
intensidad de la devoción que se sentía entonces hacia los Santos Lugares y Jerusalén, así
como la preocupación por la herejía y el miedo occidental hacia los invasores musulmanes
que habían sido capaces de llegar incluso al corazón de Francia en el siglo VIII.
En el siglo XIX, las Cruzadas entraron en la ficción cuando el colonialismo de las
potencias occidentales se apropió de su lenguaje y lo exageró. Los europeos habían
comenzado a conquistar y colonizar los países del Oriente Próximo, por lo que los
investigadores empezaron a ver en ellas el primer intento de Europa para llevar los frutos de
la civilización occidental al atrasado mundo musulmán. Las Cruzadas fueron transformadas
así en guerras imperialistas. En la segunda mitad del siglo XIX se continuó tomando como
referencia a Villehardouin y, en consecuencia, los historiadores interpretaban el cambio de
dirección de la IV Cruzada como consecuencia fortuita de los acontecimientos anteriores. Sin
embargo, algunos investigadores iniciaron ya en esta misma época una línea más “científica”,
lo que conllevó un uso más crítico de las fuentes y la ampliación de las investigadas. El gran
debate se inició hacia 1861 cuando Mas Latrie presentó una innovación en el desarrollo
natural de los sucesos en base a la Crónica de Ernoul, según la cual Venecia era acusada de
traición15. Sus investigaciones presentaban a Venecia influyendo en la transformación del
plan inicial de la Cruzada, ya que ésta había firmado un tratado con el sultán Malek el-Adil
para proteger sus intereses en Egipto16. La toma de Constantinopla se convertía así en el
resultado de la maniobra llevaba a cabo por Venecia premeditadamente y no del desarrollo
casual de los acontecimientos.
En 1868 Thomas Hopf se unió a esta interpretación ofreciendo como prueba irrefutable
de la misma la fecha del convenio celebrado entre el sultán de Egipto y Venecia (13 de mayo
de 1202)17. El por entonces editor de Villehardouin, Natalis de Wailly, defendió públicamente
la autoridad fuera de toda discusión del cronista franco y de la primitiva teoría de la
casualidad que todos conocemos18. Hacia 1873 comenzó a surgir una nueva posición
defendida por Eduard Winkelmann en el estudio que hizo acerca de Felipe de Suabia y Otón
IV, en el que insinuaba la teoría de la intervención alemana en la Cuarta Cruzada en base a las
negociaciones de Felipe de Suabia con su cuñado, el joven príncipe Alejo de
Constantinopla19. Basándose en la idea de Winkelmann, el Conde Riant continuó sus
investigaciones y expuso conclusiones sorprendentes. En base a los registros de Inocencio III,
afirmaba que Alejo después de huir de Constantinopla, llegó a Alemania ante su cuñado
Felipe de Suabia, actuando Bonifacio de Montferrato como intermediario entre ambos.
Bonifacio viajó a Alemania en diciembre de 1201 y ante Felipe de Suabia comprometió la
Cruzada para restaurar en el trono a Alejo y a su padre Isaac II. Bonifacio de Montferrato es
pues, el ejecutor de los planes de Felipe de Suabia y de Dándolo20. La tesis de Riant respondía
a un triple fin: reducir el valor del testimonio de Villehardouin; liberar a Inocencio III de toda
responsabilidad directa en el desvío de la Cuarta Cruzada; y probar que el cambio de
dirección se originó en relación a la querella entre el Sacerdocio y el Imperio.
Riant reformulaba la teoría de la premeditación, pero pecaba de parcialidad como el resto
de las teorías. Su idea fue apoyada por Winkelmann, pero rebatida por Thomas quien desdeñó

15
MAS LATRIE, L. de, Histoire de l’île de Chipre sous le règne de princes de Lusignan. París, 1852-1861.
16
MORGAN, M. R., La Chronicle of Ernoul and the Continuation of William of Tyre. Londres, 1973.
17
HOPF, K., Geschicthe Griechenlands im Mittelalter und in der Neuzeti. Leipzig, 1867.
18
WAILLY, N. de (ed.), Geoffroi de Villehardouin. Conquête de Constantinople. París, 1882.
19
WINKELMANN, E., Philipp von Schwaben und Otto IV. Von Braunscheig, I, König Philip von Schwaben.
Leipzig, 1873-1878.
20
RIANT, P., “Innocent III, Philippe de Souabe et Boniface de Montferrat”. Revue des Questions. Historiques,
17 (1875), pp. 321-374.

7
la teoría de las causas fortuitas y concedió al dux Dándolo el papel principal en una intriga en
la que el papa y los cruzados no fueron más que meros peones 21. La teoría de la
premeditación se vino abajo cuando Streit, heredero de la biblioteca de Hopf, afirmó que los
contratos egipcio-venecianos pertenecían a una época posterior a la asignada por Hopf22.
Como consecuencia, Riant se consideró obligado a retractarse de algunas de sus afirmaciones,
pero sin abandonar en ningún momento la esencia de sus investigaciones. Streit,
aprovechando los materiales de Hopf y sus mismas investigaciones, alivió a Venecia de la
responsabilidad del cambio de dirección de la cruzada, volviendo a la antigua tesis de Mas
Latrie. Según Streit, el pago insatisfecho de la suma estipulada por Isaac Comneno a Venecia
como reparación por la política de Manuel I determinó el ataque a Constantinopla. Lo que le
llevó a afirmar que aún antes de la firma del Tratado de Nolis (1201), ya estaba resuelta la
ocupación del Imperio bizantino correspondiéndole a Dándolo el papel protagonista en los
acontecimientos.
Intervino entonces en el debate Gabriel Hanotaux rebatiendo los famosos tratados
egipcio-venecianos que él fecha en mayo de 1208. Su investigación estuvo encaminada a
demostrar que Venecia no traicionó a la Cristiandad ni al Imperio bizantino23. En 1879, otro
investigador, Wilhelm Heyd, señalaba que el testimonio de Ernoul era aislado y que no debía
de ser tomado en consideración, ya que ninguna otra fuente sobre las Cruzadas menciona la
dichosa traición veneciana. La autoridad del cronista –según Heyd– no era tan grande como
para poder fiarse enteramente de él. Heyd se inclinaba hacia la opinión sostenida por
Winkelmann y Riant levantando el cargo hecho contra Venecia en cuanto a su pacto con el
sultán de Egipto, pero no la eximía de toda responsabilidad en la toma de Constantinopla 24.
Hanotaux se manifiestó, por su parte, en contra de la teoría ocasionalista y sostuvo que la
desviación no se debió a una sola y única influencia, como hasta entonces habían tratado de
probar muchos investigadores, sino que en los acontecimientos entre 1202-1203 obraron
muchas fuerzas y diversos intereses. Hanotaux absolvió a Venecia de cualquier
responsabilidad mediante un exhaustivo examen de los tratados egipcio-venecianos que se
habían ofrecido hasta entonces como prueba de la traición.
La controversia quedó interrumpida algunos años hasta que en 1884, Jules Tessier
publicó sus teorías25. Tomó como testimonio irrefutable las fuentes y se negó a hacer
cualquier interpretación intencional de los acontecimientos. El eje de su investigación giraba,
al igual que Streit y Riant, en los cruzados franceses, ya que se trataba de una cruzada de
origen francés. Se negaba a atribuir a los franceses un papel tan pobre en los acontecimientos
como les había asignado la crítica contemporánea, con lo que –según sus teorías– la tesis de la
traición de Venecia y la de la intriga alemana eran meramente secundarias. A su parecer, la
Cuarta Cruzada fue una obra francesa y la conquista de Constantinopla fue el resultado de la
acción de Francia, no de Venecia o Alemania. El sentimiento pretenciosamente nacionalista
de este investigador le lleva a la teoría ocasionalista y a la hegemonía de Villehardouin como
testimonio para los acontecimientos. Las conclusiones de Tessier se vinculan con las del
investigador veneciano F. Cerone, cuyo estudio sobre el papa y los venecianos en la Cuarta
Cruzada es de gran interés26. La primera parte de su investigación se centraba en defender a su
ciudad natal contra la acusación levantada desde Mas Latrie, pero es más serio su estudio
sobre la política papal y sus conclusiones con respecto a la posición de Inocencio III: la
21
THOMAS, G. M., Der Doge Heinrich Dandolo und der Lateinerzug gegen Konstantinople, Münch, 1875.
22
STREIT, L., Beiträge zur Geschichte des vierten Kreuzzuges. I. Venedig un die Wendung des vierten
Kreuzzuges gegen Kosntantinopel. Anklam, 1877.
23
HANOTAUX, G., “Les vénitiens ont-ils trahi la chrétienté en 1002?”. Revue historique, IV (1877), pp. 71-
102.
24
HEYD, W., Geschichte des Levantehandels im Mittelalter. Minnesota, 1879.
25
TESSIER, J., La Quatrième Croisade; la diversion sur Zara et Constantinople. París, 1884.
26
CERONE, F., “Il Papa ed i Veneziani nella quarta crociata”. Archivio Venteo, 36. Venecia, 1888.

8
actitud de Inocencio frente a los cruzados no habría sido tan abiertamente de reproche y
reprobación como se ha considerado tradicionalmente.
Por su parte, la Escuela americana, encabezada por el investigador Edwin Pears, estudió
la Cuarta Cruzada como la prehistoria de la caída de 1453, aunque sin aportar ninguna
solución basada en la crítica de fuentes27. En cuanto a la Escuela rusa, parte de las teorías de
V. G. Vasilievski que aportó al problema datos nuevos como la fecha de la llegada de Alejo a
Occidente, que no se produjo en 1201, sino en 120228. Le sigue P. Mitrofanov, cuidadoso
investigador de las fuentes que analizó profundamente el problema y las soluciones sugeridas
en los últimos años y afirmó que para obtener resultados satisfactorios se debía estudiar
detalladamente los documentos existentes29. Entre 1898-1903, el historiador alemán W.
Norden, tras medio siglo de debate sobre el problema, lo retrocede a su punto inicial de la
teoría ocasionalista o de la casualidad. Según esta teoría, los acontecimientos se desarrollaron
con la consecución de los sucesos sin que ninguna intriga mediase en ellos30. Norden se basa
en la importancia que tuvieron las relaciones políticas entre el papado y Bizancio, y entre
Venecia y Bizancio, en los acontecimientos de la Cuarta Cruzada 31. Las ideas de Norden
resultaron muy influyentes y desde entonces se concedió más importancia a un contexto más
amplio de relaciones Este-Oeste caracterizado por la hostilidad, la intolerancia y la
incomprensión. Esta línea de investigación está siendo seguida en la actualidad por muchos
investigadores.
La investigación histórica en el siglo XX se ha caracterizado en Occidente más por
historiar la Cuarta Cruzada que por proponer soluciones que hubiesen resuelto el asunto de las
consecuencias que provocó. Los investigadores han hecho una exposición sumaria –como
Gerland– de la controversia, pero sin definirse en uno u otro sentido en sus investigaciones 32.
Otros como A. Luchaire han sostenido, sin más, la insolubilidad del problema sin intentar
solucionarlo33. Lo cierto es que la mayoría de los estudiosos desde Luchaire, o bien se limitan
a exponer los hechos de forma simplista o bien plantean el problema citando las opiniones que
juzgan más autorizadas en apoyo de una u otra posición. El primer criterio ha sido el
predominante en las grandes historias medievales aparecidas durante los últimos treinta años
del siglo, como es el caso de la Cambridge Medieval History y L’Histoire du Moyen Âge
publicada bajo la dirección de Gustavo Glotz34.
A principios del siglo XX surgió una corriente romántica en la interpretación de la Cuarta
Cruzada, seguida, entre otros, por Pedro Umbert, que sostuvo que las Cruzadas eran
expediciones dignas de admiración y los cruzados héroes frente a unos enemigos de los que
también hace un retrato, por ejemplo, nada objetivo y muy imparcial de Saladino35. En esta
época, la leyenda y la literatura occidental rodearon al fenómeno cruzado con un aura de
romanticismo y grandeza, de caballerosidad y coraje, consiguiendo que las Cruzadas y sus
líderes fueran idealizados. En la segunda mitad del XX, los investigadores se desprendieron
un tanto de los lastres de las líneas de investigación impuestas en el pasado, pero pocos

27
PEARS, E., The Fall of Constantinople, being the story of the Fourth Crusade. Nueva York, 1886.
28
VASILIEVSKI, V. G., Образование второго Болгарского царства. Федор Успенский. Odesa, 1879, reseña
de Uspenskij en Журнал Министерства Народного Просвещения, CCIV (San Petersburgo, 1879), p. 340.
29
MITROFANOV, P., “Изменение в направлении четвертого крестового похода”, Византийский
временник, IV (1897), pp. 461-523.
30
NORDEN, W., Der vierte Kreuzzug im Rahmen der Beziehungen des Abendlandes zu Byzanz. Berlín, 1898.
31
IDEM, Das Papsttum und Byzans. Berlín, 1903.
32
GERLAND, E., “Der vierte Kreuzzug und seine Probleme”, Neue Jahrbücher fur das Klassische Altertum.
Geschicte una deutsche Literatur, XIII (1904), pp. 505 y ss.
33
LUCHAIRE, A., Innocent III: la question d’Orient. París, 1907.
34
BURY, J. B., (dir.), The Cambridge Medieval History. Cambridge, 2015; GLOTZ, M. G. (dir.), Histoire
générale. Histoire du moyen âge. París, 1937, t. VII.
35
UMBERT, P., Los héroes de las Cruzadas. Barcelona, 1909, pp. 141-155.

9
profundizaron a la hora de exponer los hechos y a los personajes que los protagonizaron. Son
muy numerosos los historiadores que han desarrollado esta línea, entre otros: C. Erdman
(1935), É. Delarruelle (1941-54), R. Grouset (1934-36), C. Munro y A. C. Krey (1933-36),
Fliche y Martín (1940-47), M. Villey (1942), P. Rousset (1945), J. Richard (1953 y 1970/79),
C. Cahen (1954), P. Alphandery (1954), St. Runciman (1954), G. Constable (1953-1985), J.
Goñi Gaztambide (1958), A. S. Atiya (1963), H. E. Mayer (1965-1984), A. Noth (1966), J. A.
Brundage (1964-1969), Z. Oldenbourg (1968), Cowdrey (1970-75), R. Sommerville (1970),
E. O. Blake (1970), M. Zavarob (1950-78), F. Cardini (1971-1996), F. H. Rusell (1975), M.
Purcell (1975), K. M. Setton (1976), J. Riley-Smith (1977-98), N. Housley (1982-98), S.
Schein (1991-1995), M. Bull (1993) y Ch. Tyerman (1988-2011)36.
Steven Runciman, eminencia para muchos en el estudio de las Cruzadas, se refirió a la
expedición de 1204 como la “cruzada contra los cristianos”37. El enfoque de Norden fue
fundamental, por ejemplo, para Runciman que ha argumentado en sus obras que las Cruzadas
tuvieron el desafortunado efecto de poner en un contacto más estrecho a dos sociedades que
desde entonces allanaron el camino hacia la incomprensión y la desconfianza mutua. La
teoría, desde luego, es escandalosa en cuanto a los orígenes y objetivos que tuvieron las
primeras expediciones, pero no para los resultados que tuvieron las últimas. El historiador
Donald M. Nicol ha seguido la línea también del choque de civilizaciones, viendo –como
Runciman– en la llegada de la Primera Cruzada a Constantinopla el inicio del problema, algo
que, como ya veremos, señalaban ya las fuentes bizantinas contemporáneas38. La escalada de
hostilidades se inició entonces y culminó en 1204.
En el caso español, los historiadores no han sido muchos y han mantenido, por lo general,
una postura aislacionista, más preocupada por la historia particular de la Reconquista hispana

36
ERDMANN, C., “Die Entstehung des Kreuzzugsgedankens”, Forschungen zur Kirchen-und Geistesgeschichte,
6, Stuttgart, 1935; DELARUELLE, E., L’Idée de croisade au Moyen Âge. Turín, 1941-54; GROUSET, R.,
Histoire de Croisades et du Royaume franc de Jérusalém. 3 vols. París, 1934-36; KREY, A. C. y MUNRO, C.,
The Kingdom of Jerusalem. Princeton, 1935; FLICHE, A. y MARTIN, E., Histoire de l’Eglise. París, 1940-47;
VILLEY, M., La Croisade: Essay sur la formation d’une théorie juridique. París, 1942; ROUSSET, P., Les
origines et les caracteres de la Premiere Croisade. París, 1945; RICHARD, J., L'spirít de la croisade y The
Latín Kingdom of Jerusalem, Oxford, 1979 (del original francés: Royaumme Latín du Jerusalén, París, 1953);
CAHEN, C., La Syrie du Nord a l’epoque des croisades et le preincipaute franqué d’Antioche. París, 1954;
ALPHANDERY, P., y DUPONT, A., La Chrétienté et l'ldee de Croisade, París, 1954; CONSTABLE, G., “The
Second Crusade as seen by Contemporaries”, Traditio, IX (1953), pp. 213-279; GOÑI GAZTAMBIDE, J.,
Historia de la Bula de la Cruzada en España. Vitoria, 1958; ATIYA, A. S., Crusades, commerce and culture.
Bloomington, 1963; MAYER, H. E., The Crusades. Oxford, 1984 (del original alemán, Stuttgart, 1965); NOTH,
A., Heileger Krieg und Heileger Kampf in Islam und Christentum: Beitrage zur vorgeschichte der Kreuzzüge.
Bon, 1966; BRUNDAGE, J. A., Medieval Canon Law and the Crusades. Madison, 1969; OLDENBOURG, Z.,
Les Croisades. París, 1968; COWDREY, H. E. J., “Pope Urban II’s preaching of the First Crusade”. History, 55
(1970), pp. 177-188; SOMMERVILLE, R., “The French Councils of Pope Urban II. Some basic considerations”.
Annuarium Historiae Conciliorum, 2 (1970), pp. 56-65; BLAKE, E. O., “The Formation of the Crusade Idea”,
Journal of Ecclesiastical History, 21 (1970), pp. 11-31; ZAVOROB, M., Historia de las Cruzadas. Madrid,
1978; CARDINI, F., La Crociate: tra el mito e la storia. Roma, 1971; RUSELL, F. H., The Just War in the
Middle Ages. Cambridge, 1975; PURCELL, M., Papal Crusading Policy, 1244-1291. Leyden, 1975; SETTON,
K. M (ed.), History of the Crusades. vol. VI, Wisconsin, 1969-1989; RILEY-SMITH, J., The Crusades: a short
History. Londres, 1987; IDEM, The First Crusade and the Idea of Crusade. Pensilvania, 1986; IDEM, What
were the Crusades? Londres, 1977; IDEM, “The Crusading Movement and the Historians”, The Oxford
lllustrated History of the Crusades 1-12, Oxford, 1995; IDEM, The First Crusaders, 1095-1131. Cambridge,
1997; IDEM, The Crusades, Christianity and Islam. Nueva York, 2011; HOUSLEY, N., The Italian Crusades.
Cambridge, 1982; IDEM, The Later Crusades, 1274-1580: from Lyons to Alcázar. Oxford, 1992; SHEIN, S.,
GOODICH, M. y MECHE, S. (eds.), Cultural Convergences in the Crusader Period. Nueva York, 1995; BULL,
M., Knightly piety and the lay responso to the First Crusade, Oxford, 1993; TYERMAN, Ch., The Invention of
the Crusades, Toronto, 1998; IDEM, The Debate on the Crusades. Manchester, 2011.
37
RUNCIMAN, S., Historia de las Cruzadas. Madrid, 1994, 3 tomos (original de 1954).
38
NICOL, D. M., Byzantium and Venice: A Study in Diplomatic and Cultural Relations. Cambridge, 1992.

10
que por el fenómeno global de las Cruzadas. Las dos honrosas excepciones españolas han
sido, en los años 50, Goñi Gaztambide y Benito Ruano39, cuyos trabajos han consistido
básicamente en obras de divulgación. Como vemos, el panorama bibliográfico sobre las
Cruzadas en España ha sido desolador hasta 1995, fecha en la que algunas obras vieron la luz
a raíz de la conmemoración de la predicación de la Primera Cruzada y desde ese momento
algunos investigadores han iniciado su labor científica en torno al tema40.
En los últimos años del siglo XX y primeros del XXI, el enfoque más ampliamente
aceptado entre los investigadores es la escuela pluralista de la historia de las Cruzadas. La
definición de “cruzada” se ha ampliado, ya que cruzadas son todos aquellos esfuerzos
militares medievales que tuvieron en su esencia naturaleza penitencial, fueron autorizadas por
el papa y cuyos participantes tomaban la cruz y el voto de los cruzados. El tema de discusión
para buena parte de los historiadores ya no es la cruzada en sí, sino su ideología. Los
investigadores de la Cuarta Cruzada se han adherido a esta corriente para exponer sus
investigaciones desde el punto de vista ideológico. De esta manera, el investigador inglés J.
Godfrey la llama la “cruzada no santa”, “blasfema” o “perversa” 41; W. B. Bartlet llega a
firmar que fue una “cruzada impía” o “sin Dios”,42 y E. Bradford la define contundentemente
como la “gran traición”43. En los últimos tiempos, investigadores más moderados como M.
Meschini han calificado esta cruzada como la “cruzada inconclusa”44. Los historiadores
protestantes han sido más negativos que los católicos, en general, con las Cruzadas y con ésta,
en particular. En el 2003 aparecieron dos publicaciones que ofrecen alternativas tanto para la
teoría de las civilizaciones iniciada por Norden, como para la de los accidentes encadenados.
Se trata de las investigaciones de Jonathan Harris sobre el tema de Bizancio y las Cruzadas, 45
y de Michael Angol que incide en la importancia que tuvo esta cruzada como punto de
inflexión en las relaciones entre Occidente y Oriente46.
Las investigaciones sobre la Cuarta Cruzada y Bizancio, ocasionales a lo largo de
décadas, aumentaron considerablemente a partir del año 2004, fecha en la que se
conmemoraban los 800 años de la Cuarta Cruzada. La nueva línea de investigación que se
abrió entonces se interesa no sólo por esta Cruzada, sino especialmente por sus últimas
consecuencias para Bizancio. Sin embargo, el libro de Ralhp-Johannes Lilie (2004) que
recoge las tres primeras cruzadas desde el punto de vista de la Historia bizantina y sus fuentes,
constituye una decepción, ya que desgraciadamente no recoge la Cuarta Cruzada47. Pero otros
siguen esta nueva línea como P. S. Noble, Hussey, Wolff, Geanakoplos, A. E. Laiou, Th. F.
Madden y D. E. Queller, S. Marin, J. Phillips, Μ. Pagulatu, Mary Whitby, F. van Tricht,
Housley o el prestigioso investigador y compilador de fuentes A. J. Andrea (2004-2008); los
editores D. Balouc y Ph. Josserand que recogieron el concepto “Guerra Santa” para Bizancio;
D. Nicolle que se centra en el mundo cristiano, tanto occidental como oriental, y muestra la

39
GOÑI GAZTAMBIDE, J., Historia de la Bula…, op. cit. Acerca de los trabajos del profesor E. Benito Ruano
vid. n. 7.
40
GARCIA-GUIJARRO RAMOS, L. (ed.), La Primera Cruzada, novecientos años después: El Concilio de
Clermont y los orígenes del movimiento cruzado. Jornadas Internacionales sobre la Primera Cruzada. Madrid,
1997; CABRERA RAMOS, Mª I., “Las Cruzadas y el Imperio Bizantino: una perspectiva española”, en Aldama
J. y Omatos Sáenz, O., (eds.), Cultura Neogriega. Tradición y Modernidad. Actas del III Congreso de
Neohelenistas de Iberoamérica. Vitoria, 2007, pp. 67-75.
41
GODFREY, J., 1204. The Unholy Crusade. Oxford, 1980.
42
BARTLETT, W. B., An Ungodly War. The Sack of Constantinople and the Fourth Crusade. Gloucestershire,
2000.
43
BRADFORD, E., Great Betrayal: The Story of the Fourth Crusade. Londres, 1990.
44
MESCHINI, M., 1204: L’incompiuta. La Quarta Crociata et la conquise di Costantinopoli. Milán, 2004.
45
HARRIS, J., Byzantium and the Crusades. Londres, 2004.
46
ANGOLD, M. A., The Fourth Crusade. Event and Context. Harlow, 2003.
47
LILIE, R.-J., Byzantium and the Crusader States 1096-1204. Oxford, 2004.

11
intriga, decepción y la dolorosa realidad militar de esta cruzada; Ch. Macevitt que se centra en
las Cruzadas y el mundo cristiano de Oriente; Th. Madden que no sólo ha escrito sobre las
cruzadas en general, sino sobre la Cuarta Cruzada en particular a través de sus diferentes
percepciones orientales y occidentales; N. G. Moschonás que pone la Cuarta Cruzada en
relación con el mundo griego o la obra conjunta de G. Ortalli, G. Ravegnani y P. Schreiner
que reivindicaron el papel de Venecia en esta expedición y el nacimiento del Imperio latino48.
La última línea de investigación en torno a la Cuarta Cruzada es la investigación
interdisciplinar buscando las implicaciones políticas, económicas, antropológicas y teológicas
de este acontecimiento. El propio papa Juan Pablo II hizo una petición al respecto a los
investigadores presentes en el “Congreso Internacional sobre la IV Cruzada” que tuvo lugar
en la isla griega de Andros, del 27 al 30 de mayo de 200449. El Papa les instó a hacer una
“historiografía seria e imparcial”, sin prejuicios y basándose en un “riguroso método
histórico” para conseguirlo, y quizás, en última instancia, conseguir gracias a la historiografía
que la herida abierta en la Cristiandad cicatrice de una vez. El resultado bibliográfico de este
congreso fue un volumen titulado: The Fourth Crusade Revisited50. Esta publicación incluye
artículos escritos por los más prestigiosos estudiosos actuales del tema de diferentes países,
lenguas y confesiones cristianas (ortodoxos, católicos, etc.). Entre otros, encontramos los
nombres de los investigadores E. Chrysos, Mª Dourou-Eliopoulou, P. Piatti, A. Kolia-
Dermitzaki, M. Balard, E. Morisini, J. Harris, G. Fedalto y R. Schieffer. Estos investigadores
proponen planteamientos novedosos sobre esta Cruzada, tales como el determinante papel que
jugaron los normandos en el enfrentamiento entre Bizancio y Occidente, la presentación de
los habitantes latinos de Constantinopla como impulsores, por motivos económicos y sociales,
de la desviación de la cruzada, la investigación a fondo de la flota cruzada, la responsabilidad
de los venecianos en la ruptura eclesiástica entre Roma y Constantinopla, etc.
Los estudios más recientes, compuestos a partir del célebre resumen histórico-sociológico
de Alphonse Dupront51, obligan a repensar la historia de las Cruzadas saliendo
definitivamente del esquema inaugurado por Michaud a principios del siglo XIX y
librándonos del malentendido sobre el debate entre las tesis institucionalistas (que distinguen
las cruzadas mediante una numeración canónica, respaldada por una tradición historiográfica
de los siglos XIV y XV y, de una forma determinista, precedida por “precruzadas” y sucedida
por “poscruzadas”), las evolucionistas-continuistas (la “cruzada eterna” como enfrentamiento
entre Oriente y Occidente) y las “de emergencia” al estilo de Paul Alphandéry (la cruzada que
salía “armada hasta los dientes, como Atenea de la cabeza de Zeus”, de la reforma eclesiástica
del siglo XI).
Para reconsiderar y redefinir el fenómeno cruzado más allá de cada una de las
“expediciones cruzadas”, es necesario, por una parte, tener en cuenta la formalización
canónica pontificia del concepto de cruzada; por otra, hay que abandonar la adhesión

48
NOBLE, P. S., “Eyewitnesses of the Fourth Crusade-the War against Alexius III”. Reading Medieval Studies,
25 (1999), pp. 75-89; LAIOU, A. E., The Fourth Crusade and its consequences. La IVe Croisade et ses
conséquences. París, 2005; QUELLER, D. E. y STRATTON, S. J., “A Century of Controversy on the Fourth
Crusade”, Studies in Medieval and Renaissance History, 6 (1969), pp. 237-277; QUELLER, D. E., The Latin
Conquest of Constantinople. Nueva York, 1971; MADDEN, T. F. y QUELLER, D. E., The Fourth Crusade: The
Conquest of Constantinople. Filadelfia, 1997; MARIN, S., “A Humanist Vision regarding the Fourth Crusade
and the State of the Assnides. The Chronicle of Paul Ramusion (Paulus Rhamnusius)”. Annuario del Istituto
Romano di Cultura e Ricerca Umanistica, 2 (2000), pp. 51-57; PHILLIPS, J., La Cuarta Cruzada y el saco de
Constantinopla. Barcelona, 2005; ΠΑΓΟΥΛΑΤΟΥ, Μ., Η Τεταρτή Σταυροφόρια και τα επακολυθα της. Atenas,
2006; WHITBY, Mary (ed.), Byzantines and Crusaders in Non-Greek Sources 1025-1204. Londres, 2007;
49
Este congreso estuvo organizado por el Instituto de Historia Bizantina de la Universidad de Atenas, el Instituto
de Estudios Bizantinos y Neogriegos de la Universidad de Viena y el Comité Pontificio de Ciencias Históricas.
50
PIATTI, P. (ed.), The Fourth Crusade Revisited. El Vaticano, 2008.
51
DUPRONT, A., Le Mythe de Croisade. París, 1997.

12
perjudicial a un esquema que toma como modelo los Itinera Hierosolymitana de los siglos
XI-XIII y llevar a cabo una revisión exenta de la tentación de normalizaciones formales (por
ejemplo, la que ha hecho que las cruzadas se consideren durante mucho tiempo
“desviaciones” contra los cátaros o contra los paganos bálticos), que abarque un ámbito
geopolítico euromediterráneo más amplio que el acostumbrado de la historiografía y que
tenga en cuenta la longue durée braudeliana. Por todo ello es necesario releer las experiencias
paralelas y a menudo entrelazadas de la cruzada en Siria-Palestina y los acontecimientos de la
así llamada Reconquista, y recuperar para la historia de las Cruzadas también las dinámicas
modernas de la conquista de Ultramar y de las guerras contra los otomanos.
En 2009, Jonathan Riley-Smith avisó de un posible giro mortal de la historiografía en
alusión a los atentados yihadistas de nuestra época. Osama Bin Laden y otros islamistas han
comenzado a referirse a los occidentales como “cruzados”. En pleno siglo XXI, los
nacionalismos e integrismos islámicos han retomado la visión colonial de las cruzadas del
siglo XIX para denunciar que Occidente es responsable de su miseria porque depredó sus
territorios durante la época de las Cruzadas, si bien este giro mortal no se ha dado finalmente
en los estudios realizados en Occidente que descansan básicamente en las líneas de
investigación de las últimas décadas.

2. METODOLOGÍA
Todo lo que rodea a la Cuarta Cruzada (1199-1204) y a la instauración del Imperio Latino
de Constantinopla constituye, aún hoy en día, un misterio historiográfico sin resolver ya que,
o bien pudo tratarse de una expedición que tuvo detrás un interés oculto desde el comienzo, o
bien, una desgraciada coincidencia fortuita de muchos elementos mal combinados entre los
que se incluyen factores políticos, económicos y por supuesto, religiosos. La bibliografía se
ha ocupado de desentrañar dicho misterio sobre todo a partir de la fecha simbólica y
conmemorativa del año 2004 (cuando se cumplían ochocientos años del acontecimiento), pero
todavía no ha sido posible pronunciarse con determinación respecto de las causas que
provocaron este dramático desenlace. Nosotros intentaremos desde aquí realizar nuestra
propia aportación al tema.
La presente investigación tiene por eje central la ciudad de Constantinopla, ella es nuestro
sujeto histórico. Analizaremos el proceso de cómo se va formando una imagen mítica de ella
como gran urbe oriental de riquezas de todo tipo, como se fraguó esa verdadera “ciudad
dorada” del imaginario medieval. Se reconstruirán los componentes humanos y materiales
protagonistas de la Cuarta Cruzada gracias al testimonio de sus propios contemporáneos,
haciendo una valoración al respecto.
Por consiguiente, la finalidad que persigue nuestra Tesis es, en primer lugar, hacer una
puesta al día del tema de la Cuarta Cruzada y la ocupación latina de la ciudad de
Constantinopla, esta última apenas abordada por los investigadores; conocer lo que se ha
escrito e investigado al respecto, sobre todo en la última década, y analizar las líneas de
investigación seguidas últimamente partiendo de las últimas que predominaron en el pasado
centradas en las tres escuelas principales de pensamiento que explican la idiosincrasia de la
Cruzada:

1. La escuela que postula que fue el “choque de civilizaciones” que se había estado
gestando desde 1054 y que tuvo su punto culminante en la Cuarta Cruzada (1202-1204).

13
2. La corriente de la conspiración en la que dos personajes juegan un papel clave para la
corrupción de la expedición. Algunos dentro de esta escuela aluden a que fue el papa
Inocencio III el que estuvo detrás de la desviación hacia Constantinopla de la Cruzada
porque pretendía reafirmar su hegemonía papal sobre los cristianos orientales. Otros, más
numerosos, aluden al saco de 1204 como una obra orquestada por los venecianos para
ampliar su influencia comercial y para vengar “supuestas” injusticias pasadas. Fuese cual
fuese el actor principal de esta intriga, lo que tienen claro los partidarios de esta Escuela
es que hubo una clara premeditación de los hechos.
3. La más reciente en el tiempo es la Escuela “del accidente”, que sostiene que la
desviación de la Cuarta Cruzada se debió a una serie de errores “encadenados” que llevó
a los cruzados a atacar la capital bizantina.

No consideramos que el tema de nuestro estudio necesite nuevos métodos de análisis


histórico, sino más bien una nueva dirección y enfoque. Desde este punto de vista, sí que el
presente trabajo pretende ofrecer algunas respuestas nuevas para un tema ya antiguo.
Desde el punto de vista metodológico, hemos llevado a cabo, en primer lugar, una
valoración de las fuentes susceptibles de proporcionarnos datos al respecto, sin distinción de
géneros u otros condicionantes iniciales. Se trata de fuentes que de forma implícita o explícita
han aportado información significativa en el análisis del tema en cuestión. Junto a las
occidentales, hemos incidido especialmente en la revisión de las bizantinas y de otras diversas
menos conocidas (hebreas, árabes, eslavas, etc.). De este modo, el pueblo bizantino, al que la
historiografía tradicional ha colocado como mero espectador de los sucesos, se convierte en
protagónico, porque Bizancio no fue una mera tierra de paso, sino un nexo territorial que
sirvió de apoyo militar y controló, en cierta forma, las energías expansionistas del Occidente
durante algún tiempo, hasta que finalmente se escaparon de su control en 1204.
Han sido utilizadas de este modo numerosas fuentes primarias de muy diversos ámbitos
literarios y geográficos, pero sólo 73 han sido seleccionadas, analizadas y confrontadas entre
sí en cuanto a la información histórica, social, política, antropológica o religiosa que nos
transmiten. Posteriormente, se ha practicado una selección en base a su importancia concreta
para el tema de la Cuarta Cruzada y sus antecedentes, y para la ocupación latina de
Constantinopla. Así hemos distinguido unas fuentes principales –insistimos, para el estudio
concreto del tema– y otras secundarias, ya que son anteriores o posteriores, o muy breves. Por
último y dentro de estos dos apartados, las fuentes aparecen divididas en ámbitos culturales y
se presentan en orden cronológico.
La colección de fuentes que hemos reunido en el presente trabajo se ha analizado
conforme a los sólidos criterios que establecen la importancia de unas en relación con las
otras a la hora de estudiar un mismo hecho histórico, en razón de su cercanía en tiempo y
espacio al objeto histórico de nuestro estudio, teniendo en cuenta el contexto social y político
del que han surgido, además del entorno cultural, estilo, interés, imparcialidad y propósito de
los autores que las escribieron. Pero junto a los textos de la época hemos consultado estudios
específicos y bibliografía general sobre la materia que nos han permitido centrar las fuentes
en su contexto histórico, político, económico y social.
Para finalizar, nuestra Tesis se estructura en cinco capítulos, además de un prólogo y una
amplia introducción en la que se realiza una puesta al día del amplio debate historiográfico
sobre las Cruzadas a la vez que se orienta inicialmente el tema. El capítulo I se dedica a las
fuentes usadas en el estudio, analizando sus peculiaridades, problemática y valoración,
realizando además su presentación por ámbitos culturales. En el capítulo II se aborda
Constantinopla como “ciudad dorada” del imaginario medieval que despertó la idea de
conquista en los anhelos latinos, ya desde épocas muy tempranas. El capítulo III atiende al

14
desarrollo de la IV Cruzada y a la conquista de Bizancio con sus antecedentes políticos y
religiosos, atendiendo a las diversas hipótesis sobre su desviación. En el siguiente, capítulo
IV, se trata de la Constantinopla ocupada por los latinos (1204-1261) tras la IV Cruzada, del
reparto y organización del nuevo imperio, y la Iglesia latina implantada en Oriente. En el V se
aborda la recuperación de Constantinopla en 1261, las transformaciones y saqueos sufridos
tras el paso de los latinos y, en general, la visión bizantina de su capital recuperada. Por
último, el capítulo VI expone las conclusiones finales a las que se han llegado, y las fuentes y
estudios modernos consultados. Se acompaña además de un anexo con mapas, planos,
grabados, etc., que complementan e ilustran el análisis general realizado.

15
CAPÍTULO I

LAS FUENTES: IDEOLOGÍA Y PROBLEMÁTICA

1. INTRODUCCIÓN

Nuestra investigación se centrará principalmente en el análisis y estudio de las fuentes


narrativas de historiadores y cronistas contemporáneos a los hechos que por diversos motivos
tuvieron la intención real de dejar constancia escrita de los acontecimientos históricos;
también de otras de carácter hagiográfico o poético, y junto a ellas naturalmente usaremos
también fuentes documentales en la medida que nos sea posible, especialmente actas y
correspondencia52. Las de otra tipología -arqueológicas, artísticas o epigráficas- que también
hemos usado, vienen a complementar de forma importante a las anteriores. Antes de abordar
el análisis de las fuentes bizantinas y francas tuvimos que profundizar en su caracterización
para acercarnos a su ideología y problemática, y comprender más fácilmente el punto de vista
socio-cultural de su autor.
En el caso bizantino, nos hemos tenido que aproximar a un género historiográfico
heredado del mundo clásico de tradición pagana, de cuyo análisis se han encargado
numerosos especialistas53. Esta cierta continuidad no quiere decir que no sufriera importantes
transformaciones a lo largo de los siglos, siendo la principal el haber surgido en un Imperio
Cristiano54. La literatura histórica griega presenta una interesante peculiaridad, el llamado
“Ciclo Histórico”, una línea constante e ininterrumpida que continúa con la tradición de narrar
los acontecimientos históricos desde Heródoto, en el siglo V a. C., hasta Miguel Critóbulo de
Imbros, en el siglo XV55, en la que cada obra histórica es continuación de una anterior,
comenzando por el final de ésta y cuya narración es a la vez continuada por otra obra
histórica56. Los escritos de los historiadores y cronistas bizantinos estudiados aquí evidencian
claramente el carácter dual de la vida intelectual bizantina y ambos se complementan: los

52
Con anterioridad al análisis de las fuentes nos fue muy útil la lectura de algunas obras sobre el trabajo de los
historiadores, su originalidad y objetividad: MORADIELLOS, E., Las caras de Clío. Una introducción a la
historia. Madrid, 2001; ANDERSON, P., Los fines de la Historia. Barcelona, 1996; CANNADINE, D., ¿Qué es
la historia ahora? Granada, 2005; AURELL, J., BALMACEDA, C., BURKE, P. y SOZA, F., Comprender el
pasado: Una historia de la historiografía. Barcelona, 2013; ARÓSTEGUI, J., La investigación histórica: teoría
y método. Barcelona, 2001.
53
MOMIGLIANO, A., “Historiografía pagana y cristiana en el siglo IV”. El Conflicto entre el paganismo y el
Cristianismo en el siglo IV. Madrid, 1989, pp. 95-115; SCOTT, R., “The classical tradition in Byzantine
Historiography”, en M. Muller y R. Scott (eds.), Byzantium in the Classicla tradition. Birmingham, 1981, pp. 61-
74.
54
MOMIGLIANO, A., “L’Etá del trapasso fra Storiografia antica e Storiografia medievale (320-550 d.C.)”, en
La Storiografia altemedievale. I. Settimane di Studio del Centro italiano di Studi sull’alto Medioevo. Spoleto,
1970; POPEANGA, M. E., “El mundo románico occidental y la historiografía bizantina: puntos de encuentro”,
Erytheia, 13 (1992), pp. 17-29; SHREINER, P., “La Historiografía bizantina en el contexto de la Historiografía
occidental y eslava”, Erytheia, 11-12 (1990-91), pp. 55-65; PÉREZ MARTÍN, I., “Nuevas tendencias en
Historiografía bizantina”, Memoria de los Seminarios de Filología e Historia. Madrid, 2002, pp. 133-137.
55
RODERICH REINSCH, D. y ΚΟΛΟΒΟΥ, Φ., Κριτόβουλου του Ιμβρίου, Ιστορία. Atenas, 2005.
56
DÍAZ ROLANDO, E., “Historiografía griega antigua e Historiografía bizantina”, Estudios clásicos, 105
(1994), pp. 35-48; COLONNA, M. E., Gli Storici bizantini dal IV al XV secolo. Nápoles, 1956.

16
primeros representan a la aristocracia, lo secular y la herencia clásica, mientras los segundos a
lo popular, eclesiástico y monástico57.
Para nuestra investigación nos interesa sobre todo la historiografía bizantina de los siglos
XI a XV. El periodo que se extiende entre los siglos XI-XII es considerado por muchos
historiadores como una época de “renacimiento” bizantino, con un desarrollo filológico y
enciclopédico, así como una vuelta a la herencia literaria clásica58. Los cronistas empiezan a
abandonar la mentalidad del monje, crece la objetividad en sus obras y ya no son tan claros
los límites que separan Historia y Crónica. Es manifiesto que las fuentes bizantinas de estos
siglos, por razones cronológicas obvias, no pueden proporcionarnos información directa sobre
la Cuarta Cruzada o sobre el Imperio Latino de Constantinopla. Sin embargo resultan de gran
valor porque transmiten información sobre la desvirtualización del fenómeno de las Cruzadas
ya desde sus inicios. Historiadores como Miguel Psellós, Miguel Ataliates, Nicéforo Brienio,
Ana Comnena, Juan Cínamo o Eustacio de Salónica; o cronistas como Juan Zonarás o Miguel
Glykas, evidencian la debilidad del Imperio bizantino desde el siglo XI hasta las vísperas de
la IV Cruzada. Según estas fuentes, los cruzados llegan a Bizancio para incidir negativamente
en las ya de por sí espinosas relaciones entre bizantinos y latinos. Y esto sucede cuando
Bizancio tiene que hacer frente a una nueva fuerza imparable en Oriente: los turcos. Y ese el
contexto, además, en el que se pone en marcha en Occidente la Cuarta Cruzada.
El período tardobizantino, entre los siglos XIII-XV, se caracteriza por el fin del
monopolio político y cultural de Constantinopla. A partir de 1204, el poder se fragmenta en
multitud de Estados griegos que rivalizan entre sí y contra los latinos por la reconquista del
Imperio; junto a ellos aparecen una multitud de feudos latinos siguiendo el modelo occidental.
Constantinopla se ha perdido ahora como emblema cultural griego, pero se desarrollarán otros
grandes centros culturales y políticos como Trebisonda, Tesalónica o Mistrás. Uno de los
rasgos de las “historias contemporáneas” de esta época bizantina media y tardía es que se
centran en la figura del emperador y en el Imperio59. La finalidad propagandística y didáctica
adquiere en estos momentos un peso específico. Esta contemporaneidad da mayor seguridad
en el conocimiento de los sucesos a historiar, ya que se puede acudir a testigos oculares;
incluso la propia experiencia del autor ocupa un lugar esencial en su obra. Otra fuente con la
que cuentan es el análisis de documentos oficiales, ya que en función de su posición social le
sería más o menos fácil el acceso a los archivos y a otro tipo de documentación. Si nos
detenemos en los historiadores bizantinos de nuestro estudio, en su mayoría detentaban cargos
públicos, lo que prueba el florecimiento social de su tiempo: jurisconsultos como Ataliates,
canonistas como Zonarás, estadistas como Brienio, Choniates, Paquimeres o Calconcondilas;
generales y diplomáticos como Acropolites o Sfrantzés e incluso cabezas coronadas como la
princesa Ana Comnena.
Entre las crónicas tardobizantinas encontramos las más interesantes para el estudio de la
Cuarta Cruzada y sus consecuencias para Bizancio. Son por lo general muy resumidas, en
lenguaje sencillo y popular, y tratan o bien la historia universal o la historia local de una
región o ciudad concreta. Entre ellas figuran las de Joél, Leoncio Majerás, Efraím, Teodoro
Skutariotes, las Crónicas Anónimas Bizantinas, la Crónica de Morea, la Crónica de Lesbos y
la Crónica de Galaxidi.

57
EGEA, J. M., “La lengua de la Historiografía bizantina tras el cambio lingüístico”, Erytheia, 11-12 (1990-91),
pp. 21-32; BROWNING, R., La lengua griega, medieval y moderna. Atenas, 1972; MANGO, C., “The tradition
of Byzantine Chronografy”. Harvard Ukranian Studies, 12-13 (1988-89), pp. 360-372.
58
DÍAZ ROLANDO, E., “Historiografía griega…”, op. cit., pp. 35-48.
59
HEAD, C., “Physical descriptions of the emperors in byzantine historical writing”. Byzantion, 50 (1980), pp.
226-240.

17
Por otra parte, son muy variados los textos pertenecientes a enciclopedistas y ensayistas;
literatos eclesiásticos y teológicos; epistológrafos y poetas populares, así como las
importantes documentales, utilizadas todas ellas por su valor histórico:
-biografías/hagiografías: de Cirilo el Filoteo, de la emperatriz Teodora y de los Trece
santos padres quemados por los latinos
-correspondencia: de Teofilacto de Ocrida, de Alejo I al conde de Flandes; las de Nicolás
III el Gramático, Neófito el Enclaustrado o Miguel Choniates
-poemas: de Nicodemo de Tesalónica y Nicolás Eirenikós
-documentos: Documentos bizantino-venecianos, Documentos bizantino-genoveses, Codex
408 Marcianus Graecus
-diversos tratados, memorias y descripciones: de Eustacio de Nicea, Constantino Stilbés y
Juan Focás
-encomios, discursos y epitafios: Discursos Históricos de Alexis Makrembolites, Encomios
de Nicéforo Chrysoberges y el Epitafio de Nicolás Mesarités
-actas y misceláneas: Acta del Patriarca Miguel Autoreianos, Misceláneas de Teodoro
Metoquita

Estos documentos corroboran las mismas realidades recogidas por historiadores y


cronistas, no sólo el fuerte sentimiento anti-latino y nacionalista de los bizantinos, sino
también su desesperación e impotencia ante un hecho histórico inconcebible para ellos.
En cuanto a las fuentes francas u occidentales cumplen tres funciones principales: social
y política, religiosa y moralizante. Como en el caso bizantino, también estos historiadores se
van a relacionar estrechamente con verbos como compilar, reunir, escoger, sintetizar o
redactar para desarrollar su actividad. Este estrecho margen de autoría se ve compensado con
la enorme variedad de géneros históricos presentes en estos siglos IX-XV, tales como anales,
genealogías, crónicas universales, historias monásticas, biografías, hagiografías, crónicas
imperiales, reales y dinásticas, y las crónicas de cruzadas. Los centros de producción y
transmisión de los textos van pasando de los monasterios a los centros cortesanos desde los
siglos XI-XII. Esto provocó profundos cambios en el desarrollo de esta historiografía
occidental que tiene un gran valor para nosotros, no sólo como fuente histórica, sino sobre
todo como recipiente del imaginario colectivo occidental.
En el tema de la veracidad de estos escritos, el historiador o cronista medieval es
básicamente un compilador que da forma narrativa a los acontecimientos históricos que ha
conseguido a través de otros textos o de testimonios orales. Hay que tener en cuenta también
que las leyendas, los milagros y las ficciones que circulan alrededor del acontecimiento
histórico se incorporan con naturalidad –como veremos– en el texto final. El autor carece de
sentido crítico en muchos casos, pues la verdad ha de ser relegada en muchas ocasiones a un
segundo plano para cumplir una estricta función política e ideológica de legitimación de
monarcas o poderes laicos emergentes. Los intereses del cronista o historiador no están
vinculados, pues, a una estricta y objetiva narración del pasado que busque contar lo que
realmente ocurrió, sino más bien, a la legitimación de un orden establecido ya sea en el
ámbito moral, espiritual o político60. La falta de sentido cronológico es otra gran característica
de esta historiografía. La precisión cronológica y la sincronía de los acontecimientos no son

60
REGALADO DE HURTADO, L., Historiografía Occidental. Un tránsito por los predios de Clío. Lima, 2010.

18
más que obstáculos para la función edificante y política de los textos. El providencialismo se
une a la función legitimadora y moralizante de la historiografía medieval61.
En nuestra Tesis hemos utilizado y analizado diversas fuentes de origen franco en el
estudio de la Cuarta Cruzada y del posterior Imperio Latino de Constantinopla. Estos escritos,
con sus convicciones, valores y mentalidades, se convierten en fuentes insustituibles para
conocer el ambiente intelectual e ideológico en el que fueron redactadas. Su importancia es
muy grande, por su mayor vinculación e intervención en los territorios bizantinos antes y
después de 1204, ya que los francos participaron activamente en los asuntos orientales por
detentar directamente el poder en los diversos Estados formados tras la Cuarta Cruzada.
Suelen encuadrarse básicamente en dos momentos: el primero, la organización de la IV
Cruzada y el desvío de ésta a Constantinopla; el segundo, la toma de la capital en 1204 y su
nueva organización.
En este sentido, cobra ahora interés el nuevo género de las “Crónicas de cruzadas”, con
su doble lectura de guerras de religión y conquistas feudales, con su momento álgido entre
1096 y 1204. Como hemos podido comprobar, se conservan crónicas latinas y francesas,
además de griegas, árabes y armenias. Se trata de narraciones redactadas en primera persona,
escritas por lo general por caballeros que fueron al mismo tiempo testigos y actores de los
hechos contados. Sin embargo, no son estrictamente autobiográficas porque su tema principal
no coincide con la vida del autor, sino que relatan más bien realidades externas. La más
célebre de todas las crónicas occidentales es la de Godofredo de Villehardouin que fue y sigue
siendo un auténtico best seller sobre la Cuarta Cruzada.
Estas fuentes son, por lo general, parciales y apologéticas, ya que los datos que pueden
afectar de forma negativa a la legitimidad de los acontecimientos y a la honorabilidad de sus
protagonistas son omitidos o silenciados, más que falseados. La información que nos
transmiten es básicamente:
.la situación bizantina desde fines del siglo XII hasta el XIV
.las motivaciones y sentimientos de los cruzados
.el desarrollo de la Cuarta Cruzada
.el nacimiento y consolidación del Imperio Latino de Constantinopla y los principales
Estados griegos (principalmente el de Nicea)
.el robo y posterior traslado de reliquias desde Constantinopla hacia Occidente
.las controversias religiosas entre ortodoxos y católicos
Entre las fuentes occidentales más relevantes hemos considerado como fuentes
principales, las de Godofredo de Villehardouin, Henri de Valenciennes, Robert de Clari, la
Partitio Romaniae, los Assises de Romania, las Cartas de Balduino de Flandes, el relato de
Gunther de Pairis, el Registro de Inocencio III, la obra de Ricardo el Peregrino, la Historia de
Guillermo de Tiro, la Crónica de Ernoul, la Crónica “A Latina”, las impresiones de Roberto
de Auxerre, la canción de Conon de Béthune, la Gran Conquista de Ultramar, el viaje de Pero
Tafur, el poema de Jakemes, el relato del Conde Hugo de San Pol, el Anónimo de Soissons,
Las hazañas del Obispo de Halberstadt, la obra de Ralph de Coggeshall, las impresiones de
Alberico de Tres Fuentes, la Crónica de Francesco Amadi, la Correspondencia de Federico II
Hohenstaufen, la Translatio Symonensis, la crónica de Andrea Dándolo y la Historia de
Marino Sanudo Torcello.
En cuanto a las fuentes de otros ámbitos culturales, nos han resultado muy valiosas, ya
que aportan interesantes datos sobre la situación del Imperio bizantino antes de 1204, la

61
BURROW, J., Historia de las historias (desde Heródoto al siglo XX). Artículo aparecido en el El País, de 17
de julio de 2010: [Link]
ekobadoir_28/Tes (última consulta 12-03-2013).

19
Cuarta Cruzada y el Imperio Latino de Constantinopla, como son: la Chronica de Nóvgorod,
el relato del historiador árabe Ibn al-Athir, el de Smpada Sbarabedi, la Devastatio
Constantinopolitana y el relato de Bar Hebraeus. Su importancia histórica radica en que, sin
ser protagonistas de los hechos, sus autores los vivieron a veces en primera persona o bien
supieron registrarlos para la posteridad desde un punto de vista objetivo y racional. Se trata
de fuentes ajenas a la lucha entre cruzados y bizantinos, y precisamente ahí reside su auténtico
valor, ya que su visión de los hechos aparece menos contaminada por prejuicios, partidismos
o impuestas concepciones religiosas. Los francos son presentados en ellas como agresores
crueles que violan territorios que legítimamente no les corresponden, y los bizantinos son
meras víctimas de los acontecimientos. Bar Hebraeus es el único que mantiene una posición
favorable hacia la dominación latina de Constantinopla, considerando una usurpación cuando
Nicea-Bizancio recupera Constantinopla en 1261.

2. PRESENTACIÓN

Para la investigación desarrollada en la presente Tesis Doctoral se han utilizado 77


fuentes que pueden ser clasificadas en razón de su relevancia en cuanto al objeto de nuestro
estudio, en:
a) fuentes principales: las que guardan una especial relevancia en el estudio de las Cruzadas,
en general, y para el de la Cuarta en particular, así como para el establecimiento latino en
Bizancio.
b) fuentes secundarias: las de contenido no relevante que nos aportan información menor
sobre el Imperio bizantino u Occidente, de muy variado tipo: político social, religioso,
diplomático, etc.; pueden ser anteriores o posteriores a la época de nuestro interés, muy
breves, tendenciosas o aportar sólo pequeños detalles. A pesar de ello, son fundamentales por
su complementariedad a las principales.

A continuación hacemos una breve presentación de ellas divididas por ámbitos culturales y
dentro de éstos, según un criterio cronológico.

2.1. Fuentes principales:

Ámbito bizantino:
1. Carta de Alejo I Comneno a Roberto, conde de Flandes 62. Documento fundamental para el
estudio del inicio del movimiento cruzado que nos ha llegado por vía occidental, en latín y en
un formato falsificado, si bien se basa en un original griego auténtico. El documento griego
fue retocado por algún occidental, ya que la carta parece una invitación a saquear la capital
bizantina, algo que difícilmente habría firmado un emperador bizantino.
Su valor reside en que sirvió para justificar la expedición y los excesos cometidos por los
cruzados en territorio bizantino en base a la solicitud de ayuda del emperador. En el
documento original sólo se hacía a Occidente la petición del envío de mercenarios para

62
PAYNE, R. (ed.), “Fragmentos de una carta del emperador Alejo Comneno a Roberto, conde de Flandes,
escrita en Constantinopla el 1093 d. C”, en El Sueño y la Tumba. Historia de las Cruzadas. Barcelona, 1997,
pp. 27-59 (cit. en adelante: Carta de Alejo I Comneno).

20
completar el ejército bizantino. El verdadero dilema no reside en saber si se hizo o no esta
petición de ayuda a Occidente –puesto que se había hecho ya en numerosas ocasiones sin
respuesta alguna–, sino en que se le ha atribuido a un emperador bizantino un punto de vista
que no podía tener, ya que el movimiento cruzado fue consecuencia de una evolución
espiritual específicamente occidental.
De este modo, la carta –original o falsificación– tiene el valor histórico y espiritual de
haberse convertido en uno de los principales móviles en los que se fundamentaron las
Cruzadas: ayudar a los cristianos orientales contra los infieles.
2. Ana Comnena (1083-1154)63. Primogénita de Alejo I Comneno e Irene Ducas, estuvo
destinada desde su nacimiento a suceder en el trono a su padre, pero el nacimiento de su
hermano Juan truncó sus esperanzas. Participó en numerosas conspiraciones contra su
hermano, siendo apartada de la vida pública y confinada en un monasterio junto con su madre,
retiro que dedicó al estudio y fomento de la cultura y las ciencias.
Escribió La Alexiada, una fuente primordial para el estudio de la Primera Cruzada y del
Imperio bizantino antes, durante y después del transcurso de la misma. En ella se recoge el
largo reinado de Alejo I Comneno (1069-1118) considerado trascendental para Bizancio,
enfrentándose a turcos, normandos y cruzados. La historiadora no siempre consigue ser
objetiva, pues se observa a veces una clara tendencia panegírica y apologética. Pero esta falta
de objetividad, prejuicios y la confusión cronológica presentes en la obra se compensan por la
amplitud y variedad de la información que proporciona.
Teniendo en cuenta que tenemos una visión unilateral del fenómeno cruzado, desde
nuestra óptica occidental, esta obra bizantina resulta imprescindible para acercarnos a la
perspectiva que en Oriente tuvieron de dicho fenómeno que supuso un fuerte choque cultural
y político entre bizantinos y cruzados. A partir de la Primera Cruzada, las relaciones entre
ambos se fueron enfriando, porque si bien: “Alejo Comneno pidió una cosa [...] se le sirvió
otra completamente distinta”64. Los supuestos “aliados” cruzados que llegaron a Oriente para
ayudar a los bizantinos contra los turcos, acabaron usurpando su autoridad. Los precedentes
de la Cuarta Cruzada se materializaron en los desencuentros de esta Primera y las siguientes.
3. Teofilacto de Ocrida65. Fue uno de los teólogos más notables de finales del siglo XI y
principios del XII. Su Correspondencia es de gran relevancia porque refiere la situación de
Macedonia con Alejo I y el panorama interno de Bizancio en la época de la Primera Cruzada.
Es de gran valor histórico el Discurso que dirigió a Alejo I Comneno, escrito en la década de
los noventa del siglo XI, pues refiere la inicial sorpresa y terror que cundió entre los
bizantinos al paso de los cruzados por sus tierras y del cual fue testigo ocular.
En la fuente se puede observar el fuerte nacionalismo imperante en el pueblo bizantino y
la creciente actitud anti-occidental acrecentada por las Cruzadas. Teofilacto entendió desde el
principio que la actitud hacia Occidente debía haber sido más dura, por eso criticó la posición
no beligerante de Alejo I hacia Roma.
4. Eustacio de Tesalónica (1115- h. 1195/97)66. Nacido en Constantinopla en una familia
acomodada, llegaría a convertirse en Arzobispo de Tesalónica. En su obra De expugnatione
Thessalonica relata la toma de dicha ciudad por los normandos en 1185. El retrato histórico

63
DÍAZ ROLANDO, E., Ana Comnena, La Alexiada. Sevilla, 1989 (cit. en adelante: Ana Comnena).
64
SUAREZ FERNÁNDEZ, L., “Las Cruzadas: un sentimiento y un proyecto”, en L. García-Guijarro Ramos, La
Primera Cruzada, novecientos años después: El Concilio de Clermont y los orígenes del movimiento cruzado.
Madrid, 1997, p. 14.
65
GAUTIER, P., Theopylacte. D’Achrida. Discours, Traités, Poésies. Salónica, 1980.
66
MELVILLE JONES, J. R., Eusthatios of Thessalonica, The capture of Thessaloniki. Canberra, 1988 (cit. en
adelante: Eustacio de Tesalónica).

21
que el autor hace del Imperio bizantino es de los más fidedignos y críticos; fue además testigo
ocular de los acontecimientos que narra y su objetividad es indudable.
Esta fuente tiene un gran valor añadido porque revela cómo los occidentales ya tenían
puestas sus miras en el Imperio bizantino a fines del siglo XII y en someter a los “cismáticos”
bizantinos.
5. Nicetas Choniates (h. 1150/55- h. 1215/17)67. Originario de Chonai (Asia Menor), de
familia acomodada. Sus amplios estudios lo llevaron a desempeñar diversos cargos al servicio
del Imperio: Secretario Imperial, durante la minoría de Alejo II (1180-1183) y con Isaac II
Ángel (1185-1195), y gobernador de Filipópolis en el momento en que se estaba
desarrollando la Tercera Cruzada (1189); finalmente, “Gran Logotheta”. Tras la caída de
Constantinopla bajo los francos perdió todos sus bienes y se trasladó entre 1204-1206 a la
corte de los Láscaris de Nicea.
Su extensa Crónica recoge la historia bizantina desde 1118 a 1206. Contiene información
relativa a la Segunda y a la Tercera Cruzada que menciona de pasada, y sobre todo del saqueo
y la expoliación que siguió a la toma de Constantinopla por los cruzados recogida en un
pequeño escrito, Catálogo de las estatuas destruidas en Constantinopla durante el ataque
cruzado de 1204, también conocido como De signis. Este catálogo enumera los monumentos
artísticos que destruyeron los cruzados, convirtiéndose en una interesante obra para
historiadores y arqueólogos, ya que permite reconstruir la imagen topográfica real de
Constantinopla en el siglo XIII.
El autor hace en su relato una valoración crítica y una reflexión sobre las causas de la
decadencia bizantina que es muy dura para su propia gente: el poder y el mismo pueblo se han
corrompido, los vicios han agotado las antiguas virtudes, en contraste con los valores militares
de una “joven” civilización latina que empuja con fuerza. El hundimiento permitido por
voluntad divina es consecuencia de la propia decadencia interna. Su relato es imparcial,
aunque bajo una óptica cristiana, introduciendo elementos cronísticos como profecías o
fenómenos celestiales. Es bastante veraz y preciso, y desprende un gran patriotismo y
aversión hacia los latinos, lo que nos da idea del sentimiento nacionalista que se está
fraguando en Bizancio desde la toma de Constantinopla. Finalmente, esta obra histórica
representa mejor que ninguna otra el punto de vista bizantino de las Cruzadas.

6. Crónicas Bizantinas Breves68. Se trata de nueve crónicas breves anónimas que hacen
referencia a la toma de Constantinopla por los cruzados. Estas crónicas, ignoradas
tradicionalmente por los historiadores por su brevedad, proporcionan datos muy puntuales y
concretos, pero de gran valor, ya que relatan el desenfreno que llevaron a cabo los cruzados
en Bizancio. La dificultad a la hora de utilizarla como fuente viene determinada por su
brevedad; debe utilizarse al máximo la información que transmiten e incluso en ocasiones leer
entrelíneas. Se usará de forma complementaria a las de Nicetas Choniates y Nicolás
Mesarités.

7. Constantino Stilbés69. Vivió entre finales del siglo XII y principios del XIII. Era diácono en
Santa Sofía y “didascale” de la Escuela Patriarcal de Constantinopla. Con anterioridad a 1204
se hizo monje y acabó siendo nombrado metropolitano de Cízico. Tras la Cuarta Cruzada

67
MAGOULIAS, H. J., Nicetas Choniates, O City of Byzantium, Annals of Niketas Choniates. Detroit, 1984 (cit.
en adelante: Nicetas Choniates, Annals).
68
SHREINER, P., Βραχέα Βυζαντινα Χρονικά. Corpus Fontium Historiae Byzantinae, vol. XII/1. Vinodobonae,
1975.
69
DARROUZÈS, J. (éd.), “Le mémoire de Constantin Stilbès contre les Latins”. Revue des études byzantines, 21
(1963), pp. 50-100.

22
renunció a su sede y entabló una polémica contra la Iglesia Romana. Se desconoce la fecha de
su muerte.
Constantino ecribió discursos, lecciones, poemas y cartas. Para nosotros su obra más
valiosa es, sin embargo, la Memoria contra la Iglesia Latina, cuya atribución a nuestro autor
ha sido relativamente reciente. Se trata de un listado con cuatro denuncias contra la Iglesia
occidental que no sólo alude al orden doctrinal o ritual, sino también a los crímenes cometidos
por los cruzados durante el saqueo de Constantinopla en 1204. La importancia de esta fuente
es que recoge el fuerte antagonismo político, militar y económico que había surgido entre
latinos y griegos, que dió lugar al nacimiento de los polémicos documentos bizantinos
antilatinos.

8. Nicolás Mesarités (h. 1163/4-1220)70. Miembro de una ilustre familia constantinopolitana,


recibió una muy buena educación que le llevó a alcanzar diversos cargos eclesiásticos en
Palacio y más tarde, en Santa Sofía. Antes de la conquista de la ciudad, había sido también
encargado del eskevofilakion donde se guardaban las reliquias de la Iglesia de Nuestra Señora
de Faro. En 1207 se trasladó a Nicea para ser Refrendario del patriarca Miguel IV
Autoreianos (1208-1214). Casi ya al final de su vida fue Metropolitano de Éfeso y presidente
de Asia, tras haber desarrollado un importante papel político y diplomático en la corte nicena
de Teodoro I Láscaris (1204-1222).
Escribió numerosas obras: una descripción de los mosaicos de la Iglesia de los Stos.
Apóstoles, una exposición de las sublevaciones palatinas contra Juan Comneno (1201) y otras
sobre acontecimientos políticos y eclesiásticos hasta el año 1214. Destaca entre ellas un
extenso Epitafio a su hermano Juan Mesarités († 1207) que constituye un breve y apasionado
relato de la toma de Constantinopla por los cruzados, recogiendo también los conflictos
eclesiásticos existentes entre bizantinos y latinos en torno a las iglesias en las zonas
conquistadas por los francos.
La obra de Mesarités está basada, al parecer en Nicetas Choniates, pero se trata de una
fuente precisa y objetiva, de primer orden para el estudio de la Cuarta Cruzada y el
nacimiento del Imperio Latino de Constantinopla. Por otro lado, al contrario que otras fuentes
contemporáneas, ésta no refleja un fuerte sentimiento antilatino, sino más bien la
desesperación e impotencia ante un hecho histórico inconcebible entre cristianos.
9. Miguel Autoreianos († 1214)71. Eclesiástico de gran cultura, alcanzó a ser Megas
Sakellarios durante el asedio de Constantinopla en 1204 y cuatro años más tarde fue
nombrado patriarca de Constantinopla en el exilio. Establecido en el Imperio de Nicea, fue el
que coronó como emperador a Teodoro Láscaris. Murió el 26 de agosto de 1214.
El Acta del Patriarca Miguel Autoreianos es un documento de gran valor histórico y
religioso. Contrariamente a las costumbres de sus predecesores, en dicho documento se
prometía la absolución de sus pecados a los soldados que luchaban por la restauración del
Imperio bizantino, práctica que duró poco ya que Miguel murió al poco de divulgar su acta. El
valor de este documento es incalculable, ya que muestra cómo el concepto de “guerra santa”
forjado siglos atrás en Occidente, comienza a cuajar ideológicamente también en Bizancio
tras la empresa cruzada, animado por la obligación de defender la ortodoxia griega frente a los
infieles turcos, pero sobre todo contra los latinos.

70
HEISENBERG, A., Nicholas Mesarites, Die Palastrevolution des Johannes Komnenos. Würrzburg, 1907 (cit.
en adelante: Nicolás Mesarités).
71
OIKONOMIDES, N., “Cinq actes inédits du patriarche Michel Autoreianos”. Revue des Etudes Byzantines, 25
(Mélanges Venance Grumel II). París, 1967, pp. 113-145 (cit. en adelante: Miguel Autoreianos).

23
10. Jorge Acropolites (1217-128272. Nacido en Constantinopla, fue educado en la Corte de
Nicea en donde sirvió buena parte de su vida. Representa el más importante historiador y
hombre de Estado del Imperio de Nicea surgido a raíz de la toma de la capital bizantina por
los cruzados.
Su obra, Narración Histórica, es una de las fuentes bizantinas más importantes para el
estudio de la Cuarta Cruzada, al abarcar el período entre 1204 y 1261, es decir, los
acontecimientos desde el asalto latino de Constantinopla hasta la reconquista bizantina de la
ciudad. La obra proporciona una información valiosísima, más que para la toma latina de la
capital –que no presenció– para las consecuencias de la Cuarta Cruzada y el largo
enfrentamiento latino-bizantino en tierras griegas entre 1204-1261. El relato recoge además
valiosa información sobre acontecimientos religiosos bizantinos de la corte de Nicea y sobre
los tímidos acercamientos religiosos a finales del siglo XIII entre bizantinos y latinos.
La obra presenta algunos elementos propios de las crónicas, pero su narración es clara y
objetiva, dándole gran importancia al testimonio ocular y a su propia experiencia. Sin
embargo, Acropolites deja entrever un fuerte sentimiento antilatino, pues no olvidemos que
participó en los hechos que narra. La caída de Constantinopla de 1204 fue para él producto de
la Providencia Divina, pero muestra el recelo bizantino hacia el argumento de los cruzados de
liberar los Lugares Santos, un mero pretexto utilizado para tomar la ciudad imperial.
11. La Crónica de Morea73. La obra, escrita entre 1292 y 1320, es una de las fuentes más
interesantes para el estudio de las Cruzadas, a pesar de que es más bien un largo poema épico
protagonizado por héroes principales (los francos) y héroes secundarios (los venecianos). De
ella existen cuatro versiones más o menos paralelas en diferentes lenguas: aragonés, francés,
italiano y en griego medieval; la aragonesa parece haber utilizado sus propias fuentes74.
Contiene la narración de la conquista de Morea por los francos y los eventos posteriores a
la Cuarta Cruzada. Refiere así el desarrollo de dos cruzadas: la Primera y la Cuarta, pero de
forma bastante breve y con información de segunda mano (utilizando a Villehardouin y otras
fuentes francas desconocidas). Su autor pudo ser un vasallo de Erard III de Acadia o algún
barón de Morea que narra ocasionalmente acontecimientos que él no presenció, por lo que es
mejor remitirse a Villehardouin para la Cuarta Cruzada y utilizar esta fuente para la conquista
cruzada de Morea.
En líneas generales, esta crónica es veraz e interesante, aunque a la hora de utilizarla
como fuente histórica debemos tener en cuenta que el autor silencia muchos hechos, presenta
una marcada intención laudatoria de los jefes cruzados, y manifiesta un fuerte recelo y un
sentimiento de superioridad hacia los bizantinos.
12. Jorge Paquimeres (1242-1310)75. Este historiador, funcionario y para muchos el mayor
polígrafo bizantino del siglo XIII, nació en Nicea en 1242 y murió en Constantinopla en 1310.
Su obra Composición Historica (Συγγραφικαί Ιστορίαι) narra los sucesos históricos entre
los años 1260 y 1308. El autor se muestra en ella muy veraz e imparcial, dando gran
importancia al testimonio ocular y a su propia experiencia. Como fuente histórica es de
importancia media para el estudio de la Cuarta Cruzada; sin embargo, es relevante en su
información sobre el Imperio Latino de Constantinopla y el Imperio de Nicea. El relato de las
luchas entre latinos y bizantinos se vuelve más detallado para las campañas occidentales
contra Bizancio tras la restauración del Imperio en 1261: por ejemplo, las de la Compañía

72
VILA VILAR, T., Jorge Acropolites, Narración Histórica. Granada, 2012 (cit. en adelante: Jorge
Acropolites).
73
EGEA, J. M., La Crónica de Morea. Madrid, 1996 (cit. en adelante: Crónica de Morea).
74
IDEM, “Introducción de la Crónica de Morea”. Nueva Roma. Madrid, 1996, pp. 15-75.
75
Jorge Paquimeres, en [Link] (última consulta 03-05-15).
(cit. en adelante: Jorge Paquimeres).

24
Catalana, que conviene confrontar con la narración de tendencia completamente opuesta del
catalán Ramón Muntaner. También contiene datos sobre los marcados puntos de vista
ortodoxos del propio autor y del pueblo bizantino en total oposición a las por entonces
numerosas tentativas de unión con Roma, ahora ya no sólo cuestiones dogmáticas, sino
también políticas. La obra de Paquimeres se halla sumida bajo un profundo pesimismo por la
inacabable lucha de los bizantinos frente a los turcos y latinos, y se detiene en las derrotas de
Oriente.
13. Nicéforo Gregorás (h. 1290/1-1360)76. Historiador, astrónomo, teólogo y gran
enciclopedista bizantino que escribió una extensa Historia Romana que comprende el período
entre 1204 y 1359, centrándose principalmente en la historia del Imperio de Nicea hasta 1320;
también refiere brevemente las primeras décadas de la restauración bizantina.
Se trata de una fuente secundaria para la Cuarta Cruzada, porque la información que nos
transmite es concisa, pero sí es importante para conocer la recuperación de Constantinopla por
los griegos y las negociaciones entre bizantinos y occidentales para conseguir la unión de las
Iglesias, ya que el autor tuvo un marcado protagonismo en ellas. La obra se caracteriza por su
respeto a la verdad, aunque en ocasiones su relato se vuelve partidista y prolijo. La obra nos
revela significativamente la conciencia política romana de los bizantinos a lo largo de toda su
historia.
14. Historia de los Trece Santos Padres quemados por los latinos en la isla de Chipre77.
De autor desconocido, recoge la historia de trece monjes del Monte Athos llegados al
Monasterio de Panagia Kantariotissa (Kyrenia, Chipre) para revivir allí el camino ascético y
la tradición ortodoxa pura, lo que puso en alerta a los gobernantes francos de Chipre y en
particular, a la Iglesia latina. El primer conflicto con el clero latino de Chipre ocurrió hacia
1228, justo cuando culminaba la persecución de los ortodoxos por los latinos. Ante la gran
reputación de los monjes de Kantara, las autoridades eclesiásticas latinas enviaron un
representante al monasterio para debatir ciertas cuestiones sobre uso del pan con levadura
durante el ritual. Pero la discusión acabó con los monjes declarados herejes por el arzobispo
latino y arrojados a la hoguera el 19 de mayo de 1231.
En definitiva, el texto nos interesa al mostrar cómo durante la dominación franca de
Chipre, la Iglesia latina practicó importantes persecuciones sobre los ortodoxos, las mismas
que sufrieron otros territorios bizantinos ocupados por los latinos.

15. Codex 408 Marcianus Graecus78. Contiene una serie de poemas históricos que fueron
transcritos por un copista entre 1392 y 1404, antes de pasar a manos de Bessarion. El poema
que nos interesa se titula en concreto La Caída de Constantinopla y recoge la captura latina
de Constantinopla en 1204 y la consiguiente recuperación de la ciudad en 1261 por Miguel
Paleólogo, llegando hasta la muerte de este emperador en 1282. Como fuente histórica, el
poema es de gran relevancia pues describe la trágica historia de esta IV Cruzada a través de
algunos de sus principales protagonistas, los emperadores bizantinos.

76
ΜΟΣΧΟΣ, Δ., Νικηφόρος Γρηγοράς, Ρωμαïκή Ιστορία. Α’ περίοδος 1204-1341. Atenas, 1997 (cit. en
adelante: Nicéforo Gregorás).
77
El texto se conserva en dos manuscritos: uno de 1426 de la Biblioteca Nacional de París y el otro en la
Biblioteca Marciana de Venecia publicado originalmente por K. Sathas: ΣΑΘΑ, K. N., “Διήγησις των αγίων
τριων καί δέκα οσίων πατέρων των διά πυρός τελειωθέντων παρά των Λατίνων εν τη νήσω Κύπρω”, en
Μεσαιωνική Βιβλιοθήκη. Β. Venecia, 1873, pp. 20-39 (reed. Atenas, 1972).
78
El autor de esta crónica en verso es anónimo, aunque parece tratarse de un griego de Nicea en base a que el
códice pasó del Arzobispado de Nicea al Cardenal Bessarion, conservándose actualmente en la Biblioteca de San
Marcos en Venecia. Vid. MATZUKIS, C., Η Αλωσις της Κωνστατινουπόλεως. Τετάρτη Σταυροφορία. Atenas,
2004.

25
16. Poema sobre la toma y reconquista de Constantinopla79. Se trata de una fuente anónima
algo posterior a la Cuarta Cruzada, ya que fue compuesta hacia 1392 en base a las obras de
Nicetas Choniates y Jorge Acropolites. El poema recoge la toma de Constantinopla en 1204
por los cruzados y su posterior reconquista por los Paleólogos en 1261. También guarda
valiosa información política y eclesiástica sobre el reinado de Miguel VII Paleólogo (1261-
1282). El poema se estructura en dos partes claramente diferenciadas: a) versos 1-131:
acontecimientos desde 1204 hasta la subida al poder de los Paleólogos; b) versos 132-759: se
centra en la época de los Paleólogos hasta la reconquista de Constantinopla.
Esta fuente tiene un gran valor histórico para el estudio de la Cuarta Cruzada porque
recoge las emociones y reacciones bizantinas frente a los cruzados.
17. Nicodemo de Tesalónica80. Se trata de un monje de la isla de Paros que se hallaba en 1612
en el Monasterio de Simón Petra, en el Monte Athos, mientras que en 1621 lo encontramos en
Gálata (Constantinopla), donde estudiaba junto a los jesuitas. En febrero de 1629, escribió un
poema histórico-didáctico titulado Στιχούργημα περί της Δ’Σταυροφορίας, cuyos primeros
versos se refieren a la Cuarta Cruzada y los últimos a las cruzadas posteriores.
El valor histórico de esta fuente reside en que se trata de una justificación propagandística
occidental del siglo XVII, de todos los excesos cometidos por sus antepasados sobre el pueblo
bizantino. La perspectiva del relato es sin embargo curiosa, ya que sostiene que los cruzados
llegaron a Constantinopla para liberarla del gobierno de un tirano y, una vez cumplida dicha
tarea, continuaron su misión hacia los Lugares Santos. Se trata pues, de una libre
interpretación hecha por un monje que se ha criado bajo la influencia occidental.

Ámbito franco:

18. Registro de Inocencio III (h. 1160-1216)81. Nacido en el seno de una familia aristocrática,
fue nombrado cardenal en 1190 por su tío, el papa Clemente III, y papa ocho años después. Su
Correspondencia es de gran relevancia como fuente histórica, pues se trata de cartas
entrecruzadas con autoridades civiles y religiosas para la preparación y ejecución de la IV
Cruzada, y para la organización de los territorios latinos formados a raíz de ésta. A través de
ella se obtiene información sobre aspectos de interés para nuestro trabajo, como son: el desvío
a Zara de la IV Cruzada y la posición inicial de Inocencio III; la prohibición de atacar a
Bizancio; pormenores sobre los inicios del Imperio Latino de Constantinopla y su lamentable
situación financiera y militar en épocas tempranas.
La importancia de esta fuente reside en que permite conocer la actitud inicial del papado
sobre esta Cruzada, cambiante según sus intereses, y comparar unas cartas papales de censura
con otras en las que aplica una política de hechos consumados sobre los territorios bizantinos.
Aunque no se sabe con exactitud si estuvo enterado y de acuerdo con la conquista cruzada de
Constantinopla, desde luego aceptó el hecho consumado sin hacer ningún tipo de condena a
largo plazo.

79
MÜLLER, J., Ποίμα περί της αλώσεως και ανακτήσεως της Κωνσταντινουπόλεως. Byzantinische Analekten,
SB. D. Wiener Akad. 9 (1892), pp. 336-389.
80
Nicodemo de Tesalónica, en ΠΡΩΙΟΥ, A., Στιχούργημα περί της Δ’Σταυροφορίας. Atenas, 1963.
81
ANDREA, A. J., “The Register of Innocent III”, en Contemporary sources.., op. cit., pp. 7-176 (cit. en
adelante: Inocencio III).

26
19. Las hazañas del Obispo de Hablerstadt82. Conrado de Krosigk, obispo de Halberstadt
(Sajonia), ocupó el más alto rango dentro del clero germano en la Cruzada. La obra es un
relato compuesto hacia 1209 por un autor desconocido, bajo la posible supervisión en su retiro
de Conrado de Krosigk.
Si bien se trata de una fuente fundamental para el estudio de la Cuarta Cruzada al recoger
la experiencia de este obispo como cruzado hasta 1209, no tiene gran valor para conocer el
desarrollo militar de la misma, ya que omite muchos datos y las dos tomas de la ciudad por
los cruzados. Es más relevante, sin embargo, por la información que da del saqueo de
Constantinopla y el papel en el mismo de los religiosos que les acompañaban en cuanto a
reliquias y objetos de gran valor económico. Pero el autor olvida mencionar también
importantes acontecimientos históricos como la prohibición hecha por el papa Inocencio III a
los cruzados acampados en Zara, de dirigirse contra Constantinopla.
Esta fuente debe utilizarse con cierta precaución, ya que es una apología del obispo
Conrado que trasladó algunas reliquias de Constantinopla a la Catedral de Halberstadt. El
cronista asegura cómo su jefe, gracias a la Divina Providencia, consigue transferir los poderes
sobrenaturales de Constantinopla a Halberstadt a través de las reliquias, y todo ello en
recompensa por su piedad y servicio a Dios y a la Iglesia.
20. Ralph de Coggeshall83. Fue Abad de Coggeshall (Essex, Inglaterra) desde 1206 hasta
1218. Es uno de los autores del Chronicon Anglicanum, escrito entre 1224 y 1227, que relata
hechos sucedidos entre 1066 y 1224. La obra recoge información sobre la conquista de
Constantinopla en 1204 en base a testimonios orales de cruzados, otros de las comunidades
cistercienses establecidas en el Imperio latino tras la conquista e igualmente en la
correspondencia de Balduino de Flandes y Hugo de San Pol.
Su importancia como fuente para la Cuarta Cruzada es secundaria; sin embargo, merece
ser recogida al ofrecer una descripción de segunda mano de la ciudad de Constantinopla y su
situación tras la Cuarta Cruzada. Su relato se inicia con el llamamiento de Inocencio III y la
predicación de Fulco de Neuilly; continúa con otros de forma muy breve: la reunión en Corfú
de la armada cruzada y del príncipe bizantino Alejo IV; la toma de Constantinopla por los
cruzados, y cómo se inició el Imperio Latino de Constantinopla con Balduino de Flandes y
sus conquistas.
En definitiva, la información que nos proporciona es de segunda mano y muy breve, sin
entrar en detalles, pero tiene cierto valor. Los cronistas ingleses y normandos que narran la
Cuarta Cruzada –como es el caso– presentan una imagen muy interesante sobre los bizantinos
al beber de las más importantes piezas propagandísticas que vienen a demostrar la perfidia de
los griegos para poder justificar la toma de Constantinopla.
21. Conde Hugo de San Pol84. Se trata de una fuente primordial sobre la Cuarta Cruzada, ya
que su autor, a parte de participar en los hechos que narra, fue uno de los altos cargos de la
Cruzada; además, para algunos de los acontecimientos que relata es la única fuente de
información de que disponemos. La fuente recoge, por ejemplo, cómo Alejo IV propuso a los
jefes cruzados que le acompañaran a Constantinopla, describe la primera toma de la ciudad
por los cruzados el 17 de julio de 1203 y cómo se tomó la torre de Gálata, además de
información adicional sobre el papel que desempañaron francos y venecianos en el asalto
marítimo a la capital.

82
ANDREA, A. J., “The Deeds of the Bishops of Halberstadt”, en Contemporary Sources…, op. cit., pp. 239-
264 (cit. en adelante: Obispo de Halberstadt).
83
IBÍDEM, “Ralph de Coggeshall, Chronicle”, en Contemporary Sources…, op. cit., pp. 277-290 (cit. en
adelante: Ralph de Coggeshall).
84
ANDREA, A. J., “The Letter of Hugh of Saint Pol to R. of Balues”, en Contemporary Sources…, op. cit., pp.
177-201 (cit. en adelante: Hugo de San Pol).

27
Su importancia reside en que, además de ser testigo presencial de los acontecimientos,
aporta detalles y una visión distinta de los hechos frente a otros cronistas de la Cuarta
Cruzada. De esta manera, Robert de Clari o Godofredo de Villehardouin relatan las
operaciones militares como meros participantes desde el campo de batalla, pero Hugo
participó en la toma de decisiones militares.
22. Cartas de Balduino de Flandes85. Son documentos redactados por Balduino IX de
Flandes, VI de Hainaut y I de Constantinopla. Los que redactó como conde de Flandes son
poco importantes para el estudio de la Cuarta Cruzada y para el de la historia bizantina en
general, a pesar de que siete de ellos proporcionan cierta información sobre los preparativos
de la cruzada en la que iba a participar el conde y sus súbditos. Sin embargo, los documentos
que redactó durante la Cruzada y los que firmó como Emperador Latino de Constantinopla,
son fundamentales para nuestro análisis.
Entre los documentos fundamentales para la Cuarta Cruzada figura el que contiene el
reconocimiento de la deuda económica de Balduino con los nobles venecianos; dos cartas
dirigidas al papa Inocencio III, redactas por Balduino y otros jefes de la cruzada, en las que le
explican lo ocurrido en Zara, o un tratado con el joven Alejo IV, en el que se recoge cuál será
el pago que éste ha de efectuar a los cruzados por su ayuda para recuperar el trono.
De Balduino ya emperador existen diferentes documentos en los que se reemplaza el sello
condal por el imperial y se titula “Balduino, Emperador Constantinopolitano y conde de
Flandes”. Entre ellos hay cuatro que recogen los asuntos de la segunda toma de
Constantinopla y su propia coronación. Otros se refieren a diferentes medidas sobre Grecia,
Flandes y Hainaut; y finalmente otros referidos sólo a Grecia: privilegios a la ciudad de
Salónica y donaciones a los Hospitalarios. Existe también una curiosa misiva en la que el
soberano latino pide a algunos obispos franceses el envío de socorro militar para continuar la
cruzada sobre Jerusalén, algo insólito si pensamos que él disponía de todo lo necesario. Por
último, hay una carta al rey de Francia acompañada de algunas reliquias, una verdadera
declaración de que ya no era su vasallo, sino su igual.

23. Anónimo de Soissons86. Su autor fue un eclesiástico que había escuchado el relato oral de
la cruzada por boca de Nivelon de Chérisy, Obispo de Soissons y prelado en jefe de la armada
cruzada. La obra se enmarca en la sucesiva justificación de la Cuarta Cruzada y sugiere que la
empresa fue sancionada por Dios que puso en los cruzados el espíritu cristiano de penitencia
que condujo finalmente a la victoria de la Cristiandad.
Su redacción, entre 1205 y 1207, tenía el objetivo de justificar a ojos de los clérigos y
laicos de la Iglesia Occidental la captura y saqueo de Constantinopla y el numeroso inventario
de reliquias transferidas a Occidente por el Obispo de Soissons después de la cruzada. Los
cruzados despojaron iglesias y monasterios, sobre todo sus jefes religiosos: el obispo Conrado
de Halberstadt, el abad Martin de Pairis y Nivelon de Soissons. Las circunstancias de la
adquisición de reliquias en Constantinopla, su recepción en Occidente, así como la
verificación de su autenticidad y su catalogación a la llegada, son parte central del relato que
incluye también las dificultades de su traslado y algunos milagros que se iban produciendo a
lo largo del mismo.
Frente a otras fuentes como Villehardouin y Clari, que relatan principalmente aspectos de
tipo político y militar, el Anónimo recoge otros más interesantes desde el punto de vista
religioso y humano, por ejemplo, una percepción bastante negativa de los griegos poco tiempo
después de los acontecimientos, mostrándolos como cismáticos y cobardes.

85
HENDRICKX, B., Regestes des Empereurs Latins de Constantinople (1204-1261/1272). Salónica, 1988.
86
ANDREA, A. J., “The Anonymous of Soissons”, en Contemporary Sources…, op. cit., pp. 223-238 (cit. en
adelante: Anónimo de Soissons).

28
24. Robert de Clari (h. 1170- h. 1216)87. A pesar de su participación también en la Cuarta
Cruzada, nos presenta una perspectiva totalmente distinta de la de otros cronistas. Su obra, La
conquista de Constantinopla, recoge los acontecimientos del Imperio latino hasta 1216. Se
trata de un caballero picardo de origen modesto, sin participación en la toma de decisiones, lo
que hace que su obra represente el punto de vista de las clases más humildes que suelen
descuidar otros testimonios o crónicas. Los hechos que narra son paralelos a los relatados por
Villehardouin, pero se presentan de una forma mucho menos heroica y en un estilo sencillo y
claro, porque va dirigida a un público más modesto, probablemente del mismo grupo social
que el escritor. Por otra parte, las descripciones de Clari son más detalladas y ricas que las de
Villehardouin, sobre todo, sus impresiones sobre Constantinopla y sus habitantes. Se detiene
así en elaboradas descripciones de los asuntos políticos internos bizantinos durante los
últimos años del siglo XII.
El texto corresponde plenamente al ideal caballeresco de comienzos del siglo XIII y se
convierte así en una fuente imprescindible para conocer la imagen de los bizantinos en un
momento tan importante para las relaciones greco-latinas. Refiere también Clari la forma
improvisada con la que se llevó a cabo la expedición, así como los distintos mundos que
regían a los jefes cruzados, por una parte, y a los otros componentes de la expedición, por
otra. Tuvo la suerte además de contemplar Constantinopla antes de ser saqueada por los
cruzados, una imagen de la que quedó inevitablemente impresionado. Clari desconocía el lado
oculto de los acontecimientos, las verdaderas razones del desvío hacia Constantinopla y su
asalto, pero culpa de ello a su jefe, el marqués Bonifacio de Montferrato, quien –en su
opinión– estaba empeñado en conquistar Constantinopla.
25. La Translatio Symonensis88. Su autor fue un clérigo anónimo que debió tomar la historia e
incorporarla en la furta sacra de otra narración. Describe el robo en Constantinopla de la
importante reliquia de San Simeón por siete venecianos identificados en la fuente, durante la
toma latina de la ciudad y su envío a Venecia. La reliquia llega finalmente a la ciudad italiana
y se encarga de ella Leonardo, Rector de la Iglesia de Parish, que con gran pompa y
ceremonia la deposita en la iglesia local.
Esta fuente tiene el gran valor de informarnos cómo se gestionó el saqueo de reliquias de
Constantinopla y su posterior traslado hacia Occidente. Se justifica religiosamente el robo
sacro por estar obrando bajo la gracia del Espíritu Santo y por hacerlo contra los griegos que
eran enemigos e impíos actores en este momento para los latinos.
26. Partitio Romaniae89. Se trata de un documento latino de gran importancia una vez que se
produce la conquista cruzada de Constantinopla, ya que su contenido es la división del
Imperio bizantino entre los señores francos y venecianos. El documento fue redactado en
Constantinopla a poco de ser iniciada la conquista definitiva de la ciudad y, al parecer, fue
enviado al papa Inocencio III para su ratificación. La autoría es anónima, aunque corresponde
en realidad a 24 autores: doce signatarios venecianos y doce en nombre de otros jefes
cruzados, francos en su mayoría, que intervinieron como escribanos o notarios y demás
fedatarios junto a otros juristas, pero en nombre de los grandes señores cruzados. Los
intervinientes y beneficiados en el texto por el reparto son muchos, entre otros, el dux Enrico

87
DUFORNET, J., “Roberto de Clari, La Conquête de Constantinople”, en D. Regnier-Bohler (dir), Croisades et
Pélerinages. Récits, chroniques et voyages en Terre Sante. XII-XVI. París, 1997, pp. 725-801 (cit. en adelante:
Robert de Clari).
88
PERRY, D. M., “The Translatio Symonensis and the Seven Thieves: A Venetian Fourth Crusade Fuerta Sacra
Narrative and the Looting of Constantinople”, en Th. F. Madden (ed.), The Fourth Crusade: Event, Aftermath,
and Perceptions. Aldershot, 2008, pp. 107-112.
89
CARILE, A., “Partitio Terrarum Imperii Romanie”, Studi Veneziani, 7 (1965), pp. 125-305.

29
Dándolo, que mantuvo un papel preponderante y obtuvo las mejores ventajas en el reparto del
territorio bizantino.
El interés de esta fuente reside en que se encargó de recoger y analizar los registros
griegos para proceder a la adjudicación entre los ocupantes de las propiedades recién
conquistadas. Por ello, a pesar de que el reparto es importante en sí mismo, más revelador es
aún el “inventariado” de registros y archivos fiscales imperiales que se recogieron para
elaborar la distribución de los lotes, si bien se observan algunas lagunas a la hora de la
descripción de los territorios. Por consiguiente, el documento es importante por los datos
valiosos que aporta sobre la administración bizantina de finales del siglo XII y principios del
XIII, al tiempo que muestra la significativa contribución veneciana en la composición del
documento que consumaba la división de los territorios bizantinos.
27. Gunther de Pairis (h. 1150- h. 1220)90. Este cronista-guerrero escribió la versión alemana
más importante de los acontecimientos acaecidos durante el desarrollo de la Cuarta Cruzada.
Se trata de un monje cisterciense de Pairis (Alsacia) que escribe entre 1205 y 1208 una
Historia Constantinopolitana basada en información oral transmitida por el abad Martin de
Pairis, participante de la expedición y al cual acompañó el cronista. El relato fluye en una
constante yuxtaposición de la casualidad humana y los designios de la Divina Providencia. La
historia secular y la historia sagrada coexisten en esta fuente, ya que los hechos de abril de
1204 con la toma de Constantinopla por los cruzados, constituyen en ella una serie de
momentos milagrosos de acuerdo con un plan divino.
La obra presenta los hechos desde un punto de vista muy crítico con los bizantinos, hacia
los que manifiesta una clara animadversión. También es relevante la clara posición anti-
veneciana del autor que acaba culpando a los venecianos de buena parte de los
acontecimientos negativos que tuvieron lugar durante la Cuarta Cruzada, tales como las tomas
de Zara y de Constantinopla. Justifica además el expolio “indebido” que llevó a cabo su señor,
el abad Martín, al cual la benevolencia divina eximirá de sus pecados. La obra se escribe,
pues, con el fin de justificar esta “piadosa” e “indebida” apropiación de reliquias de
Constantinopla con el beneplácito de Inocencio III.
28. Henri de Valenciennes91. Participante también en la Cuarta Cruzada y continuador de la
obra de Villehardouin donde éste la había dejado. Su obra lleva por título Historia del
Emperador Enrique de Constantinopla, reinado que conocía muy bien el autor, ya que era un
clérigo de su corte.
El texto es una fuente de primer orden para conocer los hechos sucedidos entre mayo de
1208 y julio de 1209 de los cuales fue testigo ocular, ofreciéndonos una imagen única de los
bizantinos durante ese período crucial de la conquista latina del Imperio. También constituye
una fuente interesante para el estudio del establecimiento de los cruzados no sólo en
Constantinopla, sino en todas las tierras antaño bizantinas. Por el contrario, es una fuente
escasamente imparcial.
29. Godofredo de Villehardouin (h. 1169- h. 1229)92. Mariscal de Champaña y uno de los
cronistas más famosos de la Cuarta Cruzada. Estuvo presente en todos los consejos de los
barones cruzados como uno de los señores más influyentes de la expedición, sirviendo
además de embajador entre venecianos y cruzados.

90
ANDREA, A. J., The Hystoria Constantinopolitana of Gunther of Pairis. Filadelfia, 1997 (cit. en adelante:
Gunther de Pairis).
91
ΑΝΤΥΠΑ, K., Ερρίκου της Βαλανσιέν, Η Ιστορία του Αυτοκράτορα Ερρίκου της Κωνσταντινούπολης. Atenas,
1987.
92
LONGNON, J., Geoffroy de Villehardouin, La Conquête de Constantinople. París, 1981 (cit. en adelante:
Godofredo de Villerhardouin).

30
Su obra, Conquista de Constantinopla, acabada en 1207, constituye el informe oficial de
la Cuarta Cruzada, ya que el autor estuvo ligado por fidelidad al séquito de importantes
caballeros y barones de la expedición. El hecho de que este historiador formara parte de la
elite de la cruzada, convierte su obra en una apología de la expedición cruzada contra
Constantinopla, por lo que muchos investigadores afirman que la escribió para justificar su
desviación.
A pesar de que su testimonio es considerado de los más preciados, debe utilizarse esta
fuente con cierto recelo, teniendo en cuenta que no es más que un alegato para justificar las
propias acciones del escritor y las de sus jefes. De este modo, más que falsear datos, el autor
oculta en su narración aquellos hechos que pueden afectar de forma negativa a la legitimidad
de la expedición y a la honorabilidad de sus protagonistas; por ejemplo, apenas figura en su
relato el saqueo de la capital bizantina. Godofredo formulaba así una especie de “teoría de los
accidentes o de las casualidades” que explicaba fácilmente el dramático resultado de la Cuarta
Cruzada. Bajo dicha teoría intentaba disfrazar la compleja trama política urdida contra el
Imperio bizantino por venecianos, cruzados y hasta por el propio papado.
30. Alberico de Tres Fuentes († h. 1242)93. Fue monje cisterciense en el monasterio de Tres
Fuentes de Chalôns-sur-Marne (Champaña) y destacó por su oratoria y sus labores cronísticas.
Se sabe que estuvo muy bien relacionado con la Corte francesa, aunque no se conoce que
desempeñara cargo político alguno.
La Crónica Albericiana de la Abadía de las Tres Fuentes fue compuesta entre 1227-1251
por Alberico y otros autores. Es una crónica universal en latín que abarca desde la Creación
del mundo hasta 1241. Lo importante de ella es que incluye pasajes relativos a la Cuarta
Cruzada, desde sus preparativos en Occidente, su paso por Venecia, la toma de Zara y otras
ciudades, la conquista de Constantinopla y la posterior coronación de Balduino de Flandes. El
relato se detiene cuando es elegido emperador el hermano de Balduino, Enrique. Contiene
algunos datos reseñables, por ejemplo, cómo se estaba negociando con Venecia el viaje de los
cruzados. El autor se suma a las advertencias de Inocencio III declarándose totalmente en
contra de la desviación de la cruzada hacia Zara y después hacia Constantinopla, y declara
que el objetivo de la expedición era Constantinopla, sin mencionar Tierra Santa como fin de
la misma.
Incluimos esta fuente entre las “fuentes menores” para la Cuarta Cruzada, al ser una
crónica escrita en Occidente cuando ya ha pasado algún tiempo de la caída de Constantinopla
de 1204. La obra se elabora pues, con relatos de segunda mano y parece que tomando como
fuente principal el Anónimo de Soissons.
31. Cronaca “A Latina”94. De autor anónimo, fue escrita entre los años 1343 y 1350. Recoge
la historia de Venecia desde el origen de la ciudad hasta finales de 1362. La obra se estructura
alrededor de una relación cronológica de los diferentes gobernantes de la ciudad y de los
principales acontecimientos que se produjeron durante su gobierno relatando sucesos tanto de
Venecia como de otros lugares del Mediterráneo relacionados con ella.
El interés para nosotros de esta fuente veneciana es que recoge en cinco páginas el
período en que gobernó Enrico Dándolo (1192-1205), uno de los protagonistas principales de
la Cuarta Cruzada y de la toma de Constantinopla. El relato, escrito más de un siglo después
de finalizar ésta, justifica y argumenta los actos políticos que cometieron en el pasado sus
gobernantes y conciudadanos, entre ellos la participación de Dándolo y sus súbditos: en el

93
ANDREA, A. J., “Alberic of Trois Fontaines, Chronicle”, en Contemporary Source…, op. cit., pp. 291-309
(cit. en adelante: Alberico de Tres Fuentes).
94
DI MONTENEGRO, C. N., Cronaca “A Latina”. Cronaca Veneziana del 1343. Spoleto, 2004 (cit. en
adelante: Cronaca “A Latina”).

31
caso de la primera toma de la capital bizantina justifica los hechos porque acontecieron de
forma casual y los venecianos no hicieron más que responder a la petición de ayuda de los
legítimos herederos al trono de Constantinopla; en la segunda, fue otro acto totalmente
legítimo, ya que los emperadores no les reconocieron su ayuda con el pago acordado.

32. Andrea Dándolo (1306-1354)95. Importante político y diplomático italiano nacido en


1306, en la importante familia de los Dándolo que jugó un importante papel político en la
ciudad de Venecia entre los siglos XII-XV. Fue elegido 54 dogo de Venecia con apenas 37
años, el 4 de enero de 1343; murió el 7 de septiembre de 1354. Escribió dos crónicas en latín
sobre la historia de Venecia, de la que nos interesa especialmente la más extensa, Cronica di
Venexia detta di Enrico Dandolo, escrita en el siglo XIV. En ella aparecen datos acerca de las
relaciones de Venecia con Bizancio y sobre la Cuarta Cruzada, aunque se trate de información
breve. Sin embargo, hay que sopesar una información que se hace desde el punto de vista
exclusivo de Venecia, exponiendo y justificando los acontecimientos de modo parcial.

2.2. Fuentes secundarias:

Ámbito bizantino:

1. Miguel Pseló (h. 1018-1078/96)96. Fue éste el nombre monástico que adoptó uno de los más
grandes intelectuales bizantinos de todos los tiempos.. Su Crónica es una fuente de gran
relevancia, ya que constituye un vivo retrato de la vida bizantina y particularmente de la
Corte, entre 976 y 1078, en la que él mismo jugó un destacado papel en calidad de consejero
de varios emperadores. Dado su carácter de memorias, siendo él mismo personaje de ella, su
objetividad no está todo lo presente que debiese en su relato, ya que las decisiones políticas
más transcendentales que se tomaron en dicho momento estuvieron influenciadas por él.
La obra, si bien es secundaria para el estudio de las Cruzadas, resulta interesante por las
noticias que proporciona sobre la difícil situación política por la que atravesaba el Imperio
bizantino en vísperas de las Cruzadas, asediado por eslavos, turcos y los que él llama
“bárbaros” (normandos). La fuente tiene el valor añadido de presentar las distancias
insalvables que separaban el sentir bizantino respecto del occidental, lo que permite calibrar
mejor los distintos comportamientos de ambos mundos respecto al fenómeno de las Cruzadas
y su paulatino alejamiento a raíz de las mismas.
2. Miguel Ataliates (1030/35-1085)97. Este jurisconsulto e historiador bizantino de Atalia
(Asia Menor), inició prontamente su carrera como funcionario en Constantinopla: profesor de
Romano IV (1068-1071), secretario de Miguel VII (1071-1078) al que acompañó en sus
campañas bélicas; más tarde, Magistrado y Presidente de los patricios con Nicéforo III (1078-
1081). Después de 1079 escribió una Historia que abarca desde 1034 a 1079/80 y consta de
dos partes escritas, al parecer, en épocas distintas: la primera concluye con el reinado de
Miguel VII, mientras la segunda se centra en el primer año de gobierno de Nicéforo III
Botaniates. Entre ambas existe un gran contraste, pues la primera es una exposición

95
PESCE, R., Andrea Dandolo, Cronixa di Venexia detta di Enrico Dandolo. Origini-1362. Venecia, 2010.
96
SIGNES CODOÑER, J., Miguel Pselo, Vida de los Emperadores de Bizancio. Madrid, 2005 (cit. en adelante:
Miguel Pselo).
97
PÉREZ MARTÍN, I., Miguel Ataliates, Historia. Madrid, 2002 (cit. en adelante: Miguel Ataliates);
LIUBARSKI, I. N., “Sobre la composición de la obra de Miguel Ataliates”, Erytheia, 11-12 (1990-91), pp. 49-
54; IDEM, “Miguel Ataliates y Miguel Pselo: ensayo de una breve comparación”, Erytheia, 16 (1995), pp. 85-
96.

32
pragmática de acontecimientos, mientras la segunda es un verdadero panegírico a Botaniates.
La obra tiene un marcado carácter de memorias, ya que su autor participó activamente en los
hechos que narra, adoptando muchas veces posturas acusatorias: da continuos consejos a
emperadores y generales; retrata a los soberanos como ineptos y a los bizantinos como un
pueblo cobarde y vil.
La obra no tiene mucho valor como fuente directa para el estudio de las Cruzadas, sin
embargo, proporciona una información meritoria sobre la situación del Imperio a poco del
comienzo de las mismas. En concreto, sobre uno de sus principales problemas en aquellos
momentos: los turcos, a los que parece que el propio Ataliates se enfrentó. Es el constante
avance de éstos el causante de la solicitud bizantina a Occidente de ayuda mercenaria;
Ataliates interpretó la petición como señal inequívoca de la debilidad militar y política del
Imperio, y, por consiguiente, como su imposibilidad para continuar protegiendo a la
Cristiandad.
3. Eustacio de Nicea98. Poco se sabe de su biografía, salvo que vivió en la primera mitad del
siglo XI y fue metropolitano de Nicea. Entre sus numerosas obras destacan sus tratados contra
los latinos y los armenios, que proporcionan información sobre las relaciones –ya muy
deterioradas– entre bizantinos y occidentales en vísperas de las Cruzadas.
4. Nicéforo Brienio (1080/1-1137)99. Este historiador y estadista, de saber enciclopédico,
nació en Adrianópolis y murió en Constantinopla. Representa la imagen típica del historiador
bizantino: un hombre de la capital, al servicio del emperador e incluso miembro de la familia
imperial, al contraer matrimonio con Ana Comnena, primogénita de Alejo I. Participó en
importantes acontecimientos del Imperio, entre otros, en la defensa de las murallas de
Constantinopla contra el asalto de la Primera Cruzada y en expediciones contra Bohemundo
que había irrumpido en el Épiro. A cambio de su ayuda recibió los títulos de Panipersebastós
y de César. A partir de 1118 no hay demasiados datos, aunque se sabe que escoltó los restos
mortales del Sebastocrátor Andrónico Comneno desde la orilla asiática de Constantinopla y
entre 1137/38 participó en una incursión contra los francos en Antioquía.
Su obra, Materia de Historia, pretendía tan sólo proporcionar material histórico
aprovechable en el futuro, aunque es un gran trabajo histórico por méritos propios. La
narración sigue rigurosamente el orden cronológico: los lib. I y II se centran en los hechos de
Oriente protagonizados por los antepasados de Alejo; los lib. III y IV se dedican a Occidente,
con dos protagonistas: Alejo y su abuelo Nicéforo; la última parte del lib. IV vuelve a los
acontecimientos de Oriente. Realiza además una amplia contribución etnográfica y geográfica
sobre las relaciones de las grandes familias bizantinas de la época, pero sobre todo, esboza la
imagen de un Imperio acosado en todas las fronteras y frentes que necesita ayuda mercenaria
para salir airosamente de su situación. El germen de la futura invasión latina primero de
Oriente y después de Bizancio, se está fraguando en el momento histórico en que escribe este
historiador.
5. Juan Cínamo (h. 1143/4-1203)100. Este historiador bizantino fue un estadista que llegó a ser
hombre de confianza del emperador Manuel I Comneno. Escribió una historia de Bizancio
bajo el nombre de Επιτομής, que comprende los años entre 1118-1180. Nuestro interés se
centra en la información que proporciona sobre la Segunda Cruzada y la expedición del rey

98
ΔΗΜΗΤΡΑΚΌΠΟΥΛΟΣ, Α., Oρθόδοξος Eλλάς, ήτοι περί Eλλήνων των γραψάντων κατά Λατίνων και περί
των συγγραμμάτων αυτών, Leipzig, 1872.
99
ΤΖΟΥΓΚΑΡΆΚΗΣ, Δ., Νικηφόρος Βρύεννιος, Ύλη Ιστορίας. Atenas, 1996; BALDRICH LÓPEZ, S., Nicéforo
Brienio, Materia de Historia. Granada, 2012 (cit. en adelante: Nicéforo Brienio).
100
BRAND, C. M., Juan Cinamo, The Deeds of John and Manuel Comnenus. Nueva York, 1976 (cit. en
adelante: Juan Cinamo).

33
francés Luis VII que fue recibida en Bizancio con todos los honores. También en sus
constantes referencias a las relaciones entre cruzados y bizantinos, en las que se muestra la
desconfianza bizantina hacia los latinos mucho antes de que se pusiera en marcha la Cuarta
Cruzada. Los latinos despiertan temores en Bizancio justo en el momento en que se inicia la
progresiva degeneración del espíritu de cruzada, algo evidente en el texto de este historiador.

6. Juan Zonarás (†1160)101. Nacido a finales del siglo XI, de una familia acomodada, pronto
alcanzó el puesto de Jefe de la Secretaría Imperial; más tarde, el de Jefe de la Guardia de
Alejo I Comneno y otros cargos posteriores con Juan Comneno. En 1118 cayó en desgracia en
la corte y se retiró al monasterio de Sta. Gliceria, en la isla del mismo nombre, en donde
escribió una Crónica Universal102. La obra narra los hechos desde la Creación hasta el año
1118. Se propone escribir una breve y objetiva historia sólo de aquellos hechos destacados y,
al contrario que sus contemporáneos, no quería derivar en demasía en la Teología. Pero la
obra concede excesiva importancia a los hechos eclesiásticos, apareciendo también noticias
extraordinarias e historias sobre los emperadores.
La última parte de la obra se ocupa de la época de Alejo I y guarda una estrecha
dependencia respecto a la de Ana Comnena. La narración presenta imperdonables lagunas
referidas a hechos contemporáneos, como la I Cruzada, sin ir más lejos. Sin embargo, aporta
datos fundamentales sobre la situación del Imperio bizantino acosado por los enemigos en
diversos frentes: para Zonarás los normandos fueron los principales.
7. Miguel Glycas († 1204)103. Nació en Sicilia o Corfú a principios del siglo XII y llegó a
ocupar importantes cargos en la corte bizantina como el de Secretario Imperial de Manuel I
Comneno, hasta que cayó en desgracia y fue cegado y encarcelado hasta su muerte.
Escribió una obra conocida como Βίβλος Χρονική, una Crónica Universal que comienza
con la Creación del mundo y llega hasta 1118, fecha de la muerte del emperador Alejo I
Comneno. Su fuerte carácter teológico, propio del estilo de la época, termina desviando la
obra de la información histórica. En ella se descubre la verdadera situación del Imperio en
vísperas de la Primera Cruzada y durante el transcurso de la misma, lo que permite atisbar
cómo afectó esta expedición a un Bizancio sorprendido y desconfiado ante la llegada de miles
de cruzados latinos.
8. Vida de Cirilo el Filoteo104. La obra fue escrita por el monje Nicolás Kataskepinós que
vivió en la primera mitad del siglo XII, en el monasterio de San Miguel Arcángel del Monte
Auxencio (Ponto). El relato recoge la vida de un ermitaño procedente de Tracia que se
convirtió después en fundador de un monasterio105. Para nuestro estudio contiene información
de gran valor, aunque breve, sobre el encuentro de Alejo I Comneno con los francos de la
Primera Cruzada, a los que retrata como enemigos del emperador y del Imperio. El choque
cultural y político entre los occidentales y los bizantinos fue previsible e inevitable.
9. Nicolás III el Gramático106. Patriarca de Constantinopla (1084-1111) y opuesto totalmente
al restablecimiento de la unidad eclesiástica con Roma.
101
ÁLVAREZ RODRÍGUEZ, A., Juan Zonaras, Libro de los Emperadores. Zaragoza, 2006 (cit. en adelante:
Juan Zonaras).
102
FACI, J. y PLÁCIDO, D., “La Historiografía lejos de la ciudad: el Imperio Romano desde el retiro monástico
de Zonaras”, Erytheia, 9 (1988), pp. 35-49.
103
LEGRAND, E., Miguel Glykas. Bibliothèque grecque vulgaire, I. 1880 (reed. Atenas, 1974).
104
AA. VVV., Νικόλαος Κατασκεπηνός, Βίος και Διδαχαί του εν Αγίοις Οσίου Κυρίλλου του Φιλεώτου. Atenas,
2006.
105
GAIFFIER, D., “Hagiografie et Historiografie: quelques aspects du problème”, Settimane di Studi sull’Alto
Medioevo, 16 (1969), pp. 139-166.
106
Nicolás III Gramático en J. P. MIGNE, Patrologia Graeca, 119, 864-884.

34
En su Correspondencia figuran algunas cartas de cierto interés como la sinodal de agosto
de 1084 dirigida a Alejo I Comneno, en la que menciona las invasiones eslavas del
Peloponeso. Esta fuente manifiesta desde el inicio de las Cruzadas, la total oposición de buena
parte de los bizantinos a mantener ni siquiera relaciones más o menos cordiales con los
latinos, y menos aún, a restablecer la unión eclesiástica dañada tras el Cisma de 1054.
10. Miguel Choniates (h. 1140-1220)107. Hermano mayor del historiador Nicetas Choniates,
nació en Frigia (Asia Menor) y llegó a alcanzar el cargo de metropolitano de Atenas. Tras la
caída de Constantinopla, rehusó aceptar las exigencias del Papa y abandonó Atenas. Tras su
paso por Salónica y Caristia, en 1217 se exilió voluntariamente en el monasterio de S. Juan
Bautista de la isla de Keos, hasta su muerte. Escribió numerosos trabajos de diversa índole,
discursos y unas 180 cartas a importantes hombres de Estado y cargos eclesiásticos, en las que
se aborda crudamente la precaria situación del Imperio bizantino justo en el momento
inmediatamente anterior y posterior a la Cuarta Cruzada. Choniates refleja el sentir bizantino
sobre estos dramáticos acontecimientos y su fuerte convicción de que eran transitorios108.
Como fuente histórica presenta algunos problemas, entre otros, que la mayoría de la
información que transmite se centra en la situación del obispado de Atenas. En cualquier caso,
se trata de una fuente objetiva, escrita por un testigo ocular, por lo que puede ser considerada
de interés para el estudio de la Cuarta Cruzada y los inicios del Imperio Latino de
Constantinopla.
11. Nicéforo Chrysoberges109. Este importante clérigo vivió entre los siglos XII y XIII, y fue
profesor de retórica en la Escuela Patriarcal de Constantinopla y metropolita de Sardes. Los
escritos que nos interesan son tres panegíricos o encomios con motivo de ascensos al trono:
dos dedicados a Alejo III (1195-1203) y otro a Alejo IV (1203-1204). Son también de su
autoría otros de ámbito eclesiástico de gran valor para la cuestión de la unión de las Iglesias
de la que él fue un enconado detractor. Los escritos de Nicéforo abordan aspectos políticos de
los reinados de Juan II Comneno, Alejo III y Alejo IV, así como la opinión popular ante la
unión de las Iglesias y el asedio cruzado de Constantinopla en 1204.
El panegírico-discurso a Alejo IV es de un valor excepcional para nuestro estudio, ya
que es el único testimonio de retórica que se conserva de los momentos en que tiene lugar la
toma de Constantinopla por los cruzados.
12. Juan Focas110. Se trata de un bizantino que visitó la zona de Palestina hacia 1184 durante
su peregrinaje a Jerusalén. Escribió una Breve descripción en la que recoge su experiencia,
muy reveladora en cuanto a las relaciones entre ambas cristiandades. Advierte en ella de cómo
eran maltratados los bizantinos en los Estados Latinos del Próximo Oriente. Los latinos
obligaban a los ortodoxos a pagar el diezmo y no se les permitía casi nunca practicar su rito
en las grandes iglesias de su confesión. Todo esto fue ahondando en las ya de por sí malas
relaciones entre ambos hasta acabar los bizantinos por ver con buenos ojos la reconquista de
la zona por Saladino.

107
LAMEROS, S. P., Michaelis Acominati, Opera. Atenas, 1880 (2 vols.), pp. 307-311.
108
“Esto [...] es lo que todos confían y anhelan: que tú restablezcas el trono de Constantino el Grande en el lugar
que le corresponde desde su origen por voluntad divina, y que se recupere toda la ciudad (es decir,
Constantinopla)”, en MAIER, Fr. G., Bizancio. Madrid, 1988, p. 303.
109
MERCATI, S. G., “Poesie giambiche di Niceforo Chrysoberges, me tropolita di Sardi”, Collectanea
Byzantina, I (1970), pp. 587-589.
110
STEWARD, A., “Juan Phocas. A brief Description”, en Palestine Pilgrims’ Text Society, vol. V. Londres,
1896.

35
13. Neófito el Enclaustrado111. Fue un conocido santo de Chipre que vivió en el siglo XII en
la región de Pafos, enclaustrado en una celda como muchos otros religiosos de la época. De su
correspondencia destaca la carta A cerca de los crueles de Chipre, que recoge noticias
políticas y religiosas de finales del siglo XII. La historia de Chipre se desarrolla bajo el
dominio de Isaac Comneno (sobrino-nieto de Manuel I), que se rebeló contra el emperador
Andrónico I Comneno (1183-1185) estableciendo su propio gobierno y separando la isla del
Imperio. No obstante, este dominio no duró mucho, ya que en 1191 la isla fue conquistada por
Ricardo I Corazón de León que aprisionó a Isaac y la entregó primero a la Orden de los
Templarios y en 1192, al antiguo rey de Jerusalén, Guido de Lusiñán.
Se trata de una obra imprescindible para conocer la caída del pueblo y de la Iglesia
ortodoxa de Chipre con los latinos, bajo cuya dominación estuvieron cuatrocientos años. Fue
un durísimo precedente histórico de la Cuarta Cruzada.
14. Teodoro Scutariotes112. Nacido en la segunda mitad del siglo XIII, perteneció al círculo de
intelectuales de Teodoro II Láscaris (1254-1258). En época del emperador Miguel VIII (1259-
1282) participó en los proyectos a favor de la unión de las Iglesias que tuvieron lugar en
Constantinopla. Como declarado unionista, fue enviado en 1277 a Roma para conseguir dicha
unión, pero fue depuesto cuando se impuso lo contrario. Su destino cambió, sin embargo,
cuando apoyó a Andrónico II Paleólogo (1258-1328), llegando a ser obispo. Se desconoce la
fecha exacta de su muerte.
Su crónica, Σύνοψις χρονική, escrita después de 1262, es una crónica que abarca desde la
Creación del mundo hasta la reconquista de Constantinopla en 1261. Su información sobre la
dominación latina de Constantinopla es de gran valor, especialmente sus argumentos que
desmienten la puesta en marcha de las Cruzadas en base a la supuesta petición de ayuda
bizantina. Libera al emperador Alejo I de cualquier responsabilidad en el inicio de las
Cruzadas que sólo recae en el papa Urbano II, quien había visto mermada su autoridad por la
Querella de las Investiduras y se hallaba contrariado por la desobediencia de la Iglesia
bizantina respecto al “Primado” de Roma.
En general, podemos afirmar que se trata de una fuente importante con información sobre
la Cuarta Cruzada y la ocupación latina de Constantinopla, la historia del Imperio de Nicea y
la recuperación de la ciudad por los bizantinos. Puede complementar a otras fuentes de gran
relevancia como Nicetas Choniates o Jorge Acropolites,
15. Joél113. Este cronista bizantino del siglo XII y principios del XIII, nos ha legado una
crónica (Χρονογραφία Εν Ευνόφει) en la que recoge los sucesos universales desde la Creación
del mundo hasta 1204, fecha en que se detiene probablemente por su muerte.
En general, se trata de una fuente de importancia secundaria para las Cruzadas, ya que la
información que contiene es breve y concisa, pero no debemos olvidar que estamos ante un
texto contemporáneo de la Cuarta Cruzada que además proporciona información sobre las
relaciones entre bizantinos y occidentales.
16. Efraím114. Monje tracio que vivió entre fines del siglo XIII y principios del XIV, y
escribió una Crónica en torno a 1313. La obra recoge la historia de todos los emperadores de
Roma y Constantinopla hasta Miguel Paleólogo (1261), con especial atención a la época de
los Comneno y con información sobre la Cuarta Cruzada. Destaca especialmente en ella la
manifiesta oposición hacia la Iglesia latina, fiel reflejo del sentir generalizado del pueblo
bizantino hacia los occidentales en la época en la que vivió el autor. El problema del texto es

111
ΤΣΙΚΝΟΠΟΥΛΛΟΥ, Ι. Π., “Περί των κατά την χωραν Κύπρον σκαιών”. Byzantion, 39 (1969), pp. 336-339.
112
SATHAS, N., Theodore Skutariotes, Chronicle. París, 1894, vol. 7, pp. 1-556.
113
IADEVAI, F., Ιωήλ, Χρονογραφία έν συνόψει. Μεsina, 1979.
114
ΛΑΜΦΙΔΗ, ΟΔ., Efraïm de Bonn, Χρονογραφία. Atenas, 1984.

36
que es posterior a los acontecimientos que narra, por lo que es preferible utilizar las fuentes
que Efraím manejó: Zonarás, Nicetas Choniates y Jorge Acropolites.

17. Alexis Makrembolites115. Este bizantino del siglo XIII proporciona alguna información en
su Discurso Histórico sobre los occidentales y sus relaciones con los bizantinos. Su discurso
desprende un fuerte patriotismo y un odio muy arraigado en todos los estamentos sociales
hacia el occidental y todo lo proveniente de Occidente, no sólo las gentes, sino la cultura, la
vestimenta, etc.
18. Nicolás Eirenikós116. Se conocen pocos datos biográficos sobre él, salvo que desempeñó
el cargo de Chartophylax o archivero eclesiástico y que escribió una obra muy famosa en su
época. Se trata de un poema escrito con motivo del aniversario matrimonial entre el
emperador de Nicea Juan III Vatatzés (1192/3-1254) y Constanza Hohenstaufen (Ana de
Bizancio), hija de Federico II. La fuente proporciona abundante información sobre el
ceremonial y la cultura de la corte bizantina de Nicea. Hay que tener en cuenta que después de
1204, fue en el exilio de la corte bizantina en Nicea en donde se mantuvo la tradición y el
espíritu griego que en 1261 llevó a cabo la reconquista de Constantinopla.

19. Teodoro Metoquita (h. 1260/70-1332)117. Estadista y erudito bizantino nacido en


Constantinopla en una familia cultivada. Su padre, Jorge Metoquita, era un ardiente partidario
de la unión de las Iglesias, asociado al patriarca Juan Becos y embajador de Miguel VIII en la
corte pontificia. A raíz de la violenta reacción antiunionista que estalló a la muerte de este
emperador (1283), sus padres fueron exiliados a Asia Menor y él tuvo que continuar su
formación de forma autodidacta. Sin embargo, tras una visita de Andrónico II a la región
entró al servicio imperial ocupando importantes cargos en la Corte. En 1295 formó parte de la
legación a la Chipre católica de los Lusiñán y después a Armenia en busca de una esposa para
el coemperador Miguel IX; tras el éxito alcanzado, recibió sucesivamente los cargos de
“Logoteta de los Dominios Privados” del emperador, “Gran Logoteta” y “Logoteta del
Tesoro”. Tras la abdicación de Andrónico II en 1328 sufrió exilio en Didimótico (Tracia),
aunque a los dos años se le permitió regresar a Constantinopla, instalándose en el monasterio
imperial de Chora en donde murió.
Sus numerosos escritos fueron recogidos bajo el título de Misceláneas y constituyen una
privilegiada fuente sobre la realidad histórica del momento. En ellos refiere que si bien, el
golpe definitivo que hizo desaparecer a Bizancio se lo dieron los turcos en 1453, son los
occidentales los que a raíz de las Cruzadas fueron minando al Imperio. Visualiza además el
fin de Bizancio en la escena histórica del mundo, obedeciendo a la simple ley universal de la
creación y destrucción de los imperios.
20. Job, Vida de la Emperatriz Teodora118. Fue escrita en el siglo XIII por un monje llamado
Job que habitaba en un monasterio del Despotado de Épiro. Contiene el relato de la vida de la
ilustre Teodora Petralifina, esposa del déspota del Épiro Miguel II Ángel (1231-1271).
A pesar de que el autor se centró más en lo pío y devocional que en la exactitud y
veracidad de los datos biográficos, este relato hagiográfico tiene gran valor como fuente
histórica, al mencionar la conquista de Constantinopla por los cruzados y recoger su

115
SEVCENKO, I., “Alexios Makrembolites and his Dialogue between the Rich and the Poor”. Zbornik radova
Vizantoloskog instituta, 6 (Belgrade: 1960), pp. 187-220
116
HEISENBERG, A., Aus der Gesghichte und Literatur der Palaiologen Zeit. Múnich, 1920, pp. 100-105.
117
ΠΟΛΕΜΗΣ, I., Θεόδωρος Μετοχίτης, Οι δύο βασιλικοί λόγοι. Atenas, 2007.
118
TALBOT, A.-M. (ed.), “Life of St. Theodora of Arta”, en Holy Women of Byzantium: Ten Saints’Lives in
English Translation. Washington, 1996, pp. 323-333.

37
liberación años después. Aunque la información que proporciona es bastante escasa, no
debemos olvidar que estamos ante una fuente contemporánea de dicho acontecimiento.
21. Laónicos Calcocondilas (1423-1490)119. El que fuera discípulo del gran humanista
bizantino Jorge Gemisto Pletón, redactó a finales del siglo XV una obra histórica con el título
Demostraciones de la Historia, también conocida como Historia de los bizantinos y los
otomanos. En ella hace un breve resumen de la historia universal, desde los asirios hasta el
Imperio Otomano, centrándose en la conquista de Constantinopla por los turcos y la caída del
Imperio bizantino (1453).
La obra tiene un gran sentido histórico y crítico, además de una objetividad fuera de
duda. La dramática situación histórica del momento en el que vivió hace que su trabajo no
tenga precedentes en la historiografía bizantina. Se trata del primer escritor que escribiendo en
lengua griega, no hace sólo historia del Estado bizantino, sino también de los otomanos,
además de divagaciones sobre otros reinos europeos y sobre la nueva realidad política de su
época. Se mencionan en ella acontecimientos relacionados con la Cuarta Cruzada y
especialmente, las relaciones entre bizantinos y occidentales. Pero cobra valor para nosotros
en el sentido de que refleja el cambio ideológico y político bizantino forjado a raíz de la
Cuarta Cruzada.

22. Documentos bizantino-venecianos120. Es una colección de documentos relacionados con


Venecia y Anatolia relativos a las relaciones comerciales entre venecianos y bizantinos entre
814/20 y 1299. Entre ellos existen algunos de gran valor histórico al contener información
sobre la Cuarta Cruzada y el establecimiento de los venecianos en territorio bizantino.
23. Documentos bizantinos-genoveses121. Colección de documentos concernientes a Génova y
Bizancio, y datados entre los siglos XII al XIV. Son, por lo general, de tipo diplomático y
proporcionan alguna información sobre la Cuarta Cruzada y las consecuencias inmediatas de
ésta, entre las que destaca el establecimiento masivo de genoveses en territorio bizantino.
24. Breve Crónica de Lesbos122. Se trata de un pequeño trabajo compuesto en Mitilene, capital
de la isla de Lesbos, entre 1409 y 1428, que recoge información local sobre dicha isla bajo el
dominio de la familia genovesa de los Gattilusio.
Esta fuente deber ser considerada secundaria para el estudio de la empresa, pero cobra
valor al evidenciar las consecuencias directas e indirectas de la Cuarta Cruzada para el
Imperio bizantino. Ese fue el punto de partida a partir del cual, además de los Estados
Latinos, comenzaron a crearse dos grandes imperios coloniales en Bizancio: el veneciano y el
genovés, del que esta familia de los Gattilusio constituye una muestra.
25. Leoncio Majerás (h. 1360-1450)123. Nacido en Chipre, se sabe que desempeñó un
importante papel político en su isla, especialmente en las luchas para expulsar a los genoveses
de ella.

119
ΝΙΚΟΛΟΥΔΗΣ, N., Λαονίκου Χαλκοκονδύλη, Βυζαντίου Άλωσις. Atenas, 1997 (cit. en adelante: Laónico
Calcocondilas).
120
TAFEL, G.L. Fr., y THOMAS, M. (eds.), Βυζαντινά-Βενετικά Έγγραφα. Urkunden zur älteren Handels-und
Staatsgeschichte der Republik Venedig, mit besonderer Beziehung auf Byzanz und die Levante I-III (Fontes
Rerum Austriacarum II: Diplomataria et acta, 12-14). Viena, 1856-1857.
121
BERTOLOTTO, G., “Βυζαντινά-Γενουατικά Έγγραφα. Nuova serie di documenti sulle relazione di Genova
coll’impero bizantino”. Atti della Società Ligure di Storia Patria. Appendice al volume XXVIII. Roma, 1902.
122
DENNIS, G.T., .Χρονικόν Βραχύ Λέσβου. “The Short Chronicle of Lesbos. 1355-1428”, Byzantium and the
Franks. 1350-1420. Londres, 1982.
123
CHATZISAVAS, A., Leontios Machairas, Une Histoire du Doux Pays de Chypre. París, 2002.

38
Su Historia del dulce país de Chipre es uno de los textos más importantes de los que
disponemos sobre la Chipre medieval. Fue escrita entre 1423 y 1431 basándose en textos
anteriores, impresiones personales y documentos oficiales a los que tuvo fácil acceso por
pertenecer a la élite local. La obra dedica una parte esencial a la ocupación de la misma por
los latinos de la Tercera Cruzada con Ricardo I Corazón de León y a su posterior
organización. El autor puede ser presentado como un historiador nacional que pretende
integrar los hechos de la Casa de los Lusiñán como parte de la historia chipriota y conseguir
así la simbiosis entre francos y griegos. En general, redacta en su obra un panegírico o
propaganda de las bondades de los francos, pero en algunos pasajes critica aspectos de la
nobleza franco-chipriota tales como su estrechez de miras y una arrogancia en cuanto a la
estrategia política y realidad histórica que llevará a Chipre a ciertos desastres.
La simbiosis que se produce entre los dominadores francos y una parte de la población de
la isla, representada en Leoncio y su familia, es algo que nunca ocurrió en la Constantinopla
latina, lo que nos lleva a utilizar esta fuente para estudiar comparativamente su modelo de
ocupación frente al de la capital bizantina.
26. Miguel Ducas (h. 1400- h. 1470)124. Nacido en Asia Menor, no está claro que su nombre
fuera el de Miguel, aunque sí que era del linaje de los Ducas como él mismo afirma. Hacia
1421 se encuentra en Focea como secretario del podestá genovés Genovati Adorno y algún
tiempo después en la isla de Lesbos bajo soberanía de los Gattilusio a cuyo servicio estuvo
como secretario. Hacia 1451, con el ascenso del sultán Mehmet II, Ducas se encontraba en
Adrianópolis y parece que ocupó algún cargo importante en el Almirantazgo de la flota turca
en Mitilene. En noviembre de 1452 estaba en Didimótico por orden del sultán, asistiendo a la
ejecución de unos marinos venecianos. Se desconocen sus movimientos posteriores, aunque
se intuye que murió de forma violenta durante la caída de Mitilene, ya que su relato se detiene
bruscamente ese mismo año.
Entre 1450-1462 escribió una Historia turco-bizantina que hace referencia a la vez a la
expansión turca y al Bizancio de los últimos siglos. Aunque arranca desde la Creación del
mundo, su auténtica narración comienza a partir del año 1341, con la muerte de Andrónico III
Paleólogo y se vuelve más detallada desde 1389, con el ascenso de Bayaceto I y el reinado de
los tres últimos emperadores Manuel II, Juan VIII y Constantino XI. Nos interesa
especialmente la revisión cronográfico-genealógica hasta la Cuarta Cruzada del primer
capítulo de la obra. Si bien no pudo ser testigo presencial del sitio de Constantinopla, al
encontrarse en Lesbos, sí que pudo comprobar la destrucción posterior de la ciudad cuando
llegó en 1456, como embajador de los Gattilusio, a la corte del sultán Mehmet II. Está claro
que sus conocimientos lingüísticos –griego, turco e italiano– le facilitaron recabar
información de primera mano entre cautivos y combatientes de ambos bandos. Ducas era un
amante de la realidad y de la exactitud, y su retrato de los dos personajes principales del
momento, Mehmet II y Constantino XI, es valiosísimo.
Ducas no culpa de las dos caídas del Imperio bizantino –bajo latinos y turcos– a ningún
elemento foráneo, sino que afirma sin pudor que tales males se deben a los “pecados de
nuestra nación”125. La infausta suerte de los romanos fue –según él– la que extendió el odio y
sembró la envidia, pues los que sobresalen en la virtud son los más odiados 126. Dios se sirvió
de los turcos, los italianos (venecianos y genoveses) y albaneses como instrumento para
castigar a los romanos.

124
ORTOLÁ SALAS, J.; ALCONCHEL PÉREZ, F., Ducas, Historia Turco-Bizantina. Madrid, 2006 (cit. en
adelante: Ducas).
125
Ibídem, pp. 80, 98, 100, 145-146, 196-197, 222-225, 242, 249 y 257-258.
126
Ibídem, pp. 71-72.

39
27. Jorge Sfrantzés (1401-1477)127. Historiador y funcionario bizantino del que se conocen
una Crónica llamada Minus (un diario), que es una continuación adulterada de su crónica
Maius; recoge los acontecimientos entre 1413-1477. Se trata de una fuente posterior y de
dudosa paternidad, pero aún así ha de ser tenida en cuenta ya que refiere la toma de
Constantinopla por los francos en 1204 y aporta, sobre todo, una novedosa visión de la
misma, ya que su autor da mucha relevancia en ella al dux Enrico Dándolo, quien ideó y supo
llevar a cabo una Cruzada contra Bizancio.
Esta crónica ha levantado arduos debates por la autenticidad de los hechos que narra,
pues muchos consideran que se falsea la verdad y que se fantasea sobre los acontecimientos.
A diferencia de Ducas, partidario de la unión de las Iglesias, la profunda ortodoxia de
Sfrantzés le lleva a oponerse abiertamente a los latinos.
28. Crónica de Galaxidi128. Fue escrita entre finales del siglo XVII y principios del XVIII, por
un monje del monasterio de El Salvador en Galaxidi, llamado Eutimio Hieromónachos. Se
trata de una resumida historia del golfo de Corintio y Lidoriki entre 981 y 1703. El texto supo
conjugar la tradición bizantina de las crónicas locales o universales con la etapa en la que se
comenzaba a desarrollar la literatura griega contemporánea. Su estilo es sencillo y popular,
con la clara intencionalidad de ser entendida por el pueblo.
La crónica presenta bastantes deficiencias: repeticiones, falta de estilo personal y
pequeñas divagaciones populares, producto de la autoría de un monje que tenía más voluntad
que conocimientos. Sin embargo, goza en general, de gran veracidad histórica y debemos
quedarnos con su sincero sentido patriótico y antioccidental, su concepto de la libertad, sus
creencias populares fuertemente arraigadas y una profunda fe ortodoxa frente al mundo latino
y otomano.
Esta fuente es muy posterior a la época de la Cuarta Cruzada y su contenido resulta muy
localista, pero presenta valor histórico en cuanto a sus referencias a los ataques normandos a
Bizancio en vísperas de las Cruzadas, alusiones a la toma latina de Constantinopla en 1204 y a
las luchas que desde ese momento se iniciaron entre francos y bizantinos. Para nosotros, esta
crónica es primordial para comprender el profundo sentimiento antioccidental infundido por
las Cruzadas en el pueblo griego.

Ámbito franco:

29. Conon de Béthune (1150-1220)129. Perteneciente a la familia de los condes de Béthune,


este trovador medieval se hizo cruzado en dos ocasiones: en 1189 y 1204. Participó de forma
muy activa en la Cuarta Cruzada, viajando en 1201 a Venecia junto a Villehardouin para
negociar el paso de los cruzados a Tierra Santa; con posterioridad llegó a ocupar en el Imperio
Latino de Constantinopla los importantes cargos de Senescal y Regente. Entre otras obras, fue
autor de una canción de cruzada, Ahí! Amours, redactada en francés al parecer después de la
caída de Jerusalén (el 2 de octubre de 1187) reproduciendo los dos temas clásicos de los
cantares: el sermón y la canción de amor.
La obra de Conon no es una fuente histórica convencional, pero proporciona un valioso
testimonio al reflejar el complejo mundo de los grandes ideales y el profundo sentido del
honor, los sentimientos mundanos y las ambiciones entre los que se debatieron los cruzados a
finales del siglo XII y principios del XIII. En sus versos tienen cabida el temor de los

127
ΜΟΝΙΟΥ, Δ. Ι., Γεωργίου Σφραντζή, Βραχύ Χρονικό. Atenas, 2006.
128
MORENO JURADO, J. A., Eutimio Hieromónachos, Crónica de Galaxidi. Sevilla, 1998.
129
BRUNEL, G y LALOU, E. (eds.), “Conon de Béthune, Ahí! Amours”, en Sources D’Histoire Médiévale. IX-
Milieu du XIV Siècle. París, 1992, pp. 374-376.

40
cruzados ante lo que les esperaba, su miedo a la muerte, el pánico ante el enemigo, la
ansiedad ante la enfermedad o el recelo ante la pobreza.
Por otra parte, Conon vinculaba en sus versos el aspecto más mundano de la caballería
con las Cruzadas en un momento en que esta empresa se había convertido en una oportunidad
nada despreciable para los grandes y pequeños señores feudales occidentales, para demostrar
sus cualidades guerreras, su poder político o su clase social, además de para conseguir la
fortuna que en Ocidente se les negaba. Los ideales religiosos y el deseo de obtener
recompensas espirituales, sin embargo, aún subsistían en buena parte de los participantes de la
expedición.

30. Ricardo el Peregrino130. Se trata de un peregrino francés de finales del siglo XI al que se
atribuye la autoría de la Canción de Antioquía, un larguísimo poema que relata gran parte del
desarrollo de la Primera Cruzada hasta la toma de Antioquía.
El valor principal de esta fuente es que constituye un cantar de gesta, un tipo de textos
que debieron circular en el período de las Cruzadas por todo Occidente y cuya finalidad era
propagandística: incitar a los cristianos a participar en ellas. Mientras el papado explotaba el
espíritu religioso con sus llamamientos a las Cruzadas, este tipo de cantares explotaban el
espíritu caballeresco y épico. El problema del texto es que su pertenencia al género de los
Cantares de Gesta hace que haya sido escrito quizás bastante tiempo después de que hubiesen
ocurrido los hechos narrados, alterándose en ella a conveniencia la realidad histórica y
magnificándola en el caso de la labor llevada a cabo por los participantes de la Primera
Cruzada.

31. Guillermo de Tiro (h. 1130-1185)131. De origen francés o italiano, nació en Jerusalén en
una familia no perteneciente a la nobleza. Fue educado, sin embargo, con esmero y se sabe
que conocía el latín, el griego y el árabe. Entró en la Iglesia siendo muy joven y hacia 1146
viajó a Europa para continuar sus estudios en París, Orleáns y Bolonia. En 1165 estaba de
vuelta en Tierra Santa donde fue nombrado Canónigo de la Catedral de Acre, y dos años más
tarde, Archidiácono de la Catedral de Tiro, por el propio rey Amalarico I de Jerusalén. En
1168 fue enviado en misión diplomática a la corte del emperador Manuel I Comneno para
firmar el acuerdo de una acción militar conjunta contra Egipto. En 1170 se convirtió en tutor
del hijo y heredero de Amalarico: Balduino IV. Fue entonces cuando comenzó a escribir una
historia del reino bajo el patrocinio real. En 1179 lo encontramos en el Tercer Concilio de
Letrán, con la intención de convencer infructuosamente al Papa de la necesidad de una nueva
cruzada; en cambio, éste sí le encargó a él la misión de ir ante el emperador bizantino Manuel
y desde Constantinopla volvió a Jerusalén en 1180.
Escribió una Historia rerum in partibus transmarinis gestarum o Historia Ierosolimitana,
que versa principalmente sobre la historia de Tierra Santa desde la época de Mahoma hasta
1184. Es una extensa crónica inacabada por su muerte, que comienza con la conquista de Siria
por el califa Umar, trata sobre la Primera Cruzada y la posterior evolución histórica del Reino
de Jerusalén.
El relato presenta un destacado valor histórico, ya que su autor visitó Bizancio en
momentos críticos de su historia. Los versos sobre su primera embajada en 1168
acompañando a Amalarico, recogen el poder que ostentaba Manuel I en el momento de mayor
esplendor del Imperio bizantino. Por el contrario, la última visita que realizó a Constantinopla
hacia 1179-1180, poco tiempo después de la estrepitosa derrota de Miriocefalon (1176) ante

130
REGNIER-BOHLER, D., (dir.), “Ricardo el Peregrino, La Chanson d’Antioche”, en Croisades et
pèlerinages. Récits, chroniques et voyages en Terre Sante XII-XIV siècle. París, 1997, pp. 29-169.
131
Idem, “Guillermo de Tiro. Chronique”, en Croisades et pèlerinages.., op. cit., pp. 499-724 (cit. en adelante:
Guillermo de Tiro).

41
los turcos, le recuerda que está en la capital de un Imperio que comienza a resquebrajarse en
el terreno político.
32. Jakemes Sakesep o Guy de Coucy o Couci (1160-1203)132. Los investigadores no se
ponen de acuerdo sobre el nombre auténtico de este personaje. En cualquier caso, el
Castellano del Castillo de Coucy se sabe que fue un célebre trovador que compuso una
canción de partida contenida en El Romance del Castellano de Coucy y la Dama de Fayel, de
la que se ha conservado la melodía.
Nos interesa el texto porque este castellano participó en la Tercera Cruzada y murió en
1203 al comienzo de la Cuarta. No se trata de una fuente histórica convencional, pero
proporciona un valioso testimonio sobre lo que debieron sentir los cruzados –algo que las
fuentes oficiales no transmiten– como su dolor ante la partida y la incertidumbre por lo que le
esperaba, todo ello impregnado de una fuerte creencia en Dios y en sus designios. En
cualquier caso, al tratarse de una obra poética, se debe tener precaución como fuente en
cuanto a los datos históricos que proporciona y detenerse más en los de tipo sociológico y
etnográfico.

33. Roberto de Auxerre (1156-1212)133. Fue un cronista francés del monasterio de San Marien
que, a petición de su abad, escribió un Chronicon, una historia universal desde la creación del
mundo hasta 1211, que es una mera compilación de obras anteriores, aunque original para el
período entre 1181 y 1211.
Se trata de una de las fuentes más valiosas para la historia del reinado de Felipe Augusto
de Francia, que recoge acontecimientos históricos de otros países, sobre las Cruzadas y
asuntos de Oriente. El relato alude a la Cuarta Cruzada, lo que evidencia el eco que este
acontecimiento tuvo, a pesar de que la mención es breve y lejana en el espacio geográfico.
34. Correspondencia de Federico II Hohenstaufen134. El que fuera emperador del Sacro
Imperio Romano Germánico, rey de Sicilia, Chipre y Jerusalén (1212-1250), fue también
excepcional por su vasta cultura y don de lenguas, llegando a ser comparado con el basileus
bizantino-niceo Teodoro II Láscaris. Representante de la causa gibelina se aproximó bastante
a los bizantinos, a causa de su conflicto con Roma y con el Imperio Latino de Constantinopla,
aliándose y enlazando matrimonialmente con Nicea. Su muerte privó a Bizancio de un
importante aliado, ya que su hijo Manfredo, rey de Sicilia, al contrario que su padre, lo
consideró como enemigo.
La Correspondencia de Federico es de gran valor histórico. De ella destacan la Carta con
motivo de la muerte de Miguel I Ángel Comneno (gobernante de Épiro) de 1215 solicitando el
paso sin trabas de las tropas de Nicea, y las Cartas a Juan III Ducas Vatatzés (1222-1250) de
contenido dogmático-polémico. Por tanto, esta fuente es de interés para el estudio de Bizancio
en la época en la que se estaba consolidando tanto el Imperio Latino de Constantinopla como
los Estados griegos, principalmente el de Nicea.

35. Ernoul135. De este autor no sabemos nada salvo que debió vivir en los territorios francos
de Siria y que terminó en 1227 una Crónica continuando la obra de Guillermo de Tiro. Su
crónica –muy difundida en Occidente– aborda los años 1180 a 1204 en base a su propia
cosecha, para recoger la perspectiva de los Estados Latinos durante el primer cuarto de siglo.

132
Idem, “Jakemes, El Romance del Castellano de Coucy y la Dama de Fayel”, en Croisades et pèlerinages.., op.
cit., pp. 7-9.
133
HOLDER-EGGER, A. (ed.), Monumenta Germaniae histórica Scriptores. Hanover, 1911.
134
FESTA, N., “Le lettere greche di Federico II”. Arhivio Storico Italiano, V, 13 (1984), pp. 1-34.
135
MORGAN, M. R., La Chronicle of Ernoul and the Continuation of William of Tyre. Londres, 1973.

42
Ernoul presenta alguna información interesante sobre la historia de las colonias francas
en Tierra Santa en el siglo XIII. Participó además en la Cuarta Cruzada y sostiene la teoría de
que fueron los venecianos los culpables del saqueo de Constantinopla en 1204.
36. Marino Sanudo el Viejo o Torcello (h. 1260/70-1338)136. Viajero y geógrafo veneciano
conocido sobre todo por sus viajes por Palestina. De noble familia veneciana descendiente de
un tal Marco Sanudo, sobrino del dogo Enrico Dándolo que participó en la Cuarta Cruzada y
después de ésta se convirtió en duque del Archipiélago y conquistador hacia 1207 de Naxos,
Paros, etc. De esta forma, nuestro autor pasó gran parte de su vida en tierras bizantinas,
especialmente en Morea, pero visitando también Chipre, Rodas, gran parte de Siria, Cilicia,
las costas egipcias, Acre, Alejandría o Constantinopla.
Marino llevó a cabo cinco viajes a Palestina, con los que trataba de revivir el espíritu de
las Cruzadas, y fruto de ellos fue su famosa obra Secreta fidelium Crucis, que versa sobre la
historia, el comercio, la política y las rutas comerciales de Tierra Santa. La obra fue
presentada por el papa Clemente V en 1307, como el verdadero manual del cruzado para ir a
la conquista de Tierra Santa. Entre 1312 y 1321 escribió dos libros más sobre el mismo tema
que fueron presentados en 1321 por el papa Juan XXII y que contenían valiosos mapas del
mundo, de Palestina, del Mediterráneo, del mar Negro y de las costas europeas, así como unos
útiles planos de las ciudades más importantes de la región: Jerusalén, Antioquía y San Juan de
Acre.
Escribió además otras obras como: Historia Hierosolymitana, Liber de expeditione
Terrae Sanctae y Opus Terrae Sanctae. Entre 1328-1333 escribe la Istoria de Romania, en la
que recoge los continuos enfrentamientos entre griegos y latinos por el control en la zona,
junto a un importante episodio histórico para Bizancio: la reconquista de Constantinopla en
1261. Hay que tener en cuenta que fue escrita por un descendiente de un participante de la
Cuarta Cruzada y por ello, su visión sobre los griegos y los latinos es del todo subjetiva,
apoyando claramente a los últimos.
37. Gran Conquista de Ultramar137. Se trata de una versión castellana anónima de relatos
medievales sobre los hechos de los cruzados. Existe una polémica en su fecha de
composición, ya que se han propuesto dos momentos, el reinado de Alfonso X El Sabio o el
de Sancho IV (incluso bajo Fernando IV, algo menos aceptado). La obra, en cualquier caso,
fue escrita entre 1291 y 1295. La obra puede resultar interesante al representar una visión más
peninsular del hecho de las Cruzadas. Incluso podemos hablar de la introducción de este
relato en un programa político en el que la lucha contra los musulmanes del Reino Nazarí de
Granada y la exaltación del valor de los cristianos resultasen fundamentales para completar la
“Reconquista”.
La obra recoge información interesante sobre la Cuarta Cruzada en cuanto a su
organización, las negociaciones con Venecia, la toma de Zara, el pacto sellado con Alejo IV,
la toma de Constantinopla y hasta la coronación de Balduino como emperador. Refiere cómo
Venecia firmó un tratado con Egipto, supuesto destino de la expedición, antes de que la
Cruzada se pusiese en marcha. Incluso a su parecer, el propio Ricardo Corazón de León ya
tuvo entre sus objetivos tomar Constantinopla después de la conquista de Jerusalén.
En cuanto a su fiabilidad, hay que tener en cuenta que se trata de un relato muy posterior
a los hechos, con un marcado carácter propagandístico y bastante novelesco.

136
PAPADOPOULOU, E., Marino Sanudo Torsello, Historia di Romania. Atenas, 2000.
137
COOPER, L. (ed.), La Gran Conquista de Ultramar. Madison, 1989 (cit. en adelante: La Gran Conquista de
Ultramar).

43
38. Assises de Romania138. Son un conjunto de actas legislativas y reglas consuetudinarias de
la zona de Romania impuestas después de la conquista con un sentido de continuidad social e
histórica. Los Assises fueron compuestos en el Peloponeso franco entre 1333 y 1346, y
aparecen bajo el nombre de los soberanos a los que se les atribuye cada determinada ley, y
finalmente aparecen en un único código. Para su composición se usa la legislación occidental,
con los valores y conceptos caballerescos clásicos. Los occidentales instalados en el
Peloponeso tras la Cuarta Cruzada, trasladaron al Oriente cristiano, con sus parámetros
culturales y sociales, el feudalismo occidental especialmente en lo que a derecho se refiere.
De este modo, en el prólogo de la obra se traza el origen legal implantado en Morea a imagen
del hecho por el rey Balduino I en Tierra Santa tras la conquista de Jerusalén.
Se trata de una fuente secundaria para el estudio de las Cruzadas, aunque proporciona
información interesante sobre el establecimiento de los occidentales en los Balcanes como
consecuencia directa de la Cuarta Cruzada. Sobre todo, nos descubre cómo se produjo la
integración social y la asimilación cultural latina en las zonas griegas ocupadas.
39. Pero Tafur (h. 1405/9-1480)139. Procedente de una familia de la alta nobleza sevillana,
este escritor y viajero escribió hacia 1454 una obra, Andanzas y viajes, en la que relataba el
periplo que por motivos comerciales y aventureros realizó entre 1436 y 1439, a lo largo de
muchas ciudades europeas, entre ellas, Roma, Venecia, Creta, Rodas, Chipre, Quíos, Egipto y
Oriente Próximo, desde Tierra Santa hasta Esmirna, Trebisonda y Crimea donde se entrevistó
con el sultán otomano Murad II.
El relato está plagado de observaciones sobre ciudades, poblaciones o naturaleza, a la
vez que de datos políticos y económicos de los Estados que visitó en sus quince años de
recorrido. Su viaje incluyó dos meses en Constantinopla justo en el momento en que el
peligro turco amenazaba más seriamente la capital bizantina, llegando a establecer un estrecho
contacto con Juan VIII Paleólogo. Su relato es esclarecedor y trascendental, ya que refleja a la
vez reflexiones sobre el pasado glorioso de Constantinopla y la triste realidad de un presente
incierto. En cualquier caso, es un libro de viaje interesante y atípico que para nosotros se
convierte en fuente histórica de gran valor.

40. Francesco Amadi († 1556)140. Descendiente de una familia veneciana de caballeros y


condes palatinos, Francesco recibió una buena educación llegando en 1545 a ser nombrado
Doctor en Leyes en Padua. Escribió numerosas obras de temática variada y murió en Venecia.
Su obra, Cronaca di Cipro, un breve relato de la cruzada, finaliza con el nombramiento
de Balduino de Flandes como emperador de Constantinopla y Tomás Morosini como patriarca
de la ciudad. Si bien constituye una fuente secundaria para la Cuarta Cruzada –teniendo en
cuenta que fue escrita en el siglo XVI– es de lo más interesante por la repercusión que tuvo a
posteriori; el autor introdujo un fragmento en su relato en el que refiere resumidamente cómo
los intelectuales vieron la Cuarta Cruzada siglos después, principalmente en Europa,
justificada en base a una sucesión de “casualidades”. Este cronista con gran agudeza y
prudencia intelectual justifica los acontecimientos históricos acaecidos en 1204 como fruto
del destino.

138
RECOURA, G., Les Assises de Romanie. París, 1930.
139
Pero Tafur, Andanzas e Viajes por diversas partes del Mundo Habidos (1435-1439), Dueñas (Palencia),
Simancas (el Parnasillo), 2005 (cit. en adelante: Pero Tafur).
140
BERAUD, S., Francesco Amadi, Cronaca di Cipro. Nicosia, 1999.

44
2.3. Otras fuentes:

1. Primera Crónica de Nóvgorod141. Obra anónima que narra acontecimientos desde la


Creación del mundo hasta 1444. El relato de nuestro interés abarca desde el 1195 a 1204, es
decir, desde la deposición de Isaac II por su hermano Alejo III, hasta el saqueo de
Constantinopla por los cruzados y la posterior coronación imperial de Balduino de Flandes.
La fuente es imprescindible para el estudio de los preparativos y el desarrollo de la Cuarta
Cruzada, volviéndose más valiosa en el relato de la toma de Constantinopla. El autor o autores
del relato proporcionan datos no señalados antes por ninguna otra fuente y tan exactos que no
hay duda de que se trata de testigos oculares de los acontecimientos ajenos a la lucha que
sucedió en la ciudad entre cruzados y bizantinos. El texto no menciona a los cruzados o la
cruzada por su nombre, sino que habla claramente de una invasión ilegítima que considera
inexplicable e imperdonable. Su visión de los hechos adopta una posición exculpatoria al
hablar del papado y del rey germano en cuanto a la desviación de la IV Cruzada hacia
Constantinopla y achaca toda la culpa a la codicia sin límites de los cruzados.

2. Ibn al-Athir (1160-1233)142. Historiador árabe nacido en Mesopotamia, en el seno de una


ilustre familia y muerto en Mosul. Visitó Bagdad de forma frecuente y se sabe que participó
con Saladino en algunas expediciones en Siria; al licenciarse, se estableció definitivamente en
Alepo.
Una de sus obras más importante, la Historia Perfecta, es una enorme historia del mundo
escrita a principios del siglo XIII que abarca desde la época preislámica hasta 1231. Su relato
no sólo recoge información del Islam, sino también sobre Bizancio y el fenómeno de las
Cruzadas, constituyendo uno de los relatos árabes más importantes al respecto. En la obra
aparecen referenciadas las cinco primeras cruzadas precisando las carnicerías que llevaron a
cabo los cruzados en Oriente. Los francos son retratados así como agresores crueles e
ingenuos que violan los territorios árabes de forma injustificada. La Cuarta Cruzada es
referida con especial interés, trazando el retrato de Enrico Dándolo o describiendo la toma de
Constantinopla en 1203 y 1204: todo desde un punto de vista breve, imparcial y objetivo, que
no deja duda alguna de lo que verdaderamente ocurrió. El Imperio bizantino también tiene su
espacio mencionando la relación existente entre los rus y los bizantinos, diversos ataques a
Constantinopla como el de 1044, la derrota bizantina de Manzikert (1071) o la invasión tártara
de 1223-1224.

3. Devastatio Constantinopolitana143. No está claro el origen de su autor, aunque muchos


investigadores sostienen que era un germano que participó en la Cuarta Cruzada. La obra fue
redactada en latín hacia 1216 o poco antes y es un breve relato inserto en una obra mucho más
extensa que abarcaba desde la Creación del mundo hasta el 1215, pero sólo se han conservado
unas cinco páginas.
El autor fue testigo ocular de los acontecimientos y se muestra independiente de las otras
fuentes de la época. Son muy interesantes los datos que contiene sobre las fuerzas conjuntas
de la flota veneciana. Por ello, la importancia de esta obra radica en que complementa la

141
PATRI, S., “La Relation Russe de la Quatrième Croisade. Prise par les Frans, de Constantinople gardée de
Dieu”. Byzantion, 58, fas. 2 (1988), pp. 476-501 (cit. “Relation Russe”); MARÍN, J., “La Cruzada de 1204
según la Crónica Nóvgorod”. Byzantion Nea Hellás, 21 (2002) pp. 145-149.
142
RICHARDS, D. S., Ibn al-Athir, The Chronicle of Ibn Al-Athir for the Crusading period from Al-Kamil Fi’l-
Ta’rikh, parte 3. Aldershot, 2008 (cit. en adelante: Ibn al-Athir).
143
MARÍN, J., “Destrucción de Constantinopla”. Byzantion Nea Hellás, 21 (2002) pp. 139-144; ANDREA, A. J.,
“The Devastatio Constantinopolitana”, en Contemporary Sources for the Fourth Crusade Leiden-Boston, 2008,
pp. 205-221 (cit. en adelante: Devastatio Constantinopolitana).

45
información que proporcionan Nicetas Choniates, Clari o Villehardouin, los principales
cronistas occidentales de la Cuarta Cruzada. Su ideología manifiesta una gran aversión hacia
los venecianos, la nobleza franca y los clérigos avariciosos a los que acusa de los
acontecimientos que tuvieron lugar en Constantinopla. La perspectiva sobre los griegos, no es
mucho mejor, es única y totalmente desfavorable.

4. Bar Hebraeus (1226-1286)144. Nacido en la antigua Mitilene greco-romana, situada ahora


en el Sultanato de Rum de los turcos selyúcidas, su nombre sugiere que era de origen judío,
aunque en realidad era árabo-siriaco. Fue un prolífico personaje que además de historiador,
fue médico, filósofo, poeta, gramático, físico, comentarista bíblico y teólogo. El historiador
fue consagrado como obispo de Guglos, de la Iglesia ortodoxa siríaca de Antioquía, con el
nombre de Grighor o Gregorio.
Su obra, Chronicon Syriacum, es una crónica universal hasta su tiempo escrita en árabe y
dividida en dos partes: la Historia de las Dinastías y el llamado Chronicon Ecclesiasticum.
Entre otros temas aborda la historia de la Iglesia siríaca y la del Patriarcado de Antioquía,
además del enlace matrimonial de Abaqa con la hija de Miguel VIII Paleólogo, María
Paleologina.
Como jacobita, mantiene una posición favorable respecto a la dominación latina de
Constantinopla y del Imperio Latino de Constantinopla, autoridad política que considera
legítima, mientras que considera una usurpación la recuperación bizantina de Constantinopla
en 1261.

5. Smpada Sbarabedi (1208-1276)145. Este cronista de origen armenio era hermano del rey
Hetum I de Armenia. Su educación al modo bizantino en temas filosóficos y teológicos, junto
al hecho de ser testigo excepcional de su época, le impulsaron a escribir una Crónica hacia
1272. Este relato histórico no sólo proporciona información sobre la Cuarta Cruzada, de la
que casi fue contemporáneo, sino que incluso utilizó fuentes anteriores para recabar datos
sobre la historia de las Cruzadas en general.

144
BUDGE, E. A. W., Chronicon Syriacum o Makhtbhanuth Zabhne. The Chronography of Gregory Abu’l
Faraj. The Son of Aaron. The hebrew physiciam commonly known as Bar Hebraeus being the first part of his
political History of the World. Londres, 1932 (cit. en adelante: Bar Hebraeus).
145
Smpada Sbarabedi, Chronica, en: [Link] (última consulta 16-11-2015).

46
FUENTES PRINCIPALES
Nº DENOMINACIÓN AUTOR DATACIÓN ÁMBITO

Ámbito Bizantino
Carta de Alejo Alejo I Comneno
1 Comneno al conde de y Falsificador 1088-1093 Bizancio
Flandes
2 La Alexiada Ana Comnena fines s. XI- 1ª Bizancio / Corte
mitad XII constantinopolitana
s. XI- Bizancio
3 Correspondencia Teofilacto de Ocrida principios del Ocrida
XII
Historia de la toma de
4 Salónica por los 1185 Bizancio
Eustacio de Salónica Salónica
normandos
Historia Bizancio
Catálogo de las IV Cruzada.
Nicetas Choniates
estatuas destruidas en Situación de Constantinopla
5 1180-1215/7
Constantinopla por los tras la conquista cruzada
cruzados
Crónicas Bizantinas
6 Breves Anónimo 1204 Constantinopla

La memoria de
7 Constantino Stilbés Constantino Stilbés 1204 Bizancio. Constantinopla
contra los latinos
Epitafio a su hermano Bizancio
8 Juan Mésarites (1207) Nicolás Mésarites 1207 Toma de Constantinopla por
los cruzados
Acta del Patriarca
prometiendo remisión
9 Miguel Autoreianos 1208-1214 Imperio de Nicea
de pecados a los
soldados
10 Narración histórica Jorge Acropolites 1217-1282 Nicea

Morea
11 Crónica de Morea Anónimo 1204-1292 Situación del Peloponeso
bajo la dominación franca
Reinado de Miguel VIII
12 Historia Jorge Paquimeres 1255-1308 Paleólogo
Imperio de Nicea e Imperio
13 Historia Romana Nicéforo Grégoras 1204 a 1359 bizantino restaurado
Historia de los trece
14 santos padres Anónimo 1231 Chipre
quemados por los Nicosia
latinos
15 Codex 408 Marcianus Anónimo 1392 Bizancio
Graecus IV Cruzada y restauración
bizantina de 1261

47
Nº DENOMNACIÓN AUTOR DATACIÓN ÁMBITO

Poema sobre la toma y


16 reconquista de Anónimo 1392 Bizancio
Constantinopla
17 Poema sobre la Cuarta Nicodemo de s. XVII Salónica otomana
Cruzada Tesalónica IV Cruzada

Ámbito Franco
Estados Pontificios
18 Registro de Inocencio Inocencio III 1198-1216 Bizancio
III IV Cruzada
Las Hazañas del Europa Occidental
19 Obispo de Halberstadt Anónimo 780-1209 Constantinopla
IV Cruzada
Europa Occidental
20 Crónica Ralph de Coggeshall 1224 -1227 Constantinopla
IV Cruzada
Occidente
21 Informe al oeste del Conde Hugo de San Pol 1200-1205 Oriente Cristiano
conde Hugo de San Pol IV Cruzada
Correspondencia Balduino de Flandes 1200-1205/6 Imperio Latino de
22 Constantinopla
Devastatio Reino de Francia
23 Constantinopolitana Anónimo de Soissons 1205-1207 Picardía
Annales Herbipolenses Constantinopla
IV Cruzada
Reliquias
Venecia
24 La Conquista de Constantinopla
Constantinopla Robert de Clari 1202-1216
IV Cruzada
Constantinopla
25 Translatio Symonensis Anónimo 1203-1204 Saqueo de reliquias en 1204
Constantinopla
26 Partitio Romaniae Anónimo 1204 Reparto del Imperio
Bizantino

Historia Gunther de Ataque y saqueo cruzado de


27 Pairis/Guntherus
Constantinopolitana 1205-1208 Constantinopla
Pairisiensis
Historia del emperador
28 Enrique de Imperio Latino de
Henri de Valenciennes 1208-1216 Constantinopla
Constantinopla

Bizancio
29 Relato de la conquista Godofredo/Geoffroi de Feudo de Mosynupolis
de Constantinopla Villehardouin 1202-1207
(Tracia)

Europa Occidental
30 Crónica Alberico de Tres 1227-1251 Constantinopla
Fuentes y otros IV Cruzada

48
Nº DENOMINACIÓN AUTOR DATACIÓN ÁMBITO

Venecia
31 Cronaca “A Latina” Anónimo 1343-1350
Bizancio
Historia de Venecia
32 Cronaca di Venexia Andrea Dándolo XIV Relaciones de Venecia con
Bizancio

49
FUENTES SECUNDARIAS
Nº DENOMINACIÓN AUTOR DATACIÓN ÁMBITO
Ámbito Bizantino
Bizancio
1 Cronografía Miguel Pselo s. XI Corte constantinopolitana
2 Historia Miguel Ataliates s. XI Bizancio
3 Tratados Eustacio de Nicea s. XI Bizancio

Bizancio
4 Materia de Historia Nicéforo Brienio 1080/81-1137 Corte constantinopolitana
5 Historia Juan Cínamo 1143-1203 Bizancio
(Επιτομή)
6 Crónica Universal Juan Zonarás fines s. XI- Bizancio
1160

7 Crónica Universal Miguel Glycas p. s. XII-1204 Bizancio

fines s. XI-
8 Vida de Cirilo el Nicolás Kataskepinós principios del Bizancio
Filoteo XII
Nicolás III Gramático fines s. XI-
9 Correspondencia principios del Bizancio
XII
Bizancio
10 Opera Miguel Choniates 1140-1222 Situación interna y corrup-
ción administrativa
Obras retóricas Bizancio
11 (discursos y encomios) Nicéforo Chrysoberges ss. XII-XIII Constantinopla
Bizancio
12 Breve descripción Juan Focás fines s. XII Palestina
A cerca de los crueles Neófito el Enclaustrado fines s. XII Chipre ocupada por los
13 de Chipre francos
Nicea y Bizancio bajo
14 Crónica Universal Teodoro Scutariotes 2ª m. s. XIII Teodoro II Láscaris y Miguel
VIII Paleólogo
Unión de las Iglesias
15 Crónica Joél s. XII- p. XIII Bizancio
Efraím de Ainiou o fines s. XIII-
16 Cronografía principios del Bizancio
Efraím el Cronista
XIV

17 Discursos Históricos Alexis Makrembolités s. XIII Bizancio


Occidente
Poema de las bodas de
plata entre Juan III Nicolás Eirenikós
18 Vatatzés y Constanza 1244-1243 Nicea
Hohenstaufen

50
Nº DENOMINACIÓN AUTOR DATACIÓN ÁMBITO

1260/70 -
19 Misceláneas Teodoro Metoquita 1332 Bizancio

20 Vida de la Emperatriz Job s. XIII Bizancio


Teodora Despotado de Epiro
Historia de los
21 bizantinos y de los Laónicos Calcocondilas 1423-1490 Bizancio
otomanos
Documentos bizantino- Venecia
22 venecianos Anónimo 814/20-1299 Bizancio
Documentos bizantino- Génova
23 genoveses Anónimo 1155-1351 Bizancio
24 Breve Crónica de Anónimo 1409-1428 Isla de Lesbos
Lesbos
Crónica de la dulce Leoncio Majerás 1423-1431
25 tierra de Chipre Chipre franca

26 Historia turco- Ducas 1450-1462 Bizancio


bizantina
27 Crónica Jorge Sfrantzés s. XV Bizancio
28 Crónica de Galaxidi Eutimio f. s. XVII- Región de Galaxidi
Hieromónachos 1703
Ámbito Franco
Canciones de Conon Conon de Béthune 2 octubre de Estados Latinos de Oriente
29 de Béthune 1187-1220

30 Canción de Antioquía Ricardo el fines s. XI Europa Occidental


Peregrino Cruzadas
Historia rerum in Estados Latinos de Oriente
partibus transmarinis Jerusalén
31 gestarum o Historia Guillermo de Tiro finales s. XII
Bizancio
Ierosolimitana
El Romance del Oriente Cristiano
32 Castellano de Coucy y Jakemes Sakesep o Guy 1160-1203
la Dama de Fayel de Couci IV Cruzada
33 Crónica Roberto de Auxerre 1212 Francia

34 Correspondencia Federico II Sacro Imperio y Bizancio,


Hohenstaufen 1215-1250 relaciones con el papado
Crónica Ernoul 1227 Reinos francos de Oriente
35 Toma de Constantinopla
2ª mitad s. Imperio Latino de
36 Historia di Romania Marino Sanudo XIII-1338 Constantinopla
Torcello Imperio de Nicea
37 Gran Conquista de Cruzadas
Anónimo 1291-1295
Ultramar Oriente Cristiano
38 Assises de Romania Anónimo 1333-1346 Peloponeso franco

51
39 Andanzas y viajes Pero Tafur 1454 Constantinopla
Chipre
40 Crónica de Chipre Francesco Amadi m. s. XVI Bizancio

OTRAS FUENTES

Nº DENOMINACIÓN AUTOR DATACIÓN ÁMBITO

Nóvgorod
1 Primera Crónica de Anónimo m. s. XV Constantinopla durante
Nóvgorod la IV Cruzada
Oriente Próximo
Mosul
Constantinopla
2 Historia Perfecta del Ibn al-Athir 1160-1233 Relaciones de Bizancio
Mundo con los turcos selyúcidas
y los rus’

Devastatio Anónimo de Constantinopla


3 Constantinopolitana origen germano 1216 IV Cruzada

segunda mitad Oriente Cristiano


4 Crónica Siriaca Bar Hebraeus s. XIII

Smpada
5 Crónica Sbarabedi 1272 Armenia

52
CAPÍTULO II

CONSTANTINOPLA, “CIUDAD DORADA” DEL IMAGINARIO MEDIEVAL. LA


FORMACIÓN DE LA IDEA DE CONQUISTA

1. RELATOS DE VIAJEROS Y PEREGRINOS

Los viajeros medievales, herederos de los grandes viajeros de la Antigüedad, llegaron


por miles a Constantinopla para transmitir después, en sus improvisados relatos, el resplandor
de la “Ciudad Dorada” irradiado desde el Bósforo en todas las direcciones: desde las áridas
tierras cuna del Islam hasta el tosco extremo Occidente, y hacia el legendario y fecundo
Oriente. Estos viajeros contribuyeron a alimentar el imaginario medieval y fue así cómo la
irradiación cultural, religiosa, económica y política de la ciudad, llegaría más lejos de lo que
nunca llegaron sus diplomáticos, religiosos, comerciantes o soldados. La “Dorada” ciudad del
Bósforo se convirtió irremediablemente en una quimera admirada, envidiada, deseada,
codiciada y finalmente conquistada. Los versos de estos viajeros –especialmente de los
peregrinos– muestran la profunda desconfianza presente en el subconsciente medieval
occidental, hacia Constantinopla y sus habitantes, sentimientos transmitidos generación tras
generación, que terminaron por despertar el ansía de conquista hacia ese “imán de
prosperidad” que era la urbe griega. Especialmente en el tema de las reliquias, codiciadas por
el resto de la Cristiandad, no tanto por motivos religiosos como por motivos económicos, ya
que en torno a ellas se movió durante la Edad Media un potencial económico y de prestigio
para los templos o ciudades que las poseían.
Fue la grandeza de Constantinopla la que atrajo su ruina, y los bizantinos, con sus alardes
económicos, religiosos y políticos, también contribuyeron poderosamente a ello. Y es que hay
lugares en el mundo que desencadenan la historia146 y Constantinopla fue uno de esos lugares,
tal y como nos demuestran estas fuentes secundarias para la estudio de las Cruzadas, pero
indispensables para entender cómo se fue gestando paulatinamente en Occidente la idea de
conquista de la capital bizantina.

I.1. Hasta 1204.

Los relatos del nutrido grupo de visitantes que llegaron a la capital bizantina como
viajeros o peregrinos constan entre los más objetivos y fiables de cuantos nos han llegado 147.
Los peregrinos destacaron con luz propia por su fuerza numérica y por sus fervorosas
vivencias en la capital bizantina, depositaria y custodia de las reliquias de la Cristiandad148.
Estos viajeros comenzaron a llegar a la urbe esporádicamente en el siglo IV, cuando el
Cristianismo se había convertido en la religión oficial del Imperio romano y las primeras
peregrinaciones ponían en contacto a los cristianos con los lugares donde había vivido Cristo

146
MATEVEJEVIC, P., Breviario Mediterráneo. Madrid, 2008, p. 288.
147
MOTOS GUIRAO, E., “Constantinopla como lugar de destino de viajeros y peregrinos”, en R. Marín López
(coord.), Homenaje al Profesor Dr. D. José Ignacio Fernández de Viana y Vieites. Granada, 2012, pp. 335-350.
148
EBERSOLT, J., “La dispersión des Trésors des sanctuaires”, en Constantinople. Recueil d’Études,
d’Archéologie et d’Historie. París, 1923, p. 143.

53
y donde se hallaba su tumba149. El fenómeno no era nuevo, ya que hundía sus raíces en la
Antigüedad entre los creyentes de las religiones de Babilonia y la India, en los viajes de los
griegos a santuarios o templos paganos, o en los judíos que peregrinaban a Jerusalén tan sólo
por orar en el Templo de Salomón. Lo novedoso será ahora que lo que en la Antigüedad fue
un fenómeno modesto y puntual, en la Edad Media se convirtió en un fenómeno de masas
constante en torno al cual surgió una red de infraestructura de hospederías, monasterios e
iglesias, y no sólo en Jerusalén, sino a lo largo de las rutas principales.
Las rutas y los lugares de devoción se fueron ampliando con los siglos y pronto junto a
Jerusalén surgieron otros centros de peregrinación que funcionarán a la vez que ella, y entre
los que se impondrá, por deseo y orden imperial, la ciudad de Constantinopla. Ésta no había
sido fundada por ningún Apóstol, ni contaba con ningún mártir célebre, pero al convertirse en
la capital del primer Estado cristiano debía ser referencia para toda la Cristiandad 150.
Constantino y sus sucesores fueron congregando en ella las más importantes reliquias de la
Cristiandad: reliquias de Cristo y otras miles de santos, y también muchas falsificaciones. La
ciudad se sacralizó y se convirtió en un enorme “relicario” gracias a las tres o cuatro mil
piezas que se distribuyeron estratégicamente entre sus centenares de iglesias y monasterios.
—La Nueva Roma prosperaba a la par que se iniciaban las grandes peregrinaciones a
Oriente, entre ellas la realizada entre 381-384 por la conocida como Virgen Egeria. La
peregrina parte de Hispania para recorrer Asia Menor, Palestina, Sinaí, Egipto, Arabia, Siria y
Constantinopla. Esta misma “aventura” la debieron de realizar muchas mujeres antes y
después, pero ella será la primera de la que tengamos constancia. Del perfil biográfico de esta
gallega del siglo IV se sabe poco, apenas lo que se deduce de su relato. Sabemos que poseía
un alto nivel educativo y adquisitivo que ha hecho pensar a muchos investigadores que era
familia de Teodosio I y eso explicaría el trato privilegiado que recibió en los lugares que
visitaba. Sus experiencias las plasmó en una serie de cartas, a modo de diario de viaje,
Itinerarium ad Loca Sancta, que constituye el primer libro de viajes español. Se trata de un
relato lleno de frescura ante lo insólito de descubrir lugares aún desconocidos por los
peregrinos, pero a la vez, cargado de piedad religiosa.
Las observaciones sobre Constantinopla de Egeria si bien son escuetas, ya que la ciudad
no era el objetivo de su viaje, tienen el valor de ser cronológicamente de las primeras en
mostrarnos la ciudad a finales del siglo IV, cuando inicia su papel como referente de toda la
Cristiandad:

“Al día siguiente, atravesando el mar, llegué a Constantinopla, dando gracias a Cristo
nuestro Dios, que a mí indigna y sin merecerlo se ha dignado concederme gracia tan grande:
no sólo la voluntad de ir, sino la posibilidad de recorrer los lugares que deseaba y de volver
de nuevo a Constantinopla. Donde, después de llegar, en todas las iglesias o monumentos a
los apóstoles y en todos los sepulcros, que allí son muchos, no cesaba de dar gracias a Jesús
nuestro Dios, que de tal modo se había dignado derramar sobre mí su misericordia”151.

En el 395 se produce con Teodosio I la división administrativa del Imperio dejando a su


hijo mayor, Arcadio, gobernando sobre Oriente y al pequeño, Honorio, sobre Occidente,
trazándose de este modo una frontera territorial entre ambas partes del Imperio que con el
149
POPEANGA, E., Viajeros medievales y sus relatos. Bucarest, 2005; ÁRIAS ABELLAN, C., Itinerarios
latinos a Jerusalén y al Oriente cristiano. Sevilla, 2000; DIERKENS, A. y SANSTERRE, J. M., (eds.), Voyages
et Voyageurs à Byzance et en Occident du VIe au XIe siècle. Ginebra, 2000; CÓRDOBA ZOILO, J. M., Viajes y
viajeros en la Europa medieval. Madrid, 2007; BRAVO GARCÍA, A., Viajes por Bizancio y Occidente. Madrid,
2014.
150
RODRÍGUEZ LÓPEZ, R., “De privilegiis urbis Constantinopolitane”, en E. Motos Guirao y M. Morfakidis
(eds.), Constantinopla. 550 años de su caída, t. I, Constantinopla Bizantina. Granada, 2006, pp. 145-158.
151
ARCE, A., Itinerario de la Virgen Egeria (318-384). Madrid, 1980, p. 255.

54
tiempo se convertirá en frontera histórica y cultural de separación entre la civilización
romano-occidental y la bizantino-oriental. La religión del Estado, el Cristianismo, había
alcanzado ya una posición hegemónica en buena parte del Imperio arrinconando y
condenando a las restantes religiones a las cuales se les negaba ya, de forma oficial, el
derecho a la existencia. En este tiempo, Constantinopla se convierte en una “capital imperial
fija” que empieza a configurarse como la gran capital del mundo cristiano medieval. La
deposición de Rómulo Augustulo en el 476 convierte a Constantinopla en la capital del
mundo152.
—Estas circunstancias explican el viaje de Porfirio de Gaza (347-420) a
Constantinopla entre 400-401, que conocemos gracias a la Vida de Porfirio de Gaza escrita
por Marco el Diácono153. El religioso era originario de Tesalónica, donde se había consagrado
desde joven a la vida religiosa como monje; después viajó a Palestina, en donde fue ordenado
sacerdote por el obispo de Jerusalén que lo envió a Gaza. En este destino tuvo que superar
grandes desórdenes provocados por los “paganos”, pero supo ganarse poco a poco la simpatía
de buena parte de la población por su dedicación incansable a los más pobres e ignorantes,
hasta que una fuerte sequía asoló la región y provocó una rebelión de los paganos a la cual no
pudo hacer frente Porfirio. Decidió enviar a su discípulo Marcos a visitar al emperador a
Constantinopla para pedirle que los templos de los ídolos fueran destruidos.
Su discípulo no consiguió nada y algún tiempo después acudió él mismo acompañado por
su metropolitano Juan de Cesarea a la corte de Constantinopla, entrevista que consiguió
gracias a la intercesión de San Juan Crisóstomo y la emperatriz Eudocia. Porfirio explicó al
soberano los atropellos que sufrían los cristianos en su ciudad por parte de los paganos y le
suplicó que tomase duras represalias contra ellos. Sus súplicas fueron atendidas por el
emperador que le autorizó a destruir los templos paganos mediante un edicto y le proporcionó
soldados para poner en orden su ciudad. La emperatriz le envió incluso materiales tales como
pilares y columnas para construir iglesias154. Algunos años después, Porfirio y sus sacerdotes
habían evangelizado totalmente la región a golpe de edicto imperial.
La biografía de Porfirio hace referencia además a la personalidad del emperador Arcadio
y de su esposa Eudocia o a los festejos por el nacimiento de su hijo (Teodosio II):
“Pasaron los días corriendo y llegó el día en que debía ser bautizado el joven emperador
Teodosio. Y toda la ciudad fue adornada con guirnaldas, sedas, joyas y toda clase de
ornamentos hasta tal punto que nadie sería capaz de describir el esplendor de la ciudad. Se
podía contemplar también la multitud de los habitantes como las olas del mar, con sus
ropajes, de todas las formas y colores, que brillaban […] cuando el joven Teodosio había
sido bautizado y salió de la iglesia del Palacio, a continuación, podría volver a contemplar su
gloria […] la multitud de los que iban delante, y sus vestidos brillantes, porque estaban
vestidos de blanco, por lo que parecía como si la multitud estuviera cubierta de nieve […]
parecía que las estrellas brillaban en la tierra […] y nos maravillamos, ver la gloria tan
grande”155.

La imagen de Constantinopla que refiere Porfirio a principios del siglo V es la de una


ciudad enorme, suntuosamente adornada y densamente poblada, en donde el emperador
comparte con su pueblo el nacimiento de su primogénito en medio de grandes fastos. El

152
WARD-PERKINS, B., Constantinople. Imperial capital of the fith and sixth centuries., p. 64, en
[Link]
[Link]/MemoriasRABL/article/download (última consulta 10-12-2015).
153
TEJA, R., Marco el Diácono: Vida de Porfirio de Gaza. Introd., trad., y notas. Madrid, 2008 (cit. en adelante:
Marco el Diácono).
154
Marco el Diácono: pp. 53-54.
155
Marco el Diácono: pp. 51-52.

55
palacio que cita el autor, no es otro que el Gran Palacio o Palacio Sagrado de los
emperadores situado sobre la antigua acrópolis de la ciudad, con un gran puerto privado que
resguardaba una escuadra de unas diez embarcaciones más un navío púrpura de uso personal
del emperador.
Entre los años 611 y 711, bajo la dinastía Heráclida, el Imperio comenzó a sufrir
profundos cambios internos y externos, con una lucha incesante contra persas, ávaros, eslavos
y sobre todo, contra los árabes que se estaban haciendo con la hegemonía del Cercano
Oriente156. La esencia del Imperio estaba cambiando: el griego se convierte en la lengua
oficial, acabando con el bilingüismo, y el emperador pasa a titularse βασιλεύς. El proceso de
separación de la tradición latina se va paulatinamente reforzando, si bien los habitantes del
Imperio son y serán romaioi. En cualquier caso Bizancio era un Imperio Universal tal y como
lo sentían sus gobernantes y su población157.
Lo que hace ahondar esta división inicialmente sólo administrativa y más tarde política
son las discrepancias entre los dos centros religiosos universales: Roma y Constantinopla, y
no únicamente por problemas doctrinales, sino también políticos. El Imperio Romano
Universal pertenece ya solamente al pasado, cuando Roma –con el Papado a su cabeza–
comienza a apoyar a los nuevos reinos romano-germánicos que se van configurando.
—En este contexto político y religioso, en el 670, un monje francés llamado Arculfo
llega como peregrino a Constantinopla. Su visita se enmarca dentro del peregrinaje que
realizaba por el Próximo Oriente que le llevará a Jerusalén, Betania, Belén, Jericó, las riberas
del Jordán y del Mar Muerto, Cafarnaúm, Nazaret, el Monte Tabor, Damasco, Tiro,
Alejandría y Constantinopla. El relato de su experiencia, De locis sanctis, fue hábilmente
redactado entre 679 y 680 por el abad de San Columbano al que el propio Arculfo se lo dictó.
En él se recoge una de bellas descripción de la ciudad bizantina:
“Está rodeada por las olas del mar, excepto en el norte, el mar rompiendo en el Gran Mar de
cuarenta millas, mientras que del muro de Constantinopla se extiende aún más de sesenta
millas hasta la desembocadura del Danubio [...] allí dentro de sus murallas hay numerosas
casas de tamaño maravilloso y construidas con piedra”158.

Las murallas de la urbe bizantina supusieron para los recién llegados el primer impacto,
pues se hallaban ante un valioso cofre repleto de joyas protegido por tierra y mar por dos
anillos concéntricos de unos 16 km de perímetro y más de 9 m de altura. El relato se retrotrae
a su fundación por Constantino, en la que utilizó “una multitud infinita de hombres […] y
recogió infinitos suministros que despojó de otras ciudades”. Desde ese momento se sumerge
de lleno en la visita de la ciudad con los ojos de un devoto peregrino: “se conserva el madero
sagrado de la cruz donde el Salvador murió crucificado por la salvación del género humano”,
en la cual hay un cofre de oro donde se conservan tres trozos pequeños que tienen poderes
milagrosos. Esta reliquia la más “sagrada”, sin duda, entre las reliquias de la Pasión era
besada en determinados días de Pascua: “antes que nada el emperador del mundo la besa con
la cara inclinada159.
Sus palabras evidencian la religiosidad que se respira en la ciudad, tanto por sus
habitantes como por los peregrinos, todos rendidos por su fe. Arculfo tuvo oportunidad de ver
la Vera Cruz, lo cual puede demostrar que su visita lo llevó hasta el mismo Gran Palacio, ya
que un trozo de esta reliquia se conservaba en una cámara de la Iglesia del Señor donde

156
KAPLAN, M., MARTIN, B., DUCELLIER, A., El Cercano Oriente Medieval. Madrid, 1988, p. 64.
157
AHRWEILER, H., L’Idéologie..., op. cit., p. 13.
158
MCPHERSON, J. R. (ed.), “The pilgrimage of Arculfus in the Holy Land about the year a.D. 670”. Palestine
Pilgrims' Text Society. Londres, 1895, III, p. 35 (cit. en adelante: Arculfo).
159
Arculfo: pp. 35-36.

56
también se habían celebrado los concilios del 680/1 y 691/2. En presencia del βασιλεύς fue
cuando tuvo la impresión de estar en presencia del emperador del mundo, tanto en el ámbito
político, como en el religioso160. Ese soberano “todopoderoso” residía en el siglo VIII en la
“capital del mundo”, es decir, en Constantinopla,161 y a diferencia de los soberanos
occidentales rara vez la abandonaba para conducir personalmente algunas expediciones
militares162.
La ciudad que visita Arculfo poblada por más de medio millón de almas, desarrolla en su
área urbana un vasto complejo administrativo, civil y religioso que incluía el Gran Palacio, el
Hipódromo, la Mesé, los puertos, un acueducto, grandes residencias privadas, baños públicos,
extensos jardines y cientos de iglesias163. El peregrino francés refiere valiosas noticias sobre
algunos de estos lugares o de las reliquias: un trozo del sagrado madero custodiado en la
iglesia de Santa Sofía, que le conmueve tanto como recinto “depositario” de reliquias
sagradas como por su arquitectura de amplios espacios adecuados bien para vivir, como para
orar a Dios164 o la columna de mármol de San Jorge el Confesor. La reliquia, sin embargo,
que conmovió más al galo fue la imagen de Santa María conservada en un Icono Sagrado que
destilaba aceite hirviendo de forma inexplicable, pero en clara demostración del honor de
María de quién el propio Dios dijo: “En mi óleo santo, le he ungido”165.
Así pues, a Occidente llegarán no sólo relatos sobre la grandiosidad y opulencia de
Constantinopla, sino también sobre los milagros divinos que en ella tienen lugar
confirmándola en el mundo cristiano como ciudad “mítica” donde la mano divina está
presente y obra constantes prodigios entre sus gentes.
—León III el Isáurico (717-741) era el emperador cuando el peligro más grave y
urgente, el árabe, acechaba al Imperio. Es en este tiempo, en el año 725, cuando se produce el
paso de Willibald por Constantinopla. Este peregrino inglés partió del Condado de
Southampton (Inglaterra) con su familia para realizar un piadoso viaje por los Santos Lugares.
Iniciando su viaje por mar en la primavera del 721, remontan el Sena, desembarcan en Ruán y
pasan por Cortona, Liguria, Lucca (donde muere su padre) y los Apeninos, hasta llegar a
Roma. Tras el regreso de sus familiares, Willibald prosigue la peregrinación en compañía de
otros religiosos, recorriendo Nápoles, Terracita, Gaeta, Catania, Siracusa, Cos, Samos, Éfeso,
Damasco, Palestina y Jerusalén. Tras su estancia en Tierra Santa se embarca hacia
Constantinopla en donde vivió un par de años. En cuanto al relato de su peregrinación166, lejos
de ser el austero tratado teológico de un religioso, nos descubre multitud de detalles humanos.
En cuanto a Constantinopla pese a permanecer dos años en ella, su mención es breve y
centrada en sus reliquias:
“… en la fiesta del apóstol de San Andrés, hacia una semana antes de Pascua. Llegaron
entonces a la ciudad de Constantinopla donde reposan tres santos, San Andrés, Timoteo y
Lucas el Evangelista […] nuestro obispo permanece dos años en Constantinopla. Tenía una
celda en el interior de la iglesia y puede ver cada día las tumbas de los santos…”167.

160
DAGRON, G., Emperador y Sacerdote.., op. cit., p. 335.
161
Arculfo: p. 36.
162
SCHREINER, P., Costantinopoli. Metropoli dai mille volti. Roma, 2009, p. 67.
163
MANGO, C., Le développement urbain de Constantinople, IVe–VIIe siècles. París, 1990.
164
Arculfo: p. 36.
165
Arculfo: pp. 37-39.
166
Se conocen dos textos: uno escrito por una monja sajona y el otro anónimo redactado en el Monasterio de
Heidenheim.
167
REGNIER-BOHLER, D., “Vie ou plutôt pèlerinage de Saint Willibald”, en Croisades et Pèlerinages.., op.
cit., p. 913.

57
Este pasaje prueba su estancia en la iglesia de los Stos. Apóstoles que conservaba los
restos de los tres santos mencionados en pequeñas cajas de madera situadas bajo el altar
principal de la glesia y que era la segunda iglesia en importancia después de Santa Sofía,
renombrada hasta por aquellos que jamás la vieron:

“... dentro de la ciudad de Constantinopla el mismo emperador levantó para Cristo nuestro
Señor, que es la sabiduría de Dios Padre, un templo al que puso el nombre griego de Agia
Sofía, esto es, Santa Sabiduría. Esta construcción sobrepasó todos los edificios, hasta el
punto de no poderse encontrar algo igual en toda la faz de la Tierra. Y es que este emperador
era católico de fe, recto en sus obras y justo en sus juicios, y por ello todo en él tendía al
bien168.

La iglesia de los Santos Apóstoles fue mandada construir por Constantino I como
mausoleo propio y de los restos sagrados de los Apóstoles; desde entonces también
numerosos de sus sucesores se enterrarán allí en bellísimos sarcófagos. Por estas razones, este
edificio fue de los más visitados por los peregrinos. La breve referencia a Constantinopla de
este peregrino inglés evidencia que estamos ante un devoto creyente absorto en sus profundas
creencias religiosas y en su viaje místico hasta los santos lugares y las sagradas reliquias169.

Entre los siglos IX y XI, el Imperio bizantino tuvo que hacer frente a nuevas amenazas y
a una nueva situación internacional en la que paulatinamente va a dejar de ocupar un lugar
dominante. El principal enemigo de Bizancio en Oriente, el califato abasí, se halla sumido en
una profunda crisis que ha debilitado la ofensiva islámica en Oriente. En Occidente la
situación no puede ser más distinta, pues han surgido nuevos estados musulmanes: los
fatimíes en Egipto y los aglabíes en el Norte de África, que mantienen una firme lucha contra
Bizancio por la supremacía en el Mediterráneo. En la pugna entre árabes y bizantinos se
suceden las derrotas y victorias por ambas partes: el imperio pierde Sicilia pero logra
recuperar el norte de Siria, Antioquía, Creta y Chipre. El crecimiento del Estado búlgaro y su
deseo de salida al Mediterráneo llevó a Basilio II (958-1025) a anexionarse dicho imperio.
Las relaciones de Bizancio con el Occidente latino son tensas en este momento, como
consecuencia de la coronación imperial de Carlomagno en el año 800, un acto más simbólico
que real, pero que sus sucesores culminaron adjudicándose el título de emperadores hasta
entonces en poder exclusivo de los bizantinos y ambicionando hacerse con el dominio
bizantino de Italia. El Βασιλεύς των Ρωμαίων no aceptó esta usurpación de la autoridad
universal que él representaba. Pese a la crispación reinante hubo tímidos momentos de
acercamiento entre bizantinos y occidentales, como en ocasión del matrimonio de la princesa
bizantina Teofanó con Otón II. Mientras tanto, en el ámbito diplomático oriental se produjo
uno de los logros más transcendentales y duraderos de la política exterior bizantina: la
incorporación de los pueblos eslavos a su esfera política. Esto posibilitará que durante buena
parte de la Edad Media se conforme lo que se ha denominado “commowealth bizantina” en el
Este de Europa170. Los Balcanes, Rusia, Rumania y las tierras de la mitad sur del Danubio
quedarán desde entonces bajo la órbita de la influencia cultural, religiosa y política de

168
Caso del monje benedictino e historiador de los lombardos Paulo Diácono. Vid. HERRERA ROLDÁN, P.,
Pablo Diácono, Historia de los Longobardos. Intr., trad. y notas. Cádiz, 2006, pp. 80-81 (cit. en adelante: Pablo
Diácono).
169
CASTILLO MALDONADO, P., “El viaje de la reliquia. La contribución de los peregrinos a la generación de
una geografía universal de la santidad en la Antigüedad tardía”, en A. J. Quiroga Puertas (ed.), Estudios de la
literatura y de religión en la Antigüedad Tardía. Zaragoza, 2011.
170
OBOLENSKY, D., The Byzantine Commonwealth. Eastern Europe 500-1453. Londres, 1974.

58
Bizancio171. Este consigue de nuevo ser un “Imperio Universal” en cuanto que toda la Europa
Oriental estará bajo su tutela política, económica y religiosa durante siglos.
Una vez presentado un panorama general del Mediterráneo en esos siglos IX a XI,
pasemos a dedicarnos a nuestros viajeros. En esta época turbulenta de persistentes
enfrentamientos fueron auténticos aventureros los que transitaron por tierra y mar hasta
franquear las fronteras de Bizancio, y entre ellos predominaron los viajeros árabes172. El Islam
no hizo entonces más que retomar ahora los antiguos contactos que el mundo clásico árabe
había mantenido con Bizancio antes de su aparición, curiosamente inmutables, pese al
espectacular avance militar y territorial islámico en detrimento del poderío bizantino. Los
árabes quisieron conocer a sus “vecinos-enemigos”, y por eso, Bizancio, su capital y sus
gentes, son de obligada referencia en toda la literatura árabe, ya sea de tipo histórico o
geográfico.
La necesidad u obsesión por someterla se convirtió también en una constante. Las huestes
árabes emprendieron en el 626 una ardua e incansable lucha por hacer de Constantinopla su
capital173 y en todas esas primeras ocasiones, la voluntad del hombre y de la naturaleza se
aliaron en su defensa: derrotas sucesivas frente a los muros constantinopolitanos de un Islam
imparable en Asia, África y Europa. Sin embargo, la tradición islámica va a conquistar
simbólicamente Constantinopla, santificándola en relación a la supuesta presencia dentro de
sus muros de lugares santos islámicos. Así se hace referencia a la presencia de una mezquita
en ella construida por Abd al-Malik durante el ataque del 715-717; su creación era una
leyenda, pero su existencia fue una realidad en la ladera sobre las aguas del Cuerno del Oro
cerca de la Puerta de Platea174.
Tradiciones y leyendas aparte, el referente “islámico” por excelencia en Constantinopla
era la tumba de Abu Ayyub, compañero del Profeta y mártir de la guerra contra los cristianos.
Su tumba fue venerada incluso por los cristianos de la ciudad que en épocas de sequía rezaban
ante ella pidiéndole el milagro del agua, y aún hoy en día en la Ístanbul turca, sigue siendo un
lugar de veneración y recogimiento. Por otro lado, es evidente la presencia de lugares
islámicos dentro de la ciudad para uso de los numerosos habitantes, prisioneros, comerciantes
y diplomáticos árabes que arribaron a ella a lo largo de los siglos.
—Una de las primeras menciones árabes sobre Bizancio y la capital bizantina la realizó
a principios del siglo IX Ibn Khurdadhbeh (812-912), alto funcionario abasí autor de uno de
los primeros tratados árabes de geografía el Libro de las Comarcas (Kitāb al-Buldān) o
también conocido como Liber viarum et regnorum. En su obra explica en primer lugar cómo
Constantinopla se convirtió en capital del Imperio Romano con Constantino el Grande que
trasladó la capital imperial de Roma a Constantinopla, la amuralló y le dio su nombre. Como
capital imperial se menciona la presencia en la misma del emperador, la guarnición del
palacio y las principales dignidades civiles y militares 175. La referencia de este funcionario es
muy breve, básicamente una identificación de Constantinopla como capital del Imperio
bizantino.

171
ΝΥΣΤΑΖΟΠΟΥΛΟΥ-ΠΕΛΕΚΙΔΟΥ, Μ., Βυζάντιο και Σλάβοι-Ελλάδα και Βαλκάνια (6ος-20ός αί.), Atenas,
2001.
172
EL CHEIKH, N. M., Byzantium viewed by the Arabs. Cambridge, 2004; BERGER, B., “Sightseeing in
Constantinople: Arab Travellers, ca. 900-1300”, en R. Macrides, (ed.) Travel in the Byzantine World. The 34th
Spring Symposium of Byzantine Studies, Aldershot, 2002, pp. 179-191; TOUATI, H., Islam and Travel in the
Middle Ages. Chicago, 2010.
173
Fueron numerosos los ataques árabes a Constantinopla, en los años: 626, 674, 675, 676, 677, 678 y 711-718.
174
TURNBULL, S., The Walls of Constantinople ad. 324-1453. Nueva York, 2004.
175
I. Khurdadhbih, Kitab al-Buldán, cfr. en HADJ-SADOK, M., Description du Maghred et de l’Europe au IIIe-
e
IX siècle. Alger, 1949, pp. 19-27.

59
—A finales del siglo IX o principios del X, el prisionero musulmán en Constantinopla,
Hārūn Ibn Yahyā,176 hizo una de las más famosas y completas descripciones de ella que será
la base de buena parte de los relatos árabes posteriores. La obra se conserva gracias a un
escritor árabe posterior, Ibn Rustah, que escribió a principios del siglo X una obra titulada Las
gemas preciosas (Kitab al-A’laq al-nafisa). Sus observaciones sobre la capital bizantina en
tono neutro y expositivo, debido quizás a ser un árabe cristiano, son muy valiosas. El relato se
inicia con la descripción de los límites geográficos de la ciudad, para continuar con algunos
de sus edificios principales: el palacio imperial, la iglesia de Sta. Sofía, murallas y puertas, las
prisiones imperiales, y monumentos como el Hipódromo o el acueducto de Valente:
“Esta agua fluye por una distancia igual a veinte días de jornada. Cuando llega a la ciudad, se
divide en tres canales, uno para el Palacio Real, otro para la prisión en la que (están) los
musulmanes, y una tercera a los baños de la nobleza, la población de la ciudad también bebe
de esta agua, que tiene un sabor ligeramente salado”177.

El mayor problema de Constantinopla desde su fundación, pese a estar rodeada por agua,
fue poder contar con suficiente agua potable para las necesidades de su elevada población,
inconveniente solventado con el Acueducto y las cisternas. Este acueducto fue el principal
sistema de canalización que abastecía Constantinopla nacido hacia el siglo III según una
leyenda a partir de las legendarias ruinas de Calcedonia 178, y se terminó hacia el 368 bajo el
reinado de Valente. A pesar de que en varios momentos de su historia fue saboteado por los
enemigos, permaneció en uso hasta finales del siglo XIX trayendo el agua desde el corazón de
Tracia a unos 240 km al oeste. Más valiosas aún, si cabe, son sus descripciones de los
ceremoniales de la corte bizantina, trasladándonos en el tiempo a ese momento mágico en el
que el emperador se dirigía desde su palacio a Santa Sofía:
“… le acompañan 10.000 jóvenes con trajes de brocado rojo, 10.000 jóvenes con trajes de
brocado blanco, 10.000 pajes con brocado verde, 10.000 escuderos con brocado azul
sosteniendo hachas recubiertas de oro, 5.000 eunucos con mulham blanco del Jurasán con
cruces de oro en la mano, 10.000 pajes turcos y jázaros vestidos con chalecos de rayas de
diferentes colores con lanzas y escudos cubiertos de oro, 100 patricios con brocado de todos
los colores con incensarios de oro, los doce patricios de mayor rango vestidos de oro y con
bastones de oro, 100 pajes más con túnicas bordadas de perlas […] detrás del emperador son
conducidos tres caballos grises, con sillas de oro incrustadas de perlas y rubíes y cubiertos
por gualdrapas de seda recamadas también de perlas y rubíes…”179.

La corte imperial bizantina se regía por un estricto y calculado protocolo que no era más
que la evocación del lugar privilegiado que ocupaba el Βασιλεύς y su ciudad, la Reina de las
ciudades, en el orden cósmico del mundo. El relato de este observador árabe menciona
también datos curiosos como la domesticación de caballos gracias a la habilidad de sus
domadores y las tres estatuas ecuestres de bronce erigidas en la puerta del Palacio y que
habían sido “fabricadas por el sabio Apolonio de Tiana para servir de talismanes a los

176
VASILIEV, A. A., “Harun ibn-Yahya and his Description of Constantinople”. Seminarium Kondakovianum,
5 (1932), 149-163; DUCÈNE, J.-Ch., “Une deuxième versión de la relation d’Harun ibn Yahya sur
Constantinople”. Der Islam, 822.2 (2005), pp. 241-255.
177
Íbidem.
178
Existía una leyenda que afirmaba que las piedras con las que se construyó este acueducto precedían de las
murallas de Calcedonia que fueron derribadas en el 366 tras la revuelta de Procopio. MOTOS GUIRAO, E., “En
torno a la cultura del agua en Constantinopla: aprovisionamiento, funciones y usos”, en R. Córdoba de la Llave,
J. del Pino García y M. Cabrera Sánchez (cords.), Estudios en Homenaje al Profesor Emilio Cabrera. Córdoba,
2015, pp. 377-387.
179
VASILIEV, A. A., “Harun ibn-Yahya…”, op. cit., pp. 149-163.

60
caballos e impedir que relincharan o se azuzaran entre sí”180. Este episodio aparentemente
carente de toda importancia profundiza en el sentir del pueblo constantinopolitano imbuido
por la superstición. El investigador F. Maier afirmaba: “el temperamento bizantino es una
coincidencia opossitorum: curiosidad intelectual, placer por la discusión vivaz y el argumento
sutil, superstición masiva y exaltación mística”181.
—Entre los años 946 y 1000, el geógrafo palestino Muhammad ibn Ahmad Shams al-
Dīn al-Muqaddasī (940-991) su obra La Mejor de las divisiones para el conocimiento de los
países (Kitāb Aḥsan at-`taqāsīm fi Maʿrifat al-aqālīm). Este jerosolimitano fue un auténtico
trotamundos del medioevo que no sólo visitó todas las regiones del Islam -a excepción de al-
Andalus-, sino otras muchas como Constantinopla:
“Abundan las diferencias y las falsedades sobre ella, su situación, superficie y
construcciones, y por ello he querido describirla claramente para la vista y para las
inteligencias, e indicar las rutas que llevan allí, porque los musulmanes necesitan conocer
esto, ya que van a Constantinopla para rescatar prisioneros, en embajadas, en expediciones
militares o para comerciar”182.

La capital del principal enemigo del Islam se exhibe altaneramente ante sus ojos con
numerosas y poderosas fortificaciones, un palacio, un hipódromo, una estatua de bronce a
caballo, la columna de Justiniano, prisiones, una mezquita (debe referirse a Sta Sofía) o
mercados que conforman el corazón político-administrativo de la ciudad.
—En la primera mitad del siglo X un gran historiador, geógrafo y viajero iraquí, Abu al-
Hasan Alī ibn al-Husayn ibn Alī al-Mas’ūdī (c. 896-956), se alojó algún tiempo en
Constantinopla en el transcurso de su largo viaje por Siria, Palestina, Arabia, Irán, Asia
Central, India, Ceilán o el Mar de China. Hacia el 947 escribió una obra monumental tanto
por su valor histórico, etnológico como geográfico, que lleva por título Las praderas de oro
(Muruÿ ad-dahab wa ma’adin al-ÿawahir). Este historiador visitó Constantinopla en una
época en la que la urbe destacaba por su comercio, más allá de su importancia política. Su
situación en la confluencia geográfica de Oriente y Occidente, junto a sus activos puertos y
embarcaderos, había convertido a la ciudad en el eje comercial del mundo:
“… cuyo canal entre el Ponto y el Mediterráneo, donde las propiedades y edificios tapizaban
las orillas, barcas que lo recorrían todo el tiempo, llevando toda clase de mercancías y de
183
provisiones de sus dominios a la ciudad. El número de esos navíos es incalculable…” .

Ese trasiego de embarcaciones y gentes de todo el mundo era lo habitual en el mayor de


los puertos de la ciudad, el de Teodosio, construido por Teodosio II en el siglo IV en
sustitución del anterior constantiniano conocido como de Eleuterio. El puerto, con capacidad
de hasta 300 navíos, albergaba la flota imperial, pero desapareció en el siglo XIII por falta de
mantenimiento cegado por los sedimentos del río Lycos y del Mármara; durante el período
otomano fue cubierto por edificaciones. Las obras del metro de Ístanbul sacaron a la luz sus
restos en noviembre del 2005, devolviendo a la vida docenas de barcos de más de mil años de
antigüedad perfectamente conservados184.

180
VASILIEV, A. A., “Harun ibn-Yahya…”, op. cit., pp. 149-163.
181
MAIER, F. G., Bizancio, op. cit., p. 31.
182
PELLAT, Ch., Al-Muqaddasi, Description de l’Occident Musulman au IVè-Xè siècle. Texto árabe y
traducción francesa. Algiers, 1950.
183
Mas’udi, Les Prairies D’Or. París, 1962, t. I, p. 109 (cit. en adelante: Mas’udi).
184
La excavación arqueológica es la mayor de Europa con hasta 800 arqueólogos y ayudantes trabajando a un
tiempo. Hasta la fecha se han localizado los restos de 34 naves, entre las cuales figuran 4 galeras bizantinas de
hasta 30 m de eslora y 9 de manga con una dotación calculada en 50 remos, barcas de pesca, pequeños buques

61
Mas’udi bucea en el pasado de la ciudad para explicarles a sus compatriotas su fundación
por Constantino el Grande sobre la antigua ciudad de Bizancio185. Las referencias geográficas
son numerosas y exactas: sitúa la ciudad en el borde del “Canal de Constantinopla” entre el
Mar Negro y el Mediterráneo; señala que estaba habitada en sus dos orillas, pero que la mayor
parte de la población se concentraba sobre la ribera occidental. Por ello, considera a Bizancio
un país de Occidente, el cual, según él, llegaba hasta Roma y España. Se detiene también en el
sistema defensivo de la ciudad, constatando la presencia de numerosas fortalezas a lo largo de
la costa, en torno al río Calycadnus y hasta el Canal de Constantinopla donde se situaban las
principales fortalezas del “País de Rûm”186. Refiere así murallas, bastiones, torres y puertas.
Sin duda alguna, el sistema defensivo constantinopolitano fue el gran “éxito” de la ciudad
frente a sus enemigos187. La descripción se vuelve más detallada cuando refiere a la ostentosa
metrópoli bañada por el canal en dos de sus costas: la E. y la N., y en la costa occidental el
continente, cuya puerta más impresionante llegando desde Tracia es la Porta Aurea188.
El relato de Mas’udi recoge sus aspectos menos positivos que hacían de la vida en la
metrópoli una existencia menos placentera de lo que creemos: “es una ciudad malsana, con
vientos soplando en numerosas direcciones y cuya situación entre mares hace que reine una
humedad continua”189. El clima de la urbe, de tipo continental, se caracteriza por un
predominio de veranos cálidos y secos e inviernos fríos, lluviosos y a menudo con nieve;
mientras la primavera y el otoño son suaves, imprevisibles y a menudo húmedos. La humedad
permanente, la niebla y los fuertes vientos producen un clima pernicioso que unido a la gran
densidad de población, provocó el estallido de grandes epidemias que se repetían cíclicamente
diezmando a su población190.
—A fines del siglo X, el tratado árabe Libro de las Colinas de Coral (Kitāb al-akmām
al-marjān), obra del geógrafo árabe Ishāq ibn al-Husain, hace referencia de forma tan
contundente a Constantinopla, aunque muy escueta, que merece la pena citarlo, ya que nos da
idea del lugar que ocupaba la ciudad en el imaginario medieval islámico, como ciudad irreal y
llena de maravillas: “contiene talismanes y maravillosos monumentos de los viejos
tiempos...”191.
—Un siglo después, un árabe originario de Nisibis, Muhammad Abū’l-Qāsim Ibn
Hawqal († 988), el que fuera escritor, geógrafo, cartógrafo y pertinaz viajero, tuvo ocasión de
visitar Constantinopla. Su trayectoria vital lo llevó a realizar un largo viaje recorriendo
Egipto, el norte de África, al-Ándalus, Ghana, Sicilia, Armenia, Azerbaiyán e Irán. Sus viajes
los realizó en calidad de comerciante y, al parecer, como “espía” al servicio de los fatimíes.
Hacia el 977 escribe el Libro de la Configuración de la Tierra (Kitāb Ṣūrat al -’Arḍ )192
producto de los viajes que realizó entre los años 943-969. La obra, que describe sus
experiencias personales y sus dilatados conocimientos, es de gran valor histórico hoy en día y

dedicados al comercio y un gran buque de carga de 40 m. También se ha localizado parte de la base de los
muelles y restos del edificio probablemente pertenecientes a las instalaciones portuarias y un faro. Enterrado en
el lodo, se han encontrado igualmente una gran cantidad de desechos, huesos de elefantes, leones, osos, 15
calaveras humanas y una multitud de piezas de cerámica, todo ello, probablemente arrojados desde los muelles al
agua como estercolero.
185
Mas’udi: t. II, p. 276.
186
Mas’udi: p. 109.
187
TURNBULL, S., The Walls…, op. cit., pp. 54-57.
188
Ibídem, p. 23, con una de las mejores reconstrucciones de la Puerta Dorada de Constantinopla.
189
Mas’udi: t. II, pp. 277-278; POLYCHROU, Th., “Costumbres e impacto ambiental en la ciudad de
Constantinopla”, en E Motos Guirao y M. Morfakidis (eds.), Constantinopla. 550 años…, op. cit., t. I,
Constantinopla Bizantina, pp. 265-266.
190
SCHREINER, P., Costantinopoli. Metropoli dai mille volti. Roma, 2009, p. 95.
191
VASILIEV, A. A., Byzance.., op. cit., p. 426.
192
Ibn Hawqal, Configuration de la Terre (Kitaba surat Al-Ard). París, 1964 (cit. en adelante: Ibn Hawqal).

62
constituye un relato ameno y tan exacto que fue de gran utilidad para los viajeros de su época.
Se considera primordial para la historia de los pueblos musulmanes de España, Italia y Sicilia,
pero también para el estudio de aquéllos que habitaban en tierras de los romanos. Sitúa la
ciudad imperial en el litoral del continente europeo193, un lugar privilegiado geo-
estratégicamente: “Constantinopla, la corte de los bizantinos, sus más grandes ríos y
ciudades”194. Y, por supuesto, añade que “el emperador habita en Constantinopla”195 y en
torno al “Canal de Constantinopla” se estructura la existencia pasada, presente y futura de la
ciudad bizantina196:
“El Canal de Constantinopla está cerrado por unas cadenas, confiadas a la supervisión de un
funcionario que controla el mar, y cada buque no puede ni salir, ni entrar sin la autorización
de este guardián. Esta mole está en la roca y en plomo...” 197.

La mención de las cadenas no es una mera banalidad, ya que constituyeron una de las
principales defensas de la ciudad. Mientras las poderosas murallas occidentales repelieron a
los diferentes invasores hasta en más de 22 asedios a lo largo de su historia, las del litoral y
sobre todo las del Cuerno de Oro, se mostraron más frágiles. Para paliar esa debilidad se
construyó una descomunal cadena de hierro que cruzaba el canal de orilla a orilla. La cadena
de unos 750 eslabones de medio metro de largo que se mantenían a flote gracias a unas boyas
de madera se instaló en tiempos de León III (717-741), uno de los extremos sujeto en la Torre
de Eugenio (actual barrio Sirkeci) y el otro en Megálos Pyrgos (Gálata) construida
expresamente para ello. La cadena era arrastrada por los barcos bizantinos para abrir o cerrar
el paso a las embarcaciones y en caso de ataque a la ciudad, la flota bizantina se colocaba
detrás de ella para retener e inmovilizar al enemigo mientras lo acosaba. Era un sistema de
defensa fácil y efectivo: en tiempo de paz el puerto permanecía abierto las 24 horas del día y
la pesada cadena se abría para los navíos comerciales permitiendo así la entrada a los puertos
situados en el Cuerno del Oro de los navíos autorizados e imposibilitando drásticamente la
entrada de cualquier barco no autorizado, como cuenta Ibn Hawqal198.
La ciudad aglutinaba la vida económica, política, judicial y cultural del Imperio, pero
también estaba rodeada por una zona rural muy próspera: “el distrito rural desde Antalia a
Constantinopla, es muy floreciente y muy productivo”199. Este floreciente entorno rural junto
con las huertas y campos intramuros, permitió la supervivencia de los habitantes de
Constantinopla en las numerosas ocasiones en las que sufrió asedio. En cualquier caso, para
una población tan elevada, fueron necesarios además suministros agrícolas y manufacturados
de todas partes del Imperio y del resto del mundo. El Occidente exportará al Imperio aceite,
trigo, vinos de Italia, sal de las lagunas, maderas, vidrio, armas y esclavos de las costas del
Adriático; Oriente le enviará seda, especies, pimienta, nuez moscada, jengibre, canela, azafrán
y sustancias aromáticas como incienso, bálsamo o mirra.
Ibn Ḥawqal se interesó, especialmente, por la estructura política del Imperio bizantino,
referencias que cobran verdadero valor histórico, ya que pocos viajeros tuvieron ese interés.
Sin embargo, manifiesta confusión en su relato en torno a los títulos militares y de la
administración, así como las funciones que les atribuye:

193
Ibn Hawqal: t. I, pp. 60 y 117.
194
Ibn Hawqal: t. I, p. 6.
195
Ibn Hawqal: t. I, p. 14.
196
Ibn Hawqal: t. I, p. 8. El canal que separa Constantinopla de la villa de Pera es el famoso “Cuerno de Oro”; vid.
al respecto, [Link] (último acceso 11-09-2015).
197
Ibn Hawqal: t. II, p. 332.
198
Ibn Hawqal: t. I, pp. 196-197.
199
Ibn Hawqal: t. I, pp. 196-197.

63
“... el emperador es seguido en la jerarquía por el Logotheta, que es el Visir. Después de él,
viene el Eparca; su dignidad está entre elegir dos cargos, el uno el rojo, el otro el negro [...]
tiene el poder de juzgar, de resolver, decapitar, de encarcelar y de castigar, sin siquiera
necesidad de consultar al emperador. Después viene el Doméstico, seguido por los Patricios,
un número de doce, ni más ni menos; si uno de ellos muere es reemplazado por cualquiera
de poder. Después vienen los Zarawira, en una cantidad innombrable, que son como los
comandantes de los cuerpos que siguen a los jefes de la armada. Después vienen los
Turmarcas, miembros de la aristocracia funcionaria y de las familias ricas de Constantinopla:
es la única forma de acceder a la Zarwara y al patriciado. Todos los hijos de los Turmarcas,
en Constantinopla, reciben del emperador un tratamiento a partir de su nacimiento y hasta el
fin de su vida...”200

—El interés manifiesto de Ibn Hawqal por acercar Constantinopla a sus coetáneos, va
más allá en otro escritor árabe del siglo XI, Ibn al-Faqīh al-Hamadānī (869-941/945) autor
del Libro abreviado de los países (Kitāb al-buldān)201 obra en la que dedica un capítulo
entero al “País de los Rum” que comprende las tierras que van desde Antioquía a Sicilia y
desde Constantinopla a Apulia. Contempla un próspero país habitado mayoritariamente por
griegos y eslavos que se dedicaban al arte, la filosofía y la medicina, siendo además los más
hábiles del mundo para las representaciones figuradas 202. La capital del país era tan orgullosa
que –según el escritor árabe– codiciaba la ruina de Jerusalén203 y afirmaba sobre sí misma, sin
ningún tipo de pudor: “Si el trono de mi Señor está sobre el agua, yo también he sido
construida sobre el agua”204. Describe a halig al-Qustantiniyya adornada con maravillosas
construcciones –entre las que destaca la presencia de una mezquita construida por Maslama b.
‘Abd al-Malik– y ocupando una extensión que se dilata hasta el Mar de Siria205. Al-Hamadani
recoge, como Ibn Hawqal, una amplia enumeración de la eficaz estructura administrativa
bizantina206.
La ciudad imperial también aparecerá en el imaginario medieval islámico
protagonizando curiosas leyendas. Al-Hamadani viajó por los “Países Orientales” y durante
su estancia en Hamadán oyó las profecías de Ka’b sobre el futuro de La Meca, Medina, Kufa
y otras grandes ciudades como Constantinopla: “será conquistada por un hombre de los Banu
Hasim”207. La profecía se equivocó, pues no fueron los miembros de la tribu de Quraish
quienes lo hicieron, sino los otomanos: “Se adueñarán de Constantinopla. ¡Afortunado el
príncipe, afortunado el ejército que llevará a cabo esa conquista!” 208. Esto no era más que una
leyenda surgida en el siglo VII y atribuida a Mahoma,209 la cual alentó durante siglos a las
huestes islámicas en su afán por someter la capital bizantina.

200
Ibn Hawqal: t. I, p. 191.
201
Ibn al-Faqib al-Hamadani, Abrège livre des pays. Damas, 1973 (cit. en adelante: Al-Hamadani) ; SOTO CHICA,
P., “Entre el Apocalipsis y el Mesías: los judíos, Bizancio y el primer Islam”, en Los Judíos y el Levante: Historia y
Cultura. Jornadas de Estudio sobre la cultura judía en el Oriente Mediterráneo. (XIII Encuentro sobre Grecia).
Granada, 19-20 febrero de 2015.
202
Al-Hamadani: p. 163.
203
Al-Hamadani: p. 174.
204
Al-Hamadani: p. 175.
205
Al-Hamadani: p. 174.
206
Al-Hamadani: p. 176.
207
Al-Hamadani: p. 312.
208
MAÍLLO SALGADO, F. (ed.), España, Al-Andalus, Sefarad: Síntesis y nuevas perspectivas. Salamanca, 1988,
pp. 391-394 (reimpr. 1990).
209
MORALES OSORIO, S., La Mirada de Occidente. Bizancio en la Literatura Medieval Española. Siglos XII-XV.
Granada, 2009, p. 57.

64
—Encontramos también la carta de un judío que se llama así mismo Rabbi Jasdai, hijo
de Isaac, hijo de Ezra el Español, escrita hacia el 960210, en la que enumera todas las
generaciones de los reyes judíos hasta el hijo del rey Bulan Ezequiel del Reino de Jazaria,
pueblo que se convirtió al judaísmo. La carta relata la historia de este reino recogiendo
algunas alusiones a Bizancio y a su capital, Constantineh, que es ubicada en el relato a 3.100
millas del gran mar (Atlántico) y a 270 millas de las tierras de Kozar (quince días de viaje) 211,
y es la capital de un poderoso reino212.
****
Entre los siglos IX y XII comienzan a llegar a Constantinopla hombres del norte de
Europa. Los escandinavos serán llamados en Bizancio de forma generalizada “varegos”,
aunque procedían de Suecia, Noruega, Islandia y Dinamarca. Los nórdicos llegaron a
Bizancio inicialmente bajo el estandarte de la guerra y sedientos de riquezas, siguiendo las
rutas comerciales desde el Báltico hasta Constantinopla, a través de Ladoga, Nóvgorod,
Vítebsk y el Dniéper. Sometieron a las tribus eslavas desorganizadas del Dniéper y lograron
fundar un Estado en torno a las ciudades de Cernigov, Perejaslav y Kiev. Esas primeras
ciudades fueron el refugio desde el cual se dirigieron hacia la capital bizantina, fracasando
repetidas veces contra los muros de la ciudad en 860, 907, 911, 941, 945, 971 y 1043. La
“Gran Ciudad” (Miklagard) era la ciudad más grandiosa y difícil de someter que habían visto
y por eso, sus ansias de saqueo mutaron para terminar ganándose el pan “honradamente” al
servicio militar del emperador o como peregrinos tras los pasos de San Olaf213.
En los extensos dominios imperiales entre los Balcanes y Asia Menor donde había
constantes disturbios los Varegos destacaron por su fuerza, habilidad, recursos y valor en la
lucha, además de por su lealtad. La “Guardia Varega” (Τάγμα των Βαραγγίων) surge en este
momento a partir del ejército de 6.000 hombres que regaló Vladimir I de Kiev a Basilio II tras
la firma de un tratado214 y se fue nutriendo constantemente con otros llegados a lo largo de los
siglos desde el norte de Europa: suecos, noruegos, islandeses, ingleses y escoceses. Su
cometido era proteger al emperador y su familia, por supuesto; también acompañarle a la
guerra, y pronto se convirtió en la élite del ejército bizantino. Esta guardia existió durante 300
años hasta la IV Cruzada en la que participaron defendiendo la ciudad; tras la captura de la
misma por los latinos fue desmantelada215. Sus aventuras y su paso por la capital bizantina
quedaron para siempre registradas en las conocidas “sagas escandinavas”. Veámos algunos
ejemplos.

210
Las cartas entre Rabbi Jasdai y el Rey Iosef fueron descubiertas en el siglo XVI por el refugiado español
Rabbi Itzjak Aqrish en El Cairo. Las cartas fueron publicadas por él en el año 1577 en un cuaderno llamado Kol
Mebasser.
211
Se refiere a las estepas situadas entre el Don, el Volga y el Cáucaso. SOTO CHICA, J., “Bizancio, la Persia
Sasánida, los búlgaros y la disputa ávaro-turca por el control de las estepas. 557-603”, Byzantion Nea Hellás, 34
(2015), pp. 117-134.
212
NATHAN ADLER, E., “The Epistle of R. Chisdai, son of Isaac (of blessed memory) to the King of the
Khozars (ca. 960)”, en Jewish Travellers in the Middle Ages. Nueva York, pp. 22-36; SOTO CHICA, J., “Una
esposa para el Khan. Una jugada maestra de la diplomacia bizantina del siglo VII”, en J. Alonso Aldama, J., C.
García Román y I. Mamolar Sánchez (eds.), ΣΤΙΣ ΑΜΜΟΥΔΙΕΣ ΤΟΥ ΟΜΗΡΟΥ. Homenaje a la Profesora Olga
Omatos. Vitoria, 2007, pp. 787-802.
213
Santo nórdico que según las leyendas había desaparecido en Jerusalén cuando realizaba su peregrinación
hacia el año mil.
214
CARILE, A., “Rus’e Impero Romano D’ Oriente nei trattati del X secolo”. Teología Política Bizantina.
Spoleto, 2008, pp. 219-235.
215
TURNBULL, S., The Walls..., op. cit., p. 36. Algunas fuentes parecen indicar que renació durante el Imperio
de Nicea y con la dinastía Paleóloga, pero no hay ninguna mención a este cuerpo militar durante los sitios
otomanos de la ciudad en los siglos XIV y XV.

65
—Entre los más renombrados emigrantes norteños que llegaron a Constantinopla
destaca un aventurero noruego: Harald Hardrada (Harald III de Noruega, 1015-1066). El
periplo de sus aventuras se inicia hacia el verano de 1031 cuando decide ir a Rusia para luchar
al servicio del rey Jarisleif. Pasa varios años a su servicio hasta que inicia con sus hombres la
expedición a Bizancio:
“Antes de que el viento frío del mar se encrespe.
El cortador de la tierra pasó volando,
sus yardas negras balanceándose hacia adelante y atrás,
la borda de su escudo colgada de inmersión bajo.
El rey miró hacia el arco
resplandor del metal de Constantinopla,
desde la torre y el techo, y las velas pintadas
voló hacia los últimos pueblos y valles arbolados”216.

La “Dorada” Constantinopla le atrajo y pronto supo hacerse un hueco en su ejército:


“.. cuando llegó Harald a Constantinopla se presentó a la emperatriz y entró a su salario, y de
inmediato, en otoño, se fue a bordo de las galeras abiertas con las tropas que salieron al mar
griego. Harald tenía junto a él a sus hombres. Llevaba Harald un corto período de tiempo en
el ejército y todos los varegos acudían a él, y todos ellos se unieron cuando hubo una batalla.
Por lo tanto, vino a suceder que Harald se convirtió en Jefe de los Varegos. Había un jefe
sobre las tropas que se llamaba Gyrger, y que tenía una relación con la emperatriz. Gyrger y
Harald recorrieron todas las islas griegas y lucharon contra los corsarios…”217.

Harald llegó a Constantinopla en 1034 acompañado por quinientos vikingos armados y


muy pronto entró en la guardia varega convirtiéndose con el tiempo en su “Acólito”
(Ακόλουθος)218. El noruego logró numerosos éxitos militares para Bizancio, participando en
18 exitosas batallas, y por sus victorias en Bulgaria fue conocido entre los bizantinos como
“Azote de los búlgaros”. Tras diez años de luchas, Harald volvió a Constantinopla donde supo
que Magnus Olafson se había convertido en rey de Noruega y Dinamarca, lo que le impulsó a
regresar a su patria para reclamar el trono. Finalmente, partió rumbo a Noruega donde se
convertiría en rey con el nombre de Harald III compartiendo el trono con su sobrino Magnus I
el Bueno que le aceptó como corregente a cambio de la mitad de las riquezas que había
acumulado en Constantinopla:
“Cuando Harald llegó a Novgorod le recibió Jarisleif el rey […] allí permaneció todo el
invierno […] luego llevó a su alojamiento todo el oro y los muchos tipos de cosas preciosas
que había enviado desde Constantinopla y en conjunto había formado tan gran tesoro que
nadie en las tierras del Norte haya visto como ese en posesión de un hombre”219.

El gran tesoro que acumuló en la capital bizantina no era fruto únicamente de su sueldo
como miembro de la guardia varega, sino que habría que añadir los beneficios de todas las
razzias que llevó a cabo y de la costumbre griega que imperaba por entonces cuando moría el
soberano:
“Es la costumbre allí, es decir, que cada vez que muere uno de los emperadores griegos, se
les permite a los varegos que puedan pasar por todos los palacios del emperador donde sus

216
Saga de Harald Hardrada, cap. 2, en [Link]
heimskringla/009_01.html (última consulta 25-07-2015).
217
Ibidem.
218
Era el título que llevaba el Comandante de la Guardia Varega.
219
Saga de Harald Hardrada: cap.16.

66
tesoros y cada uno pueda tomar y conservar lo que puede echar mano de él mientras va a
través de ellos”220.

La Saga de Harald Hardrada narra todas las peripecias de una vida llena de acción en la
que Constantinopla está presente de forma protagónica como “El Dorado” de la época hacia el
que se dirigían los sueños de hombres que no dudaban en dejar familia, casa y país en pos de
colmar su ambición de riquezas.
—Siguiendo la leyenda de Harald llegarán a Constantinopla más nórdicos. A principios
del siglo XII viajó a Oriente un importante personaje noruego, Sigurd I de Noruega (1090-
1130) o Sigurd El Cruzado o el Peregrino de Jerusalén. Era hijo del rey Magnus III al que
había sucedido en el trono, junto a sus hermanos Oystein y Olaf Magnusson, con apenas 14
años. A los 18 años dejó el trono a Oystein para llevar a cabo una mezcla entre cruzada y
peregrinación que le convirtió en el primer monarca en participar en una cruzada. Sus hazañas
se narran en la Saga de Sigurd el Cruzado y sus hermanos, Eystein y Olaf 221. Zarpó de Bergen
en el otoño de 1108 con una impresionante comitiva de 60 barcos y 6.000 hombres para llevar
a cabo una aventura de unos tres años en los que recorrieron: Inglaterra, la Península Ibérica,
San Juan de Acre y Constantinopla. En Acre, Balduino I de Jerusalén le obsequió con un
fragmento de la Vera Cruz que juró que llevaría a la tumba de San Olaf; en agradecimiento, el
nórdico lo apoyó militarmente: Balduino por tierra y Sigurd por mar conquistaron a los
sarracenos la ciudad de Sidón. En enero de 1111, emprendió el regreso a Noruega pasando
por Chipre, el Peloponeso y Constantinopla, donde el emperador Alejo I lo recibió con todos
los honores.
Su estancia en la ciudad fue breve, pero las referencias que hace de ella son de gran valor.
Nada más llegar dejó a un lado sus devotas motivaciones para afirmar sin titubeos que “en
Constantinopla se pueden encontrar oportunidades de conseguir riqueza” 222. Esto era, en
realidad, lo que atraía a miles de hombres, no solo nórdicos, hacia la ciudad del Bósforo,
convirtiéndola en una urbe no solo “deseada”, sino “codiciada”. Quedó impresionado por su
gran magnitud, puesto que no estaba habituado a contemplar ciudades tan grandes, y
especialmente de su puerto: “ahí desde la tierra se podía ver en la bahía las velas, y las velas
estaban tan cerca unas de otras, que parecían formar un recinto”223. Tampoco le pasaron
desapercibidos el boato y ceremonial de la corte constantinopolitana cuando el emperador
bizantino Alejo I (Kirjalax) ordenó que le recibieran:

“… y ordenó que el puerto de la ciudad de Constantinopla fuera abierto, el cual se llama


Torre del Oro, a través del cual el emperador da paseos cuando está durante mucho tiempo
en Constantinopla, o ha hecho una campaña en la que ha obtenido la victoria”224.

Los noruegos llegan a la ciudad con la lección bien aprendida, pues su soberano los instó
a comportarse como era debido ante las “maravillas que se desplegarían ante sus ojos como la
sala Laktjarna o Chrysotriklinos, sala del trono bizantino que era una “magnífica sala, donde
todo era del mayor estilo” situada en el Gran Palacio de Constantinopla o Palacio Sagrado que
contaba con más de 20.000 m2 repartidos en cientos de pabellones, entre los que destacaba
aquella sala del trono. Si bien el palacio había dejado de utilizarse como residencia imperial
hacia el 1081, al trasladarse ésta al Palacio de Blaquernas, seguía utilizándose en grandes

220
Saga de Harald Hardrada: cap. 14.
221
Saga of Sigurd the Crusader and His Brothers Eystein and Olaf: caps. 12-13. Snorre Sturlanson,
Heimskringla or The Chronicle of the Kings of Norway, en [Link]
20epics/kings%20sagas/ heimskringla/009_01.html (última consulta 25-07-2015).
222
Saga of Sigurd the Crusader and His Brothers Eystein and Olaf: cap. 12.
223
Saga of Sigurd the Crusader and His Brothers Eystein and Olaf: cap. 12.
224
Saga of Sigurd the Crusader and His Brothers Eystein and Olaf: cap. 12.

67
ocasiones ceremoniales como lo fue la visita del monarca escandinavo. Sigurd y sus hombres
tuvieron oportunidad de disfrutar de uno de los espectáculos más impresionantes de
Constantinopla: los juegos en el Hipódromo (Padreim), construcción que podía albergar a
más de cien mil personas. Los nórdicos pudieron comprobar los muchos tipos de eventos que
se celebraban y la efusión con la que los constantinopolitanos los vivían; se sorprenden, sobre
todo, por la gran afición de la pareja imperial por el juego, ya que jugaban y apostaban incluso
el uno contra el otro:

“Las personas que han estado en Constantinopla dicen que el Padreim es así construido: [...]
un alto muro rodea a una llanura [...] con bancos de tierra todo en el muro de piedra, en los
bancos se sientan los espectadores, pero los juegos se encuentran en la llanura”225.

“Hay muchos tipos de eventos representados [...] y la gente parece como si fuera realmente
presente en los juegos. Los juegos en sí son tan ingeniosa y hábilmente manejados, que la
gente parece estar en la cresta en el aire, y ellos también utilizan tiro de fuego226. Cantan y
tocan todo tipo de arpas y música con instrumentos”227.

Las relaciones entre los dos soberanos fueron muy estrechas, tanto que el rey noruego
ofreció una fiesta en honor al emperador bizantino:
“Se cuenta que el rey Sigurd un día fue a dar al emperador una fiesta, y ordenó a sus
hombres preparar suntuosamente todo lo que fuese necesario para el entretenimiento, y
cuando todas las cosas estuvieron adecuadas para una velada a un gran personaje, a las
personas de alta dignidad […] ordenó ir a la calle en la ciudad donde la leña se vendía, dado
que se requería una gran cantidad para preparar la fiesta [...] cuando no se encontró […] el
respondió: “ve a ver si puedes conseguir nueces” […] llegó el emperador […] y el rey Sigurd
recibió al emperador con gran estado y lo entretuvo magníficamente. Cuando la reina y el
emperador descubrieron que nada le faltaba, ella envió a algunas personas a investigar lo que
había utilizado como leña, y llegaron a una casa llena de nueces […] y regresó y le dijo a la
reina: “en verdad, este es un rey magnífico, que no escatima gastos cuando se trata de su
honor…”228.

Durante su fugaz estancia en Constantinopla, Sigurd fue tratado como el rey que era, más
que como el peregrino que “fingía” ser. Sin embargo, no percibieron durante su estancia que
eran tiempos de cambio para el Imperio bizantino. Tras el esplendor vivido durante el
Renacimiento Macedónico, se inicia una profunda crisis propiciada por la aparición de dos
poderosos enemigos: los turcos selyúcidas y los reinos cristianos de Europa Occidental. En
estos tiempos de cambios encontramos algunas escuetas menciones a estancias de diferentes
personajes vikingos en Constantinopla.
—La Saga de Hakon Herdebreid proporciona diversa información sobre la presencia
de escandinavos en las filas del ejército constantinopolitano protagonizando acontecimientos
míticos:
“... en los días de Kirjalaz, el emperador de Constantinopla, cuando se produjo un gran
cuerpo de varegos en la ciudad. Sucedió en el verano que el emperador estaba en una
campaña y en estaba en el campamento con su ejército. Los varegos que tenía de guardia [...]
fueron a dormir, y cada uno debía tener su casco y escudo sobre él, la espada en la cabeza y
la mano derecha sobre el mango de la espada. Uno de estos compañeros, cuya suerte fue a
ver la última parte de la noche, se encuentró, al despertar hacia la mañana, que la espada

225
Saga of Sigurd the Crusader and His Brothers Eystein and Olaf: cap. 12.
226
“Fuego griego” o fuegos artificiales.
227
Saga of Sigurd the Crusader and His Brothers Eystein and Olaf: cap. 12.
228
Saga of Sigurd the Crusader and His Brothers Eystein and Olaf: cap. 13.

68
había desaparecido. Miró después y la vio tendida en la llanura a una distancia de él [...] se
levantó y tomó la espada, pensando que sus compañeros que habían estado de guardia habían
tomado en broma su espada [...] lo mismo pasó tres noches [...] su espada se llamaba Hneiter
y había pertenecido al rey Olaf [...] esto se lo dijeron al emperador, quien llamó al hombre a
quien pertenecía la espada ante él, y le dio tres veces tanto oro como la espada valía [...] los
hijos de Harald Gille, Eystein, Inge y Sigurd, y Eindride Unge, estaban en Constantinopla
cuando estos hechos ocurrieron”229.

La presencia de varegos entre las filas del ejército bizantino y su papel decisivo en las
luchas más transcendentales del Imperio quedan patentes en “El Milagro de Olaf en favor de
los varegos”:
“Sucedió una vez en el país griego, cuando fue emperador Kirjalax, que hizo una expedición
contra Blokumannaland. Cuando llegó a los llanos de Pezina, un rey pagano, con una
innumerable multitud [...] Thorer Helsifig, que en ese momento era el líder de los varegos,
respondió a las palabras del rey: “si hubiese fuego ardiente en mi apoyo y el de mi pueblo”.
Entonces el rey le respondió: “Llamad a vuestro santo Rey Olaf como ayuda y fuerza”. Los
varegos que eran 450 hombres, hicieron un voto con la mano y con la palabra de construir
una iglesia en Constantinopla, por cuenta propia y con la ayuda de otros hombres buenos, la
iglesia consagrada al honor y la gloria del Santo Rey Olaf, tras lo cual los varegos se
precipitaron en el llano [...] donde se le dio al enemigo la mayor derrota”230.

Estos milagros evidencian la presencia continua de escandinavos en Constantinopla y en


las batallas del Imperio protegiendo al emperador; más aún, refieren el ambiente mítico que
envolvía a Miklagard donde no sólo se creaban fortunas, sino que también se forjaban mitos.
—Entre 1157 y 1161 encontramos nuevas referencias a estancias de escandinavos en
Constantinopla bien como mercenarios o bien como peregrinos. La Saga de Sigurd, Inge y
Eystein que versa sobre los hijos de Harald en el capítulo titulado “El viaje de Erling Skakke
y Earl Ragnvald” alude a diversos peregrinos escandinavos que visitaron Tierra Santa y
permanecieron algún tiempo en la capital bizantina:
“Earl Ragnvald y Skakke Erling vinieron a Palestina en el curso de su expedición y todo el
camino hasta el río Jordán. De allí se dirigieron primero a Constantinopla, donde los habían
dejado sus naves, viajaron hacia el norte por tierra y llegaron a salvo a Noruega, donde el
viaje fue muy elogiado. Erling Skakke parecía ahora un hombre mucho mayor que antes, en
razón de su viaje y de su matrimonio; además de que era un hombre sensible, rico, de gran
familia, elocuente...231.

El tiempo que permanecieron en la capital bizantina no queda claro, pero parece que se
trataba de peregrinos realizando un peregrinaje a Tierra Santa durante el cual llevaron a cabo
una pequeña escala “piadosa” o “técnica” en Constantinopla.
—La Saga de Magnus Erlingson que historia el reinado de este monarca desde 1177
hasta 1184, refiere también la existencia de algunos nórdicos que fueron a la capital bizantina.
Tal es el caso de Cristina, hija de Sigurd el Cruzado, que había abandonado a su esposo por
otro hombre, y juntos viajaron a Constantinopla donde hallaron un lugar en el que comenzar
de nuevo y dejar atrás el pasado:
“La princesa Cristina y el conde Erling tenían una hija llamada Ragnhild, que estaba casada
con Jon Thorbergson de Randaberg. Cristina se fue del país con un hombre llamado Grim

229
Saga of Hakon Herdebreid: cap. 20-21, Snorre Sturlanson, Heimskringla or The Chronicle of the Kings of
Norway..., op. cit., (última consulta 03-02-2015).
230
Saga of Hakon Herdebreid: cap. 20-21.
231
Saga de Sigurd, Inge y Eystein: cap. 17. Snorre Sturlanson, Heimskringla.., op. cit.

69
Rusle, y se fueron a Constantinopla, donde estuvieron durante un tiempo y tuvieron algunos
niños”232.

En esta saga, Constantinopla no es ya sólo un lugar donde hacer fortuna rápidamente a


través del servicio de armas y retornar pronto a la patria, sino que se ha convertido también en
un destino donde establecerse de forma más o menos definitiva.
—La Saga Laxdaela recoge el “Viaje de Bolli Bollason”, un importante islandés (n. h.
1004) que estuvo en Constantinopla como mercenario de la guardia vrega. Bolli partió de
Islandia, pasó por Noruega y después permaneció un invierno en Dinamarca, lugares donde se
ganó la vida al servicio militar de sus diferentes reyes, para amasar una pequeña fortuna que
le permitió continuar el viaje hacia Constantinopla en pos de una fortuna mayor:
“Cuando Bolli había estado un invierno en Dinamarca comenzó su viaje hacia el extranjero y
no se detuvo en su viaje hasta que llegó a Micklegarth (Constantinopla). Estuvo allí poco
tiempo antes de que ingresara en la Guardia Varega, y, por lo que hemos oído, ningún
nórdico había ido nunca a tomar el camino del rey Garth antes de Bolli, hijo de Bolli. Se
quedó en Micklegarth muy numerosos inviernos y se pensaba que era el más valiente de
todos los actos de un hombre, y siempre iba junto a los de la vanguardia. Los Varegos hablan
muy bien de cuando Bolli se encontraba con ellos en Micklegarth”233.

Bolli Bollason regresó a su patria haciendo gala de su éxito en la capital bizantina,


ataviado con magníficas vestiduras bordadas en oro, con una capa púrpura y ropas de seda
que aseguraba que le había regalado el soberano bizantino. Su muerte le sobrevino reinando
Harald III de Noruega (1047-1066).
—La islandesa Saga de Grettir el Fuerte234 detalla la vida de Grettir Asmundarson, un
guerrero islandés que se convirtió en un proscrito. El texto fue escrito entre los siglos XI y
XIII por un autor anónimo que basó su relato en otro más antiguo escrito por Sturla
Pórdarson. Trata sobre la vida de Grettir, un antihéroe que residía en el acantilado de Drangey
(en el N. más extremo de Islandia) junto a su hermano Illugi y su esclavo Glamour. En la saga
emergen los nombres de tres importantes personajes islandeses de la época de Magnus el
Breve que fueron a Constantinopla como mercenarios: Thorbjorn, que ejerció allí servicios
militares; Harald (hijo de Sigurd) y un tal Thorsteinn que fue para perseguir y vengar la
muerte de Grettir.
—La Gesta Danorum de Saxo Gramático, escrita a fines del siglo XII y principios
del XIII, es una voluminosa historia de Dinamarca con la que su autor pretendía ensalzar a los
antiguos héroes y reyes de su nación al tiempo que intentaba legitimar las aspiraciones
políticas de la casa real de su época. Esta fuente nórdica refiere la presencia en Bizancio de
Estarcatero, personaje entre mítico y real que ya aparecía en la Saga de los Ynglingos y la
Saga de Gautrek caracterizado como la personificación de las temperancias y de las virtudes
de los grandes guerreros de la Antigüedad. Estarcatero venció en Bizancio a un gigante de
nombre Tana235.
—La Historia de Burnt Njal o Saga de Njal pertenece a las sagas islandesas anónimas
del siglo XIII de autor desconocido. Se menciona en ella a un danés llamado Kolskegg, que
hace una reflexión muy interesante sobre Constantinopla, ya que para él no sólo era un lugar

232
Saga de Magnus Erlingson: cap. 30. Snorre Sturlanson, Heimskringla.., op. cit.
233
Saga Laxdaela, “Viaje de Bolli”: cap. 73, en [Link] (última consulta en 26-03-
2015)
234
Saga de Grettir el Fuerte: cap. LXXXII-XCIII, en [Link]
fuerte/41178 (última consulta 14-01-2015).
235
IBÁÑEZ LLUCH, S., Saxo Gramático, Historia Danesa (Gesta Danorum). Madrid, 2013, pp. 424-433.

70
en donde hacer fortuna, sino también un espacio en donde establecerse para el resto de la
vida:
“Kolskegg fue bautizado en Dinamarca, pero aún así no podía descansar allí, por esto se fue
a Rusia y allí pasó un invierno. A continuación fue a Miklegarth y entró al servicio del
emperador. Lo último que se supo de él fue que se casó allí con una mujer y fue capitán de
los varegos, y permaneció allí hasta el día de su muerte... “236.

La saga, escrita entre 1270 y 1290, refiere también el nombre de un príncipe inglés
exiliado, Edgar Aetheling (1053-1130), nieto del gran Vladimir I de Kiev. Trasladado a
Constantinopla en 1098, sirvió en la guardia varega y hay constancia de que jugó además un
importante papel al servicio del emperador Alejo I Comneno que le dio el mando de una flota
para asistir a la Primera Cruzada, llevando refuerzos a los cruzados durante el sitio de
Antioquía. Esta fuente es de gran importancia para nuestro estudio, pero tiene el
inconveniente de que en sus versos se funde lo histórico con lo legendario y la plena ficción.

****
Los viajeros árabes y los hombres del norte de Europa empiezan a ser superados en
número a partir del siglo XI por los occidentales que comienzan a llegar a Constantinopla
cada vez en mayor número por razones piadosas o en busca de fortuna. Este período histórico
será crucial en las relaciones entre Occidente y Bizancio, ya que Constantinopla ejerció de
punto de encuentro y desencuentro cuando el “Occidente fue sobre Oriente” bajo el pretexto
de la cruz. A lo largo de los siglos, ambos habían tenido unas relaciones más o menos fluidas
pero siempre distantes, pero nunca se acercaron tanto en su conocimiento mutuo como en la
época de las Cruzadas237. Los occidentales residentes en la capital bizantina, ante el modo de
vida de sus habitantes, no pudieron ocultar ni controlar la envidia y el odio que les provocaba
aquella “terrorífica” ciudad238. Los grandes ejércitos cruzados acampados ante las murallas de
Constantinopla, de paso a Tierra Santa, vislumbraron por primera vez las riquezas del “rey de
Constantinopla” y sopesaron la posibilidad de someter la ciudad “deseada” y “hereje” 239:
“... como los condes estaban de acuerdo y soñaban con apoderarse de la capital, acordaron
llevar adelante un mismo plan (esto lo he mencionado en repetidas ocasiones anteriormente)
que consistía en seguir aparentemente el camino que conducía a Jerusalén, cuando en
realidad lo que querían era arrebatarle al soberano el trono y adueñarse de la capital”240.

—Entre los viajeros occidentales llegados en vísperas de la Primera Cruzada


encontramos a Roberto I de Normandía o el Magnífico (1004-1035), que realizó en 1035
una visita a Constantinopla con motivo de su peregrinación a Jerusalén. Roberto prestó
juramento en la capital bizantina a su emperador a la par que le prometía el envío de refuerzos
militares nada más llegar a su tierra, a la que marchó satisfecho241. Los quinientos celtas del
conde llegarían tal y como había prometido, para auxiliar al emperador cuando el Imperio se
hallaba acosado por mar y tierra242.

236
WEBBE DASENT, G., The Story of Burnt Njal (Njal’s Saga), parte 5: secciones 72-86, cap. 80, en
[Link] (última consulta 22-03-2015).
237
SPIRIDONAKIS, B., Grecs, Occidentaux et Turcs de 1054 à 1453: Quatre siècles d’histoire de relations
internacionales. Salónica, 1990.
238
GROCOCK, C. W.; SIBERRY, J. E., Gilo of Paris, The Historia Vie Hierosolimitane of Gilo of Paris.
Oxford, 1997, p. 64.
239
Ana Comnena: p. 16.
240
Ana Comnena: p. 419.
241
Ana Comnena: p. 318.
242
Ana Comnena: p. 344.

71
—Según consta en el manuscrito originario del monasterio cisterciense de San Creus
conocido como Anonymus Tarraconensis243, de fines del siglo XI, un hispano visitó
Constantinopla. En el anónimo se inserta una breve descripción en latín de Constantinopla. El
monje que escribió el relato ejercía como copista en el monasterio, pero partió a
Constantinopla para aprender griego en la escuela de Santa Sofía poco antes de la Primera
Cruzada y para vivir el culto de la Virgen en sus diferentes formas: su veneración en los
santuarios, reliquias, iconos, procesiones o milagros.
—De Constantinopoli civitate refiere una descripción pormenorizada de algunos de los
más importantes monumentos constantinopolitanos, pero sobrecoge con sus referencias a las
reliquias y los milagros relacionados con ellas que se producían por doquier en cualquier parte
de la ciudad. El relato se termina desgraciadamente de forma abrupta cuando recogía el
“Milagro de la Virgen que socorre a Constantinopla”. Esta pequeña descripción tiene un gran
valor al tratarse de la primera surgida de la mano de un occidental que ha sido publicada y
destaca su gran interés por las riquezas de la ciudad y el importante papel que juega la Virgen
en la vida religiosa de la misma244.
El relato se inicia con la situación geográfica de la ciudad y con una descripción de sus
grandezas; una urbe que no solo es magna y rica, con espléndidos y bellísimos edificios, sino
que además es cosmopolita, ya que residen en ella hombres de diversos cultos: armenios,
sirios, longobardos, anglos, daneses, judíos, francos y turcos, aunque las mejores y mayores
mansiones son las de los griegos245. El hispano pudo visitar algunos de esos edificios como la
Iglesia de los Stos. Apóstoles, donde contempló algunas reliquias. Pero donde más tiempo
permaneció fue en la gran Iglesia de Santa Sofía de la que afirmó: “es incomparable entre
todas las iglesias de la orbe”246. Se trataba de la primera iglesia de Constantinopla y de todo el
reino griego247 construida acaso –según el autor– por un milagro divino248. En esto coincide el
monje hispano con otras fuentes que afirman que la construcción de esta iglesia fue designada
por un ángel en sueños al emperador Justiniano249.
El monje proseguía su relato descriptivo siguiendo el mismo recorrido que hacía el
emperador cuando se dirigía desde el templo a su palacio, ambos conectados 250. En dicho
palacio ubica este religioso algunas de las principales reliquias de Cristo: la Vera Cruz251, la
Corona de Espinas, la Sandalia de Cristo, la Lanza con la que su cuerpo fue atravesado o la
piedra del sepulcro en el que fue depositado su cuerpo 252. Después visitó la iglesia Sancte Dei
Genitricis (Blaquernas) y describe su belleza marmórea, sus capiteles de oro y sus techos de
plomo; pero el verdadero valor del templo era que albergaba un Icono glorioso y milagroso,253
el Icono portátil de la Virgen conocido como él “no hecho con manos humanas” que producía
un milagro de forma habitual cada viernes, al caer la tarde, cuando al terminar el oficio
religioso el velo que cubría la Virgen se levantaba como empujado por un viento de origen
“misterioso” para dejar ver la cara de la Madre de Dios como si estuviese viva254. También
recoge la procesión de la Virgen que llegaba a la Basílica de San Salvador hecha para obtener

243
CIGGAAR, K. N., “Une description de Constantinopla dans le Tarragonensis, 55”. Révue des Études
Byzantines, 53 (1995), pp. 117-140 (cit. “Une description. Tarragonensis”).
244
“Une description. Tarragonensis”: p. 121.
245
“Une description. Tarragonensis”: p. 119.
246
“Une description. Tarragonensis”: p. 121.
247
“Une description. Tarragonensis”: p. 122.
248
“Une description. Tarragonensis”: p. 125.
249
EGEA, J. M., Relato de cómo se construyó Santa Sofía. Granada, 2003, p. 89.
250
“Une description. Tarragonensis”: pp. 125-126.
251
EGEA, J. M., Relato de cómo se construyó…, op. cit., p. 105.
252
“Une description. Tarragonensis”: p. 120.
253
PENTCHEVA, B. V., Icons and Power. The Mother of Good in Byzantium. Pennsylvania, 2006, pp. 145-163.
254
“Une description. Tarragonensis”: pp. 121-122.

72
su protección. En verdad, la Madre de Dios era para los constantinopolitanos la que protegía a
la metrópoli tanto o más que su ejército o sus poderosas murallas255.

En plena época de las cruzadas algunos cronistas integrantes de los ejércitos cruzados
recalaron en Constantinopla y en los escritos que redactaron tras el regreso a su patria,
refirieron también sus impresiones sobre la capital bizantina.
—Tal es el caso de Fulquerio de Chartres (1059-1127) autor de la Historia de la
Cruzada, una crónica de las gestas de la Primera Cruzada entre 1095-1099, pero que incluye
también una referencia a las maravillas que su autor pudo contemplar en Constantinopla256:
“¡La que es una noble y bella ciudad es Constantinopla! ¡Cómo vemos los monasterios y los
palacios construidos con un arte admirable! ¡Y las obras por doquier para contemplar en las
plazas y en las calles! Sería muy largo y muy fastidioso de decir en detalle cuánta
abundancia de riquezas de todo género, de oro, de plata, de telas de miles de especies y de
santas reliquias se encuentran en esta ciudad, donde en todos los tiempos, los numerosos
257
buques aportan todas las cosas necesarias para los necesidades de los hombres…” .

Los grandes señores de esta Cruzada no sólo tuvieron oportunidad de contemplar todos
estos portentos, sino que además fueron admirablemente agasajados, ya que el emperador
trabaja de “contenerlos” de esta forma:
“… el emperador les ofrece piezas de monedas acuñadas con su imagen. En tanto que a ellos
les quieres dar sus caballos, telas y el dinero y su tesoro. Todo lo que necesitan para
258
completar un largo camino” .

—Otro cronista de la Primera Cruzada fue Bartolf de Nangis († h. 1109), quien recoge
sus experiencias en su obra Gesta Francorum Iherusalem expugnatium. En ella queda
reflejado el asombro de los cruzados por la inexpugnabilidad de la ciudad, calificando sus
sistemas defensivos de “enormes e inexpugnables”259. La ciudad cosmopolita que descubren
los cruzados de paso a Tierra Santa les sobrecoge:
“… en la ciudad hay griegos, búlgaros, alanos, cumanos, pigmaticanos, italianos,
venecianos, romanianos, dacianos, ingleses, amalfitanos, algunos turcos; muchos pueblos
paganos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, y pueblos de todas las naciones vienen
260
juntos aquí” .

—Roberto el Monje (†1122), otro participante de la Primera Cruzada, en su obra Gesta


Francorum se refiere a la urbe griega como “ciudad real” o lo que es lo mismo, “ciudad entre
las ciudades”261. El Occidente cristiano también admiró el prestigio religioso de la gran urbe
que no tenía parangón con ninguna ciudad cristiana de la época, ni siquiera Roma o Jerusalén
atesoraban tal cantidad de reliquias y de tanta trascendencia desde el punto de vista espiritual:

255
“Une description. Tarragonensis”: pp. 127-128.
256
MÉNARD, J., Fourcher Chartres, Histoire de la Croisade. Le récit d’un témoin de la première Croisade
1095-1106. París, p. 31 (cit. en adelante: Fourcher de Chartres).
257
Fourcher de Chartres: p. 31.
258
Fourcher de Chartres: p. 32.
259
Bartolf de Nangis, en Recueil des Historiens des Croisades. Historiens Occidentaux. 1844-1895, París. III, p.
490 y ss, en Source [Link]/Bibliothèque de France, [Link] (última
consulta 01-09-2015).
260
Ibídem.
261
GUIZOT, Fr., Robert Le Moine, Histoire de la Première Croisade. Clermont-Ferrand, 2004, p. 38 (cit. en
adelante: Roberto el Monje); SWEETENHAM, C., Robert the Monk's History of the First Crusade: Historia
Iherosolimitana, Aldershot, 2005.

73
“... la real y segura residencia de las santas reliquias [...] debe ser con justo título igual a
Roma en dignidad santa y en majestad real, no que Roma sea elevada por encima de todas
las otras por el honor supremo del pontificado, y también la capital y el jefe de toda la
262
Cristiandad” .

Es sorprendente el argumento de este monje en defensa de la igualdad de Constantinopla


y Roma como cabezas de la Cristiandad, ya que choca directamente con la idea que lleva
siglos forjándose en Occidente impulsada por Roma sobre la subordinación religiosa de
Constantinopla a Roma y el primado papal.
—A principios del siglo XII, recaló en Constantinopla el granadino Abu Hamid al-
Garnati (1080-1169), viajero, literato y geógrafo hispanoárabe que huía del integrismo
político y religioso que los almorávides impusieron en al-Andalus. Se sabe que visitó el
Magreb, Egipto, Europa Oriental, Próximo Oriente, el Cáucaso y el alto Volga, para fijar
finalmente su residencia en Damasco, donde murió. Su obra más destacada, Elogio de
algunas maravillas del Magreb, es un auténtico y valioso tratado cosmográfico medieval que
refleja fielmente la inmensa labor geográfica y científica que llevó a cabo, junto al interés de
su autor por adquirir conocimientos. Recogió, por ello, todo tipo de conocimientos sobre las
tierras y sus habitantes, los fenómenos climatológicos, zoológicos, geológicos e incluso
leyendas de los lugares que visitó, con una gran capacidad descriptiva. Son numerosas las
alusiones en esta obra al Mar de los Rum o Mar Mediterráneo que iba desde el mar de Ifriqiya
(Túnez) hasta Antioquía, y desde Tarso hasta detrás de Chipre263. El viajero divide el mundo
en siete climas, uno de ellos es el denominado “Clima de al-Rum”,264 que comienza en
Oriente y pasa por diferentes zonas entre las que se incluye Qustantiniyya, hasta terminar en
el mar de al-Magrib265. Sitúa Constantinopla entre los mares Egeo y Mármara, 266 que se
vierten en el Mar de los Rum:
“…en Qustantiniyya su anchura es de una medida de tres millas solamente. Y Qustantiniyya
es un mirador elevado sobre él. Y sabe que ellos conocían a distancia las parasangas de la
tierra firme caminable de la orilla y conocían las parasangas marítimas evaluando el
recorrido, y calculaban que el día y la noche, si el viento les era favorable, eran cincuenta
parasangas. Sabían las parasangas del Mar Circundante y de lo que había detrás de él por la
disposición de las atalayas…”267.

—En la primera mitad del siglo XII, se hospedó en la ciudad imperial el ceutí Abū Abd
Allāh Muhammad al-Idrīsī (1100-1165 o 1166), que resultará fascinado por la “ciudad de la
ciudades”. Fue uno de los más notables cartógrafos de la historia, pero vivió en una época
sumamente compleja para las relaciones entre el mundo árabe y Occidente. Realizó su
peregrinaje que le llevó por tierras españolas, francesas, italianas y bizantinas. El fruto de este
viaje cuajó en su obra Kitab Ruyar o más conocida en Occidente como El libro de Roger,
escrito en 1154 por orden de Roger II de Sicilia. La capital de los griegos no puede ser más
completa a ojos de Idrisi que afirma que “Constantinopla es una gran ciudad, densamente poblada,
llena de edificios y sus alrededores están bien cultivados” 268:

“… esta capital tiene una forma triangular. Dos de sus lados están rodeados por el mar, y el
tercero en el lado del interior. La longitud de la ciudad es de nueve millas y está rodeada por

262
Roberto el Monje : p. 39.
263
Abu Hamid, Al -Mu`rib `an ba`d `aya´ib al- Magrib (Elogio de algunas maravillas del Magreb), Madrid,
1991, pp. 70-72, 138, 147, 157, 263-264 (cit. en adelante: Abu Hamid).
264
Abu Hamid: p. 271.
265
Abu Hamid: p. 278.
266
Abu Hamid: p. 264.
267
Abu Hamid: p. 265.
268
Al-Idrisi en [Link] (última consulta 16-04-2014).

74
altos muros de unos veinte codos de altura, que a su vez rodean a otros de diez codos de alto,
tanto por la tierra como el mar […]. La ciudad cuenta con un centenar de puertas, cuya
principal es la dorada, su estructura es totalmente de hierro, cubierto con oro, no sabemos
que es comparable en tamaño sino en Roma”269.

—Poco antes de que la Segunda Cruzada partiera de Occidente se escribía la obra


Descriptio Constantinopolis, producto de la visita de su autor, de origen inglés, a
Constantinopla entre los años 1136 y 1143270. Es uno de los numerosos relatos de la época
escritos por peregrinos para servir de guías a otros peregrinos. El viaje lo hizo en grupo; de
ahí que al comienzo del texto mencione cómo “llegaron” a la “enorme” ciudad de fantástica y
legendaria fundación271. El relato continúa con la descripción de Santa Sofía: todo recubierto
por plata y oro purísimos y en tal cantidad que es imposible concretarla, y 752 puertas272; su
personal religioso era también desorbitado: unos 700 prebendarii sacerdotes, 350 per
ebdomadam serviunt, el Patriarca y 100 metropolos, archiepiscopos, suffraganeos273. La
iglesia está situada sobre una importante cisterna de 173 columnas de mármol y otros
materiales preciosos, que almacenaba gran cantidad de agua dulce, agua salada y agua
pluvial274. El relato menciona además importantes reliquias sin mencionar ningún lugar
concreto: los Clavos de Cristo, la Corona de Espinas y la Cadena de hierro con que ataron a
Cristo; Sangre de Cristo, la Lanza, las Sandalias, ropajes de Santa María o el brazo de San
Jorge275. La mayor parte de las reliquias de la Pasión se conservaban en estos momentos en el
Palacio Imperial de Blaquernas, al cual difícilmente podía tener acceso un simple peregrino.
Si el autor logró su objetivo debió de ser gracias a la ayuda de sus compatriotas que por esta
época formaban en su mayoría la guardia varega imperial. El autor se muestra interesado
únicamente por las reliquias de Cristo, de la Virgen y curiosamente por el brazo de San Jorge.
Este último dato confirma su nacionalidad, ya que era un santo muy venerado en Gran
Bretaña desde el siglo XII.
Esta pequeña descripción de Constantinopla es muy valiosa e interesante por la
información que nos aporta sobre la ciudad y por tratarse de uno de los pocos relatos ingleses
de los que hay constancia literaria, pese a que éstos visitaban con frecuencia la Constantinopla
medieval.
—En 1147, durante el transcurso de la Segunda Cruzada, visitó la capital bizantina
Odón de Deuil (1110-1162). Este monje benedictino y capellán en la cruzada de Luis VII,
recogió sus experiencias en la obra La Cruzada de Luis VII, Rey de Francia276. En ella no sólo
hace referencia a la misión bélica que capitanea su señor y de la que él mismo formó parte,

269
Íbidem.
270
CIGGAAR, K. N., “Une description anonyme du Constantinople”. Revue des Études Byzantines, 31 (1973), pp.
335-54, vid. p. 339 (cit. en adelante: “Une description anonyme”). El relato se escribió originariamente en latín,
después se tradujo al inglés e incluso existe una copia al griego que ha dado que pensar que el autor fuese griego.
Pero la versión griega es posterior, ya que presenta diferencias semánticas importantes con el texto en latín.
271
“Une description anonyme”: p. 338.
272
“Une description anonyme”: p. 339.
273
“Une description anonyme”: pp. 339-340.
274
“Une description anonyme”: p. 339. Se trata de la Cisterna Basílica construida en tiempos de Justiniano I hacia
542 y que fue la mayor de las 60 antiguas cisternas construidas bajo Constantinopla para abastecer la ciudad de agua
potable. YERASIMOS, S., Constantinople. Istanbul’s Historical Heritage. París, 2005, p. 60; MOTOS GUIRAO,
E., “En torno a la cultura del agua en Constantinopla: aprovisionamiento, funciones y usos”, en Estudios en
Homenaje al Profesor Emilio Cabrera…, op. cit.
275
“Une description anonyme”: p. 340; MOTOS GUIRAO, E., “Acerca de algunos objetos bizantinos conservados
en la Capilla Real de Granada”, en Egea, J. M. y Bádenas, P., (coords.), Oriente y Occidente en la Edad Media:
Influjos bizantinos en la cultura occidental. Actas de las VIII Jornadas sobre Bizancio. Vitoria, 1993, pp. 227-245.
276
Odon de Deuil, Journey of Louis VII to the East: De profectione Ludovici VII in orientem. Nueva York, 1948
(cit. en adelante: Odón de Deuil).

75
sino que hará referencia también a la capital bizantina. Su descripción de la misma es una de
las más poéticas:
“Constantinopla es la gloria de Grecia. Rica en fama y más aún en fortuna, la ciudad tiene
forma triangular, como si de una embarcación se tratase. En su esquina interna yace Santa
Sofía y el palacio de Constantino, en el que hay una capilla santificada por reliquias
sagradas. La ciudad está cercada en dos de sus lados por el mar; del lado derecho por el
brazo de San Jorge y del izquierdo, por un estuario con brazos, de cuatro millas de longitud.
En este lugar se halla emplazado el Palacio de Blaquernas que, a pesar de ser bastante bajo,
se yergue con distinción a raíz de su elegancia y de su refinada arquitectura. En sus tres lados
el palacio ofrece a sus habitantes el triple placer de gozar alternativamente del mar, del
campo y de la ciudad. El exterior del edificio tiene un encanto casi incomparable y su
interior sobrepasa cualquier cosa que pueda escribir sobre él. Está decorado con oro de
varios colores y el piso está pavimentado con mármol. Definitivamente no se si atribuir su
belleza a la sutileza del arte o a la preciosidad de los materiales”277.

Estas impresiones sobre el palacio de Blaquernas son de gran valor histórico, pues
recogen la grandiosidad y exuberancia del mismo antes de que se produjese la Cuarta Cruzada
que acabaría para siempre con su esplendor. En cuanto a los edificios religiosos afirma:
“… las iglesias son admirables por su hermosura e igualmente por las reliquias de santos que
atesoran […] quienes tienen la oportunidad visitan estos lugares, algunos para contemplarlos
y otros para orar con devoción. El rey mismo también fue conducido por el emperador en
una visita por los lugares sagrados”278.

Esos lugares sagrados mencionados por Odón son las capillas privadas del emperador
ubicadas en el palacio de Blaquernas que albergaban las reliquias de Cristo sólo contempladas
por unos pocos privilegiados. La ciudad tiene muchas más cosas que ofrecer:
“En el restante lado del triángulo que forma la urbe se encuentra la campiña. Este (lado) está
resguardado por torres y una doble muralla que se extiende por cerca de dos millas, desde el
mar hasta el palacio. Las murallas no son precisamente fuertes y las torres no son muy altas,
pero la ciudad descansa apacible, pienso, confiada en su considerable población y en su
ancestral paz. Dentro de los muros hay tierras baldías que son cultivadas con azadas y
arados, y toda clase de jardines que proveen de vegetales a los ciudadanos. Conductos
subterráneos fluyen dentro de la ciudad, por debajo de las murallas, para surtirla con
abundante agua fresca”279.

La ciudad no aparece tan poblada como siglos atrás, la campiña se extiende a intramuros
sobre barrios despoblados y abandonados que han reclamado para sí las tierras de cultivo.
Este cronista, realista y perspicaz, refiere que esas tierras “proporcionan a los ciudadanos todo
tipo de hortalizas”. Constantinopla, como toda gran metrópolis, presenta un lado más sórdido,
al describir algunas zonas oscuras y sucias, donde la delincuencia y la criminalidad campan a
sus anchas lejos del control de las autoridades y creando un ambiente sin ley:
“… es miserable y fétida y en muchos lugares la oscuridad es permanente, pues los ricos
ensombrecen las calles con sus edificios y dejan estos lugares sucios y oscuros para los
pobres y los viajeros […] En esos lastimosos distritos tienen lugar homicidios y robos tanto
como otros sórdidos crímenes que adoran la oscuridad. La vida en esta ciudad no tiene ley,
ya que hay tantos señores como hombres ricos y casi tantos ladrones como gente pobre. Aquí
el criminal no siente miedo ni vergüenza, desde que los crímenes no son castigados por la ley

277
Odon de Deuil: p. 65.
278
Odón de Deuil: pp. 65-67.
279
Odón de Deuil: p. 65.

76
ni salen completamente a la luz. Constantinopla excede el promedio en todo, sobrepasando a
otras ciudades en prosperidad lo mismo que en vicio”280.

Estas pinceladas de la “otra” Constantinopla se han interpretado en numerosas ocasiones


como propaganda occidental antibizantina, aunque no deja de ser real y objetiva. En el relato
de Odón se halla un pasaje muy revelador sobre la codicia de los cruzados cerniéndose sobre
la capital bizantina y sobre la profunda enemistad mutua que subyace bajo el alma de
bizantinos y latinos:
“Mientras regresaban de la gira, el rey cenó con el emperador a instancias de este último. El
banquete fue tan glorioso como los comensales; el generoso servicio, la deliciosa cena y la
vivaz conversación dejaron satisfechos a ojos, lengua y oídos por igual. Varios de los
hombres del rey temían por su seguridad, mas él se puso en las manos de Dios y con fe y
valor no temió asistir. Como él no albergaba malos designios en sí mismo, tampoco creía que
otros los albergaran hacia él. A pesar de que los griegos no daban indicios de su traición, sin
embargo, creo que ellos no habrían mostrado tal diligencia si sus intenciones hubieran sido
honestas. Ellos estaban escondiendo sus argumentos por los que iban a cobrarse revancha
después que cruzáramos el brazo de San Jorge. No se los podía culpar por eso, aún cuando
hubieron cerrado los portones ante los plebeyos, luego de que éstos quemaran algunas casas
de los griegos y árboles de olivo, instigados por la insolencia y la ebriedad. El rey
frecuentemente recurrió a hacer cortar orejas y pies, pero fue incapaz de restringir la locura
por esa vía”281.

Son sólo algunos excesos y desmanes de los cruzados en Constantinopla como los
cometidos años atrás por los cruzados de la Primera Cruzada, pero constituyen un presagio de
lo que ocurrió después. La desconfianza y el miedo recíprocos son una poderosa arma que se
está elevando entre ambas Cristiandades. Las siguientes palabras de Odón resumen muy
gráficamente la opinión generalizada que los occidentales tenían sobre la capital de los
griegos: “es superior a todas las otras en riquezas”282. El que así se expresa es el capellán de
Luis VII, un monarca que haciéndose eco de los rumores que circulaban sobre los bizantinos
según los cuales éstos mantenían separados a los dos ejércitos cruzados y estaban apoyando a
los turcos, pensó en la posibilidad de unirse a Roger II de Sicilia y asaltar Constantinopla 283.
La idea finalmente no se llevó a cabo, pero los occidentales estaban cambiando su percepción
sobre la capital bizantina y el poder de su soberano. La capital de los griegos se había
mostrado durante siglos confiada en su “superioridad” en todos los aspectos, pero apenas
ahora comienza a vislumbrar el peligro real que supone un Occidente joven y enérgico, cuyo
empuje será imparable.

—Un árabe llamado Abul Hassan Aly el Herewy visitó Constantinopla por la misma
época que Odón, durante el reinado de Manuel Comneno (1143-1180), experiencia que
plasmó en su obra Descripción de los Santos Lugares de Galilea y Palestina. El viajero nos
transmite información menos prosaica y bastante más fantástica sobre esta “mítica” ciudad
medieval: “la gran iglesia lleva el nombre de Aya Sofía. Está, se dice, guardada por un ángel
y se encuentra rodeada por una malla de oro. Sobre esto, hay una leyenda extraordinaria que
contaré en otra ocasión...” 284.

280
Odon de Deuil: p. 65.
281
Odon de Deuil: p. 65.
282
Odon de Deuil: p. 65.
283
NICOLLE, D., Desastre en Damasco. Barcelona, 2010, p. 46.
284
SCHEFER, CH. (trad.), Aly el Herewy Abul Hassan. Description des Lieux Saints de la Galilée et de la
Palestine. Extraite de son livre: Indications ayant pour objet la connaisance des lieux de pélerinage. Gênes,
1881, p. 4.

77
—En el siglo XII tenemos otro peregrino anónimo inglés que hacia 1150 estuvo en
Constantinopla. Se refiere a las reliquias de un santo sobre el que ya había escrito un paisano
suyo unos años antes, sobre San Jorge: “In ecclesia S. Georgii: Brachium ejus cum manu
dextera”285.
****
Pero no sólo el Cercano Oriente y Occidente viajaron hasta Constantinopla, sino que
también el lejano Oriente se acercó a ese enclave donde se unían Oriente y Occidente no se
sabe con qué objeto, pues si bien las razones comerciales tienen un peso específico, otras
políticas y económicas también fueron relevantes. Bizancio retomó durante la Edad Media las
tímidas relaciones que el Imperio romano había tenido con China a raíz de la expansión
romana hacia Oriente Próximo y las simultáneas incursiones militares chinas en Asia Central.
—En el siglo VII, con la creciente amenaza del Islam, Bizancio da un paso “de
gigante” en sus relaciones diplomáticas acercándose al poderoso y lejano Imperio Chino, en
un claro intento de conseguir un poderoso aliado contra los árabes en Oriente. Conocemos así
una primera embajada bizantina en el 643 y se tiene información de otros tibios contactos en
667, 701, 719 y 1081, a veces directamente y otras a través de intermediarios. En cualquier
caso, en el terreno político y diplomático no se concretó nada, siendo más fructíferas las
relaciones en el comercial, desarrollándose un floreciente comercio entre China y Occidente
en el que Constantinopla actuó durante siglos como puente de conexión entre Europa y Asia.
Hay constancia de esa primera embajada bizantina del 643 que inicia la toma de contacto
entre ambos mundos:
“En el año 17 de Cheng-kuan de la dinastía T'ang, el rey de Fu-lin, Po-a-li (Constante II)
envió emisarios ofreciendo vidrio rojo y oro verde Ching y una orden del gabinete se publicó
como reconocimiento [...] entre los períodos de Ch'ien-shui (año 666) y Ta-tsu (año 719),
reiteraron su oferta a la corte. En el séptimo año de K'ai de yuanes (año 719) que ofrece a
través de la ta-yu de T'u-huo-lo286 leones y Ling-yang (antílopes)”287.

Los contactos fueron pobres y espaciados en el tiempo, pero propiciaron que ambos
Imperios llegaran a tener una conciencia clara del otro. Bizancio o Fu-Lin288, sus gentes, sus
hábitos y su capital Constantinopla aparecerán en numerosos textos orientales escritos por
funcionarios de la corte y además aportan información sobre la elevada densidad de población
del Imperio de los griegos:
“Bizancio (Fu-lin) es la antigua Ta-Ts’in. Se encuentra por encima de la parte occidental del
mar Océano Índico. Algunos lo llaman Hai-hsi-kuo (es decir, “país en el oeste del mar”).
Está a 40.000 li de distancia de nuestra capital y se encuentra en el oeste de Armenia (Shan)
al norte al ir directamente a la Tribu Ko-sa (jázara) de Tu-c’ueh. En el oeste limita con la
costa del mar con la ciudad de Alisan (Alejandría). En el sureste, limita con Persia (Po-si).
Su territorio asciende a 10.000 li, de las ciudades hay cuatrocientas”289.

285
RIANT, P. E., Exuviae Sacrae Constantinopolitanae. Génova, 1878, II, p. 212.
286
Un alto funcionario de Khazarstan.
287
Ma Tuan-lin, Wen-hsien-t’ung-k’ao, cap. 330 (de fines del siglo XIII), en HIRTH, F., China and the Roman
Orient: Researches into their Ancient and Mediaeval Relations as Represented in Old Chinese Records,
Shanghai-Hong Kong, 1885 (reimp. Chicago, 1975), pp. 35-96.
288
Término chino para designar a Bizancio o al Imperio Bizantino, derivado de “Ρω-μαίοι”, vid. KORDOSIS, M.
S., T’ang China, The Chinese Nestorian Church and “Heretical” Byzantium (ad. 618-845), Ioánnina, 2008.
289
Desde la dinastía Sung-shih, cap. 490 (de finales del siglo XIII, recoge información desde el 960 a 1279), en
en HIRTH, F., China and the Roman Orient.., op. cit., pp. 35-96.

78
Los historiadores chinos tratan de informar a sus contemporáneos y gobernantes sobre la
administración y la política de uno de los grandes imperios occidentales:
“Hay doce honorables ministros, que conjuntamente regulan los asuntos de gobierno [...]
cuando el rey vuelve al palacio, decide entre el bien y el mal. Sus reyes no son los
gobernantes permanentes, sino que seleccionan los hombres de mérito. Si una calamidad
extraordinaria visita el país, o si el viento y la lluvia llega en el momento equivocado, es
depuesto y otro hombre se pone en su lugar. La corona del rey es de la forma de un pájaro al
elevar sus alas, sus adornos están sujetos a las perlas preciosas, lleva ropa de seda bordada,
sin solapa al frente. Se sienta en un trono con ornamentos de oro. Tiene un pájaro como un
ganso, sus plumas son de color verde, y siempre se sienta en un cojín al lado del rey.
Siempre que algo venenoso se ha puesto en las comidas del rey, el pájaro cantará [...] no hay
techos de tejas de barro, pues los techos están recubiertos de piedras blancas, duras y
brillantes como el jade”290.

Los relatos se tornan más extensos y detallados cuando se refieren a la capital bizantina:
“Las murallas de su capital son de granito y de enorme altura. La ciudad incluye más de
100.000 hogares. En el sur se enfrenta al gran mar. En el este de la ciudad hay una gran
puerta y su altura es de más de veinte chang y está repleta de oro amarillo de arriba a abajo, y
emite brillo a una distancia de varios li. Por fuera de la residencia real, hay tres grandes
puertas plagadas de todo tipo de piedras raras y preciosas. En la planta superior de la
segunda puerta hay suspendida una gran escala de oro con doce bolas de oro que se
suspenden de la escala del palo por el cual se muestran las doce horas del día. Se ha hecho
una figura humana toda de oro del tamaño de un hombre de pie en posición vertical, en cuyo
lado, cada vez que llega una hora, caerá una de las bolas de oro, el sonido da a conocer las
divisiones del día sin el más mínimo error. En los palacios, las columnas están hechas de sí-
sí (lapislázuli), los pisos de oro amarillo, las hojas de las puertas de marfil y vigas de madera.
No tienen cuadros sino las paredes de yeso trabajado […] perfectamente firme y de aspecto
brillante como la piedra de jade. Cuando, durante el apogeo del verano, los habitantes son
oprimidos por el calor, llevan el agua y hacen que fluya sobre la plataforma, extendiéndose
por todo el techo por un artificio secreto que uno no ve y no sabe cómo se hace, sino que
simplemente escucha el ruido de un pozo en el techo; de pronto ves que las corrientes de
agua corren por debajo de los cuatro aleros como una catarata, el objetivo es producir por
este hecho un viento frío, que se debe a este hábil artificio”291.

Resulta evidente que las “maravillas” de la ciudad no pasaron desapercibidas ni siquiera a


los chinos acostumbrados al lujo de la corte imperial china. Se trata de una ciudad construida
para asombrar e impresionar. Las observaciones de las fuentes orientales no se limitan a la
capital, sino que se extienden también a sus habitantes:
“Los hombres no se cortan el pelo, llevan la ropa bordada en la forma de un vestido que deja
el brazo derecho desnudo. Montan en carros pesados y ligeros, carros cubiertos con toldos
blancos. Al salir o regresar se alzan banderas y suenan tambores. Las mujeres casadas usan
diademas bordadas. Los ricos del país son la aristocracia oficial. Los habitantes disfrutan del
vino y las tortas secas. Hay entre ellos muchos malabaristas que puede emitir el fuego de sus
rostros, producen ríos y lagos de las manos, y estandartes y penachos de plumas de sus bocas
y, levantando los pies, gotas de perlas y piedras de jade. Tienen médicos inteligentes que, al
abrir el cerebro y extraer los gusanos, pueden curar la mu-sheng (ceguera). El país contiene
mucho oro y plata, la joya que brilla en la noche y la perla de la luna resplandece, caracoles
grandes, Chu-che (madreperla); piedras de coralina; nan mu (perla), plumas de pescadores
290
Hsin-Tang-shu, cap. 221 (de mediados del siglo XI, hacia 1060), en HIRTH, F., China and the Roman
Orient.., op. cit., pp. 35-96.
291
Chiu-Tang-shu, cap. 198 (de mediados del siglo XI, recoge información del 618 al 906 d.C.), en HIRTH, F.,
China and the Roman Orient.., op. cit., pp. 35-96.

79
(lapislázuli) y ámbar. Tejen el pelo de las ovejas en el paño que se llama Hai-hsi-pu. En el
mar hay islas de coral. Los pescadores se sientan en grandes barcos y dejan que las redes
arrastren los corales. Cuando los corales crecen en las rocas que son de color blanco como
hongos, después de un año se vuelven amarillos, después de tres años se vuelven de color
rojo. A continuación, las ramas comienzan a entrelazarse, después de haber crecido a una
altura de tres a cuatro chih. La red se echa y las raíces de coral se enredan en la red cuando
los hombres a bordo tienen que dar la vuelta para llevarlos a tierra […]. En la parte
occidental del mar Océano Índico hay mercados en los que los comerciantes no se ven entre
sí, el precio debe ser depositado por un lado y la mercancía por otra, si no que son llamados -
mercados de espíritu…”292.

—En la segunda mitad del siglo XII, un judío navarro, Benjamín de Tudela (1130-
1173), nos proporciona un valioso testimonio de su paso por la ciudad imperial. Hijo de un
rabí de Tudela llamado Jonás, recibió una espléndida educación religiosa, la historia clásica y
diversas lenguas. Mostró además sus habilidades en diversos oficios y negocios que le
debieron servir de mucho a lo largo de sus viajes comerciales realizados entre 1165 y 1173.
Benjamín regresó a su tierra hacia 1172 o 1173, falleciendo poco después. Fueron ocho años
de viaje recorriendo la mayor parte del mundo islámico con total libertad, pese a no ser
musulmán, fruto de los cuales escribió su Libro de Viajes293 en el que narra buena parte de lo
que vivió en los diferentes países que fue visitando, deteniendo su atención especialmente en
la comunidades judías de las diferentes ciudades que visita294.
Lo más transcendental es que visitó la Constantinopla de Manuel I Comneno entre la
Segunda y la Tercera Cruzada295. Son momentos claves para el Imperio bizantino con los
ejércitos cruzados atravesando sus fronteras y minando su influencia en Oriente, mientras las
relaciones entre Bizancio y Occidente se estaban volviendo cada vez más tensas. Y en esa
época clave es valiosa la imagen que le queda a Benjamín de la Constantinopla del siglo XII,
antes de que se produjese la Cuarta Cruzada:
“El perímetro de la ciudad de Constantinopla es de diez y ocho millas, la mitad sobre el mar
y la (otra) mitad sobre el continente. Se asienta sobre dos brazos (de mar): uno que viene del
mar de Rusia (Mar Negro) y el otro del mar de España (Mediterráneo)”296.

Refiere los cargos políticos que encabezan la administración bizantina:


“Después de cinco días de marcha entre las montañas, se llega a la gran ciudad de
Constantinopla. Es la capital del reino de todos los países de Yavane llamados griegos. Allí
esta el lugar del trono del rey Manuel, emperador, el cual tiene a doce ministros de Estado
bajo sus órdenes297. Cada uno tiene su palacio en Constantinopla. Ellos tienen también
castillos y ciudades y reinan sobre todo el país. A su cabeza están el rey Hiparkos, el
292
Hsin-Tang-shu, cap. 221 (de mediados del siglo XI, 1060), en HIRTH, F., China and the Roman Orient.., op.
cit., pp. 35-96.
293
MAGDALENA NOM DE DEU, J. R, Benjamín de Tudela, Libro de Viajes de Benjamín de Tudela.
Barcelona, 1989, p. 55 (cit. en adelante: Benjamín de Tudela).
294
Sobre la parte judía de la ciudad vid. JACOBY, D., “Les quartiers juifs de Constantinople a l’époque
byzantine”. Byzantion, 37 (1967), pp. 167–227; CANO, Mª J., “El mundo griego en los relatos de viajeros
judíos”, E. Motos Guirao y M. Morfakidis (eds.), Constantinopla. 550 años…, op. cit., t. III: Constantinopla
Otomana, pp. 435-478.
295
Benjamín de Tudela: p. 64.
296
Benjamín de Tudela: p.66.
297
Se refiere a los cargos políticos que encabezan la aministración bizantina: el Hyparkos (el Prefecto de
Constantinopla), el Megas Domésticos (Gran Doméstico o Comandante en Jefe del Ejército Bizantino), Dominos
(El gran Señor), Megas Dukas (es el Gran Duque o Almirante de la Armada) y el Ecónomos Megale (El Gran
Ecónomo de la Iglesia de Santa Sofía). Vid. MORALES OSORIO, S., La mirada de Occidente. Bizancio en la
Literatura Medieval Española. Siglos XII-XV. Granada, 2009, p. 64.

80
segundo es Megas Domésticos, el tercero Dominos, el cuarto es Megas Dukas y el quinto
Ecónomos Megale, y también otros nombres parecidos”298.

Esta gran urbe es también el centro económico y comercial del mundo entonces
conocido, y es eso lo que ha llevado a miles de hombres como Benjamín ante sus puertas:
“Vienen (aquí) todos los mercaderes de Babel y de todo el país de Sinar, de Persia y de la
Media, de todo el reino de Egipto, de la tierra de Canaán, del reino de Rusia, de Hungría, de
Patzinakia, de Jazaria, del país de Lombardía y de España”299.

Queda patente que buena parte del potencial económico del mundo confluye en los
puertos y mercados constantinopolitanos. Esto convierte a la ciudad en una urbe próspera,
densamente poblada y bulliciosa que no tiene nada que ver con la que dejan en 1261 los
cruzados, después de 57 años de ocupación. Afirma que ningún otro lugar en el mundo puede
hacerle sombra en este momento porque: “no hay como ella en ningún otro país”300. La
situación religiosa de la ciudad es desvelada también por el viajero: desde el punto de vista
hebreo los bizantinos presentan profundas diferencias religiosas con los católicos guiados por
el papado de Roma; tanto es así, que incluso Benjamín interpreta que profesan otra religión:
“así como el Papa de los griegos, ya que (éstos) no profesan la religión del Papa de Roma” 301:

“Allí está la iglesia de Santa Sofía [...] hay allí tantas iglesias como número de días tienen el
año, y una incalculable cantidad de dinero que anualmente traen, como impuesto, de las dos
islas, de las fortalezas y de las grandes capitales que hay allí. Riqueza tal no se encuentra en
ninguna iglesia del mundo. En el interior de la iglesia hay columnas de oro y plata e
incontables lámparas de plata y oro”302.

Benjamín sucumbió ante la belleza artística y arquitectónica de Santa Sofía, a la que


dedica palabras sobre su belleza y magnitud. Sin duda, aún la Santa Sofía actual, pálido
reflejo de la de antaño, podía ser considerada digna sucesora en el imaginario medieval del
legendario Templo de Salomón de la Antigüedad. Pero la grandiosidad constantinopolitana no
sólo se manifiesta en los edificios religiosos muy cuantiosos, sino también en los edificios
civiles entre los que el Palacio de Blaquernas303 ocupaba un lugar especial:
“El rey Manuel construyó un gran palacio, para el trono de su reino, sobre la orilla del mar, a
más de los que edificaron sus antecesores, y lo llamó Blachernes. Recubrió de oro y plata
pura las columnas y los muros, pintando sobre ellos las guerras que él mismo realizó. Allí
hay un trono de oro y piedra noble, hizo pender una corona áurea de una cadena de oro sobre
el trono, estando situado su asiento precisamente bajo ella; en la corona hay incontables
piedras preciosas, tantas que, por la noche, no es necesario poner allí lámparas, pues todos
ven la luminaria que desprende la luz de las piedras preciosas. Y hay (tantos) edificios allí
que no pueden ser enumerados”304.

298
Benjamín de Tudela: p. 66.
299
Benjamín de Tudela: p. 66.
300
Benjamín de Tudela: pp. 66-67.
301
Benjamín de Tudela: p. 67.
302
Benjamín de Tudela: p. 67.
303
El Palacio de Blaquernas se construyó hacia el 500 y estaba situado en Βλαχερναί, un suburbio en el NO. de
Constantinopla que hasta 627 estuvo extramuros, pero que quedó incluido en la ciudad cuando se amplió la
muralla. Alejo I Comneno lo convirtió en la residencia principal imperial hasta 1453, quedando el Gran Palacio
como lugar de para las grandes ceremonias imperiales. Sería Manuel I el que construiría nuevas salas y
embellecería el recinto.
304
Benjamín de Tudela: p. 67.

81
El viajero hebreo relata igualmente aspectos más mundanos de la ciudad que llamaron su
atención como los entretenimientos del pueblo de Constantinopla en el Hipódromo, donde se
organizaban fiestas tan importantes como la del día de Navidad:
“... en dicho lugar se exhiben, ante el rey y la reina, todo género de seres humanos que hay
en el mundo, con todo tipo de encantamiento o sin él; y traen leones, panteras, osos y cebras
para que luchen entre sí; hacen lo mismo con las aves y no se ve espectáculo como ése en
ningún país”305.

La riqueza de Constantinopla es tal que hasta las fortalezas o edificios estrictamente


militares se hallaban colmados con tejidos de seda, púrpura y oro. Los habitantes de la capital
disfrutan de esta abundancia en su vida cotidiana:
“Los griegos del país son muy ricos en oro y piedras preciosas, visten trajes de seda, con
encajes de oro tejidos y bordados en sus vestiduras; semejan príncipes (cuando) cabalgan
sobre sus caballos”306.

La visión de hombres opulentamente vestidos y que aparentemente carecen de espíritu


combativo,307 provocó que se fraguará en el imaginario occidental un retrato distorsionado del
hombre bizantino del cual el propio Benjamín de Tudela se hizo eco: “afeminados que
carecen de fuerza para resistir”308. Ciertamente el ejército bizantino se surtía en gran medida
de mercenarios, pero más por falta de efectivos suficientes que por la falta de interés de los
bizantinos en cuanto al ejército y la defensa de su país. Esa contratación de mercenarios junto
con el aspecto “sofisticado” de los bizantinos fue malinterpretado en Occidente de forma
accidental o intencionada, a lo cual pudo contribuir sin quererlo el propio Benjamín. La
ciudad finalmente subyuga a este hebreo que ha recorrido medio mundo y afirma
categóricamente: “no se ha visto tal riqueza en ningún (otro) país”309. Teniendo en cuenta los
muchos países y ciudades que recorrió a lo largo de su itinerario Benjamín de Tudela, sus
opiniones e impresiones sobre Constantinopla son de gran valor, ya que sitúan a la ciudad
bizantina muy por encima del resto de las más importantes ciudades contemporáneas.
—Hacia la segunda mitad del siglo XII, entre 1154-1159, llegó al Mediterráneo un
viajero poco conocido, Nicolás Bergson, abad del monasterio de Tringeysr, en Islandia del
norte, para llevar a cabo una piadosa peregrinación. Sabemos por su Itinerario que estuvo
ante las puertas de Constantinopla donde se quedó sobrecogido con lo que pudo ver y vivir en
esta ciudad, de manera que de regreso en su tierra nadie le creería. El religioso se quedó
sobrecogido ante Santa Sofía, a su parecer, la iglesia más espléndida de todo el mundo “en
arquitectura y proporciones”310.

I.2. Entre 1204-1261.

Las envidias, codicias y oscuros deseos que a lo largo de los siglos había ido
despertando Constantinopla en el imaginario occidental se ponen de manifiesto a comienzos

305
Benjamín de Tudela: p. 67.
306
Benjamín de Tudela: p. 67.
307
Benjamín de Tudela: p. 68.
308
Benjamín de Tudela: p. 68.
309
Benjamín de Tudela: p. 68.
310
Cfr. VAN DER VIN, J. P. A., Travellers to Greece and Constantinople: ancient monuments and old traditions
in medieval travellers ‘tales. Estambul, 1980, t. II, p. 522.

82
del siglo XIII311. La tormenta finalmente estalló cuando el ejército de la Cuarta Cruzada llega
ante sus muros y por primera vez en su historia la “inexpugnable” ciudad medieval cede ante
la violencia y la barbarie latina en 1204. Las murallas de la ciudad no fueron las que la
traicionaron sino que fue la traición interna la que vendió la “inquebrantiabilidad” de la
fortaleza militar constantinopolitana312. La ciudad fue saqueada y ultrajada, y buena parte de
su “esplendor” se perdió. Sin embargo, pasados los duros años de invasión latina, la ciudad
recuperó algo de su belleza y del poder de atracción. Los relatos de los viajeros que siguieron
recorriendo las calles de esta Constantinopla latina dan buena muestra de ello.
—Uno de esos hombres fue el geógrafo y médico persa Abu Yahya Zakariya' ibn
Muhammad al-Qazwini (1203-1283) quien en su obra Vestigios de los países de los
hombres o Libro de las maravillas de los países esbozó el retrato de la Constantinopla del
siglo XIII al manifestar tajantemente “jamás nada así se construyó, ni antes ni después”313.
—Unos años después, hacia 1250, visitaron la ciudad unos famosos mercaderes
venecianos: los Polo. Marco Polo (1254-1324) comerciante, aventurero, diplomático, viajero
y “redescubridor” de Oriente refiere al comienzo de su obra Viajes el paso de su padre
Nicolás y su tío Mateo por Constantinopla durante el transcurso de su viaje “en busca del
mundo”314. La urbe constantinopolitana ofrecía todas las materias comerciables del mundo y
en ella se abastecían los mercaderes en previsión de un largo viaje. Con ese objetivo llegaron
hasta la ciudad los Polo, para hacerse con materiales de “gran valor” que les serían de gran
utilidad durante sus largas expediciones comerciales. Así se expresa el famoso veneciano:
“Fue en tiempo de Balduino, emperador de Constantinopla en el año 1250 de la Encarnación
de Nuestro Señor Jesucristo: Hallándose con sus mercancías en Constantinopla, procedentes
de la ciudad de Venecia, micer Nicolás Pol (padre de Marco Polo) y su hermano micer
Mateo Pol, prudentes, nobles y avisados comerciantes, reuniéronse en consejo y decidieron
embarcar en la mar grande para hacer prosperar sus asuntos. Después que hubieron
comprado joyas de gran valor, partieron de Constantinopla en un barco hacia la tierra de
Soldadía”315.

—Apenas unas décadas después llega a la Constantinopla latina un nuevo viajero


occidental: Guillermo de Rubruck (1220-1293)316. Este monje franciscano de origen
flamenco participó como cruzado en Palestina junto al monarca francés Luis IX, entrando en
contacto con el mundo mongol. Guillermo fue enviado a la corte de los mongoles por el
soberano francés para entablar relaciones políticas e intentar la conversión de los súbditos del
Khan al Cristianismo. Sus experiencias las plasma en su obra El viaje de William de Rubruck
a las partes orientales del mundo, 1253-55, en donde usa también el relato anterior de Juan de
Carpino. Sus menciones a la capital bizantina son básicamente de tipo geográfico. Tras
abandonar Acre, donde se encontraba con el rey francés, se dirige por mar a Constantinopla,
que se convierte en el punto inicial de su recorrido:

311
PAPAYIANNI, A., “Byzantine Constantinople in the thirteenth century, through the eyes of byzantines and
foreigners”, en E. Motos Guirao y M. Morfakidis (eds.), Constantinopla. 550 años…, op. cit., t. I:
Constantinopla Bizantina, pp. 295-309.
312
HERRIN, J., Bizancio. El Imperio…, op. cit., p. 49.
313
AL-QAZWINI, en Biblioteca Digital Mundial: [Link] (última consulta
13-12-2015).
314
Marco Polo, Viajes. Madrid, 1998, p. 14.
315
Íbidem.
316
GIL, J., En demanda del Gran Kan. Viajes a Mongolia en el siglo XIII. Madrid, 1993. Recoge diversas obras
como la de Fray Juan de Pian de Carpine, la relación de Fray Benito de Polonia y el viaje de Fray Guillermo de
Rubruck.

83
“... fui públicamente anunciado el Domingo de Ramos (12 o 13 de abril) en Santa Sofía
como enviado que iba entre creyentes, según la regla de nuestra orden [...] así que cuando
llegué, los comerciantes me advirtieron que hablase con cautela para que se me
proporcionara el salvoconducto. Así que hablé de la siguiente manera a los prefectos de la
ciudad, o más bien a los sustitutos [...] “hemos oído decir en Tierra Santa que su señor [...]
es cristiano, y en gran medida los cristianos se alegran mucho de verlo, y sobre todo porque
el señor de la mayoría cristiana, el rey de los franceses, que ha llegado allí en peregrinación y
lucha contra los sarracenos para liberar los Santos Lugares de sus manos [...] por su deseo
[...] de llevar cartas del rey, por el bien de toda la Cristiandad”. Y nos recibieron
favorablemente [...] y nos dieron alojamiento en la Iglesia Episcopal”317.

Guillermo se abasteció en Constantinopla para un viaje que se preveía muy largo, lo que
apunta la importancia estratégica de la ciudad como punto de partida de las expediciones
hacia Oriente:
“... luego nos dio a elegir si hubiéramos carros con bueyes para llevar nuestros efectos, o los
caballos [...] los mercaderes de Constantinopla me aconsejaron tomar los carros [...] ya que
no es aconsejable descargar todos los días, y llevando caballos sería necesario descargarlos
en cada lugar de parada y cargar otros caballos [...] yo había traído conmigo de
Constantinopla, con el asesoramiento de los comerciantes, frutas, vino y galletas [...] nos
propusimos nuestro viaje alrededor de las calendas de junio (1 de junio de 1253) con los
cuatro carros cubiertos y otros dos donde se ponía la ropa de cama para dormir por la
noche.”318.

La corte de la Constantinopla latina era la única que gozaba de buenas relaciones con el
Lejano Oriente; por eso, sólo ella podía suministrar el salvoconducto necesario para atravesar
las fronteras orientales sin peligro alguno, tal era el peso político y diplomático de la urbe:
“Había en esa provincia un pariente de Baatu, un capitán con el nombre de Scatay, a quien el
Señor Emperador de Constantinopla dirigía las cartas que me permitían pasar [...] entonces
había aceptado las cosas, y una vez distribuido entre sus hombres que se habían reunido allí
para beber. También le dio la carta del emperador de Constantinopla. Esto fue en la octava
de la Ascensión (5 de junio de 1253)”319.

Nuestro autor inició su viaje de acuerdo con los consejos del emperador latino de
Constantinopla y con sus salvoconductos:
“... fue hacia Karacorum, una cosa que he observado a lo largo de todo el recorrido, que
estuvo de acuerdo con lo que había dicho micer Balduino de Hainaut en Constantinopla, que
había estado allí, que lo único que parecía extraordinario era que subió todo el camino de la
marcha, sin tener que descender. Para él todos los ríos fluían de este a oeste, ya sea directa o
indirectamente”320.

La Constantinopla de entonces –“capital del Imperio latino”– no parece haber perdido ni


un ápice de su valor político, estratégico o económico. La importancia de la ciudad en el
juego político y diplomático mundial era aún una realidad, sin duda porque se trata de un
enclave estratégicamente de tal relevancia que todos los Estados procuran entablar y mantener
buenas relaciones políticas y diplomáticas con su soberano, incluidos los mongoles.

317
William Rubruck, Account of the Mongols. Seattle. Silk Road Narratives: A Collection of Historical Texts,
2004, cap. I, en [Link] (última consulta 04-07-2015), (cit. en
adelante: William Rubruck).
318
William Rubruck: cap. I
319
William Rubruck: cap. IX
320
William Rubruck: cap. XV.

84
Guillermo de Rubruck menciona una extraña profecía que hacía referencia a Constantinopla y
que escuchó en la ciudad de Naxua, en el Taurus, de boca de los hermenianos:
“... me dijo que tienen dos profetas: el primero es Metodio, el mártir, que era de su raza, y
profetizó acerca de los ismaelitas, y la profecía se ha cumplido en los sarracenos. El otro
profeta que se llamaba Acatron, en su lecho de muerte, profetizó acerca de la raza de los
arqueros que vienen del norte, diciendo que iban a adquirir la posesión de todos los países de
Oriente, y que (Dios) se reserva el reino oriental para ofrecérselo a ellos que ocupan la tierra
desde el norte hasta el sur, y vendrían a Constantinopla, y ocuparían el puerto de
Constantinopla, y uno de ellos, que sería llamado un sabio, entraría en la ciudad y verían las
iglesias y las ceremonias de los francos, que serían bautizados, y les diría a los francos que
matasen al señor de los tártaros [...] caerían sobre los tártaros en sus fronteras, y con la ayuda
de nuestro pueblo, que son los Hermenianos [...] el rey de los francos ocuparía el lugar de su
trono real en Tauris en Persia, y luego todos los orientales y todos los infieles se convertirían
a la fe de Cristo [...] yo había leído esta profecía en Constantinopla, de la mano de los
Hermenianos que viven allí, pero no había prestado especial atención [...] ¡Ay sin embargo!
con el obispo, volvió vivamente en mi memoria y todo Hermenia posee esta profecía tan
segura como el Evangelio”321.

Constantinopla está presente en el subconsciente ideológico de los diferentes pueblos


medievales que independientemente de su raza o religión la contemplan como una meta o
quimera que conseguir. Pero serán los bizantinos los que se hagan de nuevo con la ciudad.

1.3. Después de 1261.

Tras la recuperación de la ciudad en 1261, los bizantinos se encontraron con una ciudad
en un estado más que lamentable. Constantinopla fue recuperándose poco a poco y renació de
sus cenizas cuando la mayoría de las zonas y barrios se reorganizaron, aunque algunas habían
sido destruidas, permaneciendo abandonadas hasta la desaparición del Imperio siglos después.
El emperador Miguel VIII Paleólogo (1259-1282) no reparó en esfuerzos y gastos para
restaurar su capital, como intentó hacer con su Imperio322, si bien el anterior esplendor urbano
de la ciudad nunca volvió del todo. La antigua ciudad comenzó un declive irreversible
mientras se desarrollaba más fructíferamente la colonia genovesa en el suburbio de Pera 323. El
mito había sobrevivido, pero su “leyenda dorada” se fue desvaneciendo poco a poco, tal y
como constataron los viajeros que entonces la visitaron. Aunque los viajes que citaremos a
continuación tuvieron lugar después de 1261 son fundamentales estos relatos porque
describen la situación de la ciudad después de las transformaciones realizadas por los latinos.
—Un comerciante musulmán de nombre Abdullah que la visitó en 1261, justamente en
el momento de recuperación de la capital por los bizantinos, describe que en la urbe griega los
musulmanes y los judíos tenían un espacio reservado:
“Es una gran ciudad de la costa, comparable a Alejandría, y se necesita toda una mañana
para cruzarla de un extremo a otro. Hay una plaza que es tan grande como dos terceras partes
de Damasco, rodeada de murallas con una puerta, que está reservada exclusivamente para ser
ocupada por musulmanes. Existe igualmente una plaza similar para los judíos [...] Hay cien

321
William Rubruck: cap. XXII.
322
TALBOT, A. M., “The Restoration of Constantinople under Michael VIII”. Dumbarton Oaks Papers, 47
(1993), pp. 243–61.
323
OIKONOMIDES, N., Hommes d’affaires grecs et latins a Constantinople, XIIIé–XVé siécles. Montreal, 1979,
obra fundamental para conocer el desarrollo urbano y económico de Constantinopla tras la Cuarta Cruzada.

85
mil iglesias, menos una [...] Él completó la cifra construyendo la Gran Iglesia [...] es uno de
los edificios más considerables y maravillosos que pueden verse”324.

—En la primera mitad del siglo XIV arribó a la ciudad el mercader florentino
Francesco di Balduccio Pegolotti (1310-1342), quien tenía una amplia experiencia comercial
y geográfica, y trabajaba para la empresa comercial florentina de Bardi. En su obra Práctica
del Comercio, realizó una descripción de la ruta septentrional del Mar Negro a China. Se trata
de una especie de manual al uso de los que abundaron en la época que reunían experiencias,
proponiendo ejemplos y problemas para los comerciantes. El interés del relato descansa en su
afirmación de la relativa seguridad de las rutas comerciales a través de los territorios del
Imperio mongol, pero para nosotros reside especialmente en sus referencias a los surtidos
puertos de Constantinopla:
“... todos los bienes son vendidos y comprados en Constantinopla y en Pera, y de los gastos
efectuados por los comerciantes, pero sobre todo en lo que respecta a Pera, porque la mayor
parte de la empresa se hace allí, donde los comerciantes son los más constantes que se
encuentran. Pero el resto de Constantinopla pertenece a los griegos, aunque Pera a los
francos, es decir, a los genoveses. Y de Constantinopla a Pera, cinco millas por tierra, pero la
mitad de una milla por agua”325.

Ofrece algunos consejos de cómo debe de realizarse el comercio en un punto comercial


tan crucial y de tan larga tradición histórica como es el mercado de Constantinopla:
“… y no se olvide que si trata a los oficiales de aduana con respeto y les hace algún presente
de bienes o dinero, así como a sus empleados y dragomán se comportarán con gran cortesía y
estarán siempre preparados para tasar sus mercancías por debajo de su valor real”326.

Son pocos los relatos que nos transmiten una visión tan amplia y valiosa de la
Constantinopla comercial. A través de las palabras de Pegolotti, casi podemos percibir el
ritmo trepidante que debía de envolver a la ciudad, la multitud de razas de comerciantes que
bullirían por sus calles y puertos, la actividad laboral frenética de sus habitantes y los miles de
olores no tan agradables -pero sí rentables- que envolverían su atmósfera como el olor a cuero
húmedo o mojado que reinaba en Pera donde la venta y compra de pieles mantenía muy
ocupados a los mercaderes327.
—La capital del Imperio bizantino sigue recibiendo a nuevos viajeros en el siglo XIV.
Entre 1334-1335, debió realizar alguna estancia en Constantinopla Guillermo de Boldensele
como se desprende del informe de su viaje por Oriente que preparó para el cardenal
Talleyrand-Perigord, uno de los personajes más importantes de la corte pontificia de Aviñón.
Se trata de un fraile dominico natural de Minden (Westfalia) al cual, el cardenal le impuso
como penitencia por cierta “apostasía” la peregrinación a Tierra Santa. A su regreso en 1336,
preparó para el cardenal un informe detallado que llegó a ser muy popular en su época y se
tradujo a diversas lenguas. La obra contiene valiosas referencias a Constantinopla e informa
sobre el imparable avance turco en el Mediterráneo:
“Esta noble ciudad de Constantinopla está situada sobre el Brazo de San Jorge y es
ciertamente la llamada Pequeña Roma. Esta ciudad está edificada en forma de escudo

324
EL CHEIKH, N. M., Byzantium...op. cit., p. 206.
325
Pegolotti’s Merchant Handbook. Seattle. Silk Road Narratives: A Collection of Historical Texts, 2004, cap. VIII,
en [Link] (última consulta 06-02-2015), (cit. en adelante: Pegolotti).
326
Pegolotti: cap. VIII.
327
Pegolotti: cap. VIII.

86
triangular, bien rodeada de muros fortificados. Dos de los lados están sobre el mar, el tercero
sobre la tierra, y tiene un puerto grande y muy bueno”328.

No le pasaron desapercibidos los edificios civiles de la urbe que rivalizaban en número y


esplendor con los edificios religiosos: “hay numerosos y bellos palacios”329. En cuanto a los
religiosos, señala su suntuosidad y gran número: “En esta ciudad, hay una gran cantidad de
iglesias la mayoría son muy hermosas y grandes, todas hechas de mármol y maravillosamente
construidas”330. Y finalmente se detiene en Santa Sofía describiendo su plaza y la estatua del
emperador Justiniano:
“La Iglesia madre es la Iglesia de Santa Sofía, la Santa Sabiduría de Cristo. La construyó el
noble emperador Justiniano y la dotó de bellos privilegios e nobles riquezas. Yo creo que, de
todas las grandes obras que se han hecho, no hay bajo el cielo ninguna que se le pueda
comparar a ella en nobleza. Delante de esta iglesia se conserva la estatua del emperador
Justiniano, que la fundó. Está sobre un caballo de metal con una corona de oro sobre la
cabeza. En su mano izquierda, tiene una manzana que representa el mundo […] en la mano
derecha, tiene una lanza tendida hacia el oriente, contra las amenazas que se rebelan”331.

Guillermo poseía un espíritu científico muy avanzado para su época y hacía excelentes
descripciones geográficas manteniendo siempre la objetividad y sin añadir prodigios, milagros
o maravillas, lo que nos proporciona una impresión realista de Constantinopla.
—Otro viajero occidental fue el monje y cronista alemán Brocardus, arzobispo latino
de Esmirna. Escribió una Guía de viaje a ultramar con el objetivo de servir de manual a los
cruzados. La obra recoge especialmente información sobre el mundo islámico, aunque hace
una interesante alusión a la Constantinopla de su época:
“... aunque la ciudad es grande, sólo un pequeño número de personas viven allí en relación a
su tamaño. Apenas un tercio de la ciudad está habitada. El resto se compone de jardines o
campos o parcelas o terrenos baldíos. La población se compone de pescadores, comerciantes,
artesanos y agricultores. Los nobles son pocos en número: son tan débiles como mujeres y
temerosos como judíos”332.

—En el siglo XIV, el gran viajero y explorador de la Edad Media, Abu Abd Allah
Muhammad Ibn Battuta (1304-1368), visitó Constantinopla y escribió uno de los relatos
más objetivo y extenso333. El gran viajero tangerino comenzó su aventura por el mundo en
1325, con apenas 21 años, y duró hasta 1355. Se inició en la Meca y lo llevó por
numerosísimos y exóticos lugares hasta regresar a Fez. Allí ejerció como cadí y recogió por
escrito por orden del sultán todas sus experiencias en sus Viajes (Rihläh)334. Las
circunstancias de la llegada de Ibn Battuta a Constantinopla son especiales. Encontrándose en
Astracán, en la corte del sultán M. Uzbak335, conoció a la tercera esposa de éste, Bayalün, de
origen bizantino336. Ésta, que se encontraba embarazada, pidió a su esposo viajar a
328
REGNIER-BOHLER, D. (dir.), “G. Boldensele, Traité de l’état de la Terre Sainte”, en Croisades et
Pèlerinages.., op. cit., pp. 996-1056, en concreto p. 1003 (cit. en adelante: Guillermo de Boldensele).
329
Guillermo de Boldensele: p. 1003.
330
Guillermo de Boldensele: p. 1003.
331
Guillermo de Boldensele: p. 1003.
332
Brocardus, en DALBY, A., Tastes of Byzantium. The cuisine of a legendary empire. Nueva York, 2010, p. 37.
333
BERGER, A.: “Sightseeing in Constantinopla: Arab travellers, c. 900-1300”, en R. Makrides (ed.): Travel in
the Byzantine World, Aldershot, 2002, pp. 179-191.
334
FANJUL, S. y ARBOS, F.: Ibn Battuta, A través del Islam. Madrid, 1981 (cit. en adelante: Ibn Battuta).
Traducida en Occidente con el nombre de “A través del Islam”.
335
El viajero se refiere al sultán otomano Orhan I (1281-1362).
336
Se trata de Asporça Hatun (1300-1362), la segunda de las cuatro esposas de Orhan I e hija del emperador
Andrónico III (1259-1332).

87
Constantinopla para visitar a su padre y dar a luz allí. De modo que Ibn Battuta formará parte
del séquito de acompañamiento teniendo así la oportunidad de visitar “la Gran
Constantinopla” en junio de 1334337. A su llegada, “salieron de la ciudad sus habitantes,
hombres, mujeres y niños, con bellos trajes y atavíos; desde el alba habían estado tocando
atabales, albogues y añafiles”338, y comenzaron a tocar todas las campanas de las iglesias
dando la bienvenida a su princesa y, tal era el número de campanas, que “los cielos temblaban
ante tal mezcla de tañidos”339.
Constantinopla ya no era la ciudad imperial de principios del siglo XIII, pero aún
conservaba buena parte de su riqueza y el estricto protocolo bizantino. Battuta describe el
ceremonial que presenció y los pasos que tuvo que superar para llegar a conocer al
emperador:

“… cruzamos cuatros puertas, todas ellas con bancos donde estaban hombres armados y una
tarima alfombrada en donde se hallaba el alcalde […] cuatro eunucos rumíes me cachearon
por si llevaba un cuchillo […] me rodearon cuatro hombres […] entramos así en una gran
sala de audiencia, cuyas paredes estaban recubiertas de mosaicos que representaban
imágenes de criaturas animadas o inanimadas; en medio del salón había una acequia con
árboles a los lados […] llegué luego a una gran cúpula, bajo la cual estaba el emperador,
sentado en su trono; su esposa, la madre de la jatum […] indicó que me sentara, pero no lo
hice. Me preguntó por Jerusalén, por la Santa Roca […] por al-Qumama (la Iglesia del Santo
Sepulcro), por la cuna de Jesús, por Bayt Laham (Belén) y al-Jalil (Hebrón); luego me
preguntó por Damasco, El Cairo, Iraq y Asia Menor […] mis palabras le maravillaron y dijo
a sus hijos: honrad a este hombre y protegedle”340.

Este culto viajero árabe simpatizó tanto con el emperador que éste le obsequió con ropas
de honor y un caballo, y designó a una persona para que pudiera guiarle por toda la ciudad y
mostrarle sus maravillas y rarezas durante treinta y seis días341. Ibn Battuta quedó asombrado
por la maravillosa distribución geográfica de la ciudad:
“Constantinopla es grande en extremo y está dividida en dos partes por un gran río, donde
hay pleamar y bajamar […] antaño había un puente de fábrica sobre este río, pero fue
destruido y ahora se cruza en barca […] una de las dos partes de la ciudad se llama Istanbul y
está en la orilla oriental del río; aquí habitan el sultán, los grandes del Reino y el resto de la
población bizantina […] esta parte de la ciudad está al pie de un monte que se mete unas
nueve millas en el mar; y que tiene otro tanto de anchura, o aún más; en lo alto de este monte
están una pequeña ciudadela y el alcázar del sultán. Las murallas dan la vuelta a la montaña,
de modo que la ciudad es inexpugnable, pues nadie puede subir por la parte del mar. Dentro
del recinto hay unas trece aldeas muy pobladas y la catedral se encuentra en medio de este
lado de la ciudad. La otra parte de Constantinopla se llama Gálata y está en la margen
izquierda del río […] aquí habitan en particular cristianos francos, que son de varios sitios:
genoveses, venecianos, romanos y gente de Francia”342.

La “Ciudad Dorada” ya no es la cabeza visible de la Cristiandad, título que se ha


adjudicado ya definitivamente Roma, pero aún sigue siendo Santa Sofía la gran iglesia del
mundo cristiano:
“No describiré más que la parte exterior […] ellos la llaman Aya Sufija […] es una de las
mejores iglesias de los rumies, rodeada por una muralla, como si fuera una ciudad y tiene

337
Ibn Battuta: p. 434.
338
Ibn Battuta: p. 439.
339
Ibn Battuta: p. 440.
340
Ibn Battuta: pp. 440-441.
341
VERNE, J., Historia de los Grandes Viajes y de los Grandes Viajeros. Madrid, 1971, t. I, p. 104.
342
Ibn Battuta: p. 442.

88
trece puertas. Posee un recinto sagrado de cerca de una milla, con una gran puerta, en donde
no se prohíbe entrar a nadie […] yo entré con el padre del rey […] es como una sala de
audiencia recubierta de mármol; por el centro pasa una acequia que sale fuera de la iglesia, y
cuyos bordes […] están hechos de mármol jaspeado, tallado de manera bellísima”343.

En el tema de las reliquias, Ibn Battuta, por su condición musulmana, no sucumbe ante
ellas como solían hacer los muchos peregrinos cristianos que la recorrían junto a él:
“No dejan entrar a nadie que no se arrodille ante la gran cruz que tienen allí. Pretenden que
es lo que queda del madero donde fue crucificado el hombre que se parecía a Jesús. Esta cruz
está en lo alto de la puerta de la iglesia, dentro de una funda de oro de unos diez codos de
larga: perpendicular a esta funda, han colocado otra, también de oro, de modo que parezca
una cruz. Esta puerta está revestida con láminas de oro y plata y sus dos aldabas son de oro
puro”344.

Incluso duda de la autenticidad de las reliquias que le muestran con veneración y orgullo
los bizantinos, y, si bien no puede acercarse como creyente a ellas, no puede evitar sucumbir
al brillo tangible del oro, la plata y las piedras preciosas que las adornaban. Las reliquias,
obras de arte o pruebas de fe, seguían atrayendo a miles los peregrinos a la ciudad que
continuó siendo durante años el centro espiritual de la Cristiandad oriental345.
Cuenta que el número de monjas y sacerdotes que había en Santa Sofía ascendía a varios
millares346, que la mayor parte de la gente eran monjes, religiosos y curas, y que sus iglesias
eran incontables347. El viajero árabe menciona que dentro de la Iglesia había una iglesia
dedicada sólo a las mujeres, con más de mil vírgenes consagradas al servicio divino y un
número mayor de mujeres entradas en años, y visita algunos monasterios que logra identificar
por el nombre. En el exterior de Santa Sofía, a la derecha, había dos monasterios en un jardín
junto a un río: uno masculino y otro femenino, cada uno con sus iglesias y sus celdas
correspondientes; mientras que a la izquierda existían otros dos: uno habitado por ciegos y el
otro por viejos a los que se cuidaba y alimentaba con impuestos de habices. En cada
monasterio -según Battuta- había siempre una celda dispuesta para cuando los emperadores
cedían el poder a sus hijos y se consagraban a la vida religiosa; eso explicaría en parte que los
monasterios se construyesen con tanta suntuosidad y en lugares dignos de admirar:
“… tenía una iglesia en la que había unas quinientas vírgenes […] de una belleza espléndida
[…] dejaban ver en sus rostros las huellas de la devoción […] un muchacho, sentado en un
almimbar, con una voz tan bella que no he oído jamás otra igual, leía el Evangelio […] el
rumí me dijo: “Estas muchachas son hijas de príncipes, que se han entregado al servicio de
esta iglesia, y lo mismo pasa con estos jóvenes lectores”348.

El pueblo constantinopolitano estuvo imbuido de un profundo sentimiento religioso y


místico que lo hacía enorgullecerse de ostentar la verdadera fe en la Ortodoxia349. La religión
impregnaba todo y a todos en el Imperio. En cuanto a la situación económica de la ciudad y
sus habitantes aparentemente era opulenta, al menos eso percibía el viajero en cuanto a su
indumentaria, usos y edificios. Sin embargo, la economía bizantina, pese a las apariencias, no
es ya lo que era. Así el viajero árabe recibió como regalo trescientos dinares de los que afirma

343
Ibn Battuta: p. 443.
344
Ibn Battuta: p. 443.
345
TALBOT RICE, A. M., Pilgrimage in the Byzantine Empire: 7th–15th Centuries. Washington, 2002.
346
Ibn Battuta: 443-444.
347
Ibn Battuta: p. 445.
348
Ibn Battuta: pp. 444-445.
349
ΜΑΓΙΕΝΤΟΡΦ, Ι., Η βυζαντινή κληρονομιά στην ορθόδοξη εκκλησία. Atenas, 1999; ΔΕΛΗΚΩΣΤΟΠΟΥΛΟΥ,
Α. Ι., Ορθοδοξία. Η σύγχρονη πρόκληση. Atenas, 1986.

89
que no eran de oro bueno. Se había ido produciendo un proceso de devaluación de la moneda
bizantina, el hyperpyron, que ya no es de oro puro como siglos atrás.

—Ludolph de Sudheim, un humilde sacerdote de la parroquia de Sudheim (Westfalia),


llevó a cabo un viaje por Oriente entre 1336-1341, acompañado de un capellán y un caballero
al servicio del rey de Armenia. El viajero escribirá De itinere Terre Sanctae, una relación de
su viaje a modo de itinerario de cada etapa: Tierra Santa, Constantinopla, España, Sicilia,
Siracusa, Grecia, Éfeso, Rodas, Chipre o Bagdad. Sus referencias sobre la Constantinopla del
siglo XIV son inicialmente de tipo geográfico: “Es una muy bella y gran ciudad, de ocho
millas, de forma triangular, un poco como Roma. Dos de los lados son un brazo de mar, el
brazo de San Jorge, el tercero está sobre la tierra”350. Una vez dentro de ella se recrea en su
belleza arquitectónica y lo que aún atesoraba entre sus muros:
“Está toda llena de bellos monumentos […] en esta ciudad hay una iglesia de un tamaño y
una belleza impresionantes, yo creo que sin duda es la más grande del mundo […] está
dedicada a Santa Sofía en griego, es decir, la Transfiguración del Señor, en latín. Contiene
numerosas e insignes reliquias”351.

En la ciudad residía el poder político y espiritual de todo el Imperio: el emperador y el


patriarca de los griegos al cual: “los griegos le obedecen como los latinos al papa”352. Ludolph
pudo constatar cierta prosperidad económica en la ciudad –aunque debe referirse a la zona de
Pera– y su carácter cosmopolita: “En Constantinopla, se encuentra de todo a muy buen
mercado, trigo, carne, pescado […] vino que hacen traer de Nápoles. La ciudad está poblada
de gentes de todas las naciones”353. También tuvo el privilegio de visitar los antiguos palacios
imperiales y lo que es más interesante para nosotros, contempló en vivo la venta ingente de
bellas y grandes piedras preciosas que se producían en sus mercados 354. La breve exposición
de Ludolph no deja de ser sugestiva, ya que contradice la penuria económica y social que
presuponen algunos investigadores para la ciudad en esta época. No es ya la capital de un
extenso y próspero Imperio, pero sigue siendo una gran capital tal y como nos refiere este
viajero con bastante objetividad y sin prejuicio alguno.

—Por esta misma época, el franciscano italiano Juan de Marignolli (h. 1290-1359)
visitó Constantinopla durante algunos meses. Lo situamos en diciembre de 1338 en la corte
papal de Aviñón de Benedicto XIII, quien le encomendó que encabezara una embajada al gran
Khan de Cathay: Toghan Timur355. El papa acababa de recibir con grandes festejos a una
legación pekinesa que después recorrió otras cortes europeas. La expedición de Marignolli,
acompañado por 50 religiosos, partió de Aviñón en diciembre de 1338; pasa por Nápoles y
llega a Constantinopla, permaneciendo en Pera casi dos meses (desde el 1 de mayo al 24 de
junio de 1339). Al dejar la capital bizantina, puso rumbo hacia el Mar Negro y llegó a la corte
de la Horda de Oro en Sarai, en el Volga, donde permaneció tres o cuatros años; regresó a
Aviñón en 1353 con una carta del Gran Khan al papa Inocencio VI.
Las anotaciones de Marignolli, plasmadas en su Chronica Bohemorum, refieren
principalmente las controversias religiosas de Bizancio con el mundo latino, más candentes
350
REGNIER-BOHLER, D. (dir.), “Ludolph de Sudheim, Le Chemin de la Terre Sainte”. Croisades et
Pèlerinages…, op. cit, pp. 1029-1056, en concreto p. 1033 (cit. en adelante: Ludolph de Sudheim).
351
Ludolph de Sudheim: p. 1033.
352
Ludolph de Sudheim: p. 1033.
353
Ludolph de Sudheim: p. 1033.
354
Ludolph de Sudheim: p. 1034.
355
Los franciscanos estaban desarrollando una ambiciosa labor misional en Oriente dentro de la cual Marignolli
venía a continuar el proyecto evangelizador donde lo había dejado su antecesor Montecorvino con los
nestorianos que habían aceptado la unión con Roma y eran unas 30.000 personas susceptibles de conversión.

90
que nunca en las discusiones que tenían lugar en Constantinopla entre el patriarca y su
Consejo reunido en el palacio de Santa Sofía y los “arrogantes” prelados romanos356. Por
entonces, durante la unión eclesiástica de 1438-39 en Florencia-Ferrara, las distancias eran ya
insalvables entre las cristiandades occidental y oriental; es algo que percibe el misionero en
los “cismáticos” griegos y los “arrogantes” prelados romanos.
****
Hubo otros viajeros que también se acercaron a Constantinopla durante el medievo como
fueron los eslavos, entre los que destacan los rus’. Se aproximaron inicialmente a la ciudad
con ansias de conquista, para después dejarse seducir por la cultura y religión bizantinas, de
tal manera que de todos los pueblos eslavos serán ellos los que más respeto manifiesten hacia
la autoridad suprema del emperador del mundo cristiano. Igualmente, su ayuda al Imperio
bizantino fue también una constante prueba de ese respeto. Así, por ejemplo, en 1200 –en
vísperas de la IV Cruzada–, los rus’ de Romano Mstilavich atacaron a pechenegos y búlgaros
a petición de Alejo III357.
Los eslavos percibían Tsargrad358 como la “Ciudad Guardada de Dios”359, una urbe que
nada tenía que temer, ya que era la “ciudad del gran emperador” o Dios360. Ese era también el
pensamiento de los constantinopolitanos que creían que el defensor máximo de su ciudad era
Dios más allá del papel de su emperador, sus murallas, soldados o armas. Por ello, una de las
puertas de las murallas que debían proteger a la ciudad presentaba la siguiente inscripción:
“Cristo, Señor nuestro, guarda tu ciudad de toda inquietud, de toda guerra; rompe
victoriosamente la fuerza de los enemigos”361. Los rus’ acudieron con profunda devoción a la
urbe griega, ya que en ella se conservaban los cuerpos de los santos y las reliquias de Cristo,
según un culto que habían heredado todos los pueblos evangelizados por los bizantinos362. La
ciudad jugó pues un papel destacado en la vida espiritual y religiosa del mundo eslavo
medieval como referente “sagrado” y “mítico” de obligada peregrinación, incluso por encima
de Jerusalén. Al mismo tiempo, Constantinopla era la ciudad “imperial”, el modelo político,
económico, artístico y religioso a seguir por las incipientes ciudades rusas. La popularidad de
estas peregrinaciones fue tal en el mundo eslavo que dejó huella en el folklore ruso y en su
cultura, propiciando el nacimiento de un nuevo género literario conocido como “relato de
peregrinos” (Hhozhdienie)363. Los peregrinos rusos dejaron en el relato de sus viajes
descripciones de Constantinopla centradas, en la mayoría de las ocasiones, en aspectos
topográficos y en la enumeración de sus reliquias364.

—En el siglo X se tienen las primeras referencias de peregrinos eslavos en


Constantinopla. La varega Olga de Kiev, esposa de Igor I, se convirtió en 945, a la muerte de

356
YULE, H., “The Travels of Jonh de Marignolli 1339-1353”, Cathay and the way thither: being a collection of
medieval notices of China. Londres, 1913-16, vol. II, pp. 209-269.
357
LITAVRIN, G. G., “Bizancio y los eslavos antes y después del bautismo de éstos”. Erytheia, 18 (1997), pp.
39-48; vid. p. 46.
358
Literalmente “Cesarigrado”: Ciudad de los Zares, nombre que daban los rusos a Constantinopla.
359
VOGT, A., Constantin VII Porphyrogénète, Le Livre des Cérémonies. París, 2006, p. 149 (cit. en adelante:
Libro de las Ceremonias).
360
Libro de las Ceremonias: p. 151.
361
Unas cuantas torres más al norte de la Puerta de Rhegium o Mevlevihane, se halla esta inscripción en griego
sobre el ladrillo, a modo de oración.
362
WORTLEY, J., Studies on the Cult of Relics in Byzantium up to 1204. Surrey, 2009.
363
Hhozhdienie (literalmente traducido ‘Itinerario’) es un género literario que recoge los escritos de los viajeros
rusos medievales, en su mayoría peregrinos, pero también recoge relatos sobre viajes a tierras exóticas e incluso
fantásticas.
364
MÁRQUEZ GÉMAR, J., Peregrinos Rusos en los siglos XII-XVI. Contexto histórico y anotaciones. Málaga,
Encasa, 2014.

91
su esposo, en regente (945-969) en nombre de su hijo Sviatoslav. Cuando éste alcanzó la edad
adulta, Olga le cedió el poder y peregrinó a Constantinopla en 957. Fue bautizada en la ciudad
imperial, recibiendo el nombre de Elena y siendo su padrino el emperador Constantino VII
Porfirogeneta365. Este soberano la colmó de regalos, oro y plata 366 y le proporcionó grandes
honores367. El viaje de Olga ve a Constantinopla como la “primera” ciudad espiritual del
mundo en ese momento, por eso a ella acudían todos aquellos que querían ser bendecidos con
la sabiduría divina368. A su regreso a Kiev, se consagró en cuerpo y alma a la difusión de la fe
de Cristo entre sus súbditos.
—Siguiendo los pasos de Daniel el Higumeno, viajero que pasó por Constantinopla a
finales del siglo XII pero sin dejar testimonio escrito de ello, apenas unos años después Sta.
Eufrosina de Polatsk (1101/1104-1173) peregrinará a Constantinopla y Jerusalén. Hija del
duque Sviatoslav y nieta del príncipe Vseslav de Polotsk (Bielorrusia), abrazó la vida
monástica a edad muy temprana y, ya de abadesa, hacia el final de su vida, emprendió una
peregrinación a Tierra Santa junto con su hermana Eupraxia y su sobrino David. Su primera
visita fue Constantinopla donde veneró sus lugares santos y fue recibida por el emperador
Manuel I (1118-1180) y el patriarca Miguel II que le regalaron un icono de la Madre de Dios
conocido como Virgen de Korsun. La religiosa se dirigió después a Jerusalén donde murió.
—Un testimonio del siglo XIII de gran valor histórico es el de Dobrynya Yadreykovic
o Dobrinja Jadrejkovic († 1231). En su Libro del Peregrino recogió la toma de la ciudad por
los cruzados y cómo éstos saquearon sus riquezas369. El autor estuvo algunos años en la
ciudad, desde 1200 hasta la conquista cruzada en abril de 1204. En cualquier caso, en 1211
fue consagrado arzobispo de Novgorod con el nombre de Antonio.
—Entre los peregrinos rus’ que viajaron a Constantinopla durante la Edad Media
destaca sin duda Esteban de Nóvgorod que visitó la ciudad durante la Semana Santa de 1349
o quizás de un año antes. Esos seis o siete días de estancia en la ciudad le inspiraron la
redacción de la obra Según Esteban de Nóvgorod o El Camino de Esteban de Nóvgorod.
Esteban formaba parte de una embajada de ocho personas enviada por el obispado de
Nóvgorod, lo que explica que fueran recibidos por el patriarca Isidoro (1347-1350) y también
por un oficial imperial de Santa Sofía. Sin duda alguna, estas entrevistas estaban propiciadas
por su misión política y por el hecho de que la ciudad de Nóvgorod hiciese continuas
contribuciones económicas para la conservación de los monumentos constantinopolitanos. La
obra es una guía dividida en siete itinerarios piadosos con una profusa descripción de los
monumentos que iba visitando y algunos interesantes detalles de su armada. Declara en ella el
fin de su viaje: “Yo, el pecador Esteban de Nóvgorod el Grande, fui a Constantinopla con mis
ocho compañeros para venerar los santos lugares y besar los cuerpos de los Santos de Dios,
Santa Sofía la Divina Sabiduría”370. El peregrino ruso no tarda en quedar atónito ante la

365
ENCINAS MORAL, A. L., Néstor, Relato de los años pasados. Madrid, 2004, p. 140 (cit. en adelante:
Néstor); PEÑA ESCUDERO, M., “La Ruta del Este: Vikingos y Eslavos”, en M. Espinar Moreno y A. Robles
Delgado (coords.), Los Vikingos en la Historia, 1. Granada, 2014, pp. 131-158
[[Link] CASAS OLEA, M., “La intervención escandinava en el origen de la
Rus’ de Kiev. Fuentes y elementos varegos”, en Los Vikingos en la Historia, op. cit., pp. 163-188.
366
Néstor: p. 141.
367
Juan Zonarás: p. 191.
368
Néstor: p. 141.
369
DIERKENTS, A. y SANSTERRE, J.M. (eds.), Voyages et Voyageurs à Byzance et en Occident du VIe au XIe
siècle. Lieja, 1999, pp. 128-131. Algunos autores consideran que el relato de la Primera Crónica de Novgorod sobre
los acontecimientos de 1204 pertenece a Antonio, pero no es así, ya que ambos relatos son obras distintas según se
desprende de un análisis interno.
370
MAJESKA, G. P., Russian Travelers to Constantinople in the Fourteenth and Fifteenth Centuries. Washington,
1984, p. 28-44; CASAS OLEA, M., “De Nóvgorod a Tsar’grad: el testimonio sobre Constantinopla del peregrino

92
belleza de una ciudad cuya “joya” arquitectónica era Santa Sofía, su interior cubierto de
mosaicos de oro bruñido le resulta aún más sobrecogedor que el exterior:

“… nos dirigimos a Santa Sofía donde hay una columna de enorme peso, altura y belleza, y
se puede ver el mar desde lejos, y encima está Justiniano el Grande sentado sobre el caballo
[…] en una mano tiene una enorme manzana de oro, con una cruz sobre la manzana, y en su
mano derecha se alarga bravamente hacia tierra sarracena y Jerusalén […] y hay otras
columnas de mármol por la ciudad con muchas inscripciones grabadas […] esto es algo que
la mente humana no puede entender, la piedra no está sujeta con hierros371 […] hay
maravillosas columnas decoradas de precioso mármol, están allí con reliquias de santos
reposando sobre ellas […] y si te diriges hacia dentro del santuario hay columnas muy
hermosas, como el jaspe y en el mismo altar hay una fuente que procede (el agua) del Santo
Jordán372 […] tiene también muchas fuentes con agua dulce unas en los muros de la iglesia y
entre las paredes […] también hay multitud de lámparas en Santa Sofía […] en la iglesia […]
los muros, en las capillas y donde los grandes iconos están iluminados con lámparas de
aceite […] hay innumerables lámparas en Santa Sofía, unas en las criptas y en las cámaras de
la iglesia y otras en los muros […] y tiene Santa Sofía 365 puertas exquisitamente decoradas,
algunas de ellas están cerradas porque no hay dinero […] la mente humana no puede asimilar
lo impresionante de Santa Sofía, pero lo que nosotros vimos, nosotros lo hemos escrito
aquí”373.

Su recorrido por la ciudad prosigue y no deja de admirar todo lo que va encontrando a su


paso: “la columna del Ortodoxo Emperador Constantino, que fue traída desde Roma, y está
hecha de piedra púrpura”374. El hecho de que su visita coincidiera con la Semana Santa le dio
la oportunidad de contemplar por las calles de la ciudad el venerado Icono de la Virgen
Hodigitria:
“… el martes nos dirigimos a la procesión del icono de la Santa Deípara pues aquí Lucas
Evangelista pintó dicho icono mientras podía contemplar a la misma Soberana Deípara
cuando todavía estaba viva. Cada martes sacan este icono y es maravilloso de ver. Allí se
concentra toda la gente de la ciudad y el icono es muy grande, muy ornamentado. Entonan
un bello canto ante él y todo el pueblo grita entre llantos “Kyrie eleison”375.

Esteban deja traslucir en su relato su condición de laico cuando los edificios civiles
captan su interés, como su referencia al Gran Palacio Sagrado: “La residencia llamada el
Palacio del Ortodoxo Emperador Constantino está aquí. Es grande como una ciudad, y con
muy altos muros, más altos que los muros de la ciudad. Y debajo el hipódromo, sobre el
mar”376. No le pasó desapercibida la buena situación geográfica de la ciudad que facilitaba su
defensa natural, a lo que se añadían sus defensas artificiales:
“Si vas desde el Hipódromo junto al Contoscalion se encuentran las enormes puertas de la
ciudad hechas de rejas de hierro, por las que el mar se introduce dentro de la ciudad, y por si
hubiese un ataque por mar allí se guardan hasta 300 barcos y galeras. Y tienen unas galeras
200 velas y otras 300. En estas embarcaciones se lleva a cabo el combate naval, pues si hay

ruso Esteban de Novgorod”, en E. Motos Guirao y M. Morfakidis (eds.), Constantinopla. 550 años…, op. cit., t. I,
pp. 340-352, en concreto p. 346 (cit. en adelante: Esteban de Nóvgorod).
371
Esteban de Nóvgorod: p. 346.
372
Esteban de Nóvgorod: p. 347.
373
Esteban de Nóvgorod: p. 347.
374
Esteban de Nóvgorod: p. 348.
375
Esteban de Nóvgorod: p. 348. Acerca de este famoso icono vid. PENTCHEVA, B. V., Icons and Power…, op.
cit., pp. 109-143.
376
Esteban de Nóvgorod: p. 349.

93
viento avanzan y alcanzan al enemigo mientras que el barco se mantiene anclado y espera el
buen tiempo”377.

Alude a la armada imperial que tenía su sede en Constantinopla y que controló y dominó
el Mediterráneo hasta que en el siglo XI fue cediendo paulatinamente su preponderancia a las
flotas de Venecia y Génova378. El monasterio de San Juan el Estudita, fue el siguiente destino:
“Y esta iglesia es enorme y muy alta con el techo inclinado y hay iconos en ella que relucen
como el sol, adornados con oro en gran medida y el suelo de la iglesia es impresionante, pues
está como incrustado con perlas de tal manera que el escritor no puede expresarlo”379.

Este eslavo igualmente tuvo el privilegio de contemplar las tumbas de los emperadores,
entre las que destacaba la de Constantino, muy grande y de piedra púrpura como el jaspe. Los
eslavos consideraban la urbe ante todo como la “Ciudad de los Zares” o la “Ciudad Imperial”,
por eso visitar la tumba de sus soberanos era un acto importante. El monasterio del
Pantocrátor acogió entre sus vetustos muros también a este peregrino:
“… nos dirigimos al Gran Monasterio del Salvador, el Pantocrátor, es decir “El
Todopoderoso”. Al entrar por la puerta principal está bajo la puerta el Salvador hecho de
mosaico, una enorme imagen y alta e igualmente se puede entrar por la segunda puerta al
monasterio. Y este monasterio es muy hermoso y la iglesia está decorada con mosaicos por
fuera que brillan como el sol”380.

También describe importantes reliquias, como las custodiadas en el monasterio de San


Juan el Precursor o Pródromos, cuya “iglesia es demasiado magnificente, y aquí besamos la
mano de San Juan Ktétor quien construyó la iglesia. Está cubierta con oro, piedras preciosas y
perlas”381. El relato de Esteban tiene gran valor al ser una fuente primordial para conocer la
topografía de la Constantinopla medieval, ya que recoge los principales puntos de interés de la
ciudad. Sin duda su relato alentaría a nuevos peregrinos: “Entrando en Constantinopla es
como un gran bosque; es imposible recorrerla sin un buen guía, y si pretendes ir con tacañería
o con poco dinero, no podrás ver o besar ni a un sólo santo”382. Estas breves líneas muestran
no sólo la importancia de la ciudad bizantina dentro del orbe cristiano ortodoxo, sino también
un aspecto más mundano de esa religiosidad que se respiraba en ella, muy bien explotada
económicamente por sus habitantes.
En definitiva, su relato es de los más ilustrativos sobre la grandeza económica y religiosa
de Constantinopla que actuaba como eje político, económico, social y religioso de toda la
comunidad ortodoxa en ese momento en plena expansión.
—En 1389 un nuevo peregrino deja constancia de su paso por la capital griega. Se
trata del clérigo Ignacio de Smolensko que parece que permaneció en la misma desde junio
de 1389 a febrero de 1392. Sus vivencias se recogen en el Viaje a Constantinopla, un
importante documento histórico con noticias sobre las relaciones políticas y religiosas de
Rusia y Bizancio en el siglo XIV. Se trata de un catálogo de reliquias y santuarios, dividido en
cuatro partes:

a) describe los lugares que visita proporcionando valiosos detalles geográficos.


b) descripción de los edificios y reliquias de Constantinopla.

377
Esteban de Nóvgorod: p. 349.
378
ΚΑΡΓΑΚΟΣ, Σ. Ι., Το Βυζάντινο ναύτικο. Atenas, 2007.
379
Esteban de Nóvgorod: p. 350.
380
Esteban de Nóvgorod: p. 351.
381
Esteban de Nóvgorod: p. 351.
382
Esteban de Nóvgorod: p. 352.

94
c) narra las luchas dinásticas entre Juan V Paleólogo y su hijo Andrónico durante los
años 1390 y 1391383.
d) describe la coronación de Manuel II en 1392 con todo lujo y boato384.

La corte constantinopolitana es fuente de inspiración e imitación de los pueblos


ortodoxos. Ignacio fue testigo ocular de una coronación imperial en la época paleóloga, que
sirvió de modelo al metropolita Macario para organizar la ceremonia de coronación del primer
zar ruso Iván IV. Las expediciones militares bizantinas no fueron las que perduraron en el
tiempo, sino la expansión pacífica que llevó a cabo en cuanto a su cultura y su religión entre
los pueblos eslavos385. El viaje se inició en Moscú el 13 de abril (Jueves Santo) de 1389 y
concluyó en Constantinopla el 28 de junio de 1389: “En lunes, el día de San Pedro, los rusos
estamos aquí (en Constantinopla) [...] permanecimos la noche en el barco, pero a la mañana
siguiente en la fiesta de los Santos Apóstoles, entramos en la ciudad dando gracias a
Dios…”386.
La primera visita de estos peregrinos fue la enorme y bella iglesia de Santa Sofía, y en las
siguientes jornadas vieron: el palacio de Constantino, el palacio de Bucoleón junto al que
estaba el Hipódromo, que describe colmado de columnas de bronce aparentemente hechas
como cuerdas entrelazadas y otras maravillosas cosas. Sus columnas eran tan numerosas que
impedía ver la gente entre ellas387. En el monasterio de la Virgen de Pegé observaron “un
cáliz hecho de topacio, una piedra preciosa”388; la iglesia del Pantocrátor exhibía un Santo
Evangelio escrito en oro por la mano del emperador Teodosio el Joven, y el peregrino Esteban
besó la reliquia de la sangre del Señor sobre la cruz.
Ignacio no se interesa por dar referencias topográficas, hecho que le resta valor a su obra
a la hora de localizar los monumentos. La información sobre las reliquias, en cambio, es muy
detallada y valiosa y prueba que Constantinopla sigue siendo la gran “depositaria” de las
sagradas reliquias de la Cristiandad. Es el primer eslavo además que hace referencia a los
rusos que residen en Bizancio, que son muchos y viven a gusto entre los griegos
sencillamente porque se sienten herederos y participes de su grandeza.
—La Descripción Anónima de Constantinopla es de la más extensas descripciones de
la ciudad, dentro de la literatura rusa medieval, realizadas después de la toma de la misma por
los cruzados y además sirvió de base para dos relatos más tardíos: El Relato de los Lugares
Santos, de la Ciudad de Constantino, y de las Santas Reliquias conservadas en Jerusalén y
coleccionados por el Emperador Constantino en la mencionada Ciudad Imperial y el Diálogo
sobre los Santuarios y otros puntos de interés de Constantinopla. El relato original se elaboró
entre 1389 y principios de 1391 en forma de extensa guía de la ciudad redactada en un estilo
impersonal a modo de libro de viajes. Su autor, posiblemente un peregrino de Nóvgorod, llegó
a la ciudad “llamada por Dios la Ciudad Imperial” donde se veneraban las reliquias de la
Santa Pasión del Señor389. Santa Sofía le impresionó por sus bellas capillas y la entrada al
palacio del patriarca, pero sobre todo por reliquias como el Arca de Noé, las cadenas de hierro
con las que el apóstol Pablo fue llevado preso o la tumba de San Juan Crisóstomo 390. La
hermosa Columna del emperador Justiniano sobre su caballo realizada en bronce aparece ante

383
MAJESKA, G. P., Russian Travelers..., op. cit., pp. 100-104 (cit. en adelante: Ignacio de Smolensko).
384
Ignacio de Smolensko: pp. 104-112.
385
DUCELLIER, A., Bizancio y el Mundo Ortodoxo. Madrid, 1992.
386
Ignacio de Smolensko: p. 92.
387
Ignacio de Smolensko: p. 96. Columna “serpentinata”.
388
Ignacio de Smolensko: p. 96.
389
MAJESKA, G. P., Russian Travelers…, op. cit., p. 128 (cit. en adelante: Descripción anónima)
390
Descripción anónima: pp. 128-134.

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el peregrino con una manzana y una cruz en su mano izquierda y en la derecha señalando
hacia el sur391.
La iglesia de San Salvador exhibe una imagen sagrada del Salvador muy venerada por
los habitantes de la ciudad, incluidos los francos 392. Va visitando diversos monasterios: en el
de la Virgen Hodegetria encuentra el Icono de la Santa Madre de Dios que cada jueves hacía
un milagro y las reliquias de San Simeón393; en el de San Lázaro oró ante el cuerpo del santo
y ante reliquias como el cuerpo de su hermana Marta y de San Melecio; en el de San Basilio
vio, entre otras maravillas, la cabeza de San Basilio de Cesarea; el de San Jorge de Mangana
ofrecía bellas columnas de piedra y un cofre de oro en el que se guardaban algunas reliquias
de la Pasión de Cristo, además de la Cabeza de San Andrés el Apóstol394; el cuerpo de San
Abercius en la Iglesia del Santo Salvador (Φιλάνθρωπος), en la Iglesia de las Manganas el de
San Andrés de Creta y en la Iglesia de Santa Eufemia, la cabeza de esta santa cubierta de oro
y el cuerpo de San Miguel395.
Pero Constantinopla no sólo impresiona por sus edificios suntuosos y piadosos, sino
también por sus infraestructuras públicas de un ingenio y magnitud desconocidos en el resto
del orbe, lo que convertía a esta ciudad en modelo de urbanización.